Comentario de mercado viernes 24 de Marzo del 2023

Hoy está siendo otro día muy duro en los mercados, con las acciones de Deutsche Bank cayendo un 15% y arrastrando a todo el sector de banca europea (BBVA -5,25%, Santander -5%, BNP -6,50%, ING -5%…) porque vuelven a surgir los miedos a nueva crisis financiera, el contagio de los colapsos de Silicon Valley Bank y Credit Suisse se extiende esta vez hasta Deutsche Bank, cuyos swaps de incumplimiento crediticio (CDS), que aseguran a los inversores contra posibles impagos, se disparan a máximos de cuatro años. Un alza del precio de estas protecciones frente al impago que pone de relieve la preocupación de los inversores por la estabilidad general de los bancos europeos, los temores de hoy se han originado después de que Deustche Bank anunciase la amortización a la próxima call de dos emisiones Tier 2 por 1.500 millones dólares. Deutsche Bank tiene un ratio de capital total a Diciembre del 2022 de 18,4% (CET1 13,4%, AT1 2,3% y 2,7% T2). De acuerdo con las estimaciones de algunos analistas esta amortización supondría -0,4% en el colchón T2, por lo que no es imperioso que salga a emitir nueva deuda T2. De hecho, la amortización anticipada de un instrumento de deuda, que requiere la autorización del BCE, debería haber tenido una lectura positiva, dado que el mercado antes no lo descontaba, porque transmite un mensaje de fortaleza al mercado en cuanto a liquidez y solvencia. Pero la lectura del mercado a la call de Tier 2 ha sido la contraria y se ha traducido en una ampliación de los diferenciales CDS de unos +36 puntos básicos en la deuda senior unsecured a 5 años y 63 puntos en los CDS de la deuda subordinada, hasta niveles de 205 puntos básicos y 524 puntos respectivamente. Estos niveles no serían comprometidos y estarían muy alejados de los vistos en Credit Suisse, al tiempo que tampoco estaría habiendo apenas contagio en el iTraxx europeo. Creemos que la actual coyuntura de incertidumbre es la que termina generando sobrerreacciones en el sector. Por el lado del contagio al resto de bancos europeos la reacción no estaría justificada más allá del ángulo de la desconfianza que hay en el sector con todo lo acontecido. Al menos por el lado positivo destacar que todos los agentes implicados (reguladores supervisores y entidades involucradas) han puesto todas las medidas sin precedentes para continuar respaldando a la estabilidad del sector.

Esta inestabilidad del sector bancario está impactando fuerte en el eurodólar, que vuelve al 1,07 después de haber estado por encima del 1,09 ayer.

                                               Eurodólar últimos 3 días.

Desde la publicación del Forex Insights de los analistas de BBVA de febrero su escenario para el eurodólar no ha cambiado significativamente y siguen apostando por un mantenimiento de los rangos vistos desde diciembre (1,05-1,10) de cara al verano y algo más de sesgo alcista para la segunda mitad de año (1,10-1,15). Los miedos sobre el sector financiero estadounidense que penalizaban al dólar antes de la reunión de la Fed, se están trasladando, como he explicado, al sector financiero europeo y han generado una caída fuerte de los bancos en bolsa en la sesión de hoy y están arrastrando al euro a la baja. La evolución de los diferenciales de tipos será clave a corto plazo mientras que el apetito por el riesgo también seguirá influyendo al cruce. Si los miedos vienen desde Estados Unidos y empujan a la curva de tipos de los bonos americanos a la baja, el eurodólar tenderá a consolidar en la parte alta del rango. Si los miedos provienen de Europa como es el caso de hoy, el euro tenderá a debilitarse. Las curvas de tipos en Europa hoy se están viendo fuertemente presionadas a la baja mientras los bancos se hunden en bolsa. Los riesgos financieros son compartidos y no deberían implicar unos movimientos lejos de los rangos recientes en el eurodólar pero sí que pueden penalizar a los activos de riesgo, al ciclo, tensionar las condiciones financieras y favorecer un comportamiento más cauteloso por parte del BCE y la Reserva Federal. El ciclo de crecimiento y sus implicaciones en política monetaria implican menos riesgos bajistas para el euro (en comparación con 2022) pero el contexto geopolítico sigue condicionando las perspectivas a futuro. Una resolución pactada de la invasión rusa sería un factor claramente alcista mientras que un deterioro de la situación mantendría al euro infravalorado por más

La curva de deuda gubernamental experimentó un fuerte proceso de compra en lo que parece ser la respuesta a la penalización que siguen experimentado los bancos pequeños y medianos en Estados Unidos, el bono a 10 años americano se ha ido desde el 4,08% al 3,30% actual. Hasta cierto punto ello tendría bastante sentido, pero hay algunos desarrollos que no casarían del todo con esta teoría del “flight to quality”, como el hecho de que los índices bursátiles de primer orden, como puede ser el S&P 500, se hayan desmarcado de manera tan clara y evidente de la dinámica mostrada por el nicho financiero anteriormente señalado. Ello plantearía que el mercado no atisba un contagio del todo claro de esta problemática al cómputo general de la economía, lo que, al mismo tiempo, también sería un argumento que iría en contra de la puesta en precio de recortes de tipos por parte de la Reserva Federal.

                                                               Evolución índice S&P 500 Vs Índice S&P Bancos últimos 12 meses.

Rentabilidad del Bono a 10 años americano en         el último mes.

Las autoridades públicas de la Unión Europea están centrando buena parte de sus esfuerzos en tratar de convencer a los inversores de que la resolución de Credit Suisse es un hecho excepcional y que en modo alguno se puede extender al resto de Europa. Poco a poco parece que el mensaje empieza a calar en los mercados, observándose una corrección al comportamiento netamente desordenado que se observó a comienzos de semana, aunque manteniendo unos diferenciales frente a la curva swap claramente tensionados.

Como digo, los gobiernos, las autoridades bancarias y los bancos centrales a nivel global continúan realizando acciones para recuperar la confianza perdida en el sistema financiero tras la caída de 4 bancos en los últimos 15 días. El fin de semana pasado la autoridades suizas en bloque, gobierno, banco central y regulador financiero, consiguieron orquestar la venta de Credit Suisse a su mayor competidor, UBS, en un canje de acciones (1 acción de UBS por 22,48 de Credit Suisse) que valora el banco suizo en 3.000 millones de francos suizos, un 60% por debajo de su valoración del viernes pasado. Además, el Banco Nacional de Suiza proporcionará una línea de liquidez por 100.000 millones de francos a UBS y la Confederación Suiza ha diseñado una protección para las pérdidas derivadas de restructuración, dotada con 9.000 millones de francos, que cubriría los excesos de pérdidas por encima de los 5.000 millones. También, la entidad suiza cuenta con la amortización de la deuda hibrida emitida por Credit Suisse, por lo que el colchón de protección conjunto es de 25.000 millones (9.000 del gobierno y 16.000 de los bonos amortizados). En este sentido, el acuerdo deja como daño colateral a los poseedores de deuda hibrida del banco rescatado, que fue dejada sin valor por parte de la autoridad financiera suiza, lo que provocó fuertes caídas en la deuda del mismo tipo correspondiente a bancos europeos. No obstante, el BCE y la Autoridad Bancaria Europea (EBA), han salido rápidamente a informar que este tipo de normativa no aplica a los CoCo europeos, pues estos no cuentan con una cláusula de amortización total como el de las entidades suizas.     

El problema con los bancos ha sacudido la complacencia de los mercados y ha ajustado drásticamente a la baja las expectativas de tipos a Diciembre del 2023 a ambos lados del Atlántico, se espera que la Fed suba tipos hasta un 3,5% frente al 5,65%de Diciembre y que el BCE lo haga hasta el 3,25% frente al 4,0% previo a la crisis bancaria actual. Tras el exceso de liquidez de la última década tanto en Estados Unidos como en Eurozona, el drástico tensionamiento de la política monetaria no será gratuito. Los problemas en el sector bancario no harán más que endurecer aún más las condiciones de acceso al crédito bancario que se viene observando desde 2022 con el consiguiente impacto negativo en PIB. Así, en EuroStoxx 50 en el último mes los valores defensivos han aguantado el susto mientras que los valores más cíclicos han caído de media un -7,0%.

En 2023 las empresas tendrán que hacer frente a mayores costes de financiación y dificultad de acceso al crédito, presión en costes salariales y beneficios deteriorándose. En Eurozona la TIR del índice de crédito corporativo apuntaría a un repunte en el porcentaje de compañías con ratio EBIT/Intereses inferior a 2,0x.

Los bonos de gobierno la semana pasada tuvieron una semana muy significativa, entre otras cosas, se produjo la mayor caída del Tesoro estadounidense a dos años desde principios de la década de 1980. A principios de esta semana, el bono de referencia del Tesoro estadounidense a 10 años estaba en torno al 3,3%, este rendimiento superaba el 4% a principios de año. Tras la quiebra de los bancos SVB y Signature en Estados Unidos y el apoyo prestado a otros bancos regionales, el rescate del banco suizo Credit Suisse el pasado fin de semana provocó una reducción significativa de las expectativas de tipos de interés en EE.UU. (y en otros países). Ahora se prevé que en septiembre de este año los tipos se sitúen en torno al 4%, cuando hace tan sólo unas semanas, esta previsión se acercaba al 5,5%. Se teme una inestabilidad financiera y un endurecimiento de las condiciones financieras. Estas quiebras bancarias se consideran daños colaterales de lo que ha sido un ciclo muy agresivo de endurecimiento de la política monetaria. Pero, una vez más, los mercados de deuda pública están cumpliendo su función en la construcción de carteras y compensando los daños que se observan en los mercados de renta variable y de crédito. Esto contrasta fuertemente con el año pasado.

Lo que no ha cambiado es que la inflación se mantiene por encima de los niveles en los que los bancos centrales se sentirían cómodos. Para estas instituciones existe un tira y afloja entre la actual volatilidad de los mercados financieros y la fragilidad percibida del sector bancario y su papel como objetivo de una inflación más baja. La dirección que tomen los mercados de deuda pública en el futuro dependerá de cuál tenga más fuerza. Esta semana, los bancos centrales de EE.UU. y el Reino Unido decidirán sobre los tipos de interés, y parece que las probabilidades de una subida de 25 puntos básicos o de que no se produzca ningún movimiento son parejas. Sin embargo, Europa no se muestra tan conservadora. El BCE endureció los tipos un 0,5% la semana pasada, aunque parece haber adoptado una postura expectante (en función de los datos) de aquí en adelante

Dos cosas diferencian las antiguas crisis bancarias de la actual, la velocidad de contagio de un lado a otro del atlántico y la velocidad de respuesta de las autoridades. A partir de ahora queda por ver si los Bancos Centrales seguirán primando la lucha contra la inflación, subiendo los tipos de interés, frente al crecimiento, gestionando los riesgo sistémicos vía balance de los bancos centrales. Parece que la probabilidad de recesión sigue disminuyendo a medida que los Bancos Centrales frenan sus subidas.

Los problemas en Los bancos regionales estadounidense están endureciendo las condiciones de crédito, haciendo el trabajo de la propia Fed.

Llevará tiempo que las cosas se asienten y se recupere la confianza, pero seguimos positivos con los grandes bancos, especialmente europeos, y hemos aprovechado la crisis bancaria actual para incrementar pesos en el sector.

Con la crisis actual el precio del oro y de la plata han subido con fuerza, +10% el oro que llego a superar los 2.000 dólares la onza y +14% la plata hasta los 22.5 dólares la onza, ante el riesgo de una crisis sistémica. No lo vemos como un escenario probable, ni tampoco un giro en la política monetaria, por lo que vemos excesivo el movimiento.

Varios indicadores siguen apuntando a desaceleración de los salarios. El ratio de crecimiento de salarios de la Fed de Atlanta Tracker Job Switcher / Job Stayer empieza a caer desde máximos recientes (fuente Kepler Chevreux).

Esta semana se publicó el informe de estrategia de Deutsche Bank en el que se hablaba de que la combinación de desaceleración económica e inflación aún elevada probablemente repercutirá negativamente en los beneficios empresariales. No obstante, el posible impacto negativo debería ser menor que en recesiones anteriores. Las valoraciones de las bolsas internacionales parecen razonables. Sin embargo, la renta variable estadounidense es la excepción y resulta algo menos atractiva, según los analistas de Deutsche Bank. Las noticias negativas desde el sector bancario provocaron un repunte de los diferenciales de los bonos corporativos, aunque se mantienen muy por debajo de los máximos de septiembre. Aunque las dudas sobre el futuro de la política monetaria y la evolución económica pueden pesar a corto plazo sobre el precio del crudo, a medio plazo el control de la oferta por parte de la OPEP debería mantener los precios, según el informe.

El dato semanal del índice Bulls Minus Bears vuelve al rango bajo, cerca de mínimos históricos (sentimiento muy negativo en el mercado que suele indicar niveles de compra de Bolsa):

Importante esta semana:

Este miércoles La Fed subió tipos 0,25 puntos y suavizó su hoja de ruta en plena tormenta. La decisión fue unánime. Los gobernadores de la Fed acordaron esta semana incrementar los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta situarlos entre el 4,75% y el 5%, el nivel más alto desde septiembre de 2007. Aunque el banco central adelantó que “puede ser necesaria una mayor firmeza de la política monetaria para lograr una orientación lo suficientemente restrictiva como para que la inflación vuelva a situarse en el 2% con el tiempo”, señalando que todavía habrá alguna subida más, las previsiones que publicó ayer suponen también volver a una hoja de ruta más suave de lo que preveía el mercado.

La Fed se enfrentaba esta semana a una decisión que a los analistas se les antojaba más que complicada, subir los tipos en medio de una complicada tormenta financiera que no se vivía desde 2008 o hacer una pausa aunque la inflación siga muy por encima de lo previsto. Finalmente, se ha decantado por la primera opción, siguiendo también los pasos del Banco Central Europeo, que la semana pasada los revisó al alza (en su caso, en medio punto porcentual), convencido de que se puede garantizar la estabilidad financiera y seguir endureciendo la política monetaria.

Esa fue la misma idea que defendió el presidente de la Fed, Jerome Powell, que aseguró que la institución “ha adoptado todas las medidas necesarias para proteger la economía y recuperar la confianza en el sector financiero” y se comprometió a seguir en esa línea: “Los bancos tienen a su disposición diferentes vehículos de la Fed para asegurar su liquidez”.

Hasta hace solamente dos semanas, el mercado daba por descontado que ayer la subida sería de 50 puntos básicos, en tanto que el propio Powell había avisado que era “probable que el nivel final de los tipos de interés sea más elevado de lo previsto”. En ese momento las previsiones de la Fed apuntaban a que no sería necesario superar el umbral del 5,25% este año e, incluso, empezar a bajar los tipos en el segundo semestre del 2023 o, como muy tarde, en el primer trimestre de 2024. Sin embargo, los malos datos de la inflación alteraron la hoja de ruta y los analistas empezaron a temer que los tipos llegaran este año a superar el umbral del 6%.

Si bien el IPC bajó en febrero hasta el 6%, lo cierto es que la inflación subyacente, que no tiene en cuenta los elementos más volátiles, se mantiene alta. Y en términos mensuales, los precios volvieron a subir ligeramente en febrero respecto a los registros de enero. Mientras, el desempleo sigue en mínimos de las últimas cuatro décadas.

En menos de dos días, la situación dio un vuelco radical, con el colapso de Silicon Valley Bank y, posteriormente, de Signature Bank. En este escenario, la Fed ha recuperado la hoja de ruta en la que prevé un escenario con los tipos en un máximo del 5,25%, aun así, algunas voces dentro del supervisor creen que será necesario llegar al 5,5%.

Si se cumplen las previsiones publicadas el miércoles, supondría afrontar una subida más de un cuarto de punto en mayo y, en el peor de los casos, otra similar a mediados de junio. Los tipos podrían entonces empezar a bajar en el segundo semestre, hasta situarse entre el 4% y el 4,5% durante 2024. Según la Fed, a largo plazo los tipos se situarían en el entorno del 2,5%.

Lo peor de la tormenta parece haber pasado y, según Powell, “el sistema financiero estadounidense sigue siendo sólido”. Aun así, sobre el horizonte planean las dudas sobre la viabilidad de otras dos entidades: First Republic y PacWest, que trabajan en medidas alternativas para garantizar su solvencia.

También el miércoles Janet Yellen, secretaria del Tesoro americano, dijo no haber considerado ni discutido un seguro de depósitos “general” con el fin de estabilizar el sistema bancario, como se había estado especulando. Por su parte, el senador Brown declaró que las perspectivas para aumentar el límite del FDIC están mejorando.

En Reino Unido el martes se publicó dato de inflación ayer, os precios subieron un 10.4% en febrero, al ritmo más alto de los últimos 45 años. El parlamento inglés votó a favor del acuerdo de Rishi Sunak con la UE sobre Irlanda del Norte. En materia bancaria, Bailey dijo que el Banco de Inglaterra había advertido al regulador estadounidense sobre el riesgo de SVB, ya que la unidad británica de dicha entidad había sido analizada por el regulador británico mucho antes de la quiebra.

Nagel, de los miembros más “hawish” del Banco Central Europeo, declaró que la lucha de la Autoridad Monetaria contra la inflación “no ha terminado» y que todavía hay «mucho camino por recorrer, aunque nos estamos acercando a territorio restrictivo». Además, quiere que la QT se acelere después del mes de junio. En cuanto a la situación del sistema bancario europeo dice que no ve una crisis financiera y confirma que la Zona Euro no dejará que los AT1 asuman pérdidas antes del equity como ha sucedido en CS. En esta misma línea, el vicepresidente del BCE, Constancio, dijo que las «autoridades suizas cometieron un error» al hacer asumir pérdidas a los bonos AT1, un «tratamiento que nunca sucederá en la UE».

Yellen abrió la puerta el martes a que el gobierno proteja los depósitos. La secretaria del Tesoro afirmó que el gobierno podría actuar en caso de que los bancos más pequeños sufriesen fugas de depósitos para impedir el contagio a más entidades. Yellen también ha evitado contestar directamente a si Estados Unidos debería considerar cambios regulatorios para impedir crisis como esta, asegurando de que tendrán tiempo para evaluarlo.

Hoy se han publicado los datos de PMI de la Zona Euro del mes de Marzo, que se saldó con un incremento de más de dos puntos hasta los 54,10 (se esperaba 52), se trata del nivel más alto de los últimos 10 meses. La mejora vino liderada por el comportamiento del sector servicios, que aumentó de 52,7 a 55,6, quedando por encima de las estimaciones (52,0). Por su parte la referencia manufacturera empeoró, al pasar de 48,5 a 47,1, decepcionando al consenso de analistas que esperaban 49. Su composición puso de manifiesto un nuevo descenso de los nuevos pedidos, lo que indica que la producción actual sólo está sustentada por la acumulación de inventarios. En resumen el PMI de Marzo es un dato positivo una vez que parece que la zona euro podrá evitar el escenario de recesión profunda que se observaba hace tan sólo unos meses.

Este miércoles compareció también la presidenta del Banco Central Europeo. Cada comparecencia lleva a Christine Lagarde a mostrarse más firme en su estrategia de flexibilidad total en estos tiempos de incertidumbre. La banquera central, tras la cumbre en Fráncfort del pasado jueves y su discurso del lunes ante el Parlamento Europeo, señaló esta semana, en las jornadas monetarias organizadas por la Universidad de Goethe y el Instituto Monetario y de Estabilidad financiera, que “no nos comprometemos a seguir subiendo los tipos de interés, pero tampoco a parar de hacerlo”.

La visión del banco central es clara, no existe suficiente certidumbre sobre cómo la nueva tormenta bancaria acabará afectando a la inflación y al crecimiento y, por lo tanto, resulta aconsejable dejar que los datos vayan llegando y despejen las incógnitas. En función de eso, se tomará después la decisión sobre el nuevo nivel del precio del dinero, cuando llegue la cumbre de mayo.

Alguna de estas incertidumbres van a remitir, conforme las consecuencias de los eventos recientes en los mercados financieros se hagan más claros. Sin embargo, golpeados por shocks que se solapan y riesgos geopolíticos, hay una alta probabilidad de que el nivel de incertidumbre permanezca elevado. Para confirmar nuestro escenario base en el tiempo, necesitaremos mirar indicadores adicionales”, explicó en su intervención Lagarde.

Si los datos confirman el escenario central del BCE, es decir, que la inflación “va a seguir demasiado alta durante demasiado tiempo”, el organismo europeo apostará por seguir elevando las tasas, tal y como confirmó la propia Lagarde. “Si finalmente se confirman nuestras proyecciones, aún tendremos camino por recorrer para asegurarnos de que las presiones inflacionistas desaparecen”.

El BCE elevó los tipos de interés la pasada semana hasta el 3,5%, lo que supone que en ocho meses ha llevado a cabo incrementos por 350 puntos básicos en el ciclo de endurecimiento monetario más intenso de la historia de la región. Los analistas abogan ahora porque el BCE se moverá en con alzas más pequeñas, de 25 puntos básicos en 25 puntos básicos, si es que finalmente decide mantener la senda de incrementos.

“Proporcionaremos estabilidad de precios. Devolver la inflación al 2% en el medio plazo no es negociable”, concluyó la presidenta del BCE.

El Banco de España fue esta semana portador de buenas y malas noticias sobre la inflación. Pese al repunte de la inflación en los meses de enero y febrero (cerró el mes pasado con una tasa del 6% frente al 5,7% de diciembre), el Banco de España confía en que el IPC general reanude el proceso de desaceleración que se inició el verano pasado y, de hecho, sitúa la tasa media de inflación para este año en el 3,7%, 1,2 puntos menos que en el informe de diciembre, fruto tanto de la progresiva relajación de los precios energéticos como del efecto escalón respecto a las fuertes subidas que se registraron en 2022. La mala noticia es sobre el precio de los alimentos, una parte esencial de la cesta de la compra, seguirá castigando aún durante un tiempo el bolsillo de las familias españolas. Así lo advirtió el Banco de España durante la presentación de su informe trimestral sobre proyecciones macroeconómicas. La institución que gobierna Pablo Hernández de Cos prevé que la inflación media de los alimentos ronde el 12,2% este año, muy por encima del 7,8% que preveía en el mes de diciembre, asestando un duro golpe a las perspectivas de un consumo privado ya debilitado.

La causa hay que buscarla en que “la transmisión de los aumentos pasados de costes a los precios finales de los bienes y servicios de consumo está sometida a ciertos desfases”. El Banco de España considera que la inflación de los alimentos, que en febrero marcó un alza récord del 16,7%, aún no habría alcanzado su pico, algo que, según el director general de Economía y Estadística de la entidad, sucederá a lo largo de 2023.

La fiebre alcista que aqueja al precio de los alimentos se ha producido a pesar de la rebaja del IVA aprobada por el Gobierno para algunos productos básicos, que entró en vigor en enero. ¿Significa esto que esa bajada no se ha trasladado a los precios? No necesariamente. De hecho, el supervisor calcula que esa medida habría contribuido a reducir en 0,2 puntos la inflación general en enero, lo que “sería coherente con una traslación de la rebaja impositiva a los precios de consumo de aproximadamente el 90%”. El problema es que los costes siguen pesando, y mucho, en la dinámica empresarial.

El Banco de España considera que el impacto de los alimentos sobre la inflación general es muy similar en toda el área del euro, pero en España se deja sentir con mayor intensidad por el mayor peso que los productos alimentarios tienen en la cesta de la compra. Mientras que en la zona euro su peso promedio es del 20,9%, en España ese porcentaje asciende al 25,1%.

En este contexto, en el que la cesta de la compra seguirá deparando noticias desagradables a las familias, el Banco de España, que ya había anticipado semanas atrás que revisaría al alza sus previsiones de PIB para este año tras los ajustes realizados por el INE en los datos de 2022, ha plasmado este miércoles en blanco sobre negro esa mejoría. La institución ha elevado en tres décimas su pronóstico de PIB para 2023, hasta el 1,6%, y avanza un crecimiento del 0,3% en el primer trimestre del año, acelerando así respecto al 0,2% registrado en el último cuarto de 2022.

Los vaticinios del Banco de España están en línea con los de otros organismos económicos nacionales e internacionales, como el panel de Funcas, cuyo consenso de expertos apuesta por un crecimiento del 1,5% este año, dos décimas más que en su informe anterior, o la OCDE, que recientemente revisó al alza, hasta el 1,7%, sus proyecciones para España en este ejercicio.

Junto a los riesgos ya conocidos, como el impacto de la guerra en Ucrania; la persistencia de los cuellos de botella en las cadenas de suministro (aunque gradualmente se van desatascando), y las presiones inflacionistas, concentradas ahora en el IPC subyacente y en el precio de los alimentos, el supervisor resaltó la aparición de una nueva amenaza: las turbulencias financieras.

El Banco de España señala que “existe una considerable incertidumbre en cuanto a la magnitud y persistencia de estas tensiones”, pero advierte de que “parece probable que dichas tensiones puedan ejercer un cierto efecto adverso sobre el desarrollo de la actividad económica en los próximos trimestres”. Esto es, el seísmo bancario con epicentro en Estados Unidos pero con rápida réplica en Europa que obligó a un acelerado rescate de Credit Suisse, puede acabar lastrando el crecimiento.

De hecho, las proyecciones del Banco de España no recogen los posibles efectos sobre la economía de esa crisis, que se desencadenó cuando el informe ya estaba cerrado. Sin embargo, esos episodios han “generado dudas en los mercados de capital internacionales en cuanto a la solidez de otras entidades financieras”, y en un contexto, además, en el que “los tipos de interés han venido aumentando de forma muy intensa, rápida y sincronizada a escala global en los últimos trimestres”, señala el supervisor.

En paralelo a los viejos y nuevos riesgos, el BdE alertó de “señales de debilidad” en el consumo de los hogares, “lastrado por la pérdida de poder adquisitivo y por el tensionamiento de las condiciones financieras que se han venido acumulando en los últimos trimestres”. Como consecuencia del encarecimiento de la financiación, el Banco de España ha recortado sus previsiones de PIB para 2024, hasta el 2,4% frente al 2,7% del informe anterior.


La Fed mantiene su política restrictiva. José María Rotellar (Expansión jueves 23 de Marzo). 

La Reserva Federal ha mantenido la restricción de su política monetaria, como viene haciendo desde hace meses, cuando comenzó a girar hacia una política monetaria restrictiva. Tras no reaccionar hasta principios de 2022 –aunque muy por delante del Banco Central Europeo–, la Reserva Federal intensificó hace meses su política monetaria restrictiva, al corroborar que la inflación no iba a ser un fenómeno ni transitorio ni corto. Tras las primeras subidas, intensificó su restricción con tres subidas de 75 puntos básicos, que tenían una intensidad no recordada desde los años 1990, para pasar después a subidas de 50 puntos básicos y la anterior, en febrero, de 25 puntos básicos. Ayer los subió de nuevo otros 25 puntos básicos, dejando el precio del dinero entre el 4,75% y el 5%, el nivel más alto desde hace más de quince años.

Por tanto, y aunque la inflación ha mitigado su incremento, al quedarse en febrero en el 6% interanual, no termina de ceder y la economía ofrece claros signos de recalentamiento, que la Reserva Federal tiene que enfriar. Por ello, tal como ya advirtió hace semanas Jerome Powell, la Fed no va a cesar en su lucha contra la inflación, pese a que en el mercado se especulaba con un cambio de política monetaria o, al menos, un descanso, debido a la crisis financiera iniciada por el Silicon Valley Bank.

Su previsión es que los tipos sigan incrementándose en lo que resta de 2023, hasta llegar a un 5,5% este año, con mantenimiento posterior, ceteris paribus.

La inflación en Estados Unidos sigue siendo preocupante, por mucho que se mitigue por efecto estadístico en los datos interanuales. Aunque la Fed tiene como objetivo principal estimular el crecimiento económico, no puede permitir que se descontrolen los precios por el problema que supondría especialmente a medio y largo plazo, con pérdida de competitividad de su industria en los mercados y empobrecimiento generalizado de la población, máxime en un contexto económico adverso. De hecho, lucha contra la inflación para poder sostener un crecimiento estructural sano en el medio y largo plazo.

No cejar ahora en su política monetaria está motivado por el largo retardo interno que existió a la hora de tomar la decisión de subir los tipos de interés, que fue importante, aunque mucho menor, como decía antes, que el del BCE. A su vez, el mayor retardo interno ha podido provocar que el retardo externo sea mayor, al haberse enroscado la inflación más profundamente y tardar más en hacer efecto la nueva política monetaria que, por ello, tiene que ser más intensa y sin posibilidad de pausa.

Máxime incertidumbre

Por eso, las medidas de política monetaria tienen que ser ahora mucho más drásticas en unos momentos de máxime incertidumbre económica y ralentización de la recuperación, en medio de una guerra que contribuye a incrementar la tensión en los precios, si bien es cierto que más en Europa que en Estados Unidos. Esto supondrá un encarecimiento de la financiación para las empresas y los particulares.

Es cierto que la política monetaria restrictiva hará disminuir la actividad económica, pero más caerá si no se actúa con firmeza y determinación para atajar la inflación, que provocaría un mal mucho mayor al de la restricción monetaria. Es más, cuanto más creíble resulte la política monetaria, mayor probabilidad habrá de que los agentes económicos anticipen futuras expectativas positivas derivadas de una correcta aplicación de la política económica, y antes se recuperará el ritmo de crecimiento en un entorno de menores precios.

Esto parece que en Estados Unidos es la posición firme de la autoridad monetaria, siendo la del BCE siempre más endeble, ya que si bien se ha visto forzado a incrementar los tipos de forma muy notable y se prevé que siga haciéndolo en las próximas reuniones, siempre despierta más dudas sobre si su único objetivo –velar por la estabilidad de precios– siempre será cuidado o si se verá postergado por el seguimiento del crecimiento económico, como durante muchos meses ha hecho la autoridad monetaria europea.

La decisión de la Fed de mantener la restricción en política monetaria es imprescindible si no queremos que la inflación se apodere completamente de la economía, cosa en la que también debe perseverar el BCE y no caer en las tentación de rebajar su lucha contra el alza de precios.

La era de los pánicos bancarios acelerados. Nicolás M. Sarriés.

Silicon Valley Bank (SVB) dejó antes de su intervención por parte de las autoridades estadounidenses una importante lección para el sector bancario mundial. El colapso financiero puede llegar y desencadenarse de manera acelerada, llevando a una entidad a una situación de inviabilidad en pocas horas.

La combinación de factores, como una creciente operativa digital en la banca y el mayor peso de las redes sociales, han cambiado el panorama de las entidades a la hora de afrontar una crisis. Es lo que Sam Theodore, consultor sénior de Scope Ratings, llama la nueva “era digital” en el sector bancario, que puede llevar a que en apenas un día un grupo pierda 42.000 millones de dólares de liquidez, equivalentes a un 25% de su base de depósitos.

La mayor parte de las retiradas de dinero de SVB “se produjeron por medios online”, resalta el analista de la agencia de calificación alemana, que opina que una situación como la vivida por el banco norteamericano es difícil de imaginar hace unos años.

Theodore cree que una retirada masiva de depósitos digitales “puede tener consecuencias fatídicas para cualquier banco”, aunque matiza que son las entidades grandes las más resistentes en este contexto.

“La situación es diferente para los bancos de segundo y tercer nivel, más pequeños e insuficientemente diversificados, que siguen siendo intrínsecamente más vulnerables”, según el analista, que advierte que esta tendencia se irá agudizando a medida que Europa avance en su unión del mercado de capitales y, por tanto, fomente una mayor cantidad de ahorro localizada fuera del perímetro bancario.

Un punto de vista similar comparten los analistas de otra agencia de ráting, DBRS, que consideran que el fracaso de SVB muestra que “las crisis bancarias y de liquidez se pueden desplegar a una velocidad no vista hasta ahora” e impensable hace solo unos pocos años.

Ponen como ejemplo el caso de Banco Popular, que hace apenas seis años acabó resuelto por las autoridades tras una fuga continuada de depósitos que duró 90 días y que restó un 20% de los recursos de pasivo de la entidad.

Nuevas medidas

A la vista de que los riesgos vinculados a una fuga de depósitos que pueden llevar a un banco a una situación insostenible han evolucionado, analistas como los de DBRS reclaman una reforma de la regulación que se adapte al contexto actual: “Son necesarias nuevas herramientas para abordar las crisis de liquidez”, advierten, señalando que el marco de resolución vigente, que las autoridades europeas están sometiendo a debate, deberá tener en cuenta las nuevas necesidades que ha mostrado esta crisis.

Scope, por su parte, mantiene que los supervisores deben “perfeccionar sus escenarios y herramientas” para anticipar potenciales quiebras en esta era. Además, reclama que las autoridades compartan con el mercado los resultados de sus trabajos.

Lo cierto es que son varias las autoridades supervisoras que desde hace tiempo abordan cómo reformar el marco regulatorio para reforzar la liquidez de las entidades bancarias en contextos de grandes salidas aceleradas de depósitos. Es el caso del Riksbank, el banco central sueco, que hace un año planteó la necesidad de crear un nuevo indicador de riesgo vinculado a las salidas de fondos a un ritmo de hipervelocidad.

En un estudio, el Riksbank propone complementar las dos principales métricas existentes para testar la resistencia de un banco ante salidas de depósitos (la ratio de cobertura de liquidez o LCR, en la jerga del sector, y el coeficiente de financiación estable neto o NSFR) con un nuevo indicador, llamado “capacidad de pérdida de depósitos” o DLC.

Este DLC calcularía cuándo (en qué momento del futuro) la posición de liquidez de un banco es más endeble, teniendo en cuenta además qué capacidad de resistencia tendría a salidas de depósitos en ese momento de especial debilidad.

En los próximos meses, las autoridades comunitarias abordarán la reforma del marco regulatorio de las crisis bancarias. Sobre la mesa de los legisladores está, entre otras medidas, la utilización de los fondos de garantía europeos para la ampliación de la potencia de fuego de la que disponen los supervisores para lidiar con una crisis de liquidez.



Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 10 de Marzo del 2023

Fuertes caídas en las Bolsas americanas ayer, que arrastran hoy a las bolsas europeas, después de que Silicon Valley Bank (SVB), una entidad bancaria centrada en préstamos a tecnológicas, reconociese ayer pérdidas relevantes en bonos del Tesoro americano lo que desató el pánico bancario con la retirada de depósitos. Se percibió el temor a que el caso de SVB arrastre a bancos de pequeño tamaño pero no a las grandes entidades. Dicho esto, el sector bancario de banca de inversión terminó cerrando con una caída de -7%, con SVB cayendo un -60% y -9,5% del sector de bancos regionales en el que está incluido el mencionado SVB. Entendemos aquí que por el efecto contagio el impacto debería focalizarse en los bancos más locales americanos y por el momento descartaríamos impactos reseñables en la banca europea más allá de la caída puntual que estamos viviendo hoy.

SBV es uno de los principales prestamistas estadounidenses en el mundo de los startups, con una notable exposición al sector tecnológico y una capitalización de 13.600 millones de dólares a finales del año pasado, actualmente, tras la caída de ayer, se situaría en los 6.300 millones. En el día de ayer se produjeron varias recomendaciones de retirada de dinero de SVB ante los problemas financieros que podría llegar a tener. Posteriormente, la empresa matriz anunció por sorpresa que estaba realizando la venta de acciones por un total de 2.250 millones de dólares para compensar una pérdida significativa en sus carteras, la cual incluía Treasuries y MBS’s. Todo ello justificó la caída del 60% de su valor en bolsa. Lo cierto es que el grado de información que existe es lo suficientemente limitado como para no poder sacar demasiadas conclusiones. Sabemos que el tamaño de la entidad está muy lejos de ser sistémico y, por lo tanto, la capacidad efectiva de que la crisis pase a mayores dependerá de hasta ver hasta qué punto el resto de entidades comparables puede llegar a presentar problemas similares y si el mercado entra en modo pánico, provocando que bancos que no presenten demasiados problemas se vean arrastrados por la histeria.

La línea dura de la Fed no muestra signos de disminuir, impulsando los tipos al alza (esta semana el bono a 10 años americano volvió a cotizar al 4% y el 2 años al 5%) y haciendo que las acciones sean menos atractivas. Sin embargo, las acciones europeas no están para nada caras respecto a la rentabilidad de la deuda europea. Si bien las expectativas sobre los tipos se han movido al alza en Estados Unidos, están más tranquilas en Europa. Puede que la Fed haya marcado la pauta, pero en Europa, las acciones continúan beneficiándose de un colchón de rendimiento, lo que les ayuda a mantener sus ganancias de 2023, pese a las caídas de hoy. “La renta variable sigue siendo atractiva en relación con los bonos en Europa, mientras que este ya no es el caso en los Estados Unidos”, dicen los estrategas de Bernstein, que señalan que, si bien los rendimientos de los bonos han aumentado en ambas regiones desde finales de 2019, las valoraciones se han reducido en un 14 % en Europa y se han mantenido estables en Estados Unidos, eso ha llevado a la prima de riesgo de la renta variable por encima de su media a largo plazo en Europa, pero por debajo de ella en US.

Una encuesta planteada por Bloomberg respecto a la política de tipos del BCE, señala un nivel de llegada en el 3.75% para el mes de julio. Adicionalmente, entorno a un 59% de las respuestas plantearon que no esperan una recesión den la Zona Euro. Cabe destacar que un 50% también considerar que la Autoridad Monetaria va por detrás de la curva y un 43% que se pasará subiendo tipos. En materia de APP, la media maneja que el cap en el cese de la reinversión se sitúe en los 30.000 millones de euros en la primera parte del 2024 y un 64% que no habrá venta de activos aunque el proceso de reducción de balance por esa vía se acelerará.

El presidente de la Reserva Federal lanzó esta semana un mensaje agresivo en la comparecencia frente al senado de Estados Unidos, aunque al día siguiente trató de suavizar el mensaje en el Congreso. Powell remarcó que si es necesario el ritmo de subidas de tipos podría volver a los 50 puntos básicos, y el mercado ya le da una probabilidad del 76% a una subida de 50 puntos en Marzo. Por otro lado, Powell también indicó que el camino de reducción de la inflación no será lineal y habrá obstáculos en el camino, además, apuntó que el tipo terminal de la Fed podría ser más alto de lo previsto anteriormente en caso de que la economía siga mostrando la fortaleza vista en enero. Tras las declaraciones, los tipos de los bonos a corto recogieron rápidamente el cambio de expectativas, con el bono a dos años estadounidense alcanzando niveles por encima del 5%, lo que condujo a un nuevo máximo desde 1981 en la inversión de la curva 10–2 años, situándose en los 106 puntos básicos.

                                               Rentabilidad del bono americano a 2 años últimos 5 años.

Los indicadores adelantados apuntan a una economía global en crecimiento. Así, incluso aunque la inflación tarde más en bajar y los tipos de interés se mantengan altos, la economía debería aguantar sin entrar en recesión.

La inflación en Europa ha decepcionado las expectativas de una bajada rápida, aumentando la presión sobre el Banco Central Europeo. El mercado da por hecha una subida del 0,5% en marzo, lo que llevaría los tipos de referencia al 3,5%, y el tipo de depósito al 3%, e incluso espera que llegue al 4,5% hasta final de año. Esto tendrá poco efecto sobre la inflación en el corto plazo y tiene riesgo de frenar la economía en exceso.

En China los indicadores adelantados confirman que la recuperación es generalizada, en servicios y manufacturas. El objetivo del 5% de crecimiento para este año es inferior al 5,5% del año anterior y ha decepcionado, pues se esperaban más medidas de estímulo, pero realmente dichas medidas no son necesarias para que el crecimiento se recupere.

La subida de comienzo de año de las Bolsas se ha dejado atrás al sector salud, que pierde un -4%. Su alta calidad y poder de fijación de precios hace que sigamos siendo positivos en el sector e incrementemos peso.

La inteligencia artificial se está volviendo una tecnología de uso general y es lo que hablan todos los analistas e inversores estos últimos meses. Según cálculos de PwC, podría añadir 15,7 billones de dólares a la economía mundial, sumando un 1% al crecimiento del PIB global anualmente. Entre los sectores más beneficiados estarán el software, semiconductores y proveedores de “cloud”.

La mejora de los datos económicos ha hecho que los analistas de Deutsche Bank revisen esta semana al alza las previsiones de crecimiento, pero también las cifras de inflación. La clave ahora es saber hasta dónde pueden llegar los bancos centrales para controlar la inflación. En este sentido, esperan que los tipos de la Fed lleguen 5,25%-5,5%, mientras que el tipo de depósito del BCE llegaría hasta el 4%.

Importante esta semana:

Esta semana el presidente de la Fed, Powell, adelantaba, en su comparecencia en el Senado y en el Congreso de los Estados Unidos, un alza de los tipos mayor de la prevista. El mercado reaccionó aumentando la probabilidad de un incremento de 50 puntos básicos en la reunión del 22 de Marzo, el consenso le da una probabilidad del 74% frente al 31% que le daba antes del discurso, y elevando el nivel de llegada para diciembre de 2023 a 5,50%-5,75% frente al rango de 5,25%-5,5% anterior, que probablemente hará a la Fed revisar al alza su dot plot en Marzo, 5,1% es su estimación de Diciembre del 22.

Es probable que el nivel final de los tipos de interés sea más elevado de lo previsto hasta ahora”. El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, advirtió el martes a los senadores de Estados Unidos de que los últimos datos publicados sobre la economía estadounidense, especialmente la inflación, “son más altos de lo previsto” y eso podría obligar a la Fed a endurecer más su política monetaria.

En este contexto, Powell aseguró que “si los datos lo justifican, la Fed está dispuesta a aumentar el ritmo de subidas de tipos”. ¿Hasta dónde? El presidente del banco central estadounidense no desgranó cuál sería la hoja de ruta en ese caso, habrá que esperar a la reunión que el consejo de gobernadores mantendrá a finales de este mes para decidir la próxima subida de tipos.

Las últimas previsiones de la Fed apuntaban a que no sería necesario superar el umbral de 5,25% este año e, incluso, empezar a bajar los tipos en el segundo semestre del 2023 o, como muy tarde, en el primer trimestre de 2024. El escenario ha empeorado, según se desprende de la comparecencia de Powell ante la Comisión de Banca del Senado de Estados Unidos.

Actualmente, los tipos en Estados Unidos se sitúan entre el 4,5% y el 4,75%, tras la subida de un cuarto de punto realizada en enero.

Las Bolsas cayeron con fuerza el martes en cuanto el presidente de la Fed confirmó los peores temores de los inversores desde que hace unas semanas se conociera el último dato de la inflación. El Nasdaq retrocedió un 1,25%, mientras que el S&P 500 y el Dow Jones se dejaron un 1,5% y un 1,7%, respectivamente.

El presidente de la Fed ha endurecido el tono de su mensaje principalmente debido al último dato del IPC de Estados Unidos, que si bien cayó una décima, hasta el 6,4%, en enero y lejos ya del máximo del 9,1% alcanzado en junio del pasado año, el descenso fue mucho menor de lo esperado tanto por los analistas como por la Reserva Federal. “La caída de la inflación subyacente –aquella que no tiene en cuenta las variables más volátiles, como alimentos o energía– ha sido inferior a las previsiones que manejábamos”, reconoció ayer Powell.

El presidente insistió en que la Fed no dejará de subir los tipos “hasta que el trabajo esté hecho”, y eso pasa por un enfriamiento de la economía, con la inflación descendiendo hasta niveles cercanos al 2%, y con un ligero incremento en la tasa de desempleo, que en estos momentos se encuentra en mínimos del último medio siglo en EEUU, lo que, en opinión de Powell, es una muestra de que la economía estadounidense todavía puede manejar un endurecimiento de la política monetaria mayor del previsto.

Ante la insistencia de varios senadores preocupados por si la escalada de tipos dispara el paro en el país de aquí a los próximos seis meses, Powell hizo hincapié en que “el mercado laboral estadounidense es muy fuerte y todavía estamos lejos del momento en el que eso sea un problema”. Es más, aseguró que “ningún dato sugiere que hayamos sido demasiado duros”.

De hecho, mostró su confianza en que “no sea necesario ver un aumento pronunciado del desempleo” para cumplir con su objetivo de doblegar la inflación en los próximos meses. El presidente de la Fed consideró que el fantasma de la recesión se ha alejado, a tenor de los últimos datos macro publicados, incluido el PIB de Estados Unidos, que cerró el pasado ejercicio con un crecimiento del 2,1%, superando todas las previsiones, incluidas las de la Fed, que en el mejor de los escenarios pronosticaba un escaso incremento del 0,5%. Por tanto, “un aterrizaje suave de la economía todavía es posible”. Incluso, aunque el organismo se vea forzado a llevar los tipos más allá del 5,25% este año.

Eurostat revisó esta semana a la baja los datos de crecimiento que muestra una zona euro estancada y una Unión Europea en retroceso, con Alemania e Italia en contracción. Eurostat recortó en una décima su estimación inicial de PIB en la zona euro en el cuarto trimestre del 2022, que finalmente se estancó (0,0% frente al 0,1% calculado inicialmente), mientras que la Unión Europea de los 27 pasó del 0,0% al -0,10%. Un tercio de los países de la UE cerraron el año en niveles de contracción económica, y el crecimiento para el conjunto del año se reduce al 3,5% en la UE, una décima menos. El PIB alemán se contrajo un 0,4% en el cuarto trimestre del año pasado, dos décimas por encima de las estimaciones preliminares.

En China la inflación general bajó al +1% interanual (vs +2,1% anterior) por la debilidad tanto el sector servicios como de bienes de consumo, que agrava las dudas sobre el alcance de la recuperación de la demanda interna ante los débiles datos de comercio exterior que se conocieron el martes.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 3 de Marzo del 2023.

Semana de volatilidad en Renta Variable (semana plana para los índices europeos y con ligeras caídas para los americanos) y de caídas en Renta Fija, con el bono a 10 años americano que vuelve a los niveles del 4%. Los datos de inflación recientes no dan respiro ni justificación alguna para que los bancos centrales quiten el pie del acelerador para aplacar los precios.

Como digo, ayer se confirmaban las malas noticias por el lado del aumento de precios, esta vez en Europa, con una inflación subyacente que vuelve a tocar máximos, y en Estados Unidos las peticiones de subsidios semanales se mantienen bajas, lo sigue apuntando a que el mercado laboral estadounidense sigue fuerte. Por otra parte, dos miembros de la Fed dieron algo de luz en el camino de tipos, Waller y Bostic, mantuvieron ayer el mensaje de que la Fed seguirá luchando contra la inflación, aunque con ciertos matices. El primero, miembro con voto en la decisión de tipos, apuntó a que, bajo su opinión, sería positivo ver algún dato de moderación en el mercado laboral para pensar en una pausa en el corto plazo, y el segundo, miembro sin voto, consideró que un ritmo moderado pero continuo de subidas sería lo más adecuado, apuntando a que apoyará un subida de 25 puntos básicos en la próxima reunión, lo que contiene las especulaciones de un movimiento de 50 puntos. Además, Bostic apuntó a que la moderación en el ritmo de subidas es el camino más adecuado a seguir, pues el efecto de los tipos sobre el crecimiento se empezará a notar en los meses de primavera. Por lo tanto, la Fed se debate en la búsqueda del equilibrio, en el que la moderación en la inflación no conlleve una grave penalización para el crecimiento, aunque la balanza parece haberse escorado al lado más hawkish en los último días.

                               Gráfico rentabilidad Bono americano a 10 años últimos 5 años.

La yield de los bonos sigue al alza, ya que los informes de inflación siguen promoviendo las apuestas de que el banco central continúe luchando contra las presiones desenfrenadas de los precios. El rendimiento del bono alemán a 10 años (Bund) cotiza al 2,73%, recordemos que unos meses atrás, concretamente en julio 2022 el bono cotizaba al 1,77%


Los informes muestran una aceleración de la inflación en Francia y España. Por otro lado en Europa, destacamos la confianza empresarial alemana aumentando y el sentimiento de los inversores subiendo. Esta semana se han publicado los IPCs en España que ha sido de un 6,1% anual frente al 5,9% anterior.

Respecto la macro, la última lectura del modelo GDPNow de la Fed de Atlanta espera un crecimiento anualizado del PIB real de Estados Unidos del 2,8% en el primer trimestre 2023, lo que supone una mejora significativa de su estimación inicial del 0,7% hace 2 meses

La solidez del mercado laboral en Estados Unidos, la energía más barata para Europa y la reapertura en China hacen muy poco probable una rotura de la economía. Más bien al contrario, Estados Unidos está creciendo a un ritmo del 3% en este primer trimestre. La parte negativa es que mayor crecimiento ahora probablemente se traduzca en menor crecimiento después, sobre todo con el camino que están tomando los Bancos Centrales.

La fortaleza de los mercados laborales y la buena dinámica de crecimiento del sector servicios han llevado a muchos analistas, como esta semana ha hecho Julius Baer, a revisar sus estimaciones de crecimiento para 2023 al 1,1% en Europa y al 1,9% en Estados Unidos, frente al 0,7% y 0,9% que esperaban anteriormente. Esto hará que los Bancos Centrales sigan subiendo tipos de interés en las próximas reuniones y por ello Julius Baer ha rebajado el crecimiento para el año que viene al 0,3% en Estados Unidos y el 0% para Europa.

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), confirmó ayer en Madrid que los tipos seguirán subiendo y, una vez que alcancen su punto más alto, se mantendrán ahí durante un largo periodo de tiempo. La máxima responsable de la autoridad monetaria subrayó que, aunque la inflación ha bajado en los últimos meses en Europa, el crecimiento de los precios “sigue siendo muy elevado”, lo que conlleva que tendrán que seguir elevando los tipos de interés en las próximas reuniones. A la subida prácticamente garantizada, y descontada por los mercados, de 50 puntos básicos en la próxima cumbre del 16 de marzo, Lagarde ha añadido que “en este momento es posible que tengamos que seguir subiendo los tipos después de marzo, pero lo dirán los datos”. Por lo tanto, en apenas un par de semanas se situarán ya en el 3,5% y de ahí seguirán su camino al alza.

La banquera central no quiso adelantar cuál es el techo que el Consejo de Gobierno vislumbra para los tipos de interés en el corto plazo y que los analistas sitúan hasta en el 4,5%, pero sí ha destacado que, una vez que se alcance ese nivel, el precio del dinero “se mantendrá ahí a lo largo del tiempo”. Con una inflación del 8,5% en la eurozona en febrero, Lagarde quiere evitar cualquier tipo de error que pueda alejar al BCE de su objetivo de devolver a la región a la estabilidad de precios. Lagarde recordó que, atendiendo a las proyecciones de la institución europea, la inflación no volverá al objetivo del 2% hasta 2025, una fecha muy lejana que quieren tratar de acelerar con un mayor endurecimiento monetario. Este pronóstico no quiere decir que los tipos se mantendrán en terreno restrictivo para la economía hasta entonces, pero sí que intentarán que permanezcan elevados hasta que haya señales claras de mejoría.

Lo que no queremos hacer es bajar los tipos antes de tiempo para después volver a tenerlos que subir”, insistió Lagarde. Se trata de un discurso en línea con lo señalado el martes por su economista jefe, Philip Lane, que indicó que no aflojarán la presión sobre las tasas hasta que haya pruebas de que la inflación está camino del objetivo del 2% que se marca la institución. “La inflación seguirá bajando en los próximos meses, pero es una bajada direccional y no estable. Además, sigue siendo demasiado alta. Es un veneno que ha entrado en la economía y que debemos combatir”.

Para la presidenta del BCE, las perspectivas económicas de la zona euro en su conjunto han mejorado en los últimos meses respecto a los peores augurios de invierno en los que se casi se asumió un escenario de recesión para 2023. “Basándonos en nuestras proyecciones, en general en la zona euro no vemos una recesión. Puede que se dé de forma técnica en algún país, con dos trimestres puntuales de crecimiento negativo, pero no en el conjunto de la región”.

Las mejores perspectiva de crecimiento en Estados Unidos llevan a esperar mayores subidas de tipos de interés y eso ha dado cierta fortaleza al dólar. Según los analistas de Julius Baer esto tan sólo pospone la depreciación, sobre todo frente al euro teniendo en cuenta la mejor situación energética, y siguen esperando que esté en 1,15 el eurodólar a 12 meses, si bien a 3 meses debería situarse en el 1,10 en lugar del 1,12 que esperaban anteriormente.

La corrección en los precios de la energía, la reapertura China y mejores datos macroeconómicos de lo esperado, han hecho subir con fuerza a las bolsas en este comienzo de año (Eurostoxx 50 +12,72% YTD, IBEX 35 +14,50%, Nasdaq +9,50%, S&P 500 +3,69%) . Por el momento vemos el movimiento agotado y vemos razonable cierta consolidación. Las mejores valoraciones nos hacen mirar con buenos ojos los bancos y las farmacéuticas.

En España las compañías del Ibex han cerrado 2022 con ganancias récord por segundo año consecutivo, pese a la incertidumbre económica y los mayores costes, gracias al repunte de los precios energéticos tras la invasión rusa de Ucrania; las subidas de tipos que han espoleado a la banca; y la intensa recuperación del turismo después del golpe del Covid.

2021 y 2022 se caracterizaron por el fuerte impacto de factores atípicos, que el primer año fueron en general positivos y lastraron, en parte, el resultado del pasado ejercicio. Aun así, tanto el beneficio neto como, sobre todo, el resultado bruto de explotación (EBITDA), que excluye los elementos no recurrentes, han cerrado en cotas históricas.

El año pasado, el EBITDA global subió un 7%, hasta 85.546 millones, su segundo récord consecutivo, impulsado por un incremento de los ingresos del 32%, hasta 582.220 millones, otro hito que pulveriza todos los registros.

El ránking de ganancias lo lidera Santander, con 9.605 millones, y BBVA (6.420 millones), Iberdrola (4.338 millones) y Repsol (4.251 millones) ocupan la tercera, cuarta y quinta plaza, respectivamente.

El euribor a 12 meses ha protagonizado un final del mes de febrero frenético. Después de cuatro subidas consecutivas hasta el 3,725% en tasa diaria, el indicador ha cerrado febrero en una media del 3,534%. Es el nivel más alto desde finales del 2008.

En cualquier caso, todo hace indicar que la subida tendrá continuidad en las próximas semanas y meses. Los analistas creen que, en un escenario de nuevas subidas de los tipos de interés en la zona euro, el Euribor consolidará en marzo los niveles diarios superiores al 3,7% alcanzados en la última semana de febrero antes de continuar la escalada hasta nuevas cotas.

Importante esta semana:

En Estados Unidos se publicó también el ISM manufacturero que mostraba que los precios pagados también repuntaban por encima de lo esperado, volviendo a indicar una presión en costes.

Como decía antes esta semana se han publicado los datos de inflación en Francia y España del mes de febrero, ambos rompen la tendencia a la baja de los últimos meses, y en el caso del país galo es un nuevo máximo interanual con una subida de precios del 7,2%. Estos datos redoblan la presión sobre el Banco Central Europeo, que se reunirá el 16 de marzo, y posiblemente aplacen el final de la subida de tipos. En las últimas semanas, los mercados han añadido una subida más, elevando el tipo terminal esperado por encima del 3,75%, y se esperan aún dos subidas de 50 puntos básicos antes de reducir la velocidad a 25 puntos. Además, la máxima autoridad europea empezará a dejar vencer hasta 15.000 millones de euros mensuales en bonos de su balance a partir del 1 de Marzo (antes de ayer), una reducción que viene precedida por la devolución masiva de los TLTRO, que ha provocado una reducción de 1 billón de euros, dejando el balance del BCE en los 7,8 billones.   

Ayer se publicó el dato preliminar del IPC de la zona euro que se desaceleró en tan solo una décima hasta el 8,50%, lo que supuso un resultado por encima de las estimaciones de los analistas de mercado (8,30%). En términos mensuales la referencia experimentó un crecimiento muy relevante (+0,80% Vs +0,5% estimado), lo que supone situarse en niveles claramente por encima del 0,20% que supondría una normalización de las presiones inflacionistas. Además el índice subyacente se aceleró en tres décimas hasta registrar una variación interanual del 5,6% frente al 5,3% que esperaba el consenso..

La Unión Europea y Reino Unido alcanzaron este martes un acuerdo sobre el protocolo de Irlanda del Norte, con dicho acuerdo, el comercio entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte se definirá a través de dos corredores, uno verde para aquellos productos que procedan de Gran Bretaña con destino Irlanda del Norte, donde los bienes no serán controlados, y otro rojo para los productos con destino Irlanda o el resto de la Unión Europea, los cuales sí deberán someterse a controles aduaneros. El primer ministro británico, Rishi Sunak, que ha prometido llevar el acuerdo al Parlamento cuando sea apropiado, se enfrentará a la oposición de parte de su propio partido para sacar el plan adelante, algo que ya le costó el puesto a Theresa May tras tres rechazos a su acuerdo del Brexit.

En China el miércoles se publicado los PMI’s que superaron las expectativas. Así, la referencia oficial manufacturera pasó de 50,1 a 52,6, se estimaba 50,6, la no manufacturera pasó de 54,4 a 56,3 (frente a 54,9 estimado), y la referencia Caixin manufacturera también fue mejor de lo esperado, pasó de 49,2 a 51,6 frente al 50,7 estimado, todos en niveles de expansión económica (por encima de 50).

El miércoles se publicó el dato de inflación en Alemania que superó las expectativas en febrero. El índice preliminar mostró que el crecimiento de los precios al consumo se situó en el +8,7% interanual, dos décimas por encima de las expectativas y confirmado que la moderación de la inflación se ha frenado en febrero. Un dato que sigue poniendo presión sobre el BCE para que continúe elevando los tipos oficiales.

Por otro lado, en la zona euro, se confirmó el dato de confianza de los empresarios de las manufacturas que sigue en terreno de contracción de la actividad. En concreto, el PMI manufacturero relativo a febrero se situó en el 48,5 manteniéndose por debajo del umbral de expansión económica (50).

En España se publicó el martes el dato de IPC de Febrero, el dato reflejó que los precios vuelven a acelerar y disparan la inflación subyacente a tasas récord del 7,7%.

“Todavía no podemos cantar victoria en el control de la inflación”, advirtió recientemente la consejera alemana del BCE Isabel Schnabel, frase que esta semana cobró especial relevancia en España tras conocerse el dato adelantado del IPC de febrero, que muestra cómo los precios han vuelto a acelerar su escalada tras la senda de moderación iniciada meses atrás. El índice de precios de consumo (IPC) se aupó el mes pasado hasta el 6,1% en tasa interanual, dos décimas más que en enero, devolviendo la subida de precios hasta niveles inéditos desde mediados de 1992. Y aún más preocupante resulta el imparable avance de la inflación subyacente, que el mes pasado se disparó hasta el 7,7%, 1,6 puntos por encima del IPC general, dos décimas más que enero y la tasa más alta desde que existen registros (1986). Un dato que excluye los elementos más volátiles, como la energía y los alimentos sin elaborar, y que, por tanto, refleja el componente más estructural de la subida de precios. En otras palabras, el indicador muestra que la espiral de costes y precios con origen en la energía se ha incrustado en la cesta de la compra, provocando incrementos que costará tiempo y grandes esfuerzos revertir.

Los principales culpables del avance del IPC general en febrero (aunque no los únicos) volvieron a ser el precio de los alimentos, que acumula subida tras subida (un 15,4% en enero), sin apenas efecto apreciable hasta ahora de la bajada del IVA de algunos productos básicos que entró en vigor a principios de año, y el renovado encarecimiento de la electricidad, verdadera pesadilla para las familias en 2022 y que, pese a las medidas paliativas adoptadas por el Gobierno, entre ellas el mecanismo ibérico, sigue cercenando su poder adquisitivo.

Estas cifras ponen de relieve que la curva de los precios, pese a haber moderado su ritmo de avance desde los máximos de julio (10,8%), aún dista de haber sido doblegada, como defiende el Gobierno desde hace semanas.

Lejos de amainar, la tormenta inflacionaria amenaza con empeorar. De hecho, siete de cada diez empresas medianas españolas, pertenecientes a todo tipo de sectores de actividad, aseguran que no tendrán más remedio que subir los precios de venta de sus productos este año para hacer frente a los fuertes sobrecostes provocados por el encarecimiento de la energía y de las materias primas, el aumento de precios por parte de sus proveedores y la mejora de salarios a la que se han visto obligados para compensar, aunque sea parcialmente, el impacto de la inflación.

China celebrará este fin de semana su Congreso Nacional en el que podría situar su objetivo de crecimiento para 2023 en el 6%. Varias fuentes aseguran que el gobierno chino podría subir su objetivo de crecimiento este año hasta el 6%, fundamentalmente con el ánimo de impulsar la confianza del consumidor y el sentimiento inversor. El fin de la política de «covid cero» y la estabilización del frenazo inmobiliario son las dos principales bazas para la economía china este año, con datos recientes de PMI sorprendiendo al alza. Además, conoceremos más detalles alrededor del nuevo plan quinquenal. 


Invertir a largo plazo sigue siendo rentable. Jacques Henry y Nadia Gharbi. Economistas de Pictet WM.

El ejercicio 2022 fue un annus horribilis para los mercados financieros. Las agresivas subidas de tipos de interés por parte de los bancos centrales ante el aumento de la inflación contribuyó a una muy alta rentabilidad negativa, tanto en bonos como en acciones.

De hecho, fue el cuarto peor año en términos reales –es decir, descontando la inflación– desde 1926 para una cartera equilibrada formada al 60% por acciones suizas (Swiss Performance Index) y al 40% por bonos suizos (índice Pictet Bond hasta finales de 2003 y Total Return AAA-BBB Index desde 2004), sólo superado en los años 2008 (Gran Crisis Financiera Mundial), 1973-74 (primera crisis del petróleo e inflaciones de doble dígito) y 1931 (colapso de Wall Street de 1929).

Ahora bien, 2022 ha sido diferente, pues tales excepcionales años anteriores se caracterizaron por una liquidación masiva de acciones, pero esta vez las caídas en los bonos representaron un tercio de las pérdidas de esa cartera 60/40. Además, la inflación ha sido considerablemente más alta que en el promedio de los últimos 30 años y hay que prestar atención a las rentabilidades reales. En todo caso, observar las rentabilidades anuales promedio a largo plazo brinda una perspectiva más completa.

Es la “magia” de la capitalización. 1.000 francos suizos invertidos en acciones suizas a finales de 1925 (suponiendo que los dividendos se reinviertan y no se retire el dinero) habrían crecido hasta ser 1,31 millones después de 97 años. Pero debemos considerar las comisiones de corretaje y de reequilibrar las carteras. Si deducimos un 0,5% de la rentabilidad anual por los costes, los 1.000 francos suizos en acciones suizas en 1926 valdrían en la actualidad 830.000. De manera que para llegar al millón en 2025 se requiere una rentabilidad anual del 6,4% en los próximos tres años, lo que se aproxima precisamente a la media anual de largo plazo.

Desde 1926, nadie que haya invertido en renta variable suiza y la hubiera mantenido al menos catorce años experimentó la pérdida de la inversión inicial. Ese periodo sin pérdidas se reduce a diez años en el caso de la cartera con 60% en acciones y 40% en bonos, asumiendo que se reequilibra anualmente.

Sin embargo, para los inversores que desafortunadamente invirtieron a principios de 2008 en acciones suizas la rentabilidad anual promedio fue un 1,9% negativa hasta finales de 2012. Pero si no hubieran retirado su dinero su rentabilidad anualizada se habría recuperado hasta un 4,7% el año pasado, nada mal teniendo en cuenta las pérdidas del 34% en 2008 y 16,5% en 2022. Incluso un inversor con un horizonte temporal de apenas cinco años se habría enfrentado a rentabilidades totales negativas en acciones suizas en sólo 14 de los 97 años desde 1926, todos vinculados al crash de Wall Street en 1929, el estallido de la burbuja puntocom en 2001 o la Gran Crisis Financiera de 2008. Pero los inversores con un horizonte temporal mayor, de diez años, sólo sufrieron rentabilidades negativas en el caso de que su inversión inicial hubiera tenido lugar en alguno de los tres años desde 1926 vinculados a la crisis del 29.

Así que estas cifras muestran que hay que considerar la capacidad de las acciones para recuperarse tras una venta masiva, cuyo impacto tiende a disiparse a lo largo del tiempo.

De hecho, la renta variable es el principal impulsor de la rentabilidad a largo plazo en las carteras 60/40. La rentabilidad real media anualizada (geométrica) de acciones y bonos suizos en diez años se sitúa en el 7,7%, un 3,9% en términos nominales respectivamente. En términos reales, la rentabilidad anualizada de las acciones suizas fue del 5,6% entre 1926 y 2022.

Poder para mitigar el riesgo.

Las cosas son diferentes para la renta fija. Por ejemplo, los bonos suizos muestran una desviación estándar anualizada, medida de volatilidad, del 4% en comparación con el 20% de las acciones suizas. Además, la posible pérdida de haber invertido en máximos y vendido en mínimos es menor en bonos (12% en 2022) que en acciones suizas (34% en 2008). Por otra parte, la rentabilidad anualizada de los bonos suizos fue del 3,9% desde 1926, frente al 7,7% de las acciones suizas; un 2% y un 5,6%, respectivamente, en términos reales. Así que los bonos, a pesar de tener una rentabilidad nominal negativa el año pasado del 12,1% en el caso de los suizos, el peor año de su historia, han demostrado su poder para mitigar el riesgo desde 1926, mientras que la renta variable se comporta mucho mejor a largo plazo.

Dicho de otro modo, el horizonte temporal de los inversores puede marcar la diferencia. Contar con un horizonte de largo plazo y cierta tolerancia al riesgo justifica una significativa asignación a renta variable. En este sentido, un enfoque disciplinado y paciente es la mejor respuesta al viejo adagio de que “no es posible sincronizarse con el mercado”, dado que se puede aumentar la resistencia de la cartera con un enfoque de “comprar y mantener”.

La experiencia sugiere que reducir drásticamente la exposición a renta variable ante problemas de baja o negativa rentabilidad a corto plazo y perderse el posterior repunte es el mayor riesgo para los inversores de largo plazo. Bajo esta perspectiva, 2021-2022 es un caso extremo. Esta cuestión, de vital importancia, pasa con demasiada frecuencia a un segundo plano frente a otras consideraciones, como el coste de la gestión de los activos y de asesoramiento, que puede marcar una gran diferencia a largo plazo.



Buen fin de semana!

David.

Comentario de mercado viernes 24 de Febrero del 2023

Las curvas del mercado monetario se desplazan al alza descontando subidas adicionales tanto en Europa como en Estados Unidos, y eso está metiendo presión a las Bolsas. Para la Eurozona se cotiza que el techo de los tipos de interés oficiales alcance el 3,75% en el tercer trimestre del año, frente al 2,5% actual, lo que ha llevado al bono a 2 años de la curva swap al 3,5% y a su 10 años al 2,99%. En Estados Unidos, los operadores descuentan que la Fed sitúe los tipos oficiales en el 5,25% en el tercer trimestre, frente al 4,5% actual. De forma similar la consecuencia ha sido que el bono a 2 años americano ha alcanzado el 4,73% y el 10 años el 3,91% actual (ayer llegó a estar por encima del 3,95%). No obstante, la gran diferencia radica en el coro de mensajes desde cada Banco Central. Mientras que en Estados Unidos cada vez más miembros de la Fed abogan por seguir endureciendo la política monetaria, en el Banco Central Europeo hay voces discordantes, un sector defiende también seguir subiendo tipos de forma agresiva, otro sector considera que después de marzo habría que ver el impacto de las subidas ya realizadas. Esta ambivalencia, junto al éxito de la herramienta aprobada por el BCE (PTI) para contenerlas, está permitiendo que las primas de riesgo de la periferia se mantengan en rango.

Para la siguiente reunión de Mayo se espera que el Banco Central Europeo suba tipos 25 puntos básicos, pero algunos miembros del BCE más agresivos (hawkish) piden una subida de 50 puntos para atajar la inflación.

Los principales temas en los que está centrado el mercado, y seguirá centrado en los próximos meses, son la inflación y la reapertura China. Respecto a la primera, la mayoría de analistas piensan que va a moderarse sustancialmente en los próximos meses, si bien los últimos datos no disipan el riesgo de un error de política monetaria, es decir, ser más restrictivos de lo necesario. Respecto a la reapertura de la economía china, aún falta tener más datos, pero parece que está volviendo a la normalidad a buen ritmo. Esto será positivo para el crecimiento global y no debería tener tanto impacto en la inflación gracias al mejor funcionamiento de las cadenas de producción y a que el sector inmobiliario sigue siendo un lastre. De momento paciencia, no hay en los próximos días ninguna noticia que debiera impactar significativamente el mercado.

El brusco parón en la caída de la inflación y la fortaleza de los datos de crecimiento han llevado a los miembros de la Reserva Federal (Fed) ha indicar que seguirán subiendo tipos de interés. La actividad crediticia y empresarial se está frenando de manera importante y parece que el aumento mensual de la inflación ha sido puntual y no un cambio de tendencia.

Sigue el buen comportamiento de las Bolsas más castigadas el año pasado y, como decíamos la semana pasada, por un cierto miedo por parte de los inversores de perderse la subida (Fear of Missing Out), han hecho subir con fuerza a las bolsas. Pese a las caídas de esta semana el IBEX 35 lleva una rentabilidad del 12,37% en el año, el índice italiano (FTSE MIB) un 14,74% y el Nasdaq un 10,74%.

El apetito por el riesgo y los retornos de la renta variable emergente siguen estando muy ligados a las perspectivas económicas de Estados Unidos, durante los últimos 12 años, cada vez que los diferenciales de crédito “high-yield” se han ampliado entre 1% y 2,5%, las bolsas emergentes han caído un 11% en los 3 meses siguientes.

Un informe reciente del banco de inversión Goldman Sachs se mantiene muy positivo con la futura evolución de la economía y las bolsas Chinas y ve una recuperación tanto de valores como de índices que pudiera rondar el +20%. El banco central chino ha mantenido esta semana las tasas del precio del dinero en un movimiento inequívoco para fomentar el crecimiento y la recuperación económica del gigante asiático. Las tensiones con Estados Unidos, siguen no obstante muy activas tras la crisis de los globos espía que según China ha propiciado una respuesta ‘desmesurada e histérica’.

En cuanto al flujo inversor sigue entrando dinero en Renta Variable, la semana pasada según datos de Kepler Chevreux (+2,5 billones de dólares) y siguen las mismas dinámicas de las últimas semanas, hubo una entrada de 2,4 billones en Renta Variable Europea y salida de 830 millones de dólares en Bolsa americana.

Importante esta semana:

En Estados Unidos, se revisó a la baja el PIB del cuarto trimestre del 2022, el crecimiento se situó en el +2,7% trimestral anualizado frente al +2,9% publicado en la primera estimación. Aunque el PIB sigue mostrando un crecimiento sostenido la lectura de componentes fue débil dado que esta revisión se explicó sobre todo por una menor aportación del consumo privado que creció un +1,4% trimestral anualizado frente al +2,1% publicado anteriormente. Siguiendo con otros datos, en el mercado laboral, las cifras siguen mostrando fortaleza con las peticiones semanales de subsidio por desempleo reduciéndose en la última semana hasta 192 mil peticiones desde las 195 mil anteriores y por debajo de las 200 mil esperadas. También en Estados Unidos el miércoles se publicaron las Actas de la Fed que no depararon muchas sorpresas, reflejando que la mayoría de los miembros estaban a favor de 25 puntos básicos de subida y que algunos pocos se mostraron dispuestos a respaldar subidas de 50 puntos de nuevo. Casi todos los miembros de la Fed ven apropiado reducir el ritmo de las subidas de tipos para observar la evolución de la economía y evaluar cómo se están comportando los objetivos de empleo y de estabilidad de precios tras el tensionamiento del pasado año. El debate se centró en las condiciones financieras, y como una flexibilización imprevista complicaría los esfuerzos de la Autoridad Monetaria para mantener el grado de restricción política que devolviera la inflación al objetivo del 2%.

Ayer Larry Summers, exsecretario del Tesoro, declaró que ve señales de fuerte caída en la actividad económica. “Tenemos una economía extremadamente difícil de interpretar”, señaló Summers en el programa “Wall Street Week” de Bloomberg Television con David Westin. “La gente puede estar leyendo un poco demasiado el momento en términos de fortaleza económica, en relación con la forma en que las cosas podrían verse muy diferentes en un trimestre o dos”. Los indicadores coincidentes “parecen muy sólidos”, dijo Summers, pero “hay una serie de indicadores adelantados que son más preocupantes”, advirtió. Entre las señales de preocupación:

  • Los inventarios “parecen estar aumentando en relación con las ventas”.
  • Las empresas están “informando preocupación sobre sus carteras de pedidos”.
  • El sector empresarial parece tener un alto número de empleados en relación con “el nivel de producción que están generando”.
  • Los ahorros de los consumidores se están agotando, con una baja tasa de ahorro”.

Según Bloomberg el valor de las casas estadounidenses experimentó una caída del 4,9% en la segunda mitad del 2022, lo que supone la mayor caída desde el 2008.

En Estados Unidos, por otro lado mejoró el dato de confianza de los empresarios que vuelve a terreno de expansión, mientras que en el mercado inmobiliario continúa la debilidad. Comenzando por la confianza de los empresarios, al igual que en la zona euro, la mejora vino impulsada sobre todo por el sector de los servicios, pero en el caso de Estados Unidos también repuntó la confianza de las manufacturas.

El gobierno americano prepara más apoyo a Ucrania y más sanciones contra Rusia después de la visita de Biden de esta semana.

Ayer China emitió un comunicado en el que pedía un alto al fuego en Ucrania y el fin de las sanciones unilaterales a Rusia en una propuesta de 12 puntos. Sin embargo, según muchos medios, Rusia estaría negociando con China la compra de 100 drones de ataque que se entregarían en Abril.

Esta mañana conocimos datos negativos en Alemania, el PIB del 4T22 se revisa a la baja y la economía se contrajo con mayor intensidad de lo previsto, debido a un peor comportamiento de la demanda interna. El PIB en el último trimestre del 2022 cayó un -0,4% trimestral frente al -0,2% anterior, lo que sitúa el crecimiento interanual en el +0,9% y un dato que apunta a una recesión durante los meses del invierno en Alemania. Esta revisión a la baja de las cifras de actividad se debió principalmente al deterioro del consumo privado (-1% trimestral vs. +0,7% anterior) y también al peor desempeño de la inversión (-2,5% trimestral vs. +1,3% anterior). Datos que confirman la debilidad de la actividad interna de la economía.  Estas cifras se han visto acompañadas de la publicación del índice de confianza de los consumidores GFK, ya relativo a marzo y que repunta, pero se mantiene en terreno acorde con fuerte contracción del consumo. Este indicador se situó en -30,5 desde el -33,8 anterior. El Bundesbank pronostica recesión en Alemania en el primer trimestre de este año. El organismo anticipa un crecimiento negativo entre enero y marzo de 2023, ahondando en la caída del -0,2% del último trimestre del 2022.

Por otro lado, también en Alemania, conocimos esta semana el índice ZEW  que superó las expectativas, mostrando una importante mejora de la confianza de los inversores y analistas. En concreto, este indicador se elevó en febrero hasta niveles de 28,1 desde el 16,9 anterior y superando las estimaciones que apuntaban a una subida hasta niveles del 23. El menor temor a una recesión profunda de la zona euro está apoyando esta mejora de las perspectivas de analistas e inversores. Además, esta mañana se ha publicado el dato final de inflación que en febrero confirmó niveles del +8,7% interanual, como había apuntado el dato preliminar.

El martes se publicaron los datos de PMI en Europa, el PMI Composite de la Zona Euro del mes de Febrero se saldó con un incremento de la referencia de dos puntos hasta los 52,3, lo que supone un dato mejor del esperado por el consenso de analistas del mercado (50,7). Este dato de PMI es el más alto de los últimos nueve meses. La mejora vino liderada por el comportamiento del sector servicios que aumentó de 50,8 a 53, quedando por encima de las estimaciones (51). El PMI Manufacturero se mantuvo estable al pasar de 48,8 a 48,5, por debajo de los 49,3 que esperaba el consenso de mercado. El componente de producción tuvo un crecimiento muy modesto al aumentar de 48,9 a 50,4. Tanto Francia (PMI Composite 51,6 desde 49,1 de Enero) como Alemania (51,5 desde el 49,9 de Enero) regresaron a territorio de crecimiento en Febrero por primera vez desde Octubre y Junio del año pasado, respectivamente, con niveles por encima de los 50 puntos.

En Reino Unido el dato de PMI fue bastante bueno, PMI de servicios 53,3 frente a 49,2 esperado y el manufacturero 49,2 frente al 47,5 esperado, provocando un rally en la libra de casi un 1% frente al euro, y provoca que de momento el mercado respire aliviado.  Si la economía británica se mantiene mejor de lo esperado, será más fácil para el Banco de Inglaterra continuar con su ciclo de aumento de tipos. Además parece que un acuerdo entre la UE y Reino Unido sobre el asunto del protocolo de Irlanda del Norte y la posición especial que ha asumido Irlanda sobre el Brexit parece cada vez más probable, lo que ahora será un desafío para el primer ministro Sunak que tiene que venderlo a su propio partido, tiene que conseguir que todos los críticos se unan y probablemente contar con el apoyo del partido laborista para lograr el acuerdo con la UE en la cámara de los comunes, que no es un requisito legal, pero sí políticamente correcto. El miércoles conocíamos la amenaza de varios ministros con dimitir por este acuerdo, el ala más euroescéptica anunciaba su intención de dimitir si este acuerdo “socava” la soberanía británica de Irlanda del Norte.

Gráfico eurolibra últimas 10 sesiones.

Putin retiró el martes a Rusia del pacto nuclear con Estados Unidos. El presidente ruso ha decidido abandonar las negociaciones del nuevo START, programa que pretende limitar los arsenales nucleares de las principales potencias del mundo. Blinken ha calificado la decisión de «profundamente desafortunada e irresponsable, haciendo que el mundo sea más peligroso», mientras Putin afirma que la guerra será larga, apelando a una guerra espiritual contra la «decadencia moral» de Occidente.

Xi Jinping planea un viaje a Rusia en abril. El líder chino visitará Rusia en abril para encontrarse con Putin y jugar un papel “más activo” en las conversaciones de paz, reiterando además el papel de China en evitar el uso de armas nucleares. No obstante, los gobiernos occidentales son escépticos con el papel diplomático de China en la guerra ruso-ucraniana.

En Japón el nuevo presidente del Banco Central, Ueda, dijo ante el Parlamento que la Autoridad Monetaria detendrá la compra de bonos si se cumple el objetivo de inflación del 2%. Por su parte, el antiguo gobernador, Kuroda, dijo que espera que la inflación se mantenga por debajo del 2% en 2023 y 2024, aunque ya no ve a Japón en un entorno deflacionista.

En España, esta mañana los precios de producción industriales bajan con fuerza en enero. El índice de precios de producción cayó un -2% mensual lo que frena el incremento de los costes de producción hasta un +8,2% interanual frente al +14,9% anterior. El efecto base de los precios de la energía comienzan a ser más visibles en la comparativa anual, lo que modera el ritmo de crecimiento de la inflación por el lado de los costes de producción industriales.

Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 17 de Febrero del 2023

Ayer las bolsas en Estados Unidos cayeron con fuerza tras el dato de precios a la producción (mayor subida mensual desde junio) y que suponen una muestra más, junto con el IPC, de que el proceso desinflacionario se está desinflando. La Rentabilidad del bono a 10 años americano repunta de nuevo con fuerza, al igual que el dólar (T-bond marca máximos del año en 3,9%, 16 puntos básicos en cómputo semanal). Y todo ello en un contexto de señales de desaceleración cíclica (débiles viviendas iniciadas, Philly Fed), con la excepción del mercado laboral que sigue muy fuerte, desempleo semanal más sólido de lo esperado, y que junto a los datos de inflación lleva a varios miembros de la Fed (Mester, Bullard) a defender subidas de tipos de 50 puntos, el mercado descuenta subida de 25 puntos en Marzo, 25 en Mayo y no descarta otra subida de +25 en Junio o Julio.

                                               Gráfico del bono a 10 años americano últimos 12 meses.                      

                                                               Gráfico del eurodólar últimos 12 meses.

Esta semana, el martes, hemos conocido el dato de inflación de Enero de Estados Unidos. La inflación ha seguido bajando hasta niveles del 6,4% interanual (5,6% en el caso de la inflación subyacente, que excluye alimentos y energía), ligeramente por encima de lo que esperaba el mercado, que esperaba un 6,20% y una subyacente del 5,50%. El bono a 10 años americano ha subido a niveles de 3,8% desde mínimos de 3,4%, y ahora se estabiliza en niveles del 3,70%. Tras el dato de inflación, el mercado mantiene sus expectativas de subida de 25 puntos básicos en las dos próximas reuniones de la Fed (22 de Marzo y 3 de Mayo) y no descarta una más en la reunión del 14 Junio hasta un nivel de llegada de 5,25%-5,5% a mitad de año, a la vez que apunta a 5% al cierre de 2023, en línea con el dot plotde la Fed, 5,1% a Diciembre del 2023.

En un contexto de especial incertidumbre como consecuencia de los cambios metodológicos que en este mes de enero afectaban al cálculo de la inflación, la inflación subió mensualmente un 0,5% y la subyacente un 0,40%, esta variación mensual vuelve a situarse en niveles muy elevados. En cuando a la composición la energía fue el principal factor que impulsó la subida con un +2,0% mensual y la vivienda que se aceleró respecto al mes anterior, del 0,70% al 0,80%. Pese a los cambios metodológicos el dato de IPC sigue confirmando una desaceleración de los precios, si bien de manera más moderada que los datos de Diciembre, que además se revisaron esta semana al alza. A pesar de la tendencia a la baja la presión inflacionista se mantiene lo que seguirá apoyando posteriores subidas de tipos de la Fed.

                               Gráfico del bono a 10 años americano últimos 6 meses.

El IRA (inflation Reduction Act) aprobado por la administración Biden supone destinar 400.000 millones de dólares a transición energética y cambio climático, favoreciendo a las empresas que producen en Estados Unidos. Su impacto en la inflación, más allá del nombre, es cuando menos debatible y tiene a la Unión Europea preocupada por su naturaleza proteccionista. Pese a ser innecesario (la producción de energía renovable es totalmente competitiva en costes en Europa), seguramente la respuesta acabe suponiendo mayores subsidios para proyectos que ya están en marcha.

La mayoría de las compañías americanas han presentado ya resultados y batido ligeramente expectativas, +0,6% mejor crecimiento de beneficios del esperado, con los sectores más defensivos como salud y utilities habiendo sorprendido más positivamente que los sectores más cíclicos como telecomunicaciones, media y oil&gas. Al contrario que en anteriores ocasiones, los inversores han comprado aquellas que han decepcionado en resultados (han subido de media un +0,8% el día de sus resultados frente a una caída  media de -2,2% los últimos 5 años). El mejor comportamiento de la parte cíclica del mercado, especialmente Europa, ya descuenta un fuerte rebote de la actividad económica, y creemos que veremos una reversión de este mejor comportamiento.

En Japón el profesor Ueda ha sido el candidato elegido para sustituir al Kuroda al frente del Banco de Japón, algo que ha sorprendido al mercado, ya que se esperaba que fuera el actual vicepresidente, si bien deberá ser confirmado por el parlamento el 24 de febrero. La última reunión liderada por Kuroda (10 de marzo) debería pasar sin pena, ni gloria. La primera de Ueda (28 de abril) podría ir acompañada de una ampliación de la banda de fluctuación permitida para el bonos a 10 años (+/- 1% alrededor del 0%), mientras que no esperaríamos una primera subida de tipos de interés hasta la segunda mitad del año.

El crédito bancario en China sorprendió positivamente en enero, alcanzando máximos históricos y reflejando la voluntad de los bancos propiedad del estado de financiar proyectos de infraestructura y de conceder préstamos a empresas. La nota negativa la ponen los hogares, que siguen sin aumentar su endeudamiento, indicando que aún no se ha recuperado la confianza en el sector inmobiliario. Esta divergencia nos lleva a mantener nuestra expectativa de crecimiento para el año en el 5,2%.

Goldman Sachs confía en que las acciones europeas mantengan un mejor comportamiento respecto a las de Estados Unidos este año. Bancos, energéticas, utilities y el sector de consumo cotizan con un descuento “inmerecido” respecto a sus comparables europeos, según un análisis publicado esta semana por los estrategas de Goldman Sachs. Los expertos del banco de inversión americano también confían en las empresas de los sectores de salud y energía europeos porque aseguran que aunque cotizan a valoraciones similares, las expectativas de crecimiento son mayores que para las americanas. Por eso, Goldman incrementa el precio objetivo del índice europeo Stoxx 600 hasta los 475 puntos a doce meses, que implica una subida adicional del 6%. Este recorrido alcista es superior al esperado para el S&P 500, que es nulo. Eso sí, también señalan que donde más recorrido alcista detectan es en Asia (ex-Japón), con un potencial del 16%.

El descenso de los precios de gas y la reapertura de China (a la que Europa tiene una elevada exposición), son dos motores que pueden apuntalar el mejor comportamiento de las bolsas europeas. A esto se une que el entorno de tipos al alza juega a favor de Europa. Otro punto positivo para las acciones europeas es que el posicionamiento de los inversores sigue siendo débil. “Los flujos de fondos de inversión mostraron ventas durante todo el año pasado que sólo han empezado a invertirse modestamente”, apunta el informe. Por sectores, los bancos europeos siguen cotizando con descuento, del 25%, según Goldman, a pesar del rally que viven en 2023. Está por encima de la media histórica y aunque en parte pueda estar justificado por la menor rentabilidad del sector (el Rote se sitúa en torno al 10% en Europa, frente al 12% en EEUU), Goldman resalta que los márgenes de los bancos europeos están mejorando y que el sector ofrece una elevada rentabilidad por dividendo (cercana al 6%, de media). De las energéticas el informe destaca que el retorno de caja a los accionistas ofrece atractivo, con una rentabilidad por dividendo del 4,5%, de media, a lo que se suman recompras de acciones. Entre las utilities, Goldman prefiere las renovables, ya que se han quedado atrás en los últimos dos años y aportan crecimiento porque Europa está intentando acelerar en energía verde. En cuanto al sector de consumo, los analistas destacan como ventaja que las compañías europeas son más globales, con alrededor de un tercio de sus ingresos expuestos a los mercados emergentes. Estos cuentan ahora con mayores previsiones de crecimiento. Los economistas de Goldman esperan que el PIB de China crezca un 6,5% en 2023. Del sector sanitario europeo los analistas esperan un crecimiento anual del 8% hasta 2024, superior al de EEUU, “que se sitúa ligeramente por encima de cero” con varias patentes que expiran. También esperan más crecimiento en las tecnológicas europeas, que se benefician además de su mayor exposición a Asia.

Esta semana también ha habido una presentación de estrategia y de previsiones de Carmignac, que al ser una gestora de fondos siempre es interesante conocer su visión, porque no son un banco de inversión o una firma de análisis que tiene que vender su producto, Carmignac gestiona fondos de Renta Fija y presentaron unas previsiones bastante optimistas, donde ven un “aterrizaje suave” de la economía, y para el 2024 ven caídas en el crecimiento americano pero con la inflación ya bastante controlada:

Desde AXA IM nos llega un gráfico muy interesante, después de ver la subida de precios de los ingredientes de la pizza ahora es muy gráfico para ver la evolución de la inflación cómo se ha incrementado el precio de un “desayuno inglés”:

Importante esta semana:

Cómo decía ayer Mester y Bullard, miembros de la Fed, se posicionaron a favor de subidas de 50 puntos básicos en la próxima reunión de la Fed. Dos de los miembros más hawkish del FOMC abrieron la posibilidad de incrementar el ritmo de subidas de tipos tras las últimas lecturas de inflación y mercado laboral. Mester aseguró que había una “justificación económica” para haber subido 50 puntos en la reunión del 1 de febrero, mientras Bullard cree que la Fed debe estar preparada para incrementar el ritmo en sucesivas reuniones si se dan las condiciones.

Schnabel incrementaaba ayer la agresividad del mensaje del Banco Central Europeo. La banquera alemana cree que la asunción del mercado de situar el tipo terminal en el 3,5% es demasiado optimista, asegurando que existe el riesgo de que la inflación sea más persistente de lo esperado. La reacción de los futuros ha sido la de elevar el tipo terminal implícito por encima del 3,6%.

Lagarde, en su discurso ante el Parlamento de la UE este miércoles, reiteró su intención de subir tipos en 50 puntos básicos en el mes de marzo. Además, dijo que la inflación subyacente sigue siendo alta, los salarios están creciendo rápido y que las perspectivas de crecimiento se han vuelto «más equilibradas».

En una encuesta de Reuters, la mediana de los encuestados esperan un tipo de interés terminal del BCE en el 3,25% en el segundo trimestre del 2023, y la mayoría considera que el riesgo es que se produzcan subidas por encima de dichos niveles.

La Agencia Internacional de la Energía advierte que Europa aún podría enfrentarse a escasez de suministro de gas este año si no se reduce el consumo.

En Japón, el mandato actual del gobernador del BOJ termina en abril. Su política monetaria de los últimos años ha sido ultra laxa.  Recordemos que la actual inflación en Japón es del 4% y los tipos de interés actuales siguen siendo negativos (-0.10%)Todo apunta a que el nuevo gobernador adoptará medidas en la política con el objetivo que la economía japonesa derive en una inflación equilibrada y sostenible del 2% y apostando por el crecimiento de los salarios.

La economía China, va mostrando señales de re-apertura, sobre todo el sector empresarial que representó la mayor parte del crecimiento de los nuevos préstamos. Sin embargo la economía real china y de los hogares sigue mostrando un crecimiento débil del crédito al consumo. Recordemos que la tasa de paro actual es de un 5.5% y antes de la pandemia se situaba en un 3.8%. 

Bruselas prevé que Europa esquive la recesión y eleva al 1,4% el PIB de España. La Comisión Europea publicó este lunes sus Previsiones Económicas de Invierno bajo un título que parece toda una declaración de intenciones: La economía de la UE se prepara para evitar la recesión, pero los vientos de cara persisten. La CE realiza una revisión al alza del PIB generalizada en todo el Viejo Continente, y prevé que Europa en su conjunto y prácticamente todos los países que la componen sorteará la recesión, entendida como dos trimestres consecutivos en contracción, además el informe realiza un recorte de sus previsiones de inflación, que resulta crucial para mantener el consumo y para empezar a ver el final de las subidas de los tipos de interés. “La economía europea está demostrando ser resiliente frente a los desafíos actuales. Hemos podido evitar la recesión”, resumió el vicepresidente económico de la Comisión, Valdis Dombrovskis.

Bruselas elevó cuatro décimas (frente a seis en la unión monetaria) sus previsiones de crecimiento del PIB español para este año, hasta el 1,4%, un avance que irá seguido de otro incremento del 2% en 2024, la misma cifra que la establecida en el anterior documento, de noviembre. Esta revisión al alza, que comparten en mayor o menor medida todos los países de la UE salvo la República Checa, Finlandia, Estonia y Lituania, se debe a que “la diversificación de las fuentes de suministro de gas y la fuerte caída de su consumo han dejado los niveles de almacenamiento por encima del promedio de los últimos años, y los precios mayoristas del gas han caído muy por debajo de los niveles anteriores a la guerra. Además, el mercado laboral de la UE sigue funcionando con fuerza, con la tasa de desempleo en su mínimo histórico del 6,1%”. Por ello, “la confianza está mejorando y las encuestas [de actividad empresarial] de enero sugieren que la actividad económica también está lista para evitar una contracción en el primer trimestre de 2023”.

Además, este mayor vigor de la economía no reforzará la espiral inflacionista. De hecho, el Índice de Precios de Consumo (IPC) también se modera de forma generalizada en la mayor parte de los países europeos. Por ejemplo, España, que registró una inflación del 8,5% en promedio en 2022, moderará esta cifra hasta el 4,4% en este año, quedando entre los países con menores presiones inflacionistas de Europa. Esta moderación se debe principalmente al descenso de la factura energética derivado del abaratamiento del gas y el petróleo en los mercados internacionales, lo que reduce también el coste de producción de numerosos bienes y servicios. Sin embargo, “la inflación subyacente [la que excluye la evolución de la energía y los alimentos por considerarse más volátiles] aún no ha tocado techo”, debido a que los fabricantes seguirán repercutiendo progresivamente el encarecimiento de los costes de producción, que ahora han absorbido en gran medida mediante una reducción de sus márgenes de beneficios. Esto podría llevar a una mejora del poder adquisitivo de los europeos en los próximos trimestres, aunque “solo gradualmente”, advirtió el comisario de Economía, Paolo Gentiloni, lo que impulsará el consumo.

Con todo, Bruselas advirtió de que parte de la mejoría en las cifras de crecimiento se debe a que el cierre del ejercicio ha sido más positivo de lo esperado inicialmente, lo que deja la economía en una mejor posición para este año. Por ejemplo, en el primer trimestre, la Comisión apuesta por un crecimiento del 0,1% respecto al trimestre anterior, una décima más que lo previsto en otoño, mientras que para el segundo mantiene el 0,3% anticipado tres meses atrás. Y no es hasta la segunda mitad del año cuando se dará un acelerón, gracias a la moderación de los precios, con avances del 0,5% entre julio y septiembre (el mismo dato que en las anteriores previsiones) y del 0,6% entre octubre y diciembre (una décima más). Si bien se trata de una mejora mínima, tiene un gran efecto psicológico al evitar el estancamiento en el arranque del año, al tiempo que Europa sortea la recesión. En concreto, Bruselas apuntaba a un descenso de la actividad del 0,1% entre enero y marzo tras un recorte del 0,5% en el último trimestre del año pasado, pero finalmente 2022 cerró en positivo (con un alza del 0,1%) y 2023 podría arrancar con un estancamiento de la actividad.

“Aún enfrentamos múltiples desafíos, por lo que no es momento para la autocomplacencia, sobre todo porque la guerra implacable de Rusia contra Ucrania todavía genera incertidumbre”, señaló Dombrovskis, mientras que Gentiloni advirtió de un “difícil periodo por delante” con “poderosos vientos de cara”. “Los consumidores y las empresas continúan enfrentando altos costos de energía y la inflación subyacente seguía aumentando en enero, erosionando aún más el poder adquisitivo de los hogares”, señala el texto. “Al tiempo que persisten las presiones inflacionarias, se prevé que el endurecimiento de la política monetaria continúe, lo que lastrará la actividad comercial y la inversión”. Dicho de otra forma, que aunque hay una mejora en las perspectivas y “los riesgos parecen menores […], no se puede descartar una posible reversión de esa caída de la inflación en el contexto de continuas tensiones geopolíticas” y de la reapertura de la economía china.

Para España en sus últimas proyecciones macro, presentadas en diciembre, el Banco de España pronosticó un avance del PIB del 1,3%, y esta semana ha elevado al 1,6% el crecimiento previsto para este año, aun así cinco décimas por debajo del 2,1% que defiende el Ejecutivo. En otras palabras, el Banco de España mejorará sus estimaciones esencialmente por un ajuste automático tras las revisiones al alza del PIB de los últimos trimestres, sumado a una “mayor fortaleza del consumo privado”, que ha compensado, al menos parcialmente, la “mayor debilidad de la inversión y menor aportación positiva del sector exterior”. Tal como pronosticó el Banco de España en diciembre, “en los próximos meses, se espera que las dinámicas de la actividad económica española sigan caracterizadas por una considerable debilidad”, en el contexto de un arranque de año marcado por las todavía altas presiones inflacionistas, el gradual “endurecimiento de las condiciones financieras”, unos niveles de confianza en horas bajas y una actividad económica global con “escaso dinamismo”.

Aun con todo, la información que proporcionan los últimos indicadores, “aún muy parcial e incompleta”, según el supervisor, apunta a que en el primer trimestre de este año “en España la actividad estaría manteniendo un grado de dinamismo similar al observado en el tramo final de 2022”, cuando el PIB creció un 0,2%, conjurando así la amenaza de contracción que auguraban algunos expertos y casas de análisis.

La revisión al alza anunciada este martes por el Banco de España se alinea con el movimiento efectuado el lunes por la Comisión Europea. Entre las muchas incógnitas que impiden atisbar con claridad el horizonte, el Banco de España resalta las presiones inflacionistas, que “permanecen elevadas y muy generalizadas”, aunque confía en un alivio gradual de esa presión a partir de primavera. En este sentido, la institución anticipó que también podría revisar a la baja su pronóstico de inflación media para 2023, aunque en este caso muy tímidamente, unos 0,15 puntos, hasta el 4,75%. Eso sí, “asumiendo que la rebaja del IVA de los alimentos se traslada completamente a su precio”, y partiendo de la premisa de que “no se producirán efectos de segunda vuelta significativos sobre la inflación a través de márgenes o salarios”. Las alzas salariales siguen claramente por debajo del IPC (una subida del 2,81% pactada en los convenios registrados en enero vs. una inflación del 5,8%), aunque alerta de que “ha aumentado la incidencia de las cláusulas de salvaguarda”. La invasión de Ucrania, los vaivenes del sector energético y las dudas sobre el crecimiento de las principales economías mundiales (EEUU, China, Alemania…) son otras de las muchas fuentes de incertidumbre.


China y EEUU están atrapados en una relación de codependencia destructiva. Rana Foroohar. Financial Times.

Cuál es el mejor lenguaje para entender los complejos acontecimientos del mundo actual? ¿Es el económico, el político, el cultural? He empezado a pensar que podría ser el psicológico.

Los psicólogos suelen dividir el mundo en dos tipos de personalidades: los paranoicos, que actúan como si siempre estuvieran jugando un juego de suma cero, y los depresivos, que parecen más preparados para percibir los matices (y, por tanto, la tristeza). Al igual que las personas pueden inclinarse hacia cualquiera de esos dos polos de personalidad, también pueden hacerlo los países. La Alemania nazi era paranoica, como ocurre hoy en día con Rusia. Los países socialdemócratas escandinavos son depresivos. Lo mismo puede decirse de la UE.

Los recientes acontecimientos mundiales, desde el Brexit y la elección de Donald Trump hasta la guerra de Rusia contra Ucrania o la desvinculación económica, también pueden verse a través de un punto de vista psicológico. Como ha manifestado el economista conductual Robert Shiller en su trabajo sobre economía narrativa, tales acontecimientos están impulsados por “la prevalencia y la vivacidad de ciertas historias, no por la retroalimentación puramente económica o los multiplicadores que a los economistas les encanta modelar”.

Aunque estas historias pueden ser subjetivas, sus efectos son reales. El trabajo de Shiller estudia cómo acontecimientos como la corrección del mercado de 1920, la mayor de la historia, se vieron impulsados tanto por relatos inquietantes sobre el auge del comunismo, la gripe y los disturbios raciales como por una política de tipos de interés equivocada. Las historias influyen en nuestra psicología y esa psicología cambia el mundo.

Blinken

En ningún lugar se cumple más esta premisa que en la relación entre EEUU y China. En su reciente libro Accidental Conflict, Stephen Roach, exdirector de Morgan Stanley Asia y profesor de Yale, aplica una perspectiva psicológica a las crecientes fricciones entre ambos países. El último foco de tensión quedó en evidencia con la cancelación de la visita del secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, a Pekín tras el derribo de un globo chino que sobrevolaba el espacio aéreo de EEUU.

Roach compara esta reacción, así como el aumento de las tensiones diplomáticas entre ambos países en los últimos años, con la de una pareja insegura que se encuentra en la fase conflictiva de la codependencia. La pareja, en este caso China y EEUU, se necesita mutuamente por razones que no les gusta reconocer. “Una economía estadounidense con escasez de ahorro carece de un cierto sentido”, explica Roach, y está preocupada por los objetivos de desarrollo de China, que implican utilizar su propio excedente de ahorro de forma que pueda alejar el capital del dólar. Mientras tanto, “China, que carece de su propio apoyo interno al crecimiento impulsado por el consumo” se siente amenazada por los aranceles estadounidenses.

A Roach no le falta razón. Aunque a los políticos estadounidenses les gusta acusar a China de “robar” puestos de trabajo, fue Estados Unidos quien decidió crear una economía basada más en la inflación de activos que en el crecimiento de los ingresos. El capital extranjero contribuyó al despilfarro.

La deuda estadounidense en relación con el PIB ha aumentado un 95% desde el año 2000, y ahora es mayor que antes de la crisis financiera. La deuda pública creció a 0,7 veces el PIB, sobre todo como consecuencia de esa crisis y de la pandemia. La deuda de los hogares y la del sector financiero han descendido desde los máximos alcanzados antes de 2008, pero siguen siendo más elevadas que antes de 2000, según datos del McKinsey Global Institute. Todo esto sería mucho menos sostenible si China dejara de comprar deuda estadounidense.

China, por su parte, puede señalar con el dedo a EEUU por las guerras comerciales, aunque durante años ha seguido una política económica mercantilista, y aún tiene que demostrar que puede generar suficiente confianza política interna para que la gente deje de acumular efectivo, o hacer frente a los problemas estructurales del exceso de apalancamiento, sobre todo en lo que respecta al sector inmobiliario. Si se mantiene el actual paradigma, China envejecerá antes de enriquecerse.

Codependencia reactiva

El problema de esta codependencia económica, explica Roach, es que es intrínsecamente reactiva. “La más mínima perturbación se exagera, aumentando el riesgo de represalias. El globo de China desencadena una respuesta diplomática de Blinken que recuerda a las acciones de la Guerra Fría en 1960, cuando la URSS derribó nuestro avión espía U-2. Aquello, sin duda, marcó el comienzo de la Guerra Fría, que culminó en la crisis de los misiles de Cuba”, recuerda.

“No hay confianza en una codependencia conflictiva, lo que dificulta volver a juntar las piezas de una relación que en su día fue satisfactoria. Eso hace que la codependencia conflictiva aumente su vulnerabilidad en momentos delicados”. Ante la próxima visita a Taiwán del presidente de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, cabe preguntarse si ese país insular será la próxima Cuba.

¿Cómo pueden ambas partes evitar un desenlace tan desastroso? Haciendo lo que cualquier buen terapeuta aconsejaría: utilizando frases en primera persona. Los responsables políticos estadounidenses tienen que admitir que la deuda importa y que EEUU debe empezar a vivir dentro de sus posibilidades, ahorrar más y utilizar esos ahorros para financiar las cosas que impulsan el crecimiento real –infraestructuras, educación e I+D básica– en lugar de las de tipo financiero. La Casa Blanca ha empezado con buen pie con el Plan de Rescate de Estados Unidos y la Ley de los Chips, pero harán falta años, si no décadas, para colmar la laguna de la inversión en Estados Unidos.

China, por su parte, tendría que plantearse cómo y por qué ha perdido la confianza del mundo. Desde los confinamientos hasta los ataques al sector privado, pasando por el capitalismo de vigilancia, hay una razón por la que los consumidores chinos siguen guardando tanto dinero en efectivo bajo el colchón. No hace falta un globo para darse cuenta de que no es culpa de EEUU.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 10 de Febrero del 2023.

Esta semana ha sido como una montaña rusa en los mercados ante las crecientes dudas sobre si los tipos de interés oficiales empezarán a disminuir a partir de la segunda parte del año o se mantendrán elevados por más tiempo. El cuadro macro que se presenta es el de una inflación en retroceso, pero todavía en niveles elevados, en un contexto de elevada fortaleza del mercado laboral que no invita a pensar en una abrupta caída del consumo, lo que haría necesarios tipos de interés oficiales superiores a los que se descontaban hace solo una semana para el año 2024.

En los últimos 12 meses las Bolsas europeas están en niveles que no se veían desde los máximos del 2021 mientras que la Bolsa americana todavía está un 15% por debajo de esos niveles.

                Gráfico del IBEX 35, el EuroStoxx 50, el S&P 500 y el Nasdaq en los últimos 12 meses.

Enero ha sido uno de los mejores comienzos de año en los mercados de Renta Variable y Renta Fija debido a que China reabrió sus puertas, los precios del gas se desplomaron y la inflación siguió bajando. Aunque comenzamos febrero con una serie de subidas de tipos (Estados Unidos +25 puntos básicos, Europa y Reino Unido +50 puntos básicos), el rumor de mercado es que los bancos centrales están haciendo una pausa para reflexionar sobre el impacto causado hasta ahora. La mayoría de los analistas y las expectativas de mercado apuntan a unos tipos de interés finales cercanos a los niveles actuales, al menos en Estados Unidos, e incluso a la posibilidad de recortes de tipos este mismo año, ya que los datos económicos han sido uniformemente malos. La confianza de las empresas y los consumidores ha caído, los consumidores se enfrentan a la destrucción de la demanda por el aumento de los precios y las condiciones políticas. El problema es que la situación del empleo sigue siendo tensa, con pocos signos, por ahora, de mejora. Es cierto que las tasas de desempleo son un indicador rezagado, pero están en mínimos del ciclo. Una vez más, los bancos centrales deben sopesar los efectos retardados del endurecimiento anterior con la relajación de algunas condiciones monetarias, como el estrechamiento de los diferenciales de crédito y la caída de los rendimientos.

Fuente: Renta 4 Banco.

A pesar de la desaceleración económica actual, las tasas de vacantes sin cubrir siguen históricamente elevadas en Estados Unidos. Este factor hará que el previsible aumento del desempleo por el deterioro del crecimiento en esta ocasión sea más contenido que en anteriores ciclos recesivos. Por otro lado, esta fortaleza del empleo podría aumentar la presión al alza en los salarios, y el temor de los Bancos Centrales sobre posibles efectos de segunda ronda de la subida de la inflación.

Según Jerome Powell en un discurso de esta semana la hoja de ruta de la Reserva Federal de Estados Unidos es llevar los tipos como máximo hasta el 5,25% este año, pero no descarta ir más allá si fuera necesario y los datos macroeconómicos siguieran superando todas las previsiones, como ha ocurrido hasta ahora, sobre todo con las cifras de empleo. No es el objetivo principal, pero “si la economía sigue más fuerte de lo previsto, subiremos aún más los tipos”, aseguró el presidente del banco central estadounidense, Jerome Powell, durante su participación en el Club Económico de Washington.

¿Habría actuado la Fed igual la semana pasada de haber conocido el último dato del paro, del 3,4% y en mínimos del último medio siglo? Sí, fue la contundente respuesta de Powell. Reconoció que el dato le sorprendió y se situó por encima de las previsiones de la institución. Aun así, es un escenario que estaba cubierto: “Sabíamos que el mercado laboral es fuerte”.

Powell prefirió centrarse en la inflación, que sí está dando muestras de ralentización y apostó por un mensaje optimista. Si sigue así, la Fed se encontraría en el mejor de los escenarios, moderación en los precios y pleno empleo. Justo los dos cometidos que tiene por mandato la institución.

El presidente de la Fed es consciente de que no se puede doblegar la inflación sin causar cierto daño económico. Por eso cree que el desempleo subirá, pero aumentan las probabilidades de un aterrizaje suave. Y aunque Powell hizo hincapié en que llevarán los tipos hasta donde haga falta, sus palabras transmitían calma, e insistió en que los datos apuntan a un proceso claramente desinflacionista (el IPC en diciembre de 2022 se situó en el 6,5%, mínimo del año). El objetivo, ha recalcado, es “entrar en 2024” con una inflación en el entorno del 2%.

El mensaje sentó bien a los mercados y las Bolsas americanas subieron con fuerza el martes. También avisó de que “no será un proceso lineal, sino que habrá altibajos”. Por eso, aseguró que la Fed apuesta por mantener su hoja de ruta, que implicaría dos subidas más de tipos de un cuarto de punto en las próximas dos reuniones. La semana pasado, tras un alza de 0,25 puntos porcentuales, se situaron en el tramo entre el 4,5% y el 4,75%, la cifra más alta de los últimos 15 años. En cuanto a las perspectivas del mercado de que la Fed podría empezar a recortar los tipos antes de lo previsto gracias a una reducción de la inflación más rápida de lo que se calculaba inicialmente, Powell lanzó un mensaje de optimismo contenido: “Todavía es demasiado pronto para saberlo”. Aun así, quiso dejar claro que en estos momentos suavizar la política monetaria en 2023 es algo que no se plantea en el seno del banco central.

Comenzamos y terminamos la semana con un euro sufriendo movimientos a la baja y prolongando el movimiento bajista que inició la semana pasada tras la reunión del BCE. Estamos 3 figuras por debajo de los máximos alcanzados hace 4 sesiones en el 1,1033 y es un movimiento que confirma sus expectativas que vienen resaltando tiempo atrás de que el movimiento alcista era muy exagerado y cabía esperar una toma de beneficios, según los analistas de BBVA Research. La corrección en su opinión tiene recorrido y esperan que podría llegar al 1,05. Dependerá de los datos y las noticias de política monetaria que son las que más están condicionando al cruce en las últimas semanas. A un lado ha quedado la crisis energética y la guerra de. Evidentemente si hubiera un final de la guerra sería muy positivo para el euro y viceversa. Pero eso no parece que vaya a ocurrir a corto plazo. 

Si ya parecía una sobrerreacción ver la rotura de paridad y después la llegada más  niveles del 0,95 en septiembre de 2022, a los analistas de BBVA también les parecía exagerado la vuelta a 1,10 que vimos en tan poco tiempo. Para ellos esa sobrerreacción debía revertirse de alguna manera. Lo que parece que estamos viendo ahora. La semana pasada, la  FED confirmó una subida de 25 puntos básicos y Powell daba un mensaje todavía hawkish aunque el mercado no compraba su mensaje y el dólar sufrió ventas tras la decisión. El día siguiente el BCE confirmaba la subida de 50 puntos y dijo que pensaba subir otros 50 en marzo, lo que les sorprendía a BBVA GM Research, sin embargo el mercado en un movimiento contraintuitivo penalizó al euro y corregían las curvas de tipos europeas a la baja. Desde BBVA GM  piensan que los buenos datos de empleo van a forzar a la FED a seguir subiendo tipos y sería favorable para el dólar. Con unos datos  tan sólidos en Estados Unidos y con las sorpresas a la baja que estamos teniendo en las últimas sesiones en Europa creen que el movimiento bajista a corto plazo podría continuar. A largo plazo sí que esperan niveles de equilibrio por encima de los niveles actuales de cara a segundo semestre e inicio de 2024. Las últimas previsiones del BBVA publicadas son de 1,08 para Marzo (consenso de Bloomberg de 1,07) y de 1,06 para Junio (consenso de  Bloomberg de 1,08).


Gráfico del último mes eurodólar.

El interés comprador de inversores extranjeros en acciones chinas ha subido hasta los 21 billones de dólares desde principios de año (el doble que la cifra record previa que vimos en 2021 para el mismo periodo).

El IBEX lleva una rentabilidad en el año del 11%, segundo mejor índice europeo tras el FTSE MIB italiano que lleva una subida en el año del 16%. Tras ese boyante estreno de 2023, con pocos precedentes, los analistas de Deutsche Bank esperan para las bolsas una corrección durante los próximos trimestres (con el S&P 500 bajando a 3.250 puntos en verano, desde los más de 4.100 puntos actuales), para luego rebotar (Wall Street acabaría el año en 4.500 puntos).

Si hay un mercado que puede evitar esa montaña rusa, al estar todavía en una valoración atractiva, es el español, según los “estrategas cuantitativos” de Bank of America Merrill Lynch. En un informe, estos analistas han comparado los precios actuales de las bolsas europeas con los de la gran crisis financiera, tomando en consideración los descensos de beneficios que las cotizadas sufrieron entonces para marcar el peor caso que podría darse en los próximos años si llega la recesión. El objetivo es identificar mercados “baratos y resistentes a una crisis”. Su conclusión es que “mirando a los PER (número de veces que el precio de las acciones contiene su beneficio), la Bolsa española no está cara comparada con los últimos 15 años, y además vivió las rebajas de beneficios más pequeñas durante la crisis financiera global”. Con esas métricas, el Ibex estaría más barato que los parqués británico, alemán e italiano. Por sectores, Bank of America apunta a las eléctricas y los productos de consumo como los más atractivos en Europa, según los mismos criterios.

Hoy termina el grueso de presentaciones de resultados del cuarto trimestre en Estados Unidos. Al finalizar la jornada de hoy se habrán presentado los resultados del equivalente al 77% de la capitalización bursátil del S&P 500, con dichos resultados se confirma la primera caída de beneficios en términos interanuales desde finales de 2020, con un retroceso del 2,7% en términos interanuales. Por otro lado, ha sido una temporada sin grandes sorpresas, ni al alza ni a la baja, en la que ha pesado sobre todo la debilidad de algunos sectores cíclicos como el de materias primas (-32,6%) o el lado más cíclico de la tecnología, como todo lo relacionado con publicidad en internet (-29%), semiconductores (-37%) y hardware (-15,4%), sin embargo, el lado del software aguanta y consigue subir sus beneficios un 2,2%.

Importante esta semana:

Esta semana hemos tenido unas cuantas declaraciones de miembros de la FED de tono “hawkish”, como el Presidente de la FED de Minneapolis Neel Kashkari que llego a decir “no pretendemos causar una recesión, pero el trabajo aún no está terminado”, y esto dio alas a nuevas creencias de que la Fed, a diferencia de lo que dijo Jerome Powell, podría estar aún lejos del tope y que incluso podría llegar hasta un 6%, cuando el consenso de mercado es un 5%, ya veremos. También hemos tenido declaraciones de Bostic, Presidente de la FED de Atlanta, aludiendo a que el sólido dato del mercado laboral conocido el viernes de la semana pasada podría conllevar no sólo subidas más fuertes de tipos por parte de la Fed, el mercado descuenta una subida de otros 25 puntos básicos para su próxima reunión, sino que podría suponer que el techo a alcanzar también podría llegar a ser superior al 5%, escenario base que de momento se baraja tanto por la Fed como por el mercado. Estas declaraciones están alineadas con lo dicho por Jerome Powell la semana pasada sobre que la Fed mantiene su intención de realizar subidas adicionales en la medida en que la inflación, pese a haberse moderado, continúa en niveles elevados, y no permite dar su trabajo por concluido. De este modo se descarta una pausa en marzo, y una bajada de los tipos inmediata de 50 puntos en la segunda mitad del año tal y como descuenta el mercado.  

También desde el Banco Central Europeo hemos tenido declaraciones esta semana, Nagel señaló que se necesita una respuesta resolutiva para evitar un desanclaje de las expectativas de inflación a largo plazo. En este sentido, comentó que todavía hay camino por recorrer y que abandonar demasiado pronto sería un pecado capital. De igual manera, abogó por una reducción más rápida del APP. De Guindos se mostró relativamente optimista respecto a la evolución de la inflación. Al mismo tiempo, resaltó que no se observan señales de fragmentación del mercado de deuda.

La inflación de China se aceleró hasta el 2.1% en el mes de enero, situándose en línea con lo esperado. Los precios de producción, por su parte, cayeron un –0.8% (-0.5% esperado por el mercado).

En Japón se mantiene una elevada presión sobre los Precios a la producción en enero con una subida del 9,5% interanual frente al +9,7% que esperaba el mercado y +10,5% anterior, un argumento adicional para que el Banco de Japón vaya girando hacia una política monetaria menos expansiva.

La inflación en Alemania publicada ayer, reflejó un repunte en enero a +8,7% interanual frente al +8,9% que esperaba el mercado y +8,6% anterior, que muestra que el problema de la elevada de la inflación está lejos de poderse dar por zanjado.

Las lecciones de la gran reflación. Martin Wolf. Financial Times.

¿Qué podemos aprender de los monetaristas sobre lo que ocurrió con los precios tras la pandemia del Covid? ¿Qué podemos aprender de los errores cometidos en los años 70? El propósito de plantear estas preguntas es inyectar humildad en los debates actuales, especialmente entre los banqueros centrales. Su incapacidad para prever, o evitar, los grandes saltos en los precios de los últimos años es significativa. Entonces, ¿por qué ocurrió y qué puede sugerir la historia sobre los errores que están por venir? Es posible argumentar que no hay nada que aprender. El Covid-19 fue, podría decirse, un acontecimiento único al que los responsables políticos respondieron de la forma más sensata posible. Del mismo modo, los años 70 son historia antigua. Nuestros responsables políticos no cometerían el error de dejar que la inflación se disparara de nuevo, afianzando así las expectativas de una inflación permanentemente alta. Me gustaría creer estas proposiciones. Pero no lo hago.

Empecemos por el dinero. Ha habido dos obstáculos para tomarse en serio la masa monetaria. El más importante es que hace tiempo que los macroeconomistas “respetables” la descartaron como objetivo e incluso como indicador. El menos importante fue la histeria de muchos por la relajación cuantitativa introducida tras la crisis financiera mundial. Esto oscureció lo que era tan diferente esta vez.

Como señalé en una columna publicada hace casi un año, el economista británico Charles Goodhart argumentó en 1975 que “cualquier regularidad estadística observada tenderá a colapsar una vez que se ejerza presión sobre ella con fines de control”. Esta idea resultó relevante para el monetarismo de los años ochenta. Pero existe una consecuencia lógica: si deja de utilizarse como objetivo, el dinero podría volver a ser un indicador útil. Recientemente, Claudio Borio, del Banco de Pagos Internacionales, sugería que esto podría volver a ocurrir con el dinero. Según él, la importancia del dinero depende de si la inflación está alta o no. En otras palabras, la presencia de “exceso de dinero” en los balances influye más en el comportamiento cuando la gente es sensible a la inflación que cuando no lo es.

En un excelente artículo publicado en Money: Inside and Out, Chris Marsh, de Exante Data, explica cómo el dinero desapareció del pensamiento de los economistas monetarios y los banqueros centrales. Sin embargo, señala que es probable que una gran expansión de la masa monetaria afecte al gasto de forma significativa. Esto es aún más probable si el dinero creado por los bancos centrales financia eficazmente déficit fiscales, como ocurrió de forma tan sorprendente en 2020.

Un punto crucial es que esto difiere en gran medida de lo que ocurrió después de 2008. El resultado de la crisis financiera fue una drástica ralentización de la creación de dinero mediante préstamos bancarios. El dinero creado por los bancos centrales a través de sus compras de activos (QE) compensó esta ralentización endógena del crecimiento monetario. Esto redujo significativamente la gravedad de la desaceleración económica posterior a la crisis.

A principios de 2020, ocurrió lo contrario: tanto el crecimiento del crédito privado como la creación de dinero por parte de los bancos centrales fueron muy fuertes. El crecimiento anual medio del agregado monetario M2 estadounidense desde finales de 2008 hasta finales de 2019 fue de solo el 6%. En el año hasta febrero de 2021, creció un 27%. No es sorprendente entonces que, con los impulsos fiscales también, la demanda interna nominal de EEUU aumentara en más del 20% en los dos años hasta el tercer trimestre de 2022. Esto generó una fuerte recuperación. Pero también apoyó un salto en el nivel de los precios: en los dos años hasta diciembre de 2022, el índice de precios al consumo de EEUU subió un 11,5%, muy por encima del 4% implícito en el objetivo anual del 2% de la Reserva Federal.

Eso era el pasado. ¿Y ahora qué? Los indicadores monetarios en EEUU están cayendo. En diciembre de 2022, por ejemplo, el M2 estadounidense estaba un 2,5% por debajo de su máximo alcanzado en marzo. Los datos sobre mediciones más amplias proporcionados por el Centro para la Estabilidad Financiera muestran el mismo panorama. Esto sugiere que la inflación podría caer más rápido de lo esperado. Incluso es posible que si el objetivo es sólo estabilizar la inflación en lugar de hacer retroceder el nivel de los precios, la política sea demasiado restrictiva. Sin embargo, todavía parece haber un exceso monetario. Además, el economista danés Jesper Rangvid, en su blog, ofrece una aleccionadora comparación con la década de los 70. Señala, con razón, la pertinencia de las comparaciones con otro período en el que una combinación de fuertes expansiones fiscales y monetarias interactuó con los shocks de oferta para generar una elevada inflación. Pero en la década de 1970 hubo dos picos. Los precios de la energía influyeron en ambos. Pero también lo hizo la política monetaria expansiva. Rangvid añade que “en cuanto la inflación empezó a caer a principios de los 70, la Fed redujo el tipo de interés de los fondos federales. Lo hizo demasiado pronto. Esto implicó que el tipo de interés real cayera demasiado y demasiado rápido”. En diciembre de 2022, lo que el Banco de la Reserva Federal de Atlanta denomina inflación de “precios rígidos” se situaba por encima del 5% sobre una base anualizada de uno y tres meses y sobre una base anual. Rangvid llegó a la conclusión de que podría llevar aún más tiempo volver a situar la inflación en el 2% que a mediados de la década de 1970, quizá otros dos años. Pero existe el peligro no sólo de relajar demasiado pronto, sino también de relajar en exceso bajo lo que muy probablemente sea una feroz presión política, generando así otro repunte.

Lo importante es que el genio de la inflación ya ha salido de su lámpara. Estoy de acuerdo con Rangvid en que la política monetaria debería haberse endurecido antes. También estoy de acuerdo con Marsh en que los bancos centrales no deberían haber ignorado el dinero, como también ha argumentado Mervyn King. Podría haber razones para esperar a ver qué pasa antes de seguir endureciendo la política monetaria, al menos en EEUU, sobre todo si nos centramos en los datos monetarios. Pero la inflación también podría resultar más rígida a la baja de lo esperado. Pase lo que pase, no hay que repetir lo que ocurrió en los años 70: rebajar la inflación y luego mantenerla baja.


El mundo no está preparado para la larga rutina que le espera. Ruchir Sharma. Presidente de Rockefeller International.

En el último medio siglo, cuando los gobiernos y los bancos centrales se empezaron a coordinar mejor para gestionar el crecimiento económico, las recesiones fueron cada vez menos frecuentes. A menudo fueron más cortas y menos graves de lo que podrían haber sido. Después de una política económica tan flexible, la mayoría de la gente no puede imaginar un ciclo económico difícil y duradero. Sin embargo, la economía mundial se encamina hacia un periodo como no se ha visto en décadas.

La fe en el gobierno como salvador en las recesiones se ha ido instalando en la mente de la gente durante la mayor parte de su vida. Desde 1980, la economía estadounidense ha pasado sólo el 10% del tiempo en recesión, en comparación con casi el 20% entre el final de la segunda guerra mundial en 1945 y 1980, y más del 40% entre 1870 y 1945. Una razón cada vez más importante son los rescates públicos.

El estímulo combinado en EEUU, la UE, Japón y Reino Unido, incluido el gasto público y las compras de activos por parte de los bancos centrales, pasó del 1% del producto interior bruto en las recesiones de 1980 y 1990 al 3% en 2001, al 12% en 2008 y a un asombroso 35% en 2020.

Aunque la recesión de 2020 fue acusada, fue la más breve desde que se tienen registros, pues duró sólo dos meses. Los rescates gubernamentales en la pandemia fueron tan rápidos y cuantiosos que a muchas personas, sobre todo a los empleados que trabajaban desde casa, les pareció como si la recesión nunca hubiera existido.

De hecho, en muchos casos sus ingresos aumentaron. Su riqueza explotó con la subida de los mercados de acciones y bonos. Ahora, esta experiencia de la recesión como algo ajeno parece haber calado en la psique profesional.

De nuevo el ‘aterrizaje suave’

Algunos analistas empiezan a pronosticar que la economía mundial podría estar a punto de sufrir un “aterrizaje suave”, no una auténtica recesión. En las últimas encuestas, los economistas no son tan optimistas. Pero siguen esperando la recesión más suave desde la segunda Guerra Mundial, que parece inminente pero que durará menos de seis meses, mientras la Reserva Federal acude de nuevo al rescate.

Esta visión puede ser equivocada en algunos aspectos clave, ya sea sobre lo pronto que llegue la próxima recesión, su duración o lo generoso que pueda ser el rescate.

En 2020, los gobiernos inyectaron tanto dinero en la economía que, dos años después, los consumidores aún conservan gran parte de él: 1,5 billones de dólares sólo en Estados Unidos.

La inversión de las empresas estadounidenses y europeas apenas se detuvo. Los gobiernos siguen gastando. Por todo ello, es posible que la próxima ralentización se produzca más tarde de lo esperado, una opinión reforzada por los últimos datos del PIB estadounidense, que mostraron una economía resistente.

Cuando los estímulos de la pandemia se agoten a finales de año, la próxima ralentización, una vez que llegue, podría no ser tan efímera. El principal escollo es la inflación.

Ahora está retrocediendo casi tan rápido como se disparó el año pasado, a medida que las cadenas de suministro se normalizan y el gasto desencadenado por el fin de los confinamientos e impulsado por el estímulo, se calma. Pero no parece probable que vaya a volver a su nivel anterior a la pandemia, por debajo del 2%.

El legado más duradero del Covid puede ser su impacto en el trabajo y la inflación salarial. Una de cada ocho personas afirma que “no piensa volver” a las actividades anteriores a la pandemia, incluido el trabajo.

El número de horas que la gente de todas las edades quiere trabajar ha caído en picado, y su actitud también ha cambiado. Las redes sociales celebran las dimisiones y el “trabajar en función de lo que se cobra, es decir, hacer aquello por lo que nos pagan y nada más.

Poder de fijación de precios

Ahora se escucha decir a los altos ejecutivos que tienen “poder de fijación de precios” por primera vez en décadas. La inflación de los bienes, como los coches, se ralentiza rápidamente, pero la de los servicios es más dura.

La Reserva Federal tiene un índice especial de “servicios rígidos”, como los inmobiliarios y recreativos, en los que los precios se mueven lentamente, y está subiendo.

Mientras tanto, el mundo está cambiando: el índice de natalidad lleva años descendiendo y la población en edad de trabajar se está reduciendo rápidamente. Los países adoptan una actitud más proteccionista, deslocalizando hacia las naciones más cercanas en lugar de hacia las menos costosas.

La presión de la demografía y la desglobalización hará que la nueva normalidad de la inflación sea más alta, más cercana al 4% que al 2%.

Esto hará que a los bancos centrales les resulte más difícil bajar los tipos para contrarrestar la próxima recesión. Unos tipos más altos significan que los gobiernos pueden pedir prestado y gastar mucho para estimular las economías más ralentizadas, sólo a riesgo de ser castigados en los mercados mundiales de deuda, que ya son mucho menos tolerantes con el gasto libre.

Aunque la próxima recesión puede tardar más en llegar, es probable que sea distinta a las anteriores, posiblemente no mucho más profunda pero sí más prolongada, ya que una inflación más duradera obliga a los bancos centrales y a los equipos de rescate de los gobiernos a mantenerse al margen. El mundo no está preparado para la larga rutina que le espera.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 3 de Febrero del 2023

En tan sólo un mes los inversores han pasado de verlo todo negro a sufrir de nuevo el miedo de perderse la subida (“Fear of Missing Out”). Esta semana ha sido intensa con reuniones de los bancos centrales que han traído mucha volatilidad a los mercados, tanto de renta variable, como de renta fija como de divisas. La Reserva Federal (Fed) tiene gran parte de la culpa de la euforia de los mercados, pero ha sido el Banco Central Europeo (BCE) quien ha sorprendido más al mercado, el BCE sigue subiendo el precio del dinero a un ritmo de 50 puntos básicos por cumbre, ha enseñado que la luz ya asoma al final del túnel de su dura batalla contra la inflación.

Según fuentes de Reuters, los miembros de Consejo del BCE esperan «al menos dos subidas más», aunque el importe de las mismas no se discutió en el día de ayer. En este sentido, algunos piensan que la subida del mes de mayo podría ser la última, y que el tipo de interés de llegada estará en el 3.5%, otros prevén subidas durante el verano hasta alcanzar niveles aún más altos.

El miércoles la Fed, tras subir los tipos un 0,25% (hasta 4,5%-4,75%), en la conferencia de prensa de Jerome Powell ofreció un mensaje más optimista sobre la economía que alimenta la tesis del aterrizaje suave de la economía americana y por primera vez habla del inicio de un ciclo deflacionista. Powell dijo que no espera que haya un incremento significativo de paro mientras la inflación vuelve al 2%, aunque habló de que es prematuro cantar victoria, indicó que el proceso desinflacionista ya se ha iniciado, especialmente en bienes, uno de los factores más relevantes sigue siendo la fortaleza del mercado laboral con datos como el de esta semana que vuelve a situar el ratio nuevas vacantes/desempleados cerca de máximos. El mercado espera subida adicional de 25 puntos básicos en la próxima reunión hasta un techo de 5%, y posteriormente una bajada inmediata de tipos de 50 puntos en la segunda mitad del año.

El discurso de la Fed llevó al euro a recuperar los niveles de 1,10 dólares, pero luego la reunión del Banco Central Europeo de ayer lo volvió a llevar por debajo del 1,09 hasta el 1,093 actual:

Los buenos datos macroeconómicos en Estados Unidos, +2.9% de crecimiento de PIB en el último trimestre de 2022, ha hecho que la Fed suba un 0,25% adicional los tipos de interés hasta el rango 4.5%-4.75% y hay ya varios analistas previendo que en marzo ya no subirá más.

En Europa esta semana ya varios analistas están revisando estimaciones de crecimiento al alza, después de comprobar que las probabilidades de recesión global en Europa son más bajas. Aunque Bloomberg Economics publicaba esta semana un informe en el que ve ciertos riesgos a la baja después de las publicaciones del PIB alemán que sorprendió con una lectura por debajo de lo esperado, y el de España, con un crecimiento muy modesto.

Como digo los datos de crecimiento que se están publicando en Europa este comienzo de año sobre el último trimestre del 2022 constatan que Europa se está produciendo un parón económico, con seis países en contracción al cierre del 2022.

La economía europea se debate entre la esperanza de una crisis más suave de lo que se preveía semanas atrás y el temor a que la realidad, siempre tozuda, agrie ese giro en las expectativas ante unos datos que, si bien han empezado a mostrar síntomas de mejoría, siguen deparando sorpresas negativas.

Entre ellas, el tropiezo de Alemania en el cuarto trimestre, con una contracción del PIB del 0,2%, en lugar del estancamiento que se había anticipado, situando a la locomotora germana al filo de la recesión técnica si se cumplen los pronósticos de una nueva caída en este primer trimestre. El resbalón germano, cuya economía representa alrededor del 20% del PIB de la UE, nubla el horizonte a corto plazo en la región, porque si Alemania estornuda, toda Europa se resfría. Así lo muestran los datos de Eurostat, que esta semana corroboró el frenazo económico de la región en el cuarto trimestre de 2022, con un anémico crecimiento del 0,1% en la zona euro y del 0% en el conjunto de la Unión Europea.

La palabra es estancamiento y ello a pesar de que el dato promedio está edulcorado por el fuerte crecimiento registrado por Irlanda, un 3,5% trimestral, a lomos de las numerosas multinacionales instaladas en la isla por sus ventajas fiscales. Aunque ese dato es suficiente para aportar algunas centésimas al crecimiento global y maquillar así tibiamente un cierre de año aciago (el peso de Irlanda en el PIB europeo no es muy grande), no lo es para ocultar el mal de fondo que aqueja a la eurozona por la crisis energética, la guerra en Ucrania y la tormenta inflacionista

Lituania, país báltico cuya economía presenta una de las tasas de inflación más altas de toda Europa (un 20% en diciembre) y cuyo sector turístico se ha resentido de la proximidad de la guerra en Ucrania, encabeza el ránking de caídas, con una contracción del PIB del 1,7% trimestral tras haber crecido en los tres trimestres anteriores. Le siguen Austria, con un retroceso del 0,7%; Suecia, con una caída del 0,6%; Chequia (–0,3%); Alemania (–0,2%) e Italia (–0,1%). Esto es, de las cuatro grandes economías del euro, dos se encuentran ya en contracción, mientras que Francia ha logrado eludirla con un raquítico avance del 0,1% y España, con un alza, también exigua, del 0,2%.

Todas ellas presentan un denominador común, el pinchazo de la demanda interna, con especial énfasis en la caída del consumo de las familias, apisonado por los elevados precios energéticos y de la cesta de la compra; la incertidumbre y desconfianza generadas por la guerra en Ucrania, y el súbito incremento de los tipos de interés, que han encarecido la financiación de empresas y hogares. Así, por ejemplo, el consumo de los hogares cayó un 0,9% en Francia en el cuarto trimestre, arrastrando su demanda interna a una aportación negativa del 0,2% tras haber crecido un 0,9% en el tercero.

En el conjunto del año, la estimación preliminar de Eurostat arroja un crecimiento del PIB del 3,5% en la zona euro y del 3,6% en la UE

Los indicadores empresariales adelantados (PMI, “Purchasing Manager Index) apuntan a una recuperación del crecimiento en Europa y Japón, e incluso a un mejor tono de la economía estadounidense, que habría tocado suelo si bien desde niveles bajos. Las malas noticias vendrían por parte del Reino Unido, cuya situación se sigue deteriorando.

Las bolsas ha vivido este año su mejor arranque en décadas. El Ibex ha tenido el enero más alcista desde 2001, cuando se disparó un 9,78%, y el Euro Stoxx 50, el mejor de su historia al subir casi un 10%. En el caso del S&P 500, la ganancia del 6,18% que acumula no es tan lejana y sería su segundo mejor comienzo de año desde enero de 2019 cuando subió un 7,87%, los mejores comienzos de año desde 1987, cuando se disparó un 13,18%.

Hay un aforismo bursátil que reza: Enero alcista, año alcista. En el caso del Ibex, por ejemplo, en las tres últimas décadas el 58% de los eneros ha terminado con revalorizaciones. Pero no siempre ha logrado cerrar ese año también en positivo. Lo ha conseguido en 12 de los 18 años de eneros alcistas.

Las estadísticas que hay del S&P 500 señalan que cuando este índice sube en enero en el 86% de las ocasiones cierra el año al alza, con una rentabilidad media del 11,9%, según apunta Ryan Detrick, estratega jefe de Mercado de la firma americana Carson Group.

Importante esta semana:

Lo más importante de la semana fue la reunión de la Fed que ya he comentado.

Como se esperaba, el BCE subió los tipos de interés de referencia en 50 puntos básicos y anunció en su comunicado otra subida de 50 para la reunión de Marzo para luego decidir reunión por reunión en función de la evolución macro. En cuanto a la reducción de balance no se anunció ningún cambio, excepto que las reinversiones en el programa de bonos corporativos favorecerá aquellos emisores más respetuosos con el medio ambiente. Lagarde aclaró que esta subida y la de marzo se acordaron de forma unánime y que los riesgos sobre el crecimiento y la inflación se encuentran ahora más equilibrados aunque los salarios plantean el mayor desafío para la inflación este año.

El Banco de Inglaterra subió también ayer 50 puntos básicos hasta el 4.0% su nivel más alto desde el otoño de 2008. En este sentido, Bailey declaró que el Reino Unido todavía tiene un «largo camino por recorrer» en su lucha contra la inflación. Además, declaró que no puede afirmar con certeza que las próximas subidas sean más moderadas. Por su parte, Broadbent, subgobernador del BoE, advirtió que el daño económico del Brexit se está materializando antes de lo esperado.

Según el Financial Times, la Unión Europea planea facilitar a los estados miembros el otorgar créditos fiscales a las empresas que están aumentando sus inversiones verdes. Así se pretende hacer frente a la Ley de Reducción de la Inflación de Estados Unidos. La UE no propondrá nuevos préstamos conjuntos con el fin de apoyar a la industria verde en contra de la competencia china y estadounidense.

El FMI eleva sus estimaciones del PIB de 2023 por primera vez en un año en dos décimas hasta el 2.9%. Destaca el hecho de que Reino Unido es la única economía del G7 que se contraerá en 2023. En materia de precios el FMI prevé que la inflación mundial disminuya al 6.6% en 2023 frente al 8.8% de 2022. Tobias Adrian, consejero de finanzas del FMI, declaró que el optimismo del mercado en materia de inflación es «algo preocupante» y que los bancos centrales deberían seguir subiendo tipos «hasta que esté absolutamente claro que la inflación está retrocediendo de manera sostenible»

El miércoles se publicó el dato preliminar de IPC de la zona euros de Enero, que se desaceleró más de lo previsto por el consenso de analistas, pasando del 9,2% interanual al 8,5% frente al 8,9% esperado. En términos mensuales la referencia experimentó una caída del -0,40% en línea con el dato del mes de Diciembre, lo que supone un descenso mayor del esperado por el consenso que esperaba un crecimiento del 0,10% mensual. El índice subyacente se mantuvo sin cambios respecto del mes anterior con una variación del 5,20%. Se trata de un dato de IPC positivo, en cuanto a la desaceleración experimentada por la referencia general, si bien es cierto que la subyacente sigue manteniéndose en niveles elevados.

La reapertura de China (previamente completamente cerrada por temas COVID) podría darle un empujón al crecimiento global, pero a diferencia del 2009 cuando la economía China ayudo al mundo a recuperarse del colapso financiero mundial, esta vez, ese empujón podría afectar a los niveles de inflación a nivel global justo cuando la FED y otros bancos centrales mundiales parecen estar restableciendo niveles “normales” a base de subidas de tipos. De hecho, Kristalina Georgieva, jefa del IMF, dijo tener precisamente esta preocupación hace no muchos días en el Forum de Davos. Según modelos de Bloomberg que tienen en cuenta la relación entre el crecimiento del GDP Chino, los precios de la energía y sus efectos en la inflación global; un crecimiento en China del 5.8% en 2023 (a esto apuntan las estimaciones – fue un 3% en 2022) podría aportar hasta un +1% en el último cuarto del 2023 a la inflación global…sin embargo, si el crecimiento de China fuera mayor, como por ejemplo un 6.7%, estaríamos hablando de un 2%.

El precio de la vivienda en España tuvo en enero su mayor subida desde la burbuja inmobiliaria del 2006. Los precios subieron un 9% en Enero de acuerdo con el Índice Inmobiliario Fotocasa. Ese es la mayor subida desde Septiembre del 2006. Según ese índice el precio de la vivienda de segunda mano en España cerró 2022 con un incremento anual del 7,5%.  Así, la subida anual de este 2022 (7,5%) es la séptima registrada en el Índice Inmobiliario Fotocasa en sus 17 años de análisis y es la tercera más abultada de estos años, después del 7,8% registrado en 2018 y del 7,7% registrado en 2006.

El lunes se publicó el dato de IPC en España. La balanza de la inflación ha vuelto a decantarse en España del lado de las subidas, evidenciando que la amenaza alcista de los precios, el gran quebradero de cabeza de los gobiernos y de los bancos centrales a lo largo de 2022, aún no se ha conjurado. Tras cinco meses de moderación en el ritmo de subidas, el índice de precios de consumo (IPC) ha retomado en enero su escalada, aupándose hasta el 5,8% interanual, una décima más que en diciembre. Y lo que es aún peor, la inflación subyacente, que excluye los elementos más volátiles, como la energía y los alimentos frescos y, por tanto, refleja el componente más estructural de la subida de precios, sigue en ascenso, catapultándose en enero hasta el 7,5%, cinco décimas más que el mes anterior y la tasa más alta en 36 años (desde 1986).

En este contexto, en el que la inflación seguirá tensionando las negociaciones salariales e incrementando los riesgos de efectos de segunda vuelta, los expertos alertan de que unos niveles tan abultados de IPC subyacente lastran la capacidad de crecimiento del PIB, al mermar “la renta disponible de las familias para actividades complementarias como ocio o inversión”. Gasolina y gasóleo encadenan cuatro semanas consecutivas al alza y sus precios se han encarecido un 18% y un 15%, respectivamente, desde comienzos de año, añadiendo renovada presión a la cesta de la compra.

El dato publicado esta semana por el INE, que ha acometido importantes cambios y revisiones desde el relevo en su presidencia el verano pasado, es el primero que emplea “ponderaciones procedentes de la Contabilidad Nacional e incorpora los mercados libres del gas y la electricidad”. Esto es, el cálculo del índice tiene ahora también en cuenta la evolución de los precios energéticos en el mercado libre y no solo en el regulado, como le reclamaban algunas casas de análisis, que meses atrás veían un sesgo al alza en el IPC por esta omisión.


El BCE muestra la luz al final de un túnel aún muy largo. Andres Stumpf.

La gran semana de los bancos centrales toca a su fin y los inversores salen de ella con un respiro de alivio y con la cartera llena. Esto, que no parecería nada fuera de lo ordinario en los años de los grandes estímulos monetarios, no tiene precedentes desde que las grandes autoridades monetarias comenzaron a apretar las tuercas de la economía el año pasado.

La Reserva Federal (Fed) tiene gran parte de la culpa, pero ha sido en Fráncfort donde se han concentrado las mayores sorpresas. El Banco Central Europeo (BCE), que sigue subiendo el precio del dinero a un ritmo de 50 puntos básicos por cumbre, ha enseñado que la luz ya asoma al final del túnel de su dura batalla contra la inflación.

El BCE optó por la estrategia del palo y la zanahoria y, si bien adelantó que la zona euro comenzará el segundo trimestre con las tasas en el 3,5%, también insinuó que la reunión de marzo puede ser la última en la que se vean incrementos de gran tamaño.

“No podemos hacer la norma de subidas de tipos de tamaño extraordinario”, señalan a EXPANSIÓN fuentes cercanas al Consejo de Gobierno del BCE.

El anuncio de política monetaria de ayer entró al inversor por los ojos, pues ya había descontado totalmente el golpe que se llevaría a corto plazo. Por ello, acogió con todavía mejores sensaciones la caricia que le llega al mirar al largo plazo.

Visiones distintas

Aunque el BCE apunta a una reducción en la intensidad de los incrementos que le permita seguir subiéndolos de forma sostenible durante más tiempo, los inversores conocen de sobra cómo es ese recorrido. Consta de tres pasos:

En primer lugar, la autoridad monetaria sube con fuerza el precio del dinero para dar un golpe sobre la mesa y refrendar su credibilidad. Después, con la emergencia algo más controlada, va poco a poco reduciendo el ritmo de sus intervenciones. Finalmente, opta por frenar y mantener las tasas habiendo alcanzado el pico.

Los inversores cuentan con que el BCE se encuentra ahora en la segunda etapa, mientras que la Fed, adelantada unos meses, estaría a las puertas ya de la última fase.

Las expectativas de revisión del rumbo de la política monetaria en marzo, junto con un mensaje más tranquilizador sobre la inflación por parte de Christine Lagarde, la presidenta del BCE, es lo que ha llevado a que una reunión que tenía potencial de acabar con el rally de las bolsas haya terminado contribuyendo a la fiesta.

“Los riesgos sobre la inflación están ahora más equilibrados que en diciembre”, indicó Lagarde ahondando en ese deje de optimismo con el que transcurrió la cita.

Sin embargo, tal y como también refrendó el BCE, la lucha aún no se ha terminado. Los mercados han optado por mirar la parte buena del anuncio, pero el crecimiento de los precios sigue en el 8,5%, niveles desorbitados teniendo en cuenta el objetivo de inflación de la institución Europea se encuentra en el 2%.

Largo recorrido

Esas cifras muestran que aún queda un largo recorrido en ese túnel de las alza de los tipos de interés, que de seguro se aproximarán mucho al 4%, un nivel que hace tan sólo un mes tanta conmoción causó entre los inversores. Aunque el crecimiento de los precios evolucione de forma favorable, los mercados deberán digerir al menos una subida más de 50 puntos básicos y un mínimo de otra más (seguramente dos) de 25 puntos básicos.

En una región que tuvo que mantener el precio del dinero en negativo durante prácticamente ocho años, el incremento adicional de entre un 0,75% y un 1% no debería tomarse a la ligera.

Además, justo cuando se alcance el pico de los tipos de interés en la zona euro se revelarán también el alcance pleno de todos los incrementos acumulados desde el pasado julio, que siempre actúan sobre la economía real con meses de retraso. Hace muchos años que las empresas y las familias no lidian con una fuerte subida de los costes de financiación y pueden surgir dudas sobre la capacidad de la economía para soportarlo.

Peligros

La felicidad monetaria con la que ahora se han encontrado los inversores encara, sin embargo, algunas amenazas de gran calibre.

La primera es que, por el motivo que sea, la inflación no se comporte de la forma esperada y se mantenga tozudamente alta. El BCE va acompasando sus movimientos al descenso de la inflación a pesar de que su mandato le fuerza a mirar al medio plazo. Por ese motivo, y más con elementos de tanta volatilidad como la guerra entre Rusia y Ucrania, las sorpresas que hagan que la autoridad monetaria vuelva a tener que echar el resto no pueden descartarse.

Pero quizá la mayor amenaza es la euforia. Los inversores han pasado del negro al blanco y descuentan ahora que habrá recortes en los tipos en la segunda mitad del año. Por ahora, la intención del BCE es mantenerlos un tiempo en una suerte de meseta, algo que, de cumplir, podría causar una profunda decepción.


Cuando las buenas noticias económicas podrían no ser buenas. Martin Wolf.

Ha llegado el momento de frenar los ajustes monetarios o incluso de invertirlos? Que la respuesta a esta cuestión sea ‘sí’ es una opinión cada vez más extendida. Ahora mismo, los mercados se comportan como si los días de los ajustes estuvieran contados. Puede que incluso acierten. Sin embargo, sólo tendrán razón sobre el futuro de la política monetaria si las economías se debilitan. Cuanto más fuertes sean las economías, mayor será la preocupación de los bancos centrales de que la inflación no vuelva a un 2% estable y, por tanto, más probable será que se mantengan las políticas restrictivas durante más tiempo.

Lo deseable sería que las economías sean fuertes, la política se relaje y la inflación se desvanezca, todo al mismo tiempo. Pero el mejor de los mundos posibles dista mucho de ser el más probable.

La actualización de las Perspectivas Económicas Mundiales del FMI ofrece una visión algo más optimista del futuro económico. En concreto, se prevé un crecimiento económico mundial del 3,2% entre el cuarto trimestre de 2022 y el mismo periodo de 2023, frente al 1,9% registrado entre los trimestres correspondientes a 2021 y 2022. Esta cifra se situaría por debajo de la media de 2000-2019, del 3,8%. Sin embargo, dada la enorme volatilidad y los repuntes de la inflación, sería un buen resultado.

Es cierto que, en el mismo periodo, se prevé un crecimiento de sólo el 1,1% en los países de renta alta, con un 1% en Estados Unidos y sólo un 0,5% en la zona euro. Pero la economía de Reino Unido es la única del G7 que se contraerá, un 0,5%. La previsión de Downing Street para 2023 también se ha revisado a la baja en 0,9 puntos porcentuales. Este es uno de los regalos del Brexit.

Sin embargo, lo más llamativo de las previsiones es la fortaleza de los países emergentes y en desarrollo. Se prevé que sus economías crezcan un 5% entre el cuarto trimestre de 2022 y el de 2023 (frente al 2,5% del periodo anterior), con un alza de los países emergentes de Asia, del 6,2% (en vez del 3,4%).

China crecería un 5,9% (desde el 2,9% previo) e India, un 7% (frente al 4,3%). Incluso se prevé que este año China e India generen la mitad del crecimiento económico mundial. Si el FMI está en lo cierto, Asia está de vuelta, a lo grande.

La reapertura de China y la caída de los precios de la energía en Europa se consideran las principales razones de la mejora de las perspectivas. También se calcula que la inflación mundial descenderá del 8,8% en 2022 al 6,6% en 2023, y hasta el 4,3% en 2024. El economista jefe del FMI, Pierre-Olivier Gourinchas, asegura que este ejercicio “podría representar un punto de inflexión”, con una mejora de la situación en los años siguientes. Además, no hay ningún indicio de recesión mundial.

Según el Fondo, los riesgos siguen siendo a la baja. En realidad, los riesgos adversos se han moderado desde octubre de 2022. En el lado positivo, podría haber una demanda más fuerte o una inflación más baja de lo esperado. En el lado negativo, existen riesgos de posibles rebrotes por Covid en China, un repentino aumento de las tensiones en la guerra en Ucrania o turbulencias financieras. A esto podrían unirse otros focos de tensión, no sólo en Taiwán, sino también el riesgo de un ataque al programa de armas nucleares de Irán que, a su vez, podría derivar en un bombardeo de los yacimientos petrolíferos del Golfo Pérsico.

Algunos podrían pensar que se están subestimando los riesgos a la baja para el crecimiento en los países de renta alta: los consumidores podrían retraerse, al agotarse las ayudas que recibieron en pandemia. Sin embargo, el riesgo opuesto es que la fortaleza de las economías impida que la inflación descienda hasta el objetivo del 2% con la suficiente celeridad. La inflación general podría haber sobrepasado su nivel máximo.

El dilema de los bancos centrales

Los bancos centrales se enfrentan a un dilema: ¿han hecho ya lo suficiente para alcanzar su objetivo y anclar las expectativas de inflación? Si la Reserva Federal se fijara en el optimismo de los mercados, podría concluir que no. Pero si analizara las previsiones de los fondos para el crecimiento estadounidense, podría concluir lo contrario. Es probable que no sean desastrosas, pero no son muy halagüeñas.

Lo mismo cabe decir del Banco Central Europeo y, más aún, del Banco de Inglaterra cuando analizan sus propias economías. Antes de tomar decisiones, estos bancos centrales podrían esperar a ver hasta qué punto se debilitan sus economías.

Que la economía mundial parezca un poco más fuerte de lo esperado es, sin duda, un dato positivo. Sin embargo, para los bancos centrales y los inversores, esto también crea dificultades.

Al fin y al cabo, el objetivo estratégico de los primeros debe seguir siendo situar la tasa de inflación anual en el 2% y, de paso, anclar las expectativas en ese nivel.

Por tanto, el dilema para los bancos centrales es si el mayor optimismo actual es coherente con la consecución de ese objetivo estratégico, mientras que para los inversores es si la visión de los mercados sobre cómo verán esta cuestión los bancos centrales es correcta.

La dificultad analítica estriba en intentar dilucidar, en un mundo en el que existe un “juego” interactivo entre los bancos centrales y los agentes económicos, si los primeros han hecho lo necesario para situar la inflación subyacente en el objetivo, se han excedido, o se han quedado cortos. Dada la incertidumbre, hay buenas razones para pensar que lo más conveniente es esperar.

En un mundo inflacionista, las buenas noticias sobre la actividad económica hoy no son necesariamente buenas noticias para la política y, por tanto, para la actividad futura, a menos que revelen que la compensación a corto plazo entre producción e inflación también es favorable.

Si resulta que lo es, los bancos centrales podrán relajar sus políticas monetarias antes de lo previsto. Si no es así, tendrán que endurecerlas más de lo esperado. Por el momento, cabe esperar lo primero, aunque la posibilidad está lejos de ser segura.


Sobre el declive demográfico de España. Ignacio de la Torre. Economista jefe, Arcano Partners. Profesor en IE Business School.

En su libro de 1968, The Population Bomb, Paul Ehr-lich afirmó que, si los países no activaban mecanismos de control de población, cientos de millones de personas morirían de hambre. Se equivocaba.

Aunque el mundo haya alcanzado hace poco la cifra de 8.000 millones de habitantes, todo parece indicar que las hipótesis de Naciones Unidas, que contemplan crecimientos hasta la franja de 9.000 a 12.000 millones de habitantes durante este siglo, errarán. Son más probables las estimaciones del Centro Wittgenstein de que la población mundial alcanzará un pico inferior a 9.700 millones a mediados de siglo, y comenzará su declive desde entonces, al caer la natalidad por debajo de los 2,1 hijos por mujer que aseguraría la sostenibilidad del nivel de población.

Sería la primera vez que el mundo experimentase una contracción de habitantes no explicable por guerras o pandemias. En concreto, Asia sufrirá la más fuerte reducción de población de las diferentes zonas del planeta, y la única que aportará crecimiento vegetativo en ese escenario sería el África subsahariana.

El declive demográfico se gestó hace ya años en Occidente, y está afectando de lleno a países emergentes. La prolífica India presenta ahora una natalidad de dos hijos por mujer, lo que no garantiza el reemplazo generacional, y la de China, es inferior a 1,3 hijos por mujer, que supone la antesala de un claro invierno demográfico.

España no ha sido ajena a estas tendencias. Una vez más, nuestro país ha pasado de experimentar tasas de natalidad más elevadas que Occidente a situarse en niveles más deprimidos. Si la media de los países de la OCDE se sitúa en 1,7 hijos, España presenta unas cifras inferiores, 1,2 hijos, lo que ha desembocado en que nuestro país experimente crecimientos vegetativos negativos (fallece más gente de la que nace).

Para compensar el declive demográfico se ha utilizado la inmigración. A fecha de hoy, en tres cuartas partes de las provincias españolas la inmigración supera a los nacimientos. Además, aproximadamente una cuarta parte de los nacimientos procede de madres no nacidas en España. El resultado será un profundo cambio de nuestra sociedad.

Las hipótesis futuras sobre crecimiento de la población (como las del INE en España, o las de la ONU a nivel internacional) se basan en una recuperación lenta y paulatina de la natalidad, así como en el mantenimiento de los flujos migratorios. La evidencia empírica del primer caso es bastante limitada (cuando un país reduce su natalidad por debajo de la tasa de reemplazo, como Japón o Corea del Sur, el nivel no revierte, al menos hasta la fecha), y la segunda hipótesis (mantenimiento de los flujos migratorios) dependerá de las actitudes sociales y políticas cambiantes hacia la menor permisividad (Estados Unidos es un buen ejemplo).

Consecuencias profundas

Esta situación nos lleva a plantear como escenario central el del declive demográfico. Y las consecuencias de ello pueden ser muy profundas:

Primera, el Estado Social se paga con PIB, no con felicidad o con bienestar. El PIB a su vez depende de las horas trabajadas y la productividad. Ésta apenas crece desde hace décadas. Las horas trabajadas dependen principalmente del crecimiento de la población activa. Por lo tanto, los crecimientos económicos futuros serán más que mediocres, lo que abrirá el debate de si podemos sostener el gasto social actual.

Segundo, la deuda se paga con PIB, no con felicidad o con bienestar. Dado que hemos alcanzado cotas de endeudamiento público de las más elevadas de la historia, se generará un debate sobre su sostenibilidad en un contexto de declive demográfico.

Tercero, poblaciones envejecidas ejercen y ejercerán un importante peso político a través de sus votos. El resultado es escorar cada vez más el Estado Social hacia sus prestaciones (pensiones, sanidad) a costa de gasto público que puede favorecer más a los jóvenes (educación). Esta tendencia hará aumentar la desafección de los jóvenes por la democracia, proceso que se inició hace ya unos cuantos años.

Cuarto, las implicaciones microeconómicas serán muy profundas. ¿Cuánto pueden valer las casas, por ejemplo, en Palencia, si desaparece un tercio de su población en las próximas décadas?

Malthus ya nos avisó en 1800 de cómo la población mundial creciente experimentaría hambre. Se equivocó de lleno, justo porque comenzaban los efectos positivos de la revolución industrial; proceso que, entre otras cosas, fue capaz de multiplicar la producción de alimentos. La Historia está llena de sorpresas, pero si la demografía nos sorprende, por los puntos expuestos hasta ahora, creo que tardará muchos años en revertir estas tendencias.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 27 de Enero del 2023

El optimismo se instaló ayer en las Bolsas, que estuvieron pendientes de la temporada de resultados y los datos macro. El dato estrella fue el PIB de Estados Unidos del 4T22, que batía expectativas y con su deflactor de precios que retrocedía bastante y redujo los temores a la llegada de la recesión. Aunque por otro lado, mirando el lado negativo de unos resultado macro tan sólidos, dan más espacio a la Fed para subir tipos por encima de lo previsto.

El eurodólar sigue chequeando máximos, y de nuevo volvemos a romper técnicos por la parte de arriba, en este caso 1,0927, aunque ahora está de nuevo por debajo del 1,09 en el 1,0871, el motivo vuelve a ser los diferenciales de tipos entre euro y dólar y expectativas de mercado sobre las siguientes subidas de tipos, además sumamos que los mercados asiáticos han estado cerrados esta semana por la celebración del nuevo año chino, mientras que en el Banco Central Europeo apuntan a dos subidas de 50 puntos básicos,  en la Fed, las previsiones se relajan y ya el mismo Wall Street Journal habla de una subida de 25 puntos en la próxima reunión, lo que hace que el mercado siga disparando el euro al alza.

Aparentemente dos fuerzas opuestas se ven en el mercado de divisas ahora mismo, por un lado el dólaryen que parece que repunta alejándose de mínimos de 127 yenes por dólar debido principalmente a la inacción del Banco Central de Japón la semana pasada, relajando los tipos a largo aunque sigan por encima de 0,40%, y por otro lado el eurodólar que alcanza picos de 1,0927 acercándose al umbral de 1,10. 

                                   Gráfico eurodólar y dólaryen últimos 4 días.

En cuanto a los datos semanales de flujos de ETFs que publica Kepler Chevreux hay cosas muy interesantes que ver en el mercado, en Renta Variable entraron 6,6 billones de dólares pero mucha divergencia por regiones. Entraron 8,5 billones de dólares en mercados emergentes, es el cuarto mayor flujo comprador semanal desde que Kepler publica los datos, bastante indicativo del sentimiento inversor positivo en Emergentes para este año. Los inflows en Emergentes vienen principalmente en índices que replican China (+4,7 billones de dólares) pero también índices generalistas de mercados Emergentes (+2,7 billones de dólares). En Europa hubo el mayor inflow semanal (2,3 billones de dólares) en los últimos doce meses. Por el contrario, en Estados Unidos hubo la tercera semana consecutiva de flujos vendedores (-6,2 billones de dólares).

Esta semana se ha publicado el “Personal Consumption Expenditure”, el indicador preferido por la Reserva Federal (Fed) para medir la inflación, y se ha situado en el 4.4% (mínimo de 18 meses), debería ser suficiente para que los banqueros centrales reconozcan el terreno en el que se están moviendo.

En China, la reapertura debería ser un alivio cíclico para la economía y le quitará presión a los precios, al ser mayor el efecto producido por la vuelta a la normalidad de las cadenas productivas que el efecto del mayor consumo de materias primas.

En Estados Unidos ayer se publicó un buen dato de PIB, el consumo lidera el crecimiento y aguanta el efecto negativo de la inversión residencial y menores inventarios. La mezcla de buen crecimiento e inflación moderándose debería permitir a la Fed subir 0,25% adicional en la próxima reunión y terminar con el ciclo de subidas.

La reapertura china después de 3 años debería permitir al país crecer un 5,2% en 2023, frente al 4,7% que esperan muchos analistas, dando un empujón al resto de Asia y terminando de evitar que Europa entre en recesión. La inflación global no debería verse afectada negativamente gracias a la normalización de las cadenas de producción, mientras que el efecto sobre la demanda de metales industriales ya se ha puesto en precio. El primer beneficiario de esa reapertura será el turismo doméstico, dado que salir y entrar del país aún tiene sus dificultades (visados, tests, etc.).

La semana pasada supimos que la población china ha disminuido por primera vez desde 1961, a cierre de 2022 había 1.410 millones de persona en China, 850.000 menos que el año anterior. Esto supone que el mercado inmobiliario está sufriendo un desaceleración cíclica, pero también estructural (menor cantidad de compradores potenciales, menor urbanización, etc.).

Desde AXA IM me llega un gráfico muy interesante que refleja cómo la inflación sigue permeando en todos los bienes y servicios de la economia, los siguientes gráficos reflejan la evolución de los precios de los diferentes componentes que se necesitan para elaborar una pizza.

Importante esta semana:

Ayer se publicó el dato de PIB de Estados Unidos creció un 2,1% en el 2022, muy por encima de las previsiones que manejaban los gobernadores de la Reserva Federal (Fed), que esperaban un ligero crecimiento alrededor del 0,5% para el conjunto de 2022. Los datos, publicados ayer por la Oficina de Análisis Económico (BEA, por sus siglas en inglés), son todavía provisionales, y hasta finales de marzo no se conocerán las estadísticas definitivas. 

Aun así, aumentan las posibilidades del aterrizaje suave de la economía estadounidense que Jerome Powell, presidente de la Fed, lleva prometiendo desde marzo del año pasado, cuando empezó a subir los tipos de interés para intentar contener la inflación que amenazaba con llevar al abismo la economía del país. Si bien se aleja el fantasma de la recesión, al mismo tiempo podría ser una mala noticia para los inversores y los tipos de interés, ya que la fortaleza de la economía estadounidense es un argumento a favor de los gobernadores de la Fed que consideran que todavía hay margen para endurecer aún más la política monetaria y seguir subiendo el precio del dinero. 

La próxima semana se espera que la Fed vuelva a subir los tipos, aunque el mercado confía no solo en que lo haga a un ritmo menor que en 2022, sino que además fije el techo de las revisiones al alza en el primer semestre de 2023, para empezar a relajar su postura en la segunda mitad del año, confiando en que el precio del dinero no supere el umbral del 5,25%, actualmente se encuentran entre la franja comprendida entre el 4,25% y el 4,5%. 

Sin embargo, los analistas temen que la recuperación del PIB estadounidense podría ser un argumento por la Fed para dilatar un poco más el endurecimiento en la política monetaria. Hay que tener en cuenta que en el primer semestre de 2022 la economía norteamericana entró en recesión técnica, al retroceder el PIB durante dos trimestres consecutivos. Sin embargo, entre julio y septiembre se recuperó con fuerza, al registrar un incremento en tasa anualizada del 3,2%. En el cuarto trimestre del año este indicador se ha situado en el 2,9%, que si bien está por encima de las previsiones, también pone de manifiesto que se ha producido una ralentización en el crecimiento de los últimos tres meses del año. 

Si se analiza en términos anuales, el dato del 2,1% también es inferior al 5,9% que logró EEUU en 2021. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta última cifra es consecuencia del efecto rebote tras el desplome del PIB durante la pandemia y, por tanto, está muy lejos de las estadísticas habituales de la economía estadounidense, que en la última década se ha situado de media en un nivel similar al registrado en 2022. 

En términos generales, el año pasado se registraron aumentos en el gasto de consumo, las exportaciones, la inversión en inventarios privados y la inversión fija no residencial, mientras que descendió la inversión fija residencial, se construyeron menos viviendas destinadas a familias, y el gasto del Gobierno federal, que si bien aumentó en el cuarto trimestre, en el conjunto de 2022 fue inferior al gasto público de 2021, según explicó ayer la Oficina de Análisis Económico.

La Unión Europea y China refuerzan los lazos de cooperación en materia energética. En concreto ambos bloques inician la tercera fase de la Plataforma de Cooperación Energética Unión Europea-China, iniciado en mayo del 2019, buscando compartir intereses y objetivos comunes para avanzar en la transición hacia una energía limpia. Más concretamente, la Comisión Europea ha sacado a licitación el contrato para seleccionar a un proveedor de servicios que apoye a la Unión en la consecución de resultados durante el proceso de fortalecimiento del diálogo con China. Hay que recordar que la Unión Europea y China son responsables conjuntamente de un tercio del consumo de energía final a nivel global. 

En Europa esta semana se publicaron datos de producción, los datos de PMI que fueron bastante mixtos y que despistan algo al mercado, para Alemania, el PMI manufacturero sale en 47 cuando se esperaba 48 y en Francia 50.8 cuando se esperaba algo pero en 49.50. La actividad de la zona del euro mostró resistencia en las encuestas PMI, y el índice de producción compuesto volvió a subir a territorio expansivo. Sin embargo, todavía no estamos fuera de peligro ante las presiones sobre los precios, ya que los índices de precios de las encuestas siguen siendo elevados, e incluso han aumentado marginalmente en la zona del euro.

El Financial Times publicaba un artículo hablando sobre la capacidad de ahorro de los chinos, que tras el cierre por Covid, ha incrementado a cifras récord de 2,3 trillones de dólares. El fin de las restricciones alimenta las expectativas de lo que llaman “gasto por venganza” y que este dato de ahorro respalde una recuperación global.

La inflación es demasiado alta para Lagarde. La presidenta del BCE volvió a enviar este lunes un mensaje restrictivo a los mercados, asegurando que la inflación está «demasiado alta» y que los tipos de interés «continuarán subiendo significativamente a un ritmo constante». El BCE prosigue con su mensaje agresivo desde la última reunión de diciembre, desplazando las expectativas del tipo terminal al 3,3% e impulsando el rally del euro.

Esta mañana se ha publicado ya el PIB del 4T22 en España que supera las previsiones, aunque apunta a un deterioro de la demanda interna en la parte final del año pasado. El crecimiento se situó en el +0,2% trimestral y además se revisaron al alza las cifras del trimestre anterior. Con estos datos, el crecimiento en el último trimestre del año pasado se situó en el +2,7% interanual, una desaceleración frente al +4,8% anterior pero un dato por encima del +2,2% previsto, lo que apunta a que la actividad está siendo más elevada de lo esperado. En el conjunto del año pasado el avance del PIB fue del +5,5%. Sin embargo, la economía ha registrado claramente dos partes muy diferenciadas y en el segundo semestre el crecimiento se ha estancado. En particular, si analizamos las cifras publicadas relativas a estos tres últimos meses del año pasado, el consumo privado ha registrado una caída del -1,8% trimestral y también cayó la inversión un -1,2% trimestral, lo que muestra un fuerte deterioro de la demanda interna de la economía en la parte final del año. Esta caída de la demanda interna ha pesado en las importaciones (retrocedieron un -4,2% trimestral) lo que, por su parte, ha impulsado una mayor aportación del sector exterior al crecimiento del PIB en este trimestre. Un dato que supera las expectativas, pero que mirando los componentes apunta a una elevada pérdida de dinamismo de la demanda interna.

ASML (Tenemos una exposición en la cartera de Renta Variable del 2,08%):

Publicó este miércoles resultados del 4T22 por encima de lo esperado por los analista de mercado en EBIT gracias a unas ventas algo mejores, y también por un margen bruto por encima de lo esperado (51,5%), que se beneficia de la fortaleza de los ingresos por servicios (26% ventas). Respecto a las ventas, hay que destacar que los ingresos por Equipos (74% del total) alcanzaran los 4.748 millones de euros, lo que está en línea con las guías dadas por la compañía, pero habrían sido mucho mayores (1.000 millones euros, +21%) de no estar afectados por los llamados fast shipments (donde el reconocimiento contable se retrasa respecto de la entrega).

Respecto a las guías para este 2023 esperan un crecimiento de ventas por encima del 25% (frente al +20% que espera el consenso). Además, esperan una ligera mejora del margen bruto en 2023 (51,9% consenso, y 50,5% en 2022). Por otro lado, destaca que siguen viendo la demanda fuerte en la mayor parte de sus clientes, que indican que esperan una mejora de las condiciones de mercado a partir de 2S23. En línea con esto, la cartera de pedidos alcanza niveles récord (40.000 millones de euros, 1,5x ventas), si bien en 4T22 presenta cierta desaceleración (6.316, -10% frente al 4T21) como se esperaba.

En conclusión los resultados son sólidos y las perspectivas para 2023 mejores, lo que debería seguir dando soporte al valor, en el 2023 lleva un rebote del 22% y no descartamos que haya en el corto plazo una toma de beneficios por los inversores, pero nuestra visión a medio plazo sigue siendo muy positiva y ASML todavía está -19% por debajo de máximos de noviembre 2021 y un 25% por debajo de nuestro precio objetivo.

De la conference call de resultados que hizo después de la presentación de resultados la compañía los analistas de Banco Sabadell destacaban los siguientes puntos:

Situación de la demanda. Pese a la desaceleración de la demanda a corto plazo, ésta sigue estando notablemente por encima de la capacidad de producción de la compañía. En concreto, indican que ahora es superior en un doble dígito frente al 40%-50% en 2022. En todo caso, de las conversaciones con sus clientes se desprende que la confianza en el crecimiento de medio/largo plazo del sector sigue intacta, y de cara al 2S23 ya esperan mejoría.

Inflación. De cara a 2023 el impacto de la inflación en el margen bruto de la compañía debe ser inferior a los -1,5% de impacto en 2022.

Evolución del margen bruto en 2023. Destacan 2 factores que pesarán negativamente en la evolución del margen bruto en 2023,primero las mayores inversiones en la tecnología High NA más avanzada, y segundo un approach prudente respecto a la evolución de las ventas por servicios (de mayor margen) tras el buen performance visto en 2022. En todo caso, estos factores se normalizarán a medio plazo, de forma que consideran que están encaminados a cumplir el guidance de largo plazo del 56%-60%.

Previsión del negocio para 2023. En relación con las guías para el 2023 de crecimiento de ventas de más del 25%, aclaran que asume un efecto neutro de los fast shipments, (3.100 millones de euros de ingresos por envíos en 2022, cuyo reconocimiento contable se producirá en 2023, 15% de los ingresos del 2022), ya que esperan que en 2023 se difieran ingresos por el mismo importe en 2024. En todo caso, siguen trabajando con los clientes para reducir este desfase en el reconocimiento de ingresos, por lo que a mediados de 2023 podría haber noticias positivas en este punto.

MELIA HOTELES (Tenemos una exposición en la cartera de Renta Variable del 2,76%):

Ayer se publicaba el dato de que los hoteles disparan un 84% los ingresos en 2022 por la subida de precios.

Las hoteleras firman un buen año 2022 en lo que a ingresos se refiere. Con un incremento del 84% frente al ejercicio anterior y una ligera mejora de casi el 2% respecto a 2019, los ingresos medios por habitación disponible (RevPAR) superaron los 90 euros en el año, impulsados por un incremento en las tarifas, según el barómetro elaborado de forma conjunta por STR y Cushman & Wakefield, que recoge los datos de unos 1.200 hoteles y 180.000 habitaciones.

Si bien la recuperación de ingresos y precios es prácticamente total respecto a las cifras de 2019 en la gran mayoría de destinos, la ocupación sigue de media siete puntos porcentuales por debajo de la lograda ese año a la espera de una recuperación total de la industria turística.

En concreto, la ocupación media en los hoteles españoles se ha situado en un 67,7% para el conjunto del ejercicio, frente al 44% de 2021 y el 74,7% de 2019, que fue un año histórico para el sector.

En cuanto a las tarifas, el precio medio diario alcanzó en 2022 los 133 euros, lo que supone un incremento del 20% respecto a 2021 y una subida del 12% si comparamos con 2019.

Desestacionalización

La comparativa con 2019 demuestra que hay algunos destinos en los que todavía no se han alcanzado las cifras pre-Covid, como Barcelona, Madrid o Bilbao, mientras que en otros, como Canarias, Marbella, Málaga o Baleares, el RevPAR ya está por encima .

Estos datos confirman que los destinos vacacionales se están recuperando muy rápidamente, mientras que queda espacio de mejora en las ciudades donde el segmento de ferias, eventos y congresos (Mice, en sus siglas en inglés) y el corporativo tiene un peso mayor.

En ocupación, las consultoras destacaron el paso al frente en lo que se refiere a la desestacionalización de destinos como reflejan las cifras de ciudades como Málaga, con una ocupación media del 79% o de las islas Canarias, con un 74%.

Por su parte, Barcelona registra el mayor incremento en ocupación respecto a 2021, pasando del 40% al 71%, mientras que Madrid también logra una subida notable alcanzando el 66% frente al 42% del año anterior. Ambas ciudades se benefician de la llegada del turismo internacional pero siguen por debajo de la media.

Los peores datos en ocupación se registraron en Córdoba, Granada y Bilbao, con ocupaciones del 65%, y en las islas Baleares, con un 63%.

“El sector demuestra resiliencia ante las dificultades y se ha beneficiado en 2022 de una demanda deseosa de viajar. En 2023 esperamos también una evolución positiva en ocupación y precios pero con el reto de los costes operativos afectados por la factura energética y otras partidas fundamentales como el coste de personal y materia prima. De cómo se afronte esta realidad dependerán los resultados del ejercicio actual”, explica Bruno Hallé, socio y codirector de Cushman & Wakefield Hospitality en España.

César Escribano, director general de STR para España y Portugal, aclara que, si bien las expectativas son buenas para 2023, para una recuperación total es necesaria la reactivación de mercados como China.

Alta inflación

Desde las consultoras indican también que la solidez en la demanda permitirá un mantenimiento en el incremento de precios motivado también por la inflación, que sigue siendo alta en España igual que en los principales mercados emisores como Francia o Reino Unido.

En 2022 los destinos con mayores precios medios registrados fueron Marbella, con 292 euros, seguido de Baleares (172 euros), Barcelona (153 euros), Canarias y Madrid (con 133 euros). Por el contrario, las ciudades con precios más bajos durante 2022 fueron Granada (88) y Zaragoza (66).

Segmento de lujo

“Los hoteleros hicieron un esfuerzo por mantener precios medios durante la mínima actividad de 2020 y 2021, lo que ha permitido alcanzar rápidamente los niveles de mercado que garantizan una buena actividad”, apunta Albert Grau, socio y codirector de Cushman & Wakefield Hospitality en España.

Grau considera que la gestión de precios a futuro dependerá de la “definitiva recuperación” del segmento de lujo, especialmente proveniente de Asia y América, que todavía están lejos de los niveles de 2019, sobre todo en lo referente a China.

Los analistas de Renta 4 Banco organizaron una reunión con la directiva de Meliá para conocer la evolución más reciente del grupo. El mensaje sigue siendo positivo y destacan lo siguiente:

1-. Se mantiene la tendencia de las reservas, RevPar y de la evolución del negocio desde 3T 22.

2-. El nivel de reservas actualmente es similar al que tenían a estas alturas del año en 2019. Se mantiene las reservas de “último minuto” aunque ya se empieza a reservar de cara al verano.

3-. Los precios siguen siendo más elevados que los de 2019 y la ocupación sigue estando por debajo.

4-. La evolución de los grandes eventos (MICE) está siendo muy favorable. Fitur ha sido un éxito y las perspectivas para el MWC de Barcelona son muy favorables. Se llenan los hoteles y a precios más elevados que antes si bien el número de eventos es inferior. Todavía faltan eventos en el calendario.

5-. Insisten en mejorar el margen EBITDA 24e +250 pb desde el 26,4% de 2019. Renta 4 cree que el entorno de inflación persistente, en el que están subiendo prácticamente todas las partidas de gastos, podría comprometer dicho cumplimiento y sus estimaciones son más conservadoras (margen EBITDA 2024 esperado por Renta 4 sería del 27%).

6-. En cuanto al acuerdo sobre los hoteles Tryp (17 hoteles en España y 2.706 habitaciones), el acuerdo será bajo la modalidad de gestión (antes alquiler). El cambio de modalidad conllevará implicaciones en la cuenta de P&G. Meliá calcula que en un año bueno (2019) estos hoteles aportaban unos 100 millones de euros de ingresos al año, en torno a 30 millones de euros de EBITDA y 4 millones de resultado neto. A partir del 2T23, cuando se espera que entre en vigor el nuevo acuerdo, Meliá tendrá impacto a nivel de ingresos y EBITDA que se equilibrará prácticamente en términos de EBIT y resultado neto.

7-. Esperan cerrar el acuerdo de la venta de hoteles anunciado inicialmente para el 1S22 en el 1T23.

La evolución actual y las perspectivas en base al nivel de reservas y los precios es muy favorable. Meliá está sorteando la “esperada desaceleración” mejor de lo que se preveía hace unos meses. En consonancia, los títulos han reaccionado al alza desde unos niveles deprimidos. La situación macro continúa siendo compleja y todavía se tienen que despejar algunas dudas para tener una mejor visión sobre la evolución del grupo en los próximos meses. El acuerdo para seguir ligados a la gestión de los 17 hoteles Tryp es positivo y es acorde a la estrategia de un modelo “asset light”. Seguimos positivos en el valor, aunque en el corto plazo la visibilidad es limitada.

La inflación: evolución reciente y perspectivas. María Jesús Fernández. Economista sénior en Funcas.

La tasa de inflación tocó techo en julio y, desde entonces, ha descendido con relativa rapidez hasta el 5,7%. Este nivel sigue siendo superior a cero, porque los precios son aún superiores a los del año anterior, pero el Índice de Precios al Consumo (IPC) permanece estable desde agosto, con pequeños altibajos. Independientemente de cuáles sean los determinantes macroeconómicos últimos del proceso inflacionista, su análisis desde la perspectiva más inmediata de la evolución de los componentes del IPC resulta de gran interés. La estabilidad registrada desde agosto significa que la cesta de la compra, que engloba todos los bienes y servicios adquiridos por el consumidor (medio), no se ha encarecido desde entonces, pero este resultado esconde una evolución contrapuesta de los diferentes grupos de productos que la integran.

Por una parte, los precios de los productos energéticos se han reducido –el de la electricidad fue en diciembre un 41% inferior al máximo de agosto; el del gas, un 7%; y el de los combustibles, un 11%–. Pero, por otra parte, los precios de los alimentos han seguido ascendiendo, especialmente los elaborados. También se han seguido encareciendo, aunque de forma más moderada, los bienes manufacturados, mientras que el índice que engloba los precios de los servicios se ha mantenido, más o menos, estable.

Es decir, desde verano, el encarecimiento de los alimentos y de otros bienes se ha compensado con el abaratamiento de los productos energéticos, de tal modo que la cesta total de la compra nos costaba en diciembre más o menos lo mismo que en agosto. Aun así, no lo olvidemos, era un 5,7% más cara que un año antes, y un 13% respecto a su coste antes de que se iniciara la escalada inflacionista en 2021.

La estabilidad del precio de la cesta de la compra en la segunda mitad del año pasado es difícil que se vaya a prolongar a lo largo de este ejercicio. Por una parte, los precios de los productos energéticos van a seguir mostrando una gran volatilidad, y por tanto existe un riesgo de que las tensiones en el mercado del gas se reproduzcan en algún momento a lo largo del año. El desvío de la demanda europea desde Rusia, que fue uno de sus principales suministradores, hacia otros países productores supone una transformación estructural de calado, que conlleva un proceso de adaptación importante en cuanto a las infraestructuras y medios de transporte, y que se intenta realizar en tiempo récord. Por otra parte, la reapertura de la economía china tras la relajación de la política de Covid cero supondrá, previsiblemente, un aumento de la demanda global de productos energéticos, tanto gas como petróleo, lo que presionará al alza sobre sus precios.

Traslado con retardo

En cuanto a los alimentos, su encarecimiento está muy vinculado al de las materias primas agrícolas y de los fertilizantes (y éstos, a su vez, entre otras cosas, a los precios energéticos). Estos insumos han descendido de precio sólo moderadamente desde los máximos alcanzados a mediados de 2022. Los traslados de sus movimientos hacia los precios al consumo no se producen de forma inmediata, sino paulatina y con retardo, de modo que es posible que, pese a esa moderación reciente, aún no se hubieran terminado de transmitir los ascensos anteriores. De hecho, los insumos agrícolas comenzaron a encarecerse en los mercados internacionales a finales de 2020 (y se agudizaron tras la invasión rusa de Ucrania), pero no fue hasta un año después cuando la subida se comenzó a transmitir a los precios de consumo. Es previsible que ese mismo retardo se produzca también cuando la evolución es la opuesta.

Por otra parte, el índice de precios industriales de productos alimenticios, que mide los precios de salida de fábrica a lo largo de la cadena de producción, sigue creciendo sin mostrar señales de ralentización. Por eso podríamos anticipar que la subida del IPC de alimentos se va a mantener algún tiempo. Y si la energía se vuelve a encarecer, la reciente moderación de los insumos alimentarios podría darse la vuelta.

Es muy probable que el IPC vuelva a ascender, aunque no a un ritmo tan intenso como el pasado año, de modo que la inflación retrocederá con lentitud. Las previsiones de Funcas apuntan a que al final del año la tasa general seguirá por encima del 5%, y la subyacente no bajará del 4%.

Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 20 de Enero del 2023.

Esta semana se ha roto la narrativa de mercado de que los malos datos son buenos para el mercado, ya que suponen una relajación de los Bancos Centrales en su política monetaria. Esta semana hemos conocido en Estados Unidos unos malos datos tanto en ventas minoristas como en producción industrial. Por el lado del consumo, las ventas al por menor cayeron más de lo esperado al retroceder un -1,1% mensual y además se revisó a la baja la cifra del mes anterior (caída del -1% mensual). Cifras negativas y que apuntan a un enfriamiento más intenso del consumo en la parte final del año pasado. También fueron negativas las cifras de producción industrial al retroceder un -0,7% la actividad en el sector en el mes de diciembre. Asimismo, también se revisó a la baja las cifras del mes anterior. En cuanto al sector de la construcción, hay que destacar que la confianza de los constructores sorprendió al alza al repuntar en enero cuatro puntos hasta niveles de 35. A pesar de esta mejora, la confianza sigue en niveles bajos y apunta a debilidad de la actividad del sector. Finalmente, también se publicaron datos de precios de producción industrial que bajaron más de lo esperado en diciembre al retroceder un -0,5% mensual lo que frena el ritmo de crecimiento de los precios hasta el +6,2% interanual desde el +7,3% anterior. Un dato que confirma la moderación de las presiones inflacionistas por el lado de los costes energéticos. Por lo tanto, el mercado volvió a poner el foco en el crecimiento con caídas generalizadas esta semana, y el S&P 500 ya sólo sube en el año un 1,5% y el Dow Jones está en rojo en el año.

La confianza del consumidor occidental se mantiene muy resistente y la reapertura China, junto con los estímulos que acompañan, le han dado alas a los mercados emergentes. La inflación está en la buena dirección y los Banco Centrales parece que empiezan a calmarse.

El dato de inflación estadounidense de la semana pasada confirma la bajada continuada y permite a la Fed seguir reducir el rimo de subidas al 0,25% en su próxima reunión. Desgraciadamente, no sorprendió y evitan que la Fed pueda no subir tipos. El dato de inflación anualizado de los últimos 6 meses del año ha sido del +1,9% (frente al +11,1% del primer semestre, en termino anualizados). Si además tenemos en cuenta los flojos que están siendo los datos de actividad en Estados Unidos, cualquier subida adicional sería un error.

Aumenta la convicción de que Europa podrá evitar en recesión en 2023, gracias a las sorpresas positivas que ha dado la actividad industrial y el crecimiento económico alemán, y a la continua bajada de los precios de la energía. A cambio, está mayor resistencia permitirá al Banco Central Europeo subir un 0,5% en su próxima reunión y 0,25% en la siguiente.

Esta semana Europa atraviesa el ecuador de la temporada invernal con las reservas al 81%, muy por encima del promedio habitual para esta época del año, favorecido por unas temperaturas en diciembre y la mitad de enero inusualmente elevadas para la temporada invernal, por ejemplo, en el norte de Europa las temperaturas promedio del final de año fueron hasta 8 grados más elevadas que el promedio de los últimos treinta años. Además, el consumo del gas en Asia, nuestro competidor global por el suministro, también se mantiene estable, lo que ha permitido que en estos días veamos precios del gas no vistos desde mitades de 2021.

                               Precio del Gas (Dutch Transfer Facility) últimos 5 años.

La expectativas de política monetaria están llevando a muchos analistas a revisar sus estimaciones para el eurodólar y el consenso de analistas de Bloomberg espera un nivel del 1,10 para finales de año, frente al 1,07 que esperaban el 1 de Diciembre del 2022.

                               Expectativas analistas Bloomberg para el eurodólar (Actual).

                               Expectativas analistas Bloomberg para el eurodólar (1 de Diciembre del 2022).

Estamos en plena temporada de resultados en Estados Unidos, el consenso de analistas ha rebajado agresivamente sus expectativas de crecimiento de beneficios para el cuarto trimestre de 2022, se espera un -4,4% frente al +12% que se esperaba. Esto deja poco espacio para sorpresas negativas, por lo que la atención se va a centrar en las indicaciones sobre beneficios que den las propias compañías para 2023 (“guidance”) y, en particular, en como defenderán su margen de beneficios.

Importante esta semana:

El miércoles habló ayer el presidente de la Fed de St Louis, James Bullard, con un tono hawkish, lo que fue un jarro de agua fría para las Bolsas, afirmó que los tipos deberían mantenerse en niveles restrictivos durante 2023, cerrando el año en 5,25%-5,5% (desde 4,25%-4,5% actual) y frente a las expectativas del mercado que ve un techo en torno al 5% en mayo y caída de 50 pb en la segunda mitad del año.

Ayer Brainard hizo unas declaraciones ayer en las que cree que el soft landing en Estados Unidos es cada vez más probable. La número 2 de la Fed ve evidencia en favor de un aterrizaje suave de la economía, escenario donde la inflación bajaría sin provocar grandes despidos en el mercado laboral. Brainard cree que es probable que el mayor efecto de las subidas de tipos en empleo, demanda e inflación está todavía por llegar.

El dato final de inflación de la zona euro de diciembre, que conocimos este miércoles, confirmó la moderación de los precios al consumo. El crecimiento del IPC se situó en el +9,2% interanual alejándose así de los máximos vistos en octubre cuando el IPC aumentó un +10,6%. Por componentes, esta moderación de la inflación se explicó principalmente por el menor aumento de los costes de la energía y por otro lado destacó la evolución de los precios de los alimentos y bebidas que aportaron un 2,7% a la inflación. En cuanto a la tasa subyacente, confirmó el repunte hasta un nuevo máximo al situarse en el +5,2% interanual, un dato que seguirá presionando al BCE para que suba los tipos de interés. De hecho ayer Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), salió al paso en su intervención en Davos frente a los rumores que apuntaban a que la autoridad monetaria podría frenar el ritmo de las subidas de tipos. La banquera central aseguró que el BCE mantendrá su rumbo porque la inflación “es demasiado alta”.

Tenemos cifras muy elevadas. Miramos todos los componentes de la inflación, desde la general a la subyacente, y, se mire por donde se mire, la inflación es demasiado alta”. Lagarde restó importancia a la mejoría de los datos de la inflación, que cayeron en diciembre por segundo mes consecutivo hasta el 9,2%, y parece apoyar así las palabras de su compañero en el Consejo de Gobierno, el neerlandés Klaas Knot. El presidente del Banco de Países Bajos indicó ayer que “serán varias subidas de tipos de interés de 50 puntos básicos, no una”.

De esta forma, los banqueros centrales contraatacan frente a las informaciones de agencias internacionales que apuntaban a que se estaba barajando reducir nuevamente el ritmo de los incrementos del precio del dinero en marzo, hasta los 25 puntos básicos por reunión, y que habían llevado de nuevo una moderación a las condiciones de financiación.

El mercado de deuda reaccionó con celeridad. Los efectos de las palabras de la presidenta del BCE se dejaron notar en todas las regiones y, por ejemplo, el bono español a 10 años, que había logrado situarse por debajo del 3% por primera vez desde comienzos de diciembre, se elevó por encima de esa cota al propulsarse más de 7 puntos básicos. “Nuestra determinación en el BCE es devolver la inflación al 2% tomando todas las medidas y por eso ya hemos subido los tipos 250 puntos básicos y mantendremos el rumbo”, indicó Lagarde.

Esta semana el FMI se ha mostrado más optimista sobre la situación de la economía mundial después de los buenos datos de Estados Unidos y Europa de las últimas semanas, con lo que podrían revisarse al alza las previsiones del 2023 y 2024. En este sentido, la directora del FMI, Gopinath, espera que la mejoría se deje sentir en el segundo semestre del año. Eso sí, el Fondo Monetario Internacional (FMI) enfrió ayer las perspectivas de la economía española para este año. Después de estimar un crecimiento del PIB más elevado de lo esperado en 2022, el Fondo recortó sus previsiones económicas para este año en una décima, rebajándolas hasta el 1,1%, de acuerdo con las cifras publicadas dentro del Capítulo IV que analiza la situación de la economía española dos semanas antes de la publicación del próximo informe de previsiones de la economía mundial (WEO, por sus siglas en inglés). Y, aunque el Fondo ha alabado la “resiliencia frente a los vientos de cara” desatados por la invasión rusa de Ucrania, también ha alertado de un frenazo del mercado laboral y de una deuda que tardará mucho tiempo en digerirse.

Este frenazo, después del crecimiento del 5,2% estimado para el año pasado, que queda seis décimas por encima de las previsiones anteriores, se debe fundamentalmente a “los elevados precios mundiales de la energía y los alimentos, el debilitamiento del crecimiento de los socios comerciales, el deterioro de la confianza de los consumidores y las empresas y el aumento de los tipos de interés, que han frenado la recuperación” de la actividad en los últimos meses y seguirán haciendo mella en la economía durante 2023. Con ello, el consumo privado apenas crecerá un 1,7%, un punto menos que el año pasado, y las exportaciones solo avanzarán un 5,1%, menos de un tercio del 18,6% logrado en 2022, mientras que la formación bruta de capital fijo (incluyendo tanto la inversión empresarial como en construcción) aguantará algo mejor el tipo, aunque con una ralentización del 5,3% el año pasado, al 4,4% en el ejercicio actual. Por su parte, las importaciones también van a moderar su ritmo de crecimiento por la pérdida de poder adquisitivo de los hogares españoles y por el freno en la escalada de los precios de las materias primas, pero aumentarán un 7,6% anual, por encima de las exportaciones, lo que agravará un déficit comercial que ya se triplicaba en 2022.

Paradójicamente, este avance se produce en un momento en el que la inflación ya se empieza a moderar. De hecho, los precios de consumo limitarán su crecimiento al 3,7% este año, frente al 8,4% del año pasado, por la “elevada base de 2022, la reducción de los cuellos de botella en el suministro y cierta normalización del combustible”, aunque tardarán en volver a niveles moderados debido a los cada vez más intensos efectos de segunda ronda sobre los salarios, que registrarán un alza del 4,5% (ver información a la derecha). De hecho, la inflación subyacente, que ya supera a la general, crecerá un 4,6% durante este año. Y eso, junto con el frenazo económico, llevará al empleo al estancamiento, con un tímido avance del 0,5%. Esto es, poco más de 102.000 nuevos puestos de trabajo. Todo ello complicará el ajuste del déficit y la deuda, que ya había acusado ciertas dificultades para reducirse en los años anteriores, a pesar del fuerte rebote tras la pandemia. Esto se debe a que hasta ahora las Administraciones habían aprovechado los mayores ingresos fiscales derivados de la inflación y el rebote tras la pandemia para engordar el gasto (algo también necesario en parte para frenar la espiral inflacionista) en lugar de reducir el desequilibrio fiscal, por lo que, cuando la economía se frena, el déficit volverá a repuntar una décima este año, hasta el 4,6% del PIB. Y eso hará que la deuda quede estancada en el 112,1% del PIB, apenas siete décimas menos que en 2022. Después de tocar techo en el 120,4% del PIB, los pasivos se han empezado a reducir en términos relativos por el crecimiento económico, mientras que aumentaban en cifras absolutas, quedando por encima de los 1,5 billones de euros. Por ello, la ralentización económica sumada a un incremento de los tipos de interés supondrá el estancamiento de la deuda en torno al 110% del PIB, 15 puntos más que antes del coronavirus

En Alemania, la encuesta entre inversores y analistas alemanes ZEW mejoró ostensiblemente en enero, volviendo a nivel positivo, nivel no visto desde febrero del año pasado, antes de la invasión rusa de Ucrania, apoyada en el menor riesgo de crisis energética. Por otro lado, también se confirmó la caída de la inflación general alemana (8,6% interanual frente al 10% anterior) por los menores precios de la energía, aunque la subyacente subió al 5,2% (5% anterior).

En España, la fundación de Cajas de Ahorro (FUNCAS) elevó sus previsiones para 2022 hasta el 5,2% (+0,7% frente a la previsión anterior) y para 2023 hasta el 1,0% (+0,3%) por la moderación de los precios de la energía.

En Japón el Banco Central mantuvo inalterada su abanico de medidas de política monetaria y Kuroda advierte que no es necesario ampliar el rango de fluctuación del bono a 10 años.

En China se publicó el martes el PIB del 4T22 que moderó su ritmo de avance menos de lo previsto, 2,9% interanual frente al 3,9% anterior y 1,6% esperado, gracias al buen comportamiento de la inversión en infraestructuras y una contracción del consumo menor a la esperada, las ventas al por menor de diciembre cayeron -1,8% frente a la caída del 9,0% que esperaban los analistas y –el 5,9% anterior. Por otro lado, la población de china se contrajo en 2022 por primera vez en 60 años lo que podría ser uno de los cambios demográficos más importantes para la evolución de la inflación a nivel global.

En Europa los tipos negativos y los masivos programas de compras de deuda son historia de la zona euro. Así lo dio a entender Philip Lane, economista jefe del Banco Central Europeo (BCE) que, en una entrevista con Financial Times esta semana, aseguró que “no creo que la baja inflación crónica que tuvimos antes de la pandemia vuelva”. 

Aunque las herramientas monetarias no convencionales siguen siendo parte de la caja de herramientas del banco central, estas medidas se diseñaron para prevenir entornos deflacionarios. Si estos no existen en el futuro, más allá de que se puedan dar episodios de compras de deuda para evitar la fragmentación del mercado, la política monetaria se regirá por los habituales movimientos de los tipos de interés. 

Para Lane, la clave está en las expectativas de inflación. Ahora, “las expectativas se han anclado a largo plazo en la zona de nuestro objetivo del 2%, mientras que antes se situaban muy por debajo. Eso implica que la política monetaria se mantendrá en un nivel consistente con ese objetivo, no de vuelta a los tipos ultra bajos que se necesitaban para combatir la reducida inflación”. 

Mientras que en el pasado los inversores y los agentes económicos habían asumido de forma errónea que un crecimiento desbocado de los precios no se volvería a ver en la zona euro, “el actual fenómeno externo ha recordado al mundo que los shocks inflacionarios pueden ocurrir”. 

Por el momento, sin embargo, el BCE se encuentra plenamente concentrado en combatir la inflación, disparada a niveles de casi doble dígito en la región y contra la que cargan con las subidas de los tipos de interés. La autoridad monetaria incrementó en 2022 el precio del dinero en 250 puntos básicos y planea seguir elevando las tasas a lo largo este año “a un ritmo sostenido” que en principio se traducirá en alzas de 50 puntos básicos por reunión

Lane ahondó en esa cuestión señalando que “tenemos que subir los tipos de interés más”. El economista jefe indicó que en la actualidad se ha alcanzado el tipo de interés neutral, que marca el nivel en el que la política monetaria no aporta expansión ni contracción a la economía. Sin embargo, en línea con el resto del Consejo de Gobierno, considera que se debe entrar en terreno restrictivo. 

Tenemos que llevar los tipos de interés a terreno restrictivo”, indicó Lane, que aclaró que la institución aún no puede saber qué nivel es el apropiado para el precio del dinero ni cuál será su techo más allá de analizar la situación conforme vayan llegando los datos. 

Para el banquero central, conforme se vayan subiendo los tipos de interés a lo largo de 2023, llegará el momento en el que habrá que “volver a valorar los riesgos de hacer demasiado frente a la posibilidad de quedarnos cortos”. El economista jefe del BCE, por lo tanto, sostiene que a lo largo de este año se llegará a un punto en el que pese más no dañar el crecimiento en demasía que luchar contra la inflación. 

La flexibilidad de los grandes bancos centrales será la gran diferencia entre lo ocurrido en este shock inflacionario y otros del pasado como el de los años 70. Lane recordó que, entonces, hubo un mal diagnóstico de las necesidades de la política monetaria durante un largo periodo de tiempo en el que se subestimó la alta inflación seguido de otro en el que se llegó demasiado lejos y se acabó induciendo graves problemas al crecimiento económico. “Tenemos que tener flexibilidad en las dos direcciones para asegurarnos de que ajustamos nuestra política en un tiempo prudente y no mantenemos una visión fija durante demasiado tiempo”, explicó el banquero central. 

Y este cambio de escenario para poner el foco en no dañar el crecimiento frente a la inflación podría llegar más pronto que tarde. Según indicó ayer en Davos el gobernador del Banco de Portugal, Mario Centeno, “existen razones para pensar que en esta ocasión la inflación caerá con velocidad una vez que empiece a bajar”. 

Este supuesto entra dentro de las proyecciones macroeconómicas del BCE, que anticipan que el crecimiento de los precios, aunque refleje una media elevada para 2023, se limite a poco por encima del 3% en el último trimestre del ejercicio. Si no se suceden más shocks externos que devuelvan las subidas a los precios de la energía como el año pasado, esto posibilitaría una reducción o incluso una pausa en el ritmo de subidas de tipos. 

Pocos banqueros centrales se atreven a dar una hoja de ruta. Después de que la inflación dejara obsoletas todas y cada una de las predicciones realizadas en Fráncfort en 2022, el Consejo de Gobierno ha aprendido la lección y se limita a señalar que, dada la poca visibilidad macroeconómica existente, tomarán las decisiones de cada reunión en base a la evolución de los datos. Así lo repitió ayer Lane, que insistió en que “trabajamos con una altísima incertidumbre, por lo que tenemos que depender de los datos”.

MELIÁ HOTELS (tenemos una exposición en la cartera de Renta Variable del 3,09%):

Esta semana se ha publicado una entrevista al CEO de Meliá, Gabriel Escarrer, en El Economista, en la que han destacado los siguientes puntos:

RevPAR (Rentabilidad por habitación disponible): siguen esperando niveles elevados, al menos, para el próximo año o año y medio una vez que la demanda embalsada se normalice. La estimación de los analistas para 2023 es de 85 euros por habitación frente a los 86,9 del 2019. Esperan que el 1T23 esté muy por encima del 1T19. No atisban ningún tipo de desaceleración de la actividad.

Dividendo: para que volviera a repartir dividendo tendría que recuperar los niveles de 2019 en las principales métricas (Deuda Financiera Neta y EBITDA). Esperan que la DFN alcance los niveles de 2019 entre 2024 y 2025. Para ese periodo esperan que el EBITDA supere los niveles de 2019 de 478 millones de euros.

Operaciones corporativas y ventas de activos: Escarrer vuelve a confirmar que la venta de activos ya anunciada cercana a los 200 millones de euros está firmada, pero sigue retrasándose por temas burocráticos. En cuanto a operaciones corporativas, no se cierra en un futuro mientras la compañía liderara la operación. En el corto plazo no hay nada.

El CEO sigue confiado en poder dar la batalla en la reclamación que interpuso al Estado por 200 millones de euros (16% de la capitalización) por el primer estado de alarma, sobre todo desde que el Tribunal Constitucional lo declarara inconstitucional. En cualquier caso, no esperan nada en el corto plazo.

Lo importante de la entrevista, y de los datos publicados esta semana sobre la evolución del turismo en España, es que no ven desaceleración en 2023 a pesar del contexto macroeconómico. España cerró el 2022 con 72 millones de turistas. Tras dos años nefastos por la pandemia, España ha recuperado la mayor parte de sus turistas extranjeros en 2022, con 72 millones de visitantes frente a los 83,5 millones previos a la pandemia. Además, los ingresos turísticos alcanzaron los 69.000 millones de euros, frente a los 71.000 millones de 2019. Geográficamente, la menor llegada de turistas británicos y alemanes lastró la recuperación completa del sector.

Gabriel Escarrer, participó también esta semana en un evento celebrado en la feria de Fitur, y explicó que la compañía confía en mantener la explotación de los activos pero bajo el modelo de gestión, en lugar de en alquiler, que es como actualmente los explota.

Según la publicación CoStar, el fondo de Abu Dabi ha ofrecido ya 600 millones de libras (unos 700 millones de euros) por esta cartera y el proceso de due diligence sigue su curso. “Se trata de un socio con solvencia que no requiere de más inversión porque cuenta con recursos propios”, avisó ayer Escarrer en referencia a esta operación.

En cuanto a la rotación de activos, Escarrer recordó que en “breve” se concretará la venta de una cartera de activos por unos 200 millones de euros en el Caribe. Esta operación, que implicará mantener una participación en el capital, conllevará un contrato de gestión a 25 años. “Al margen de esto no esperamos otras operaciones de rotación de activos. Nos sentimos cómodos con la posición actual”, señaló Escarrer.

Aunque no asumirá un rol comprador activo, el directivo abre la puerta a crecer de la mano de socios financieros que asuman el riesgo inversor, acompañándoles Meliá con una participación minoritaria. Una estrategia que ha seguido el grupo en los últimos años. “Nos centraremos en el crecimiento orgánico con la incorporación de unos 30 o 35 hoteles al año, que es lo que podemos digerir sin crear cuellos de botella”.

Para 2023 la cadena prevé abrir, al menos, 25 hoteles en catorce países (España, Italia, Malta, Albania, México, Cuba, Brasil, Tailandia, Malasia, Vietnam, Cabo Verde, Tanzania, Qatar y Arabia Saudí). Estos establecimientos se sumarán a los 32 que ha inaugurado a lo largo del pasado año.

Entre las nuevas aperturas figuran las que realizará la cadena de la mano del tenista Rafael Nadal bajo la marca Zel. El primero de los hoteles surgidos de esta alianza en abrir sus puertas será el Innside Cala Blanca, en Palmanova. A este se sumará otro en México y, ya en 2024, esperan llegar con esta enseña a Madrid, Canarias, Marbella y Sudeste Asiático.

También se abrirá este año el hotel Juan Carlos I de Barcelona con la marca de lujo Gran Meliá bajo el nombre de Miranda de Pedralbes. “No tengo duda alguna sobre la viabilidad del hotel. Lo ha comprado el fondo Tyrus Capital, con el que trabajamos desde hace más de 15 años y es gente muy seria. Se va a acometer un gran proceso de reforma para llevarlo a los estándares previstos”, anunció Escarrer.

El directivo se muestra confiado en la buena evolución del año y espera mantener las subidas tarifarias dado el interés de los turistas por seguir viajando.

De acuerdo con los datos aportados, actualmente, en España, las reservas de Meliá son un 30% superiores a las de 2022 y un 23% mejores respecto a las de 2019. En términos globales, el crecimiento de las reservas es de un 35% frente a 2022 y del 40% respecto a 2019. En cuanto a las tarifas, éstas están un 7% por encima de las de 2022 y son un 30% mayores que las de 2019.


¿Tiene sentido abandonar el objetivo de inflación del 2%? George Brown. Economista de Schroders.

Los inversores empiezan a preguntarse si los bancos centrales deberían subir sus objetivos de inflación. Desde la introducción de los objetivos de inflación en los años 1990, las economías avanzadas se han unido en torno a un objetivo común del 2%. En las décadas transcurridas, los bancos centrales han logrado, en gran medida, mantener la inflación baja y estable. Pero en los últimos años esto se ha ido al traste, ya que la inflación se ha disparado hasta alcanzar el nivel más alto registrado en una generación, avivando el debate sobre si los responsables de la política monetaria deberían abandonar el omnipresente objetivo del 2% y, en su lugar, poner sus miras en una inflación más alta.

Los que apoyan un objetivo de inflación del 3% ó, incluso, del 4% argumentan que implicaría unos tipos nominales más altos. Unos tipos nominales más altos reducirían el riesgo de que los bancos centrales se vieran condicionados por el límite inferior efectivo (ELB, por sus siglas en inglés), ya que tendrían más margen para reducir los costes de endeudamiento cuando se enfrentaran a una recesión económica. Es una solución aparentemente sencilla al problema que ha atormentado a los responsables políticos durante los años posteriores a la crisis financiera mundial. Pero conlleva sus propios desafíos. Uno de ellos es si la inflación podría converger hacia el objetivo superior.

Es un reto que el Banco de Japón conoce muy bien. Hace 10 años, elevó su objetivo de inflación del 1% al 2% en un intento de superar la deflación crónica del país. Para fomentar la inflación, inició una colosal flexibilización cuantitativa que ha elevado su balance del 30% al 130% del PIB. Hay que decir que no funcionó. Salvo por una subida de impuestos en 2014, la inflación se mantuvo persistentemente baja, al menos hasta el reciente repunte mundial.

Aunque la economía japonesa es, en cierto modo, un caso particular, otros países lucharon con inflaciones persistentemente bajas durante el mismo período. Uno de los factores fue la crisis financiera, que abrió una brecha de producción en el G7 del 5,8% del PIB que tardó varios años en reducirse. Otro factor ha sido la globalización, especialmente tras la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio en el año 2001. También lo han sido la innovación y los avances tecnológicos, como los teléfonos inteligentes y los servicios de suscripción.

Inversión inflacionista

Cabe esperar que algunas de esas tendencias desinflacionistas se inviertan. Es posible que estemos en un cambio de régimen hacia un mundo menos globalizado, en el que la seguridad y la proximidad se prioricen sobre las consideraciones de eficiencia y costes que han caracterizado el modelo globalizado de cadenas de suministro amplias en las últimas décadas. Este cambio podría dar lugar a una mayor estanflación que empuje al alza los precios y ralentice el crecimiento mundial.

Un impulsor de este cambio puede ser el “activismo fiscal”, que podría dar lugar al aumento de los objetivos de inflación de los bancos centrales, o a la anulación de su independencia. Parece probable que los gobiernos se vuelvan más generosos fiscalmente después de que las expectativas de los votantes hayan cambiado debido a los planes de apoyo a la pandemia. El activismo fiscal podría ser otra fuente potencial de presión al alza sobre la inflación a corto y medio plazo.

Las vías hacia una política fiscal más activa podrían incluir que los gobiernos modifiquen el sistema de los bancos centrales para gestionar el impacto del gasto adicional. Un escenario en el que la regulación se utilice para dirigir fondos hacia el mercado de bonos, junto a cambios en el mandato de las autoridades monetarias para tolerar una mayor inflación, no es inconcebible si se producen grandes cambios en las prioridades políticas como resultado, entre otros factores, del populismo.

Sin embargo, está por ver si alguna de nuestras predicciones se cumple. Por no hablar de si hemos calibrado correctamente cuál será el impacto neto. Y no se sabe a ciencia cierta cómo influirán otros factores. Existe un debate sobre si el envejecimiento de la población será en última instancia inflacionista o deflacionista. Además, la disrupción tecnológica puede actuar como viento en contra de la inflación, por ejemplo, si la inteligencia artificial generativa provoca despidos masivos de trabajadores.

También es cuestionable que deba tolerarse una mayor inflación a menos que pueda mejorarse el anémico crecimiento de la productividad. La mayoría de los estudios empíricos encuentran una correlación negativa entre ambos, pero pasar a un régimen de inflación más alta podría ayudar a estimular la inversión empresarial. Aunque si la productividad sigue siendo baja y otros países no elevan también sus objetivos de inflación, se producirá una deterioro gradual de la competitividad y del nivel de vida.

Elevar el objetivo de inflación también entraña el riesgo de dañar la credibilidad de los bancos centrales. En particular, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo, cuyas recientes revisiones de su política monetaria han mostrado su disposición a tolerar excesos de inflación tras años por debajo del 2%. Un giro de 180 grados para elevar sus objetivos en medio de una inflación tan alta podría dar la impresión de que no tienen el control y de que corren el riesgo de desanclar las expectativas de inflación más allá del nuevo objetivo más elevado.

Se trata de una situación muy delicada. Sobre todo porque el poder de negociación de los trabajadores es alto y debería seguir siéndolo ante el envejecimiento de la población, el sentimiento contra la inmigración y los esfuerzos por deslocalizar. Por tanto, a las empresas no les quedaría más remedio que acceder a las demandas de los trabajadores para que se les compense por el aumento de la inflación. A menos que el crecimiento de la productividad pueda seguir el ritmo, se corre el riesgo de provocar una espiral de precios y salarios que tendría que ser detenida por los bancos centrales mediante un endurecimiento agresivo de sus políticas monetarias, al estilo Volcker.

Aunque parece que la inflación será estructuralmente más alta en esta década que en la anterior, esto no está ni mucho menos garantizado. Y, en tal caso, es probable que se necesiten reformas del lado de la oferta para acomodarla, pues de lo contrario la competitividad y el nivel de vida podrían resentirse. Además, los bancos centrales tienen que alcanzar primero sus objetivos actuales de forma sostenible para garantizar su credibilidad. Hasta que no se cumplan estos criterios, es prematuro hablar de abandonar el objetivo de inflación del 2%.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 13 de Enero (Friday the 13th!!)

En el 2022 , el Ibex fue el índice europeo que tuvo un mejor comportamiento relativo frente al resto de comparables (-5,2% frente al Euro STOXX -11,5%, DAX alemán -12,3%, CAC francés -9,0% y MIB italiano -12,6%) y Europa se comportó mejor que Estados Unidos (S&P 500 -19,65%, Nasdaq -33,41% y Dow Jones -8,93%).

Este 2023 estamos teniendo el mejor comienzo de año de los últimos 10 (Nasdaq +5%, S&P 500 +3,74%, EuroStoxx 50 +9,22%, IBEX 35 +8%). Hay varios motivos que podrían explicar parte del comportamiento del mercado estás dos últimas semanas, un motivo es que el posicionamiento en Renta Variable de los inversores institucionales en Diciembre acabó en mínimos, 2022 ha sido el año con más volumen de posiciones cortas (vendidas) desde 2018, con 185 billones de dólares de volumen de posiciones vendidas, en corto, además Diciembre del 2022 fue el mes con mayor flujo vendedor de inversores minoristas de la historia, con ventas netas (acciones, fondos y ETFs) por valor de 115 billones de dólares frente a una media a 6 años de 25 billones. Además el mercado ha empezado el año positivo por una mayor confianza en la reapertura de China, unos datos de ISMs ya en contracción y datos de inflación mejor de lo esperado que hacen vislumbrar una Fed menos agresiva.

Este 2023 comienza con lo que los analistas llaman el “pain trade”. El  mejor comportamiento de las Bolsas europeas frente a las americanas sigue pillando a la mayoría de inversores infraponderados en Europa. Pese al rerating de Europa el pasado 2022 y este comienzo de año, la Bolsa europea sigue cotizando con un 30% de descuento frente al S&P500 y con un 20% de descuento de media en los últimos 10 años

PER relativo 2023 esperado Euro Stoxx 50 / S&P500

Parece que el 2023 trae también sus eventos, un barco bloqueando el canal de Suez, una turba tomado el parlamento brasileño, problemas con la reapertura de la economía China, por el lado positivo, el mercado laboral en Estados Unidos empieza a estar menos sobrecalentado y China parece totalmente comprometida con apoyar su economía y volver a la normalidad.

Uno de los movimientos más importantes que está habiendo este comienzo de año es el del dólar, debido a la diferencia de opiniones en cuanto a la perspectiva de Estados Unidos, parte del mercado opina que el dólar ha de debilitarse por la probabilidad de que haya aterrizaje sueva de la economía norteamericana, en cierto modo, la cifra del paro del viernes pasado y la de ISM confirman ese lado. Los datos de empleo, más fuertes de lo esperado, publicaba una tasa de 3,5% desde 3,7% que se esperaba, con una creación de empleo de 223.000 frente a los 200.000 esperados se llevaban el eurodólar hasta 1,0480 de mínimo ya desde ahí, seguir el ascenso hasta donde lo tenemos esta semana en 1,0850.

El índice del dólar frente a una cesta de divisas globales lleva una caída desde septiembre del 9%.

Como digo, el dólar se sitúa en el nivel más bajo desde hace ocho meses impulsado por la creencia de mercado de que la Fed no va a subir los tipos por encima del 5%, ya en los últimos dots, los miembros de la Fed veían niveles cercanos al 5,25% para el primer trimestre, pero parece que el mercado se niega. Este martes Daly, miembro de la Fed de San Francisco, sugería que sería una buena idea reducir el ritmo de subida de tipos para ver cómo han afectado a la economía los últimos movimientos. El dólar deja un 0,9% en términos de cesta de divisas, retrocediendo contra todas las monedas del G-10, destacando la apreciación del Yen (2,4%) impulsado por las filtraciones sobre el cambio de régimen en la estrategia monetaria del BoJ. El Euro se aprecia un 0,9% contra el billete verde (1,085 dólares por euro). No obstante, en términos de cesta de divisas la apreciación fue inferior (0,5%) principalmente por el buen comportamiento del Yen. Las monedas emergentes siguieron subiendo contra el Dólar (0,7%) impulsadas no solo por los menores tipos del área Dólar, sino también por los mayores precios de las materias primas y la reapertura china.

Las encuestas a los responsables de compras de las empresas (“Purchasing Manager Index”) pintan un escenario algo más oscuro de lo que esperan muchos analistas, el sector manufacturero sigue sufriendo, mientras que el sector servicios aguanta mejor, como se vio en el dato de IPC americano de ayer, de manera similar, Europa parece estarse recuperando, mientras que Estados Unidos aún sigue debilitándose. Estos datos limitan la capacidad de la Reserva Federal (Fed) para seguir subiendo los tipos de interés, lo que da soporte a un rebote sólido de las Bolsas.

El mercado laboral en Estados Unidos acabó el año con una sólida creación de empleo (223.000 nuevos puestos en diciembre), pero dando señales de cierta pérdida de dinamismo. El salario medio por hora también se desacelera y reduce el riesgo de que veamos efectos inflacionarios de segunda ronda en los próximos meses. Todo esto ha llevado al mercado a descontar que la Fed sólo subirá un 0,25% en su próxima reunión y algunos analistas, como los de Julius Bäer, consideran que la subida podría incluso no ocurrir si la inflación sigue relajándose.

Tras una corrección provocada exclusivamente por una reducción del múltiplo, es decir, una caída de precios sin que caigan los beneficios, los inversores están centrados en ver si, efectivamente, los beneficios empresariales aguantan o no. La caída del año pasado ha llevado el ratio precio-beneficio empresarial esperado a 12 meses a 15x frente al 17.2x medio de los últimos 10 años.

Los precios de la energía y del gas en Europa han caída más de un 50% desde sus máximos de diciembre, no sólo debido a un tiempo inusualmente cálido, sino también a la capacidad demostrada por Europa de abastecerse sin gas ruso (el nivel de almacén sigue en máximos). No se aprecia un déficit estructural de energía y es posible que la crisis energética desaparezca tan rápido como apareció, según los analistas de Julius Bäer.

En las perspectivas para este año muchos analistas están recomendando tomar posiciones en mercados emergentes, actualmente los mercados emergentes son los que cotizan a múltiplos más baratos, y el ratio entre mercados emergentes y mercados desarrollados está en mínimos históricos.

A pesar del rebote de los mercados de comienzo de año el índice Bulls Minus Bears sigue en la parte mínima del rango (-21 es la actualización de la semana pasada).

Bulls minus Bears

Importante esta semana:

Ayer se publicó el Dato de IPC de Diciembre en Estados Unidos, que se saldó con un resultado en línea con lo que esperaba el mercado, el índice general descendió un 0,10% mensual, mientras que la subyacente subió un 0,30%. La tasa interanual se desaceleró, de este modo, de manera notable, del 7,10% al 6,50% que era lo que esperaba el consenso de mercado, y la subyacente se fue del 6% al 5,70%, situándose en su menor nivel en dos años y medio. El principal motivo es la menor presión de los precios energéticos, y la subyacente disminuyó gracias a la menor presión del sector de las manufacturas de consumo. No obstante, el punto negativo lo registró el aumento de la inflación de servicios (7% frente al 6,8% anterior). Tras el dato de inflación Pat Harker, miembro de la Fed de Filadelfia, declaró que una subida de 25 puntos básicos “sería apropiada” para la siguiente reunión de la Fed. El dólar llegó a perder el nivel del 1,08 tras el dato, hizo un 1,0831 frente al euro, mínimos del dólar frente al euro desde Abril del 2022.

IPC Estados Unidos (interanual) desde el 2017

                                                                                              Gráfico eurodólar último mes.

Esta semana hemos seguido teniendo declaraciones “hawkish” en la Fed. La presidenta de la FED de San Francisco, Mary Daly, dijo que espera que la Reserva Federal suba los tipos por encima del 5%. También Raphael Bostic, su homólogo de Atlanta,  dijo que los responsables políticos deberían subir los tipos por encima del 5% a principios del segundo trimestre y luego esperar durante un largo periodo de tiempo.

China reabre sus fronteras tras casi tres años de política de «covid cero». El gobierno ha rebajado de forma oficial la categoría de alerta por Covid desde el nivel A hasta el B, finalizando de facto la política de covid cero. Entre las principales medidas destacan la retirada de las cuarentenas en los vuelos internacionales y la reapertura de los controles fronterizos terrestres. Según Bloomberg, el gobierno chino estaría valorando la posibilidad de incrementar el objetivo de déficit fiscal para este año. Adicionalmente el mercado especula con una emisión de deuda de gobierno local prácticamente récord.

Esta mañana en España se ha publicado también el dato final de inflación, la tasa general de inflación bajó más de un punto en diciembre y el IPC se sitúa en +5,7% interanual, además este dato significa una décima menos que el dato preliminar. Con este dato, la tasa de inflación se ha reducido más de cinco puntos en los últimos cinco meses. Por el lado de la inflación subyacente, se registra un incremento del +7% interanual, siendo esta la tasa más alta desde noviembre de 1992 y sitúa su diferencia con el IPC general en más de un punto, lo que sigue confirmando que las presiones inflacionistas provenientes de los mayores costes de la energía se han traspasado ya al conjunto de la cesta.

En China aumenta el superávit comercial en diciembre, pero los datos siguen mostrando debilidad de la actividad. En concreto, el saldo comercial positivo se incrementó en diciembre hasta los 78.010 millones de dólares muy por encima de los 69.250 millones previos. Sin embargo, se registraron caídas tanto en las exportaciones (retrocedieron un -9,9% interanual) como en las importaciones (cayeron un -7,5% interanual).

El martes el Banco Mundial recortó sus previsiones de crecimiento, advirtiendo del riesgo de recesión en la economía mundial. Espera PIB global +1,7%e en 2023, -1,3pp vs lo previsto en jun-22, con EEUU +0,5% y Eurozona 0%. Para 2024, +2,7%e (-0,3pp). Estas cifras son más pesimistas que las ofrecidas por otros organismos. Los factores determinantes del recorte de previsiones de crecimiento son una inflación persistente y unos tipos de interés más altos. Este contexto, junto a un elevado endeudamiento, podría pesar sobre la inversión y provocar impagos de deuda corporativa. Recomendó asimismo que la política fiscal se centre exclusivamente en los colectivos vulnerables.

En Inglaterra, los problemas derivados del Brexit no cesan sino más bien se agudiza. Este jueves el alcalde de Londres habló a un panel de líderes de la City resaltando el “inmenso daño” ocasionado por la salida de Europa debido a la pérdida de talento y competitividad. Estos cometarios, llegan después de que una encuesta reciente de YouGov que indica que hasta un 25% de los que votaron a favor del Brexit, estarían arrepentidos de su decisión y que claramente las cosas están ahora peor que antes. Por otro lado, siguen las huelgas y unos 100.000 funcionarios de hasta 124 departamentos del Gobierno harán huelga el 1 de Febrero afectando a servicios de todo tipo. Será la huelga más grande en muchos años.

En España el ahorro de los hogares alcanzó en el tercer trimestre del 2022 un 5,70% sobre el total de ingresos frente al anterior trimestre que estaba en el 8,40%, es el dato más bajo de los últimos 4 años, desde el 3T18 que estuvo en el 4,80%, debido a los efectos adversos de las subidas de tipos y de la inflación.

GRIFOLS (Tenemos una exposición del 3,23% en la cartera de Renta Variable):

Esta semana ha subido con fuerza después de publicar resultados positivos de su ensayo en fase 3b con Vistaseal en pacientes pediátricos.

1-. Ha obtenido resultados preliminares positivos (95% de resultados positivos) en un ensayo de fase 3b con su adhesivo tisular de fibrina (Vistaseal/Veraseal) para el tratamiento de hemorragias quirúrgicas en pacientes pediátricos.

2-. Se han alcanzado todos los objetivos primarios y secundarios del ensayo mostrando el producto un perfil positivo de seguridad y tolerabilidad.

3-. Adicionalmente, la consultora especializada Evaluate Pharma incluyó ayer a la compañía entre las que espera que más aumenten sus ingresos durante 2023 ante la recuperación de la demanda de hemoderivados en línea con la recuperación de las donaciones de plasma y por lo tanto disponibilidad de materia prima en 2022. Una estimación que se encuentra en línea con nuestras estimaciones.

Ampliar la indicación del producto a pacientes pediátricos permitirá a Grifols aumentar el alcance de este producto que la compañía comercializa a través de Ethicon, una compañía de J&J. El impacto en ingresos de la mencionada ampliación de la indicación entendemos que es limitada, con poco impacto en valoración, pero la empresa empieza a tener momentum y se nota en su cotización.

CELLNEX (Tenemos una exposición del 3,08% en la cartera de Renta Variable):

Esta semana hemos seguido comprando acciones de Cellnex después de la dimisión de su CEO, creemos que es una excelente compañía que entra en un nuevo periodo de consolidación del negocio después de varios años de crecimientos elevados. La dimisión de Tobías Martínez como consejero delegado de Cellnex, muy reconocido y una persona centrada en el crecimiento, será efectiva en junio. Ahora que la compañía se enfrenta a otro escenario, mejor adaptarse. Lo vemos positivo, a pesar de que el actual fuera muy bueno, pero con un sesgo muy de growth.

El relevo es, sobre todo, el principal síntoma de la profunda transformación que tendrá que llevar a cabo el gigante español de las telecomunicaciones. Tras una década prodigiosa, con un crecimiento inédito en el panorama empresarial español, multiplicando exponencialmente su tamaño y capitalización bursátil a través de multimillonarias compras de activos en Europa, lideradas por Martínez, llega el momento de la consolidación.  Éste es el gran desafío que afronta ahora la compañía: gestionar con éxito el cambio de una empresa growth, que fundamenta su valor en el crecimiento inorgánico, a una compañía madura, que busca maximizar su rentabilidad y ofrecer un retorno atractivo a sus inversores en forma de dividendo. Para lograrlo, el futuro consejero delegado de Cellnex se enfrenta a cinco importantes retos:

  • Nueva estrategia de crecimiento. Ya no hay más grandes paquetes importantes de torres que comprar por ahora en Europa, y será así al menos durante los 3 o 4 próximos años, cuando el private equity empiece a vender lo que ha comprado. La nueva estrategia pasa por el crecimiento orgánico, con la incorporación de 21.000 torres nuevas comprometidas hasta 2030, de operaciones de compra ya ejecutadas, sobre las cerca de 105.000 que ya tienen. Además del orgánico hay otro crecimiento vía ‘torres aumentada’, es decir, negocios adyacentes como fibra a la torre, edge computing, compartición de la radio y 5G privado.
  • Reducción de deuda. La situación macroeconómica ha cambiado al subir la inflación y los tipos de interés. Ahora se penaliza a las empresas muy endeudadas y Cellnex tiene una deuda de más de 17.000 millones, casi 9 veces ebitda, que urge reducir. El recorte de deuda es clave para la compañía, que tiene como objetivo lograr el investment grade en los dos próximos años.
  • Dividendo generoso. La compañía ha fundamentado su atractivo para los inversores en su espectacular revalorización bursátil, que le llevó a pasar de 3.200 millones de capitalización cuando salió a Bolsa en 2015 a superar los 40.000 millones en 2021, su máximo histórico. Desde entonces ha perdido el 47% de su valor, en línea con sus grandes competidores mundiales. Como quiere dejar de ser compañía de crecimiento, ahora Cellnex tendrá que incrementar su dividendo.
  • Beneficios. Hasta ahora, los inversores han puesto el foco en la capacidad de crecimiento y que éste fuera sano, en términos de resultado de explotación, un reto que Cellnex ha superado estos años. En la nueva etapa, la compañía tendrá que dar más peso en su estrategia a la generación de cash flow libre positivo, necesario para convencer al mercado de capacidad de ofrecer alta remuneración al accionista.
  • Liderazgo. En estos años, Cellnex ha logrado una posición de liderazgo como la mayor gestora de infraestructuras de Europa. El futuro consejero delegado afronta el reto de mantener esa posición. Contará con una envidiable posición de salida: los 110.000 millones de euros de los contratos que ya tiene firmados la compañía y que heredará el primer ejecutivo que tome el relevo de Tobías Martínez.

2023: el año de las oportunidades. Beatriz Catalán Corredor. Doctora en Economía. Responsable de Asset Allocation en Ibercaja Gestión.

El año 2022 será recordado como aquel en que la inflación apareció y un crecimiento más lento nos llevó a la estanflación por vez primera desde los años 70, junto a unos bancos centrales que despegaron toda su vertiente más dura. Pero ahora nos toca hablar de futuro. Los titulares de este nuevo año serán los siguientes:

  • 2023: Año de daño profundo al crecimiento económico. Es una realidad ya constatada que los fundamentales no van a aguantar mientras las condiciones financieras sigan tan restrictivas. La gran incógnita sigue siendo cuánto daño efectúa una política monetaria restrictiva. Según nuestras estimaciones, por cada 100 puntos básicos de subida, se suele producir una caída del PIB anual de la misma cuantía. Por ello, esperamos un crecimiento global en el entorno del 2%, muy lejos de su tendencia a largo plazo, del 3,5%.
  • 2023: Año de la relajación de la inflación. La inflación ha sido la principal preocupación de los mercados en 2022, pero la narrativa que vamos a ir viviendo a lo largo del año será la de “desinflación”. El pico de inflación ya vio en las principales economías en el cuarto trimestre.
  • 2023: Año de la relajación de las condiciones financieras. Tras los últimos mensajes restrictivos de las autoridades monetarias, el mercado espera tipos de llegada en el entorno del 5% para la Fed y del 3,5% para el BCE. Pero la cuestión clave es cuándo se producirá el ‘pivot’ por parte de los bancos centrales; es decir, el momento a partir del cual empezarán a revertir sus políticas restrictivas. A finales del primer trimestre podríamos encontrar este punto.
  • 2023: Año de la fuerte contracción de los beneficios empresariales. No son creíbles las expectativas de consenso de un crecimiento para 2023 en los beneficios del Euro Stoxx 600 del 2,6% y del 6,7% para las compañías del S&P 500. Por tanto, va a llevar de forma irremediable a una revisión a la baja en la estimación de los beneficios empresariales. Nuestros modelos prevén caídas en beneficios entre el 8% y el 10% en ambos mercados en un escenario central.

Sin olvidar dos riesgos que pueden enturbiar nuestro escenario:

  • Unos bancos centrales todavía más duros, si perdura la inflación “pegajosa”.
  • La posible retroalimentación de las tensiones geopolíticas a nivel global.

2023 será el año de las oportunidades desde el punto de vista inversor. Después de uno de los peores años de la historia para la renta fija, este ejercicio puede suponer una de las mejores oportunidades para el inversor en bonos de la última década. La deuda pública soberana es nuestra apuesta de inversión firme este año. En un contexto de curvas planas, es lógico pensar que no nos compensa una mayor duración para conseguir rentabilidades similares, pero desde una perspectiva de medio plazo el riesgo de duración se ve minimizado por el nivel de tipos del que partimos.

En cuanto a la renta fija privada, seguimos prefiriendo el segmento de mayor calidad crediticia, especialmente ante la ralentización económica, ya que debe primar la calidad de los balances. También en cuanto a valoración, la apuesta por la renta fija es clara frente a la variable, donde aún necesitamos un ciclo económico estabilizándose para encontrar el mejor momento de inversión, y, además, en términos de PER las valoraciones no son lo extremadamente atractivas para llevarnos a una sobreponderación, especialmente en un contexto en el que van a seguir produciéndose revisiones a la baja de los beneficios.

Por todo ello, la volatilidad persistirá. No obstante, 2023 tiene una foto algo más aliviada para la renta variable pese al débil perfil de crecimiento, y por ello nuestras estrategias tienen un perfil aún defensivo y de calidad. Especialmente atractivo el sector sanidad y consumo estable, estrategias de dividendo, compañías con fuertes balances, altos y estables márgenes, y dividendos altos y consistentes a lo largo del tiempo. También energías sostenibles, donde el sector de utilities y renovables va a seguir teniendo un fuerte crecimiento.

Por último, estrategias de crecimiento estructural. La relajación de las restricciones por el Covid en China va a aumentar el consumo de productos de lujo, un sector que asimismo se muestra muy resistente en momentos de recesión económica.


Cuando la deuda vale más que los activos. Ignacio de la Torre. Economista jefe de Arcano Partners, profesor en IE Business School

Dicen que hay dos leyes inmutables en la economía: nada es infinito, y nada es gratis. En 2006 un conocido banco de inversión publicó un informe de estrategia con el llamativo título “Cuando la deuda es un activo”. El argumento se basaba en que la deuda presentaba un coste más barato que el de los recursos propios, y además proporcionaba un escudo fiscal, ya que los intereses reducen la carga impositiva. Por tanto, animaba a las empresas a que explotaran al máximo su capacidad para emitir deuda, para así aumentar su valoración.

Al año estalló la crisis de la deuda, y ésta “volvió a ser un gran pasivo”. De hecho, muchas empresas cayeron a raíz de esta insana decisión. Y por aquello de que los seres humanos no aprendemos de nuestros errores, la adicción a la deuda pasó de Occidente a Oriente, y la segunda economía del mundo, China, tiró del crédito barato para maximizar su crecimiento económico. Lo sano es que una economía crezca nominalmente en línea con su deuda nacional total (sector público y privado), de forma que la ratio de deuda sobre el PIB se mantenga estable. Pues bien, en el caso de China el endeudamiento (empresas, hogares y gobierno, sin contar la mayorista bancaria) ha crecido muy por encima de su PIB desde 2008, pasando de 1,5 veces a 3 veces su PIB. En otras palabras, China ha necesitado mucho más de un yuan de crédito para generar un yuan de nuevo PIB.

Una parte de este gran endeudamiento se ha dirigido a financiar la enorme burbuja inmobiliaria que afrontó el país desde entonces. Se trata, en mi opinión, de la mayor de la historia, ya que abarca al mayor mercado que jamás se haya generado, con un valor total estimado de 52 billones de dólares (ligeramente inferior a la suma de los mercados de bonos y de acciones en Estados Unidos).

Otra parte se asignó a costear importantes infraestructuras elegidas por los gobiernos provinciales del Partido Comunista, a través de entidades vehículo que emitían deuda fuera del balance de estos (llamados LGFV, siglas de Local Government Financing Vehicles), y que se financiaban en gran parte con la venta de suelo a las promotoras para seguir alimentando la burbuja inmobiliaria. Se seguían criterios políticos para construir dichas infraestructuras, no criterios económicos. Son los famosos “puentes a ninguna parte”, que generaban empleo, pero dudosa rentabilidad. El problema es que la rentabilidad del activo es la que, en teoría, afronta el pago de la deuda.

Ese mundo toca a su fin. La burbuja inmobiliaria china comenzó a estallar a finales del año 2022, y, con ella, la capacidad para seguir financiando infraestructuras cuestionables. Ahora se hace frente a una dura realidad, parecida a la que sufrió el sector corporativo occidental en 2008: la de que los activos valen menos que la deuda.

Y esta realidad ocurre en un momento muy frágil para China, un contexto en el que tiene que lidiar con una crisis sanitaria sin precedentes que ha generado una caída del consumo (del 5,9% el pasado mes de noviembre en tasa interanual), así como una debilidad de sus exportaciones, a medida que los occidentales migran su gasto de bienes a servicios.

Implicaciones globales

Las implicaciones de esta situación serán muy profundas para China y para el mundo, como estamos señalando en varios informes recientes. Expongamos algunas:

Primera: los excesos de endeudamiento provocan un periodo de digestión que conlleva un menor crecimiento económico futuro.

Segunda: el menor crecimiento económico futuro, exacerbado por las preocupantes tendencias en demografía y en productividad, posiblemente redunden en que China no superará a Estados Unidos como primera economía del mundo.

Tercera: el estallido de la burbuja inversora china generará una demanda de materias primas sensiblemente menor a la del pasado, algo que afectará a sus precios, lo que generará un mecanismo de contagio hacia países productores (la cuenca andina, el África subsahariana, Australia, Indonesia, etc.).

Cuarta: las finanzas públicas chinas se resentirán a medida que el Gobierno central, que ya afronta un relevante déficit fiscal, intente acudir al rescate de las administraciones regionales y de las compañías públicas.

Quinta: en función de la gravedad de la crisis inmobiliaria, esta crisis de deuda podrá devenir en una crisis bancaria. De hecho, ya se observan las primeras tensiones en el mercado interbancario chino.

En una publicación de 1988, Bennett Stewart y David Glassman afirmaban: “los recursos propios son suaves, la deuda es dura; los recursos propios perdonan, la deuda es insistente; los recursos propios son una almohada, la deuda es una espada”. Estamos ahí.


La amenaza de una década perdida en el desarrollo. Martin Wolf. Financial Times.

Las convulsiones de los tres últimos años han afectado a todos los países, pero han golpeado con especial dureza a las naciones emergentes y en desarrollo. Como resultado, según el informe Perspectivas Económicas Mundiales 2023 que acaba de publicar el Banco Mundial, la convergencia de los ingresos medios entre países pobres y ricos se ha estancado. Y lo que es peor, es posible que no se recupere pronto, dados los daños que ya se han producido y que probablemente persistan en los próximos años.

Para finales de 2024, se prevé que los niveles de Producto Interior Bruto de las economías emergentes y en desarrollo sean un 6% inferiores a los previstos antes de la pandemia. La pérdida acumulada en el PIB de estos países entre 2020 y 2024 se prevé que ascienda al 30% del PIB de 2019. En las zonas frágiles y afectadas por conflictos, se espera que los ingresos reales per cápita hayan caído drásticamente en 2024. Si la economía mundial se ralentiza más de lo previsto, como consecuencia de una política monetaria restrictiva y quizás de otros trastornos, estos resultados podrían ser fácilmente peores.

Estas pérdidas, con todo lo que significan para la difícil situación de las personas más vulnerables del mundo, reflejan el impacto de la pandemia, la guerra de Ucrania, la subida de los precios de la energía y los alimentos, el repunte de la inflación y el brusco endurecimiento de la política monetaria en los países de altos ingresos, especialmente en Estados Unidos, y la consiguiente subida del valor del dólar. Un peligro evidente ahora es que se produzca una oleada de impagos en los países en desarrollo sobreendeudados. En conjunto, estas convulsiones causarán efectos duraderos, quizás décadas perdidas, en muchos lugares vulnerables.

Precedentes

Es algo que ya ha ocurrido antes. De hecho, es lo que sucedió en Latinoamérica tras la crisis de la deuda de 1982. Esta crisis, cabe recordar, también se produjo tras un aumento del crédito privado a los países en desarrollo, lo que entonces se denominó el “reciclaje” de los superávit de los exportadores de petróleo. Desgraciadamente, a este aumento de la deuda le siguió la invasión de Irán por parte de Irak, una segunda “crisis del petróleo” (la primera fue en 1973), un repunte de la inflación, un fuerte endurecimiento de la política monetaria estadounidense y un dólar más fuerte. La consecuencia fue un desastre: una crisis de la deuda que duró una década.

Resulta inquietante que el reciente endurecimiento de la política monetaria por parte de los bancos centrales de las grandes economías que forman el Grupo de los Siete se haya parecido más a los de los años setenta y principios de los ochenta que a ninguno de los que se han producido desde entonces, tanto en velocidad como en magnitud. Según las previsiones actuales sobre los tipos de interés implícitas en el mercado, la subida acumulada se acercará a los 400 puntos básicos en 17 meses. La subida a partir de mayo de 1979 fue en última instancia mayor, pero también llevó más tiempo. Es cierto que esta vez los tipos parten de un nivel mucho más bajo. Pero eso puede no suponer tanta diferencia si la gente ha confiado en estos tipos bajos. Además, la apreciación del dólar estadounidense ha sido especialmente fuerte. Para los países que tienen una importante deuda externa denominada en la moneda estadounidense, esto también aumentará bruscamente los costes del pago de la deuda.

Es útil que en esta ocasión el endeudamiento no haya sido tanto con los bancos a tipos variables, sino en bonos, que tienen vencimientos más largos y tipos fijos. Sin embargo, una interrupción repentina del flujo de crédito provocará un estrangulamiento despiadado. El Banco Mundial muestra un aumento de 17 puntos porcentuales en los diferenciales de los bonos soberanos en divisas extranjeras de los países importadores de materias primas con calificaciones crediticias bajas en 2022. De hecho, estos países quedan excluidos de los mercados. Además, la deuda externa del África subsahariana también es elevada, superior al 40% del PIB. No es de extrañar que se haya producido un enorme descenso en la emisión de bonos públicos y privados en los países emergentes y en desarrollo desde febrero de 2022 en comparación con un año antes.

Inevitablemente, los países altamente endeudados que ya han sufrido el shock del Covid y un fuerte deterioro de su relación de intercambio al dispararse los precios de los alimentos y la energía, se verán ahora en problemas aún más graves y duraderos. Esto incluirá también a un gran número de países de bajos ingresos donde los medios de subsistencia de muchos ya están al borde de la supervivencia. Según el Banco, el número de personas que sufren “inseguridad alimentaria” (es decir, que están al borde de la inanición) en los países de bajos ingresos pasó de 56 millones en 2019 a 105 millones en 2022. ¿Cuándo podría invertirse esta tendencia?

Escenario probable

Sabemos, además, que muchos niños perdieron a sus padres durante la pandemia y que su educación también se vio gravemente afectada. Por otra parte, la inversión física se ha reducido considerablemente. Así, para el conjunto de los países emergentes y en desarrollo, el banco prevé que la inversión agregada en 2024 será un 8% inferior a la prevista en 2020. Si a esto se añade la probabilidad de sufrir problemas de deuda de larga duración y, por tanto, un cese de los flujos de capital externo, la posibilidad de una década perdida para la convergencia se convierte sin duda en algo muy probable para muchos países. Ni que decir tiene que este tampoco será un entorno en el que se hagan muchos avances en la transición energética en muchos lugares.

El Covid no fue culpa de estos países. La falta de cooperación mundial para hacerle frente no fue culpa suya. La falta de una financiación oficial externa adecuada no fue culpa suya. La inflación mundial no fue culpa suya. La guerra no fue culpa suya. Pero si los países de altos ingresos no ofrecen la ayuda que ahora evidentemente necesitan, será inequívocamente culpa suya.

Las democracias de altos ingresos desean embarcarse en una guerra de valores con China. He aquí una batalla. Hay que encontrar la manera de resolver los problemas de deuda que están surgiendo ahora de manera efectiva y no, como ocurrió en el caso de Latinoamérica, tras casi una década de pretensión. Hay que encontrar la manera de salir del círculo vicioso en el que la baja solvencia engendra diferenciales inasequibles, que engendran crisis de deuda y luego una solvencia aún más baja.

Esto no sólo redunda en el interés de los países pobres. También interesa a los ricos. Los problemas de los países frágiles y empobrecidos serán también los suyos. Es hora de hacer las cosas de otra manera. La próxima semana estudiaré cómo.


Buen fin de semana!