Comentario de mercado viernes 17 de Julio del 2026.

La moderación de los datos de inflación publicados esta semana en Estados Unidos ha reducido sensiblemente la probabilidad de que la Reserva Federal vuelva a subir los tipos de interés en su reunión de este mes, el 29 de Julio. Tras la publicación el martes de un IPC de junio más favorable de lo esperado, el índice de precios de producción que conocimos sirvió para confirmar una relajación de las presiones inflacionistas en las fases iniciales de la cadena productiva.

Destaca a final de semana la fuerte caída de las bolsas y del sector tecnológico en particular por una triple presión, la incertidumbre en torno al estrecho de Ormuz, las dudas sobre el ritmo de la inversión en inteligencia artificial y la irrupción de un nuevo modelo chino.

Empezando por lo último, un avance inesperado de la start-up china de inteligencia artificial Moonshot ha sacudido los mercados globales hoy, provocando una fuerte caída de las acciones relacionadas con la IA y los semiconductores, ya que los inversores están estableciendo paralelismos con el «momento DeepSeek» del año pasado y comienzan a cuestionarse si la enorme oleada de inversión del sector sigue estando justificada. El detonante esta vez ha sido el nuevo modelo Kimi K3 de Moonshot, que la compañía afirma que está al nivel de las mejores soluciones de OpenAI y Anthropic. El lanzamiento ha sido bautizado por los analistas como un nuevo «momento Kimi», en referencia al impacto que supuso el gran avance de la startup china DeepSeek el año pasado. La preocupación es que, si las empresas estadounidenses empiezan a utilizar más modelos chinos y menos los de Anthropic, entonces Anthropic reducirá sus inversiones. Eso significa que esas empresas estadounidenses disminuirán su gasto en inversión de capital y, al final, la demanda de chips se verá afectada. En las próximas dos semanas, muchas de las grandes compañías tecnológicas presentarán resultados, esta semana han publicado ASML y TSMC con un mensaje claro en cuanto a que la demanda vinculada a la inversión en inteligencia artificial continúa siendo sólida y mantiene una trayectoria de crecimiento. En Estados Unidos ayer cayeron en torno a un 5% Micron Technology, AMD y Broadcom, SanDisk cayó un -12,6%, y estas caídas se extendieron a la gran tecnología, con Alphabet (-4,3%) tras publicarse informaciones que apuntan al retraso del lanzamiento de su modelo de inteligencia artificial más avanzado, el Gemini 3.5 Pro. 

El Bloomberg Asian semicondutor index ha caído esta madrugada más de un 6%:

El índice de semiconductores de Filadelfia (Philadelphia Stock Exchange Semiconductor Index) ha caído más de un 10% en el último mes:

Otra de las presiones que ha tenido el mercado esta semana ha sido el repunte de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, aunque dentro de un marco que sigue apuntando a una negociación compleja y marcada por episodios de fricción. La semana pasada la noticia fue el ataque a un buque gasero catarí que transitaba por el estrecho, un incidente que desencadenó una respuesta militar inmediata por parte de Estados Unidos. La escalada llevó a Washington a no renovar la exención sobre las sanciones al petróleo iraní, aumentando la presión sobre Teherán en un momento especialmente sensible. La decisión afecta a un país que mantiene alrededor de 60 millones de barriles de capacidad flotante y que trataba de dar salida a parte de esa producción, principalmente en los mercados asiáticos. Con todo esto, la estrategia de Estados Unidos continuó caracterizándose por mensajes contradictorios. Trump llegó a declarar finalizado el Memorando de Entendimiento con Irán para, horas más tarde, matizar su posición y subrayar que las operaciones militares estadounidenses no persiguen una escalada del conflicto ni la consecución de objetivos militares permanentes en la región. Esta actitud de Donald Trump parece estar condicionada por la cercanía de las elecciones legislativas y por el limitado margen de actuación de la Administración. Por su parte, Irán también opera bajo importantes restricciones. Aunque los meses previos a los comicios norteamericanos representan una ventana de influencia especialmente relevante, el país islámico tampoco puede permitirse un retorno al bloqueo del tráfico del estrecho mientras trata de reactivar su producción. En consecuencia, la hipótesis central de la mayoría de analistas sigue siendo la de una normalización gradual y no lineal, acompañada de episodios de volatilidad hasta la consecución de un acuerdo definitivo.

La novedad esta semana ha sido el anuncio del lunes de Trump de un nuevo bloqueo marítimo a Irán y el cobro de una tasa del 20% por cruzar el Estrecho de Ormuz, sobre el que Estados Unidos se convierte en “protector”. La consecuencia fue de una subida del precio del petróleo de casi el 10%, esta subida del petróleo ha impulsado la rentabilidad de los bonos y fortalecido al dólar estadounidense, reproduciendo parcialmente el patrón observado en las primeras fases del conflicto con Irán. Las declaraciones de Trump fueron rectificadas 24 horas después (nuevo TACO) señalando que el peaje equivalente al 20% del valor del cargamento, planteado para garantizar la seguridad de los buques que transiten por el estrecho, sería sustituido por un acuerdo de inversión con los aliados del Golfo en Estados Unidos. Se trata de un convenio abierto y sin cuantías definidas, lo que constituye, de facto, un reconocimiento de que la tasa propuesta por la Administración estadounidense carecía de sentido económico. No obstante, el problema persiste y el estrecho continúa prácticamente cerrado para ambas partes. La actualización de las últimas cifras confirma, sin embargo, que la interrupción fue algo menos abrupta de lo que se estimaba inicialmente, ya que se han registrado algo más de una decena de tránsitos frente al parón casi total observado en los días previos. Esta revisión se explica porque los datos de seguimiento en tiempo real no incluyen a los buques que navegan sin emitir señal, cuyos movimientos se incorporan posteriormente una vez se confirma su paso, horas o incluso días después, tras volver a activar el transpondedor. Aun así, el tráfico sigue siendo muy reducido, situado en torno al 10% de los niveles habituales. Además, los ataques iraníes a barcos comerciales continúan, la normalización de la actividad marítima se retrasa y, en consecuencia, también lo hace la recuperación de las exportaciones de petróleo y gas de la región. Esta situación mantiene la presión sobre los precios energéticos, la referencia Brent supera hoy los 85 dólares por barril.

Straights of Hormuz East-West traffic – back to zero.

El precio del barril de Brent ha subido más de un 12% esta semana, superando los 85 dólares por barril hoy.

Precio del Brent últimos 12 meses:

Comienza la temporada de resultados trimestrales de las compañías, y por segundo trimestre consecutivo se espera un crecimiento interanual en ingresos para S&P500 superior al 20% (+23.6% para el 2T26). Como casi siempre se suelen batir expectativas de consenso en Estados Unidos, Factset estima que esta cifra incluso puede ser del +29%. S&P 500 Likely to Report Earnings Growth Above 29% for Q2.

Esta semana han sorprendido los bancos americanos. Aupados en buena medida por su operativa bursátil, la apuesta por la inteligencia artificial (IA) o la reactivación de las operaciones corporativas, los cinco mayores bancos de Wall Street han saldado el primer semestre del año con unas ganancias acumuladas de 91.000 millones de dólares, arrojando un resultado trimestral de 49.140 millones que ha batido las previsiones más optimistas de los analistas. Con todo, varios de sus CEO alertan de riesgos en el horizonte. JPMorgan Chase logró un beneficio neto de 37.649 millones de dólares en los seis primeros meses del año, un 27% más, duplicando el ritmo de acumulación de ganancias con el que arrancó el año. En el segundo trimestre logra 21.200 millones (41% más), situando el beneficio por acción en 7,71 dólares (47% más). En total, la entidad ingresó 107.183 millones en el semestre, con 31.836 millones de margen de intereses (10% más) y una aportación destacada de la división de mercados, que cosechó 12.100 millones (35% más) impulsada por el trading de renta variable. Jaime Dimon, presidente y consejero delegado de JPMorgan alertó, sin embargo, de que ciertos “riesgos se están gestando como placas tectónicas, entre ellos las tensiones geopolíticas y las guerras, la inflación persistente, los grandes déficits fiscales globales y los elevados precios de los activos”. “Preparamos a la firma para una amplia gama de escenarios”, advirtiendo que es difícil saber si los riesgos serán manejables.  Bank of America ganó a su vez 17.658 millones de dólares hasta junio, un 21,5% más, tras ingresar 61.830 millones (15% extra). El beneficio trimestral fue de 9.074 millones, un 26,6% más, elevando el beneficio por acción de 0,90 a 1,21 dólares (+34%). Citi ganó 11.616 millones de dólares, un 49% más, gracias al área bursátil que le aporta un 45% extra. El beneficio por acción aumentó de 1,96 a 3,15 dólares por la mejora de ingresos, pero decepcionó al mercado en el negocio de trading, al quedar muy por detrás de sus competidores. Wells Fargo ganó 11.660 millones un 12% más, tras ingresar 44.068 millones, lo que sube un 25% el beneficio por acción a 2 dólares. Tras ingresar un 16% en banca de inversión, su presidente y consejero delegado, Charlie Scharf, avisó de que el entorno favorable al crecimiento “no durará para siempre”. Goldman Sachs fue el que publicó los mejores números tras ganar 12.258 millones de dólares en el semestre (+45%), y firmar un trimestre récord. La entidad ingresó 37.565 millones en seis meses y elevó el beneficio por acción semestral a 38,51 euros. “Esperamos que este ciclo virtuoso continúe”, aseveró David Solomon, CEO del banco.

Las compañías americanas no relacionadas con la IA están viendo aceleración del crecimiento de beneficios:

Esta semana ha destacado la fuerte caída de IBM el martes del -25% con un decepcionante avance de resultados del Segundo Trimestre del 2026. La compañía acusa un giro drástico en el capex de sus clientes corporativos, que están priorizando la compra de infraestructura física (servidores, almacenamiento y memoria) para asegurar su suministro antes de que suban los precios. Este cambio de prioridades ha impactado muy negativamente en las ventas de su división de software y en su plataforma mainframe Z, causando el retraso en la firma de grandes contratos. 

En cuanto a la IA esta semana hemos conocido que se ha acelerado el interés en las compañías europeas y americanas por usar modelos de inteligencia artificial chinos por su menor coste:

El Skew Put/Call ha tocado mínimos, lo que significa que la cobertura del S&P 500 (protección a la inversión en el índice) está muy barata si lo compramos con el interés comprador (estar largo) del mismo. Es una dinámica clara de “risk-on” en el mercado de opciones,

Según un informe de esta semana de Apollo el flujo comprador de los inversores extranjeros en la Renta Variable americana está en máximos:

El sector de pequeñas compañías americanas (US small caps), está teniendo uno de los mejores retornos este 2026 de los últimos 20 años (https://www.ft.com/content/05ab10b5-0f7a-4f37-bf50-c80cdd928410?syn-25a6b1a6=1).

El índice de sentimiento de los inversores sigue en territorio neutral (Fear and Greed Index – Investor Sentiment | CNN).

Un análisis de Fidelity compara el comportamiento del S&P 500 durante la burbuja .com y la actual de la IA, actualmente nos encontraríamos en Diciembre del 1999, 3 meses antes del pico de la burbuja del 2000.

El posicionamiento especulativo contra el yen se encuentra en niveles extremos, aumentando el riesgo de un fuerte movimiento alcista derivado del cierre de posiciones cortas. No obstante, faltan los catalizadores que en 2024 provocaron una recuperación violenta de la divisa japonesa. El Banco de Japón sigue normalizando su política monetaria de manera gradual, mientras que la Reserva Federal mantiene un sesgo más restrictivo. Asimismo, la capacidad de intervención de las autoridades japonesas parece menos efectiva tras el efecto limitado de sus actuaciones anteriores. La debilidad del yen tiene implicaciones importantes para los mercados globales de renta fija. Por un lado, podría incentivar a los inversores japoneses a reducir sus posiciones en activos extranjeros y repatriar capital, presionando al alza las rentabilidades de los bonos soberanos estadounidenses. También aumenta la probabilidad de intervenciones cambiarias financiadas mediante ventas de reservas internacionales. Sin embargo, existe una fuerza opuesta significativa, una mayor demanda de bonos gubernamentales japoneses a largo plazo. Este flujo reduciría la rentabilidad de los bonos japonenses y, por contagio, soportaría las valoraciones de los bonos de otros mercados desarrollados. Los analistas de Julius Bäer publicaban esta semana un informe en el que consideran que este segundo efecto terminará predominando sobre el primero.

Dólar-Yen últimos 5 años (yenes por dólar):

Importante esta semana:

En Estados Unidos esta semana conocimos el dato de IPC de junio que fue mejor de lo esperado, moderándose hasta el +3,5% en tasa general frente al +3,8% que esperaba el mercado y +4,2% del mes anterior, y con la primera lectura mensual negativa, desde el inicio de la pandemia en 2020, -0,4% por debajo del -0,1% esperado, gracias a la caída del precio de la gasolina y +2,6% subyacente frente al +2,8% esperado y +2,9% anterior. Llamativo el impacto inflacionista de la IA, con el software informático +17% interanual en junio. El dato de inflación ha provocado que las probabilidades de subida de 25 puntos básicos por parte de la Fed en su reunión del 29 de Julio han caído del 43% al 17%. El presidente de la Fed, Kevin Warsh, restó importancia al dato de inflación del martes al afirmar que no considera que la institución haya cumplido todavía su objetivo, subrayando además que está «muy interesado» en desarrollar nuevos indicadores que permitan medir mejor las presiones inflacionistas y reiterando que no contempla volver a un balance tan elevado como el existente antes de la crisis financiera.

El miércoles conocimos el Libro Beige de la Fed que sirve para preparar la reunión del 29 de Julio. Se constata un crecimiento sostenido, un mercado laboral estable, mientras los precios siguen siendo elevados y con unas expectativas de inflación mixtas. La actividad económica continuó expandiéndose a un ritmo de «leve a moderado» en 11 de los 12 distritos de la Reserva Federal. El consumo privado mantiene su solidez, aunque los hogares muestran una creciente sensibilidad a los precios, especialmente por el encarecimiento de los carburantes, desplazando de la demanda hacia opciones más asequibles. En el plano laboral, el empleo registró un avance modesto con presiones salariales contenidas. Respecto a los precios, el tono general es de crecimiento estable, si bien continúa la presión por el repunte de la energía, el transporte y los aranceles, dejando unas perspectivas de inflación muy supeditadas a la evolución del crudo.

Ayer la Administración Trump anunció la imposición de un arancel general del 25% a las importaciones procedentes de Brasil. Trump alega que el país sudamericano no ha negociado “de buena fe” en materia comercial y Washington justifica la medida tras una investigación que identifica diversas prácticas consideradas discriminatorias para las empresas estadounidenses. Brasil por su parte rechaza la decisión, que califica de política, y ha anunciado que responderá mediante su ley de reciprocidad comercial. Los nuevos gravámenes, que entrarán en vigor el 22 de julio, afectarán a cerca de 11.200 millones de dólares, aproximadamente un tercio del total anual, aunque quedan exentos algunos productos estratégicos como el café, el zumo de naranja, la carne y determinados componentes aeronáuticos. La medida supone un nuevo episodio de escalada comercial entre ambos países y añade incertidumbre al comercio internacional.   

En cuanto a los datos macro de esta semana de Estados Unidos el consumo continúa mostrando una notable fortaleza. En junio, las ventas minoristas aumentaron un 0,2% mensual, moderándose desde el 1,0% registrado el mes anterior, en un contexto marcado por el descenso de los precios de los combustibles. Más relevante aún, el grupo de control, que excluye automóviles, gasolina, materiales de construcción y servicios de restauración, avanzaron un sólido 0,5%, impulsado en parte por la celebración de la Copa del Mundo en Estados Unidos y por el efecto promocional del Amazon Prime Day.

El FMI publicó este lunes un informe en el que advierte de que, si no se adoptan medidas de consolidación fiscal, el nivel de deuda pública de Europa podría llegar a duplicarse durante los próximos quince años.

China registró en junio el segundo mayor superávit comercial de su historia, impulsado por unas exportaciones que crecieron por encima de lo previsto un 27% interanual frente al 19% estimado, mientras que las importaciones también sorprendieron al alza (+36% interanual 10 puntos por encima del 26% estimado). Buena parte de este dinamismo continúa apoyándose en la demanda vinculada al ciclo de inversión en inteligencia artificial y al fuerte encarecimiento de determinados componentes tecnológicos. Las exportaciones de semiconductores aumentaron un +122% interanual, su mayor avance en trece años, aunque las ventas medidas por volumen descendieron un -0,4%, reflejando el impacto del alza de precios. Lo mismo se observó en los ordenadores y sus componentes, cuyas exportaciones crecieron un +53%. El impulso exportador chino comenzó a extenderse más allá de los productos relacionados con la inteligencia artificial. De hecho, los segmentos de semiconductores y equipos informáticos explicaron algo más de un tercio del crecimiento de las exportaciones en junio, frente a cerca de la mitad en abril y mayo. En paralelo, las exportaciones de vehículos superaron por primera vez el millón de unidades en un solo mes. En contraste con la fortaleza del comercio exterior, los datos también mostraron una marcada debilidad en las compras de crudo. Las importaciones de petróleo se desplomaron un -41% interanual hasta 29 millones de toneladas, lo que equivale a casi 7 millones de barriles al día, el menor volumen registrado por China en casi una década. Este comportamiento refuerza el papel cada vez más relevante del país en el equilibrio del mercado energético global, después de haber reducido significativamente sus adquisiciones externas desde el inicio del conflicto en Oriente Medio

Siguiendo en China el martes por la noche conocimos dato de crecimiento del PIB, la economía china creció un 4,3% interanual durante el segundo trimestre, por debajo del 4,5% esperado por el consenso. Sin embargo, los datos correspondientes al mes de junio ofrecieron un tono más favorable, ya que tanto la producción industrial como las ventas al por menor superaron las previsiones del mercado, sugiriendo una mejora parcial al cierre del trimestre.

En Japón el Ministerio de Finanzas continúa explorando fórmulas para reforzar la demanda doméstica de deuda soberana. En esta ocasión, el ministro Katayama planteó la posibilidad de crear cuentas exentas de impuestos para invertir en bonos del Estado y confirmó que el fondo público de pensiones GPIF revisará la composición de su cartera de inversiones

En el Reino Unido, el próximo primer ministro británico, Andy Burnham, afirmó que está considerando la posibilidad de aumentar determinados impuestos. Estas declaraciones reflejan el creciente debate existente en el país sobre la necesidad de incrementar los ingresos públicos para hacer frente al deterioro de las finanzas públicas y financiar un mayor gasto en servicios públicos


La verdadera batalla de la renta fija no es la inflación, sino las expectativas. Sam Vereecke. CIO de Renta Fija en DPAM.

La inflación es, por definición, un indicador rezagado. Para cuando los datos oficiales del IPC confirman que las presiones sobre los precios están aumentando o disminuyendo, los mercados ya llevan semanas, a menudo meses o incluso años, intentando anticipar ese resultado. Por ello, los inversores en renta fija dedican tanto tiempo a los indicadores de mercado sobre las expectativas de inflación. Aunque no son del todo perfectas, ofrecen una visión prospectiva sobre dónde se espera que se sitúe la inflación en distintos horizontes temporales. Por lo tanto, antes de preguntarnos qué implica hoy la inflación para los mercados, conviene empezar por entender cómo se miden esas expectativas y cómo ayudan a inversores y responsables de política monetaria a valorar cuál debe ser la respuesta adecuada de los bancos centrales.

El punto de partida es el mercado de bonos ligados a la inflación. Estos instrumentos compensan a los inversores por el aumento efectivo del coste de la vida, al vincular el capital, los cupones, o ambos, a un índice de referencia. En términos sencillos, permiten separar la rentabilidad real de la compensación derivada de la pérdida de poder adquisitivo.

Comparar la rentabilidad de un bono nominal con la de un bono ligado a la inflación, de vencimiento similar, permite calcular una tasa implícita de inflación; es decir, el umbral a partir del cual un inversor sería indiferente entre ambos instrumentos. Este indicador ofrece una estimación de las expectativas medias del mercado sobre la evolución de los precios en ese horizonte temporal.

Este mercado al contado da lugar, de forma natural, a un mercado de derivados. Los inflation swaps permiten a los inversores intercambiar una tasa fija de inflación por la inflación efectivamente registrada durante un periodo determinado, sin necesidad de operar con los bonos subyacentes. En la práctica, los swaps suelen ofrecer una lectura más precisa de las valoraciones del mercado, ya que aíslan de forma más directa el componente inflacionario y pueden observarse a lo largo de un amplio rango de vencimientos. Esto los convierte en herramientas especialmente útiles para seguir la evolución de las expectativas de inflación desde los plazos más cortos a los más largos de la curva.

Uno de los indicadores más seguidos es el swap de inflación implícita 5y5y, que mide las expectativas del mercado sobre la inflación media durante el quinquenio que se iniciará dentro de cinco años. Es decir, no refleja una expectativa sobre dónde estará la inflación el próximo año ni durante los próximos cinco años, sino una visión sobre cuál será la inflación media esperada entre los años seis y diez. Esto es relevante porque elimina gran parte del ruido asociado a movimientos energéticos de corto plazo, efectos base y perturbaciones temporales.

Para los bancos centrales y los inversores a largo plazo, constituye un indicador útil para evaluar si las expectativas de inflación permanecen ancladas. Aunque no es una medida pura de expectativas, ya que también incorpora primas de riesgo y factores técnicos del mercado, sigue siendo uno de los mejores indicadores de mercado sobre la credibilidad de la inflación a largo plazo.

Renovado riesgo alcista

Las expectativas de inflación a corto plazo han vuelto a aumentar de manera significativa. El swap a un año ha repuntado notablemente y el tramo a dos años ha seguido la misma tendencia. Esto es coherente con un mercado que percibe un renovado riesgo alcista para la inflación en el corto plazo, especialmente a través de la energía y de otros factores sensibles al contexto geopolítico. Los acontecimientos en Oriente Próximo han añadido una nueva capa de incertidumbre, y es precisamente en el tramo corto donde esa incertidumbre se refleja primero.

El aspecto más relevante es lo que aún no ha sucedido. Los swaps de inflación a más largo plazo, incluidos los correspondientes al vencimiento a diez años y al forward 5y5y, han aumentado, pero solo de forma moderada en comparación con el tramo corto. En otras palabras, el mercado está reajustando la trayectoria de la inflación a corto plazo, pero no está descontando todavía un régimen estructuralmente más inflacionista. Se trata de una distinción significativa.

Un repunte en las valoraciones de inflación del tramo corto puede reflejar shocks inmediatos de oferta y primas de riesgo. Un movimiento contundente del 5y5y indicaría algo más preocupante: que los inversores comienzan a cuestionar el anclaje de las expectativas de inflación a medio plazo.

Por el momento, ese no parece ser el mensaje del mercado. La forma de la curva sigue sugiriendo que los participantes esperan que los riesgos inflacionarios actuales se desvanezcan con el tiempo, en lugar de intensificarse de manera indefinida. Las expectativas de inflación a corto plazo se han vuelto más inestables, pero las de largo plazo permanecen, en términos generales, ancladas. Para los inversores en renta fija, esta es la principal conclusión. El mercado continúa diferenciando entre presiones inflacionarias temporales y un desanclaje duradero de las expectativas.

La cuestión ahora es si este fenómeno seguirá siendo un shock relativo de precios o si comenzará a generar efectos de segunda ronda más amplios. Este es el riesgo que los bancos centrales deberán vigilar estrechamente. Al mismo tiempo, también tendrán que reconocer que este tipo de perturbaciones probablemente afectarán negativamente a las rentas reales y al dinamismo subyacente del crecimiento económico.

El reto de política monetaria consiste, por tanto, en encontrar el equilibrio: contener cualquier señal de que las presiones temporales sobre los precios están arraigándose, sin endurecer las condiciones financieras de forma tan agresiva que se intensifique la desaceleración de la actividad económica. Por ahora, mientras las expectativas de inflación a largo plazo sigan razonablemente ancladas, el argumento a favor de la vigilancia resulta más sólido que el de una respuesta automática de política monetaria.


Caída de los chips, ¿y ahora qué? Sumant Wahi, gestor de carteras de Man Group especializado en valores tecnológicos.

¿Está llegando a su fin la fase fácil del mercado de los semiconductores? Las fluctuaciones de las acciones tecnológicas de esta semana sugieren que podría ser así. Durante gran parte de este ciclo, bastaba con tener posiciones en el sector, pero cada vez es más difícil ver cómo eso sigue funcionando.

Estamos viendo más indicios de que la escasez de oferta de memoria, que ha sustentado gran parte del reciente repunte, está empezando a aliviarse en cierta medida, con los productores chinos volviendo a entrar en escena como proveedores competitivos. Incluso los mayores optimistas del sector de los chips parecen aceptar ahora que el poder de fijación de precios de los tokens se está desvaneciendo.

Que se trate de nerviosismo de la segunda mitad del año tras una racha fenomenal o de algo más cercano a un pico dependerá de lo que digan las grandes empresas tecnológicas en los próximos días durante las presentaciones de resultados del segundo trimestre. En cualquier caso, la magnitud de los movimientos del mercado ya nos dice dos cosas: cuánto apalancamiento y dinero a corto plazo se había acumulado en estos valores, y hasta qué punto el mercado ha empezado a preocuparse por el riesgo sistémico que supone apostar, con dinero prestado, a que la tendencia de la IA es una calle de sentido único.

¿Dónde están las próximas oportunidades en IA?

Nada avanza en línea recta, por mucho que sugieran las hojas de cálculo que extrapolan un crecimiento lineal. Para nosotros, el abanico de oportunidades se está ampliando ahora más allá de los facilitadores de la IA (los fabricantes de chips) hacia los constructores y los beneficiarios: aquellas empresas que están creando la siguiente capa de la pila tecnológica y aquellas que se beneficiarán de su uso.

Como señalamos en nuestras últimas perspectivas sobre el sector tecnológico la semana pasada, la tendencia de la IA ha pasado de ser un repunte temático generalizado a algo mucho más táctico. Señalamos el impulso en Corea como uno de los rincones más tensionados del mercado, y esta semana nos recuerda por qué.

El núcleo de nuestra perspectiva para lo que queda de año es el cambio de apostar por el tema en su conjunto a seleccionar dentro de él, ya que hemos visto cómo el mercado empieza a distinguir entre ganadores y perdedores a lo largo de la pila tecnológica. El capital está rotando rápidamente hacia la parte de la cadena que se encuentra más ajustada, desde los procesadores gráficos hasta la memoria, pasando por la óptica y, más recientemente, la capacidad de producción de obleas.

Semiconductores: los principales riesgos para el sector

En cuanto a los semiconductores, señalamos que se trata de la burbuja que todo el mundo ve y de la que nadie quiere salir. Los inversores pueden reconocer la brecha entre las valoraciones de los chips y los flujos de caja más abajo en la cadena, pero vender pronto conlleva el riesgo de un rendimiento significativamente inferior, por lo que la tentación es mantener la inversión. Esto crea una base frágil, lo que explica en parte los movimientos volátiles cuando cambia el sentimiento del mercado.

Consideramos que el sector se enfrenta a dos posibles riesgos clave. El primero es la concentración: gran parte del gasto de los grandes proveedores de servicios en la nube se basa ahora en las promesas de un pequeño número de empresas desarrolladoras de modelos, lo que deja expuesta toda la capa de infraestructura si se retrasa la monetización de la IA.

Figura 1. Compromisos de gasto de OpenAI y Anthropic frente a la cartera de ingresos de los proveedores de servicios en la nube


Fuente: Documentación de las empresas a 30 de abril de 2026.

El segundo es China, cuyo papel, en nuestra opinión, sigue infravalorado. Ha reducido en gran medida su retraso en la fabricación de chips y, lo que es más revelador, ha entrado en la capa de modelos, donde los sistemas nacionales de código abierto compiten duramente en cuanto a costes. Para cargas de trabajo de gran volumen, los argumentos a favor de su uso se han ido reforzando.

Figura 2: Uso de tokens por tipo de fuente



Fuente: Openrouter, a 26 de junio de 2026.

La cartera de salidas a bolsa

Nuestro informe también destaca cómo los ciclos tecnológicos tienden a monetizarse por oleadas. Primero son los semiconductores, luego la infraestructura y los constructores, y finalmente el software y los servicios que se suman a todo ello. La primera oleada de valor de la IA recayó de forma abrumadora en los fabricantes de chips; la segunda está llegando ahora a los constructores, los hiperescaladores y las empresas de modelos, varias de las cuales se espera que salgan a bolsa en los próximos 12 meses.

Vemos oportunidades en la cartera de OPV, pero la pregunta clave es qué sucederá en los seis meses posteriores a la salida a bolsa de las empresas. Al igual que en el año 2000, no suelen ser las salidas a bolsa las que rompen un mercado, sino los posteriores vencimientos de los períodos de bloqueo (lock-up), cuando los primeros inversores venden para reinvertir en el siguiente ciclo. Ese mismo reloj ya está en marcha, y es probable que el punto crítico se alcance en 2027.

Reflexiones finales

Mientras suene la música, nadie quiere dejar de bailar, y todos los presentes saben que la música se detendrá, aunque nadie pueda decir cuándo. La convicción debe ir de la mano de la humildad. La respuesta sensata no es abandonar la pista, sino bailar más cerca de la puerta; es decir, pasar de una exposición amplia a un posicionamiento más selectivo, y observar en qué eslabón de la cadena se genera realmente el dinero, en lugar de limitarse a las promesas.


¿Qué economía es mejor, Estados Unidos o Europa? Martin Wolf. Financial Times.

La opinión generalizada, no solo en Estados Unidos, es que la economía europea actual está en decadencia. Como señala el premio Nobel Paul Krugman en un reciente artículo sobre este tema, que a su vez se basa en un importante estudio de Seth Ackerman, “existe… la percepción generalizada de que Europa vive de sus glorias pasadas, que se está quedando atrás con respecto a Estados Unidos y China de maneras que socavarán su capacidad para mantener su posición económica en el mundo”. De hecho, este mismo temor impulsa informes recientes publicados en Europa, en concreto el influyente análisis de Mario Draghi, publicado en 2024.

Hacer este tipo de comparaciones es complicado. No cabe duda, por ejemplo, de que Estados Unidos lleva mucho tiempo en otra liga en lo que respecta a tecnologías digitales avanzadas y, hoy en día en concreto, a la inteligencia artificial. Además, ser un solo Estado le otorga a Estados Unidos una ventaja insuperable a la hora de crear y ejercer instrumentos de poder nacional. Al mismo tiempo, debemos recordar aquellas palabras sobre “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” en la Declaración de Independencia.

La esperanza de vida de los hombres estadounidenses era de 76,5 años en 2024, frente a la media de 80,5 en países de ingresos altos comparables. Para las mujeres, era de 81,4 años, frente a 84,8. Esto a pesar de destinar una proporción mucho mayor de su PIB a la salud.

La tasa de homicidios en Estados Unidos ascendía a 5,9 por cada 100.000 habitantes en 2023, frente a 1,3 en Francia y 0,9 en Alemania. Su población que está en las cárceles era de 542 por cada 100.000 habitantes en 2023, frente a 130 en Francia y 69 en Alemania. Por lo tanto, si se adopta una perspectiva más amplia del bienestar humano, EEUU está muy lejos de ser superior. De hecho, podría decirse que ocurre lo contrario si se compara con los objetivos de sus fundadores. Sin embargo, ¿qué ocurre con la economía definida más estrictamente como la capacidad de producir los bienes y servicios que se miden en el PIB?

Aquí, argumenta Krugman, encontramos una paradoja fascinante que también desmiente la sabiduría convencional sobre el fracaso económico europeo. Sugiere que existen dos maneras de comparar el desempeño del PIB: el crecimiento del PIB real per cápita durante un período; y el nivel relativo del PIB per cápita en un año determinado. Si se compara el crecimiento de Estados Unidos con el de la zona euro desde el año 2000, su desempeño es enormemente superior. Pero si se compara el PIB per cápita relativo, esto no es cierto: el PIB per cápita de la zona euro ha aumentado en relación con el de Estados Unidos.

Maneras de medir

¿Cómo es posible que una economía crezca más rápido que otra y no termine siendo relativamente más rica que al principio? Para comprender esto, es necesario abordar las diferencias entre lo que se mide y cómo se mide. Estas diferencias evidencian la complejidad de hacer cálculos de este tipo.

¿Qué explica la discrepancia en el crecimiento del PIB per cápita? Sorprendentemente, aunque el sector tecnológico representaba solo el 9,2% del PIB estadounidense, frente al 5,4% del de la UE, casi la mitad de la diferencia en el crecimiento de la productividad entre ambas economías se explicaba por las diferencias en el tamaño relativo de este sector. Además, el crecimiento de la productividad en el sector tecnológico de la UE (relativamente pequeño) también se midió como inferior al del sector estadounidense. Por tanto, en conjunto, el sector tecnológico por sí solo explica bastante más de la mitad de la diferencia total en el crecimiento del PIB per cápita.

Una explicación relacionada con la diferencia radica en los problemas para medir el crecimiento. El extraordinario y rápido crecimiento de la productividad reportado en el sector tecnológico estadounidense depende de ajustes hedónicos en los precios de los productos. Esto implica calcular el valor que los consumidores otorgan al aumento de la capacidad de procesamiento. Pero tales mediciones son inherentemente inciertas. Por esta razón, el mayor crecimiento de la productividad en el sector tecnológico estadounidense (y, por ende, del PIB per cápita en EEUU) es cuestionable, no porque sea erróneo, sino porque se trata de una cuestión de criterio. Cabe destacar además que el crecimiento de la productividad de sectores distintos al tecnológico, en ambas economías, que constituyen la mayor parte de las mismas, es bastante parecido.

El problema de comparar el PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo entre países en un momento dado también es complejo, pero más sencillo. No es necesario comparar el automóvil actual con uno de hace dos décadas, sino con uno de EEUU y Europa en un año determinado y luego valorarlos ambos al mismo precio. Esto se ha hecho en el Programa de Comparación Internacional del Banco Mundial durante más de medio siglo. Es la única forma sensata de comparar los niveles de vida entre países: el PIB per cápita monetario es demasiado volátil y, sobre todo, distorsiona enormemente las comparaciones de bienes no comerciables. Entre dos economías relativamente similares, como Estados Unidos y Europa, estas medidas serán razonablemente sólidas.

También existen algunas complejidades derivadas del hecho de que el consumo real por hora en Europa ha crecido más lentamente que en Estados Unidos. Sin embargo, esto también puede explicarse en parte por las diferencias en los ajustes hedónicos. Además, Krugman señala que las comparaciones directas del consumo per cápita muestran el mismo patrón a lo largo del tiempo que el PIB per cápita.

Entonces, ¿qué explica esta paradoja? La respuesta, según explica un modelo sencillo, es que el sector tecnológico estadounidense es proveedor de un bien público global: la tecnología más avanzada. Esto beneficia por igual al mundo no tecnológico, tanto a nivel nacional como internacional, y mantiene los niveles de vida relativos. Sin duda, los propietarios de empresas tecnológicas estadounidenses se benefician de su rentabilidad. Pero pueden vivir (y, de hecho, viven) en cualquier lugar.

La conclusión es que Europa no sufre ninguna desventaja en términos de bienestar relativo con respecto a Estados Unidos. Pero –y este es un punto fundamental–, en efecto, es mucho más débil. Sobre todo, su capacidad para aprovechar los avances tecnológicos logrados en Estados Unidos depende del acceso a suministros estadounidenses. Las grandes amenazas a las que se enfrenta Europa no son meramente económicas. Son amenazas a la seguridad y la defensa. Debe hacerles frente.


¡Buen fin de semana!

Comentario de mercado Viernes 3 de Julio del 2026.

Esta semana han destacado los flojos datos de empleo en Estados Unidos que han reducido las probabilidades asignadas por el mercado a una subida de la Fed en 2026 hasta el 76% y han hecho que las bolsas subieron, volvemos al ciclo de que malos datos macro son buenos para las Bolsas porque provocarán una actitud menos agresiva por parte de los bancos centrales…como digo, ayerel informe oficial de empleo de junio en Estados Unidos sorprendió a la baja, con una moderación superior a la esperada en la creación de empleo, +57.000 frente a los +113.000 esperados y con revisión a la baja de los dos meses anteriores en -74.000, por debajo del promedio mensual de este año (+99.000), aunque la tasa de paro retrocedió a 4,2% una décima menor que el 4,3% anterior ante una menor tasa de participación.

Este mes de Junio las Bolsas han cerrado su mejor trimestre desde el año 2020.

Fuentes del Wall Street Journal señalaban esta semana que Trump fue informado sobre posibles nuevos ataques militares contra Irán, aunque finalmente optó por mantener abierta, por el momento, la vía diplomática. Por otra parte, varios países del Golfo estarían explorando la posibilidad de alcanzar acuerdos de seguridad directamente con Irán, reduciendo parcialmente su dependencia de la protección estadounidense.

Toda la incertidumbre geopolítica en torno al conflicto en Oriente Medio ha hecho que se incremente la correlación entre la evolución del precio del crudo Brent y las expectativas de tipos de interés del Banco de Inglaterra (BoE). Tras el estallido del conflicto con Irán, el mercado consideró que la economía británica era especialmente vulnerable a las presiones inflacionistas derivadas del encarecimiento de la energía, lo que llevó a los inversores a anticipar una mayor probabilidad de que el Banco de Inglaterra tuviera que endurecer su política monetaria mediante nuevas subidas de tipos. Sin embargo, la situación también ha evolucionado en sentido contrario. A medida que el precio del petróleo ha retrocedido hasta los niveles previos al conflicto, las expectativas de tipos en el Reino Unido han experimentado una corrección más acusada, reflejando una menor necesidad de endurecimiento monetario. De cara a la próxima reunión del Comité de Política Monetaria, prevista para el 30 de julio, el consenso del mercado se ha desplazado hacia un escenario de mantenimiento de los tipos de interés, con una creciente expectativa de que el Banco de Inglaterra opte por mantener sin cambios su actual postura monetaria

En cuanto a los precios del petróleo esta semana Kepler Chrevreux publicaba esta semana un informe en el que reflejaban cómo el crudo está fluyendo más de lo esperado y ahora ven un exceso de oferta de barriles en 2027 de 4,9 millones de barriles al día frente a los 4,7 que estimaban previamente.

El índice de semiconductores (SOX Index) ha tenido su mejor trimestre (+87,75%) desde su creación en 1993, superando el +68% que hice en el primer trimestre del 2020. Su comportamiento frente al del principal índice tecnológico americano (Nasdaq 100) es sorprendente, en lo que va del año, hasta el 30 de Junio, el SOX ha subido un 100% frente a la subida del 16% del Nasdaq.

SOX Index 2026:

SOX Index Vs Nasdaq 100 Index 2026:

Por otro lado, la valoración de las 7 Magníficas frente al resto del mercado americano (S&P 493) ha vuelto a mínimos de la última década confirmando la rotación que está habiendo en la Renta Variable a sectores más de calidad y defensivos (062826-Mag7.pdf). El flujo comprador del inversor minorista americano en las 7 Magníficas es el menor de los últimos 4 años (YOLO Crowd Wants Little to Do With Tech Megacaps It Once Adored – Bloomberg), sin embargo en Junio se ha visto un flujo comprador récord en la Renta Variable americana.

El sentimiento en el sector tecnológico ha bajado mucho desde los máximos de comienzo de año, según Sentiment Matters que analiza los artículos e informes de las gestoras de fondos de inversión:

Cuando el S&P 500 ha subido más de un 10% en el segundo trimestre del año es una señal alcista para el resto del año el 89% de las veces históricamente con una rentabilidad media del 11,7%.

Los últimos 11 meses de Julio han sido positivos para el S&P 500, veremos este año:

Doce sesiones después de su estreno en Bolsa, SpaceX desembarca en los grandes índices de Wall Street. Este lunes debutó en el Russell 1000, y el próximo 7 de julio, la empresa se incorporará al índice de valores tecnológicos Nasdaq 100. La inclusión en los grandes índices es exprés y se produce después de que SpaceX haya acumulado una subida del 21,5% desde que saltó al parqué bursátil americano, hasta los 164 dólares, desde los 135 dólares de su salida a Bolsa. La incorporación de SpaceX al índice Russell 1000 tiene un primer impacto inmediato, todos los ETF y fondos que replican índices deberán adquirir acciones de SpaceX en proporción a su ponderación. Aunque la incorporación efectiva en el Russell 1000 fue el lunes, los ajustes de los ETF y fondos indexados que siguen el índice Russell fueron ejecutados el pasado 26 de junio por la tarde. Es decir, reequilibraron su cartera para ajustarse a la nueva lista de componentes. Esto implica vender todas las cotizadas que se retiran y comprar todas las que se incorporan, de forma simultánea, en proporción a sus ponderaciones en el índice. Un proceso que, unido al inminente salto al Nasdaq 100, provocará según los analistas de Bankinter, un “aumento de la volatilidad en la cotización”. Los rebalanceos de las posiciones se ejecutan trimestralmente. Entre las incorporaciones más destacadas en el Russell 1000, además de SpaceX, también figura CoreWeave. También habrá cambios relevantes en las grandes ponderaciones del índice. Nvidia pasa a ocupar el primer puesto como principal componente, desplazando a Apple, que cae hasta la tercera posición. Walmart, por su parte, entrará en el grupo de los diez mayores valores con mayor peso en el índice. Poco después de la salida a Bolsa, SpaceX lanzó una emisión de bonos de 25.000 millones de dólares, en la que recibió una demanda de 90.000 millones de dólares, gracias a la elevada rentabilidad que ofrecía. La compañía reconoce que seguirá necesitando miles de millones de dólares en inversión, ya que entre sus objetivos más inmediatos figura el despliegue de más de 100.000 satélites para comunicaciones, así como el desarrollo de centros de datos espaciales destinados a aplicaciones de inteligencia artificial.

Cotización acción de SpaceX desde su salida a Bolsa:

El Bitcoin ha sufrido pérdidas de más del 20% y su precio se ha hundido a mínimos de septiembre de 2024, en 58.418 dólares. Es su peor mes desde junio de 2022, tras la quiebra de FTX. La preocupación por la inflación, las fuertes salidas de capital de los ETF y el sentimiento generalizado de aversión al riesgo han lastrado los mercados de criptoactivos. En junio, los ETF de bitcoin han registrado salidas netas de más de 4.000 millones de dólares en Estados Unidos, el peor mes de su historia desde que hay registros, el anterior pico de reembolsos fue el pasado febrero, por valor de 3.560 millones de dólares. A ello se suma la actividad de Strategy, la empresa con la mayor tesorería de bitcoin del mundo. La compañía ha reformado su modelo de financiación y ha autorizado un nuevo programa de monetización de bitcoin. Este programa le otorga flexibilidad para vender la criptomoneda, recomprar valores y preservar la liquidez. Strategy ya ha anunciado que podría vender hasta 1.250 millones de dólares de bitcoin. En el año, la criptomoneda pierde un 33%. Desde que marcó máximos históricos el pasado octubre, en los 125.000 dólares, el desplome se agranda hasta el 53%.

Cotización del Bitcoin desde Julio del 2024:

En breve comenzará la temporada de resultados del Segundo Trimestre del 2026, donde el consenso de analistas espera un crecimiento del Beneficio por Acción para el 2T26 del S&P 500 superior al 20% por segundo trimestre consecutivo, tras haber mejorado las estimaciones en un 3,4% desde principios del trimestre. Destaca la fuerte concentración de la mejora de previsiones en dos sectores, Energía (+62%) y Tecnología de la Información (+9%). Para el conjunto del S&P500, se espera BPA subiendo un 23,3% interanual para el 2T26, en lo que sería el séptimo trimestre consecutivo de crecimiento de doble dígito, e ingresos +12,2% interanual, que supondría el segundo trimestre consecutivo de crecimiento de doble dígito y el mayor ritmo de incremento desde el segundo trimestre del 2022. La temporada de resultados americanos comenzará la próxima semana, pero será a partir del 14 de julio cuando cobre relevancia con la publicación de la banca de inversión.

Importante esta semana:

Trump amenazó el fin de semana pasado con imponer aranceles del 100% a numerosos países europeos que mantengan impuestos sobre los servicios digitales aplicados a grandes compañías tecnológicas estadounidenses. La advertencia tendría efecto inmediato si dichos gravámenes no son eliminados.

La Administración Trump confirmó ayer que no prorrogará el acuerdo comercial acuerdo entre Estados Unidos, México y Canadá (USMCA) en su formato actual y que buscará negociar acuerdos bilaterales independientes con Canadá y México con una duración de diez años.

El Financial Times publicaba ayer que OpenAI habría discutido la posibilidad de ceder una participación del 5% al Gobierno estadounidense, reflejando la creciente importancia estratégica que Washington otorga al desarrollo de la IA.

El nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, intervino este miércoles en el foro de banqueros centrales celebrado en Sintra, por un lado, lanzó un mensaje contundente de independencia en las decisiones de la Reserva Federal, al defender que no renunciará a su compromiso con la estabilidad de precios y afirmando que “si hay gente que pensaba que toleraríamos una inflación por encima del objetivo, quedarán decepcionados”. Esta declaración supone además un claro distanciamiento respecto a las presiones a favor de una rebaja de tipos defendidas por Trump. Además, volvió a abordar su deseo de una autoridad monetaria menos comunicativa, lo que implicaría la eliminación del dot plot o ruedas de prensa más breves, como en la última reunión. A su juicio, un exceso de comunicación puede dificultar la toma de decisiones y sentenció que “debemos acabar con ellas”.

El lunes Estados Unidos e Irán acordaron detener los ataques y reanudar esta misma semana en Catar las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, después de varios intercambios de ataques durante el fin de semana pasado que hicieron temer una nueva escalada. Paralelamente, Estados Unidos, Israel y Líbano habrían alcanzado un acuerdo marco para tratar de poner fin al conflicto en la frontera norte de Israel, aunque Hezbolá ya ha rechazado públicamente dicho acuerdo. Además, Omán ha advertido a sus socios de que los buques que atraviesen el Estrecho de Ormuz podrían tener que pagar nuevas tasas por el tránsito.

Las autoridades iraníes reiteraron esta semana que mantienen su determinación de controlar el tráfico por el Estrecho de Ormuz y confirmaron que una delegación viajará a Qatar en los próximos días, aunque descartaron que existan negociaciones directas con Estados Unidos a corto plazo.

En el lado macroeconómico, el viernes pasado se publicó en Estados Unidos el deflactor del gasto en consumo personal (PCE), que es el indicador de inflación favorito de la Fed, correspondiente a mayo. La tasa subyacente repuntó una décima, hasta el 3,4 % interanual, alcanzando su nivel más elevado desde 2023 y confirmando que las presiones inflacionistas siguen presentes en la economía.

Siguiendo con los datos macro de esta semana en Estados Unidos, la encuesta de creación de empleo privado elaborada por la empresa ADP volvió a mostrar fortaleza, concluyendo la primera mitad del año con el mayor aumento de puestos (463.000) en dos años. En el mes de junio, las nóminas del sector privado aumentaron en 98.000 puestos de trabajo, tras el incremento de 122.000 registrado el mes anterior. Aunque la cifra quedó por debajo de los 120.000 empleos esperados, sigue apoyando la percepción de que el mercado laboral estadounidense ha ganado fortaleza tras un 2025 de debilidad. Además, la creación de empleo fue generalizada tanto por sectores como por regiones y tamaños de empresa. El aumento del empleo estuvo liderado por los sectores de educación y sanidad, que concentraron aproximadamente la mitad de las nuevas contrataciones. Les siguieron las actividades de comercio, transporte y suministros, así como los servicios financieros. 

También esta semana en Estados Unidos se publicó el dato de confianza empresarial manufacturera (ISM), que dejaba señales mixtas en junio. En concreto, el índice agregado retrocedió siete décimas hasta 53,3, lastrado en gran medida por el subcomponente de nuevos pedidos que cayó ocho décimas hasta 56. Por el lado más positivo, el subíndice de empleo repuntó hasta 49,7 desde el 48,6 previo, cerca de territorio de expansión, mientras que el de precios pagados cayó con fuerza hasta 73 desde 82,1, cada vez más cerca del 70,5 observado antes del conflicto.

Beth Hammack, presidenta de la Reserva Federal de Cleveland y miembro de la Fed, afirmó que, si las presiones inflacionistas no remiten en los próximos meses, la Fed podría verse obligada a volver a subir los tipos de interés. Aunque insistió en que cada reunión dependerá de los datos y evitó comprometer un calendario concreto, subrayó que la inflación continúa siendo demasiado elevada y que la economía estadounidense sigue mostrando una fortaleza suficiente como para soportar una política monetaria restrictiva.

En Europa fuentes del Banco Central Europeo citadas por Reuters señalaron que la institución continúa considerando que septiembre sigue siendo el momento más probable para volver a subir los tipos de interés. No obstante, reconocen que un dato de inflación de junio superior al esperado fortalecería el argumento de quienes defienden actuar ya en la reunión de julio, especialmente si la inflación subyacente continúa mostrando una elevada persistencia. Durante la inauguración del Foro de Sintra, la presidenta del BCE Lagarde defendió que la economía europea ha ganado una fortaleza suficiente como para que el BCE pueda volver a hacer política monetaria «de forma convencional», utilizando los tipos de interés como principal instrumento, actuando de manera gradual y tomando las decisiones reunión a reunión en función de los datos, sin recurrir a compromisos explícitos sobre la senda futura de los tipos. Según Lagarde, esta mayor capacidad de resistencia se debe tanto al fortalecimiento de la arquitectura institucional europea, con mecanismos como el Instrumento para la Protección de la Transmisión (TPI), la unión bancaria o los instrumentos fiscales comunes, como a unas expectativas de inflación mejor ancladas y a una menor dependencia energética en algunos países gracias al avance de la transición energética. No obstante, advirtió que el entorno sigue siendo extraordinariamente incierto, con shocks geopolíticos que pueden intensificarse o revertirse con gran rapidez, como ha ocurrido recientemente en Oriente Próximo. Precisamente por ello, defendió que el BCE debe apoyarse cada vez más en indicadores de inflación subyacente, mejores modelos de previsión y análisis de escenarios alternativos para calibrar sus decisiones, en lugar de ofrecer una forward guidance rígida.

Este miércoles entraron en vigor las medidas de la Unión Europea contra el creciente flujo de importaciones procedentes de China, la medida consiste en una tasa de 3€ por cada artículo adquirido online con un valor inferior a 150€ y una cuota arancelaria del 50% sobre el acero. Aunque ninguna de estas iniciativas menciona explícitamente a China y su aplicación se extiende a todos los socios comerciales de la UE, su impacto recaerá principalmente sobre las importaciones chinas. En 2025, la Unión Europea importó cerca de 5.900 millones de euros en productos low-cost, de los cuales un 90% procedía de China. En el caso del acero los cinco principales proveedores extracomunitarios son Turquía, India, Corea del Sur, Vietnam y China. No obstante, la Comisión Europea contempla condiciones más favorables para aquellos países con los que mantiene acuerdos comerciales, una circunstancia que no incluye a China ni a Vietnam. Respecto a la tasa aplicada al comercio electrónico, el gravamen de 3€ se abonará por artículo y no por paquete. Así, un pedido de dos productos con un valor individual inferior a 150€ soportará un coste adicional total de 6€. Con esta medida, Bruselas busca proteger al comercio tradicional frente a la creciente competencia de las plataformas de bajo coste, obtener recursos para reforzar unos servicios aduaneros cada vez más saturados y mejorar los controles sobre este tipo de mercancías para garantizar el cumplimiento de la normativa comunitaria. Según la propia Comisión Europea, más del 60% de estos productos presentaban algún tipo de incumplimiento de los estándares europeos. Además, el nuevo mecanismo sobre el acero busca reducir la dependencia de las importaciones, con el objetivo de recortar los volúmenes importados en un -47% respecto al año anterior, y elevar la utilización de la capacidad productiva de la industria europea, actualmente del 67%, hasta el 80% que persigue la Comisión. Para ello, la UE permitirá la entrada de hasta 18,3 millones de toneladas de acero libres de aranceles. Una vez superado ese umbral, las importaciones adicionales estarán sujetas a un gravamen del 50%. (https://www.reuters.com/business/retail-consumer/eu-slaps-3-fee-cheap-ecommerce-parcels-blow-shein-temu-aliexpress-2026-07-01/).

Putin afirmó este lunes que espera que los negociadores estadounidenses viajen próximamente a Moscú para continuar las conversaciones sobre un posible acuerdo de paz en Ucrania, una vez que Washington pueda dedicar menos atención al conflicto con Irán

En su informe anual, el Banco de Pagos Internacionales (BIS) advertía esta semana de que la combinación de elevados niveles de deuda pública y una creciente dependencia de inversores no bancarios está modificando el funcionamiento de los mercados de deuda soberana, aumentando la probabilidad de episodios de fuerte volatilidad en las rentabilidades de los bonos soberanos. El organismo considera que los elevados niveles de deuda pública limitan el margen de actuación de los bancos centrales y podrían hacer más persistentes los episodios inflacionistas futuros.

En China esta semana conocimos los índices PMI oficiales chinos correspondientes a junio mostraron una evolución mejor de la esperada tanto en el sector manufacturero en 50,3 desde 50,0 y ligeramente por encima del 50.1 estimado, como en el de servicios, actual en 50,2 desde 50,1 mejor que el  49,9 estimado.

Esta semana conocimos que la inflación de la eurozona empieza a remitir, antes incluso de que la reapertura del estrecho de Ormuz haya devuelto a la plena normalidad al comercio mundial. El Índice de Precios de Consumo (IPC) en la unión monetaria se moderó cuatro décimas en junio, pasando de subir a un ritmo interanual del 3,2% en Mayo al 2,8% en Junio, de acuerdo con el dato preliminar publicado este miércoles por la oficina comunitaria de estadística Eurostat. Una moderación en la que han jugado un papel fundamental tanto la energía, que sigue subiendo con mucha fuerza, pero cada vez menos, los alimentos frescos y, en menor medida, los servicios, y que es generalizada en prácticamente todos los países de la eurozona. Los precios de la energía siguieron subiendo con fuerza, impulsados por el encarecimiento del crudo y el gas derivados de la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, aunque lo hicieron a un ritmo algo más suave que el mes anterior. En concreto, la inflación energética se situó en el 8,7%, 2,1 puntos por debajo de la cifra de mayo, que había sido el máximo para este componente desde la crisis del gas ruso provocada por la invasión de Ucrania. En segundo lugar, el precio de los alimentos frescos aumentó un 3,2% frente al 4% del mes anterior. Y, al mismo tiempo, los alimentos procesados, incluyendo alcohol y tabaco, se ralentizaron una décima, al 1%. Con ello, el conjunto de los alimentos y bebidas sube a un ritmo del 1,6% interanual en junio, tres décimas menos que el mes anterior. A pesar del reducido peso de los alimentos frescos en el conjunto de esta categoría (apenas el 27% del total de los alimentos son frescos), esta moderación de precios resulta muy significativa, porque anticipa la tendencia del resto de los productos y porque permite descartar, a priori, un gran impacto en los precios de los alimentos provocadas por las disrupciones de la guerra en Irán sobre el suministro de fertilizantes. Y, en tercer lugar, los servicios se ralentizaron tres décimas, hasta el 3,2%. Este es un componente fundamental de la inflación, porque el elevado peso de los salarios en este sector permite inferir que la escalada inflacionista de los últimos meses podría no tener grandes efectos de segunda ronda. En cambio, los bienes industriales no energéticos fueron la única categoría que no vio descender su inflación y se mantuvo en el 0,9%. Con ello, la inflación subyacente, que excluye del cálculo los componentes más volátiles como la energía y los alimentos y es la que usa el Banco Central Europeo (BCE) en sus decisiones de política monetaria, descendió dos décimas, desde el 2,6% de mayo al 2,4%. Unas cifras que apuntalan el discurso de la presidenta del BCE, Christine Lagarde, que señaló esta semana que considera que los riesgos para el crecimiento y la inflación “están probablemente más equilibrados que hace unas semanas”, lo que aleja nuevas subidas de tipos. Por países, la inflación ha descendido en prácticamente toda la eurozona, aunque sigue habiendo grandes diferencias. Así, Lituania lidera las subidas de precios, con una inflación interanual del 5,5%, seguida de Bulgaria (5,3%), Croacia (4,2%) y Chipre (4%), con España muy cerca del grupo de cabeza (3,6%, según la metodología europea). En cambio, Malta es el país con unos precios más contenidos (1,9%), junto con Francia, Estonia (2% en ambos casos), Alemania (2,4%) y Finlandia (2,7%).

En España el mercado inmobiliario sigue creciendo y lo hace a su ritmo más intenso en los últimos 20 años, a pesar de la contracción de las ventas. El precio de la vivienda subió un 15,2% interanual en el segundo trimestre del año, de acuerdo con los datos publicados este martes por la tasadora Tinsa by Accumin. Esto es, nueve décimas por encima del dato del primer trimestre y el máximo desde el tercer trimestre de 2006. Un avance que viene impulsado por las pequeñas capitales, como Albacete, Soria o Pontevedra, si bien Alicante o Madrid siguen subiendo a un ritmo superior a la media. Los precios crecen y lo hacen cada vez con más fuerza debido al fuerte déficit de obra nueva pero, al mismo tiempo, cada vez son menos compradores los que pueden pagarlos, como se observa por el frenazo de las transacciones y la ralentización de las ventas en las grandes ciudades, en cambio, la presión de la demanda se traslada hacia pequeños municipios, donde todavía hay un cierto margen para subidas de precios. Las alzas, dentro de las capitales, vienen lideradas por Albacete, con una subida del 23,5% respecto al segundo trimestre del año pasado, Soria (23,4%), Pontevedra (19,3%), Santander (18,1%), Santa Cruz de Tenerife (18%), A Coruña (17,6%), Alicante (16,8%), Las Palmas de Gran Canaria, Segovia (16,2% en ambos casos), Valencia (16,1%), Madrid (15,5%) y Murcia (15,1%). Y, si bien es cierto que en esta lista aparecen ciudades de gran entidad, como Madrid, Valencia, Alicante o A Coruña, hay que tener en cuenta que Madrid lideraba los ránkings de subidas de precios hace unos años y que muchas de estas capitales registran alzas inferiores a las de otros municipios de su entorno, mientras que Valencia o Alicante estaban muy baratas comparadas con su media histórica. En cambio, la mayor parte de las ciudades de cierta importancia quedan por debajo de la media, como es el caso de Pamplona (6,6%), Barcelona (8,9%), Vitoria (9,9%), Valladolid (10,1%), Palma de Mallorca (11,2%), Sevilla (12%), San Sebastián (12,1%), Bilbao (12,7%) o Zaragoza (14%). Todas ellas, no obstante, registran alzas que, como mínimo, duplican el Índice de Precios de Consumo (3,2%), lo que da una idea de la fortaleza de la vivienda como activo para inversión. De hecho, solo una capital registra subidas inferiores a la inflación, Lérida, con un alza del 2,1%, seguida de Cádiz (3,8%), Palencia (4,6%), Lugo (5,1%) y Huesca (5,6%). Cuando se mira el ránking que incluye todas las localidades de importancia para las que Tinsa dispone de datos, la tabla viene liderada por el madrileño Torrejón de Ardoz, con un incremento del 32,6%, seguido de Viladecans (provincia de Barcelona, 26,7%), Sagunto (Valencia, 23,1%) y Talavera de la Reina (Toledo, 20,7%). Más adelante, por encima del 18%, quedan Fuenlabrada, Parla, Coslada, Alcorcón y Móstoles, todos ellos en torno a Madrid, Torrevieja (Alicante), Santiago de Compostela (La Coruña) y Vélez-Málaga y Marbella (Málaga).


¿Somos vulnerables o sólo afortunados? Martin Wolf. Financial Times.

La economía mundial ha resistido bien a pesar del estallido de inflación pospandemia, los aranceles de Donald Trump, la guerra en curso de Rusia contra Ucrania, la guerra de Irán, y, como resultado de estos dos conflictos, los grandes shocks energéticos; siendo el más reciente cuantitativamente el mayor de la historia. ¿Debería concluirse que la economía global es invulnerable o simplemente afortunada? Si es suerte, ¿cómo podría agotarse finalmente?

Es lúcido el análisis del último Informe Económico Anual del Banco de Pagos Internacionales muestra que efectivamente ha habido resiliencia, pero también suerte. Además, avisa de que los peligros se están acumulando, especialmente en la interacción entre las fragilidades fiscales y financieras. A esto habría que añadir las vulnerabilidades sociales, financieras y de otro tipo que probablemente se crearán, o empeorarán, con la marcha triunfante de la inteligencia artificial en la economía. No es difícil imaginar shocks ante los cuales la capacidad del sector público para responder eficazmente sea más limitada de lo que actualmente se da por sentado.

Consideremos el impacto de algunos acontecimientos recientes. La guerra arancelaria de Trump fue significativamente menos dañina de lo esperado el llamado día de la liberación (2 de abril de 2025). Esto se debió en parte a que los niveles arancelarios se volvieron significativamente más bajos de lo sugerido inicialmente, y en parte a que las empresas estadounidenses absorbieron algunos de los costes (posiblemente, de forma temporal) a través de márgenes más bajos y, significativamente, a que los aranceles eran tremendamente discriminatorios. El resultado inevitable fue que las exportaciones chinas directas a Estados Unidos se desviaron a través de otras economías emergentes (principalmente, en el este de Asia) capaces de producir utilizando insumos chinos. Además, y lo que es más importante, el resto del mundo no copió el proteccionismo de Trump. Lo consideraron, con sensatez, demasiado absurdo para ser imitado.

El mundo también ha tenido una gran suerte macroeconómica: el auge de la IA. Esto ha provocado no sólo un impulso que ha mejorado la confianza en un mercado de valores que ya alcanzaba valoraciones muy altas, sino también un enorme aumento de la inversión interna estadounidense. Esto último, a su vez, ha tenido importantes efectos indirectos sobre la oferta de insumos del este de Asia. Como resultado de ese auge, junto con la desviación del comercio mencionada anteriormente, el comercio mundial se ha mantenido notablemente dinámico.

En 2026, sin embargo, la economía global sufrió otro gran shock: el imprudente ataque a Irán. Esto ha resultado en un cierre efectivo del estrecho de Ormuz, el cuello de botella más importante del mundo para el petróleo, el gas natural y muchos otros productos vitales. Éste va ya por su cuarto mes, y la cuenta sigue. En términos de oferta, ha sido el mayor shock petrolero de todos, aunque las reservas han amortiguado el golpe.

Debilidades económicas

Si juntamos todos los puntos, dice el Banco de Pagos Internacionales, vemos cuatro debilidades económicas.

En primer lugar, la inflación ha aumentado. La pregunta para los bancos centrales es si este aumento será breve y transitorio, o lo suficientemente grande y duradero como para generar otro repunte en el nivel de precios, como ocurrió de forma tan flagrante con el incremento desmesurado de la inflación tras la pandemia. ¿Podría un segundo shock desestabilizar significativamente las expectativas de inflación? Sí. No cumplir el objetivo de inflación por un margen considerable una vez podría ser una desgracia; incumplirlo por segunda vez, aunque sea de forma mucho más moderada, parecería una negligencia.

En segundo lugar, el aumento del gasto en IA podría ralentizarse, quizás de forma brusca. Una de las razones podría ser la fuerte hostilidad pública hacia esta tecnología. A largo plazo, la combinación de una competencia intensa con rendimientos decepcionantes podría provocar un colapso de la inversión. Esto, según señala el organismo, ya ha ocurrido en anteriores auges de inversión impulsados por la innovación.

En tercer lugar, las actuales condiciones financieras relajadas podrían endurecerse drásticamente como resultado de un pánico de mercado a la antigua usanza. Observamos primas de riesgo comprimidas, un aumento del apalancamiento y, sobre todo, un rápido crecimiento de la intermediación financiera no bancaria, relativamente opaca y no regulada. Cabe señalar, además, que el endeudamiento del sector privado no se encuentra muy por debajo de los niveles de 2007.

En cuarto lugar, los gobiernos de los países de altos ingresos están perdiendo el control de sus finanzas públicas. Salvo unas pocas excepciones, presentan grandes déficits fiscales estructurales, mientras que la relación promedio entre la deuda pública y el PIB se sitúa en niveles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial. Estos países, especialmente en Europa, también se enfrentan a los desafíos de los altos precios de la energía y el envejecimiento de la población. Los tipos de interés, tanto nominales como reales, se encuentran en niveles no vistos desde antes de la crisis financiera mundial. Como argumentan Manoj Pradhan y Charles Goodhart en su libro The Unanchored Central Banker, los tiempos de baja inflación y tipos de interés cercanos a cero son cosa del pasado.

Una contribución reciente particularmente importante del Banco de Pagos Internacionales ha sido en relación a la interacción de la creciente deuda gubernamental con los mercados de deuda del sector público. En particular, ha destacado el creciente papel de los hedge fund en la financiación de los gobiernos. Su estrategia depende de un alto apalancamiento. Esto aumenta el riesgo de pánico, con la consiguiente liquidación acelerada de operaciones. Observamos perturbaciones similares al inicio de la pandemia y durante el shock Truss de septiembre de 2022 en Reino Unido.

Para los bancos centrales, todo en conjunto representa problemas.

Un riesgo son los shocks fiscales, que probablemente reduzcan el margen de maniobra en política monetaria. Además, es probable que cualquier perturbación en los mercados financieros tenga como respuesta un fuerte apoyo de las autoridades. Pero esto, sin duda, incrementará aún más el riesgo moral. El actual giro hacia la desregulación prociclo de las finanzas aumenta aún más la probabilidad de este peligro.

Finalmente, está la nueva bestia negra del Banco de Pagos Internacionales: la promoción de las stablecoin, que pretenden ser el equivalente del dinero, pero que, en cualquier crisis, no lo serán.

La economía mundial es resiliente en parte gracias a la suerte. Pero la suerte se acaba. Para que la economía siga siendo resiliente, debe volverse más robusta. Lograrlo es ahora una prioridad.


La paz de Trump en Ormuz amenaza seis siglos de libertad en los mares. Iñaki Garay y Juan Luis López Cardenete.

Vista desde el cielo, la navegación en los mares se asemejaría a la sangre desplazándose por las venas y arterias de un cuerpo, tal como la puede ver cualquiera a través de un ecógrafo. El movimiento en ambos casos refleja actividad, pero sobre todo es sinónimo de vida y progreso. Los satélites que orbitan a una distancia de la tierra de entre 160 y 1.500 kilómetros van registrando el tránsito de los cargueros y eso permite a alguien calcular la salud de la economía mundial. El Baltic Dry Index mide el coste medio del transporte de materias primas en las 26 principales rutas marítimas internacionales y cualquier brusca oscilación causa en quienes observan las pantallas la misma tensión que una alarma de tsunami en la costa.

Es verdad que el memorándum de entendimiento alcanzado entre Estados Unidos e Irán establece inicialmente que el estrecho de Ormuz, por el que circula el 20% del petróleo mundial, y otro porcentaje similar del gas licuado, no tendrá peajes durante 60 días, pero ambos países abren la puerta a un arreglo más amplio y duradero sobre esa ruta en la que no se descarta que se puedan cobrar tasas de paso a cualquier buque que quiera atravesarla por supuestos servicios de asistencia a la navegación y administración del tráfico. En este sentido, Irán ha ofrecido a Omán que la supervisión sea compartida. Si ese nuevo modelo se impone finalmente, y cada vez estamos más cerca de que suceda sobre todo por la urgencia de Trump de poner fin a la guerra para que no le salpique en las elecciones de mitad de mandato en noviembre, el conflicto habrá hecho que las normas que rigen el comercio mundial por el mar sean modificadas de raíz y, con ellas, los equilibrios de poder. Además, constituiría un precedente para las aspiraciones rusas de ejercer control sobre la futura navegación por el Ártico, donde tiene un litoral de 24.000 km de costa. Otro tanto, para la ambición china de ejercer soberanía sobre el mar del Sur, donde viene construyendo de manera sistemática una barrera de islas artificiales militarizadas de delimitación con los países ribereños.

Precedentes

Hacía seis siglos que no se registraba una posibilidad de involución de tal nivel en la libertad de surcar los mares. Habría que remontarse hasta el siglo XV, concretamente al año 1453, cuando los turcos otomanos derrotaron al imperio bizantino y se hicieron con Constantinopla. En aquel momento se cerró la vía que unía el Mediterráneo y el Mar Negro, imponiendo tarifas, restringiendo el paso a los comerciantes europeos y castigando a la economía de importantes enclaves como Génova o Venecia. Paradójicamente, en aquella ocasión la suspensión de la Ruta de la Seda no supuso un revés irrecuperable para la globalización porque obligó a países como Portugal y España a explorar rutas alternativas para llegar hasta Asia, lo que provocó entre otras cosas el gran descubrimiento de América. Había ya antes otros antecedentes destacados sobre el control del mar. En los siglos XIII y XIV los nazaríes de Granada y los benimerines del Norte de África, junto con los castellanos, llegaron a acuerdos para controlar la navegación a través de Estrecho de Gibraltar. Los derechos de paso y la fiscalidad portuaria habrían contribuido, entre otras fuentes de financiación, en el siglo XIII, pero más en el siglo XIV cuando Granada alcanza su mayor esplendor, a la construcción en la Alhambra de los Palacios Nazaríes. De hecho, el término “tarifa” se relaciona, además de con la palabra árabe “ta’rif”, con los derechos aduaneros que se cobraban a las mercancías que entraban o salían del puerto de Tarifa.

La idea de que los océanos podían surcarse libremente nació formalmente en el siglo XVII con la doctrina de la libertad de los mares, pero se trataba de una especie de principio histórico que no se trasladó a un marco jurídico hasta la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar en 1982. La obra Mare Liberum del jurista neerlandés Hugo Grocio fue clave para que la gran extensión de agua salada que cubre más de dos tercios del Planeta fuera considerada un bien común que debía ser usado libremente por todas las naciones. Claro está que Grocio tenía ya entonces, a principios del siglo XVII, una idea bastante ética de las relaciones internacionales, porque defendía sin matices que el derecho entre países debía basarse en la razón y en reglas y no en la fuerza. 

Potencias

Como neerlandés era sin duda consciente de que su país no reunía el poder militar suficiente para enfrentarse abiertamente a potencias como España e Inglaterra, que seguían defendiendo la idea de mare clausum (mar cerrado) ante la potencia que exhibían sus armadas.

El régimen iraní ya ha demostrado que está dispuesto a usar la violencia masiva y la represión sobre su propio pueblo para perpetuarse. En este sentido, su capacidad de resistencia al dolor que le infligen desde el exterior Estados Unidos o Israel es incomparable. No ocurre lo mismo con Estados Unidos, donde cualquier presidente, incluido Donald Trump, sabe que el combate cuerpo a cuerpo que se requiere para conquistar territorios supone numerosas bajas que desgastan a cualquier líder democrático que tenga que medirse en las urnas. Le ocurrió a Lyndon B. Johnson en la guerra de Vietnam, a Jimmy Carter con la crisis de los rehenes en Irán, o al propio Bill Clinton con la muerte de soldados en Somalia. 

En cada nación de Oriente Próximo los jóvenes mueren o matan sin apenas consecuencias para los regímenes que les empujan a esta suerte, algo que no ocurre en Estados Unidos. Hasta ahora los ayatolás soñaban con convertir a Irán en la nueva potencia nuclear en la zona, pero Israel no está dispuesto a permitirlo porque eso le condenaría. Mientras tanto, el cierre del estrecho de Ormuz ha dado al Gobierno iraní un argumento con el que no contaba. Si los ayatolás consiguen fiscalizar la navegación en esa zona habrán asestado un nuevo golpe, después de los aranceles, a las reglas del comercio mundial. Un auténtico trompo en la corriente sanguínea que nutre a la globalización.


El problema del primer ministro británico. Joseph C. Sternberg. The Wall Street Journal.

resulta fácil burlarse del Reino Unido por su caos político al estilo italiano, con seis primeros ministros que han dimitido en la última década. Pero resistamos la tentación de regodearnos. El Reino Unido no es más disfuncional que otras democracias occidentales. Simplemente es más sincero al respecto.

El primer ministro Keir Starmer anunció el lunes que dejará el cargo. Pocos le echarán de menos. En los casi dos años transcurridos desde que su Partido Laborista ganó las elecciones generales, ha logrado la peculiar hazaña de convertir una amplia mayoría de escaños en el Parlamento en un Gobierno apático e ineficaz. El dinamismo de la economía está en letargo, y la indignación pública en torno a la inmigración y las divisiones de la «guerra cultural» se encuentran en auge. Las perspectivas electorales del Partido Laborista se están hundiendo.

Antes de examinar los cambios más amplios que han provocado este desastre, debemos señalar la especial falta de idoneidad del señor Starmer para el cargo que abandona. Cuando se convirtió en líder del partido en 2020, probablemente nadie, salvo el propio señor Starmer, pensaba que algún día sería primer ministro. Su misión consistía en aplicar su culto a la gestión legalista a la tarea de erradicar el antisemitismo por el que el Partido Laborista se había hecho famoso bajo el mandato de Jeremy Corbyn. No tuvo demasiado éxito en ello. Solo la incompetencia sistemática del entonces gobernante Partido Conservador le abrió la puerta para ascender, a pesar de sus fracasos, en 2024.

Aun así, cabe preguntarse si cualquier otro líder lo habría hecho mejor. Con los conservadores, durante sus 14 años en el poder, se sucedieron cinco primeros ministros sin encontrar una plataforma que funcionara tanto en el plano político como en el de la gestión. El conservadurismo «neocompasivo» de David Cameron no logró establecer una coalición electoral. Lo mismo ocurrió con la moderación basada en el consenso de Theresa May, el extravagante cuasi-populismo de Boris Johnson, el thatcherismo renovado de Liz Truss y la seca tecnocracia de Rishi Sunak.

El Partido Laborista asume que su problema en los últimos dos años ha sido el mal ambiente bajo el liderazgo de Starmer. Su sustituto, prácticamente seguro, Andy Burnham, promete más energía y habilidad en la política de base. Pero resulta difícil discernir su programa político. Su probable ascenso a la dirección del partido no resuelve la profunda división interna del Partido Laborista entre los centristas pragmáticos y los socialistas alejados de la realidad. En cambio, Burnham encarna la esperanza de que un político con más talento que Starmer sea capaz de sortear esos abismos con su elocuencia.

El resultado de todo esto es una vergonzosa serie de cambios de liderazgo que Burnham quizá no pueda frenar. Sin embargo, es solo una casualidad que el Reino Unido ha llegado a sufrir una inestabilidad más evidente que la que afecta a otros países. Hay varios factores que lo explican. El sistema parlamentario británico crea un mecanismo propicio para los cambios de liderazgo entre elecciones, y la sociedad ha utilizado históricamente ese proceso como válvula de escape política. En los últimos años ha sido necesario liberar una presión considerablemente mayor.

El Reino Unido también es menos estable que sus homólogos como entidad político-geográfica. Es habitual atribuir los problemas actuales del país al referéndum sobre el Brexit de 2016, que activó varias líneas de fractura transversal en lo social y en lo político. Pero se podría remontar más atrás. En 2014, Escocia celebró un referéndum sobre si permanecer en el Reino Unido. Aclamado como una victoria para el unionismo conservador de Cameron, el voto a favor de la permanencia fue del 55 % frente al 45 %.

Si el 45 % de los texanos hubiera votado a favor de la secesión de Estados Unidos hace 12 años, el país seguiría hoy en crisis. En Gran Bretaña, esa división ha llegado a considerarse algo normal. El regionalismo persistente, tal y como se manifiesta a través de los partidos locales dominantes en Escocia y Gales, complica la política británica al dificultar que el Partido Laborista o los conservadores funcionen como partidos verdaderamente nacionales. Las relaciones increíblemente complejas entre Irlanda del Norte y el resto del país tampoco ayudan.

Pero las tensiones fundamentales de Gran Bretaña son las mismas que en otros países occidentales. Se han abierto brechas culturales en torno a los valores de la nación, divisiones que se nutren de las diferencias socioeconómicas. Estas tensiones se han visto agravadas por un aumento espectacular de la inmigración, en gran parte ilegal y procedente de culturas cuya presencia en Europa y América acentúa las divisiones de la sociedad de acogida en cuestiones como el patriotismo y la interpretación de la historia nacional.

En todo Occidente, la expansión del Estado del bienestar ha animado a los votantes a plantear exigencias irrazonables a sus gobiernos, incluso cuando los impuestos y la regulación necesarios para financiar los programas sociales estrangulan el crecimiento y la prosperidad. Los cambios demográficos empeoran aún más la situación, a medida que la población envejece y los índices de dependencia se deterioran (menos trabajadores para mantener a un número cada vez mayor de jubilados). El resultado tóxico es una sensación cada vez más profunda de desesperanza entre los jóvenes.

No es de extrañar que la política estadounidense parezca menos estable de lo que lo ha estado en generaciones. Francia está paralizada, con un presidente extremadamente impopular atrapado entre una izquierda y una derecha enfrentadas. El partido político más popular de Alemania en las últimas encuestas es Alternativa para Alemania, de extrema derecha.

Los graciosos de las redes sociales se han pasado esta semana preguntándose si Gran Bretaña puede ser gobernada, y la respuesta, por ahora, probablemente sea no. No cometamos el error de pensar que nuestros amigos británicos están solos en ese sentido.


¡Buen fin de semana!

Comentario de Mercado viernes 19 de Junio del 2026.

Positivo tono en el mercado gracias al memorando de entendimiento (MoU) entre Estados Unidos e Irán, que permite mantener contenido los precios del petróleo en torno a 80 dólares el precio del Brent, de forma que la atención de los operadores vuelve a las variables macro. Las rentabilidades de la deuda europeas se mantuvieron estables esta semana, mientras que las de Estados Unidos disminuyeron en un movimiento de vuelta tras las alzas del miércoles (Bono a 10 años americano a 4,45%), el dólar continuó apreciándose tras la reunión de la Fed en la que ha ganado credibilidad de cara al mercado.

Eurodólar últimos 12 meses:

El pasado domingo por la noche, en el 80 cumpleaños de Donald Trump, el primer ministro pakistaní Sharif anunció el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, seguido de Trump y los medios estatales iraníes. El memorando de entendimiento (MoU) se iba a firmar en Suiza hoy, con el Estrecho abriéndose tras la retirada de minas. El acuerdo incluiría, la extensión del alto el fuego 60 días incluyendo Líbano, la reapertura del Estrecho sin peajes, el levantamiento del bloqueo naval americano en 30 días, el alivio de sanciones condicionado al cumplimiento iraní y 60 días de negociaciones sobre el programa nuclear, si en ese plazo no hay acuerdo sobre el enriquecimiento de uranio, Trump ha dicho que puede reiniciar los ataques. Por el contrario, el acuerdo no incluía, misiles balísticos iraníes, lo que deja intacta la capacidad ofensiva convencional de Irán, una resolución sobre Hezbolá y Hamas, a la vez que Israel no es parte del acuerdo y Netanyahu ha expresado escepticismo profundo. De aquí en adelante, queda por ver el cumplimiento e interpretación del acuerdo. En este sentido, ya la interpretación de Ormuz abierto es diferente entre las partes, Irán dice que el Estrecho quedará regulado por Irán y Omán, sugiriendo que Teherán busca retener control, mientras que Estados Unidos dice que habrá paso libre e irrestricto. Reino Unido, Francia, Alemania e Italia habrían comunicado a Irán su disposición a levantar determinadas sanciones económicas si Teherán acepta limitar de forma verificable el desarrollo de su programa nuclear. Según Bloomberg el acuerdo entre Estados Unidos e Irán incluiría la inmediata apertura del Estrecho, la no producción de armamento nuclear por parte de Irán a cambio del levantamiento de todas las sanciones y un fondo de reconstrucción por 300.000 millones de dólares.

Estas señales positivas contrastan con las noticias sobre el retraso en el encuentro de las delegaciones negociadoras de Estados Unidos e Irán, debido a las hostilidades israelíes en el Líbano. La reapertura en curso puede experimentar episodios de tensión, no obstante, la firma del memorando supone un paso adicional hacia la normalización, ya que ambas partes han levantado el bloqueo y el tráfico marítimo está recuperándose. JD Vance afirmó que durante la noche del miércoles transitaron aproximadamente 12,5 millones de barriles de petróleo a través del Estrecho de Ormuz, una cifra que, aunque todavía se sitúa por debajo de los aproximadamente 20 millones de barriles diarios que cruzaban el estrecho antes del conflicto, supone un incremento muy significativo respecto a los volúmenes registrados durante el bloqueo.

Precio del petróleo Brent últimos 12 meses:

El posicionamiento en el dólar ha vuelto a máximos de Enero del 2025, parece que el posicionamiento de muchos inversores y analistas de diversificar activos y reducir exposición al dólar se está dando la vuelta, la subida de posiciones especulativas semanales en dólar es la mayor desde el 2018:

Bloomberg Economics actualizó sus previsiones después del acuerdo entre Estados Unidos e Irán, y continúa estimando una subida de 25 puntos básicos en Septiembre por parte del Banco Central Europeo.

Después de la salida a Bolsa de SpaceX la acción ha seguido subiendo hasta cotizar a 225,64$ el miércoles, aunque ayer cayó hasta los 185$ la acción ha llegado a subir un 50% por encima del precio al que salió (135$), Elon Musk ha asegurado que su compañía SpaceX puede alcanzar un billón de dólares de ingresos en 2030, lo que supondría multiplicar por más de 50 la cifra registrada el pasado año. SpaceX ha recaudado en la OPV 85.700 millones de dólares después de que los bancos colocadores ejercieran su opción de sobreadjudicación por 83,33 millones de acciones adicionales. La compañía aeroespacial y de IA, que supera los 2,2 billones de capitalización. Musk ha compartido su previsión en la red social X en respuesta al comentarista financiero Jon Erlichman. “Creo que SpaceX podría alcanzar aproximadamente un billón de dólares de ingresos en 2030”, aseguró el domingo pasado en un post, y añadió: “Y me sorprendería si los ingresos no superan el billón de dólares en 2031”, la predicción de Musk, que se ha convertido en el primer billonario de la historia, se enfrenta a la realidad que muestran las cuentas de SpaceX. En 2025, ingresó 18.674 millones de dólares, un 33% más, con un ebitda ajustado de 6.584 millones de dólares y pérdidas netas de 4.937 millones de dólares. El objetivo de Musk supera ampliamente las estimaciones de Morgan Stanley, que proyecta unos 330.000 millones de dólares para esa fecha, y Goldman Sachs, que maneja una previsión de ingresos de 470.000 millones de dólares. Musk no ha compartido detalle sobre los motores que permitirían alcanzar esta cifra.

Datos financieros más relevantes de SpaceX con las estimaciones del consenso de Bloomberg para 2026 y 2027:

Los gestores de fondos siguen muy enfocados en la inteligencia artificial en Bolsa. La posibilidad de que se desate una burbuja alrededor de la IA es cada vez una amenaza mayor para los grandes inversores, según la última encuesta a gestores realizada por Bank of America (BofA). Sin embargo, los gestores descartan que el ciclo de inversión en IA muestre señales de euforia desmedida. En este sentido, solo el 21% de los gestores encuestados cree que el sector ha entrado en terreno de euforia, mientras que la mayoría, el 56%, define la fase actual como de auge, en un momento en el que los inversores tienen más miedo a perderse las posibles subidas que a una corrección severa del mercado. Los inversores profesionales han reducido en las últimas semanas su exposición al sector tecnológico si bien la apuesta por los semiconductores es mayoritaria. El 80% de los encuestados tiene en cartera compañías de semiconductores. Nunca había habido una apuesta tan fuerte en un único sector, según los históricos de la encuesta. El optimismo sobre el crecimiento global y los beneficios empresariales se encuentra en máximos de tres meses, sin embargo, los gestores han comenzado a reducir su exposición a activos de riesgo, probablemente de cara al verano. En el último mes, los inversores han reducido, antes de conocerse el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán, sus inversiones en renta variable global del 50% al 38% de la cartera, mientras que las posiciones en liquidez han subido ligeramente. Respecto a Europa, los gestores comienzan a moderar su optimismo del último par de años: un 4% espera caídas de las bolsas europeas en los próximos meses. La posición más bajista desde 2024.

Hay muchas señales que alertan de lo cara y concentrada que está la Bolsa, principalmente la americana, el 51% de la capitalización bursátil de las compañías del S&P 500 cotizan por encima de 10 veces ventas:

La bolsa americana está fundamentalmente impulsada por un crecimiento esperado asociado a la IA.

Y lo peligroso de los niveles a los que cotiza el mercado es que mucho del dinero que está entrando está muy apalancado y muchos inversores están invirtiendo en Equity con deuda (con una Rentabilidad por dividendo del S&P 500 del 1,40%, por debajo de la inflación y del coste de financiación):

Importante esta semana:

Trump firmó el miércoles en Versalles el memorando de entendimiento con Irán. El presidente estadounidense reiteró que Teherán se ha comprometido a no desarrollar armamento nuclear y anunció el inicio inmediato de las negociaciones para eliminar sus reservas de uranio enriquecido. No obstante, insistió en que el levantamiento de las sanciones sobre las exportaciones de petróleo dependerá estrictamente del cumplimiento de los compromisos asumidos por Irán, advirtiendo que, en caso de incumplimiento, Estados Unidos retomaría las acciones militares. Fuentes de la Administración estadounidense explicaron que el acuerdo establece un mecanismo que permitirá modular el alivio de las sanciones en función del comportamiento de Irán, describiéndolo como un «dial» que podrá endurecerse o relajarse según evolucione el cumplimiento del pacto. Asimismo, confirmaron que Irán no cobrará ningún peaje por el tránsito marítimo a través del Estrecho de Ormuz durante los próximos 60 días.

La Reserva Federal mantuvo el miércoles sin cambios los tipos de interés en el rango comprendido entre el 3,5% y el 3,75%, mandando un mensaje de cautela y de independencia de la institución bajo el nuevo liderazgo. La decisión era ampliamente esperada los analistas, pero el mercado estaba a la espera de la confirmación, así como de cualquier pista que pudiera dar Warsh sobre su hoja de ruta en el nuevo escenario macroeconómico. Pocos detalles ofreció el nuevo presidente sobre su postura. Sin embargo, el escenario que prevé la Fed sí ha empeorado considerablemente, según se desprende de sus propias previsiones. en las que Warsh se ha abstenido de participar. La mayoría de gobernadores se inclina por al menos una subida de tipos después del verano. Warsh ha aterrizado en la Fed en un momento especialmente complejo. La economía estadounidense sigue creciendo a un ritmo razonable, el mercado laboral continúa mostrando fortaleza y la tasa de paro se mantiene estable en torno al 4,3%, un nivel históricamente bajo. Sin embargo, la inflación continúa claramente por encima del objetivo del 2% y se ha convertido de nuevo en la principal preocupación del banco central estadounidense. En mayo, el IPC subió hasta el 4,2%, un salto de cuatro décimas respecto al registro anterior y el mayor nivel de los últimos tres años debido al conflicto entre Estados Unidos e Irán. “No descubro nada si digo que estoy preocupado por la situación en Oriente Próximo”, apuntó ayer Warsh. Precisamente, eso es lo que ha obligado a los gobernadores de la Fed a adoptar una posición más prudente en los últimos meses. Aunque las recientes señales de distensión han provocado una caída del crudo desde los máximos alcanzados durante la guerra, la Fed considera que el impacto de esos movimientos sobre los precios al consumo tardará todavía varios meses en reflejarse plenamente en la economía. Así, Warsh se ha visto obligado a corregir su propia hoja de ruta, aun a riesgo de enfurecer al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que lo eligió sucesor de Jerome Powell precisamente por sus ideas a favor de suavizar la política monetaria. Entre los 18 miembros de la Fed que han dado su opinión para elaborar las previsiones del banco central, solo hay uno que se inclina por pensar que este año habrá margen todavía para una rebaja. El resto está convencido de que en el mejor de los casos se mantendrán sin cambios, aunque nueve de ellos consideran que será necesario ir más lejos y subirlos al menos en un cuarto de punto antes de que termine 2026. Ayer, Warsh se negó a comentar en público cómo se habían desarrollado las conversaciones entre los miembros del comité, que llegó a definir como “pequeñas peleas domésticas”, insistiendo en que lo importante no es qué piensa cada uno, sino el convencimiento colectivo de que la Fed debe seguir combatiendo la inflación. Y que cualquier decisión se irá tomando en función de los datos en el futuro. Sí bien no compartió detalles sobre su hoja de ruta en política monetaria, aprovechó el momento para sentar las bases de lo que será su mandato al frente de la Reserva Federal para los próximos años. Anunció la creación de varios grupos de trabajo independientes que analizarán diversos departamentos del banco central y propondrán líneas de acción para ganar en eficiencia y, por qué no, tratar la política monetaria bajo otro prisma donde la inflación sea el pilar central, pero con nuevos indicadores que tengan en cuenta otras variables, como el impacto de la inteligencia artificial en la economía. El primer cambio ya se dejó notar este miércoles en el comunicado donde la Fed anunció que mantenía los tipos sin cambios. Era hasta tres veces más corto de los que eran habituales en la etapa anterior. El objetivo es que sea “más sencillo” y solo incluya los datos imprescindibles sobre la decisión. Warsh defendió esta decisión asegurando que “los mercados son menos eficientes cuando están pendientes de las orientaciones de la Fed”. Además, insistió en que para que los gobernadores puedan tomar decisiones correctas es esencial que conozcan el sentir del mercado sin estar adulterado por la propia Fed.

El nuevo dot plot mostró un endurecimiento de las expectativas de los miembros de la Reserva Federal, con la mitad de ellos contemplando al menos una subida de tipos antes de final de año y una revisión al alza de la trayectoria prevista para los tipos oficiales.

La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos ha descendido hasta su nivel más bajo en 43 años. Este dato pone de manifiesto el escaso margen del que dispone actualmente la Administración estadounidense para amortiguar futuros shocks de oferta mediante liberaciones adicionales de crudo, lo que incrementa la sensibilidad del mercado petrolero ante cualquier eventual deterioro del contexto geopolítico.

Anthropic y Google han propuesto en la cumbre del G7 celebrada esta semana la creación de una coalición liderada por Estados Unidos para establecer normas y estándares en el desarrollo de la inteligencia artificial. A la reunión, celebrada a puerta cerrada, asistieron jefes de Estado, entre ellos Donald Trump, junto con directivos de las principales compañías tecnológicas, incluidos Meta y OpenAI. En paralelo, Trump afirmó que las negociaciones con Anthropic para restablecer el acceso a sus modelos más avanzados “van bien”. La semana pasada, el Gobierno estadounidense impuso controles a la exportación de los dos modelos más recientes de la compañía, Fable 5 y Mythos 5, por motivos de seguridad nacional. Como consecuencia, Anthropic suspendió el acceso global a estos sistemas el viernes pasado, lo que ha intensificado el debate internacional sobre el acceso equitativo a la IA y la necesidad de coordinación entre países.

En Europa el economista jefe del Banco Central Europeo, Philip Lane, advirtió este martes de que el reciente acuerdo entre Estados Unidos e Irán no elimina los riesgos inflacionistas derivados del conflicto en Oriente Próximo. Según Lane, los cuatro meses de elevados precios de la energía ya han puesto en marcha presiones inflacionistas que todavía no se han reflejado plenamente en la economía y que previsiblemente se trasladarán durante este año y el próximo a los precios de los alimentos, los bienes y los servicios mediante efectos de segunda ronda. Asimismo, señaló que la curva de futuros del petróleo continúa situando el Brent en el entorno de los 80 dólares por barril durante los próximos años, un nivel inferior al contemplado en los escenarios adversos del BCE, pero todavía claramente por encima de los niveles previos al conflicto.

En Japón también hubo reunión de su Banco Central, que, en línea con lo esperado, subió 25 puntos básicos los tipos de interés hasta el 1%, con 7 votos a favor y uno en contra, alcanzando el mayor nivel desde 1995. Asimismo, el Banco de Japón observa que la economía se está recuperando de forma moderada y que si bien el riesgo a una desaceleración fuerte ha disminuido advierten sobre el riesgo de que la inflación subyacente se desvíe al alza por encima del objetivo del 2%. Tras confirmarse esta subida totalmente descontada, el discurso posterior dejó la puerta abierta a continuar con la normalización de la política monetaria , el mercado descuenta una subida más para final de año, decisión que será relevante para el Yen, que se sitúa en 160 yenes por dólar, niveles que históricamente han desencadenado intervención. Todo ello en un contexto de política fiscal ampliamente expansiva del gobierno de Takaichi, y con un Banco Central que ha confirmado que no continuará reduciendo las compras de bonos de gobierno a partir del año fiscal 2027 , manteniendo el actual ritmo mensual de compra en cerca de 2 billones de yenes. No obstante, la reducción de compras de bonos no se está trasladando a amortiguar el impacto de la subida de tipos sobre las Rentabilidad de los bonos soberanos japoneses a largo plazo, que continúan subiendo.

Rentabilidad del Bono japonés a 10 años desde Junio del 2025:

Por su parte, el Banco de Australia ha mantenido su tipo de interés de referencia en el 4,35% por primera vez este año, subiendo 75 puntos básicos desde febrero. Una decisión unánime ante el enfriamiento de la economía y ha advertido que podría llevar a cabo nuevas subidas si fuera necesario para controlar la inflación.

En China las autoridades reiteraron su intención de intensificar las políticas de apoyo a la economía mediante nuevas medidas contracíclicas y actuaciones destinadas a fortalecer la demanda interna, al considerar que el entorno exterior continúa siendo «complejo y volátil». Los datos publicados correspondientes al mes de mayo reflejaron un comportamiento desigual de la actividad. La producción industrial aceleró ligeramente su crecimiento hasta el 4,5% interanual, superando ligeramente las previsiones del consenso, mientras que las ventas minoristas sorprendieron negativamente al registrar una caída del 0,6%, poniendo de manifiesto que el consumo privado continúa siendo el principal punto débil de la economía china.

En España ayer el Banco de España publicó su informe anual, que mantiene inalteradas las previsiones de crecimiento económico del país, pero alerta, sin embargo, de una nueva escalada de los precios. El BdE mantiene su proyección de avance de PIB para este año en el 2,3% y en el 1,7% la del próximo ejercicio, pero eleva sus previsiones de inflación en seis décimas para 2026, al 3,6%, y en una en 2027, al 2,6%. El Banco de España recuerda que el último año ha estado “caracterizado por enormes turbulencias”, partiendo de la guerra arancelaria declarada por Donald Trump a su vuelta a la Casa Blanca, que supuso un “aumento generalizado y dramático” de las tarifas comerciales, hasta los niveles más elevados de los últimos 100 años, su posterior anulación por los tribunales, el repunte de las exportaciones chinas, hasta llegar a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Pese a esta enorme volatilidad, destaca el Banco de España, la economía mundial demostró una fuerte resistencia frente a la incertidumbre, con un avance del PIB global que se mantuvo en el 3,4% en 2025, y crecimientos del 2,1% en Estados Unidos (tras el 2,8% de 2024), el 1,5% en el área euro (después del 0,9% del año anterior), o el 5% que volvió a lograr China. A partir de ahí, el conflicto en Oriente Próximo, iniciado el 28 de febrero, provocó un aumento del precio del crudo del 42% en las dos primeras semanas, el más intenso en 40 años, elevando en 13 dólares las proyecciones de precio a un año vista, según el Informe anual del BdE. Esa cifra se ha moderado a ocho dólares tras el reciente acuerdo de paz firmado entre Estados Unidos e Irán, que ha facilitado una caída marcada del precio del petróleo. En este entorno, las nuevas previsiones económicas del Banco de España para el conjunto de la zona euro rebajan la estimación de crecimiento del 1,2% al 0,8% para 2026 y del 1,4% al 1,2% en 2027, mientras que eleva la inflación general del 1,9% al 3% este año y del 1,8% y el 2,3% el próximo año. El supervisor bancario destaca, sin embargo, el dinamismo demostrado por la economía española, frente a los países vecinos. Lo achaca a que goza de menores precios energéticos que otras economías europeas, gracias a un mix energético con más presencia de renovables, al mejor aprovechamiento del capital turístico, y a un mayor dinamismo de la oferta laboral apoyada en la migración. Pese a ello, la inflación sube más en España que en el área euro al permear en mayor medida el shock energético en la inflación subyacente por la persistencia de los servicios turísticos y de ocio. Aunque aún estudia los efectos del plan anticrisis el Gobierno, el gobernador, José Luis Escrivá, alerta que “el nuevo shock energético obliga a ponderar cuidadosamente la respuesta a las presiones inflacionistas y a los riesgos para la actividad”. En paralelo, las previsiones laborales apuntan a un crecimiento “robusto” apoyado en los flujos migratorios, con tasas del 2,2% este año y 1,5% el próximo, en línea con la desaceleración económica. A su vez, la tasa de paro bajaría del 10,5% de 2025 al 10% en 2026, y el 9,8% en 2027.

El Banco de Inglaterra mantuvo tipos en 3,75% por 7 votos a 2, en lo que podría ser una pausa prolongada. El gobernador Bailey votó a favor de una subida inmediata ante el temor a efectos de segunda ronda del shock energético, pero lo cierto es que dichos efectos no se están materializando por el momento, en un escenario de limitado poder de fijación de precios por parte de las empresas. De cara al futuro, las decisiones dependerán de cómo evolucione el contexto de inflación, a su vez dependiente del cumplimiento del acuerdo de paz, si bien no es probable que suban tipos si la inflación no supera el 4%. El mercado sigue descontando sólo una subida de 25 puntos básicos a final de año.


SpaceX: ¿hacia el infinito y más allá? Dan Taylor, subdirector de Inversiones Sistemáticas de Man Group y director de inversiones de Man Numeric.

SpaceX acaba de llevar a cabo la mayor salida a bolsa de la historia, con unas acciones que se dispararon más de un 17% en su debut. En el momento de redactar este artículo, acababa de convertirse en la quinta empresa cotizada más valiosa del mundo.

La buena noticia para cualquier inversor preocupado por la sostenibilidad del repunte impulsado por la IA es que el hecho de que el mercado haya asimilado una oferta de esta magnitud es un buen augurio para las posibles próximas salidas a bolsa de Anthropic y OpenAI.

Salvo que surja un catalizador negativo de origen desconocido, como una desaceleración del gasto en IA a corto plazo, el camino está totalmente abierto para que estas empresas salgan a bolsa. Y los 75 000 millones de dólares en efectivo fresco que SpaceX acaba de recaudar probablemente ayudarán a sostener todo el complejo de la IA, permitiendo que la música siga sonando (anteriormente hemos comparado el boom de la IA con un juego de sillas musicales)

La valoración de SpaceX no refleja la salud general del sector de la IA

Dicho esto, ¿qué nos dice realmente esto sobre si las acciones de IA son o siguen siendo una buena apuesta? Sin decir nada nuevo, la valoración de SpaceX en función de los fundamentos económicos es… elevada. La empresa facturó 18 700 millones de dólares el año pasado, con unos ingresos que se estima que alcanzarán los 34 000 millones de dólares este año y los 60 000 millones el próximo, frente a su valor de mercado actual de 2,7 billones de dólares. Elon Musk, que nunca rehúye las predicciones audaces, ha afirmado que los ingresos podrían alcanzar el billón de dólares en 2030, y que le sorprendería que no superaran esa cifra en 2031.

A algunos de nosotros no nos sorprendería que SpaceX no alcanzara esas cifras por dos razones. En primer lugar, requeriría un crecimiento a una escala nunca vista. NVIDIA, la estrella del auge de la IA, ha multiplicado por veinte sus ingresos en cinco años, y ese ritmo, aplicado a SpaceX, aún la dejaría muy por debajo de la cifra de Musk.

En segundo lugar, el enorme mercado potencial total (TAM) al que aspira SpaceX —unos 28,5 billones de dólares según su folleto informativo— está impulsado de forma abrumadora por la IA. Solo unos 370 mil millones de dólares corresponden al sector espacial; 26,5 billones de dólares corresponden a la IA. El problema es que la vertiente de la IA depende de xAI, que muchos aún no consideran un líder frente a empresas como Anthropic, OpenAI y Gemini.

Por eso la valoración de SpaceX es, en el fondo, una historia de Musk, no una historia de IA. Como hemos visto en sus anteriores proyectos, la confianza de los inversores en él no escasea y es lo que respalda a SpaceX por ahora.

Un sector tecnológico fragmentado

SpaceX, por tanto, es una apuesta a su manera. La cartera de futuras salidas a bolsa y el complejo de IA que este nuevo capital respalda dependen, en última instancia, de la durabilidad de la fiebre de gasto en IA. Ese es el dilema que planteamos en nuestras perspectivas para la segunda mitad del año la semana pasada, y que ya ha fracturado el sector tecnológico.

Por un lado, el sector de los semiconductores ha impulsado cerca de dos tercios de la subida del S&P 500 en lo que va de año. Por otro, el llamado «SaaSpocalypse» ha lastrado a gran parte del sector del software, y con él se ha esfumado la mayor parte del flujo de caja libre que antes generaban los hiperescaladores.

El gasto de capital en IA está ahora destinado a absorber más del 90 % de sus flujos de caja operativos, lo que retrasará el próximo máximo del flujo de caja libre del grupo hasta 2029. Por ejemplo, se espera que Oracle, tras más de 30 años de flujo de caja libre positivo, registre ahora cinco años consecutivos en números rojos.


Probablemente, los inversores acogerían con agrado un poco de disciplina en el gasto, aunque eso afectaría de lleno a la demanda de semiconductores.

Figura 1. Flujos de caja y gastos de capital de los hiperescaladores (Microsoft, Amazon, Meta, Google, Oracle) en miles de millones de dólares estadounidenses


Fuente: Bloomberg, a 27 de mayo de 2026.

Pero las valoraciones de los semiconductores dejarían poco margen para ello. Un sector que cotizaba entre dos y cuatro veces las ventas durante los quince años anteriores a 2020 se sitúa ahora por encima de 16 veces, descontando un crecimiento sin precedentes reales. El software es más difícil de evaluar. Ha bajado desde su máximo de 2021, pero sigue por encima de sus niveles habituales a largo plazo. Esperamos que esa divergencia persista hasta que se aclaren los beneficios comerciales de la inversión en IA.

Hasta entonces, me viene a la mente una cita que suele atribuirse a John Maynard Keynes: «Los mercados pueden permanecer irracionales más tiempo del que tú puedes mantenerte solvente».


El fin del conflicto permitiría al BCE no subir más los tipos. Andrés Stumpf. Financial Times.

El desarrollo de los conflictos bélicos y geopolíticos que marcan desde hace años la senda de la economía global es absolutamente imposible de predecir. El acuerdo entre Estados Unidos e Irán para declarar un alto al fuego y reabrir el estrecho de Ormuz es la última prueba de ello; una que, además, podría abrir un panorama completamente diferente para Europa y su política monetaria.

El pasado jueves, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, presentaba un escenario benigno en sus proyecciones macroeconómicas que pasaba por una rápida resolución de la guerra de Irán en el tercer trimestre del año. En la rueda de prensa, la banquera central reconocía que estos supuestos eran “más positivos” y que “era su trabajo tenerlos en cuenta aunque en estos momentos es poco probable que se materialicen”.

Pero en este mundo tan dado a los extremos, las nubes llegan con tanta rapidez e imprevisibilidad como se van. Tras el acuerdo tejido por Donald Trump, los precios del petróleo aceleran su descenso y ya marcan los niveles que se mueven alrededor de los 80 dólares, la cota que describía el escenario benigno del BCE.

“Es probable que la trayectoria prevista refleje [en el escenario benigno] las expectativas de los inversores de que el conflicto pueda resolverse muy rápidamente, lo que conduciría a una rápida normalización de los mercados mundiales de petróleo y gas y a que los precios volvieran a sus niveles anteriores a la guerra para finales de 2026”, indicaba la institución con sede en Fráncfort para este escenario que ahora puede convertirse en realidad.

Porque la normalización del shock de la energía puede llegar antes de que el BCE vea evidencias sólidas de efectos de segunda ronda en la inflación causados por un acelerón de los salarios. De ser así, la autoridad monetaria se encontraría en una buena posición para no tener que subir más los tipos de interés y evitar más daño a la economía.

Las proyecciones del BCE toman como dada la evolución de los tipos en función de las expectativas que tiene el mercado en el momento en el que se elaboran y que afectan al resto de parámetros, como el crecimiento y la inflación. En el caso de la última reunión, los inversores apuntaban a entre dos y tres alzas de 25 puntos básicos este año de las que una ya se habría llevado a cabo la pasada semana.

Tipos de interés

Bajo ese supuesto, en el escenario benigno que ahora vuelve a abrirse camino la inflación en la zona euro descendería al 1,8% en los próximos dos años, es decir, por debajo del objetivo de la estabilidad de precios. Esto implicaría que el BCE estaría desarrollando una política monetaria más restrictiva de lo deseable, lo que podría llevarle a reducir el número de las subidas de tipos previstas a tan sólo una más o, incluso, ninguna, en función de lo rápido que la economía deje atrás el shock energético.

“A medida que los precios de la energía vuelven a bajar con mayor rapidez, el impulso inflacionario se desvanece más rápidamente, la incertidumbre disminuye, las condiciones de financiación se normalizan y la demanda externa se fortalece”, plantea la institución presidida por Christine Lagarde.

El escenario benigno apunta a precios del petróleo que descienden hasta una media de 64 dólares por barril para el conjunto del año que viene, lo que supone niveles incluso más bajos que los registrados a lo largo del pasado ejercicio. Cuanto más tiempo se dilataba el conflicto, más lejana parecía esta posibilidad no tanto por el hecho de las negociaciones de paz no pudieran llegar a buen puerto, sino porque la percepción del encarecimiento de los precios podía llevar a los consumidores y a las empresas a buscar compensaciones y provocar una espiral inflacionista. Además, la guerra podía causar nuevos daños en las infraestructuras energéticas clave que impidieran una rápida vuelta a la normalidad.

Lo que no parece estar sobre la mesa es un regreso rápido a los tipos del 2% de antes del conflicto. Según detalló Lagarde, incluso el escenario más benigno era consistente con la subida del precio del dinero que llevaron a cabo y, por tanto, no debería haber presión por revertir el movimiento.

Flexibilidad

Pero más allá de si el BCE acertó o no subiendo los tipos, la realidad es que la evolución de los acontecimientos, tanto en relación a la escalada de la guerra en Irán como ahora con el acuerdo de paz, reflejan la enorme volatilidad que enfrentan los grandes bancos centrales. El gran ganador del episodio es la estrategia flexible del BCE.

La autoridad monetaria ha abogado en todo momento por vigilar la evolución del conflicto mostrándose contundente, pero, al mismo tiempo, sin atarse a ejecutar ajustes en una u otra dirección que pudieran comprometer su credibilidad si la situación cambiaba. Una hoja de ruta que seguirá utilizando en el futuro.


Las grandes potencias mundiales están descubriendo que tienen límites. Yaroslav Trofimov. The Wall Street Journal.

A medida que la tecnología nivela el terreno de juego entre naciones más fuertes y más débiles, las guerras de conquista a la antigua usanza podrían haber llegado a su fin.

RESULTA QUE las grandes potencias no tienen tanto poder como creían.

Tras asumir el cargo el año pasado, el presidente Trump impulsó sin complejos su visión de que «la fuerza hace el derecho» para remodelar el orden internacional en torno a la esfera de influencia de Estados Unidos, una concepción del mundo no muy diferente a la de Rusia o China. El futuro parecía marcado por una frase repetida a menudo del historiador griego Tucídides: «Los fuertes hacen lo que quieren y los débiles sufren lo que deben».

La frase, pronunciada originalmente por las fuerzas invasoras atenienses a los condenados isleños de Melos en el año 416 a.C., ocupó un lugar destacado en el discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, que causó revuelo en la conferencia internacional de Davos del pasado enero, en el punto álgido de la disputa de Europa con Trump por sus planes de apoderarse de la isla danesa de Groenlandia.

Sin embargo, ahora parece que los débiles no son tan débiles como muchos creían. Los fuertes tampoco pueden hacer realmente lo que quieren.

A pesar de haber gastado una parte significativa de su munición de largo alcance y de haber eliminado a gran parte de los líderes iraníes, el ejército estadounidense no ha sido capaz de lograr una victoria estratégica sobre una potencia media como Irán. Teherán sigue bloqueando el Estrecho de Ormuz. Su sistema teocrático sigue firmemente en el poder y mantiene la capacidad de lanzar misiles contra Israel y los Estados del Golfo, con el último intercambio de salvas esta semana.

Ucrania tampoco se ha derrumbado. Trump cortó la ayuda estadounidense hace más de un año y ejerció presión diplomática sobre Kiev para que cediera su región oriental de Donetsk, como parte de su acuerdo con Rusia en la cumbre de agosto en Alaska. A pesar de ello, Ucrania ha logrado cambiar el rumbo de la guerra contra Moscú, manteniendo la línea del frente e infligiendo golpes cada vez más dolorosos al corazón de Rusia.

Estos acontecimientos han puesto de manifiesto hasta qué punto los avances tecnológicos –como los drones y los misiles de precisión, mucho más baratos– han igualado el terreno de juego entre los Estados más pequeños y las grandes potencias que gastan cientos de miles de millones de dólares en sus fuerzas armadas. «Ucrania se encuentra en una posición mucho más sólida gracias a la superioridad tecnológica de la que dispone», señaló la ministra de Asuntos Exteriores de Letonia, Baiba Braže. Esta reducción de la brecha de poder a nivel mundial ha limitado lo que el poderío militar por sí solo puede lograr. China observa estas tendencias de cerca mientras contempla si podría, o debería, apoderarse de Taiwan.

Los conflictos que asolan el mundo son, por supuesto, diferentes en muchos aspectos. Ucrania es una democracia que libra una guerra de autodefensa contra una invasión rusa no provocada. El régimen represivo de Irán mató a miles de sus propios ciudadanos antes de que Estados Unidos e Israel lanzaran los bombardeos en el mes de febrero, y lleva décadas apoyando a milicias aliadas que desestabilizan Oriente Medio.

Sin embargo, todas estas guerras encierran una lección similar, afirmó el ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, en una entrevista. «El tipo de guerra al que estábamos acostumbrados, el tipo de guerra que Rusia tenía en mente en Ucrania –invadir y ocupar una nación– ya no es concebible», dijo. «Las guerras duran mientras una nación tenga la resiliencia y la voluntad de resistir. Conquistar una nación cuando sus ciudadanos están dispuestos a luchar es imposible, incluso cuando existe una disparidad de fuerzas como la que había entre Rusia y Ucrania, o más aún entre Estados Unidos e Irán. Es difícil incluso para Israel, que aún no ha tenido éxito contra Hamas en lo que es, prácticamente, solo una ciudad».

El cambio de régimen –el objetivo de Rusia en Ucrania y, al menos inicialmente, el de Estados Unidos en Irán– ya no puede lograrse solo con la fuerza de las armas en el mundo moderno, coincidió el general Onno Eichelsheim, jefe de Defensa de los Países Bajos.

«Es casi imposible conquistar tales naciones con toda la capacidad de la que se dispone, ya sea Estados Unidos contra Irán o Rusia contra Ucrania», afirmó Eichelsheim. «Y si no se tiene éxito en las dos primeras semanas, se acaba en una situación de estancamiento que es muy difícil de romper. Si se quiere lograr algo, hay que lograrlo muy, muy rápido».

Los límites de las capacidades de las grandes potencias no son nada nuevo. En el pasado, tanto Washington como Moscú sufrieron reveses en guerras en el extranjero. Estados Unidos tuvo que retirarse de Vietnam. Ambas potencias acabaron derrotadas en Afganistán. El historial de Estados Unidos con la ocupación de Irak es, en el mejor de los casos, desigual.

Sin embargo, en estos casos, las grandes potencias tuvieron que rendirse debido a insurgencias prolongadas y dolorosas que siguieron a las victorias militares convencionales y que, con el tiempo, minaron el apoyo interno a la guerra. Ya no es así. Los tanques rusos no han podido llegar a Kiev en más de cuatro años de guerra, y los avances rusos en el campo de batalla se han detenido prácticamente por completo. Estados Unidos ni siquiera intentó operaciones terrestres en Irán, sabiendo perfectamente cuántas bajas estadounidenses supondría.

Con la revolución de la guerra con drones impulsada por el conflicto entre Rusia y Ucrania y la capacidad de Irán para desarrollar un vasto arsenal de misiles balísticos de largo alcance de gran precisión, la enorme ventaja del ejército estadounidense en poder aéreo, inteligencia y reconocimiento se ha visto parcialmente contrarrestada. Esto ha hecho impensable una ofensiva blindada convencional hacia Teherán al estilo de la invasión estadounidense de Irak en 2003. La rápida destitución del hombre fuerte de Venezuela, Nicolás Maduro, en enero –que en su momento parecía una operación precursora de lo que estaba por venir, avivando el apetito de Trump por Groenlandia e Irán– parece ahora una rara excepción más que un presagio del futuro ejercicio del poderío estadounidense.

China está prestando mucha atención a todo esto. «Antes de la guerra en Ucrania, la gente creía que Rusia era la segunda potencia militar del mundo. Ahora, las potencias militares más fuertes están todas involucradas en guerras, y estas guerras no están yendo tan bien», afirmó el coronel retirado Zhou Bo, antiguo director del Centro de Cooperación en Seguridad del Ministerio de Defensa de China y actualmente investigador principal en la Universidad de Tsinghua de Pekín.

La principal conclusión que debería sacar China es la oportunidad de invitar a expertos rusos a compartir sus conocimientos sobre la guerra moderna con drones, añadió: «China es el mayor productor de drones, pero no sabemos cómo utilizarlos militarmente hablando, en realidad. Solo los países que han utilizado drones en el campo de batalla pueden decirte cuán eficaces son realmente».

La frase de Tucídides, que durante mucho tiempo ha sido un axioma de la llamada escuela realista de las relaciones internacionales, es una expresión de crudo fatalismo más que una guía para la realidad mundial, mucho más complicada, advirtió el académico singapurense Bilahari Kausikan, que trabajó como embajador de la nación insular ante las Naciones Unidas. Si fuera cierto, bromeó, un país pequeño como Singapur habría sido engullido por sus vecinos hace mucho tiempo.

«Todos los países tienen capacidad de acción, incluso si se encuentran en circunstancias extremas. Pero tener la perspicacia para reconocer esa capacidad y el hecho de ejercerla son cuestiones diferentes», afirmó Kausikan.

A diferencia de Ucrania e Irán, señaló, es posible que Taiwan no tenga la voluntad de ejercer esa capacidad de acción porque Pekín está logrando cada vez más minar la determinación de la población para resistir una posible operación militar china en el futuro. Rechazando la propuesta de rearme del Gobierno, el Parlamento de Taiwan, dominado por la oposición, aprobó en mayo un paquete de gasto militar especial mucho más reducido, de 25.000 millones de dólares, que recortaba entre otras cosas la financiación para drones de diseño nacional y capacidades de guerra asimétrica. La nueva líder de la oposición, Cheng Li-wun, ha visitado al presidente chino, Xi Jinping, y ha adoptado una postura mucho más conciliadora hacia Pekín.

«Les digo a mis amigos taiwaneses –sin mucho éxito– que han sacado la lección equivocada de Ucrania», puntualizó Kausikan. «La lección no es que las democracias ayuden a otras democracias. La lección es que los ucranianos se ayudaron a sí mismos, y entonces otras personas estuvieron dispuestas a ayudarles».

Filipinas también se encuentra enzarzada en una disputa con Pekín, y podría enfrentarse a un problema similar en cuanto a la determinación de resistir si estalla la guerra. «Nuestras poblaciones han estado protegidas de la realidad del conflicto. Lo que se enseña es una cultura de paz pasiva al estilo de Gandhi», lamentó el secretario de Defensa de Filipinas, Gilberto Teodoro Jr. «Pero para tener eso es necesario contar con un sólido escudo de defensa que asegure un entorno político capaz de garantizar la seguridad de todos aquellos que apoyan la no violencia».

En su discurso en Davos, Carney –cuyo país es a veces señalado por Donald Trump como el futuro estado número 51– argumentó que las potencias medias como Canadá no tienen más remedio que cooperar con naciones similares para evitar la «subordinación» a las potencias hegemónicas mundiales. Desde entonces, las naciones europeas, las democracias asiáticas y Canadá han tomado medidas para fortalecer sus lazos militares, económicos y de seguridad, en parte para contrarrestar su dependencia de Estados Unidos y de China.

«Si se unen, las potencias medias pueden hacer frente a las grandes potencias», afirmó el politólogo francés Nicolas Tenzer. «Ninguna de ellas puede hacerlo sola, pero juntas tienen formas de imponer decisiones, ya sea militarmente o en términos de derecho internacional. Hay margen de maniobra, aunque eso no significa que vaya a ser fácil».

La historia es una guía sobre los peligros de la arrogancia de las grandes potencias. Allá por el año 416 a.C., la negativa a someterse a Atenas, la superpotencia de la Antigüedad, acabó mal para los isleños de Melos. Todos sus hombres, como señaló Tucídides, fueron masacrados, y las mujeres y los niños, esclavizados. Sin embargo, al final, tal prepotencia imperial se volvió en contra de Atenas: perdió la guerra más amplia por el dominio de Grecia


La apertura de Ormuz, una oportunidad para España y Europa. Rafael Pampillón. Profesor de la Universidad CEU-San Pablo y del IE Business School.

Durante meses, el estrecho de Ormuz recordó al mundo que la geografía sigue teniendo mucho poder. Cada misil o dron lanzado en el Golfo, cada ataque a infraestructuras energéticas y cada amenaza de cierre de esta estrecha vía marítima añadían tensión a unos mercados que, antes del conflicto, ya convivían con guerras comerciales y dificultades en las cadenas de suministro. Por eso, la consolidación del alto el fuego y la reapertura efectiva del estrecho constituyen, probablemente, la mejor noticia económica internacional de este año. No porque el mundo haya recuperado, de repente, la estabilidad perdida. Sino porque se ha evitado uno de los escenarios más peligrosos para la economía global: una interrupción prolongada del flujo energético.

Antes de la guerra, no éramos conscientes de la importancia de Ormuz. Pero cuando ese cuello de botella se bloquea, el problema no afecta únicamente a Oriente Próximo. Lo acaba pagando el conductor que llena el depósito en Madrid, el agricultor que compra fertilizantes en Castilla y León, la empresa industrial alemana que consume gas, la aerolínea que transporta turistas hacia las costas españolas, o el barco de pesca que faena en aguas de Galicia.

La reapertura de Ormuz equivale, en cierto modo, a retirar un enorme impuesto invisible, que durante meses ha pesado sobre la economía mundial.

El petróleo deja de ser una amenaza inmediata

Durante los últimos años hemos hablado mucho de inteligencia artificial, digitalización o transición energética. Pero la realidad es que una parte muy importante de la economía mundial sigue moviéndose gracias a los combustibles fósiles. Esa dependencia explica que el estrecho de Ormuz siga siendo uno de los puntos más sensibles del planeta para la economía mundial. Por eso, la reapertura de esta vía marítima está siendo recibida con alivio por los mercados energéticos. Esta semana el precio del petróleo inició una senda descendente al aumentar la confianza de que el oro negro volverá a fluir desde Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Irán, Kuwait y Catar.

Así, las familias destinan menos renta al combustible y a la energía. Las empresas reducen costes. Sus márgenes mejoran. La inflación se modera. Y la confianza económica recupera terreno.

No es casualidad que, prácticamente, todos los activos sensibles al coste de la energía estén reaccionando positivamente. Bajan el precio del petróleo y del gas, suben las bolsas y mejoran las perspectivas para el euríbor y los tipos de interés. Los inversores empiezan a descontar un escenario con menos inflación, más crecimiento y una política monetaria menos restrictiva.

Europa sale especialmente beneficiada

Si existe una región que gana con la paz es Europa. Estados Unidos ha aumentado su producción energética durante los últimos quince años. Europa, en cambio, continúa siendo una importadora neta de energía. La guerra de Ucrania ya había demostrado hasta qué punto la dependencia energética puede convertirse en una amenaza. La crisis del Golfo ha servido para recordarlo una vez más.

La reapertura del estrecho implica menores costes de importación para petróleo y gas, una reducción de las tensiones inflacionistas y una mejora de las expectativas empresariales. Pero existe además un beneficio menos visible y quizá más importante: devuelve margen de maniobra al Banco Central Europeo.

Durante esta crisis, el BCE se enfrentaba a un dilema. La energía empujaba los precios al alza mientras el crecimiento económico seguía siendo débil. Una combinación potencialmente peligrosa.

La reapertura de Ormuz no resolverá todos los problemas de Europa, pero sí elimina uno de los obstáculos más importantes que amenazaba su recuperación. Insisto: menos inflación, tipos de interés más bajos, energía más asequible y empresas más competitivas. Es difícil encontrar una combinación más favorable para una economía que necesita recuperar dinamismo. Y pocas cosas necesita hoy más Europa que combinar energía relativamente barata con financiación más accesible.

España obtiene una ventaja adicional

Para España, donde el turismo, el transporte y buena parte de la actividad productiva son especialmente sensibles al coste de la energía, la noticia llega en el mejor momento posible. España sale incluso mejor posicionada que muchos de sus socios europeos.

Nuestra economía importa prácticamente todo el petróleo que consume. Esto significa que cada descenso del precio del crudo genera una mejora inmediata en la producción nacional. Pero además existe una segunda razón. España es una potencia de servicios, transporte y turismo. Precisamente tres sectores especialmente sensibles a los costes energéticos.

Por poner tres ejemplos, las aerolíneas, los camiones y los cruceros consumen combustible. Los hoteles dependen de costes energéticos relevantes. La agricultura utiliza fertilizantes y maquinaria intensivos en energía. Cuando el petróleo baja, toda esta estructura productiva gana competitividad.

Eso es especialmente importante en un momento en el que España sigue batiendo récords turísticos. Un entorno de costes energéticos más moderados permite proteger márgenes empresariales, mantener precios competitivos y reforzar la capacidad de crecimiento del sector.

Existe además un efecto macroeconómico adicional que suele recibir menos atención. Una factura energética menor mejora la balanza comercial.

España sigue registrando un importante déficit en el comercio de bienes. Parte de ese déficit procede precisamente de la importación de energía. Si el petróleo cuesta menos, la factura exterior disminuye y la economía necesita menos recursos para financiar sus compras al exterior.

El consumidor también gana

Los economistas hablamos mucho de inflación, déficit exterior, deuda pública o productividad. Pero las economías también funcionan gracias a las percepciones. Cuando los consumidores observan que los precios de los combustibles dejan de subir, su sensación de seguridad mejora. Eso suele traducirse en una mayor predisposición al gasto y una mejora de la confianza. Y la confianza es uno de los activos económicos más importantes.

Las familias compran viviendas, coches o bienes duraderos cuando creen que el futuro será más estable. Las empresas invierten cuando perciben que los riesgos disminuyen.

Por eso la reapertura de Ormuz tiene un componente psicológico que no debe infravalorarse. Después de sufrir pandemia, inflación, guerra en Ucrania, tensiones comerciales y conflicto en Oriente Próximo, cualquier reducción de la incertidumbre genera efectos económicos positivos.

Pero no volvemos al mundo anterior

Ahora bien, la reapertura de Ormuz no significa que hayamos regresado al mundo que conocimos durante las tres décadas posteriores a la Guerra Fría. Aquella globalización, basada en energía abundante, comercio cada vez más libre, Europa protegida militarmente por Estados Unidos y cadenas de suministro extremadamente eficientes, pertenece cada vez más al pasado que al futuro.

La crisis del Golfo deja varias lecciones. Europa ha comprobado que la seguridad energética tiene un coste. Las empresas han descubierto que incluso las cadenas de suministro más sofisticadas pueden ser vulnerables. Y los gobiernos han entendido que una dependencia excesiva del exterior puede transformarse, de la noche a la mañana, en un problema estratégico.

Los seguros marítimos seguirán siendo más caros. Las empresas mantendrán inventarios más elevados. Las refinerías, aumentarán sus stocks y a la vez continuarán diversificando sus fuentes de suministro. Y Europa tendrá que seguir reforzando su capacidad de Defensa.

El mundo ha evitado una crisis energética de gran magnitud. Pero también ha aprendido que la seguridad, la energía y la geopolítica vuelven a formar parte del cálculo económico cotidiano.

Los precios de la energía serán más estables que durante los tres meses de guerra, pero difícilmente volverán a ser tan baratos como antes del conflicto.

Además, Europa afronta otros desafíos de enorme magnitud: envejecimiento demográfico, creciente competencia tecnológica de Estados Unidos y China y una fragmentación comercial cada vez más evidente.

La reapertura del estrecho de Ormuz no resolverá todos nuestros problemas, sin embargo, elimina uno de los mayores riesgos que amenazaban la economía mundial en 2026. Y eso, en los tiempos que corren, ya es una excelente noticia.


¡Buen fin de semana!

Comentario de Mercado viernes 12 de Junio del 2026.

El mercado sigue comprando TACOs… Ayer Trump amenazó con nuevos ataques aéreos contra Irán y con tomar el control de la isla de Kharg, principal terminal de exportación de petróleo iraní, que canaliza el 90% de sus exportaciones de crudo, y luego canceló dicho ataque y anunció que “hemos terminado la guerra con Irán hoy” lo que provocó el mayor rally de las bolsas desde hace dos meses y una caída del 6% del precio del Brent (actualmente está a 86,66$). Trump afirmó que JD Vance podría asistir a la firma de un acuerdo con Irán en Europa esta semana, aunque las autoridades iraníes no han confirmado este hecho (Trump says he has canceled strikes on Iran, signals move toward deal).

Precio del petróleo Brent último mes:

Movimiento del S&P 500 de ayer:

Esta semana hemos asistido a la enésima “nueva” escalada de tensiones tras lanzar Estados Unidos un ataque de precisión contra objetivos iraníes (sistemas de defensa aérea, estaciones de control terrestre y radares de vigilancia cerca del Estrecho de Ormuz), después de que Trump atribuyera a Irán el derribo de un helicóptero Apache americano que patrullaba sobre el Estrecho de Ormuz. Irán respondió con un ataque de drones contra la Quinta Flota americana en Bahréin y ataques sobre instalaciones militares americanas en Jordania y Kuwait. Aun con todo, Israel continúa sus operaciones en el sur del Líbano y Netanyahu mantiene el derecho de respuesta si Irán ataca de nuevo, mientras Irán advierte de «acciones mucho más duras» si Israel continúa atacando el Líbano. Las declaraciones el martes del secretario de energía americano, Chris Wright, afirmando que el tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz está aumentando progresivamente, fueron interpretadas por el mercado como una señal de que los riesgos de interrupción del suministro energético podrían estar disminuyendo, favoreciendo una caída del Brent y un cierto alivio en los activos de renta fija.

Los buenos datos de empleo en Estados Unidos el viernes pasado, se han llevado por delante las últimas esperanzas de recortes de tipos, y las nuevas ampliaciones de capital de Alphabet, junto con rumores de un movimiento similar por parte de Meta, además de la inminente salida a bolsa de SpaceX, han reavivado los temores típicos de las fases tardías del ciclo entre muchos analistas. Las oleadas de OPVs suelen confirmar la fortaleza del mercado más que ponerles fin. A pesar del impacto persistente del encarecimiento de la energía, por el momento no se observa un deterioro económico en Estados Unidos suficiente como para que la autoridad monetaria considere medidas de apoyo. El índice de sorpresas económicas de Citi para Estados Unidos alcanzó un nuevo máximo desde el inicio del actual ciclo de flexibilización de la Fed en 2024, lo que indica que la economía está superando claramente las expectativas. El mercado ahora se centra ahora en cómo reaccionará el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, cuya primera reunión de política monetaria tendrá lugar la próxima semana. Parte del crecimiento del PIB americano de mayo se considera transitorio por el impulso del Mundial de Fútbol, mientras que sectores como finanzas e información mostraron cierta debilidad. Aunque una inflación elevada podría generar un repunte salarial que reactive las presiones inflacionarias, los sueldos crecieron por debajo del objetivo del 3,5%, lo que es compatible con una inflación del 2%. Por ello, los analistas esperan que la Fed mantenga los tipos sin cambios ahora en Junio, aunque Warsh tendrá un importante desafío para justificar su preferencia por una política más laxa. Los analistas están dando una probabilidad de subida de 25 puntos básicos en Diciembre del 70%, hace 3 meses el mercado esperaba varios recortes de tipos durante el 2026 y principios del 2027, hace un mes esas expectativas se moderaron hasta el momento actual en el que los analistas esperan subidas de tipos para controlar la inflación, para después volver a relajarlos.

En cuanto al mercado de divisas sigue muy influenciado por la geopolítica, aunque la moderación del precio del petróleo indica que el mercado sigue descontando un escenario de paz. El dólar se ha fortalecido esta semana gracias al crecimiento económico estadounidense y a la ausencia de recortes de tipos por parte de la Fed, mientras que el euro sufre por el debilitamiento del impulso económico en la eurozona, donde un posible aumento de tipos del BCE no sería suficiente para sostenerlo. El yen continúa bajo presión por su desventaja de tipos y su sensibilidad a los precios energéticos, lo que aumenta la presión sobre el Banco de Japón para adoptar una política más agresiva.

Eurodólar últimos 6 meses:

Dólaryen últimos 6 meses:

El mercado de salidas a bolsa vive su mayor recuperación desde 2021, con 44 OPVs en Estados Unidos, más del doble que el año anterior, y con una recuperación que parece estar en sus primeras etapas. Grandes empresas privadas preparan su debut, lo que podría acelerar la actividad, aunque existen temores a un exceso de oferta de acciones. Sin embargo, las recompras por parte de las empresas superarán la emisión total en 2026 y muchas de las nuevas acciones que se emiten quedan bloqueadas tras la IPO, reduciendo la oferta inmediata. A diferencia de los excesos de 1999 o 2021, el entorno actual muestra una Fed no agresiva, beneficios corporativos sólidos y fuerte demanda por partes de los inversores.

SpaceX, el conglomerado aeroespacial, satelital y de inteligencia artificial de Elon Musk, quiere hacer historia con su salida a Bolsa hoy, que convertirá a su fundador en el primer billonario de la historia y pulverizará todos los registros de operaciones de venta de acciones. Su precio de salida a Bolsa es de 135 dólares por acción, para vender 555,6 millones de acciones de nueva, lo que suponen 75.000 millones de dólares, la demanda ha sido de 250.000 millones, lo que supone una sobresuscripción de 3 veces la oferta. La captación de fondos podría elevarse a 86.000 millones de dólares si los bancos colocadores ejercen la opción “greenshoe” para vender 83,3 millones de acciones adicionales, lo que le otorgaría un valor de mercado de 1,78 billones de dólares, más que duplica el récord de la OPV de la petrolera Saudi Aramco, que captó 29.400 millones de dólares en 2019. Sin embargo, no es la mayor recaudación de capital en Bolsa. Google acaba de protagonizar una megaemisión de acciones tras colocar 85.000 millones de dólares en plena fiebre de la IA. También es histórica su aspiración de valoración, de conseguirlo, entraría en el ránking de las diez empresas más valiosas del mundo, por encima de empresas como Meta y Tesla. La colocación ha sido liderada por un macrosindicato de 23 bancos, liderado por Goldman Sachs, Morgan Stanley, BofA, Citigroup y J.P.Morgan. Musk quiere reservar del 20% inversores minoristas (se habló esta semana de que sería el 30%), algo inusual. Los minoristas europeos pueden optar a un máximo de 55,5 millones de títulos. La demanda se canaliza en España a través de Santander, GVC Gaesco Valores, y Renta 4 Banco, y varios brókeres online como Revolut, Trade Republic, Interactive Brokeres y DeGiro. El tramo minorista general y el programa del 5% reservado para empleados y allegados quedan exentos de restricciones, lo que les permite vender desde el primer día y eleva el riesgo de volatilidad. Los accionistas actuales tienen periodos de bloqueo con un calendario de liberación progresivo. Musk, con un 82,4% de los derechos de voto, no puede vender en 366 días. SpaceX ingresó 18.674 millones de dólares en 2025, un 33% más, con un ebitda ajustado de 6.584 millones de dólares y pérdidas netas de 4.937 millones. Esto significa que busca una valoración de más de 93 veces ventas, anclada más en promesas futuras y en la figura de Musk que en negocio presente. SpaceX, que emplea a 22.000 personas, tiene 15.852 millones de dólares de caja y 29.132 millones de deuda, sobre un total de activos de 102.094 millones. Musk fundó SpaceX en 2002 con el fin último de colonizar Marte. Más allá de proyectos de ciencia-ficción, el grupo hace dinero hoy con Starlink, su negocio de comunicaciones satelitales, que es el motor de ingresos, ya que genera el 61% de la cifra de negocio, y es la única división rentable, con una ganancia operativa de 4.423 millones de dólares. El segmento de lanzamientos al espacio, cuasi monopolio mundial, es la base tecnológica de la empresa y aporta un 22% de ingresos con su actividad para clientes comerciales y gubernamentales con el cohete Falcon, y acuerdos como el de la NASA. Registró 657 millones de dólares de pérdidas operativas tras acelerar la inversión en el desarrollo de su cohete reutilizable Starship, al que destinó 3.000 millones de dólares. Tras integrar en el conglomerado en febrero xAI, que engloba su negocio de inteligencia artificial y la red social X, en una operación que valoró el grupo resultante en 1,25 billones de dólares. Esta división generó 3.201 millones de dólares de ingresos, pero perdió 6.355 millones por los enormes requerimientos de inversión en infraestructura. De hecho, el año pasado la IA aglutinó 12.727 millones de dólares de gastos de capital, el 61% del capex del grupo, y en el primer trimestre suma otros 7.723 millones. Los fondos de la colocación en Bolsa se destinarán a proyectos como ampliar esta infraestructura de computación para IA, acelerar el desarrollo de Starship y expandir la constelación de Starlink. Además, está obligada a amortizar, en un plazo máximo de seis meses, un préstamo puente de 20.000 millones de dólares, que se usó para refinanciar deudas de X y xAI tras su integración en el grupo. En la OPV cuantifica en 26,5 billones de dólares el mercado total direccionable para SpaceX en IA, el 93% del tamaño potencial del negocio donde busca competir el grupo. Goldman Sachs estima que los ingresos de IA de SpaceX llegarán a 322.000 millones en 2030, cien veces más que ahora, y dice que supondría a final de la década el 68% del negocio del grupo. La vía más visible es el alquiler de capacidad de sus centros de datos Colossus. SpaceX tiene ya contratos con Anthropic por 15.000 millones de dólares anuales y con Google, desde octubre, por 11.000 millones anuales, lo que garantiza más de 70.000 millones de ingresos por IA hasta 2029. Además, con la compra por 60.000 millones de dólares de Cursor, la herramienta de programación asistida por IA, Musk busca atacar el mercado corporativo. El grupo argumenta que ningún competidor controla a la vez infraestructura de lanzamiento, una constelación satelital global y un negocio de IA. Musk cree que su ventaja en la carrera de la IA, que requiere gran capacidad de cómputo, llegará con su plan para instalar centros de datos en órbita, alimentados por energía solar y conectados a tierra mediante Starlink. De esta forma, defiende que tendría capacidad de computación sin las restricciones de espacio y energía que limitan a los centros terrestres. El folleto de la OPV advierte de que los centros orbitales y las misiones interplanetarias y lunares podrían no ser viables y señala que un fallo o retraso en Starship comprometería muchos planes. Hay riesgos regulatorios y legales por los litigios de Grok. También de gobernanza, puesto que la compañía es altamente dependiente del liderazgo de Musk. Los estatutos blindan su control total al establecer que solo puede ser destituido como presidente y consejero delegado con el voto de la mayoría de las acciones Clase B, un paquete de títulos que él mismo posee en un 91,6%.

Esta semana publicaba un informe Jeffereis sobre la salida a Bolsa de SpaceX que compara la OPV de SpaceX con otras colocaciones bursátiles en Wall Street, el informe parece señalar que habrá inversores minoristas que acudirán con la estrategia de hacer dinero rápido esperando que la acción se dispare en su estreno. La transacción lanzada por SpaceX tiene tres características clave, una elevada proporción de las acciones va dirigida a inversores minoristas, habrá un bajo free-float, al venderse un 4% del capital y el múltiplo de valoración sobre ventas es muy alto. En el pasado, las OPV de empresas con alta presencia minorista han tenido un buen estreno bursátil, con subidas el primer día del 113% para Airbnb o del 168% para Circle Internet. Por el contrario, Robinhood y Uber bajaron un 7 y 8%. Más claros son los precedentes para las firmas que debutan con bajo free–float. Según Jefferies, las empresas que debutan en Bolsa tras vender menos del 10% del capital avanzan de media un 32,4% en la primera sesión. Y las que debutan a un precio que multiplica sus ventas por más de 40 veces, saltan un 35,4% en su primera jornada. Es decir, SpaceX podría dar una alegría en su estreno hoy por esos factores. Pero puede ser flor de un día. Según Jefferies, este tipo de OPV suele dar retornos negativos a los tres años del estreno.

Morningstar publicaba un informe esta semana en el que valoraba SpaceX en 63 dólares por acción, lo que supone un descuento del 53% respecto al precio de salida a Bolsa. De los analistas que recoge Bloomberg que han hecho públicas sus valoraciones sólo aparecen 3 y los 3 la tienen con recomendación de compra:

Según publica la cadena de televisión CNBC, SpaceX decidió reducir en el último momento la cantidad de acciones reservadas para pequeños inversores. La asignación para minoristas, que inicialmente se había planteado en torno al 30% de la oferta, se ha recortado hasta situarse en la franja baja del 20%. Sigue siendo un porcentaje muy superior a lo que suele ser habitual. En una OPV convencional, los pequeños inversores suelen recibir entre un 5% y un 10% de las acciones ofertadas. Incluso tras el recorte, SpaceX seguirá destinando más del doble de ese porcentaje al público minorista. Los defensores de la compañía sostienen que reducir SpaceX a un fabricante de cohetes es un error. Argumentan que el grupo combina tres negocios con un enorme potencial de crecimiento: los lanzamientos espaciales, la red global de internet por satélite. BlackRock ha pedido acciones por un valor de al menos 5.000 millones de dólares, según The Wall Street Journal.

El martes Open AI envió la documentación a la SEC para solicitar su salida a bolsa, si bien todavía sin una fecha concreta. Con este trámite se cumpliría el objetivo previsto de 3 de los gigantes de la IA de salir a bolsa.

La IA, las energías limpias y el gasto en defensa se refuerzan mutuamente, amplificando el potencial de inversión. La semana de la mayor OPV de la historia puede parecer un momento inoportuno para preguntarse si necesitamos más, y no menos, inversión en la economía. Muchos analistas creen que la salida a Bolsa de SpaceX podría señalar el techo de la burbuja tecnológica de los últimos años. Los mercados siempre se desinflan en algún momento. Pero si además consideramos que nos encontramos en un momento en el que no solo la IA, sino también otros sectores como la energía, la Defensa y la manufactura están creciendo en muchas partes del mundo y requieren mayores inyecciones de capital, deberíamos preguntarnos si estamos al principio, y no al final, de un nuevo superciclo de inversión. Para plantear esta pregunta, no es necesario responder a incógnitas que aún se desconocen, como si China o Estados Unidos ganarán la guerra de la IA, cómo terminará el conflicto en Irán o incluso cómo será el mundo tras el Consenso de Washington, por no hablar de las numerosas cuestiones a corto plazo relacionadas con los tipos de interés, la inflación o las últimas cifras de empleo. Basta con creer que la IA será una tecnología transformadora, que necesitará más energía para escalar, que estamos ante una revolución de la energía limpia, impulsada por China, y que prácticamente todos los sectores tendrán que invertir en la modernización de sus procesos, infraestructuras y capital humano para asimilar estos cambios. En el último informe mensual TPW Advisory, el inversor Jay Pelosky recopiló datos sobre IA, energías limpias y gasto en defensa en todo el mundo, procedentes de fuentes como Gartner, BloombergNEF (en energía), el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo y el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (en Defensa), entre otras. Hasta la fecha, se han gastado 6,9 billones de dólares a nivel mundial en estas tres áreas en 2025, y es probable que la cifra alcance los 10 billones de dólares a finales de este año y los 16 billones de dólares en 2030. Además, recuerda Pelosky, estas tres áreas se refuerzan mutuamente, amplificando el potencial de inversión. La IA necesita más energía. El avance hacia la soberanía tecnológica en Estados Unidos, China e incluso Europa incrementa la necesidad de inversión en IA y energía, mientras que la tendencia hacia una geopolítica de “esferas de influencia” más propia del siglo XIX exige un mayor gasto en defensa a nivel global. A esto se suma el deseo de las autoridades de aumentar la fortaleza de sectores críticos afectados por la concentración o la dispersión global de las cadenas de suministro, productos como semiconductores avanzados, principios farmacéuticos y baterías de litio, por ejemplo. Según el McKinsey Global Institute, que publicó recientemente un informe sobre el tema, el 25% de las importaciones de productos manufacturados en Estados Unidos presenta dos o tres de estas vulnerabilidades. Para producir estos y otros bienes altamente expuestos al comercio internacional íntegramente en Estados Unidos, se necesitarían otros 2 billones de dólares para modernizar fábricas, instalaciones e infraestructura. Puede que esto ocurra o no, pero es muy probable que la mitad de esa inversión se destine a la manufactura estadounidense, con una posible modernización también en Europa. Como señala un informe de Bank of America, “el valor de Wall Street frente al de la economía real ha alcanzado un nuevo máximo histórico” en Estados Unidos, con un valor de los activos financieros sobre el PIB de 6,5 veces. Los hogares de Estados Unidos poseían 68 billones de dólares en acciones a diciembre de 2025, lo que representa un máximo histórico del 37% de la riqueza familiar. Pero también hay 8 billones de dólares invertidos en fondos del mercado monetario. Esto significa que aún existe una gran cantidad de capital disponible para invertir. No quiere decir que no vaya a haber una escasez de capital a corto plazo, especialmente en Estados Unidos, dado el alto consumo de recursos de la IA. Se han reportado casos de viviendas que no se construyen porque el terreno se destina a centros de datos. La inflación de precios de los chips está empezando a afectar a los precios de los ordenadores y los smartphones, ya que las empresas y los consumidores deben competir por los recursos con los grandes proveedores de servicios en la nube. Mientras, muchos prefieren mantener efectivo dada la aparente concentración y volatilidad de los mercados y la geopolítica. Esto significa que los tipos de interés seguramente se mantendrán altos durante más tiempo, al menos hasta que los inversores se sientan más cómodos con la nueva y extraña era de la IA transformadora y las salidas a Bolsa históricas. Aún podría terminar mal.

Con las recientes caídas de la Bolsa el sentimiento de mercado está en territorio de miedo (Fear and Greed Index – Investor Sentiment | CNN).

En índice alcistas menos bajistas también ha caído esta semana cerca de mínimos anuales.

Bulls Minus Bears Index since 2016:

Una medida para determinar lo caro que está el S&P 500 es su rentabilidad por dividendo, que esta en el 0,97%, muy cerca de su mínimo histórico (0,94%) en Septiembre del 2000.

Más de la mitad de las compañías del S&P 500 están cotizando por encima de las 10 veces sus ventas, entre ellas Nvidia, Apple, Google, Microsoft, Broadcom, Tesla, Micron, Eli Lilly, AMD, Oracle y 57 más.

Según un análisis de Bank of America el S&P 500 está sobrevalorado frente a sus medias históricas de acuerdo a 17 de 20 métricas:

Importante esta semana:

El IPC estadounidense del mes de mayo volvió a mostrar una nueva aceleración de las presiones inflacionistas, con un avance del índice general desde el 3,8% hasta el 4,2% interanual, en línea con las expectativas del consenso y alcanzando su nivel más elevado desde comienzos de 2023. En términos mensuales, la referencia aumentó un 0,5%, también en línea con lo esperado. Sin embargo, la evolución de la inflación subyacente fue algo más favorable de lo anticipado, con un incremento del 0,2% mensual frente al 0,3% esperado, aunque la tasa interanual repuntó igualmente una décima hasta el 2,9% como consecuencia de efectos base menos favorables. Al igual que en los meses anteriores, la energía volvió a ser el principal factor responsable del repunte de la inflación. El componente energético registró un aumento mensual del 3,9%, elevando su tasa interanual hasta el 23,5%. Dentro de esta partida destacó nuevamente la gasolina, cuyos precios avanzaron un 7,0% mensual y un 40,5% interanual como consecuencia del encarecimiento del petróleo derivado del conflicto entre Irán y Estados Unidos. Asimismo, continuaron observándose presiones alcistas en componentes relacionados con el transporte, con las tarifas aéreas aumentando un 2,7% mensual y un 26,7% interanual, reflejando el impacto que el mayor coste del combustible sigue teniendo sobre diversos servicios vinculados a la movilidad. Aunque, el comportamiento de la inflación subyacente resultó relativamente más benigno que en abril. De hecho, los precios, eliminando alimentos y energía, registraron una caída del 0,1% mensual, mientras que algunos componentes tradicionalmente sensibles al ciclo mostraron una evolución moderada. Los precios de los vehículos nuevos descendieron un -0,3% mensual, los vehículos usados apenas aumentaron un 0,1% y los costes de la vivienda se desaceleraron de forma significativa, con el componente de vivienda moderándose hasta el 0,3% mensual desde el 0,6% registrado en abril. Aunque los servicios, ex energía, continuaron avanzando un 0,3% mensual y mantienen una inflación elevada, el dato plantea que, por el momento, el shock energético no se está trasladando de forma generalizada al resto de componentes de la cesta de consumo. Aunque la moderación observada en la inflación subyacente aporta cierto alivio a corto plazo, la persistencia de unos precios energéticos elevados y el riesgo de nuevas perturbaciones derivadas del conflicto en Oriente Próximo previsiblemente mantendrán a la Reserva Federal en una posición prudente, reduciendo el margen para considerar recortes de tipos en el corto plazo.

Fuente: Inverseguros.

Trump afirmó el lunes que Irán estaría dispuesto a aceptar no desarrollar armas nucleares y señaló que podría tener una decisión definitiva en uno o dos días, insistiendo además en que ambas partes están “muy cerca” de alcanzar un acuerdo sólido. Estas declaraciones llegaron después de que diversos medios informaran de que Irán e Israel habían accedido a detener temporalmente los ataques tras una advertencia directa de Trump al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

Trump afirmó que no tiene intención de renovar el acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá (USMCA) cuando llegue el momento de revisarlo, en Julio de este año, argumentando que Estados Unidos no necesita nada de sus dos principales socios comerciales y que ambos países deberían ofrecer condiciones más favorables a Washington.

La última encuesta de la Fed de NY muestra que los trabajadores estadounidenses perciben un mayor riesgo de perder su empleo durante los próximos meses. Sin embargo, de forma aparentemente contradictoria, también aumenta la probabilidad declarada de abandonar voluntariamente el puesto de trabajo actual. Por su parte, las expectativas de inflación apenas registraron cambios.

Esta semana conocimos el déficit comercial de Abril en Estados Unidos, que se redujo apoyado en las mayores ventas de petróleo que compensaron las mayores importaciones de productos tecnológicos y necesarios para seguir desarrollando la IA. En abril, el saldo negativo de la balanza comercial se situó en los -55.900 millones de dólares, una reducción del -1,2% mensual explicada en parte por el incremento del +7,7% de las exportaciones de petróleo que en abril registraron un volumen récord, también se dispararon los envíos de gasolina, diésel y combustible para aviones. Estos ingresos extraordinarios han ayudado a compensar un persistente aumento de las importaciones de bienes de capital vinculados a la construcción de centros de datos: en términos nominales, las importaciones de semiconductores, ordenadores y accesorios continuaron aumentando y aglutinaron cerca del 21% de todas las compras de bienes del extranjero. También esta semana, sorprendieron positivamente las ventas de viviendas de segunda mano, que crecieron en mayo más de lo esperado al acelerarse un +3,2% mensual hasta 4,17 millones de unidades anualizadas, su mayor nivel en el año. A pesar del repunte, el mercado de transacciones sigue estancado con unos precios que en promedio para las viviendas usadas aumentaron un +1,3% frente al año pasado hasta los 429.300 dólares.

También en Estados Unidos ayer se publicaron datos de precios de producción industriales repuntaron más de lo esperado en mayo y aceleraron su crecimiento hasta el +6,5% interanual desde el +5,7% anterior, situándose una décima por encima de lo previsto y en máximos desde noviembre de 2022. Además de los costes energéticos, en esta ocasión la subida de los precios industriales se está ampliando a más productos intermedios, la tasa subyacente, la que excluye los precios de la energía, alimentos y costes de trasporte, también repuntó con fuerza al elevarse hasta +5,1% frente al +4,4% previo, una señal de que esta subida de los precios intermedios pondrá presión sobre los precios al consumo en los próximos meses. Por su parte, en el mercado laboral, ayer se publicaron las peticiones de subsidio por desempleo que siguen en niveles reducidos, elevándose solamente en 4 mil personas en la semana hasta 229 mil peticiones.

En Europa, como se esperaba el Banco Central Europeo subió los tres tipos de interés oficiales en 25 puntos básicos, situando de depósito en 2,25%. La decisión viene acompañada de una revisión sustancial de las proyecciones macroeconómicas de la zonaeuro, reflejando el impacto que el prolongado encarecimiento de la energía derivado del conflicto en Oriente Próximo está teniendo sobre las perspectivas de inflación y crecimiento. El BCE reconoce que el encarecimiento de la energía ya está trasladándose parcialmente a la inflación de alimentos, bienes y servicios, y advierte de que una prolongación del shock aumentaría la probabilidad de efectos indirectos y de segunda ronda más amplios sobre los precios y los salarios. Las nuevas previsiones elevan la inflación media hasta el 3,0% en 2026 y el 2,3% en 2027, mientras que la inflación subyacente también se revisa al alza hasta el 2,5% tanto en 2026 como en 2027. Además, el BCE reconoce que el conflicto está teniendo un impacto negativo sobre la actividad económica. Las nuevas proyecciones reducen el crecimiento esperado para 2026 y 2027 hasta el 0,8% y el 1,2%, respectivamente, reflejando el efecto adverso del encarecimiento de las materias primas sobre la renta real de los hogares, la confianza y las condiciones económicas generales. De esta forma, la institución asume que el shock actual presenta cierto carácter estanflacionista, combinando mayores presiones inflacionistas con un deterioro de las perspectivas de crecimiento. No obstante, el BCE evita por el momento asumir que se haya producido un desanclaje inflacionista generalizado. El BCE insiste en que la magnitud final del impacto dependerá de la intensidad y duración del conflicto, así como de la aparición de efectos indirectos y de segunda ronda. EEl Banco Central publicaba ayer junto a las proyecciones la actualización de los dos escenarios alternativos “adverso” y “severo” que ya se plantearon en marzo junto con un escenario más positivo que tal y como reconoce la propia Lagarde, en las condiciones actuales tiene unas probabilidades reducidas de materializarse. De cara a la política monetaria, el BCE mantiene un enfoque plenamente dependiente de los datos y reunión a reunión, evitando cualquier compromiso explícito sobre futuras decisiones. Aunque, el tono del comunicado resulta más restrictivo que en reuniones anteriores, al reconocer una mayor persistencia de las presiones inflacionistas derivadas de la energía y al revisar al alza tanto la inflación general como la subyacente. La subida de ayer no puede interpretarse como un movimiento aislado, el balance de riesgos descrito por Lagarde continúa claramente sesgado al alza para la inflación, lo que sugiere que la institución sigue considerando posible la necesidad de nuevas subidas de tipos si el shock energético continúa prolongándose o se intensifica su transmisión al resto de la economía.

Tras la subida de tipos aprobada ayer por el BCE, diversas informaciones procedentes de fuentes internas muestran que la posibilidad de un nuevo incremento en julio continúa sobre la mesa, aunque no constituye actualmente el escenario central. Según Bloomberg, algunos miembros del Consejo de Gobierno no descartan actuar nuevamente ya en julio, mientras que Reuters señala que la mayoría considera más probable una pausa temporal, salvo que el petróleo vuelva a situarse claramente por encima de los 100 dólares por barril.

En Italia después de conocerse que Intesa Sanpaolo habría presentado una oferta valorada en aproximadamente 30.600 millones de euros por Monte dei Paschi di Siena, apenas un día después de que Banco BPM planteara también una operación corporativa relacionada con la entidad, el ministro de Finanzas italiano, Giancarlo Giorgetti, afirmó que el Gobierno no intervendrá en este proceso de consolidación bancaria y que el desenlace dependerá simplemente de “quién pague más”.

El martes se publicaron datos muy positivos en China, conocimos que el superávit de la balanza comercial se amplió en mayo en términos anuales hasta 105,43 mil millones de dólares, máximos desde enero, frente a los 92,3 mil millones esperados por los analistas y los 84,82 mil millones del mes anterior, impulsado por la demanda de hardware para la IA, y con sus componentes de exportaciones, que crecieron un 19,4% frente al 15% esperado y el +14,1% anterior, marcando máximos de los últimos 3 meses, e importaciones subiendo un 27,4% frente al +26% esperado y +25,3% anterior.

Fitch ha rebajado la perspectiva del conjunto de emisores soberanos mundiales desde “neutral” hasta “deteriorada”. La decisión responde principalmente al aumento de los niveles de deuda pública, al incremento de los costes de financiación y a unas perspectivas de crecimiento económico menos favorables en numerosas economías desarrolladas.

En España se publicaron datos de los precios del alquiler inmobiliario, el mercado del alquiler sigue disparado debido a la falta de oferta y los riesgos de morosidad. Sin embargo, el mapa de España no es nada homogéneo y muestra que las grandes capitales, con la excepción de Madrid y Sevilla, ya están encontrando sus límites por la falta de poder adquisitivo de la demanda, lo que desplaza las subidas de precios a capitales de menor entidad y pequeños municipios en el resto de la provincia. El precio del arrendamiento subió un 12,2% en mayo respecto al mismo mes del año pasado, de acuerdo con los datos publicados esta semana por el portal inmobiliario pisos.comUn dinamismo que se debe a que “en muchas ciudades hay cada vez más personas buscando vivienda y, al mismo tiempo, una oferta que no crece al mismo ritmo”, “los propietarios perciben que alquilar implica riesgos, lo que hace que parte de la vivienda disponible permanezca vacía o se destine a otros usos”, según el informe. El precio del alquiler se aceleró nueve décimas en mayo respecto al mes anterior, hasta el 12,2%, una cifra que es ligeramente inferior a los ritmos del año pasado, cuando se llegó a alcanzar una velocidad del 18% anual, pero que sigue siendo muy considerable y cuadruplica la inflación. Un avance que, entre las capitales, vino liderado por Sevilla (que registró un alza del 21,8%) y Madrid (18,7%), seguidas de Santa Cruz de Tenerife (7,9%), Ávila (6,6%), Huesca (5,1%) y San Sebastián (4,9%). Hay varios elementos que llaman la atención en estas cifras. El primero es que, entre las cincuenta capitales de provincia, apenas dos quedan por encima de la media y solo otras cuatro rebasan o rozan la cota del 5%, muy por debajo de este promedio, mientras que el grueso del mapa español queda por debajo del umbral del 4%. Y una de cada tres provincias se sitúa en terreno negativo, incluyendo varias capitales de cierta entidad, como Málaga, Bilbao o Alicante. Este fenómeno se explica en buena medida por el agotamiento del poder adquisitivo de la demanda después de las fuertes subidas de precios de los últimos años, que han llevado a que el alquiler ya engulla la mitad del sueldo medio en promedio en España. Estos incrementos habrían provocado que buena parte de la demanda busque refugio en los pequeños municipios en torno a las distintas capitales de provincia, menos tensionadas, trasladando a estos municipios las alzas. Un fenómeno apuntalado por el avance del teletrabajo. De hecho, los precios suben con mucha más fuerza en la mayor parte de las provincias que en sus respectivas capitales. Así, por provincias, Álava lidera las subidas de precios, con un incremento del 29,4% anual frente a una Vitoria donde los precios retroceden un 0,1%, seguida de Segovia Huesca, Teruel y Zamora (29,2% en los cuatro casos). Y en este caso solo hay tres provincias en terreno negativo, Huelva, Santa Cruz de Tenerife y Alicante, que registran caídas leves, de hasta un 2,7% anual.

Siguiendo en el mercado inmobiliario español esta semana conocimos que la inversión inmobiliaria logra un nuevo hito y supera en los seis primeros meses del año los 10.000 millones, un 50% por encima del mismo periodo del año anterior. Entre los protagonistas de 2026 destacan fondos canadienses como Brookfield, Hoopp y Omers, muy activos este año, al igual que gestoras, Socimis y firmas españolas como Azora, Criteria, Calena Partners o Atrea Real Estate. A falta de cerrar el semestre, la inversión en compra de inmuebles alcanzó los 10.052 millones, superando ya el récord de 2022, que se situó en los 10.017 millones, según los datos preliminares de JLL. Esta cifra podría elevarse además en los próximos días dado que no se incluye aquí, por ejemplo, el acuerdo alcanzado entre Nuveen y King Street para la compra de la cartera de residencias Bravo en España por 330 millones de euros. En el ránking de las cinco principales operaciones del primer semestre destacan la compra por parte de Brookfield de una cartera con 5.000 viviendas a Blackstone por 1.050 millones y el desembarco del fondo de pensiones de trabajadores sanitarios de Ontario, Hoopp, en residencial en España con la compra de una cartera a Ares por 630 millones. Le sigue la adquisición del edificio de oficinas Estel en Barcelona por parte de Criteria por 385 millones, el traspaso de una cartera residencial de Patrizia a Azora por 350 millones o Islazul (Madrid), que se integró al porfolio de activos de Castellana Properties tras desembolsar la Socimi 340 millones. Por segmentos, la inversión en el negocio residencial, incluyendo viviendas en alquiler, residencias de estudiantes y de mayores y apartamentos flexibles, alcanzó en los seis primeros meses del año los 4.375 millones, lo que supone multiplicar casi por cuatro la cifra alcanzada el pasado año por estas fechas. En residencial en renta, en concreto, se han cerrado ocho operaciones por encima de los 100 millones. Muchas de ellas implican la compra de carteras de viviendas de alquiler que pasan a manos de inversores cuyo objetivo es la segregación y posterior venta unitaria. El mercado de inversión en oficinas en España, por su parte, mantiene su tendencia alcista, con un volumen de 1.792 millones durante el primer semestre de 2026, lo que supone un incremento del 5%. El volumen de inversión en retail en España ascendió a 1.675 millones de euros de enero a junio, lo que supone un incremento del 11%. Los centros comerciales continúan liderando la inversión, con un 51% del total invertido en el año. También mantiene su dinamismo el mercado logístico, con un volumen de inversión que asciende a 779 millones de euros, un 21% más en comparación anual. La inversión en el sector hotelero en España se prevé que cierre el primer semestre de 2026 por encima de los 1.400 millones de euros, lo que supondría un descenso en torno al 14% respecto al mismo periodo del año anterior. Pese a esta corrección, los hoteles concentrarían aproximadamente el 14% de la inversión total. 


Cuando estalle la burbuja de la IA, no cuentes con el consumidor estadounidense. Matt Rowe. MAN Group.

Esta temporada de resultados ha confirmado lo que sospechábamos desde hace tiempo, pero que resultaba difícil de respaldar con datos. El consumidor estadounidense parece estar cediendo finalmente bajo el peso del aumento de los precios de la energía, el agotamiento de los ahorros y el incremento del coste de los productos de uso diario.

Aunque la atención de los inversores se centra en todo lo relacionado con la IA, la economía estadounidense sigue dependiendo de manera desproporcionada del gasto de los hogares, que representa dos tercios del producto interior bruto (PIB). Por lo tanto, si estalla la burbuja de la IA, los consumidores y las empresas que atienden al 90 % del espectro de ingresos de EE. UU. no están en condiciones de compensar la caída.

Walmart, que sigue siendo el mayor minorista físico de EE. UU., informó de que el cliente medio ahora llena el depósito con menos de 10 galones (40 litros) de combustible cada vez, una señal de tensión en el presupuesto familiar que la empresa dijo no haber visto desde 2022. Añadió que tuvo que absorber 175 millones de dólares en mayores costes de combustible en sus operaciones de distribución y logística durante el primer trimestre. Costco también informó de una elevada sensibilidad de los consumidores a los precios, con socios que utilizaban sus gasolineras por primera vez.

Dado que la resolución definitiva de la guerra con Irán sigue pareciendo frágil, es poco probable que la inflación haga otra cosa que subir, por lo que los riesgos de estanflación o de una leve recesión aumentan por momentos.

Los datos agregados no reflejan las dificultades que atraviesan los hogares

No es que esto se vea claramente en los datos oficiales del Gobierno. Sobre el papel, la economía parece estupenda. El gasto agregado de los consumidores, el desempleo y los beneficios empresariales parecen muy tranquilizadores. Los beneficios empresariales como porcentaje del PIB alcanzaron el 18,4% en el primer trimestre, la segunda cifra más alta desde que se tienen registros en la década de 1940. El S&P 500 siguió batiendo nuevos récords tras cada tropiezo.

Sin embargo, sabemos desde hace tiempo que muchas de estas cifras destacadas se ven impulsadas por un reducido grupo de hogares ricos y unas diez acciones tecnológicas de gran capitalización, lo que hace que la economía y el mercado bursátil dependan excesivamente de un pequeño grupo.

Un reciente informe de la Reserva Federal de Minneapolis analizó esta denominada economía en forma de K y descubrió que el 10 % de los hogares estadounidenses con mayores ingresos representa entre el 35 % y el 50 % del gasto total en consumo. Por su parte, los datos de la Reserva Federal (Fed) muestran que el 10 % más rico posee aproximadamente el 90 % de las acciones estadounidenses, y que estas han subido más de un 25 % en el último año.

Figura 1. Patrimonio neto de los hogares estadounidenses

Fuente: Reserva Federal, 26 de marzo de 2026. Datos hasta el 31 de diciembre de 2025.

Mientras ese grupo siga gastando gracias a las ganancias de sus activos, la cifra global se mantendrá firme casi independientemente de lo que ocurra con el 90 % restante. Si dejan de gastar, podríamos encontrarnos en una situación aún más complicada.

Las tarjetas de crédito están al límite

Sin embargo, esto no deja mucha capacidad de resistencia en el sistema si finalmente estalla la burbuja de la IA. El 90 % del mercado masivo, los consumidores de ingresos medios-bajos, parece ahora bastante arruinado. La mayor parte de este grupo ya es un usuario relativamente alto de crédito en términos proporcionales, por lo que no se trata de un nuevo recurso adicional sin explotar, como algunos han sugerido.

La tasa de ahorro personal cayó al 2,6% en abril, frente al 4,9% del año anterior, y es la más baja desde 2008, mientras que la renta personal disponible también disminuyó, ya que los hogares gastaron más en facturas. El flujo de deuda de los consumidores en mora grave aumentó del 2,45% al 2,83% en el primer trimestre, y la deuda por préstamos estudiantiles fue la que se deterioró con mayor intensidad.

Esto también deja al presidente de la Fed, Kevin Warsh, que presidirá su primera reunión la próxima semana, en una situación delicada. Los mercados están descontando ahora una probabilidad del 60% de una subida de tipos en octubre, según los mercados de futuros de los fondos federales. Si se suben los tipos para combatir la inflación, impulsada en gran medida por una crisis energética externa, la contracción del consumo se agrava. Si se mantienen, la inflación se afianza aún más.

¿Evitar a EE. UU. en su cartera?

¿En qué situación quedan los inversores? Walmart ha tenido un rendimiento un 16% inferior al del S&P 500 desde la presentación de sus resultados y es probable que las repercusiones se extiendan. El viejo consenso dicta que cuando EE. UU. estornuda, el resto del mundo se resfría.

Solo que esta vez, esto puede que ya no desencadene un contagio global automático. Quizás el resto del mundo sea más resiliente. Quizás la expansión y la colaboración lideradas por EE. UU. estén perdiendo importancia. La desglobalización y las políticas más insulares han forjado cada vez más un nuevo orden mundial. Este panorama cambiante significa que los países y las empresas de todo el mundo están aprendiendo activamente a alejarse del mercado estadounidense o a rodearlo por completo.

Para las carteras, esto significa, básicamente, aspirar a ser duraderas, defensivas y diversificadas, sin huir hacia el efectivo ni perseguir rendimientos especulativos concentrados. La mayoría de las carteras tienen demasiadas fichas en la cesta estadounidense, lo que las deja expuestas a un grupo muy reducido de consumidores acomodados. Implicaría mover activamente el capital hacia mercados desarrollados globales donde las valoraciones puedan ofrecer un mejor colchón. El rendimiento superior a largo plazo depende a menudo de incorporar este tipo de protección frente a las caídas, mediante una diversificación activa, antes de que se consolide el cambio general del mercado.

Quedarse al margen y esperar a que esto pase probablemente acabará en un desastre.


SpaceX sale a Bolsa: “Mind the Gap!”. Ángel de la Fuente. Socio en Proaltus Capital Partners y ‘trustee’ de Fundación Hermes.

Por fin llegó la hora de la salida a Bolsa de SpaceX, que empezará a cotizar en el Nasdaq a un precio fijo de 135 dólares por acción, lo cual implica una valoración de aproximadamente 1,77 billones de dólares. Por poner las cosas en contexto: la compañía generó 18.700 millones de dólares de ingresos en 2025, lo que sitúa la ratio precio/ventas implícito por encima de 90 veces. Las pérdidas se han disparado: de un beneficio de 791 millones de dólares en 2024, la compañía pasó a una pérdida de 4.900 millones en 2025, en gran parte porque el 76% de su inversión en capital (unos 40.000 millones de dólares anuales) se destina ahora a infraestructura de IA en lugar de a cohetes. SpaceX está levantando 75.000 millones de dólares y su valoración se ha más que duplicado desde diciembre.

La novedosa estructura de precio fijo resulta llamativa y merece un análisis. El book building tradicional de los IPO permite un proceso de “descubrimiento” de precio: es decir, el mercado (los inversores) le dice a la compañía cuánto vale (cuánto están dispuestos a pagar por acción). Un precio fijo no funciona así: al contrario, la compañía (en este caso, Elon Musk) le dice al mercado cuánto ha decidido que vale, e invita al público a comprar acciones pagando ese precio. Si el mercado de renta variable corrige, una operación a precio fijo conlleva más riesgo (para el comprador) del que sus defensores suelen reconocer. No hay un colchón de seguridad a la baja que permita el ajuste del precio final.

SpaceX es la primera de las tres megasalidas a Bolsa que se aproximan este año. Anthropic ha presentado una solicitud de IPO para el cuarto trimestre con una valoración que ronda los 965.000 millones de dólares, lo que implicaría haber duplicado su valoración en aproximadamente dos meses. OpenAI levantó recientemente 122.000 millones de dólares con una valoración de 852.000 millones, y también avanza hacia su IPO.

Fondos captados

En conjunto, las tres megacolocaciones podrían exigir al mercado absorber unos 200.000 millones de dólares, una cifra que supera el total de fondos captados en las IPO en Estados Unidos por todas las operaciones superiores a 50 millones de dólares entre 2022 y el primer trimestre de este año.

Cuando las compañías más valiosas del mundo están captando capital a este ritmo mediante la emisión de acciones, es razonable preguntarse qué opinan sus fundadores sobre sus propias valoraciones. Ellos (que son quienes mejor conocen sus compañías) están vendiendo, y el mercado (usted) está comprando.

La historia sugiere que esta asimetría de información rara vez termina bien para el lado que tiene menos información.


La calma de Lagarde enfría un segundo aumento de tipos en Julio. Andrés Stumpf. Financial Times.

El Banco Central Europeo (BCE) no está nervioso. La autoridad monetaria observa con calma la evolución de los acontecimientos que tienen al mundo entero en tensión y ajusta su política monetaria en consecuencia. Sin embargo, por el momento no teme que la inflación se le descontrole.

Christine Lagarde, presidenta del BCE, señaló ayer que el Consejo de Gobierno había optado de forma unánime por elevar el precio del dinero ante el shock de los precios de la energía derivado de la guerra de Irán. La banquera central calificó ese movimiento de “ajuste calibrado” e indicó que, si no se hubiera llevado a cabo, las proyecciones macroeconómicas habrían apuntado a una inflación alejada del objetivo incluso a medio plazo, algo que no podían tolerar.

Lagarde quiso dejar claro que la necesidad de subir los tipos de interés no supone necesariamente que el BCE haya entrado en un ciclo de alzas rápidas como el experimentado durante la última ola de inflación, cuando los precios se elevaron por encima del 10%. La presidenta del BCE descartó que la situación requiera ahora mismo movimientos contundentes aunque especificó que están “monitorizando atentamente la situación”.

Tranquilidad al mercado

La calma transmitida por Lagarde ha enfriado las apuestas sobre una nueva subida de los tipos de interés que pudiera llegar ya en la reunión de julio, la siguiente en el calendario de la autoridad monetaria. La experiencia de crisis previas ha llevado a los inversores a confiar en que la presidenta del BCE hará lo que sea necesario para estabilizar la inflación.

Al mismo tiempo, creen en que si señala que es momento de extremar la vigilancia, pero no hace falta realizar movimientos contundentes, así será como obrará.

El BCE parece haber optado por un camino intermedio entre mirar hacia otro lado ante una inflación causada por factores externos y golpear a la economía con unas condiciones de financiación mucho más duras que obliguen a los precios a contenerse a costa del crecimiento. Todo apunta a que, tras haber recalibrado la política monetaria a la nueva realidad de una inflación más elevada, el BCE se dará tiempo para valorar los datos y ver cómo están calando los altos precios de la energía en el resto de productos.

Lagarde destacó que “el aumento de los precios de la energía hará que la inflación siga aumentando durante el verano y la mantendrá claramente por encima del objetivo hasta el primer semestre de 2027. Este incremento tendrá también un impacto sobre la inflación de los alimentos, los bienes y los servicios”. Al mismo tiempo, destacó que “todavía no estamos viendo el efecto de segunda ronda, algo que sería atribuible en gran medida a los salarios”.

La incertidumbre generalizada podría contener las negociaciones de revisión salarial pese a que algunas empresas se vean obligadas a subir los precios de venta por un encarecimiento de las materias primas. Ante la posibilidad de deterioro económico, el BCE anticipa “moderación del crecimiento de los salarios a lo largo del año”.

Esa vigilancia de los salarios es otro de los motivos que invita a pensar en la cumbre monetaria del 23 de junio como una cita de transición para el BCE. En esa fecha, la institución con sede en Fráncfort contará con pocos datos más de los que ya maneja ahora, mientras que en septiembre habrá mucha más información sobre la mesa del Consejo de Gobierno.

La autoridad monetaria se deja todas las opciones abiertas, una postura flexible que se hace necesaria ante la elevada incertidumbre. Sobre todo teniendo en cuenta que la clave de la evolución de la inflación y la decisión final de subir más los tipos depende de la evolución de la guerra en Irán, un conflicto externo e impredecible.

Lagarde, además, cuenta con la importante cita del foro de bancos centrales que celebra cada año en Sintra, un evento en el que realiza varias intervenciones. De ser necesario, la congregación en Portugal podrían servir de excusa para modular las expectativas del mercado, como ya ha ocurrido en ediciones pasadas.

Más subidas de tipos

Pero que las subidas de los tipos de interés no se den de forma apresurada en reuniones consecutivas no quiere decir que los banqueros centrales europeos consideren que la situación quede zanjada con el alza de 25 puntos básicos de ayer. Las proyecciones de inflación contemplan –para todos los escenarios valorados– entre una y dos subidas del precio del dinero más para este año.

Teniendo en cuenta que el BCE camina sobre el alambre a la hora de cumplir en el largo plazo con su objetivo de inflación del 2%, cumplir con el endurecimiento de la política monetaria que las proyecciones toman como dado parece una absoluta necesidad.

Con la misma contundencia con la que enfatizó que no necesariamente se entraba en un ciclo de subidas de tipos, Lagarde también defendió que el alza del precio del dinero “no es preventiva ni por seguridad”. El BCE ha subido los tipos de interés porque la evolución de la inflación ha empeorado y volverá a hacerlo sin dudar en caso de que siga alejándose del objetivo marcado en su mandato.


Una reversión radical del Brexit es poco realista e innecesaria. Martin Wolf Financial Times.

Hace una semana asistí a una gran conferencia organizada por el Cercle d’Economia en Barcelona. En varias ocasiones, los participantes, en su mayoría empresarios, me preguntaron si Reino Unido se reincorporaría a la UE. Mi respuesta fue la misma que di el 10 de diciembre de 2023 en mi columna Reino Unido no se reincorporará a la UE en décadas, si es que alguna vez lo hace. El Brexit fue un error; pero no, no se puede revertir. Heráclito dijo que “no se puede entrar dos veces en el mismo río”.

La Unión Europea y Reino Unido no pueden volver a la situación anterior a junio de 2016. Además, el intento de reincorporación supondría un gran derroche de energía para ambas partes. Sobre todo, es innecesario.

Pensé que el Brexit sería un gran error. Lo que ha sucedido desde entonces no ha hecho que parezca mejor en absoluto. ¿El resultado ha sido una economía dinámica, un país satisfecho con la decisión o una drástica reducción de la inmigración? No, en ninguno de los casos. Hoy, el país está más dividido políticamente y es más pobre de lo que habría sido de otro modo. Además, dista de estar satisfecho con su decisión.

La mayoría de los problemas eran predecibles. Pero algunos se deben a que el mundo se ha movido en una dirección hostil al Brexit. En 2016, la idea de un “Reino Unido global” no era tan absurda como lo es hoy, con la globalización en retroceso, unos Estados Unidos poco fiables, una Rusia en guerra en Europa y una China aún más autocrática y mercantilista. Europa no es sólo el hogar de Reino Unido. La Unión Europea sigue siendo su socio económico más importante: en 2025, el 45% del comercio británico de bienes se llevó a cabo con la Unión Europea.

Aun así, un regreso crearía nuevos problemas de gran seriedad. Sin duda, sería necesario otro referéndum, que sería sumamente divisivo y reavivaría el resentimiento. Luego, habría que iniciar nuevas negociaciones. Además, las condiciones de adhesión serían distintas a las vigentes cuando Reino Unido se marchó.

Cláusulas

Es muy improbable que esta vez hubiese sobre la mesa cláusulas de exclusión voluntaria. Todo esto agotaría una legislatura en Reino Unido. Esto no sólo desviaría la atención de otras prioridades nacionales. Lo mismo ocurriría en la propia Unión Europea, que se enfrenta a desafíos económicos y de seguridad mucho más importantes. Además, la Unión Europea podría preguntarse, con razón, si Reino Unido volvería a cambiar de opinión.

Heráclito tenía razón. Afortunadamente, existe una alternativa: llamémosla la “opción suiza”, es decir, un conjunto de tratados que abarcan los aspectos más importantes de la relación. Como señaló Anton Spisak en un estudio sobre el último acuerdo UE-Suiza para el Centro para la Reforma Europea, el resultado es bastante complejo. Pero podría ser viable.

Sin entrar en detalles explícitos, parece claro que Reino Unido necesita estar lo más alineado posible con la política comercial de la Unión Europea y el mercado único.

También debe participar lo más plenamente posible en las políticas de la Unión Europea en materia de seguridad, ciencia, educación, finanzas y fitosanidad. El precio de no ser miembro sería que Reino Unido se limitaría a acatar las normas. Pero los supuestos beneficios de la autonomía han resultado ser exagerados. Preferiblemente, en mi opinión, Reino Unido se uniría a la unión aduanera, las zonas de libre comercio de la UE y el mercado único. También realizaría contribuciones financieras a programas esenciales de la UE.

Obstáculos

El obstáculo más evidente sería la necesidad de aceptar la libre circulación de trabajadores. Sin embargo, existen tres razones por las que esto debería ser menos problemático que antes del Brexit.

La primera es que resulta evidente que la migración deberá continuar: la demografía de Reino Unido así lo exige. La segunda es que las dos principales razones de la afluencia de inmigrantes de la Unión Europea antes del Brexit –la ampliación hacia el Este y la crisis de la eurozona– ya son cosas del pasado. La tercera es que es evidente que los inmigrantes de la Unión Europea se han integrado en Reino Unido con relativa facilidad. Además, es poco probable que se produzca una nueva ampliación importante, salvo quizás en el caso de Ucrania. ¿Sería tan difícil?

La gran ventaja de este modelo es que no requeriría otro referéndum. Sí, sería complejo negociarlo y generaría fricciones. Pero también consolidaría aún más la que probablemente seguirá siendo la relación más importante de Reino Unido. ¿Volverá la antigua relación con Estados Unidos, incluso después de que Donald Trump deje el cargo? Lo dudo. Si lo hiciera y esta nueva relación con la Unión Europea no funcionara, podría modificarse.

Si, por otro lado, funcionara bien en las próximas décadas, la decisión de reincorporarse podría tomarse desde una plataforma mucho mejor y más consolidada que la actual, pero también después de que el país haya vivido la experiencia del Brexit. Ahora conocemos la realidad. El Brexit ya no es sólo una promesa.

No podemos revertir el Brexit de forma sensata a corto o medio plazo. Pero tampoco hay razón para quedarnos donde estamos. En estos tiempos nuevos y difíciles, Reino Unido debe volver a acercarse a sus socios europeos. Debe hacerlo, poco a poco y con cuidado.


Europa después de la guerra de Irán: el coste de reaccionar tarde. Rafael Pampillón. Profesor de la Universidad CEU-San Pablo y del IE Business School.

Durante las últimas décadas, Europa construyó su modelo económico sobre varios pilares fundamentales: energía barata, cadenas de suministro optimizadas, libre comercio, protección militar estadounidense. Y la convicción de que una globalización cada vez más integrada reduciría los conflictos entre países. Las empresas producían donde los costes eran menores y vendían en mercados globales cada vez más conectados y abiertos. Ese mundo ya no existe.

Desgraciadamente, hoy Europa está preocupada por el elevado precio del petróleo, del gas y de los fertilizantes, las dificultades en las cadenas de suministro, en un mundo cada vez más fragmentado y polarizado. Y, además, debe prestar atención al rearme, el envejecimiento de su población, los aranceles de Donald Trump y la dificultad de alcanzar tecnológicamente a China y Estados Unidos.

El precio del petróleo no está por las nubes, pero tampoco ha vuelto a la normalidad. Y eso basta para mantener tensionada a buena parte de la economía europea. Aerolíneas, transportistas, sectores industriales y agricultores siguen trabajando con unos costes energéticos muy altos.

El comienzo de la guerra de Ucrania mostró hasta qué punto Europa dependía del gas ruso. Ahora Oriente Próximo nos recuerda que Europa sigue siendo extremadamente sensible a cualquier alteración de los precios internacionales de la energía.

España tampoco está a salvo de esta crisis. Aunque el peso de las renovables es cada vez mayor, seguimos importando gran parte de la energía que consumimos. Y una economía como la española, basada en el turismo y en el transporte, es especialmente sensible a los costes energéticos.

Los 100 millones de turistas y el ‘efecto refugio’

España, como consecuencia del conflicto, podría alcanzar este año el récord de 100 millones de turistas extranjeros. Pero el turismo también se enfrenta a riesgos importantes. El encarecimiento de los vuelos por el mayor precio del queroseno podría frenar la demanda turística. También por el bajo crecimiento de nuestros tres principales mercados emisores Reino Unido, Francia y Alemania. Viajar será más caro, y muchas familias recortarán gasto vacacional si, con la mayor inflación, pierden poder adquisitivo.

Al mismo tiempo, España podría beneficiarse del llamado efecto refugio. Cada vez que Oriente Próximo o el Mediterráneo oriental atraviesan episodios de tensión, parte del turismo internacional se desplaza hacia destinos percibidos como más seguros. Ya ocurrió tras las primaveras árabes, y después de distintas crisis en Turquía o Egipto. En un mundo cada vez más inestable, la seguridad se está convirtiendo en un activo económico de enorme valor.

España afronta esta situación con una ventaja que pocos países poseen: la rentabilidad. Aquí el turista permanece más tiempo, gasta más dinero y consume más servicios que, por ejemplo, en Francia. España vive, sobre todo, del turismo vacacional y de larga estancia, con un impacto económico muy importante.

El turismo nacional e internacional representa el 15% del PIB, y sostiene millones de empleos. La calidad hotelera, las infraestructuras, la conectividad aérea y la profesionalización del sector sitúan, además, a España entre los países más competitivos del mundo en turismo.

Más gasto militar y más deuda

La gran consecuencia económica de la guerra del Golfo no será solo energética. Será fiscal.

Europa está entrando en una nueva era de gasto militar. Y no parece una situación pasajera. La OTAN presiona para elevar el esfuerzo en defensa. Alemania ya ha iniciado un rearme histórico. Francia acelera sus inversiones estratégicas. Polonia está disparando su presupuesto militar. Y España, aunque más lentamente, también tendrá que aumentar el gasto.

Durante años, el continente europeo pudo dedicar enormes recursos al Estado del bienestar, pues Estados Unidos garantizaba gran parte de la seguridad occidental. Ese dividendo de la paz está desapareciendo. Washington está priorizando cada vez más sus propios intereses estratégicos nacionales frente al mantenimiento del viejo orden internacional, surgido tras la Guerra Fría.

Europa ha descubierto, demasiado tarde, hasta qué punto dependía, a la vez, de la energía rusa, de la protección militar estadounidense y de la tecnología norteamericana y china.

El problema es que Europa pretende ahora financiar, simultáneamente, transición ecológica, digitalización, envejecimiento poblacional, defensa y protección social. Todo ello con bajo crecimiento económico, elevada deuda pública y una productividad mediocre. Las cuentas simplemente no salen.

Por eso cada vez más economistas empiezan a hablar de una etapa de austeridad encubierta: más impuestos, menos margen presupuestario y un progresivo deterioro de algunos servicios públicos. Un ejemplo es España.

En un momento en que los gobiernos europeos están más endeudados y Bruselas vuelve a exigir disciplina presupuestaria, el margen para amortiguar otro shock energético es mucho menor.

La brecha tecnológica

Pero quizá el problema más inquietante no sea energético ni militar, sino tecnológico.

Mientras que Estados Unidos domina la inteligencia artificial, la computación avanzada, el sector aeroespacial y las grandes plataformas digitales, y China acelera su capacidad industrial y tecnológica, Europa sigue atrapada entre regulaciones, fragmentación política y exceso de burocracia.

Además, Estados Unidos y China ya no compiten únicamente por crecimiento económico o liderazgo comercial. Compiten por el dominio tecnológico, industrial, militar y estratégico del siglo XXI. Y Europa corre el riesgo de quedarse atrapada entre ambos gigantes.

La guerra de Irán vuelve a mostrar hasta qué punto la tecnología se ha convertido en un factor central del poder económico y militar. Drones, ciberseguridad, satélites, semiconductores, biotecnología y sistemas energéticos avanzados están redefiniendo la geopolítica. Y Europa se está quedando atrás, muy atrás.

El continente tiene excelentes universidades, ingenieros brillantes y grandes empresas industriales. Pero carece de gigantes tecnológicos comparables a los estadounidenses o chinos. Airbus y la holandesa ASML siguen siendo la gran excepción que confirma la regla.

La consecuencia es evidente: Europa depende cada vez más de tecnologías desarrolladas fuera de sus fronteras. Y esa dependencia tiene un coste.

Inflación y BCE: el regreso de los viejos fantasmas

Los efectos de la guerra también están alterando el rumbo de los bancos centrales.

El BCE se enfrenta al dilema que ya apareció en los años setenta (crisis de 1973 y de 1979): ¿cómo combatir una inflación impulsada por el precio de la energía sin destruir el crecimiento económico?

Porque los precios del petróleo y del gas se mantendrán altos. Y, como consecuencia, la inflación europea seguirá repuntando en un contexto de debilidad económica. Es decir, el peor escenario posible: la estanflación. Y Europa conoce bien ese problema. Crecimiento débil, productividad estancada y precios altos forman una combinación políticamente explosiva.

El problema podría agravarse todavía más en España por la retirada paulatina de buena parte de las medidas antiinflacionistas, aprobadas tras el inicio de la guerra entre EEUU e Irán.

Una larga recuperación

La gran incógnita, sin embargo, sigue siendo la duración de las consecuencias del conflicto del Golfo Pérsico. Porque las guerras económicas dejan cicatrices que permanecen incluso después del alto el fuego.

Aunque se alcanzara un acuerdo con Irán, los efectos no desaparecerían automáticamente. Habría una paz endeble. Por eso los seguros marítimos seguirían siendo muy caros. Las empresas tendrían que seguir pagando primas de riesgo elevadas. Los mercados energéticos continuarían incorporando incertidumbre.

Las economías europeas tardarían años en adaptarse a este nuevo escenario. Insisto: sería un mundo menos globalizado, más polarizado, más politizado, más fragmentado, más inseguro y más caro.

Durante décadas, Europa vivió convencida de que había llegado el fin de la Historia (Fukuyama dixit). Y de que se avanzaba hacia una integración económica creciente. Pero las decisiones de Trump, la guerra de Ucrania y ahora la escalada con Irán han destruido esa idea.

Y quizá la gran lección sea precisamente ésa: el verdadero coste de estas guerras no es solo el petróleo, la inflación o el debilitamiento del crecimiento económico. Es el del final de una época. De un mundo en el que Europa creía que la prosperidad, la globalización y la estabilidad geopolítica formaban parte del paisaje natural de las democracias occidentales.

Europa ha descubierto, demasiado tarde, que la paz, la energía barata y la protección estadounidense no eran derechos adquiridos, sino anomalías históricas. Como advirtió Heráclito hace más de dos mil años, lo único verdaderamente permanente es el cambio.


¡Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 5 de Junio del 2026.

Cuando todavía no se ha resuelto el conflicto en Irán vuelve otro frente de incertidumbre conocido, los aranceles

En el frente geopolítico optimismo después de unas nuevas declaraciones ayer de Trump apuntando a que Estados Unidos e Irán se encuentran ya en la fase final de las negociaciones para alcanzar un acuerdo. Estas declaraciones reforzaron las expectativas de una posible desescalada en Oriente Próximo y contribuyeron a una nueva caída del precio del petróleo, con el Brent retrocediendo hasta niveles similares a los observados a comienzos de la semana. Esta semana también ha sido llamativa la toma de beneficios que se vivió ayer en el sector de semiconductores de la Bolsa americana, tras los malos resultados de Broadcom que cayó un 12,5% y arrastró al índice SOX de Filadelfia (Philadelphia Stock Exchange Semiconductor Index) un -2,1%.

Precio del petróleo Brent durante el 2026:

Sobre el terreno, esta semana, continuaron las tensiones militares tras nuevos ataques estadounidenses contra instalaciones de radar y control de drones iraníes después del derribo de un dron de Estados Unidos. El martes la tensión geopolítica volvió a intensificarse durante la noche después de que Irán lanzara ataques contra distintos objetivos en Oriente Próximo, incluyendo infraestructuras y posiciones en Arabia Saudí y Dubái. Por su parte, Estados Unidos respondió con nuevos bombardeos sobre la isla iraní de Qeshm, un enclave especialmente estratégico por su proximidad al estrecho de Ormuz. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, señaló que el líder supremo iraní continúa manteniendo comunicación con Washington tanto por escrito como a través de intermediarios, sugiriendo que, pese a la escalada militar, las negociaciones diplomáticas no se han roto completamente. Según el Wall Street Journal Trump habría comunicado en privado a sus asesores que pondría fin al actual alto el fuego si tropas estadounidenses resultasen atacadas, aunque, por ahora, estaría dispuesto a tolerar enfrentamientos limitados para evitar una guerra regional de mayor escala. Según fuentes de Reuters, Israel y Líbano alcanzaron un acuerdo para implementar formalmente el alto el fuego, en un paso que busca reducir la intensidad de los enfrentamientos registrados durante las últimas semanas.

Desde Bloomberg Economics revisaban esta semana sus proyecciones de deuda a nivel global para recoger el impacto de la guerra en Irán y la presión que está teniendo en las dinámicas de la deuda pública. Una caída del crecimiento, mayores costes por la subida de los precios de la energía y los incrementos del gasto en defensa, unidos a las previsibles subidas de tipos de los bancos centrales para combatir la inflación conducirán a mayores niveles de deuda.

Desde el punto de vista corporativo a comienzo de semana ha sido noticia Softbank, primero porque desbancó a Toyota como la compañía más grande por capitalización en Japón, después de 20 años siendo Toyota la primera, y segundo, porque Softbank anunció planes para invertir 75.000 millones de euros en inteligencia artificial en Francia.

Además, dos empresas líderes coreanas (SK Hynix y Samsung), han alcanzado niveles récord en Bolsa ante noticias que apuntan a que el CEO de Nvidia viajará a Corea esta misma semana para cerrar nuevos acuerdos. Unas reuniones previas a la celebración de Computex, una de las ferias líder en Asia para la industria informática, donde los gigantes del sector y startups presentan sus innovaciones en hardware, inteligencia artificial (IA) y semiconductores (se celebra en Taipéi esta desde el martes pasado hasta hoy). Por otro lado, Nvidia ha anunciado su entrada en el mercado de ordenadores portátiles con su nuevo «RTX Spark Superchip«, desafiando el dominio de Intel y AMD. Un nuevo producto, que combinaría CPU y GPU, diseñado especialmente para la era de la IA y promete ofrecer un rendimiento excepcional.

Alphabet anunció este martes su intención de captar 80.000 millones de dólares a través de ampliaciones de capital para financiar su agresiva estrategia de expansión en infraestructura de inteligencia artificial, cuenta con el apoyo público de uno de sus principales inversores, Berkshire Hathaway que pondrá 10.000 millones de dólares Además Anthropic publicó su folleto de salida a bolsa, adelantándose a Open AI, y recordando que, en la última ronda de financiación privada, la compañía se valoró en 965.000 millones de dólares. (Anthropic confidentially files IPO prospectus with SEC, landmark deal).

La OPV de SpaceX será la más grande de la historia, y las 3 próximas salidas de Bolsa (Anthropic, OpenAI y SpaceX) superarán todas las salidas a bolsa que hubo en la burbuja puntocom entre 1995 y el 2000 (Ajustado por inflación). El tamaño de la colocación del 4% del capital de SpaceX será de 75.000 millones de dólares, valorando la compañía en unos 2 billones de dólares, lo que supone un múltiplo de valoración de 90 veces las ventas del 2025!! En la salida a Bolsa de SpaceX trabajan 23 bancos de inversión que se repartirán 500 millones de dólares en comisiones, y esta mañana Goldman Sachs publicaba un informe en el que preveía que el área de IA de SpaceX multiplicaría sus ingresos por 100 veces en 2030 hasta los 322.000 millones de dólares… no creo que en esas previsiones tenga nada que ver que Goldman es Lead manager de la colocación… 😊 (https://www.reuters.com/business/media-telecom/goldman-sachs-expects-spacexs-ai-revenue-surge-100-fold-by-2030-ft-reports-2026-06-04/).

Las estimaciones de Beneficios del S&P 500 de los analistas continúan subiendo para los próximos trimestres, los analistas se ven por detrás del ciclo y van subiendo estimaciones trimestre a trimestre… de hecho normalmente los analistas suelen rebajar sus previsiones en los dos primeros meses del trimestre, pero en este trimestre las han subido…

La euforia impulsada por la IA está llevando a las acciones estadounidenses a nuevos máximos, pero las señales de alerta clásicas advierten que seguirá la volatilidad. La prima de riesgo de la renta variable estadounidense frente a los bonos del Tesoro se ha desvanecido, debido a unas valoraciones excesivas, mientras que el indicador de Buffett advierte de que el mercado bursátil está extremadamente sobrevalorado en relación con la economía. Se está pendiente de la Reserva Federal por un posible giro hacia subidas agresivas de los tipos de interés, una medida que ha provocado colapsos del mercado en el pasado. Sin embargo, a diferencia de la era de las puntocom de finales de los 90, el apalancamiento como porcentaje de la capitalización bursátil se encuentra muy por debajo de los niveles de estrés históricos.

El indicador de Confianza de los CEOs del Conference Board vuelve a territorio negativo en Estados Unidos, el 56% de los CEOs encuestados piensa que la Inteligencia Artificial tendrá un impacto moderado en su industria en los próximos dos años. (US CEO Confidence).

Interesante esta semana el análisis de Renta 4 Banco desde el punto de vista técnico de la Bolsa americana. El S&P500 sigue marcando récords históricos, marcando la novena semana consecutiva al alza, revalorizándose más de un 20% desde los mínimos del 30 de marzo. Desde 1950 el selectivo americano nunca ha marcado un máximo anual en junio, por lo que, de asistir a nuevos máximos históricos en este mes, habríamos de esperar nuevos en los meses siguientes.

Según el análisis de Renta 4, los datos siguen hablando de subidas adicionales durante el resto del año, pese a puntuales correcciones. En la tabla inferior de Waynewhaley se muestra cómo desde 1950 en el 86% de las ocasiones (24 de 28) en las que se ha marcado un máximo de 12 meses en mayo, el resto del año (junio a diciembre) ha sido positivo (mediana +8,54%).

En la misma línea, desde 1950, cuando el S&P500 ha obtenido ganancias superiores al 8% en las 100 primeras sesiones del año (hasta el pasado 27 de marzo). En el 87% de las ocasiones (21 de 24) el resto del año también ha sido positivo (mediana +11,45%). Nótese que en dos de las tres ocasiones en las que el comportamiento fue negativo, apenas lo fue (-0,43% y -0,37%).

Los datos históricos siguen hablando de ser compradores en correcciones y de no esperar grandes tomas de beneficio. En la tabla inferior mostramos comportamientos históricos 100% positivos del S&P500, sugiriendo la probabilidad de precios por encima de 7.589 puntos para mediados de julio y en el peor de los casos, encima de 7.371 puntos para la misma fecha.

La variación porcentual del S&P 500 en dos meses superó el 16% esta semana, algo que sólo ha pasado 4 veces antes desde 1945, históricamente esto ha ocurrido cuando el mercado se recupera de una fuerte caída o un mercado bajista, o bien antes del gran desplome bursátil de 1987.

El precio del Bitcoin solía tener una correlación muy alta con el comportamiento de las compañías de semiconductores, pero en este último rally del sector tecnológico el Bitcoin se ha quedado…

Esta semana Alliance Bernstein publicaba un informe en el que defendía que el Nasdaq 100 está barato y recomendaba sobreponderarlo, el Nasdaq 100 ha subido un 33% desde final de marzo, la mayoría de analistas debate más bien si este sector afronta una burbuja o, en el mejor de los casos, descuenta con optimismo los beneficios futuros que puede generar la inteligencia artificial (IA). Pero los analistas de Alliance Bernstein han concluido en un informe que “el sector tecnológico está barato, incluso después del rally, ese análisis se basa en una ratio en la que Bernstein compara el PER de las tecnológicas de Wall Street con el del resto de la Bolsa. A 31 de mayo, ese diferencial es de 1,2 veces, relativamente alto respecto a la pasada década, pero muy lejos de las 2 veces que alcanzó antes del pinchazo de la burbuja tecnológica en 2000. Bernstein admite que ese PER anticipa un aumento “explosivo” en los beneficios del sector, como resultado del desarrollo de la IA. Los analistas descuentan un crecimiento anual de ganancias del 23% en los próximos cinco años, ritmo que, esta vez sí, es similar a las previsiones anteriores al colapso de principios de siglo. A juzgar por el peso actual de las tecnológicas en el S&P 500 (más del 40% sobre la capitalización total, antes de que salgan a Bolsa valores como SpaceX), los inversores parecen compartir esos argumentos, pero no parece existir mucho más recorrido. Pero Bernstein da una razón más para su apuesta por la bolsa americana y el Nasdaq. “Sea cual sea el crecimiento que traiga la IA, los mercados estadounidenses se beneficiarán más que otros. Parte de la distinción puede ser por el simple hecho de que las empresas estadounidenses pueden despedir empleados más rápido”.

La encuesta semanal de AAII (American Association of Individual Investors) muestra un incremento de la exposición a Renta variable en detrimento del efectivo (cash) por parte de los inversores minoristas (Asset Allocation Survey | AAII).

Por otro lado, el índice de sentimiento Alcistas menos Bajistas (Bulls minus Bears Index) está en territorio muy neutral.

AAII Bulls minus Bears Index desde 1996

La inflación en la eurozona continúa subiendo, impulsada principalmente por los precios de la energía, aunque los datos recientes no fueron tan malos como se temía. El BCE probablemente realizará una única subida de 25 puntos básicos en junio, llevando el tipo de referencia al 2,25%. La presión inflacionaria directa del petróleo está disminuyendo, ya que los precios del crudo han tocado techo. Sin embargo, las encuestas empresariales muestran la intención de trasladar los costes, lo que podría generar efectos indirectos. El crecimiento económico débil reduce la probabilidad de efectos de segunda ronda, especialmente en los salarios. El BCE prevé un crecimiento salarial moderado del 2,5%, compatible con una inflación del 2%. Se espera que la inflación toque un máximo cercano al 3,5% en verano y vuelva al 2% en 2027.

Inflación en la eurozona desde Enero del 2020 (Actual de Mayo 3,2%):

Tras la venta masiva de acciones de software, la ciberseguridad ha experimentado un rebote del 60% desde mediados de abril. Los proveedores de IA han adoptado un tono más colaborativo que de confrontación, reduciendo los temores de disrupción. Además, los resultados empresariales superaron expectativas, cortando la narrativa más negativa. Parte del repunte se explica por la cobertura de posiciones cortas tras las sorpresas positivas. La ciberseguridad es un servicio crítico, más aún en la era de la IA por lo que la visión del banco sigue siendo “constructiva” a largo plazo, aunque pueda producirse una consolidación a corto, de hecho estos dos últimos días el índice ha corregido un 7,50%.

S&P 500 Software Index Último mes (+9,21%):

Importante esta semana:

Ayer Trump afirmó que Estados Unidos ha eliminado a gran parte de la cúpula dirigente iraní y que no necesita la ayuda de Europa para garantizar la seguridad en el Estrecho de Ormuz. Al mismo tiempo, insistió en que las negociaciones con Teherán continúan avanzando de forma positiva, aunque reiteró que cualquier ataque contra tropas estadounidenses provocaría una reanudación inmediata de las hostilidades. Según Trump, los dos pilares fundamentales de un eventual acuerdo siguen siendo impedir que Irán obtenga armas nucleares y garantizar la reapertura estable del Estrecho de Ormuz.

Hezbolá rechazó ayer la posibilidad de un alto el fuego parcial con Israel y afirmó que cualquier acuerdo de cese de hostilidades debe abarcar a todo el territorio libanés y no limitarse únicamente al conflicto entre ambas partes. La organización considera insuficientes las propuestas que se están discutiendo actualmente y mantiene una postura exigente respecto a las garantías de seguridad para Líbano.

Ayer Zelenskyy, publicó una carta abierta en la que propone mantener una reunión directa con Putin con el objetivo de explorar una vía para poner fin al conflicto. (https://www.thetimes.com/world/russia-ukraine-war/article/zelensky-putin-meeting-end-ukraine-war-8r3h5gfqz).

El miércoles se publicó el Libro Beige de la Fed que confirma el escenario de estanflación latente apuntando además a la incapacidad de algunos sectores para trasladar el incremento de costes energéticos y logísticos al cliente final lo que llevará a una bajada de márgenes, principalmente en aquellas compañías cuyo poder de fijación de precios está viéndose limitado, así como a un mercado laboral estadounidense que muestra un estancamiento estructural.

La administración Trump propuso nuevos aranceles del 10% sobre importaciones procedentes de la Unión Europea y otros socios comerciales tras una investigación relacionada con trabajo forzoso en determinadas cadenas de suministro (sección 301, sobre prácticas comerciales desleales), mientras que países como China o India afrontarían gravámenes aún mayores, del 12,5%.

Trump dijo el martes que un memorando de entendimiento (MoU) con Irán podría alcanzarse “durante la próxima semana”, al tiempo que describe como “productiva” una conversación con Benjamin Netanyahu y asegura haber mantenido contactos para detener completamente los intercambios de fuego con Hezbolá. Sin embargo, Netanyahu advirtió que Israel continuará atacando objetivos en Beirut (Líbano) si Hezbolá sigue lanzando proyectiles. En este sentido, Líbano afirma que Hezbolá habría aceptado una propuesta estadounidense, con nuevas negociaciones previstas para hoy.

Según el Financial Times el martes, Estados Unidos estaría considerando desplegar armamento nuclear adicional en Europa. Por su parte, el canciller alemán Friedrich Merz planea una reunión con líderes europeos antes de la cumbre de la OTAN de julio para suavizar tensiones con Trump.

El lunes el Gobierno americano anunció que reducirá los aranceles sobre equipos agrícolas, como cosechadoras y recolectoras, en un intento por aliviar los crecientes costes para los agricultores estadounidenses. Los gravámenes sobre estos bienes pasarán de un 25% a un 15% a partir del 8 de junio y permanecerán en vigor hasta finales de 2027. Con todo, la estructura de los aranceles sobre metales y productos relacionados queda configurada de la siguiente manera:

•  50% sobre los artículos fabricados total o casi totalmente de aluminio, acero o cobre.

•  15% equipos industriales de alta intensidad en metal y equipos de red eléctrica.

•  10% si el equipo de capital contiene al menos un 85% de acero o aluminio de Estados Unidos.

•  0% Los productos que contengan un 15% o menos de acero, aluminio o cobre.

En las elecciones presidenciales de 2024, más del 60% de los votantes de zonas rurales respaldaron al Partido Republicano. En este contexto, Trump no puede permitirse el descontento de este electorado a cinco meses de las elecciones legislativas midterm.

Esta semana conocimos una mejora de la confianza empresarial en las manufacturas de Estados Unidos. Sorprendió positivamente el repunte del ISM manufacturero que en mayo se elevó a máximos de los últimos cuatro años alcanzando niveles de 54 desde el 52,7 previo y superando en un punto las expectativas. Además, esta mejora vino impulsada por un incremento de dos subíndices muy importantes que apuntan a que la parte cíclica de la economía sigue acelerándose, los nuevos pedidos subieron hasta 56,8 desde el 54,1 previo y el de empleo alcanzó niveles de 48,6 desde el 46,4 anterior y se acerca así a niveles de expansión, por encima del nivel de 50. Otro dato positivo fue que el subíndice de precios pagados que se frenó en 82,1 frente al 84,6 anterior, aunque se mantiene en niveles extremadamente elevados y acordes con repuntes fuertes de la inflación en los próximos meses.

Continuando con los datos macro americanos esta semana conocimos buenos datos de empleo en Estados Unidos, las primeras cifras conocidas elevan el optimismo y apuntan a que continúa la fortaleza del mercado laboral. En concreto, ayer conocimos la encuesta JOLTS, que superó ampliamente las expectativas y mostró que las ofertas de empleo aumentaron en 731 mil en abril hasta situarse en 7,62 millones, muy por encima de las 6,89 del mes previo y de las expectativas, situándose prácticamente en su nivel más alto de los dos últimos años. Con ello, la economía actualmente opera con una ratio de vacantes sobre desempleados de 1,03x frente al 0,95x del mes anterior, volviendo a mostrar que existe un puesto de empleo sin cubrir por cada desempleado. Otra nota positiva vino de que 9 de los 11 sectores analizados han registrado un incremento de las vacantes, algo no visto desde septiembre de 2022. Sin embargo, por el lado menos positivo, el fuerte aumento de las vacantes vino muy concentrado, dado que un 91% correspondieron al sector tan heterogéneo como servicios profesionales, mientras que sectores cíclicos, como ocio y hostelería, registraron el tercer mes consecutivo de reducción de las vacantes.

Sorprendentes declaraciones el martes del ministro del Tesoro británico que habría señalado que Reino Unido “inevitablemente” volverá a la Unión Europea.

El expresidente de la Fed, Jerome Powell, cree que la Reserva Federal se encuentra en medio de una “prueba de estrésque amenaza la fortaleza y la estabilidad de la economía más grande del mundo, y alega que los intentos de Donald Trump de destituir a los banqueros centrales socavan el estado de derecho.

Powell, quien la semana pasada retomó su cargo como gobernador de la Reserva Federal tras ocho años como presidente, declaró el domingo en Boston que la Fed está “como muchas otras instituciones [estadounidenses]… sometiéndose a una prueba de estrés”. “Si alguna administración encuentra la manera de destituir a funcionarios de la Fed por diferencias políticas, las futuras administraciones también lo harán”, añadió Powell en un discurso al aceptar el premio John F. Kennedy al Perfil de Coraje de este año. “La ciudadanía perdería la confianza en que el banco central tome decisiones pensando únicamente en el bienestar de todos los estadounidenses. La credibilidad de la Fed se vería comprometida. Esa credibilidad le permite a la Fed respaldar una economía sólida y estable.” Si bien Powell no mencionó a Trump personalmente en su discurso, el presidente estadounidense había calificado a Powell de “cabeza hueca” e “idiota” por su negativa a reducir drásticamente los tipos.

En Europa, según Bloomberg, el plan de inversión de aproximadamente 20.000 millones de euros destinado a impulsar el desarrollo de IA estaría encontrando retrasos debido a dudas sobre la demanda potencial y la viabilidad económica de algunos proyectos. Este hecho vuelve a evidenciar las dificultades estructurales de Europa para acelerar inversión en innovación, un elemento especialmente relevante dada la creciente importancia que la IA podría tener sobre productividad, crecimiento potencial y competitividad industrial en los próximos años.

En Europa, como decía más arriba, conocimos la inflación de Mayo, el IPC armonizado de la eurozona esprintó en mayo hasta el 3,2% interanual, según el dato avanzado el martes por Eurostat. Son dos décimas más que en abril y nada menos que 1,3 puntos porcentuales por encima del dato de febrero (1,9%), antes de que Estados Unidos e Irán decidieran iniciar su ofensiva militar contra Irán. Y eso se refleja en el conjunto de la cesta de la compra. Para encontrar un acelerón mayor de los precios en tasa interanual habría que remontarse a septiembre de 2023, cuando el IPC subió un 4,4%, entonces bajo los coletazos de la anterior crisis inflacionista. Ahora, con el miedo a una estanflación (crecimiento escaso, o nulo, con altos niveles de precios) las alarmas vuelven a sonar en el BCE, que al igual que en la crisis anterior, se debate entre la necesidad de volver a elevar los tipos de interés para atemperar la fiebre inflacionista y hacerlo de forma que no dañe aún más el exiguo y menguante crecimiento económico. En la reunión de política monetaria de abril, el BCE dejó los tipos como estaban, pero la subida estuvo más cerca de lo que sugiere la unanimidad con que finalmente se tomó la decisión de dejarlos congelados. De hecho, varios miembros del Consejo de Gobierno de la institución que preside Christine Lagarde aseguraron que “no se habrían opuesto a la subida de tipos” en dicha reunión “si esa opción hubiera estado sobre la mesa”. Tras el dato de IPC publicado esta semana, las quinielas para un eventual incremento de las tasas en junio (la nueva reunión del BCE está prevista para el próximo día 11) se han visto claramente reforzadas. La energía se encareció un 10,9% en mayo, después de haberlo hecho un 10,8% en abril, duplicando la subida de marzo y muy lejos de las tasas negativas que registraba en los meses previos a la guerra (un –3,1% en febrero). Los alimentos frescos también presionaron al alza, con un incremento del 4,2%, aunque el contagio de la crisis en esta parte de la cesta de la compra aún no se ha producido. De hecho, son cuatro décimas menos que en abril y una tasa de encarecimiento similar a la registrada incluso en los meses anteriores al conflicto (un +4,2% en enero y un +4,6% en febrero). También repuntó el IPC de servicios, donde los precios aumentaron un 3,5% interanual, cinco décimas más que en abril y la tasa más elevada en muchos meses, mientras que los bienes industriales no energéticos se encarecieron un 0,9%, una décima por encima del dato de abril, y los alimentos procesados, el alcohol y el tabaco lo hicieron un 1,1%, en su caso cinco décimas menos que el mes anterior. Si se descuentan los productos más volátiles (energía y alimentos frescos), la inflación subyacente aceleró al 2,3%, dos décimas más que en abril, y al 2,5% si se descuentan también el alcohol y el tabaco, lo que evidencia cierto contagio de las presiones inflacionarias a la parte más estructural de la cesta de la compra. De los 21 países del euro, la inflación general aceleró en 13 y se moderó en 8, pero ya son 18 los Estados miembros que superan tasas de IPC superiores al 3%, muy por encima del objetivo del 2% del BCE para la estabilidad de precios. Entre las grandes economías del euro, España fue el país más inflacionista en mayo, con un IPC armonizado del 3,6%, una décima más que en abril, seguido de Italia, donde los precios se encarecieron un 3,3%, medio punto porcentual más que el mes anterior. En Francia, la inflación escaló al 2,8%, tres décimas por encima de la tasa de abril, mientras que, en Alemania, por contra, los precios frenaron al 2,7%, frente al 2,9% del mes previo.

En China la actividad manufacturera se moderó ligeramente, con el PMI manufacturero de mayo pasando de 50,3 a 50, en línea con lo esperado, mientras el PMI de servicios sorprendió positivamente al pasar de 49,4 a 50,1. Otros indicadores manufactureros privados (S&P y RatingDog) mostraron una desaceleración algo menos intensa de lo esperado. También mejoró en China la confianza empresarial conocida el miércoles, que alcanza su mayor nivel desde febrero. El PMI compuesto repunta en mayo hasta situarse en niveles de 54 desde el 53,1 anterior, impulsado al alza por un dato favorable de confianza de los servicios que escaló hasta el 54,4 desde el 52,6 previo. Cifras que apuntarían a una aceleración de la actividad y que sorprenden al ocurrir en un momento en el cual los precios de la energía siguen elevados y el consumo interno no parece estar reactivándose. A pesar de ello, la lectura de los empresarios es positiva lo que podría estar adelantando un giro de la actividad.

El yuan ha recuperado terreno tras los meses de debilidad anteriores y su índice se fortalece frente a la cesta de monedas de sus socios comerciales alcanzando el nivel más alto desde septiembre de 2022, las recientes fluctuaciones del tipo de cambio del yuan sugieren que el banco central chino se siente cómodo con su fortaleza y, de hecho, esto concuerda con su reciente preocupación por la inflación importada.

En Japón el Ministerio de Finanzas reiteró que podría intervenir en el mercado de divisas “en cualquier momento y cuando sea necesario”. En este sentido, si Japón interviene agresivamente para frenar la depreciación del yen, podría incentivar repatriación de capitales desde deuda americana o europea, generando tensión en tramos largos globales.

En abril pasado el FMI alertó de que “si el conflicto en Oriente Próximo persiste y los precios del petróleo se mantienen altos durante un periodo prolongado, debemos prepararnos para tiempos difíciles”, y esta semana lo hizo la OCDE. Si en su informe de Perspectivas Económicas Intermedias presentado a finales de marzo la Organización que engloba a los países más industrializados intentaba no dejarse llevar por el pesimismo y decidía mantener en el 2,9% su previsión de crecimiento global para este año, el tiempo transcurrido desde entonces ha dado un vuelco a sus predicciones, que ahora se han desdoblado entre un escenario malo y otro aún peor. Ante el enquistamiento del conflicto en Oriente Próximo, que ya se prolonga más de tres meses, y la enorme incertidumbre que rodea el desenlace de la guerra, la OCDE ha optado por considerar dos posibles escenarios en su nuevo informe de Perspectivas Económicas, presentado este miércoles, uno en el que aún confía en un final relativamente temprano de la guerra, cuyas secuelas, sin embargo, serían importantes y duraderas pero digeribles, y otro de “perturbación prolongada, con consecuencias negativas más amplias y mucho más duraderas”.

En el primer escenario, la economía mundial aún crecería un 2,8% en 2026, una décima menos de lo pronosticado en marzo, pero muy por debajo del 3,4% registrado en 2025. Sin embargo, en la peor hipótesis, la de un conflicto que se alarga en el tiempo, el descalabro sería más que notable. “Si las perturbaciones persisten hasta bien entrado 2027 (hasta la segunda mitad del año), se prevé que el crecimiento mundial se desacelere significativamente, hasta apenas un 2,1% en 2026 y un 1,8% en 2027, lo que podría llevar a algunas economías a una recesión o cerca de ella”, advierte la OCDE en su informe.

Ese escenario sería consecuencia de un efecto negativo en cascada, una suerte de fallo multiorgánico en la economía que comenzaría con un incremento del desempleo y un pinchazo de la inversión, incluso en IA (“que consume mucha energía”, resalta el documento), así como un rebrote de las tensiones inflacionistas que, según la OCDE, podría traducirse en un incremento adicional de 0,4 puntos porcentuales este año (hasta el 4,7% de media en los países de la Organización) y de 1,3 puntos en 2027 (al 4,3%), “con presiones alcistas derivadas de los elevados precios de las materias primas parcialmente compensadas por una menor demanda final”. Esto, a su vez, traería consigo subidas de tipos y un endurecimiento de las condiciones de financiación para frenar la escalada de los precios. Sería un seísmo mundial, con consecuencias globales, pero que “podrían resultar especialmente graves para las economías en desarrollo, que cuentan con reservas energéticas limitadas, una mayor proporción de energía y alimentos en el consumo de los hogares, una capacidad fiscal restringida, redes de protección social débiles, bajos niveles de ahorro privado y monedas más frágiles”. En otras palabras, “la economía mundial vuelve a estar bajo presión” y ante una grave amenaza que puede dañar seriamente su crecimiento si la situación en Oriente Próximo no se estabiliza en las próximas semanas.

De momento, en el escenario menos pesimista, la OCDE augura un crecimiento del 2,8% este año y del 3,1% en 2027, y mantiene su pronóstico de avance del PIB de apenas el 0,8% en la eurozona en 2026, con sus principales economías creciendo a muy distintas velocidades. Así, el PIB de Alemania apenas avanzaría este año un 0,7%, aunque sería más del doble que el año anterior, pero remontaría algo el vuelo en 2027, hasta el 1,1%, mientras que en Francia el crecimiento sería muy similar este año y el que viene, un 0,7% en 2026 y un 0,8% en 2027. En Italia, la pérdida de fuelle sería aún mayor, con un alza del PIB del 0,5% este año y del 0,6% el próximo. Curiosamente, la OCDE ha mejorado en una décima su vaticinio para Italia (en marzo preveía un alza del 0,4% en 2026), mientras que, en una nueva vuelta de tuerca, ha empeorado en una décima los de Alemania y Francia.

Respecto a Estados Unidos, en su escenario menos adverso, la OCDE prevé que el PIB estadounidense crezca un 2% este año, lo mismo que anticipaba en marzo, y un 1,8% en 2027, una décima más que entonces. Mientras que, en el caso de China, su pronóstico mejora hasta el 4,5% en 2026, una décima superior a las proyecciones de marzo, y se mantiene en el 4,3% el de 2027.


¿Revuelta contra la IA? Ignacio de la Torre. Economista jefe de Arcano.

Cuando varios estudiantes universitarios abuchearon recientemente al ex CEO de Google por elogiar el potencial de la inteligencia artificial (IA), muchos interpretaron el episodio como una anécdota. Quizás sea algo más: el inicio de una reacción social frente a una tecnología que amenaza con alterar el mercado laboral, el consumo energético y la seguridad global. Por si fuera poco, la reciente Encíclica papal ha mostrado también parte del sentir y resentir cívico frente a los límites que pueda alcanzar la IA, a la que se compara con la bíblica torre de Babel.

En realidad, los movimientos de rechazo a importantes revoluciones tecnológicas han sido una constante histórica. Durante la Primera Revolución Industrial se organizó un movimiento violento, el ludita, para atentar contra las fábricas, ante el temor de que estas reemplazaran al trabajo humano. Tal fue la gravedad de la situación que el Parlamento británico tuvo que desplegar importantes contingentes de casacas rojas para proteger las fábricas, en plenas guerras napoleónicas, y aprobar la pena de muerte para castigar estos ataques. Veinticinco luditas fueron ahorcados.

La oposición a la IA se está gestando desde distintos niveles. El más obvio surge entre quienes la perciben como una amenaza directa para su futuro laboral. En este caso, el colectivo más vulnerable es el de los recién licenciados. Según algunas publicaciones académicas recientes, el despliegue de la IA entre programadores está asociado a mejoras de productividad que se traducen en niveles de contratación muy inferiores a los del pasado, lo que está haciendo aumentar el desempleo en esa profesión (Brynjolfsson, 2025). La IA no reemplaza al programador con experiencia, que ve liberadas horas de programación tediosa para utilizarlas en tareas de más valor añadido, sino al junior cuyas habilidades son similares a las que puede desplegar una herramienta como Claude. En general, se observan menores ritmos de contratación entre licenciados de otras carreras sociales, como derecho, marketing o finanzas, y, de momento, una menor incidencia en ámbitos más asociados a las ciencias de la salud, como medicina, enfermería o psicología. Con todo, es importante señalar que el deterioro del mercado laboral entre los jóvenes no puede atribuirse exclusivamente a la IA, sino que también han incidido otras variables como el trabajo remoto –que, según una publicación reciente de Lambert (2026), se asocia con mayores tasas de desempleo– y el exceso de contratación tras el COVID. Como resultado, por primera vez en mucho tiempo, los recién licenciados en Estados Unidos presentan una tasa de desempleo superior a la de la población general. A su vez, la menor demanda de recién licenciados no solo se traduce en un mayor nivel de desempleo en este colectivo, sino en salarios más bajos. Ambas dinámicas están limitando el retorno de la inversión en educación universitaria, fenómeno que está a su vez provocando intensos cambios en la enseñanza superior. A pesar de la situación, los recién licenciados con suficientes conocimientos de IA tendrán una clara ventaja en el mercado laboral, ya que las empresas los considerarán una pieza clave para acelerar su adopción.

Pero el empleo no es el único frente en el que se está gestando una reacción contra la IA. El despliegue de esta tecnología está, en general, asociado a la mayor demanda de energía. En EEUU se han dado situaciones en las que, para reducir sus emisiones, una tecnológica ha firmado contratos a largo plazo con centrales nucleares para alimentar sus centros de datos, en detrimento de los hogares, que han tenido que surtirse de energía gasística, generalmente más cara. En Irlanda el consumo de energía asociado a la IA representa ya un 20% del total, y es de esperar su demanda se duplique tanto en EEUU como en Europa en los próximos años, compitiendo contra la industria o la promoción residencial para acceder al suministro eléctrico de subestaciones.

Riesgos inconcebibles

Por último, el lanzamiento de Mythos, el modelo más avanzado de Anthropic, puede abrir la puerta a riesgos hasta ahora inconcebibles para la seguridad de empresas o infraestructuras críticas, como una central nuclear, gracias a su avanzada capacidad para encontrar vulnerabilidades hasta ahora indetectables. El uso de estas tecnologías por parte de actores maliciosos para infiltrarse en los sistemas puede comprometer la seguridad de datos críticos o incluso condicionar el normal desarrollo de actividades si se da el caso de que estas empresas/infraestructuras operen en el futuro con IA agéntica, sobre la que estos actores pudieran influir.

He escrito en EXPANSIÓN sobre los profundos riesgos de la IA, incluidos los que podrían suponer una amenaza para el futuro de la humanidad. Con todo, la historia de la tecnología en general invita al optimismo, ya que suele aportar soluciones a los problemas que plantea. Es bien conocida la historia del tractor, un robot introducido a principios del siglo XX, cuando entre el 40% y el 50% de la población activa trabajaba en la agricultura.

Al igual que las fábricas, el tractor destruyó muchos puestos de trabajo, pero también impulsó la creación de nuevas ocupaciones. Aunque pongamos el acento en la pérdida de empleos, la tecnología también los genera, de ahí que el desempleo continúe en cotas muy bajas.

Quizás la verdadera cuestión no sea si la IA destruirá empleo, sino si sabremos gestionar la transición. Los luditas perdieron su batalla contra las máquinas. La sociedad actual corre riesgo de repetir el mismo error: intentar detener una tecnología inevitable en vez de prepararse para convivir con ella.


Empleo, inmigración y productividad. Rafael Doménech y Juan Ramón García. BBVA Research.

El mercado laboral español registró un notable dinamismo durante el primer trimestre de 2026, aunque menos intenso que el observado a finales de 2025.

La ocupación aumentó entre el 0,3% trimestral desestacionalizado de la EPA y el 0,6% de los puestos de trabajo de la Contabilidad Nacional, mientras que el indicador sintético de empleo avanzó un 0,5%, tres décimas menos que en el trimestre precedente. Pese a las tensiones generadas por la guerra en Irán, los registros de afiliación disponibles hasta mediados de mayo anticipan una recuperación del ritmo de creación de empleo en el segundo trimestre.

Sin embargo, el crecimiento del empleo no es la única dimensión que caracteriza el desempeño del mercado laboral. En el primer trimestre, la población activa superó los 25,1 millones, impulsada por el crecimiento de la población extranjera en edad laboral y la recuperación de su tasa de actividad hasta el 70,3%, en contraste con el descenso de la participación de la población española hasta el 56,5%.

En una economía marcada por el envejecimiento demográfico y escasez de mano de obra en determinadas ocupaciones, esta aportación resulta cada vez más relevante.

Desde finales de 2019, la ocupación extranjera o con doble nacionalidad ha aumentado un 53%, frente al 6% de la ocupación española. En términos absolutos, la población extranjera explica casi dos tercios de la creación neta de empleo desde la pandemia.

Esta contribución ha permitido que la economía crezca sin un incremento significativo de la tasa de vacantes, que desde mediados de 2022 se mantiene en torno a 0,6 puestos por cada cien personas activas, lo que evita tensiones más acusadas en el mercado laboral.

La creación de empleo no ha venido acompañada de una mejora de las horas trabajadas, que retrocedieron un 0,3% en el primer trimestre debido a la caída del tiempo trabajado por persona ocupada. Desde finales de 2019, la jornada media se ha reducido un 2,6%, en parte por el aumento de la población ocupada ausente de su puesto de trabajo. Por su parte, el PIB por persona ocupada repuntó un 0,3%, tras un año y medio de atonía, gracias al avance del 1% de la productividad por hora trabajada. Sin embargo, desde el cuarto trimestre de 2019 el PIB por persona ocupada no se ha incrementado y la productividad por hora apenas lo ha hecho un 2,7%.

El efecto composición asociado a la inmigración sólo explica una pequeña parte de este pobre desempeño. Según nuestras estimaciones, el PIB por hora trabajada de la población extranjera o con doble nacionalidad es un 19% inferior al de la española. Sin embargo, desde 2019 ha crecido un 7,2%, frente al 3,3% registrado por esta última.

Temporalidad y horarios atípicos

La integración de la población inmigrante conlleva retos específicos. Las personas nacidas en el extranjero siguen sobrerrepresentadas en los contratos temporales y, cada vez más, en los fijos discontinuos, aunque han aumentado su presencia en el empleo indefinido. También trabajan con mayor frecuencia en horarios atípicos, especialmente los fines de semana. Esta mayor exposición se concentra en la población extracomunitaria con menor tiempo de residencia en España.

La regularización extraordinaria que está en marcha puede favorecer la formalización del empleo migrante, elevar la protección laboral y aumentar la recaudación de la Seguridad Social. No obstante, nuestras estimaciones indican un impacto macroeconómico limitado. Su efecto sobre el PIB, las horas trabajadas o las cotizaciones sociales podría ser positivo, aunque marginal. La regularización puede mejorar la asignación institucional del empleo, pero no sustituye a una estrategia más amplia de integración social, formación, vivienda e infraestructuras.

La inmigración sigue siendo esencial para sostener el crecimiento del empleo y evitar la escasez de mano de obra en muchos sectores. La regularización puede mejorar la formalización, pero su alcance macroeconómico será limitado.

El reto no consiste solo en crear más empleo, sino hacerlo compatible con una mayor productividad, con mejores condiciones laborales y con una gestión activa de la inmigración en España.


La inestabilidad de la inflación. Valerie Xiang, gestora de carteras en Man Numeric. MAN GROUP.

Cuando comenzó la guerra con Irán en febrero, los inversores esperaban que las repercusiones se mantuvieran bajo control. Cuanto más se prolonga, más necesitan prepararse para un posible choque inflacionista que podría obligar a la Reserva Federal (Fed) a volver a una política de subidas agresivas de los tipos de interés.

Nuestro modelo propietario MacroScope, que analiza regímenes históricos para interpretar las condiciones actuales, muestra que el entorno presente tiene los paralelismos más fuertes con junio de 2021 y febrero de 2017, con julio de 1999 (el punto álgido del auge de las puntocom) muy cerca. Tanto 2017 como 2021 comenzaron como expansiones saludables: uno se mantuvo benigno, mientras que la inflación se disparó en el otro. El camino que siga el resto del año depende ahora de la rapidez con que los suministros globales puedan volver a circular por el Estrecho de Ormuz.

En nuestra opinión, el modelo interpreta el entorno actual como una expansión de ciclo medio-tardío, un régimen que tradicionalmente ha tendido a preceder a una política más restrictiva y a un aumento de la inflación. Quizá sea un consuelo que actualmente se sitúe más lejos de la crisis de 2008 a 2009 y del susto de crecimiento de 2015 a 2016.

El posicionamiento sectorial y por factores del modelo (Figura 1) refleja esa cautela. Sigue favoreciendo a los valores con fuerte impulso y favorables al crecimiento, pero se está volviendo cada vez más defensivo dentro de esa orientación. En la práctica, eso significa alejarse de las amplias oscilaciones del mercado para adoptar una postura neutral.

Figura 1. Nuestro modelo se está volviendo más defensivo

Fuente: Man Numeric y MSCI Barra, a 27 de mayo de 2026.

En cuanto a los sectores industriales (Figura 2), esto se traduce en la selección de empresas financieramente más sólidas con beneficios más estables, así como en un claro favoritismo hacia sectores como el del petróleo y el gas, los fertilizantes y los productos químicos agrícolas, todos ellos directamente afectados por el cierre del estrecho de Ormuz.

Figura 2. Nuestro modelo ha seleccionado los sectores más afectados por la guerra

Fuente: Man Numeric y MSCI Barra, a 27 de mayo de 2026.

La fase final del ciclo y la inflación

2017 fue un año tan favorable como cualquier gestor de carteras podría desear. El crecimiento fue sólido, la inflación se situó ligeramente por encima del objetivo, la Fed aplicó una política monetaria restrictiva a un ritmo mesurado y bien anunciado, y la renta variable subió sin apenas sobresaltos. Por el contrario, 2021 terminó con una inflación del 5%, con la Fed insistiendo en que era transitoria y viéndose luego obligada a poner en marcha el ciclo de endurecimiento más agresivo en 40 años.

El riesgo de una reaceleración de la inflación parece ahora muy real. Los precios de la energía se están disparando, la Fed ha mantenido los tipos en tres reuniones consecutivas y los mercados están descontando una mayor probabilidad de subidas de tipos este año. El IPC de abril se situó en el 3,8 % interanual, el máximo de los últimos tres años y muy por encima del objetivo del 2 % de la Fed, y la OCDE ha elevado su previsión de inflación para EE. UU. en 2026 al 4,2 %, desde el 2,8 % de hace solo unos meses.

Si el conflicto se calma pronto y el petróleo se tranquiliza, es más probable que se repita el resultado de 2017, pero si persiste, el fantasma de 2021 podría volver a aparecer.

IA y 1999

El paralelismo con 1999 también resulta interesante, al hacer referencia al apogeo de la fiebre de las puntocom. En aquel entonces, las valoraciones de las empresas tecnológicas se adelantaban con creces a los fundamentos, justo cuando la Fed estaba endureciendo su política monetaria en medio de ese impulso. Solo los «Siete Magníficos» representan ahora aproximadamente el 30 % del S&P 500, la mayor parte de ello vinculado a la expansión de la IA, y, sin embargo, un estudio de la Oficina Nacional de Investigación Económica reveló que casi el 90% de los 6.000 altos ejecutivos encuestados que habían utilizado la IA no habían registrado aún ganancias de productividad cuantificables.

Estos mismos ejecutivos predijeron efectos considerables en los próximos tres años, con un aumento de la productividad en sus empresas de un 1,4 % de media y un incremento de la producción del 0,8 %. La cuestión con la que se debate el mercado es si unos rendimientos de ese orden justifican una expansión de la infraestructura a la escala actual.

Warsh y los argumentos a favor de mantener una postura defensiva

Todo esto recae ahora en el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, que presidirá su primera reunión los días 16 y 17 de junio, una semana después de la publicación del IPC de mayo. El peso de las expectativas políticas y del mercado favorece una bajada de los tipos, mientras que los datos de inflación apuntan en sentido contrario. Las actas de abril de la Fed calificaron la inflación persistente como un riesgo destacado y, aunque casi nadie espera un cambio en los tipos en la próxima reunión, los inversores analizarán minuciosamente cada palabra de Warsh en busca de señales de línea dura o moderada.

El resultado favorable de 2017 y el espectro de 2021 parecen igualmente plausibles desde esta perspectiva. El modelo se posiciona ante esa incertidumbre, inclinándose más hacia una postura defensiva dentro de una orientación favorable al crecimiento. Ahora todo depende de lo que ocurra en el Estrecho.


¡Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 29 de Mayo del 2026.

Comenzamos la semana con el anuncio de un borrador de acuerdo (MoU) entre Estados Unidos e Irán que incluía un alto el fuego de 60 días mientras se negocia un acuerdo permanente, durante ese periodo, el Estrecho se desminaría y reabriríaEstados Unidos levantaría el bloqueo naval, condicionado a cómo de rápido Irán realice el desminado, y otorgaría un alivio parcial de sanciones sobre el petróleo. Las noticias provocaron una caída del precio del petróleo Brent por debajo de los 100 dólares el barril a mínimos de más de dos semanas. La cuestión nuclear quedaría aplazada a una segunda ronda, con garantías verbales de Irán de no buscar armas nucleares, pero sin compromisos escritos sobre sus reservas acumuladas de uranio enriquecido. El conflicto en el Líbano también se incluye en el acuerdo. El lunes de madrugada Estados Unidos llevó a cabo ataques sobre varios buques iraníes que intentaban minar algunos tramos del estrecho, así como contra instalaciones de misiles en territorio iraní. El mando central estadounidense calificó estas acciones como estrictamente defensivas. El miércoles Irán señaló que únicamente estaría dispuesto a firmar un acuerdo con Estados Unidos, que incluiría previsiblemente la reapertura del estrecho de Ormuz y algún tipo de desescalada militar, si Washington acepta liberar aproximadamente 24.000 millones de dólares de activos iraníes actualmente congelados en el extranjero.

Ayer finalmente se confirmó la existencia de ese acuerdo del que se hablaba a comienzo de semana, sólo pendiente de la firma del presidente de Estados Unidos, se confirma que Washington y Teherán ultiman un memorando de entendimiento para extender el alto el fuego durante 60 días mientras se ultiman las negociaciones para lograr un trato definitivo que incluya el fin del programa nuclear de Irán, según adelantó ayer Axios. Lejos está todavía un acuerdo definitivo que incluya el desbloqueo total del estrecho de Ormuz, aunque los analistas sí esperan que ambos países relajen su postura durante la extensión del alto el fuego para reactivar parcialmente el tráfico marítimo en el canal y dar cierto alivio al mercado energético mundial. Aun así, nada garantizado, y menos teniendo en cuenta que en los últimos días ambos países han protagonizado ataques cruzados e intercambiado amenazas mientras seguían conversando esta semana en Doha (Qatar). Muchos medios estadounidenses dan por hecho el preacuerdo. El pacto contempla consolidar la tregua actual y establecer un marco para negociar posteriormente cuestiones más sensibles, como el enriquecimiento de uranio iraní, las sanciones estadounidenses y la seguridad marítima en el Golfo Pérsico, los tres grandes pilares donde ambas partes han establecido sus líneas rojas. El pacto llegaría después de semanas de contactos indirectos impulsados por Qatar, Pakistán y Omán, mientras Estados Unidos e Irán mantenían simultáneamente enfrentamientos militares limitados. El principal punto de fricción sigue siendo el estrecho de Ormuz. Irán ha reducido drásticamente el tráfico marítimo desde el inicio de la guerra y ha tratado de imponer mecanismos de control sobre el paso de buques también de cara al futuro, algo que Washington considera inaceptable. Las negociaciones de cara a un acuerdo definitivo de paz buscan precisamente garantizar la reapertura estable del corredor marítimo y evitar un nuevo shock energético global. El mercado del petróleo reacciona minuto a minuto a cualquier señal de distensión o escalada. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha adoptado en paralelo una estrategia de doble presión. Ha defendido públicamente que existen “buenas señales” para alcanzar un acuerdo definitivo antes de que finalice el nuevo plazo de 60 días, pero también ha advertido de que Estados Unidos buscará “otra vía” si las conversaciones fracasan. Mientras tanto, dentro del propio Partido Republicano crece la división sobre la estrategia de Trump. El sector más conservador considera que la Casa Blanca está ofreciendo demasiadas concesiones a Teherán y exigen una rendición total del régimen iraní antes de levantar sanciones o reducir la presión militar. Israel también observa con preocupación el posible pacto. Crece la tensión entre Benjamin Netanyahu y Trump ante el temor israelí a que Washington cierre un acuerdo que deje intacta parte de la infraestructura nuclear iraní. La Administración Trump intenta vender el posible acuerdo como una fórmula para evitar una guerra regional todavía más amplia, estabilizar los mercados energéticos y reducir la presión inflacionista derivada del petróleo. Trump podría presentar el desenlace como una victoria política, especialmente si más países se adhieren al marco del acuerdo. Sin embargo, el resultado final del conflicto podría implicar concesiones relevantes, como un mayor control iraní del estrecho y el levantamiento de las sanciones.

Precio del barril de Brent últimos 12 meses (precio actual: 92,03$):

Desde el inicio de la guerra de Irán, hace ya tres meses, la Bolsa estadounidense ha recuperado su liderazgo frente a la Bolsa europea, en lo que va de año 2026, el S&P 500 se revaloriza un 10%, el doble que el Euro Stoxx 600 (+4,55%). Por un lado, la subida de costes energéticos daña más a la economía europea, con un aumento de la inflación que podría llevar a subidas de tipos. Por otro, Wall Street está más expuesto al boom de las tecnológicas por la inteligencia artificial. Los analistas de Goldman Sachs y Morgan Stanley acaban de elevar sus previsiones para el S&P 500, situándolas en ambos casos en los 8.000 puntos a final de año (ahora en 7.563). Los analistas justifican ese optimismo por su expectativa de fuertes aumento de beneficios en las cotizadas americanas, sobre todo entre las tecnológicas. Y hay otro factor, menos admitido. Con elecciones legislativas en Estados Unidos previstas para noviembre, los analistas creen que el presidente Donald Trump hará todo lo posible para inflar la economía y los mercados en los próximos meses, en busca de una mayor popularidad para su Partido Republicano. Los precedentes para la Bolsa en los años de las mid term son muy variables, según los analistas de TS Lombard, en general, el ciclo político y el ciclo de mercado, en este tipo de años, tienen poca correlación. La aspiración de los analistas sería repetir lo sucedido en 1986, con Ronald Reagan de presidente, y en 1998, con Bill Clinton en la Casa Blanca. Entre enero y noviembre de esos años, el S&P 500 subió casi un 20%. De repetir en 2026, quedaría otro 10% de recorrido. Como ahora, el mercado surfeaba entonces una ola de optimismo, que acabó de forma drástica con el lunes negro de octubre de 1987 y el pinchazo de la burbuja tecnológica de 2000.

Tras la subida del 11% que lleva el principal índice italiano, el FTSE MIB Index, esta semana ha llegado a superar los 50.000 puntos (50.240 puntos ahora), por encima su anterior máximo histórico del año 2000.

FTSE MIB italiano desde Marzo de 1998:

El comportamiento de las Bolsas americanas del último mes, con un rebote del 5,15% del S&P 500 y del 3% del Dow Jones, viene explicado, en el 76% por las compañías de tecnología y semiconductores.

Esta semana dos de las principales compañías de chips de memoria, la americana Micron y la coreana SK Hynix, han superado la barrera del billón de dólares de capitalización bursátil, hace un par de semana, Samsung Electronics ya había alcanzado ese mismo hito. La actual escasez de chips de memoria RAM ha impulsado de forma extraordinaria a estos gigantes, que afrontan al menos a un año y medio adicional de restricciones de oferta. Como consecuencia, los precios de sus productos se han multiplicado por seis desde septiembreHace dos años, las tres empresas generaban beneficios de unos pocos miles de millones de dólares, hoy, sin embargo, se han convertido en las compañías con mayor capacidad de generación de beneficios a escala global. Se estima que SK Hynix obtendrá en 2026 un beneficio equivalente al de todo el sector industrial europeo en conjunto (de 120.000 a 130.000 millones de dólares). Las valoraciones continúan siendo relativamente moderadas. El PER medio de estas tres compañías se sitúa en torno a 7,3 veces beneficios, muy por debajo de las 21,6 veces a las que cotiza el sector a nivel global. La intensa revalorización bursátil responde, en última instancia, a unas expectativas de crecimiento de beneficios cercanas al +500% en 2026, mientras que el descuento en las métricas de valoración refleja la prudencia del mercado ante la naturaleza cíclica del segmento.

La concentración actual del mercado en torno a las compañías de IA es una de las más altas de la historia en Estados Unidos:

A nivel corporativo esta semana destacaron las siguientes noticias, que reflejan que el ciclo de inversión en infraestructura de IA no da señales de desaceleración, por un lado, Anthropic cerró una ronda de financiación de 65.000 millones de dólares, que valora la compañía en 965.000 millones, superando por primera vez a OpenAI, que se valoró en 852.000 millones en su última ronda de marzo. Anthropic prepara su salida a bolsa en otoño. Por otro lado, Dell está subiendo un 39% en after market tras unos buenos resultados y una previsión de ingresos un 18% superior a las previsiones de consenso, a lo que se suma la adjudicación de un contrato con el ejército americano. Por último, SpaceX rebajaba la valoración objetivo de su salida a bolsa de más de 2 a 1,8 billones dólares, en un ajuste táctico habitual tras consultas con asesores e inversores, pero se mantiene como la mayor colocación de la historia, con la previsión de captar hasta 75.000 millones de dólares, la valoración final dependerá del roadshow que comienza el 4 de Junio y podría subir de nuevo, se prevé que el precio de la OPV se fije el 11 de Junio.

Esta semana hemos conocido que el sentimiento del consumidor ha alcanzado un mínimo histórico en Estados Unidos, aunque históricamente eso ha sido un indicador contrario, cuanto peor se sienten los consumidores respecto al futuro mejor lo han hecho las Bolsas….

Importante esta semana:

Finalmente, Kevin Warsh juró el cargo como nuevo presidente de la Reserva Federal tras haber sido elegido por unanimidad por el FOMC, comprometiéndose a liderar una Fed “orientada a reformas” y defendiendo que la inflación puede reducirse mediante “independencia y determinación”. Al mismo tiempo, Trump afirmó que Warsh limitará el uso de perspectivas a futuro (forward guidance) y le pidió explícitamente actuar de forma “totalmente independiente”.

Kevin Hassett, principal asesor económico de Trump, afirmó que una eventual caída del petróleo podría crear margen para que la Fed redujera tipos de interés. Es decir, la Casa Blanca considera que, si desaparece parte del shock energético reciente, la inflación volvería a moderarse y permitiría una política monetaria menos restrictiva. El jueves Lisa Cook adoptó un tono restrictivo, señaló que está dispuesta a subir los tipos de interés si la desinflación prevista no se materializa en el plazo esperado. Sin embargo, por el momento prefiere mantener los costes de financiación estables y espera que el crecimiento de los precios vuelva a moderarse.

El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, señaló que el repunte reciente de precios debería ser “transitorio” y defendió que el precio del petróleo probablemente termine situándose por debajo de los niveles previos al conflicto una vez éste concluya.

Según Lagarde, el Banco Central Europeo elevará sus previsiones de inflación en la reunión del próximo mes. De esta forma, el BCE empieza a asumir que el repunte energético ya no es totalmente transitorio o existe riesgo de efectos de segunda ronda sobre salarios y servicios.

Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, señaló esta semana la necesidad de subir los tipos de interés en la próxima reunión de junio, incluso en el caso de que el conflicto en Oriente Medio finalizara hoy. Schnabel justifica esta postura por el daño ya causado sobre la infraestructura energética y las cadenas de suministro globales, cuyos efectos previsiblemente se prolongarán en el tiempo. No obstante, también advierte que el BCE no debería comprometerse a otra subida más allá de la reunión del 11 de junio. Será especialmente relevante conocer las nuevas previsiones macroeconómicas del Banco Central Europeo, que presentarán más información sobre el impacto del conflicto. En las anteriores, correspondientes a marzo, el escenario base revisó al alza la inflación para 2026 en +0,7% hasta el 2,6% y, a su vez, se redujo la estimación de crecimiento del PIB en -0,3%, hasta el 0,9%. Desde entonces, se han publicado nuevas referencias que sirven como guía adicional, en abril, la inflación repuntó hasta el +3%, mientras que los PMI de servicios registraron un fuerte descenso hasta 46,4, su nivel más bajo desde febrero de 2021. En este contexto, los mercados de swaps descuentan actualmente dos subidas de tipos, una primera en junio, a la que asignan una probabilidad del 89%, y una segunda en octubre, con un 54%.

El Vicepresidente del BCE, Luis de Guindos advirtió el jueves sobre la necesidad de tener en cuenta los efectos retardados del conflicto sobre el crecimiento económico europeo. Según explicó, aunque el encarecimiento de la energía ya se ha reflejado rápidamente en la inflación, su impacto sobre la actividad económica tardará más en visibilizarse.

Ayer se publicaron las Actas de la Reunión del Banco Central Europeo de Abril, cuando el BCE optó por mantener los tipos de interés sin cambios, en el 2%. Lo hizo pese al impacto en la inflación causado por el shock energético derivado de la guerra en Oriente próximo al entender que podía esperar a ver cómo evolucionaban los datos y el conflicto. Entonces, los veintisiete miembros que conforman el Consejo de Gobierno del BCE votaron por unanimidad mantener sin cambios los tipos de interés, una decisión que mandó un mensaje de unidad y visión común. “Todos los miembros estuvieron dispuestos a respaldar la decisión de mantener los tipos de interés con el argumento de que no existía una urgencia aguda para un aumento de las tasas de interés en la reunión actual”, indican las actas de la última reunión. Sin embargo, la transcripción de las conversaciones de esa misma cita refleja que, pese a la decisión final, la subida de los tipos de interés estuvo mucho más cerca de lo que pareció en un primer momento. Según puede leerse en las actas, varios miembros señalaron que “su decisión fue muy ajustada y que “no se habrían opuesto a la subida de tipos en la reunión actual si esa opción hubiera estado sobre la mesa”. La voluntad de haber aceptado subir los tipos de interés en 25 puntos básicos ya en la reunión de abril, hasta el 2,25%, refleja que el BCE está más que dispuesto a endurecer su política monetaria ante la crisis de precios que llega de Oriente Próximo. Esto refuerza las probabilidades de que ese ajuste llegue en la nueva reunión que se celebrará el próximo 11 de junio. Para algunos miembros “un aumento de los tipos de interés en abril “habría transmitido una señal aún más contundente de determinación para que la inflación volviera a su objetivo a la mayor brevedad posible”. Tanto es así que, según destacaron, “el valor de la opción de esperar para subir los tipos de interés oficiales había disminuido desde la última reunión, y cada vez es menos probable que un enfoque de observación pasiva de la situación sin ninguna medida de política monetaria resultara apropiado”. Los miembros del ala dura del BCE solo aceptaron sumarse a la votación unánime de dejar los tipos inalterados a cambio de lanzar un mensaje de que se mantendría una vigilancia intensa de los efectos de la crisis en los precios. Los banqueros centrales reconocen que parten de una posición cómoda que les permite disponer de algo de margen para abordar la situación. Además, los representantes del BCE admiten que “el descenso de los indicadores de confianza y sentimiento subraya los importantes riesgos a la baja para el crecimiento económico”, algo que podría calmar la inflación.

Gráfico

Descripción generada automáticamente

El FMI habría defendido, en un documento discutido recientemente en el Eurogrupo, que áreas estratégicas como energía, defensa e innovación sean financiadas mediante deuda conjunta europea. La propuesta refuerza una discusión cada vez más recurrente en Europa como es la necesidad de avanzar hacia una mayor mutualización fiscal para financiar bienes públicos europeos en un entorno de mayores necesidades de inversión estructural y presión geopolítica.

En Japón el gobernador del Banco Central, Ueda, advirtió de que el reciente aumento del precio del petróleo constituye una prueba para el conjunto del régimen inflacionista japonés. El problema para el Banco de Japón es que un encarecimiento energético demasiado fuerte podría generar inflación importada sin un respaldo equivalente del crecimiento salarial o de la demanda doméstica, complicando enormemente la calibración de la política monetaria, en un momento en el que el Banco Central ha empezado a abandonar gradualmente políticas ultraexpansivas

En el lado macroeconómico conocimos esta semana en Estados Unidos un deterioro de la confianza del consumidor presionado por las crecientes preocupaciones inflacionistas y cierta debilidad en las perspectivas de empleo. El índice de confianza de la Conference Board bajó en mayo 0,7 puntos respecto al mes anterior hasta 93,1 puntos. Esta evolución refleja un empeoramiento de la percepción sobre la situación económica actual. El deterioro del indicador se produce en un entorno marcado por el aumento de las preocupaciones sobre los precios, especialmente vinculadas al encarecimiento de la energía, así como por señales de ligera desaceleración en el mercado laboral, en particular, la proporción de consumidores que perciben que el empleo es abundante disminuyó hasta su nivel más bajo desde 2021. Adicionalmente, las expectativas inflacionistas a un año se mantuvieron elevadas, situándose en el 5,2%, apenas una décima por debajo del mes anterior, en un contexto en el que dos tercios de los consumidores declararon haber reducido su gasto debido a la subida de precios.

Continuando con Estados Unidos, las cifras de abril publicadas ayer confirman las mayores tensiones inflacionistas por la subida de los costes energéticos, mientras que apuntan también a una moderación de la actividad, el consumo real se desacelera y también la inversión da muestras de menos dinamismo. Comenzando la inflación, el deflactor subyacente del consumo personal, la medida de precios más seguida habitualmente por la Fed repuntó una décima hasta el +3,3% interanual, alcanzando su mayor nivel desde octubre de 2023. El crecimiento de los precios vino explicado mayormente por los servicios que aportaron un 2,5%, pero el mayor cambio está ocurriendo en la parte de bienes donde se aceleran partes como componentes relacionados con la tecnología, los precios del agregado de equipos de procesamiento de información crecieron un +10% interanual y aportaron por sí solos cerca de dos décimas a la inflación, algo inusual en productos que históricamente son deflacionistas. En el lado del consumo, en términos nominales el avance continuó siendo sólido al crecer un +0,5% mensual. Sin embargo, en términos reales, ajustando por inflación, el gasto de los hogares está desacelerándose y en abril avanzó un +0,1% mensual lo que sitúa el crecimiento en el +2,1% frente al mismo mes del año pasado, un ritmo menor, pero no muy lejano al +2,6% promedio de los últimos tres años.

En Europa se publicaron las matriculaciones de automóviles que en abril crecieron un +5,1% interanual hasta cerca de 972.000 unidades, encadenando tres meses consecutivos de expansión tras un inicio de año débil. En el acumulado enero‑abril, el crecimiento se sitúa en +4,2%, lo que confirma una dinámica de mejora, aunque todavía condicionada por un entorno macroeconómico incierto. El principal factor de soporte del mercado sigue siendo la fuerte demanda de vehículos electrificados: los eléctricos de batería (BEV) ya representan aproximadamente el 19,7% de las matriculaciones en 2026, frente a algo más del 15% un año antes, mientras que los híbridos continúan como la tecnología dominante. Por su parte, la cuota de gasolina y diésel cae a cerca del 30% del total. Por geografías, el crecimiento es heterogéneo entre los grandes mercados: destacan los avances en Italia y España, así como un comportamiento más moderado en Alemania y prácticamente plano en Francia en el último mes disponible. Este patrón refleja tanto distintos marcos de incentivos como la sensibilidad desigual de la demanda a los costes de financiación y al ciclo económico.

En España, se confirma un repunte significativo de los precios industriales impulsado por la subida de los precios de la energía. El Índice de Precios Industriales correspondiente a abril, registró una variación interanual del +8,3%, lo que supone un incremento del 5,2% respecto a marzo. Por componentes, la energía presentó una variación interanual del +22,3%, con un incremento del 15,2% respecto al mes anterior, consolidándose como el principal factor explicativo del repunte de los precios. Este aumento se debe principalmente al encarecimiento de los productos de refino de petróleo y a una menor caída de los precios de la electricidad en comparación con abril del año pasado. Por su parte, los bienes intermedios también contribuyeron al aumento, con una tasa interanual del +3,8%, impulsada por la evolución de los productos químicos básicos. El índice general sin energía se situó en el +2,6% interanual, evidenciando una presión inflacionista más contenida en el resto de los componentes.

Continuando en España, el miércoles se publicaron los datos del crédito hipotecario que mostraron que el dinamismo continúa. En marzo la concesión de hipotecas se moderó, pero continúa registrando un avance notable con un crecimiento del 9% interanual frente al 16% del mes previo, lo que sitúa el número de operaciones en 46.661 nuevos contratos. Este crecimiento del número de hipotecas vino acompañado de un aumento más intenso del crédito concedido, que avanzó un +19,6%, reflejando la combinación de alta demanda y mayor tamaño medio de las operaciones, ya que el importe medio creció un +10,1% hasta 174.132 euros. Por el lado del coste, el tipo medio se situó en 2,84%, lo que supone un descenso de 4 puntos básicos en el mes, lo que eleva el abaratamiento de la financiación en 13 puntos básicos en los últimos 12 meses. Una tendencia que previsiblemente comenzará a revertirse en los próximos meses tras el repunte de los tipos de interés interbancarios en las últimas semanas. Por tipología de hipoteca sigue liderando las realizadas a tipo fijo (63,8%), lo que indica una preferencia clara por cobertura frente a posibles repuntes de tipos. 

Por último, ayer en España conocimos que el precio de la vivienda subió un 14% en el primer trimestre del 2026, y alcanza un nuevo máximo histórico. De acuerdo con los datos del Ministerio de Vivienda, el precio de la vivienda se ha situado a cierre de 1T26 en 2.315 euros el metro cuadrado (+14% frente al 1T25), lo que supone un récord histórico en la serie estadística del Ministerio (elaborada desde 1995). Tras cerrar 2025 con un incremento del +13,1% frente al 2024, esta nueva subida de precios supone que el precio de la vivienda encadena 5 trimestres consecutivos por encima de los 2.000 euros el metro cuadrado. Si bien las subidas se producen de forma generalizada en todas las Comunidad Autónoma, cabe destacar los mayores incrementos, registrados en Cantabria (+17,4%), Comunidad Valenciana (+17,2%) y Madrid (+16,4), que se sitúa como la Comunidad Autónoma más cara, superando por primera vez los 4.000 eur/m2.

El crecimiento de los beneficios industriales en China se aceleró en Abril, aunque con un patrón sectorial desequilibrado. Los beneficios industriales registraron un crecimiento del +24,7% interanual en abril de 2026, acelerándose significativamente desde el +15,8% en marzo, lo que elevó el avance acumulado en los cuatro primeros meses del año hasta el +18,2%. Ahora bien, esta mejora de los beneficios estuvo concentrada en sectores vinculados a materias primas y tecnología.


Los inversores ya no pueden confiar en una red de seguridad monetaria. Mohamed El-Erian. Financial Times. Catedrático en Wharton School, asesor de Allianz y presidente de Gramercy.

Durante tres décadas, ha existido una inconsistencia recurrente entre los principios de política monetaria de los grandes bancos centrales y la práctica real cuando los mercados se desestabilizan.

Los banqueros centrales intentan mantener una distinción entre las ventas masivas de mercado, que deberían tolerarse, y las disfunciones del mercado que amenazan la estabilidad sistémica y exigen intervención.

Sin embargo, llegado el momento crítico, recurren a la intervención verbal y a medidas políticas, no solo para abordar el estrés sistémico real en el sistema financiero, sino también para revertir ventas masivas de acciones. Esto ha ocurrido incluso cuando el mercado funcionaba correctamente y la economía real subyacente era sólida, como en el cuarto trimestre de 2018.

Al hacerlo, los bancos centrales suelen dejar de lado las preocupaciones sobre el riesgo moral, las burbujas de activos y la mala asignación de recursos a nivel económico, priorizando la comodidad a corto plazo de una rápida recuperación del mercado.

Los gobiernos han actuado de forma parecida, poniendo en marcha enormes paquetes fiscales para proteger a los hogares y los balances de las empresas de las perturbaciones exógenas cada vez más frecuentes y violentas (como la crisis financiera, la pandemia y las consecuencias estanflacionarias de la invasión de Ucrania).

Para los inversores, esta situación estableció y reforzó una firme convicción en la “garantía de política monetaria”: la seguridad implícita de que las autoridades poseen voluntad y capacidad de protegerlos no solo de grandes pérdidas, sino también de una volatilidad inquietante. Esto ha condicionado enormemente la psicología del mercado, y muchos inversores consideran la volatilidad no como una señal de acontecimientos fundamentales, sino como una oportunidad de compra prácticamente automática. Esto explica por qué las ventas masivas de acciones en los últimos años han sido muy efímeras, independientemente del catalizador. La estrategia de “comprar en las caídas” se ha convertido en una estrategia de inversión dominante y muy rentable. Consideremos la rapidez con la que las acciones globales se recuperaron incluso después del impacto inicial de la guerra de Irán y las consiguientes interrupciones, aún vigentes, en las principales rutas energéticas y las cadenas de suministro. Los índices estadounidenses no solo repuntaron de forma espectacular, sino que, desde entonces, han alcanzado récords. Sin embargo, esta red de seguridad no debe darse por sentada. Los hechos sobre el terreno –encabezados por una inflación y tipos elevados durante un período prolongado, un alto endeudamiento y cambios estructurales en la economía global– señalan un endurecimiento de las restricciones tanto para las autoridades fiscales como monetarias, lo que compromete su capacidad para amortiguar futuras crisis financieras.

Aunque la voluntad de proteger los mercados puede mantenerse, la capacidad para hacerlo es menor. Los bancos centrales no pueden ignorar la crisis inflacionaria global. Igualmente preocupante es el aumento vertiginoso de las presiones sobre los precios de los oleoductos.

Esta realidad inflacionaria obliga a tomar una decisión crucial: estabilizar los activos financieros o proteger la credibilidad de las políticas a largo plazo. Además, existe el riesgo de acelerar la caída de la demanda en ciertas economías debido a los precios más altos, y no solo en el sector energético.

Recursos

En resumen, el margen para maniobras fiscales contracíclicas se ha evaporado en la mayoría de las economías avanzadas. El aumento de los costes de endeudamiento se traduce en un mayor gasto público en intereses, al tiempo que amenaza los ingresos fiscales al frenar el crecimiento. Esta vulnerabilidad fiscal ha despertado a los inversores que durante mucho tiempo habían permanecido inactivos en el mercado de deuda. Ya estamos presenciando su vuelta y su impacto en los mercados de deuda soberana más vulnerables del G7, sobre todo en Japón y Reino Unido. El panorama para muchas economías en desarrollo es aún más preocupante. En algunos casos, el uso de sus reservas fiscales para amortiguar las perturbaciones externas se agota, lo que aumenta la amenaza de una presión a la baja sobre el nivel de vida, la fuga de capitales y la inestabilidad monetaria.

La economía global se encuentra ahora inmersa en una inevitable y compleja recalibración estructural. Dado que las autoridades no pueden depender tanto de anteriores intervenciones, tendrán que recurrir a otras estrategias: aprovechar la adopción de la IA para mejorar la productividad laboral, movilizar una financiación profunda en los mercados, ejecutar una política fiscal inteligente e impulsar una mayor coordinación de las políticas internacionales.

Para los mercados, estas estrategias son inherentemente menos directas que una red de seguridad de la política monetaria. Por lo tanto, los inversores tendrán que convivir con una incertidumbre estructural más compleja durante un tiempo. Aunque una solución ordenada a la guerra en Oriente Próximo sería de gran ayuda, la economía global tardará en recuperar la flexibilidad política al que los mercados se han acostumbrado y en el que, de hecho, han confiado.


Irán está derrotando a Trump en el arte de la negociación. Gideon Rachman. Financial Times.

Lo peor que puedes hacer en una negociación es parecer desesperado por cerrarla. Eso hace que la otra parte huela la sangre, y entonces estás muerto. Lo mejor que puedes hacer es negociar desde la fuerza, y la ventaja es la mayor fortaleza que puedes tener”. Ese fue el principio que Donald Trump (o su escritor fantasma) expuso en El arte de la negociación, publicado en 1987. Quizás Trump debería haber releído su propio libro antes de publicar el 5 de abril: “Abrid el maldito estrecho, locos bastardos, o viviréis en el infierno”. Para el ojo inexperto, esa exigencia sonaba un tanto desesperada, sobre todo cuando Trump no cumplió sus amenazas de desatar una violencia infernal sobre Irán.

La cruda realidad es que, en las negociaciones para poner fin a la guerra, Teherán ha tenido la ventaja. El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán ejerció una intensa presión sobre la economía global. A medida que los precios de la gasolina han ido subiendo en Estados Unidos, la popularidad de Trump se ha desplomado.

El resultado es que, al momento de escribir este artículo, Estados Unidos parece dispuesto a aceptar un acuerdo que, a largo plazo, amenaza con dejar a Irán en una posición más fuerte que antes del inicio de la guerra.

La esencia del acuerdo que se está gestando radica en que Irán acepta abrir el estrecho sin cobrar peaje. A cambio, obtiene un alivio gradual de las sanciones, incluyendo la descongelación de miles de millones de dólares en activos. Irán se comprometerá a restringir su programa nuclear. Sin embargo, los detalles serán el punto a tratar en futuras negociaciones, por lo que este asunto queda, en esencia, sin resolver.

Sin prisa

Trump ha insistido en que no tiene prisa y que jamás aceptaría un mal acuerdo. Pero la reacción de los republicanos más belicistas ante el acuerdo fue reveladora. El senador Ted Cruz sugirió que podría ser un “error desastroso” porque permitiría a Irán “enriquecer uranio y desarrollar armas nucleares, además de tener el control efectivo del estrecho de Ormuz”. El senador Roger Wicker, presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, advirtió que el acuerdo “no valdría ni el papel en el que está escrito”.

El Gobierno israelí, que desempeñó un papel crucial a la hora de persuadir a Trump para que entrase en guerra, se mostrará diplomático ante cualquier acuerdo en público, sobre todo porque Benjamin Netanyahu pronto deberá enfrentarse al electorado. Pero la realidad es que el líder israelí presentó la guerra como una oportunidad única para lograr un cambio de régimen en Irán. Ahora ve cómo el conflicto puede cerrarse con el régimen iraní aún en el poder, más confiado, más intransigente y con nuevos recursos financieros para reconstruir su programa nuclear y su red de aliados en todo Oriente Próximo.

Eli Groner, ex director general de la oficina de Netanyahu, sostiene que saber que Irán puede cerrar el estrecho de Ormuz en cualquier momento en el futuro “es una victoria mucho más profunda y estratégica que cualquier logro militar”. Su resumen en una sola palabra es: “Desastre”.

Además de aliviar potencialmente la precaria situación financiera y económica de la república islámica, es probable que el acuerdo incline la balanza de poder regional a favor de Irán.

Como observó Dan Shapiro, exembajador de Estados Unidos en Israel, en X: “Irán ha obtenido una ventaja significativa para el futuro al demostrar que puede controlar el estrecho, atacando a sus vecinos y las bases estadounidenses en la región y causando daños considerables, y al recibir los ataques más duros de Estados Unidos e Israel y sobrevivir”. Shapiro cree que, sin embargo, Trump está tan acorralado que aceptar un mal acuerdo que abra el estrecho sería una mejor opción que continuar la guerra. Dados los crecientes riesgos de una crisis energética mundial y una recesión global, este cálculo es comprensible. Estados Unidos también tiene recuerdos recientes de guerras –como las de Vietnam y Afganistán– que se prolongaron demasiado, mientras luchaba en vano por mejorar una posición perdedora.

Sin alternativa

Si Trump acepta un mal acuerdo, será porque no tiene una alternativa viable. La propuesta del senador Wicker era “permitir que las hábiles fuerzas armadas estadounidenses completen la destrucción de las capacidades militares convencionales de Irán y luego reabrir el Estrecho”.

Pero un intento de asegurar el Estrecho por medios militares probablemente habría requerido el despliegue de tropas terrestres y la aceptación de numerosas bajas estadounidenses. Incluso entonces, los iraníes habrían podido amenazar el tránsito marítimo con drones o misiles.

Las amenazas ocasionales de Trump de desatar un “infierno” sobre el régimen iraní carecían de credibilidad, debido a su evidente reticencia a involucrarse en una guerra terrestre y al peligro de represalias iraníes contra los estados del Golfo Pérsico y su infraestructura energética. En la jerga de los analistas militares, la vulnerabilidad del Golfo otorgaba a Irán una “superioridad en la escalada”.

El presidente estadounidense –quien se compara obsesivamente con el expresidente Barack Obama– solía ridiculizar el acuerdo nuclear que la Administración Obama alcanzó con Irán en 2015. Trump lo ha calificado como “una de las peores transacciones y más unilaterales que Estados Unidos haya firmado jamás” y ha declarado: “Jamás en mi vida he visto una transacción negociada con tanta incompetencia como nuestro acuerdo con Irán”.

Pero ahora el propio Trump está negociando un acuerdo que, en muchos aspectos, parece peor que el que negoció Obama, en parte debido a la latente certeza de que Irán aún puede cerrar el estrecho de Ormuz cuando quiera. Es todo un logro del maestro del arte de la negociación.


¿Cuánta inmigración puede aceptar España? Ignacio de la Torre es socio y economista jefe de Arcano Partners.

Los relatos de viajeros que conocieron el antiguo oráculo de Delfos en Grecia cuentan que en su frontispicio figuraba la inscripción mêden agan, que quiere decir «nada en exceso». El mensaje del oráculo pretendía impulsar el autoconocimiento como vía para intentar limitar los excesos que podían llevarnos a la perdición a través de la hubris o vanagloria, actitud que provocaba, según la tradición griega, la caída en desgracia. 

La vivienda y la inmigración son dos de los problemas que más preocupan a los españoles, según el CIS. Ambos están relacionados. En esta columna intento analizar el cuánto y el cómo de los flujos migratorios. Por «cuánto» entiendo una proporción de inmigración que pueda ser sostenible: el entender si nos hemos excedido. Por «cómo», el tipo de inmigración y el proceso de toma de decisiones. 

Aunque el PIB español haya crecido con fuerza desde el COVID, el crecimiento por habitante ha sido mucho menor. Ello se debe en parte a un modelo basado en aumentar el número de ocupados vía inmigración más que la productividad por empleado. Además, la escasa mejora de renta por habitante no se ha traducido en un incremento del salario ajustado por inflación, variable que ha caído un 1% desde la pandemia debido a la subida de las cotizaciones y del impuesto sobre la renta en los últimos años. Por lo tanto, aunque algunos responsables políticos describan la economía como un éxito, la realidad es que la situación económica de una familia media ha empeorado. El crecimiento se ha sustentado sobre todo en la inmigración, de ahí que se requiera un debate sobre su cuantía. 

Conviene recordar que hace veinticinco años solo uno de cada veinte residentes en España no había nacido en España. Hoy la cifra asciende a uno de cada cinco. Los flujos migratorios se pueden medir en proporción a la población total de un país. La mayoría de las naciones occidentales admiten flujos migratorios anuales que oscilan entre un 0,2% y un 0,6% de su población. La razón es compensar la caída de población activa que se genera porque el crecimiento vegetativo (jóvenes que entran en la fuerza laboral frente a mayores que se jubilan) es negativo debido a los exiguos niveles de natalidad. De aceptar flujos migratorios medios de otros vecinos occidentales (0,4%), una nación con unos cincuenta millones de habitantes como España debería admitir unos 200.000 inmigrantes al año. Sin embargo, las entradas medias anuales de extranjeros de los últimos tres años rondan los 665.000, es decir un 1,4% de la población, un crecimiento migratorio tres veces superior al de nuestros vecinos

Admitir flujos migratorios tan elevados conlleva la ventaja ya expuesta de que, si la demanda de trabajo no se satisface con la oferta local, la inmigración genera más crecimiento económico, algo que por ejemplo sirve para pagar las pensiones actuales (aunque los inmigrantes devengarán por supuesto una pensión futura, así como gastos médicos y educativos, lo que genera también un pasivo) o reducir el déficit fiscal. Sin embargo, un aumento súbito de población en un país que apenas construye vivienda genera un efecto indeseado: la demanda de casas se acelera mientras la oferta sigue siendo muy baja y, por lo tanto, los precios suben estrepitosamente. Así, en circunstancias de bajo crecimiento poblacional, un país occidental necesita construir unas cuatro casas por cada mil habitantes al año, más si la población crece a un ritmo elevado, como es el caso de España. Pues bien, nuestro país lleva doce años construyendo dos casas por mil habitantes al año, lo que explica el déficit acumulado de 700.000 unidades, y también que los precios de la vivienda suban más del doble que en Europa. El resultado es que un 9% de nuestros habitantes viven en situación de hacinamiento, según el INE. De este modo, se enlazan dos de las principales preocupaciones de los españoles. La inmigración no es la única causa del deterioro del acceso a la vivienda, pero sí amplifica un desequilibrio estructural entre oferta escasa y demanda acelerada. Por otro lado, no se pueden admitir flujos migratorios intensos si no se invierte en mayor infraestructura sanitaria y educativa. Las listas de espera médicas no hacen más que aumentar, y la calidad de la educación se resiente. 

Si nos centramos en el «cómo», creo que decisiones tan trascendentes como el volumen de inmigración que un país está dispuesto a aceptar deberían regirse por un elemental mecanismo democrático. Si un partido político cree que es necesario acelerar la inmigración, debería exponerlo en su programa y en sus mítines, y viceversa. En última instancia, la política que se quiera aplicar debería ser debatida y aprobada por las Cortes. Al no haberse hecho así, se genera, en mi opinión, un déficit de decisión ciudadana en un tema de absoluta trascendencia, lo que incrementa el desapego de la ciudadanía hacia el sistema democrático. Como contraste, los suizos votarán en junio si limitar la población a diez millones. Por otro lado, en el marco de una unidad económica como la UE, no parece muy sostenible admitir flujos migratorios ilegales significativamente superiores a los de nuestros vecinos para luego regularizarlos, cuando estas decisiones nos afectan a todos. Finalmente, creo que, una vez se haya debatido un nivel aceptable de inmigración, debemos cualificar el tipo de trabajadores que necesitamos, en vez de aplicar una política indiscriminada de aceptación. 

Toda política migratoria sostenible depende de la capacidad de absorción económica, institucional y residencial de un país. Es indudable que un inmigrante tiene derecho a aspirar a una vida mejor, y que países solidarios como el nuestro que han sido emisores de emigrantes en el pasado pueden mantener una disposición de acogida. La pregunta es cuánto y cómo. En mi opinión, tal y como advertía el oráculo, nos hemos excedido en ambos.


¡Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 22 de Mayo del 2026.

Empezamos la semana con bolsas corrigiendo y rentabilidades de los bonos subiendo fuerte ante la falta de avances para la reapertura del Estrecho de Ormuz, la ausencia de señales concretas sobre este asunto en la reunión entre Trump y Xi y unos datos de inflación por encima de lo esperado que alimenta las expectativas de que los Bancos Centrales empiecen a subir tipos. El precio del petróleo se situaba por encima de los 110 dólares el barril a comienzo de semana, pero el miércoles Trump insistió, nuevamente, en que Estados Unidos estaba cerca de lograr un acuerdo con Irán, lo cual sirvió para que el precio del petróleo Brent registrara caídas de hasta un 6%, hasta los 105 dólares por barril, donde cotiza actualmente, y que las bolsas subiesen con fuerza. Continuando con esta dinámica optimista ayer tuvimos declaraciones del Secretario de Estado americano, Marco Rubio, sobre “buenas señales para alcanzar un acuerdo con Irán”, que podría anunciarse hoy mismo, con el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmail Baqai, admitiendo que están «examinando» una nueva propuesta estadounidense. Veremos qué ocurre con las líneas rojas de ambas partes, futuro del programa nuclear, destino de las reservas de uranio enriquecido (que ayer Trump anunciaba que irían a parar a Estados Unidos), situación del Estrecho de Ormuz… Ayer se apuntó a conversaciones entre Irán y Omán para establecer un sistema de peaje permanente que formalice su control sobre el tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz, lo que va en contra de la libre circulación marítima que defiende Estados Unidos. El mercado que recoge de forma positiva un “inminente” acuerdo de paz, cuando apenas un día antes todo apuntaba a un aumento de las tensiones en un entorno de tregua frágil, con posturas que parecían encontrarse muy distanciadas y con ambos países dispuestos a volver a las hostilidades. Esta semana el Senado americano ha dado luz verde por primera vez a una resolución para limitar la capacidad Trump sobre decisiones militares contra Irán sin autorización expresa del Congreso. La propuesta, presentada por el senador demócrata Tim Kaine, logró salir adelante gracias al apoyo de varios republicanos que rompieron con la línea oficial de su partido, aunque el texto aún debe superar nuevos pasos legislativos y podría acabar siendo vetado por la Casa Blanca.

Entre el 11 y el 17 de Mayo transitaron 54 barcos por el estrecho de Ormuz frente a los 25 de la semana anterior:

En cuanto a la reunión entre Estados Unidos y China del fin de semana pasado hubo pocas conclusiones o acuerdos concretos después de las expectativas que se habían generado. En los comunicados de ambos países se incluyen referencias generales, pero sin detalles ni planes de acción concretos:

•  Estados Unidos afirmó que China abordaría la escasez de suministro de tierras raras y otros minerales críticos, mientras que el gobierno chino no se pronunció al respecto. 

•  Ambos países coincidieron en que Irán no puede tener un arma nuclear, pidieron reabrir el estrecho de Ormuz y acordaron que ningún país u organización debe poder cobrar peajes.

•  La cuestión de Taiwán ni siquiera se mencionó. 

Esta semana el movimiento más llamativo ha sido en la Renta Fija con las rentabilidades de la renta fija soberana global a 10 años cerca del 5%, su nivel más alto desde el 2004. Las curvas de gobierno a nivel global continúan registrando considerables ventas, con las rentabilidades alcanzando nuevos máximos en prácticamente todos los tramos. El movimiento está siendo especialmente intenso en los vencimientos ultra largos, donde la rentabilidad del bono americano a 30 años alcanzó niveles no vistos desde 2007, mientras que el bono japonés a 30 años se consolida por encima del 4%, superando máximos históricos. En Europa, la deuda alemana también siguió tensionándose por efecto contagio, aunque el movimiento continuó estando liderado por Estados Unidos y Japón.

Continúa la crisis política en Reino Unido, el Primer Ministro, Starmer, se enfrenta a una grave crisis de liderazgo que ha puesto en peligro su mandato, casi 100 diputados laboristas han pedido su dimisión tras los desastrosos resultados de las elecciones locales. Su portavoz confirmó el lunes que Starmer no fijará un plazo para su dimisión y que seguirá gobernando. Curiosamente la crisis de liderazgo aviva el debate sobre la reversión del BrexitWes Streeting, antiguo Secretario de Estado de Salud, que se perfila como posible rival, y este se ha posicionado a favor de volver al bloque europeo. La situación es mala para la libra por dos razones, en primer lugar, la incertidumbre política rara vez beneficia a una moneda y, en segundo lugar, actualmente no está claro qué políticas pretenden implementar los posibles sucesores. El presupuesto de noviembre pasado preveía un aumento del gasto a corto plazo mientras posponía los incrementos de ingresos hasta los últimos años del mandato legislativo. Un nuevo primer ministro podría tener ideas diferentes, lo que reavivaría las preocupaciones fiscales. Tras todo este escenario, la libra sufría la semana pasada el peor comportamiento cayendo un 1% tras el comportamiento de los bonos, donde el bono a 30 años se disparaba hasta 5,82%, el nivel más alto desde 1998, y el bono a 10 años hasta el 5,147%, su mayor rentabilidad desde el 2008, aunque en estas dos sesiones ha vuelto ligeramente por debajo del 5%.

Rentabilidad del Bono a 10 años británico durante los últimos 5 años:

Muchos analistas que temen una seria corrección de los mercados señalan como catalizador lo que está sucediendo en el mercado de deuda. Dentro de la renta fija, la tradicional referencia de los bonos públicos a 10 años ha sido sustituida ahora por los títulos a 30 años, cuyo coste está disparado en muchos países occidentales por el temor a un fuerte repunte de la inflación y del déficit público por los efectos de la guerra en Irán. En Estados Unidos, la deuda a 30 años supera una rentabilidad anual del 5%, llegando a cotizar al 5,18% esta semana, por encima incluso del nivel que marcó el año pasado tras el anuncio de agresivos aranceles por parte del presidente Donald Trump en el llamado Día de la Liberación. Entonces, el repunte de la deuda fue una de las razones por la que la Casa Blanca moderó su afán proteccionista. Ahora, el Tesoro americano ve la situación más relajada, quizá porque son otros países los que sufren más castigo con mayores repuntes de sus intereses sobre la deuda. El coste de la deuda británica y japonesa a 30 años sube cerca de 65 puntos básicos en lo que va de año. La subida del coste de la deuda a largo plazo implica que el mercado considera que la inflación puede ser persistente, lo que ralentizará el crecimiento y obligará a más gasto fiscal, confluyendo todo ello en un mayor déficit. De ahí que los inversores demanden una mayor prima de riesgo por comprar esos títulos. La gran pregunta para los inversores bursátiles es cuál es el nivel de coste de la deuda a partir del cual sufren las cotizadas, por el aumento de los costes de financiación. El 5% es un nivel clave, pero más en los bonos a 10 años, donde el Tesoro estadounidense paga ahora un 4,6%. Según los analistas de Barclays, la deuda a 30 años podría llegar al 5,5%, terreno en el que podría haber tensiones para el conjunto de los mercados. Pero más importante que el nivel absoluto de la deuda puede ser el diferencial con los tipos a corto y la violencia de los cambios. De momento, no hay un movimiento desordenado.

Rentabilidad del Bono a 30 americano durante los últimos 5 años:

Una medida que sirve para determinar que la Bolsa americana está cara es el diferencial entre las rentabilidades de los beneficios de las compañías americanas frente a la rentabilidad del bono a 10 años, que está en -115 puntos básicos, mínimos desde el 2022. Es verdad que mientras sigamos viendo resultados trimestrales como los últimos, con mucha fortaleza en el crecimiento de ingresos (sobre todo en los sectores vinculados a la IA) parece que al mercado no le importa los múltiplos de valoración… En el primer Trimestre del 2026 hemos visto el mayor crecimiento en ingresos trimestrales desde 2022. Las revisiones de beneficios han sido muy potentes, a principios de 2026 las expectativas de crecimiento en Beneficio por Acción del S&P 500 para el primer trimestre del año era del 8%, y el publicado ha sido del 11,4%, lo que supone el mayor crecimiento de beneficios del S&P 500 sólo por detrás el 2T2022 (+13,9%) (S&P 500 Reporting Highest Revenue Growth Since 2022).

S&P 500 earnings yield – US 10Y yield

La correlación a 2 meses entre la Bolsa americana y las rentabilidades de los bonos del Tesoro a 10 años se ha vuelto la más negativa desde finales de la década de 1990. Es cierto que últimamente las Bolsas se están guiando más por las noticias y movimientos geopolíticos, o los movimientos de los precios del petróleo en estas últimas semanas, con lo que está generando que se rompan algunas correlaciones históricas, aunque creemos que será algo temporal.

El miércoles, con el mercado cerrado, publicó sus resultados Nvidia, que no sorprendieron al mercado, parece que ya se ha normalizado unos números que siguen siendo absolutamente extraordinarios. Nvidia se ha convertido en la empresa con mayores beneficios trimestrales del S&P 500 en algo más de cuatro años (58.300 millones de dólares), una cifra que equivale a un 20% más que el beneficio agregado obtenido en el mismo periodo por todo el sector inmobiliario cotizado del S&P 500 según los analistas de Banca March. Además, tras tres años de crecimientos a doble dígito, el ritmo de expansión de los ingresos no solo se mantiene, sino que vuelve a acelerarse, con un avance del +85%, y los beneficios crecieron un 211%!!! El margen Neto de Nvidia se situó en el 71%, además la compañía anunció que espera lanzar los chips de última generación Vera Rubin en la segunda mitad del año.

El peso de Nvidia en el índice S&P 500 es de un 8%, nunca una empresa había tenido un peso tan alto en el índice:

Siguiendo con noticias corporativas, SpaceX presentó esta semana su folleto ante la SEC de cara a su próxima salida a bolsa, la cual se estima de forma preliminar para el 12 de junio. SpaceX ha arrancado el año de su salida a Bolsa disparando sus pérdidas netas en el primer trimestre un 710% interanual, hasta 4.276 millones de dólares, lastrada por su negocio de inteligencia artificial. El grupo de Elon Musk registró unos ingresos de 4.690 millones de dólares en el periodo, un 15% más, según desvela en el folleto de su oferta pública de venta de acciones (OPV). El negocio de IA lastra las cuentas de SpaceX, que registró ingresos de 18.674 millones de dólares en 2025, un 33% más, pero se anotó pérdidas netas de 4.937 millones de dólares. La compañía reportó un ebitda ajustado de 6.584 millones de dólares. Starlink, con 10,3 millones de abonados a su servicio de Internet por satélite, es la única división rentable. El negocio aportó 11.387 millones de dólares de ingresos en 2025, un 50% más, y un beneficio operativo de 4.423 millones de dólares, más del doble que el año anterior. Sin embargo, las pérdidas en IA se multiplicaron por más de cuatro el último año, hasta 6.355 millones de dólares, debido a las altas inversiones en infraestructura para IA. xAI, que también incluye la red social X, ingresó 3.201 millones de dólares, de los que el 57% fueron publicidad. Musk, que controla el 85% del poder de voto, fusionó su negocio aereospacial SpaceX con xAI en febrero de cara a la salida a Bolsa. La compañía busca ahora monetizar su infraestructura de IA alquilando capacidad de cómputo. Su primer gran cliente, Anthropic, pagará 15.000 millones de dólares anuales hasta 2029. El folleto aún no recoge el número de acciones a la venta ni el rango de precios. Según ha trascendido, SpaceX –que cotizará con el ticker SPCX– busca captar 75.000 millones de dólares con una valoración de 1,75 billones en la mayor salida a Bolsa de la historia.

Además, según el Wall Street Journal, tras la resolución del enfrentamiento judicial entre Altman y Musk, OpenAI estaría preparando también el siguiente paso hacia su salida a bolsa. Si se suman las valoraciones potenciales de SpaceX, OpenAI y Anthropic, el volumen de OPVs podría situarse fácilmente entre 3 y 4 billones de dólares en los próximos doce meses, lo que representaría aproximadamente un 7% de la capitalización total del S&P 500.

El consenso de analistas espera un crecimiento de beneficios para el largo plazo (5 años de estimación) muy alto, la media de los últimos 40 años es un crecimiento del 12,7% y actualmente está en el 21,2%:

En los últimos trimestres el diferencial de crecimiento de ingresos entre las 7 Magníficas y las otras 493 compañías del S&P 500 se había estrechado, pero en este primer trimestre del 2026 se ha vuelto a ampliar con los 7 Magníficos publicando el mayor crecimiento trimestral en ingresos desde el segundo trimestre del 2021. (“Mag 7” and Other 493 S&P 500 Companies Are Reporting Highest Earnings Growth Since 2021).

Las grandes gestoras de fondos han aumentado su exposición a las acciones al mayor ritmo que han hecho nunca, según se desprende de la última encuesta de gestores de Bank of America (BofA). La confianza de los inversores repunta hasta alcanzar su nivel más alto de los últimos tres meses. Esto se ha traducido en una fuerte asignación de los grandes gestores a la renta variable, que ha pasado del 13% de la encuesta anterior al 50% actual (la asignación más alta desde enero de 2022). Este rápido crecimiento supera el anterior récord que databa de 2019.

Los gestores han rotado su exposición a renta variable hacia Estados Unidos a un ritmo también récord. Esta rotación está impulsada por unos mejores beneficios empresariales, la narrativa de la IA y la fortaleza macroeconómica de Estados Unidos. Mientras, los encuestados han reducido su exposición al efectivo, bonos y acciones de Europa y Reino Unido. Los semiconductores continúan siendo el sector preferido de los gestores y el 73% de los inversores ha realizado posiciones alcistas en este sector, frente al 24% de la encuesta de abril. El 14% también tiene posiciones largas en las conocidas como ‘Las Siete Magníficas’. Los inversores no sobreponderaban tanto a la tecnología desde febrero de 2024. Un 34% cree, sin embargo, que el gasto de capital de los hiperescaladores de IA sería la principal causa de un evento crediticio. En general, los gestores han aumentado su sobreponderación a los sectores cíclicos (tecnología e industria) frente a sectores defensivos (salud y productos básicos). La diferencia de asignación entre ambos sectores es la más alta desde enero de 2018.

Esta fuerte asignación se traduce también en un recorte significativo de los niveles de efectivo, que se sitúan en el 3,9% en abril (frente al 4,3% del mes anterior). Esta caída del efectivo es la mayor contracción mensual desde febrero de 2024. Sin embargo, BofA advierte que un nivel de efectivo por parte de los gestores igual o inferior al 4% activa una señal de venta. Es más, muchos analistas señalan que la capitulación alcista está casi completa y subrayan que principios de junio es el momento propicio para la toma de ganancias en los activos. Los rendimientos de los bonos determinarán el grado de retroceso de los mercados. Mientras el optimismo regresa a la renta variable, el pesimismo continúa en el mercado de renta fija. Los gestores han reducido su asignación a bonos hasta alcanzar una infraponderación neta del 44%, la mayor desde junio de 2022. Con todas las miradas puestas en los tramos de mayor duración, el 62% de los grandes inversores ven al bono de Estados Unidos a 30 años por encima del 6% de rentabilidad. Este pesimismo en la renta fija se sustenta en la visión macroeconómica de los encuestados para los próximos meses. Para el 40% de los inversores, el mayor riesgo al que se enfrentan los mercados es una segunda ola de inflación y el 66% espera una inflación mundial más alta este año. Este porcentaje ha aumentado desde el 26% del mes anterior. Pese a estas expectativas de inflación más altas, el 50% de los gestores aún cree que la Reserva Federal recortará los tipos de interés en los próximos 12 meses. Solo un 16% espera que el organismo americano los aumente. El otro 16% restante cree que la Fed mantendrá su política monetaria sin cambios.

Importante esta semana:

Las actas de la última reunión de la Reserva Federal americana, publicadas esta semana, evidencian una notable preocupación en la Fed ante las presiones inflacionistas, abriendo la puerta a una subida de los tipos de interés si la inflación se mantiene de forma persistente sobre el objetivo del 2%.

Diversas fuentes citadas por Reuters señalaron ayer que dentro del BCE la subida de tipos en junio estaría prácticamente decidida, dado que la evolución reciente de la inflación se estaría aproximando más al escenario adverso manejado por la institución. No obstante, las mismas fuentes apuntan a que el Consejo de Gobierno preferiría evitar comprometerse explícitamente con nuevas subidas posteriores, optando probablemente por esperar a disponer de las nuevas proyecciones macroeconómicas de septiembre.

La OTAN está valorando la posibilidad de escoltar a los buques que atraviesan el estrecho de Ormuz en caso de que el bloqueo se prolongue hasta julio. Sin embargo, los miembros de la organización aún no cuentan con el consenso necesario para adoptar esta medida, por lo que volverán a reunirse los días 7 y 8 de julio. No obstante, se trata de una iniciativa que llega con cierto retraso, ya que cabe esperar que el conflicto se resuelva antes. De no ser así, su implementación podría resultar insuficiente para evitar un deterioro significativo de las economías. Los últimos datos indican que actualmente solo transita por el estrecho aproximadamente el 1% del tráfico marítimo habitual. Por otro lado, una coalición encabezada por Francia y el Reino Unido está desarrollando un plan alternativo para garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz, siempre condicionado al cese de los combates. 

China acordó comprar 17.000 millones de dólares anuales en alimentos estadounidenses durante tres años y ambas partes pactaron reducir aranceles sobre determinados productos. Además, el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, afirmó que Washington formalizará conversaciones con China sobre aranceles y restricciones a las exportaciones.

Kevin Warsh será oficialmente nombrado hoy para su nuevo cargo dentro de la Reserva Federal.

Según el Financial Times este martes, Xi Jinping habría trasladado a Trump que Putin podría terminar arrepintiéndose de haber iniciado la invasión de Ucrania.

La Unión Europea habría finalizado ya el texto definitivo del acuerdo comercial con EEUU, allanando el camino para su ratificación antes de la fecha límite de 4 de julio fijada por Trump.

Un estudio del Centre for European Reform sostiene que Alemania es el “epicentro” de un nuevo “Shock de China 2.0”. Este estudio traslada la idea de que Europa, y especialmente Alemania, podría enfrentarse a una nueva ola de competencia china similar a la que sufrió la industria manufacturera occidental en los años 2000 tras la entrada de China en la OMC. Pero ahora el problema no sería tanto textil o manufactura básica, sino sectores de alto valor añadido donde Alemania era dominante como la automoción, maquinaria industrial y tecnologías verdes.

Según el Financial Times, el gobierno británico estaría pidiendo a los supermercados que limiten voluntariamente algunos precios de alimentos a cambio de flexibilizar ciertas regulaciones. Por otra parte, Reino Unido relajó sanciones sobre combustibles derivados de crudo ruso.

Un funcionario del Ministerio de Finanzas japonés afirmó que Tokio es consciente de los riesgos que implicaría vender deuda estadounidense como parte de posibles intervenciones cambiarias para apoyar al yen. Al mismo tiempo, los datos de marzo mostraron una caída de 138.000 millones de dólares en las tenencias extranjeras de deuda pública estadounidense, con las posiciones chinas descendiendo hasta su nivel más bajo desde 2008. Diversas fuentes citadas por Reuters señalan que el Banco de Japón no descarta ralentizar o incluso pausar temporalmente la reducción de compras de bonos soberanos japoneses. La noticia es importante porque muestra que el fuerte repunte reciente de las Rentabilidades de la deuda japonesa empieza a generar preocupación sobre la estabilidad del mercado

En el lado macroeconómico este martes se publicaron en Estados Unidos las ventas pendientes de viviendas que repuntaron en abril y dan señales de ligera reactivación. Las cifras publicadas muestran un avance del +1,4% mensual, lo que elevó hasta el +3,3% interanual el avance de las ventas, alcanzando su mayor ritmo desde noviembre de 2024.

Ayer conocimos el PMI composite preliminar de mayo del conjunto de la zona euro que registró un deterioro significativamente más intenso de lo esperado, al descender desde 48,8 hasta 47,5, frente a un consenso que anticipaba una referencia más próxima a estabilizarse. De esta forma, el indicador se situó en mínimos de los últimos treinta y un meses, consolidando la señal de contracción de la actividad en el segundo trimestre y apuntando a una desaceleración cada vez más profunda del crecimiento europeo. Por sectores, el deterioro volvió a concentrarse principalmente en los servicios, donde la referencia cayó desde 47,6 hasta 46,4, alcanzando su nivel más bajo desde febrero de 2021. Por su parte, el sector manufacturero mostró una mayor resistencia relativa, aunque también decepcionó frente a las expectativas, al descender desde 52,2 hasta 51,4 también por debajo del 51,8 estimado), además el componente de producción se moderó desde 52,3 hasta 51,0. Así, aunque la industria continúa beneficiándose parcialmente del proceso de acumulación preventiva de inventarios y de cierta recomposición de cadenas de suministro, el deterioro de la demanda empieza también a trasladarse de forma más visible al sector manufacturero. Por geografías, Francia volvió a mostrar el peor comportamiento relativo, registrando una caída especialmente acusada de la actividad y deteriorando además sus perspectivas empresariales hasta terreno claramente pesimista. Alemania también permaneció en zona de contracción, aunque con cierta mejora relativa del sentimiento manufacturero a futuro. En conjunto, el informe vuelve a reflejar el complejo escenario al que se enfrenta el BCE, donde el deterioro cada vez más evidente de la actividad económica convive simultáneamente con un nuevo repunte de las presiones inflacionistas derivadas del shock energético.

Siguiendo en la zona euro se publicaba, también el martes, los datos de balanza comercial en los que se refleja un freno en su superávit comercial, los mayores costes energéticos y un menor dinamismo de las exportaciones han pesado en el saldo comercial, que ha sufrido las consecuencias directas del endurecimiento de la política comercial estadounidense y la creciente competitividad desde China. En marzo, las exportaciones europeas se redujeron en 28.200 millones de euros frente al mismo mes del año pasado. Este descenso de las ventas se explicó en más del 90% por la caída de los envíos a Estados Unidos, que en este mes concreto han estado afectadas por el efecto base. Sin embargo, y aunque son datos nominales, lo cierto es que las exportaciones europeas en marzo totalizaron 9.900 millones de euros, un dato considerablemente inferior a la media mensual de 14.800 millones de euros de envíos que se registraban en 2024, que fue el año previo al segundo mandato de Trump. Además, las mayores necesidades energéticas de la región han favorecido que las importaciones europeas desde Estados Unidos se hayan acelerado (+1,1% interanual), lo que minora el habitual superávit comercial de la región. En cuanto a la relación comercial con China, se agravó el desequilibrio, con un déficit que se amplió en marzo hasta los 25.900 millones de euros, superando ampliamente la media mensual de 21.300 millones del año anterior.

A nivel nacional, también se publicaron datos del sector exterior español y, aunque sigue mostrando un mayor desequilibrio que la zona euro en su conjunto, el desempeño agregado del 1T26 fue algo más benigno, de hecho, España redujo el déficit comercial acumulado en el periodo en 3.422 millones de euros hasta totalizar un saldo negativo de -11.677 millones, un comportamiento explicado principalmente por el aumento de las exportaciones no-energéticas.

Los PMIs preliminares de mayo en Japón mostraron un deterioro de la actividad económica ya que pasaron de 52,2 a 51,1, mientras que la balanza comercial ajustada estacionalmente sorprendió positivamente al registrar superávit, favorecida por la depreciación acumulada del yen y cierta moderación reciente de las importaciones energéticas.

La Comisión Europea hizo ayer públicas las cifras de su habitual ejercicio de análisis, una actualización especialmente vigilada porque por primera vez recoge el impacto de la crisis de Oriente Próximo sobre la economía del bloque comunitario. Pese a ello, la institución sorprendió al revisar al alza el crecimiento de España para este año en una décima. Esto supone que, de cumplirse las estimaciones, la economía española avanzaría un 2,4% frente al 2,3% publicado la última vez que el Ejecutivo comunitario actualizó sus proyecciones macroeconómicas, en otoño del pasado año. Según detalla la Comisión Europea, el crecimiento está favorecido por un fuerte efecto de arrastre de la actividad económica a finales de 2025, un impulso que se modera después y que lleva el crecimiento de 2027 más bajo y recortado en una décima respecto a las previsiones de otoño. La Comisión indica que el país se beneficia del fuerte descenso del desempleo, que por primera vez desde 2008 caería por debajo de la cota del 10%. Además, mantiene la expectativa de que la deuda pública caiga por debajo del 100% del PIB por primera vez desde 2019 al situarse en el escenario base en el 99,6%. “La alta penetración de energías renovables en la Península Ibérica actúa como un amortiguador, haciendo que los precios eléctricos dependan menos de las fluctuaciones de los combustibles fósiles en comparación con la media europea”, asegura la Comisión. De hecho, Bruselas destaca que, en lo que va de 2026, el gas fija el precio marginal de la electricidad en España solo el 15% de las horas, una cifra muy inferior a países como Italia (casi 90%) o Alemania (40%). En general, la mayoría de los países grandes de la UE se encuentran fuera del top 10 para 2026, Francia proyecta un crecimiento del 0,8%, Alemania, un 0,6%; e Italia, un 0,5%. El mayor riesgo para la economía española, de hecho, viene del exterior, según Bruselas. Una desaceleración más fuerte de lo esperado del resto de países de la Unión Europea podría generar un efecto contagio en el dinamismo español a través de uno de sus grandes pilares como es el turismo. En lo que respecta a la inflación, se proyecta que la cifra aumente hasta el 3%. Esto supone una revisión al alza significativa de nada menos que un punto porcentual frente a lo previsto en otoño.

La Comisión Europea avanza una desaceleración del crecimiento de apenas tres décimas para el año 2026 en Europa, este ajuste llevaría al conjunto de la Unión Europea a crecer un 1,1% este año, frente al 1,4% que se había previsto en otoño de 2025.


España crece, pero necesita cambios estructurales. Rafael Pampillón. Universidad CEU San Pablo e IE Business School.

España crece. Y eso, en la Europa actual, ya es una buena noticia. Pero quizá la cuestión más importante no sea cuánto está creciendo la economía española, sino el tipo de mundo en el que tendrá que seguir creciendo durante los próximos años.

Porque el entorno internacional no es el que se esperaba en Europa y en España hace unos años. Ahora la globalización se fragmenta cada vez más, la energía vuelve a utilizarse como arma geopolítica, las cadenas de suministro vuelven a sufrir cambios y la tecnología se ha convertido, cada vez más, en una herramienta de poder económico, industrial y militar.

El mundo ha entrado en una nueva era. Y eso cambia muchas cosas para países como España.

La economía española cerró 2025 con un crecimiento del 2,8%. Y en 2026 continúa, por ahora, en terreno positivo. A primera vista, los datos parecen razonablemente buenos, sobre todo comparados con el estancamiento que domina en buena parte de Europa.

Pero España sigue arrastrando problemas estructurales importantes: escasez de vivienda, baja productividad, salarios reales estancados, elevado déficit tecnológico, reducción de las exportaciones de mercancías y una creciente dependencia de sectores muy sensibles al ciclo internacional.

Además, nuestro país debe enfrentarse a un entorno internacional completamente distinto. Durante años, la economía mundial funcionó bajo una lógica relativamente sencilla: producir donde era más barato, financiarse donde el dinero abundaba y vender en un mercado global integrado. La eficiencia era la prioridad casi absoluta.

Hoy pesan mucho más la autonomía estratégica, el avance tecnológico o la seguridad energética. El World Economic Forum sitúa la confrontación geoeconómica como el principal riesgo global en el corto plazo. El FMI advierte de que la tensión en Oriente Próximo está aumentando los precios energéticos. Como consecuencia, la inflación crece a la vez que se endurecen las condiciones financieras y se debilita el crecimiento mundial. Y, finalmente, la presidencia de Trump ha introducido una enorme dosis de volatilidad comercial y estratégica.

Europa entra además en esta nueva era con debilidades evidentes. La UE crece poco, sigue siendo extremadamente vulnerable a los elevados precios energéticos, y mantiene retrasos importantes en innovación, digitalización, tamaño empresarial y productividad.

Europa tiene mercado, universidades, talento y una de las mayores esperanzas de vida del mundo. Sigue siendo además la principal potencia turística global. Pero continúa teniendo enormes dificultades para transformar ese capital económico, humano y científico en desarrollo empresarial, productividad y liderazgo tecnológico.

Y eso importa mucho en un mundo donde Estados Unidos y China son las dos potencias que compiten abiertamente por el dominio industrial, tecnológico y estratégico del siglo XXI.

Mientras Washington subsidia masivamente sectores estratégicos y Pekín despliega una política industrial y comercial agresiva, Europa continúa atrapada entre burocracia, fragmentación regulatoria, lentitud política y pequeños nacionalismos incapaces de entender la escala del desafío.

El BCE mantiene una enorme prudencia porque sabe que la inflación repuntará si persisten las tensiones energéticas. Su escenario central para 2026 apunta precisamente en esa dirección: una economía prácticamente estancada y fuertes riesgos inflacionistas. De hecho, el PIB interanual de la eurozona se desaceleró en el primer trimestre de este año hasta el +0,8%, frente al +1,2% registrado en el último trimestre de 2025. Una pérdida de dinamismo que, unida a una inflación todavía elevada, empieza a dibujar un escenario de estanflación.

Resistencia española

Conviene reconocer, sin embargo, lo que sí funciona en España. Y no es poco. La economía española ha mostrado una capacidad de resistencia considerable. El empleo ha aguantado mejor de lo esperado, las exportaciones de servicios continúan ganando peso y el turismo mantiene una fortaleza extraordinaria.

Pero además España ya no solo exporta cultura, sol y playa para los turistas. Cada vez más exportamos gestión y construcción de infraestructuras, ingeniería, tecnología y servicios empresariales. Hay compañías españolas que administran aeropuertos, autopistas, redes energéticas, sistemas de agua, aseguradoras, telecomunicaciones o proyectos renovables en buena parte del mundo.

Ese cambio es menos visible que las cifras récord de turistas en aeropuertos y hoteles. Sin embargo, es mucho más importante desde el punto de vista cuantitativo y estructural.

Porque una economía madura no puede depender únicamente del consumo, la construcción y el turismo masivo. Necesita también conocimiento, internacionalización y capacidad empresarial.

España seguirá siendo uno de los grandes destinos mundiales del turismo si continúa percibiéndose como un país seguro, estable y bien conectado, en un entorno internacional cada vez más incierto. Pero incluso los países refugio, como España, dependen de variables que no controlan. Un ejemplo, el 80% de los turistas internacionales llegan por vía aérea. Si el queroseno sigue encareciéndose de forma persistente, si aumentan las tensiones geopolíticas o si el transporte aéreo entra en problemas de capacidad, el impacto terminará trasladándose al precio de los viajes.

Y cuando viajar aumenta de precio, la demanda termina reduciéndose. Sobre todo, la demanda más sensible al precio: familias de renta media, turismo europeo tradicional y viajeros condicionados por el coste final de sus vacaciones.

A eso se añade otro riesgo menos visible, pero probablemente más importante: la evolución económica de los países emisores de turismo. Reino Unido, Francia y Alemania siguen siendo pilares fundamentales del turismo hacia España. Si esas economías pierden dinamismo o sus hogares reducen su gasto, España puede notar una desaceleración.

Por eso el verdadero reto ya no consiste únicamente en atraer más visitantes. El reto es elevar el gasto por turista, reducir saturaciones, mejorar infraestructuras, desestacionalizar y depender menos del turismo masivo de bajo valor añadido. En el nuevo entorno internacional, el turismo rentable vale más que el turismo multitudinario.

El principal desajuste estructural de la economía española sigue siendo la vivienda. España tiene un desequilibrio evidente entre creación de hogares y un aumento de la oferta residencial, especialmente en grandes ciudades y zonas turísticas.

Vivienda

La población crece muy rápidamente. Y la oferta de vivienda responde con una lentitud extraordinaria. El resultado ya es visible en todas partes: alquileres tensionados, precios de compra disparados, emancipación muy tardía, enormes dificultades de movilidad laboral y una creciente sensación de frustración social. Porque el problema de la vivienda ya no es solo residencial: es económico, laboral y generacional. Durante años, además, España ha abordado este asunto casi exclusivamente desde el enfrentamiento político o desde medidas orientadas a la demanda. Olvidando la cuestión esencial: falta oferta.

Hace falta más suelo finalista. Más seguridad jurídica. Menos lentitud urbanística. Más vivienda asequible en alquiler. Más industrialización del proceso constructivo. Y también menos demonización de cualquier inversión privada vinculada al mercado residencial.

Entre 2021 y 2025, se crearon en España 1,2 millones netos de hogares. En el mismo período, se terminaron un total de 474.000 viviendas. El resultado es un déficit acumulado, cercano a las 730.000 casas. Mientras eso no cambie, la vivienda seguirá funcionando como el gran impuesto invisible sobre jóvenes, familias y empresas. Porque un país que expulsa a sus jóvenes de las grandes ciudades o dificulta enormemente la movilidad laboral no solo genera frustración social. También debilita su productividad, su capacidad para atraer talento y, en última instancia, su crecimiento futuro.

España llega algo mejor preparada para combatir la inflación que en 2022, gracias al avance de las energías renovables, la menor dependencia del gas ruso y su potente capacidad de regasificación. Además, cuenta con ocho grandes refinerías operativas, algo poco habitual en Europa. Pero eso no convierte al país en inmune.

El BCE ha advertido expresamente de que un conflicto prolongado en Oriente Próximo podría mantener elevados los precios energéticos durante bastante más tiempo del previsto. Y el INE seguía reflejando recientemente una inflación para España todavía por encima del 3%. La lección es importante: la estabilidad de precios ya no puede darse por garantizada.

Inflación

Durante muchos años Europa se acostumbró a energía relativamente barata, inflación baja y tipos de interés reducidos. Ahora ese equilibrio parece mucho menos estable. Y eso afecta directamente a familias, empresas, inversión e hipotecas.

Aquí aparece probablemente uno de los grandes problemas políticos y sociales de los próximos años: la distancia creciente entre el relato macroeconómico oficial y la experiencia cotidiana de muchas familias.

El PIB crece. El empleo aumenta. El turismo bate récords. Pero muchísima gente siente que vive dentro de una cinta de correr. Los salarios han mejorado en términos nominales, sí. Pero la vivienda, los servicios básicos, los alimentos, la energía y los impuestos devoran toda esa mejora.

Y ahí entra en juego la llamada imposición en frío. Cuando los salarios suben para compensar inflación, y el IRPF sube de tramo, una parte relevante de esa mejora desaparece vía mayor presión fiscal. Es una de las razones por las que muchas personas de clase media sienten que avanzan bastante menos de lo que indican las estadísticas. Ese divorcio entre la macroeconomía y la percepción de muchos ciudadanos (que no sienten una mejora real en su nivel de vida) está teniendo importantes consecuencias políticas.

España crea empleo. Pero no crece la producción por empleado. Seguimos teniendo un tejido empresarial excesivamente pequeño, con dificultades para escalar, invertir en I+D, innovar o digitalizarse con rapidez. Y el problema no es una supuesta falta de capacidad de los trabajadores españoles. El problema es la combinación de empresas pequeñas, baja inversión tecnológica, exceso regulatorio y especialización en sectores menos productivos. Mientras eso no cambie, será difícil que los salarios reales despeguen de manera sostenida.

La OCDE reconoce mejoras desde 2022, pero insiste en que España sigue manteniendo una brecha relevante frente a las economías europeas más avanzadas. Y esa cuestión resulta decisiva. Porque, en el nuevo entorno internacional, ya no basta con crecer apoyándose en el empleo y el consumo. Hace falta crecer aumentando la productividad.

España sigue teniendo mucho paro, incluso cuando la economía va razonablemente bien. Pero, al mismo tiempo, muchas empresas dicen que no encuentran trabajadores con la formación, experiencia o habilidades que necesitan. En un país muy envejecido, eso sale especialmente caro.

España necesita más productividad, más tecnología, más industria y más autonomía estratégica. Y España no puede permitirse que la vivienda expulse talento de las grandes ciudades, que la formación profesional no cubra todas las necesidades empresariales, o que persistan enormes desajustes entre oferta y demanda de trabajo. Porque el empleo importa. Pero importa todavía más su calidad y su capacidad para generar productividad y bienestar.

España, además, podría tener un papel más relevante en la nueva reorganización económica internacional. Si Europa quiere reducir dependencias y diversificar alianzas estratégicas, América Latina vuelve a adquirir una importancia creciente. Y ahí España dispone de una posición singular.

No se trata de nostalgia ni de sentimentalismo. Se trata de entender que en un mundo de friend-shoring y de risking, la proximidad institucional, cultural y empresarial vuelve a tener un enorme valor económico. España puede actuar como una bisagra útil entre Europa y América Latina, canalizando inversión, tecnología y relaciones empresariales de largo plazo.

Pero esa oportunidad también tiene límites si nuestra economía es poco productiva y está hiperregulada. España está mejor que buena parte de sus socios europeos. Tiene crecimiento económico, turismo, exportación de servicios no turísticos, diversificación energética y buen posicionamiento en la nueva geografía económica europea.

Pero, insisto, también arrastra escasez de vivienda, baja productividad, salarios reales estancados, elevada presión sobre el trabajo y déficit tecnológico.

La gran cuestión ya no es si España puede seguir creciendo algo más que sus vecinos. La verdadera pregunta es si sabrá aprovechar este momento para modernizar su estructura económica, antes de que el mercado global se vuelva todavía más exigente.

En el nuevo entorno internacional ya no basta con crecer. Lo decisivo será evolucionar más deprisa que los demás. Como señaló Charles Darwin: “No sobrevive la especie más fuerte, sino la que mejor se adapta al cambio”.


Cómo valorar SpaceX. LEX COLUM. Financial Times.

Al valorar una acción, ya es bastante difícil: calcular cuántos coches deportivos, aviones o pantalones vaqueros querrá el mundo dentro de unos años. Pero, ¿y cuando se trata de estimar los flujos de caja que generaría enviar un millón de humanos a Marte?

SpaceX, que este miércoles presentó su solicitud de salida a Bolsa, plantea a los inversores ese enigma. Las finanzas actuales de la empresa de Elon Musk no sirven para calcular el valor de la compañía. Según la valoración de 1,75 billones de dólares (1,5 billones de euros) publicada anteriormente por Financial Times, SpaceX sería la séptima empresa más grande del mercado bursátil estadounidense; pero si se usan como referencia sus ingresos anuales de 19.000 millones de dólares, ocuparía el puesto 200.

Las tres partes de SpaceX son su negocio de comunicaciones por satélite Starlink, que representa la mayor parte de los ingresos del grupo y ya es rentable; una división espacial, que es pequeña y genera pérdidas; y un segmento de IA aún más deficitario, que incluye la red social X y algunos centros de datos enormes.

Sin duda, los analistas intentarán valorar cada parte por separado utilizando modelos complejos. Pero dadas las crecientes pérdidas, su modesto crecimiento de los ingresos del 15% y el desafío de valorar actividades que aún no existen, como la minería comercial de asteroides y el turismo espacial, las estimaciones podrían variar ampliamente.

Un enfoque diferente para SpaceX consiste en trabajar a la inversa: tomar la valoración propuesta y preguntarse qué la haría posible. Una pista reside en el valor de mercado de 7,5 billones de dólares al que Musk puede reclamar un enorme bonus en acciones de SpaceX. Imaginemos que tarda 10 años en alcanzar esa cifra, descontémosla hasta la suma actual a una tasa del 15%, y la empresa valdría alrededor de 1,9 billones de dólares. O pensemos, como suelen hacer los líderes tecnológicos, en el “mercado total potencial”. Musk ve una oportunidad “factible” de 28,5 billones de dólares para SpaceX. Si dentro de una década la empresa convierte un tercio de sus ingresos en ganancias y cotiza a la misma relación de 30 veces beneficios que Apple, Amazon y Alphabet, sólo necesitaría captar el 3% de ese mercado total para alcanzar la capitalización de mercado sugerida.

Un problema al que se enfrenta Musk es que, si bien su sueño interplanetario es ambicioso, su visión financiera es sorprendentemente prosaica. Casi el 80% de la oportunidad que SpaceX persigue se centra en las “aplicaciones empresariales”, es decir, software y servicios para grandes empresas. Ese mercado ya está bien cubierto, entre otros por los nuevos actores Anthropic y OpenAI, que también vislumbran OPV colosales.

Musk ha lanzado cifras descabelladas a lo largo de los años; en una ocasión, sugirió que Tesla podría valer 100 billones de dólares, con suerte. La mayoría de los intentos de valorar SpaceX terminan siendo a la vez excesivamente precisos e increíblemente vagos. Pero el mercado nunca antes había tenido que fijar el precio de una acción tan especulativa y a la vez tan grande.

Con el control irrevocable y todos los grandes bancos de Wall Street a su entera disposición, por ahora, vale lo que Musk diga que vale.


Reunión Trump-XI: leyendo entre líneas. Alexandre Drabowicz y Francis Tan.

La cumbre entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping en Pekín ofreció una fuerte dosis de diplomacia gestionada, reajustes estructurales y acuerdos comerciales tácticos. También consolidó el suelo de las relaciones entre Estados Unidos y China, con nuevos marcos para el comercio y la inversión que ofrecen la perspectiva de futuras reducciones arancelarias, aunque persisten riesgos de implementación y no se lograron avances estructurales. Los mercados revirtieron rápidamente su optimismo inicial: las acciones chinas y los valores de semiconductores devolvieron las ganancias iniciales una vez que quedó claro que los anuncios principales no se traducirían en beneficios tangibles inmediatos a corto plazo. China se abstuvo de intensificar las restricciones sobre las exportaciones de tierras raras, preservando capacidad de presión para futuras negociaciones y reafirmando su preferencia por limitar la influencia estadounidense en los asuntos asiáticos.

Aunque la postura de China sobre Taiwán no fue más firme que en el pasado, su oposición a la intervención estadounidense sigue siendo clara. El presidente Trump mantiene una ambigüedad estratégica sobre la isla. El “reloj está corriendo” respecto al conflicto con Irán: un riesgo urgente pero no expresado entre ambas naciones.

Con tres nuevos encuentros presidenciales por delante y asuntos sin resolver sobre aranceles y tecnología, se puede seguir invertidos, pero vigilantes. En la asignación de activos se continúa favoreciendo las acciones de mercados emergentes, tanto estructuralmente (Asia se sitúa en el corazón de la cadena global de valor industrial) como tácticamente (los emergentes se benefician de la debilidad del dólar). Esa visión permanece sin cambios tras la cumbre.

Aciertos

  1. Se materializa el “escenario bajista” (distensión temporal): El escenario base anticipaba que cualquier tregua bilateral tendría carácter temporal y seguiría siendo vulnerable a la volatilidad impulsada por titulares. Eso fue exactamente lo que ocurrió. Aunque ambas administraciones proyectaron un ambiente cordial y señalaron que las relaciones avanzan en dirección constructiva, las profundas diferencias estructurales siguen sin cobertura. Es una distensión incómoda y temporal, no de un acuerdo permanente.
  2. Compras mediáticas de bienes estadounidenses: La expectativa de que las victorias comerciales se concentrarían en grandes compras de alto perfil de productos agrícolas, energéticos y aeroespaciales resultó correcta. El gran titular de la cumbre fue el acuerdo formal de China de comprar 200 aviones Boeing. Esto sirvió principalmente como compensación política por los déficits comerciales y el tamaño absoluto de la transacción quedó por debajo de las cifras mayores que circulaban en rumores de mercado más amplios.
  3. Una hoja de ruta estructurada hacia adelante: La expectativa de que ambos líderes seguirían ampliando su contacto diplomático directo quedó reflejada en la hoja de ruta establecida para este año. Los comunicados finales confirmaron invitaciones y planes concretos para tres encuentros presidenciales posteriores: una visita a Washington el 24 de septiembre, seguida de dos cumbres consecutivas en la cumbre del APEC de Shenzhen en noviembre y el G20 de Miami en diciembre.

Fallos

Los puntos de fricción diplomática durante las negociaciones cara a cara se desviaron ligeramente de los caminos previstos:

1. La “línea roja” de Taiwán y la ambigüedad estratégica: La tesis inicial preveía que China utilizaría la cumbre para presionar por una declaración firme de Estados Unidos en contra de la independencia de Taiwán. Aunque el presidente Xi articuló con fuerza las posiciones de Pekín, lanzando una advertencia pública inusualmente directa de que una mala gestión de la cuestión taiwanesa podría desencadenar una “situación altamente peligrosa” y conducir a enfrentamientos directos, Estados Unidos no cedió terreno. En su lugar, la Administración mantuvo firmemente su estrategia de ambigüedad estratégica para equilibrar el riesgo entre ambas orillas del estrecho.

2. El estancamiento arancelario: Existía la esperanza de que una cumbre extremadamente positiva pudiera generar una reducción inmediata de los aranceles de importación estadounidenses existentes para aliviar el sentimiento corporativo. En realidad, los parámetros generales de la arquitectura arancelaria actual permanecieron intactos. No se codificaron reducciones arancelarias amplias, ya que ambas naciones optaron por defender sus posiciones negociadoras existentes de cara a los plazos críticos del verano.

Sorpresas

Las reuniones también produjeron marcos institucionales completamente nuevos y concesiones tecnológicas específicas que estuvieron totalmente ausentes del consenso previo a la cumbre.

1. El marco del “Consejo de Comercio”: Las dos naciones anunciaron formalmente la creación de un “Consejo de Comercio” junto al correspondiente “Consejo de Inversión”. Esta innovación estructural introduce un foro activo de gobierno a gobierno encargado de “preparar previamente” las transacciones comerciales. Lo más importante es que crea un mecanismo para excluir sistemáticamente y aplicar reducciones arancelarias en sectores “no sensibles, no críticos y no estratégicos” (por ejemplo: productos agrícolas y energía), potencialmente cubriendo un estimado del 10% de las importaciones estadounidenses desde China (alrededor de 30.000 millones de dólares).

2. El compromiso sobre los Nvidia H200: Aunque se esperaba un interés mutuo en gestionar las tensiones de alta tecnología, la naturaleza exacta del intercambio tecnológico sorprendió a los observadores. China se abstuvo de utilizar directamente como arma o de elevar explícitamente las restricciones de exportación sobre minerales críticos durante las sesiones centrales.

Simultáneamente, Estados Unidos autorizó discretamente a unas diez empresas nacionales chinas a reanudar la adquisición de chips semiconductores avanzados H200 de Nvidia. La importancia estratégica de esta tregua tecnológica quedó subrayada por el hecho de que el CEO de la tecnológica, Jensen Huang, viajara personalmente hasta Pekín como miembro destacado de la delegación empresarial oficial estadounidense.

En suma, la cumbre de Pekín estableció un suelo táctico de las relaciones entre Estados Unidos y China, no una elevación estructural del techo. La creación de los marcos del Consejo de Comercio y el de Inversión, dirigidos a reducciones arancelarias recíprocas sobre aproximadamente unos 30.000 millones de dólares en bienes no sensibles, constituye el resultado institucional más duradero de la reunión. Los equipos técnicos siguen negociando los detalles, lo que significa que el riesgo de implementación a corto plazo es real. La arquitectura arancelaria general permanece intacta, y Donald Trump confirmó que la reducción de aranceles no se discutió a nivel de liderazgo. Los inversores deberían tratar este marco como una opción sobre una futura desescalada, no como un catalizador confirmado.


Es probable que la crisis del Golfo no haya hecho más que empezar. Martin Wof. Financial Times.

Los mercados de futuros del petróleo se muestran optimistas en estos momentos, pero la historia demuestra que las expectativas a menudo se han visto frustradas.

Primero llegó la guerra. Luego el bloqueo. Ahora, la escasez. Los buques cisterna cargados de productos básicos esenciales –petróleo, gas natural licuado, urea, productos petrolíferos refinados, hidrógeno, helio, etc.– no han transitado por el estrecho de Ormuz desde finales de febrero. La mayoría de los que partieron antes del cierre ya han llegado. A partir de ahora, los cargamentos que no partieron se echarán cada vez más de menos. A medida que las existencias también se vayan agotando, entraremos en una era de escasez física.

Hasta ahora, la escasez ha sido en gran medida imaginaria. Ahora se convertirá en realidad. Habrá que gestionarla, en última instancia, reduciendo la demanda. Esto último, a su vez, requerirá una combinación de racionamiento y recesión. Una mezcla de precios más altos y una política monetaria más restrictiva podría propiciar ambas cosas. Cuanto más tiempo permanezca cerrado el estrecho y mayores sean los daños materiales, más se prolongará la escasez y peor será su impacto.

En resumen, esto es lo que Nick Butler, exvicepresidente de estrategia y desarrollo de políticas de BP y ahora profesor del King’s College de Londres, argumenta en una publicación de Substack titulada “El fin del principio”. A continuación, enumero algunos de los elementos principales de esta preocupante historia.

Primero, los problemas que enfrenta el mundo no son solo el resultado del cierre efectivo de Ormuz. Los ataques a la infraestructura, principalmente por parte de Irán, tan predecibles como el propio cierre, han causado daños significativos. Según Butler, “al menos ocho refinerías importantes del Golfo están total o parcialmente fuera de servicio. Lo mismo ocurre con la planta de GNL de Ras Laffan en Qatar”. Se desconoce cuánto tiempo se tardará en reparar los daños.

Segundo, como explica el artículo ‘Crack The Market’, la escasez no debe considerarse únicamente en términos de petróleo crudo. Afectará desproporcionadamente a productos específicos, ya que las refinerías están diseñadas para procesar ciertos tipos de crudo. La región del Golfo no solo produce variedades concretas de petróleo, sino que, como señala en el artículo, “exportaba 3,3 millones de barriles diarios de productos refinados y 1,5 millones de barriles diarios de GLP antes de la crisis. Se trata de combustibles terminados –diésel, combustible para aviones, nafta, gasolina– que se incorporaban directamente a las cadenas de suministro de los consumidores asiáticos y europeos”. La pérdida de las exportaciones de crudos y productos refinados específicos implica que no es posible una simple sustitución. Butler escribe que la principal escasez actual se concentra en el combustible para aviones y el diésel. Dadas estas realidades específicas de cada producto, Estados Unidos no es autosuficiente en petróleo. Aunque es un exportador neto, como argumenta el analista de mercado Charlie Garcia, también es un gran importador, ya que sus refinerías deben tener acceso a los crudos que pueden procesar.

En tercer lugar, el impacto se ha visto atenuado hasta ahora por una rápida reducción de las reservas. Sin embargo, las reservas son finitas. Es difícil aumentar la producción fuera del Golfo Pérsico o desviar el petróleo fuera del estrecho de Ormuz, incluso a medio plazo. Así pues, gran parte de la capacidad de producción de petróleo excedente del mundo se encuentra en la propia región del Golfo. Después de esta, la principal fuente adicional es Rusia.

Sin embargo, además de las evidentes dificultades políticas, la capacidad rusa es limitada. Los oleoductos que conectan Arabia Saudí con el Mar Rojo y Omán con Ras Markaz tienen una capacidad limitada. Se tardaría mucho tiempo en aumentarla. Reemplazar la capacidad de refinación perdida también requeriría tiempo y un coste elevado. En Europa, la capacidad de refinación ha disminuido durante años. Esta situación no podría revertirse rápidamente. Realizar tales inversiones también sería costoso y arriesgado.

Escasez generalizada

Por último, la escasez no se limita a la energía. También se ven afectados los suministros de helio, nafta, metanol, fosfatos, urea, amoníaco y azufre. La reducción del suministro de helio perjudica la producción de microchips. El recorte del suministro de materias primas esenciales para la fabricación de fertilizantes artificiales disminuirá la producción mundial de alimentos. También existe un impacto negativo en el transporte marítimo mundial, ya que las rutas más largas son más caras. Además, unos 20.000 marineros se encuentran actualmente atrapados en el golfo Pérsico.

Los mercados parecen haberse autoconvencido de que estas realidades inminentes conducirán, más temprano que tarde, a un alto el fuego estable y a la reapertura del estrecho. Podría ocurrir. Pero no es difícil imaginar por qué podría no ser así. Donald Trump insiste en que no le importa la situación financiera de los estadounidenses. En cambio, afirma que “lo único que importa, cuando hablo de Irán, es que no pueden tener un arma nuclear”.

¿Aceptará Irán eso, aunque sea en principio? ¿Por qué iba a confiar en que Trump cumpla su parte de un posible acuerdo? ¿Cómo se supervisaría y aplicaría un pacto de ese tipo? ¿Por qué iba Irán a ceder el control de la navegación en el Golfo tras haberlo impuesto? ¿Acaso sus líderes no insistirían al menos en su derecho a cobrar peajes? ¿Estaría Trump dispuesto a aceptar semejante humillación?

Los mercados de futuros del petróleo sugieren que los precios bajarán y, por tanto, todo irá bien. Pero la curva de futuros del petróleo no es una bola de cristal, como han señalado Jonathan Vincent y Malcolm Moore. Las expectativas a menudo se han visto frustradas. No veo ninguna razón para que esto no continúe siendo así. Si ocurre lo peor, los precios tendrán que subir lo suficiente para equilibrar la oferta limitada con la demanda. Dado que se trata de productos básicos esenciales, cuya demanda es rígida, el precio de los productos y del petróleo crudo podría dispararse. Además, es probable que parte de este ajuste se produzca a través del aumento de las expectativas de inflación, tipos de interés más altos y, por lo tanto, un fuerte impacto recesivo en la economía mundial.


La imputación de Zapatero acelera más la caída libre del sanchismo. Javier Ayuso.

¿Qué más le podía ocurrir a Pedro Sánchez tras el bloqueo parlamentario que le impide aprobar leyes, ver sentados en el banquillo a sus dos hombres de confianza, su esposa y su hermano, condenado su fiscal general y los cuatro batacazos históricos en las elecciones autonómicas en cinco meses? Parecía que la situación no podía empeorar, pero ayer volvió a caer otra bomba atómica sobre La Moncloa. La Audiencia Nacional citó ayer a declarar como investigado al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, acusado de liderar una trama delictiva para el tráfico de influencias, blanqueo de capitales y falsedad documental.

Es la primera vez en la historia democrática española que un expresidente del Gobierno es imputado y, aunque siempre hay que respetar la presunción de inocencia, supone un nuevo empujón a la caída libre en la que se encuentra el sanchismo. El líder socialista llegó al poder en 2018 mediante una moción de censura contra Mariano Rajoy, con el lema de regenerar el país frente a la corrupción del PP y ahora se encuentra cercado precisamente por los numerosos casos de corrupción de sus personas más cercanas.

La resolución en la que el magistrado de la Audiencia Nacional José Luis Calama da la condición de investigado a Zapatero señala que “las diligencias de investigación practicadas hasta la fecha permiten afirmar la existencia de una estructura organizada y estable, dirigida por José Luis Rodríguez Zapatero, orientada al ejercicio ilícito de influencias ante autoridades nacionales y extranjeras, así como la obtención de resoluciones administrativas y ventajas económicas en favor de terceros”. Añade que esa red se articula mediante un “entramado societario complejo, nutrido de sociedades instrumentales” y mediante un núcleo operativo personal “que ejecuta las instrucciones del líder y canaliza los beneficios obtenidos”.

Entre las operaciones, cita algunas de carácter internacional y “alto valor económico con petróleo y oro”. Además, sostiene que el investigado creó una sociedad en Dubái para cobrar el 1% del rescate de la compañía aérea venezolana Plus Ultra, que supuso 530.000 euros, a los que habría que añadir otros pagos que llegan hasta dos millones de euros. Una resolución larga y detallada de todos los presuntos delitos que cometió el expresidente y que han sido investigados por la UDEF, de la Policía Nacional, bajo el nombre clave de Operación Tíbet.

Zapatero, que tendrá que declarar como investigado el próximo 2 de junio, salió ayer al paso de su imputación (mientras la Policía registraba su oficina, la de sus hijas y su vivienda), insistiendo en su inocencia, como viene haciendo desde hace meses en que se conoció que había una investigación en marcha. En un vídeo grabado y difundido por él mismo niega haber realizado gestión alguna en relación con el rescate de Plus Ultra y añade que colaborará con la Justicia y ejercerá su derecho de defensa.

Inmediatamente después, se sucedieron las reacciones de todas las fuerzas políticas del arco parlamentario. Mientras que el PP y Vox reclamaban la inmediata asunción de responsabilidades del presidente del Gobierno con su dimisión, desde el PSOE y sus socios y aliados se insistía en la inocencia del imputado y se repetían las acusaciones de lawfare contra la acción del magistrado. Una vez más, los socialistas y quienes les mantienen en el poder atacaban a la Justicia y despreciaban la separación de poderes.

El procedimiento no ha hecho más que empezar y tendrá su largo y penoso curso legal. Allí tendrá ocasión Zapatero de defenderse y probar su inocencia. Pero el simple hecho de estar imputado tras varios años de investigación en un sumario secreto, supone un golpe durísimo para Pedro Sánchez, cuya debilidad política sigue aumentando. El PSOE y su gobierno se encuentran en caída libre.

Ayer, antes de conocerse la resolución de la Audiencia Nacional, se esperaba una reacción oficial de los socialistas ante la cuarta debacle electoral en cinco meses. El lunes habían echado balones fuera, afirmando que era la federación andaluza la que tenía que analizar las causas del fracaso y que ya habría tiempo para trazar un plan de recuperación. Aunque, realmente, nadie esperaba ninguna autocrítica, como tampoco la hubo tras los batacazos en Extremadura, Aragón y Castilla y León. El lema de la noche del domingo era que los resultados en Andalucía no eran extrapolables a nivel nacional y que había tiempo para recuperarse porque las elecciones generales no se celebrarán hasta julio de 2027.

Pero la situación es muy diferente de la que quieren mostrar en Ferraz y en La Moncloa. El partido y el propio gobierno están en alerta roja ante los hechos que se vienen sucediendo en los últimos meses. Ha cundido el desánimo entre los principales barones socialistas y, sobre todo, entre sus alcaldes, que se temen que en mayo del próximo año puedan sufrir el mismo castigo que han recibido los candidatos autonómicos, sin que su líder haya hecho nada para remediarlo. Todos son conscientes de que la pérdida de votos hay que achacarla a la gestión de Sánchez y a sus pactos con los independentistas catalanes y vascos.

En público, algunos dirigentes del PSOE señalan que se ha producido una desconexión con la sociedad y que mientras no se solucione seguirán cayendo en todas las elecciones que se celebren. En privado van mucho más allá y señalan a Sánchez como máximo responsable del fracaso. Llegan a decir que el líder socialista se limita a aguantar pese al bloqueo parlamentario y a contar los días que le quedan para convertirse en el presidente más longevo, tras superar hace días a José María Aznar.

Desde La Moncloa y desde sus púlpitos mediáticos se insiste machaconamente en que hay tiempo para desarrollar una nueva estrategia de aquí a las generales y que todo pasa por avanzar en el modelo confederal que le hará recuperar el voto de los ciudadanos. En el fondo, defienden la “prioridad plurinacional”, frente a la “prioridad nacional” de Vox y no se quieren dar cuenta que es precisamente su aventura con el independentismo lo que les ha hecho alejarse de la gente. Siempre se decía que el PSOE era el partido que mejor representaba la sociología española, pero el sanchismo ha acabado con ello.


¡Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 24 de Abril del 2026.

Sigue la geopolítica marcando el ritmo del mercado, este martes expiraba el plazo dado por Trump para el alto al fuego de dos semanas en Oriente Medio, pero decidió, justo cuando terminaba y a propuesta de Pakistán, extender indefinidamente dicho alto el fuego a la espera de una “propuesta unificada” por parte de Irán que sigue con fuertes divisiones internas y sin intenciones de volver al diálogo, aunque Trump mantiene el bloqueo estadounidense de los puertos iraníes. Así, el vicepresidente J.D Vance suspendió su viaje a Pakistán. Lo más relevante de estas tensiones es que el Estrecho de Ormuz seguirá bloqueado, con el consiguiente impacto, cada vez mayor, en el suministro energético, con sus derivadas en inflación y crecimiento económico. Ahora queda esperar a una oferta de Irán para reiniciar las negociaciones, aunque los obstáculos siguen siendo exactamente los mismos (el programa nuclear iraní, el control del Estrecho de Ormuz y los aliados regionales de Irán) y si Irán no ha acudido a negociar aún es porque considera las demandas de Estados Unidos no son razonables. Las Bolsas llevan dos días de caídas ante la falta de avances en la reanudación de negociaciones entre Estados Unidos e Irán, que hacen que el Estrecho de Ormuz siga cerrado, y con ello se mantenga la disrupción energética. El precio del petróleo Brent marca su quinto día de subida, hasta 106 dólares el barril, subiendo un 22% desde los mínimos del pasado viernes, y un 45% desde el inicio del conflicto. Israel y Líbano extenderán su tregua otras 3 semanas (finalizaba este domingo), pero la incertidumbre en torno al conflicto en Oriente Medio se mantiene elevada. La falta de avances en las negociaciones provoca que haya más miedo a una futura escalada. Destaca la incertidumbre de quién negocia por parte de Irán, con rumores ayer de que el ala más moderada, el representante del Parlamento iraní, Ghalibaf, podría retirarse de las negociaciones, dejando al frente al ala más dura, representada por la Guardia Revolucionaria. Aunque los rumores fueron ayer desmentidos por el propio Irán.

La guerra con Irán representa un shock en la oferta de energía, lo que complica el camino de la inflación hacia el objetivo del 2% de la Reserva Federal, tras más de cinco años por encima. Bloomberg Economics en sus previsiones anteriores al conflicto en Oriente Medio decía que la inflación se moderaría gradualmente hasta 2026 y 2027, sin embargo, el fuerte aumento de los precios de las materias primas desde el inicio de la guerra ha llevado a los analistas de Bloomberg ha llevado a revisar al alza su previsión de inflación para 2026, con un efecto moderado el próximo año. Las proyecciones sugieren que la perturbación será de corta duración, lo que permitirá a la Reserva Federal superarla.

Bloomberg Economics establece tres escenarios para el precio del petróleo Brent estimando un máximo en el segundo trimestre del 2026 en:

  • 80 dólares el barril (escenario de desescalada), relajando hasta los 65 dólares a final de año.
  • 105 dólares el barril (escenario base) cayendo hasta los 75 dólares a finales del 2027.
  • 170 dólares (escalada del conflicto severa), cayendo a 115 dólares el barril al final de este año y manteniendo precios altos durante el 2027.

Como digo, la guerra en Irán ha reabierto el temor de los mercados a la inflación y a la consiguiente actuación de los bancos centrales. Sin embargo, desde JPMorgan AM consideran que el mercado ha sido demasiado agresivo con sus expectativas para la política monetaria. La gestora del banco estadounidense ha redibujado sus pronósticos para los bancos centrales, tras el conflicto en Oriente Próximo, pero son significativamente más moderados que los que maneja el mercado. JPMorgan apunta a una subida de tipos del BCE este año, frente a las dos e incluso tres alzas que ha llegado a descontar el mercado. Por su parte, esperan que la Reserva Federal de Estados Unidos no haga ningún movimiento en su política monetaria este año, al inicio de 2026, anticipaban una bajada de tipos de la Fed. El escenario con el que se encuentran los bancos centrales difiere mucho del que existía en 2022, en la crisis energética que se vivió a raíz de la guerra en Ucrania, según los estrategas para España y Portugal de JPMorgan AM. La fortaleza que presenta la economía global puede servir de colchón para sortear esta nueva situación, aunque “peligra que el consumo se paralice”. El escenario base de la gestora apunta a que la guerra en Oriente Próximo no se dilatará mucho más y la desescalada del conflicto será progresiva. Los precios del petróleo y el gas continuarán, no obstante, por encima de los niveles de antes del conflicto.

Los tipos bajarán en cuanto mi chico esté en la Reserva Federal”, Trump. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no oculta que su candidato para dirigir el banco central estadounidense está alineado con sus intereses, lo que está haciendo que su confirmación por el Senado no sea sencilla, a pesar de que Kevin Warsh prometió esta semana que sus decisiones en materia de política monetaria serán “estrictamente independientes”. Warsh protagonizó una acalorada discusión con la senadora Elizabeth Warren, miembro del comité bancario ante el que el martes compareció el candidato a presidir la Fed para examinar su confirmación, que posteriormente será votada por el Senado. Ante la acusación de ser “una marioneta de Trump”, Warsh insistió en que la institución se mantendrá lejos de la influencia de la Casa Blanca, aunque en todo momento evitó responder a las preguntas incómodas que pudieran molestar a su valedor. Warsh insistió en que su hoja de ruta para la Fed incluye rebajas de tipos, independientemente de que las presiones inflacionistas hayan aumentado en las últimas semanas por la crisis energética y la guerra en Irán, porque su objetivo es “reformar la institución con altos niveles éticos y de independencia”. En este sentido se refirió a su intención de que la Fed se centre en su mandato como garante de la economía estadounidense, pero lejos de temas políticos, como la regulación relacionada con el medio ambiente. “La independencia hay que ganársela; eliminando los sesgos políticos es como se mantiene a los políticos alejados de la Fed”. Que esa idea coincida con la agenda de Trump es, según Warsh, solo algo circunstancial. Defendió la necesidad de una institución “más orientada a reformas” y mostró su disposición a colaborar con el Ejecutivo y el Congreso en ámbitos no estrictamente monetarios. El candidato para sustituir a Jerome Powell a partir de mayo buscaba reforzar su credibilidad ante los senadores de Estados Unidos asegurando que para garantizar su independencia como presidente de la Fed también se ha comprometido a desinvertir gran parte de sus activos. Sin embargo, evitó pronunciarse sobre de cuáles se deshará y cómo, más allá de insistir en que será en un plazo de 90 días desde que sea confirmado para el cargo.

El índice de sentimiento inversor alcistas menos bajistas (Bulls Minus Bears Index) está por primera vez en positivo desde mediados de Febrero 2026.

AAII Bulls minus Bears Index

Estamos viviendo revisiones de beneficio al alza en las compañías americanas por parte de los analistas, según publica Bank of America. Por lo que parece que las expectativas siguen muy altas y eso da soporte claro a las Bolsas.

El S&P 500 está en máximo históricos, mientras que el Sentimiento del consumidor americano está en su punto más bajo, nunca se había visto un diferencial tal grande entre la Bolsa y la economía real.

En Inteligencia artificial Deepseek ha lanzado hoy su esperado nuevo modelo de IA V4 Flash y V4 Pro para competir con las últimas versiones de los gigantes tecnológicos estadounidenses. La compañía china mantiene su apuesta por un modelo abierto, aunque ha advertido de que el acceso comercial a la versión Pro estará más limitado debido a la falta de capacidad computacional. Esta restricción, según la empresa, se aliviará en la segunda mitad del año con la incorporación de nuevos servidores equipados con chips de Huawei, una señal que disipa los temores de que una mayor eficiencia de los modelos reduzca la necesidad de invertir en capacidad de cómputo, lo que ha provocado un nuevo repunte de las compañías de semiconductores, especialmente entre los proveedores chinos. Las primeras impresiones apuntan a que la eficiencia sigue siendo el principal valor diferencial del modelo, pero, a diferencia del año pasado, los resultados no superan a los de los modelos estadounidenses más avanzados. En plena ronda de financiación, Deepseek ha despertado el interés de Tencent, que estaría dispuesta a adquirir un 20 % del capital, y mantiene conversaciones con Alibaba como posible nuevo socio, a pesar de que ambas firmas cuentan también con desarrollos propios. En la carrera por dominar el efervescente mercado de la inteligencia artificial, cada lanzamiento cuenta, pero en esta ocasión parece que el empuje chino ha quedado por debajo de las expectativas creadas el año pasado. Ahora, el mundo aguarda el lanzamiento completo de Mythos, de Anthropic, un acontecimiento que está generando una notable inquietud en el ámbito de la ciberseguridad.

Importante esta semana:

He ordenado a nuestro ejército que continúen con el bloqueo y permanezcan preparados, extenderé el alto el fuego hasta que se presente una propuesta y concluyan las negociaciones”. En un giro de guion de último minuto, el presidente Donald Trump anunció la madrugada del martes al miércoles una prórroga indefinida de la tregua en Irán, después de mantener a los mercados en vilo asegurando que este escenario era altamente improbable. El martes, la Casa Blanca seguía apostando por un acuerdo inminente en las conversaciones que siguen teniendo lugar en Pakistán, mientras el reloj corría en contra de una tregua que expiraba este martes. Trump dejó claro ayer que su estrategia pasa por forzar un entendimiento rápido que permita desbloquear la crisis, especialmente en torno al estrecho de Ormuz, una arteria clave para el comercio mundial de crudo que primero bloqueó Irán y, después, Estados Unidos, haciendo imposible el tránsito de navíos por esa ruta, independientemente de su bandera. La situación queda congelada. Sin embargo, los planes del presidente no han cristalizado y los negociadores le han pedido más tiempo. Las conversaciones entran así en su fase más delicada e incierta, sobre todo después de que el vicepresidente norteamericano, JD Vance, dejara en el aire su viaje a Islamabad para participar en una segunda ronda de contactos tras el fracaso del primer intento el pasado 11 de abril. Estaba previsto que le acompañaran el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Trump en calidad de asesor presidencial. Sin embargo, tenían que haber despegado de Washington DC el martes por la mañana, pero la salida se retrasó de forma indefinida para que el vicepresidente participara en una serie de reuniones en la Casa Blanca y que se saldaron con el anuncio de la extensión de la tregua.

De forma paralela, el Gobierno de Pakistán intensificó sus contactos diplomáticos no solo con Estados Unidos, sino también con China, Egipto y Arabia Saudí para intentar involucrar al mayor número posible de delegaciones en las negociaciones.  “No aceptamos negociaciones a la sombra de amenazas”, aseguró ayer el líder iraní, antes de añadir que su país ya prepara “nuevas cartas” para jugar de nuevo en el campo de batalla. El equilibrio es tan delicado que cualquier gesto por ambas partes es susceptible de reactivar las hostilidades en un escenario especialmente sensible para los mercados. El cierre del estrecho de Ormuz ya ha alterado los flujos energéticos globales y cualquier escalada podría disparar aún más los precios del petróleo, con impacto directo en la inflación y en la política monetaria de las principales economías. Más allá del uranio, el otro gran foco de conflicto en las negociaciones es precisamente el control del estrecho de Ormuz. Irán no solo quiere imponer peajes al tránsito por esta vía comercial, sino que además se niega a que otros países se hagan con la gestión de la ruta, tal y como ha propuesto Estados Unidos. Precisamente, el control de Ormuz y la asfixia energética que ha impuesto al resto de economías mundiales que dependen del gas y el petróleo del Golfo Pérsico es la única carta de negociación que puede utilizar Irán para forzar un acuerdo con Washington. Pese a la delicada situación y la incertidumbre que rodea a las negociaciones diplomáticas, Trump se mostraba este miércoles confiado ante la posibilidad de alcanzar un pacto de forma inminente. “Irán puede ponerse en una posición muy sólida si llegan a un acuerdo. Pueden convertir a su país en una nación fuerte de nuevo”, mientras al mismo tiempo acusó a sus líderes de “estar sedientos de sangre” y no querer la paz con Occidente.

Kevin Hassett, Consejero Económico de la Casa Blanca, afirmó que la inflación subyacente está cayendo de forma clara y que ello debería permitir a la Reserva Federal normalizar tipos, incluso combinando bajadas con reducción de balance. Además, mostró alta confianza en la confirmación de Kevin Warsh por parte del Senado y sugirió que Jerome Powell debería apartarse tras ello.

Hungría cedía esta semana, después de la derrota electoral de Orban, y la Unión Europea dará luz verde a un nuevo préstamo a Ucrania. La Unión Europea ha logrado finalmente reactivar el programa de asistencia de 90.000 millones de euros para Ucrania, un paquete vital que cubrirá dos tercios de sus necesidades financieras en 2026 y 2027. Lo más relevante para los mercados es que el desbloqueo ha sido impulsado por el compromiso del primer ministro entrante de Hungría, Péter Magyar, quien ha garantizado que no mantendrá el veto de su predecesor. Aunque el nuevo gobierno húngaro aún no ha tomado posesión oficialmente tras las elecciones del 12 de abril, la señal política ha sido suficiente para que los diplomáticos de la UE incluyan la modificación técnica del Marco Financiero Plurianual (MFF) en el orden del día de mañana. El acuerdo permite a Bruselas proceder con la emisión de deuda común respaldada por el presupuesto comunitario. El plan contempla 30.000 millones en ayuda presupuestaria directa y 60.000 millones destinados a soporte militar, compra de armas europeas con carácter prioritario, con la particularidad de que Ucrania solo reembolsará el préstamo si Rusia paga reparaciones de guerra. Este avance elimina un factor de incertidumbre geopolítica crítica, asegurando la liquidez de Kiev sin esperar a la formación definitiva del nuevo gobierno en Budapest, lo que refuerza la confianza en la capacidad de decisión del Consejo Europeo.

En Europa, el martes,conocimos un muy negativo dato de confianza ZEW alemán, que cae a su menor nivel en tres años, apuntando a una acusada pérdida de dinamismo de la economía alemana. En España, la balanza comercial a febrero mostró una caída del déficit del -24%, principalmente por la energía, el repunto de precios del crudo empezó en marzo, pero también mejoró la balanza no energética.

Ayer, también en la Eurozona el PMI de manufacturas de abril se incrementó de forma imprevista mientras que el de servicios bajó mucho más de lo esperado. El sector servicios entra en zona de contracción (47,4 frente al 50,2 del mes anterior) por la debilidad de la demanda y la caída de la confianza empresarial, sin que la mejora en el sector industrial (52,2 frente al 51,6 anterior), muy ligado a la provisión de inventarios por el riesgo de desabastecimientos, lo pueda compensar. Además, sube con fuerza la intención de subir precios de las empresas dado el aumento de costes. El aspecto positivo es el mantenimiento del empleo. El PMI compuesto cayó a 48,6, también por debajo del consenso, y por debajo de 50 (nivel que marca contracción económica), por primera vez en 16 meses,


Lo más estremecedor del segundo ‘shock’ chino. Soumaya Keynes. Financial Times.

Les voy a contar un cuento que quizás ya hayan escuchado: hace mucho tiempo, una malvada ola masiva de exportaciones chinas chocó contra la economía estadounidense. Quienes se quejaban eran tachados de proteccionistas excéntricos, reacios al progreso, la libertad y los muebles baratos. Las víctimas sufrieron durante años, luchando por encontrar un nuevo trabajo. Finalmente, intentaron vengarse eligiendo a un mago caótico como presidente: Donald Trump. Fin.

Los economistas conocen esta historia demasiado bien, aunque también saben que aún no ha terminado. La economía china nunca se reformó lo suficiente como para evitar que sus excesos afectaran a sus socios comerciales, y las recientes conversaciones sobre un segundo “shock chino” se han convertido en un grito. Ninguna historia está completa sin un análisis detallado de los datos. Así que, al evaluar si la secuela es tan aterradora como la original, ¿hasta qué punto deberíamos estar asustados? Si nos fijamos sólo en China, el primer shock parece mucho más severo. En los primeros siete años de la década de 2000, su superávit por cuenta corriente como porcentaje del PIB se disparó en aproximadamente 8 puntos porcentuales, mientras que el volumen de sus exportaciones de bienes se cuadruplicó. Estos impresionantes incrementos eclipsan los cambios más recientes tanto en el superávit por cuenta corriente (apenas 3,5 puntos porcentuales entre 2018 y 2025) como en las exportaciones de bienes (un aumento del 50%).

Si esto le tranquiliza, espere. La economía china actual es mucho mayor que entonces, lo que significa que desequilibrios más pequeños tienen efectos globales mucho más fuertes. Como porcentaje del PIB mundial, el aumento del superávit por cuenta corriente de China en los últimos siete años ha sido bastante similar al aumento durante el mismo período en los años 2000. Y en términos absolutos, los aumentos en los volúmenes de exportación en ambos casos no son muy diferentes.

Quizás un shock sea más aterrador si se concentra en unos pocos productos, destruyendo, por ejemplo, la industria del automóvil. En este sentido, el segundo shock chino parece ligeramente más intenso que el primero. Durante los seis años previos a 2007, los diez productos de mayor crecimiento representaron el 25% del incremento total de las exportaciones manufactureras chinas, en comparación con el 31% durante el mismo período hasta 2024, por ejemplo. Sin embargo, esta diferencia no es enorme, y se reduce al utilizar indicadores alternativos.

La diferencia más clara radica en la naturaleza de los productos que China exporta. Mientras que los occidentales adinerados se mostraban relativamente tranquilos ante el envío chino de millones de calcetines y vasos para niños, ahora se sienten mucho más amenazados por la competencia en productos de alta tecnología como automóviles y chips. China se ha vuelto tan poderosa en tantos sectores que también les preocupa que el país utilice su dominio del mercado como arma, tal como hizo con las tierras raras. (Los proteccionistas más cascarrabias murmuran: “Os lo advertí”).

Precios de exportación

Analizando datos, se observan otras diferencias entre ambos shocks. Una es la evolución de los precios de exportación de los bienes chinos, que, a pesar de las quejas sobre la manipulación monetaria, aumentaron aproximadamente un 40% entre 2000 y 2007. En los últimos años, estos precios se han desplomado, lo que ha obligado a los líderes chinos a reconocer los problemas asociados a una competencia tan feroz que impide que las empresas puedan obtener beneficios. En 2025, se encontraban al mismo nivel que en 2018.

Otra desviación con respecto al reglamento del primer shock chino radica en lo que China compra, o mejor dicho, en lo que no compra. Durante los primeros siete años de la década de 2000, el volumen de importaciones chinas creció a un relativo buen ritmo, mientras absorbía el equipo sofisticado que necesitaba para impulsar sus exportaciones manufactureras. Sin embargo, más recientemente, sus volúmenes de importación han sido anémicos. En lugar de lamentarnos por las fábricas aplastadas por la competencia china, quizás deberíamos añorar las ventas que nunca se materializaron.

Luego está el contraste con el enfoque político de Estados Unidos. Durante el primer shock chino, el Congreso norteamericano protestó enérgicamente contra la manipulación monetaria, pero no impuso muchas barreras comerciales. Esta vez, la Administración Trump tiene un hechizo para todo: “¡Arancelara Kedavra!”. Mientras que durante el primer shock la participación de EEUU en las exportaciones de China cayó alrededor de dos puntos porcentuales, en los últimos siete años, esa caída se ha multiplicado por tres.

Para los protagonistas de otras partes del mundo, todo esto suena alarmantemente a cuento de terror: el auge de las exportaciones chinas continúa imparable, impactando al resto del mundo. Además, hay un giro inesperado: cualquier intento de rechazar la competencia china podría provocar represalias, amenazando el acceso a los proveedores chinos tan fundamentales para las cadenas de suministro de la industria manufacturera moderna. Lo cual me lleva a la última diferencia entre los dos shocks chinos: esta vez, los responsables políticos se esforzarán más por evitar un final triste.


¡Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 17 de Abril del 2026.

Esta semana en mercado han vuelto los comentarios sobre la posible “burbuja” en Inteligencia Artificial que se está viviendo en las Bolsas después del comportamiento de Allbirds Inc. una compañía americana fabricante de calzado deportivo ecológico, que anunció que pasaba a llamarse NewBird AI, la compañíapublicó un comunicado en el que informó una inyección de capital de 50 millones de dólares y que dejarán de ser fabricantes de calzado para avanzar hacia una “infraestructura de computación para IA”… lo que hizo que la acción se disparase un 620% el miércoles pasado, llegó a subir un 842% intradía!!!


Cotización AllBirds últimos 12 meses:

Los mercados siguen mostrando un sesgo más optimista, apoyados en una moderación del tono de Trump en relación con la guerra de Irán… aunque esto puede cambiar en minutos… esta semana las noticias giraron en torno a que Estados Unidos e Irán estaban valorando extender el alto al fuego dos semanas más (US, Iran Consider Two-Week Ceasefire Extension to Advance Peace Talks – Bloomberg), en este sentido, el Presidente Trump señaló que el conflicto está “cerca de terminar”, lo que introduce un elemento de desescalada que ha contribuido a reducir parcialmente las primas de riesgo geopolítico, y ha llevado a las Bolsas americanas a nuevos máximos históricos. Además, ayer Trump dijo que Israel y el Líbano habían alcanzado un acuerdo para un alto al fuego de 10 días.

Aunque habíamos comenzado la semana con la noticia de que las negociaciones entre Estados Unidos e Irán terminaron sin éxito durante el pasado fin de semana. Trump anunció que la marina americana bloquearía el tránsito a través del Estrecho de Ormuz de buques con salida de puertos de Irán o que le hubiesen pagado un peaje. Diferentes fuentes a lo largo de la semana apuntaban a que ambas partes continúan dialogando y podríamos tener una nueva ronda de negociaciones antes de que finalice el alto el fuego de dos semanas el próximo 22 de abril. El principal escollo gira en torno al control del Estrecho de Ormuz y el programa nuclear iraní. Sobre este último punto, se ha conocido que en las conversaciones del fin de semana pasado Estados Unidos propuso una moratoria de 20 años sobre el enriquecimiento de uranio, rechazada por Irán, que sólo estaba dispuesto a un plazo de 5 años. En cuanto al Estrecho de Ormuz, este lunes por la tarde comenzó el bloqueo de la Armada estadounidense, impidiendo el tráfico marítimo desde cualquier puerto iraní, con el fin de aumentar la presión sobre Teherán. De cara a los próximos días, el foco podría desplazarse parcialmente desde los titulares geopolíticos hacia la reacción de los bancos centrales, especialmente en el marco de las reuniones del FMI. En este contexto, las intervenciones de Lagarde y Lane serán clave para calibrar hasta qué punto el BCE está dispuesto a responder a un shock energético. Además, análisis recientes del propio BCE en su blog apuntan a que la política monetaria podría ser más efectiva en el contexto actual de lo que históricamente se asumía. En concreto, en entornos de inflación elevada, los precios y salarios tienden a ajustarse con mayor rapidez, lo que hace que la inflación sea más sensible a las subidas de tipos. Esto implica que el BCE podría contener posibles efectos de segunda ronda con un menor coste en términos de crecimiento.

Esta semana Bloomberg Economics actualizaba sus previsiones de crecimiento e inflación de la Eurozona tras el conflicto en Irán, estableciendo dos escenarios adicionales a su escenario base, uno con el precio del petróleo bajo y otro con el precio del petróleo alto. En su escenario base el PIB de la zona euro crecerá este año al 0,70% y la inflación se situará por encima del 2% (en el 2,9%). Un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz podría llevar la inflación por encima del 4% este año 2026, e incrementaría la posibilidad de que la zona euro entrase en recesión.

Según el indicador de State Street, publicado esta semana, la inflación en Estados Unidos subió en Marzo hasta el 4% (Inflation reignites: State Street PriceStats signals a sharp spike | State Street), su mayor nivel desde Enero del 2023.

Los analistas advierten de que el conflicto en Oriente Medio dejará “cicatrices” en los mercados mundiales, y que es poco probable que los precios de las materias primas y la rentabilidad de los bonos vuelvan rápido a los niveles previos al conflicto, aun si se alcanza un acuerdo de paz. Los precios de la energía están muy por encima de los niveles anteriores a la guerra, Los inversores afirman que los daños a la infraestructura del Golfo y la pérdida de confianza tras el cierre del estrecho de Ormuz lastrarán la recuperación. Por el Estrecho transita una quinta parte del petróleo y el gas del mundo. El precio del Brent, referencia internacional, se mantiene casi un 35% por encima de su valor en vísperas de la guerra en los mejores momentos de mercado por el acuerdo de tregua. Igual que ocurre con la rentabilidad del bono del Tesoro a dos años, sensible a los tipos de interés. En Europa, donde las economías importadoras de energía son especialmente vulnerables a los precios mundiales del petróleo, las rentabilidades a dos años en el Reino Unido, Alemania e Italia se mantienen más de 0,5 puntos porcentuales por encima de las que registraban en vísperas de las hostilidades. Los estrategas de Lombard Odier, afirman que incluso “si el alto el fuego resultara duradero, el conflicto ha sido lo suficientemente largo y deja suficientes daños como para que cualquier escenario macroeconómico razonable parezca mucho peor que antes del conflicto”. Históricamente, el dólar estadounidense y los bonos del Tesoro se han considerado activos libres de riesgo y se utilizan en todo el mundo como reservas. Sin embargo, el distanciamiento de los aliados por parte del presidente estadounidense Donald Trump y el aumento vertiginoso de la deuda nacional, agravado por la guerra con Irán, han elevado los niveles de riesgo de estos activos.

En esta línea, el optimismo entre los inversores y ahorradores españoles sobre la evolución futura de los mercados de valores ha caído bruscamente en marzo, rompiendo así la tendencia al alza registrada hasta el momento, debido al impacto sobre el ánimo de los inversores del conflicto en Oriente Próximo, según el índice de confianza que elabora trimestralmente JPMorgan Asset Management. Tras alcanzar a comienzos de 2026 uno de los niveles de optimismo más altos de toda la serie histórica de la encuesta, que se elabora desde 2007, la gestora revela que el índice se derrumbó en el tercer mes del ejercicio más de 6 puntos, desde los 2,4 puntos positivos de febrero, hasta situarse en registros negativos del 3,9%.  La caída solo es comparable a la experimentada en 2022, como consecuencia de la invasión de Ucrania. En ese momento, el índice registró tres trimestres consecutivos pesimistas y comenzó a recuperarse en 2023. En la última oleada de la encuesta realizada por la firma, correspondiente al período comprendido entre enero y marzo de este año, el número de inversores optimistas que veían probable o muy probable que las Bolsas experimentasen ganancias en 2026 se redujo hasta el 24% en marzo desde un 40% en los dos meses anteriores. Por contra, los pesimistas, que prevén caídas en Bolsa, se han disparado y suponen casi seis de cada diez inversores, cuando unas semanas antes eran menos de dos de cada diez. Solo un 20% creen que las bolsas se mantendrán invariables, por debajo del 35%, la media habitual. La geopolítica encabeza las causas de desconfianza para seis de cada diez inversores que se declaran pesimistas.

Esta semana ha comenzado la presentación de resultados del Primer Trimestre del 2026, los primeros en publicar han sido los bancos de inversión americanos, Goldman Sachs, Citigroup, JP Morgan, Wells Fargo, Morgan Stanley y Bank of America, impulsados por la fuerte actividad de trading en un trimestre extraordinariamente volátil. Goldman Sachs cayó un-1,87% el lunes que publicó a pesar de marcar su mejor trimestre en 5 años impulsado por el trading en renta variable, aunque pesando en negativo un decepcionante trading de renta fija respecto a unas exigentes previsiones de los analistas. Fuera del sector bancario conocimos también los números de Johnson & Johnson y 27 compañías del S&P 500. De entre los 11 sectores del S&P 500 el consenso prevé que el sector financiero publique el tercer mayor crecimiento interanual de Beneficio Por Acción con un avance esperado del +15,1% en 1T26 frente al +14,6% interanual estimado a Diciembre del 2025, y donde destacaría la contribución del sector seguros para el que se estima un crecimiento del +34% interanual seguido de financiación al consumo con un +30%. De cara a los próximos 4 trimestres el consenso estima un crecimiento de ingresos menor al de 1T26, de media del +7,8%. Tras los temores de finales de año en torno a una posible sobreinversión en centros de datos y el castigo sufrido por el software ante la potencial disrupción de los nuevos modelos de inteligencia artificial, los resultados de dos de los primeros eslabones de la cadena de suministro de los centros de datos, ASML y Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), han evidenciado que la guerra en Irán no ha supuesto un desgaste relevante para la demanda de chips. Aunque las cifras mensuales de TSMC ya anticipaban esta fortaleza, la reciente publicación de resultados ha confirmado un nuevo trimestre récord para la compañía, que además ha logrado mejorar sus márgenes pese al incremento en los precios de los insumos. El beneficio neto creció un +58% y la empresa espera que, en el conjunto del año, los ingresos acumulados aumenten en torno a un +30%, impulsados por la mayor demanda de sus principales clientes, entre los que destacan Nvidia y Apple.

Una de las razones que ven muchos analistas para explicar lo bien que están aguantando los mercados pese a la presión de precios de las materias primas, fundamentalmente del gas y del petróleo y la caída del dólar… es por la percepción de que los resultados de las compañías van a seguir creciendo fuertemente. Según los últimos datos de Facset (S&P 500 Could Report Earnings Growth of 19% for Q1) se espera que los ingresos de las compañías del S&P 500 crezcan un 19% este primer trimestre del 2026, lo que supondría el ratio de crecimiento de ingresos más alto desde el cuarto trimestre del 2021 (+32%). Los resultados de las compañías del S&P 500 han superado las estimaciones de los analistas del mercado en 37 de los últimos 40 trimestres, las únicas excepciones fueron en el 1T 2020, 3T 022 y 4T 2022.

Los gestores de fondos están preocupados por la inflación y por la desaceleración del crecimiento a nivel global y cómo pueden afectar a sus inversiones según la última encuesta realizada a gestores de fondos de Bank of America, en la última semana, en la que cerca de 200 gestoras internacionales, con más de 563.000 millones de dólares en conjunto han dado su opinión. Las expectativas de crecimiento del PIB han caído más que nunca desde marzo de 2022, mientras que el miedo a que la inflación repunte se ha disparado a su nivel más alto desde mayo de 2021. Prácticamente, el 70% de los gestores espera un aumento de los precios durante los próximos 12 meses, frente al 45% que lo esperaba en marzo. De hecho, la inflación es, junto a la escalada de las tensiones geopolíticas, el mayor riesgo de incertidumbre para los inversores profesionales a la hora de mover sus carteras. Durante el mes pasado, tras desatarse el conflicto en Irán, los gestores dispararon de manera significativa los niveles de liquidez en cartera, como defensa para las inversiones. Este mes, en cambio, los porcentajes de efectivo se han mantenido más o menos estables, con un peso de alrededor del 4,3% en el patrimonio. Lo que sí se ha movido durante las últimas semanas son las carteras. El porcentaje de las inversiones en Bolsa sobre el total de las carteras ha caído de manera considerable. Según la encuesta, cede desde una sobreponderación neta del 37% el mes anterior, hasta suponer ahora el 13% de las inversiones totales. Los gestores han reducido su exposición al sector sanitario y a la Bolsa de Japón, que durante el primer trimestre había atraído buena parte de las miradas de los grandes inversores de todo el mundo. De hecho, las inversiones en acciones japonesas han vivido en apenas cuatro semanas la mayor caída en cartera desde noviembre de 2024. Por el contrario, han aumentado las inversiones en dólares estadounidenses y la exposición al sector de las telecomunicaciones. En cuanto a regiones, las acciones de los mercados emergentes siguen siendo las grandes favorecidas de los movimientos en cartera de los grandes fondos de inversión. Una de las claves que está moviendo el sentimiento de los mercados durante la guerra de Irán es el precio del petróleo. Según la encuesta de Bank of America, los inversores profesionales prevén que el precio del crudo se sitúe alrededor de los 84 dólares por barril a final del ejercicio. Por debajo del precio actual, pero prácticamente un 40% por encima con respecto a los 61 dólares por barril de cotización del Brent cuando comenzó el año. Otro de los puntos fuertes para el mercado derivado de la crisis geopolítica internacional está en cómo reaccionarán los banqueros centrales a un posible repunte de la inflación. En este sentido, el 58% de los gestores de fondos todavía cree que la Reserva Federal recortará los tipos de interés en los próximos 12 meses. La mayoría de los inversores cree que la Reserva Federal (Fed) bajará los tipos una vez y un 29% de los gestores cree que Jerome Powell, el presidente del organismo, no se moverá. En cuanto a Europa, la mayoría de los gestores (el 46% de los encuestados) asegura que el Banco Central Europeo (BCE) subirá los tipos de interés a lo largo de este ejercicio.

El S&P 500 ha subido 7 días seguidos, y ha subido más de un 3% durante 2 semanas consecutivas, históricamente estos dos hechos son señales alcistas para las Bolsas. Además, el Nasdaq 100 ha subido 10 días seguidos por primera vez desde el 2021, esto sólo ha pasado en 14 años desde 1986, y 13 de esos 14 años el Nasdaq terminó en positivo con un comportamiento medio de +25%.

Como digo, muchos índices de Bolsa han vuelto a máximos, pero varios indicadores tácticos de posicionamiento y sentimiento de inversores (NAAAIM, BULL Minus BEARS) están muy bajos, síntoma de que esta subida ha pillado a la mayoría de los inversores fuera, muy desinvertidos… (NAAIM Exposure Index – The National Association of Active Investment Managers – NAAIM)

NAAIM exposure index (Linea Blanca), S&P500

AAII Bulls -Bears Index

Importante esta semana:

El cierre del Estrecho Ormuz ha trasladado la tensión geopolítica hacia el estrecho de Malacca, un paso marítimo de apenas 2,7 kilómetros en su punto más estrecho por el que transita cerca del 40% del comercio mundial y la mayor parte del crudo que Oriente Próximo envía a China, Japón y Corea del Sur. Washington ha ordenado a su Armada interceptar buques vinculados a pagos a Irán, lo que ha puesto bajo escrutinio esta vía clave, utilizada además por la llamada “flota oscura” iraní para transferencias de petróleo. El foco se ha desplazado a Indonesia, Malasia y Singapur, con diferencias claras, Singapur defiende el libre tránsito sin concesiones por Ormuz, Malasia apuesta por el diálogo con Teherán y Yakarta sopesa ampliar la cooperación militar con Estados Unidos, consciente de que por sus aguas pasa cerca del 70% de la energía de Asia oriental.

Según Telegraph ayer, Estados Unidos estaría intentando negociar un acuerdo amplio con Irán, ofreciendo alivio de sanciones y apoyo a programas civiles, incluyendo energía nuclear con fines no militares, a cambio de que Irán abandone el enriquecimiento de uranio y reduzca su apoyo a grupos armados. Por su parte, según Reuters, Irán estaría considerando permitir el paso libre de buques por la zona del estrecho de Ormuz controlada por Omán.

Según publicó también ayer el Financial Times, se espera que Israel y Hezbolá alcancen un alto el fuego en los próximos días, en gran parte gracias a la presión ejercida por Estados Unidos. Este acuerdo afectaría al frente norte del conflicto y reduciría la intensidad de los enfrentamientos en la región.

El lunes Trump señaló que “podríamos pasar por Cuba cuando terminemos con esto”, lo que plantea un nuevo foco geopolítico más allá de Oriente Medio.

En el lado macroeconómico esta semana hemos conocido un débil dato de ventas de casas de segunda mano en Estados Unidos durante el mes de febrero, que cayeron un 1% interanual, situándose en su menor nivel desde Junio del 2025, teniendo en cuenta que todavía no había impactado el alza de los tipos hipotecarios por la guerra de Irán, generando unas pobres expectativas para los próximos meses.

El miércoles se publicó el Libro Beige de la Fed que sirve para preparar la próxima reunión del 29 de Abril y para la que no se esperan cambios en los tipos de intervención. El Libro Beige no arrojó sorpresas, apuntando a una actividad económica creciendo a un ritmo leve-moderado, con un mercado laboral estable y un impacto limitado de la IA, aunque señalaba que la situación en Oriente Medio está provocando una mayor incertidumbre y dificultando la contratación, la fijación de precios y la inversión en capital. La reunión de la Fed del 29 de Abril será la última reunión de Powell como Presidente de la Fed, mientras continúan las presiones de Trump para que también deje de ser gobernador.

En China se publicaron cifras de comercio exterior, el superávit de marzo desciende un fuerte 50% anual por el freno de las exportaciones (+2,5% interanual frente al +40% del mes anterior) y la subida de las importaciones (+28% interanual frente al +14% del mes anterior). No obstante, hay que tener en cuenta la estacionalidad y ruido que genera el Año Nueva Lunar. Mirando los números del primer trimestre del 2026 se ve una moderada contracción del superávit (-2,3% interanual) derivado de la guerra arancelaria, al impactar negativamente en las exportaciones hacia Estados Unidos.

China Imports & Exports Trade Balance Value (March 51,13bn usd Vs 107,55bn usd survey):

Siguiendo en China ayer publicó un crecimiento del PIB del 5,0% interanual en el primer trimestre, superando las expectativas del mercado (4,8%). El dato sugiere que la economía china está mostrando una cierta recuperación tras un periodo de debilidad.

En Estados Unidos el próximo 21 de abril se celebrará la audiencia de confirmación de Kevin Warsh ante el Comité Bancario, como candidato a la presidencia de la Reserva Federal. En la sesión, los senadores examinarán su visión sobre la economía, la inflación y la independencia del banco central.  Superada la audiencia, el calendario de la votación en el pleno del Senado está condicionada al desenlace de la investigación del Departamento de Justicia sobre Jerome Powell. La Administración Trump sostiene que Powell habría realizado declaraciones falsas ante el Congreso en relación con una costosa renovación de la sede de la Reserva Federal, lo que podría tratarse de un intento de socavar la independencia de la autoridad monetaria. Los senadores, incluidos los republicanos, han advertido que no aprobarán a Warsh mientras la investigación siga abierta. Y, es más, si se retrasa este proceso, Powell continuaría al frente del banco central como presidente interino, sin embargo, después de que un juez federal denegase una solicitud del Departamento de Justicia para reconsiderar el fallo, el fiscal federal anunció que continuaría con el caso y apelaría la decisión. 

La Presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde dejó claro esta semana que el BCE no puede afirmar que mirará “a través” del shock energético de Irán, ya que aún es pronto para evaluar su impacto inflacionista, lo que refleja un sesgo prudente pero vigilante. Lagarde añadió que el BCE se encuentra en una buena posición para actuar y que no permitirá un desanclaje de las expectativas de inflación.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó esta semana a la baja sus previsiones de crecimiento de la economía mundial en dos décimas, hasta situarlo en el 3,1%, en medio de un clima marcado por el impacto de la guerra en Oriente Próximo y el repunte de los precios energéticos. Además, el organismo advierte que, en el peor de los escenarios, si el conflicto se alarga más allá del verano, la economía mundial incluso podría entrar en recesión, con la inflación disparada por encima del 6%. Si bien no es el escenario más probable, el FMI no descarta nada. “El entorno es incierto y cambia cada día”, según insistió el economista jefe del FMI, Pierre-Oliver Gourinchas, durante la presentación de los nuevos datos del Informe de Perspectivas Económicas que el organismo actualiza cada trimestre. “La duración y la magnitud del conflicto, además del tiempo que tarde en normalizarse la producción y el tránsito de energía, serán aspectos determinantes”, apuntó. Mientras tanto, el organismo ya ha revisado a la baja sus previsiones, a la espera de saber si tendrá que volver a hacerlo en la revisión de julio. Mientras que los países del Golfo Pérsico y algunas regiones de Asia se llevaron la peor parte en esta actualización, España se mantuvo en este contexto como una de las economías avanzadas más dinámicas, por delante de sus principales socios europeos. Aun así, no se ha librado de los recortes del organismo multilateral, que también rebajó en dos décimas sus pronósticos para el PIB español, como ya adelantó a finales de marzo que concluirá 2026 con un avance del 2,1% (frente al 2,3% que se preveía a comienzos del ejercicio). Destaca dentro de la eurozona, pero los signos de ralentización son claros. El FMI cree que la economía nacional solo avanzará un 1,8% el año que viene. Pese a la moderación, el ritmo es superior al de las principales economías europeas. La eurozona apenas crecerá en conjunto un 1,1% este año, y un 1,2% en 2027, penalizada por el impacto energético y la debilidad industrial. Alemania apenas avanzará un 0,8% en 2026, y se lleva el mayor recorte en las previsiones actuales, con tres décimas menos frente a las estadísticas publicadas en enero. Francia se quedará en el 0,9% e Italia se estancará en el 0,5%. Reino Unido crecerá un 0,8% este año, pero el FMI cree que remontará en 2027, con un salto hasta el 1,3%. El FMI puso de manifiesto que el impacto negativo del conflicto en Irán está siendo más acusado en economías importadoras de energía, entre las que se encuentran las europeas, pero es especialmente notable en Asia, cuya dependencia del petróleo que pasa por el estrecho de Ormuz es mayor. Y, por supuesto, las consecuencias negativas se dejan ver especialmente en los países del Golfo. En Oriente Próximo, a día de hoy, la media se sitúa en una caída del PIB del 1,9%. Cuanto más se alargue el conflicto, más empeorarán las próximas previsiones que publique el Fondo Monetario. En esta actualización, Irán figura entre los más afectados por el conflicto. Su economía se contraerá un 6,1% este año. El FMI pronostica peores cifras aún para sus vecinos, como Catar, con una caída del PIB del 8,6% o Irak, con un descenso del 6,8%. Kuwait y Bahréin entrarán también este año en recesión, con una contracción del 0,6% y el 0,5%, respectivamente. Por su parte, el PIB de Estados Unidos mantiene un tono sólido con una previsión de crecimiento del 2,3% para este año, solo una décima menos de lo calculado en enero. Su éxito se apoya en el impulso fiscal y en la productividad vinculada a la tecnología, aunque con señales de desaceleración en el empleo y el consumo. Aun así, grandes retos por delante, como la inflación, que sigue por encima del objetivo fijado y podría desbocarse a consecuencia de las tensiones energéticas, condicionando a su vez la política monetaria y el papel del dólar como activo refugio. China también crece, pero sigue perdiendo tracción. Mejorará un 4,4% en 2026 (tras una rebaja de una décima) y un 4,0% en 2027, con el sector inmobiliario como principal lastre y una economía cada vez más dependiente del sector exterior. India se consolida como la gran excepción entre las grandes economías, con un crecimiento del 6,5%, muy por encima del resto, después de que el FMI haya revisado al alza sus números. La mejora se debe a su menor exposición al petróleo que pasa por Ormuz y a la relajación en las relaciones comerciales con Estados Unidos.

En España, se confirmaba este martes el repunte de la inflación en marzo con el conflicto en Oriente Medio como telón de fondo. El pasado mes, el IPC interanual se situó en el +3,4%, muy por encima del +2,3% visto en febrero, mientras que la tasa subyacente repuntó dos décimas hasta el 2,9%, el grupo de transporte, cuya tasa anual subió más de cinco puntos hasta el 5,3%, fue uno de los que más destacó. Asimismo, el componente asociado a la vivienda situó su variación interanual en el 3,7%, casi dos puntos por encima del mes pasado.

En la eurozona ayer también se publicaron los datos de IPC de Marzo peor de lo anticipado. La inflación armonizada en la eurozona fue finalmente del 2,6% interanual, una décima más de lo adelantado a finales de marzo, siete décimas superior al IPC de febrero, y la tasa más alta desde julio de 2024. Un salto cuantitativo más que notable en apenas un mes, en el que los precios se dispararon un 1,3% en tasa mensual. Y otro tanto sucedió en el conjunto de la UE, donde el IPC escaló al 2,8% frente al 2,1% del mes anterior tras haber crecido un 1,1% mensual. Los precios repuntaron, con mayor o menor fuerza, en 22 de los 27 Estados miembros de la UE y en 18 de los 21 países del euroEspaña ha sido uno de los países del bloque más golpeados por esta marea, con un IPC armonizado en marzo del 3,4% interanual, nueve décimas más que en febrero, tras un acelerón mensual del 1,7%. Este súbito e intenso esprint sitúa a España entre los países europeos más inflacionarios, el octavo en el conjunto de la UE, el séptimo de la zona euro y el primero entre las grandes economías del club comunitario, lo que, en un momento difícil para toda la UE, perjudica especialmente la competitividad de las exportaciones españolas, cuyo destino mayoritario es el propio bloque europeo. La brecha negativa con la zona euro se sitúa en 8 décimas, el diferencial con Alemania, cuyo IPC subió un 2,8%, en 6 décimas, en 1,4 puntos porcentuales con Francia, donde los precios repuntaron un 2%, y en 1,8 puntos con Italia, cuya inflación fue del 1,6%. Esta primera sacudida inflacionista ha sido fuerte, pero lo peor aún podría estar por llegar. “Abril será mucho peor que marzo”, avisó recientemente Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que en las últimas fechas no se ha cansado de alertar de la enorme gravedad de la crisis energética provocada por la guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, asegurando que esta crisis será peor que “las de 1973, 1979 y 2022 juntas”.

Los precios energéticos se dispararon un 5,1% interanual en marzo en la zona euro, en contraste con las caídas registradas en los meses previos (un 3,1% en febrero), ya que el resto de componentes de la cesta de la compra europea se han moderado, aunque en algunos casos siguen subiendo a tasas significativas. Por ejemplo, el precio de los alimentos frescos, que en marzo se encareció un 4,2%, aun así 4 décimas menos que en febrero, o de los servicios, que lo hizo un 3,2% frente al 3,4% del mes anterior. Los alimentos procesados subieron un 1,7%, una décima menos que en febrero, mientras que los bienes industriales no energéticos lo hicieron un 0,5%, frente al 0,7% del mes anterior.

Esta relativa contención de los precios al margen de la energía ha permitido que la inflación subyacente (excluyendo tanto los precios energéticos como los de los alimentos frescos) se modere al 2,2%, una décima menos que en febrero, aunque si la crisis se prolonga, solo será cuestión de tiempo que las presiones inflacionarias se contagien al resto de la cesta. De hecho, en España ya ha empezado a ocurrir. En marzo, el IPC subyacente aceleró hasta el 2,9%, dos décimas más que un mes antes y la tasa más alta desde abril de 2024, mostrando que la subida de precios se ha filtrado también a la parte más estructural de la cesta de la compra, con encarecimientos bastante generalizados. En el conjunto de la UE, las tasas de inflación más elevadas en marzo correspondieron a Rumanía, con un 9%, a Croacia, con un 4,6%, a Lituania, con un 4,4%, y a Luxemburgo, con un 3,8%, todos ellos con cifras muy superiores al objetivo de estabilidad de precios del 2% del BCE. Dinamarca fue el país con menor tasa de inflación, un 1%, seguido de Suecia y Chipre, ambos con el 1,5%.

Esta semana, y en línea con los datos de inflación, una parte relevante del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) se muestra pesimista ante los efectos que la guerra en Irán puede tener sobre la inflación de la zona euro. Así lo desvelan las actas de la última reunión de política monetaria, celebrada en marzo ya con el conflicto en curso, y en las que se señala que “algunos miembros se preguntaron si la información más reciente era más coherente con el escenario adverso” contemplado por la plantilla del BCE. Frente a una inflación del 2,6% que los expertos del banco central manejan para este año en su escenario base, el denominado adverso recoge una escalada de la inflación hasta el 3,5%. Ese escenario se simula teniendo en cuenta que el BCE lleva a cabo dos subidas de los tipos de interés. Pero ni siquiera con el mayor endurecimiento monetario la inflación se encuentra cerca del objetivo del 2% del banco central. “Todos los miembros consideraron que los riesgos relacionados con las perspectivas de inflación se inclinaban al alza en comparación con las proyecciones recogidas en el escenario base, especialmente a corto plazo”, según las actas. El BCE publicó en marzo también un tercer escenario al que denominó “severo” en el que la inflación se elevaba este año hasta el 4,4%. Sin embargo, los miembros del Consejo de Gobierno reconocen que, a la luz de los datos actuales, “el escenario severo se podría considerar como algo extremo”. Este escenario, además, es el único en el que la inflación no regresa a una senda descendente en 2027, sino que sigue elevándose hasta casi rozar el 5%. La institución presidida por Christine Lagarde está decidida a hacer lo que sea necesario para mantener la inflación en cotas adecuadas a medio plazo. Los miembros del BCE reconocen que lidiar con los efectos de la guerra de Irán podrían requerir subir los tipos de interés aunque el crecimiento sea mucho más bajo de lo previsto a comienzos de año. La clave para determinar si los tipos de interés tendrán que subir y, en caso afirmativo, cuánto deberán hacerlo, lo marcarán los potenciales efectos de segunda ronda en la inflación. Hasta la fecha, la subida de los precios se ha mantenido exclusivamente en el campo de la energía, con el petróleo y el gas natural disparados, entre otros. Sin embargo, una parte relevante del Consejo de Gobierno del BCE considera que el shock por el cierre del estrecho de Ormuz “crea las condiciones para una posible ampliación de las presiones sobre los precios más allá de las derivadas de los precios de los combustibles”. En ese sentido, destacan que “algunas grandes empresas industriales ya habían comenzado a anunciar aumentos de precios para productos como detergentes, neumáticos para automóviles, alimentos para animales, materiales de construcción, pañales, champú y bolsas de basura”. Por lo tanto, se argumentó que la transmisión de los precios más altos de la energía a la inflación podría ser más fuerte de lo previsto. En la última reunión de política monetaria, a la que corresponden las actas publicadas ayer, el BCE optó por mantener sin cambios los tipos de interés en el 2%. Según argumentaron los banqueros centrales, era preferible esperar en un momento de tanta incertidumbre, sobre todo teniendo en cuenta que la siguiente cita, el 30 de abril, se celebraba solo seis semanas después, pudiendo subir los tipos o esperar más en función de los datos.


La combinación de política caótica y una economía resiliente no puede perdurar. Martin Wolf. Financial Times.

¿Cuánto tiempo podremos mantener una economía resiliente con una política caótica? ¿Puede la respuesta ser “para siempre”? Si no, ¿terminará con el triunfo de la resiliencia sobre el caos, o a la inversa? Estas son las preguntas que plantea la actual combinación de una economía robusta con una política que, de no ser por su gravedad, podría considerarse una farsa.

A principios de la semana pasada, Donald Trump advirtió a Irán que si no se reabría el estrecho de Ormuz, “todo el país podría ser aniquilado en una noche, y esa noche podría ser mañana”. Dos días después, se nos informó que Estados Unidos e Irán habían acordado un alto el fuego de dos semanas que abriría el estrecho. Luego, como el alto el fuego no se cumplió y el estrecho permaneció cerrado, el vicepresidente estadounidense JD Vance se desplazó a Islamabad para negociar un acuerdo de paz. Fracasó.

Acto seguido, Trump escribió en Truth Social que “con efecto inmediato, la Armada de EEUU comenzará a bloquear todos y cada uno de los buques que intenten entrar o salir del estrecho de Ormuz”. Posteriormente, Estados Unidos explicó que su bloqueo se extendería a “la totalidad de la costa iraní”, incluyendo puertos y terminales petroleras, y se aplicaría a todos los buques, “sin importar su bandera”.

¿Qué podemos deducir de todo esto? Un aspecto importante es que la confusión es una característica inherente a la estrategia de Trump. Sin embargo, la falta de previsibilidad tiene consecuencias. El último informe de Perspectivas de la Economía Mundial del FMI comienza con un análisis de la incertidumbre. La guerra actual en Oriente Próximo es una importante fuente de dicha incertidumbre. Los altibajos de la política comercial estadounidense bajo la administración Trump son otro factor, por no mencionar la guerra en Ucrania y las rupturas en la alianza occidental. No es de extrañar que varios indicadores de incertidumbre política y económica se hayan disparado.

Cambio en los pronósticos

En este contexto, el FMI ha adoptado en los últimos años una estrategia novedosa para sus pronósticos. En lugar del tradicional escenario base, presenta una previsión de referencia, basada en el supuesto de que las perturbaciones causadas por la guerra con Irán se disiparán a mediados de 2026. Sin embargo, también incluye escenarios adversos y graves. En el primero, un conflicto más prolongado mantendría los precios de la energía elevados durante más tiempo. En el segundo, se producirían daños aún más extensos a la infraestructura energética de la región.

En la previsión de referencia, se pronostica un crecimiento mundial del 3,1% en 2026 y del 3,2% en 2027, por debajo del 3,4% registrado en 2024-25, y que se estabilizará en esta tasa inferior a medio plazo. Esto estaría muy por debajo de la media del 3,7% del periodo 2000-2019.

Esta previsión más reciente para el crecimiento mundial en 2026 es tan solo 0,2 puntos porcentuales inferior a la publicada en enero de 2026. Sin embargo, el Informe sobre la Economía Mundial (WEO, por sus siglas en inglés) señala que, de no haber ocurrido la guerra, el crecimiento de este año se habría revisado al alza. Además, se espera que la inflación alcance el 4,4% este año.

Según el escenario adverso del Fondo Monetario Internacional (FMI), el crecimiento mundial se ralentizaría hasta el 2,5% en 2026 y la inflación alcanzaría al 5,4%. En su escenario aún más severo, el crecimiento mundial se reduciría a alrededor del 2% este año, mientras que la inflación alcanzaría el 5,8%. Así pues, el impacto económico de la guerra depende de lo que ocurra a continuación: un cese de hostilidades y la reapertura del estrecho de Ormuz en un futuro próximo, en el mejor de los casos, o un conflicto prolongado y destructivo, en el peor.

Los costes de la guerra también se distribuyen de forma desigual; la carga es mayor en la región del conflicto, para los importadores de materias primas y los países que ya estaban en situación de vulnerabilidad. Huelga decir que nada de esto parece preocupar a quienes la iniciaron.

Si observamos un panorama aún más amplio, podemos identificar posibilidades más preocupantes y también más alentadoras. En cuanto a las primeras, como señala el Fondo Monetario Internacional, “predominan los riesgos a la baja”. Nos encontramos, como ha señalado Mark Carney, en una era de “ruptura”.

Las fuerzas en juego no parecen tan distintas a las del período 1914-1945, con enormes cambios en el poder relativo y convulsiones ideológicas y tecnológicas. Hoy también podemos observar muchos riesgos: tensiones geopolíticas; perturbaciones en el suministro de materias primas esenciales; interrupciones comerciales; decepción ante la rentabilidad de la IA –y, por consiguiente, un colapso de la inversión en esta tecnología–; déficits fiscales prolongados y una acumulación cada vez mayor de deuda pública.

Además de daños a instituciones cruciales, especialmente a los bancos centrales, con la consiguiente desestabilización de las expectativas inflacionarias. A esta lista cabe añadir –aunque no por el FMI– el colapso de Estados Unidos como potencia hegemónica benevolente: el lenguaje y las actitudes de quienes defienden esta guerra constituyen su golpe de gracia.

La otra cara

También hay aspectos positivos. Como bien señala el FMI, “antes de la guerra, la evolución de la economía global era mejor de lo esperado”. En concreto, el crecimiento de las exportaciones tecnológicas, impulsado por el boom de la IA, ayudó a compensar el lastre de los aranceles de Trump.

El impacto de estos últimos también se vio contrarrestado por los cambios del comercio mundial en respuesta a la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Además, hasta el momento, el proteccionismo estadounidense no se ha extendido por todo el mundo.

Más recientemente, la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría sugiere que su estilo político –la alianza entre corrupción y guerras culturales– adoptado por Trump y promovido por Putin puede ser derrotado, siempre que las elecciones sean razonablemente libres, sobre todo porque este enfoque no funciona. Es más, así como el mundo no desea seguir el proteccionismo de Trump, tampoco desea (hasta ahora) seguir su recién descubierta belicosidad.

Todavía existe una demanda de cooperación y relaciones pacíficas. La humanidad aún no ha abandonado por completo todo lo aprendido en favor de las insensateces del nacionalismo agresivo o las guerras supuestamente sagradas.

El FMI describe un mundo muy distinto al que sus creadores soñaron en 1944. Pero el Informe sobre la Economía Mundial (WEO) demuestra que ese mundo aún no ha desaparecido. Lo que está en juego no es solo la paz y la prosperidad, sino un concepto de civilización al que Putin y Trump son ajenos. Algunos, sin embargo, olvidan lo frágil que es el sistema actual.


Las consecuencias económicas de una paz inestable en Oriente Próximo. Rafael Pampillón. Profesor de la Universidad CEU- San Pablo y del IE Business School.

En 1919, John Maynard Keynes publicó Las consecuencias económicas de la paz, un libro que, leído hoy, sigue resultando actual. No era solo un análisis del Tratado de Versalles firmado en 1919. Era una clara advertencia. Si una paz se diseña contra el funcionamiento económico de un país, no es una paz, sino una tregua inestable. La experiencia de entreguerras lo demostró con claridad. Keynes entendió algo que a menudo se olvida: ganar una guerra no significa saber construir la paz.

Esa intuición sirve como punto de partida para pensar en la posguerra en Oriente Próximo. Tras el conflicto a gran escala protagonizado por Irán, Israel y Estados Unidos. Pero, a diferencia de la Europa de 1919, aquí no estamos sólo ante un país derrotado, sino ante toda una región erosionada por años de conflictos. La pregunta, por tanto, debe ser más amplia: ¿puede reconstruirse Irán y estabilizarse la región si los acuerdos de paz limitan la capacidad de sus economías para funcionar?

Una región dañada

La Alemania después de la Primera Guerra Mundial, como señalaba Keynes, no estaba completamente devastada en términos de estructura de capital físico. La clave no era la destrucción de Alemania, sino la incompatibilidad entre las obligaciones impuestas por las potencias vencedoras —especialmente Francia y el Reino Unido— y la capacidad real de la economía alemana.

En Oriente Próximo, el problema es distinto, pero el resultado puede ser similar. Irán y los países del Golfo emergerán de la guerra con daños en infraestructuras críticas –refinerías, pozos de gas y petróleo, puertos, centrales eléctricas o plantas desalinizadoras–. Pero, además, lo harán en un entorno regional igualmente deteriorado.

Existe una tentación recurrente de confundir reconstrucción con obra pública. Pero una economía no es la suma de infraestructuras, sino una red de interdependencias. Keynes lo entendió con claridad: el problema no era solo cuánto debía pagar Alemania, sino si, en esas condiciones, podía seguir funcionando como una economía.

En el caso de Irán, la reconstrucción empieza por lo más básico: la electricidad. Sin redes eléctricas estables, la industria no produce, los servicios no operan y la inversión no llega. Pero la electricidad no es solo generación, es distribución, mantenimiento, combustible y financiación. En definitiva, un sistema.

Algo similar ocurre con las redes de transporte. Carreteras, ferrocarriles, puertos y centros de distribución forman el circuito de la economía. La guerra rompe ese circuito, y su reconstrucción no es inmediata. Se necesitan años para restablecer no solo las infraestructuras, sino la confianza en que funcionarán de forma continua.

Y éste es uno de los riesgos más serios: la ilusión de la reconstrucción visible. Resulta relativamente rápido reparar una central o reabrir un puerto; es mucho más lento reconstruir las cadenas de suministro, los flujos comerciales y la confianza de los sistemas financieros que los sostienen. Sin esto, la economía permanecería estancada.

La ventaja de la energía no es garantía

Irán cuenta con un activo que Alemania no tenía en 1919: una base energética de primer orden. Petróleo y gas le otorgan, al menos sobre el papel, una capacidad de recuperación considerable. Pero para que los recursos energéticos se conviertan en bienestar económico, es necesario que existan condiciones de seguridad, buenas instituciones, acceso a mercados, financiación internacional y tecnología. Sin estos elementos, los recursos permanecen infrautilizados o capturados por circuitos informales que degradan el sistema económico.

La experiencia reciente de países con grandes reservas energéticas, pero instituciones debilitadas parece clara: los recursos naturales no sustituyen a las instituciones.

Ormuz: el paso estrecho de la soberanía

Pocos lugares condensan tanta tensión geoeconómica como el Estrecho de Ormuz. En un escenario de posguerra, su papel es decisivo. No solo por el volumen de hidrocarburos que transita por él, sino por lo que simboliza: el control de una arteria vital del sistema energético mundial.

Formalmente, Irán mantendría su soberanía sobre sus costas. Pero la realidad podría ser más compleja. La presión internacional para garantizar la seguridad del tráfico marítimo probablemente daría lugar a un sistema internacional de supervisión. Y no un control exclusivo de Irán.

Como en la Europa posterior a Versalles, la soberanía no desaparecerá, pero quedará condicionada. Y, como entonces, esa limitación podría convertirse en una fuente persistente de fricción.

Empresas europeas: oportunidad y límites

En este escenario, la pregunta inevitable es qué papel pueden tener las empresas europeas —y en particular las españolas— en la reconstrucción, de Irán y de los países árabes afectados.

Su posición es relevante. España cuenta con empresas de ingeniería y construcción con experiencia internacional en sectores clave para la posguerra: infraestructuras de transporte, energía, desalación, redes eléctricas o gestión de agua. En definitiva, los ámbitos donde la reconstrucción será más intensa.

Además, existe un factor que no parece menor: una cierta percepción de neutralidad relativa frente a otros actores. En entornos fragmentados, esa percepción puede facilitar la entrada en proyectos en los que otros pueden encontrar resistencias.

Sin embargo, la reconstrucción no es un mercado abierto, sino un espacio condicionado por la geopolítica. En los países árabes, las empresas estadounidenses partirán con ventaja, no solo por su capacidad técnica, sino por el respaldo político a los Países del Golfo.

En Irán, en cambio, las empresas europeas podrían encontrarse en mejores condiciones relativas, precisamente por no haberse involucrado directamente en el conflicto. Esa posición puede favorecer su acceso a proyectos de reconstrucción. Sin embargo, el régimen de sanciones y las limitaciones de financiación internacional pueden dificultar esa ventaja.

En este contexto, las empresas asiáticas (especialmente las chinas) pueden ocupar una posición dominante, no solo por su capacidad técnica, sino por su disposición a operar en entornos de riesgo y su capacidad de integrar financiación y ejecución.

Para las empresas españolas, por tanto, la oportunidad no será generalizada, sino concentrada en nichos concretos y probablemente en colaboración con consorcios internacionales. Y, en muchos casos, resultará más accesible en países árabes en reconstrucción que en el propio Irán.

Un tiempo largo de la recuperación

La reconstrucción no es un proceso lineal. Existe una ilusión persistente tras las guerras: la de la rapidez. Pero la recuperación económica resulta siempre más lenta y compleja de lo que se anticipa.

Para Irán puede pensarse en tres fases en línea con los análisis del Banco Mundial. La primera es la estabilización (1 o 2 años): restablecer suministros básicos y evitar el colapso. La segunda es la reconstrucción funcional (de 3 a 7 años): recuperar infraestructuras críticas y reactivar la producción. La tercera es la normalización económica (más de una década): integración plena en la economía global.

La experiencia de Venezuela lo ilustra bien. A pesar de contar con enormes reservas de petróleo, la degradación institucional ha hecho que su recuperación sea lenta. Incrementar la producción puede lograrse en pocos años, pero reconstruir plenamente el sector petrolero requiere rehacer todo el sistema, un proceso que puede extenderse a una década.

El mundo de después

Esta posguerra, como todas, va a redefinir el sistema internacional. Y lo hace en una dirección clara: mayor fragmentación.

La lección sigue siendo la misma que en 1919: una economía no puede funcionar si se le exige simultáneamente reconstruirse y operar bajo fuertes restricciones. Si Irán queda atrapado en un sistema que limite su acceso a mercados, financiación y tecnología, su recuperación será inevitablemente incompleta. Y si, además, sus vecinos –Irak, Siria, Líbano o Yemen– continúan siendo economías frágiles y fragmentadas, la región en su conjunto tenderá a la inestabilidad.

Por el contrario, una paz que permita reconstruir infraestructuras, restablecer interdependencias y reintegrar las economías en el sistema internacional tendrá más posibilidades de sostenerse en el tiempo. Ésa es, en el fondo, la intuición de Keynes: desplazar el foco desde las exigencias políticas hacia lo que una economía puede realmente soportar sin romperse.

Oriente Próximo se enfrentaría exactamente a ese dilema. Reconstruir será necesario, pero no suficiente. La paz no se decide en los acuerdos, sino en la capacidad de las economías para volver a funcionar con normalidad. Y, si esa capacidad se ve limitada desde el inicio, como ocurrió con Alemania en 1919, la historia ya ha demostrado cómo termina: con una guerra aún más grave que la anterior. En efecto, los conflictos no solo tienen consecuencias militares, sino también económicas, y estas últimas no parecen haber sido bien calibradas por Trump en la guerra de Irán.


Por qué el tiempo juega a favor de Irán. Gideon Rachman. Financial Times.

Donald Trump se ha autoproclamado un maestro del “arte de la negociación”. Pero la paciencia a la hora de negociar no va con él. Tras un fin de semana de conversaciones de paz fallidas con Irán, Estados Unidos ha decidido una escalada en el conflicto anunciando un bloqueo. Es probable que esta última táctica resulte contraproducente. El cierre efectivo del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha provocado un aumento vertiginoso de los precios de la energía a nivel global. Pero un bloqueo estadounidense ya está elevando aún más los precios del petróleo y el gas. También aumenta el riesgo de que Irán responda atacando la infraestructura energética en el Golfo.

Los iraníes creen que el tiempo corre a su favor en este conflicto y, probablemente, tengan razón. Cuanto más tiempo permanezca cerrado el estrecho de Ormuz, más aumentará la presión económica y política sobre EEUU y sus aliados. Como resultado, es probable que la posición negociadora de Irán se fortalezca, si es que se reanudan las conversaciones de paz.

Fatih Birol, director de la AIE, ha llegado a calificar la pérdida de cerca del 20% del suministro energético mundial como la “mayor amenaza a la seguridad energética global de la historia”. Ha advertido que la crisis actual podría eclipsar los efectos de las crisis de petróleo de la década de 1970, que provocaron varios años de inflación, recesiones y racionamiento de combustible.

El impacto económico del actual conflicto se consiguió amortiguar durante un tiempo porque gran parte del petróleo y el gas del Golfo ya se encontraba en el mar cuando EEUU e Israel atacaron a Irán el 28 de febrero. Pero los efectos del cierre del estrecho y de los ataques iraníes contra la infraestructura energética del Golfo se están notando ahora. El aumento del precio de la gasolina es solo el principio. La escasez de combustible para aviones afectará al transporte aéreo, lo que perjudicará al turismo justo antes de la temporada de verano en Europa. La falta de helio –gran parte del cual se produce en Catar– podría paralizar la producción de semiconductores. La producción de alimentos se verá perjudicada por la escasez de fertilizantes, lo que provocará una mayor inflación. El Banco Asiático de Desarrollo ha pronosticado que la crisis energética podría reducir el crecimiento en más de un punto porcentual este año en los países en desarrollo de Asia. Trump espera que la presión económica ejercida sobre Irán mediante el bloqueo obligue a la República Islámica a ceder. Pero el régimen iraní cuenta con recursos, es implacable y está luchando por su supervivencia. Irán también dispone de un colchón de ingresos generados por sus recientes ventas de petróleo a precios inflados y puede generar algunos ingresos mediante la exportación de gas por gasoducto.

Si el bloqueo de Trump no logra doblegar a Irán a la voluntad de EEUU, el país se enfrentará a decisiones muy difíciles. El presidente ha planteado la posibilidad de devastar la infraestructura iraní y, en ocasiones, sugiere que una operación militar para abrir el estrecho sería sencilla.

Ataques dispares

Pero la verdad es que, si estas opciones fueran viables, ya se habrían llevado a cabo. Incluso si EEUU logra enviar algunos buques de guerra, eso no garantizará la seguridad del transporte marítimo comercial. Irán no tiene por qué hundir o bloquear todos los petroleros. Unos ataques selectivos con drones o lanchas rápidas seguirían haciendo que el tráfico seguro de petroleros sea prácticamente imposible de garantizar.

Si EEUU decidiera escalar aún más en el conflicto –cumpliendo las amenazas de Trump de destruir centrales eléctricas y plantas desalinizadoras iraníes–, Irán ha amenazado con atacar instalaciones similares en el Golfo. Sin el agua potable generada por las plantas desalinizadoras, la vida en los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí sería prácticamente imposible.

El oleoducto que cruza Arabia Saudí hasta el Mar Rojo –y que ofrece una alternativa a la exportación a través del estrecho– ya ha sido blanco de ataques que podrían repetirse. Las estaciones de bombeo saudíes en la costa también son vulnerables. Los hutíes, aliados de Irán, podrían intentar bloquear las exportaciones de energía a través del Mar Rojo, atacando buques en el estrecho de Bab el-Mandeb. Las nefastas consecuencias políticas y estratégicas de esta guerra se extienden mucho más allá de Oriente Próximo. Las protestas por el precio del combustible en Irlanda casi paralizaron el país la semana pasada, lo que llevó al gobierno a desplegar al ejército para reabrir carreteras y puertos y a anunciar ayudas al combustible que ascienden a 505 millones de euros. Es probable que Irlanda sea solo el primer país en experimentar este tipo de disturbios. Y es improbable que los gobiernos menos solventes de Asia y Europa tengan la capacidad fiscal para compensar a los manifestantes. Francia, muy endeudada –con un historial de protestas por el precio del combustible–, ya ​​se prepara para afrontar problemas de cara a las elecciones presidenciales del próximo año. Antes de que se anunciara el bloqueo estadounidense, gran parte del sector del petróleo ya parecía haberse resignado tácitamente a pagar peajes a Irán por el paso a través del estrecho. A menudo se menciona un cargo de un dólar por barril de petróleo.

La administración Trump insiste en que un sistema de peaje iraní sería inaceptable. EEUU tiene razón al afirmar que las consecuencias para la navegación mundial y el equilibrio de poder en Oriente Próximo serían desastrosas. Un solo país, Irán, controlaría de forma lucrativa el suministro mundial de petróleo y gas, convirtiéndose en una versión más extrema y concentrada del cártel de la OPEP. Podría utilizar esos ingresos para reconstruir sus redes de aliados y su programa nuclear. Negociar el fin de la guerra –y la crisis energética que está provocando– requerirá visión estratégica, paciencia y la capacidad de comprender las ventajas y desventajas, así como de forjar alianzas. Cualidades de las que Trump carece. Un panorama desolador.


La inflación de Mr. Trump. Francisco Cabrillo. Catedrático Emérito de Economía de la Universidad Complutense. Fundación Civismo.

La OCDE ha revisado recientemente al alza sus estimaciones sobre la tasa de inflación esperada en los países miembros a lo largo de los próximos meses. El resultado final del crecimiento del nivel de precios vendrá condicionado, sin duda, por la evolución de la guerra en Irán. Pero, al margen de ello, estas predicciones son indicativas de algunos problemas serios de la economía de Estados Unidos. Si el aumento esperado de la inflación se debiera únicamente a la subida del precio del petróleo, deberíamos esperar que las tasas de inflación fueran más elevadas en aquellos países más afectados por la escasez y el encarecimiento del crudo. Sin embargo, las estimaciones son peores para Estados Unidos que para los países europeos. No cabe duda de que Norteamérica se verá afectada por el alza del precio del petróleo en un grado significativamente menor que Europa. Aun así, la OCDE apunta una previsión de inflación en Estados Unidos superior al 4%, mayor a la que espera para Europa. Tras el fuerte crecimiento de los precios que tuvo lugar en Estados Unidos en 2021 y 2022, su tasa de inflación se ha venido reduciendo hasta cerrar en el 2,7% en 2025. Pero todo indica que a lo largo de este año la tasa puede experimentar un repunte significativo y que tienen que existir otros factores distintos del alza del crudo que expliquen este peor comportamiento esperado de la inflación norteamericana. 

Pueden mencionarse al menos tres motivos que ayudan a explicar estas predicciones. El primero –y el más importante, en mi opinión– es el dato del crecimiento de la cantidad de dinero, medida en el sentido amplio del término. Los cálculos que ha publicado a finales de marzo el Institute of International Monetary Reseach (una de las pocas instituciones que siguen en detalle la evolución de la oferta monetaria) indican que el crecimiento de esta variable va a hacer que resulte difícil mantener la tasa de inflación a niveles relativamente bajos en el próximo futuro. La experiencia de la inflación en 2021-2022 y el crecimiento experimentado por la cantidad de dinero en Estados Unidos en aquel período debería servirnos para estimar la relación existente entre ambas variables, a pesar de que desde la Reserva Federal llegara a negarse entonces que existiera una correlación significativa entre ellas.

Otro factor que puede suponer una amenaza para la estabilidad de los precios en Estados Unidos es el elevado nivel de su endeudamiento público. Desde 2011, la deuda pública norteamericana es superior al 100% de su PIB. Y cerró 2025 por encima del 124%. El déficit público fue en dicho año el 5,9% del PIB, cifra preocupante, sin duda. No sabemos en qué grado el coste de la guerra de Irán afectará a estas dos variables; pero es evidente que el país se va a enfrentar a un crecimiento del gasto público significativo. Es bien sabido que un endeudamiento público elevado no implica necesariamente su monetización en el banco central y que se convierta, por tanto, en una fuente de inflación. Pero no cabe duda de que las presiones para que el banco contribuya a sostener el endeudamiento del sector público son más fuertes cuanto mayor es el volumen de éste.

El impacto de los aranceles

Y hay un último factor que no se debe olvidar y que puede tener efectos muy negativos sobre el nivel de precios en los próximos meses: la política arancelaria. Cuando Trump puso en marcha su peculiar política proteccionista muchos economistas dijimos que veríamos los efectos no deseados de tal estrategia en los precios de numerosos bienes de consumo pasado algún tiempo. La teoría defendida por la Casa Blanca, de acuerdo con la cual la carga de los aranceles sería soportada por los exportadores extranjeros y no tendría efectos significativos sobre los consumidores norteamericanos, se ha mostrado equivocada, como era fácil de suponer desde el primer momento. Los datos disponibles indican que son precisamente los consumidores norteamericanos los que están sufriendo la mayor parte de la carga de los aranceles vía precios más elevados. No hay que ser un experto en teoría económica para saber que un arancel de aduanas es un impuesto al consumo de bienes importados y que, en función de la elasticidad de la demanda en cada caso, los vendedores tratarán de repercutirlo a los compradores mediante mayores precios. Lo que, evidentemente, están haciendo. La política proteccionista siempre ha creado problemas a la lucha contra la inflación. Y no hay razón alguna para suponer que esta vez las cosas vayan a ser diferentes.

El país se encuentra frente a un problema serio que debería ser abordado con rigor. Es cierto que la inflación no es la mayor preocupación de Trump en estos momentos. Pero el crecimiento de los precios podría inquietarle bastante más si empezara a tener efectos en las expectativas electorales de su partido.


¡Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 10 de Abril del 2026.

Fuertes subidas de los activos de riesgo (Bolsas, Bitcoin, crédito…) el miércoles, con el petróleo cayendo un 15% (aunque ayer rebotó un 1% y hoy sube un 2%) y el dólar volviendo a los 1,17 dólares por euro tras el alto el fuego de dos semanas alcanzado entre Estados Unidos e Irán anunciado en la madrugada del martes al miércoles, que pasa por la reapertura completa, inmediata y segura del Estrecho de Ormuz, cosa que todavía no se ha dado... El Dow Jones está ya en positivo en el año (+0,25% en euros +0,75% en dólares).

Tras más de 5 semanas de guerra, un acuerdo que permitirá negociar durante las dos próximas semanas, que salva el ultimátum, el cuarto, de Trump a Irán que venció a las 2 de la madrugada. Las negociaciones, que podrían tomar como base la propuesta de 10 puntos enviada por Irán comienzan mañana, serán intermediadas por Pakistán y deberían suponer la reapertura del Estrecho de Ormuz, aunque en coordinación con las fuerzas armadas iraníes, y con posible pago para obtener ingresos para la reconstrucción (US-Iran talks continuing, but strikes on Saudi Arabia may derail effort, say sources | Reuters). La reapertura del Estrecho de Ormuz no se produce en condiciones de libre tránsito, sino bajo un esquema de control y potencial monetización por parte de Irán, que plantea la posibilidad de establecer tarifas por “paso seguro” y coordinar el tráfico marítimo. Se aplicará un peaje de dos millones de dólares por buque, una práctica que ya se venía realizando de forma extraoficial con las escasas embarcaciones que habían logrado cruzar la zona. Estos ingresos se destinarían a financiar la reconstrucción. Esto supone, en la práctica, la transformación de un corredor estratégico global en un punto de fricción geopolítica, introduciendo un coste estructural adicional al comercio de crudo y un precedente relevante desde el punto de vista del orden marítimo internacional. Así, incluso en un escenario de desescalada, el shock energético podría no desaparecer completamente, sino adoptar una forma más persistente y menos visible. Los inversores seguirán de cerca estas negociaciones y el hecho de que el tráfico por el estrecho se recupera de forma efectiva, así como calibrar cuál ha sido el daño a las infraestructuras energéticas para determinar cuánto tiempo tardará el precio del Brent en volver a los niveles previos al inicio del conflicto, si vuelve, clave a su vez para determinar cómo evoluciona la inflación y el crecimiento. Podríamos estar ante una situación similar a la de hace un año, cuando Trump dio 90 días de tregua a sus socios comerciales para negociar acuerdos sobre los aranceles. Por su parte, Israel aceptaría el alto el fuego en Irán, pero continuará con sus ataques en el Líbano. De esta manera, queda atrás el momento de máxima tensión de este conflicto, dando paso a una fase de progresiva normalización. Karoline Leavitt fue la encargada de presentar en Estados Unidos una narrativa de victoria, afirmando que se habían “alcanzado y superado los principales objetivos militares en 38 días”. Desde el lado iraní, el alto el fuego se presenta igualmente como una victoria histórica frente al enemigo estadounidense, al haberle obligado a sentarse en la mesa de negociación. El éxito de las conversaciones se explica en gran medida por la intervención de terceros países. China habría desempeñado un papel relevante para facilitar que Irán aceptara la tregua, mientras que Pakistán ha actuado como mediador clave entre las partes. En el anuncio del alto el fuego, el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, invitó a delegaciones de Estados Unidos e Irán a reunirse hoy en Islamabad con el objetivo de negociar un cese definitivo de las hostilidades.

Ayer se empezaron a conocer detalles sobre la “apertura” del estrecho de Ormuz, bastante cuestionable, los peajes que deberán ser pagados en criptomonedas y, de lo contrario, amenazas de ataques. Poco a poco se van revelando más detalles sobre el procedimiento para cruzar el Estrecho en un contexto tan cambiante. Los buques, tras informar previamente de su cargamento, deberán pagar 1 dólar por barril de petróleo en criptomonedas, de manera que los petroleros vacíos podrán pasar sin costes. En el caso de los petroleros de crudo de gran tamaño (VLCC) se ha estado cobrando 2 millones de dólares por buque. Sin embargo, en las retransmisiones por radio persisten las amenazas advirtiendo de que aquellos que intenten transitar sin autorización, serán destruidos… 

La tregua es bastante frágil, con informes de nuevos ataques, y el Estrecho de Ormuz sin abrir del todo, según informaciones de Reuters, sólo 7 buques han atravesado la zona en las últimas 24 horas comparado con la media habitual en condiciones normales de 140 buques diarios, con más de 800 buques atrapados en la región a la espera de garantías de seguridad para transitar. Se dan además mensajes contradictorios desde la Administración Trump, con amenazas por parte de Trump por el cobro de tasas por parte de Irán anoche, que añaden un importante nivel de incertidumbre. Además, Irán ha dejado claras sus exigencias, que incluyen reparaciones de guerra y el control del Estrecho de Ormuz, condiciones que probablemente serán un punto de fricción importante para los negociadores estadounidenses.

La semana pasada tuvimos buenos datos de empleo de Marzo en Estados Unidos, la creación de puestos de trabajo repuntó a 178.000 y el paro bajó al 4,3%, sugiriendo estabilización del mercado laboral justo cuando arrancaba la guerra, ya que la encuesta es de la segunda semana de marzo, poco después del inicio del conflicto el 28 de febrero. Sin embargo, la mejora tiene matices importantes, la participación cayó al 61,9% (mínimo desde 2021), lo que explica parte del descenso de la tasa de paro, además, aumentó el número de personas trabajando a tiempo parcial por motivos económicos, señal de que el ajuste puede estar pasando por la calidad del empleo antes que por el volumen.  En salarios, la moderación también es clara, +0,2% mensual y +3,5% interanual, el menor avance, lo que puede complicar el poder adquisitivo si el encarecimiento energético persiste. En paralelo, la demanda aguanta algo mejor de lo esperado, las ventas minoristas de febrero subieron +0,6%, aun así, la estimación apunta a desaceleración del consumo real en el Primer Trimestre del 2026, en torno a 1,2% frente al 2,0% del último trimestre del 2025. 

El petróleo estas semanas, por el conflicto en Irán, ha llegado a marcar un máximo de 119,21 dólares por barril de Brent y 116,55 por barril de West Texas, máximos históricos, pero si se ajusta el precio a la inflación ha habido varios momentos de la historia en las que el petróleo ha estado más caro:

Interesante esta semana dos datos sobre el volumen de compra de coberturas, en Bloomberg este miércoles se publicaba un dato de que la compra de opciones PUT (cobertura) por parte de los traders más pequeños, que por tercera semana en su historia destinaron un tercio de su volumen a comprar PUTs para abrir posiciones, las única vez que ha sucedido esto fue en el punto más álgido de las caídas provocadas por el Covid.

El volumen de compra de opciones PUT sobre el S&P 500 pasó los 9 millones de contratos, algo que sólo ha ocurrido 3 veces en la historia y que suele marcar un suelo de mercado:

En esta misma línea, las posiciones cortas de los Hedge Funds en acciones europeas han alcanzado un nuevo máximo histórico:

Esta mañana publica el Financial Times que inversores en fondos de crédito privado intentaron retirar más de 20.000 millones de dólares en el primer trimestre del año, lo que pone de manifiesto la creciente presión sobre esta clase de activo. Según Financial Times, las solicitudes de reembolso, que ascienden a 20.800 millones de dólares, afectaron a grandes grupos, entre ellos Apollo, Ares, Blackstone, Blue Owl y KKR. Los fondos que gestionan en conjunto carteras por valor de unos 300.000 millones de dólares, han atendido poco más de la mitad de las solicitudes de reembolso. Estas retiradas reflejan la creciente preocupación por los préstamos que el sector del crédito privado concede a las empresas de software respaldadas por fondos de capital privado y la incertidumbre a la que se enfrentan estas empresas a medida que avanza la inteligencia artificial. Esto se produce además en un momento en que los inversores están preocupados por las antiguas adquisiciones apalancadas en las que las firmas de capital privado han tenido dificultades para desinvertir, operaciones que en gran medida se han financiado con crédito privado. Como hemos comentado las últimas semanas, el sector del crédito privado ha crecido muy rápido desde la crisis financiera de 2008, cuando los reguladores limitaron el riesgo que podían asumir los grandes bancos. Las gestoras ocuparon ese vacío, proporcionando fondos cada vez mayores al sector de las adquisiciones y atrayendo inversiones de fondos de pensiones y fundaciones, seducidos por las atractivas rentabilidades que ofrecían. Más recientemente, los gestores de crédito privado se han centrado en inversores minoristas, a quienes consideran un mercado clave para el crecimiento. A diferencia de los institucionales, que toman decisiones a largo plazo, los minoristas tienden a ser más volátiles y se han mostrado reacios a los límites de reembolso de los instrumentos de crédito privado. Los ejecutivos de todo el sector han adoptado diferentes estrategias ante el aumento de las solicitudes de reembolso. Algunos, como Black-stone y Oaktree, han autorizado los retiros. Otros, como HPS Investment Partners, de BlackRock, Apollo, Ares, Blue Owl y Morgan Stanley, han limitado los reembolsos para proteger a los inversores que optan por permanecer. Los gestores señalan que no observan un deterioro en los préstamos suscritos. Tanto Blackstone como Apollo han lanzado campañas de relaciones públicas para ayudar a contrarrestar la narrativa negativa sobre la recesión que sufre el crédito privado. Pero algunos analistas creen que el crédito privado se verá sometido a mayor presión si hay una recesión. Morgan Stanley prevé que la tasa de impago del sector aumente del 5% actual al 8% el próximo año, dada su elevada exposición a las empresas de software. Los límites que los gestores han impuesto a las retiradas han provocado que muchos fondos hayan seguido creciendo en tamaño. Sin embargo, el reciente éxodo de profesionales del sector ha atraído la atención de la Fed y del Tesoro de Estados Unidos. Jamie Dimon, CEO de JPMorgan, alerta de que las pérdidas para los prestamistas a empresas endeudadas serán mayores de lo que muchos esperan, dado el debilitamiento de los estándares crediticios. Y la agencia de ráting Moody’s ha rebajado sus perspectivas para el sector del crédito privado, ante la “presión de reembolso” a la que se enfrentan los fondos.

Blackstone publicaba esta semana un informe intentando tranquilizar a los inversores y tratando de quitar los miedos que se han instaurado en el mercado del crédito privado, argumentando la mayor calidad del crédito frente a ciclos pasados, con unos ratios de apalancamiento mucho menores y unas prácticas por parte de las gestoras mucho más transparentes y supervisadas. Private Credit: Myth vs. Fact – Blackstone

En el informe trata de desbaratar varios mitos que se han dado estas últimas semanas en torno al crédito privado exponiendo los hechos reales, de acuerdo con sus análisis:

Mito: El crédito privado creará la próxima gran crisis financiera (GFC).

Hecho: El mercado actual no tiene nada que ver con el 2008.

En 2007 los bancos tenían un apalancamiento de entre 25 y 49 veces, financiado principalmente con depósitos a corto plazo y papel comercial, y altamente expuestos a hipotecas de alto riesgo (subprime). Los activos subyacentes tenían un ratio préstamo sobre el valor (LTV) superior al 90%, y además se añadían derivados financieros complejos para ocultar los riesgos. En resumen en 2007 préstamos muy arriesgados en vehículos extremadamente apalancados estaban respaldados por dinero que podía desaparecer en un día.

Esto no se parece en nada a lo que ocurre hoy en día, según el informe de Blackstone. Las empresas de desarrollo empresarial (BDC) están operando un ratios de apalancamiento inferiores a 1 vez, y los préstamos alcanzan un ratio sobre el valor del activo (LTV) de menos del 40%, además de utilizar estructuras que no dependen de depósitos ni de capital de corto plazo.

Otro mito que expone el informe es que la calidad del crédito está colapsando.

Hecho: las métricas del mercado de crédito actual son muy sólidas.

Las compañías del Fondo de crédito privado de Blackstone (BCRED) han tenido un crecimiento medio de ingresos en el último año del 10%, y el margen entre sus ingresos y los intereses de sus préstamos subió un 25%, lo que significa que actualmente se encuentran en una posición más sólida para pagar su deuda que hace un año.

Mito: El “SaaS-pocalyspe” (apocalipsis para las compañías de Software- Software como servicio) está llegando al crédito privado.

Hecho: Las empresas de software se verán afectadas, pero la mayoría de los créditos están bien protegidos.

Según el informe de Blackstone las empresas de software se enfrentarán a verdaderos desafíos próximamente, pero no todo el software es igual. Gran parte del software está profundamente integrado en las compañías, es fundamental para las operaciones y no se reemplaza fácilmente por la IA. En el caso de los fondos de crédito privado de Blackstone el ratio de préstamo sobre el valor de las empresas es de en torno al 37%, lo que significa que más del 60% del valor de las empresas tendrían que erosionarse para que afectase a la deuda.

El último Mito que expone el informe es que estos productos no son adecuados para inversores individuales.

Hecho: Los productos de crédito privado funcionan según lo previsto y pueden ser una herramienta eficaz para la creación de riqueza.

La estructura semilíquida es una ventaja, no un inconveniente, según Blackstone. Los límites de recompra están diseñados para evitar ventas forzadas de activos, protegiendo así la rentabilidad de todos los inversores. Esta compensación en liquidez es la razón por la que el crédito privado puede generar mayores ingresos que la renta fija tradicional. Estos fondos son adquiridos por inversores finales sofisticados, asesorados por sus asesores financieros, y suelen ser solo una parte de una cartera más amplia de activos tradicionales líquidos. El modelo ha sido probado. Blackstone Real Estate Income Trust (BREIT) gestionó elevados reembolsos durante el último ciclo de subidas de tipos, los inversores recibieron reembolsos sustanciales en cuatro meses, y las medidas de protección ayudaron a salvaguardar las rentabilidades.

Importante esta semana:

El dato macroeconómico más importante de la semana se acaba de publicar, la inflación de Marzo en Estados Unidos ha salido muy en línea con lo que el mercado esperaba, con una subida mensual del 0,90% igualando las estimaciones de mercado, frente a la subida del 0,3% de Febrero, la subida interanual ha sido del 3,30% ligeramente por debajo del 3,40% esperado por el consenso de analistas de mercado. La inflación subyacente ha subido un 2,70% algo más que el 2,60% esperado.

Tras el dato los futuros de las Bolsas americanas han subido algo y el dólar cae (Cotiza a 1,173 dólares por euro)

Trump, acordó la madrugada del martes suspender los bombardeos durante dos semanas siempre que Irán garantice la reapertura “completa, inmediata y segura” del estrecho de Ormuz. Por su parte, Irán aceptó la propuesta de alto el fuego y señaló que permitirá el paso seguro de buques mediante coordinación con sus fuerzas armadas, mientras que Israel también se habría sumado al acuerdo. Trump señaló que el plan de paz de diez puntos propuesto por Irán constituye una base viable para negociar, con una primera ronda de conversaciones prevista en Islamabad hoy. Además, Irán y Omán plantean establecer tarifas de unos 2 millones de dólares por buque para garantizar el tránsito seguro por Ormuz, con el objetivo de financiar la reconstrucción. De esta forma, aunque parece que ambas partes buscan una desescalada ordenada, se introducen nuevos elementos como el “peaje energético”, que podría actuar como un impuesto adicional sobre el comercio de crudo. Esto limita el impacto desinflacionista del acuerdo y mantiene cierto sesgo alcista sobre los precios de la energía en el medio plazo.

Trump continuó ayer mandando señales contradictorias mostrándose “muy optimista” sobre un acuerdo con Irán y al mismo tiempo amenazando explícitamente a Irán por los peajes en el Estrecho de Ormuz. Por otra parte, Israel acuerda abrir conversaciones directas con el Líbano, aunque Netanyahu mantiene los ataques contra Hezbollah.

Las negociaciones estarán basadas en una lista de 10 puntos presentados por la nación persa. La nueva propuesta de diez puntos representa en realidad una ampliación del plan iraní original, incorporando algunos elementos adicionales. Entre las principales novedades figuran la aceptación del enriquecimiento del programa nuclear iraní, con fines civiles, y la exigencia de un cese de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano. El presidente Donald Trump calificó estos principios como “una base viable sobre la que negociar”. Por su parte, el primer ministro de Israel ha respaldado la suspensión de los ataques contra Irán durante un período de dos semanas, aunque no contra el Líbano.

En el frente israelí, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha señalado que el conflicto está lejos de haber terminado, y ha dejado claro que cualquier alto el fuego no incluiría a Hezbollah. Esto es clave porque implica que, incluso en un escenario de distensión entre Estados Unidos e Irán, el conflicto puede mantenerse activo a nivel regional, especialmente en Líbano.

La encuesta de la Fed de Nueva York muestra que las expectativas de inflación a 12 meses han repuntado hasta el 3.4%, mientras que las de cinco años se mantienen estables en el 3%.

Las Actas de la última reunión de la Fed, publicadas el miércoles, reflejan un aumento de la incertidumbre en el diagnóstico macro, con la mayoría de miembros señalando que el proceso de desinflación podría ser más lento de lo planeado, mientras que los riesgos sobre el empleo se inclinan a la baja. En este contexto, emerge una división clara, algunos miembros contemplan subidas de tipos si la inflación se mantiene alta, mientras que otros consideran que una guerra prolongada podría deteriorar el mercado laboral y justificar recortes.

Se siguen deteriorando las relaciones entre Trump y la OTAN. Además de seguir amenazando con abandonar la OTAN, para lo que necesitaría el apoyo de 2/3 del Senado o que el Congresos aprobase una nueva ley, se plantea retirar tropas (un total de 84.000) de países europeos que no le hayan prestado ayuda en la guerra contra Irán para trasladarlas a países que sí se hayan mostrado más contribuidores (Polonia, Rumanía, Lituania y Grecia).

El Fondo Monetario Internacional apuntaba ayer a que la crisis derivada de la guerra de Irán será “grande, global y asimétrica”, lo que generará daños prolongados a la economía global, a pesar de la reciente tregua que ha permitido reabrir parcialmente el estrecho de Ormuz. Con todo, reclama a los gobiernos cautela a la hora de aplicar medidas para contenerla, ya que añadir estímulos financiados con déficit en este momento podría resultar contraproducente debido a las subidas de tipos de interés de la deuda en las últimas semanas. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, realizó ayer estas advertencias en una conferencia que sirve de apertura de las reuniones de primavera del organismo y el Banco Mundial, en las que ya han adelantado que rebajarán intensamente las previsiones de crecimiento global. “Incluso nuestro escenario más optimista contempla una revisión a la baja del crecimiento. ¿Por qué? Debido a los importantes daños en la infraestructura, las interrupciones en la cadena de suministro, la pérdida de confianza y otros efectos negativosprolongados. “La realidad es que desconocemos con certeza qué depara el futuro para el tránsito por el estrecho de Ormuz o para el tráfico aéreo regional. Lo que sí sabemos es que el crecimiento será más lento, incluso si la nueva paz es duradera”, remató. En este sentido, Georgieva señaló que el complejo gasístico catarí de Ras Laffan, responsable del 93% de las exportaciones gas de la región, “podría tardar entre 3 y 5 años en recuperar su capacidad plena”. Y es más, “incluso en el mejor de los casos, no habrá un retorno completo y sin complicaciones al statu quo anterior”, indicó, recordando otro caso reciente. “El tránsito marítimo a través de Bab el-Mandeb en el Mar Rojo (golpeado por los ataques de los rebeldes hutíes de Yemen hace tres años) nunca se ha recuperado del todo de las devastadoras perturbaciones que sufrió la zona, se mantiene estancado en aproximadamente la mitad de su nivel de 2023”. A pesar este fuerte impacto, la responsable del FMI recomendó a los gobiernos nacionales cautela con las medidas que se tomen, especialmente las que tratan de amortiguar los efectos de las subidas en el poder adquisitivo de los ciudadanos. “El mundo ya ha visto cómo las curvas de rendimiento de referencia suben, elevando el coste de la deuda”, indicando que el coste de la financiación de la deuda soberana ya se ha incrementado en hasta 60 puntos básicos en Estados Unidos, dependiendo del plazo, y 90 en la eurozona. “Añadir estímulos financiados con déficit a esta situación en este momento aumentaría la presión sobre la política monetaria y amplificaría estos cambios. Sería como conducir con un pie en el acelerador y otro en el freno: una situación muy desfavorable”, tanto para la inflación como la sostenibilidad de las cuentas públicas. Además, “como señalaremos en nuestro próximo Informe Fiscal, el mundo tiene un problema de margen fiscal”. En concreto, la economista advirtió de que “la deuda pública es, en general, mucho mayor que hace 20 años, incluso en la mayoría de los países del G20, lo que refleja el descuido generalizado de la consolidación fiscal en los períodos en que las condiciones lo permitían”. “Como resultado, el coste de los intereses está aumentando” en todo tipo de países, pero especialmente en las economías emergentes y de bajos ingresos, donde el pago de intereses de deuda se eleva hasta el entorno del 15% de los ingresos públicos. “La implicación es clara: todos los países deben utilizar sus limitados recursos fiscales de manera responsable, y la mayoría debe actuar con decisión para reconstruir el margen fiscal tras esta crisis”. Por ello, Georgieva advirtió de que los bancos centrales deben estar preparados para subir los tipos de interés. “Por ahora, conviene esperar y observar”, porque “un endurecimiento prematuro e innecesario arroja un jarro de agua fría sobre el crecimiento”, pero “si las expectativas de inflación amenazan con desestabilizarse y desencadenar una costosa espiral inflacionaria, los bancos centrales deberían intervenir con firmeza subiendo los tipos”. En cambio, “si el endurecimiento de las condiciones financieras añade una perturbación negativa de la demanda los problemas de oferta”, podría ser necesario “orientar [la política fiscal y monetaria] hacia un apoyo a la demanda bien calibrado”. La responsable del Fondo indicó que el organismo tenía preparada una revisión al alza de las perspectivas de crecimiento, pero esta visión ha quedado emponzoñada por la guerra en Irán. “Este escenario parte de una situación en la que la fuerte inversión en inteligencia artificial y tecnología, las condiciones financieras favorables y otros factores iban a dar un considerable dinamismo a la economía mundial”. Y de hecho, “de no haber sido por este impacto, (de la guerra y el cierre de Ormuz) estaríamos experimentando una mejora sustancial del crecimiento global”, que en enero se proyectaba en el 3,3% para este año.

El IPC de marzo de China se desaceleró en 3 décimas hasta el 1,0%, por debajo de las estimaciones del consenso (1,1% estimado). Por su parte, los precios de producción industrial aumentaron desde el -0,9% interanual hasta el 0,5% mejor que el 0,4% estimado. Esto sugiere que la demanda interna sigue contenida, mientras que los costes en la cadena productiva comienzan a repuntar, posiblemente vinculados al encarecimiento energético global.

Siguiendo en China, el presidente chino, Xi Jinping, se reunió con la líder del principal partido de la oposición de Taiwán en un contexto de fuertes tensiones sobre el futuro de la isla. Pekín volvió a reafirmar su reclamación de soberanía sobre Taiwán, mientras que la dirigente opositora taiwanesa defendió la necesidad de reducir la confrontación y apostar por el diálogo. Xi fue tajante al asegurar que China «no tolerará en ninguna circunstancia» la independencia taiwanesa. Por su parte, Cheng Li wun, presidenta del Kuomintang (KMT), el mayor partido de la oposición, presentó el encuentro como una misión de paz destinada a rebajar tensiones. Aunque el KMT ha perdido las tres últimas elecciones presidenciales, este tipo de contactos le permite proyectar la imagen de que mantiene influencia y canales directos con Pekín, reforzando así su posición política interna. China, por su parte, opta por reunirse con el partido de la oposición mientras rechaza cualquier contacto con el actual presidente taiwanés, Lai Ching te, al que califica de «separatista». De hecho, antes de que se produjera el encuentro, el presidente de Taiwán advirtió en un mensaje público que «la paz debe estar respaldada por la fuerza».


¿Qué ha conseguido Trump con los aranceles un año después? Ignacio de la Torre. Economista jefe de Arcano.

Decía Montaigne que “el mayor enemigo de la verdad no es la mentira, sino la ilusión de saber la verdad”. Cuando la Administración Trump anunció, hace ahora un año, los aranceles a las importaciones en el denominado “Día de la liberación”, se planteó que estas medidas permitirían alcanzar varios objetivos. Primero, repatriar fábricas y empleos manufactureros a Estados Unidos. Segundo, que los aranceles serían pagados por los “extranjeros” hasta el punto de especularse con que la recaudación podría destinarse a eliminar el impuesto sobre la renta. Tercero, como los aranceles “no los pagarían los norteamericanos” la inflación no se vería afectada. Cuarto, alguno de los pensadores del equipo económico de Trump (valga el oxímoron) defendieron que los aranceles apreciarían el dólar, lo que limitaría cualquier impacto inflacionista que se produjese si al final el coste no lo acaban pagando los foráneos. Quinto, los aranceles ayudarían a reducir el déficit comercial de Estados Unidos; déficit que, según los partidarios del presidente, aboca al país a ser subyugado por economías con saldo exportador positivo, como China o Alemania. Esta idea se inspira, por cierto, en el economista judío alemán Albert Hirschman, que había combatido en la Guerra Civil española en las Brigadas internacionales del bando republicano. Sexto, como colofón de semejantes políticas, el crecimiento económico de Estados Unidos se aceleraría.

¿Qué ha ocurrido transcurrido un año? Primero, el empleo industrial en Estados Unidos no ha mejorado a pesar de tanto arancel. De hecho, se ha reducido de 12,7 millones a 12,6. El motivo es sencillo: el salario de un empleado manufacturero en México es de unos cuatro dólares la hora; en Vietnam, de dos; en Estados Unidos, de treinta. Los aranceles no devolverán empleo fabril a EEUU por una mera cuestión de coste, a no ser que los norteamericanos acepten trabajar a una fracción de su salario actual, algo que no va a ocurrir.

Segundo, más del 90% del gasto generado por los aranceles lo han pagado consumidores y empresas estadounidenses, como ha puesto de manifiesto recientemente en un paper la Fed de Nueva York y como dicta la lógica económica. La reacción de Kevin Hassett, director del National Economic Council y consejero de Trump fue afirmar que ese paper “era el peor que había leído en la historia de la Fed”, sugiriendo que sus autores deberían ser “disciplinados”.

Alza inflacionista

Tercero, la inflación subyacente (menos volátil) se situaba en el 2,6% antes de los aranceles, si tomamos como referencia la medida favorita de la Fed (core PCE). Actualmente es del 3,1%, y si observamos los últimos datos y los anualizamos, obtenemos inflaciones superiores al 4%, en parte por el alza de precios de los bienes, cortesía de los aranceles, mientras que la inflación de servicios no termina de bajar. Si analizamos el último dato de actividad manufacturera (índice ISM), el subcomponente de “precios pagados” –que marca aceleración a partir de 50 y desaceleración por debajo de ese nivel–, acaba de dar la escalofriante cifra de 78. Su equivalente en el sector servicios se sitúa en 71. Se avecina más inflación. Trump ha infligido una enorme presión a la Fed para que reduzca los tipos de interés, pero sus políticas pueden acabar provocando el efecto contrario: el banco central estadounidense lleva sesenta meses sin conseguir su objetivo de inflación del 2%.

Cuarto, el dólar, lejos de subir (como pronosticaban también grandes casas de inversión) se ha depreciado. Cotizaba a 1,08 por euro hace un año, y ahora se sitúa en 1,15. Algo parecido ha ocurrido con otras divisas. La depreciación del dólar frente a una cesta de divisas de países que comercian con Estados Unidos se sitúa en el 4% durante el último año. Como consecuencia, los productos se importan a un precio más caro, lo que empeora la situación con la inflación y empobrece a los consumidores estadounidenses.

Quinto, el déficit comercial de Estados Unidos en bienes apenas se ha reducido. Se situaba en el 4,1% de PIB y ahora está en el 4,0%. EEUU mantiene un superávit en el saldo comercial en servicios, algo que omiten muchos defensores de los aranceles. Es una situación normal en una economía avanzada cuyos elevados salarios y productividades conllevan la expansión del sector servicios sobre el manufacturero.

Sexto, al menos ¿han generado estas políticas un mayor crecimiento? La respuesta es no. EEUU crecía casi a un 3% en el último año de Biden. El año pasado, el crecimiento fue del 2,1% y los indicadores adelantados en tiempo real de la Fed de Atlanta muestran que el dato anualizado del primer trimestre se situará en el 1,6%. En definitiva, la economía pierde impulso.

Por si fuera poco, el Tribunal Supremo declaró ilegales los aranceles, con toda lógica, ya que la Constitución establece claramente que son potestad del Congreso, salvo en situaciones de emergencia, que este caso, nada tienen que ver con las razones esgrimidas por la Administración. Su recaudación cercana a un punto de PIB, y ahora suspendida, fue ocho veces inferior a la obtenida por el impuesto sobre la renta. Los nuevos aranceles –en sustitución de los anulados por el Supremo– también podrían ser declarados ilegales, ya que su uso temporal bajo autoridad presidencial se basa en una crisis de balanza de pagos inexistente en la actualidad.

Montesquieu afirmó que el comercio representaba “una cura para los prejuicios más destructivos”. Lamentablemente, la historia le va dando la razón.


Por qué esta crisis del petróleo es distinta. Ruchir Sharma. Financial Times.

El resultado de la guerra de Irán sigue siendo incierto, pero la consiguiente crisis petrolera ha revelado una nueva vulnerabilidad en la economía global. Nunca antes el mundo había entrado en una crisis de ningún tipo con déficits y niveles de deuda tan elevados. Esta carga limitará la capacidad de los gobiernos para amortiguar el impacto de los altos precios de la energía.

Las primeras crisis petroleras posteriores a la Segunda Guerra Mundial se produjeron en la década de 1970 y coincidieron con el inicio de una nueva era, en la que los gobiernos pasaron de incurrir en déficits presupuestarios ocasionalmente a hacerlo de forma constante. En aquel entonces, el déficit típico en Estados Unidos y otros países importantes rondaba el 2% del PIB. Hoy, el déficit promedio se ha duplicado con creces; como resultado, el nivel promedio de deuda pública de los países del G7 ha aumentado del 20% del PIB a más del 100%.

Los gobiernos están intentando responder como lo han hecho frente a crisis petroleras pasadas. Desde Reino Unido y Francia hasta Brasil e India, están implementando controles de precios, sistemas de racionamiento y subsidios para combustibles de todo tipo, desde el transporte hasta la cocina. Pero esta vez, no pueden permitirse estas medidas de alivio y los mercados de bonos globales advierten sobre los riesgos de un aumento del gasto.

Durante las crisis, los tipos de interés a largo plazo suelen bajar, ya que los mercados anticipan un menor crecimiento y una política monetaria más laxa. La excepción fueron las grandes crisis petroleras, cuando los tipos a largo plazo subieron junto con las expectativas de una mayor inflación.

Hoy, los rendimientos de los bonos vuelven a subir, pero por una razón diferente. Las expectativas de inflación a largo plazo se mantienen estables, pero los mercados temen que la crisis petrolera iraní desencadene un mayor gasto que se sume a unos déficits y deuda que se expanden rápidamente, lo que se está traduciendo en una prima de riesgo más alta para los bonos. El año pasado, impulsado por el endeudamiento público, el nivel total de deuda global aumentó al ritmo más rápido desde el incremento por la pandemia, alcanzando un récord de 348 billones de dólares, más del triple del PIB mundial. Esto deja a muy pocos gobiernos en condiciones de implementar nuevos estímulos.

Los bancos centrales se encuentran en una situación similar. En las últimas décadas, han colaborado con los gobiernos para aplicar estímulos ante el primer indicio de problemas, pero ahora no pueden hacerlo con facilidad. La Reserva Federal de Estados Unidos ha incumplido su objetivo de inflación del 2% durante 60 meses consecutivos. Últimamente, tres de cada cuatro bancos centrales de países desarrollados y uno de cada dos de países emergentes tampoco han logrado sus objetivos. Incluso si la crisis del petróleo ralentiza las economías, es posible que los bancos centrales no puedan actuar, a medida que el shock también impulsa la inflación al alza.

Naciones más vulnerables

Las naciones más vulnerables son aquellas con mayor deuda y déficits públicos, y con un banco central que no alcanza su objetivo de inflación; en el mundo desarrollado, destacan Estados Unidos y Reino Unido; en el mundo emergente, los países en mayor riesgo son Brasil, Egipto e Indonesia. Según los mismos criterios, existen pocas economías relativamente invulnerables, y suelen ser pequeñas, desde Taiwán y Vietnam hasta Suecia, que, a pesar de su generoso estado de bienestar, registra un déficit inferior al 2% del PIB.

Si bien Estados Unidos está protegido de la crisis del petróleo gracias a su autosuficiencia energética, es vulnerable a un conflicto prolongado, ya que el año pasado registró el mayor déficit del mundo desarrollado, cercano al 6% del PIB.

Los agoreros llevan décadas dando la voz de alarma y no existe un umbral claro a partir del cual un déficit pueda desencadenar problemas económicos. En esta ocasión, sin embargo, la reacción del mercado de bonos envía una advertencia. Y otras señales, como el hecho de que los pagos de intereses de la deuda pública estadounidense superen ahora su presupuesto de Defensa, también sugieren que, en más del 100% del PIB, la carga de la deuda es una preocupación cada vez más acuciante.

Washington está acostumbrado a gastar como si no hubiera límite. El año pasado, el presidente Donald Trump aumentó el gasto en Defensa en 150.000 millones de dólares, antes de triplicarlo la semana pasada. Propuso incrementar el presupuesto del Pentágono en otros 500.000 millones de dólares hasta los 1,5 billones, una cifra sólo compensada parcialmente con recortes en otras agencias gubernamentales. Sumado a las nuevas exenciones fiscales y otros drenajes para el Tesoro, estas medidas podrían elevar el déficit estadounidense a cerca del 7% del PIB este año.

Esto es lo que hace que la crisis iraní sea tan diferente de sus predecesoras. La economía global ha experimentado aumentos aún más pronunciados en los precios del petróleo y se ha vuelto más eficiente en su consumo de energía, lo que normalmente debería ayudar a mitigar el impacto. En cambio, cualquier aumento prolongado en los precios del petróleo probablemente se verá magnificado por el hecho de que los gobiernos tienen escasa munición política para contrarrestarlo. Esta nueva vulnerabilidad expondrá a la economía global no sólo a las consecuencias de la guerra con Irán, sino a cualquier shock en el futuro próximo.


Los verdaderos riesgos del crédito privado. A. Gara, E. Platt, O. Aliaj. Financial Times.

Captar pequeños inversores se ha convertido en parte del auge del capital privado, término que engloba inversiones fuera de los mercados públicos, tras la crisis financiera de 2007–2008 que puso en entredicho a muchos bancos tradicionales.

Se trata de un auge que ha impulsado enormemente el capital privado, especializado en la compra de empresas lejos del escrutinio de los mercados públicos, mediante transacciones que suelen financiarse con deuda. 

Los préstamos que respaldan esas adquisiciones se gestionan de forma privada y se venden a inversores. Esto se conoce como crédito privado o deuda privada: un mercado de dos billones de dólares (1,72 billones de euros) que está bajo un intenso escrutinio, porque los inversores quieren recuperar sus ahorros de dichos fondos.

Miles de inversores minoristas han invertido más de 200.000 millones de dólares en fondos privados gestionados por Blackstone, Apollo, Blue Owl, Ares y otros

En las últimas dos décadas, los préstamos privados, como los que otorga el fondo de deuda Blackstone y muchos otros, han contribuido a financiar una oleada sin precedentes de adquisiciones de capital privado con valoraciones cada vez más altas, con rentabilidades anualizadas de casi el 10% desde 2004.

Los bancos grandes y medianos se han mostrado dispuestos a impulsar esta actividad ofreciendo financiación adicional. Las aseguradoras, cada vez más controladas por gigantes del capital privado tras un aluvión de adquisiciones, también han entrado en el mercado, transfiriendo carteras destinadas a proporcionar ingresos seguros a los jubilados. 

El ‘boom’

En conjunto, el capital privado, que en su día era poco más que una actividad artesanal, se ha convertido en una parte fundamental del sistema financiero, con activos por valor de 22 billones de dólares, en gran medida fuera del control de los reguladores bancarios.

Pero Wall Street se ha visto sacudida este año, cuando los inversores han retirado su dinero ante las turbulencias de los mercados financieros, lo que ha provocado una avalancha de reembolsos que ha llevado a muchos fondos de crédito privado a limitar la salida de los inversores.

Ante la presión que sufren las carteras de préstamos, los reguladores, las agencias de ráting y los expertos financieros comienzan a preguntarse si el auge de los mercados privados conducirá a una crisis más generalizada.

Incertidumbres

El sector rechaza las comparaciones con el colapso de hace dos décadas, argumentando que el crédito privado está mucho menos apalancado que los bancos en 2008.

Pero a medida que continúa la “comercialización” del capital privado, tras la decisión de Donald Trump de permitir que las cuentas de ahorro para la jubilación inviertan en dichos activos, la pregunta es hasta qué punto, y cuánto tiempo seguirá siendo así. Según Alan Schwartz, presidente ejecutivo de Guggenheim, “cada vez que aumenta la venta de activos ilíquidos sin valoraciones transparentes, puede derivar en importantes turbulencias en los mercados”. Está seguro de que existen excesos en el mercado, pero no cree que sean tan sistémicos como en 2008, cuando dirigía Bear Stearns, el banco de inversión que colapsó ese año y fue en gran medida el detonante de la crisis. 

Hasta ahora, muchos de los recientes fracasos en los mercados crediticios se han atribuido a supuestos fraudes más que a problemas más profundos, como los casos del proveedor estadounidense de autopartes First Brands y la entidad hipotecaria británica MFS. Sin embargo, estos fiascos han suscitado dudas sobre los estándares de evaluación crediticia en mercados de crédito volátiles. 

El problema más inmediato para los prestamistas privados y sus clientes es la perspectiva de obtener rendimientos muy inferiores a lo esperado cuando fueron a estos mercados en busca de mayores rentabilidades.

Casi cuatro billones de dólares en operaciones de capital privado potencialmente sobrevaloradas han resultado difíciles de liquidar, en un entorno de tipos más altos y turbulencias geopolíticas. Los préstamos que respaldan estas operaciones han comenzado a mostrar fisuras.

Bancos como JPMorgan, que financian esta actividad, están reconsiderando sus riesgos. Los expertos en seguros temen que la cartera de activos privados del sector no tenga reservas suficientes para cubrir posibles pérdidas.

Las inversiones más arriesgadas son las que realizan los mercados privados en empresas de software, que representan un tercio de la actividad total de la última década.

“Existe una incertidumbre geopolítica real y preocupa cómo la IA transformará nuestros entornos personales y económicos”, reconoce Michael Patterson, alto ejecutivo de BlackRock. Algunos inversores veteranos en mercados privados, como Patrick Dwyer, asesor financiero de NewEdge Wealth, han aconsejado a sus clientes que reduzcan su exposición a los fondos de capital riesgo. Los fondos de antes de 2022 están perdidos”, afirma Dwyer, por la burbuja que se formó en el capital privado a valoraciones desorbitadas justo antes de las subidas de tipos.

Rápido crecimiento

En su opinión, las empresas de capital privado crecieron demasiado rápido y captaron demasiado dinero, creando un exceso de capital que se invirtió en operaciones cada vez más chapuceras, que ahora sufren las consecuencias. 

Décadas antes de que Apollo, Ares y Blackstone se convirtieran en gigantescas instituciones financieras, los pioneros del capital privado fueron pequeños equipos, como los fundadores de KKR, Henry Kravis y George Roberts.

Los estancados mercados bursátiles de aquella época ofrecían un sinfín de objetivos que podían adquirir a bajo precio mediante deuda y luego vender rápido para obtener beneficios casi inmediatos. Sus ambiciones solo se vieron limitadas por la escasa disponibilidad de deuda bancaria de entonces. 

La aparición de los bonos basura y las adquisiciones muy apalancadas en la década de 1980 les proporcionó el crédito que necesitaban. El banco de inversión de Michael Milken, Drexel Burnham Lambert, popularizó los bonos basura para adquirir empresas.

Drexel quebró en 1990 y los banqueros de inversión se dispersaron por Wall Street, fundando empresas como Apollo, Ares y Cerberus. Pero fue la crisis financiera de 2008-2010 la que brindó al capital privado su gran oportunidad.

Despegue tras la crisis

A medida que los reguladores restringían los préstamos de los bancos tradicionales, los préstamos más arriesgados a empresas con menor solvencia se trasladaron a gestores de capital privado.

Los tipos de interés mínimos redujeron sus costes de financiación y atrajeron a fondos de pensiones y grandes inversores en busca de más rentabilidad.

Muchos comenzaron a destinar hasta el 30% de sus carteras a mercados privados y algunos grupos de capital privado llegaron a tener valoraciones de mercado que superaban a las de bancos de inversión de primera línea como Goldman Sachs.

En 2021, los fondos de capital privado y de crédito captaron un récord de 1,2 billones de dólares. Pero a medida que las empresas se volvían cada vez más poderosas, se les presentaba el reto de invertir rápido sus crecientes reservas de capital.

Los precios de compra se dispararon, llegando a duplicarse en la década anterior al pico de 2021. A esto se sumó una avalancha de nuevo capital que llegó procedente de grandes patrimonios.

Si bien el auge de Apollo, Blackstone y otros ha demostrado ser una amenaza competitiva para bancos como JPMorgan y Goldman, las entidades de crédito más consolidadas han encontrado formas lucrativas de tener beneficios en mercados privados.

Los bancos descubrieron que, en ocasiones, los reguladores se sentían más cómodos con la concesión de préstamos si se canalizaban a través del crédito privado.

“La forma en que se conceden préstamos a particulares se basa en garantías que reciben un trato preferencial”, declaró Michael Roberts, director ejecutivo de banca corporativa e institucional de HSBC, ante el Comité de Regulación de Servicios Financieros del Reino Unido el año pasado. 

Moody’s estima que, a junio de 2025, los bancos habían prestado 300.000 millones de dólares al sector del crédito privado y otros 285.000 millones a fondos de capital privado. La Oficina de Investigación Financiera del Tesoro de EEUU calcula que los préstamos a fondos de crédito privado por parte de bancos y otras entidades financieras podrían alcanzar los 540.000 millones de dólares, pero los datos muestran que “el riesgo de apalancamiento en general parece limitado”.

En teoría, las aseguradoras de vida y las compañías de rentas vitalicias son idóneas para los préstamos ilíquidos de grupos de crédito privado, ya que sus promesas de rendimiento a los asegurados se extienden durante décadas.

Los reguladores están preocupados por si las aseguradoras tienen suficiente capital para respaldar dichos préstamos, y algunos expertos expresan su inquietud por la búsqueda de mejores calificaciones para dichos activos en agencias de ráting más pequeñas que las tradicionales.

El presidente de UBS, Colm Kelleher, afirmó en noviembre que este fenómeno podría crear un “riesgo sistémico” para las finanzas globales.

Se multiplican las advertencias de que una crisis de crédito privado podría extenderse al sistema financiero en general. El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, dice que hay “señales de alarma” por la “fragmentación” de los préstamos, con inquietantes paralelismos con la forma en que las hipotecas subprime de EEUU se reempaquetaron y vendieron en todo el mundo antes de 2008.

A los reguladores les preocupa lo que consideran falta de transparencia del sector, débil gestión de riesgos e interconexiones con los bancos.

Algunos participantes del mercado expresan temores similares.

Desconectados

El responsable de Blackstone, Jon Gray, afirma que “nunca ha visto algo tan desconectado de la realidad en el mundo de las finanzas” como la comparación entre las dificultades actuales del crédito privado y la crisis financiera de hace dos décadas.

Señala que los fondos de deuda privada suelen endeudarse entre una y dos veces la cantidad que aportan los inversores.

El capital privado, incluso en los mercados de seguros y los llamados “fondos minoristas”, se invierte a mucho más largo plazo y es más difícil de canjear que los depósitos bancarios, que se pueden retirar de un día para otro.

Durante años, los gigantes del mercado privado han podido resistir las presiones derivadas del rápido aumento de los tipos de interés y la agitación por la pandemia, sin colapsar como Silicon Valley y First Republic.

Sin embargo, las dificultades del capital privado para desinvertir han provocado una caída drástica de la rentabilidad en el sector desde que los bancos centrales comenzaron a subir los tipos en 2021. En cambio, durante gran parte de ese tiempo, los mercados públicos tuvieron un fuerte crecimiento, impulsados por el aumento vertiginoso de las valoraciones de las tecnológicas.

La captación de fondos para operaciones de capital privado ha disminuido a la mitad desde el máximo alcanzado en 2021. Muchos fondos de capital privado medianos no han podido captar nuevo capital, ya que los gestores prevén un número creciente de “fondos zombi” que desaparecerán gradualmente la próxima década por sus bajos rendimientos.

Según el fondo de cobertura Davidson Kempner, hay problemas estructurales. Los grupos de capital privado a menudo han usado una plantilla estándar para consolidar activos tan diversos como lavaderos de coches, clínicas veterinarias y corredurías de seguros, utilizando frecuentemente una sola empresa para acumular esas adquisiciones.

Son negocios demasiado complejos para venderlos a compradores habituales.

No hay forma de endulzar las cifras. El capital privado se ha quedado rezagado respecto a los índices de referencia.

La salud financiera subyacente de las empresas propiedad de fondos de capital privado se ha visto gravemente afectada por los tipos de interés más altos y la inestabilidad geopolítica. Más del 10% de estos grupos ha optado por aumentar su deuda en lugar de pagar los intereses.

La enorme exposición del sector a los acuerdos de software amenazados por la IA ya ha contribuido al malestar.

Scott Goodwin, cofundador de la firma de inversión crediticia Diameter Capital, afirma que un “factor de riesgo de IA” afecta a más de la mitad de las operaciones realizadas por capital privado y financiadas con crédito privado en los últimos 10 años. Estas preocupaciones son consecuencia de la serie de adquisiciones que el sector ha realizado de empresas de software en los sectores de la salud, los servicios financieros y otros servicios profesionales.

Otros inversores declaran que también les preocupan las inversiones en gestores de patrimonio y corredurías de seguros por el mismo motivo.

John Beil, director de capital privado de Partners Capital, predice una oleada de depreciaciones de activos en operaciones de software cuando se tengan las cifras del primer trimestre el próximo mes, lo que ensombrecerá la rentabilidad de un sector, que fue “la apuesta de oro del capital privado en la última década”. “No hay que endulzar las cifras”, afirma. “El capital privado se ha quedado rezagado con respecto a los índices de referencia públicos por un margen significativo” los últimos cinco años.

En lo que respecta a la deuda, las operaciones antiguas han resultado problemáticas para los prestamistas, incluidos los fondos de KKR y BlackRock, que han recortado el valor de muchas participaciones.

Los instrumentos financieros que antes superaban con creces la rentabilidad de sus equivalentes en el mercado público, como los bonos de alto rendimiento, han comenzado a ver reducido el valor de sus activos.

Los ejecutivos del sector advierten de que los préstamos antiguos que están en los fondos de deuda son de menor calidad, dado que las empresas más sólidas han podido refinanciar sus préstamos en los últimos años.

La caída de la rentabilidad ha provocado una avalancha de solicitudes de reembolso en los fondos vendidos a inversores adinerados. Estos fondos se han denominado “semilíquidos” porque permiten a los inversores retirar una parte de su dinero, generalmente un límite del 5% trimestral del patrimonio del fondo. Muchos están limitando ahora la salida de dinero para evitar ventas masivas.

Lloyd Blankfein, ex consejero delegado de Goldman Sachs, declaró recientemente que desde la última gran crisis del mercado crediticio, la probabilidad de un desajuste de liquidez ha aumentado. “Cuando algo falla, se encontrarán con todos los activos que se han mantenido a precios que no se pueden liquidar en el mercado”, afirmó.

Algunos fondos de pensiones de EEUU se enfrentan a una presión que podría perjudicar su capacidad para dar a sus beneficiarios los ingresos que desean.

Según los asesores, algunos han vendido participaciones en sus fondos de capital privado con grandes descuentos en los mercados secundarios y empiezan a deshacerse de sus carteras de crédito.

El impacto de la caída de la rentabilidad y las pérdidas inminentes serán una prueba importante para determinar si las aseguradoras que invirtieron en deuda con más riesgo tiene los recursos para soportar cualquier pérdida.

“En el futuro habrá una mayor tasa de quiebras empresariales por la disrupción tecnológica, y eso va a ser un problema para el crédito”, afirma Dwyer, el gestor que ha aconsejado a sus clientes que se deshagan de muchas inversiones en mercados privados.

Predice que llegará el “día del ajuste de cuentas para el capital privado”, cuando empresas cargadas de activos sobrevaloradas capitulen sacando a Bolsa sus participadas, aunque eso obligue a sus inversores a asumir amortizaciones.

Pero, en vez de prepararse para algo parecido a una repetición de la crisis financiera, muchos en el capital privado ven la próxima crisis como la consecuencia de la burbuja original de la década de 1980.

La oportunidad

En definitiva, esa crisis dejó al sistema financiero prácticamente indemne. Algunos inversores que siguen activos se hicieron famosos comprando bonos basura a precios irrisorios a aseguradoras y fondos de pensiones en dificultades.

En esta ocasión, algunas firmas, incluidas pioneras en bonos basura como Apollo, han acumulado grandes reservas de capital para aprovechar las dificultades de otros. Los gigantes continúan su imparable avance.

“No hay nada que muestre otra cosa que no sea verde”, dice Michael Arrougheti, CEO de Ares, presumiendo de la rentabilidad de las empresas a las que presta dinero y de los billones de dólares en garantías.

“En los más de 30 años que llevo invirtiendo en crédito, no hay nada en esas cifras que indique que se avecina una crisis crediticia.”

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¡Buen fin de semana!