Comentario de mercado viernes 29 de Mayo del 2026.

Comenzamos la semana con el anuncio de un borrador de acuerdo (MoU) entre Estados Unidos e Irán que incluía un alto el fuego de 60 días mientras se negocia un acuerdo permanente, durante ese periodo, el Estrecho se desminaría y reabriríaEstados Unidos levantaría el bloqueo naval, condicionado a cómo de rápido Irán realice el desminado, y otorgaría un alivio parcial de sanciones sobre el petróleo. Las noticias provocaron una caída del precio del petróleo Brent por debajo de los 100 dólares el barril a mínimos de más de dos semanas. La cuestión nuclear quedaría aplazada a una segunda ronda, con garantías verbales de Irán de no buscar armas nucleares, pero sin compromisos escritos sobre sus reservas acumuladas de uranio enriquecido. El conflicto en el Líbano también se incluye en el acuerdo. El lunes de madrugada Estados Unidos llevó a cabo ataques sobre varios buques iraníes que intentaban minar algunos tramos del estrecho, así como contra instalaciones de misiles en territorio iraní. El mando central estadounidense calificó estas acciones como estrictamente defensivas. El miércoles Irán señaló que únicamente estaría dispuesto a firmar un acuerdo con Estados Unidos, que incluiría previsiblemente la reapertura del estrecho de Ormuz y algún tipo de desescalada militar, si Washington acepta liberar aproximadamente 24.000 millones de dólares de activos iraníes actualmente congelados en el extranjero.

Ayer finalmente se confirmó la existencia de ese acuerdo del que se hablaba a comienzo de semana, sólo pendiente de la firma del presidente de Estados Unidos, se confirma que Washington y Teherán ultiman un memorando de entendimiento para extender el alto el fuego durante 60 días mientras se ultiman las negociaciones para lograr un trato definitivo que incluya el fin del programa nuclear de Irán, según adelantó ayer Axios. Lejos está todavía un acuerdo definitivo que incluya el desbloqueo total del estrecho de Ormuz, aunque los analistas sí esperan que ambos países relajen su postura durante la extensión del alto el fuego para reactivar parcialmente el tráfico marítimo en el canal y dar cierto alivio al mercado energético mundial. Aun así, nada garantizado, y menos teniendo en cuenta que en los últimos días ambos países han protagonizado ataques cruzados e intercambiado amenazas mientras seguían conversando esta semana en Doha (Qatar). Muchos medios estadounidenses dan por hecho el preacuerdo. El pacto contempla consolidar la tregua actual y establecer un marco para negociar posteriormente cuestiones más sensibles, como el enriquecimiento de uranio iraní, las sanciones estadounidenses y la seguridad marítima en el Golfo Pérsico, los tres grandes pilares donde ambas partes han establecido sus líneas rojas. El pacto llegaría después de semanas de contactos indirectos impulsados por Qatar, Pakistán y Omán, mientras Estados Unidos e Irán mantenían simultáneamente enfrentamientos militares limitados. El principal punto de fricción sigue siendo el estrecho de Ormuz. Irán ha reducido drásticamente el tráfico marítimo desde el inicio de la guerra y ha tratado de imponer mecanismos de control sobre el paso de buques también de cara al futuro, algo que Washington considera inaceptable. Las negociaciones de cara a un acuerdo definitivo de paz buscan precisamente garantizar la reapertura estable del corredor marítimo y evitar un nuevo shock energético global. El mercado del petróleo reacciona minuto a minuto a cualquier señal de distensión o escalada. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha adoptado en paralelo una estrategia de doble presión. Ha defendido públicamente que existen “buenas señales” para alcanzar un acuerdo definitivo antes de que finalice el nuevo plazo de 60 días, pero también ha advertido de que Estados Unidos buscará “otra vía” si las conversaciones fracasan. Mientras tanto, dentro del propio Partido Republicano crece la división sobre la estrategia de Trump. El sector más conservador considera que la Casa Blanca está ofreciendo demasiadas concesiones a Teherán y exigen una rendición total del régimen iraní antes de levantar sanciones o reducir la presión militar. Israel también observa con preocupación el posible pacto. Crece la tensión entre Benjamin Netanyahu y Trump ante el temor israelí a que Washington cierre un acuerdo que deje intacta parte de la infraestructura nuclear iraní. La Administración Trump intenta vender el posible acuerdo como una fórmula para evitar una guerra regional todavía más amplia, estabilizar los mercados energéticos y reducir la presión inflacionista derivada del petróleo. Trump podría presentar el desenlace como una victoria política, especialmente si más países se adhieren al marco del acuerdo. Sin embargo, el resultado final del conflicto podría implicar concesiones relevantes, como un mayor control iraní del estrecho y el levantamiento de las sanciones.

Precio del barril de Brent últimos 12 meses (precio actual: 92,03$):

Desde el inicio de la guerra de Irán, hace ya tres meses, la Bolsa estadounidense ha recuperado su liderazgo frente a la Bolsa europea, en lo que va de año 2026, el S&P 500 se revaloriza un 10%, el doble que el Euro Stoxx 600 (+4,55%). Por un lado, la subida de costes energéticos daña más a la economía europea, con un aumento de la inflación que podría llevar a subidas de tipos. Por otro, Wall Street está más expuesto al boom de las tecnológicas por la inteligencia artificial. Los analistas de Goldman Sachs y Morgan Stanley acaban de elevar sus previsiones para el S&P 500, situándolas en ambos casos en los 8.000 puntos a final de año (ahora en 7.563). Los analistas justifican ese optimismo por su expectativa de fuertes aumento de beneficios en las cotizadas americanas, sobre todo entre las tecnológicas. Y hay otro factor, menos admitido. Con elecciones legislativas en Estados Unidos previstas para noviembre, los analistas creen que el presidente Donald Trump hará todo lo posible para inflar la economía y los mercados en los próximos meses, en busca de una mayor popularidad para su Partido Republicano. Los precedentes para la Bolsa en los años de las mid term son muy variables, según los analistas de TS Lombard, en general, el ciclo político y el ciclo de mercado, en este tipo de años, tienen poca correlación. La aspiración de los analistas sería repetir lo sucedido en 1986, con Ronald Reagan de presidente, y en 1998, con Bill Clinton en la Casa Blanca. Entre enero y noviembre de esos años, el S&P 500 subió casi un 20%. De repetir en 2026, quedaría otro 10% de recorrido. Como ahora, el mercado surfeaba entonces una ola de optimismo, que acabó de forma drástica con el lunes negro de octubre de 1987 y el pinchazo de la burbuja tecnológica de 2000.

Tras la subida del 11% que lleva el principal índice italiano, el FTSE MIB Index, esta semana ha llegado a superar los 50.000 puntos (50.240 puntos ahora), por encima su anterior máximo histórico del año 2000.

FTSE MIB italiano desde Marzo de 1998:

El comportamiento de las Bolsas americanas del último mes, con un rebote del 5,15% del S&P 500 y del 3% del Dow Jones, viene explicado, en el 76% por las compañías de tecnología y semiconductores.

Esta semana dos de las principales compañías de chips de memoria, la americana Micron y la coreana SK Hynix, han superado la barrera del billón de dólares de capitalización bursátil, hace un par de semana, Samsung Electronics ya había alcanzado ese mismo hito. La actual escasez de chips de memoria RAM ha impulsado de forma extraordinaria a estos gigantes, que afrontan al menos a un año y medio adicional de restricciones de oferta. Como consecuencia, los precios de sus productos se han multiplicado por seis desde septiembreHace dos años, las tres empresas generaban beneficios de unos pocos miles de millones de dólares, hoy, sin embargo, se han convertido en las compañías con mayor capacidad de generación de beneficios a escala global. Se estima que SK Hynix obtendrá en 2026 un beneficio equivalente al de todo el sector industrial europeo en conjunto (de 120.000 a 130.000 millones de dólares). Las valoraciones continúan siendo relativamente moderadas. El PER medio de estas tres compañías se sitúa en torno a 7,3 veces beneficios, muy por debajo de las 21,6 veces a las que cotiza el sector a nivel global. La intensa revalorización bursátil responde, en última instancia, a unas expectativas de crecimiento de beneficios cercanas al +500% en 2026, mientras que el descuento en las métricas de valoración refleja la prudencia del mercado ante la naturaleza cíclica del segmento.

La concentración actual del mercado en torno a las compañías de IA es una de las más altas de la historia en Estados Unidos:

A nivel corporativo esta semana destacaron las siguientes noticias, que reflejan que el ciclo de inversión en infraestructura de IA no da señales de desaceleración, por un lado, Anthropic cerró una ronda de financiación de 65.000 millones de dólares, que valora la compañía en 965.000 millones, superando por primera vez a OpenAI, que se valoró en 852.000 millones en su última ronda de marzo. Anthropic prepara su salida a bolsa en otoño. Por otro lado, Dell está subiendo un 39% en after market tras unos buenos resultados y una previsión de ingresos un 18% superior a las previsiones de consenso, a lo que se suma la adjudicación de un contrato con el ejército americano. Por último, SpaceX rebajaba la valoración objetivo de su salida a bolsa de más de 2 a 1,8 billones dólares, en un ajuste táctico habitual tras consultas con asesores e inversores, pero se mantiene como la mayor colocación de la historia, con la previsión de captar hasta 75.000 millones de dólares, la valoración final dependerá del roadshow que comienza el 4 de Junio y podría subir de nuevo, se prevé que el precio de la OPV se fije el 11 de Junio.

Esta semana hemos conocido que el sentimiento del consumidor ha alcanzado un mínimo histórico en Estados Unidos, aunque históricamente eso ha sido un indicador contrario, cuanto peor se sienten los consumidores respecto al futuro mejor lo han hecho las Bolsas….

Importante esta semana:

Finalmente, Kevin Warsh juró el cargo como nuevo presidente de la Reserva Federal tras haber sido elegido por unanimidad por el FOMC, comprometiéndose a liderar una Fed “orientada a reformas” y defendiendo que la inflación puede reducirse mediante “independencia y determinación”. Al mismo tiempo, Trump afirmó que Warsh limitará el uso de perspectivas a futuro (forward guidance) y le pidió explícitamente actuar de forma “totalmente independiente”.

Kevin Hassett, principal asesor económico de Trump, afirmó que una eventual caída del petróleo podría crear margen para que la Fed redujera tipos de interés. Es decir, la Casa Blanca considera que, si desaparece parte del shock energético reciente, la inflación volvería a moderarse y permitiría una política monetaria menos restrictiva. El jueves Lisa Cook adoptó un tono restrictivo, señaló que está dispuesta a subir los tipos de interés si la desinflación prevista no se materializa en el plazo esperado. Sin embargo, por el momento prefiere mantener los costes de financiación estables y espera que el crecimiento de los precios vuelva a moderarse.

El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, señaló que el repunte reciente de precios debería ser “transitorio” y defendió que el precio del petróleo probablemente termine situándose por debajo de los niveles previos al conflicto una vez éste concluya.

Según Lagarde, el Banco Central Europeo elevará sus previsiones de inflación en la reunión del próximo mes. De esta forma, el BCE empieza a asumir que el repunte energético ya no es totalmente transitorio o existe riesgo de efectos de segunda ronda sobre salarios y servicios.

Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, señaló esta semana la necesidad de subir los tipos de interés en la próxima reunión de junio, incluso en el caso de que el conflicto en Oriente Medio finalizara hoy. Schnabel justifica esta postura por el daño ya causado sobre la infraestructura energética y las cadenas de suministro globales, cuyos efectos previsiblemente se prolongarán en el tiempo. No obstante, también advierte que el BCE no debería comprometerse a otra subida más allá de la reunión del 11 de junio. Será especialmente relevante conocer las nuevas previsiones macroeconómicas del Banco Central Europeo, que presentarán más información sobre el impacto del conflicto. En las anteriores, correspondientes a marzo, el escenario base revisó al alza la inflación para 2026 en +0,7% hasta el 2,6% y, a su vez, se redujo la estimación de crecimiento del PIB en -0,3%, hasta el 0,9%. Desde entonces, se han publicado nuevas referencias que sirven como guía adicional, en abril, la inflación repuntó hasta el +3%, mientras que los PMI de servicios registraron un fuerte descenso hasta 46,4, su nivel más bajo desde febrero de 2021. En este contexto, los mercados de swaps descuentan actualmente dos subidas de tipos, una primera en junio, a la que asignan una probabilidad del 89%, y una segunda en octubre, con un 54%.

El Vicepresidente del BCE, Luis de Guindos advirtió el jueves sobre la necesidad de tener en cuenta los efectos retardados del conflicto sobre el crecimiento económico europeo. Según explicó, aunque el encarecimiento de la energía ya se ha reflejado rápidamente en la inflación, su impacto sobre la actividad económica tardará más en visibilizarse.

Ayer se publicaron las Actas de la Reunión del Banco Central Europeo de Abril, cuando el BCE optó por mantener los tipos de interés sin cambios, en el 2%. Lo hizo pese al impacto en la inflación causado por el shock energético derivado de la guerra en Oriente próximo al entender que podía esperar a ver cómo evolucionaban los datos y el conflicto. Entonces, los veintisiete miembros que conforman el Consejo de Gobierno del BCE votaron por unanimidad mantener sin cambios los tipos de interés, una decisión que mandó un mensaje de unidad y visión común. “Todos los miembros estuvieron dispuestos a respaldar la decisión de mantener los tipos de interés con el argumento de que no existía una urgencia aguda para un aumento de las tasas de interés en la reunión actual”, indican las actas de la última reunión. Sin embargo, la transcripción de las conversaciones de esa misma cita refleja que, pese a la decisión final, la subida de los tipos de interés estuvo mucho más cerca de lo que pareció en un primer momento. Según puede leerse en las actas, varios miembros señalaron que “su decisión fue muy ajustada y que “no se habrían opuesto a la subida de tipos en la reunión actual si esa opción hubiera estado sobre la mesa”. La voluntad de haber aceptado subir los tipos de interés en 25 puntos básicos ya en la reunión de abril, hasta el 2,25%, refleja que el BCE está más que dispuesto a endurecer su política monetaria ante la crisis de precios que llega de Oriente Próximo. Esto refuerza las probabilidades de que ese ajuste llegue en la nueva reunión que se celebrará el próximo 11 de junio. Para algunos miembros “un aumento de los tipos de interés en abril “habría transmitido una señal aún más contundente de determinación para que la inflación volviera a su objetivo a la mayor brevedad posible”. Tanto es así que, según destacaron, “el valor de la opción de esperar para subir los tipos de interés oficiales había disminuido desde la última reunión, y cada vez es menos probable que un enfoque de observación pasiva de la situación sin ninguna medida de política monetaria resultara apropiado”. Los miembros del ala dura del BCE solo aceptaron sumarse a la votación unánime de dejar los tipos inalterados a cambio de lanzar un mensaje de que se mantendría una vigilancia intensa de los efectos de la crisis en los precios. Los banqueros centrales reconocen que parten de una posición cómoda que les permite disponer de algo de margen para abordar la situación. Además, los representantes del BCE admiten que “el descenso de los indicadores de confianza y sentimiento subraya los importantes riesgos a la baja para el crecimiento económico”, algo que podría calmar la inflación.

Gráfico

Descripción generada automáticamente

El FMI habría defendido, en un documento discutido recientemente en el Eurogrupo, que áreas estratégicas como energía, defensa e innovación sean financiadas mediante deuda conjunta europea. La propuesta refuerza una discusión cada vez más recurrente en Europa como es la necesidad de avanzar hacia una mayor mutualización fiscal para financiar bienes públicos europeos en un entorno de mayores necesidades de inversión estructural y presión geopolítica.

En Japón el gobernador del Banco Central, Ueda, advirtió de que el reciente aumento del precio del petróleo constituye una prueba para el conjunto del régimen inflacionista japonés. El problema para el Banco de Japón es que un encarecimiento energético demasiado fuerte podría generar inflación importada sin un respaldo equivalente del crecimiento salarial o de la demanda doméstica, complicando enormemente la calibración de la política monetaria, en un momento en el que el Banco Central ha empezado a abandonar gradualmente políticas ultraexpansivas

En el lado macroeconómico conocimos esta semana en Estados Unidos un deterioro de la confianza del consumidor presionado por las crecientes preocupaciones inflacionistas y cierta debilidad en las perspectivas de empleo. El índice de confianza de la Conference Board bajó en mayo 0,7 puntos respecto al mes anterior hasta 93,1 puntos. Esta evolución refleja un empeoramiento de la percepción sobre la situación económica actual. El deterioro del indicador se produce en un entorno marcado por el aumento de las preocupaciones sobre los precios, especialmente vinculadas al encarecimiento de la energía, así como por señales de ligera desaceleración en el mercado laboral, en particular, la proporción de consumidores que perciben que el empleo es abundante disminuyó hasta su nivel más bajo desde 2021. Adicionalmente, las expectativas inflacionistas a un año se mantuvieron elevadas, situándose en el 5,2%, apenas una décima por debajo del mes anterior, en un contexto en el que dos tercios de los consumidores declararon haber reducido su gasto debido a la subida de precios.

Continuando con Estados Unidos, las cifras de abril publicadas ayer confirman las mayores tensiones inflacionistas por la subida de los costes energéticos, mientras que apuntan también a una moderación de la actividad, el consumo real se desacelera y también la inversión da muestras de menos dinamismo. Comenzando la inflación, el deflactor subyacente del consumo personal, la medida de precios más seguida habitualmente por la Fed repuntó una décima hasta el +3,3% interanual, alcanzando su mayor nivel desde octubre de 2023. El crecimiento de los precios vino explicado mayormente por los servicios que aportaron un 2,5%, pero el mayor cambio está ocurriendo en la parte de bienes donde se aceleran partes como componentes relacionados con la tecnología, los precios del agregado de equipos de procesamiento de información crecieron un +10% interanual y aportaron por sí solos cerca de dos décimas a la inflación, algo inusual en productos que históricamente son deflacionistas. En el lado del consumo, en términos nominales el avance continuó siendo sólido al crecer un +0,5% mensual. Sin embargo, en términos reales, ajustando por inflación, el gasto de los hogares está desacelerándose y en abril avanzó un +0,1% mensual lo que sitúa el crecimiento en el +2,1% frente al mismo mes del año pasado, un ritmo menor, pero no muy lejano al +2,6% promedio de los últimos tres años.

En Europa se publicaron las matriculaciones de automóviles que en abril crecieron un +5,1% interanual hasta cerca de 972.000 unidades, encadenando tres meses consecutivos de expansión tras un inicio de año débil. En el acumulado enero‑abril, el crecimiento se sitúa en +4,2%, lo que confirma una dinámica de mejora, aunque todavía condicionada por un entorno macroeconómico incierto. El principal factor de soporte del mercado sigue siendo la fuerte demanda de vehículos electrificados: los eléctricos de batería (BEV) ya representan aproximadamente el 19,7% de las matriculaciones en 2026, frente a algo más del 15% un año antes, mientras que los híbridos continúan como la tecnología dominante. Por su parte, la cuota de gasolina y diésel cae a cerca del 30% del total. Por geografías, el crecimiento es heterogéneo entre los grandes mercados: destacan los avances en Italia y España, así como un comportamiento más moderado en Alemania y prácticamente plano en Francia en el último mes disponible. Este patrón refleja tanto distintos marcos de incentivos como la sensibilidad desigual de la demanda a los costes de financiación y al ciclo económico.

En España, se confirma un repunte significativo de los precios industriales impulsado por la subida de los precios de la energía. El Índice de Precios Industriales correspondiente a abril, registró una variación interanual del +8,3%, lo que supone un incremento del 5,2% respecto a marzo. Por componentes, la energía presentó una variación interanual del +22,3%, con un incremento del 15,2% respecto al mes anterior, consolidándose como el principal factor explicativo del repunte de los precios. Este aumento se debe principalmente al encarecimiento de los productos de refino de petróleo y a una menor caída de los precios de la electricidad en comparación con abril del año pasado. Por su parte, los bienes intermedios también contribuyeron al aumento, con una tasa interanual del +3,8%, impulsada por la evolución de los productos químicos básicos. El índice general sin energía se situó en el +2,6% interanual, evidenciando una presión inflacionista más contenida en el resto de los componentes.

Continuando en España, el miércoles se publicaron los datos del crédito hipotecario que mostraron que el dinamismo continúa. En marzo la concesión de hipotecas se moderó, pero continúa registrando un avance notable con un crecimiento del 9% interanual frente al 16% del mes previo, lo que sitúa el número de operaciones en 46.661 nuevos contratos. Este crecimiento del número de hipotecas vino acompañado de un aumento más intenso del crédito concedido, que avanzó un +19,6%, reflejando la combinación de alta demanda y mayor tamaño medio de las operaciones, ya que el importe medio creció un +10,1% hasta 174.132 euros. Por el lado del coste, el tipo medio se situó en 2,84%, lo que supone un descenso de 4 puntos básicos en el mes, lo que eleva el abaratamiento de la financiación en 13 puntos básicos en los últimos 12 meses. Una tendencia que previsiblemente comenzará a revertirse en los próximos meses tras el repunte de los tipos de interés interbancarios en las últimas semanas. Por tipología de hipoteca sigue liderando las realizadas a tipo fijo (63,8%), lo que indica una preferencia clara por cobertura frente a posibles repuntes de tipos. 

Por último, ayer en España conocimos que el precio de la vivienda subió un 14% en el primer trimestre del 2026, y alcanza un nuevo máximo histórico. De acuerdo con los datos del Ministerio de Vivienda, el precio de la vivienda se ha situado a cierre de 1T26 en 2.315 euros el metro cuadrado (+14% frente al 1T25), lo que supone un récord histórico en la serie estadística del Ministerio (elaborada desde 1995). Tras cerrar 2025 con un incremento del +13,1% frente al 2024, esta nueva subida de precios supone que el precio de la vivienda encadena 5 trimestres consecutivos por encima de los 2.000 euros el metro cuadrado. Si bien las subidas se producen de forma generalizada en todas las Comunidad Autónoma, cabe destacar los mayores incrementos, registrados en Cantabria (+17,4%), Comunidad Valenciana (+17,2%) y Madrid (+16,4), que se sitúa como la Comunidad Autónoma más cara, superando por primera vez los 4.000 eur/m2.

El crecimiento de los beneficios industriales en China se aceleró en Abril, aunque con un patrón sectorial desequilibrado. Los beneficios industriales registraron un crecimiento del +24,7% interanual en abril de 2026, acelerándose significativamente desde el +15,8% en marzo, lo que elevó el avance acumulado en los cuatro primeros meses del año hasta el +18,2%. Ahora bien, esta mejora de los beneficios estuvo concentrada en sectores vinculados a materias primas y tecnología.


Los inversores ya no pueden confiar en una red de seguridad monetaria. Mohamed El-Erian. Financial Times. Catedrático en Wharton School, asesor de Allianz y presidente de Gramercy.

Durante tres décadas, ha existido una inconsistencia recurrente entre los principios de política monetaria de los grandes bancos centrales y la práctica real cuando los mercados se desestabilizan.

Los banqueros centrales intentan mantener una distinción entre las ventas masivas de mercado, que deberían tolerarse, y las disfunciones del mercado que amenazan la estabilidad sistémica y exigen intervención.

Sin embargo, llegado el momento crítico, recurren a la intervención verbal y a medidas políticas, no solo para abordar el estrés sistémico real en el sistema financiero, sino también para revertir ventas masivas de acciones. Esto ha ocurrido incluso cuando el mercado funcionaba correctamente y la economía real subyacente era sólida, como en el cuarto trimestre de 2018.

Al hacerlo, los bancos centrales suelen dejar de lado las preocupaciones sobre el riesgo moral, las burbujas de activos y la mala asignación de recursos a nivel económico, priorizando la comodidad a corto plazo de una rápida recuperación del mercado.

Los gobiernos han actuado de forma parecida, poniendo en marcha enormes paquetes fiscales para proteger a los hogares y los balances de las empresas de las perturbaciones exógenas cada vez más frecuentes y violentas (como la crisis financiera, la pandemia y las consecuencias estanflacionarias de la invasión de Ucrania).

Para los inversores, esta situación estableció y reforzó una firme convicción en la “garantía de política monetaria”: la seguridad implícita de que las autoridades poseen voluntad y capacidad de protegerlos no solo de grandes pérdidas, sino también de una volatilidad inquietante. Esto ha condicionado enormemente la psicología del mercado, y muchos inversores consideran la volatilidad no como una señal de acontecimientos fundamentales, sino como una oportunidad de compra prácticamente automática. Esto explica por qué las ventas masivas de acciones en los últimos años han sido muy efímeras, independientemente del catalizador. La estrategia de “comprar en las caídas” se ha convertido en una estrategia de inversión dominante y muy rentable. Consideremos la rapidez con la que las acciones globales se recuperaron incluso después del impacto inicial de la guerra de Irán y las consiguientes interrupciones, aún vigentes, en las principales rutas energéticas y las cadenas de suministro. Los índices estadounidenses no solo repuntaron de forma espectacular, sino que, desde entonces, han alcanzado récords. Sin embargo, esta red de seguridad no debe darse por sentada. Los hechos sobre el terreno –encabezados por una inflación y tipos elevados durante un período prolongado, un alto endeudamiento y cambios estructurales en la economía global– señalan un endurecimiento de las restricciones tanto para las autoridades fiscales como monetarias, lo que compromete su capacidad para amortiguar futuras crisis financieras.

Aunque la voluntad de proteger los mercados puede mantenerse, la capacidad para hacerlo es menor. Los bancos centrales no pueden ignorar la crisis inflacionaria global. Igualmente preocupante es el aumento vertiginoso de las presiones sobre los precios de los oleoductos.

Esta realidad inflacionaria obliga a tomar una decisión crucial: estabilizar los activos financieros o proteger la credibilidad de las políticas a largo plazo. Además, existe el riesgo de acelerar la caída de la demanda en ciertas economías debido a los precios más altos, y no solo en el sector energético.

Recursos

En resumen, el margen para maniobras fiscales contracíclicas se ha evaporado en la mayoría de las economías avanzadas. El aumento de los costes de endeudamiento se traduce en un mayor gasto público en intereses, al tiempo que amenaza los ingresos fiscales al frenar el crecimiento. Esta vulnerabilidad fiscal ha despertado a los inversores que durante mucho tiempo habían permanecido inactivos en el mercado de deuda. Ya estamos presenciando su vuelta y su impacto en los mercados de deuda soberana más vulnerables del G7, sobre todo en Japón y Reino Unido. El panorama para muchas economías en desarrollo es aún más preocupante. En algunos casos, el uso de sus reservas fiscales para amortiguar las perturbaciones externas se agota, lo que aumenta la amenaza de una presión a la baja sobre el nivel de vida, la fuga de capitales y la inestabilidad monetaria.

La economía global se encuentra ahora inmersa en una inevitable y compleja recalibración estructural. Dado que las autoridades no pueden depender tanto de anteriores intervenciones, tendrán que recurrir a otras estrategias: aprovechar la adopción de la IA para mejorar la productividad laboral, movilizar una financiación profunda en los mercados, ejecutar una política fiscal inteligente e impulsar una mayor coordinación de las políticas internacionales.

Para los mercados, estas estrategias son inherentemente menos directas que una red de seguridad de la política monetaria. Por lo tanto, los inversores tendrán que convivir con una incertidumbre estructural más compleja durante un tiempo. Aunque una solución ordenada a la guerra en Oriente Próximo sería de gran ayuda, la economía global tardará en recuperar la flexibilidad política al que los mercados se han acostumbrado y en el que, de hecho, han confiado.


Irán está derrotando a Trump en el arte de la negociación. Gideon Rachman. Financial Times.

Lo peor que puedes hacer en una negociación es parecer desesperado por cerrarla. Eso hace que la otra parte huela la sangre, y entonces estás muerto. Lo mejor que puedes hacer es negociar desde la fuerza, y la ventaja es la mayor fortaleza que puedes tener”. Ese fue el principio que Donald Trump (o su escritor fantasma) expuso en El arte de la negociación, publicado en 1987. Quizás Trump debería haber releído su propio libro antes de publicar el 5 de abril: “Abrid el maldito estrecho, locos bastardos, o viviréis en el infierno”. Para el ojo inexperto, esa exigencia sonaba un tanto desesperada, sobre todo cuando Trump no cumplió sus amenazas de desatar una violencia infernal sobre Irán.

La cruda realidad es que, en las negociaciones para poner fin a la guerra, Teherán ha tenido la ventaja. El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán ejerció una intensa presión sobre la economía global. A medida que los precios de la gasolina han ido subiendo en Estados Unidos, la popularidad de Trump se ha desplomado.

El resultado es que, al momento de escribir este artículo, Estados Unidos parece dispuesto a aceptar un acuerdo que, a largo plazo, amenaza con dejar a Irán en una posición más fuerte que antes del inicio de la guerra.

La esencia del acuerdo que se está gestando radica en que Irán acepta abrir el estrecho sin cobrar peaje. A cambio, obtiene un alivio gradual de las sanciones, incluyendo la descongelación de miles de millones de dólares en activos. Irán se comprometerá a restringir su programa nuclear. Sin embargo, los detalles serán el punto a tratar en futuras negociaciones, por lo que este asunto queda, en esencia, sin resolver.

Sin prisa

Trump ha insistido en que no tiene prisa y que jamás aceptaría un mal acuerdo. Pero la reacción de los republicanos más belicistas ante el acuerdo fue reveladora. El senador Ted Cruz sugirió que podría ser un “error desastroso” porque permitiría a Irán “enriquecer uranio y desarrollar armas nucleares, además de tener el control efectivo del estrecho de Ormuz”. El senador Roger Wicker, presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, advirtió que el acuerdo “no valdría ni el papel en el que está escrito”.

El Gobierno israelí, que desempeñó un papel crucial a la hora de persuadir a Trump para que entrase en guerra, se mostrará diplomático ante cualquier acuerdo en público, sobre todo porque Benjamin Netanyahu pronto deberá enfrentarse al electorado. Pero la realidad es que el líder israelí presentó la guerra como una oportunidad única para lograr un cambio de régimen en Irán. Ahora ve cómo el conflicto puede cerrarse con el régimen iraní aún en el poder, más confiado, más intransigente y con nuevos recursos financieros para reconstruir su programa nuclear y su red de aliados en todo Oriente Próximo.

Eli Groner, ex director general de la oficina de Netanyahu, sostiene que saber que Irán puede cerrar el estrecho de Ormuz en cualquier momento en el futuro “es una victoria mucho más profunda y estratégica que cualquier logro militar”. Su resumen en una sola palabra es: “Desastre”.

Además de aliviar potencialmente la precaria situación financiera y económica de la república islámica, es probable que el acuerdo incline la balanza de poder regional a favor de Irán.

Como observó Dan Shapiro, exembajador de Estados Unidos en Israel, en X: “Irán ha obtenido una ventaja significativa para el futuro al demostrar que puede controlar el estrecho, atacando a sus vecinos y las bases estadounidenses en la región y causando daños considerables, y al recibir los ataques más duros de Estados Unidos e Israel y sobrevivir”. Shapiro cree que, sin embargo, Trump está tan acorralado que aceptar un mal acuerdo que abra el estrecho sería una mejor opción que continuar la guerra. Dados los crecientes riesgos de una crisis energética mundial y una recesión global, este cálculo es comprensible. Estados Unidos también tiene recuerdos recientes de guerras –como las de Vietnam y Afganistán– que se prolongaron demasiado, mientras luchaba en vano por mejorar una posición perdedora.

Sin alternativa

Si Trump acepta un mal acuerdo, será porque no tiene una alternativa viable. La propuesta del senador Wicker era “permitir que las hábiles fuerzas armadas estadounidenses completen la destrucción de las capacidades militares convencionales de Irán y luego reabrir el Estrecho”.

Pero un intento de asegurar el Estrecho por medios militares probablemente habría requerido el despliegue de tropas terrestres y la aceptación de numerosas bajas estadounidenses. Incluso entonces, los iraníes habrían podido amenazar el tránsito marítimo con drones o misiles.

Las amenazas ocasionales de Trump de desatar un “infierno” sobre el régimen iraní carecían de credibilidad, debido a su evidente reticencia a involucrarse en una guerra terrestre y al peligro de represalias iraníes contra los estados del Golfo Pérsico y su infraestructura energética. En la jerga de los analistas militares, la vulnerabilidad del Golfo otorgaba a Irán una “superioridad en la escalada”.

El presidente estadounidense –quien se compara obsesivamente con el expresidente Barack Obama– solía ridiculizar el acuerdo nuclear que la Administración Obama alcanzó con Irán en 2015. Trump lo ha calificado como “una de las peores transacciones y más unilaterales que Estados Unidos haya firmado jamás” y ha declarado: “Jamás en mi vida he visto una transacción negociada con tanta incompetencia como nuestro acuerdo con Irán”.

Pero ahora el propio Trump está negociando un acuerdo que, en muchos aspectos, parece peor que el que negoció Obama, en parte debido a la latente certeza de que Irán aún puede cerrar el estrecho de Ormuz cuando quiera. Es todo un logro del maestro del arte de la negociación.


¿Cuánta inmigración puede aceptar España? Ignacio de la Torre es socio y economista jefe de Arcano Partners.

Los relatos de viajeros que conocieron el antiguo oráculo de Delfos en Grecia cuentan que en su frontispicio figuraba la inscripción mêden agan, que quiere decir «nada en exceso». El mensaje del oráculo pretendía impulsar el autoconocimiento como vía para intentar limitar los excesos que podían llevarnos a la perdición a través de la hubris o vanagloria, actitud que provocaba, según la tradición griega, la caída en desgracia. 

La vivienda y la inmigración son dos de los problemas que más preocupan a los españoles, según el CIS. Ambos están relacionados. En esta columna intento analizar el cuánto y el cómo de los flujos migratorios. Por «cuánto» entiendo una proporción de inmigración que pueda ser sostenible: el entender si nos hemos excedido. Por «cómo», el tipo de inmigración y el proceso de toma de decisiones. 

Aunque el PIB español haya crecido con fuerza desde el COVID, el crecimiento por habitante ha sido mucho menor. Ello se debe en parte a un modelo basado en aumentar el número de ocupados vía inmigración más que la productividad por empleado. Además, la escasa mejora de renta por habitante no se ha traducido en un incremento del salario ajustado por inflación, variable que ha caído un 1% desde la pandemia debido a la subida de las cotizaciones y del impuesto sobre la renta en los últimos años. Por lo tanto, aunque algunos responsables políticos describan la economía como un éxito, la realidad es que la situación económica de una familia media ha empeorado. El crecimiento se ha sustentado sobre todo en la inmigración, de ahí que se requiera un debate sobre su cuantía. 

Conviene recordar que hace veinticinco años solo uno de cada veinte residentes en España no había nacido en España. Hoy la cifra asciende a uno de cada cinco. Los flujos migratorios se pueden medir en proporción a la población total de un país. La mayoría de las naciones occidentales admiten flujos migratorios anuales que oscilan entre un 0,2% y un 0,6% de su población. La razón es compensar la caída de población activa que se genera porque el crecimiento vegetativo (jóvenes que entran en la fuerza laboral frente a mayores que se jubilan) es negativo debido a los exiguos niveles de natalidad. De aceptar flujos migratorios medios de otros vecinos occidentales (0,4%), una nación con unos cincuenta millones de habitantes como España debería admitir unos 200.000 inmigrantes al año. Sin embargo, las entradas medias anuales de extranjeros de los últimos tres años rondan los 665.000, es decir un 1,4% de la población, un crecimiento migratorio tres veces superior al de nuestros vecinos

Admitir flujos migratorios tan elevados conlleva la ventaja ya expuesta de que, si la demanda de trabajo no se satisface con la oferta local, la inmigración genera más crecimiento económico, algo que por ejemplo sirve para pagar las pensiones actuales (aunque los inmigrantes devengarán por supuesto una pensión futura, así como gastos médicos y educativos, lo que genera también un pasivo) o reducir el déficit fiscal. Sin embargo, un aumento súbito de población en un país que apenas construye vivienda genera un efecto indeseado: la demanda de casas se acelera mientras la oferta sigue siendo muy baja y, por lo tanto, los precios suben estrepitosamente. Así, en circunstancias de bajo crecimiento poblacional, un país occidental necesita construir unas cuatro casas por cada mil habitantes al año, más si la población crece a un ritmo elevado, como es el caso de España. Pues bien, nuestro país lleva doce años construyendo dos casas por mil habitantes al año, lo que explica el déficit acumulado de 700.000 unidades, y también que los precios de la vivienda suban más del doble que en Europa. El resultado es que un 9% de nuestros habitantes viven en situación de hacinamiento, según el INE. De este modo, se enlazan dos de las principales preocupaciones de los españoles. La inmigración no es la única causa del deterioro del acceso a la vivienda, pero sí amplifica un desequilibrio estructural entre oferta escasa y demanda acelerada. Por otro lado, no se pueden admitir flujos migratorios intensos si no se invierte en mayor infraestructura sanitaria y educativa. Las listas de espera médicas no hacen más que aumentar, y la calidad de la educación se resiente. 

Si nos centramos en el «cómo», creo que decisiones tan trascendentes como el volumen de inmigración que un país está dispuesto a aceptar deberían regirse por un elemental mecanismo democrático. Si un partido político cree que es necesario acelerar la inmigración, debería exponerlo en su programa y en sus mítines, y viceversa. En última instancia, la política que se quiera aplicar debería ser debatida y aprobada por las Cortes. Al no haberse hecho así, se genera, en mi opinión, un déficit de decisión ciudadana en un tema de absoluta trascendencia, lo que incrementa el desapego de la ciudadanía hacia el sistema democrático. Como contraste, los suizos votarán en junio si limitar la población a diez millones. Por otro lado, en el marco de una unidad económica como la UE, no parece muy sostenible admitir flujos migratorios ilegales significativamente superiores a los de nuestros vecinos para luego regularizarlos, cuando estas decisiones nos afectan a todos. Finalmente, creo que, una vez se haya debatido un nivel aceptable de inmigración, debemos cualificar el tipo de trabajadores que necesitamos, en vez de aplicar una política indiscriminada de aceptación. 

Toda política migratoria sostenible depende de la capacidad de absorción económica, institucional y residencial de un país. Es indudable que un inmigrante tiene derecho a aspirar a una vida mejor, y que países solidarios como el nuestro que han sido emisores de emigrantes en el pasado pueden mantener una disposición de acogida. La pregunta es cuánto y cómo. En mi opinión, tal y como advertía el oráculo, nos hemos excedido en ambos.


¡Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 22 de Mayo del 2026.

Empezamos la semana con bolsas corrigiendo y rentabilidades de los bonos subiendo fuerte ante la falta de avances para la reapertura del Estrecho de Ormuz, la ausencia de señales concretas sobre este asunto en la reunión entre Trump y Xi y unos datos de inflación por encima de lo esperado que alimenta las expectativas de que los Bancos Centrales empiecen a subir tipos. El precio del petróleo se situaba por encima de los 110 dólares el barril a comienzo de semana, pero el miércoles Trump insistió, nuevamente, en que Estados Unidos estaba cerca de lograr un acuerdo con Irán, lo cual sirvió para que el precio del petróleo Brent registrara caídas de hasta un 6%, hasta los 105 dólares por barril, donde cotiza actualmente, y que las bolsas subiesen con fuerza. Continuando con esta dinámica optimista ayer tuvimos declaraciones del Secretario de Estado americano, Marco Rubio, sobre “buenas señales para alcanzar un acuerdo con Irán”, que podría anunciarse hoy mismo, con el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores iraní, Esmail Baqai, admitiendo que están «examinando» una nueva propuesta estadounidense. Veremos qué ocurre con las líneas rojas de ambas partes, futuro del programa nuclear, destino de las reservas de uranio enriquecido (que ayer Trump anunciaba que irían a parar a Estados Unidos), situación del Estrecho de Ormuz… Ayer se apuntó a conversaciones entre Irán y Omán para establecer un sistema de peaje permanente que formalice su control sobre el tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz, lo que va en contra de la libre circulación marítima que defiende Estados Unidos. El mercado que recoge de forma positiva un “inminente” acuerdo de paz, cuando apenas un día antes todo apuntaba a un aumento de las tensiones en un entorno de tregua frágil, con posturas que parecían encontrarse muy distanciadas y con ambos países dispuestos a volver a las hostilidades. Esta semana el Senado americano ha dado luz verde por primera vez a una resolución para limitar la capacidad Trump sobre decisiones militares contra Irán sin autorización expresa del Congreso. La propuesta, presentada por el senador demócrata Tim Kaine, logró salir adelante gracias al apoyo de varios republicanos que rompieron con la línea oficial de su partido, aunque el texto aún debe superar nuevos pasos legislativos y podría acabar siendo vetado por la Casa Blanca.

Entre el 11 y el 17 de Mayo transitaron 54 barcos por el estrecho de Ormuz frente a los 25 de la semana anterior:

En cuanto a la reunión entre Estados Unidos y China del fin de semana pasado hubo pocas conclusiones o acuerdos concretos después de las expectativas que se habían generado. En los comunicados de ambos países se incluyen referencias generales, pero sin detalles ni planes de acción concretos:

•  Estados Unidos afirmó que China abordaría la escasez de suministro de tierras raras y otros minerales críticos, mientras que el gobierno chino no se pronunció al respecto. 

•  Ambos países coincidieron en que Irán no puede tener un arma nuclear, pidieron reabrir el estrecho de Ormuz y acordaron que ningún país u organización debe poder cobrar peajes.

•  La cuestión de Taiwán ni siquiera se mencionó. 

Esta semana el movimiento más llamativo ha sido en la Renta Fija con las rentabilidades de la renta fija soberana global a 10 años cerca del 5%, su nivel más alto desde el 2004. Las curvas de gobierno a nivel global continúan registrando considerables ventas, con las rentabilidades alcanzando nuevos máximos en prácticamente todos los tramos. El movimiento está siendo especialmente intenso en los vencimientos ultra largos, donde la rentabilidad del bono americano a 30 años alcanzó niveles no vistos desde 2007, mientras que el bono japonés a 30 años se consolida por encima del 4%, superando máximos históricos. En Europa, la deuda alemana también siguió tensionándose por efecto contagio, aunque el movimiento continuó estando liderado por Estados Unidos y Japón.

Continúa la crisis política en Reino Unido, el Primer Ministro, Starmer, se enfrenta a una grave crisis de liderazgo que ha puesto en peligro su mandato, casi 100 diputados laboristas han pedido su dimisión tras los desastrosos resultados de las elecciones locales. Su portavoz confirmó el lunes que Starmer no fijará un plazo para su dimisión y que seguirá gobernando. Curiosamente la crisis de liderazgo aviva el debate sobre la reversión del BrexitWes Streeting, antiguo Secretario de Estado de Salud, que se perfila como posible rival, y este se ha posicionado a favor de volver al bloque europeo. La situación es mala para la libra por dos razones, en primer lugar, la incertidumbre política rara vez beneficia a una moneda y, en segundo lugar, actualmente no está claro qué políticas pretenden implementar los posibles sucesores. El presupuesto de noviembre pasado preveía un aumento del gasto a corto plazo mientras posponía los incrementos de ingresos hasta los últimos años del mandato legislativo. Un nuevo primer ministro podría tener ideas diferentes, lo que reavivaría las preocupaciones fiscales. Tras todo este escenario, la libra sufría la semana pasada el peor comportamiento cayendo un 1% tras el comportamiento de los bonos, donde el bono a 30 años se disparaba hasta 5,82%, el nivel más alto desde 1998, y el bono a 10 años hasta el 5,147%, su mayor rentabilidad desde el 2008, aunque en estas dos sesiones ha vuelto ligeramente por debajo del 5%.

Rentabilidad del Bono a 10 años británico durante los últimos 5 años:

Muchos analistas que temen una seria corrección de los mercados señalan como catalizador lo que está sucediendo en el mercado de deuda. Dentro de la renta fija, la tradicional referencia de los bonos públicos a 10 años ha sido sustituida ahora por los títulos a 30 años, cuyo coste está disparado en muchos países occidentales por el temor a un fuerte repunte de la inflación y del déficit público por los efectos de la guerra en Irán. En Estados Unidos, la deuda a 30 años supera una rentabilidad anual del 5%, llegando a cotizar al 5,18% esta semana, por encima incluso del nivel que marcó el año pasado tras el anuncio de agresivos aranceles por parte del presidente Donald Trump en el llamado Día de la Liberación. Entonces, el repunte de la deuda fue una de las razones por la que la Casa Blanca moderó su afán proteccionista. Ahora, el Tesoro americano ve la situación más relajada, quizá porque son otros países los que sufren más castigo con mayores repuntes de sus intereses sobre la deuda. El coste de la deuda británica y japonesa a 30 años sube cerca de 65 puntos básicos en lo que va de año. La subida del coste de la deuda a largo plazo implica que el mercado considera que la inflación puede ser persistente, lo que ralentizará el crecimiento y obligará a más gasto fiscal, confluyendo todo ello en un mayor déficit. De ahí que los inversores demanden una mayor prima de riesgo por comprar esos títulos. La gran pregunta para los inversores bursátiles es cuál es el nivel de coste de la deuda a partir del cual sufren las cotizadas, por el aumento de los costes de financiación. El 5% es un nivel clave, pero más en los bonos a 10 años, donde el Tesoro estadounidense paga ahora un 4,6%. Según los analistas de Barclays, la deuda a 30 años podría llegar al 5,5%, terreno en el que podría haber tensiones para el conjunto de los mercados. Pero más importante que el nivel absoluto de la deuda puede ser el diferencial con los tipos a corto y la violencia de los cambios. De momento, no hay un movimiento desordenado.

Rentabilidad del Bono a 30 americano durante los últimos 5 años:

Una medida que sirve para determinar que la Bolsa americana está cara es el diferencial entre las rentabilidades de los beneficios de las compañías americanas frente a la rentabilidad del bono a 10 años, que está en -115 puntos básicos, mínimos desde el 2022. Es verdad que mientras sigamos viendo resultados trimestrales como los últimos, con mucha fortaleza en el crecimiento de ingresos (sobre todo en los sectores vinculados a la IA) parece que al mercado no le importa los múltiplos de valoración… En el primer Trimestre del 2026 hemos visto el mayor crecimiento en ingresos trimestrales desde 2022. Las revisiones de beneficios han sido muy potentes, a principios de 2026 las expectativas de crecimiento en Beneficio por Acción del S&P 500 para el primer trimestre del año era del 8%, y el publicado ha sido del 11,4%, lo que supone el mayor crecimiento de beneficios del S&P 500 sólo por detrás el 2T2022 (+13,9%) (S&P 500 Reporting Highest Revenue Growth Since 2022).

S&P 500 earnings yield – US 10Y yield

La correlación a 2 meses entre la Bolsa americana y las rentabilidades de los bonos del Tesoro a 10 años se ha vuelto la más negativa desde finales de la década de 1990. Es cierto que últimamente las Bolsas se están guiando más por las noticias y movimientos geopolíticos, o los movimientos de los precios del petróleo en estas últimas semanas, con lo que está generando que se rompan algunas correlaciones históricas, aunque creemos que será algo temporal.

El miércoles, con el mercado cerrado, publicó sus resultados Nvidia, que no sorprendieron al mercado, parece que ya se ha normalizado unos números que siguen siendo absolutamente extraordinarios. Nvidia se ha convertido en la empresa con mayores beneficios trimestrales del S&P 500 en algo más de cuatro años (58.300 millones de dólares), una cifra que equivale a un 20% más que el beneficio agregado obtenido en el mismo periodo por todo el sector inmobiliario cotizado del S&P 500 según los analistas de Banca March. Además, tras tres años de crecimientos a doble dígito, el ritmo de expansión de los ingresos no solo se mantiene, sino que vuelve a acelerarse, con un avance del +85%, y los beneficios crecieron un 211%!!! El margen Neto de Nvidia se situó en el 71%, además la compañía anunció que espera lanzar los chips de última generación Vera Rubin en la segunda mitad del año.

El peso de Nvidia en el índice S&P 500 es de un 8%, nunca una empresa había tenido un peso tan alto en el índice:

Siguiendo con noticias corporativas, SpaceX presentó esta semana su folleto ante la SEC de cara a su próxima salida a bolsa, la cual se estima de forma preliminar para el 12 de junio. SpaceX ha arrancado el año de su salida a Bolsa disparando sus pérdidas netas en el primer trimestre un 710% interanual, hasta 4.276 millones de dólares, lastrada por su negocio de inteligencia artificial. El grupo de Elon Musk registró unos ingresos de 4.690 millones de dólares en el periodo, un 15% más, según desvela en el folleto de su oferta pública de venta de acciones (OPV). El negocio de IA lastra las cuentas de SpaceX, que registró ingresos de 18.674 millones de dólares en 2025, un 33% más, pero se anotó pérdidas netas de 4.937 millones de dólares. La compañía reportó un ebitda ajustado de 6.584 millones de dólares. Starlink, con 10,3 millones de abonados a su servicio de Internet por satélite, es la única división rentable. El negocio aportó 11.387 millones de dólares de ingresos en 2025, un 50% más, y un beneficio operativo de 4.423 millones de dólares, más del doble que el año anterior. Sin embargo, las pérdidas en IA se multiplicaron por más de cuatro el último año, hasta 6.355 millones de dólares, debido a las altas inversiones en infraestructura para IA. xAI, que también incluye la red social X, ingresó 3.201 millones de dólares, de los que el 57% fueron publicidad. Musk, que controla el 85% del poder de voto, fusionó su negocio aereospacial SpaceX con xAI en febrero de cara a la salida a Bolsa. La compañía busca ahora monetizar su infraestructura de IA alquilando capacidad de cómputo. Su primer gran cliente, Anthropic, pagará 15.000 millones de dólares anuales hasta 2029. El folleto aún no recoge el número de acciones a la venta ni el rango de precios. Según ha trascendido, SpaceX –que cotizará con el ticker SPCX– busca captar 75.000 millones de dólares con una valoración de 1,75 billones en la mayor salida a Bolsa de la historia.

Además, según el Wall Street Journal, tras la resolución del enfrentamiento judicial entre Altman y Musk, OpenAI estaría preparando también el siguiente paso hacia su salida a bolsa. Si se suman las valoraciones potenciales de SpaceX, OpenAI y Anthropic, el volumen de OPVs podría situarse fácilmente entre 3 y 4 billones de dólares en los próximos doce meses, lo que representaría aproximadamente un 7% de la capitalización total del S&P 500.

El consenso de analistas espera un crecimiento de beneficios para el largo plazo (5 años de estimación) muy alto, la media de los últimos 40 años es un crecimiento del 12,7% y actualmente está en el 21,2%:

En los últimos trimestres el diferencial de crecimiento de ingresos entre las 7 Magníficas y las otras 493 compañías del S&P 500 se había estrechado, pero en este primer trimestre del 2026 se ha vuelto a ampliar con los 7 Magníficos publicando el mayor crecimiento trimestral en ingresos desde el segundo trimestre del 2021. (“Mag 7” and Other 493 S&P 500 Companies Are Reporting Highest Earnings Growth Since 2021).

Las grandes gestoras de fondos han aumentado su exposición a las acciones al mayor ritmo que han hecho nunca, según se desprende de la última encuesta de gestores de Bank of America (BofA). La confianza de los inversores repunta hasta alcanzar su nivel más alto de los últimos tres meses. Esto se ha traducido en una fuerte asignación de los grandes gestores a la renta variable, que ha pasado del 13% de la encuesta anterior al 50% actual (la asignación más alta desde enero de 2022). Este rápido crecimiento supera el anterior récord que databa de 2019.

Los gestores han rotado su exposición a renta variable hacia Estados Unidos a un ritmo también récord. Esta rotación está impulsada por unos mejores beneficios empresariales, la narrativa de la IA y la fortaleza macroeconómica de Estados Unidos. Mientras, los encuestados han reducido su exposición al efectivo, bonos y acciones de Europa y Reino Unido. Los semiconductores continúan siendo el sector preferido de los gestores y el 73% de los inversores ha realizado posiciones alcistas en este sector, frente al 24% de la encuesta de abril. El 14% también tiene posiciones largas en las conocidas como ‘Las Siete Magníficas’. Los inversores no sobreponderaban tanto a la tecnología desde febrero de 2024. Un 34% cree, sin embargo, que el gasto de capital de los hiperescaladores de IA sería la principal causa de un evento crediticio. En general, los gestores han aumentado su sobreponderación a los sectores cíclicos (tecnología e industria) frente a sectores defensivos (salud y productos básicos). La diferencia de asignación entre ambos sectores es la más alta desde enero de 2018.

Esta fuerte asignación se traduce también en un recorte significativo de los niveles de efectivo, que se sitúan en el 3,9% en abril (frente al 4,3% del mes anterior). Esta caída del efectivo es la mayor contracción mensual desde febrero de 2024. Sin embargo, BofA advierte que un nivel de efectivo por parte de los gestores igual o inferior al 4% activa una señal de venta. Es más, muchos analistas señalan que la capitulación alcista está casi completa y subrayan que principios de junio es el momento propicio para la toma de ganancias en los activos. Los rendimientos de los bonos determinarán el grado de retroceso de los mercados. Mientras el optimismo regresa a la renta variable, el pesimismo continúa en el mercado de renta fija. Los gestores han reducido su asignación a bonos hasta alcanzar una infraponderación neta del 44%, la mayor desde junio de 2022. Con todas las miradas puestas en los tramos de mayor duración, el 62% de los grandes inversores ven al bono de Estados Unidos a 30 años por encima del 6% de rentabilidad. Este pesimismo en la renta fija se sustenta en la visión macroeconómica de los encuestados para los próximos meses. Para el 40% de los inversores, el mayor riesgo al que se enfrentan los mercados es una segunda ola de inflación y el 66% espera una inflación mundial más alta este año. Este porcentaje ha aumentado desde el 26% del mes anterior. Pese a estas expectativas de inflación más altas, el 50% de los gestores aún cree que la Reserva Federal recortará los tipos de interés en los próximos 12 meses. Solo un 16% espera que el organismo americano los aumente. El otro 16% restante cree que la Fed mantendrá su política monetaria sin cambios.

Importante esta semana:

Las actas de la última reunión de la Reserva Federal americana, publicadas esta semana, evidencian una notable preocupación en la Fed ante las presiones inflacionistas, abriendo la puerta a una subida de los tipos de interés si la inflación se mantiene de forma persistente sobre el objetivo del 2%.

Diversas fuentes citadas por Reuters señalaron ayer que dentro del BCE la subida de tipos en junio estaría prácticamente decidida, dado que la evolución reciente de la inflación se estaría aproximando más al escenario adverso manejado por la institución. No obstante, las mismas fuentes apuntan a que el Consejo de Gobierno preferiría evitar comprometerse explícitamente con nuevas subidas posteriores, optando probablemente por esperar a disponer de las nuevas proyecciones macroeconómicas de septiembre.

La OTAN está valorando la posibilidad de escoltar a los buques que atraviesan el estrecho de Ormuz en caso de que el bloqueo se prolongue hasta julio. Sin embargo, los miembros de la organización aún no cuentan con el consenso necesario para adoptar esta medida, por lo que volverán a reunirse los días 7 y 8 de julio. No obstante, se trata de una iniciativa que llega con cierto retraso, ya que cabe esperar que el conflicto se resuelva antes. De no ser así, su implementación podría resultar insuficiente para evitar un deterioro significativo de las economías. Los últimos datos indican que actualmente solo transita por el estrecho aproximadamente el 1% del tráfico marítimo habitual. Por otro lado, una coalición encabezada por Francia y el Reino Unido está desarrollando un plan alternativo para garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz, siempre condicionado al cese de los combates. 

China acordó comprar 17.000 millones de dólares anuales en alimentos estadounidenses durante tres años y ambas partes pactaron reducir aranceles sobre determinados productos. Además, el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, afirmó que Washington formalizará conversaciones con China sobre aranceles y restricciones a las exportaciones.

Kevin Warsh será oficialmente nombrado hoy para su nuevo cargo dentro de la Reserva Federal.

Según el Financial Times este martes, Xi Jinping habría trasladado a Trump que Putin podría terminar arrepintiéndose de haber iniciado la invasión de Ucrania.

La Unión Europea habría finalizado ya el texto definitivo del acuerdo comercial con EEUU, allanando el camino para su ratificación antes de la fecha límite de 4 de julio fijada por Trump.

Un estudio del Centre for European Reform sostiene que Alemania es el “epicentro” de un nuevo “Shock de China 2.0”. Este estudio traslada la idea de que Europa, y especialmente Alemania, podría enfrentarse a una nueva ola de competencia china similar a la que sufrió la industria manufacturera occidental en los años 2000 tras la entrada de China en la OMC. Pero ahora el problema no sería tanto textil o manufactura básica, sino sectores de alto valor añadido donde Alemania era dominante como la automoción, maquinaria industrial y tecnologías verdes.

Según el Financial Times, el gobierno británico estaría pidiendo a los supermercados que limiten voluntariamente algunos precios de alimentos a cambio de flexibilizar ciertas regulaciones. Por otra parte, Reino Unido relajó sanciones sobre combustibles derivados de crudo ruso.

Un funcionario del Ministerio de Finanzas japonés afirmó que Tokio es consciente de los riesgos que implicaría vender deuda estadounidense como parte de posibles intervenciones cambiarias para apoyar al yen. Al mismo tiempo, los datos de marzo mostraron una caída de 138.000 millones de dólares en las tenencias extranjeras de deuda pública estadounidense, con las posiciones chinas descendiendo hasta su nivel más bajo desde 2008. Diversas fuentes citadas por Reuters señalan que el Banco de Japón no descarta ralentizar o incluso pausar temporalmente la reducción de compras de bonos soberanos japoneses. La noticia es importante porque muestra que el fuerte repunte reciente de las Rentabilidades de la deuda japonesa empieza a generar preocupación sobre la estabilidad del mercado

En el lado macroeconómico este martes se publicaron en Estados Unidos las ventas pendientes de viviendas que repuntaron en abril y dan señales de ligera reactivación. Las cifras publicadas muestran un avance del +1,4% mensual, lo que elevó hasta el +3,3% interanual el avance de las ventas, alcanzando su mayor ritmo desde noviembre de 2024.

Ayer conocimos el PMI composite preliminar de mayo del conjunto de la zona euro que registró un deterioro significativamente más intenso de lo esperado, al descender desde 48,8 hasta 47,5, frente a un consenso que anticipaba una referencia más próxima a estabilizarse. De esta forma, el indicador se situó en mínimos de los últimos treinta y un meses, consolidando la señal de contracción de la actividad en el segundo trimestre y apuntando a una desaceleración cada vez más profunda del crecimiento europeo. Por sectores, el deterioro volvió a concentrarse principalmente en los servicios, donde la referencia cayó desde 47,6 hasta 46,4, alcanzando su nivel más bajo desde febrero de 2021. Por su parte, el sector manufacturero mostró una mayor resistencia relativa, aunque también decepcionó frente a las expectativas, al descender desde 52,2 hasta 51,4 también por debajo del 51,8 estimado), además el componente de producción se moderó desde 52,3 hasta 51,0. Así, aunque la industria continúa beneficiándose parcialmente del proceso de acumulación preventiva de inventarios y de cierta recomposición de cadenas de suministro, el deterioro de la demanda empieza también a trasladarse de forma más visible al sector manufacturero. Por geografías, Francia volvió a mostrar el peor comportamiento relativo, registrando una caída especialmente acusada de la actividad y deteriorando además sus perspectivas empresariales hasta terreno claramente pesimista. Alemania también permaneció en zona de contracción, aunque con cierta mejora relativa del sentimiento manufacturero a futuro. En conjunto, el informe vuelve a reflejar el complejo escenario al que se enfrenta el BCE, donde el deterioro cada vez más evidente de la actividad económica convive simultáneamente con un nuevo repunte de las presiones inflacionistas derivadas del shock energético.

Siguiendo en la zona euro se publicaba, también el martes, los datos de balanza comercial en los que se refleja un freno en su superávit comercial, los mayores costes energéticos y un menor dinamismo de las exportaciones han pesado en el saldo comercial, que ha sufrido las consecuencias directas del endurecimiento de la política comercial estadounidense y la creciente competitividad desde China. En marzo, las exportaciones europeas se redujeron en 28.200 millones de euros frente al mismo mes del año pasado. Este descenso de las ventas se explicó en más del 90% por la caída de los envíos a Estados Unidos, que en este mes concreto han estado afectadas por el efecto base. Sin embargo, y aunque son datos nominales, lo cierto es que las exportaciones europeas en marzo totalizaron 9.900 millones de euros, un dato considerablemente inferior a la media mensual de 14.800 millones de euros de envíos que se registraban en 2024, que fue el año previo al segundo mandato de Trump. Además, las mayores necesidades energéticas de la región han favorecido que las importaciones europeas desde Estados Unidos se hayan acelerado (+1,1% interanual), lo que minora el habitual superávit comercial de la región. En cuanto a la relación comercial con China, se agravó el desequilibrio, con un déficit que se amplió en marzo hasta los 25.900 millones de euros, superando ampliamente la media mensual de 21.300 millones del año anterior.

A nivel nacional, también se publicaron datos del sector exterior español y, aunque sigue mostrando un mayor desequilibrio que la zona euro en su conjunto, el desempeño agregado del 1T26 fue algo más benigno, de hecho, España redujo el déficit comercial acumulado en el periodo en 3.422 millones de euros hasta totalizar un saldo negativo de -11.677 millones, un comportamiento explicado principalmente por el aumento de las exportaciones no-energéticas.

Los PMIs preliminares de mayo en Japón mostraron un deterioro de la actividad económica ya que pasaron de 52,2 a 51,1, mientras que la balanza comercial ajustada estacionalmente sorprendió positivamente al registrar superávit, favorecida por la depreciación acumulada del yen y cierta moderación reciente de las importaciones energéticas.

La Comisión Europea hizo ayer públicas las cifras de su habitual ejercicio de análisis, una actualización especialmente vigilada porque por primera vez recoge el impacto de la crisis de Oriente Próximo sobre la economía del bloque comunitario. Pese a ello, la institución sorprendió al revisar al alza el crecimiento de España para este año en una décima. Esto supone que, de cumplirse las estimaciones, la economía española avanzaría un 2,4% frente al 2,3% publicado la última vez que el Ejecutivo comunitario actualizó sus proyecciones macroeconómicas, en otoño del pasado año. Según detalla la Comisión Europea, el crecimiento está favorecido por un fuerte efecto de arrastre de la actividad económica a finales de 2025, un impulso que se modera después y que lleva el crecimiento de 2027 más bajo y recortado en una décima respecto a las previsiones de otoño. La Comisión indica que el país se beneficia del fuerte descenso del desempleo, que por primera vez desde 2008 caería por debajo de la cota del 10%. Además, mantiene la expectativa de que la deuda pública caiga por debajo del 100% del PIB por primera vez desde 2019 al situarse en el escenario base en el 99,6%. “La alta penetración de energías renovables en la Península Ibérica actúa como un amortiguador, haciendo que los precios eléctricos dependan menos de las fluctuaciones de los combustibles fósiles en comparación con la media europea”, asegura la Comisión. De hecho, Bruselas destaca que, en lo que va de 2026, el gas fija el precio marginal de la electricidad en España solo el 15% de las horas, una cifra muy inferior a países como Italia (casi 90%) o Alemania (40%). En general, la mayoría de los países grandes de la UE se encuentran fuera del top 10 para 2026, Francia proyecta un crecimiento del 0,8%, Alemania, un 0,6%; e Italia, un 0,5%. El mayor riesgo para la economía española, de hecho, viene del exterior, según Bruselas. Una desaceleración más fuerte de lo esperado del resto de países de la Unión Europea podría generar un efecto contagio en el dinamismo español a través de uno de sus grandes pilares como es el turismo. En lo que respecta a la inflación, se proyecta que la cifra aumente hasta el 3%. Esto supone una revisión al alza significativa de nada menos que un punto porcentual frente a lo previsto en otoño.

La Comisión Europea avanza una desaceleración del crecimiento de apenas tres décimas para el año 2026 en Europa, este ajuste llevaría al conjunto de la Unión Europea a crecer un 1,1% este año, frente al 1,4% que se había previsto en otoño de 2025.


España crece, pero necesita cambios estructurales. Rafael Pampillón. Universidad CEU San Pablo e IE Business School.

España crece. Y eso, en la Europa actual, ya es una buena noticia. Pero quizá la cuestión más importante no sea cuánto está creciendo la economía española, sino el tipo de mundo en el que tendrá que seguir creciendo durante los próximos años.

Porque el entorno internacional no es el que se esperaba en Europa y en España hace unos años. Ahora la globalización se fragmenta cada vez más, la energía vuelve a utilizarse como arma geopolítica, las cadenas de suministro vuelven a sufrir cambios y la tecnología se ha convertido, cada vez más, en una herramienta de poder económico, industrial y militar.

El mundo ha entrado en una nueva era. Y eso cambia muchas cosas para países como España.

La economía española cerró 2025 con un crecimiento del 2,8%. Y en 2026 continúa, por ahora, en terreno positivo. A primera vista, los datos parecen razonablemente buenos, sobre todo comparados con el estancamiento que domina en buena parte de Europa.

Pero España sigue arrastrando problemas estructurales importantes: escasez de vivienda, baja productividad, salarios reales estancados, elevado déficit tecnológico, reducción de las exportaciones de mercancías y una creciente dependencia de sectores muy sensibles al ciclo internacional.

Además, nuestro país debe enfrentarse a un entorno internacional completamente distinto. Durante años, la economía mundial funcionó bajo una lógica relativamente sencilla: producir donde era más barato, financiarse donde el dinero abundaba y vender en un mercado global integrado. La eficiencia era la prioridad casi absoluta.

Hoy pesan mucho más la autonomía estratégica, el avance tecnológico o la seguridad energética. El World Economic Forum sitúa la confrontación geoeconómica como el principal riesgo global en el corto plazo. El FMI advierte de que la tensión en Oriente Próximo está aumentando los precios energéticos. Como consecuencia, la inflación crece a la vez que se endurecen las condiciones financieras y se debilita el crecimiento mundial. Y, finalmente, la presidencia de Trump ha introducido una enorme dosis de volatilidad comercial y estratégica.

Europa entra además en esta nueva era con debilidades evidentes. La UE crece poco, sigue siendo extremadamente vulnerable a los elevados precios energéticos, y mantiene retrasos importantes en innovación, digitalización, tamaño empresarial y productividad.

Europa tiene mercado, universidades, talento y una de las mayores esperanzas de vida del mundo. Sigue siendo además la principal potencia turística global. Pero continúa teniendo enormes dificultades para transformar ese capital económico, humano y científico en desarrollo empresarial, productividad y liderazgo tecnológico.

Y eso importa mucho en un mundo donde Estados Unidos y China son las dos potencias que compiten abiertamente por el dominio industrial, tecnológico y estratégico del siglo XXI.

Mientras Washington subsidia masivamente sectores estratégicos y Pekín despliega una política industrial y comercial agresiva, Europa continúa atrapada entre burocracia, fragmentación regulatoria, lentitud política y pequeños nacionalismos incapaces de entender la escala del desafío.

El BCE mantiene una enorme prudencia porque sabe que la inflación repuntará si persisten las tensiones energéticas. Su escenario central para 2026 apunta precisamente en esa dirección: una economía prácticamente estancada y fuertes riesgos inflacionistas. De hecho, el PIB interanual de la eurozona se desaceleró en el primer trimestre de este año hasta el +0,8%, frente al +1,2% registrado en el último trimestre de 2025. Una pérdida de dinamismo que, unida a una inflación todavía elevada, empieza a dibujar un escenario de estanflación.

Resistencia española

Conviene reconocer, sin embargo, lo que sí funciona en España. Y no es poco. La economía española ha mostrado una capacidad de resistencia considerable. El empleo ha aguantado mejor de lo esperado, las exportaciones de servicios continúan ganando peso y el turismo mantiene una fortaleza extraordinaria.

Pero además España ya no solo exporta cultura, sol y playa para los turistas. Cada vez más exportamos gestión y construcción de infraestructuras, ingeniería, tecnología y servicios empresariales. Hay compañías españolas que administran aeropuertos, autopistas, redes energéticas, sistemas de agua, aseguradoras, telecomunicaciones o proyectos renovables en buena parte del mundo.

Ese cambio es menos visible que las cifras récord de turistas en aeropuertos y hoteles. Sin embargo, es mucho más importante desde el punto de vista cuantitativo y estructural.

Porque una economía madura no puede depender únicamente del consumo, la construcción y el turismo masivo. Necesita también conocimiento, internacionalización y capacidad empresarial.

España seguirá siendo uno de los grandes destinos mundiales del turismo si continúa percibiéndose como un país seguro, estable y bien conectado, en un entorno internacional cada vez más incierto. Pero incluso los países refugio, como España, dependen de variables que no controlan. Un ejemplo, el 80% de los turistas internacionales llegan por vía aérea. Si el queroseno sigue encareciéndose de forma persistente, si aumentan las tensiones geopolíticas o si el transporte aéreo entra en problemas de capacidad, el impacto terminará trasladándose al precio de los viajes.

Y cuando viajar aumenta de precio, la demanda termina reduciéndose. Sobre todo, la demanda más sensible al precio: familias de renta media, turismo europeo tradicional y viajeros condicionados por el coste final de sus vacaciones.

A eso se añade otro riesgo menos visible, pero probablemente más importante: la evolución económica de los países emisores de turismo. Reino Unido, Francia y Alemania siguen siendo pilares fundamentales del turismo hacia España. Si esas economías pierden dinamismo o sus hogares reducen su gasto, España puede notar una desaceleración.

Por eso el verdadero reto ya no consiste únicamente en atraer más visitantes. El reto es elevar el gasto por turista, reducir saturaciones, mejorar infraestructuras, desestacionalizar y depender menos del turismo masivo de bajo valor añadido. En el nuevo entorno internacional, el turismo rentable vale más que el turismo multitudinario.

El principal desajuste estructural de la economía española sigue siendo la vivienda. España tiene un desequilibrio evidente entre creación de hogares y un aumento de la oferta residencial, especialmente en grandes ciudades y zonas turísticas.

Vivienda

La población crece muy rápidamente. Y la oferta de vivienda responde con una lentitud extraordinaria. El resultado ya es visible en todas partes: alquileres tensionados, precios de compra disparados, emancipación muy tardía, enormes dificultades de movilidad laboral y una creciente sensación de frustración social. Porque el problema de la vivienda ya no es solo residencial: es económico, laboral y generacional. Durante años, además, España ha abordado este asunto casi exclusivamente desde el enfrentamiento político o desde medidas orientadas a la demanda. Olvidando la cuestión esencial: falta oferta.

Hace falta más suelo finalista. Más seguridad jurídica. Menos lentitud urbanística. Más vivienda asequible en alquiler. Más industrialización del proceso constructivo. Y también menos demonización de cualquier inversión privada vinculada al mercado residencial.

Entre 2021 y 2025, se crearon en España 1,2 millones netos de hogares. En el mismo período, se terminaron un total de 474.000 viviendas. El resultado es un déficit acumulado, cercano a las 730.000 casas. Mientras eso no cambie, la vivienda seguirá funcionando como el gran impuesto invisible sobre jóvenes, familias y empresas. Porque un país que expulsa a sus jóvenes de las grandes ciudades o dificulta enormemente la movilidad laboral no solo genera frustración social. También debilita su productividad, su capacidad para atraer talento y, en última instancia, su crecimiento futuro.

España llega algo mejor preparada para combatir la inflación que en 2022, gracias al avance de las energías renovables, la menor dependencia del gas ruso y su potente capacidad de regasificación. Además, cuenta con ocho grandes refinerías operativas, algo poco habitual en Europa. Pero eso no convierte al país en inmune.

El BCE ha advertido expresamente de que un conflicto prolongado en Oriente Próximo podría mantener elevados los precios energéticos durante bastante más tiempo del previsto. Y el INE seguía reflejando recientemente una inflación para España todavía por encima del 3%. La lección es importante: la estabilidad de precios ya no puede darse por garantizada.

Inflación

Durante muchos años Europa se acostumbró a energía relativamente barata, inflación baja y tipos de interés reducidos. Ahora ese equilibrio parece mucho menos estable. Y eso afecta directamente a familias, empresas, inversión e hipotecas.

Aquí aparece probablemente uno de los grandes problemas políticos y sociales de los próximos años: la distancia creciente entre el relato macroeconómico oficial y la experiencia cotidiana de muchas familias.

El PIB crece. El empleo aumenta. El turismo bate récords. Pero muchísima gente siente que vive dentro de una cinta de correr. Los salarios han mejorado en términos nominales, sí. Pero la vivienda, los servicios básicos, los alimentos, la energía y los impuestos devoran toda esa mejora.

Y ahí entra en juego la llamada imposición en frío. Cuando los salarios suben para compensar inflación, y el IRPF sube de tramo, una parte relevante de esa mejora desaparece vía mayor presión fiscal. Es una de las razones por las que muchas personas de clase media sienten que avanzan bastante menos de lo que indican las estadísticas. Ese divorcio entre la macroeconomía y la percepción de muchos ciudadanos (que no sienten una mejora real en su nivel de vida) está teniendo importantes consecuencias políticas.

España crea empleo. Pero no crece la producción por empleado. Seguimos teniendo un tejido empresarial excesivamente pequeño, con dificultades para escalar, invertir en I+D, innovar o digitalizarse con rapidez. Y el problema no es una supuesta falta de capacidad de los trabajadores españoles. El problema es la combinación de empresas pequeñas, baja inversión tecnológica, exceso regulatorio y especialización en sectores menos productivos. Mientras eso no cambie, será difícil que los salarios reales despeguen de manera sostenida.

La OCDE reconoce mejoras desde 2022, pero insiste en que España sigue manteniendo una brecha relevante frente a las economías europeas más avanzadas. Y esa cuestión resulta decisiva. Porque, en el nuevo entorno internacional, ya no basta con crecer apoyándose en el empleo y el consumo. Hace falta crecer aumentando la productividad.

España sigue teniendo mucho paro, incluso cuando la economía va razonablemente bien. Pero, al mismo tiempo, muchas empresas dicen que no encuentran trabajadores con la formación, experiencia o habilidades que necesitan. En un país muy envejecido, eso sale especialmente caro.

España necesita más productividad, más tecnología, más industria y más autonomía estratégica. Y España no puede permitirse que la vivienda expulse talento de las grandes ciudades, que la formación profesional no cubra todas las necesidades empresariales, o que persistan enormes desajustes entre oferta y demanda de trabajo. Porque el empleo importa. Pero importa todavía más su calidad y su capacidad para generar productividad y bienestar.

España, además, podría tener un papel más relevante en la nueva reorganización económica internacional. Si Europa quiere reducir dependencias y diversificar alianzas estratégicas, América Latina vuelve a adquirir una importancia creciente. Y ahí España dispone de una posición singular.

No se trata de nostalgia ni de sentimentalismo. Se trata de entender que en un mundo de friend-shoring y de risking, la proximidad institucional, cultural y empresarial vuelve a tener un enorme valor económico. España puede actuar como una bisagra útil entre Europa y América Latina, canalizando inversión, tecnología y relaciones empresariales de largo plazo.

Pero esa oportunidad también tiene límites si nuestra economía es poco productiva y está hiperregulada. España está mejor que buena parte de sus socios europeos. Tiene crecimiento económico, turismo, exportación de servicios no turísticos, diversificación energética y buen posicionamiento en la nueva geografía económica europea.

Pero, insisto, también arrastra escasez de vivienda, baja productividad, salarios reales estancados, elevada presión sobre el trabajo y déficit tecnológico.

La gran cuestión ya no es si España puede seguir creciendo algo más que sus vecinos. La verdadera pregunta es si sabrá aprovechar este momento para modernizar su estructura económica, antes de que el mercado global se vuelva todavía más exigente.

En el nuevo entorno internacional ya no basta con crecer. Lo decisivo será evolucionar más deprisa que los demás. Como señaló Charles Darwin: “No sobrevive la especie más fuerte, sino la que mejor se adapta al cambio”.


Cómo valorar SpaceX. LEX COLUM. Financial Times.

Al valorar una acción, ya es bastante difícil: calcular cuántos coches deportivos, aviones o pantalones vaqueros querrá el mundo dentro de unos años. Pero, ¿y cuando se trata de estimar los flujos de caja que generaría enviar un millón de humanos a Marte?

SpaceX, que este miércoles presentó su solicitud de salida a Bolsa, plantea a los inversores ese enigma. Las finanzas actuales de la empresa de Elon Musk no sirven para calcular el valor de la compañía. Según la valoración de 1,75 billones de dólares (1,5 billones de euros) publicada anteriormente por Financial Times, SpaceX sería la séptima empresa más grande del mercado bursátil estadounidense; pero si se usan como referencia sus ingresos anuales de 19.000 millones de dólares, ocuparía el puesto 200.

Las tres partes de SpaceX son su negocio de comunicaciones por satélite Starlink, que representa la mayor parte de los ingresos del grupo y ya es rentable; una división espacial, que es pequeña y genera pérdidas; y un segmento de IA aún más deficitario, que incluye la red social X y algunos centros de datos enormes.

Sin duda, los analistas intentarán valorar cada parte por separado utilizando modelos complejos. Pero dadas las crecientes pérdidas, su modesto crecimiento de los ingresos del 15% y el desafío de valorar actividades que aún no existen, como la minería comercial de asteroides y el turismo espacial, las estimaciones podrían variar ampliamente.

Un enfoque diferente para SpaceX consiste en trabajar a la inversa: tomar la valoración propuesta y preguntarse qué la haría posible. Una pista reside en el valor de mercado de 7,5 billones de dólares al que Musk puede reclamar un enorme bonus en acciones de SpaceX. Imaginemos que tarda 10 años en alcanzar esa cifra, descontémosla hasta la suma actual a una tasa del 15%, y la empresa valdría alrededor de 1,9 billones de dólares. O pensemos, como suelen hacer los líderes tecnológicos, en el “mercado total potencial”. Musk ve una oportunidad “factible” de 28,5 billones de dólares para SpaceX. Si dentro de una década la empresa convierte un tercio de sus ingresos en ganancias y cotiza a la misma relación de 30 veces beneficios que Apple, Amazon y Alphabet, sólo necesitaría captar el 3% de ese mercado total para alcanzar la capitalización de mercado sugerida.

Un problema al que se enfrenta Musk es que, si bien su sueño interplanetario es ambicioso, su visión financiera es sorprendentemente prosaica. Casi el 80% de la oportunidad que SpaceX persigue se centra en las “aplicaciones empresariales”, es decir, software y servicios para grandes empresas. Ese mercado ya está bien cubierto, entre otros por los nuevos actores Anthropic y OpenAI, que también vislumbran OPV colosales.

Musk ha lanzado cifras descabelladas a lo largo de los años; en una ocasión, sugirió que Tesla podría valer 100 billones de dólares, con suerte. La mayoría de los intentos de valorar SpaceX terminan siendo a la vez excesivamente precisos e increíblemente vagos. Pero el mercado nunca antes había tenido que fijar el precio de una acción tan especulativa y a la vez tan grande.

Con el control irrevocable y todos los grandes bancos de Wall Street a su entera disposición, por ahora, vale lo que Musk diga que vale.


Reunión Trump-XI: leyendo entre líneas. Alexandre Drabowicz y Francis Tan.

La cumbre entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping en Pekín ofreció una fuerte dosis de diplomacia gestionada, reajustes estructurales y acuerdos comerciales tácticos. También consolidó el suelo de las relaciones entre Estados Unidos y China, con nuevos marcos para el comercio y la inversión que ofrecen la perspectiva de futuras reducciones arancelarias, aunque persisten riesgos de implementación y no se lograron avances estructurales. Los mercados revirtieron rápidamente su optimismo inicial: las acciones chinas y los valores de semiconductores devolvieron las ganancias iniciales una vez que quedó claro que los anuncios principales no se traducirían en beneficios tangibles inmediatos a corto plazo. China se abstuvo de intensificar las restricciones sobre las exportaciones de tierras raras, preservando capacidad de presión para futuras negociaciones y reafirmando su preferencia por limitar la influencia estadounidense en los asuntos asiáticos.

Aunque la postura de China sobre Taiwán no fue más firme que en el pasado, su oposición a la intervención estadounidense sigue siendo clara. El presidente Trump mantiene una ambigüedad estratégica sobre la isla. El “reloj está corriendo” respecto al conflicto con Irán: un riesgo urgente pero no expresado entre ambas naciones.

Con tres nuevos encuentros presidenciales por delante y asuntos sin resolver sobre aranceles y tecnología, se puede seguir invertidos, pero vigilantes. En la asignación de activos se continúa favoreciendo las acciones de mercados emergentes, tanto estructuralmente (Asia se sitúa en el corazón de la cadena global de valor industrial) como tácticamente (los emergentes se benefician de la debilidad del dólar). Esa visión permanece sin cambios tras la cumbre.

Aciertos

  1. Se materializa el “escenario bajista” (distensión temporal): El escenario base anticipaba que cualquier tregua bilateral tendría carácter temporal y seguiría siendo vulnerable a la volatilidad impulsada por titulares. Eso fue exactamente lo que ocurrió. Aunque ambas administraciones proyectaron un ambiente cordial y señalaron que las relaciones avanzan en dirección constructiva, las profundas diferencias estructurales siguen sin cobertura. Es una distensión incómoda y temporal, no de un acuerdo permanente.
  2. Compras mediáticas de bienes estadounidenses: La expectativa de que las victorias comerciales se concentrarían en grandes compras de alto perfil de productos agrícolas, energéticos y aeroespaciales resultó correcta. El gran titular de la cumbre fue el acuerdo formal de China de comprar 200 aviones Boeing. Esto sirvió principalmente como compensación política por los déficits comerciales y el tamaño absoluto de la transacción quedó por debajo de las cifras mayores que circulaban en rumores de mercado más amplios.
  3. Una hoja de ruta estructurada hacia adelante: La expectativa de que ambos líderes seguirían ampliando su contacto diplomático directo quedó reflejada en la hoja de ruta establecida para este año. Los comunicados finales confirmaron invitaciones y planes concretos para tres encuentros presidenciales posteriores: una visita a Washington el 24 de septiembre, seguida de dos cumbres consecutivas en la cumbre del APEC de Shenzhen en noviembre y el G20 de Miami en diciembre.

Fallos

Los puntos de fricción diplomática durante las negociaciones cara a cara se desviaron ligeramente de los caminos previstos:

1. La “línea roja” de Taiwán y la ambigüedad estratégica: La tesis inicial preveía que China utilizaría la cumbre para presionar por una declaración firme de Estados Unidos en contra de la independencia de Taiwán. Aunque el presidente Xi articuló con fuerza las posiciones de Pekín, lanzando una advertencia pública inusualmente directa de que una mala gestión de la cuestión taiwanesa podría desencadenar una “situación altamente peligrosa” y conducir a enfrentamientos directos, Estados Unidos no cedió terreno. En su lugar, la Administración mantuvo firmemente su estrategia de ambigüedad estratégica para equilibrar el riesgo entre ambas orillas del estrecho.

2. El estancamiento arancelario: Existía la esperanza de que una cumbre extremadamente positiva pudiera generar una reducción inmediata de los aranceles de importación estadounidenses existentes para aliviar el sentimiento corporativo. En realidad, los parámetros generales de la arquitectura arancelaria actual permanecieron intactos. No se codificaron reducciones arancelarias amplias, ya que ambas naciones optaron por defender sus posiciones negociadoras existentes de cara a los plazos críticos del verano.

Sorpresas

Las reuniones también produjeron marcos institucionales completamente nuevos y concesiones tecnológicas específicas que estuvieron totalmente ausentes del consenso previo a la cumbre.

1. El marco del “Consejo de Comercio”: Las dos naciones anunciaron formalmente la creación de un “Consejo de Comercio” junto al correspondiente “Consejo de Inversión”. Esta innovación estructural introduce un foro activo de gobierno a gobierno encargado de “preparar previamente” las transacciones comerciales. Lo más importante es que crea un mecanismo para excluir sistemáticamente y aplicar reducciones arancelarias en sectores “no sensibles, no críticos y no estratégicos” (por ejemplo: productos agrícolas y energía), potencialmente cubriendo un estimado del 10% de las importaciones estadounidenses desde China (alrededor de 30.000 millones de dólares).

2. El compromiso sobre los Nvidia H200: Aunque se esperaba un interés mutuo en gestionar las tensiones de alta tecnología, la naturaleza exacta del intercambio tecnológico sorprendió a los observadores. China se abstuvo de utilizar directamente como arma o de elevar explícitamente las restricciones de exportación sobre minerales críticos durante las sesiones centrales.

Simultáneamente, Estados Unidos autorizó discretamente a unas diez empresas nacionales chinas a reanudar la adquisición de chips semiconductores avanzados H200 de Nvidia. La importancia estratégica de esta tregua tecnológica quedó subrayada por el hecho de que el CEO de la tecnológica, Jensen Huang, viajara personalmente hasta Pekín como miembro destacado de la delegación empresarial oficial estadounidense.

En suma, la cumbre de Pekín estableció un suelo táctico de las relaciones entre Estados Unidos y China, no una elevación estructural del techo. La creación de los marcos del Consejo de Comercio y el de Inversión, dirigidos a reducciones arancelarias recíprocas sobre aproximadamente unos 30.000 millones de dólares en bienes no sensibles, constituye el resultado institucional más duradero de la reunión. Los equipos técnicos siguen negociando los detalles, lo que significa que el riesgo de implementación a corto plazo es real. La arquitectura arancelaria general permanece intacta, y Donald Trump confirmó que la reducción de aranceles no se discutió a nivel de liderazgo. Los inversores deberían tratar este marco como una opción sobre una futura desescalada, no como un catalizador confirmado.


Es probable que la crisis del Golfo no haya hecho más que empezar. Martin Wof. Financial Times.

Los mercados de futuros del petróleo se muestran optimistas en estos momentos, pero la historia demuestra que las expectativas a menudo se han visto frustradas.

Primero llegó la guerra. Luego el bloqueo. Ahora, la escasez. Los buques cisterna cargados de productos básicos esenciales –petróleo, gas natural licuado, urea, productos petrolíferos refinados, hidrógeno, helio, etc.– no han transitado por el estrecho de Ormuz desde finales de febrero. La mayoría de los que partieron antes del cierre ya han llegado. A partir de ahora, los cargamentos que no partieron se echarán cada vez más de menos. A medida que las existencias también se vayan agotando, entraremos en una era de escasez física.

Hasta ahora, la escasez ha sido en gran medida imaginaria. Ahora se convertirá en realidad. Habrá que gestionarla, en última instancia, reduciendo la demanda. Esto último, a su vez, requerirá una combinación de racionamiento y recesión. Una mezcla de precios más altos y una política monetaria más restrictiva podría propiciar ambas cosas. Cuanto más tiempo permanezca cerrado el estrecho y mayores sean los daños materiales, más se prolongará la escasez y peor será su impacto.

En resumen, esto es lo que Nick Butler, exvicepresidente de estrategia y desarrollo de políticas de BP y ahora profesor del King’s College de Londres, argumenta en una publicación de Substack titulada “El fin del principio”. A continuación, enumero algunos de los elementos principales de esta preocupante historia.

Primero, los problemas que enfrenta el mundo no son solo el resultado del cierre efectivo de Ormuz. Los ataques a la infraestructura, principalmente por parte de Irán, tan predecibles como el propio cierre, han causado daños significativos. Según Butler, “al menos ocho refinerías importantes del Golfo están total o parcialmente fuera de servicio. Lo mismo ocurre con la planta de GNL de Ras Laffan en Qatar”. Se desconoce cuánto tiempo se tardará en reparar los daños.

Segundo, como explica el artículo ‘Crack The Market’, la escasez no debe considerarse únicamente en términos de petróleo crudo. Afectará desproporcionadamente a productos específicos, ya que las refinerías están diseñadas para procesar ciertos tipos de crudo. La región del Golfo no solo produce variedades concretas de petróleo, sino que, como señala en el artículo, “exportaba 3,3 millones de barriles diarios de productos refinados y 1,5 millones de barriles diarios de GLP antes de la crisis. Se trata de combustibles terminados –diésel, combustible para aviones, nafta, gasolina– que se incorporaban directamente a las cadenas de suministro de los consumidores asiáticos y europeos”. La pérdida de las exportaciones de crudos y productos refinados específicos implica que no es posible una simple sustitución. Butler escribe que la principal escasez actual se concentra en el combustible para aviones y el diésel. Dadas estas realidades específicas de cada producto, Estados Unidos no es autosuficiente en petróleo. Aunque es un exportador neto, como argumenta el analista de mercado Charlie Garcia, también es un gran importador, ya que sus refinerías deben tener acceso a los crudos que pueden procesar.

En tercer lugar, el impacto se ha visto atenuado hasta ahora por una rápida reducción de las reservas. Sin embargo, las reservas son finitas. Es difícil aumentar la producción fuera del Golfo Pérsico o desviar el petróleo fuera del estrecho de Ormuz, incluso a medio plazo. Así pues, gran parte de la capacidad de producción de petróleo excedente del mundo se encuentra en la propia región del Golfo. Después de esta, la principal fuente adicional es Rusia.

Sin embargo, además de las evidentes dificultades políticas, la capacidad rusa es limitada. Los oleoductos que conectan Arabia Saudí con el Mar Rojo y Omán con Ras Markaz tienen una capacidad limitada. Se tardaría mucho tiempo en aumentarla. Reemplazar la capacidad de refinación perdida también requeriría tiempo y un coste elevado. En Europa, la capacidad de refinación ha disminuido durante años. Esta situación no podría revertirse rápidamente. Realizar tales inversiones también sería costoso y arriesgado.

Escasez generalizada

Por último, la escasez no se limita a la energía. También se ven afectados los suministros de helio, nafta, metanol, fosfatos, urea, amoníaco y azufre. La reducción del suministro de helio perjudica la producción de microchips. El recorte del suministro de materias primas esenciales para la fabricación de fertilizantes artificiales disminuirá la producción mundial de alimentos. También existe un impacto negativo en el transporte marítimo mundial, ya que las rutas más largas son más caras. Además, unos 20.000 marineros se encuentran actualmente atrapados en el golfo Pérsico.

Los mercados parecen haberse autoconvencido de que estas realidades inminentes conducirán, más temprano que tarde, a un alto el fuego estable y a la reapertura del estrecho. Podría ocurrir. Pero no es difícil imaginar por qué podría no ser así. Donald Trump insiste en que no le importa la situación financiera de los estadounidenses. En cambio, afirma que “lo único que importa, cuando hablo de Irán, es que no pueden tener un arma nuclear”.

¿Aceptará Irán eso, aunque sea en principio? ¿Por qué iba a confiar en que Trump cumpla su parte de un posible acuerdo? ¿Cómo se supervisaría y aplicaría un pacto de ese tipo? ¿Por qué iba Irán a ceder el control de la navegación en el Golfo tras haberlo impuesto? ¿Acaso sus líderes no insistirían al menos en su derecho a cobrar peajes? ¿Estaría Trump dispuesto a aceptar semejante humillación?

Los mercados de futuros del petróleo sugieren que los precios bajarán y, por tanto, todo irá bien. Pero la curva de futuros del petróleo no es una bola de cristal, como han señalado Jonathan Vincent y Malcolm Moore. Las expectativas a menudo se han visto frustradas. No veo ninguna razón para que esto no continúe siendo así. Si ocurre lo peor, los precios tendrán que subir lo suficiente para equilibrar la oferta limitada con la demanda. Dado que se trata de productos básicos esenciales, cuya demanda es rígida, el precio de los productos y del petróleo crudo podría dispararse. Además, es probable que parte de este ajuste se produzca a través del aumento de las expectativas de inflación, tipos de interés más altos y, por lo tanto, un fuerte impacto recesivo en la economía mundial.


La imputación de Zapatero acelera más la caída libre del sanchismo. Javier Ayuso.

¿Qué más le podía ocurrir a Pedro Sánchez tras el bloqueo parlamentario que le impide aprobar leyes, ver sentados en el banquillo a sus dos hombres de confianza, su esposa y su hermano, condenado su fiscal general y los cuatro batacazos históricos en las elecciones autonómicas en cinco meses? Parecía que la situación no podía empeorar, pero ayer volvió a caer otra bomba atómica sobre La Moncloa. La Audiencia Nacional citó ayer a declarar como investigado al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, acusado de liderar una trama delictiva para el tráfico de influencias, blanqueo de capitales y falsedad documental.

Es la primera vez en la historia democrática española que un expresidente del Gobierno es imputado y, aunque siempre hay que respetar la presunción de inocencia, supone un nuevo empujón a la caída libre en la que se encuentra el sanchismo. El líder socialista llegó al poder en 2018 mediante una moción de censura contra Mariano Rajoy, con el lema de regenerar el país frente a la corrupción del PP y ahora se encuentra cercado precisamente por los numerosos casos de corrupción de sus personas más cercanas.

La resolución en la que el magistrado de la Audiencia Nacional José Luis Calama da la condición de investigado a Zapatero señala que “las diligencias de investigación practicadas hasta la fecha permiten afirmar la existencia de una estructura organizada y estable, dirigida por José Luis Rodríguez Zapatero, orientada al ejercicio ilícito de influencias ante autoridades nacionales y extranjeras, así como la obtención de resoluciones administrativas y ventajas económicas en favor de terceros”. Añade que esa red se articula mediante un “entramado societario complejo, nutrido de sociedades instrumentales” y mediante un núcleo operativo personal “que ejecuta las instrucciones del líder y canaliza los beneficios obtenidos”.

Entre las operaciones, cita algunas de carácter internacional y “alto valor económico con petróleo y oro”. Además, sostiene que el investigado creó una sociedad en Dubái para cobrar el 1% del rescate de la compañía aérea venezolana Plus Ultra, que supuso 530.000 euros, a los que habría que añadir otros pagos que llegan hasta dos millones de euros. Una resolución larga y detallada de todos los presuntos delitos que cometió el expresidente y que han sido investigados por la UDEF, de la Policía Nacional, bajo el nombre clave de Operación Tíbet.

Zapatero, que tendrá que declarar como investigado el próximo 2 de junio, salió ayer al paso de su imputación (mientras la Policía registraba su oficina, la de sus hijas y su vivienda), insistiendo en su inocencia, como viene haciendo desde hace meses en que se conoció que había una investigación en marcha. En un vídeo grabado y difundido por él mismo niega haber realizado gestión alguna en relación con el rescate de Plus Ultra y añade que colaborará con la Justicia y ejercerá su derecho de defensa.

Inmediatamente después, se sucedieron las reacciones de todas las fuerzas políticas del arco parlamentario. Mientras que el PP y Vox reclamaban la inmediata asunción de responsabilidades del presidente del Gobierno con su dimisión, desde el PSOE y sus socios y aliados se insistía en la inocencia del imputado y se repetían las acusaciones de lawfare contra la acción del magistrado. Una vez más, los socialistas y quienes les mantienen en el poder atacaban a la Justicia y despreciaban la separación de poderes.

El procedimiento no ha hecho más que empezar y tendrá su largo y penoso curso legal. Allí tendrá ocasión Zapatero de defenderse y probar su inocencia. Pero el simple hecho de estar imputado tras varios años de investigación en un sumario secreto, supone un golpe durísimo para Pedro Sánchez, cuya debilidad política sigue aumentando. El PSOE y su gobierno se encuentran en caída libre.

Ayer, antes de conocerse la resolución de la Audiencia Nacional, se esperaba una reacción oficial de los socialistas ante la cuarta debacle electoral en cinco meses. El lunes habían echado balones fuera, afirmando que era la federación andaluza la que tenía que analizar las causas del fracaso y que ya habría tiempo para trazar un plan de recuperación. Aunque, realmente, nadie esperaba ninguna autocrítica, como tampoco la hubo tras los batacazos en Extremadura, Aragón y Castilla y León. El lema de la noche del domingo era que los resultados en Andalucía no eran extrapolables a nivel nacional y que había tiempo para recuperarse porque las elecciones generales no se celebrarán hasta julio de 2027.

Pero la situación es muy diferente de la que quieren mostrar en Ferraz y en La Moncloa. El partido y el propio gobierno están en alerta roja ante los hechos que se vienen sucediendo en los últimos meses. Ha cundido el desánimo entre los principales barones socialistas y, sobre todo, entre sus alcaldes, que se temen que en mayo del próximo año puedan sufrir el mismo castigo que han recibido los candidatos autonómicos, sin que su líder haya hecho nada para remediarlo. Todos son conscientes de que la pérdida de votos hay que achacarla a la gestión de Sánchez y a sus pactos con los independentistas catalanes y vascos.

En público, algunos dirigentes del PSOE señalan que se ha producido una desconexión con la sociedad y que mientras no se solucione seguirán cayendo en todas las elecciones que se celebren. En privado van mucho más allá y señalan a Sánchez como máximo responsable del fracaso. Llegan a decir que el líder socialista se limita a aguantar pese al bloqueo parlamentario y a contar los días que le quedan para convertirse en el presidente más longevo, tras superar hace días a José María Aznar.

Desde La Moncloa y desde sus púlpitos mediáticos se insiste machaconamente en que hay tiempo para desarrollar una nueva estrategia de aquí a las generales y que todo pasa por avanzar en el modelo confederal que le hará recuperar el voto de los ciudadanos. En el fondo, defienden la “prioridad plurinacional”, frente a la “prioridad nacional” de Vox y no se quieren dar cuenta que es precisamente su aventura con el independentismo lo que les ha hecho alejarse de la gente. Siempre se decía que el PSOE era el partido que mejor representaba la sociología española, pero el sanchismo ha acabado con ello.


¡Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 24 de Abril del 2026.

Sigue la geopolítica marcando el ritmo del mercado, este martes expiraba el plazo dado por Trump para el alto al fuego de dos semanas en Oriente Medio, pero decidió, justo cuando terminaba y a propuesta de Pakistán, extender indefinidamente dicho alto el fuego a la espera de una “propuesta unificada” por parte de Irán que sigue con fuertes divisiones internas y sin intenciones de volver al diálogo, aunque Trump mantiene el bloqueo estadounidense de los puertos iraníes. Así, el vicepresidente J.D Vance suspendió su viaje a Pakistán. Lo más relevante de estas tensiones es que el Estrecho de Ormuz seguirá bloqueado, con el consiguiente impacto, cada vez mayor, en el suministro energético, con sus derivadas en inflación y crecimiento económico. Ahora queda esperar a una oferta de Irán para reiniciar las negociaciones, aunque los obstáculos siguen siendo exactamente los mismos (el programa nuclear iraní, el control del Estrecho de Ormuz y los aliados regionales de Irán) y si Irán no ha acudido a negociar aún es porque considera las demandas de Estados Unidos no son razonables. Las Bolsas llevan dos días de caídas ante la falta de avances en la reanudación de negociaciones entre Estados Unidos e Irán, que hacen que el Estrecho de Ormuz siga cerrado, y con ello se mantenga la disrupción energética. El precio del petróleo Brent marca su quinto día de subida, hasta 106 dólares el barril, subiendo un 22% desde los mínimos del pasado viernes, y un 45% desde el inicio del conflicto. Israel y Líbano extenderán su tregua otras 3 semanas (finalizaba este domingo), pero la incertidumbre en torno al conflicto en Oriente Medio se mantiene elevada. La falta de avances en las negociaciones provoca que haya más miedo a una futura escalada. Destaca la incertidumbre de quién negocia por parte de Irán, con rumores ayer de que el ala más moderada, el representante del Parlamento iraní, Ghalibaf, podría retirarse de las negociaciones, dejando al frente al ala más dura, representada por la Guardia Revolucionaria. Aunque los rumores fueron ayer desmentidos por el propio Irán.

La guerra con Irán representa un shock en la oferta de energía, lo que complica el camino de la inflación hacia el objetivo del 2% de la Reserva Federal, tras más de cinco años por encima. Bloomberg Economics en sus previsiones anteriores al conflicto en Oriente Medio decía que la inflación se moderaría gradualmente hasta 2026 y 2027, sin embargo, el fuerte aumento de los precios de las materias primas desde el inicio de la guerra ha llevado a los analistas de Bloomberg ha llevado a revisar al alza su previsión de inflación para 2026, con un efecto moderado el próximo año. Las proyecciones sugieren que la perturbación será de corta duración, lo que permitirá a la Reserva Federal superarla.

Bloomberg Economics establece tres escenarios para el precio del petróleo Brent estimando un máximo en el segundo trimestre del 2026 en:

  • 80 dólares el barril (escenario de desescalada), relajando hasta los 65 dólares a final de año.
  • 105 dólares el barril (escenario base) cayendo hasta los 75 dólares a finales del 2027.
  • 170 dólares (escalada del conflicto severa), cayendo a 115 dólares el barril al final de este año y manteniendo precios altos durante el 2027.

Como digo, la guerra en Irán ha reabierto el temor de los mercados a la inflación y a la consiguiente actuación de los bancos centrales. Sin embargo, desde JPMorgan AM consideran que el mercado ha sido demasiado agresivo con sus expectativas para la política monetaria. La gestora del banco estadounidense ha redibujado sus pronósticos para los bancos centrales, tras el conflicto en Oriente Próximo, pero son significativamente más moderados que los que maneja el mercado. JPMorgan apunta a una subida de tipos del BCE este año, frente a las dos e incluso tres alzas que ha llegado a descontar el mercado. Por su parte, esperan que la Reserva Federal de Estados Unidos no haga ningún movimiento en su política monetaria este año, al inicio de 2026, anticipaban una bajada de tipos de la Fed. El escenario con el que se encuentran los bancos centrales difiere mucho del que existía en 2022, en la crisis energética que se vivió a raíz de la guerra en Ucrania, según los estrategas para España y Portugal de JPMorgan AM. La fortaleza que presenta la economía global puede servir de colchón para sortear esta nueva situación, aunque “peligra que el consumo se paralice”. El escenario base de la gestora apunta a que la guerra en Oriente Próximo no se dilatará mucho más y la desescalada del conflicto será progresiva. Los precios del petróleo y el gas continuarán, no obstante, por encima de los niveles de antes del conflicto.

Los tipos bajarán en cuanto mi chico esté en la Reserva Federal”, Trump. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no oculta que su candidato para dirigir el banco central estadounidense está alineado con sus intereses, lo que está haciendo que su confirmación por el Senado no sea sencilla, a pesar de que Kevin Warsh prometió esta semana que sus decisiones en materia de política monetaria serán “estrictamente independientes”. Warsh protagonizó una acalorada discusión con la senadora Elizabeth Warren, miembro del comité bancario ante el que el martes compareció el candidato a presidir la Fed para examinar su confirmación, que posteriormente será votada por el Senado. Ante la acusación de ser “una marioneta de Trump”, Warsh insistió en que la institución se mantendrá lejos de la influencia de la Casa Blanca, aunque en todo momento evitó responder a las preguntas incómodas que pudieran molestar a su valedor. Warsh insistió en que su hoja de ruta para la Fed incluye rebajas de tipos, independientemente de que las presiones inflacionistas hayan aumentado en las últimas semanas por la crisis energética y la guerra en Irán, porque su objetivo es “reformar la institución con altos niveles éticos y de independencia”. En este sentido se refirió a su intención de que la Fed se centre en su mandato como garante de la economía estadounidense, pero lejos de temas políticos, como la regulación relacionada con el medio ambiente. “La independencia hay que ganársela; eliminando los sesgos políticos es como se mantiene a los políticos alejados de la Fed”. Que esa idea coincida con la agenda de Trump es, según Warsh, solo algo circunstancial. Defendió la necesidad de una institución “más orientada a reformas” y mostró su disposición a colaborar con el Ejecutivo y el Congreso en ámbitos no estrictamente monetarios. El candidato para sustituir a Jerome Powell a partir de mayo buscaba reforzar su credibilidad ante los senadores de Estados Unidos asegurando que para garantizar su independencia como presidente de la Fed también se ha comprometido a desinvertir gran parte de sus activos. Sin embargo, evitó pronunciarse sobre de cuáles se deshará y cómo, más allá de insistir en que será en un plazo de 90 días desde que sea confirmado para el cargo.

El índice de sentimiento inversor alcistas menos bajistas (Bulls Minus Bears Index) está por primera vez en positivo desde mediados de Febrero 2026.

AAII Bulls minus Bears Index

Estamos viviendo revisiones de beneficio al alza en las compañías americanas por parte de los analistas, según publica Bank of America. Por lo que parece que las expectativas siguen muy altas y eso da soporte claro a las Bolsas.

El S&P 500 está en máximo históricos, mientras que el Sentimiento del consumidor americano está en su punto más bajo, nunca se había visto un diferencial tal grande entre la Bolsa y la economía real.

En Inteligencia artificial Deepseek ha lanzado hoy su esperado nuevo modelo de IA V4 Flash y V4 Pro para competir con las últimas versiones de los gigantes tecnológicos estadounidenses. La compañía china mantiene su apuesta por un modelo abierto, aunque ha advertido de que el acceso comercial a la versión Pro estará más limitado debido a la falta de capacidad computacional. Esta restricción, según la empresa, se aliviará en la segunda mitad del año con la incorporación de nuevos servidores equipados con chips de Huawei, una señal que disipa los temores de que una mayor eficiencia de los modelos reduzca la necesidad de invertir en capacidad de cómputo, lo que ha provocado un nuevo repunte de las compañías de semiconductores, especialmente entre los proveedores chinos. Las primeras impresiones apuntan a que la eficiencia sigue siendo el principal valor diferencial del modelo, pero, a diferencia del año pasado, los resultados no superan a los de los modelos estadounidenses más avanzados. En plena ronda de financiación, Deepseek ha despertado el interés de Tencent, que estaría dispuesta a adquirir un 20 % del capital, y mantiene conversaciones con Alibaba como posible nuevo socio, a pesar de que ambas firmas cuentan también con desarrollos propios. En la carrera por dominar el efervescente mercado de la inteligencia artificial, cada lanzamiento cuenta, pero en esta ocasión parece que el empuje chino ha quedado por debajo de las expectativas creadas el año pasado. Ahora, el mundo aguarda el lanzamiento completo de Mythos, de Anthropic, un acontecimiento que está generando una notable inquietud en el ámbito de la ciberseguridad.

Importante esta semana:

He ordenado a nuestro ejército que continúen con el bloqueo y permanezcan preparados, extenderé el alto el fuego hasta que se presente una propuesta y concluyan las negociaciones”. En un giro de guion de último minuto, el presidente Donald Trump anunció la madrugada del martes al miércoles una prórroga indefinida de la tregua en Irán, después de mantener a los mercados en vilo asegurando que este escenario era altamente improbable. El martes, la Casa Blanca seguía apostando por un acuerdo inminente en las conversaciones que siguen teniendo lugar en Pakistán, mientras el reloj corría en contra de una tregua que expiraba este martes. Trump dejó claro ayer que su estrategia pasa por forzar un entendimiento rápido que permita desbloquear la crisis, especialmente en torno al estrecho de Ormuz, una arteria clave para el comercio mundial de crudo que primero bloqueó Irán y, después, Estados Unidos, haciendo imposible el tránsito de navíos por esa ruta, independientemente de su bandera. La situación queda congelada. Sin embargo, los planes del presidente no han cristalizado y los negociadores le han pedido más tiempo. Las conversaciones entran así en su fase más delicada e incierta, sobre todo después de que el vicepresidente norteamericano, JD Vance, dejara en el aire su viaje a Islamabad para participar en una segunda ronda de contactos tras el fracaso del primer intento el pasado 11 de abril. Estaba previsto que le acompañaran el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Trump en calidad de asesor presidencial. Sin embargo, tenían que haber despegado de Washington DC el martes por la mañana, pero la salida se retrasó de forma indefinida para que el vicepresidente participara en una serie de reuniones en la Casa Blanca y que se saldaron con el anuncio de la extensión de la tregua.

De forma paralela, el Gobierno de Pakistán intensificó sus contactos diplomáticos no solo con Estados Unidos, sino también con China, Egipto y Arabia Saudí para intentar involucrar al mayor número posible de delegaciones en las negociaciones.  “No aceptamos negociaciones a la sombra de amenazas”, aseguró ayer el líder iraní, antes de añadir que su país ya prepara “nuevas cartas” para jugar de nuevo en el campo de batalla. El equilibrio es tan delicado que cualquier gesto por ambas partes es susceptible de reactivar las hostilidades en un escenario especialmente sensible para los mercados. El cierre del estrecho de Ormuz ya ha alterado los flujos energéticos globales y cualquier escalada podría disparar aún más los precios del petróleo, con impacto directo en la inflación y en la política monetaria de las principales economías. Más allá del uranio, el otro gran foco de conflicto en las negociaciones es precisamente el control del estrecho de Ormuz. Irán no solo quiere imponer peajes al tránsito por esta vía comercial, sino que además se niega a que otros países se hagan con la gestión de la ruta, tal y como ha propuesto Estados Unidos. Precisamente, el control de Ormuz y la asfixia energética que ha impuesto al resto de economías mundiales que dependen del gas y el petróleo del Golfo Pérsico es la única carta de negociación que puede utilizar Irán para forzar un acuerdo con Washington. Pese a la delicada situación y la incertidumbre que rodea a las negociaciones diplomáticas, Trump se mostraba este miércoles confiado ante la posibilidad de alcanzar un pacto de forma inminente. “Irán puede ponerse en una posición muy sólida si llegan a un acuerdo. Pueden convertir a su país en una nación fuerte de nuevo”, mientras al mismo tiempo acusó a sus líderes de “estar sedientos de sangre” y no querer la paz con Occidente.

Kevin Hassett, Consejero Económico de la Casa Blanca, afirmó que la inflación subyacente está cayendo de forma clara y que ello debería permitir a la Reserva Federal normalizar tipos, incluso combinando bajadas con reducción de balance. Además, mostró alta confianza en la confirmación de Kevin Warsh por parte del Senado y sugirió que Jerome Powell debería apartarse tras ello.

Hungría cedía esta semana, después de la derrota electoral de Orban, y la Unión Europea dará luz verde a un nuevo préstamo a Ucrania. La Unión Europea ha logrado finalmente reactivar el programa de asistencia de 90.000 millones de euros para Ucrania, un paquete vital que cubrirá dos tercios de sus necesidades financieras en 2026 y 2027. Lo más relevante para los mercados es que el desbloqueo ha sido impulsado por el compromiso del primer ministro entrante de Hungría, Péter Magyar, quien ha garantizado que no mantendrá el veto de su predecesor. Aunque el nuevo gobierno húngaro aún no ha tomado posesión oficialmente tras las elecciones del 12 de abril, la señal política ha sido suficiente para que los diplomáticos de la UE incluyan la modificación técnica del Marco Financiero Plurianual (MFF) en el orden del día de mañana. El acuerdo permite a Bruselas proceder con la emisión de deuda común respaldada por el presupuesto comunitario. El plan contempla 30.000 millones en ayuda presupuestaria directa y 60.000 millones destinados a soporte militar, compra de armas europeas con carácter prioritario, con la particularidad de que Ucrania solo reembolsará el préstamo si Rusia paga reparaciones de guerra. Este avance elimina un factor de incertidumbre geopolítica crítica, asegurando la liquidez de Kiev sin esperar a la formación definitiva del nuevo gobierno en Budapest, lo que refuerza la confianza en la capacidad de decisión del Consejo Europeo.

En Europa, el martes,conocimos un muy negativo dato de confianza ZEW alemán, que cae a su menor nivel en tres años, apuntando a una acusada pérdida de dinamismo de la economía alemana. En España, la balanza comercial a febrero mostró una caída del déficit del -24%, principalmente por la energía, el repunto de precios del crudo empezó en marzo, pero también mejoró la balanza no energética.

Ayer, también en la Eurozona el PMI de manufacturas de abril se incrementó de forma imprevista mientras que el de servicios bajó mucho más de lo esperado. El sector servicios entra en zona de contracción (47,4 frente al 50,2 del mes anterior) por la debilidad de la demanda y la caída de la confianza empresarial, sin que la mejora en el sector industrial (52,2 frente al 51,6 anterior), muy ligado a la provisión de inventarios por el riesgo de desabastecimientos, lo pueda compensar. Además, sube con fuerza la intención de subir precios de las empresas dado el aumento de costes. El aspecto positivo es el mantenimiento del empleo. El PMI compuesto cayó a 48,6, también por debajo del consenso, y por debajo de 50 (nivel que marca contracción económica), por primera vez en 16 meses,


Lo más estremecedor del segundo ‘shock’ chino. Soumaya Keynes. Financial Times.

Les voy a contar un cuento que quizás ya hayan escuchado: hace mucho tiempo, una malvada ola masiva de exportaciones chinas chocó contra la economía estadounidense. Quienes se quejaban eran tachados de proteccionistas excéntricos, reacios al progreso, la libertad y los muebles baratos. Las víctimas sufrieron durante años, luchando por encontrar un nuevo trabajo. Finalmente, intentaron vengarse eligiendo a un mago caótico como presidente: Donald Trump. Fin.

Los economistas conocen esta historia demasiado bien, aunque también saben que aún no ha terminado. La economía china nunca se reformó lo suficiente como para evitar que sus excesos afectaran a sus socios comerciales, y las recientes conversaciones sobre un segundo “shock chino” se han convertido en un grito. Ninguna historia está completa sin un análisis detallado de los datos. Así que, al evaluar si la secuela es tan aterradora como la original, ¿hasta qué punto deberíamos estar asustados? Si nos fijamos sólo en China, el primer shock parece mucho más severo. En los primeros siete años de la década de 2000, su superávit por cuenta corriente como porcentaje del PIB se disparó en aproximadamente 8 puntos porcentuales, mientras que el volumen de sus exportaciones de bienes se cuadruplicó. Estos impresionantes incrementos eclipsan los cambios más recientes tanto en el superávit por cuenta corriente (apenas 3,5 puntos porcentuales entre 2018 y 2025) como en las exportaciones de bienes (un aumento del 50%).

Si esto le tranquiliza, espere. La economía china actual es mucho mayor que entonces, lo que significa que desequilibrios más pequeños tienen efectos globales mucho más fuertes. Como porcentaje del PIB mundial, el aumento del superávit por cuenta corriente de China en los últimos siete años ha sido bastante similar al aumento durante el mismo período en los años 2000. Y en términos absolutos, los aumentos en los volúmenes de exportación en ambos casos no son muy diferentes.

Quizás un shock sea más aterrador si se concentra en unos pocos productos, destruyendo, por ejemplo, la industria del automóvil. En este sentido, el segundo shock chino parece ligeramente más intenso que el primero. Durante los seis años previos a 2007, los diez productos de mayor crecimiento representaron el 25% del incremento total de las exportaciones manufactureras chinas, en comparación con el 31% durante el mismo período hasta 2024, por ejemplo. Sin embargo, esta diferencia no es enorme, y se reduce al utilizar indicadores alternativos.

La diferencia más clara radica en la naturaleza de los productos que China exporta. Mientras que los occidentales adinerados se mostraban relativamente tranquilos ante el envío chino de millones de calcetines y vasos para niños, ahora se sienten mucho más amenazados por la competencia en productos de alta tecnología como automóviles y chips. China se ha vuelto tan poderosa en tantos sectores que también les preocupa que el país utilice su dominio del mercado como arma, tal como hizo con las tierras raras. (Los proteccionistas más cascarrabias murmuran: “Os lo advertí”).

Precios de exportación

Analizando datos, se observan otras diferencias entre ambos shocks. Una es la evolución de los precios de exportación de los bienes chinos, que, a pesar de las quejas sobre la manipulación monetaria, aumentaron aproximadamente un 40% entre 2000 y 2007. En los últimos años, estos precios se han desplomado, lo que ha obligado a los líderes chinos a reconocer los problemas asociados a una competencia tan feroz que impide que las empresas puedan obtener beneficios. En 2025, se encontraban al mismo nivel que en 2018.

Otra desviación con respecto al reglamento del primer shock chino radica en lo que China compra, o mejor dicho, en lo que no compra. Durante los primeros siete años de la década de 2000, el volumen de importaciones chinas creció a un relativo buen ritmo, mientras absorbía el equipo sofisticado que necesitaba para impulsar sus exportaciones manufactureras. Sin embargo, más recientemente, sus volúmenes de importación han sido anémicos. En lugar de lamentarnos por las fábricas aplastadas por la competencia china, quizás deberíamos añorar las ventas que nunca se materializaron.

Luego está el contraste con el enfoque político de Estados Unidos. Durante el primer shock chino, el Congreso norteamericano protestó enérgicamente contra la manipulación monetaria, pero no impuso muchas barreras comerciales. Esta vez, la Administración Trump tiene un hechizo para todo: “¡Arancelara Kedavra!”. Mientras que durante el primer shock la participación de EEUU en las exportaciones de China cayó alrededor de dos puntos porcentuales, en los últimos siete años, esa caída se ha multiplicado por tres.

Para los protagonistas de otras partes del mundo, todo esto suena alarmantemente a cuento de terror: el auge de las exportaciones chinas continúa imparable, impactando al resto del mundo. Además, hay un giro inesperado: cualquier intento de rechazar la competencia china podría provocar represalias, amenazando el acceso a los proveedores chinos tan fundamentales para las cadenas de suministro de la industria manufacturera moderna. Lo cual me lleva a la última diferencia entre los dos shocks chinos: esta vez, los responsables políticos se esforzarán más por evitar un final triste.


¡Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 17 de Abril del 2026.

Esta semana en mercado han vuelto los comentarios sobre la posible “burbuja” en Inteligencia Artificial que se está viviendo en las Bolsas después del comportamiento de Allbirds Inc. una compañía americana fabricante de calzado deportivo ecológico, que anunció que pasaba a llamarse NewBird AI, la compañíapublicó un comunicado en el que informó una inyección de capital de 50 millones de dólares y que dejarán de ser fabricantes de calzado para avanzar hacia una “infraestructura de computación para IA”… lo que hizo que la acción se disparase un 620% el miércoles pasado, llegó a subir un 842% intradía!!!


Cotización AllBirds últimos 12 meses:

Los mercados siguen mostrando un sesgo más optimista, apoyados en una moderación del tono de Trump en relación con la guerra de Irán… aunque esto puede cambiar en minutos… esta semana las noticias giraron en torno a que Estados Unidos e Irán estaban valorando extender el alto al fuego dos semanas más (US, Iran Consider Two-Week Ceasefire Extension to Advance Peace Talks – Bloomberg), en este sentido, el Presidente Trump señaló que el conflicto está “cerca de terminar”, lo que introduce un elemento de desescalada que ha contribuido a reducir parcialmente las primas de riesgo geopolítico, y ha llevado a las Bolsas americanas a nuevos máximos históricos. Además, ayer Trump dijo que Israel y el Líbano habían alcanzado un acuerdo para un alto al fuego de 10 días.

Aunque habíamos comenzado la semana con la noticia de que las negociaciones entre Estados Unidos e Irán terminaron sin éxito durante el pasado fin de semana. Trump anunció que la marina americana bloquearía el tránsito a través del Estrecho de Ormuz de buques con salida de puertos de Irán o que le hubiesen pagado un peaje. Diferentes fuentes a lo largo de la semana apuntaban a que ambas partes continúan dialogando y podríamos tener una nueva ronda de negociaciones antes de que finalice el alto el fuego de dos semanas el próximo 22 de abril. El principal escollo gira en torno al control del Estrecho de Ormuz y el programa nuclear iraní. Sobre este último punto, se ha conocido que en las conversaciones del fin de semana pasado Estados Unidos propuso una moratoria de 20 años sobre el enriquecimiento de uranio, rechazada por Irán, que sólo estaba dispuesto a un plazo de 5 años. En cuanto al Estrecho de Ormuz, este lunes por la tarde comenzó el bloqueo de la Armada estadounidense, impidiendo el tráfico marítimo desde cualquier puerto iraní, con el fin de aumentar la presión sobre Teherán. De cara a los próximos días, el foco podría desplazarse parcialmente desde los titulares geopolíticos hacia la reacción de los bancos centrales, especialmente en el marco de las reuniones del FMI. En este contexto, las intervenciones de Lagarde y Lane serán clave para calibrar hasta qué punto el BCE está dispuesto a responder a un shock energético. Además, análisis recientes del propio BCE en su blog apuntan a que la política monetaria podría ser más efectiva en el contexto actual de lo que históricamente se asumía. En concreto, en entornos de inflación elevada, los precios y salarios tienden a ajustarse con mayor rapidez, lo que hace que la inflación sea más sensible a las subidas de tipos. Esto implica que el BCE podría contener posibles efectos de segunda ronda con un menor coste en términos de crecimiento.

Esta semana Bloomberg Economics actualizaba sus previsiones de crecimiento e inflación de la Eurozona tras el conflicto en Irán, estableciendo dos escenarios adicionales a su escenario base, uno con el precio del petróleo bajo y otro con el precio del petróleo alto. En su escenario base el PIB de la zona euro crecerá este año al 0,70% y la inflación se situará por encima del 2% (en el 2,9%). Un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz podría llevar la inflación por encima del 4% este año 2026, e incrementaría la posibilidad de que la zona euro entrase en recesión.

Según el indicador de State Street, publicado esta semana, la inflación en Estados Unidos subió en Marzo hasta el 4% (Inflation reignites: State Street PriceStats signals a sharp spike | State Street), su mayor nivel desde Enero del 2023.

Los analistas advierten de que el conflicto en Oriente Medio dejará “cicatrices” en los mercados mundiales, y que es poco probable que los precios de las materias primas y la rentabilidad de los bonos vuelvan rápido a los niveles previos al conflicto, aun si se alcanza un acuerdo de paz. Los precios de la energía están muy por encima de los niveles anteriores a la guerra, Los inversores afirman que los daños a la infraestructura del Golfo y la pérdida de confianza tras el cierre del estrecho de Ormuz lastrarán la recuperación. Por el Estrecho transita una quinta parte del petróleo y el gas del mundo. El precio del Brent, referencia internacional, se mantiene casi un 35% por encima de su valor en vísperas de la guerra en los mejores momentos de mercado por el acuerdo de tregua. Igual que ocurre con la rentabilidad del bono del Tesoro a dos años, sensible a los tipos de interés. En Europa, donde las economías importadoras de energía son especialmente vulnerables a los precios mundiales del petróleo, las rentabilidades a dos años en el Reino Unido, Alemania e Italia se mantienen más de 0,5 puntos porcentuales por encima de las que registraban en vísperas de las hostilidades. Los estrategas de Lombard Odier, afirman que incluso “si el alto el fuego resultara duradero, el conflicto ha sido lo suficientemente largo y deja suficientes daños como para que cualquier escenario macroeconómico razonable parezca mucho peor que antes del conflicto”. Históricamente, el dólar estadounidense y los bonos del Tesoro se han considerado activos libres de riesgo y se utilizan en todo el mundo como reservas. Sin embargo, el distanciamiento de los aliados por parte del presidente estadounidense Donald Trump y el aumento vertiginoso de la deuda nacional, agravado por la guerra con Irán, han elevado los niveles de riesgo de estos activos.

En esta línea, el optimismo entre los inversores y ahorradores españoles sobre la evolución futura de los mercados de valores ha caído bruscamente en marzo, rompiendo así la tendencia al alza registrada hasta el momento, debido al impacto sobre el ánimo de los inversores del conflicto en Oriente Próximo, según el índice de confianza que elabora trimestralmente JPMorgan Asset Management. Tras alcanzar a comienzos de 2026 uno de los niveles de optimismo más altos de toda la serie histórica de la encuesta, que se elabora desde 2007, la gestora revela que el índice se derrumbó en el tercer mes del ejercicio más de 6 puntos, desde los 2,4 puntos positivos de febrero, hasta situarse en registros negativos del 3,9%.  La caída solo es comparable a la experimentada en 2022, como consecuencia de la invasión de Ucrania. En ese momento, el índice registró tres trimestres consecutivos pesimistas y comenzó a recuperarse en 2023. En la última oleada de la encuesta realizada por la firma, correspondiente al período comprendido entre enero y marzo de este año, el número de inversores optimistas que veían probable o muy probable que las Bolsas experimentasen ganancias en 2026 se redujo hasta el 24% en marzo desde un 40% en los dos meses anteriores. Por contra, los pesimistas, que prevén caídas en Bolsa, se han disparado y suponen casi seis de cada diez inversores, cuando unas semanas antes eran menos de dos de cada diez. Solo un 20% creen que las bolsas se mantendrán invariables, por debajo del 35%, la media habitual. La geopolítica encabeza las causas de desconfianza para seis de cada diez inversores que se declaran pesimistas.

Esta semana ha comenzado la presentación de resultados del Primer Trimestre del 2026, los primeros en publicar han sido los bancos de inversión americanos, Goldman Sachs, Citigroup, JP Morgan, Wells Fargo, Morgan Stanley y Bank of America, impulsados por la fuerte actividad de trading en un trimestre extraordinariamente volátil. Goldman Sachs cayó un-1,87% el lunes que publicó a pesar de marcar su mejor trimestre en 5 años impulsado por el trading en renta variable, aunque pesando en negativo un decepcionante trading de renta fija respecto a unas exigentes previsiones de los analistas. Fuera del sector bancario conocimos también los números de Johnson & Johnson y 27 compañías del S&P 500. De entre los 11 sectores del S&P 500 el consenso prevé que el sector financiero publique el tercer mayor crecimiento interanual de Beneficio Por Acción con un avance esperado del +15,1% en 1T26 frente al +14,6% interanual estimado a Diciembre del 2025, y donde destacaría la contribución del sector seguros para el que se estima un crecimiento del +34% interanual seguido de financiación al consumo con un +30%. De cara a los próximos 4 trimestres el consenso estima un crecimiento de ingresos menor al de 1T26, de media del +7,8%. Tras los temores de finales de año en torno a una posible sobreinversión en centros de datos y el castigo sufrido por el software ante la potencial disrupción de los nuevos modelos de inteligencia artificial, los resultados de dos de los primeros eslabones de la cadena de suministro de los centros de datos, ASML y Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), han evidenciado que la guerra en Irán no ha supuesto un desgaste relevante para la demanda de chips. Aunque las cifras mensuales de TSMC ya anticipaban esta fortaleza, la reciente publicación de resultados ha confirmado un nuevo trimestre récord para la compañía, que además ha logrado mejorar sus márgenes pese al incremento en los precios de los insumos. El beneficio neto creció un +58% y la empresa espera que, en el conjunto del año, los ingresos acumulados aumenten en torno a un +30%, impulsados por la mayor demanda de sus principales clientes, entre los que destacan Nvidia y Apple.

Una de las razones que ven muchos analistas para explicar lo bien que están aguantando los mercados pese a la presión de precios de las materias primas, fundamentalmente del gas y del petróleo y la caída del dólar… es por la percepción de que los resultados de las compañías van a seguir creciendo fuertemente. Según los últimos datos de Facset (S&P 500 Could Report Earnings Growth of 19% for Q1) se espera que los ingresos de las compañías del S&P 500 crezcan un 19% este primer trimestre del 2026, lo que supondría el ratio de crecimiento de ingresos más alto desde el cuarto trimestre del 2021 (+32%). Los resultados de las compañías del S&P 500 han superado las estimaciones de los analistas del mercado en 37 de los últimos 40 trimestres, las únicas excepciones fueron en el 1T 2020, 3T 022 y 4T 2022.

Los gestores de fondos están preocupados por la inflación y por la desaceleración del crecimiento a nivel global y cómo pueden afectar a sus inversiones según la última encuesta realizada a gestores de fondos de Bank of America, en la última semana, en la que cerca de 200 gestoras internacionales, con más de 563.000 millones de dólares en conjunto han dado su opinión. Las expectativas de crecimiento del PIB han caído más que nunca desde marzo de 2022, mientras que el miedo a que la inflación repunte se ha disparado a su nivel más alto desde mayo de 2021. Prácticamente, el 70% de los gestores espera un aumento de los precios durante los próximos 12 meses, frente al 45% que lo esperaba en marzo. De hecho, la inflación es, junto a la escalada de las tensiones geopolíticas, el mayor riesgo de incertidumbre para los inversores profesionales a la hora de mover sus carteras. Durante el mes pasado, tras desatarse el conflicto en Irán, los gestores dispararon de manera significativa los niveles de liquidez en cartera, como defensa para las inversiones. Este mes, en cambio, los porcentajes de efectivo se han mantenido más o menos estables, con un peso de alrededor del 4,3% en el patrimonio. Lo que sí se ha movido durante las últimas semanas son las carteras. El porcentaje de las inversiones en Bolsa sobre el total de las carteras ha caído de manera considerable. Según la encuesta, cede desde una sobreponderación neta del 37% el mes anterior, hasta suponer ahora el 13% de las inversiones totales. Los gestores han reducido su exposición al sector sanitario y a la Bolsa de Japón, que durante el primer trimestre había atraído buena parte de las miradas de los grandes inversores de todo el mundo. De hecho, las inversiones en acciones japonesas han vivido en apenas cuatro semanas la mayor caída en cartera desde noviembre de 2024. Por el contrario, han aumentado las inversiones en dólares estadounidenses y la exposición al sector de las telecomunicaciones. En cuanto a regiones, las acciones de los mercados emergentes siguen siendo las grandes favorecidas de los movimientos en cartera de los grandes fondos de inversión. Una de las claves que está moviendo el sentimiento de los mercados durante la guerra de Irán es el precio del petróleo. Según la encuesta de Bank of America, los inversores profesionales prevén que el precio del crudo se sitúe alrededor de los 84 dólares por barril a final del ejercicio. Por debajo del precio actual, pero prácticamente un 40% por encima con respecto a los 61 dólares por barril de cotización del Brent cuando comenzó el año. Otro de los puntos fuertes para el mercado derivado de la crisis geopolítica internacional está en cómo reaccionarán los banqueros centrales a un posible repunte de la inflación. En este sentido, el 58% de los gestores de fondos todavía cree que la Reserva Federal recortará los tipos de interés en los próximos 12 meses. La mayoría de los inversores cree que la Reserva Federal (Fed) bajará los tipos una vez y un 29% de los gestores cree que Jerome Powell, el presidente del organismo, no se moverá. En cuanto a Europa, la mayoría de los gestores (el 46% de los encuestados) asegura que el Banco Central Europeo (BCE) subirá los tipos de interés a lo largo de este ejercicio.

El S&P 500 ha subido 7 días seguidos, y ha subido más de un 3% durante 2 semanas consecutivas, históricamente estos dos hechos son señales alcistas para las Bolsas. Además, el Nasdaq 100 ha subido 10 días seguidos por primera vez desde el 2021, esto sólo ha pasado en 14 años desde 1986, y 13 de esos 14 años el Nasdaq terminó en positivo con un comportamiento medio de +25%.

Como digo, muchos índices de Bolsa han vuelto a máximos, pero varios indicadores tácticos de posicionamiento y sentimiento de inversores (NAAAIM, BULL Minus BEARS) están muy bajos, síntoma de que esta subida ha pillado a la mayoría de los inversores fuera, muy desinvertidos… (NAAIM Exposure Index – The National Association of Active Investment Managers – NAAIM)

NAAIM exposure index (Linea Blanca), S&P500

AAII Bulls -Bears Index

Importante esta semana:

El cierre del Estrecho Ormuz ha trasladado la tensión geopolítica hacia el estrecho de Malacca, un paso marítimo de apenas 2,7 kilómetros en su punto más estrecho por el que transita cerca del 40% del comercio mundial y la mayor parte del crudo que Oriente Próximo envía a China, Japón y Corea del Sur. Washington ha ordenado a su Armada interceptar buques vinculados a pagos a Irán, lo que ha puesto bajo escrutinio esta vía clave, utilizada además por la llamada “flota oscura” iraní para transferencias de petróleo. El foco se ha desplazado a Indonesia, Malasia y Singapur, con diferencias claras, Singapur defiende el libre tránsito sin concesiones por Ormuz, Malasia apuesta por el diálogo con Teherán y Yakarta sopesa ampliar la cooperación militar con Estados Unidos, consciente de que por sus aguas pasa cerca del 70% de la energía de Asia oriental.

Según Telegraph ayer, Estados Unidos estaría intentando negociar un acuerdo amplio con Irán, ofreciendo alivio de sanciones y apoyo a programas civiles, incluyendo energía nuclear con fines no militares, a cambio de que Irán abandone el enriquecimiento de uranio y reduzca su apoyo a grupos armados. Por su parte, según Reuters, Irán estaría considerando permitir el paso libre de buques por la zona del estrecho de Ormuz controlada por Omán.

Según publicó también ayer el Financial Times, se espera que Israel y Hezbolá alcancen un alto el fuego en los próximos días, en gran parte gracias a la presión ejercida por Estados Unidos. Este acuerdo afectaría al frente norte del conflicto y reduciría la intensidad de los enfrentamientos en la región.

El lunes Trump señaló que “podríamos pasar por Cuba cuando terminemos con esto”, lo que plantea un nuevo foco geopolítico más allá de Oriente Medio.

En el lado macroeconómico esta semana hemos conocido un débil dato de ventas de casas de segunda mano en Estados Unidos durante el mes de febrero, que cayeron un 1% interanual, situándose en su menor nivel desde Junio del 2025, teniendo en cuenta que todavía no había impactado el alza de los tipos hipotecarios por la guerra de Irán, generando unas pobres expectativas para los próximos meses.

El miércoles se publicó el Libro Beige de la Fed que sirve para preparar la próxima reunión del 29 de Abril y para la que no se esperan cambios en los tipos de intervención. El Libro Beige no arrojó sorpresas, apuntando a una actividad económica creciendo a un ritmo leve-moderado, con un mercado laboral estable y un impacto limitado de la IA, aunque señalaba que la situación en Oriente Medio está provocando una mayor incertidumbre y dificultando la contratación, la fijación de precios y la inversión en capital. La reunión de la Fed del 29 de Abril será la última reunión de Powell como Presidente de la Fed, mientras continúan las presiones de Trump para que también deje de ser gobernador.

En China se publicaron cifras de comercio exterior, el superávit de marzo desciende un fuerte 50% anual por el freno de las exportaciones (+2,5% interanual frente al +40% del mes anterior) y la subida de las importaciones (+28% interanual frente al +14% del mes anterior). No obstante, hay que tener en cuenta la estacionalidad y ruido que genera el Año Nueva Lunar. Mirando los números del primer trimestre del 2026 se ve una moderada contracción del superávit (-2,3% interanual) derivado de la guerra arancelaria, al impactar negativamente en las exportaciones hacia Estados Unidos.

China Imports & Exports Trade Balance Value (March 51,13bn usd Vs 107,55bn usd survey):

Siguiendo en China ayer publicó un crecimiento del PIB del 5,0% interanual en el primer trimestre, superando las expectativas del mercado (4,8%). El dato sugiere que la economía china está mostrando una cierta recuperación tras un periodo de debilidad.

En Estados Unidos el próximo 21 de abril se celebrará la audiencia de confirmación de Kevin Warsh ante el Comité Bancario, como candidato a la presidencia de la Reserva Federal. En la sesión, los senadores examinarán su visión sobre la economía, la inflación y la independencia del banco central.  Superada la audiencia, el calendario de la votación en el pleno del Senado está condicionada al desenlace de la investigación del Departamento de Justicia sobre Jerome Powell. La Administración Trump sostiene que Powell habría realizado declaraciones falsas ante el Congreso en relación con una costosa renovación de la sede de la Reserva Federal, lo que podría tratarse de un intento de socavar la independencia de la autoridad monetaria. Los senadores, incluidos los republicanos, han advertido que no aprobarán a Warsh mientras la investigación siga abierta. Y, es más, si se retrasa este proceso, Powell continuaría al frente del banco central como presidente interino, sin embargo, después de que un juez federal denegase una solicitud del Departamento de Justicia para reconsiderar el fallo, el fiscal federal anunció que continuaría con el caso y apelaría la decisión. 

La Presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde dejó claro esta semana que el BCE no puede afirmar que mirará “a través” del shock energético de Irán, ya que aún es pronto para evaluar su impacto inflacionista, lo que refleja un sesgo prudente pero vigilante. Lagarde añadió que el BCE se encuentra en una buena posición para actuar y que no permitirá un desanclaje de las expectativas de inflación.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó esta semana a la baja sus previsiones de crecimiento de la economía mundial en dos décimas, hasta situarlo en el 3,1%, en medio de un clima marcado por el impacto de la guerra en Oriente Próximo y el repunte de los precios energéticos. Además, el organismo advierte que, en el peor de los escenarios, si el conflicto se alarga más allá del verano, la economía mundial incluso podría entrar en recesión, con la inflación disparada por encima del 6%. Si bien no es el escenario más probable, el FMI no descarta nada. “El entorno es incierto y cambia cada día”, según insistió el economista jefe del FMI, Pierre-Oliver Gourinchas, durante la presentación de los nuevos datos del Informe de Perspectivas Económicas que el organismo actualiza cada trimestre. “La duración y la magnitud del conflicto, además del tiempo que tarde en normalizarse la producción y el tránsito de energía, serán aspectos determinantes”, apuntó. Mientras tanto, el organismo ya ha revisado a la baja sus previsiones, a la espera de saber si tendrá que volver a hacerlo en la revisión de julio. Mientras que los países del Golfo Pérsico y algunas regiones de Asia se llevaron la peor parte en esta actualización, España se mantuvo en este contexto como una de las economías avanzadas más dinámicas, por delante de sus principales socios europeos. Aun así, no se ha librado de los recortes del organismo multilateral, que también rebajó en dos décimas sus pronósticos para el PIB español, como ya adelantó a finales de marzo que concluirá 2026 con un avance del 2,1% (frente al 2,3% que se preveía a comienzos del ejercicio). Destaca dentro de la eurozona, pero los signos de ralentización son claros. El FMI cree que la economía nacional solo avanzará un 1,8% el año que viene. Pese a la moderación, el ritmo es superior al de las principales economías europeas. La eurozona apenas crecerá en conjunto un 1,1% este año, y un 1,2% en 2027, penalizada por el impacto energético y la debilidad industrial. Alemania apenas avanzará un 0,8% en 2026, y se lleva el mayor recorte en las previsiones actuales, con tres décimas menos frente a las estadísticas publicadas en enero. Francia se quedará en el 0,9% e Italia se estancará en el 0,5%. Reino Unido crecerá un 0,8% este año, pero el FMI cree que remontará en 2027, con un salto hasta el 1,3%. El FMI puso de manifiesto que el impacto negativo del conflicto en Irán está siendo más acusado en economías importadoras de energía, entre las que se encuentran las europeas, pero es especialmente notable en Asia, cuya dependencia del petróleo que pasa por el estrecho de Ormuz es mayor. Y, por supuesto, las consecuencias negativas se dejan ver especialmente en los países del Golfo. En Oriente Próximo, a día de hoy, la media se sitúa en una caída del PIB del 1,9%. Cuanto más se alargue el conflicto, más empeorarán las próximas previsiones que publique el Fondo Monetario. En esta actualización, Irán figura entre los más afectados por el conflicto. Su economía se contraerá un 6,1% este año. El FMI pronostica peores cifras aún para sus vecinos, como Catar, con una caída del PIB del 8,6% o Irak, con un descenso del 6,8%. Kuwait y Bahréin entrarán también este año en recesión, con una contracción del 0,6% y el 0,5%, respectivamente. Por su parte, el PIB de Estados Unidos mantiene un tono sólido con una previsión de crecimiento del 2,3% para este año, solo una décima menos de lo calculado en enero. Su éxito se apoya en el impulso fiscal y en la productividad vinculada a la tecnología, aunque con señales de desaceleración en el empleo y el consumo. Aun así, grandes retos por delante, como la inflación, que sigue por encima del objetivo fijado y podría desbocarse a consecuencia de las tensiones energéticas, condicionando a su vez la política monetaria y el papel del dólar como activo refugio. China también crece, pero sigue perdiendo tracción. Mejorará un 4,4% en 2026 (tras una rebaja de una décima) y un 4,0% en 2027, con el sector inmobiliario como principal lastre y una economía cada vez más dependiente del sector exterior. India se consolida como la gran excepción entre las grandes economías, con un crecimiento del 6,5%, muy por encima del resto, después de que el FMI haya revisado al alza sus números. La mejora se debe a su menor exposición al petróleo que pasa por Ormuz y a la relajación en las relaciones comerciales con Estados Unidos.

En España, se confirmaba este martes el repunte de la inflación en marzo con el conflicto en Oriente Medio como telón de fondo. El pasado mes, el IPC interanual se situó en el +3,4%, muy por encima del +2,3% visto en febrero, mientras que la tasa subyacente repuntó dos décimas hasta el 2,9%, el grupo de transporte, cuya tasa anual subió más de cinco puntos hasta el 5,3%, fue uno de los que más destacó. Asimismo, el componente asociado a la vivienda situó su variación interanual en el 3,7%, casi dos puntos por encima del mes pasado.

En la eurozona ayer también se publicaron los datos de IPC de Marzo peor de lo anticipado. La inflación armonizada en la eurozona fue finalmente del 2,6% interanual, una décima más de lo adelantado a finales de marzo, siete décimas superior al IPC de febrero, y la tasa más alta desde julio de 2024. Un salto cuantitativo más que notable en apenas un mes, en el que los precios se dispararon un 1,3% en tasa mensual. Y otro tanto sucedió en el conjunto de la UE, donde el IPC escaló al 2,8% frente al 2,1% del mes anterior tras haber crecido un 1,1% mensual. Los precios repuntaron, con mayor o menor fuerza, en 22 de los 27 Estados miembros de la UE y en 18 de los 21 países del euroEspaña ha sido uno de los países del bloque más golpeados por esta marea, con un IPC armonizado en marzo del 3,4% interanual, nueve décimas más que en febrero, tras un acelerón mensual del 1,7%. Este súbito e intenso esprint sitúa a España entre los países europeos más inflacionarios, el octavo en el conjunto de la UE, el séptimo de la zona euro y el primero entre las grandes economías del club comunitario, lo que, en un momento difícil para toda la UE, perjudica especialmente la competitividad de las exportaciones españolas, cuyo destino mayoritario es el propio bloque europeo. La brecha negativa con la zona euro se sitúa en 8 décimas, el diferencial con Alemania, cuyo IPC subió un 2,8%, en 6 décimas, en 1,4 puntos porcentuales con Francia, donde los precios repuntaron un 2%, y en 1,8 puntos con Italia, cuya inflación fue del 1,6%. Esta primera sacudida inflacionista ha sido fuerte, pero lo peor aún podría estar por llegar. “Abril será mucho peor que marzo”, avisó recientemente Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que en las últimas fechas no se ha cansado de alertar de la enorme gravedad de la crisis energética provocada por la guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, asegurando que esta crisis será peor que “las de 1973, 1979 y 2022 juntas”.

Los precios energéticos se dispararon un 5,1% interanual en marzo en la zona euro, en contraste con las caídas registradas en los meses previos (un 3,1% en febrero), ya que el resto de componentes de la cesta de la compra europea se han moderado, aunque en algunos casos siguen subiendo a tasas significativas. Por ejemplo, el precio de los alimentos frescos, que en marzo se encareció un 4,2%, aun así 4 décimas menos que en febrero, o de los servicios, que lo hizo un 3,2% frente al 3,4% del mes anterior. Los alimentos procesados subieron un 1,7%, una décima menos que en febrero, mientras que los bienes industriales no energéticos lo hicieron un 0,5%, frente al 0,7% del mes anterior.

Esta relativa contención de los precios al margen de la energía ha permitido que la inflación subyacente (excluyendo tanto los precios energéticos como los de los alimentos frescos) se modere al 2,2%, una décima menos que en febrero, aunque si la crisis se prolonga, solo será cuestión de tiempo que las presiones inflacionarias se contagien al resto de la cesta. De hecho, en España ya ha empezado a ocurrir. En marzo, el IPC subyacente aceleró hasta el 2,9%, dos décimas más que un mes antes y la tasa más alta desde abril de 2024, mostrando que la subida de precios se ha filtrado también a la parte más estructural de la cesta de la compra, con encarecimientos bastante generalizados. En el conjunto de la UE, las tasas de inflación más elevadas en marzo correspondieron a Rumanía, con un 9%, a Croacia, con un 4,6%, a Lituania, con un 4,4%, y a Luxemburgo, con un 3,8%, todos ellos con cifras muy superiores al objetivo de estabilidad de precios del 2% del BCE. Dinamarca fue el país con menor tasa de inflación, un 1%, seguido de Suecia y Chipre, ambos con el 1,5%.

Esta semana, y en línea con los datos de inflación, una parte relevante del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) se muestra pesimista ante los efectos que la guerra en Irán puede tener sobre la inflación de la zona euro. Así lo desvelan las actas de la última reunión de política monetaria, celebrada en marzo ya con el conflicto en curso, y en las que se señala que “algunos miembros se preguntaron si la información más reciente era más coherente con el escenario adverso” contemplado por la plantilla del BCE. Frente a una inflación del 2,6% que los expertos del banco central manejan para este año en su escenario base, el denominado adverso recoge una escalada de la inflación hasta el 3,5%. Ese escenario se simula teniendo en cuenta que el BCE lleva a cabo dos subidas de los tipos de interés. Pero ni siquiera con el mayor endurecimiento monetario la inflación se encuentra cerca del objetivo del 2% del banco central. “Todos los miembros consideraron que los riesgos relacionados con las perspectivas de inflación se inclinaban al alza en comparación con las proyecciones recogidas en el escenario base, especialmente a corto plazo”, según las actas. El BCE publicó en marzo también un tercer escenario al que denominó “severo” en el que la inflación se elevaba este año hasta el 4,4%. Sin embargo, los miembros del Consejo de Gobierno reconocen que, a la luz de los datos actuales, “el escenario severo se podría considerar como algo extremo”. Este escenario, además, es el único en el que la inflación no regresa a una senda descendente en 2027, sino que sigue elevándose hasta casi rozar el 5%. La institución presidida por Christine Lagarde está decidida a hacer lo que sea necesario para mantener la inflación en cotas adecuadas a medio plazo. Los miembros del BCE reconocen que lidiar con los efectos de la guerra de Irán podrían requerir subir los tipos de interés aunque el crecimiento sea mucho más bajo de lo previsto a comienzos de año. La clave para determinar si los tipos de interés tendrán que subir y, en caso afirmativo, cuánto deberán hacerlo, lo marcarán los potenciales efectos de segunda ronda en la inflación. Hasta la fecha, la subida de los precios se ha mantenido exclusivamente en el campo de la energía, con el petróleo y el gas natural disparados, entre otros. Sin embargo, una parte relevante del Consejo de Gobierno del BCE considera que el shock por el cierre del estrecho de Ormuz “crea las condiciones para una posible ampliación de las presiones sobre los precios más allá de las derivadas de los precios de los combustibles”. En ese sentido, destacan que “algunas grandes empresas industriales ya habían comenzado a anunciar aumentos de precios para productos como detergentes, neumáticos para automóviles, alimentos para animales, materiales de construcción, pañales, champú y bolsas de basura”. Por lo tanto, se argumentó que la transmisión de los precios más altos de la energía a la inflación podría ser más fuerte de lo previsto. En la última reunión de política monetaria, a la que corresponden las actas publicadas ayer, el BCE optó por mantener sin cambios los tipos de interés en el 2%. Según argumentaron los banqueros centrales, era preferible esperar en un momento de tanta incertidumbre, sobre todo teniendo en cuenta que la siguiente cita, el 30 de abril, se celebraba solo seis semanas después, pudiendo subir los tipos o esperar más en función de los datos.


La combinación de política caótica y una economía resiliente no puede perdurar. Martin Wolf. Financial Times.

¿Cuánto tiempo podremos mantener una economía resiliente con una política caótica? ¿Puede la respuesta ser “para siempre”? Si no, ¿terminará con el triunfo de la resiliencia sobre el caos, o a la inversa? Estas son las preguntas que plantea la actual combinación de una economía robusta con una política que, de no ser por su gravedad, podría considerarse una farsa.

A principios de la semana pasada, Donald Trump advirtió a Irán que si no se reabría el estrecho de Ormuz, “todo el país podría ser aniquilado en una noche, y esa noche podría ser mañana”. Dos días después, se nos informó que Estados Unidos e Irán habían acordado un alto el fuego de dos semanas que abriría el estrecho. Luego, como el alto el fuego no se cumplió y el estrecho permaneció cerrado, el vicepresidente estadounidense JD Vance se desplazó a Islamabad para negociar un acuerdo de paz. Fracasó.

Acto seguido, Trump escribió en Truth Social que “con efecto inmediato, la Armada de EEUU comenzará a bloquear todos y cada uno de los buques que intenten entrar o salir del estrecho de Ormuz”. Posteriormente, Estados Unidos explicó que su bloqueo se extendería a “la totalidad de la costa iraní”, incluyendo puertos y terminales petroleras, y se aplicaría a todos los buques, “sin importar su bandera”.

¿Qué podemos deducir de todo esto? Un aspecto importante es que la confusión es una característica inherente a la estrategia de Trump. Sin embargo, la falta de previsibilidad tiene consecuencias. El último informe de Perspectivas de la Economía Mundial del FMI comienza con un análisis de la incertidumbre. La guerra actual en Oriente Próximo es una importante fuente de dicha incertidumbre. Los altibajos de la política comercial estadounidense bajo la administración Trump son otro factor, por no mencionar la guerra en Ucrania y las rupturas en la alianza occidental. No es de extrañar que varios indicadores de incertidumbre política y económica se hayan disparado.

Cambio en los pronósticos

En este contexto, el FMI ha adoptado en los últimos años una estrategia novedosa para sus pronósticos. En lugar del tradicional escenario base, presenta una previsión de referencia, basada en el supuesto de que las perturbaciones causadas por la guerra con Irán se disiparán a mediados de 2026. Sin embargo, también incluye escenarios adversos y graves. En el primero, un conflicto más prolongado mantendría los precios de la energía elevados durante más tiempo. En el segundo, se producirían daños aún más extensos a la infraestructura energética de la región.

En la previsión de referencia, se pronostica un crecimiento mundial del 3,1% en 2026 y del 3,2% en 2027, por debajo del 3,4% registrado en 2024-25, y que se estabilizará en esta tasa inferior a medio plazo. Esto estaría muy por debajo de la media del 3,7% del periodo 2000-2019.

Esta previsión más reciente para el crecimiento mundial en 2026 es tan solo 0,2 puntos porcentuales inferior a la publicada en enero de 2026. Sin embargo, el Informe sobre la Economía Mundial (WEO, por sus siglas en inglés) señala que, de no haber ocurrido la guerra, el crecimiento de este año se habría revisado al alza. Además, se espera que la inflación alcance el 4,4% este año.

Según el escenario adverso del Fondo Monetario Internacional (FMI), el crecimiento mundial se ralentizaría hasta el 2,5% en 2026 y la inflación alcanzaría al 5,4%. En su escenario aún más severo, el crecimiento mundial se reduciría a alrededor del 2% este año, mientras que la inflación alcanzaría el 5,8%. Así pues, el impacto económico de la guerra depende de lo que ocurra a continuación: un cese de hostilidades y la reapertura del estrecho de Ormuz en un futuro próximo, en el mejor de los casos, o un conflicto prolongado y destructivo, en el peor.

Los costes de la guerra también se distribuyen de forma desigual; la carga es mayor en la región del conflicto, para los importadores de materias primas y los países que ya estaban en situación de vulnerabilidad. Huelga decir que nada de esto parece preocupar a quienes la iniciaron.

Si observamos un panorama aún más amplio, podemos identificar posibilidades más preocupantes y también más alentadoras. En cuanto a las primeras, como señala el Fondo Monetario Internacional, “predominan los riesgos a la baja”. Nos encontramos, como ha señalado Mark Carney, en una era de “ruptura”.

Las fuerzas en juego no parecen tan distintas a las del período 1914-1945, con enormes cambios en el poder relativo y convulsiones ideológicas y tecnológicas. Hoy también podemos observar muchos riesgos: tensiones geopolíticas; perturbaciones en el suministro de materias primas esenciales; interrupciones comerciales; decepción ante la rentabilidad de la IA –y, por consiguiente, un colapso de la inversión en esta tecnología–; déficits fiscales prolongados y una acumulación cada vez mayor de deuda pública.

Además de daños a instituciones cruciales, especialmente a los bancos centrales, con la consiguiente desestabilización de las expectativas inflacionarias. A esta lista cabe añadir –aunque no por el FMI– el colapso de Estados Unidos como potencia hegemónica benevolente: el lenguaje y las actitudes de quienes defienden esta guerra constituyen su golpe de gracia.

La otra cara

También hay aspectos positivos. Como bien señala el FMI, “antes de la guerra, la evolución de la economía global era mejor de lo esperado”. En concreto, el crecimiento de las exportaciones tecnológicas, impulsado por el boom de la IA, ayudó a compensar el lastre de los aranceles de Trump.

El impacto de estos últimos también se vio contrarrestado por los cambios del comercio mundial en respuesta a la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Además, hasta el momento, el proteccionismo estadounidense no se ha extendido por todo el mundo.

Más recientemente, la derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría sugiere que su estilo político –la alianza entre corrupción y guerras culturales– adoptado por Trump y promovido por Putin puede ser derrotado, siempre que las elecciones sean razonablemente libres, sobre todo porque este enfoque no funciona. Es más, así como el mundo no desea seguir el proteccionismo de Trump, tampoco desea (hasta ahora) seguir su recién descubierta belicosidad.

Todavía existe una demanda de cooperación y relaciones pacíficas. La humanidad aún no ha abandonado por completo todo lo aprendido en favor de las insensateces del nacionalismo agresivo o las guerras supuestamente sagradas.

El FMI describe un mundo muy distinto al que sus creadores soñaron en 1944. Pero el Informe sobre la Economía Mundial (WEO) demuestra que ese mundo aún no ha desaparecido. Lo que está en juego no es solo la paz y la prosperidad, sino un concepto de civilización al que Putin y Trump son ajenos. Algunos, sin embargo, olvidan lo frágil que es el sistema actual.


Las consecuencias económicas de una paz inestable en Oriente Próximo. Rafael Pampillón. Profesor de la Universidad CEU- San Pablo y del IE Business School.

En 1919, John Maynard Keynes publicó Las consecuencias económicas de la paz, un libro que, leído hoy, sigue resultando actual. No era solo un análisis del Tratado de Versalles firmado en 1919. Era una clara advertencia. Si una paz se diseña contra el funcionamiento económico de un país, no es una paz, sino una tregua inestable. La experiencia de entreguerras lo demostró con claridad. Keynes entendió algo que a menudo se olvida: ganar una guerra no significa saber construir la paz.

Esa intuición sirve como punto de partida para pensar en la posguerra en Oriente Próximo. Tras el conflicto a gran escala protagonizado por Irán, Israel y Estados Unidos. Pero, a diferencia de la Europa de 1919, aquí no estamos sólo ante un país derrotado, sino ante toda una región erosionada por años de conflictos. La pregunta, por tanto, debe ser más amplia: ¿puede reconstruirse Irán y estabilizarse la región si los acuerdos de paz limitan la capacidad de sus economías para funcionar?

Una región dañada

La Alemania después de la Primera Guerra Mundial, como señalaba Keynes, no estaba completamente devastada en términos de estructura de capital físico. La clave no era la destrucción de Alemania, sino la incompatibilidad entre las obligaciones impuestas por las potencias vencedoras —especialmente Francia y el Reino Unido— y la capacidad real de la economía alemana.

En Oriente Próximo, el problema es distinto, pero el resultado puede ser similar. Irán y los países del Golfo emergerán de la guerra con daños en infraestructuras críticas –refinerías, pozos de gas y petróleo, puertos, centrales eléctricas o plantas desalinizadoras–. Pero, además, lo harán en un entorno regional igualmente deteriorado.

Existe una tentación recurrente de confundir reconstrucción con obra pública. Pero una economía no es la suma de infraestructuras, sino una red de interdependencias. Keynes lo entendió con claridad: el problema no era solo cuánto debía pagar Alemania, sino si, en esas condiciones, podía seguir funcionando como una economía.

En el caso de Irán, la reconstrucción empieza por lo más básico: la electricidad. Sin redes eléctricas estables, la industria no produce, los servicios no operan y la inversión no llega. Pero la electricidad no es solo generación, es distribución, mantenimiento, combustible y financiación. En definitiva, un sistema.

Algo similar ocurre con las redes de transporte. Carreteras, ferrocarriles, puertos y centros de distribución forman el circuito de la economía. La guerra rompe ese circuito, y su reconstrucción no es inmediata. Se necesitan años para restablecer no solo las infraestructuras, sino la confianza en que funcionarán de forma continua.

Y éste es uno de los riesgos más serios: la ilusión de la reconstrucción visible. Resulta relativamente rápido reparar una central o reabrir un puerto; es mucho más lento reconstruir las cadenas de suministro, los flujos comerciales y la confianza de los sistemas financieros que los sostienen. Sin esto, la economía permanecería estancada.

La ventaja de la energía no es garantía

Irán cuenta con un activo que Alemania no tenía en 1919: una base energética de primer orden. Petróleo y gas le otorgan, al menos sobre el papel, una capacidad de recuperación considerable. Pero para que los recursos energéticos se conviertan en bienestar económico, es necesario que existan condiciones de seguridad, buenas instituciones, acceso a mercados, financiación internacional y tecnología. Sin estos elementos, los recursos permanecen infrautilizados o capturados por circuitos informales que degradan el sistema económico.

La experiencia reciente de países con grandes reservas energéticas, pero instituciones debilitadas parece clara: los recursos naturales no sustituyen a las instituciones.

Ormuz: el paso estrecho de la soberanía

Pocos lugares condensan tanta tensión geoeconómica como el Estrecho de Ormuz. En un escenario de posguerra, su papel es decisivo. No solo por el volumen de hidrocarburos que transita por él, sino por lo que simboliza: el control de una arteria vital del sistema energético mundial.

Formalmente, Irán mantendría su soberanía sobre sus costas. Pero la realidad podría ser más compleja. La presión internacional para garantizar la seguridad del tráfico marítimo probablemente daría lugar a un sistema internacional de supervisión. Y no un control exclusivo de Irán.

Como en la Europa posterior a Versalles, la soberanía no desaparecerá, pero quedará condicionada. Y, como entonces, esa limitación podría convertirse en una fuente persistente de fricción.

Empresas europeas: oportunidad y límites

En este escenario, la pregunta inevitable es qué papel pueden tener las empresas europeas —y en particular las españolas— en la reconstrucción, de Irán y de los países árabes afectados.

Su posición es relevante. España cuenta con empresas de ingeniería y construcción con experiencia internacional en sectores clave para la posguerra: infraestructuras de transporte, energía, desalación, redes eléctricas o gestión de agua. En definitiva, los ámbitos donde la reconstrucción será más intensa.

Además, existe un factor que no parece menor: una cierta percepción de neutralidad relativa frente a otros actores. En entornos fragmentados, esa percepción puede facilitar la entrada en proyectos en los que otros pueden encontrar resistencias.

Sin embargo, la reconstrucción no es un mercado abierto, sino un espacio condicionado por la geopolítica. En los países árabes, las empresas estadounidenses partirán con ventaja, no solo por su capacidad técnica, sino por el respaldo político a los Países del Golfo.

En Irán, en cambio, las empresas europeas podrían encontrarse en mejores condiciones relativas, precisamente por no haberse involucrado directamente en el conflicto. Esa posición puede favorecer su acceso a proyectos de reconstrucción. Sin embargo, el régimen de sanciones y las limitaciones de financiación internacional pueden dificultar esa ventaja.

En este contexto, las empresas asiáticas (especialmente las chinas) pueden ocupar una posición dominante, no solo por su capacidad técnica, sino por su disposición a operar en entornos de riesgo y su capacidad de integrar financiación y ejecución.

Para las empresas españolas, por tanto, la oportunidad no será generalizada, sino concentrada en nichos concretos y probablemente en colaboración con consorcios internacionales. Y, en muchos casos, resultará más accesible en países árabes en reconstrucción que en el propio Irán.

Un tiempo largo de la recuperación

La reconstrucción no es un proceso lineal. Existe una ilusión persistente tras las guerras: la de la rapidez. Pero la recuperación económica resulta siempre más lenta y compleja de lo que se anticipa.

Para Irán puede pensarse en tres fases en línea con los análisis del Banco Mundial. La primera es la estabilización (1 o 2 años): restablecer suministros básicos y evitar el colapso. La segunda es la reconstrucción funcional (de 3 a 7 años): recuperar infraestructuras críticas y reactivar la producción. La tercera es la normalización económica (más de una década): integración plena en la economía global.

La experiencia de Venezuela lo ilustra bien. A pesar de contar con enormes reservas de petróleo, la degradación institucional ha hecho que su recuperación sea lenta. Incrementar la producción puede lograrse en pocos años, pero reconstruir plenamente el sector petrolero requiere rehacer todo el sistema, un proceso que puede extenderse a una década.

El mundo de después

Esta posguerra, como todas, va a redefinir el sistema internacional. Y lo hace en una dirección clara: mayor fragmentación.

La lección sigue siendo la misma que en 1919: una economía no puede funcionar si se le exige simultáneamente reconstruirse y operar bajo fuertes restricciones. Si Irán queda atrapado en un sistema que limite su acceso a mercados, financiación y tecnología, su recuperación será inevitablemente incompleta. Y si, además, sus vecinos –Irak, Siria, Líbano o Yemen– continúan siendo economías frágiles y fragmentadas, la región en su conjunto tenderá a la inestabilidad.

Por el contrario, una paz que permita reconstruir infraestructuras, restablecer interdependencias y reintegrar las economías en el sistema internacional tendrá más posibilidades de sostenerse en el tiempo. Ésa es, en el fondo, la intuición de Keynes: desplazar el foco desde las exigencias políticas hacia lo que una economía puede realmente soportar sin romperse.

Oriente Próximo se enfrentaría exactamente a ese dilema. Reconstruir será necesario, pero no suficiente. La paz no se decide en los acuerdos, sino en la capacidad de las economías para volver a funcionar con normalidad. Y, si esa capacidad se ve limitada desde el inicio, como ocurrió con Alemania en 1919, la historia ya ha demostrado cómo termina: con una guerra aún más grave que la anterior. En efecto, los conflictos no solo tienen consecuencias militares, sino también económicas, y estas últimas no parecen haber sido bien calibradas por Trump en la guerra de Irán.


Por qué el tiempo juega a favor de Irán. Gideon Rachman. Financial Times.

Donald Trump se ha autoproclamado un maestro del “arte de la negociación”. Pero la paciencia a la hora de negociar no va con él. Tras un fin de semana de conversaciones de paz fallidas con Irán, Estados Unidos ha decidido una escalada en el conflicto anunciando un bloqueo. Es probable que esta última táctica resulte contraproducente. El cierre efectivo del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha provocado un aumento vertiginoso de los precios de la energía a nivel global. Pero un bloqueo estadounidense ya está elevando aún más los precios del petróleo y el gas. También aumenta el riesgo de que Irán responda atacando la infraestructura energética en el Golfo.

Los iraníes creen que el tiempo corre a su favor en este conflicto y, probablemente, tengan razón. Cuanto más tiempo permanezca cerrado el estrecho de Ormuz, más aumentará la presión económica y política sobre EEUU y sus aliados. Como resultado, es probable que la posición negociadora de Irán se fortalezca, si es que se reanudan las conversaciones de paz.

Fatih Birol, director de la AIE, ha llegado a calificar la pérdida de cerca del 20% del suministro energético mundial como la “mayor amenaza a la seguridad energética global de la historia”. Ha advertido que la crisis actual podría eclipsar los efectos de las crisis de petróleo de la década de 1970, que provocaron varios años de inflación, recesiones y racionamiento de combustible.

El impacto económico del actual conflicto se consiguió amortiguar durante un tiempo porque gran parte del petróleo y el gas del Golfo ya se encontraba en el mar cuando EEUU e Israel atacaron a Irán el 28 de febrero. Pero los efectos del cierre del estrecho y de los ataques iraníes contra la infraestructura energética del Golfo se están notando ahora. El aumento del precio de la gasolina es solo el principio. La escasez de combustible para aviones afectará al transporte aéreo, lo que perjudicará al turismo justo antes de la temporada de verano en Europa. La falta de helio –gran parte del cual se produce en Catar– podría paralizar la producción de semiconductores. La producción de alimentos se verá perjudicada por la escasez de fertilizantes, lo que provocará una mayor inflación. El Banco Asiático de Desarrollo ha pronosticado que la crisis energética podría reducir el crecimiento en más de un punto porcentual este año en los países en desarrollo de Asia. Trump espera que la presión económica ejercida sobre Irán mediante el bloqueo obligue a la República Islámica a ceder. Pero el régimen iraní cuenta con recursos, es implacable y está luchando por su supervivencia. Irán también dispone de un colchón de ingresos generados por sus recientes ventas de petróleo a precios inflados y puede generar algunos ingresos mediante la exportación de gas por gasoducto.

Si el bloqueo de Trump no logra doblegar a Irán a la voluntad de EEUU, el país se enfrentará a decisiones muy difíciles. El presidente ha planteado la posibilidad de devastar la infraestructura iraní y, en ocasiones, sugiere que una operación militar para abrir el estrecho sería sencilla.

Ataques dispares

Pero la verdad es que, si estas opciones fueran viables, ya se habrían llevado a cabo. Incluso si EEUU logra enviar algunos buques de guerra, eso no garantizará la seguridad del transporte marítimo comercial. Irán no tiene por qué hundir o bloquear todos los petroleros. Unos ataques selectivos con drones o lanchas rápidas seguirían haciendo que el tráfico seguro de petroleros sea prácticamente imposible de garantizar.

Si EEUU decidiera escalar aún más en el conflicto –cumpliendo las amenazas de Trump de destruir centrales eléctricas y plantas desalinizadoras iraníes–, Irán ha amenazado con atacar instalaciones similares en el Golfo. Sin el agua potable generada por las plantas desalinizadoras, la vida en los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí sería prácticamente imposible.

El oleoducto que cruza Arabia Saudí hasta el Mar Rojo –y que ofrece una alternativa a la exportación a través del estrecho– ya ha sido blanco de ataques que podrían repetirse. Las estaciones de bombeo saudíes en la costa también son vulnerables. Los hutíes, aliados de Irán, podrían intentar bloquear las exportaciones de energía a través del Mar Rojo, atacando buques en el estrecho de Bab el-Mandeb. Las nefastas consecuencias políticas y estratégicas de esta guerra se extienden mucho más allá de Oriente Próximo. Las protestas por el precio del combustible en Irlanda casi paralizaron el país la semana pasada, lo que llevó al gobierno a desplegar al ejército para reabrir carreteras y puertos y a anunciar ayudas al combustible que ascienden a 505 millones de euros. Es probable que Irlanda sea solo el primer país en experimentar este tipo de disturbios. Y es improbable que los gobiernos menos solventes de Asia y Europa tengan la capacidad fiscal para compensar a los manifestantes. Francia, muy endeudada –con un historial de protestas por el precio del combustible–, ya ​​se prepara para afrontar problemas de cara a las elecciones presidenciales del próximo año. Antes de que se anunciara el bloqueo estadounidense, gran parte del sector del petróleo ya parecía haberse resignado tácitamente a pagar peajes a Irán por el paso a través del estrecho. A menudo se menciona un cargo de un dólar por barril de petróleo.

La administración Trump insiste en que un sistema de peaje iraní sería inaceptable. EEUU tiene razón al afirmar que las consecuencias para la navegación mundial y el equilibrio de poder en Oriente Próximo serían desastrosas. Un solo país, Irán, controlaría de forma lucrativa el suministro mundial de petróleo y gas, convirtiéndose en una versión más extrema y concentrada del cártel de la OPEP. Podría utilizar esos ingresos para reconstruir sus redes de aliados y su programa nuclear. Negociar el fin de la guerra –y la crisis energética que está provocando– requerirá visión estratégica, paciencia y la capacidad de comprender las ventajas y desventajas, así como de forjar alianzas. Cualidades de las que Trump carece. Un panorama desolador.


La inflación de Mr. Trump. Francisco Cabrillo. Catedrático Emérito de Economía de la Universidad Complutense. Fundación Civismo.

La OCDE ha revisado recientemente al alza sus estimaciones sobre la tasa de inflación esperada en los países miembros a lo largo de los próximos meses. El resultado final del crecimiento del nivel de precios vendrá condicionado, sin duda, por la evolución de la guerra en Irán. Pero, al margen de ello, estas predicciones son indicativas de algunos problemas serios de la economía de Estados Unidos. Si el aumento esperado de la inflación se debiera únicamente a la subida del precio del petróleo, deberíamos esperar que las tasas de inflación fueran más elevadas en aquellos países más afectados por la escasez y el encarecimiento del crudo. Sin embargo, las estimaciones son peores para Estados Unidos que para los países europeos. No cabe duda de que Norteamérica se verá afectada por el alza del precio del petróleo en un grado significativamente menor que Europa. Aun así, la OCDE apunta una previsión de inflación en Estados Unidos superior al 4%, mayor a la que espera para Europa. Tras el fuerte crecimiento de los precios que tuvo lugar en Estados Unidos en 2021 y 2022, su tasa de inflación se ha venido reduciendo hasta cerrar en el 2,7% en 2025. Pero todo indica que a lo largo de este año la tasa puede experimentar un repunte significativo y que tienen que existir otros factores distintos del alza del crudo que expliquen este peor comportamiento esperado de la inflación norteamericana. 

Pueden mencionarse al menos tres motivos que ayudan a explicar estas predicciones. El primero –y el más importante, en mi opinión– es el dato del crecimiento de la cantidad de dinero, medida en el sentido amplio del término. Los cálculos que ha publicado a finales de marzo el Institute of International Monetary Reseach (una de las pocas instituciones que siguen en detalle la evolución de la oferta monetaria) indican que el crecimiento de esta variable va a hacer que resulte difícil mantener la tasa de inflación a niveles relativamente bajos en el próximo futuro. La experiencia de la inflación en 2021-2022 y el crecimiento experimentado por la cantidad de dinero en Estados Unidos en aquel período debería servirnos para estimar la relación existente entre ambas variables, a pesar de que desde la Reserva Federal llegara a negarse entonces que existiera una correlación significativa entre ellas.

Otro factor que puede suponer una amenaza para la estabilidad de los precios en Estados Unidos es el elevado nivel de su endeudamiento público. Desde 2011, la deuda pública norteamericana es superior al 100% de su PIB. Y cerró 2025 por encima del 124%. El déficit público fue en dicho año el 5,9% del PIB, cifra preocupante, sin duda. No sabemos en qué grado el coste de la guerra de Irán afectará a estas dos variables; pero es evidente que el país se va a enfrentar a un crecimiento del gasto público significativo. Es bien sabido que un endeudamiento público elevado no implica necesariamente su monetización en el banco central y que se convierta, por tanto, en una fuente de inflación. Pero no cabe duda de que las presiones para que el banco contribuya a sostener el endeudamiento del sector público son más fuertes cuanto mayor es el volumen de éste.

El impacto de los aranceles

Y hay un último factor que no se debe olvidar y que puede tener efectos muy negativos sobre el nivel de precios en los próximos meses: la política arancelaria. Cuando Trump puso en marcha su peculiar política proteccionista muchos economistas dijimos que veríamos los efectos no deseados de tal estrategia en los precios de numerosos bienes de consumo pasado algún tiempo. La teoría defendida por la Casa Blanca, de acuerdo con la cual la carga de los aranceles sería soportada por los exportadores extranjeros y no tendría efectos significativos sobre los consumidores norteamericanos, se ha mostrado equivocada, como era fácil de suponer desde el primer momento. Los datos disponibles indican que son precisamente los consumidores norteamericanos los que están sufriendo la mayor parte de la carga de los aranceles vía precios más elevados. No hay que ser un experto en teoría económica para saber que un arancel de aduanas es un impuesto al consumo de bienes importados y que, en función de la elasticidad de la demanda en cada caso, los vendedores tratarán de repercutirlo a los compradores mediante mayores precios. Lo que, evidentemente, están haciendo. La política proteccionista siempre ha creado problemas a la lucha contra la inflación. Y no hay razón alguna para suponer que esta vez las cosas vayan a ser diferentes.

El país se encuentra frente a un problema serio que debería ser abordado con rigor. Es cierto que la inflación no es la mayor preocupación de Trump en estos momentos. Pero el crecimiento de los precios podría inquietarle bastante más si empezara a tener efectos en las expectativas electorales de su partido.


¡Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 10 de Abril del 2026.

Fuertes subidas de los activos de riesgo (Bolsas, Bitcoin, crédito…) el miércoles, con el petróleo cayendo un 15% (aunque ayer rebotó un 1% y hoy sube un 2%) y el dólar volviendo a los 1,17 dólares por euro tras el alto el fuego de dos semanas alcanzado entre Estados Unidos e Irán anunciado en la madrugada del martes al miércoles, que pasa por la reapertura completa, inmediata y segura del Estrecho de Ormuz, cosa que todavía no se ha dado... El Dow Jones está ya en positivo en el año (+0,25% en euros +0,75% en dólares).

Tras más de 5 semanas de guerra, un acuerdo que permitirá negociar durante las dos próximas semanas, que salva el ultimátum, el cuarto, de Trump a Irán que venció a las 2 de la madrugada. Las negociaciones, que podrían tomar como base la propuesta de 10 puntos enviada por Irán comienzan mañana, serán intermediadas por Pakistán y deberían suponer la reapertura del Estrecho de Ormuz, aunque en coordinación con las fuerzas armadas iraníes, y con posible pago para obtener ingresos para la reconstrucción (US-Iran talks continuing, but strikes on Saudi Arabia may derail effort, say sources | Reuters). La reapertura del Estrecho de Ormuz no se produce en condiciones de libre tránsito, sino bajo un esquema de control y potencial monetización por parte de Irán, que plantea la posibilidad de establecer tarifas por “paso seguro” y coordinar el tráfico marítimo. Se aplicará un peaje de dos millones de dólares por buque, una práctica que ya se venía realizando de forma extraoficial con las escasas embarcaciones que habían logrado cruzar la zona. Estos ingresos se destinarían a financiar la reconstrucción. Esto supone, en la práctica, la transformación de un corredor estratégico global en un punto de fricción geopolítica, introduciendo un coste estructural adicional al comercio de crudo y un precedente relevante desde el punto de vista del orden marítimo internacional. Así, incluso en un escenario de desescalada, el shock energético podría no desaparecer completamente, sino adoptar una forma más persistente y menos visible. Los inversores seguirán de cerca estas negociaciones y el hecho de que el tráfico por el estrecho se recupera de forma efectiva, así como calibrar cuál ha sido el daño a las infraestructuras energéticas para determinar cuánto tiempo tardará el precio del Brent en volver a los niveles previos al inicio del conflicto, si vuelve, clave a su vez para determinar cómo evoluciona la inflación y el crecimiento. Podríamos estar ante una situación similar a la de hace un año, cuando Trump dio 90 días de tregua a sus socios comerciales para negociar acuerdos sobre los aranceles. Por su parte, Israel aceptaría el alto el fuego en Irán, pero continuará con sus ataques en el Líbano. De esta manera, queda atrás el momento de máxima tensión de este conflicto, dando paso a una fase de progresiva normalización. Karoline Leavitt fue la encargada de presentar en Estados Unidos una narrativa de victoria, afirmando que se habían “alcanzado y superado los principales objetivos militares en 38 días”. Desde el lado iraní, el alto el fuego se presenta igualmente como una victoria histórica frente al enemigo estadounidense, al haberle obligado a sentarse en la mesa de negociación. El éxito de las conversaciones se explica en gran medida por la intervención de terceros países. China habría desempeñado un papel relevante para facilitar que Irán aceptara la tregua, mientras que Pakistán ha actuado como mediador clave entre las partes. En el anuncio del alto el fuego, el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, invitó a delegaciones de Estados Unidos e Irán a reunirse hoy en Islamabad con el objetivo de negociar un cese definitivo de las hostilidades.

Ayer se empezaron a conocer detalles sobre la “apertura” del estrecho de Ormuz, bastante cuestionable, los peajes que deberán ser pagados en criptomonedas y, de lo contrario, amenazas de ataques. Poco a poco se van revelando más detalles sobre el procedimiento para cruzar el Estrecho en un contexto tan cambiante. Los buques, tras informar previamente de su cargamento, deberán pagar 1 dólar por barril de petróleo en criptomonedas, de manera que los petroleros vacíos podrán pasar sin costes. En el caso de los petroleros de crudo de gran tamaño (VLCC) se ha estado cobrando 2 millones de dólares por buque. Sin embargo, en las retransmisiones por radio persisten las amenazas advirtiendo de que aquellos que intenten transitar sin autorización, serán destruidos… 

La tregua es bastante frágil, con informes de nuevos ataques, y el Estrecho de Ormuz sin abrir del todo, según informaciones de Reuters, sólo 7 buques han atravesado la zona en las últimas 24 horas comparado con la media habitual en condiciones normales de 140 buques diarios, con más de 800 buques atrapados en la región a la espera de garantías de seguridad para transitar. Se dan además mensajes contradictorios desde la Administración Trump, con amenazas por parte de Trump por el cobro de tasas por parte de Irán anoche, que añaden un importante nivel de incertidumbre. Además, Irán ha dejado claras sus exigencias, que incluyen reparaciones de guerra y el control del Estrecho de Ormuz, condiciones que probablemente serán un punto de fricción importante para los negociadores estadounidenses.

La semana pasada tuvimos buenos datos de empleo de Marzo en Estados Unidos, la creación de puestos de trabajo repuntó a 178.000 y el paro bajó al 4,3%, sugiriendo estabilización del mercado laboral justo cuando arrancaba la guerra, ya que la encuesta es de la segunda semana de marzo, poco después del inicio del conflicto el 28 de febrero. Sin embargo, la mejora tiene matices importantes, la participación cayó al 61,9% (mínimo desde 2021), lo que explica parte del descenso de la tasa de paro, además, aumentó el número de personas trabajando a tiempo parcial por motivos económicos, señal de que el ajuste puede estar pasando por la calidad del empleo antes que por el volumen.  En salarios, la moderación también es clara, +0,2% mensual y +3,5% interanual, el menor avance, lo que puede complicar el poder adquisitivo si el encarecimiento energético persiste. En paralelo, la demanda aguanta algo mejor de lo esperado, las ventas minoristas de febrero subieron +0,6%, aun así, la estimación apunta a desaceleración del consumo real en el Primer Trimestre del 2026, en torno a 1,2% frente al 2,0% del último trimestre del 2025. 

El petróleo estas semanas, por el conflicto en Irán, ha llegado a marcar un máximo de 119,21 dólares por barril de Brent y 116,55 por barril de West Texas, máximos históricos, pero si se ajusta el precio a la inflación ha habido varios momentos de la historia en las que el petróleo ha estado más caro:

Interesante esta semana dos datos sobre el volumen de compra de coberturas, en Bloomberg este miércoles se publicaba un dato de que la compra de opciones PUT (cobertura) por parte de los traders más pequeños, que por tercera semana en su historia destinaron un tercio de su volumen a comprar PUTs para abrir posiciones, las única vez que ha sucedido esto fue en el punto más álgido de las caídas provocadas por el Covid.

El volumen de compra de opciones PUT sobre el S&P 500 pasó los 9 millones de contratos, algo que sólo ha ocurrido 3 veces en la historia y que suele marcar un suelo de mercado:

En esta misma línea, las posiciones cortas de los Hedge Funds en acciones europeas han alcanzado un nuevo máximo histórico:

Esta mañana publica el Financial Times que inversores en fondos de crédito privado intentaron retirar más de 20.000 millones de dólares en el primer trimestre del año, lo que pone de manifiesto la creciente presión sobre esta clase de activo. Según Financial Times, las solicitudes de reembolso, que ascienden a 20.800 millones de dólares, afectaron a grandes grupos, entre ellos Apollo, Ares, Blackstone, Blue Owl y KKR. Los fondos que gestionan en conjunto carteras por valor de unos 300.000 millones de dólares, han atendido poco más de la mitad de las solicitudes de reembolso. Estas retiradas reflejan la creciente preocupación por los préstamos que el sector del crédito privado concede a las empresas de software respaldadas por fondos de capital privado y la incertidumbre a la que se enfrentan estas empresas a medida que avanza la inteligencia artificial. Esto se produce además en un momento en que los inversores están preocupados por las antiguas adquisiciones apalancadas en las que las firmas de capital privado han tenido dificultades para desinvertir, operaciones que en gran medida se han financiado con crédito privado. Como hemos comentado las últimas semanas, el sector del crédito privado ha crecido muy rápido desde la crisis financiera de 2008, cuando los reguladores limitaron el riesgo que podían asumir los grandes bancos. Las gestoras ocuparon ese vacío, proporcionando fondos cada vez mayores al sector de las adquisiciones y atrayendo inversiones de fondos de pensiones y fundaciones, seducidos por las atractivas rentabilidades que ofrecían. Más recientemente, los gestores de crédito privado se han centrado en inversores minoristas, a quienes consideran un mercado clave para el crecimiento. A diferencia de los institucionales, que toman decisiones a largo plazo, los minoristas tienden a ser más volátiles y se han mostrado reacios a los límites de reembolso de los instrumentos de crédito privado. Los ejecutivos de todo el sector han adoptado diferentes estrategias ante el aumento de las solicitudes de reembolso. Algunos, como Black-stone y Oaktree, han autorizado los retiros. Otros, como HPS Investment Partners, de BlackRock, Apollo, Ares, Blue Owl y Morgan Stanley, han limitado los reembolsos para proteger a los inversores que optan por permanecer. Los gestores señalan que no observan un deterioro en los préstamos suscritos. Tanto Blackstone como Apollo han lanzado campañas de relaciones públicas para ayudar a contrarrestar la narrativa negativa sobre la recesión que sufre el crédito privado. Pero algunos analistas creen que el crédito privado se verá sometido a mayor presión si hay una recesión. Morgan Stanley prevé que la tasa de impago del sector aumente del 5% actual al 8% el próximo año, dada su elevada exposición a las empresas de software. Los límites que los gestores han impuesto a las retiradas han provocado que muchos fondos hayan seguido creciendo en tamaño. Sin embargo, el reciente éxodo de profesionales del sector ha atraído la atención de la Fed y del Tesoro de Estados Unidos. Jamie Dimon, CEO de JPMorgan, alerta de que las pérdidas para los prestamistas a empresas endeudadas serán mayores de lo que muchos esperan, dado el debilitamiento de los estándares crediticios. Y la agencia de ráting Moody’s ha rebajado sus perspectivas para el sector del crédito privado, ante la “presión de reembolso” a la que se enfrentan los fondos.

Blackstone publicaba esta semana un informe intentando tranquilizar a los inversores y tratando de quitar los miedos que se han instaurado en el mercado del crédito privado, argumentando la mayor calidad del crédito frente a ciclos pasados, con unos ratios de apalancamiento mucho menores y unas prácticas por parte de las gestoras mucho más transparentes y supervisadas. Private Credit: Myth vs. Fact – Blackstone

En el informe trata de desbaratar varios mitos que se han dado estas últimas semanas en torno al crédito privado exponiendo los hechos reales, de acuerdo con sus análisis:

Mito: El crédito privado creará la próxima gran crisis financiera (GFC).

Hecho: El mercado actual no tiene nada que ver con el 2008.

En 2007 los bancos tenían un apalancamiento de entre 25 y 49 veces, financiado principalmente con depósitos a corto plazo y papel comercial, y altamente expuestos a hipotecas de alto riesgo (subprime). Los activos subyacentes tenían un ratio préstamo sobre el valor (LTV) superior al 90%, y además se añadían derivados financieros complejos para ocultar los riesgos. En resumen en 2007 préstamos muy arriesgados en vehículos extremadamente apalancados estaban respaldados por dinero que podía desaparecer en un día.

Esto no se parece en nada a lo que ocurre hoy en día, según el informe de Blackstone. Las empresas de desarrollo empresarial (BDC) están operando un ratios de apalancamiento inferiores a 1 vez, y los préstamos alcanzan un ratio sobre el valor del activo (LTV) de menos del 40%, además de utilizar estructuras que no dependen de depósitos ni de capital de corto plazo.

Otro mito que expone el informe es que la calidad del crédito está colapsando.

Hecho: las métricas del mercado de crédito actual son muy sólidas.

Las compañías del Fondo de crédito privado de Blackstone (BCRED) han tenido un crecimiento medio de ingresos en el último año del 10%, y el margen entre sus ingresos y los intereses de sus préstamos subió un 25%, lo que significa que actualmente se encuentran en una posición más sólida para pagar su deuda que hace un año.

Mito: El “SaaS-pocalyspe” (apocalipsis para las compañías de Software- Software como servicio) está llegando al crédito privado.

Hecho: Las empresas de software se verán afectadas, pero la mayoría de los créditos están bien protegidos.

Según el informe de Blackstone las empresas de software se enfrentarán a verdaderos desafíos próximamente, pero no todo el software es igual. Gran parte del software está profundamente integrado en las compañías, es fundamental para las operaciones y no se reemplaza fácilmente por la IA. En el caso de los fondos de crédito privado de Blackstone el ratio de préstamo sobre el valor de las empresas es de en torno al 37%, lo que significa que más del 60% del valor de las empresas tendrían que erosionarse para que afectase a la deuda.

El último Mito que expone el informe es que estos productos no son adecuados para inversores individuales.

Hecho: Los productos de crédito privado funcionan según lo previsto y pueden ser una herramienta eficaz para la creación de riqueza.

La estructura semilíquida es una ventaja, no un inconveniente, según Blackstone. Los límites de recompra están diseñados para evitar ventas forzadas de activos, protegiendo así la rentabilidad de todos los inversores. Esta compensación en liquidez es la razón por la que el crédito privado puede generar mayores ingresos que la renta fija tradicional. Estos fondos son adquiridos por inversores finales sofisticados, asesorados por sus asesores financieros, y suelen ser solo una parte de una cartera más amplia de activos tradicionales líquidos. El modelo ha sido probado. Blackstone Real Estate Income Trust (BREIT) gestionó elevados reembolsos durante el último ciclo de subidas de tipos, los inversores recibieron reembolsos sustanciales en cuatro meses, y las medidas de protección ayudaron a salvaguardar las rentabilidades.

Importante esta semana:

El dato macroeconómico más importante de la semana se acaba de publicar, la inflación de Marzo en Estados Unidos ha salido muy en línea con lo que el mercado esperaba, con una subida mensual del 0,90% igualando las estimaciones de mercado, frente a la subida del 0,3% de Febrero, la subida interanual ha sido del 3,30% ligeramente por debajo del 3,40% esperado por el consenso de analistas de mercado. La inflación subyacente ha subido un 2,70% algo más que el 2,60% esperado.

Tras el dato los futuros de las Bolsas americanas han subido algo y el dólar cae (Cotiza a 1,173 dólares por euro)

Trump, acordó la madrugada del martes suspender los bombardeos durante dos semanas siempre que Irán garantice la reapertura “completa, inmediata y segura” del estrecho de Ormuz. Por su parte, Irán aceptó la propuesta de alto el fuego y señaló que permitirá el paso seguro de buques mediante coordinación con sus fuerzas armadas, mientras que Israel también se habría sumado al acuerdo. Trump señaló que el plan de paz de diez puntos propuesto por Irán constituye una base viable para negociar, con una primera ronda de conversaciones prevista en Islamabad hoy. Además, Irán y Omán plantean establecer tarifas de unos 2 millones de dólares por buque para garantizar el tránsito seguro por Ormuz, con el objetivo de financiar la reconstrucción. De esta forma, aunque parece que ambas partes buscan una desescalada ordenada, se introducen nuevos elementos como el “peaje energético”, que podría actuar como un impuesto adicional sobre el comercio de crudo. Esto limita el impacto desinflacionista del acuerdo y mantiene cierto sesgo alcista sobre los precios de la energía en el medio plazo.

Trump continuó ayer mandando señales contradictorias mostrándose “muy optimista” sobre un acuerdo con Irán y al mismo tiempo amenazando explícitamente a Irán por los peajes en el Estrecho de Ormuz. Por otra parte, Israel acuerda abrir conversaciones directas con el Líbano, aunque Netanyahu mantiene los ataques contra Hezbollah.

Las negociaciones estarán basadas en una lista de 10 puntos presentados por la nación persa. La nueva propuesta de diez puntos representa en realidad una ampliación del plan iraní original, incorporando algunos elementos adicionales. Entre las principales novedades figuran la aceptación del enriquecimiento del programa nuclear iraní, con fines civiles, y la exigencia de un cese de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano. El presidente Donald Trump calificó estos principios como “una base viable sobre la que negociar”. Por su parte, el primer ministro de Israel ha respaldado la suspensión de los ataques contra Irán durante un período de dos semanas, aunque no contra el Líbano.

En el frente israelí, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha señalado que el conflicto está lejos de haber terminado, y ha dejado claro que cualquier alto el fuego no incluiría a Hezbollah. Esto es clave porque implica que, incluso en un escenario de distensión entre Estados Unidos e Irán, el conflicto puede mantenerse activo a nivel regional, especialmente en Líbano.

La encuesta de la Fed de Nueva York muestra que las expectativas de inflación a 12 meses han repuntado hasta el 3.4%, mientras que las de cinco años se mantienen estables en el 3%.

Las Actas de la última reunión de la Fed, publicadas el miércoles, reflejan un aumento de la incertidumbre en el diagnóstico macro, con la mayoría de miembros señalando que el proceso de desinflación podría ser más lento de lo planeado, mientras que los riesgos sobre el empleo se inclinan a la baja. En este contexto, emerge una división clara, algunos miembros contemplan subidas de tipos si la inflación se mantiene alta, mientras que otros consideran que una guerra prolongada podría deteriorar el mercado laboral y justificar recortes.

Se siguen deteriorando las relaciones entre Trump y la OTAN. Además de seguir amenazando con abandonar la OTAN, para lo que necesitaría el apoyo de 2/3 del Senado o que el Congresos aprobase una nueva ley, se plantea retirar tropas (un total de 84.000) de países europeos que no le hayan prestado ayuda en la guerra contra Irán para trasladarlas a países que sí se hayan mostrado más contribuidores (Polonia, Rumanía, Lituania y Grecia).

El Fondo Monetario Internacional apuntaba ayer a que la crisis derivada de la guerra de Irán será “grande, global y asimétrica”, lo que generará daños prolongados a la economía global, a pesar de la reciente tregua que ha permitido reabrir parcialmente el estrecho de Ormuz. Con todo, reclama a los gobiernos cautela a la hora de aplicar medidas para contenerla, ya que añadir estímulos financiados con déficit en este momento podría resultar contraproducente debido a las subidas de tipos de interés de la deuda en las últimas semanas. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, realizó ayer estas advertencias en una conferencia que sirve de apertura de las reuniones de primavera del organismo y el Banco Mundial, en las que ya han adelantado que rebajarán intensamente las previsiones de crecimiento global. “Incluso nuestro escenario más optimista contempla una revisión a la baja del crecimiento. ¿Por qué? Debido a los importantes daños en la infraestructura, las interrupciones en la cadena de suministro, la pérdida de confianza y otros efectos negativosprolongados. “La realidad es que desconocemos con certeza qué depara el futuro para el tránsito por el estrecho de Ormuz o para el tráfico aéreo regional. Lo que sí sabemos es que el crecimiento será más lento, incluso si la nueva paz es duradera”, remató. En este sentido, Georgieva señaló que el complejo gasístico catarí de Ras Laffan, responsable del 93% de las exportaciones gas de la región, “podría tardar entre 3 y 5 años en recuperar su capacidad plena”. Y es más, “incluso en el mejor de los casos, no habrá un retorno completo y sin complicaciones al statu quo anterior”, indicó, recordando otro caso reciente. “El tránsito marítimo a través de Bab el-Mandeb en el Mar Rojo (golpeado por los ataques de los rebeldes hutíes de Yemen hace tres años) nunca se ha recuperado del todo de las devastadoras perturbaciones que sufrió la zona, se mantiene estancado en aproximadamente la mitad de su nivel de 2023”. A pesar este fuerte impacto, la responsable del FMI recomendó a los gobiernos nacionales cautela con las medidas que se tomen, especialmente las que tratan de amortiguar los efectos de las subidas en el poder adquisitivo de los ciudadanos. “El mundo ya ha visto cómo las curvas de rendimiento de referencia suben, elevando el coste de la deuda”, indicando que el coste de la financiación de la deuda soberana ya se ha incrementado en hasta 60 puntos básicos en Estados Unidos, dependiendo del plazo, y 90 en la eurozona. “Añadir estímulos financiados con déficit a esta situación en este momento aumentaría la presión sobre la política monetaria y amplificaría estos cambios. Sería como conducir con un pie en el acelerador y otro en el freno: una situación muy desfavorable”, tanto para la inflación como la sostenibilidad de las cuentas públicas. Además, “como señalaremos en nuestro próximo Informe Fiscal, el mundo tiene un problema de margen fiscal”. En concreto, la economista advirtió de que “la deuda pública es, en general, mucho mayor que hace 20 años, incluso en la mayoría de los países del G20, lo que refleja el descuido generalizado de la consolidación fiscal en los períodos en que las condiciones lo permitían”. “Como resultado, el coste de los intereses está aumentando” en todo tipo de países, pero especialmente en las economías emergentes y de bajos ingresos, donde el pago de intereses de deuda se eleva hasta el entorno del 15% de los ingresos públicos. “La implicación es clara: todos los países deben utilizar sus limitados recursos fiscales de manera responsable, y la mayoría debe actuar con decisión para reconstruir el margen fiscal tras esta crisis”. Por ello, Georgieva advirtió de que los bancos centrales deben estar preparados para subir los tipos de interés. “Por ahora, conviene esperar y observar”, porque “un endurecimiento prematuro e innecesario arroja un jarro de agua fría sobre el crecimiento”, pero “si las expectativas de inflación amenazan con desestabilizarse y desencadenar una costosa espiral inflacionaria, los bancos centrales deberían intervenir con firmeza subiendo los tipos”. En cambio, “si el endurecimiento de las condiciones financieras añade una perturbación negativa de la demanda los problemas de oferta”, podría ser necesario “orientar [la política fiscal y monetaria] hacia un apoyo a la demanda bien calibrado”. La responsable del Fondo indicó que el organismo tenía preparada una revisión al alza de las perspectivas de crecimiento, pero esta visión ha quedado emponzoñada por la guerra en Irán. “Este escenario parte de una situación en la que la fuerte inversión en inteligencia artificial y tecnología, las condiciones financieras favorables y otros factores iban a dar un considerable dinamismo a la economía mundial”. Y de hecho, “de no haber sido por este impacto, (de la guerra y el cierre de Ormuz) estaríamos experimentando una mejora sustancial del crecimiento global”, que en enero se proyectaba en el 3,3% para este año.

El IPC de marzo de China se desaceleró en 3 décimas hasta el 1,0%, por debajo de las estimaciones del consenso (1,1% estimado). Por su parte, los precios de producción industrial aumentaron desde el -0,9% interanual hasta el 0,5% mejor que el 0,4% estimado. Esto sugiere que la demanda interna sigue contenida, mientras que los costes en la cadena productiva comienzan a repuntar, posiblemente vinculados al encarecimiento energético global.

Siguiendo en China, el presidente chino, Xi Jinping, se reunió con la líder del principal partido de la oposición de Taiwán en un contexto de fuertes tensiones sobre el futuro de la isla. Pekín volvió a reafirmar su reclamación de soberanía sobre Taiwán, mientras que la dirigente opositora taiwanesa defendió la necesidad de reducir la confrontación y apostar por el diálogo. Xi fue tajante al asegurar que China «no tolerará en ninguna circunstancia» la independencia taiwanesa. Por su parte, Cheng Li wun, presidenta del Kuomintang (KMT), el mayor partido de la oposición, presentó el encuentro como una misión de paz destinada a rebajar tensiones. Aunque el KMT ha perdido las tres últimas elecciones presidenciales, este tipo de contactos le permite proyectar la imagen de que mantiene influencia y canales directos con Pekín, reforzando así su posición política interna. China, por su parte, opta por reunirse con el partido de la oposición mientras rechaza cualquier contacto con el actual presidente taiwanés, Lai Ching te, al que califica de «separatista». De hecho, antes de que se produjera el encuentro, el presidente de Taiwán advirtió en un mensaje público que «la paz debe estar respaldada por la fuerza».


¿Qué ha conseguido Trump con los aranceles un año después? Ignacio de la Torre. Economista jefe de Arcano.

Decía Montaigne que “el mayor enemigo de la verdad no es la mentira, sino la ilusión de saber la verdad”. Cuando la Administración Trump anunció, hace ahora un año, los aranceles a las importaciones en el denominado “Día de la liberación”, se planteó que estas medidas permitirían alcanzar varios objetivos. Primero, repatriar fábricas y empleos manufactureros a Estados Unidos. Segundo, que los aranceles serían pagados por los “extranjeros” hasta el punto de especularse con que la recaudación podría destinarse a eliminar el impuesto sobre la renta. Tercero, como los aranceles “no los pagarían los norteamericanos” la inflación no se vería afectada. Cuarto, alguno de los pensadores del equipo económico de Trump (valga el oxímoron) defendieron que los aranceles apreciarían el dólar, lo que limitaría cualquier impacto inflacionista que se produjese si al final el coste no lo acaban pagando los foráneos. Quinto, los aranceles ayudarían a reducir el déficit comercial de Estados Unidos; déficit que, según los partidarios del presidente, aboca al país a ser subyugado por economías con saldo exportador positivo, como China o Alemania. Esta idea se inspira, por cierto, en el economista judío alemán Albert Hirschman, que había combatido en la Guerra Civil española en las Brigadas internacionales del bando republicano. Sexto, como colofón de semejantes políticas, el crecimiento económico de Estados Unidos se aceleraría.

¿Qué ha ocurrido transcurrido un año? Primero, el empleo industrial en Estados Unidos no ha mejorado a pesar de tanto arancel. De hecho, se ha reducido de 12,7 millones a 12,6. El motivo es sencillo: el salario de un empleado manufacturero en México es de unos cuatro dólares la hora; en Vietnam, de dos; en Estados Unidos, de treinta. Los aranceles no devolverán empleo fabril a EEUU por una mera cuestión de coste, a no ser que los norteamericanos acepten trabajar a una fracción de su salario actual, algo que no va a ocurrir.

Segundo, más del 90% del gasto generado por los aranceles lo han pagado consumidores y empresas estadounidenses, como ha puesto de manifiesto recientemente en un paper la Fed de Nueva York y como dicta la lógica económica. La reacción de Kevin Hassett, director del National Economic Council y consejero de Trump fue afirmar que ese paper “era el peor que había leído en la historia de la Fed”, sugiriendo que sus autores deberían ser “disciplinados”.

Alza inflacionista

Tercero, la inflación subyacente (menos volátil) se situaba en el 2,6% antes de los aranceles, si tomamos como referencia la medida favorita de la Fed (core PCE). Actualmente es del 3,1%, y si observamos los últimos datos y los anualizamos, obtenemos inflaciones superiores al 4%, en parte por el alza de precios de los bienes, cortesía de los aranceles, mientras que la inflación de servicios no termina de bajar. Si analizamos el último dato de actividad manufacturera (índice ISM), el subcomponente de “precios pagados” –que marca aceleración a partir de 50 y desaceleración por debajo de ese nivel–, acaba de dar la escalofriante cifra de 78. Su equivalente en el sector servicios se sitúa en 71. Se avecina más inflación. Trump ha infligido una enorme presión a la Fed para que reduzca los tipos de interés, pero sus políticas pueden acabar provocando el efecto contrario: el banco central estadounidense lleva sesenta meses sin conseguir su objetivo de inflación del 2%.

Cuarto, el dólar, lejos de subir (como pronosticaban también grandes casas de inversión) se ha depreciado. Cotizaba a 1,08 por euro hace un año, y ahora se sitúa en 1,15. Algo parecido ha ocurrido con otras divisas. La depreciación del dólar frente a una cesta de divisas de países que comercian con Estados Unidos se sitúa en el 4% durante el último año. Como consecuencia, los productos se importan a un precio más caro, lo que empeora la situación con la inflación y empobrece a los consumidores estadounidenses.

Quinto, el déficit comercial de Estados Unidos en bienes apenas se ha reducido. Se situaba en el 4,1% de PIB y ahora está en el 4,0%. EEUU mantiene un superávit en el saldo comercial en servicios, algo que omiten muchos defensores de los aranceles. Es una situación normal en una economía avanzada cuyos elevados salarios y productividades conllevan la expansión del sector servicios sobre el manufacturero.

Sexto, al menos ¿han generado estas políticas un mayor crecimiento? La respuesta es no. EEUU crecía casi a un 3% en el último año de Biden. El año pasado, el crecimiento fue del 2,1% y los indicadores adelantados en tiempo real de la Fed de Atlanta muestran que el dato anualizado del primer trimestre se situará en el 1,6%. En definitiva, la economía pierde impulso.

Por si fuera poco, el Tribunal Supremo declaró ilegales los aranceles, con toda lógica, ya que la Constitución establece claramente que son potestad del Congreso, salvo en situaciones de emergencia, que este caso, nada tienen que ver con las razones esgrimidas por la Administración. Su recaudación cercana a un punto de PIB, y ahora suspendida, fue ocho veces inferior a la obtenida por el impuesto sobre la renta. Los nuevos aranceles –en sustitución de los anulados por el Supremo– también podrían ser declarados ilegales, ya que su uso temporal bajo autoridad presidencial se basa en una crisis de balanza de pagos inexistente en la actualidad.

Montesquieu afirmó que el comercio representaba “una cura para los prejuicios más destructivos”. Lamentablemente, la historia le va dando la razón.


Por qué esta crisis del petróleo es distinta. Ruchir Sharma. Financial Times.

El resultado de la guerra de Irán sigue siendo incierto, pero la consiguiente crisis petrolera ha revelado una nueva vulnerabilidad en la economía global. Nunca antes el mundo había entrado en una crisis de ningún tipo con déficits y niveles de deuda tan elevados. Esta carga limitará la capacidad de los gobiernos para amortiguar el impacto de los altos precios de la energía.

Las primeras crisis petroleras posteriores a la Segunda Guerra Mundial se produjeron en la década de 1970 y coincidieron con el inicio de una nueva era, en la que los gobiernos pasaron de incurrir en déficits presupuestarios ocasionalmente a hacerlo de forma constante. En aquel entonces, el déficit típico en Estados Unidos y otros países importantes rondaba el 2% del PIB. Hoy, el déficit promedio se ha duplicado con creces; como resultado, el nivel promedio de deuda pública de los países del G7 ha aumentado del 20% del PIB a más del 100%.

Los gobiernos están intentando responder como lo han hecho frente a crisis petroleras pasadas. Desde Reino Unido y Francia hasta Brasil e India, están implementando controles de precios, sistemas de racionamiento y subsidios para combustibles de todo tipo, desde el transporte hasta la cocina. Pero esta vez, no pueden permitirse estas medidas de alivio y los mercados de bonos globales advierten sobre los riesgos de un aumento del gasto.

Durante las crisis, los tipos de interés a largo plazo suelen bajar, ya que los mercados anticipan un menor crecimiento y una política monetaria más laxa. La excepción fueron las grandes crisis petroleras, cuando los tipos a largo plazo subieron junto con las expectativas de una mayor inflación.

Hoy, los rendimientos de los bonos vuelven a subir, pero por una razón diferente. Las expectativas de inflación a largo plazo se mantienen estables, pero los mercados temen que la crisis petrolera iraní desencadene un mayor gasto que se sume a unos déficits y deuda que se expanden rápidamente, lo que se está traduciendo en una prima de riesgo más alta para los bonos. El año pasado, impulsado por el endeudamiento público, el nivel total de deuda global aumentó al ritmo más rápido desde el incremento por la pandemia, alcanzando un récord de 348 billones de dólares, más del triple del PIB mundial. Esto deja a muy pocos gobiernos en condiciones de implementar nuevos estímulos.

Los bancos centrales se encuentran en una situación similar. En las últimas décadas, han colaborado con los gobiernos para aplicar estímulos ante el primer indicio de problemas, pero ahora no pueden hacerlo con facilidad. La Reserva Federal de Estados Unidos ha incumplido su objetivo de inflación del 2% durante 60 meses consecutivos. Últimamente, tres de cada cuatro bancos centrales de países desarrollados y uno de cada dos de países emergentes tampoco han logrado sus objetivos. Incluso si la crisis del petróleo ralentiza las economías, es posible que los bancos centrales no puedan actuar, a medida que el shock también impulsa la inflación al alza.

Naciones más vulnerables

Las naciones más vulnerables son aquellas con mayor deuda y déficits públicos, y con un banco central que no alcanza su objetivo de inflación; en el mundo desarrollado, destacan Estados Unidos y Reino Unido; en el mundo emergente, los países en mayor riesgo son Brasil, Egipto e Indonesia. Según los mismos criterios, existen pocas economías relativamente invulnerables, y suelen ser pequeñas, desde Taiwán y Vietnam hasta Suecia, que, a pesar de su generoso estado de bienestar, registra un déficit inferior al 2% del PIB.

Si bien Estados Unidos está protegido de la crisis del petróleo gracias a su autosuficiencia energética, es vulnerable a un conflicto prolongado, ya que el año pasado registró el mayor déficit del mundo desarrollado, cercano al 6% del PIB.

Los agoreros llevan décadas dando la voz de alarma y no existe un umbral claro a partir del cual un déficit pueda desencadenar problemas económicos. En esta ocasión, sin embargo, la reacción del mercado de bonos envía una advertencia. Y otras señales, como el hecho de que los pagos de intereses de la deuda pública estadounidense superen ahora su presupuesto de Defensa, también sugieren que, en más del 100% del PIB, la carga de la deuda es una preocupación cada vez más acuciante.

Washington está acostumbrado a gastar como si no hubiera límite. El año pasado, el presidente Donald Trump aumentó el gasto en Defensa en 150.000 millones de dólares, antes de triplicarlo la semana pasada. Propuso incrementar el presupuesto del Pentágono en otros 500.000 millones de dólares hasta los 1,5 billones, una cifra sólo compensada parcialmente con recortes en otras agencias gubernamentales. Sumado a las nuevas exenciones fiscales y otros drenajes para el Tesoro, estas medidas podrían elevar el déficit estadounidense a cerca del 7% del PIB este año.

Esto es lo que hace que la crisis iraní sea tan diferente de sus predecesoras. La economía global ha experimentado aumentos aún más pronunciados en los precios del petróleo y se ha vuelto más eficiente en su consumo de energía, lo que normalmente debería ayudar a mitigar el impacto. En cambio, cualquier aumento prolongado en los precios del petróleo probablemente se verá magnificado por el hecho de que los gobiernos tienen escasa munición política para contrarrestarlo. Esta nueva vulnerabilidad expondrá a la economía global no sólo a las consecuencias de la guerra con Irán, sino a cualquier shock en el futuro próximo.


Los verdaderos riesgos del crédito privado. A. Gara, E. Platt, O. Aliaj. Financial Times.

Captar pequeños inversores se ha convertido en parte del auge del capital privado, término que engloba inversiones fuera de los mercados públicos, tras la crisis financiera de 2007–2008 que puso en entredicho a muchos bancos tradicionales.

Se trata de un auge que ha impulsado enormemente el capital privado, especializado en la compra de empresas lejos del escrutinio de los mercados públicos, mediante transacciones que suelen financiarse con deuda. 

Los préstamos que respaldan esas adquisiciones se gestionan de forma privada y se venden a inversores. Esto se conoce como crédito privado o deuda privada: un mercado de dos billones de dólares (1,72 billones de euros) que está bajo un intenso escrutinio, porque los inversores quieren recuperar sus ahorros de dichos fondos.

Miles de inversores minoristas han invertido más de 200.000 millones de dólares en fondos privados gestionados por Blackstone, Apollo, Blue Owl, Ares y otros

En las últimas dos décadas, los préstamos privados, como los que otorga el fondo de deuda Blackstone y muchos otros, han contribuido a financiar una oleada sin precedentes de adquisiciones de capital privado con valoraciones cada vez más altas, con rentabilidades anualizadas de casi el 10% desde 2004.

Los bancos grandes y medianos se han mostrado dispuestos a impulsar esta actividad ofreciendo financiación adicional. Las aseguradoras, cada vez más controladas por gigantes del capital privado tras un aluvión de adquisiciones, también han entrado en el mercado, transfiriendo carteras destinadas a proporcionar ingresos seguros a los jubilados. 

El ‘boom’

En conjunto, el capital privado, que en su día era poco más que una actividad artesanal, se ha convertido en una parte fundamental del sistema financiero, con activos por valor de 22 billones de dólares, en gran medida fuera del control de los reguladores bancarios.

Pero Wall Street se ha visto sacudida este año, cuando los inversores han retirado su dinero ante las turbulencias de los mercados financieros, lo que ha provocado una avalancha de reembolsos que ha llevado a muchos fondos de crédito privado a limitar la salida de los inversores.

Ante la presión que sufren las carteras de préstamos, los reguladores, las agencias de ráting y los expertos financieros comienzan a preguntarse si el auge de los mercados privados conducirá a una crisis más generalizada.

Incertidumbres

El sector rechaza las comparaciones con el colapso de hace dos décadas, argumentando que el crédito privado está mucho menos apalancado que los bancos en 2008.

Pero a medida que continúa la “comercialización” del capital privado, tras la decisión de Donald Trump de permitir que las cuentas de ahorro para la jubilación inviertan en dichos activos, la pregunta es hasta qué punto, y cuánto tiempo seguirá siendo así. Según Alan Schwartz, presidente ejecutivo de Guggenheim, “cada vez que aumenta la venta de activos ilíquidos sin valoraciones transparentes, puede derivar en importantes turbulencias en los mercados”. Está seguro de que existen excesos en el mercado, pero no cree que sean tan sistémicos como en 2008, cuando dirigía Bear Stearns, el banco de inversión que colapsó ese año y fue en gran medida el detonante de la crisis. 

Hasta ahora, muchos de los recientes fracasos en los mercados crediticios se han atribuido a supuestos fraudes más que a problemas más profundos, como los casos del proveedor estadounidense de autopartes First Brands y la entidad hipotecaria británica MFS. Sin embargo, estos fiascos han suscitado dudas sobre los estándares de evaluación crediticia en mercados de crédito volátiles. 

El problema más inmediato para los prestamistas privados y sus clientes es la perspectiva de obtener rendimientos muy inferiores a lo esperado cuando fueron a estos mercados en busca de mayores rentabilidades.

Casi cuatro billones de dólares en operaciones de capital privado potencialmente sobrevaloradas han resultado difíciles de liquidar, en un entorno de tipos más altos y turbulencias geopolíticas. Los préstamos que respaldan estas operaciones han comenzado a mostrar fisuras.

Bancos como JPMorgan, que financian esta actividad, están reconsiderando sus riesgos. Los expertos en seguros temen que la cartera de activos privados del sector no tenga reservas suficientes para cubrir posibles pérdidas.

Las inversiones más arriesgadas son las que realizan los mercados privados en empresas de software, que representan un tercio de la actividad total de la última década.

“Existe una incertidumbre geopolítica real y preocupa cómo la IA transformará nuestros entornos personales y económicos”, reconoce Michael Patterson, alto ejecutivo de BlackRock. Algunos inversores veteranos en mercados privados, como Patrick Dwyer, asesor financiero de NewEdge Wealth, han aconsejado a sus clientes que reduzcan su exposición a los fondos de capital riesgo. Los fondos de antes de 2022 están perdidos”, afirma Dwyer, por la burbuja que se formó en el capital privado a valoraciones desorbitadas justo antes de las subidas de tipos.

Rápido crecimiento

En su opinión, las empresas de capital privado crecieron demasiado rápido y captaron demasiado dinero, creando un exceso de capital que se invirtió en operaciones cada vez más chapuceras, que ahora sufren las consecuencias. 

Décadas antes de que Apollo, Ares y Blackstone se convirtieran en gigantescas instituciones financieras, los pioneros del capital privado fueron pequeños equipos, como los fundadores de KKR, Henry Kravis y George Roberts.

Los estancados mercados bursátiles de aquella época ofrecían un sinfín de objetivos que podían adquirir a bajo precio mediante deuda y luego vender rápido para obtener beneficios casi inmediatos. Sus ambiciones solo se vieron limitadas por la escasa disponibilidad de deuda bancaria de entonces. 

La aparición de los bonos basura y las adquisiciones muy apalancadas en la década de 1980 les proporcionó el crédito que necesitaban. El banco de inversión de Michael Milken, Drexel Burnham Lambert, popularizó los bonos basura para adquirir empresas.

Drexel quebró en 1990 y los banqueros de inversión se dispersaron por Wall Street, fundando empresas como Apollo, Ares y Cerberus. Pero fue la crisis financiera de 2008-2010 la que brindó al capital privado su gran oportunidad.

Despegue tras la crisis

A medida que los reguladores restringían los préstamos de los bancos tradicionales, los préstamos más arriesgados a empresas con menor solvencia se trasladaron a gestores de capital privado.

Los tipos de interés mínimos redujeron sus costes de financiación y atrajeron a fondos de pensiones y grandes inversores en busca de más rentabilidad.

Muchos comenzaron a destinar hasta el 30% de sus carteras a mercados privados y algunos grupos de capital privado llegaron a tener valoraciones de mercado que superaban a las de bancos de inversión de primera línea como Goldman Sachs.

En 2021, los fondos de capital privado y de crédito captaron un récord de 1,2 billones de dólares. Pero a medida que las empresas se volvían cada vez más poderosas, se les presentaba el reto de invertir rápido sus crecientes reservas de capital.

Los precios de compra se dispararon, llegando a duplicarse en la década anterior al pico de 2021. A esto se sumó una avalancha de nuevo capital que llegó procedente de grandes patrimonios.

Si bien el auge de Apollo, Blackstone y otros ha demostrado ser una amenaza competitiva para bancos como JPMorgan y Goldman, las entidades de crédito más consolidadas han encontrado formas lucrativas de tener beneficios en mercados privados.

Los bancos descubrieron que, en ocasiones, los reguladores se sentían más cómodos con la concesión de préstamos si se canalizaban a través del crédito privado.

“La forma en que se conceden préstamos a particulares se basa en garantías que reciben un trato preferencial”, declaró Michael Roberts, director ejecutivo de banca corporativa e institucional de HSBC, ante el Comité de Regulación de Servicios Financieros del Reino Unido el año pasado. 

Moody’s estima que, a junio de 2025, los bancos habían prestado 300.000 millones de dólares al sector del crédito privado y otros 285.000 millones a fondos de capital privado. La Oficina de Investigación Financiera del Tesoro de EEUU calcula que los préstamos a fondos de crédito privado por parte de bancos y otras entidades financieras podrían alcanzar los 540.000 millones de dólares, pero los datos muestran que “el riesgo de apalancamiento en general parece limitado”.

En teoría, las aseguradoras de vida y las compañías de rentas vitalicias son idóneas para los préstamos ilíquidos de grupos de crédito privado, ya que sus promesas de rendimiento a los asegurados se extienden durante décadas.

Los reguladores están preocupados por si las aseguradoras tienen suficiente capital para respaldar dichos préstamos, y algunos expertos expresan su inquietud por la búsqueda de mejores calificaciones para dichos activos en agencias de ráting más pequeñas que las tradicionales.

El presidente de UBS, Colm Kelleher, afirmó en noviembre que este fenómeno podría crear un “riesgo sistémico” para las finanzas globales.

Se multiplican las advertencias de que una crisis de crédito privado podría extenderse al sistema financiero en general. El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, dice que hay “señales de alarma” por la “fragmentación” de los préstamos, con inquietantes paralelismos con la forma en que las hipotecas subprime de EEUU se reempaquetaron y vendieron en todo el mundo antes de 2008.

A los reguladores les preocupa lo que consideran falta de transparencia del sector, débil gestión de riesgos e interconexiones con los bancos.

Algunos participantes del mercado expresan temores similares.

Desconectados

El responsable de Blackstone, Jon Gray, afirma que “nunca ha visto algo tan desconectado de la realidad en el mundo de las finanzas” como la comparación entre las dificultades actuales del crédito privado y la crisis financiera de hace dos décadas.

Señala que los fondos de deuda privada suelen endeudarse entre una y dos veces la cantidad que aportan los inversores.

El capital privado, incluso en los mercados de seguros y los llamados “fondos minoristas”, se invierte a mucho más largo plazo y es más difícil de canjear que los depósitos bancarios, que se pueden retirar de un día para otro.

Durante años, los gigantes del mercado privado han podido resistir las presiones derivadas del rápido aumento de los tipos de interés y la agitación por la pandemia, sin colapsar como Silicon Valley y First Republic.

Sin embargo, las dificultades del capital privado para desinvertir han provocado una caída drástica de la rentabilidad en el sector desde que los bancos centrales comenzaron a subir los tipos en 2021. En cambio, durante gran parte de ese tiempo, los mercados públicos tuvieron un fuerte crecimiento, impulsados por el aumento vertiginoso de las valoraciones de las tecnológicas.

La captación de fondos para operaciones de capital privado ha disminuido a la mitad desde el máximo alcanzado en 2021. Muchos fondos de capital privado medianos no han podido captar nuevo capital, ya que los gestores prevén un número creciente de “fondos zombi” que desaparecerán gradualmente la próxima década por sus bajos rendimientos.

Según el fondo de cobertura Davidson Kempner, hay problemas estructurales. Los grupos de capital privado a menudo han usado una plantilla estándar para consolidar activos tan diversos como lavaderos de coches, clínicas veterinarias y corredurías de seguros, utilizando frecuentemente una sola empresa para acumular esas adquisiciones.

Son negocios demasiado complejos para venderlos a compradores habituales.

No hay forma de endulzar las cifras. El capital privado se ha quedado rezagado respecto a los índices de referencia.

La salud financiera subyacente de las empresas propiedad de fondos de capital privado se ha visto gravemente afectada por los tipos de interés más altos y la inestabilidad geopolítica. Más del 10% de estos grupos ha optado por aumentar su deuda en lugar de pagar los intereses.

La enorme exposición del sector a los acuerdos de software amenazados por la IA ya ha contribuido al malestar.

Scott Goodwin, cofundador de la firma de inversión crediticia Diameter Capital, afirma que un “factor de riesgo de IA” afecta a más de la mitad de las operaciones realizadas por capital privado y financiadas con crédito privado en los últimos 10 años. Estas preocupaciones son consecuencia de la serie de adquisiciones que el sector ha realizado de empresas de software en los sectores de la salud, los servicios financieros y otros servicios profesionales.

Otros inversores declaran que también les preocupan las inversiones en gestores de patrimonio y corredurías de seguros por el mismo motivo.

John Beil, director de capital privado de Partners Capital, predice una oleada de depreciaciones de activos en operaciones de software cuando se tengan las cifras del primer trimestre el próximo mes, lo que ensombrecerá la rentabilidad de un sector, que fue “la apuesta de oro del capital privado en la última década”. “No hay que endulzar las cifras”, afirma. “El capital privado se ha quedado rezagado con respecto a los índices de referencia públicos por un margen significativo” los últimos cinco años.

En lo que respecta a la deuda, las operaciones antiguas han resultado problemáticas para los prestamistas, incluidos los fondos de KKR y BlackRock, que han recortado el valor de muchas participaciones.

Los instrumentos financieros que antes superaban con creces la rentabilidad de sus equivalentes en el mercado público, como los bonos de alto rendimiento, han comenzado a ver reducido el valor de sus activos.

Los ejecutivos del sector advierten de que los préstamos antiguos que están en los fondos de deuda son de menor calidad, dado que las empresas más sólidas han podido refinanciar sus préstamos en los últimos años.

La caída de la rentabilidad ha provocado una avalancha de solicitudes de reembolso en los fondos vendidos a inversores adinerados. Estos fondos se han denominado “semilíquidos” porque permiten a los inversores retirar una parte de su dinero, generalmente un límite del 5% trimestral del patrimonio del fondo. Muchos están limitando ahora la salida de dinero para evitar ventas masivas.

Lloyd Blankfein, ex consejero delegado de Goldman Sachs, declaró recientemente que desde la última gran crisis del mercado crediticio, la probabilidad de un desajuste de liquidez ha aumentado. “Cuando algo falla, se encontrarán con todos los activos que se han mantenido a precios que no se pueden liquidar en el mercado”, afirmó.

Algunos fondos de pensiones de EEUU se enfrentan a una presión que podría perjudicar su capacidad para dar a sus beneficiarios los ingresos que desean.

Según los asesores, algunos han vendido participaciones en sus fondos de capital privado con grandes descuentos en los mercados secundarios y empiezan a deshacerse de sus carteras de crédito.

El impacto de la caída de la rentabilidad y las pérdidas inminentes serán una prueba importante para determinar si las aseguradoras que invirtieron en deuda con más riesgo tiene los recursos para soportar cualquier pérdida.

“En el futuro habrá una mayor tasa de quiebras empresariales por la disrupción tecnológica, y eso va a ser un problema para el crédito”, afirma Dwyer, el gestor que ha aconsejado a sus clientes que se deshagan de muchas inversiones en mercados privados.

Predice que llegará el “día del ajuste de cuentas para el capital privado”, cuando empresas cargadas de activos sobrevaloradas capitulen sacando a Bolsa sus participadas, aunque eso obligue a sus inversores a asumir amortizaciones.

Pero, en vez de prepararse para algo parecido a una repetición de la crisis financiera, muchos en el capital privado ven la próxima crisis como la consecuencia de la burbuja original de la década de 1980.

La oportunidad

En definitiva, esa crisis dejó al sistema financiero prácticamente indemne. Algunos inversores que siguen activos se hicieron famosos comprando bonos basura a precios irrisorios a aseguradoras y fondos de pensiones en dificultades.

En esta ocasión, algunas firmas, incluidas pioneras en bonos basura como Apollo, han acumulado grandes reservas de capital para aprovechar las dificultades de otros. Los gigantes continúan su imparable avance.

“No hay nada que muestre otra cosa que no sea verde”, dice Michael Arrougheti, CEO de Ares, presumiendo de la rentabilidad de las empresas a las que presta dinero y de los billones de dólares en garantías.

“En los más de 30 años que llevo invirtiendo en crédito, no hay nada en esas cifras que indique que se avecina una crisis crediticia.”

Captura 2026-04-06 a las 14.29.48.png

¡Buen fin de semana!

Comentario de mercado Semana Santa 2026

Vuelve a crecer la aversión al riesgo en los mercados ante las dudas sobre las supuestas negociaciones ante la falta de claridad sobre quien es el interlocutor iraní con el que negocia Estados Unidos, agravado por nuevas amenazas de Trump sobre intensificar los ataques.

La guerra de Irán domina por completo los mercados y ha llevado a las bolsas a empezar a valorar un escenario duradero y caótico, cada minuto la situación puede girar a un lado o a otro, y lo que es actualidad mientras escribo este email puede ser cosa del pasado 10 minutos después… Los precios del petróleo y la incertidumbre han obligado a los bancos centrales a adoptar un tono más agresivo, los tradicionales activos refugio no han funcionado como se esperaba, excepto el dólar. En crisis extremas los inversores venden incluso los activos diseñados para cubrir riesgos como el oro…

Lo último es que Trump ha ampliado, de nuevo, el alto el fuego para negociar con Irán otros 10 días, hasta el 6 de Abril. Por su parte, el régimen iraní tiene como objetivo claro asegurar su supervivencia ante la mayor amenaza desde su fundación en 1979, contando con un arma estratégica de primera magnitud como es la capacidad de bloquear el estrecho Ormuz. 

El optimismo sigue muy contenido, mañana se cumple 1 mes del inicio de la guerra en Irán y su fecha de finalización es aún muy incierta, Trump hablaba ayer de 4 a 6 semanas, teniendo en cuenta la falta de disposición de Irán a negociar y que Estados Unidos estaría barajando enviar 10.000 soldados adicionales a Oriente Medio. Con toda esta incertidumbre el precio del petróleo Brent sube y supera hoy a los 110 dólares por barril después de subir ayer un +6%. Un repunte que vino acompañado ayer de subida de las rentabilidades de los bonos soberanos, tanto en Estados Unidos, con el bono a 10 años en el 4,45%, como en Alemania, cuyo bono a 10 años cotiza a 3,10%. Por su parte, Irán, a la amenaza ayer de Trump de mayores acciones militares e instarle a negociar “antes de que sea demasiado tarde”, reiteró sus 5 condiciones para finalizar la guerra: total parada de las agresiones de Estados Unidos e Israel, implementación de mecanismos concretos que impidan nuevos ataques, definición clara de reparaciones de guerra, fin a la guerra en todos los frentes y para todos los grupos involucrados en la región, y reconocimiento internacional y garantías a la autoridad de Irán sobre el Estrecho de Ormuz.

Precio del barril de Brent últimos 6 meses:

La guerra con Irán le está suponiendo a Trump un desgaste político y social importante qué veremos si se ve reflejado en las elecciones de mitad de mandato, el proceso de aprobación de la ampliación del presupuesto de defensa en 200.000 millones de dólares implica un desgaste significativo del capital político dentro del Partido Republicano, especialmente entre los senadores más distanciados de la órbita MAGA. Además, varias encuestas indican que la popularidad del presidente ha disminuido desde el estallido del conflicto, con una mayoría de votantes republicanos no afines al movimiento MAGA (52%) posicionándose en contra de la guerra.

Un gráfico que sigue siendo protagonista estos días es el del movimiento de la Bolsa (S&P 500) frente al precio del petróleo (invertido).

Precio del petróleo Brent (invertido) línea blanca Vs S&P 500 línea amarilla:

El precio del petróleo sigue la misma evolución que siguió en la guerra del Golfo de 1990:

La guerra comercial declarada por la Administración Trump al resto del mundo y su ofensiva militar en Oriente Próximo se han convertido en la principal amenaza para el crecimiento global, así lo advierte la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en su último informe de Perspectivas Económicas Intermediaspresentado ayer. “El conflicto en desarrollo en Oriente Medio tiene costes humanos y económicos para los países directamente involucrados y pondrá a prueba la resiliencia de la economía global”, señala la OCDE, que añade que el bloqueo del estrecho de Ormuz y los daños ocasionados en las infraestructuras energéticas de la región han provocado ya “un aumento en los precios de la energía y perturbado el suministro mundial de energía y otras materias primas importantes, como los fertilizantes”. La OCDE ha decidido mantener en el 2,9% su pronóstico para el PIB mundial en 2026 (cuatro décimas menos de lo que creció en 2025) ante el sólido inicio de la actividad en el arranque del año, espoleada por la fuerte inversión vinculada a la inteligencia artificial (IA) y por unas condiciones financieras y fiscales que aún soplan a favor. Sin embargo, el organismo advierte de que el alcance y la duración de la guerra en Oriente Próximo “son muy inciertos” y de que una fase prolongada de precios altos en la energía “aumentará notablemente los costes empresariales y elevará la inflación de los precios al consumidor, con consecuencias adversas para el crecimiento”.

El Informe de la OCDE ha revisado con fuerza a la baja la proyección de crecimiento de la eurozona como consecuencia del “impacto negativo de los precios de la energía en la actividad económica”. Ahora pronostica un alza del PIB del 0,8% en 2026, cuatro décimas menos de lo que preveía en diciembre y un descalabro de seis décimas respecto al crecimiento de 2025 (+1,4%). Un frenazo en toda regla en su lento proceso de recuperación que queda plasmado en el deterioro de las expectativas de sus cuatro grandes economías. La OCDE ha recortado en dos décimas sus pronósticos para Alemania, Francia e Italia, que ahora solo crecerán un 0,8% en el caso de las economías germana y gala, y un exiguo 0,4% en el de ItaliaEspaña también ha sido revisada a la baja, aunque de su revisión es más moderada, una décima menos que en diciembre, hasta el 2,1%, en línea con el ajuste efectuado por el FMI la semana pasada al término de su tradicional análisis de la economía española al amparo del Artículo IV de la institución. Se queda una décima por debajo de las previsiones del Gobierno, y también de organismos como el Banco de España, ambos en el 2,2%. Más pesimista es S&P Global, que sitúa en el 1,9% el alza del PIB español este año tras haber rebajado en dos décimas su estimación. En cuanto a sus previsiones de inflación la OCDE prevé para este año que los precios repuntarán hasta el 4% en los países del G20 (sin contar con Turquía ni Argentina, cuyas tasas de doble dígito distorsionarían el promedio), 1,2 puntos porcentuales más de lo que se preveía en diciembre y muy por encima del 3,4% registrado en 2025. En la eurozona, la inflación dará un importante salto cuantitativo, al escalar hasta el 2,6%, siete décimas más de lo que la OCDE esperaba hace solo tres meses. Mayor será el impacto en España, donde los precios subirán de media un 3%, siete décimas por encima de lo estimado a finales del año pasado, siempre que la situación no empeore. La Organización internacional confía en que el conflicto no se enquiste y permita un gradual alivio de las presiones sobre los precios energéticos. Si ese escenario se cumple, la inflación en los países del G20 se moderaría al 2,7% en 2027.

Estados Unidos ha sido una de las pocas economías de la OCDE que ha visto revisado al alza su pronóstico. En concreto, ha mejorado en tres décimas su vaticinio para el PIB estadounidense en 2026, cuando crecerá un 2%. Un avance que, según la OCDE, es fruto esencialmente del positivo arranque de su economía en el primer trimestre. Sin embargo, la Organización ya advierte de que ese tirón inicial se verá contrarrestado en los próximos meses por la desaceleración del gasto de los consumidores. Una pérdida de fuelle que será consecuencia, a su vez, de un triple cóctel de factores, menor capacidad adquisitiva de los ciudadanos norteamericanos, pérdida de impulso del crecimiento de su mercado laboral y caída de los niveles de ahorro. De ahí que el pronóstico de la OCDE para 2027 sea un alza del PIB del 1,7%, tres décimas menos que este año y cuatro por debajo de 2025. Además, y aunque Estados Unidos es el mayor productor de petróleo del mundo, con unas abultadas reservas estratégicas, y controla ahora el crudo venezolano, eso no evitará que la inflación se dispare hasta el 4,2% en 2026, 1,2 puntos más de lo estimado en el informe anterior, asestando un duro golpe al bolsillo del consumidor norteamericano, que ya paga la gasolina alrededor de un 20% más cara que antes de la guerra en Irán. Esto se debe a que, pese a su capacidad productora, Estados Unidos importa casi un tercio del crudo que consume, lo que le hace también sensible a los vaivenes de los mercados energéticos.

Esta semana Goldman Sachs ha subido las probabilidades de que Estados Unidos entre en recesión en los próximos 12 meses al 30% (Goldman Sachs raises its US recession probability | investingLive), el indicador de sentimiento de mercado de Goldman Sachs está en territorio neutral:

El Nasdaq Composite lleva 9 de las últimas 10 semanas cayendo, cuando este comportamiento del mercado ocurre históricamente significa que está cerca de hacer suelo y girar al alza, el índice está más alto a los 3, 6 y 12 meses de este punto el 100% de las veces:

Importante esta semana:

Trump considera que la guerra está en su fase final. Por otra parte, según fuentes del Wall Street Journal, Estados Unidos e Israel habrían decidido no atacar al ministro de Exteriores iraní. Además, Trump rechazó la idea de Netanyahu de promover un levantamiento interno en Irán. Por su parte, Irán estudia imponer peajes al tránsito por el Estrecho de Ormuz.

Según el Wall Street Journal, Trump está buscando un alto el fuego de un mes con Irán acompañado de un plan de negociación de 15 puntos. Sin embargo, las exigencias de Irán, incluyendo el cierre de todas las bases estadounidenses en el Golfo y reparaciones económicas, plantean que un acuerdo rápido es poco probable. Por otra parte, el envío este miércoles de 3.000 soldados adicionales por parte de Estados Unidos a Oriente Próximo refleja que, pese a la retórica negociadora, el riesgo de escalada sigue presente. Según Axios, es probable que se produzcan conversaciones de alto nivel en los próximos días lo que introduce volatilidad en mercado.

Esta semana hemos asistido a advertencias de grandes compañías energéticas que apuntan a riesgos inminentes de escasez de combustible, tanto en Europa como en algunas regiones de Estados Unidos. Así, el CEO de Shell señala que Europa podría enfrentarse a tensiones de suministro ya el próximo mes, mientras que Chevron advierte de una posible crisis de combustible en California.

El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha desmentido informaciones que apuntaban a un posible cambio en el marco de supervisión de la Fed inspirado en el modelo del Banco de Inglaterra. Este desmentido busca calmar las preocupaciones sobre una posible politización de la política monetaria en Estados Unidos, en un momento en el que la credibilidad institucional es clave para anclar las expectativas de inflación.

En China, el primer ministro Li Qiang reiteró este lunes su compromiso con la apertura económica y el trato equitativo a las empresas extranjeras, al tiempo que reconoce la necesidad de abordar las preocupaciones de sus socios comerciales sobre el elevado superávit del país.

Esta semana en la Unión Europea han sido noticia los acuerdos que comienzan a hacerse realidad, en primer lugar, el pacto con Mercosur entrará en vigor de manera provisional a partir del 1 de mayo. Tras más de 25 años de negociaciones, en enero el Parlamento Europeo paralizó la ratificación de hacer el acuerdo definitivo, solicitando al Tribunal de Justicia (TJUE) opinión sobre su legalidad. Mientras tanto, la Comisión Europea conserva la facultad de aplicar el acuerdo de manera provisional. Actualmente, el comercio con Mercosur representa únicamente el 2,2% del total del comercio extracomunitario, pero estimaron que, para 2040, las exportaciones europeas hacia Mercosur podrían aumentar en un +39%, unos 50.000 millones de euros adicionales. El texto contempla la eliminación gradual durante 10 años de los aranceles a los bienes industriales, lo que beneficiará principalmente a los exportadores de automóviles europeos (actualmente gravados con un 35%9, a la maquinaria y los medicamentos. En cuanto a los productos agrícolas, se eliminarán los tributos al 93% de este tipo de exportaciones europeas, lo que supondrá un impulso para productos como el vino, que también soportan aranceles del 35%. A su ver, el trato liberalizará el 82% de las importaciones agrícolas procedentes de Mercosur. Para los productos considerados sensibles para los sectores europeos, como la carne de vacuno y aves, se establecerán cuotas a la importación con límites de 1,5% sobre la producción de la UE. Por otro lado, la UE y Australia firmaron este lunes un acuerdo de libre comercio, aunque aún debe ser ratificado por los parlamentos de ambas partes. En su comunicado, la Comisión Europea prevé que las exportaciones de la UE hacia Australia crezcan hasta un +33% en la próxima década, y que el valor de las exportaciones alcance los 17.700 millones de euros anuales. Los sectores clave con mayor potencial de crecimiento incluyen los vehículos de motor (que se espera que aumenten hasta en un +52%), los productos lácteos (+48%), y los productos químicos (+20%). Además, el acuerdo eliminará los aranceles sobre las principales exportaciones de la UE, como los quesos, los preparados de carne, el vino, algunas frutas y verduras, entre otros. Más aún, el acuerdo facilita el acceso de la UE a las materias primas fundamentales australianas. Australia es uno de los países con mayores recursos estratégicos ya que es el principal productor mundial de litio, con cerca del 37% de la producción global, además de contar con sectores relevantes de tierras raras (3,3%), magnesio y ser el cuarto país con mayores reservas de tierras raras. Sin embargo con Estados Unidos las tensiones comerciales siguen elevadas, con Trump advirtiendo de la posibilidad de imponer aranceles más altos si no se alcanza un acuerdo, incluyendo amenazas sobre el acceso europeo al gas natural licuado estadounidense.

En Reino Unido, el fuerte repunte de las expectativas de inflación a corto plazo de los consumidores (desde el 3,3% hasta el 5,4%) refleja un deterioro significativo en la percepción inflacionista, probablemente ligado al encarecimiento reciente de la energía.

Las subidas de los tipos de interés se aproximan en la zona euro. Una semana después de dejar sin cambios los tipos en el 2%, Christine Lagarde, la presidenta del Banco Central Europeo, mostró este miércoles su predisposición a actuar para contener la inflación que pueda derivarse de la crisis energética provocada por la guerra de Irán. La banquera central, en la conferencia monetaria ECB and Its Watchers, que este año celebra su vigesimosexta edición, fue bastante explícita: “La indecisión no nos va a paralizar”. En la misma línea, Lagarde resaltó que “nuestro compromiso de lograr una inflación del 2% a medio plazo es incondicional”. El BCE se vuelve a enfrentar con una crisis energética cuatro años después de la que le llevó a impulsar los tipos de interés hasta niveles récord del 4% tras haberlos mantenido durante años en una cota inédita del -0,5%. Este tipo de situaciones son especialmente difíciles de manejar por parte de los bancos centrales pues, tal y como reconoció Lagarde, “la política monetaria no puede reducir los precios de la energía”. Normalmente, los bancos centrales suelen tratar de obviar este tipo de perturbaciones entendiendo que la política monetaria afecta a la economía con cierto retraso, por lo que puede acabar golpeando al crecimiento una vez que la situación se ha normalizado. Sin embargo, las experiencias del pasado han demostrado que, cuando elshock energético es lo suficientemente grande, genera efectos de segunda ronda en los precios que el banco central sí debe enfrentar. Y este nuevo shock derivado de la guerra de Irán tiene mimbres para ser de gran calibre. La Agencia Internacional de Energía describió la situación como la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial. Además, los ataques a la infraestructura energética, especialmente a la planta de Ras Laffan en Qatar la semana pasada, hacen que la probabilidad de una rápida normalización disminuya. “Si la crisis se intensifica, la respuesta de las empresas y los trabajadores podría ser más rápida que la vez anterior. Tenemos un recuerdo reciente de la alta inflación, lo que podría influir en la rapidez con que se trasladen los costos y se busquen compensaciones”, explicó la presidenta del BCE. Pese a esta situación, el BCE quiere mantener una total flexibilidad respecto a sus próximos pasos. Por eso, Lagarde recalcó que la autoridad monetaria no se ha comprometido a una senda concreta de tipos de interés, sino que actuará en función de lo que vayan dictando los datos y su percepción de los riesgos. Por el momento, los inversores esperan que la primera de las subidas de tipos que puede acometer el BCE llegue antes de verano, lo que pone la lupa en las cumbres de abril o de junio. Los futuros sobre los tipos de interés otorgan una probabilidad del 60% a que esa alza se materialice ya en la próxima reunión a pesar de que la autoridad monetaria suele preferir abordar los giros estratégicos en las cumbres en las que lanza nuevas proyecciones macroeconómicas. En cualquier caso, si se decanta por una subida, se espera que sea de 25 puntos básicos, lo que dejaría el precio del dinero en el 2,25% al menos hasta la siguiente reunión.

La confianza de los empresarios en Alemania se frena, presionada por la incertidumbre geopolítica y la subida de los costes de energéticos, el índice IFO de clima empresarial publicado este miércoles cayó dos puntos en marzo al retroceder hasta 86,4. En el desglose, el mayor retroceso vino por el lado de las expectativas, que bajaron hasta 86 desde el 90,2 previo, mientras que la situación actual repitió niveles de 86,7. Con este descenso, la confianza empresarial bajó a mínimos del último año.

El Ministerio de Finanzas de Japón ha advertido sobre la posibilidad de tomar “acciones contundentes” para frenar la debilidad del yen, lo que sugiere que el riesgo de intervención en el mercado de divisas está aumentando.

En España esta mañana se ha publicado la inflación preliminar de marzo que se aceleró tras los primeros efectos de la subida de los precios de la energía. El IPC creció un +3,3% interanual, repuntando un punto desde la cifra del mes previo. Aunque el INE todavía no ha publicado el desglose por componentes, como era esperable señaló que esta evolución de la inflación fue debida principalmente al encarecimiento de los precios de los combustibles y lubricantes para vehículos personales. Asimismo, aunque en menor medida, también influyó el descenso de la electricidad, menor que el del año pasado, y el aumento de los precios del gasóleo para calefacción, que bajaron en marzo de 2025. Por su parte, la inflación subyacente (índice general sin alimentos no elaborados ni productos energéticos) se mantuvo estable en el +2,7% interanual.


Irán pone a prueba la tolerancia de Trump a la volatilidad del mercado. George Steer, Emily Herbert y Malcolm Moore. Financial Times.

Los inversores buscan el límite de resistencia que lleve a Donald Trump a modificar su política en la guerra contra Irán, mientras sus publicaciones del presidente de EEUU en redes sociales provocan fuertes fluctuaciones en el mercado petrolero. Desde que Trump inició la guerra en Oriente Próximo, ha intensificado sus amenazas contra el régimen iraní los fines de semana, cuando los mercados petroleros están cerrados, e insinúa una paz inminente cuando los precios suben. Estos mensajes forman parte de los intentos de su administración por frenar la inflación de los precios de la gasolina, a pocos meses de las elecciones de mitad de mandato, en las que las subidas de precios marcarán la agenda de los votantes.

Este patrón subraya la importancia crucial de los mercados de petróleo para el desarrollo del conflicto, así como el éxito de la Casa Blanca –al menos hasta ahora– en evitar que los precios del crudo se descontrolen. “Es evidente que [Trump] teme los altos precios de la gasolina”, sostiene Jorge Montepeque, analista de Onyx Capital Group. “Por otro lado, está su ego. No puede permitirse el lujo de perder”. El Brent alcanzó un máximo histórico superando los 119 dólares el barril el 9 de marzo y ha sufrido fuertes fluctuaciones en las últimas semanas, mientras Irán lanzaba ataques contra buques que transitaban por el estrecho de Ormuz e instalaciones energéticas en el Golfo Pérsico.

Los consumidores y las empresas estadounidenses están empezando a sentir los efectos: los precios de la gasolina han subido más de un tercio, hasta casi 4 dólares el galón, mientras que el gasóleo, vital para la industria, ha superado los 5 dólares. Un operador sénior del sector energético señaló lo que consideraba un patrón claro: cada vez que los precios del petróleo estadounidense –que actualmente cotizan unos 10 dólares por debajo del Brent– se acercan a los 95 o 100 dólares por barril, aumenta la retórica de desescalada del gobierno y la especulación del mercado sobre una posible intervención gubernamental en el mercado petrolero se intensifica. En su opinión, hasta ahora, esa presión había ayudado a contener los precios. Pero también advirtieron de que el mercado podría dispararse si comienza a haber escasez. Varios operadores creen que los precios del petróleo podrían ser más altos dada la magnitud de la perturbación causada por la guerra con Irán, pero no hay mucha gente lo suficientemente valiente como para operar en contra de las intervenciones de Trump. Sus publicaciones en redes sociales y entrevistas se perciben como maniobras diseñadas específicamente para hundir los precios

“Estas afirmaciones son falsas. El presidente Trump ha sido totalmente transparente con los estadounidenses sobre estas perturbaciones temporales y a corto plazo, y está centrado en hacer lo correcto: eliminar la amenaza que representa el régimen terrorista iraní para EEUU y nuestros aliados”, sentenció el portavoz de la Casa Blanca, Taylor Rogers.

Los inversores se han acostumbrado a la política caprichosa de Trump desde sus cambios en relación a los aranceles en esta misma época el año pasado, cuando sus numerosos bandazos dieron origen al término TACO. Pero la semana pasada, con sus mensajes contradictorios, su imprevisibilidad ha alcanzado nuevas cotas.

Desde el viernes, la administración de EEUU ha amenazado con liberar cientos de millones de barriles de petróleo de su Reserva Estratégica de Petróleo, ha desplegado paracaidistas de élite a la zona de conflicto y ha amenazado con “arrasar” las centrales eléctricas de Irán, todo ello mientras sugiere que las negociaciones con funcionarios iraníes progresan favorablemente. “Ahora hay tantos titulares contradictorios que señalan una intensificación frente a una desescalada de la guerra en Irán, que hemos entrado en el terreno de la ficción”, afirmó Mike O’Rourke, del broker Jones Trading de Nueva York.

Mientras tanto, los costes de la deuda en EEUU han alcanzado su nivel más alto en 12 meses, ya que el encarecimiento del petróleo eleva las expectativas de inflación y obliga a los operadores a reconocer que la Fed podría no recortar los tipos de interés este año.

El próximo TACO

Adivinar cuándo llegará el próximo “momento TACO” se ha convertido en la última obsesión de Wall Street. Maximilian Uleer, jefe de estrategia de activos cruzados de Deutsche Bank, ha desarrollado esta semana un “índice de presión” como indicador de la retórica inminente o de los ajustes estratégicos por parte de la administración estadounidense El índice tiene en cuenta la variación mensual en los índices de aprobación de Trump, las expectativas de inflación a un año, el rendimiento del S&P 500 de Wall Street y los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense.

Monica Defend, directora del Amundi Investment Institute, afirmó que Trump se ha vuelto “mucho más sensible” a los rendimientos del Tesoro durante su segundo mandato. 

Otros inversores simplemente esperan a que pase el caos, aunque les preocupa verse sorprendidos por la próxima publicación de Trump en Truth Social.


¿Puede Donald Trump alcanzar un acuerdo con Irán? Andrew England. Financial Times.

Dos días después de amenazar con “arrasar” las centrales eléctricas de Irán, Donald Trump declaró el lunes que Estados Unidos había mantenido conversaciones “muy buenas y productivas” con Teherán y que había “puntos importantes de acuerdo” entre los adversarios. La respuesta de Irán fue negar rápidamente que se hubieran mantenido conversaciones. Mohammad Bagher Ghalibaf, uno de los principales líderes iraníes durante la guerra, afirmó que “las noticias falsas se utilizan para manipular los mercados financieros y petroleros y escapar del atolladero en el que se encuentran atrapados Estados Unidos e Israel”.

La reacción tajante –incluso ante la idea de negociaciones indirectas– subraya los enormes obstáculos que se interponen en el camino de un acuerdo para poner fin a la guerra que el presidente estadounidense afirma que está al alcance de la mano.

Si Trump habla en serio sobre un acuerdo, podría haber abierto una pequeña ventana para la diplomacia. Pero Teherán desconfía de un presidente que ha lanzado ataques contra Irán en dos ocasiones mientras se suponía que las negociaciones seguían su curso y que ha insistido en la rendición total del régimen.

¿A qué podría acceder Irán?

Funcionarios iraníes, incluido el presidente Masoud Pezeshkian, han declarado que Teherán necesitaría “garantías” de que no va a ser atacado en el futuro si acepta cualquier tipo de acuerdo para poner fin a la guerra. El régimen libra lo que considera una batalla existencial que comenzó no con este conflicto, sino cuando Israel lanzó la primera guerra de 12 días contra la república islámica en junio pasado.

Desde que Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, iniciaron la última guerra el 28 de febrero, la estrategia de Irán ha consistido en intentar aumentar el precio del conflicto para disuadirlos de atacar de nuevo.

Ello ha provocado una crisis económica mundial al cerrar el estrecho de Ormuz y atacar instalaciones de petróleo y gas en todo el Golfo. Fuentes internas y expertos iraníes han advertido de que el régimen podría continuar la lucha si no obtiene las garantías que busca, incluso si Trump asegura que pondrá fin a la guerra.

Irán sido bombardeado día y noche por Estados Unidos e Israel, que han lanzado miles de ataques contra la república. Aun así, ha seguido lanzando misiles y drones contra Israel y los estados del Golfo.

¿Hasta qué punto es fácil reabrir el estrecho de Ormuz?

Durante años, Irán ha amenazado con cerrar el estrecho, por donde transita un 20% del petróleo y el gas del mundo. Y ahora que lo ha hecho, funcionarios iraníes han indicado que la situación ya no será la misma.

La capacidad de Teherán para ralentizar el tráfico marítimo hasta casi paralizarlo mediante ataques y amenazas ha sido su principal arma de presión sobre Trump y la economía global, impulsando los precios de la energía a máximos históricos. Los buques ya no están dispuestos a arriesgarse a cruzar el estrecho. 

Al menos un petrolero habría pagado dos millones de dólares por un paso seguro a través de la vía marítima. Un diputado iraní afirmó que esta sería la nueva normalidad, sugiriendo que Irán cobraría un peaje a los buques. Esto provocaría indignación entre los aliados de Estados Unidos en el Golfo, cuyas exportaciones de energía y petroquímicos se han visto gravemente afectadas por las acciones de Irán y que no querrían que esta amenaza se materializara en el futuro.

¿Qué sucederá con el programa nuclear iraní?

Trump ha insistido en repetidas ocasiones en que una de las razones por las que fue a la guerra fue para impedir que Irán obtuviera un arma nuclear, a pesar de afirmar que Estados Unidos “aniquiló” el programa nuclear de Teherán cuando participó en la guerra de 12 días de Israel para bombardear las principales instalaciones de enriquecimiento de uranio de la república en junio.

El lunes, declaró que Estados Unidos intentaría confiscar las reservas de uranio enriquecido del país. Aunque Irán posee más de 9.000 kilogramos de uranio enriquecido, la principal preocupación occidental son los 440 kilogramos que están enriquecidos a niveles cercanos a los necesarios para fabricar armas nucleares. Funcionarios iraníes aseguran que se encuentran bajo los escombros de las plantas que han sido bombardeadas.

Personas informadas sobre la última ronda de conversaciones entre Estados Unidos e Irán indicaron que Teherán había acordado “cero reservas” y diluir su uranio altamente enriquecido. Sin embargo, funcionarios estadounidenses negaron que se hubiera logrado un progreso significativo en las conversaciones, que concluyeron cuando Trump autorizó la ofensiva militar.

Vali Nasr, experto en Irán de la Universidad Johns Hopkins, afirmó que Teherán podría aceptar renunciar a su uranio altamente enriquecido si conserva cierto control sobre el estrecho.

Añadió que Irán cree que su capacidad para cerrar el estrecho sería un elemento disuasorio frente a cualquier otra guerra y que podría generar ingresos mediante el cobro de peajes a los barcos que lo atraviesan. “Esto se está debatiendo en Teherán”, declaró.

¿Qué sucederá con el programa de misiles y drones de Irán?

En su discurso anunciando el inicio de la guerra, Trump afirmó que Estados Unidos iba a “destruir los misiles iraníes y arrasar su industria. Nueve días antes, había declarado que el “100% de la capacidad militar de Irán” había sido destruida. Sin embargo, la república islámica continuó lanzando ataques diarios contra Israel y los estados del Golfo.

Irán había insistido anteriormente en que sus arsenales de misiles y drones –fundamentales para su capacidad de librar una guerra asimétrica– no están sujetos a negociación.

Pero los aliados de Estados Unidos en el Golfo, que han sufrido las peores consecuencias de los ataques iraníes, estarán desesperados por que se aborde la amenaza que representan los misiles y drones.

¿Exigiría Irán el levantamiento de las sanciones?

Este mes, Pezeshkian declaró que las condiciones de Irán para poner fin a la guerra incluían una compensación por la destrucción causada por los bombardeos, así como el reconocimiento del “derecho” de la república a enriquecer uranio y garantías internacionales para prevenir ataques similares en el futuro.

Aunque Pezeshkian no mencionó explícitamente el levantamiento de las sanciones, siempre fue un punto clave durante las rondas anteriores de conversaciones con Estados Unidos sobre el programa nuclear iraní, y fundamental para reactivar su maltrecha economía.

Irán se encontrará en una situación aún más desastrosa después de la guerra, y la república necesitará financiación para reconstruir su infraestructura y sus fuerzas armadas.

Trump nunca ha planteado públicamente la idea de ofrecer el levantamiento de las sanciones a un régimen al que ha descrito como el “principal patrocinador estatal del terrorismo en el mundo”.


El juego de Trump, el Armagedón y el TACO. Edward Luce. Financial Times.

“En tiempos de guerra, la verdad es tan valiosa que debe estar protegida por un escudo de mentiras”, dijo Winston Churchill. La verdad que se esconde tras el torbellino de palabrería de Donald Trump es que quiere salir del mismo atolladero en el que se metió. Todas las demás razones que esgrime –desde el derrocamiento del régimen hasta su alteración– son pura palabrería. A estas alturas, si Irán abriera el estrecho de Ormuz a cambio de que se le permitiera desarrollar armas nucleares, nadie podría estar seguro de si Trump rechazaría la propuesta. Si Irán lo convirtiera en el primer ganador del premio de la paz Ciro el Grande, las probabilidades aumentarían.

Esto es lo que Trump esperaba al empezar a bombardear Irán: que su régimen colapsara o se rindiera incondicionalmente en 72 horas. Ese era el Plan A. El Plan B no existía, lo que significa que Trump intenta ahora hacer lo posible por volver a la situación anterior al Plan A. Su objetivo bélico es el statu quo anterior. Si hubiera existido un Plan B, Trump habría preparado a sus aliados, desplegado dragaminas y marines estadounidenses, aumentado las reservas de petróleo e inundado los estados del Golfo con interceptores. “Nadie se lo imaginó ni siquiera”, reconoció en relación a los ataques de Irán contra otros estados del Golfo. Todos esperaban la respuesta de Irán, excepto él. De hecho, los líderes de los países del Golfo le advirtieron antes del 28 de febrero. Tampoco importa hasta qué punto las agencias de inteligencia advirtieron de los riesgos. Lo que Trump no quiere oír, simplemente no existe.

Ahora ha entrado en la fase de la guerra del palo y la zanahoria, con sus mensajes contradictorios que pierden toda credibilidad. Irán se muestra impasible a ambos. En un momento, Trump amenaza con “una fuerza y un poder que Irán nunca ha visto ni presenciado”. Aproximadamente 36 horas después, declara que Estados Unidos e Irán han mantenido “conversaciones muy buenas y productivas”. Pocos dieron crédito a esto. Es una situación extraña en la que el mundo debe esperar una declaración de Irán para comprobar si hay algo de verdad en lo que dice un presidente de EEUU. Irán respondió que no se habían producido conversaciones. ¿A quién debíamos creer?

El mundo tampoco puede confiar en las conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán. En dos ocasiones durante el último año, Trump ha atacado durante las negociaciones. Por un lado está Steve Witkoff, el enviado de Trump, un hombre que no se caracteriza precisamente por su discreción. Después de que Vladímir Putin le dijera a Trump que Rusia no estaba proporcionando a Irán datos de objetivos, Witkoff afirmó que “podemos creer en su palabra”. Por otro lado, supuestamente, está Abbas Araghchi, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán. Es un diplomático experimentado, pero no hay razón para suponer que hable en nombre de la Guardia Revolucionaria. Algunos allegados a Trump creen que el presidente del Parlamento de Irán, el conservador Mohammad Baqer Qalibaf, podría ser la Delcy Rodríguez de Irán. Pero esto suena a mera ilusión.

De cualquier forma, Trump intensificará o atenuará sus ataques según la aparente posición negociadora de Irán. El único aspecto a lo que Irán jamás renunciará es a su capacidad para desestabilizar los mercados energéticos mundiales. Sin embargo, eso es precisamente lo que Trump necesita obtener. Por lo tanto, las conversaciones indirectas están condenadas a oscilar entre amenazas desmesuradas y promesas exageradas, en consonancia con el estado de ánimo de Trump. Cada vez que quede en evidencia que ha lanzado una amenaza vacía que no ha logrado que Irán hiciera la concesión deseada, tendrá que aumentar el nivel de amenaza. Esto solía conocerse como “la brecha de credibilidad”. No hace falta ser un adivino para suponer que en algún momento insinuará el uso de armas nucleares. Eso no significaría que tenga intención de usarlas. Pero las imprudencias pueden tener consecuencias catastróficas. La otra opción es establecer un enclave estadounidense a lo largo de la costa iraní del estrecho de Ormuz. Una escalada gradual de la operación sería casi inevitable.

¿Salida pírrica?

Trump siempre podría retirarse y dejar que otros se encarguen de solucionar el problema. Como señaló Richard Haass, un alto funcionario de Administraciones republicanas anteriores, eso equivaldría a una inversión de la regla de Colin Powell, del tipo “nosotros lo rompimos, ustedes se hacen cargo”. Pero sería una salida pírrica. Irán podría seguir manteniendo el control energético mundial hasta que esté convencido de que Trump no reanudará las hostilidades. Podría prometer no volver a bombardear. Pero, ¿le creería Irán?

Es demasiado pronto para evaluar la magnitud del daño causado al poder estadounidense. Pero podemos estar seguros de que la Tercera Guerra del Golfo intensificará la carrera armamentística mundial, especialmente entre los aliados de Estados Unidos, cuya confianza se ha visto mermada. Asimismo, nos encontramos al comienzo de un boom de las energías alternativas. La energía nuclear, los paneles solares y los aerogeneradores necesitan minerales críticos. Pero actualmente no existe un estrecho de Ormuz que interrumpa el suministro de energía verde. Queda por ver cómo encontrará Trump una salida a este atolladero. Quería derrocar al régimen iraní; ahora está levantando las sanciones para que Irán pueda vender más petróleo. En medio de este torrente de amagos, bombos publicitarios, invenciones y fanfarronadas, su objetivo es volver al punto de partida. Con semejante estrategia, el caos está de más.


Os deseo una feliz Semana Santa.

Comentario de mercado viernes 20 de Marzo del 2026.

Otra semana de mucha volatilidad y aversión al riesgo después de que Israel atacase el campo de gas iraní South Pars, el más grande del mundo, y que supone un paso más en la escalada bélica, ha sido la primera infraestructura energética clave bombardeada. Irán respondió amenazando verbalmente a toda la infraestructura energética del Golfo y lanzando misiles sobre el complejo catarí Ras Laffan, que alberga la mayor planta de gas natural licuado (GNL) del mundo, responsable del 20% del suministro global de GNL. La consecuencia ha sido el aumento de los precios del petróleo y del gas, que se trasladó a las rentabilidades de la deuda, con subidas de rentabilidad de los bonos soberanos. En Estados Unidos el aumento de rentabilidades fue superior, con el Bono a 10 años cotizando actualmente a 4,30% de rentabilidad, tras un tono de la Fed más duro de lo esperado, a pesar de que mantuvo los tipos de interés sin cambios. La elevada volatilidad y los mensajes cambiantes de las partes implicadas hacen que el escenario, en todos los mercados (divisa, materias primas, bolsas, bonos…), pueda cambiar de forma abrupta en cuestión de minutos…

Rentabilidad del Bono a 10 años americano último mes:

Después de veinte días de conflicto, las declaraciones del primer ministro israelí estos días, asumiendo la responsabilidad de los ataques y descartando nuevas acciones unilaterales sobre infraestructuras energéticas iraníes, eliminaron uno de los escenarios más temidos por los mercados como era un conflicto que pusiera en riesgo directo la capacidad energética de Irán y que la reacción del país iraní sea aún más virulenta contra sus vecinos del golfo. Este nuevo giro provocó un alivio significativo en los mercados energéticos, que se trasladó rápidamente a bolsas y bonos, el petróleo ha caído desde los 119 dólares el barril que estaba ayer a los 109,26 dólares actuales:

Precio del petróleo Brent últimos 10 días:

Los precios de la energía se volvieron a disparar ayer tras los ataques de Irán contra las instalaciones clave en la región, en represalia por el bombardeo contra su principal planta de gas el miércoles, si bien el petróleo acabó la sesión en mínimos del día después de las palabras del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hablando del próximo final de la guerra. El hecho de que la guerra se enquiste y ya esté dejando cicatrices duraderas en las infraestructuras energéticas eleva la alerta sobre la posibilidad de un fuerte impacto en el comercio y la economía mundiales, tal como alertó ayer la Organización Mundial del Comercio.

El ataqué iraní al complejo catarí de GNL Ras Laffan se produjo tras la advertencia de Teherán de atacar instalaciones energéticas en Catar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos en represalia por el bombardeo israelí a una planta de procesamiento de gas natural en Irán dirigida a la demanda interna y a dar soporte a la generación eléctrica. Con ello, el ataque provocó una fuerte subida de los precios del gas TTF, de referencia en Europa, del 11,6%, hasta los 61 euros por megavatio hora, cerrando la sesión a precios que ya duplican los de hace un mes, antes del inicio de las hostilidades. Sin embargo, el ataque a la terminal de Ras Laffan no fue el único golpe por parte de Teherán, que anunció “represalias sin contención” contra sus vecinos por dar apoyo a la ofensiva por parte de Estados Unidos e Israel. “Nuestra respuesta al ataque de Israel contra nuestra infraestructura utilizó solo una fracción de nuestro poder. La única razón por la que nos contuvimos fue por respeto a la desescalada solicitada. No habrá contención si vuelven a atacar nuestras infraestructuras”, señaló su ministro de Exteriores, Abás Araqchí. Además, Araqchí añadió que cualquier solución a la guerra desencadenada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel “debe incluir la reparación de los daños” a los enclaves civiles de Irán, como es el caso de las instalaciones gasistas de Pars Sur, atacadas el martes. Asimismo, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, también advirtió ya este miércoles de que la ofensiva contra la infraestructura energética de Irán no iba más que a agravar la situación y podría “desencadenar consecuencias incontrolables que afectarían a todo el mundo”. Y, de hecho, los ataques iraníes no se ciñeron únicamente a la planta de Ras Laffan, sino que se extendiendo a numerosos países de Oriente Próximo. Así, Irán provocó un incendio en un depósito de combustible para aviones en Riad, mientras que un barco se incendió frente a la costa de los Emiratos Árabes Unidos y otro resultó dañado frente a Catar, lo que subraya el peligro para los buques que atraviesan la zona. Además, un dron iraní golpeó la refinería saudí de Samref, en el mar Rojo, que el país esperaba utilizar como ruta de salida alternativa a Ormuz para el crudo, además de interceptar otros seis ataques. Por otra parte, Kuwait declaró que un ataque con drones provocó un incendio en la refinería de Mina Al-Ahmadi, una de las más grandes de Oriente Próximo, seguido de otro ataque a la cercana refinería de Mina Abdullah, mientras que Emiratos Árabes Unidos se vio obligado a suspender las operaciones en su instalación de gas de Habshan y en el yacimiento de Bab tras los ataques nocturnos iraníes. Todo ello complica la vuelta al mercado del petróleo y el gas bloqueado por la guerra, lo que está acentuando la subida de precios y las pérdidas entre los países de la región. Esta situación, además, está haciendo mucho daño a los socios de Estados Unidos en la Oriente Próximo. Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, habló ayer de una “peligrosa escalada”, mientras que Catar va algo más lejos y ya reclama poner fin a la guerra de forma “inmediata”. “Esta guerra debe cesar inmediatamente. Las agresiones y los ataques deben cesar inmediatamente porque todo el mundo sabe quién saca los mayores beneficios de este conflicto en la región”, dijo el primer ministro y titular de Exteriores catarí, Mohamed bin Abdulrahman Al Thani. Esta reacción ha tenido su eco en Washington, donde el presidente estadounidense, Donald Trump, trató de quitar hierro a la escalada de los precios de la energía, señalando que esperaba alzas todavía superiores, pero también afirmó que Israel no volvería a atacar las instalaciones iraníes de Pars Sur, para tratar de frenar la espiral de destrucción. Con todo, advirtió de que, si Irán continuaba atacando la infraestructura energética de Catar, Estados Unidos tomaría represalias y volaría “masivamente la totalidad” del yacimiento. “No quiero autorizar este nivel de violencia y destrucción por las implicaciones a largo plazo que tendrá en el futuro de Irán”, señaló Trump, añadiendo posteriormente que preveía un rápido final al conflicto por la falta de líderes en Irán. Por su parte, y en la misma línea, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reclamó ahondar en la ofensiva porque tras veinte días de campaña militar, “ya no tiene capacidades para enriquecer uranio ni misiles balísticos”.

El precio del petróleo es lo que está moviendo estos días las Bolsas, sólo hay que ver el gráfico de la evolución del S&P 500 y del precio del petróleo (invertido) para comprobar cómo de correlacionada está la caída de las bolsas con las subidas del precio del petróleo:

El Fondo Monetario Internacional advirtió ayer de que ya se aprecian “perturbaciones significativas” en la economía global. El organismo multilateral anticipa un frenazo del crecimiento acompañado de un repunte de la inflación. El FMI pone el foco en el impacto de un shock energético prolongado, con el petróleo disparado y las rutas comerciales tensionadas, que podría deteriorar de forma notable el equilibrio macroeconómico mundial en los próximos meses. La interrupción del flujo de crudo y gas en el estrecho de Ormuz, junto con los daños a infraestructuras energéticas en el golfo Pérsico, está tensionando los mercados y alimentando un fuerte repunte de los precios, según reconoció ayer el FMI. El encarecimiento del crudo es el principal canal de transmisión del shock. Según los cálculos del organismo, cada aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo podría elevar la inflación global en 0,4 puntos porcentuales y restar entre una y dos décimas al crecimiento económico mundial. El riesgo es que este encarecimiento del precio del petróleo no sea transitorio. “El impacto económico dependerá de la duración, el alcance y la intensidad de la crisis”, según el FMI. En enero, el organismo había elevado ligeramente su previsión de crecimiento mundial para 2026 hasta el 3,3%, pero ya advertía de importantes riesgos a la baja vinculados a tensiones geopolíticas y comerciales que ahora se han materializado con la guerra en Irán. La combinación de precios energéticos al alza, interrupciones logísticas y mayor incertidumbre en el tablero internacional está generando un entorno cada vez más complejo para bancos centrales y gobiernos. Instituciones como el Banco Mundial y la Agencia Internacional de la Energía han advertido en los últimos días de que un cierre prolongado de Ormuz podría desencadenar una crisis energética de gran magnitud, con efectos en cadena sobre la industria, el transporte y el consumo. Además del petróleo, el conflicto está impactando en otros mercados clave. El FMI alerta de que el encarecimiento de las materias primas, unido a la disrupción en el transporte marítimo y a la interrupción de los envíos de fertilizantes desde la región, podría trasladarse rápidamente a los precios de los alimentos. Este factor añade presión adicional especialmente en economías emergentes y en desarrollo, donde el peso de la cesta básica es mayor y el margen de maniobra fiscal es más limitado. La tensión se traslada también a los mercados financieros. El FMI señaló un aumento de la volatilidad tanto en economías avanzadas, como Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea, como en países emergentes. El FMI pone el foco en que el dilema para los bancos centrales es que este nuevo shock llega en un momento especialmente delicado. Tras meses de lucha contra la inflación, un repunte de los precios energéticos podría obligar a mantener tipos de interés elevados durante más tiempo, enfriando aún más la actividad económica. La Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra afrontan así un escenario de “estanflación suave”, con menor crecimiento y presiones inflacionistas persistentes que podría alterar su hoja de ruta en política monetaria para este año. Desde el organismo multilateral insisten en la necesidad de evitar reacciones descoordinadas que amplifiquen el impacto.

Como comentaban desde Andbank en su comentario semanal de mercado, algunos sectores podrían ver un aumento significativo en sus costes de fabricación o incluso disponibilidad, uno de esos sectores más afectados sería el de semiconductores.

En cuanto a las Bolsas llama la atención que las 10 principales compañías en S&P500 tienen un peso de un 40% en el índice. Si se producen las salidas a Bolsa previstas de aquí a final de año de Anthropic, OpenAI y SpaceX el peso subiría al 50%.

Interesante referencia de Facset analizando los resultados del cuarto trimestre del 2025, 331 compañías del S&P 500 hicieron mención a la Inteligencia Artificial en sus llamadas de resultados del 4T25, frente a las 50 compañías que lo hicieron en los resultados del 3T25 (FactSet Insight – Commentary and research from our desk to yours | Earnings).

Siguen los miedos en el mercado respecto a la deuda privada, las altas solicitudes de reembolsos en algunos de los mayores fondos de crédito privado en el primer trimestre han obligado a los gestores a limitar la salida de dinero y amenaza con frenar una de las fuentes de crecimiento más importantes de Wall Street. Según cálculos deFinancial Times, fondos de deuda gestionados por firmas como Blackstone, BlackRock, Cliffwater, Morgan Stanley y Monroe Capital acordaron atender el 70% de los 10.100 millones de dólares de reembolso que han recibido. Se prevé que esta cifra aumente en las próximas dos semanas, a medida que los fondos gestionados por Ares Management, Apollo Global, Blue Owl, Oaktree y Goldman Sachs contabilicen las retiradas de sus inversores. Algunas destacadas figuras de Wall Street, como el ex co-CEO de Pimco, Mohamed El-Erian, dice que la situación recuerda a los inicios de la crisis financiera de 2008. Sin embargo, muchos ejecutivos del capital privado están perplejos ante lo que consideran una venta masiva indiscriminada que no refleja el rendimiento de sus carteras. Los fondos que ya han reportado reembolsos gestionan activos por valor de 166.000 millones de dólares, una fracción de los cerca de 1,5 billones de dólares invertidos en fondos de préstamos directos. Estos vehículos han sido uno de los segmentos de más rápido crecimiento de la industria de la inversión privada, proporcionando una base sólida para los gestores de fondos que buscan penetrar en el mercado estadounidense de la jubilación, valorado en 9 billones de dólares. Los reembolsos han revertido un período de cinco años en los que entraron casi 200.000 millones de dólares en los fondos privados de deuda de grandes grupos, que impulsaron su crecimiento y rentabilidad. Ahora, los inversores se cuestionan si los grupos de capital privado merecen sus elevadas valoraciones. Esto ha provocado una feroz presión vendedora sobre las acciones de firmas como Blackstone, KKR, Blue Owl, Ares y Apollo, que se han desplomado un 25% o más en Bolsa, perdiendo más de 100.000 millones de dólares de valor de mercado. Empresas como Blackstone y Blue Owl no tienen préstamos en sus balances que las expongan a grandes pérdidas, y su deuda corporativa es mínima. Sin embargo, su cotización ha sufrido la volatilidad en los últimos años, por la percepción de los inversores sobre su crecimiento futuro. Ahora se enfrentan a interrogantes sobre el rendimiento de los fondos minoristas que han sustentado su éxito, y a una retirada más amplia de inversiones de muchos fondos de pensiones y dotaciones. El fondo de deuda BCRED de 48.000 millones de dólares de Blackstone se ha convertido en su principal fuente de comisiones, aporta el 13% de los ingresos totales por comisiones de la firma, valorada en 1,3 billones de dólares. El fondo paga a Blackstone una comisión de gestión del 1,25% anual sobre los activos de los inversores y una comisión de rendimiento del 12,5% sobre una rentabilidad mínima del 5%. Este tipo de fondos cobran comisiones en función de sus valoraciones y dividendos, no cuando se venden los activos. BCRED generó 1.200 millones de dólares en comisiones para Blackstone el año pasado.

OCIC, el fondo privado de 35.000 millones de dólares de Blue Owl, también ha sido fundamental para su crecimiento. El año pasado, aportó a Blue Owl 447 millones de dólares en comisiones de gestión e incentivos. Analistas de Goldman Sachs estiman que Blue Owl está más expuesta a estos fondos dirigidos a clientes adinerados que cualquiera de sus rivales cotizados, y señala que el 21% de los ingresos anuales por comisiones de la firma procede de estos vehículos. Estas comisiones han cobrado mayor relevancia en los últimos años, porque los grupos de capital privado reorganizaron sus finanzas para resultar más atractivos para los inversores en Bolsa, haciendo hincapié en sus ganancias más predecibles basadas en comisiones en lugar de los pagos puntuales y más elevados derivados de operaciones exitosas. Esto incentivó a las firmas a incrementar con rapidez sus activos, especialmente en fondos minoristas de alto margen, aunque conllevaba el riesgo de que esos mismos inversores pudieran retirar su dinero en momentos de turbulencias. Sin embargo, el dinero impulsó a los grupos de capital privado, cuyas valoraciones se dispararon hasta alcanzar entre 30 y 40 veces sus ganancias por comisiones, lo que les otorgó una prima significativa respecto a otras empresas de servicios financieros, como bancos y aseguradoras. Los activos fluyeron hacia fondos de crédito privado minoristas y productos similares dirigidos a adquisiciones, operaciones inmobiliarias e inversiones en infraestructuras. Los analistas de Goldman calculan que los fondos de crédito minoristas vieron aumentar sus activos desde 34.000 millones de dólares a finales de 2021 a 222.000 millones a finales del año pasado. Pero este crecimiento se ha revertido este año. Tras una oleada de reembolsos que puso de manifiesto el riesgo de que los inversores no siempre recuperen su dinero, Goldman prevé ahora que estos fondos podrían perder entre 45.000 y 70.000 millones de dólares en activos los próximos dos años. Blackstone continúa atrayendo nuevo capital de sus fondos minoristas de capital riesgo e inmobiliario, lo que mitiga el impacto de los reembolsos de BCRED.

Cuando el sector tecnológico y el financiero cotizan por debajo de sus medias de 200 sesiones suele ser históricamente una señal bajista para la Bolsa:

Pero, por otro lado, cuando Marzo termina haciendo que la primera mitad del año sea débil en Bolsa históricamente genera que la segunda mitad del año sea positiva (según un análisis desde 1983), y la mitad de Marzo es el suelo del año de acuerdo a un análisis de los últimos 20 años.

Los índices de sentimiento siguen empeorando, tanto el índice de exposición de los inversores americanos a la renta variable (NAAIM Exposure Index NAAIM Exposure Index – The National Association of Active Investment Managers – NAAIM) como el índice Alcistas menos Bajistas (Bulls Minus Bears Index):

NAAIM index

AAII Bulls – Bears

Importante esta semana:

La Fed mantuvo este miércoles los tipos de interés sin cambios en el 3,5%-3,75%, aunque, de nuevo, la decisión no fue unánime, y también mantuvo su visión de que durante el año habrá una rebaja de 25 puntos básicos, como se anticipó en la reunión de Diciembre del 2025. Sin embargo, elevó su previsión de crecimiento al 2,4% en 2026 y 2,3% en 2027, en parte por efecto arrastre de 2025, en parte por esperar una mayor productividad asociado a la IA. No obstante, ha venido acompañado de una previsión de inflación superior, la Fed espera una inflación del 2,7% en 2026 y del 2,2% en 2027. Sobre la guerra, el presidente de la Fed señaló que ahora mismo la incertidumbre impide saber qué impacto tendrá en Estados Unidos, pero que no será positivo y afectará a la inflación, estando la institución preparada para responder. La Fed también mantuvo inalterado el “dot plot” respecto al de Diciembre del 25, estimando un recorte de tipos en 2026, hasta el 3,375%, y otro en 2027 a 3,125%, nivel que se mantendría a medio plazo, por lo que los recortes siguen en la agenda, apoyando al objetivo de empleo y en tanto en cuanto aún están en niveles ligeramente restrictivos, aunque con retrasos, antes del conflicto se esperaban 2 recortes en 2026, el primero en julio y el segundo en diciembre.

En Europa también se reunió ayer el Banco Central Europeo, y, como esperaba el mercado, también mantuvo los tipos de interés sin cambios por unanimidad por sexta reunión consecutiva a pesar de que espera un impacto relevante de la Guerra de Oriente Medio en el escenario macro. En la conferencia de prensa, la presidenta Christine Lagarde puso el énfasis sobre el enfoque data dependent, con lo que el curso de la política monetaria se decidirá “reunión a reunión” ante los riesgos que la guerra ha creado sobre el escenario central. Así, aunque reiteró que mantendrán la inflación en su objetivo, insistió en que se encuentran bien posicionados para navegar este escenario de incertidumbre, lo que podría retrasar las subidas de tipos. Por último, también se mostró preocupada por el impacto sobre las condiciones financieras que se han tensionado desde la última reunión, lo que deja la puerta abierta al BCE para adoptar medidas.

En su nuevo cuadro macroeconómico, el BCE incorporó por primera vez el efecto de la guerra, revisando al alza en +0,7% la previsión de inflación para 2026, hasta el +2,6%, y reduciendo en -0,3% la estimación de crecimiento del PIB, hasta el +0,9%. No obstante, aún es pronto para considerar estas previsiones definitivas, ya que se basan en datos recopilados hasta el 11 de marzo. En su escenario adverso, que contempla disrupciones en el estrecho de Ormuz hasta el tercer trimestre, pero sin daños relevantes en la infraestructura energética, el crecimiento sería del +0,6% en 2026 y la inflación alcanzaría el +3,5%. Al tratarse de un bloqueo, y no de destrucción física, el suministro energético se recuperaría con rapidez una vez levantadas las restricciones, lo que permitiría que la inflación retrocediese al +2,1% en 2027. En el escenario más severo, que asume que el conflicto se prolonga hasta el cuarto trimestre con destrucción de infraestructura energética, la inflación escalaría al +4,4% en 2026 y al +4,8% en 2027.

La actividad da señales de reactivación en Estados Unidos. Los datos de producción industrial publicados este lunes fueron alentadores con la actividad del sector avanzando un +0,2% mensual y encadenando así el cuarto mes consecutivo de crecimiento, algo que no ocurría desde el inicio de 2023. Con ello, el ritmo de crecimiento interanual se sitúa en el +1,4%. Por segmentos destacó especialmente la mayor producción de vehículos y sus componentes que avanzaron en febrero un +1,7% mensual y también la fabricación de ordenadores y electrónica que creció un +0,4% mensual tras haber avanzado en enero a ritmos del +1,2%. Asimismo, también fue relevante que los productos relacionados con el sector de defensa y aeroespacial crecieron un +0,3% mensual, el tercer mes consecutivo de avance. En este contexto, la utilización de la capacidad productiva de la economía se sitúa en el 76,3%. 

El Banco de Australia volvió a subir tipos y se convirtió en el primer gran banco central en hacerlo desde el inicio del conflicto con Irán, elevando los tipos en 25 puntos básicos hasta el 4,1% y advirtiendo de que el fuerte aumento de los precios del combustible agravará la inflación si se mantiene. Sin embargo, una votación inesperadamente reñida, con cuatro votos en contra, provocó posteriormente una caída del dólar australiano.

El gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, afirmó que la inflación subyacente se está acelerando hacia el objetivo del 2% del banco. El yen se depreció un 0,1% hasta situarse en 159,25 por dólar, haciendo caso omiso de las advertencias verbales de las autoridades japonesas. Los analistas esperan que el umbral para una intervención sea más alto debido al aumento de los precios del petróleo

La Unión Europea y Australia están cerca de cerrar un acuerdo comercial. La presidenta de la Comisión Europea comunicó este lunes a los líderes del bloque que las negociaciones se encuentran en su tramo final e incluso podría procederse con la firma este fin de semana. En un contexto marcado por los aranceles impuestos por la Administración de Trump y la dependencia europea de los minerales críticos procedentes de China, Bruselas busca diversificar sus alianzas y sumará este acuerdo al recientemente firmado con la India. Las negociaciones con Australia quedaron bloqueadas en 2023 debido a la exigencia de Canberra de obtener cuotas más amplias y libres de aranceles para sus exportaciones de carne de vacuno. Por su parte, la UE solicita acceso preferencial a minerales críticos australianos y menores aranceles a los productos manufacturados. Australia es uno de los países con mayores recursos estratégicos, es el principal productor mundial de litio (con cerca del 37% de la producción global), además de contar con sectores relevantes de tierras raras (3,3%), magnesio y ser el cuarto país con mayores reservas de tierras raras. Además, el acuerdo también aborda otros aspectos como la movilidad laboral, la reducción de los impuestos australianos a los automóviles europeos de lujo y la protección de denominaciones como prosecco o feta que están utilizando los productores australianos. 

El miércoles se publicó en Alemania la confianza de los analistas e inversores institucionales de marzo, que decepcionó. Según el índice ZEW, la confianza bajó hasta el -0,5 desde el 58,3 previo, unos niveles no vistos desde abril, después del Día de la Liberación. Como telón de fondo, el conflicto en Oriente Medio y el correspondiente encarecimiento de la energía han eclipsado parcialmente las expectativas de recuperación del país germano, que en los próximos meses se verá beneficiado del impulso fiscal derivado de los amplios planes de inversión en infraestructuras y defensa.


Las dudas sobre el crédito privado. Antonio Carrascosa. Exconsejero de la Junta Única de Resolución.

La evolución del crédito privado (financiación suministrada fuera de la banca tradicional y de los mercados de valores, negociada bilateralmente entre prestamista y prestatario), durante la última década, es una historia de éxito, alcanzando un importe en el entorno de los 3 billones de dólares. No obstante, las recientes quiebras de Tricolor, First Brands y MFS; las fuertes caídas en el precio de las acciones de grandes operadores del sector (por ejemplo, Blue Owl Capital); así como los recientes problemas con los reembolsos de fondos de financiación privada de, entre otros, Blackstone, BlackRock, Morgan Stanley y JPMorgan nos han hecho recuperar el realismo: los ciclos de crédito siempre han existido y la financiación privada también es susceptible de ser parte de ellos.

¿Cómo se explica la crisis actual del crédito privado? Un factor clave es la existencia de vehículos de inversión con ventanas de liquidez relativamente flexibles, olvidándose de la relativa iliquidez de los activos subyacentes. La presencia de inversores particulares en el crédito privado, aunque tengan un alto patrimonio, incrementa el riesgo de liquidez. Este riesgo obliga a una gestión eficaz de activos y pasivos, ya que, si surge un shock económico significativo, éste puede conducir a una pérdida de valor de los activos, lo que incrementa el apalancamiento real, reduce el valor de los colaterales y disminuye la capacidad de endeudamiento de los vehículos.

Si persisten las mencionadas incidencias en los reembolsos, se podría cortar la financiación a algunos vehículos, especialmente los más arriesgados. Esta retirada de financiación podría producir menores compromisos futuros y, por lo tanto, podría conducir a una liquidación progresiva de los vehículos de financiación, teniendo que vender precipitadamente algunas gestoras activos con descuento. Evidentemente, no estaríamos ante una fulgurante fuga de depositantes, como la que vimos en 2023, por ejemplo, con Silicon Valley Bank, pero tendríamos una progresiva fuga de inversores.

Aunque la fuga de inversores puede ser gestionada mejor que una fuga de depositantes, hay que recordar que estas entidades no cuentan con los instrumentos que permiten a la banca contrarrestar tensiones graves de liquidez: las líneas de financiación de emergencia de los bancos centrales.

El Financial Stability Board ha recomendado no crear y reembolsar participaciones en los vehículos con mucha frecuencia, así como establecer periodos largos de solicitud y ejecución de reembolsos. Asimismo, se deben exigir ejercicios de estrés rigurosos para valorar el impacto que pueden tener shocks económicos severos, con fuertes solicitudes de reembolso.

El segundo factor a considerar es la infraestimación del riesgo de contraparte, concentración y liquidez por parte de las compañías gestoras y plataformas de la financiación privada, especialmente en el sector tecnológico norteamericano. Su capacidad de análisis es un activo básico, ya que les permite minimizar la probabilidad de impago de los prestatarios y, así, afrontar unas menores pérdidas en caso de impago, ya que las garantías son, en general, menos potentes que en la financiación bancaria tradicional.

Deterioro de los estándares

Otro factor detrás de la crisis es el propio auge del crédito privado durante los últimos años, lo que ha podido deteriorar los estándares de suscripción y la calidad crediticia subyacente de los vehículos, especialmente, si se han relajado las cláusulas crediticias (covenants) para prestatarios e inversores en los vehículos no han realizado un proceso reforzado de seguimiento de esas financiaciones.

Un último factor se deriva de la falta de regulación sectorial: el importe de los tramos más junior de los vehículos, las valoraciones de los activos antes y durante las financiaciones, la clasificación sectorial de las exposiciones, el cálculo del apalancamiento, la gestión de los impagados y el reporting a las diferentes partes interesadas se gestionarán siguiendo los criterios de cada gestor, sin que exista una regulación única (es decir, unos criterios homogéneos) para todos los operadores. Esto dificulta la valoración de los riesgos de los vehículos de inversión.

¿Pueden generar las dudas actuales sobre el crédito privado una crisis que afecte a todo el sector financiero? Un elemento clave es la participación de la banca en el crédito privado. Es difícil calcular la exposición de la banca internacional al crédito privado. El Fondo Monetario Internacional calculó el año pasado la exposición de la banca a los intermediarios financieros no bancarios (IFNB): los préstamos a dichos intermediarios representan, como media, un 9% de los préstamos totales de la banca. El problema es que el concepto IFNB abarca mucho más que el crédito privado. El Fondo también realizó simulaciones sobre el impacto de una crisis del sector de IFNB sobre la banca norteamericana y europea y, en los escenarios más estresados, el impacto sobre el capital básico de los bancos era ligeramente superior a los 100 puntos básicos.

Dado que la banca internacional ha reforzado de forma significativa su posición de capital y liquidez desde el final de la crisis anterior, el contagio de una crisis severa del crédito privado a la banca no debería ser preocupante. Evidentemente, si le añadimos un escenario de incertidumbre generalizada derivada de un enquistamiento de la guerra de Irán, con una mayor inflación, menor crecimiento, mayores tipos de interés y un peor comportamiento de los mercados de acciones y bonos, las consecuencias serían mucho más negativas.

Es indudable que las restricciones a los reembolsos de estos vehículos puede ser un indicador adelantado de un deterioro de la calidad de su balance y de una crisis de confianza en el sector. Todavía es pronto para anticipar el reajuste de valor que podría producirse en los vehículos, pero es claro que el contagio al resto del sector financiero, especialmente en la UE, no parece realista en el corto plazo. Lo que no ayuda a tranquilizar al mercado es la opacidad del crédito privado, que impide conocer los vínculos entre entidades, su apalancamiento real, su dependencia de proveedores críticos y la concentración de riesgos de los inversores.


Más inflación, menos crecimiento: la factura del conflicto. Miguel Cardoso. BBVA Research.

Se atribuye a Niels Bohr la frase de que “es difícil hacer previsiones, sobre todo acerca del futuro”. Hoy lo es aún más en un entorno de elevada incertidumbre. El aumento de costes provocado por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán tendrá efectos negativos sobre la economía española. A corto plazo, la consecuencia más visible será el repunte de la inflación, pero mientras la duración del choque sea corta y su intensidad moderada los efectos tanto en actividad como en precios pueden ser acotados.

En el corto plazo, el principal canal de transmisión hacia la economía española es el precio de la energía. Como consecuencia, la inflación podría pasar del 2,3% de febrero al entorno del 3,5% en marzo. En particular, el componente energético del IPC podría moverse desde una caída interanual del 3,1% el mes pasado a un aumento cercano al 10%.

Esta pérdida de poder adquisitivo, junto con una mayor incertidumbre y una probable desaceleración del comercio internacional, podría enfriar el crecimiento en los próximos meses. Una nueva caída real de salarios y riqueza frenaría el consumo, como entre 2022 y 2024. La inversión, muy dependiente de la confianza, también se resentiría. Las exportaciones de bienes se verían particularmente afectadas, por el impacto del alza en costes sobre el transporte, la industria intensiva en energía y el agroalimentario.

Pese a ello, hemos decidido mantener nuestras previsiones de crecimiento del PIB en torno al 2,4% de media anual para 2026 y 2027. Hay dos razones. La primera es la buena evolución de la actividad en la parte final de 2025 y las primeras semanas de 2026, que, sin este conflicto, habría justificado una revisión al alza. La segunda es que nuestro escenario central asume que los actuales precios del petróleo, por encima de 100 dólares por barril, serán transitorios y que la media anual se situará alrededor de 70, por debajo de los 90 dólares que hoy descuenta el mercado.

La sensibilidad del escenario a estos supuestos es alta. Cada aumento sostenido del 10% en el precio de los combustibles importados podría restar entre una y tres décimas al crecimiento del PIB acumulado en los próximos dos años y añadir tres décimas a la inflación.

Aun así, conviene introducir varias matizaciones. La primera es que, si las tensiones persisten en los próximos meses, la presión inflacionista aumentará. No solo por la energía, sino también por el encarecimiento de insumos clave –como los fertilizantes–, las posibles interrupciones en las cadenas de suministro y la disrupción de rutas comerciales. La segunda es que, en un contexto de fuerte demanda, con más acuerdos salariales indexados y con el recuerdo reciente de un episodio de alta inflación, la traslación de los mayores costes importados a precios y salarios puede ser más rápida que en el pasado. La tercera es que la relación entre el encarecimiento de los insumos, la actividad y la inflación probablemente no sea lineal: a partir de cierto umbral, los riesgos pueden multiplicarse.

Respuesta necesaria

En este contexto, la respuesta de la política económica será decisiva. Estamos ante una perturbación de oferta que, en principio, debería ser temporal. Por eso, la reacción del Banco Central Europeo debe ser firme en el mensaje, dejando claro que actuará si se desanclan las expectativas de inflación, pero evitando medidas que terminen siendo prematuras, procíclicas y que agraven la desaceleración económica.

Los gobiernos, por su parte, deben facilitar la tarea de la política monetaria. La prioridad debería ser evitar medidas indiscriminadas, costosas en términos presupuestarios, que añadan presión sobre la demanda y que anestesien la señal de precios relativos. Las ayudas deben llegar a tiempo, ser temporales y estar focalizadas. Eso exige no sobrerreaccionar y reservar la escasa pólvora fiscal para escenarios de mayor riesgo. También requiere definir con claridad los umbrales a partir de los cuales se activan las medidas y el momento en que dejarán de aplicarse. Además, deben incentivar la mayor eficiencia en el uso de energía y la producción doméstica. Por último, el poco espacio fiscal debe centrarse en los hogares y empresas especialmente expuestos al aumento de costes y con poco margen para absorberlo.


Cinco escenarios sobre la guerra en Irán. Andrew England, Abigail Hauslohner. Financial Times.

Desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra Irán, los objetivos de Donald Trump han abarcado desde la destrucción del arsenal balístico y el programa nuclear de la república islámica hasta un cambio de liderazgo al estilo venezolano y una “rendición incondicional”.

El presidente estadounidense afirmó que sería una operación militar “masiva”, con un calendario que ha evolucionado desde unos pocos días hasta varias semanas o “el tiempo que sea necesario”. Hace una semana declaró que terminaría “muy pronto”. Pero la falta de claridad del presidente sobre la forma en que EEUU medirá el éxito de esos objetivos genera incertidumbre sobre cómo o cuándo terminará la guerra.

1 ¿Detendrá Trump el conflicto y proclamará la victoria?

Analistas políticos estadounidenses esperan que Trump proclame la victoria independientemente de cómo termine el conflicto. Tras el repunte de los precios del petróleo el lunes, Trump afirmó que la guerra estaba “prácticamente terminada”, pero añadió que EEUU “podría ir más allá” e insistió en que “no busca llegar a un acuerdo”.

Pero pronto podría verse obligado a hacerlo. “Irán tiene una estrategia muy coherente”, afirma Michael Doran, investigador sénior del Instituto Hudson y asesor de política para Oriente Próximo durante la Administración de George W. Bush. Al atacar a los aliados de EEUU, debilitar las capacidades de defensa de la región y elevar los precios mundiales de la energía, Irán está ejerciendo “la máxima presión sobre EEUU”, asegura Doran.

Steve Witkoff, asesor principal de Trump y negociador con Irán, asegura creer que aún hay margen para llegar a un acuerdo, pero que la decisión final “dependerá del presidente”. Trump también se enfrentará a una creciente presión interna a medida que se prolongue el conflicto, pero tendrá cuidado de no poner fin a la guerra de una manera que permita a Teherán proclamar la victoria. “Está bajo una presión real para ponerle fin”, concluye Doran.

2 ¿Existe un escenario similar al de Venezuela?

Trump había sugerido que quería participar en la elección del próximo líder de Irán de igual forma que en Venezuela tras el asalto militar estadounidense a Caracas para secuestrar a Nicolás Maduro.

Pero la guerra contra Irán no puede compararse con el asalto a Maduro. La operación militar en Caracas duró sólo unas horas, no hubo bajas estadounidenses y Maduro fue reemplazado por su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, quien coopera con Washington mientras el régimen permanece intacto.

En contraste, la guerra contra Irán ya lleva dos semanas; ha habido siete muertes de estadounidenses (hasta el pasado viernes); y la represalia iraní ha causado estragos en los viajes y el comercio en el Golfo Pérsico al tiempo que ha disparado los precios mundiales de la energía.

El régimen islámico también parece estar redoblando sus esfuerzos, eligiendo al hijo de Alí Jameneí, Mojtaba, para suceder al ayatolá asesinado como líder supremo.

“La elección de Mojtaba… básicamente significa que toda la presión que Estados Unidos ha ejercido sobre Irán no ha cambiado nada”, afirma Ali Vaez, experto en Irán del think tank Crisis Group.

EEUU o Israel podrían intentar asesinar a Mojtaba Jamenei, pero incluso si lo hacen, no se espera que Trump encuentre una Delcy iraní. La elección de Jameneí es una señal de que “más personas en Irán preferirían ser Maduro que Rodríguez”, concluye Vaez. 

3 ¿Llegará Irán a un acuerdo?

Hasta el momento, no hay indicios de que Irán vaya a aceptar un alto el fuego mientras EEUU e Israel sigan atacándolo. Tras los atentados estadounidenses e israelíes que acabaron con la vida del padre, la madre, la esposa, la hermana y la sobrina de Mojtaba Jameneí, los analistas consideran difícil que éste llegue a un acuerdo.

Las exigencias de Trump de que Irán desmantele por completo su programa nuclear, acepte severas restricciones a su arsenal de misiles y ponga fin a su apoyo a milicias regionales siempre fueron una línea roja para el régimen, que veía la capitulación ante estas condiciones como una amenaza mayor para su supervivencia que la guerra.

Para la república islámica, simplemente sobrevivir al ataque del ejército más poderoso del mundo y demostrar que puede seguir contraatacando, sería suficiente para que Teherán declarase la “victoria”, según los analistas.

Se espera que la decisión de Trump de iniciar una guerra mientras Washington y Teherán mantenían negociaciones sólo haya envalentonado a los sectores más intransigentes. Incluso cuando termine la guerra, Irán se mostrará reacio a participar en futuras conversaciones sobre su programa nuclear y su arsenal de misiles balísticos, afirma Vaez. Sin embargo, un funcionario de la región indica que aún podría alcanzarse un acuerdo “si se dan las circunstancias adecuadas”. 

4 ¿Sobrevivirá el régimen?

Aún no hay señales de fisuras en el Gobierno ni de deserciones. Irán sigue lanzando misiles y drones contra Israel y los estados del Golfo tras días de intensos bombardeos, aunque funcionarios estadounidenses e israelíes afirman que la frecuencia de ataques iraníes ha disminuido desde el inicio de la guerra el 28 de febrero. Tampoco hay señales de disturbios sociales ni de una repetición de las protestas masivas contra el régimen que fueron reprimidas brutalmente en enero causando miles de muertos.

Los iraníes “están más preocupados por su supervivencia”, afirma Vali Nasr, ex funcionario estadounidense que ahora trabaja en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins.

Vaez predice que todas las partes seguirán inmersas en una guerra de desgaste, a la espera de que la otra ceda.

Por un lado, los iraníes esperan que EEUU e Israel comiencen a sufrir escasez de interceptores de misiles, esenciales para sus sistemas de defensa aérea. Por otro, Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, debilitan a Irán “hasta el punto de casi desarmarlo y de que no pueda lanzar misiles ni drones contra Israel ni sus vecinos del Golfo”, explica. Sin embargo, ambos son objetivos “ambiciosos”.

Emile Hokayem, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, señala que la guerra probablemente terminará con la supervivencia del régimen, aunque considerablemente debilitado, de forma similar al Irak del difunto dictador Sadam Husein tras la primera guerra del Golfo.

“Ya no podrá proyectar poder regional, pero seguirá siendo capaz de desestabilizar, atacar e imponer costes”, afirma Hokayem. “La región se dedicará a discutir e implementar un sistema de contención costoso, complejo e imperfecto para enjaular a un Irán más aislado que antes”.

Doran también contempla la posibilidad de que Irán siga siendo un Estado autoritario, similar a la Rusia postsoviética. “Es como cuando los oficiales de la KGB se quitaban el uniforme, se ponían el traje y se convertían en responsables de la petrolera; de repente son capitalistas o demócratas que organizan elecciones”, explica. “Pero el ADN del antiguo sistema no ha desaparecido por completo”.

La otra posibilidad es la guerra civil, “donde queda un Estado residual que no controla todo su territorio, y milicias étnicas en diferentes partes del país, con distintos grados de apoyo e intervención de potencias extranjeras”.

5 ¿Seguirá Israel combatiendo a Hezbolá en Líbano?

Si Trump decide poner fin a la guerra de EEUU contra Irán, se espera que Israel haga lo mismo, dada su dependencia del apoyo estadounidense.

Sin embargo, Israel se prepara para una ofensiva prolongada en Líbano contra Hezbolá, la milicia chií respaldada por Irán, según afirman funcionarios israelíes. Israel lanzó un ataque contra Hezbolá después de que este disparase cohetes y drones contra territorio israelí tras el asesinato de Alí Jameneí.

Las fuerzas israelíes han atacado más de 600 objetivos en todo Líbano, provocando la mayor evacuación de civiles libaneses desde el final de la guerra de 2024 y causando la muerte de más de 480 personas, según las autoridades locales. Hezbolá había matado el pasado jueves a dos soldados israelíes, las primeras bajas en combate de Israel desde el inicio de la guerra con Irán. Israel, ante la oportunidad para aplastar a sus adversarios, buscará debilitar aún más a las milicias.

Otro riesgo, según Hokayem, es el aumento de las tensiones sociales en esta frágil nación de múltiples sectas entre los partidarios de Hezbolá y quienes lo culpan de haber arrastrado al país a otra guerra. “Mi premisa es que Israel volverá a tener presencia en Líbano, controlará territorio [en el sur], intimidará al sistema político y complicará su recuperación y reconstrucción”, sostiene Hokayem.


El conflicto del Golfo, el oro y la fractura del orden mundial. Al Chu, gestor de carteras de recursos naturales en Man Group.

La situación en el Golfo sigue siendo extremadamente inestable. Aunque la Administración estadounidense ha comenzado a cambiar su discurso hacia un «ya hemos ganado», es difícil imaginar que el régimen iraní capitule tan pronto. Una guerra de desgaste prolongada les beneficia.

Pero si nos alejamos de los titulares diarios, se perfila una tendencia más amplia. Todos los acontecimientos siguen apuntando hacia una megatendencia de fractura global, tanto geopolítica como geoeconómica, y hacia lo que cada vez más parece un resurgimiento del mercantilismo moderno.

El paraguas de seguridad se está resquebrajando

Durante décadas, el acuerdo implícito en Oriente Medio ha sido sencillo. Los Estados del Golfo dependen de EE. UU. para su seguridad militar. A cambio, el petróleo se cotiza en dólares estadounidenses y EE. UU. mantiene una presencia militar en su territorio.

Ese acuerdo está mostrando grietas. Estados Unidos ha tenido dificultades para proporcionar una seguridad eficaz contra los ataques con misiles y drones en los estados vecinos y ha sido incapaz de controlar el estrecho de Ormuz.

Irán está aprovechando esta situación. En un giro notable, ha ofrecido permitir que se reanude el tráfico de petroleros a través del estrecho, pero solo si el petróleo se comercializa en renminbi chino. El régimen también ha indicado que permitiría el paso de buques de todas las naciones excepto de EE. UU. e Israel.

El rompecabezas del oro

En un entorno como este, cabría imaginar que el oro debería estar subiendo. Ha ocurrido lo contrario y el oro ha bajado con respecto a los niveles previos a la huelga.

Probablemente se trate de una combinación de factores a corto plazo: un repunte instintivo del dólar estadounidense (cuando nada fundamental sugiere que el dólar deba estar repuntando estructuralmente en este momento), la posibilidad de subidas de tipos para contrarrestar la inflación y un cambio de tendencia en las posiciones populares. Las posiciones largas en oro, cortas en dólar y largas en petróleo eran muy comunes. En momentos de tensión en los mercados, las posiciones rentables suelen ser las primeras en liquidarse.

Esto tiene muy poca relevancia para nuestra tesis a largo plazo. Si bien los flujos a corto plazo pueden generar más volatilidad, los acontecimientos de las últimas dos semanas no hacen más que reforzar los argumentos estructurales a favor del oro.

El impacto de la inflación es regional y matizado

Los mercados están vendiendo ante los temores de inflación, pero creemos que los efectos regionales serán más matizados de lo que sugieren los titulares.

Estados Unidos se encuentra en una posición única como exportador neto tanto de crudo como de gas natural, lo que lo convierte en un beneficiario relativo. Pero los votantes seguirán sintiendo el impacto. La gasolina al por menor ya ha subido 70 centavos desde los 3 dólares por galón antes del conflicto. Hay rumores de que el Tesoro de EE. UU. está tomando posiciones cortas en el mercado del crudo para moderar el repunte.

La inflación general de EE. UU. se situó en el 2,4 % en febrero, antes de que comenzara el conflicto. La cuestión clave para el impacto en la inflación es la duración de la crisis.

La economía mundial ya ha soportado antes un petróleo a 100 dólares. Lo que diferencia este episodio es el ritmo de la subida y la interrupción de las cadenas logísticas. Una subida gradual hasta estos niveles habría sido mucho más manejable. Es la velocidad del repunte, combinada con el bloqueo físico de las rutas comerciales, lo que está causando la tensión.

Nos encontramos ahora en la tercera semana de lo que la Administración estadounidense describió inicialmente como una operación de cuatro a seis semanas, aunque ese plazo sigue cambiando. Si esto dura semanas en lugar de meses, el impacto inflacionista podría resultar más manejable.

Pero si el precio del petróleo sigue rondando los 100 dólares por barril durante los próximos 12 meses, existe un consenso que prevé que la inflación general de EE. UU. suba hasta el 3-3,5 % (lo que reflejaría un precio de la gasolina de 5 dólares) y una desaceleración de la economía mundial. Si se produce una subida sostenida hasta los 150 dólares, las previsiones apuntan a una inflación del 4,5-5,5 % (con la gasolina a más de 6 dólares), momento en el que los temores de recesión se volverían muy reales.

Inflación de los alimentos

Para los importadores netos de Asia y Europa, la situación es mucho más grave. Más del 80 % del crudo y el GNL que sale del estrecho se destina a Asia.

Un ámbito que merece especial atención es el de la agricultura y la alimentación. Los costes energéticos están estrechamente relacionados con los precios de los alimentos a lo largo de toda la cadena de suministro, desde la producción de fertilizantes hasta el procesamiento y el transporte. En muchos países asiáticos, la energía y los alimentos representan una parte mucho mayor de la cesta del IPC que en Occidente. Las repercusiones en este ámbito podrían ser significativas si el conflicto se prolonga.

También conviene estar atentos a si Irán comenzará a permitir la salida selectiva de algunos cargamentos de petroleros para aislar aún más a EE. UU. e Israel.

Los daños físicos siguen siendo limitados

Teniendo en cuenta los acontecimientos, se puede argumentar que los mercados petroleros se han comportado de forma notablemente ordenada (aunque la semana pasada no lo pareciera). Esto refleja en parte la opinión de los operadores de que se trata de una interrupción de las infraestructuras, más que de un daño real a la producción y la capacidad.

Figura 1. Estado actual de las principales infraestructuras del Golfo


Fuente: Recopilación de Man Group basada en fuentes de noticias a fecha de 16 de marzo de 2026.

Los contraataques iraníes se han dirigido principalmente contra instalaciones militares, de comunicaciones y diplomáticas. Una parte significativa del petróleo que actualmente no está en circulación se debe simplemente al cierre de grifos debido a que el almacenamiento ha alcanzado su capacidad máxima y a la falta de rutas de salida del Golfo.

El ataque del fin de semana contra la isla de Kharg se dirigió contra instalaciones militares, no petroleras. Hasta ahora, los daños físicos a la infraestructura energética han sido limitados. Obviamente, este cálculo puede cambiar rápidamente dada la imprevisibilidad de la situación.

Reflexiones finales

El conflicto está cambiando demasiado rápido como para que el análisis pueda seguirle el ritmo. Pero es probable que los cambios estructurales que subyacen a la volatilidad diaria perduren más allá de cualquier alto el fuego que finalmente se produzca.


Buen fin de semana!!

Comentario de mercado viernes 13 de Marzo del 2026.

Semana de locura con muchísima volatilidad, en todos los mercados (renta variable, renta fija, divisas…) pero principalmente en el precio del petróleo. Las tensiones acumuladas el fin de semana pasado en el golfo Pérsico se reflejaron esta semana en los mercados globales, con un repunte del precio del petróleo que llegó intradía a situarse en los 119 dólares por barril en la referencia Brent este lunes. Sin embargo, la liberación coordinada de reservas estratégicas por parte de los países del G‑7, junto con las declaraciones de Trump indicando que la contienda se resolvería “muy pronto”, relajaron gran parte de las presiones y provocaron ventas masivas en los futuros del petróleo que hicieron que el precio del Brent terminase por debajo de los 100 dólares por barril, aunque hoy vuelve a repuntar. Trump aseguró que la capacidad de lanzamiento de misiles en Irán se ha reducido al 10%, algo que respaldan los datos que muestran una caída drástica en los ataques iranies estos días. El miércoles se anunció por parte de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) la liberación de 400 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas, aunque el ritmo no se concretó. Estados Unidos anunció que contribuirá con la liberación de 172 millones de barriles de su reserva de emergencia. Por otra parte, respecto a la amenaza de minas iraníes en el Estrecho de Ormuz, Trump restó importancia a pesar de informes de prensa que sugieren que Irán sí ha colocado minas en la zona. Estas incertidumbres, junto al mantenimiento del conflicto, han llevado al precio del barril de Brent a subir pese a la liberación de reservas. Lo más relevante para moderar de forma sostenida los precios del crudo es que se recuperen los flujos energéticos interrumpidos, algo que de momento no está sucediendo. El objetivo del Gobierno estadounidense es amortiguar en la medida de lo posible el impacto energético, por ello, se han retirado temporalmente las restricciones a la compra de petróleo ruso, lo que permite desbloquear la llegada de petroleros, con crudo y derivados sancionados, que permanecían en aguas internacionales, generando así una nueva vía de suministro. Paralelamente, India mantiene conversaciones con Irán para autorizar el paso de una veintena de barcos por el Estrecho, de hecho, circulan rumores de que algunos navíos con pabellón indio han entrado al golfo Pérsico sin ser atacados. Estas decisiones, sumadas a la liberación de reservas estratégicas, ofrecen cierto margen de maniobra a la Administración Trump.

Ayer la Guardia Revolucionaria iraní advirtió que podría “prender fuego al petróleo y al gas de toda la región” si la infraestructura energética o los puertos iraníes fueran atacados, elevando nuevamente la tensión geopolítica en Oriente Medio. No obstante, el embajador iraní ante Naciones Unidas adoptó un tono más moderado al señalar que Teherán tiene intención de mantener abierto el tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz, aunque subrayó que el país se reserva el derecho a actuar para preservar la seguridad en la zona.

Precio del barril de petróleo Brent último mes:

La mayoría de los analistas apuestan por una posible desescalada en el corto plazo, ya sea mediante una autoproclamada victoria que conduzca a una pausa en las hostilidades, que sería el escenario más optimista, o mediante la obtención de garantías que permitan restablecer el tránsito por el estrecho de Ormuz.

El terremoto bélico, económico y geopolítico con epicentro en Teherán, desatado por el ataque de Estados Unidos e Israel y alimentado por la respuesta de Irán, no ha tardado en alcanzar a las economías europeas en general y a la española en particular. De momento, eso sí, la mayoría de expertos apunta a un impacto “contenido”, aunque con efectos visibles en la evolución de la inflación y el PIB de este año. Así lo reflejan las conclusiones del Pulso Económico Trimestral de EY Insights en su edición de invierno de 2026, que recaba la opinión de los responsables de una quincena de las principales casas de análisis del país, incluyendo los de Funcas, Fedea, el Círculo de Empresarios, la Empresa Familiar, CEOE, la banca (BBVA Research, Santander, CaixaBank o Singular Bank), firmas como Arcano Partners, escuelas de negocio (Esade o el IE Business School), e instituciones como Orfin, CEPS, el Real Instituto Elcano o Cunef. Los analistas coinciden en apuntar que el conflicto bélico en Oriente Próximo, que pone en jaque el tráfico del 20% del petróleo y el gas del mundo, genera un shock de oferta “cuyo efecto más visible sería un repunte de la inflación en 2026” de entre 0,2 y 0,4 puntos. En todo caso, a la espera de ver cómo evoluciona el conflicto, la expectativa es que el encarecimiento energético se traslade parcialmente a la cesta de la compra, pero “sin provocar un episodio inflacionario descontrolado ni un shock energético severo”, matiza EY. De momento, en España la gasolina se ha encarecido en 15 céntimos por litro y en gasoil en 28 céntimos por litro. En consecuencia, 7 de cada 10 expertos consultados asume que el impacto de la crisis en la reducción del crecimiento real español de 2026 no superará las dos décimas, lo que supondría arrebatar unos 3.300 millones de euros al PIB de este año. Con todo, el resto de analistas asume que la presión energética sobre rentas y márgenes empresariales podría duplicar el impacto, restando hasta 4 décimas al avance económico (unos 6.600 millones de euros). Con todo, las proyecciones apuntan igualmente a un crecimiento de la economía española durante el presente ejercicio. El 77,8% de analistas prevé que el avance del PIB oscile entre el 2% y 2,5%, mientras que un 22,2% de los expertos espera incluso que el crecimiento se aproxime al 3%. “Los resultados muestran que la economía española afronta 2026 con una base sólida, si bien el reciente conflicto en Oriente Medio introduce un nuevo foco de incertidumbre”, según EY Insights. El estudio realizado revela que “la mayoría de los expertos anticipa un impacto contenido, pero perceptible: un incremento moderado de la inflación por el encarecimiento energético, una ligera revisión a la baja del crecimiento y, por ahora, pocos cambios esperados en política monetaria”. En este sentido, un 67% de los analistas considera que los tipos de interés se mantendrán en el mismo nivel previsto antes del conflicto en Oriente Próximo. En todo caso, según EY, “será determinante observar cuánto se prolonga el conflicto y hasta qué punto afecta a los precios del petróleo, los costes de transporte y las cadenas de suministro”. Las estimaciones de los expertos, después de todo, se basan en la información conocida hasta el 3 de marzo, y el conflicto sigue evolucionando. Por tanto, la percepción de que el golpe sobre la economía española será moderado dependerá de su duración.

Irán afirmó el fin de semana pasado que no atacaría a los países vecinos a menos que éstos le atacasen, pero los ataques cruzados siguen recrudeciéndose y afectando a infraestructuras energéticas, y por primera vez afectando también a una planta desalinizadora en Bahrein, cuestionando algo incluso más vital que el petróleo. Varios países, entre ellos Iraq, Emiratos Arabes Unidos, Arabia Saudí y Kuwait habrían recortado su producción por falta de petroleros que la carguen. Ambos bandos parecen contrarios a negociar, apuntando a que el conflicto extienda su duración, Estados Unidos sopesa una intervención terrestre para confiscar el uranio iraní, mientras que Irán ha elegido a un nuevo Líder Supremo, Mojtaba Khamenei, hijo del anterior líder supremo, lo que representa una continuidad a la línea dura del régimen, Donald Trump calificó la elección como “inaceptable” y afirmó que “el próximo líder supremo de Irán no durará mucho sin mi aprobación”. Además, esta semana surgieron las primeras tensiones entre Estados Unidos e Israel, ya que los americanos se han mostrado en contra del ataque israelí a instalaciones petroleras iraníes. El shock energético lleva al mercado a elevar las expectativas de inflación y a seguir posponiendo los recortes de tipos en el caso de la Fed y a elevar las previsiones de subidas de tipos Banco Central Europeo en 2026, el mercado ya le da un 60% a una subida de tipos este año, en Junio o en reuniones posteriores.

La subida de los precios de la energía se está trasladando rápidamente a los costes energéticos para el propio consumidor estadounidense y esto llega en un momento clave para Trump, a medida que nos acercamos a las elecciones de mitad de mandaro de noviembre, sería poco ventajoso afrontar electoralmente unos comicios tan decisivos con unos precios de la energía tan encarecidos. Desde el inicio de la contienda la gasolina ha subido más de un 16%, acercándose a 3,5 dólares por galón, precios que no se veían desde 2024 bajo el mandato de Biden.  

Aupado por la búsqueda de activos refugio, el dólar continúa subiendo y hoy ha superado el nivel de los 1,15 dólares por euro por primera vez desde noviembre:

Históricamente los conflictos bélicos han generado buenas oportunidades de entrada en la Renta Variable, por más volatilidad que se genere en el corto plazo, la revalorización mediana de la bolsa 12 meses después de los principales conflictos bélicos que han ocurrido en los últimos 50 años es del +7,8%, con un periodo de 27 días hasta alcanzar mínimos y una mediana de 67 días para recuperar el 100% de la caída.

Desde Kepler Chevreux analizaban el flujo en el mercado de ETFs, el cual está comprando las caídas en el sector de software, en relativo a su tamaño, estamos viendo uno de los mayores flujos compradores sectoriales que se recuerdan en el principal ETF de software (IGV US con 11 billones de dólares bajo gestión). El número de participaciones ha doblado prácticamente en pocas semanas.

IGV US  (iShares Expaned Tech Software). Número de participaciones

Con lo que respecta a la Inteligencia Artificial esta semana se ha hablado mucho de un paper de la Fed de San Francisco que confirma que la IA no es capaz, a día de hoy, de hacer estimaciones precisas sobre la evolución de la inflación (wp2026-04.pdf). Los puntos principales de este análisis para mí son:

  • Los LLM pueden parecer buenos, pero sólo en pruebas poco realistas. En entornos pseudo out-of-sample (simulaciones hechas con prompts o datos históricos), los LLM pueden igualar a modelos econométricos tradicionales. Pero cuando se les pide predecir en tiempo real datos futuros reales, su rendimiento cae mucho. Cuando los autores del paper piden a ChatGPT previsiones reales de inflación en Estados Unidos, las predicciones tienden a ser, poco precisas, lentas en reaccionar a cambios macro y basadas en información ya conocida.
  • Muchos experimentos con IA pueden estar contaminados por información futura incorporada indirectamente en el entrenamiento. Esto crea la ilusión de que el modelo predice bien cuando en realidad ya ha visto parte de la información, muchos papers sobre IA en previsiones de mercado o de datos macroeconómicos pueden estar inflando resultados. Los modelos “foundation” de series temporales prometen mucho, pero tienen el mismo riesgo. Modelos especializados como Google TimesFM, Salesforce Moirari, Amazon Chronos prometen zero-shot forecasting, es decir, predecir series temporales sin entrenamiento específico. Pero si no se conoce exactamente qué datos se usaron en el pre-training, el modelo podría estar usando información del futuro.
  • El paper enfatiza que la única forma fiable de evaluar modelos es, usar datos posteriores al entrenamiento en tiempo real sin overlap con los datos históricos. Esto es exactamente lo que hacen instituciones como la Reserva Federal o el Banco Central Europeo en sus ejercicios de predicciones.
  • La IA hoy es más útil como herramienta complementaria que como modelo predictivo, los LLM pueden aportar valor en síntesis de información macro, análisis de noticias, generación de escenarios o interpretación de datos, pero no como motor principal de forecasting macro o de mercados.
  • La ventaja competitiva de la IA en mercados probablemente no vendrá de predecir mejor el macro, sino de procesar información más rápido y a mayor escala.

Otro de los miedos de los inversores y del que se ha estado hablando esta semana es del mercado de deuda privada. El presidente de Partners Group ha advertido que el índice de impago del crédito privado podría duplicarse en los próximos años, dado que los prestamistas están expuestos a las consecuencias negativas de la agitación en torno al impacto económico de la IA y su potencial de crecimiento limitado. Steffen Meister, cuya firma gestiona 185.000 millones de dólares (unos 160.000 millones de euros) en activos de capital privado, deuda, infraestructuras e inmobiliario, afirma que los impagos anuales en el crédito privado han rondado durante la última década un nivel medio del 2,6%. Las declaraciones de uno de los grupos de capital privado más grandes de Europa se producen en un momento en que los inversores se han apresurado a retirar dinero de los fondos de crédito privado estadounidenses. Los fondos gestionados por Blackstone, BlackRock y Blue Owl se han visto afectados por los temores sobre la calidad crediticia y el impacto de la IA en las empresas de software, que representan una gran parte de los prestatarios de crédito privado. En opinión de Meister, el crédito privado se vería desproporcionadamente afectado por la “transformación económica” impulsada por la IA en comparación con el capital privado, ya que conduciría a una bifurcación de resultados, en el que un mayor número de empresas tendrían un rendimiento financiero o muy bueno, o muy malo. Añade que el índice de impagos había sido “tan bajo”, que las entidades crediticias privadas afrontaron hasta ahora la situación gestionando carteras diversificadas de préstamos que luego volvían a apalancarse. Meister prevé que los diferenciales aumenten en los próximos años en los préstamos directos para el mercado intermedio, donde el capital disponible es limitado, y afirma que aún hay margen para obtener una sólida rentabilidad crediticia con contratos rigurosos “al estilo del capital privado”. Las tasas de impago del crédito privado han sido significativamente más bajas que en los mercados públicos. Sin embargo, algunos en el sector argumentan que serían más altas si la definición estricta de impago que se suele utilizar en el crédito privado se ampliara para que coincidiera con la de los mercados públicos. En los mercados públicos, los impagos suelen incluir eventos como la conversión de préstamos a pago en especie, en los que se pueden aplazar los pagos de los tipos de interés, o extensiones de vencimiento sin una compensación adecuada. El reciente éxodo del crédito privado fue provocado en parte por el colapso de dos bancos estadounidenses el año pasado, Tricolor y First Brands, lo que generó dudas sobre la auditoría de los bancos y fondos.  A esto se sumaron los recortes de tipos de la Fed y, más recientemente, la pérdida de valor de activos en fondos gestionados por KKR, Apollo y Blackstone.

En línea con estos miedos esta semana Morgan Stanley y el prestamista de crédito privado Cliffwater han restringido los reembolsos de los fondos de crédito privado. Cliffwater limitó su fondo estrella de 33.000 millones de dólares durante el primer trimestre, al registrar solicitudes de retiros del 14% de sus activos. Horas después de esta decisión, Morgan Stanley notificó a los inversores de su fondo de renta privada North Haven, de 7.600 millones de dólares, que limitaba las salidas. El Cliffwater Corporate Lending Fund acordó hacer frente a la mitad de las solicitudes de reembolso (el 7% del patrimonio). La gestora había ofrecido recomprar el 5% en el trimestre. Pero, al igual que otros fondos, la SEC le permite asumir dos puntos adicionales de reembolsos. Morgan Stanley dice que la demanda de reembolsos había aumentado un 10,9% en el primer trimestre y que hará frente al 45,8% de esas solicitudes.

Importante esta semana:

La Administración Trump ha iniciado esta semana investigaciones contra sus principales socios comerciales, entre ellos la Unión Europea, con el objetivo de restablecer los aranceles después de que el mes pasado, el Tribunal Supremo suspendiera los aranceles vinculados a la ley IEEPA, incluidos los llamados “aranceles recíprocos”, lo que podría obligar al Ejecutivo a devolver a las empresas hasta 175.000 millones de dólares recaudados. Sin embargo, Trump ha activado una vía alternativa que le permitiría reintroducir los aranceles, aunque requiere previamente abrir investigaciones individuales sobre cada país al que se pretenda gravar. Mientras tanto, el Gobierno mantiene la capacidad de imponer temporalmente un arancel universal del 15%. Aunque ha amenazado con aplicarlo, por ahora solo ha ejecutado un gravamen del 10%. Según explicó el Representante de Comercio, las investigaciones se iniciarán sobre más de una docena de economías, entre ellas la Unión Europea, China, México, India y Japón. Llama la atención que Canadá, por el momento, no figure entre los países investigados. Además, señaló que su intención es concluir los expedientes antes de que expiren los aranceles temporales actuales, lo que permitiría sustituirlos de forma inmediata.

El lunes Trump elevó el tono de la retórica militar al señalar que Estados Unidos podría ampliar los objetivos de sus operaciones contra Irán, incluyendo nuevas zonas y grupos de personas. Además, según informaciones de NBC, Trump habría mostrado en privado interés en considerar el despliegue de tropas terrestres estadounidenses, lo que supondría una escalada significativa respecto a las actuales operaciones militares. Al mismo tiempo, el presidente habría expresado su oposición a que fuerzas kurdas participen en una posible incursión en territorio iraní.

El miércoles Estados Unidos anunció que ha destruido 16 embarcaciones iraníes destinadas a la colocación de minas cerca del estrecho de Ormuz. Por su parte, Qatar señaló que no puede actuar como mediador en el conflicto mientras su propio territorio siga siendo objeto de ataques, lo que complica las perspectivas de una desescalada diplomática a corto plazo.

Esta semana han aumentado las presiones internas en Estados Unidos, los precios de la gasolina continúan escalando, los republicanos se muestran cada vez más incómodos con el desarrollo del conflicto en Oriente Próximo y los demócratas exigen un mayor control sobre las operaciones militares, solicitando las comparecencias de Marco Rubio (secretario de Estado) y Pete Hegseth (secretario de Guerra).

Bowman, Vicepresidente de la Reserva Federal, sugirió que el mercado laboral podría necesitar cierto apoyo mediante tipos más bajos. En este sentido mantuvo su previsión de recortes de 75 puntos básicos a lo largo de este año.

En Europa Lagarde señaló que la institución no permitirá que Europa vuelva a experimentar un episodio inflacionista similar al de 2022-2023. No obstante, también subrayó que el elevado grado de volatilidad actual, especialmente en los precios de la energía, hace difícil adoptar decisiones inmediatas de política monetaria, por lo que el BCE evitará reaccionar precipitadamente y evaluará cuidadosamente la evolución de la situación antes de actuar. Según una encuesta realizada por Bloomberg entre el 6 y el 11 de marzo, únicamente el 7% de los participantes del mercado espera que el BCE suba tipos de interés antes de finales de año.

Los ministros de Finanzas del G7 se reunieron este lunes y coincidieron en que están preparados para recurrir a las reservas estratégicas de petróleo si fuera necesario, aunque consideran que aún no ha llegado el momento de hacerlo. En su comunicado, el grupo señaló que adoptará “las medidas necesarias” para sostener el suministro energético global en caso de que la situación lo exija. Tanto el director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) como el ministro de Finanzas de Portugal expresaron una visión similar, no existe un problema de suministro de petróleo en Europa ni en Estados Unidos, pero sí una fuerte tensión en los precios. Las liberaciones coordinadas de reservas estratégicas son excepcionales, solo se han producido cinco veces en la historia, incluidas dos tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.

Por otro lado, Emmanuel Macron anunció que, una vez superada la fase más crítica del conflicto, impulsará una misión defensiva para reabrir y asegurar el estrecho de Ormuz. La operación consistirá en escoltar a los buques que transportan crudo y gasóleo, y el presidente francés confía en que otros países se sumen a la iniciativa.

Trump mantuvo una conversación telefónica que calificó de “positiva” con el presidente ruso, Vladímir Putin. Por su parte, Zelenskiy, declaró que Ucrania está preparada para iniciar conversaciones de paz respaldadas por Estados Unidos “en cualquier momento”.

Por el lado macroeconómico el miércoles se publicó en Estados Unidos el dato de IPC de Febrero, que repitió el ritmo de crecimiento del +2,4% interanual, con la tasa subyacente también manteniéndose sin cambios en niveles del +2,5%. Aunque el dato pierde relevancia dado que los datos son previos al inicio del conflicto en Irán y el aumento de los costes de la energía. A pesar de ello, los elementos más volátiles repuntaron ya en el mes de febrero, con los precios de los alimentos avanzando un +3,1% interanual, dos décimas más que en el mes previo, a la vez que también se aceleraron los precios de la energía que pasaron a terreno positivo (+0,5% interanual frente al -0,1% previo). Por el lado de los componentes más núcleo, los precios de los servicios se mantuvieron estables en el +2,9% interanual, con lo que explicaron un +1,8% de la inflación (un 73% de la inflación), puesto que dentro de los servicios los alquileres imputados aportaron por si solos +0,8%. Más relevante fue el comportamiento de los precios de los bienes, que continuaron moderándose y confirman que el efecto de los mayores aranceles se va disipando, en concreto, avanzaron un +1% interanual en febrero, una décima menos que en el mes previo, pero ya alejándose del +1,8% visto en octubre, donde el impacto de los aranceles en el aumento de los precios de los bienes habrá sido el más acusado.

En China, este lunes se publicaron datos de IPC. Los datos de inflación de febrero sorprendieron al alza, con el IPC aumentando un 1,3% interanual frente al 0,2% registrado el mes anterior (0,9% estimado). Además, el índice de precios de producción también superó las previsiones (-0,9% interanual frente al –1,4% anterior y –1,1% estimado).

Continuando en China conocimos el martes buenos datos de comercio exterior, China ha comenzado este 2026 con un notable comportamiento de su sector exterior, alcanzando un superávit de 214.000 millones de dólares en el conjunto de los dos primeros meses del año, un récord histórico para este periodo. Las exportaciones aumentaron un +21,8% interanual, una fuerte aceleración respecto al +6,6% registrado en diciembre y muy por encima del +5,5% del conjunto del año pasado. Estas cifras superan ampliamente el consenso del mercado (+7,2%). Por destinos, las ventas a Estados Unidos siguen cayendo, pero se vieron más que compensadas por el mejor desempeño de las exportaciones hacia el resto de los países (+27%). En concreto, aunque se moderan, las exportaciones a Estados Unidos siguen retrocediendo a ritmos fuertes, en estos dos primeros meses del año cayeron un -11% interanual, ritmo menos profundo que el -20% del conjunto de 2025. Frente a ello, las exportaciones a la Unión Europea avanzaron un +27,8% en los dos primeros meses, más del triple del aumento del +8,4% en 2025 y sitúan la cuota europea de las exportaciones totales de China en el 15,4%. Además, también hubo un elevado dinamismo de las ventas al sudeste asiático (ASEAN) al subir las ventas a la región un +29,5%, a lo que se unió el crecimiento cercano al +30% de las exportaciones hacía Australia o Taiwán. Por el lado de las importaciones de China, también registraron un fuerte dinamismo al avanzar un +19,8% interanual, una tasa muy por encima del +7% previsto. En este apartado, destacó el dato de crecimiento de las importaciones de crudo y de productos derivados: durante los dos primeros meses de este año y previo al inicio del conflicto en Irán, China aceleró sus compras al crecer un +13% las importaciones de crudo frente al volumen promedio de los tres años previos. Un acopio aún más acelerado en los combustibles derivados del crudo (gasolinas, diésel y otros) que aumentaron cerca de un +50% frente a la media vista entre 2023-25. En conjunto, los datos del sector exterior apuntan a que este componente seguirá impulsando el crecimiento económico paliando así la debilidad de la demanda interna privada.

Hoy S&P y Fitch revisarán el rating de España, establecido actualmente en A+ y A respectivamente desde que lo mejoraran en septiembre del año pasado. No se esperan cambios en el rating dado el contexto actual de incertidumbre y posible implicaciones sobre el crecimiento económico de la guerra de Irán, así como por una situación política doméstica fragmentada.  


¿Podrá el G7 liberar suficiente crudo para calmar los mercados? Financial Times (11 de Marzo).

Los planes para liberar cientos de millones de barriles de crudo de las reservas de emergencia probablemente no calmen la volatilidad de los precios del crudo por mucho tiempo si el conflicto en el Golfo continúa, advierten los expertos. Los ministros de Finanzas del G7 declararon el lunes que estaban listos para “tomar las medidas necesarias” y que las conversaciones sobre la liberación de petróleo de las reservas continuarían. Intentan así responder a una crisis que ha cortado el flujo de petróleo y productos refinados a través del Estrecho de Ormuz, en la desembocadura del Golfo, en hasta 20 millones de barriles diarios.

¿Ayudará la liberación de reservas a bajar el precio del petróleo?

Los precios del petróleo reaccionaron el lunes a un informe de Financial Times que indicaba que el G7 estaba negociando una liberación estratégica, con una caída del precio del Brent desde un máximo de 119 dólares por barril a menos de 90 dólares. Solo en cinco ocasiones se han liberado reservas estratégicas, comenzando con la primera Guerra del Golfo de 1990-91 y culminando más recientemente con una liberación tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Sin embargo, ninguna de estas liberaciones ha tenido un impacto que pueda marcar la diferencia en la crisis actual. Martijn Rats, analista de Morgan Stanley, afirmó que la evidencia sobre si la liberación de reservas gubernamentales contribuye a la baja de los precios es “claramente contradictoria”. “Con bastante frecuencia continúan subiendo, porque una liberación de reservas señala la gravedad del momento; indica que nos encontramos en una situación de mayor tensión”.

Liberar reservas estratégicas tampoco cambia necesariamente el comportamiento del mercado, ya que es probable que los compradores sigan pujando al alza para asegurar cualquier flujo de crudo disponible, en lugar de depender de las limitadas reservas de crudo que poseen los gobiernos. “Es muy, muy difícil sustituir los flujos por reservas”, afirmó Paul Horsnell, del Instituto de Estudios Energéticos de Oxford. “A los mercados nunca les convence esa alternativa”.

¿Hay suficiente petróleo en reserva para solucionar el problema?

Los miembros de la Agencia Internacional de Energía (AIE) mantienen conjuntamente alrededor de 1.200 millones de barriles de reservas públicas de emergencia, junto con una cantidad mucho mayor de reservas de la industria que pueden movilizarse para estabilizar el mercado. La AIE exige a sus miembros mantener reservas equivalentes a 90 días ante cualquier interrupción del suministro. Los países pueden contabilizar las reservas de las compañías petroleras y los traders. Según la AIE, los gobiernos de los países de la OCDE mantenían poco más de 900 millones de barriles de crudo y aproximadamente 300 millones de barriles de productos refinados, como gasolina y diésel, en reservas controladas por el Estado a finales del año pasado. Otros 2.800 millones de barriles de petróleo y productos refinados estaban en manos de compañías petroleras, traders y refinerías, de los cuales 600 millones están técnicamente bajo control gubernamental.

Horsnell señaló que una parte de estas reservas contabilizadas podría formar parte de las operaciones comerciales normales, como el petróleo que circula por oleoductos. “No se puede liberar todo porque, de lo contrario, se tiene un sistema sin reservas”, afirmó. Los países también tienen una flexibilidad significativa en cuanto a cómo contabilizan sus reservas. Reino Unido y Grecia, por ejemplo, no cuentan con reservas controladas por el gobierno para un solo día, y prefieren depender de las reservas comerciales. Las reservas comerciales forman la primera línea de defensa cuando los mercados se contraen, ya que las empresas intentan gestionar sus cadenas de suministro, y los gobiernos solo recurren a la liberación de reservas estratégicas cuando es absolutamente necesario.

La AIE también calcula que otros 2.000 millones de barriles de crudo se encuentran actualmente a bordo de petroleros en el mar, una parte significativa del cual es crudo ruso, iraní o venezolano que podría liberarse a los compradores si los países modifican sus sanciones. No está claro cuándo podrían liberarse las reservas ni a qué ritmo. En el pasado, las reservas estratégicas se han liberado mediante subastas a las principales compañías petroleras y comercializadoras, que posteriormente trasladaban el petróleo a las refinerías que lo necesitaban. Mientras tanto, las refinerías europeas recibieron autorización de sus gobiernos para reducir la cantidad de gasolina y diésel que mantenían en reserva y permitir que una mayor cantidad fluyera al mercado.

“El máximo que hemos visto hasta ahora es de 1,3 millones de barriles diarios en todos los países de la AIE en conjunto”, declaró Rats. “En teoría, podrían alcanzar entre 3 y 3,5 millones de barriles diarios, pero eso nunca se ha logrado”. “Esta es la mayor crisis petrolera de la historia en términos de impacto inmediato”, declaró Horsnell, añadiendo que la magnitud del problema supera con creces cualquier posible liberación de las reservas estratégicas.

¿Debería el G7 liberar petróleo de las reservas?

Antes de decidir sobre la liberación de reservas, la AIE evalúa la magnitud de la interrupción y si las reservas de petróleo pueden compensarse con una mayor producción en otros lugares. También consulta con la industria sobre cómo está afrontando la situación. La agencia también afirma que las liberaciones de emergencia de petróleo “no son una herramienta para intervenir en los precios”. Hasta ahora, los políticos de EEUU y la UE se han mostrado relativamente despreocupados con las interrupciones del suministro. Los analistas del mercado petrolero se muestran menos optimistas.

“La semana pasada, vimos cómo los buques cisterna de combustible para aviones daban la vuelta en medio del océano y regresaban a Asia”, declaró Rats, que señaló que Europa sufriría escasez de combustible para aviones “en cuestión de semanas” si la situación persiste.

“Esta es, por ahora, la mayor crisis de suministro en la historia del mercado petrolero, casi el doble de la crisis de Suez, que representó el 10% del suministro mundial”, afirmó, añadiendo que observaba problemas en Asia y EEUU, así como en Europa.

Es probable que Asia se lleve la peor parte de la crisis actual, ya que importa la mayor parte de su crudo de Oriente Medio y los gobiernos ya han comenzado a responder racionando la energía y prohibiendo las exportaciones de productos refinados.

“Todos se enfrentarán a un desafío”, afirmó Kitt Haines, que supervisa los inventarios de petróleo en Energy Aspects. No creo que en ningún escenario se haya contemplado jamás este tipo de perturbación. Asia será la más afectada porque recibe los mayores volúmenes de crudo de Oriente Medio.

¿Está China liberando reservas?

China, el mayor importador de crudo del mundo, no ha dado hasta ahora ninguna indicación de que planee liberar petróleo de su propia reserva estratégica, que los analistas estiman que cubre más de 120 días de importaciones. Los compradores chinos parecen seguir abasteciéndose de crudo en los mercados internacionales.

“Si se puede asegurar un flujo de suministro, se continúa con ese flujo. No van a calcular que pueden dejar de importar porque pueden agotar su reserva estratégica. No la crearon para eso”, explicó Horsnell.


Las fuerzas estanflacionarias que están creciendo. Mohamed El-Erian.

Sopla un viento estanflacionario más fuerte en la economía mundial a medida que los precios del petróleo superan los 100 dólares por barril. Los últimos datos de empleo en EEUU del viernes evidencian, aunque de forma dispar, un debilitamiento del mercado laboral, justo cuando el conflicto con Irán genera preocupación por un shockde precios debido al aumento de los precios de la energía y la interrupción de las cadenas de suministro.

La economía estadounidense perdió 92.000 empleos en febrero y la tasa de desempleo ascendió al 4,4 %. Esto siguió a un fuerte repunte el mes anterior, que, como temía, resultó ser una anomalía. Tras un 2025 marcado por el menor crecimiento promedio mensual del empleo fuera de una recesión en más de dos décadas, el panorama laboral sigue siendo complejo.

No se trata solo del mercado laboral. La inflación también emitía señales de alerta antes del inicio de los ataques de EEUU e Israel contra Irán. Los datos publicados previamente mostraron que el IPC –la medida de inflación preferida por la Fed– subió al 2,9% en diciembre, su nivel más alto desde marzo de 2024. Y la inflación subyacente de los precios al productor (IPP) subió al 3,6 %, muy por encima del pronóstico de consenso.

Y ahora muchas economías se enfrentan a la doble presión del aumento de los costes energéticos y la renovada interrupción de la cadena de suministro en las rutas marítimas y aéreas. A pesar de este conjunto de riesgos crecientes, muchos segmentos del mercado habían tratado la propagación de la guerra en Oriente Medio como una herida superficial: una disrupción temporal y rápidamente reversible para una economía global por lo demás resiliente.

El rendimiento de los bonos del Tesoro de EEUU a 10 años alcanzaba el 4,13% el viernes. Un observador casual, verá el viaje de ida y vuelta que sugiere que la influencia general de las fuerzas en pugna sobre lo que podría considerarse el índice de referencia financiero más importante del mundo es mínima. Sin embargo, este enfoque de compensación descarta con demasiada facilidad la historia de los “puntos de inflexión”, subestimando los crecientes riesgos que exigen la atención de los responsables políticos y los inversores a largo plazo. En la economía real y las finanzas, los factores negativos no se compensan, sino que se acumulan.

Es notable que, si bien un terremoto geopolítico como la guerra con Irán tradicionalmente habría desencadenado una huida hacia la seguridad de la deuda del Tesoro de EEUU, los rendimientos han aumentado debido a las preocupaciones por la inflación.

La magnitud del impacto dependerá de la duración y la extensión de la guerra contra Irán. Una mayor disrupción en las cadenas de suministro sin duda impulsará un mayor alejamiento de la eficiencia del “justo a tiempo” hacia el enfoque “por si acaso”, más costoso pero necesario, para la gestión de inventarios. Se trata de una evolución estructural que introduce mayores costes en el sistema en un momento en que la asequibilidad ya es un problema económico, político y social.

El panorama financiero también presenta desafíos debido a tres riesgos distintos. Ninguno de ellos parece lo suficientemente grande como para generar un riesgo sistémico. Sin embargo, juntos pueden constituir una fuerza desestabilizadora que se retroalimenta.

Riesgo de crédito privado

El primero se relaciona con el crédito privado en las economías avanzadas. Lo que comenzó como una tensión idiosincrásica en algunas empresas corre el riesgo de convertirse en un problema más amplio, ya que algunos inversores buscan la salida de una clase de activo que, según Marc Rowan, de Apollo, se enfrenta a una reestructuración. Se han observado indicios paradigmáticos de una industria sobredimensionada: suscripción deficiente, valoraciones cuestionables, vehículos de inversión inadecuados y fraude. Es improbable que el auge de los cuestionables “vehículos de continuación” —en los que los grupos de capital privado transfieren activos entre fondos— pueda retrasar el inevitable ajuste de valoraciones.

El segundo se relaciona con los riesgos en torno a la burbuja racional que impulsó la financiación masiva para el desarrollo de la IA. Esta tecnología sigue siendo una fuerza transformadora prometedora con un enorme potencial de productividad. Sin embargo, habrá algunos grandes ganadores y muchos perdedores. 

Un tercer riesgo es que, con el alza de la inflación, la capacidad del mercado global de bonos para absorber una oferta récord probablemente se ponga a prueba. Tres de las siete economías del G7 (Francia, Japón y el Reino Unido) ya se han visto amenazadas por los “vigilantes de los bonos” en los últimos años. Si no tienen cuidado, tanto ellas como muchas empresas altamente endeudadas podrían encontrar sus condiciones de financiación menos favorables.

La economía mundial no solo se enfrenta a un volátil 2026, sino que va camino de una mayor fragmentación y dispersión de resultados para los hogares, los sectores y los países.


Irán muestra los riesgos de seguir el ejemplo económico de EEUU. Alan Beattie. Financial Times.


Me pregunto cómo se siente Narendra Modi en este momento. El mes pasado, el primer ministro indio se vio obligado a aceptar un borrador de acuerdo comercial con Donald Trump que establecía vagamente que India dejaría de comprar petróleo ruso barato y en su lugar importaría combustibles fósiles de EEUU. Con los precios del petróleo y el gas natural en alza tras el bombardeo estadounidense a Irán, el incentivo de Modi para incumplir su compromiso, dejar de consumir hidrocarburos y reducir su dependencia comercial y económica de EEUU, es cada vez mayor.

La consecuencia inmediata de los ataques a Irán de un aumento del precio del petróleo es evidente, aunque el daño económico general podría no ser catastrófico. A diferencia del mar Rojo y su ruta hacia el Canal de Suez, amenazados desde 2023 por los ataques de los militantes hutíes, el Golfo Pérsico no es una arteria mundial importante para el transporte marítimo de productos no energéticos.

Sin embargo, la erosión adicional del liderazgo geoeconómico estadounidense es sustancial. Para los gobiernos que no son EEUU y China, en particular los países de renta baja y media, las ofertas de las dos superpotencias económicas son ahora las siguientes: con EEUU se ven obligados a firmar acuerdos comerciales que contemplan un futuro basado en los combustibles fósiles, cuyo precio está sujeto a la destructiva y aleatoria estrategia estadounidense. Con China obtienen vehículos eléctricos y tecnologías ecológicas fiables y baratas para generar energías renovables. Aunque es cierto que estas medidas conllevan otras formas de coerción económica, como los controles sobre las tierras raras, al menos no suponen un impacto negativo significativo para el crecimiento.

Sea cual sea la próxima acción de Trump, a menos que comience a bombardear masivamente las instalaciones de energía solar, es poco probable que amenace un modelo de desarrollo basado en las energías renovables. El año pasado, la Agencia Internacional de la Energía redujo su previsión de crecimiento de las energías renovables en Estados Unidos en casi un 50% debido a la eliminación de incentivos fiscales y el bloqueo de nuevos proyectos eólicos por parte de Trump, pero aumentó su previsión para India en casi un 10% a causa del aumento de la capacidad de generación de energías eólicas y solar terrestres.

Durante décadas, EEUU fue un importador neto de petróleo en una economía global basada en combustibles fósiles y, por lo tanto, se propuso asegurar la estabilidad del suministro desde Oriente Próximo. La doctrina de Jimmy Carter de 1980 de mantener un Golfo Pérsico favorable a EEUU fue seguida por la primera guerra de Irak una década después. En cambio, la promesa de Trump esta semana de asegurar y escoltar a los petroleros en el Golfo Pérsico es simplemente una medida provisional. La explotación de los hidrocarburos no convencionales, que hizo que EEUU fuera un exportador neto en 2019, junto con las enormes mejoras en la tecnología de energías renovables debería haberle proporcionado protección frente a las fluctuaciones del precio del petróleo y un respiro de la constante vigilancia de seguridad en la región del Golfo.

En cambio, Trump ha hecho que EEUU dé la espalda a la revolución de las tecnologías verdes y además ha puesto en peligro el mercado petrolero mundial con ataques primero contra Venezuela y ahora contra Irán. En este último caso en particular, la propia Administración Trump parece no saber lo que intenta lograr.

Irán, más que casi cualquier otra nación, también ilustra la capacidad de EEUU para infligir daño económico de otras maneras. Sucesivos gobiernos estadounidenses han utilizado su control de la banca y del sistema global de pagos en dólares para aislar y debilitar la economía iraní.

La UE ha puesto de manifiesto el poder de esta forma particular de coerción al intentar en vano eludir las restricciones comerciales impuestas por Washington. Resentida por una política de sanciones impuesta por EEUU, la UE aprobó una regulación para impedir que las empresas de la UE cumplieran las restricciones extraterritoriales estadounidenses y, posteriormente, estableció un sistema para eludir las sanciones. Fracasó.

Pocos gobiernos lamentarán la pérdida del régimen iraní, pero ven cómo EEUU utiliza el sistema del dólar como arma para castigar a los países que no le gustan. Hasta ahora, hablar de alternativas al dólar estadounidense como moneda internacional para pagos y financiación bancaria era algo un poco ilusorio. Pero cuanto más se utilice el dólar como herramienta de coerción, más naciones buscarán alternativas.

Casi todas las medidas que la Administración Trump toma en el ámbito de la geoeconomía exigen “diversificar y aislar” a sus socios comerciales. El primer ministro canadiense Mark Carney, cuyo discurso en Davos en enero previó un mundo sin EEUU como líder fiable, inició la semana pasada una gira destinada a crear una “alianza de potencias intermedias”. Su primera parada fue India, donde con toda seguridad Irán y el comercio energético estaban en la agenda. Él y Modi lanzaron una estrategia de seguridad energética, que incluye un plan para compartir tecnología nuclear y organizar conjuntamente una cumbre sobre energías renovables.

Trump parece decidido a destruir más de medio siglo de liderazgo estadounidense de la economía mundial. El bombardeo de Irán es solo un paso más en su destructivo viaje. Otros gobiernos hacen todo lo posible por distanciarse de él antes de convertirse en daños colaterales.


La inflación, la guerra de Irán… y los bancos centrales. Francisco Cabrillo. Catedrático Emérito de Economía, Universidad Complutense. Fundación Civismo.

Es evidente la preocupación que ha surgido en el mundo económico como consecuencia de los ataques a Irán por parte de Estados Unidos e Israel. Y podemos leer todos los días reflexiones sobre los posibles efectos negativos de esta guerra en la evolución de la economía mundial en el medio plazo; y, en concreto, en las tasas de inflación. La mayor parte de los analistas traen a colación en sus comentarios lo sucedido entre 2020 y 2022, años en los que la inflación alcanzó cifras como no se habían visto desde la década de 1980, al llegar en la zona euro al 9%-10%. La idea más aceptada es que nos encontramos ante una situación similar a la que vivió Europa en aquellos años a causa de la pandemia del Covid y, posteriormente, del comienzo de la guerra en Ucrania. Si entonces –se afirma– la inflación llegó a niveles tan altos a causa de las distorsiones generadas en los flujos de producción y comercialización de numerosos productos, ahora podría suceder algo parecido si los precios del petróleo y el gas siguieran subiendo en la línea en la que lo han venido haciendo desde el comienzo del conflicto.

El problema es que este tipo de análisis es incompleto y, en diversos aspectos, equivocado, ya que parece no tener en cuenta en absoluto los efectos de la política monetaria de los bancos centrales. Su argumentación se basa en un modelo bastante simplista de inflación de costes, que tanto la teoría económica más solvente como la experiencia histórica rechazan: si suben los precios de determinados bienes, crecen los costes de producción; y, si éstos aumentan, lo hace también el nivel general de precios. Pero si hay algo que sabemos los economistas, desde hace mucho tiempo, es que la inflación es una pérdida de valor del dinero; y no podemos explicar tal fenómeno si no analizamos cuidadosamente el papel de la demanda y la oferta de dinero. Y ésta última la controlan los bancos centrales.

Hay argumentos sólidos para afirmar que las elevadas tasas de inflación en torno al año 2022 en Estados Unidos y en Europa sólo pueden explicarse por el fuerte crecimiento que experimentó la cantidad de dinero en los años inmediatamente anteriores. Parece, sin embargo, que hemos aprendido poco de lo que ocurrió entonces. En aquellos momentos los bancos centrales hicieron mal las cosas; y, como era de esperar, dada la naturaleza de sus políticas, el nivel de precios pasó a crecer a tasas no vistas en décadas. Pero no se reconoció este error. Y cuando no se diagnostica bien un problema, se corre siempre el riesgo de repetir los errores en el futuro.

Conviene insistir en una idea muy básica en economía: el crecimiento de los precios de determinados bienes –aunque éstos sean tan importantes como el petróleo y el gas– no genera por sí mismo inflación. Para ello es necesario que los bancos centrales permitan que aumente la cantidad de dinero. Lo que per se genera un crecimiento de los precios del petróleo o el gas es, por una parte, un empobrecimiento relativo de los consumidores –directos e indirectos– de estos bienes. Y, por otra, un cambio de precios relativos de los bienes con diversa intensidad en el uso de la energía, que puede generar distorsiones importantes en el funcionamiento de la economía y frenar el crecimiento del PIB. Pero no un aumento del nivel general de precios. Para esto es necesario que los bancos centrales lleven a cabo una política monetaria expansiva.

Preguntas relevantes

Puede alegarse –con razón, sin duda– que, en una situación difícil, los bancos centrales tratarán de favorecer la actividad económica generando mayor liquidez. Pero debemos ser conscientes de que ésta es una decisión que hay que tomar, valorando los aspectos positivos y negativos de una expansión monetaria; y el más peligroso de los negativos es, como demostró la experiencia de 2021-2022, el crecimiento de las tasas de inflación. Las preguntas relevantes a formular en estos momentos tienen que ser, por tanto, las siguientes: si los precios de las materias primas energéticas crecen de forma significativa, ¿hasta qué punto los bancos centrales van a aceptar que el control de la inflación se les escape de las manos como en el pasado reciente? ¿Van a volver a negar, como hicieron entonces, que su política fue una de las causas principales del gran crecimiento experimentado por la inflación? Y muy importante también: ¿piensan que los beneficios de aquella política monetaria, diseñada para ayudar a las economías nacionales, superaron a los costes –económicos y sociales– de la fuerte subida experimentada por el nivel general de precios?

Estas son las cuestiones que los bancos centrales tendrán que plantearse si la subida de los precios del petróleo y del gas continúa al ritmo de estos días pasados. Y sería muy positivo para todos que sus gestores reconocieran, finalmente, que cuando la inflación crece de forma intensa, nunca se debe exclusivamente a circunstancias exógenas a ellos.


Buen fin de semana!!

Comentario de mercado viernes 27 de Febrero del 2026.

Esta semana ha seguido la volatilidad en el mercado por la incertidumbre arancelaria, las caídas en el sector tecnológico y los miedos a una crisis crediticia.

Por un lado, surgen muchas dudas en el lado comercial después de la decisión del Tribunal Supremo del viernes pasado, por 6 a 3 votos, de invalidar los aranceles recíprocos aprobados en abril 2025 en base a la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA). Esta invalidación era altamente probable y Trump reaccionó de forma inmediata, sustituyéndolos por otros, anunciando un nuevo arancel global del 10% que se aplica de forma inmediata desde este martes, 24 de Febrero, elevado el sábado pasado desde el 10% anunciado el viernes. Para ello utilizará la Sección 122, que permite aranceles de hasta el 15% por 150 días, sin requisitos de investigaciones previas y extensible por el Congreso. Además, Trump utilizará también la Sección 301, ya usada contra China, para investigar prácticas comerciales injustas, lo que podría dar lugar a un mayor incremento de los ingresos fiscales, se mantienen los aranceles sectoriales (sección 232), amenazó con aranceles del 15-30% a automóviles y no aclaró si los aranceles recíprocos ya recolectados (170.000 millones de dólares) serán devueltos, aunque sí dijo que esto podría tardar años. En medio de la incertidumbre generalizada, los primeros análisis apuntan a que, paradójicamente, la nueva estrategia de Trump beneficia a algunos de sus principales rivales comerciales, como es el caso de China o India, mientras que penaliza especialmente a socios tradicionales, como Europa en general y España en particular. 

Por otro lado, continúan los miedos del mercado por la vulnerabilidad en el sector del software, a lo que se ha unido la suspensión de reembolsos en los fondos retail de crédito privado de la gestora estadounidense Blue Owl y la reciente quiebra de Market Financial Solucions en Reino Unido empiezan a generar presión, no solo en los mercados privados, sino también en el crédito cotizado. Este impacto es especialmente visible en los préstamos sindicados negociados en mercado y en la deuda corporativa de menor calidad crediticia High yield, donde los diferenciales se han ampliado desde los mínimos en 25 puntos básicos en Europa y 32 puntos básicos en Estados Unidos. El bono americano a 10 años se ha ido por debajo del 4% por este flujo inversor buscando seguridad…

Rentabilidad del Bono a 10 años americano-últimos 12 meses:

La sentencia de la Corte Suprema conocida el viernes, una suerte de bomba nuclear en plena línea de flotación de la ofensiva comercial global de Trump, anuló la mayoría de los mal llamados aranceles “recíprocos” al concluir que el presidente de Estados Unidos abusó de sus atribuciones al imponerlos en virtud de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia de 1977 y a espaldas del Congreso. Las tarifas abolidas incluyen las desplegadas el Día de la Liberación, el 2 de abril de 2025, así como los gravámenes especialmente punitivos aplicados a México, China o Canadá, acusándoles de no combatir la entrada de fentanilo en la frontera estadounidense, o a Brasil, tras el fallo judicial contra el expresidente Jair Bolsonaro. El fallo no afecta, sin embargo, a tarifas específicas como las impuestas sobre el acero o el aluminio. Ante semejante revés, Trump compareció visiblemente furibundo para anunciar un nuevo arancel universal del 10%, que el sábado elevó finalmente al 15%, en virtud de la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que le permite imponer nuevas tarifas durante 150 días, sujetas luego a la validación del Congreso. Una nueva tasa que se suma a las preexistentes antes del despliegue de los aranceles anulados por la Justicia. Esta fórmula beneficia especialmente a los países a los que Trump había castigado con más dureza originalmente. Así, los aranceles efectivos medios aplicados a los productos procedentes de Brasil pasan del 26,33% al 12,77% (13,6 puntos menos), mientras que los impuestos a los bienes procedentes de China bajan del 36,81% al 29,67%. Así lo atestiguan los datos recopilados por Global Trade Alert, firma suiza que monitoriza los movimientos arancelarios. Del mismo modo, las tarifas aplicables a las importaciones que hace Estados Unidos desde India bajan de una tarifa media efectiva del 22,31% al 16,68%, las de Canadá caen del 7,93% al 4,66% y las de México pasan del 8,1% al 5,2%. Según el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Lee Greer, Trump firmará en los próximos días una directiva para elevar los aranceles globales al 15% “cuando sea apropiado”.

Del lado contrario, el país más castigado es Reino Unido, histórico socio de Estados Unidos con el que se selló el primer acuerdo comercial de la era Trump abrazando un arancel general del 10%. Bajo el nuevo marco, sin embargo, Washington eleva de facto su arancel medio del 8,26% al 10,31%. Otro tanto ocurre con la Unión Europea, con la que se firmó un polémico acuerdo comercial el pasado verano para establecer un techo arancelario del 15%, y que ahora enfrenta un sistema que incrementaría del 11,74% al 12,52% el arancel medio aplicado de forma efectiva sobre sus productos, 0,78 puntos más. El impacto efectivo para España es todavía superior, prácticamente del doble, con un incremento del tipo efectivo medio del arancel estadounidense de 1,31 puntos, desde el 14,38% al 15,69%, ya que en el marco previo a la sentencia de la Corte Suprema había determinados productos que se veían exentos de aranceles, o sujetos a modalidades rebajadas, que ahora se verán gravados con la nueva tarifa global del 15%. Así, aunque España siempre ha sido una de las economías europeas menos afectadas por la guerra comercial de Trump dado su menor volumen de exportaciones a Estados Unidos, la composición específica de su cesta de productos vendidos al país norteamericano le acarrea ahora una mayor penalización. Lo cierto es que la Administración americana asegura que el acuerdo sellado con la Unión Europea sigue vigente, pero el propio Parlamento comunitario decidió este lunes suspender su ratificación hasta conocer el nuevo escenario de forma integral.

Además de por el tema de los aranceles y el Tribunal Supremo americano las Bolsas han tenido volatilidad tras la publicación de un informe apocalíptico de Citrini. Casi nadie había oído hablar de Citrini Research (THE 2028 GLOBAL INTELLIGENCE CRISIS) hasta la publicación de un distópico informe el pasado fin de semana en el que esa firma viaja al futuro para concluir, entre otras cosas, que el S&P 500 estará a 5.000 puntos en octubre de 2028, un 30% por debajo del nivel actual. Para justificar el desplome, el informe lleva a su extremo las consecuencias del uso masivo de la inteligencia artificial (IA) por las empresas, que llevará a una gran destrucción de empleos que llevará al 10% la tasa de paro en Estados Unidos. Con millones de oficinistas sin trabajo, Citrini augura cierres de firmas de servicios, un desplome del consumo y problemas para pagar hipotecas y créditos. Prueba del nerviosismo del mercado ante el impacto de la IA es que ese documento (que sus propios autores definen como “un escenario, no una predicción”) ha provocado esta semana agudos movimientos en el mercado, afectando al sector del software e incluso a los bancos. Los analistas también han hecho caso. En una nota publicada este martes, Société Générale apunta a los bonos estadounidenses, la Bolsa coreana y sectores como semiconductores, mineras, eléctricas e industria como potenciales refugios en ese escenario de grandes inversiones en IA y despidos planteado por Citrini, ya que llevaría el flujo de dinero “al capital informático en lugar de al capital humano”. En Goldman Sachs, sus estrategas aprecian ya una clara rotación de los inversores desde las empresas de “capital ligero a las de capital intensivo”, menos sensibles a la distorsión de la IA, Goldman Sachs ha dividido la Bolsa europea en función de ese criterio, y concluye que las cotizadas de mayor inversión y activos pesados baten en un 35% desde 2025 a las menos intensivas. En la primera cesta de capital intensivo para sobrevivir a Citrini, Goldman incluye 10 valores españoles: Acciona, Repsol, Aena, Telefónica, Cellnex, IAG, Endesa, Iberdrola, Redeia y Naturgy. En la segunda, coloca a Puig e Indra.

Ayer también se vivió una sesión con mucha volatilidad en Estados Unidos (El Nasdaq cayó un 1,20%, también lastrado por Nvidia) después de que Anthropic, compañía tecnológica americana que desarrolla IA avanzada, especialmente su modelo Claude, se hubiese negado a eliminar barreras de seguridad para que el Pentágono pueda utilizar armas autónomas sin supervisión humana, y que pueda llevar a cabo una vigilancia masiva de los ciudadanos americanos. Anthropic se negó a hacerlo por motivos éticos y de seguridad, afirmando que usar IA sin restricciones en estos ámbitos va contra sus principios y “podría ir incluso en contra de valores democráticos. El Secretario de Defensa de Estados Unidos ha dado a la empresa un plazo límite para aceptar sus condiciones o enfrentarse a consecuencias, como serían la cancelación de un contrato de unos 200 millones de dólares que Anthropic tiene con el Pentágono, calificarla como “riesgo para la cadena de suministro”, lo que podría impedir que otras agencias del Gobierno trabajen con ella, e incluso amenaza con invocar el Defense Production Act, una ley que permite al Gobierno forzar a compañías privadas a priorizar necesidades de defensa en emergencias. El Pentágono dice que solo quiere poder usar la IA para “propósitos legales” y que necesita flexibilidad para aplicaciones militares. Anthropic respondió que permitir uso sin límites puede llevar a usos peligrosos (como vigilancia masiva o sistemas letales sin control humano) y que los modelos de IA actuales no están listos para eso. Pentagon officials sent Anthropic best and final offer for military use of its AI amid dispute, sources say – CBS News.

Las valoraciones del sector software continúan ajustándose a medida que la IA empieza a impactar en negocios considerados hasta ahora defensivos. En este contexto, IBM cayó más de un 13% después de que Anthropic anunciara que su modelo Claude es capaz de trabajar y optimizar código COBOL, lo que el mercado interpretó como un potencial riesgo para el negocio de modernización y mantenimiento de sistemas legacy sobre el que IBM ha construido una parte relevante de su ventaja competitiva. Según Politico, varios Estados miembros de la UE estudian acciones legales porque consideran que, en un acuerdo alcanzado el año pasado entre Comisión Europea y Parlamento Europeo se habría dado más poder del habitual a este segundo, reduciendo indirectamente el margen de control de los Estados, que actúan a través del Consejo Europeo. Anthropic launches new push for enterprise agents with plug-ins for finance, engineering, and design | TechCrunch

El consejero delegado de JPMorgan, Jamie Dimon, señaló el lunes al ser preguntado sobre la intensa competencia en el sector que está empezando a ver paralelismos con la etapa previa a la crisis financiera de 2008, cuando una carrera por otorgar préstamos terminó de forma desastrosa. “Lamentablemente, vimos esto en 2005, 2006 y 2007, casi lo mismo: la marea creciente levantaba todos los barcos, todo el mundo estaba ganando mucho dinero”, dijo Dimon en una cita con los inversores. Aunque aseguró que JPMorgan no está dispuesto a conceder préstamos con más riesgos para aumentar el margen de interés, afirmó: “Veo a un par de personas haciendo cosas tontas. Simplemente están haciendo cosas absurdas para generar márgenes”. Dimon, quien dirigía el banco más grande de Estados Unidos durante la crisis financiera de 2008 y absorbió a dos importantes competidores que colapsaron, dijo que espera que el ciclo crediticio eventualmente vuelva a deteriorarse, aunque no sabe cuándo. El CEO lleva meses advirtiendo sobre un posible deterioro en la calidad del crédito. Cuando el prestamista de autos Tricolor Holdings y el proveedor del sector First Brands Group colapsaron el año pasado, dijo que ver una “cucaracha” significaba que probablemente aparecerían más. En las últimas semanas, diversos sectores han afrontado la llamada “operación del susto” por la inteligencia artificial, mientras los inversores evalúan cómo la nueva tecnología podría alterar los mercados. “Siempre hay una sorpresa en un ciclo crediticio”, dijo Dimon, añadiendo que a menudo la sorpresa ha sido qué industria resulta afectada. “Esta vez podría ser el software debido a la IA”.

En el lado corporativo Nvidia publicó resultados este miércoles, presentando unas cifras que batieron el consenso tanto en las cifras del 4T25 como en la guía para el próximo trimestre. Los ingresos en el cuarto trimestre se dispararon hasta un récord de 68.000 millones de dólares, un 73% más que el año anterior. La previsión de ingresos para el primer trimestre de 2026 fue de 78.000 millones de dólares, lo que supondría un aumento interanual del 77%. El beneficio neto alcanzó un récord de 43.000 millones de dólares, +94% interanual. El margen de beneficio neto subió al 65%, el nivel más alto de su historia. Aunque gran parte de la sorpresa provino de un segmento específico dentro del negocio de centros de datos, las cifras siguen reflejando que la inversión en IA permanece robusta. Sin embargo, el equipo directivo no logró entusiasmar a los inversores, ya que las previsiones de crecimiento de ventas para el próximo año se mantuvieron sin cambios respecto al trimestre previo. Además, surgen preocupaciones sobre el abastecimiento de chips de memoria (necesario en el proceso de fabricación) que podrían desgastar los márgenes del año que viene, de hecho, las acciones de Nvidia cayeron un 5,5% ayer. Nvidia cierra así un ejercicio fiscal extraordinario, situándose como la segunda empresa que más flujo de caja libre generó en 2025 dentro del S&P 500 (96.000 millones) solo por detrás de Apple, no obstante, persisten los temores sobre una posible sobreinversión, que no se han disipado pese a los excelentes resultados. Además, Netflix abandonaba ayer su intento de hacerse con Warner Bros., tras la oferta mejorada de Paramount Skydance sobre dicha entidad, valorada en unos 111.000 millones de dólares.

Un informe de Goldman Sachs de esta semana ponía de relieve que los Hedge Funds están muy cortos del sector software.

En cuanto al posicionamiento de los inversores institucionales ha seguido bajando en Bolsa volviendo a su media de los últimos 10 años (NAAIM Exposure Index – The National Association of Active Investment Managers – NAAIM):

NAAIM Exposure Index desde el 2016:

Importante esta semana:

Este martes Trump realizó su Discurso sobre el Estado de la Unión ante el Congreso, donde reiteró que los aranceles están aquí para quedarse, los recíprocos invalidados se sustituyen por el arancel global del 15% anunciado el sábado y con otros adicionales en estudio, y puso en valor los logros de su primer año de mandato, estímulo fiscal de la “Big Beatiful Bill”, recorte de la inflación, bolsas en máximos, operaciones militares en Venezuela e Irán, donde mantienen las negociaciones diplomáticas pero sin descartar la intervención militar en caso de que éstas no lleguen a buen puerto en el corto plazo, aunque no habló explícitamente de medidas de apoyo al consumidor que permitan al presidente impulsar unos bajos índices de popularidad de cara a las elecciones mid-term de principios de noviembre.

Este miércoles el Fondo Monetario Internacional instó a Estados Unidos a cambiar el rumbo de sus políticas económicas y arancelarias. El organismo suele advertir sobre el impacto negativo de políticas comerciales proteccionistas en el crecimiento global y la estabilidad financiera.

El presidente del comité de Comercio del Parlamento Europeo ha advertido que la Unión Europea podría congelar la aprobación del acuerdo comercial con Estados Unidos ante el “caos” arancelario. Por su parte, Francia recuerda que el bloque dispone de instrumentos de represalia. El análisis realizado por la Unión Europea concluye que el nuevo régimen arancelario impuesto por Trump podría situar algunos gravámenes por encima de lo acordado en Turnberry (Escocia) en 2025, lo que abre la puerta a disputas comerciales formales.

Más de 1.400 empresas han demandado a la Administración Trump para reclamar la devolución de los pagos efectuados por los aranceles, entre los grandes grupos que han presentado cargos en los últimos días figuran FedEx, L’Oréal o Dyson. Sin embargo, esta avalancha de demandas no es nueva, ya antes de la sentencia, cuando el Tribunal mostraba cierto escepticismo respecto a los aranceles, cientos de compañías habían iniciado procesos similares. En diciembre, más de 700 empresas, entre ellas Costco, ya habían actuado. La sentencia del Supremo no aclara si los 175.000 millones de dólares recaudados deberán devolverse. El proceso para determinarlo deberá resolverse en una instancia inferior y podría prolongarse durante meses o incluso años. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya ha señalado que es improbable que esas devoluciones se efectúen pronto. En sus palabras: “tengo la sensación de que los americanos no lo verán”.

Siguiendo en Europa, Lagarde, reiteró que su escenario base es permanecer hasta el final de su mandato y defendió el compromiso con la misión del Banco Central Europeo. A pesar de ello, según fuentes citadas por Bloomberg, algunos miembros del Consejo estarían desconcertados por su falta de contundencia ante especulaciones sobre su salida.

En el plano geopolítico, ayer Estados Unidos e Irán iniciaron la tercer ronda de negociaciones nucleares, donde Estados Unidos presentó sus exigencias, que son la destrucción de los 3 sitios nucleares (Fordow, Natanz, Isfahan), entregar todo el uranio enriquecido a Estados Unidos, que no haya cláusulas de caducidad (que las limitaciones sean permanentes para evitar que Irán pueda expandir su programa nuclear en el futuro), enriquecimiento cero, aunque permitiendo mantener el reactor de Teherán y un mínimo alivio de sanciones en un primer momento, para ir mejorando si Irán cumple con su parte. Trump ha dado a Irán de plazo del 1 al 6 de Marzo para alcanzar un acuerdo sobre su programa nuclear, en caso de que no haya acuerdo, podríamos asistir a una intervención militar, a la vista del gran despliegue militar americano en la zona.

Zelensky, en una entrevista en el Financial Times, declaró que el conflicto estaría en el “inicio del fin”, aunque pidió a Trump que no caiga en los “juegos” de negociación de Rusia.

En Alemania, esta semana conocimos un repunte en la confianza de los empresarios, el índice IFO de clima empresarial publicado el lunes subió hasta el 88,6 en febrero, por encima del 87,6 anterior y del 88,3 estimado. Por componentes, la lectura también fue positiva, con el subíndice de expectativas situándose en 90,5, superando las previsiones (90) y el dato correspondiente a enero (89,6). En paralelo, el componente de situación actual también batió las expectativas por cinco décimas al posicionarse en 86,7. 

Esta semana se confirmó la moderación de la inflación en la zona euro, el miércoles conocimos el dato final del IPC de enero que ratificó el freno en el crecimiento de los precios de la región que avanzaron un +1,7% interanual, tres décimas menos que en el mes previo y el menor aumento desde septiembre de 2024. Además, también se moderó la tasa subyacente que se situó en +2,2%, una décima menos que el mes anterior y en este caso el menor crecimiento desde octubre de 2021. Por componentes, este descenso de la inflación se debió principalmente al favorable efecto base de los precios de la energía que en enero cayeron un 4% interanual lo que drenó cuatro décimas del dato de IPC. A ello se unió la favorable evolución de los precios de los servicios que, ante el menor dinamismo de los salarios, se moderaron dos décimas hasta el 3,2% interanual y explicaron un 1,45% de la inflación. Finalmente, por el lado de los precios de los alimentos y de los bienes hubo pocas novedades, dado que crecieron a ritmos similares al mes anterior al avanzar un +2,6% y +0,4%, respectivamente, y con ello los alimentos aportaron 0,5% y los bienes 0,1%. En conjunto el dato de enero apoya las expectativas de que la inflación se mantiene contenida en la región.


Nueva ola de incertidumbre en el comercio mundial. Federico Steinberg. Catedrático Príncipe de Asturias en la Universidad de Georgetown e Investigador del Real Instituto Elcano.

El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha sentenciado que los aranceles que Donald Trump impuso en el mal llamado Día de la liberación, el pasado abril, alegando una situación de emergencia económica, son inconstitucionales. Es una excelente noticia para la democracia americana, que estaba concentrando demasiado poder en el Ejecutivo y deslizándose peligrosamente hacia el autoritarismo. Sin embargo, la decisión no impide que el presidente intente seguir adelante con su agenda proteccionista. Además, introduce incertidumbre sobre el futuro de los acuerdos comerciales firmados por Estados Unidos en los últimos meses, abre la puerta a reclamaciones por parte de las empresas que han pagado alrededor de 170.000 millones de dólares en aranceles y puede deteriorar aún más unas cuentas públicas ya muy tensionadas, elevando el riesgo de inestabilidad financiera. 

Todavía hay división de poderes en EEUU

La Constitución estadounidense es clara: los impuestos los establece el Congreso, no el presidente. Y los aranceles, aunque a Trump no le guste admitirlo, son impuestos. El Congreso puede delegar cierta autoridad arancelaria en el Ejecutivo para fines específicos y dentro de límites concretos; por ejemplo, para negociar acuerdos comerciales que, en todo caso, deben ser ratificados por el Congreso. Además, existen leyes que permiten al presidente imponer aranceles de forma excepcional. Pero suelen ser temporales, acotarse a sectores considerados estratégicos para la seguridad nacional o justificarse por prácticas comerciales discriminatorias de otros países. En general, requieren procedimientos administrativos complejos y, en el pasado, no se han utilizado demasiado.

A Trump le encanta establecer aranceles. Ha llegado a decir que “arancel” es la palabra más bonita del diccionario y está convencido de que sirven para resolver casi cualquier problema. También sostiene que no son inflacionistas, en contra de siglos de teoría económica y de abundante evidencia empírica. Pero, sobre todo, ha comprendido que, si puede fijarlos con discrecionalidad, se convierten en una palanca de presión extraordinaria para perseguir objetivos geopolíticos. Por eso su equipo optó por ampararlos en la Ley de Poderes Económicos en Situaciones de Emergencia de 1977 (IEEPA, por sus siglas en inglés), que en la práctica le permitía activarlos casi a voluntad, eludiendo al Congreso, evitando trámites administrativos complejos y concediendo excepciones (tanto a empresas como a países) según su conveniencia. Era una forma perfecta de controlar la agenda mediática, y una pesadilla para el resto del mundo.

Así, desde el año pasado hemos asistido a una batería de anuncios arancelarios desordenados –y en ocasiones revertidos–, siempre justificados por motivos de emergencia económica (o sanitaria, en el caso del fentanilo aplicado a importaciones desde México y Canadá), pese a que la economía estadounidense goza de buena salud. Esa combinación de improvisación y unilateralidad ha convertido la política comercial en una montaña rusa.

Sin embargo, una pequeña empresa importadora de vino y otra de juguetes demandaron al Gobierno el pasado abril, alegando que la ley de emergencia económica no permitía imponer esos aranceles. El caso escaló hasta el Tribunal Supremo y, en una decisión histórica del 20 de febrero, el Alto Tribunal determinó, por 6 votos a 3, que eran inconstitucionales. En la práctica, esto implica que más de la mitad de los gravámenes establecidos por Trump (todos los que se apoyaban en esa ley) quedan anulados. Supone, además, que el arancel medio efectivo estadounidense pasaría del 16,9% al 9,1%. 

El Tribunal Supremo no entró a valorar si los aranceles eran buenos o malos; si aumentaban la recaudación; si los terminaban pagando los consumidores; si servían para promover el empleo y la producción industrial, o si eran un instrumento eficaz de política exterior. El fallo se limitó a reafirmar la división de poderes y a recordar que el poder judicial debe frenar al presidente cuando se extralimita mediante órdenes ejecutivas. También dejó claro que si Trump quiere cambiar la política comercial de forma permanente, tiene que convencer antes al Congreso. 

Pero, dado que los aranceles suelen ser impopulares porque elevan los precios (según una encuesta exprés de YouGov, el 60% de los estadounidenses, y el 88% de los demócratas, apoya la sentencia del Supremo), no parece existir una mayoría suficiente para aprobarlos. Eso no significa –como veremos– que el presidente no vaya a buscar vías alternativas para reintroducirlos, aunque estas tendrán un carácter más temporal y, por definición, más incierto al no estar avaladas por el Congreso. 

Impacto económico y reacción trumpista

A partir de ahora se abre una fase de mayor incertidumbre para la economía mundial. Trump ha dejado claro que no abandonará sus políticas proteccionistas. Su visión comercial es la de los mercantilistas del siglo XVII (exportaciones buenas, importaciones malas). Además de atacar a los jueces que no le han dado la razón, ya ha anunciado su recurso a la sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 (que autoriza aranceles en casos de déficit persistentes de balanza de pagos) para imponer un gravamen del 15% sobre todas las importaciones. Pero estos aranceles deben aplicarse por igual a todos los productos y solo pueden mantenerse hasta mediados de julio (a partir de entonces, únicamente el Congreso podría prorrogarlos). 

Paralelamente, abrirá investigaciones por prácticas discriminatorias y por motivos de seguridad nacional para intentar reconstruir su muro arancelario a partir de julio. Eso exige informes sectoriales que justifiquen la defensa comercial en cada sector. Se pueden hacer con ChatGPT, pero su tramitación llevará tiempo.

Por lo tanto, las empresas no saben bien a qué atenerse. Y, además, los casi veinte acuerdos comerciales que Estados Unidos obligó a firmar a distintos países en el último año –como el alcanzado el pasado verano con la Unión Europea– y que parecían aumentar algo la certidumbre para los exportadores, quedan ahora en el aire (¿por qué va a ratificar ahora el Parlamento Europeo aquel acuerdo, por el que aceptaba aranceles permanentes del 15%, si no tiene base jurídica?).

Otro foco de dudas es qué ocurrirá con los 170.000 millones de dólares recaudados en aranceles que muchas empresas reclamarán al Gobierno tras la decisión del Supremo. La sentencia no menciona el tema, pero cualquier empresa puede acudir al Tribunal de Comercio —donde se presentó la demanda original— para solicitar la devolución de lo pagado desde abril. Los despachos de abogados se preparan para un aluvión de litigios, previsiblemente largos y costosos, que muchas empresas pequeñas quizá no puedan afrontar.

Efectos sobre el déficit público estadounidense

Lo que sí sabemos es que, a medida que los tribunales vayan dando la razón a las empresas que litiguen, el ya enorme déficit público (que además ha crecido desde la aprobación de la One Big Beautiful Bill, la ley presupuestaria impulsada por Trump) aumentará. Esto podría tensionar el mercado de deuda, presionar al alza el coste de financiación para Estados Unidos y avivar la discusión sobre la sostenibilidad fiscal y el papel del dólar. De momento, sin embargo, lo mercados apenas se han inmutado. 

En este contexto, el resto del mundo debería perseverar en su estrategia de reducción de dependencias respecto a Estados Unidos. La economía estadounidense representa menos del 15% del comercio mundial y, en términos estrictamente comerciales (no financieros), es menos determinante de lo que Trump querría. De hecho, el sistema global de comercio se ha adaptado mejor de lo esperado al proteccionismo trumpista del último año. Lejos de colapsar, los intercambios internacionales han seguido creciendo (y también el déficit público de Estados Unidos, por cierto). Por tanto, la Unión Europea debería continuar firmando acuerdos –como los recientemente aprobados con Mercosur o la India– y mejorando el funcionamiento de su mercado interior impulsando la eliminación de restricciones, así como las uniones bancarias y fiscales. 

Para bien o para mal, debe asumir que EEUU seguirá siendo un país impredecible en el ámbito comercial del que conviene protegerse.


El veredicto del Supremo de EEUU no detendrá los aranceles de Trump. Peter Navarro. Asesor principal de Comercio de la Casa Blanca.

De hecho, aunque el tribunal anuló los aranceles de la IEEPA, reconoció que el presidente conserva una amplia y poderosa autoridad para imponer aranceles en virtud de numerosas otras leyes.

El juez Brett Kavanaugh discrepó de la mayoría y presentó una defensa rigurosa y con fundamento histórico de la facultad presidencial para imponer aranceles. Hizo hincapié en que los aranceles son una forma tradicional de regular las importaciones. También mencionó todas las facultades legales que permanecen intactas. El presidente Trump ya se basa en muchas de ellas: el artículo 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962 para imponer aranceles de seguridad nacional a productos como el acero y el aluminio y posiblemente a minerales esenciales; el artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974 para imponer aranceles específicos por país en respuesta a prácticas comerciales desleales, como con China; las medidas de salvaguardia del artículo 201, utilizadas durante su primer mandato para imponer aranceles a paneles solares y lavadoras; y el artículo 122 para implementar un aranceles adicional global temporal.

Kavanaugh fue más allá, subrayando que aún existen herramientas adicionales, como el artículo 338 de la Ley Arancelaria de 1930, que autorizan las represalias contra prácticas discriminatorias en el comercio exterior. En resumen, el tribunal cerró una puerta y dejó abierto todo un pasillo para imponer medidas arancelarias. Además, al limitar la disputa legal en este caso únicamente a la IEEPA, el tribunal aclaró el panorama legal. La autoridad presidencial bajo otros estatutos no está en duda y está claramente descrita en la ley, lo que fortalecerá significativamente la influencia del presidente en materia arancelaria y no la del tribunal.

Lo que hace que la decisión del tribunal sea tan impactante es su contradicción interna. Como declaró Kavanaugh, los aranceles siempre han constituido un medio fundamental para regular las importaciones. Influyen en el precio, el volumen y la competitividad y sirven como punto de equilibrio en las negociaciones. Son herramientas del arte del buen gobierno económico.

El procurador general argumentó correctamente que un arancel no es un impuesto nacional. Los primeros Congresos se basaron en esta distinción. Los tribunales la reconocieron. En la trayectoria general de la política comercial estadounidense, el veredicto del viernes se considerará como una corrección técnica, no como un cambio estratégico. Como señaló Trump, los países que nos han estado “estafando durante años pueden estar eufóricos y bailando en las calles, pero no lo estarán por mucho tiempo”. Las herramientas siguen vigentes y la base legal que las sustenta ahora es más clara.

Ya existe un arancel global del 15% en virtud del artículo 122. El artículo 232 continúa protegiendo industrias vitales para la seguridad nacional. El artículo 301 se está aplicando país por país y sector por sector. Otras leyes arancelarias contempladas en el veredicto del tribunal siguen plenamente vigentes.

La arquitectura de la aplicación de la ley comercial estadounidense no se ha debilitado, solamente se ha recalibrado. EEUU comerciará y negociará, pero no será explotado.


Buen fin de semana!!

Comentario de mercado viernes 20 de Febrero del 2026.

Donald Trump ha afirmado que en los próximos diez días decidirá si Estados Unidos ataca a Irán o alcanza un acuerdo con la república islámica, mientras Washington intensifica el despliegue de una enorme fuerza militar en Oriente Próximo. A medida que aumentan las tensiones entre ambos países, el presidente estadounidense se dirigió el jueves en Washington a su llamado Consejo de Paz, donde declaró: “Quizá vayamos a alcanzar un acuerdo [con Teherán]. Lo sabrán en los próximos, probablemente, diez días”. Añadió que “ahora mismo tenemos paz en Oriente Próximo… y una de las claves” fue enviar bombarderos B-2 a Irán en junio, en referencia a los ataques contra instalaciones nucleares iraníes durante la guerra de Israel contra la república islámica el año pasado. Trump aseguró que el asalto “diezmó por completo el potencial nuclear”. “Ahora puede que tengamos que ir un paso más allá o puede que no”, afirmó. “No pueden tener un arma nuclear. Es muy simple. No pueden tenerla; no se puede tener paz en Oriente Próximo si tienen un arma nuclear”. El presidente de Estados Unidos ya ha dado plazos similares para actuar mucho antes de lo indicado, el 19 de junio dijo a Irán que decidiría si se sumaba al ataque de Israel contra el país “en las próximas dos semanas”, pero autorizó los bombardeos tres días después. El jueves afirmó: “No pueden seguir amenazando la estabilidad de toda la región y deben llegar a un acuerdo”, advirtiendo que, sin un pacto, “ocurrirán cosas malas”. El precio del crudo Brent ha subido en torno al 6% en los últimos dos días, hasta superar los 72 dólares por barril hoy, máximo de los últimos 12 meses. Estados Unidos ha enviado en los últimos días activos militares adicionales hacia la región después de que Trump ordenara uno de los mayores despliegues en la zona desde la invasión de Irak liderada por Estados Unidos en 2003. Financial Times ha confirmado los movimientos de un gran número de vuelos hacia Europa y Oriente Próximo en la última semana, incluidos dos aviones E-3 Sentry, utilizados para mando, control y vigilancia. Utilizando datos de Flightradar24, FT también ha confirmado desplazamientos desde Norteamérica de 34 aviones KC-135, empleados para el repostaje en vuelo de otras aeronaves militares, y 43 vuelos de aviones de transporte pesado C-17 Globemaster. El patrón parecía reflejar los movimientos aéreos previos a la breve entrada de Estados Unidos en la guerra de Israel contra Irán en junio de 2025. Días después, Estados Unidos bombardeó las instalaciones nucleares de la república islámica. Medios americanos citaron a funcionarios norteamericanos que afirmaron que el ejército tiene capacidad para atacar Irán tan pronto como este fin de semana si Trump decide ordenar un ataque. Muchos residentes de Teherán se preparaban el jueves para la posibilidad de una guerra comprando productos básicos, coincidiendo con el primer día del mes sagrado del Ramadán. Tras las últimas negociaciones en Ginebra el martes, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que se había logrado “un pequeño progreso, pero seguimos muy alejados en algunos asuntos”. Trump ha amenazado con atacar Irán desde que el régimen reprimiera brutalmente las protestas masivas contra el gobierno el mes pasado, matando a miles de personas. Según los analistas, Estados Unidos ha desplegado suficiente potencia aérea y naval en Oriente Próximo como para sostener una campaña de varias semanas contra la república islámica. Washington cuenta con 10 buques de guerra en las aguas de la región, incluido el portaaviones USS Abraham Lincoln y seis destructores. También tiene dos destructores en el mar Mediterráneo. Unos 40.000 soldados estadounidenses están en Oriente Próximo.

Muchos analistas le dan más probabilidades a una intervención militar limitada, similar a la de junio y con un impacto acotado en el petróleo, los rumores más recientes apuntan a que la Casa Blanca sopesa un ataque temprano y dirigido, con el objetivo de llevar a Teherán a la mesa de negociación.

Precio del Brent último mes:

El inicio del Año Nuevo lunar en China, que marca la entrada en el Año del Caballo en 2026, es visto por las autoridades chinas como un catalizador macro crucial para reactivar la alicaída marcha del consumo en el país, el Gobierno ha concedido un total de 9 días de vacaciones, el periodo más prolongado de la historia, con la que espera alcanzar un récord de desplazamientos que superará los 9.500 millones, más de seis veces su población total, el Gobierno también ha lanzado un paquete de estímulo fiscal, que incluye más de 297 millones de dólares al cambio en vales de consumo, subsidios, bonos de “sobre rojo”, el color rojo representa alegría, éxito y energía positiva, y programas de “cambio por nuevos” en áreas como automoción, turismo y gastronomía. Se espera con estas medidas un auge en sectores clave como el turismo y la hostelería, impulsado no solo por el retorno a los hogares, sino por el gasto en entretenimiento y ocio, buscando elevar el consumo minorista (las ventas minoristas cerraron 2025 en China con un crecimiento de un +3,7%) mediante el aumento de la confianza del consumidor durante este período festivo de alta movilidad. La gala televisiva del Año Nuevo lunar de China, emitida este lunes por la noche en la cadena estatal CCTV, combinó este año actuaciones de robots humanoides, que protagonizaron varios números con demostraciones de artes marciales y coreografías sincronizadas. Varias empresas chinas de robótica, entre ellas Unitree Robotics, MagicLab o Galaxy General, llevaron al escenario robots humanoides capaces de ejecutar saltos acrobáticos, volteretas consecutivas y movimientos coordinados en grupo junto a artistas humanos. (https://www.reuters.com/business/media-telecom/chinas-humanoid-robots-ready-lunar-new-year-showtime-2026-02-16/).

El Dow Jones encara este mes de Febrero su décimo mes consecutivo al alza, en lo que llevamos de mes lleva una subida del 1% y ha llegado a superar el nivel histórico de los 50.000 puntos:

Aunque el S&P 500 americano está teniendo este 2026 su peor comportamiento en relativo frente a las bolsas del resto del mundo desde el 2009:

Las dudas sobre las enormes inversiones previstas por los cinco grandes hiperescaladores y la posible disrupción que la inteligencia artificial pueda generar dentro del propio sector tecnológico cuestionan, por primera vez en mucho tiempo, la capacidad de este grupo de grandes tecnológicas para seguir creciendo de manera sostenida por encima del resto del índice. En esta línea, la reciente publicación de los informes 13F (obligatorios para los gestores institucionales) reveló que Berkshire Hathaway, el conglomerado de Warren Buffett, había reducido casi por completo su testimonial posición en Amazon (pasa del 0,9% al 0,1% de la cartera de renta). El capex de las compañías del S&P 500 supone ya el 21% del capex total de la economía americana:

Los fondos de inversión españoles mantienen la fuerte dinámica de crecimiento de los últimos meses. Durante el primer mes del año, las gestoras nacionales han sumado 5.400 millones de euros en activos a su patrimonio, marcando un nuevo récord. A cierre de enero, el patrimonio de los fondos de inversión ha superado los 456.300 millones de euros, tras una subida del 1,2% en las últimas semanas, según datos de Inverco. El aumento en el volumen de activos se explica en un 60% por las revalorizaciones en las carteras de los fondos de inversión por el efecto positivo de los mercados, mientras que el 40% restante se debe a los flujos de entrada positivos registrados durante el mes. En enero, los fondos de inversión sumaron más de 2.060 millones de euros en suscripciones netas, lo que eleva a 63 el número de meses consecutivos con entradas de partícipes. Por primera vez en mucho tiempo los inversores muestran un aumento del apetito por el riesgo. Después de años consecutivos concentrando la mayor parte de las suscripciones en productos monetarios y de renta fija, en enero los fondos mixtos se han convertido en los productos más vendidos. Los fondos mixtos reciben entradas netas superiores a los 1.169 millones de euros (la mayor parte en mixtos con vocación más defensiva). Mientras que los fondos de renta fija reciben aportaciones valoradas en 271 millones y los fondos monetarios sufren ligeros reembolsos, valorados en alrededor de 20 millones de euros netos. También los fondos de renta variable han visto entradas netas durante el mes, aunque mucho más tímidas, pese a que los productos que invierten en Bolsa muestran las mayores rentabilidades del sector.

Europa y los mercados emergentes son los grandes vencedores del proceso de rotación geográfica de activos que han puesto en marcha los gestores a nivel global, según se desprende de la última encuesta a gestores realizada por Bank of America (BofA) entre el 6 y el 12 de febreroEl sentimiento sigue siendo muy optimista, según la encuesta, que señala que un 35% de los gestores sobrepondera la renta variable de la Unión Europea, lo que supone un gran aumento respecto al 9% de hace tres meses. Por el contrario, un 22% afirma que está infraponderando la renta variable estadounidense, frente al 6% de hace tres meses, lo que supone la primera rotación significativa fuera de Estados Unidos y hacia Europa en un año. En paralelo al aumento del peso de Europa en las carteras, la encuesta detecta un cierto enfriamiento sobre las expectativas de rendimiento en Europa tras las subidas acumuladas en los últimos trimestres. El 78% de los gestores espera más ganancias a corto plazo, y un 89% en los próximos doce meses. No obstante, ambos porcentajes se mantienen cerca de los máximos históricos registrados recientemente. El 85% espera que la rentabilidad de las acciones europeas supere el de las de Estados Unidos en los próximos doce meses. Por sectores, el 41% de los inversores ve un mayor potencial alcista para los valores cíclicos europeos frente a los defensivos, muy cerca de los niveles máximos del año. Además, un 26% de los encuestados apuesta porque las empresas de pequeña capitalización obtendrán mejores resultados que las de gran capitalización, el máximo en cuatro meses. El sector salud sigue siendo el sector con mayor sobreponderación consensuada en Europa, seguido de la banca y de la industria, mientras que los servicios públicos y las telecomunicaciones han entrado en el grupo de los cinco favoritos. En el otro lado de la balanza, el sector del automóvil es el más infraponderado, seguido de los medios de comunicación y los productos de consumo. Alemania sigue siendo el mercado de valores preferido de Europa, mientras que Francia vuelve a ser el menos apreciado. Detrás de este fuerte crecimiento de las apuestas por Europa subyace una gran mejora de las expectativas de crecimiento de la Eurozona. Un porcentaje sin precedentes del 74% de los encuestados cree que la economía de la eurozona ganará vigor en el futuro, de la mano de la política fiscal alemana, mientras que la mayoría opina ahora que no habrá un aterrizaje forzoso a nivel mundial. A nivel global, los inversores tienen ahora la mayor posición larga en acciones desde diciembre de 2024, la mayor posición larga en materias primas desde mayo de 2022 y la mayor posición corta en bonos desde septiembre de 2022. Otro dato significativo que revela la encuesta es que el nivel de liquidez de las carteras ha subido hasta el 3,4%, desde el mínimo histórico del 3,2%. Es el primer avance de este indicador en los últimos siete meses. Con mucha atención puesta en la evolución de los tipos de interés en Estados Unidos, el 38% de los encuestados creen que el nombramiento de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos probablemente provocará un aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y una caída del dólar. Cuestionados por el mayor riesgo para los mercados, los gestores se decantaron por una burbuja de la IA (25%), seguida de la inflación (20%) y, por último, un aumento desordenado de los rendimientos de los bonos (17%).

Esta semana Man Group publicaba un informe de estrategia en el que establecía 10 riesgos principales para este 2026. Como estamos viviendo estos días, los riesgos extremos siguen apareciendo, sólo en las últimas semanas hemos tenido brotes geopolíticos, enorme volatilidad en los metales preciosos, venta masiva de software, preocupaciones sobre la independencia de la Reserva Federal, rendimientos japoneses que alcanzan niveles récord… y solo estamos en febrero. Los 3 principales riesgos para Man Group son el hecho de que estemos en una burbuja de mercado en todo lo que tiene que ver con la IA, el tamaño de crédito privado, que se ha multiplicado por 3 en la última década y posible gran disrupción debida a ciberataques globales.

Importante esta semana:

En Estados Unidos en cuanto al PIB, el modelo GDPNow de la Fed de Atlanta apuntaba a un crecimiento del 3,6% anualizado en el cuarto trimestre, con una aportación positiva del sector exterior del 0,6%. No obstante, el déficit comercial de diciembre, conocido ayer, se amplió hasta 70.300 millones de dólares, tras un aumento del 3,6% en las importaciones y una caída del 1,7% en las exportaciones, lo que supone un desequilibrio acumulado en 2025 de 901.500 millones de dólares, situándose entre los más elevados desde que existen registros (1960). Este deterioro podría matizar parcialmente las estimaciones finales del trimestre.

En el plano comercial hemos tenido avances en el acuerdo entre Japón y Estados Unidos, con Japón anunciando el primer tramo de inversiones en Estados Unidos, de 36.000 millones de dólares, de un compromiso total de 550.000 millones de dólares, que se destinarán a proyectos de crudo, gas y minerales críticos. Estas inversiones forman parte del acuerdo por el que Estados Unidos. situó los aranceles a productos japoneses en el 15%.

En cuanto a bancos centrales, esta semana hemos tenido de nuevo rumores de que Lagarde podría abandonar la presidencia del Banco Central Europeo antes de que finalice su mandato de ocho años a finales de Octubre del 2027, con el fin de hacerlo de forma previa a las elecciones presidenciales de Francia, en Abril del 2027, lo que permitiría a Macron y Merz decidir de forma conjunta a su sucesor. Estos rumores vuelven a coger fuerza después de las salidas previstas en el BCE en los próximos meses, Villeroy en junio de este año, Lane en mayo del 2027 y Scnabel en Diciembre del 2027. En una entrevista al Wall Street Journal de ayer, Lagarde afirmó que su “escenario base” es completar su mandato al frente del BCE, disipando esos rumores. Por otra parte, la Presidenta de la Autoridad Monetaria reiteró la necesidad de mayor cooperación fiscal entre los Estados miembros, reforzando el mensaje de que, con el BCE en pausa, el impulso económico y la estabilidad financiera dependen en mayor medida de la coordinación presupuestaria y del avance en la integración europea.

Trump afirmó este martes que está discutiendo con Xi Jinping futuras ventas de armas a Taiwán y que tomará una decisión “pronto”.

Trump descartó esta semana una intervención militar en Cuba, y afirmó que su Administración está manteniendo conversaciones con la región, en las que también participa Marco Rubio. Este último señaló que Cuba deberá otorgar a su población mayor libertad política y económica para que Estados Unidos esté dispuesto a reducir la presión actual. La situación en la isla se ha agravado tras la captura de Maduro, su principal patrocinador, a lo que se suma la reciente orden ejecutiva de Trump que impone más aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba.

Las Actas de la Reunión de la Fed del 28 de Enero publicadas esta semana mostraron un tono ligeramente más restrictivo «hawkish», con preocupación por la inflación y un mercado laboral robusto a pesar de que los gobernadores Waller y Miran votaron por un recorte de 25 puntos básicos, ya que varios miembros plantearon incluso la posibilidad de subir tipos. El mercado sigue descontando dos recortes de tipos en 2026 y uno en 2027, a la espera de nuevos datos de empleo e inflación que lo validen, pero refuerza la idea de que la Reserva Federal no tiene prisa por bajar los tipos. En los mensajes principales se eliminó la mención a los «riesgos a la baja para el empleo», una señal de que la preocupación ha girado hacia la inflación y aunque un grupo sigue abierto a recortes si la inflación cede, la idea general es que ese progreso podría ser «más lento de lo previsto».

En la Conferencia de Seguridad de Múnich que finalizó el domingo pasado, Marco Rubio afirmó que Estados Unidos desea una Europa próspera dada la interconexión económica, pero advirtió sobre el declive relativo de Occidente. Por su parte, Macron instó a Europa a adoptar una visión estratégica de largo plazo, incluyendo capacidades militares de larga distancia. El trasfondo es el debate sobre autonomía estratégica europea frente a una posible menor implicación estadounidense.

La economía japonesa creció apenas un 0,2% anualizado en el cuarto trimestre, muy por debajo del consenso (1,6%), lo que supone una sorpresa negativa relevante. La debilidad refuerza las dudas sobre la sostenibilidad de la recuperación tras la normalización gradual del Banco Central de Japón y podría limitar el margen para nuevas subidas de tipos.

Según declaraciones a Reuters, el Ministerio de Finanzas japonés prevé que la emisión anual de bonos aumente un 28% hasta 38 billones de yenes en el ejercicio fiscal 2029. Esto refuerza el debate sobre sostenibilidad fiscal en Japón en un momento en el que el Banco Central japonés está reduciendo gradualmente su intervención en el mercado. El FMI advierte que una bajada del IVA agravaría la ya delicada posición fiscal japonesa, aumentando el riesgo de sostenibilidad de la deuda en un momento en el que el país empieza a salir de décadas de tipos ultra bajos y el coste de financiación está subiendo. De hecho, el Fondo sugiere que el entorno macro justifica tipos más altos.

En Alemania, un sondeo elaborado por Insa (instituto alemán de estudios demoscópicos y análisis de opinión pública) refleja desgaste de la coalición actual, con comparaciones desfavorables respecto al gobierno anterior. En este sentido, el anterior canciller Olaf Scholz (SPD) era mejor percibido que Merz (CDU/CSU) y que el anterior ministro de economía Habeck (Verdes) supere a Reiche (CDU/CSU) apunta a que el liderazgo conservador aún no consolida ventaja clara.

Siguiendo en Alemania esta semana decepcionó el dato de confianza de los inversores y analistas que, según el índice ZEW, bajó en febrero hasta 58,3 desde el 59,6 previo y muy lejos de la subida esperada hasta niveles de 65,2. Así tras dos meses de recuperación, la confianza se frena en febrero. Pero sigue en niveles elevados y acordes con expansión de la actividad de cara a los próximos meses.

Según Bloomberg, Reino Unido estaría buscando aliados contra la agenda francesa de “Made in Europe” lo que puede tensar relaciones comerciales post-Brexit. Por otra parte, el partido Reform UK ha sugerido que, si llega al poder, impulsará una revisión profunda del marco institucional, incluidos el BoE y el OBR (autoridad fiscal de Reino Unido).

Tanto en la Unión Europea como en España, las exportaciones globales crecieron en 2025, pero lo hicieron ralentizando el ritmo y acusando de forma significativa el mazazo arancelario de la Administración Trump. Si las ventas totales de la UE a sus socios extracomunitarios aumentaron un 2% el año pasado, las exportaciones españolas, cuyo destino mayoritario es el propio bloque europeo, apenas lo hicieron un 0,7%, hasta los 387.091 millones de euros, según el último informe de comercio exterior del Ministerio de Economía, publicado ayer. Aun así, es la segunda mayor cifra desde el récord histórico de 2022, cuando se rebasaron los 387.599 millones. En otras palabras, el sector exterior español sigue mostrando fortaleza en un contexto internacional cada vez más difícil, en el que la guerra arancelaria de Trump ha alterado los flujos comerciales mundiales y golpeado los intereses tanto de la UE como de España. 

Y eso se refleja en el declinante y cada vez más desequilibrado comercio español con Estados Unidos. Aunque los aranceles de Trump no entraron en vigor hasta agosto, sus efectos nocivos se dejaron notar en el conjunto de 2025, en el que las exportaciones españolas a Estados Unidos se hundieron un 8%, hasta los 16.716 millones, mientras que, por contra, las importaciones de bienes estadounidenses aumentaron un 7% y superaron los 30.174 millones. El resultado fue un nuevo acelerón del déficit comercial de España respecto a Estados Unidos, que escaló hasta los 13.458 millones en 2025, un 34% más. Esto es, las empresas españolas cada vez venden menos a Estados Unidos pero le compran más, desfase que no les ha servido para esquivar el misil arancelario de Trump. La palabra clave es diversificación y, al igual que está haciendo el bloque comunitario en su conjunto, sellando pactos históricos con Mercosur o la India, al tiempo que perfila otros nuevos con países como Australia, España ha intensificado sus acercamientos bilaterales a otras naciones, como India o China. Las exportaciones españolas a China cogieron se incrementaron en 2025 un 6,8%, hasta los 7.971 millones de euros, aunque las importaciones lo hicieron con mayor fuerza aún, se dispararon un 11,2% y superaron los 50.249 millones de euros, catapultando el déficit comercial español con China hasta los 42.278 millones, un 12% más. En conjunto y pese al aumento de las exportaciones hasta zona de máximos históricos, España sigue siendo un país eminentemente importador. El año pasado, las compras al exterior crecieron un 4,6% y alcanzaron los 444.146 millones, arrojando un saldo comercial negativo de 57.054 millones, un 41,6% superior al de 2024.

En China el Fondo Monetario Internacional ha instado al Gobierno a recortar las subvenciones públicas destinadas a sus sectores estratégicos, de acuerdo con sus estimaciones, estos apoyos ascienden al 4% del PIB, y deberían reducirse a alrededor del 2% en el medio plazo. La cifra contrasta con el 1,5% que, en promedio, destinan los países de la Unión Europea. El informe reconoce que esta política industrial ha impulsado avances tecnológicos, pero concluye que, en conjunto, su impacto macroeconómico ha sido negativo. En los últimos años, China ha recurrido a las exportaciones de estos sectores como motor para sostener la actividad ante la debilidad de la demanda interna. Las autoridades chinas, por su parte, rechazan las conclusiones del FMI y sostienen que el organismo sobreestima la cuantía de los subsidios.


La independencia de los bancos centrales, amenazada una vez más. Francisco Cabrillo. Catedrático emérito de Economía en la Universidad Complutense. Fundación Civismo.

Los ataques de Donald Trump al presidente de la Reserva Federal Jerome Powell, que incluyen hasta una investigación penal, ponen nuevamente de actualidad el tema de la independencia de los bancos centrales. Podría pensarse que se trata sólo de una de las habituales ofensivas de Trump contra cualquiera que se oponga a sus deseos, en este caso a su intento de forzar una reducción de los tipos de interés; pero el problema tiene mucho mayor alcance y se ha planteado también con relativa frecuencia a otros bancos centrales. Baste pensar en los ataques que en diversas ocasiones ha recibido el Banco Central Europeo por parte de algunos políticos –de la izquierda en especial, pero no únicamente– acusándolo de no someterse a las políticas económicas que, a su juicio, eran necesarias para Europa: en esencia, una política monetaria más expansiva que permitiera rebajar los tipos de interés, elevar el gasto público y generar más empleo. No hay grandes diferencias, por tanto, con lo que está sucediendo hoy en Estados Unidos. La clave no es la ideología del gobernante de turno, sino el intento de no pocos políticos en el poder de controlar la política monetaria y utilizar ésta como un instrumento más en su gestión del gobierno.

Así ocurrió durante mucho tiempo; y con malos resultados, por cierto, en bastantes ocasiones. La idea de garantizar un elevado grado de autonomía a los bancos centrales surgió, en realidad, como una respuesta a los abusos de numerosos gobiernos que presionaban a los bancos para que financiaran una parte de su gasto o facilitaran sus políticas de crecimiento económico. No es preciso decir que las críticas de los políticos se han dirigido, en la inmensa mayoría de los casos, a políticas monetarias que aquéllos consideraban que no eran lo suficientemente expansivas. En otras palabras: se daba por supuesto que los gobernantes hacían bien las cosas y trataban de relanzar la economía y reducir las tasas de paro; pero los bancos centrales suponían –en su opinión– un freno injustificado e inconveniente a sus planes. Y se añadía, además, que mientras los gobernantes habían sido elegidos democráticamente, no sucedía lo mismo con los gestores de los bancos.

Creo que sin la experiencia de la inflación en la década de 1970 (en la que países como Italia y España tuvieron tasas medias de crecimiento anual del nivel de precios en torno al 15%; y en la que incluso Alemania superó el 5%) la Unión Europea no habría dado el paso de establecer con claridad en el Estatuto del Banco Central Europeo que el objetivo principal de la institución es mantener la estabilidad de los precios en la zona euro. Y tal principio ha ayudado mucho, sin duda, a reducir de forma muy significativa las tasas de inflación, aunque se hayan cometido errores; en algunos casos tan graves como la política monetaria en exceso expansiva, diseñada para combatir los efectos reales en la economía generados por la pandemia del Covid y la guerra de Ucrania, que llevó la inflación de la zona euro a una tasa cercana al 9% en 2022.

Debate antiguo

El debate entre los partidarios de que la política monetaria esté sometida a reglas frente a los que consideran que quien diseñe tal política debería disponer de un grado elevado de discrecionalidad tiene ya al menos un siglo de existencia; y se planteó abiertamente en los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial y al abandono de facto del patrón oro, que restringía la autonomía de la política económica de los gobiernos. Los economistas keynesianos han venido defendiendo desde entonces que la política monetaria debería adaptarse en cada momento a la evolución de la coyuntura y no debería estar sometida a reglas rígidas. Pero es importante señalar que el propio Keynes no era partidario de que se diera un elevado grado de discrecionalidad a los políticos en estos temas, ya que los consideraba estrategas cortoplacistas y poco fiables; para él, la gestión debería ser competencia de los profesionales más cualificados, a los que –tal vez con un exceso de ingenuidad y buena fe– tenía por personas bien informadas e independientes que buscarían siempre en sus decisiones lo mejor para el país.

Pero, como nos enseña la experiencia, la independencia de los bancos centrales no garantiza que éstos vayan a actuar de manera eficiente y a cumplir el objetivo de garantizar el poder de compra de las monedas que gestionan. En otras palabras, la independencia no es condición suficiente para la eficiencia de los bancos centrales; ahora bien, es condición necesaria. Sin ella resulta mucho más difícil que sus gestores resistan las presiones políticas, dirigidas a menudo a conseguir objetivos a corto plazo, sin preocuparse demasiado de cuáles vayan a ser sus efectos en el futuro. Las políticas expansivas dan votos a los gobernantes; y por ello son preferidas por los políticos en el poder, especialmente cuando se acercan unas elecciones. En este escenario es importante que exista una institución que desempeñe la función de defender la ortodoxia financiera. Y, para cumplir tal cometido, los bancos centrales necesitan un elevado grado de independencia. Los ciudadanos y las empresas seremos, al final, los más beneficiados por ello.


Buen fin de semana!!