Comentario de mercado viernes 8 de Septiembre.

Los mercados de renta variable europeo llevan una caída de más del 5% desde los máximos de finales de Julio debido a los datos débiles económicos, con caída de la producción industrial en Alemania por tercer mes consecutivo, junto con su alta inflación no están ayudando a disipar el miedo de recesión, cuya posibilidad parece aumentar otra vez de cara a los inversores.

Las palabras de los miembros del Banco Central Europeo esta semana un claro tono hawkish. Hablaron dos miembros del BCE este miércoles, Visco dijo que la Autoridad Monetaria puede estar cerca de dejar de subir, aunque debería evitar tanto excederse en el proceso de subidas, como no hacer lo suficiente y Knot dijo que el mercado está infravalorando las probabilidades de que se produzca una nueva subida de 25 puntos básicos en septiembre, y que la decisión estará muy reñida , es probable que el objetivo final de las declaraciones no fuese tanto el de llevar al mercado a descontar una nueva acción de 25 puntos básicos para la reunión de la semana que viene, como el nivelar un posicionamiento demasiado sesgado hacia el mantenimiento, especialmente después de los comentarios de otro miembro del BCE, Schnabel, de hace unos días. La reacción del mercado fue la esperada en prácticamente todas sus bases. De esta manera, la probabilidad de ver un nuevo incremento de tipos el próximo jueves aumentó desde el 25% hasta situarse por encima del 30% de manera bastante holgada.

Una encuesta de Bloomberg a analistas publicada ayer muestra cómo una mayoría de los encuestados (20 de 39) no esperan que se produzca ninguna subida de tipos la próxima semana por parte del Banco Central Europeo. Una pequeña mayoría ve la última acción por parte del BCE en octubre y el primer recorte en marzo. En este sentido, el 65% anticipa que la Autoridad Monetaria confirmará en diciembre que los tipos han alcanzado su máximo. Por otra parte, el 43% de los encuestados espera que se produzcan ventas activas del APP y el 39% espera que se adelante el final de las reinversiones del PEPP.

En Estados Unidos los datos de confianza empresarial del sector servicios repuntaron en agosto por encima de lo esperado, por eso las Bolsas han caído fuerte esta semana. Desde hace unos meses las buenas noticias macroeconómicas son interpretadas por los mercados como negativas, ya que una economía demasiado fuerte implica que el camino de moderación de precios puede verse comprometido. Por ello ayer las bolsas han caído y los tipos de la deuda soberana han subido en todos los tramos, la Rentabilidad del bono soberano norteamericano a 2 años vuelve a situarse por encima del 5% y el mercado pone un 40% de posibilidades a que la Fed suba tipos en la reunión de noviembre, lo que sería algo parecido a lo visto en el mes de junio, con una parada momentánea.

El informe de empleo estadounidense publicado el viernes pasado acaparó buena parte de la atención de los mercados, el dato ayudó a consolidar más si cabe la idea de que la Fed no realizará más subidas de tipos, lo cual sería extensible igualmente para el Banco Central Europeo. Parece que los inversores están trasladando la idea de que la estrategia de los bancos centrales puede acabar alimentando en mayor medida las presiones inflacionistas, especialmente en una economía estadounidense que sigue sin ofrecer señales de debilidad especialmente claras. Ello hace que los desarrollos macro sigan siendo importantes a la hora de contener este temor. En este sentido, el dato de paro americano planteó señales para todos los gustos. Por un lado, se sigue viendo una dinámica de creación de puestos de trabajo bastante sólida en términos agregados y, además, el fuerte repunte de la tasa de desempleo hasta el 3,8% (desde el 3,4%) vendría determinada por la corrección alcista que planteó la ratio de participación y no tanto por una señal negativa propiamente dicha. Por el otro, se sigue observando una dinámica constate de revisión a la baja de las cifras positivas que se dieron a conocer en meses anteriores (-110.000 puestos de trabajo entre junio y julio), lo que no traslada una sensación de elevada consistencia en las referencias. Adicionalmente, se observa cómo hay varios sectores que ya están destruyendo empleo, siendo ello especialmente importante en la partida de temporales que, históricamente, ha sido un indicador adelantado bastante fiable de los procesos negativos en las cifras agregadas. En el corto plazo es factible que la sensación de robustez siga imperando en Estados Unidos.

En las últimas semanas se ha visto una capitulación en toda regla en la bolsa china, con ventas fuertes tras la crisis del promotor inmobiliario Country Garden, y la falta de actuación por parte de las autoridades monetarias chinas.

Goldman Sachs publicaba un informe esta semana en el que rebajaba la probabilidad de recesión en Estados Unidos hasta un 15% (desde el 20%) en los próximos 12 meses. Su estudio concluye que la evolución favorable tanto de la inflación como del mercado laboral hace que podamos ser optimistas en cuanto a la consolidación del crecimiento en Estados Unidos.

A medida que los datos vayan confirmando el aterrizaje suave de la economía estadounidense, con el empleo perdiendo algo de dinamismo y la inflación comportándose, la Reserva Federal (Fed) se verá menos obligada a actuar y ello permitirá que los beneficios empresariales empiecen a mejorar.

Los precios de la energía empiezan a preocupar a los analistas. Los recortes anunciados en la oferta de petróleo y las huelgas en Australia vuelven a presionar a los precios del petróleo y del gas respectivamente. Las huelgas en Australia son especialmente relevantes para el precio del gas europeo que sube un 44% desde los mínimos de junio, aunque se mantienen muy lejos de lo visto el año pasado. Este resurgir en los costes energéticos confirman que la parte “fácil” de reducción en la inflación queda atrás, especialmente en Europa, algo que preocupa a la parte larga de la curva de deuda soberana europea, que ha retomado las subidas en las últimas sesiones. Ya muchos analistas empiezan a pensar que la inflación puede repuntar momentáneamente por los efectos de la energía, pero la clave a medio plazo estará en el control de los precios de los servicios, algo que lleva buen camino en Estados Unidos y que en Europa parece que tomará más tiempo.

Bono a 10 años alemán últimos 10 días.

Los bonos ligados a la inflación (TIPS: Treasury Inflation Protected Securities) pagan un tipos de interés real, después de inflación, y devuelven capital ajustado por dicha inflación. Ahora mismo rinden un +1.92% (máximo desde 2009) frente al -1.26% que llegaron a rendir en octubre de 2021. Parecería una buena oportunidad de compra, según los analistas de Julius Bäer, pero todo depende de la Fed. Por un lado, la rentabilidad actual descuenta que la Fed deshará una gran parte de las posiciones que tiene comprada de estos activos. Por otro, si la Fed cumple con su objetivo del 2% de inflación, estos bonos lo harán peor que los bonos tradicionales.

Los últimos datos publicados por la Fed indican que la reducción de activos cruzó un hito a finales de agosto, pues la cantidad de bonos que acumula en su balance la autoridad monetaria, que son parte de los estímulos lanzados en la pandemia, se han reducido en 1 billón de dólares (americanos), superando ampliamente el valor nominal de la reducción lanzada en 2017, que fue de alrededor de 700.000 millones. No obstante, la introducción del programa de liquidez bancaria (BTFP) en marzo tras la crisis de SVB hace que el balance total no se haya reducido tanto desde abril de 2022, aproximadamente en 850.000 millones de dólares.

El Banco Central Europeo (BCE) reconocía en sus actas de la reunión de julio la clara pérdida de dinamismo de la economía y el enfriamiento de la actividad crediticia. Por ello, y a pesar de que la inflación subyacente baja muy lentamente, y con mucha dispersión entre países, la mayoría de analistas piensan que el BCE hará una pausa en septiembre y no subirá tipos (aunque hay riesgo de que suba un 0.25%).

El mes pasado empezamos a ponernos positivos en la Renta Variable India, tras un mal primer trimestre de la bolsa India, el segundo trimestre la llevó a nuevos máximos y se ha quedado lateral desde entonces, dejando las valoraciones en su media histórica de 10 años. La situación macro es estable y se espera un crecimiento de doble dígito de beneficios empresariales en los próximos años. Estamos positivos con la bolsa de la India y creemos que es de las bolsas que más potencial tenía.

Después de las correcciones de los mercados de Agosto el índice Fear & Greed (miedo/avaricia) de la CNN se encuentra en territorio prácticamente Neutral desde el extreme greed en el que estaba en Julio (https://edition.cnn.com/markets/fear-and-greed)

Importante esta semana:

Una de las noticias más importantes de la semana fue el anuncio el martes del recorte en la producción de crudo, Arabia Saudí y Rusia han extendido los recortes en la producción y las exportaciones hasta finales de año, lo que significó una fuerte subida del precio del petróleo, llevando el futuro del Brent por encima de los 90 dólares el barril, lo que significó alcanzar un máximo desde el mes de noviembre del año pasado.

El promotor inmobiliario más importante de China, Country Garden, que anunció sus dificultades para realizar los pagos como consecuencia de la falta de liquidez, obtiene un breve respiro tras la negociación con sus acreedores. Los tenedores del bono han concedido una prórroga de casi 4.000 millones de renminbi (550 millones de dólares) que vencía el pasado sábado, permitiendo así al promotor reembolsar la deuda en plazos durante los próximos 3 años. Las acciones de Country Garden subieron el lunes un 18%, en parte gracias a las nuevas medidas impulsadas el viernes para favorecer la demanda del sector. No obstante, el valor de las acciones se mantiene un 61% por debajo con respecto al comienzo del año.

Los pedidos de fábrica de Alemania publicados el martes en el mes de julio se saldaron con una caída del –11.7% mensual, quedando claramente por debajo de las estimaciones iniciales.

En Estados Unidos el Libro Beige traslada un crecimiento «modesto» en julio y agosto. Muchas empresas esperan que «el crecimiento salarial se desacelere ampliamente en el corto plazo». Por otro lado, un análisis de la Fed de Chicago de esta semana pone de manifiesto que la Autoridad Monetaria ya ha restringido su política monetaria lo suficiente como para alcanzar el objetivo de inflación a mediados de 2024.

En China, se frena el superávit comercial y los datos de comercio exterior de esta semana siguen mostrando debilidad. En agosto el superávit comercial se redujo hasta 68.360 millones de dólares desde los 80.600 millones de Julio. Este comportamiento se explicó por un retroceso del 8,8% interanual de las exportaciones mientras que las importaciones cayeron a un menor ritmo al reducirse un 7,3% interanual. Ahora bien, aunque estas cifras siguen siendo negativas, los datos han mejorado frente a julio e incluso han superado las expectativas de los analistas. Una posible señal de estabilización en  el deterioro del sector exterior y también de la demanda interna.


El modelo de ‘superciclo de deuda’ vuelve a China. Gilles Moëc. Economista jefe en AXA IM.

En su última columna en Project Syndicate, Ken Rogoff propuso analizar China a través del prisma de su modelo de “superciclo de deuda”, y nos parece bastante persuasivo. De hecho, encontramos muchas similitudes con los patrones que se observaron en Estados Unidos o en gran parte de la periferia de la zona euro durante e inmediatamente después de la gran crisis financiera de 2008-2009. Tras años de excesos financieros –la aparición en China de una sobrecapacidad inmobiliaria alimentada por la deuda se asemeja hoy al frenesí subprime estadounidense de 2005-2007 o al exceso de oferta inmobiliaria de los bancos regionales españoles hasta 2010–, Pekín tendría que aceptar una dolorosa fase de corrección mientras se absorbe el exceso de apalancamiento, lastrando el gasto de los consumidores y alimentando la deflación. El análisis histórico de Rogoff sugiere que las desaceleraciones económicas que se materializan al final de los superciclos de deuda tienden a durar más, causan daños más duraderos y son más difíciles de tratar que las contracciones que se dan sin ninguna acumulación previa de sobreapalancamiento.

Las correcciones de los balances macroeconómicos rara vez se producen sin un ajuste más profundo de la economía, y, en la China actual, el sistema de asignación de recursos es el que probablemente esté en el punto de mira. La mezcla de economía dirigida y de mercado, aunque ha tenido un éxito innegable al convertir al país en una superpotencia económica mundial, puede no ser adecuada para superar la “maldición de la renta media”; otros países asiáticos, como Corea del Sur, no consiguieron superar cómodamente el techo de cristal de los 10.000 dólares por habitante sin pasar por grandes cambios estructurales.

Llevo tiempo sosteniendo que una política de estímulo dirigida al consumo es la solución a la difícil situación actual de China, dado tanto el contexto deflacionista y el aumento de la capacidad no utilizada como el incremento del desempleo juvenil que, curiosamente, Pekín ha decidido dejar de medir. El enfoque habitual –pedir a las autoridades locales que pongan en marcha otra oleada de proyectos de infraestructuras– parece inadecuado cuando el principal problema es la escasez de demanda y no la falta de oferta. Sin embargo, por ahora, el apoyo ha resultado tímido.

Entendemos la reticencia de las autoridades chinas a fomentar una mayor asunción de riesgos en el sector inmobiliario –el peso de este sector en la economía es claramente malsano– pero no vemos cómo China puede cuadrar su ecuación, apretada entre una tracción más lenta del resto del mundo y un necesario desapalancamiento del sector privado, sin recortes significativos de los tipos de interés oficiales, que están subiendo en términos reales a medida que se instala la deflación. Probablemente sea demasiado tarde para evitar un efecto riqueza adverso, pero no lo es para reducir el peso del servicio de la deuda sobre los futuros flujos de ingresos.

Aquí es donde la singular estructura económica de China podría ayudar realmente: dado que el sector bancario es de propiedad estatal y la regulación ya es bastante intrusiva, debería ser relativamente fácil volver las condiciones monetarias generalmente acomodaticias, evitando al mismo tiempo que este apoyo se canalice de nuevo hacia el sector inmobiliario y retrase el saneamiento de este sector. Después de todo, la corrección comenzó con la aplicación de nuevas normas de limitación de la financiación en agosto de 2020, antes de ser relajadas de nuevo en 2022 cuando quedó claro que la vivienda se deslizaba demasiado rápido y demasiado lejos.

Sin embargo, hay que moderar el entusiasmo por los mecanismos ajenos al mercado, ya que existe un argumento convincente de que es precisamente la falta de asignación autónoma de recursos en la vivienda lo que está en el centro del desequilibrio del sector. Un documento de trabajo del Instituto Peterson sostiene que el mercado chino de la vivienda está dividido entre un segmento demasiado caliente en las grandes ciudades ya desarrolladas de las zonas costeras y un segmento demasiado tibio en el oeste del país y las ciudades pequeñas. El documento no atribuye esta situación a la especulación en las grandes ciudades de la costa, sino a una gestión inadecuada de la oferta; es decir, se construye demasiado poco donde los chinos quieren vivir y demasiado donde no quieren quedarse. Reformar el urbanismo a nivel nacional podría ser la mejor forma de resolver los desequilibrios financieros del sector sin desencadenar un declive general de la actividad constructora.

Respuesta estancada

Por ahora, la respuesta política parece estancada. La protección de los márgenes de los tipos de interés del sector bancario se menciona como una de las razones que explican la reticencia del Banco Central de China a emprender recortes de los tipos a gran escala, lo que nos parece un planteamiento poco obvio cuando nos enfrentamos a un exceso de apalancamiento en el sector no financiero. Evitar un mayor ablandamiento de la moneda china sería otra de las razones para ello, pero dada la falta de inflación en este momento no vemos cómo el país podría enfrentarse a un conflicto de objetivos en este frente. Sean cuales sean los motivos, este ritmo vacilante está contribuyendo a una profunda revisión de la opinión de los inversores sobre las perspectivas económicas chinas, y probablemente no ayude a reinstaurar la confianza a nivel interno.

Las vacilaciones internas son tanto más difíciles de entender cuanto que no cabe esperar un alivio inmediato del exterior. Teníamos nuestras dudas sobre la eficacia de la estrategia estadounidense de “desvinculación de China”, pero los datos comerciales sugieren que ahora es material. Las cifras de la Oficina del Censo de Estados Unidos sugieren que en el mes de junio México alcanzó a China como proveedor de productos manufacturados a la economía norteamericana. Mientras Pekín no presente un paquete de estímulos decisivo persistirá la actual falta de entusiasmo por la economía china.


La Fed y el BCE rechazan elevar el objetivo de inflación. Salvador Arancibia.

La reunión en Jackson Hole celebrada hace unos días ha servido para rechazar de plano, o al menos para aplazarla hasta otros momentos, la posibilidad de que las autoridades monetarias decidieran modificar el objetivo de inflación a conseguir, elevándolo del 2% actual hasta el 3% o incluso algo más.

Quienes abogan por hacerlo sobre la base de que el control de los precios va a ser muy complicado de conseguir en las circunstancias actuales han perdido de nuevo la pelea.

De manera cíclica se plantea si es posible que los bancos centrales mantengan como objetivo de inflación conseguir que esta se sitúe de forma permanente en el entorno del 2% o si, por el contrario, se trata más de un objetivo utópico que de algo real.

Mientras las presiones inflacionistas eran prácticamente negativas, o incluso lo que preocupaba era la deflación, durante los años posteriores a la crisis financiera de 2008 algunos teóricos de la economía abogaban por rebajar por debajo del 2% el objetivo de inflación a establecer por los bancos centrales por entender que era más fácil de alcanzar y que ello permitiría una menor holgura en la evolución de los tipos de interés, al acercarse el tipo nominal mucho más al tipo de interés neutral.

Si bien esta posibilidad se planteó en su momento, en las últimas semanas y coincidiendo con la reunión anual de Jackson Hole, donde la Reserva Federal de Estados Unidos reúne a los principales responsables monetarios mundiales, hubo quienes abogaron precisamente por lo contrario.

En lugar de rebajar el objetivo de inflación, elevarlo hasta el 3% o el 4%, de forma que las autoridades monetarias tuvieran una mayor capacidad de actuación sobre los tipos de interés, por entender que cuanto mayor sea el objetivo de inflación más se tardaría en alcanzar el suelo de los tipos a la hora de modificarlos.

Inamovible

El presidente de la Fed, Jerome Powell, fue tajante al respecto: el objetivo de inflación, renovado no hace mucho tiempo se mantendrá inamovible al menos hasta que se alcance de manera estable en el futuro.

El Banco Central Europeo (BCE) lo discutió también hace un par de años, cuando, en 2021, reelaboró la estrategia de política monetaria vigente para los próximos años y decidió modificar ligeramente el objetivo de evolución de los precios desde el estricto 2% vigente entonces hasta situarlo en ese porcentaje, pero dejando paso a una cierta flexibilidad al señalar que debía ser simétrico y que podía situarse durante un tiempo indefinido tanto por encima como por debajo de esa cifra sin que ello implicara necesariamente que hubiera que adoptarse alguna medida sobre la evolución de los tipos de interés.

En principio, los responsables monetarios no están en contra de modificar el objetivo de inflación en un entorno de precios más altos y durante un tiempo más prolongado porque ello les permitiría tener más margen a la hora de tomar decisiones sobre la evolución de los tipos de interés y les permitiría no tener que recurrir a medidas no ortodoxas de política monetaria, como poner en marcha mecanismos de aumentos de su balance.

Pero lo que sí tienen claro es que, una vez que se ha establecido un objetivo de inflación, este no puede ser modificado, y menos al alza, en medio del proceso de alcanzarlo.

Una vez que se consiguiera llegar al 2% de manera estable y sostenida, si las circunstancias lo aconsejaran no habría problemas a la hora de establecer un nuevo horizonte. Sin embargo, mientras eso no ocurra cambiarlo a mitad del camino no haría sino introducir reticencias sobre la actuación de los bancos centrales.


Cómo evitar la guerra entre China y Estados Unidos. Nouriel Roubini.

Estados Unidos y China siguen en un curso de colisión. La nueva guerra fría entre ambos puede terminar recalentándose por la cuestión de Taiwán. La “trampa de Tucídides” –en la que una potencia en ascenso parece destinada a chocar con un poder hegemónico gobernante– se asoma ominosamente. Pero una escalada seria de las tensiones chino-norteamericanas, por no hablar de una guerra, todavía se puede evitar, lo que le ahorraría al mundo las consecuencias catastróficas que, inevitablemente, sobrevendrían después.

Siempre habrá al menos algunas tensiones cuando una potencia en ascenso desafía al poder global prevaleciente. Pero China se enfrenta a Estados Unidos en un momento en que el poder relativo de éste puede estar debilitándose, y cuando está decidido a impedir su propia decadencia estratégica.

Ambas partes, en consecuencia, se están volviendo cada vez más paranoicas respecto de las intenciones del otro y la confrontación, esencialmente, ha suplantado a la competencia y la cooperación saludables. Ambos países tienen parte de culpa.

Bajo la Presidencia de Xi Jinping, China se ha vuelto más autoritaria y ha avanzado aún más hacia un capitalismo de Estado, en lugar de adherir al concepto de “reforma y apertura” de Deng Xiaoping. Asimismo, la máxima de éste –“esconde tu fuerza, espera tu momento” ha cedido espacio a una asertividad militar. Pekín implementa una política exterior cada vez más agresiva y las disputas territoriales entre ella y varios vecinos asiáticos se han agravado. China ha intentado controlar el Mar de la China Oriental y el Mar de la China Meridional, y se ha vuelto cada vez más impaciente para lograr una “reunificación” con Taiwán por cualquier medio necesario.

Los temores de Pekín

Sin embargo, Xi ha acusado a Estados Unidos de perseguir su propia estrategia agresiva de “contención integral, cerco y supresión”. Por otro lado, muchos en EEUU temen que China pueda desafiar su hegemonía estratégica en Asia, un factor decisivo en la paz, la prosperidad y el progreso relativos de la región desde la Segunda Guerra Mundial.

Los líderes chinos también temen que Estados Unidos ya no esté comprometido con el principio de “una sola China” que ha sustentado las relaciones chino-norteamericanas durante medio siglo. No sólo Washington ahora es menos “estratégicamente ambiguo” respecto a la cuestión de si defender o no a Taiwán; también ha atizado los miedos de contención por parte de China al reforzar sus alianzas indo-pacíficas a través del pacto Aukus (Australia, Reino Unido y Estados Unidos), el Quad (Australia, India, Japón y Estados Unidos) y un eje asiático por parte de la OTAN.

Un primer paso para impedir una colisión es reconocer que algunos de estos temores reinantes son excesivos. Por ejemplo, la ansiedad norteamericana respecto del ascenso económico de China es reminiscente de su actitud frente al ascenso de Alemania y Japón hace décadas. Después de todo, China tiene problemas económicos importantes que podrían recortar su crecimiento potencial a apenas un 3% ó 4% al año, muy por debajo de la tasa de crecimiento del 10% anual que alcanzó en las últimas décadas. China tiene una población que envejece y un desempleo juvenil estratosférico, altos niveles de deuda tanto en el sector privado como en el público, una caída de la inversión privada como resultado de la intimidación ejercida por el partido gobernante y un compromiso con el capitalismo de Estado que obstaculiza el crecimiento de la productividad total de los factores.

Asimismo, el consumo doméstico chino se ha debilitado debido a la creciente incertidumbre económica y a la falta de una red amplia de seguridad social. Frente a una deflación que se consolida, China ahora debe preocuparse por una japonificación: un período prolongado de crecimiento perdido. Al igual que tantos mercados emergentes, podría terminar en la “trampa del ingreso medio” en vez de alcanzar un estatus de ingresos altos y convertirse en la economía más grande del mundo.

Si bien EEUU puede haber sobreestimado el potencial ascenso de China, también puede haber subestimado su propio liderazgo en muchas de las industrias y tecnologías del futuro: inteligencia artificial, aprendizaje automático, semiconductores, computación cuántica, robótica y automatización y nuevas fuentes de energía como la fusión nuclear. Pekín ha invertido profusamente en algunas de estas áreas en el marco de su programa “Hecho en China 2025”, pero su objetivo de alcanzar un dominio a corto plazo en diez industrias del futuro hoy parece improbable.

Los temores de Washington

Los temores norteamericanos respecto de un predominio de China en Asia también son excesivos. China está rodeada por casi 20 países, muchos de los cuales son rivales estratégicos o “amienemigos” –la mayoría de los pocos aliados que sí tiene, como Corea del Norte, le suponen un drenaje de recursos–. Aunque se suponía que su iniciativa One Belt, One Road le iba a granjear nuevos amigos y generar nuevas dependencias, se está encontrado con muchos obstáculos, entre ellos gigantescos proyectos fallidos (elefantes blancos) que conducen a incumplimientos en los pagos de la deuda. Por más que China quiera dominar el Sur Global y sus “estados oscilantes” internacionales, muchas potencias medianas rechazan y contrarrestan esta ambición.

Washington ha impuesto de forma acertada algunas sanciones para mantener sus tecnologías clave fuera del alcance del Ejército chino y frustrar el dominio chino en la inteligencia artificial. Pero debe tener cuidado de limitar su estrategia a la eliminación del riesgo evitando un desacople, más allá de algún desacople tecnológico necesario y de limitar la inversión directa en China y Estados Unidos. Mientras determina qué sectores incluir en su estrategia de “un patio pequeño y una valla alta”, debe evitar ir demasiado lejos. Las sanciones comerciales que impuso Donald Trump a China se aplicaban a un amplio rango de bienes de consumo y, en su mayoría, deberían eliminarse gradualmente.

En lo que concierne a Taiwán, Estados Unidos y China deberían intentar alcanzar un nuevo acuerdo para distender la peligrosa escalada de hoy. El presidente norteamericano, Joe Biden, debería reafirmar claramente el principio de “una sola China” y realinear sus compromisos y declaraciones con el principio de “ambigüedad estratégica”. Estados Unidos debería vender a Taiwán las armas que necesita para defenderse, pero no a un ritmo o una escala que pueda incitar a China a invadir la isla antes de que su defensa de “puercoespín” avance demasiado. Washington también debería manifestar claramente que se opone a cualquier avance taiwanés hacia una independencia formal, y evitar las visitas de alto nivel a líderes de la isla.

China, por su parte, tendría que interrumpir sus incursiones aéreas y navales cerca de Taiwán, además de manifestar claramente que cualquier reunificación sería estrictamente pacífica y de común acuerdo; también tomar nuevas medidas para mejorar la relación entre ambas orillas del estrecho, y rebajar las tensiones territoriales con otros vecinos.

China y Estados Unidos necesitan implementar políticas que reduzcan las tensiones económicas y geopolíticas, así como fomentar una cooperación saludable en cuestiones globales como el cambio climático y la regulación de la inteligencia artificial. Si no llegan a un nuevo acuerdo sobre los factores que generan esta confrontación, acabarán colisionando. Eso llevaría, inexorablemente, a una confrontación militar que destruiría a la economía mundial y que podría, inclusive, escalar a un conflicto (nuclear) poco convencional. Los altos riesgos exigen una limitación estratégica de ambas partes.


La preocupante realidad de la economía. José María Rotellar.

Nos enfrentamos a un horizonte económico muy complicado. Puede que la economía haya evitado, hasta ahora, la recesión de forma técnica –no Alemania, el principal motor de la economía europea, que entró en recesión en el 2T2023–, pero eso no es lo realmente importante, sino la tendencia estructural de la economía, y dicha tendencia no muestra signos de mejora. Hay momentos de rebote, que parecen de reanimación, pero muy sujetos a hechos coyunturales concretos, que no van más allá de repuntes esporádicos. Es más, dichas variaciones, que luego pierden su impulso, no hacen sino acentuar el carácter volátil que vivimos en la economía.

Por eso resulta sumamente importante analizar la economía con un horizonte más amplio que el de la constante variación de los indicadores que se van publicando, que si bien son elementos que conforman la evolución económica, no se pueden analizar ni por separado ni como hechos concretos mensuales o trimestrales, ni para mejorar ni para empeorar las previsiones, porque de hacerlo tan aisladamente se corre el riesgo de estar variando las previsiones con cada dato publicado, de forma que no serían realmente unas previsiones fiables, que es algo que se está observando últimamente ante la fiebre de la inmediatez en la que ahora vivimos. No se trata, por tanto, de subir o bajar dos, tres o cuatro décimas en cada previsión de crecimiento por un cambio coyuntural en un indicador, sino que si se modifica ha de ser porque marca un claro cambio en la tendencia a medio y largo plazo, ya que, de lo contrario, con la publicación del siguiente dato habría que recorrer el camino inverso, que haría que las previsiones dejasen de tener validez a largo plazo, siendo así efímeras y empobreciendo el conjunto de herramientas de análisis disponible para poder tomar decisiones, tanto de política económica, como empresariales, como de las economías domésticas.

¿Y qué nos dicen los datos de cara a conformar esa tendencia que es la que realmente importa? Que vivimos un periodo largo de elevada volatilidad, de incertidumbre, que es de las peores cosas que puede sufrir una economía. Por ello la tendencia no mejora, sino que se encuentra en permanente estado de alarma, porque el crecimiento no es robusto, sino sostenido por ingentes cantidades de dinero público, aunque vayan retirándose tímidamente; al mismo tiempo, la inflación no termina de ceder, con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo y el alto riesgo, junto con lo señalado respecto al crecimiento, de que entremos en una etapa de estanflación, cada vez más cercana.

Todo ello, al estar sujeto, como digo, por un enorme gasto público, en medio de unos desequilibrios presupuestarios muy importantes, que han llevado el endeudamiento público a unos niveles que han de ser reducidos con urgencia, tanto por sostenibilidad de las finanzas públicas, como para evitar un indeseado efecto expulsión de la iniciativa privada, que ya se está empezando a producir, además de para no ralentizar la transmisión de los efectos de la política monetaria restrictiva en su lucha contra la inflación, ya que si se mantiene un elevado gasto público se presionará la demanda de forma artificial, introduciendo rigidez en la bajada de los precios.

Contexto internacional

En el contexto internacional, si bien la OCDE ha mejorado, en su última revisión de junio, el dato de crecimiento de 2023 tanto del mundo (2,7%), de la zona euro (0,9%), de Estados Unidos (1,6%), de España (2,1%) o de China (5,4%), dicho crecimiento sigue siendo muy volátil y sobre un movimiento coyuntural, no sobre un cambio de tendencia. La OCDE señala, además, que la inflación sigue siendo algo preocupante.

Por su parte, el BCE acaba de decir que la zona euro presenta unas perspectivas de crecimiento más débiles de lo que el banco emisor estimaba en junio, aunque considera que puede no estar al borde de una recesión profunda o prolongada. Es decir, el BCE ahora estima que la economía de la zona euro va peor, que seguramente revisará a la baja sus previsiones y no descarta la recesión en la que el motor económico de la zona euro, Alemania, ya está, sino que espera que no sea profunda. No obstante, sigue apostando por el mantenimiento de una política monetaria restrictiva, con la previsión de una subida de otros veinticinco puntos básicos en su reunión de mediados de septiembre.

Los datos de PMI, cuyas actualizaciones se publicarán a lo largo de esta primera semana de septiembre, muestran, claramente, el camino de la contracción económica, con el PMI compuesto de Alemania en 44,7 puntos; el de Francia en 46,6 puntos; Italia en 48,9 puntos; Reino Unido en 47,9 puntos; Estados Unidos ligeramente en expansión, con 50,4 puntos, pero descendiendo; idéntica situación en China, con 51,3 puntos, pero descendente respecto a los meses previos; y España, en la misma tónica, con 51,7 puntos, descendiendo desde los 52,6 del mes anterior, con el PMI de servicios en 52,80, disminuyendo desde 53,40, y el PMI manufacturero en claro retroceso, con 46,50 puntos.

Todo ello, resultados volátiles y que no terminan de consolidar una tendencia, envueltos en mucha incertidumbre marcada por diversas perturbaciones, desde la guerra de Ucrania hasta la crisis bancaria de los meses anteriores, pasando por una crisis de suministro sin resolver definitivamente y con una inflación que no cede. La política monetaria restrictiva endurece la financiación e incide negativamente en el crecimiento, pero es necesaria para poder embridar los precios, que de momento no está consiguiendo.

Banqueros centrales

En la reunión de Jackson Hole, los banqueros centrales, principalmente la Reserva Federal y el BCE, insistieron en la necesidad de luchar contra la inflación, empleando, para ello, el mantenimiento de una política monetaria restrictiva. Efectivamente, es necesario hacerlo, pero siguen sin reconocer dos cosas: la primera, que dejaron pasar un tiempo precioso negando la existencia de una inflación persistente; la segunda, que siguen sin aceptar que la inflación, en último término, es en exclusiva un fenómeno monetario, y que si hay incremento de costes y precios por el lado de la demanda se debe a la inundación de liquidez que ha habido, que alimenta esas tensiones.

Si con esa gran cantidad de dinero circulando se sigue aumentando el gasto público por parte de los gobiernos, se impedirá la transmisión adecuada de la política monetaria y habrá de mantenerse más tiempo y de forma más agresiva, impactando más negativamente en la economía.

Aunque su economía todavía muestra signos de pujanza, no es descartable que Estados Unidos pueda entrar en recesión a final de año. Con Alemania ya en recesión, con Reino Unido bordeándola, y con el conjunto de países de la eurozona en estancamiento, las perspectivas no son halagüeñas, especialmente para la economía española. ¿Por qué? Porque nuestra economía se ha mantenido más dinámica por tres factores: el primero, efecto base que provoca otro efecto rebote, al venir de niveles de caída del PIB más acusados. El segundo, por el ingente gasto público que ha mantenido el crecimiento de manera artificial. El tercero, por el sector exterior.

Sin embargo, el efecto base ya pasa, el gasto público habrá de reducirse, pues en 2024 retorna el cumplimiento de las reglas fiscales y habrá que realizar severos ajustes –y si el Gobierno sube los impuestos será peor, pues perjudicará a la actividad económica en mayor medida– y el sector exterior ya se está debilitando, tanto nuestras exportaciones como el turismo que se pueda recibir, ante la caída de renta disponible en nuestros principales socios comerciales y emisores de turistas.

Expectativas

Ese deterioro económico nacional se percibe en los distintos indicadores que se publican, especialmente los relativos al comercio, al sector servicios en general y a la industria, donde el empeoramiento de expectativas se pone de manifiesto, con caída de la confianza empresarial.

Mientras, el empobrecimiento de la población en España continúa, con una intensa pérdida de poder adquisitivo, debido a un aumento de más de un 16% de la inflación en el último quinquenio –un 14% la subyacente en el mismo período– y elevada subida de productos básicos, como la leche, que en un año ha podido incrementarse en precio de mercado en cerca de un 60%; el aceite, que camina hacia los diez euros el litro; el azúcar, con más de un 50%; o la carne y el pescado, con crecimientos también a doble dígito. Junto con ello, el nivel de ahorro acumulado por los hogares durante la pandemia se ha agotado, al emplearse para compensar el incremento de precios; los tipos de interés de las hipotecas variables suben la cuota mensual de las familias entre 200 y 600 euros; la financiación de las empresas se estrangula; y el sector público se queda sin margen contracíclico al situarse la deuda casi en 1,6 billones de euros y encarecerse su financiación.

Todo ello, con un mercado laboral que, más allá de espejismos, no genera realmente empleo, sino que lo reparte. Comienza ya a verse el artificio de la contratación indefinida, que cae a plomo, al empezar a comparar con meses del año pasado en los que ya se aplicaba la nueva normativa que obligaba a convertir los temporales en indefinidos fijos-discontinuos. Poco bien le haría un aumento salarial elevado, que puede provocar una espiral precios-salarios y un mayor empobrecimiento de la población, incremento que flota en el aire. Inflación, crecimiento económico productivo débil, apoyado en el gasto público, que habrá de reducirse en cuanto retornen las reglas fiscales en 2024, mercado laboral que reparte el empleo, pero que no lo crea, y una inflación resistente a la baja, dibujan un panorama incierto, que puede llevarnos a un escenario de estanflación, a lo que se añade la inseguridad jurídica por intromisión en decisiones empresariales y empeoramiento de un mercado tan importante como el del alquiler con la nociva ley de vivienda.

Incertidumbre política

Todo ello, en un contexto de incertidumbre política, donde el miedo a un incremento del extremismo populista en las decisiones gubernamentales si se repite el modelo de la anterior legislatura, puede impactar más negativamente todavía en la economía.

Por eso, es imprescindible acometer un programa de reformas profundas, que reduzcan el gasto público, que aligeren los impuestos netos, especialmente los directos, que eliminen las trabas a las empresas, sin interferir en sus decisiones, que impulsen una política energética eficiente, sin renunciar a la energía nuclear ni al gas a través del fracking, y que dote de certidumbre y seguridad jurídica a la economía. Es esencial hacerlo cuanto antes para impulsar el crecimiento potencial de la economía española y corregir los graves desequilibrios estructurales creados y acentuados en los últimos años.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 11 de Agosto.

Esta semana el miedo y los titulares se centran en la entrada en deflación de China, la inflación de julio que conocimos esta semana cayó un -0,3% interanual desde el 0.0% anterior (-0,4% estimado), mientras que los precios de producción descendieron un -4,4%, desde el –5.4% de junio, lo que supuso una caída mayor de la esperada por el consenso (-4,0% estimado). El mercado espera que la serie concatenada de malos datos de actividad y precios obliguen al Gobierno chino a agilizar las medidas de estímulo prometidas. Ayer Country Garden, uno de los promotores inmobiliarios más grandes de China, anunció un profit warning con una pérdida estimada de 7.600 millones de dólares para los primeros 6 meses del año. En este sentido, afirma que la entidad se está preparando para la reestructuración y que ha contratado asesor.

                                                           China CPI YoY.

También esta semana ha sido noticia el mercado de energía, con el precio de los contratos de gas natural TTF, de referencia en Europa, llegando a alcanzar una subida del 40% el miércoles y sobrepasando por primera vez desde junio los 40 euros MWh. Entre los motivos de esta subida, se encuentran los temores a un menor suministro durante la segunda mitad del año, principalmente por menor producción en Noruega por labores de mantenimiento, menor GNL disponible en Estados Unidos y huelgas en instalaciones de Chevron y Woodside.

                                            Precio TTF Natural Gas Genérico últimos 6 meses.

La semana pasada lo más importante fue el informe de empleo de Estados Unidos del viernes, que dio señales mixtas, la creación de empleo se mantuvo bastante estable en julio, con 187.000 nóminas no agrícolas mostrando un ligero incremento frente al dato revisado de junio, pero preocupa más la evolución de los salarios (+4,4% interanual), por encima de lo esperado y del 4% que lleva a miembros de la Fed como Bowman a anunciar que cree necesarias nuevas subidas de tipos, posición que podría ser ya minoritaria en el seno de la Fed.

Esta semana me llegaba un gráfico desde Columbia Threadneedle sobre las razones por las que la semana pasada Fitch rebajó el rating de Estados Unidos, Fitch señaló el triple golpe del aumento de las tasas de interés, la falta de un marco fiscal de mediano plazo y el envejecimiento de la sociedad. El nivel de deuda del gobierno general en relación con el PIB para 2023 ahora ha alcanzado el 113%, muy por encima de la mediana AAA del 39% para las calificaciones de Fitch. Fitch argumentó que Estados Unidos continúa beneficiándose de una economía grande, bien diversificada y de altos ingresos, así como del estatus del dólar estadounidense como moneda de reserva preeminente. Moody’s ahora sigue siendo la única agencia de calificación crediticia que continúa otorgando a Estados Unidos su calificación máxima de Aaa.

Desde el punto de vista del análisis técnico de la Bolsa, el S&P 500 y el Nasdaq 100 han subido durante 5 meses consecutivos, lo que históricamente ha venido acompañado de subidas adicionales del 12% para el S&P 500 en los siguientes 12 meses y del 32% en el caso del Nasdaq.

Importante esta semana:

Ayer en Estados Unidos se publicaron los datos relativos al IPC de julio que rompe la racha bajista de 12 meses consecutivos de caídas, desde el máximo de 9,1%. En primer lugar, la tasa interanual general experimentó un ligero repunte frente al mes anterior, aunque inferior a la cifra esperada (+3,2% frente al +3,0% anterior y +3,3% esperado por los analistas), mientras que el IPC subyacente experimentaba una mínima caída (4,7% frente al +4,8% esperado y anterior).

El martes se publicó en China la balanza comercial, donde se puso de manifiesto que las importaciones y exportaciones de julio cayeron más rápido de lo previsto, al mayor ritmo desde la pandemia, poniendo en riesgo las perspectivas de crecimiento y aumentando la presión para que el Gobierno concrete los estímulos para apuntar la demanda. El comercio de China se desplomó en julio debido a la desaceleración de la demanda global, lo que afectó las perspectivas de las exportaciones, mientras que las presiones internas repercutieron en las importaciones, impactando así en la recuperación económica. Los envíos al extranjero disminuyeron un 14.5% en términos de dólares el mes pasado en comparación con el año anterior, la peor caída desde febrero de 2020. Por su parte, las importaciones se contrajeron un 12.4%. Esto resultó en un superávit comercial de 80,6 mil millones de dólares para el mes. Las cifras de exportación e importación fueron peores de lo esperado según lo que los economistas encuestados por Bloomberg habían previsto.

En Estados Unidos Moody´s rebajó el rating a diez pequeñas y medianas entidades bancarias americanas mientras que ha colocado en revisión, de cara a un posible recorte de la nota de solvencia de la deuda, a otras seis entidades de mayor tamaño. En la nota de análisis Moody´s subraya que los bancos del país siguen batallando contra los riesgos asociados a tipos de interés y la gestión de balances, con impacto más o menos favorable en las condiciones de liquidez y ratios de capital de dichas entidades. Moody´s también subraya cómo el incremento de los costes de financiación y las menores métricas de ingresos perjudicarán las rentabilidades de los bancos. Por último, constata el cambio de tendencia hacia menores préstamos con vistas a preservar capital, hecho que a la vez ralentiza el cambio de los balances hace activos de mayor rendimiento.     

Biden ha anunciado esta semana que el gobierno americano impondrá límites a las inversiones estadounidenses en algunas empresas chinas de semiconductores, computación cuántica e inteligencia artificial. Se trata de medidas que se han conseguido aprobar después de dos años de deliberaciones al respecto. En este sentido, China dice que la orden «perturba seriamente la seguridad de las cadenas industriales y de suministros globales» y que «se reserva el derecho» de responder.

En la zona euro, el consumo minorista siguió débil, en junio las ventas minoristas cayeron un -0,3% mensual, lo que sigue manteniendo en contracción el dato interanual que ese mes fue del -1,4% frente al -2,4% anterior.

El BCE avisaba ayer del deterioro económico en la zona euro por el pinchazo de la demanda.

Tras mostrar el PIB un crecimiento nulo en el primer trimestre del año y repuntar un 0,3% en el segundo, la economía de la eurozona se adentra de nuevo en territorio peligroso, con un horizonte inmediato que, según el Banco Central Europeo en su último boletín económico, no es precisamente halagüeño. La autoridad monetaria alertó ayer de que “las perspectivas a corto plazo de la actividad económica en la zona del euro se han deteriorado, debido principalmente a la mayor debilidad de la demanda interna”. El BCE admite que el actual enfriamiento económico, que parece haber cogido impulso en el arranque del tercer trimestre, es en parte autoinducido, fruto del “endurecimiento de las condiciones de financiación” para combatir la escalada inflacionista, elevando los tipos de interés oficiales hasta el 4,25%, una cota inédita es dos décadas, lo que ha provocado un frenazo en el gasto de las familias y un efecto dominó en los diferentes eslabones de la cadena económica. Así, el pinchazo de la demanda ha comenzado a impactar con fuerza en la producción industrial, donde a los achaques del consumo doméstico se añade “la debilidad de la demanda externa”, en un escenario internacional marcado por la persistencia de la guerra en Ucrania, que este mes cumplirá año y medio, y el “aumento de las tensiones geopolíticas generales, que podrían fragmentar el comercio mundial y lastrar, por tanto, la economía de la zona del euro”. En el marco de ese horizonte encapotado que preludia el BCE, el sector servicios ha mostrado hasta ahora “una mayor capacidad de resistencia”, gracias sobre todo al turismo, pero la institución avisa de que también está perdiendo fuelle: “El dinamismo de los servicios se está ralentizando”, señala el informe.

Las advertencias de la autoridad monetaria están en línea con los índices PMI más recientes, uno de los termómetros más fiables del estado de salud de la actividad privada, y que a principios de agosto anticiparon que la economía de la eurozona habría entrado en contracción ya en julio por efecto del frenazo del sector manufacturero y la pérdida de gas de los servicios. “Después de estancarse en junio, la economía de la zona euro comenzó el tercer trimestre con la contracción más rápida de la actividad total desde noviembre del año pasado”, señaló S&P Global el pasado 3 de agosto, alertando de “una desaceleración cada vez más profunda del sector manufacturero y un estancamiento casi total de la actividad en el sector servicios”.

En este contexto de creciente anemia de la actividad económica, el BCE resalta los “signos de debilidad” que muestran la inversión residencial y empresarial, ambas golpeadas por el fuerte encarecimiento de los costes de financiación (hasta el punto de que la compra de vivienda ha perdido atractivo como inversión entre los consumidores del bloque) y vitales para espolear el crecimiento y el empleo, que de momento se muestra resiliente, con una tasa de paro que se encuentra en mínimos históricos (6,4%), pero cuyos “indicadores prospectivos sugieren que esta tendencia podría ralentizarse en los próximos meses y tornarse negativa para las manufacturas”, alerta la autoridad monetaria.

El BCE reclama a los gobiernos europeos la retirada, con rapidez y de manera coordinada, de las medidas desplegadas por la guerra en Ucrania y la crisis inflacionista según se disipe la tormenta energética, con el fin de evitar la retroalimentación de las subidas de precios. Y aunque reconoce que “el impacto creciente del endurecimiento de las condiciones de financiación” puede lastrar la actividad económica, avisa de que la inflación, pese a la tendencia a la moderación mostrada en los últimos meses (se situó en el 5,3% interanual en julio), sigue siendo el gran enemigo a batir. “La inflación continúa disminuyendo, pero aún se espera que siga siendo demasiado alta durante demasiado tiempo”, señala el documento, en el que la institución anticipa que “las decisiones futuras del Consejo de Gobierno asegurarán que los tipos de interés oficiales del BCE se fijen en niveles suficientemente restrictivos durante el tiempo necesario para lograr que la inflación vuelva a situarse pronto en el objetivo del 2% a medio plazo”. Son frases que preludian nuevas subidas de tipos.

En Alemania se publicaron los datos de actividad del sector industrial, que decepcionaron. En junio la producción industrial alemana se contrajo un -1,5% mensual, un fuerte retroceso que sitúa ahora en contracción la actividad del sector en términos interanuales, que retrocedió un -1,7%, su mayor caída desde enero. El martes también conocimos el dato final de inflación de julio que confirmó la moderación de dos décimas del crecimiento del IPC hasta un avance del +6,2% interanual.

En España, tuvimos un fuerte retroceso de la producción industrial, en junio la actividad del sector se contrajo un -1% mensual, lo que intensifica la caída de la actividad que en términos interanuales retrocedió un -3%, su mayor caída desde 2020. Este descenso se explicó principalmente por la mayor caída de la producción de energía (-9,8%), pero también de los bienes intermedios (-4,8%) y de los bienes duraderos (-5,3%) ambos más ligados a la inversión.

El Banco de España alertaba este miércoles de un frenazo en las exportaciones en España. El comercio exterior español se ha convertido en una de las mejores noticias económicas de los últimos meses. Venimos de un 2022 de récord de exportaciones, una plusmarca algo dopada por los efectos de la inflación, pero en una clara dinámica positiva. Pero esta buena racha puede tocar a su fin. Ayer, el Banco de España dio la voz de alarma a este respecto a través de un informe en el que afirma la existencia de una “elevada incertidumbre” en el futuro cercano del comercio exterior, algo que ahondaría en un inicio de 2023 en el que “las exportaciones de bienes se han debilitado, lastradas por la desaceleración de los mercados de exportación”. El informe señala, de esta forma, que dicha incertidumbre viene de la mano de “la evolución de las tensiones geopolíticas y su impacto sobre los mercados de materias primas, tanto energéticas como no energéticas”. Porque, aunque, como también reconoce el texto, la moderación de las fuertes subidas de precios energéticos y la disolución de los cuellos de botella pueden traducirse en nuevos vientos de cola para el sector exterior español, lo cierto es que llega un fuerte viento de cara: “Cabe esperar que el endurecimiento generalizado a escala global de las condiciones financieras limite el vigor de las exportaciones españolas, al menos a través del canal del tipo de cambio, que constituye uno a través de los cuales opera la transmisión de la política monetaria”. El informe asegura, además, que el sector automovilístico, uno de los referentes del sector exterior español, puede ser uno de los que más sufra en los próximos años. “Las incertidumbres también afectan a la capacidad de crecimiento de las exportaciones de automóviles, cuya consolidación a medio plazo requiere una mayor especialización en la producción de vehículos eléctricos”, indica. En este sentido, el país sufrió un importante revés hace escasamente un mes, cuando el gigante indio Tata descartó España para situar una planta de baterías para vehículos eléctricos. El texto del Banco de España va más allá y asegura que “resulta necesario un diseño adecuado de los Perte relativos al transporte y a la transición energética, que permita que dichas inversiones puedan constituir una palanca de impulso de la capacidad competitiva de esta industria en nuestro país”. Cabe recordar que el pasado año las exportaciones crecieron un 22,9% con respecto a 2021, para llegar a un máximo histórico de 389.000 millones de euros. Pero lo cierto es que la mayor parte de este crecimiento se debió al efecto precio, puesto que la subida en volumen fue mucho menor. El sector del automóvil, concretamente, aportó un 11,5% del total del peso exportador español, es decir, casi 45.000 millones. Los datos de venta son aún mejores en el arranque de este año: entre enero y mayo las exportaciones han aumentado un 13,6% con respecto al mismo periodo de 2022.

Feliz verano!!

Comentario de mercado 4 de Agosto del 2023.

Este lunes terminó un mes de julio muy positivo para casi todas las bolsas, donde el S&P 500 subió un +3,1%, el Euro STOXX rozó el +2,0% y el Ibex un +0,51%. El mes de agosto ha comenzado con correcciones, que tienen mucho sentido si tenemos en cuenta que las bolsas en Estados Unidos, como digo, cerraban julio con ganancias y en máximos de los últimos 16 meses, y después de la inesperada rebaja de rating que ha sufrido esta semana Estados Unidos por parte de la agencia de calificación crediticia Fitch, rebaja justificada por el deterioro fiscal esperado durante los próximos tres años y la erosión de la gobernabilidad. Este hecho ha llevado, además a caídas de Bolsa, a que el Bono a 10 años americano se haya ido a una rentabilidad del 4,19%, nivel que no veíamos desde Noviembre del 2022.

Rentabilidad del bono a 10 años americano últimos 12 meses.

En 2011, cuando también se produjo un retraso en la aprobación del techo de deuda por el Congreso americano, la agencia de rating S&P Global Rating rebajó el rating de Estados Unidos de AAA a AA+, como ha hecho Fitch esta semana, durante el mes siguiente a esa rebaja de rating el S&P 500 cayó un 10%, la deuda corporativa high yield cayó con fuerza, su rentabilidad subió 156 puntos básicos y los diferenciales de la deuda corporativa se incrementaron en 42 puntos básicos.

                Persistent Market Volatility Followed 2011 Downgrade by S&P.

Aunque la situación ahora es diferente, la tasa de paro estaba en Estados Unidos en el 9% en 2011 frente al 3,4% actual, la eurozona estaba en una profunda crisis de deuda…

Los mercados de materias primas también han tenido un gran mes de Julio, hemos visto subidas del petróleo, los metales y la agricultura en general. El precio del petróleo Brent ha subido un 11,92%.  El impulso del precio de las materias primas ha venido principalmente por los buenos datos del PIB de Estados Unidos que apoyan el argumento de un “aterrizaje suave” de la economía ante las subidas de tipos de interés. Además el hecho de que en el último trimestre el dólar haya estado más débil también ha ayudado a ese repunte de precios.

Un gráfico que esta semana me ha llamado la atención es la divergencia del comportamiento entre el bono a 30 años americano y el S&P 500, divergencia que sólo se dio en el 2000…

Mientras en Estados Unidos el 74% de las compañías están batiendo expectativas en la temporada de resultados de este segundo trimestre del 2023, con un crecimiento de beneficios agregado un +6.2% mejor de lo esperado, en Europa sólo el 52% ha batido expectativas y la caída agregada de beneficios es un -2% peor de lo esperado. Así, mientras Estados Unidos ha pasado ya su recesión de beneficios, Europa está empezándola. Ayer publicaron resultados Amazon y Apple, buenos resultados los de Amazon, tras publicar cifras de ingresos (+11%) y beneficios por encima de lo previsto, en contraste a las cifras de Apple, la cual y pese a publicar un +3% en su beneficio presentó caída de ingresos por tercer trimestre consecutivo y avisa de que volverá a suceder en el cuarto trimestre. En After Hours las acciones de Apple se dejan un -2% mientras que Amazon rebota un +9%.

Importante esta semana:

En Estados Unidos, el ISM manufacturero de julio, aumentó ligeramente al pasar de 46,0 a 46,4 (por debajo del 46,9 estimado) aunque manteniéndose en terreno de contracción de la actividad por noveno mes consecutivo, lo que pone de manifiesto la débil demanda de productos manufactureros estadounidenses tanto dentro como fuera del país. De esta forma, la debilidad generalizada del sector ha obligado a las fábricas a reducir su plantilla por lo que el componente de empleo cayó hasta 44,4, lo que supone la lectura más baja desde julio de 2020. Por otra parte, como decía al comienzo del email, Fitch rebajó este miércoles la calificación crediticia de Estados Unidos desde AAA hasta AA+/estable como consecuencia de las importantes batallas políticas relativas el endeudamiento del país además de los repetidos enfrentamientos sobre el techo de deuda, que sigue siendo una preocupación potencial de cara a futuro, lo que incita a los inversores a estar alerta ante una mayor volatilidad del mercado de bonos soberanos americanos. El origen de la rebaja de rating de Estados Unidos se remonta a mayo cuando Fitch había puesto una observación negativa a la deuda norteamericana en medio de las negociaciones sobre el techo de la deuda. La secretaria del Tesoro Janet Yellen, por su parte, emitió el martes un duro comunicado frente a la decisión de la calificadora señalando que se trataba de una decisión arbitraria basada en datos desactualizados. Además, resaltó el buen momento que atraviesa la economía del país con un desempleo cercano a los mínimos históricos, una inflación que ha caído significativamente y el buen dato del PIB anunciado la semana pasada. 

                Evolución del bono a 10 años estadounidense en 2023.

También en Estados Unidos el miércoles se publicó el informe de empleo ADP para el mes de julio, que ha pronosticado la creación de 324.000 empleos privados. Dato que da que pensar al mercado en posibles nuevas subidas de tipos, a la espera del informe mensual de hoy correspondiente a julio y para el que se espera una moderación en el ritmo de creación de empleo, hasta niveles de 184.000 nuevos puestos de trabajo frente a los 209.000 creados en junio.

En Europa el lunes conocimos el PIB de la Eurozona, que subió un 0,30%. La eurozona esquivó finalmente la recesión técnica en el primer trimestre del año y ganó algo de tracción en el segundo. Así lo corroboró ayer Eurostat tras revisar los datos avanzados previamente. El PIB del bloque de la moneda única no se contrajo entre enero y marzo, como reflejaron en su día los cálculos iniciales, sino que se estancó (0,0%), mientras que la actividad logró remontar el vuelo en el segundo trimestre, creciendo un 0,3% intertrimestral, según adelantó ayer la oficina estadística comunitaria. Ambos datos alejan de nuevo el fantasma de la recesión técnica en el Viejo Continente que, no obstante, sigue inmerso en un proceso de desaceleración, con tasas de crecimiento interanual cada vez menores. Así, el PIB de la zona euro repuntó un 0,6% en tasa interanual en el segundo trimestre del año, frente al 1,1% que creció en el primero, el 1,8% que lo hizo en el último cuarto de 2022, o el 2,4% registrado en el tercer trimestre de ese año. Ese frenazo queda aún más patente en el PIB del conjunto de la UE, que entre abril y junio se atascó en tasa trimestral (0,0%) y aminoró al 0,5% el crecimiento interanual, menos de la mitad que en el trimestre anterior (1,1%).

Todo ello en un contexto en el que si bien la burbuja inflacionista sigue desinflándose a golpe de subida de los tipos de interés, el IPC subyacente, que muestra el componente más estructural de la subida de precios, se resiste a ceder. De acuerdo con los datos de Eurostat, publicados también esta semana, la inflación general moderó su avance hasta el 5,3% en julio, dos décimas menos que el mes anterior y su cota más baja desde enero de 2022, pero la tasa subyacente sigue enrocada en niveles muy elevados, el 5,5% excluyendo la energía, los alimentos, el alcohol y el tabaco, lo que evidencia que la amenaza inflacionaria no ha sido aún doblegada. De hecho, el BCE elevó los tipos de interés hasta el 4,25% la semana pasada y aunque su presidenta, Christine Lagarde, abrió la puerta a una tregua en septiembre en el proceso de encarecimiento del precio oficial del dinero ante los progresos que “estamos haciendo”, advirtió de que la caída registrada en el IPC todavía “no es suficiente” y de que “aún no podemos cantar victoria”. Ello sin olvidar que esa lenta moderación de los precios es fruto, en buena medida, del propio enfriamiento económico.

Con este telón de fondo, la zona euro pugna por alejarse de la delgada línea roja que marca la frontera entre el crecimiento y la contracción.

Irlanda lideró en esta ocasión las subidas, con un crecimiento trimestral del 3,3% entre abril y junio frente a la caída del 2,8% registrada en el primer trimestre, seguida de Lituania, con un 2,8%, Francia, con un 0,5%, y España, con un 0,4%. Al otro lado de la balanza, Italia se contrajo un 0,3%. Y no fue la única que se movió en territorio negativo. El PIB de Letonia menguó un 0,6% y el de Austria un 0,4%. Alemania logró esquivar el signo negativo de los dos trimestre previos y cerrar el segundo trimestre estancada (0,0%). Pese a su aparente salida de la recesión técnica, su debilidad sigue siendo motivo de preocupación para el resto de la UE, sobre todo teniendo en cuenta que Alemania representa alrededor del 20% del PIB de todo el bloque comunitario.

Empezamos la semana con la publicación el lunes de unos PMI’s en China peores de lo esperado. Así, la referencia composite se siguió desacelerando al pasar de 52,3 a 51,1 en julio, poniendo de manifiesto una demanda que sigue contrayéndose, aunque a un ritmo menor. Así, los nuevos pedidos se situaron en los 49,5 puntos desde 48,6 anterior, aunque todavía por debajo de los 50, con unas exportaciones en profundo terreno de contracción (46,3). Por sectores, la referencia manufacturera, a pesar de mejorar ligeramente respecto al dato anterior (pasa de 49,0 a 49,3 frente al 48,9 estimado), sigue manteniéndose por debajo de los 50 puntos por cuarto mes consecutivo. Por su parte, la referencia no manufacturera, compuesta por servicios y construcción, cae de 53,2 a 51,5 (53,0 esperado). En este sentido, la construcción cayó con fuerza desde 55,7 a 51,2 como consecuencia de la fuerte reducción de la inversión inmobiliaria. Así, es de esperar que el Gobierno implemente planes de estímulo en las próximas semanas, tal y como se concluyó en la reunión de la semana pasada del Comité Central del Partido Comunista, donde se prometieron medidas “anticíclicas” para apoyar la demanda, con el fin de impulsar el crecimiento de cara a la segunda mitad del año.

Lagarde reiteró en una entrevista este lunes, que, en septiembre, podría haber «una nueva subida o tal vez una pausa» y que una pausa no tendría que ser necesariamente definitiva.

Los test de estrés a la banca europea elaborados por la EBA, ponen de manifiesto que los bancos siguen siendo «resistentes gracias a la mejora de la calidad de los activos y los mayores resultados», podrían soportar un escenario adverso caracterizado por una fuerte recesión económica, manteniendo una ratio CET1 media del 10,4%, lo que supondría un descenso de –459 pb. Tan sólo 3 bancos estarían por debajo del umbral exigido a cada entidad en el marco del SREP (Proceso de Revisión y Evaluación Supervisora)

En Alemania ayer se publicó un excelente dato de pedidos de fábrica, al rebotar un 7% frente a mayo frente al -2% intermensual esperado, en un movimiento no visto en los últimos tres años y que apunta, de salir nuevos datos en esta dirección, a una recesión muy moderada en la primera economía europea.

El Banco Central de Japón sorprendió a finales de la semana pasada flexibilizando su control de la curva del bono soberano. Tras varios meses de una política monetaria extremadamente laxa, el Banco Central de Japón ha dado un giro a su control de la curva al anunciar que comenzaría a comprar deuda si la rentabilidad del bono a 10 años alcanza el 1%. Posterior a este anuncio, la rentabilidad el bono a 10 años se disparó el viernes pasando del 0,44% a un 0,58%, subida que continuó durante el lunes alcanzando niveles del 0,61%. Ante esta rápida escalada, la autoridad monetaria anunció hoy un nuevo plan de recompra de bonos.

En Reino Unido el Banco de Inglaterra subió ayer los tipos de interés 25 puntos básicos, como se esperaba, hasta el 5,25%, nivel más alto de los últimos 15 años. Por primera vez, la Autoridad Monetaria califica su política monetaria como restrictiva. Por lo tanto, es de esperar que el tipo de llegada no esté demasiado lejos, incluso a pesar de que el BoE haya vuelto a asegurar que estará listo para nuevas acciones si es necesario. Por otra parte, en una entrevista, el Presidente de la Autoridad Monetaria, Bailey, dijo que es «demasiado pronto» para apostar por recortes, ya que la «última milla» de la batalla contra la inflación llevará tiempo. En este sentido, el Banco de Inglaterra no espera que la inflación caiga al objetivo del 2% hasta mediados de 2025.


¿Por qué siguen subiendo los tipos de interés? Manuel Hinds. Fellow de The Institute for Applied Economics, Global Health, and the Study of Business Enterprise de Johns Hopkins University. Premio Hayek del Manhattan Institute de 2010.

El miércoles 26 de julio la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, subió nuevamente la tasa de interés al nivel más alto en 22 años, entre el 5,25% y el 5,50% anual. Esto lo hizo a pesar de que la tasa de inflación, medida por el índice de precios al consumidor, ha bajado. Mucha gente no comprende por qué la Fed sigue subiendo los tipos sabiendo que hacerlo va a restringir el crédito para las empresas y esto va a llevar a menos crecimiento en la producción y, aún más, puede llevar a una recesión. Los aumentos pasados de las tasas de interés han bajado la inflación del 8,9% en junio de 2022 al 3,1% en junio de 2023. ¿Por qué no dejar que esos aumentos anteriores sigan bajando la inflación sin aumentar más los tipos? En unos meses se alcanzaría la meta del 2% de inflación. ¿O no? Hay muchas razones por las que uno puede pensar que no.

La medida de la inflación

Para los propósitos de la Fed, hay dos tipos de productos: los que cambian muy frecuentemente sus precios, y los que los cambian con menos frecuencia. La idea es que los primeros cambian tan frecuentemente porque es muy fácil cambiarlos para las empresas. Hacerlo no conlleva costes de largo plazo que afectan las operaciones futuras. Así, por ejemplo, para los que venden comida y energía, es muy fácil cambiar los precios para arriba o para abajo en respuesta a cambios semanales o aun diarios. Si los cambios que llevaron a un aumento el día de hoy se revierten mañana, mañana mismo bajan los precios o al revés. En cambio, subir los salarios es una decisión de muy largo plazo, que afecta las operaciones de la empresa de aquí en adelante, lo mismo que cambiar los alquileres, o las tasas fijas de interés de los bancos.

La Fed toma en cuenta primordialmente los precios que cambian poco frecuentemente porque estos reflejan más las tendencias inflacionarias en la economía. Si estos precios están subiendo es porque hay presiones de largo plazo para subirlos, presiones tan fuertes que vencen la natural resistencia de las empresas a aumentar sus costes de una manera permanente, pagando, por ejemplo, salarios más altos. La diferencia entre las dos inflaciones la puede ver usted en las siguientes cifras. La inflación de los titulares de los periódicos, que miden la inflación total, fue del 3,1% en junio de 2023, mucho más baja que la de hace un año, que fue de 8,9%, pero si usted le quita la comida y la energía fue del 5,6%, apenas un punto menos que en enero de 2023 y dos décimas más alta que en junio de 2022. La meta es bajarla al 2%. A este ritmo, la Fed alcanzaría su meta en tres años en el mejor de los casos, o se alejaría cada vez más de ella en el peor de ellos.

La Fed no es la única que crea dinero

Los bancos comerciales, tomados en conjunto, también crean dinero. La Fed crea dinero de dos formas: emitiendo efectivo y depositando saldos en las cuentas que los bancos comerciales tienen en la propia institución. Este dinero, los bancos lo multiplican. ¿Cómo? Suponga usted que la Fed deposita 100 dólares en el Banco A. Esta entidad los presta a una constructora, que los deposita en el Banco B. Éste deposita, digamos, el 10% en la Fed como reserva de liquidez, y presta 90 dólares a una fábrica de coches, que los deposita en el Banco C… y así sucesivamente. Puede verse que de los 100 dólares originales se van creando nuevos dólares en una progresión creada por los bancos.

Los bancos no necesariamente prestan el dinero que la Fed les entrega. Lo pueden depositar de nuevo en la propia Reserva Federal. Al hacerlo, interrumpen la multiplicación del dinero, pero solo temporalmente. Si la Fed no crea nuevo dinero, ellos pueden obtener fondos de esos depósitos. Y así crear nuevo dinero aunque la Reserva Federal no lo esté haciendo, multiplicando el que el banco central ya había creado pero que los bancos no habían usado porque lo tenían depositado. Es decir, los bancos, al retirar sus depósitos en la Fed para dar crédito, pueden multiplicar dinero que la institución ya había creado.

La causa por la que los bancos multiplican el dinero creado por la Fed está determinada por muchos factores. Llegó a ser de más de diez veces en los años 60; hoy es de 3,7 veces. Puede aumentar fácilmente varias veces. Lo tiende a hacer cuando la inflación sube. Si los precios suben y los bancos usan sus depósitos en la Fed para multiplicar sus créditos cada vez es más fácil entrar en una progresión geométrica en la cantidad de dinero y la inflación. Ese es el riesgo que la Fed debe evitar.

En la orgía de creación de dinero en la que entró la Reserva Federal después de la crisis de 2008, y luego durante la crisis del Covid-19, llegó un momento en que los bancos no hallaban donde colocar ese dinero y depositaron gran parte de éste de nuevo en la Fed. Debido a eso, el dinero en circulación no aumentó tan rápidamente como aumentaba el dinero creado por la Reserva Federal. Pero se acumulaba una bomba de tiempo porque los bancos ahora pueden seguir dando crédito aunque la Fed no quiera que lo hagan.

Disminuyendo la oferta de base monetaria, los bancos reducen sus depósitos en la Fed, lo que les permite seguir financiando nuevos créditos aunque el banco central estadounidense quisiera en realidad que los disminuyeran para bajar la inflación. Ese es el motivo por el que no baja la inflación de los precios que no cambian frecuentemente. Las empresas siguen subiendo salarios y aumentando precios que suben los costes a largo plazo.

La paradoja

Por eso es también que la economía sigue robusta con bajo desempleo y la población sigue exhibiendo mucho poder de compra, creando más presiones inflacionarias. Estas circunstancias crean una situación paradójica: la opinión pública cree que el hecho de que las ventas sigan fuertes y que el desempleo no aumente, aunque la Fed esté aplicando medidas que constriñen el crédito, son buenas noticias que empujarán a la Reserva Federal a cantar victoria y a comenzar a bajar las tasas de interés. La gente no se da cuenta de que para la Fed estas son malas noticias, porque el desempleo no aumenta porque la demanda de bienes y servicios sigue siendo más fuerte que la oferta y sigue presionando la inflación de los precios igual que hace un año. Que la demanda siga tan fuerte es un indicador de fracaso para la Reserva Federal porque indica que no ha sido capaz de quebrarle la espina dorsal a la inflación.

Las reservas no están uniformemente distribuidas

La Fed podría subir las reservas obligatorias a los bancos, quitándoles la capacidad de multiplicar dinero usando estos depósitos. Seguirían siendo de los bancos, pero no podrían dar crédito con ellos. Pero el problema es que no todos los bancos tienen estas reservas. Algunas entidades podrían quebrar si la Fed esteriliza estas reservas. Si el Banco A, por ejemplo, tiene un 10% de sus depósitos de los ciudadanos en la Fed y ésta le obliga a depositar el 30%, y la entidad ha prestado todo el dinero que tiene, ese banco no podría cumplir con la exigencia de la Fed y quebraría. Para evitar que quiebre, la Fed le prestaría el dinero necesario, con lo cual crearía otra vez más dinero y aumentaría la inflación.

Cuidado con no quebrar los bancos y las empresas

La Fed podría también subir los tipos mucho más rápido para que el crédito cayera más rápido, pero entonces podría dejar a muchas empresas en situación de impago, lo que afectaría a los bancos, que podrían quebrar. Para evitarlo, tendría que prestarles dinero, lo cual sería, otra vez, crear más dinero.

El nivel de precios que equilibraría al mercado si los bancos usaran todos sus depósitos para dar crédito es mucho más alto que el que existe ahora. En estas circunstancias, parece que lo más que puede lograr la Fed es retrasar el aumento de los precios hasta llegar a ese nivel y que de allí en adelante no suba más que al 2%. Esto indicaría que la inflación será larga. Y si no se controla la demanda, esto puede convertirse en un círculo vicioso, con tasas cada vez más altas de inflación. Y con tasas de inflación cada vez más altas y políticas cada vez más restrictivas de la Fed, la probabilidad de que el proceso culmine en una depresión aumenta rápidamente.

Los que creen que mantener este equilibrio entre acotar el crédito lo suficiente como para que baje la inflación pero no tanto como para que los bancos quiebren es una tarea fácil viven en el mundo de Alicia en el país de las maravillas. El punto en el que se da ese equilibrio puede no existir.

Otros problemas

Hay otros problemas que vuelven más difíciles las preocupaciones de la Fed. Por ejemplo, el Covid-19 contrajo la oferta de muchos bienes cuando las empresas disminuyeron la producción. Reconstruir la capacidad que se perdió tardará años. Por otro lado, las nuevas tecnologías están revolucionando la producción y la demanda, causando cambios drásticos en las estructuras de los precios. Un tercer ejemplo es que la creación monetaria tiene efectos demorados, de modo que algunos efectos se manifiestan en un mes, otros en un año, otros en dos años. Unos efectos tenderían a subir los precios, otros a bajarlos. ¿En cuánto? Nadie sabe. Puede ser que lo que ya ha hecho sea suficiente, pero la Fed está jugando a lo seguro.

Hay gente que cree que la Fed es tonta. Lo fue cuando aumentó masivamente la creación de dinero creyendo que eso no tendría consecuencias. Hoy el mundo está sufriendo esas consecuencias, y creer que ellas van a desaparecer por sí solas sería prolongar la tontería que la dominó tantos años.

 

Los inversores pueden encontrar baches todavía. Mohamed El-Erian.

El primer semestre de 2023 fue testigo de una sorprendente dispersión económica y financiera, tanto dentro de los países como entre ellos. Al haberse invertido parte de esta dispersión en julio, existe una tendencia creciente a pronosticar la convergencia en el futuro próximo y el conjunto de resultados favorables que ello conllevaría, desde un mayor crecimiento y una menor inflación hasta una mejor rentabilidad de la inversión. Sin embargo, hacerlo ahora sería prematuro e imprudente.

Los signos de convergencia aparente se multiplican tanto en el ámbito económico como en el financiero. Veamos un ejemplo:

Reino Unido, rezagado durante mucho tiempo en la reducción significativa de su tasa de inflación, sorprendió favorablemente con sus datos publicados en julio, más bajos de lo esperado, alimentando la esperanza de que ahora convergerá relativamente rápido hacia las tasas de inflación más bajas que se registran en otras economías del G7.

Con la acción política ampliamente esperada para finales de esta semana, el Banco de Inglaterra podría unirse al Banco Central Europeo y a la Reserva Federal en la convergencia hacia subidas de tipos de 25 puntos básicos, tras una amplia gama de resultados en junio. Entre ellos, una subida de 50 puntos básicos para el Banco de Inglaterra, un aumento de 25 puntos básicos para el BCE y un tipo sin cambios para la Reserva Federal.

En las últimas semanas, el índice Dow Jones de empresas industriales y de consumo más tradicionales ha acercado posiciones con respecto al índice Nasdaq, compuesto por empresas tecnológicas.

En el plano internacional, tras registrar unos resultados notablemente inferiores a los de las economías avanzadas y emergentes, las acciones chinas superaron a ambas en julio.

EEUU y China

Por último, lo que algunos consideraban un alarmante discurso sobre la “desvinculación” entre China y EEUU ha dado paso a la noción aparentemente más reconfortante de una reducción del riesgo que no afectaría al crecimiento y el comercio ni causaría gran inestabilidad financiera. Este creciente discurso sobre una menor dispersión económica y financiera alimenta naturalmente el optimismo económico y del mercado.

De hecho, cuanto más tiempo persista, más podría reducir la incertidumbre y disminuir la volatilidad dentro de los países y entre ellos.

A su vez, esto mejoraría las perspectivas de aterrizajes suaves a escala nacional y mundial, relajaría las presiones sobre los tipos de interés y las divisas y permitiría que la próxima subida de los precios de los activos estuviera liderada por valores con valoraciones menos infladas. Además, con la posibilidad de que se produzcan entre ellos toda una serie de bucles de retroalimentación positiva, resulta tentador creer que en la segunda mitad del año se disipará la incertidumbre sobre la economía y los mercados mundiales.

Por mucho que esperemos que todo esto se materialice, sería más prudente prever un camino lleno de baches. Basta con pensar en algunos de los factores que complican la convergencia que parece estar produciéndose.

A falta de una mayor contribución de las medidas que estimulen la oferta, el Banco de Inglaterra aún tiene un duro camino por delante en su lucha contra la inflación. Mientras tanto, el BCE y la Reserva Federal, más avanzados, se encuentran en la última fase de su misión antiinflacionista y ambos tendrán que elegir entre cumplir su objetivo común del 2% de inflación y mantener la estabilidad económica y financiera.

Los desafíos de la banca central van más allá. En los próximos meses, el Banco de Japón se enfrenta a la delicada tarea de hacer algo más que un ajuste a su régimen de política de control de la curva de rendimientos (YCC), cada vez más distorsionador. Mientras tanto, es probable que el impacto acumulativo de las subidas de tipos en otros lugares afecte con mayor dureza a un amplio conjunto de actividades apalancadas en fase de maduración y a empresas zombis cuya viabilidad financiera requiere reestructuraciones financieras o reducciones coercitivas de la deuda.

En un mundo en el que el sector manufacturero está sometido a presiones y el excedente de ahorro se está agotando, el apoyo fundamental para las ganancias de precios en todo el mercado carecerá de la energía del pequeño grupo de valores que cabalgan una enorme ola secular –pensemos en la inteligencia artificial y otras innovaciones y pensemos también en las grandes tecnológicas tradicionales–. Dado que los retos de crecimiento de China son tanto cíclicos como seculares, la estrategia tradicional del gobierno de turboalimentar los mercados mediante estímulos fiscales y monetarios resultará menos eficaz y más distorsionadora, frustrando una rápida convergencia del mercado.

Por último, resulta muy difícil que EEUU se desvincule de China sin un grado considerable de desacoplamiento.

Deberíamos hacer todo lo posible por moderar el tirón de las reconfortantes narrativas de convergencia. No hacerlo no sólo se traduciría en una relajación prematura de los esfuerzos necesarios para superar los retos pendientes a corto. También nos dejaría en una posición aún peor para afrontar los problemas estructurales a los que se enfrenta nuestra generación y las de nuestros hijos y nietos.

Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 28 de Julio del 2023.

Lo más importante de esta semana han sido las reuniones de los Bancos Centrales. En Estados Unidos el miércoles la Fed subió los tipos 25 puntos básicos y trasladó un mensaje bastante optimista ya que mejoró su visión sobre la actividad económica aunque enfatizó que la inflación aún no está controlada, por lo que deja la puerta abierta a subida de tipos adicional. El mercado hizo una lectura ligeramente optimista por ese mensaje dovish, rentabilidades de los bonos soberanos a la baja, con más intensidad en los plazos cortos, ligera depreciación del dólar y con bolsas recuperando. Y ayer el Banco Central Europeo subió también los tipos de interés 25 puntos básicos. Según fuentes de Bloomberg, los debates en el seno del Consejo del Banco Central Europeo calificaron los riesgos en cuanto a las perspectivas de inflación como “equilibrados” y los relativos al crecimiento como “ sesgados a la baja”. Por otra parte, algunos miembros del Consejo estarían a favor de la subida de septiembre, mientras que otros apostarían por una pausa. Además, el BCE debatió duplicar las reservas obligatorias de los bancos.

Tras la reunión del Banco Central Europeo de ayer el euro volvió por debajo del nivel del 1,10 dólares por euro después de la rueda de prensa de Lagarde, con un enfoque más prudente, y el euro se fue del 1,1135 al 1,0944 que hemos visto esta mañana. El consejo de gobierno también cree que los acontecimientos desde la última reunión respaldan la expectativa de que la inflación seguirá cayendo durante el resto del año, pero se mantendrá por encima del objetivo durante un período prolongado. El discurso del BCE pasó de considerar que se debe permitir mayor margen en su estrategia de política monetaria a un contexto en el que los datos serán el factor que determine si sigue existiendo margen para un tensionamiento adicional de los tipos. Esto se refiere no solo a la reunión de septiembre, sino también potencialmente a reuniones posteriores e implica un enfoque más prudente de lo que esperaba el mercado.

Eurodólar últimos 3 días.

Estamos en plena temporada de resultados del Segundo Trimestre del 2023. Los principales bancos estadounidenses dieron el pistoletazo de salida, a finales de la semana pasada, y ya ofrecieron sorpresas satisfactorias. Si los analistas esperaban números más difíciles para el sector, algunos bancos lograron sorprender positivamente. Los grandes bancos, implicados en el negocio del crédito, se beneficiaron de una demanda positiva según los resultados. Se beneficiaron del hecho de que los tipos de depósito apenas han subido hasta ahora (algo que debería invertirse en los próximos trimestres) y las entidades financieras pudieron ampliar sus márgenes en un entorno de al alza. Las turbulencias de algunos bancos regionales en primavera parecen haber favorecido esta evolución, ya que los clientes prefieren depositar sus  fondos en bancos más grandes y, por tanto, prestan menos atención a los tipos de depósito. En perspectiva algunos bancos indicaron que la competencia por los  depósitos aumentaría en el actual entorno de tipos. También podrían aumentar los impagos de préstamos y las insolvencias. Algunos bancos ya han comunicado peores  resultados. La banca de inversión, en particular, atraviesa una fase bastante difícil, ya que servicios como los mercados de capitales o el asesoramiento de fusiones y  adquisiciones tienen menos demanda. En consecuencia, el resultado global de los bancos de inversión tradicionales fue bastante pobre.

Hasta finales de julio, el 82% de las empresas del S&P 500, que representan el 80% de la capitalización bursátil del índice, presentarán resultados. Esta ha sido la semana de mayor actividad, cuando el 48% de la capitalización bursátil del índice han presentado sus números. Las estimaciones de consenso de Refinitiv indican que los beneficios bajarán un 7,9% con respecto a hace un año, mientras que se espera que las ventas se contraigan por primera vez en 10 trimestres. La última vez que tanto el crecimiento de los beneficios como el de las ventas disminuyeron en el mismo trimestre fue en el 3T20.

En los últimos 3 meses, los analistas han elevado sus estimaciones de BPA para los sectores de servicios informáticos y de comunicaciones en un 2,6% y un 2,9%, respectivamente. La estimación para los semiconductores se elevó en un 7,7%. En invierno, los comentarios de los directivos de los minoristas suscitaron inquietud sobre la demanda de los consumidores. Las empresas mencionaron que los compradores compraban menos artículos a precio completo y en su lugar esperaban ofertas especiales. También señalaron un aumento de las ventas de artículos más pequeños, paquetes de bajo precio y marcas blancas de los minoristas, así como un menor gasto en artículos de lujo. La preocupación también se vio alimentada por un reciente comunicado de la Reserva Federal, que sugería que el exceso de ahorro en Estados Unidos se ha agotado. Por el contrario, el gasto en servicios ha sido notablemente fuerte y se espera que las compañías aéreas registren beneficios récord.

El gobierno chino ha lanzado esta semana un comunicado en el que se presentan una serie de puntos de acción importantes para la administración. Entre ellos un mayor apoyo fiscal, reducir las restricciones dentro del mercado inmobiliario, dar más apoyo al sector constructor y reducir los riesgos dentro de la deuda de gobiernos locales. Además, se habla de que se buscará impulsar el consumo interno sobre todo de productos electrónicos.

Según una encuesta de Bloomberg, se espera que el PIB de China crezca un 5,2% interanual en 2023, frente a la estimación anterior del 5,5%, y de un 4,8% en 2024 frente a la estimación anterior del 4,9%. Además se espera un recorte de la facilidad de crédito a 1 año desde el 2.65% hasta el 2.55% para finales del tercer trimestre.

Gráfico del Hang Seng chino en el 2023 (+7% desde mínimos del año y -2% en el año).

El S&P 500 lleva una rentabilidad en el año del 18,18% pero, como llevo varias semanas diciendo, este alza es engañosa pues sólo 10 compañías han generado el 82% de la rentabilidad total del índice, mientras que las 490 restantes han registrado subidas que apenas alcanzan el 3%.

Importante esta semana:

Ayer conocimos buenos datos de actividad en Estados Unidos, por un lado, conocimos el primer avance del PIB del segundo trimestre del año (+2,4% intertrimestral anualizado), creciendo por encima de lo estimado. Como factores de impulso destacan la demanda privada y la inversión (+7,7%), excluyendo la vivienda. Peor evolución en esta ocasión para el consumo (+1,6% frente al +4,2% previo) aunque sigue mostrándose sólido. Mala evolución para el sector exterior, tanto exportaciones (-10,8%) como importaciones (-7,8%), mientras que el gasto estatal continuó en terreno positivo beneficiado por el gasto en defensa. También ayer conocimos el dato preliminar de los pedidos de bienes duraderos (+4,7% intermensual frente +1,3% estimado y vs +2,0% previo, +9,5% interanual) batió de largo las previsiones en junio. La serie encadena cuatro meses consecutivos al alza. Si excluimos las órdenes relacionadas con Transporte, serie más volátil, la serie todavía avanza un 0,6%  mientras que si excluimos aeronaves y equipamiento militar, este crecimiento se reduce hasta el 0,2% frente al 0,45% observado en mayo.

La Reserva Federal subió el miércoles los tipos de interés hasta el 5,5%, máximo de los últimos 22 años.

La Fed ha elevado los tipos a máximos de los últimos 22 años tras subirlos esta semana en un cuarto de punto porcentual, hasta situarlos en la franja comprendida entre el 5,25% y el 5,5%. Cumple así con la hoja de ruta que ya había anunciado y descontada por los analistas, pese al respiro que dio el dato de la inflación de junio, situándose en el 3% y que hizo pensar por un momento que tal vez fuera argumento suficiente para que el banco central estadounidense no fuera más allá en la escalada del precio del dinero. Pero no ha sido así. Y tras la pausa de junio (la primera tras diez subidas consecutivas desde marzo de 2022), cuando la Fed decidió mantener los tipos y ganar tiempo para ver cómo evolucionaban los principales datos macro, ha vuelto a elevar el precio del dinero hasta un máximo del 5,5%, registro que no se veía desde enero de 2001, y que ya ha superado el tope del 5,25% que se alcanzó en el ciclo alcista de 2004 a 2006, en la antesala de la crisis financiera.

Powell explicó que el consejo tomó la decisión por unanimidad, porque si bien considera que “ya se está notando el efecto de la subida de tipos en la demanda, particularmente en el mercado de la vivienda”, todavía no se ha alcanzado el objetivo de situar la inflación en el entorno del 2%. Ayer fue la primera vez que Powell no dijo tajantemente que habrá más subidas de tipos, alentando la tesis de quienes creen que el ciclo alcista ha tocado techo. En su lugar, el presidente de la Fed insistió numerosas veces en que la decisión “se tomará reunión a reunión y solo una vez que hayamos visto todos los datos”.

A falta de mayor claridad por parte del presidente de la Fed, la mayoría de analistas apuntan a que en septiembre, como mínimo, el banco central se volverá a tomar un respiro para coger perspectiva sobre el conjunto de la economía, posibilidad que está sobre la mesa, según el propio Powell. “Dependerá de la inflación subyacente, que sigue alta”, apuntó. Para entonces ya se habrán publicado los datos del IPC de julio y agosto, y eso será determinante para que el banco central actualice sus previsiones económicas, cuyo anuncio está previsto también tras la reunión del 20 de septiembre.

También en Europa, como esperaba el consenso, el BCE subió este jueves por unanimidad los tipos de interés de referencia 25 puntos básicos hasta llevar el tipo de refinanciación hasta el 4,25% y aunque dejó la puerta abierta para seguir subiendo en septiembre, tiene la “mente abierta”. Por tanto, la decisión final dependerá de la evolución de los datos que se publiquen hasta la próxima reunión, y en especial de las dos lecturas de inflación y subyacente. Así, aunque la presidenta del BCE, Lagarde, sigue considerando que la inflación todavía se mantiene demasiado alta por demasiado tiempo, la comparecencia fue algo más dovish, ya que la presidenta sonó algo más dispuesta a mantener tipos, reconociendo cierta desaceleración y que los catalizadores que impulsaron los precios han cambiado. En cuanto al balance del BCE, Lagarde aclaró que no se ha discutido una reducción adicional por lo que el programa de compra de deuda por la pandemia (APP) continuará contrayéndose al ritmo actual (APP 15.000 millones de de euros mensuales y PEPP reinvirtiendo al menos hasta finales de 2024).

El mercado incrementa la probabilidad de una subida adicional en septiembre, aunque todavía poniéndola en duda como consecuencia de las señales de desaceleración de cara a la segunda mitad del año que pesan sobre la Zona Euro. Por otra parte, se sigue comprando la idea de un pivote de cara a 2024, extremo que no se ve respaldado, ni por las palabras de la Presidenta ni por las lecturas de IPC, todavía lejos de alcanzar el objetivo.

Como decía antes, en China, los medios estatales informan sobre la reunión del Comité Central del Partido Comunista, donde se ha acordado que los líderes políticos se centrarán en apoyar la demanda interna para impulsar el crecimiento económico en el segundo semestre de este año. Así, Xi promete una política anticíclica, que incluirá los “ajustes oportunos” en las políticas de la propiedad. En otro orden de cosas, los fabricantes chinos de chips piden al gobierno que tomen medidas más efectivas en un contexto de fuertes tensiones con Estados Unidos.

En Reino Unido es noticia el hecho de que la factura de intereses de deuda es la más alta del mundo desarrollado. Según una previsión de Fitch, el Tesoro gastará £110.000 millones en intereses de deuda en 2023. Esto representaría el 10,4% de los ingresos gubernamentales totales, el nivel más alto entre los países de altos ingresos, siendo la primera vez que el Reino Unido encabeza el conjunto de datos que se remonta a 1995. Aproximadamente una cuarta parte de la deuda del gobierno del Reino Unido se encuentra en forma de bonos denominados «indexados», cuyos pagos fluctúan en línea con la inflación, lo que convierte al país en un caso atípico a nivel internacional. Italia es el siguiente país con mayor proporción, con el 12% de sus bonos vinculados a la inflación, mientras que la mayoría de los países tienen menos del 10%. En junio, Fitch reiteró su perspectiva negativa sobre la calificación crediticia AA- del Reino Unido, citando «el creciente endeudamiento del gobierno del Reino Unido y las perspectivas inciertas para la consolidación fiscal».

El Fondo Monetario Internacional ha revisado este martes al alza sus previsiones de crecimiento del Producto Interior Bruto de España en un punto porcentual, lo que implicaría terminar 2023 con un subida del 2,5%. El organismo internacional ha centrado su optimismo en las cifras récord que está registrando el sector turístico este año en nuestro país. Las nuevas estimaciones son tan positivas que incluso están por encima de las estadísticas que manejaba el FMI hace exactamente un año, antes de que las revisara a la baja por el impacto de la guerra en Ucrania y la crisis energética en Europa. De hecho, si se confirman los datos publicados ayer por el organismo, España se convertirá en el motor del crecimiento de la eurozona, además de ser una de las economías desarrolladas que más crezca este año.

La institución liderada por Kristalina Georgieva destacó ayer que en el caso español, así como en el italiano (con una revisión al alza de 0,4 puntos), la mejora en las previsiones se ha producido “ante la mayor solidez de los servicios y el turismo”. No en vano, el año pasado cerca del 60% del crecimiento económico nacional procedió precisamente de este sector. Y las perspectivas para este ejercicio no pueden ser mejores.

Ahora bien, los efectos del milagro turístico no irán más allá del 31 de diciembre de 2023, ya que el FMI ha mantenido su estimación de crecimiento para 2024 sin alteraciones, en el 2%. Hasta ahora, eso significaba que el PIB español crecería más el próximo año que el actual, pero tras la actualización de 2023, la nueva lectura indica que la economía del país se ralentizará el próximo ejercicio.

Habrá que esperar hasta la actualización del informe Perspectivas de la Economía Global (WEO, por sus siglas en inglés) de octubre para ver el impacto que tendrá en las previsiones económicas el impacto de las elecciones en España tras el 23J. Mientras, el FMI resalta que el PIB de España crecerá si todo va como hasta ahora un 2,5%, por encima de la media de las economías más avanzadas, que se situará en el 1,5%, y superando también la media de la zona euro, que se sitúa en el 0,9%. El organismo internacional solo ha elevado su previsión de la zona euro en una décima, ya que considera que todavía persisten ciertos riesgos que presionan a la baja, como la guerra de Ucrania.

Alemania se lleva la peor parte en las revisiones del FMI, con un recorte de dos décimas, confirmando que se espera una recesión con una caída del PIB del 0,3% este año. Francia crecerá un 0,8% e Italia, un 1,1%. Reino Unido mejora en 0,7 puntos, y es otra de las economías que más avanza en esta última revisión del FMI, hasta finalizar 2023 con un 0,4%, dejando así atrás al fantasma de la recesión.

Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos mejora también con un 1,8% (tras sumar dos décimas). Con las nuevas cifras en la mano, solo Brasil ha salido mejor parado que España en la actualización del Fondo Monetario Internacional, al sumar 1,2 puntos porcentuales. Su economía crecería así un 2,1% en 2023.

Rusia y México son otras dos de las economías donde el FMI ve mejoras, frente a Arabia Saudí, que es a quien más ha rebajado (1,2 puntos menos), aunque su PIB seguirá creciendo este año. Esta decisión responde a “los recortes en la producción de petróleo anunciados en abril y junio conforme a un acuerdo con la OPEP+”. China se mantiene sin cambios, con un crecimiento del 5,2% este año, porque si bien ha caído la inversión inmobiliaria, ha sido capaz de compensarlo con un aumento del consumo.

Para el conjunto de las economías emergentes, el organismo pronostica un crecimiento este año del 4%, tras corregir al alza una décima.

A nivel global, el FMI destaca que la economía mundial crecerá un 3% este año, medio punto menos que el año pasado, y prácticamente en la misma línea que lo que se prevé para 2024. Los riesgos siguen presionando a la baja, pero muchos se han moderado respecto al informe que se publicó en abril.

El organismo destacó el fin de la crisis generada en torno al umbral del techo de deuda de EEUU (aprobado a principios de junio), así como el control de la tormenta financiera de marzo, tras la quiebra de Silicon Valley Bank (SVB) y la intervención de Credit Suisse (adquirido por UBS), y que tuvo su réplica en mayo con First Republic (entidad que compró JPMorgan).

En España ayer se publicó el dato de paro. El empleo supera por primera vez 21 millones de ocupados tras un trimestre récord. Un aumento del número de trabajadores que ha venido a lomos de la recuperación del sector turístico y que ha reducido la tasa de paro al 11,6% el mínimo desde 2008. Sin embargo, hay un elemento que flaquea: la progresiva disminución de las jornadas laborales, que lastra los sueldos. Hoy, con 409.800 ocupados más que hace 15 años, se trabajan un 7,1% menos de horas a la semana que en 2008.

En el segundo trimestre del año se crearon 603.900 nuevos empleos respecto al primer trimestre del año, la mayor cifra de la historia (el máximo anterior se produjo en 2020, con la reapertura de la economía tras el confinamiento a partir de julio). Este avance se ha cimentado fundamentalmente sobre el turismo, ya que la hostelería suma casi uno de cada a dos empleos, a lo que hay que añadir el empujón del comercio minorista. En concreto, los servicios de comidas y bebidas generaron 160.800 empleos respecto al primer trimestre, seguidos de los de alojamiento (110.200), el comercio minorista (59.600) y el transporte por carretera (43.200), si bien otros sectores también han tenido una cierta pujanza, como los servicios profesionales, la construcción o las actividades administrativas.

También la distribución territorial de los nuevos ocupados pone de manifiesto hasta qué punto el turismo ha sido clave en la creación de empleo. Así, Baleares suma 108.100 empleos en el segundo trimestre, seguida de Barcelona (89.900), Madrid (77.300), Málaga (31.700), Santa Cruz de Tenerife (30.500), Cádiz (26.900), Tarragona (26.400), Vizcaya (26.100), Alicante (24.900) y Huelva (22.900). Solo estas diez provincias han generado tres de cada cuatro empleos en los últimos tres meses. Y las cifras también apuntan a la elevada importancia del turismo cuando se miran en tasa interanual, ya que en este caso es Barcelona la que lidera la creación de empleo, seguida de Madrid, Málaga, Alicante, Valencia, Tarragona, Baleares y Las Palmas.

Con todo, el mapa del empleo también sugiere un mercado laboral a dos velocidades, no tanto por aquellas provincias que han perdido empleo en el segundo trimestre, como Almería, Sevilla, Córdoba, Las Palmas o Jaén, porque esto podría apuntar únicamente al carácter estacional de la economía española, como a aquellas que lo han destruido en los últimos doce meses, a pesar de la bonanza generalizada. Es el caso de Gerona (con 9.800 empleos menos que en el segundo trimestre del año pasado), Castellón (que se deja 7.900 ocupados), León (4.100) o Soria (3.700, el 8,7% del total), además de Salamanca, Cuenca, Burgos y Zamora. Y, por ramas de actividad, hay notables retrocesos en la agricultura (40.500 empleos perdidos), la fabricación de productos metálicos (28.000), las actividades de creación artística y espectáculos (25.500), las asociativas (23.000), la confección de prendas de vestir (22.700) y el suministro de energía (20.400), quizá debido a que se han visto penalizadas por el incremento de los costes de producción y el menor poder adquisitivo de la demanda.

Este vigor del sector turístico se debe, fundamentalmente a que había sido uno de los pocos grandes sectores que el año pasado todavía seguían significativamente por debajo de las cifras de actividad previas a la pandemia, quizá debido a que a la crisis sanitaria y las duras medidas para el sector se sumó posteriormente la pérdida de poder adquisitivo derivada de la escalada de precios, lo que le permite ahora seguir tirando del carro tras la ralentización de otras áreas de actividad, como la industria. Con los últimos datos, la hostelería ya ha logrado superar ya en 84.900 puestos de trabajo las cifras de empleo de 2019, lo que supone un alza del 4,9%.

Y, esto ha podido ser determinante también para el consumo. De hecho, el Índice de Comercio Minorista creció a un ritmo del 6,8% anual en junio, según las cifras que publicó ayer el INE, dos décimas más que en el mes anterior y 1,7 puntos por encima del dato de abril, una aceleración que puede deberse a la mejora de la capacidad de compra de las familias por la moderación de la inflación, pero también a las compras por parte de los visitantes extranjeros.

Además, el empleo indefinido ha crecido con bastante fuerza, debido en buena medida a la figura del contrato fijo discontinuo. De los 505.500 nuevos asalariados entre abril y junio, aquellos que tienen contrato indefinido se incrementan en 410.100 personas, por 95.400 con contrato temporal. Todo ello puede contribuir a apuntalar el consumo, a pesar de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Tal como señala el informe El dinamismo reciente del mercado laboral y su impacto sobre el consumo de los trabajadores, publicado ayer por el Banco de España, la mayor seguridad en el empleo, aportada por la caída de la tasa de paro, la contribución de varios miembros a los ingresos familiares y la mayor intensidad del empleo indefinido ha “reducido la incertidumbre de los trabajadores acerca de sus perspectivas laborales”, limitando el “ahorro por motivo de precaución”, lo que a su vez ha dado “un soporte al gasto de los hogares”.

Las noches hoteleras en España se disparan un 13,5% hasta junio. El sector turístico se recupera a pasos agigantados de la crisis provocada por el coronavirus, marcando un nuevo máximo histórico de pernoctaciones hoteleras en la primera mitad del año, y lo hace con unos precios al alza, si bien la gran asignatura pendiente es la rentabilidad, dado que los costes también se han incrementado con fuerza en los últimos años. Las pernoctaciones hoteleras aumentaron un 13,5% en la primera mitad del año en comparación con el mismo periodo del año anterior y alcanzaron un máximo histórico de 149,76 millones de estancias, 270.000 más que entre enero y junio de 2019, según informó este lunes el Instituto Nacional de Estadística (INE). Por provincias, los crecimientos más importantes en el acumulado hasta junio se producen en Alicante, con un incremento del 19,4% (si bien, todavía por debajo de las cifras de 2019), Vizcaya (19,1%), Barcelona (18,8%), Soria (18,8%), Gerona (17,6%), Salamanca (17,3%), Sevilla (16,9%), Madrid (16,8%), Tarragona y Ávila (16,1% en ambos casos). Esto significa que, si bien el turismo de sol y playa ha sido el que ha liderado la recuperación, ya que también fue el que sufrió un mayor desplome, algunos destinos de interior han crecido con fuerza, bien sea por su atractivo cultural o gastronómico, como lugar de compras o por el turismo rural. Y, entre los principales mercados emisores, la recuperación viene de la mano de Estados Unidos (con un alza del 36,6% el último año y un 19,8% desde 2019), Noruega (27,5%), Suecia (26,1%), Polonia (25%), Italia (24,9%), Austria (21,2%), Suiza (20,3%) y Portugal (20,2%), si bien los principales clientes (Reino Unido, Alemania y Francia) también crecen a un ritmo muy elevado, de doble dígito. Estos datos ponen de manifiesto que una parte muy importante de esta mejoría ha podido venir de la mano de la debilidad del euro, ya que algunos de los países con mayores incrementos están fuera del área de la moneda única.


El BCE sube tipos, pero cambia de fase. Sonsoles Castillo y Miguel Jiménez González-Anle. BBVA Research.

 No hubo sorpresas en la reunión de ayer del Banco Central Europeo (BCE), como tampoco en la de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) del miércoles. En ambos casos, se decidió subir los tipos de interés de referencia, el BCE hasta el 4,25% el tipo refi y la Fed hasta el 5,50%, y en ambos casos se deja la puerta abierta a más subidas, manteniendo un sesgo alcista en relación a los tipos de interés en la medida que las presiones inflacionistas, aunque se moderan, todavía son elevadas y la inflación subyacente no presenta aún una tendencia claramente descendente.

¿Qué hay de novedoso en la reunión del BCE de esta semana? A diferencia de las anteriores, en las que el banco central prácticamente preanunciaba el movimiento de la siguiente reunión, esto es, una subida de tipos (con la coletilla de que “todavía hay camino por recorrer”), en esta ocasión el BCE ha pasado a otra fase en la que las decisiones se tomarán en cada reunión y dependerán, exclusivamente, de los datos que vayan saliendo y de cómo afecten a sus perspectivas sobre la inflación.

Este cambio de fase no necesariamente indica que no haya más subidas de tipos, pero es un paso natural ya que estamos más cerca del punto de llegada. Gran parte del trabajo ya está hecho. Hemos asistido a un ciclo de subidas de tipos agresivo, con muchas en relativamente poco tiempo, y sus efectos son bien visibles en aquellos segmentos más sensibles a los tipos de interés (vivienda, inversión empresarial) y empiezan a serlo en otros que lo son menos. Los bancos centrales han declarado firmemente que no quieren quedarse cortos, pero tampoco querrían pasarse de frenada. Por tanto, a diferencia de las fases previas, los siguientes movimientos van más de afinar el punto de llegada que de tomar decisiones fuertes y claramente anunciadas.

En el caso europeo, los recientes datos de actividad invitaban ya a esta actitud más equilibrada, como el mismo BCE reconoce. Los indicadores PMI de confianza son débiles desde hace pocos meses, y en julio están apuntando a un estancamiento. El entorno global, sobre todo los datos provenientes de China, tampoco apoyan la visión de un entorno fuerte. En general, la actividad se está ralentizando, algo que es normal, como bien indica Christine Lagarde, dada la progresiva transmisión de la política monetaria primero a las condiciones financieras y, posteriormente, a la economía.

Respecto a la inflación, el diagnóstico es más difícil y la incertidumbre mayor, aunque sólo sea por la acumulación de choques económicos y de errores de previsión acumulados en los últimos trimestres. Las señales de desinflación son claras, principalmente en la parte energética, y hasta cierto punto en los componentes subyacentes, pero son aún incipientes. Las previsiones apuntan a una desaceleración hacia adelante, pero a ritmo lento y dependiente de que los efectos de segunda ronda se moderen.

Dicho esto, tras alcanzar el máximo cíclico, lo relevante será por cuánto tiempo se mantendrán los tipos de interés en dicho nivel. Parece seguro que por bastante (estimamos que hasta final del 2024), en la medida que la reducción de la inflación subyacente será muy gradual. De ser así, el próximo año Europa se encamina, con una política monetaria estable, a un foco mucho mayor en la política de restricción fiscal, con la vuelta a la aplicación de reglas fiscales, ahora sujetas a debate, tras el impasse del Covid y la guerra.

En definitiva, en septiembre tanto la Fed como el BCE van a tener más datos (en particular, dos más de inflación) para decidir si hacen o no una pausa, sin nada decidido aún. Incluso si lo hacen, no se puede descartar que mantengan un sesgo alcista y quede alguna subida adicional en el tintero. La siguiente fase para los bancos centrales será centrar su comunicación en tipos altos por un tiempo prolongado y convencer de ello a los mercados. Aquí, a la vista de las expectativas actuales, el reto para la Fed parece mayor que para el BCE.


Reequilibrio fiscal y agilizar la ayuda europea, prioridades de la legislatura (Expansión de hoy).

A la espera de que la digestión de los resultados electorales del pasado domingo decida la duración que tendrá, la XV Legislatura de la Democracia española arrancará oficialmente el próximo 17 de agosto con relevantes retos económicos para el Gobierno que sea capaz de conformarse a partir de las urnas, y que seguirán ahí en el caso de que el desacuerdo imponga una repetición electoral. El incremento del PIB per cápita, el reequilibrio de las cuentas públicas y la agilización de los fondos europeos son algunos de los principales desafíos, según los responsables de los grandes servicios de estudios económicos del país.

Así lo refleja la última edición del Pulso Económico Trimestral de EY Insights, una encuesta elaborada antes de los comicios a los principales analistas económicos, incluyendo a los de Fedea, Funcas, entidades financieras y de inversión, a la que EXPANSIÓN ha tenido acceso. El documento revela su consenso sobre las prioridades económicas para la legislatura, entre las que destaca la “unanimidad” demostrada por “todos los expertos consultados” en torno a la necesidad de “presentar unos Presupuestos para 2024 contemplando un plan de consolidación fiscal que reduzca nuestro déficit público estructural”.

Al evaluar la coyuntura económica que atraviesa España, el consenso de los expertos descarta el riesgo de recesión técnica que sí mantienen para otros países de la eurozona, si bien anticipa una moderación del ritmo de crecimiento del PIB a partir del segundos semestre del año, influenciado por el endurecimiento de la política fiscal y monetaria y el lastre que puedan suponer las economías vecinas. Con todo, la previsible reducción de la demanda exterior y el estancamiento del consumo interno, no opacarán la buena marcha del turismo y las exportaciones, que garantizan un crecimiento superior a la media de la Unión Europea.

Tras dos años consecutivos de aumento de la actividad al 5,5%, no obstante, la economía española pasará este año a avanzar un 2,5% –según la última y mejorada revisión del FMI– en un escenario en el que la Unión Europea ultima la reactivación de las reglas fiscales tras los años de manga ancha de déficit y deuda concedidos para encarar la pandemia y la inflación provocada por la invasión rusa sobre Ucrania. En este marco, el 80% de los analistas consultados por EY considera que “el ritmo de consolidación fiscal es inadecuado”. De ahí la relevancia, a su parecer, de contar con unas cuentas públicas específicas para 2024 que permitan acometer los ajustes de gasto e ingresos comprometidos con Bruselas para rebajar el déficit al límite del 3% el próximo año.

El resultado electoral, sin embargo, complica el calendario para aprobar un proyecto presupuestario, al menos en tiempo y forma, pues la victoria del PP resulta insuficiente para formar un Gobierno y está por ver si llega a algún puerto la negociación de la coalición PSOE-Sumar con los independentistas, que de momento es la única vía que arrojaría una mayoría parlamentaria. Lo previsible hoy por hoy, por tanto, es que el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, opte a una investidura fallida en septiembre que activaría el plazo de dos meses para nombrar presidente o convocar elecciones y que Pedro Sánchez trate de lograr su reelección en octubre, complicando en uno u otro caso que pueda haber operativo un nuevo Presupuesto a inicios de 2024.

En paralelo, una vez recuperado el tamaño que la economía tenía antes de la pandemia, los analistas consideran que otra de las prioridades de la legislatura es recuperar la convergencia del PIB per cápita con la zona euro. Reclaman, en este marco, reformas estructurales que dinamicen la actividad y la inversión, si bien son aún más los que instan a no descuidar el refuerzo de la protección social. La prórroga general de los decretos de ayudas por la guerra en Ucrania pierde apoyo y sugiere la toma de medidas más quirúrgicas.

Finalmente, los expertos reclaman ampliar el alcance de las reformas e inversiones del Plan de Recuperación y agilizar su ejecución, pues los fondos europeos (un total de 164.000 millones una vez se apruebe la adenda de ampliación) son vistos como la gran oportunidad de la legislatura.

El panel de expertos consultado por EY incluye a Ángel de la Fuente, director de Fedea; Raymond Torres, director de Coyuntura y Análisis Internacional de Funcas; Federico Steinberg, investigador principal del Real Instituto Elcano; Alicia Coronil, economista jefe de Singular Bank; Ignacio de la Torre, socio y economista jefe de Arcano; Rafael Doménech, economista jefe para España de BBVA Research; Juan del Alcázar, director de Advocacy, Santander; Oriol Aspachs, director de Economía Española del servicio de estudios de CaixaBank; Manuel Balmaseda, economista, expresidente de NABE; José Carlos Díez, director del Observatorio de la Realidad Financiera; Gregorio Izquierdo, director del Instituto de Estudios Económicos (IEE); Mercedes Pizarro, directora de Economía del Círculo de Empresarios; Esteban Sastre, director de economía del Instituto de la Empresa Familiar; y Manuel Alejandro Hidalgo, senior Felow de Esade EcPol.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 21 de Julio del 2023.

El Nasdaq cayó ayer un 2%, parece que empiezan a preocupar las valoraciones a las que cotizan las grandes compañías y las tecnológicas en Estados Unidos, además de que nos acercamos a un mes complicado por su falta de liquidez, como es Agosto, veremos cómo viene la temporada de resultados del segundo trimestre del 2023, que será lo que marque la evolución de las Bolsas en las próximas semanas, las grandes tecnológicas lastraron las Bolsa americanas ayer, con el sector salud (+1,6%) haciéndolo mejor tras unos buenos resultados de Johnson & Johnson (+6%) y el anuncio de que la compañía lanzará un split por su división de productos sanitarios de consumo Kenvue. Ayer Tesla cayó un 10% y Netflix un 8,50%.

Las Bolsas siguen premiando las buenas noticias del lado de la inflación y la cercanía al fin de subidas de tipos. Si bien, las noticias de la semana pasada alrededor de la inflación fueron muy positivas, esta semana las bolsas entran en el modo cuánto peor mejor y suben tras unos datos de ventas minoristas y producción industrial que apuntan a que la debilidad económica prosigue en Estados Unidos. Nos parece incompatible la fortaleza de las bolsas en las últimas semanas, con una macroeconomía que viene a menos y con una renta fija que ofrece una alternativa razonable. No obstante, es cierto que los escenarios más negativos han quedado atrás. 

Según una encuesta de Bloomberg, los economistas esperan que el BCE realice dos subidas adicionales hasta alcanzar el 4.0% en septiembre, lo que supone una acción adicional respecto a la encuesta anterior. El primer recorte de tipos se espera en el 2T de 2024.

Según una encuesta del Wall Street Journal, los economistas han reducido la probabilidad de recesión de cara a los próximos 12 meses desde el 61% al 54%. Por su parte, el modelo de PIB elaborado por la Fed de Saint Louis prevé un crecimiento del 1,1% en el 2T23 frente al 0,3% estimado anteriormente.

El IPC general de Estados Unidos (que incluye la energía) se situó en el 3% interanual en junio, un 1% por debajo del 4% del mes anterior. El descenso de los precios de la energía, que cayeron un -1,2%, fue la causa de la caída de la inflación. En cambio, la inflación de los servicios, aunque todavía elevada (3,5%), siguió bajando. La inflación subyacente (que excluye la energía y los alimentos) se situó en el 4,8% interanual, por debajo de las expectativas del mercado del 5% y del 5,3% del mes anterior. Los datos de inflación provocaron un brusco cambio en los niveles de rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense. En el vencimiento a 2 años, la rentabilidad cayó 9 puntos básicos, mientras que, en el vencimiento a 10 años, cayó 16 puntos básicos durante la semana. El renovado sentimiento alcista hacia los bonos mundiales se tradujo en su mejor semana desde noviembre de 2022, el Bloomberg Global Aggregate Index subió un 2,3% la semana pasada.

                               Rentabilidad Bono a 2 años americano últimos 12 meses.

El cambio de expectativas de dos subidas adicionales de tipos en Estados Unidos a sólo una y se acabó ha provocado una rápida depreciación del dólar hacia el objetivo de 1,12dólares por euro. La macroeconomía sorprendiendo al alza en Estados Unidos hace dudar a la mayoría de analistas de que vayamos a ver mayores depreciaciones.

                               Eurodólar últimos 12 meses.

JP Morgan presentó unos muy buenos resultados, pero con aumento de pérdidas en tarjetas de crédito y crédito comercial que provocó cierta toma de beneficios. Se espera que la subida en la remuneración de los depósitos complique el margen de intermediación de la banca estadounidense a finales de año.

Desde la semana pasada hemos tenido una caída generalizada del dólar contra la mayoría de divisas del G10. Contra el euro el movimiento alcista les ha cogido a contrapié a la mayoría de analistas que no esperaban que se materializara tan pronto.

Por ejemplo, los analistas de BBVA Research esperaban algo de corrección a la baja con vuelta a la zona del 1,07. Sin embargo, esta semana el cruce ha marcado un nuevo máximo anual en el entorno de 1,128, siendo la mayor racha de subidas vista desde 2004 en eurodólar. Esto destaca hasta qué punto es un movimiento poco habitual y denota cierta sobrerreacción del mercado. El hecho de que sea un movimiento generalizado muestra hasta qué punto es más por debilidad del dólar que por fortaleza del resto de divisas.

Evolución del índice dólar en los últimos 3 años

La tendencia subyacente en EURUSD es alcista y se vió apoyada por unos datos en USA que sorprendían a la baja tanto en empleo como en inflación. Estos datos  contenían las  expectativas de subidas de tipos de la FED y hacían bajar la curva de tipos americana.

La semana que viene se reúne la FED y se pone en precio una subida de 0.25% con un 93% de probabilidad. Creen que es poco probable que el movimiento alcista continúe mucho más arriba a corto plazo en el EURUSD.

La lectura de inflación de la semana pasada confirmaba que tanto la general como la subyacente crecía menos de lo esperado y creen que unos niveles de inflación más bajos y un mercado laboral que empieza a mostrar cierta ralentización  les sugiere que la FED va a ser más cautelosa. 

Por parte del BCE creen que Lagarde volverá a subir los tipos pero mostrará un tono  más cauteloso y aunque desde BBVA GM Strategy creen que volverán a subir los tipos en septiembre también creen que Lagarde no lo confirmará explícitamente en esta reunión.

Desde un punto de vista del análisis técnico, según Julius Bäer, el US Dollar Index (dólar medido contra una cesta de las principales divisas) ha dibujado una figura de hombro-cabeza-hombro y es probable que vuelva a mínimos de 2021 (10% de caída adicional). Un dólar depreciándose es positivo para todas las clases de activo, menor para renta variable alemana y suiza.

Importante esta semana:

Esta semana se ha confirmado la moderación de la inflación en la zona euro. El dato final del IPC de junio ratifica el freno de la inflación hasta un avance del +5,5% interanual desde el +6,1% anterior. Por componentes, la caída de los precios de la energía es el principal factor que explica esta moderación, al registrarse una caída del -5,6% interanual de los precios de la energía lo que retiró seis décimas a la inflación. Asimismo, también los precios de los alimentos se moderan al aumentar un +11,6% interanual frente al +12,6% anterior. En el lado de la inflación subyacente las noticias fueron menos alentadoras y la tasa repuntó dos décimas en junio hasta un crecimiento del +5,5% interanual y situándose así en los mismos niveles que la tasa general. Este repunte, estuvo en gran medida explicado por el efecto base de la entrada en vigor el año pasado de ayudas al transporte público en Alemania (el billete de transporte público por 9 euros al mes que estuvo en vigor de junio a septiembre del año pasado). Solamente este efecto habría empujado dos décimas al alza los precios de los servicios, que en el conjunto de la zona euro avanzan a ritmos del +5,4% interanual y contribuyendo con 2,2% a la inflación general (un 40% de la inflación se explica por los servicios). Finalmente, por el lado de los precios de los bienes, en junio continuó la moderación y el aumento de los precios se sitúa en +5,5% interanual. 

El lunes se publicó el dato de crecimiento del PIB del 2T23 en China. La economía China perdió impulso en el segundo trimestre de 2023, con un crecimiento del Producto Interno Bruto de tan solo un +0,8%. Este crecimiento es menor que en primer trimestre del 2023 debido a la caída de las exportaciones, las débiles ventas minoristas y el estancamiento del sector inmobiliario. Aunque la tasa de crecimiento del segundo trimestre fue algo más fuerte de lo esperado, superando el pronóstico del 0,5% en una encuesta de analistas de Reuters, fue también más débil que el crecimiento del 2,2% reportado en el 1T23. En términos interanuales, la economía China crece en estos momentos a una tasa del 6,3% hasta el segundo trimestre, debido principalmente al efecto de una base baja del año pasado, cuando ciudades importantes como Shanghái estuvieron bajo bloqueo y confinamiento durante un período prolongado. La encuesta de Reuters y la mayoría de las analistas pronosticaban una tasa de crecimiento interanual en el entorno del 7,3%. Las dificultades a las que se enfrenta la segunda economía más grande del mundo ejercerán cada vez una mayor presión sobre el crecimiento global y aumentarán las llamadas para que Pekín intensifique las medidas de estímulos, más de seis meses después de que China abandonara los estrictos controles por el Covid-19. El desempleo juvenil también alcanzó un máximo del 21,3% y se espera que aumente en los próximos meses a medida que se gradúen más estudiantes. Crece el descontento entre los jóvenes por la falta de empleo, y cada vez son más los que se manifiestan en Internet, lo que puede provocar malestar social si la política no da resultados.

En Estados Unidos miembros de la Fed como Chris Waller se aventuran ya a decir que quedan a lo sumo un par de subidas de tipos de interés más para llevar la inflación al nivel objetivo del 2%. Parece claro, no obstante que la Fed moverá ficha en la próxima reunión de julio y subirá otros 25 puntos básicos los tipos de interés.

Desde Japón el recién estrenado gobernador del Banco Central de Japón, Kazuo Ueda dijo que las incertidumbres van a continuar por el momento tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo y señaló que los mercados de deuda de Japón están muy poco afectados por los cambios introducidos por él respecto a la nueva política monetaria.

El miércoles se publicaron los datos de inflación del Reino Unido, que sorprendieron a la baja al moderarse más de lo esperado. El IPC de la economía británica frenó su ritmo de crecimiento en junio al avanzar un +7,9% interanual frente al +8,7% del mes anterior. Además, también la tasa subyacente dio señales positivas al moderarse en dos décimas hasta el +6,9%, con la inflación del sector de los servicios también moderándose dos décimas hasta el +7,2%. Estos datos sorprendieron a la baja por primera vez en los últimos cinco meses y sitúan por primera vez en más de un año a la inflación por debajo del +8%. 

El Gobernador del Banco de Italia advierte de una más rápida caída de la inflación de lo esperado. El Gobernador del Banco de Holanda dice que no está claro que en septiembre se vayan a subir tipos en un contexto en el que el balance de riesgo está girando. Comentario de especial relevancia para el mercado dado que es uno de los miembros más antiinflacionarios del BCE.

Stournaras, miembro del Banco Central Europeo, dijo ayer que la subida de tipos de julio debería ser suficiente y que un mayor ajuste podría dañar la economía. En este sentido, una encuesta elaborada por Reuters muestra una escasa mayoría de 40/75 respaldando otra acción adicional en septiembre.


Apuesta sensata por India. Martin Wolf. Financial Times.

El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Sobre esta base, estrechar las relaciones de Occidente con India tiene mucho sentido. El caluroso abrazo de Joe Biden en Washington al otrora proscrito Narendra Modi, ahora su dominante primer ministro, y el igualmente caluroso abrazo de Emmanuel Macron al líder indio en París tienen como objetivo forjar una estrecha relación con un país del que se espera que sea un poderoso contrapeso a China. ¿Es una buena apuesta para las potencias occidentales? Sí. Es probable que India sea una gran potencia en ascenso. Los intereses también coinciden. Pero otra cosa distinta es hasta qué punto se comparten valores. ¿Dónde está India ahora y hacia dónde podría ir, económica y políticamente?

En la actualidad, es la quinta economía del mundo por precios de mercado y la tercera por poder adquisitivo. Tiene una población de 1.430 millones de habitantes, casi la misma que la de China. Para el año 2050, sin embargo, la ONU prevé que la población india alcance los 1.670 millones de habitantes, frente a los 1.310 millones de China.

Según el Fondo Monetario Internacional, el PIB per cápita de India (en términos de poder adquisitivo) se acerca al 40% del chino. En 1990, India y China eran casi igual de pobres, con un PIB per cápita estimado en el 4,6% y el 4,1% de los niveles de Estados Unidos, respectivamente. El año pasado, el PIB per cápita de China alcanzó el 28% del norteamericano, frente al 11% de India. Los resultados relativos de China fueron los mejores sin comparación, pero India ocupó el segundo lugar entre las siete mayores economías emergentes.

China fue un ejemplo extremo de la estrategia de desarrollo más exitosa en la era moderna: grandes inversiones, rápida industrialización y progresiva mejora de las exportaciones de productos manufacturados. Este fue también el camino de Japón. India ha seguido una senda muy diferente. Entre 2014 y 2023, su tasa de inversión ha ascendido a una media de sólo el 31% del PIB, frente al 44% de China, y su tasa de ahorro nacional ha promediado el 30%, frente al 45% de China. Y lo que es más sorprendente, el porcentaje de la industria manufacturera en el PIB indio ha disminuido, en lugar de aumentar, como cabría esperar en esta fase de su desarrollo. Este porcentaje era del 13% del PIB en 2022, frente al 28% de China. Aunque las ratios de comercio en relación al PIB (a precios de mercado) se han igualado, China es ahora un exportador mucho mayor a los mercados mundiales.

¿Qué depara el futuro?

Empecemos por los fundamentos. La tasa de ahorro bruto de India, aunque no tan alta como la de China, es lo bastante elevada, sobre todo teniendo en cuenta la posibilidad de importar capital, para financiar una tasa de crecimiento de por lo menos el 5%-6%. India goza también de una razonable estabilidad macroeconómica. El espíritu empresarial es abundante y las infraestructuras están mejorando. En definitiva, India no sufrirá escasez de mano de obra, sino todo lo contrario. Como señala Ashoka Mody en India is Broken, la incapacidad de generar suficientes buenos puestos de trabajo supone un gran fracaso. Otro es la impericia para educar a la población a un alto nivel: es probable que el capital humano resulte ser una limitación mucho mayor que el capital físico.

India es una ubicación obvia para las empresas que siguen una estrategia de “China más uno”. También tiene la ventaja sobre sus competidores obvios de contar con un gran mercado nacional. Sin embargo, en los últimos 75 años ha fracasado repetidamente a la hora de aprovechar las oportunidades de crecimiento rápido de las exportaciones de productos manufacturados. El recelo al comercio abierto siempre se interpone en el camino.

Al igual que muchos otros países, India ha sufrido un exceso de deuda incobrable desde la crisis financiera mundial. Este “doble problema de balance” supuso un importante freno al crecimiento. Pero, según expone el Economic Survey este año, “en el transcurso de la última década, la deuda del sector privado no financiero y la deuda de las empresas no financieras indias como porcentaje del PIB se redujeron en casi 30 puntos porcentuales”. Los balances bancarios también se han saneado. En conjunto, el motor del crédito vuelve a estar en bastante buena forma.

La incógnita del largo plazo

El FMI prevé un crecimiento económico anual ligeramente superior al 6% de 2023 a 2028, con un PIB per cápita que crecerá aproximadamente un punto porcentual más despacio. Este crecimiento se acercaría bastante a las medias de las tres últimas décadas. Siempre que el país no se vea sacudido por grandes trastornos globales o nacionales, parece algo perfectamente factible, incluso bastante plausible. Pero, ¿y a largo plazo?

Hay que recordar que India aún tiene un enorme margen de mejora. También es un país joven, con una mano de obra muy subempleada, potencial para mejorar la calidad de esa mano de obra, una tasa de ahorro razonablemente alta y esperanzas cada vez más extendidas de una mayor prosperidad. Será necesaria una gran adaptación para abordar el reto del cambio climático, dado el fracaso en la reducción de las emisiones globales. Pero la transición energética también ofrece enormes oportunidades a India. Creo que India debería ser capaz de mantener un crecimiento del PIB per cápita del 5% anual, más o menos, hasta 2050. Con mejores políticas, el crecimiento podría ser incluso un poco mayor, aunque también podría ser más bajo.

Así pues, supongamos que el PIB per cápita de India sigue creciendo al 5% anual, mientras que el de Estados Unidos lo hace al 1,4%, más o menos como ha sucedido durante las tres últimas décadas. Entonces, en 2050, el PIB per cápita de India (por poder adquisitivo) alcanzaría aproximadamente el 30% del estadounidense, más o menos donde se encuentra hoy el de China. Según las previsiones medias de la ONU, la población de India también sería 4,4 veces mayor que la de EEUU. Por tanto, su economía sería un 30% mayor que la estadounidense.

En resumen, es bastante razonable suponer que India se convertirá en una gran potencia. No es tan difícil imaginar que su economía tenga un tamaño similar a la de EEUU en 2050. Así pues, los líderes occidentales están haciendo una apuesta sensata por una alianza de conveniencia con India. Pero, ¿será India también una democracia liberal? Discutiré esta cuestión la próxima semana.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 7 de Julio del 2023

Esta semana ha empezado un mes de julio que estacionalmente suele ser positivo para las Bolsas, tanto en Estados Unidos como en Europa. Las bolsas americanas, con datos desde 1950, arrojan una rentabilidad en el mes de julio de 1,3% de promedio, más elevado que la media mensual general del 0,7%. Lo mismo sucede en las bolsas europeas que han subido en promedio un 2,2% en este mes, siendo este el mejor a nivel histórico con datos desde 1987.

Veremos cómo se desarrolla este verano del 2023, pero promete que habrá volatilidad. El sector servicios que era el que estaba siendo el motor de la economía a nivel global está perdiendo fuelle. En China el PMI de servicios frena a 53,9 en Junio frente al 57,1 anterior, mientras que en la eurozona lo hace a 52 frente a los y 55,1 puntos del mes anterior y en España el PMI de servicios cayó en Junio a 53,4 desde los 56,7 de Mayo. La razón de la pérdida de dinamismo del sector es la menor demanda, que permite poner al día las carteras de pedidos. La lectura conjunta del sector industrial y de servicios apunta a un estancamiento de la eurozona en el comienzo del tercer trimestre de este año. No obstante, también frena la intención de subir precios de las empresas. Si en el sector servicios cae a su menor nivel en 21 meses, en el sector manufacturero, los precios industriales de mayo muestran un retroceso del -1,5% interanual, a pesar incluso de que, tras las muy negativas cifras de producción industrial de abril, las de mayo muestran una ligera recuperación (España +0,6%, Francia +1,2%). Por otro lado, el BCE publicó su encuesta de expectativas de inflación del consumidor. Disminuyen, pero se mantiene por encima del objetivo de inflación del BCE. A 12 meses se sitúan en el 3,9% y a 3 años en el 2,5%.

                                                Eurozone Services PMI (last 52,00 Jun23).

En esta primera mitad del año hemos visto como la diferencia entre lo que más ha subido, el Bitcoin (+87%), y lo que más ha bajado, el petróleo (-12%), se sitúa en el 90%. Es un buen ejemplo de cómo, por el momento, el 2023 ha servido para poner en perspectiva 2022, con muchos de los activos que más sufrieron recuperando una parte de las pérdidas y viceversa.

                                                               Bitcoin Vs West Texas Oil 2023

La inflación está moderándose en Estados Unidos (4%), Europa (5,5%) y Suiza (1,7%), mientras que en Reino Unido se mantiene más elevada (8,7%). Con todo, los Bancos Centrales insisten en que no han terminado con las subidas y es de esperar que veamos una subida del 0,25% adicional, tanto en Europa, como en Estados Unidos.

El mercado no sólo estaría poniendo prácticamente en precio dos subidas de tipos adicionales por parte del Banco Central Europeo (89% de probabilidades de subida de 25 puntos básicos en Julio, y 67% de probabilidades de otros 25 puntos de subida en Septiembre), sino que estaría planteando una leve probabilidad de ver acciones adicionales para las reuniones de octubre y diciembre (23% de probabilidades de +25pbs en Octubre y 15% de otros +25pbs en Diciembre), lo que plantea que el tramo corto de la deuda soberana ya estaría evidenciando un escenario bastante tensionador que difícilmente será testado al alza en el más corto plazo. Además las publicaciones macroeconómicas, sin llegar a ser especialmente positivas en la Zona Euro, sí pueden plantear un escenario digno que esté en consonancia con un PIB relativamente elevado de cara al 2T23.

                                               Implied Overnight Rate & Number of Hikes/Cuts

El cambio de expectativas sobre tipos de interés le resta al dólar espacio para depreciarse de aquí a final de año frente al euro, esta semana Julius Bäer rebajaba su objetivo a 1,12 dólares por euro a 12 meses frente al 1,15 que esperaban anteriormente

La mezcla de fuerte recuperación económica tras el Covid y alta inflación ha reducido marcadamente los ratios de deuda sobre PIB gracias a un aumento del numerador (PIB nominal). De aquí en adelante el camino es menos claro con menores crecimientos e inflación no van a ayudar, el pago de intereses van a ir aumentando y la deuda no va a poder bajar rápidamente. De momento, como muestran los diferenciales de crédito, el mercado no está preocupado al respecto.

Desde el punto de vista del análisis técnico, históricamente, los primeros semestres con subidas superiores al 10% se han visto seguidos por segundos semestres con subidas medias del 6%.

Como decía la semana pasada el Nasdaq 100 ha tenido su mejor comienzo de año desde 1999.

En el último informe semanal de flujos de entrada y salida en Fondos de Kepler Chevreux se ve cómo se están acelerando los compras (inflows) de Fondos de Renta Variable, es el mayor “inflow” semanal del año en ETFs gracias a las entradas en Renta variable. Los 39,5 billones de dólares que entraron en todos los ETFs son el noveno mayor “inflow” semanal desde que Kepler recopila los datos.

En ETFs de Renta Variable entraron 33,9 billones de dólar gracias a 27,5 billones que entraron en ETFs de Renta Variable de Estados Unidos (mayor “inflow” semanal en los últimos 18 meses) por ETFs que replican S&P500 (+17,2 billones de dólares) y NASDAQ (+4,6 billones). Sigue el interés comprador en ETFs de Renta Variable de Países Emergentes (+4,3 billones siendo 3,3 billones en China).

Importante esta semana:

La secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, inició ayer una visita a China que posiblemente se extienda hasta el domingo, las expectativas son que estas reuniones permitan una relajación de las tensiones entre las dos mayores economías del planeta y en palabras de la propia Janet Yellen “una desvinculación de las dos mayores economías del mundo sería desestabilizadora para la economía mundial». Hoy se reunió también con el primer ministro Li Qiang. Por otro lado, Yellen se mostró preocupada con el reciente incremento de las barreras comerciales impuestas por China, en particular en las exportaciones de “tierras raras” para la fabricación de semiconductores como son el galio y germanio. Esta medida adoptada el lunes, y se considera una respuesta a la prohibición de la administración Biden de vender chips avanzados a China, una medida anunciada el pasado octubre. 


Ayer se publicaron buenos datos de empleo americano, con una mayor creación de empleo de lo previsto y una mejora de la confianza de los empresarios de los servicios. Se publicó el dato de empleo privado realizado por ADP que mostró un aumento de 497 mil nuevos puestos de trabajo por encima de los 267 mil anteriores y superando ampliamente las expectativas de 225 mil. Una cifra que muestra una elevada solidez del empleo y que incluso se estaría acelerando la contratación a finales del segundo trimestre. Por otro lado, se publicaron los datos de vacantes que retrocedieron más de lo esperado en mayo al situarse en 9,8 millones de ofertas de empleo frente a las 10,3 millones previas. A pesar de este descenso, las vacantes siguen en niveles históricamente elevados dado que actualmente existen 1,5x vacantes por desempleado en la economía. No obstante, este freno de las vacantes es una señal positiva dado que una normalización de las vacantes debería permitir un freno en las presiones inflacionistas por el lado de los salarios.  

Este miércoles en Estados Unidos se publicaron las Actas de la Reunión de la Fed quemostraron más división de la esperada entre los miembros de la Fed, y aunque la decisión de esperar fue unánime, algunos miembros habrían apoyado otra subida de tipos de 25 puntos básicos. Además, la mayoría opina que el mercado laboral tan ajustado y una inflación todavía lejos del objetivo del 2% dejan la puerta abierta para nuevas subidas de tipos de interés a corto plazo.

También en Estados Unidos, el sector manufacturero continúa dando muestras de debilidad. El lunes se publicó el dato de ISM de junio, 46,0 puntos frente al 46,9 de mayo y por debajo del 47,1 esperado por el mercado, que se desaceleraba por encima de lo esperado y acumula 8 meses en zona de contracción. Por componentes, todos se sitúan en zona de contracción aunque hay aspectos positivos como la menor presión en costes del componente precios pagados y la mejora de los nuevos pedidos, por segundo mes consecutivo y acercándose a la frontera de los 50 puntos (45,6). En definitiva, el sector fabril sigue dando muestras de debilidad, lo cual puede restar presión a la Fed de cara a próximos movimientos en tipos.  

El martes se publicaron datos de confianza empresarial en China que decepcionaron. En concreto, conocimos el PMI de los servicios realizado por Caixin que bajó más de lo esperado en junio al situarse en niveles de 53,9 desde el 57,1 anterior. Aunque este indicador sigue cómodamente en terreno de expansión económica, el freno registrado en junio apunta a un menor dinamismo de la actividad del sector en los próximos meses. Con este freno en la confianza de los servicios, el PMI compuesto de la economía se sitúa ahora en el 52,5 frente al 55,6 anterior.

En China, Pan Gongsheng, el nuevo jefe del Banco Popular de China se prepara para asumir el mando en un momento incierto para la segunda economía más grande del mundo y para el propio banco central. El estamento gobernador se enfrentará a la tarea de reactivar la recuperación de China después de la pandemia, la cual se ve afectada por una débil confianza de los inversores que muchos expertos creen que no puede solucionarse fácilmente mediante políticas monetarias. Además, lo hará con su propia autoridad debilitada después de una reestructuración regulatoria, donde algunas funciones de supervisión fueron transferidas a otros organismos reguladores


Por qué ChatGPT disrumpe la valoración de las empresas. Ignacio de la Torre. Economista jefe, Arcano Partners. Profesor, IE Business School.

Hace poco, Chegg, una empresa cotizada de Estados Unidos que vende soluciones informáticas que ayudan a niños y adolescentes a realizar deberes, anunció que la irrupción de la última versión de ChatGPT, de la empresa Open AI, se había traducido en un importante freno para las ventas de la compañía. Ese día, la empresa perdió 1.000 millones de valor en Bolsa, con una caída de un 48%.

Mucha gente ha advertido cómo algunas empresas expuestas a la tecnología que ha posibilitado el desarrollo de ChatGPT han experimentado fuertes subidas en Bolsa. El caso más icónico es el de Nvidia, que fabrica los semiconductores que se suelen utilizar para desarrollar esta tecnología. La empresa ha alcanzado el nivel de valoración del billón (español) de dólares. Con todo, los impactos “negativos” como el de Chegg han pasado más inadvertidos. Ambos casos (el positivo de Nvidia y el negativo de Chegg) nos deberían obligar a reflexionar sobre el impacto de esta importante disrupción tecnológica en la valoración de las empresas.

Cuando Andrew Grove, consejero delegado de Intel, presentó al cambiar de milenio un multimillonario plan de inversiones asociado a Internet, un analista osó preguntarle entonces: “¿Cuál es la rentabilidad que espera obtener de esas inversiones?”. Grove le respondió “¿Rentabilidad de inversiones? ¿Está usted loco? ¿Le hubiera preguntado usted a Colón la rentabilidad de descubrir América?”.

Este intercambio muestra en su crudeza la dicotomía que existe siempre cuando se discute de valor y de crecimiento. En resumidas cuentas, la solución a esta dicotomía es la siguiente: si una empresa no crea valor (porque obtiene una rentabilidad del capital inferior al coste de capital), el crecimiento acelera la destrucción de valor. Solo cuando se dispone de un modelo de negocio que crea valor (retorno de capital empleado superior al coste de capital) corresponde maximizar el crecimiento y defenderlo con fuertes barreras de entrada.

La irrupción de la inteligencia artificial generativa (IAgen), bien en su popular expresión de ChatGPT, o en otras versiones como Llama, de Meta, o Bard, de Alphabet, ha provocado un enorme interés que trasciende a los mercados tecnológicos y financieros. Estamos hablando posiblemente de la tecnología con la adopción más rápida de la historia, algo que acelerará las importantes transformaciones que va a generar la IAgen en muchos sectores y en el conjunto de la economía.

En Arcano Technology Research hemos publicado un largo informe analizando los impactos que dicha disrupción puede generar en el mercado de trabajo, en tecnologías relacionadas, en diferentes sectores y en las funciones de una empresa (recursos humanos, finanzas, ventas…). En una sección del informe, exponemos cómo esta tecnología está afectando a la valoración de las empresas. Destaquemos alguna idea:

Primera: La IAgen puede alterar la relación de fuerzas entre las empresas pequeñas innovadoras y disruptivas frente a las empresas más grandes ya establecidas. Si hasta ahora se contemplaba a las primeras como una amenaza, ahora el péndulo favorece a las empresas más grandes. El motivo es que las grandes disponen de más datos y más capacidad financiera para tratar dichos datos con IAgen, pudiendo generar importantes ventajas competitivas que se traducirán en barreras de entrada. Lo que está ocurriendo en el sector asegurador es un buen ejemplo.

Segunda: la IAgen puede generar importantes mejoras de productividad. Al menos tres estudios académicos han documentado casos concretos en los que se han observado aplicaciones de la IAgen que han repercutido en considerables aumentos en el nivel de productividad. Aquellas firmas que presenten las capacidades (dato y su tratamiento) para explotar esta oportunidad podrán obtener dicha productividad, con lo que cimentarán importantes ventajas competitivas. Podrán pagar mejor a sus empleados y, eventualmente, vender sus productos y servicios a un coste más competitivo, ganando cuota de mercado.

Tercera: El tratamiento de datos mediante IAgen, si se traduce en una ventaja competitiva que deviene en barrera de entrada, presenta dos implicaciones para una valoración: a) maximiza el número de años en el que una empresa puede crecer orgánicamente por encima del PIB nominal y de sus competidores, y b) maximiza el periodo en el que una empresa puede obtener un retorno de capital (a su vez muy ligado a la productividad) superior a su coste de capital. Ambos parámetros repercuten en una mayor valoración de la empresa.

Aunque muchas veces el impacto de la tecnología tarda en hacer sus efectos, esta vez parece ser muy diferente. Investigadores norteamericanos de la National Bureau of Economic Research ya han identificado oscilaciones positivas de valor en Bolsa entre empresas positivamente afectadas por ChatGPT y la IAgen que llegan hasta el 100% anual frente a empresas teóricamente “no afectadas”. En realidad, muchas de las últimas acabarán siendo futuras Chegg. De ahí la relevancia de entender bien las implicaciones de esta tecnología en el futuro de las empresas.

Siempre que he explicado en clase el concepto de valor escribo un acrónimo inglés: CFIMITYM. En castellano corresponde al significado “el flujo de caja es más importante que tu madre”. Al final, el reflejo de la IAgen en la valoración de las empresas será por esta vía: las ganadoras generarán más caja, y crecerán más que las perdedoras.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 30 de Junio del 2023

Lo más importante de la semana ha sido el discurso mantenido por los principales banqueros centrales en Sintra, que no planteó sorpresas. Así, el presidente de la Fed, Powell, la presidenta del BCE, Lagarde y el gobernador del Banco de Inglaterra (BoE), Bailey, subrayaron que la inflación está resultando ser más persistente de lo que se esperaba, y que todavía queda camino por recorrer en materia de tipos. En este sentido, Powell dijo que la política monetaria puede no ser lo suficientemente restrictiva, Lagarde sugirió que un aumento de tipos por parte del BCE en julio era una certeza, mientras Bailey prometió hacer lo necesario para que la inflación volviera al 2% indicando que los tipos podrían ser más altos por más tiempo de lo que los mercados esperan actualmente. El presidente del Banco Central de Japón, Ueda, fue el caso atípico, diciendo que la inflación en Japón aún no requería aumentos de tipos. Según el Financial Times esta mañana, la persistente inflación del Reino Unido y las críticas al Banco de Inglaterra por su incapacidad de reducir los niveles de precios han convencido a los miembros del BCE para mantener una postura hawkish en relación a las subidas de tipos con el fin de evitar ser acusados de no hacer lo suficiente para contener las presiones inflacionistas.

La situación en Rusia añade más incertidumbres al panorama geopolítico al demostrarse que el poder que ejerce Putin en Rusia es menos absoluto y férreo de lo que se pensaba. Las teorías de que el conflicto de Ucrania pudiera estar originado por intereses occidentales para derrocar  a Putin ganan fuerza y la situación bélica se complica para el mandatario ruso. A mitad de semana Rusia retiraba los cargos por sublevación tras anunciar que Wagner entregará las armas. Tras confirmar que el grupo paramilitar era financiado por el propio estado ruso, el presidente Putin anunciaba la retirada de cargos contra los combatientes dirigidos por Yevgeni Prigozhin tras aceptar éste la entrega de sus armas. Putin, por su parte, se compromete a dotar a la Guardia Nacional del país de tanques y armamento pesado mientras Moscú se dispone a reorganizar las fuerzas de seguridad.

Modelling Ukraine War End

Fuente: Bloomberg Economics.

Aparte de estas preocupaciones políticas los mercados miran con preocupación a la Fed pues muchos analistas creen que de tanto estirar la política monetaria actual van a acabar metiendo a la economía americana en recesión. El mercado pone en precio aproximadamente un 75% de probabilidad de que la Fed suba tipos en julio después de la pausa de junio. En el BCE el mercado pone casi una probabilidad del 100% de subida de 25 puntos básicos en julio y algo de probabilidad de que haya otra en septiembre.

Como llevo varias semanas diciendo, estamos empezando a ver un enfriamiento generalizado de la economía. Los indicadores empresariales (PMI, Purchasing Manager Index) adelantados muestran una debilidad generalizada en junio y, especialmente, en Francia y Alemania lastradas por la pérdida de dinamismo en China. Todo ello refuerza la visión de algunos analistas de que la Reserva Federal (Fed) ya no subirá más los tipos de interés y al Banco Central Europeo (BCE) le queda sólo una subida.

Hay dos datos que he visto esta semana que me parecen bastante representativos del enfriamiento de la economía, uno es que los precios de los relojes premium de segunda mano colapsando. El índice Subdial Watch, que replica precios de los 50 relojes más negociados, ha caído un 19% en los últimos 12 meses. Algunos ejemplos son el Patek  Phillipe Nautilus (-28%), Rolex  Daytona 116506 (-25%) (https://subdial.com/market). Y eso que el sector lujo es más resistente a los ciclos recesivos.

Otro dato que me ha llamado la atención ha sido el de los datos semanales de quiebras en Estados Unidos que publica Apollo, que se están acelerando en las últimas semanas.

El Banco de Inglaterra ha tenido que subir tipos más de lo esperado, 0,5%, dada la sorpresa negativa de inflación (+7,1%) y el aumento salarial (+7,2%). Los analistas esperan una subida más de 0,25% en julio, hasta el 5,25%, pero las subidas hasta el 6% que espera el mercado a los analistas de Julius Bäer les parecen excesivas dado el flojo crecimiento, visión que comparto.

La mala dinámica de crecimiento de China y una política monetaria más laxa han hecho depreciarse al Yuan habrá que ver la intensidad de las medidas de apoyo al crecimiento que se vayan a adoptar por parte de las autoridades chinas, de cara a los próximos meses.

El sector salud se está quedando muy rezagado en este comienzo de año, pese a lo cual sigue siendo demostrando un mejor comportamiento relativo en el largo plazo, tiene vientos de cola estructurales, como el envejecimiento poblacional, y características especialmente atractivas en el contexto actual (márgenes altos y estables, bajo apalancamiento). Por eso seguimos incrementando nuestro peso en el sector.

En cuanto al Petróleo a pesar de los recortes de producción, la sólida demanda y los problemas en Rusia, el petróleo se ha mantenido cotizando en torno de 75 dólares el barril. La oferta sigue creciendo, sobre todo en Estados Unidos y Suramérica.

Otros dos los gráficos que más me han llamado la atención esta semana, y que son síntoma de cómo se encuentra la economía americana, y sobre todo su inflación, son dos gráfico de Apollo, en uno se ve cómo los alquileres en Manhattan han alcanzado máximos alcanzando el alquiler medio mensual los 4.360 dólares. La vivienda representa un peso del 40% en la cesta de la inflación, lo que la inflación de rentas del alquiler un problema para la Fed de cara a relajar su política de subida de tipos. En el otro se representa el poco miedo que tiene el consumidor americano a perder su trabajo (con una tasa de paro en el 3,4%), también una señal de presión a los niveles de inflación.

Esta semana ha publicado Invesco un informe de estrategia muy interesante (David vs. Goliath: The battle of the size cycle), en el que analiza el ciclo actual del mercado en el que se inclina porque las pequeñas compañías lo empezarán a hacer mejor que las compañías más grandes, después de 10 años de peor comportamiento y de lo barato que están los índices de small caps.

Comparto bastante la visión de Invesco, por eso nuestras mayores exposiciones son al sector financiero y a salud. De hecho últimamente estamos cubriendo nuestra exposición a Renta Variable con opciones del Nasdaq, esperando que el Nasdaq (que lleva una rentabilidad en el año superior al 30%) lo haga peor que financieras, farma y smalls caps de aquí a final de año. El Nasdaq he tenido su mejor primer semestre de la historia.

Los niveles tan bajos de volatilidad además favorecen un ciclo en el que las small caps lo hagan mejor que las large caps:

El Nasdaq 100 lleva una subida superior al 30% en lo que va de año teniendo el mejor primer semestre de su historia. El Nasdaq Composite, que es más amplio, se ha revalorizado casi un 30% y ha firmado su mejor arranque semestral desde finales de los 90. La fiebre por la inteligencia artificial (IA) y un entorno de tipos de interés en Estados Unidos, que se estima que está cerca de su techo, ha dado alas a las tecnológicas. La última encuesta de gestores de fondos realizada por Bank of America mostró que los inversores profesionales mantienen una elevada exposición a los valores de tecnología. Aunque la semana pasada ya se detectó una salida de dinero del sector tecnológico. Se retiraron 2.000 millones de dólares, la mayor cifra en diez semanas. Pero en las ocho semanas anteriores, las tecnológicas habían atraído más de 19.000 millones. El rally de la tecnología, que se aceleró con la quiebra de varios bancos regionales americanos el pasado marzo, lleva semanas cuestionado por algunas firmas de inversión, que esperan una fuerte corrección. Pero podría ser una pausa para seguir al alza a largo plazo. La fuerte subida de las cotizaciones ha dejado el listón muy alto para la temporada de resultados y el riesgo de decepción es mayor. Aumenta, por tanto, la probabilidad de caídas. Valores como Nvidia y Meta suben más del 130% este año, y Tesla ronda el 100%, lo que obliga a ser cautos. Julio suele ser un mes alcista para el Nasdaq, el año pasado se anotó un 12,55% (tras caer un 9% en junio de 2022), pero en los últimos 15 años el índice tecnológico ha subido en julio.

Esta semana también publicaba un informe de estrategia Goldman Sachs en el que decía que el índice de medianas y pequeñas compañías podría subir un 14%. Se habla profusamente del estrecho rally que ha vivido la Bolsa estadounidense durante este año, con unos pocos valores tecnológicos como Nvidia o Microsoft escalando casi en vertical para tirar del conjunto del parqué. El S&P 500 avanza cerca de un 15% en lo que va de año, con la mayor parte de las ganancias generadas por diez empresas. Historia bien diferente es la del Russell 2000, índice que reúne compañías de mediana capitalización en Wall Street, como Avis o Chesapeake Energy, que en 2023 lleva una revalorización por debajo del 6%, es decir, unos nueve puntos porcentuales peor que el S&P 500.

Esta tendencia puede girar, según Goldman Sachs. En un informe, el banco estadounidense señala que el Russell 2000 debería elevar su valor un 14% durante los próximos doce meses, “de acuerdo a un simple modelo basado en el crecimiento económico de Estados Unidos y la valoración de partida. Este modelo explica alrededor de dos tercios de los retornos del índice entre 1995 y 2015”. Goldman señala que ese incremento batiría en 5 puntos al S&P 500, que según sus expectativas va a crecer un 9% durante el próximo año. Se trataría de un comportamiento poco habitual, ya que históricamente el índice de las grandes empresas estadounidenses ha batido el de los valores con menos capitalización. Goldman destaca, sin embargo, que la actual valoración del Russell 2000 (el precio supone 1,9 veces el valor en libros de sus cotizadas) es baja históricamente, mientras que la del S&P está en niveles elevados.

Importante esta semana:

Se confirma la solidez del crecimiento económico en Estados Unidos tras el dato de PIB del 1T23 que se volvió a revisar al alza ayer, situando ahora el crecimiento en el +2% trimestral anualizado y seis décimas por encima de la cifra publicada previamente. Este mejor comportamiento de la actividad se debió principalmente a la fortaleza del consumo privado que avanzó en los primeros tres meses del año un +4,2% frente al +3,8% anterior. Dato positivo y que sigue apuntando a que la actividad económica está soportando mejor de lo esperado las fuertes alzas de tipos de interés realizadas por la Fed. Además ayer se publicaron las peticiones de subsidio por desempleo que mejoraron más de lo previsto al reducirse hasta 239 mil desde las 265 mil anterior.

En la zona euro continúa el deterioro de los indicadores de confianza, el sentimiento económico bajó hasta 95,3 desde el 96,4 anterior y continúa así su tendencia de descenso de la confianza. Además, a nivel sectorial, la confianza de la industria ha caído con fuerza al retroceder hasta -7,2 frente al -5,3 anterior. La novedad, sin embargo, es que el descenso de la confianza se está traspasando también a los servicios situándose el indicador de confianza de este sector en 5,7 frente al 7,1 anterior. En conjunto cifras que apuntan a una nueva desaceleración de la actividad de la región.

En Alemania ayer decepcionó el dato de inflación, en junio el dato preliminar del IPC armonizado registró una aceleración de cinco décimas hasta un avance del +6,8% interanual, un dato que seguiría poniendo presión al alza a la inflación del conjunto de la zona euro.

Esta mañana se ha publicado el dato preliminar de inflación de la Zona euro del mes de Junio, que se desaceleró nuevamente, pasando del 6,1% al 5,5% frente al 5,6% que se estimaba por los analistas. La referencia subyacente se aceleró en una décima hasta el 5,4% frente al 5,5% que estimaban los analistas. Estos datos reflejan que la presión de base sobre los precios se estaría rebajando, aunque de manera todavía moderada.


En China, esta mañana tuvimos datos mixtos de confianza de los empresarios. Por el lado positivo, el PMI manufacturero se ha estabilizado y en junio repuntó dos décimas hasta niveles de 49. Aunque sigue en terreno de contracción, da muestras de una estabilización del sector. Por otro lado, en el sector de los servicios, la confianza de los empresarios se mantiene en terreno de expansión económica, pero en junio el PMI de los servicios bajó hasta niveles de 53,2 desde el 54,5 anterior., Cifras que apuntan a que en conjunto la economía seguirá en expansión: el PMI compuesto se situó en junio en 52,3 frente al 52,9 anterior

Según el China Securities Journal, China podría implementar políticas fiscales adicionales con el fin de apoyar la recuperación económica después de los recortes de tipos realizados. Además la agencia de calificación crediticia S&P recortó el fin de semana pasado sus estimaciones de crecimiento para China desde el 5,5% al 5,2% este año. Una encuesta de Bloomberg prevé un crecimiento del PIB de China del 5,5% en 2023, del 4,9% en 2024 y del 4,6% en 2025.

El martes por la mañana el primer ministro chino Li Qiang, declaró que el país sigue en camino de alcanzar su objetivo de crecimiento de alrededor del 5% para 2023. El mandatario chino, apuntó que espera que el crecimiento del PIB del segundo trimestre sea más vigoroso que el registrado en los tres primeros meses del año y que con ello aumente la confianza en alcanzar el objetivo de crecimiento anual marcado por las autoridades de China al comienzo del año (+5%). Unas declaraciones realizadas en la reunión anual del World Economic Forum of the New Champions y que ocurren días después de conocer cifra de actividad menos positivas de lo esperado para la economía china relativas a mayo. Además, el primer ministro también señaló que las autoridades están dispuestas a actuar con mayores estímulos en caso de que la demanda interna se debilitara.

Como decía a comienzo del email, esta semana en Sintra se ha celebrado una nueva edición del Foro de Bancos Centrales, organizado por el Banco Central Europeo (BCE). Tras la apertura del evento el lunes, Christine Lagarde, presidenta del BCE, dio el martes el pistoletazo de salida a la jornada con un discurso en el que alertó de que la autoridad monetaria no podrá anunciar el techo de las subidas de los tipos de interés en el corto plazo. “Es poco probable que en el corto plazo el banco central sea capaz de asegurar con confianza plena que hemos alcanzado el techo de las subidas de los tipos de interés”, recalcó Lagarde. La presidenta especificó que con su discurso no quiere adelantar futuras decisiones del organismo que, por el momento, sólo ha confirmado una subida de tipos adicional en julio. Sin embargo, la dureza del tono de Lagarde eleva las probabilidades de que estos incrementos se prolonguen después del verano. Al estilo de Australia, y presumiblemente ahora también de Estados Unidos, el BCE podría retomar las alzas de tipos tras haber parado si la inflación no responde como se espera. Para el BCE, es imperativo devolver los precios al nivel objetivo de crecimiento del 2%, una meta que Lagarde asegura que el banco central “está comprometido a alcanzar pase lo que pase”. Y ese “pase lo que pase” son tipos de interés todavía más elevados que endurecen las condiciones de financiación y golpean al crecimiento. La autoridad monetaria europea ha incrementado el precio del dinero en 400 puntos básicos desde julio del pasado año, afrontando el proceso de endurecimiento monetario más intenso de su historia. El BCE considera que existe un riesgo serio de que el crecimiento de los precios se muestre más persistente de lo anticipado. Lagarde describió cómo, en 2022, las empresas contribuyeron con dos tercios de toda la inflación, elevando los precios de sus productos y servicios para mantener, e incluso incrementar, sus márgenes pese a los shocksprovocados por la guerra y los cuellos de botella. Sin embargo, esa inflación ha mutado y ahora la amenaza son los salarios. En 2023, los trabajadores, los grandes perdedores de esta ola de inflación, presionan para recuperar poder adquisitivo. El BCE estima que las negociaciones salariales mantendrán la inflación viva en el medio plazo, con la perspectiva de que los salarios se eleven un 14% desde ahora hasta 2025. La institución considera razonable esta situación si las empresas absorben el coste adicional a costa de sus márgenes y no lo trasladan al consumidor. “Si las empresas recuperaran el 25% de la pérdida de margen que apuntan nuestras proyecciones, en 2025 la inflación se situaría claramente por encima de la prevista en el escenario de referencia, casi en el 3%”, alertó Lagarde, un escenario que obligaría al banco central a redoblar sus esfuerzos de endurecimiento monetario.

Esta semana hemos conocido el índice IFO alemán retrocedió por segundo mes consecutivo, situándose por debajo de lo esperado por el mercado, golpeado por unas peores expectativas empresariales que apunta a que el declive económico podría seguir en el tercer trimestre.

En España, el índice de precios industriales profundizó en su signo negativo, -6,9% interanual frente al -4,5% anterior, principalmente por la energía y en menor medida, los bienes intermedios. Pero también redujeron su inflación los bienes de consumo y de equipo. No obstante, con una aparente mayor resistencia a la baja, con el consiguiente riesgo de que se extienda al IPC subyacente.

También en España ayer se publicó el indicador adelantado del IPC, que se modera con fuerza en junio. Según los datos facilitados por el INE, el crecimiento de los precios al consumo fue del +1,9% interanual desde el +3,2% anterior, situándose así en su menor nivel desde marzo de 2021. Esta moderación de la inflación se explicó principalmente por una subida más moderada de los precios de los carburantes, de la electricidad y de los alimentos y bebidas no alcohólicas. Sin embargo, por su parte, la tasa subyacente de inflación (que retira energía y alimentos no-elaborados) se moderó menos de lo esperado y sigue mostrando una mayor resistencia en normalizarse, en concreto, el IPC subyacente se moderó dos décimas hasta el +5,9% interanual. 

En Estados Unidos, aunque se reduce en mayo, el déficit comercial se sitúa en 91.100 millones de dólares frente a los 97.100 millones previos. Además, esta reducción del déficit se explicó por una mayor caída de las importaciones que retrocedieron un -2,7% mensual al tiempo que las exportaciones cayeron en menor medida (-0,9% mensual). Cifras que apuntan a debilidad del sector exterior en mayo.


EEUU siente la culpa del comprador en el mundo que construyó. Martin Wolf. Financial Times.

Cuando Estados Unidos habla, el mundo escucha; no sólo por su tamaño y riqueza, sino por la potencia de sus alianzas y su papel central en la creación de instituciones y principios del orden actual. Fue decisivo en la creación de Bretton Woods, del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) y de la Organización Mundial del Comercio. Promovió ocho rondas sucesivas de negociaciones comerciales multilaterales. Ganó la Guerra Fría contra la Unión Soviética. Y desde la década de 1980 impulsó una profunda apertura de la economía mundial, dando la bienvenida a China en la OMC en 2001. Nos guste o no, todos vivimos en el mundo que EEUU ha creado.

Ahora que está sufriendo el llamado “remordimiento del comprador”, ha decido rehacerlo. Janet Yellen, secretaria del Tesoro, subrayó los aspectos económicos de esta nueva visión en un discurso el pasado 20 de abril. Siete días después, Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional de Joe Biden, dio otro discurso más amplio, aunque complementario, sobre la “Renovación del Liderazgo Económico Americano”, repudiando las políticas pasadas. Podría considerarse como el regreso al intervencionismo de Alexander Hamilton, el primer secretario del Tesoro norteamericano. Pero, esta vez, la agenda no es para un país naciente, sino para la potencia que domina el mundo.

¿Qué dijo Sullivan y qué significa para EEUU y el mundo? “Una economía mundial cambiante ha dejado atrás a muchos trabajadores americanos y a sus comunidades. Una crisis financiera sacudió a la clase media. La pandemia expuso la fragilidad de nuestras cadenas de suministro. El cambio climático amenaza nuestras vidas. La invasión rusa de Ucrania puso de manifiesto el riesgo de un exceso de dependencia”.

Grandes retos

La Administración considera que se enfrenta a cuatro grandes retos: el vaciado de la base industrial; el despertar de un competidor en geopolítica y seguridad; la aceleración de la crisis climática; y el impacto de la creciente desigualdad sobre la propia democracia. La respuesta sería “una política exterior para la clase media”. ¿Qué se supone que significa eso?

Primero, “una estrategia industrial americana moderna”, que respalde sectores considerados “fundacionales para el crecimiento económico” y también “estratégicos desde una perspectiva de seguridad nacional”. Segundo, cooperación “con nuestros socios para asegurarnos de que construyen capacidad, resiliencia e inclusión”. Tercero, “moverse más allá de los acuerdos comerciales tradicionales hacia nuevas asociaciones económicas internacionales centradas en la retos clave de nuestro tiempo”. Esto incluye crear cadenas de suministro resilientes y diversificadas, movilizando la inversión pública y privada para “una transición energética limpia”, asegurando “la confianza, la seguridad y la apertura en nuestra infraestructura digital”, frenando la carrera en la fiscalización corporativa, mejorando la protección de la mano de obra y el medio ambiente y luchando contra la corrupción.

Cuarto, “movilizar billones en las economías emergentes”. Quinto, un plan para proteger “las tecnologías fundacionales sin perder los beneficios de los socios económicos”. “Hemos aplicado restricciones sobre las exportaciones de los semiconductores más avanzados a China, una premisa para la seguridad nacional. Los aliados y socios clave han hecho lo mismo”. Esto también incluye “mejorar el control sobre las inversiones extranjeras en áreas relevantes para la seguridad nacional”. Sullivan insiste en que son “medidas personalizadas”, no un “bloqueo tecnológico”. ¿Tienen sentido estos nuevos objetivos? Estoy de acuerdo en que el enfado y decepción de lo que los americanos llaman “la clase media” es una realidad peligrosa.

Estoy de acuerdo con que el clima es una prioridad importante, que las cadenas de suministro tienen que ser resilientes y que la seguridad nacional es una preocupación legítima en la política comercial. Rusia nos lo ha enseñado.

Frontera tecnológica

Pero, ¿conseguirán estas medidas que los americanos y el resto del mundo estén mejor y más seguros? Una duda tiene que ver con la escala. Sullivan asegura, por ejemplo, que “se estima que la inversión total púbica y privada de la agenda del presidente Biden, ascenderá a 3,5 billones de dólares la próxima década”, casi el 1,4% del PIB; una cifra muy baja para ser transformadora. Otra duda es que resulta difícil conseguir que la política industrial funcione, sobre todo para las economías en la frontera tecnológica. La siguiente duda es qué disrupciones causará la nueva estrategia en las relaciones políticas y económicas del resto del mundo, sobre todo con China (aunque no solo), especialmente en el comercio.

Va a ser difícil distinguir las tecnologías puramente comerciales de aquellas con implicaciones en seguridad. También va a ser complicado distinguir a los amigos estadounidenses de los rivales, como demuestran las reacciones globales a la invasión rusa de Ucrania. También será difícil persuadir a China de que éste no es el principio de una guerra económica. China ya tiene muchas cartas en esta lucha, como los paneles solares. Otro caso parecido son los minerales de las tierras raras, claves para las tecnologías limpias.

Esta nueva estrategia funcionará si lleva a un mundo más próspero, pacífico y estable. Si lleva a un mundo fracturado, al fracaso medioambiental o directamente a un conflicto, fracasará en sus términos. Sus autores deben calibrar la ejecución de su nueva estrategia. Podría salirles el tiro por la culata.

 

Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 23 de Junio del 2023.

Esta semana hemos tenido comparecencia del presidente de la Fed, Jerome Powell en el Congreso y en el Senado de Estados Unidos, lo que ha traído cierta volatilidad al mercado, tanto de Renta Variable como de deuda y divisa, ya que se mantuvo el mismo mensaje de la última reunión. Powell siguió recalcando que la inflación es el objetivo principal del estamento que gobierna, y tiene claro el mandato de que la Fed debe controlarla, y añadió que dos subidas adicionales a lo largo de este año es “una suposición bastante buena”, aunque también dijo que las subidas se harían de forma más pausada. Hasta hace poco, se descontaba que el ciclo de subidas había llegado a una pausa indefinida en Estados Unidos, sin embargo, las probabilidades de una nueva subida de 25 puntos básicos en la reunión de julio ya llegan al 80% según la mayoría de los analistas y encuestas, y dadas las palabras de Powell, no sería sorprendente que se empezara a descontar una subida adicional en los meses siguientes. Si bien la inflación parece moderarse en la Eurozona, en Estados Unidos el fuerte recalentamiento que sufre su economía parece requerir más acciones y más contundentes.

Por primera vez en la historia la rentabilidad del dinero, de los bonos y de la renta variable en Estados Unidos es la misma. La rentabilidad de las Letras del Tesoro americano a 3 meses fue del 5,30% la semana pasada, mientras que el tipo de interés fijado por la Fed está en el rango 5-5,25%. Del mismo modo la rentabilidad de los beneficios de las compañías del S&P 500 esperada para los próximos 12 meses está en torno al 5,85%.

A pesar de la subida que lleva el mercado en este 2023 (S&P 500 +14,13%, Nasdaq +30,23% Eurostoxx 50 +12,93%), sobre todo en las últimas semanas, con las Bolsas americanas en máximos, el sentimiento inversor sigue siendo negativo, de acuerdo con la encuesta de Junio publicada por Goldman Sachs en la que recogen los datos de 900 inversores institucionales (June Marquee QuickPoll).

En Divisas, el euro es el claro ganador, continuando la tendencia alcista recuperada a finales de mayo, con una revalorización en lo que llevamos de mes del 1%, frente a la caída del dólar, principalmente por el estrechamiento de diferenciales de tipos de interés de interés entre ambas regiones. Ha llegado a estar por encima del nivel del 1,10 esta semana, aunque los datos de PMI de la Zona Euro de esta mañana, sobre todo de Francia y Alemania, han llevado al euro por debajo del 1,09 otra vez. El PMI Composite de la Zona Euro de Junio ha tenido un nuevo descenso desde 52,8 hasta el 50,3, por debajo de lo esperado por el consenso de analistas (52,5), marcando el nivel mínimo de los últimos cinco meses y muy cerca del nivel de contracción económica (50).

Eurodólar últimos 12 meses (último 1,0879).

Como comentaba la semana pasada, hay varios indicadores que están dando señal de venta y posibles caídas en las Bolsas, por estar alcanzando niveles de complacencia y de sobrecompra importantes.

CNN Fear & Greed index en territorio de extremada complacencia (Extreme Greed) https://edition.cnn.com/markets/fear-and-greed

Índice alcistas Vs bajistas parte alta del rango de los últimos 10 años (AAII Bulls – Bears).

Índice de Volatilidad del S&P 500 VIX (línea naranja) y del EuroStoxx 50 V2X (azul).

Otro indicador que podría estar fijando un techo en la bolsa americana es que la expansión de múltiplo reciente del NASDAQ 100 es una de las mayores de los últimos años.

Como llevo diciendo varias semanas, esta semana hemos comprobado que el crecimiento en China está perdiendo fuerza y, a no ser que veamos un plan de estímulos fiscales y monetarios relevantes dirigidos al consumidor, el crecimiento podría pararse. Muchos analistas están rebajando sus previsiones de crecimiento para China, esta semana Julius Bäer bajaba su estimación al 5,2% de crecimiento de PIB para 2023 frente al 5,6% que tenía anteriormente. El menor crecimiento chino puede notarse en el precio de las materias primas, en los mercado emergentes y en Europa. En Estados Unidos, en cambio, el crecimiento de beneficios de sus empresas depende mucho menos del resto del mundo y está empezando a notarse en las revisiones al alza que los analistas están haciendo de dichos beneficios, es el principal motivo por el que las Bolsas americanas han reducido el diferencial que tenían a comienzo de año frente a las Bolsas europeas (S&P 500 +15%, Nasdaq +31%, EuroStoxx 50 +14,50% en lo que va de 2023).

Hemos visto cómo la inflación en la eurozona se confirma en el 6,1% y la inflación subyacente, quitando energía y alimentos, está dando claras muestras de haber tocado techo. Esto pone a prueba la intención del Banco Central Europeo de seguir subiendo tipos de interés, la subida adicional en julio de 0,25%, llevándose los tipos al 4.25%, es inevitable y no depende de los datos. A partir de ahí, la mayoría de analistas opinan que el BCE ya no subirá más los tipos.

Desde un punto de vista de análisis técnico el S&P 500 ha marcado su primer máximo de 52 semanas después de 75 semanas consecutivas sin hacerlo, esto suele ser un síntoma de saludable demanda y es un señal alcista desde un punto de vista técnico.

Importante esta semana:

De Guindos, vicepresidente del Banco Central Europeo,  dijo no tener dudas de que la inflación general disminuirá, aunque la referencia subyacente «podría enfrentar más limitaciones” en ese proceso de desaceleración. Por su parte, Stournaras, otro miembro del BCE, dijo que el BCE está «cerca del final del ciclo alcista” en materia de tipos, aunque todavía no ha llegado al final. En este sentido, dijo que la Autoridad tiene que ser consciente de no provocar una recesión.

Según fuentes de Bloomberg, la Comisión Europea anunciará un paquete de ayuda de 50.000 millones de euros para Ucrania en forma de subvenciones, préstamos en condiciones favorables y garantías, financiadas por los estados miembros.

Hoy hemos conocido los PMIs de Junio de la zona euro, que he comentado antes, y que siguen mostrando una fuerte divergencia entre el sector servicios y el manufacturero. El PMI Manufacturero de Junio de la Zona euro pasó de 44,8 a 43,6 (por debajo de los 44,8 esperados), mínimo desde Mayo del 2020. El PMi de servicios también cayó fuerte, al pasar de 55,1 a 52,4 frente al 54,5 que esperaba el consenso de mercado. En Francia las huelgas hicieron que el PMI composite se desplomase por debajo de los 50 puntos, pasando de 51,2 a 47,3, se esperaba 51, el sector servicios pasó de 52,5 a 48. Alemania por su parte también descendió aunque de manera más moderada, pasando de 53,9 a 50,8. Datos de PMIs muy negativos en general que meten presión al BCE de cara a la próxima subida de tipos anunciada en Julio, aunque es cierto que los datos de la zona euro están muy distorsionados por las huelgas en Francia.

El martes conocimos también los datos de precios de producción en Alemania, con un resultado sorprendentemente positivo, mostrando una subida interanual del +1%, frente al +1.7% esperado, y desde el +4.1% anterior. Es razonable pensar que esta bajada se verá, al menos en parte, reflejada en la tendencia a la baja de la inflación subyacente, que está siendo la más difícil de controlar en la Eurozona. De ser así, esto quitaría un argumento al BCE a la hora de seguir subiendo tipos en la reunión de septiembre.

El miércoles se publicó el dato de inflación de Mayo de Reino Unido, que frena su moderación. Los datos publicados decepcionaron al mostrar que el crecimiento del IPC repuntó en mayo al repetir el ritmo de crecimiento del +8,7% del mes anterior. Además, esta resistencia de la inflación en frenarse vino por el lado de la tasa subyacente, dado que en mayo repuntó tres décimas aumentando un +7,1% interanual, una cifra que quedó por encima de las previsiones y apunta a que las presiones inflacionistas siguen elevadas en la economía. Esto llevó ayer al Banco Central de Inglaterra (BoE) a subir por sorpresa los tipos 50 puntos básicos. La pregunta es si esta subida tan fuerte será la primera de muchas, teniendo en cuenta que la inflación, tanto la principal como la de servicios, sigue subiendo. Bloomberg Economics estima que la inflación del Reino Unido seguirá bastante elevada durante más tiempo que en Europa o Estados Unidos. Bloomberg Economics estima que el Banco de Inglaterra seguirá subiendo tipos en Agosto, en Septiembre y en Noviembre llegando al pico de tipos de interés en el 5,75% frente al 5% que esperaban anteriormente. Actualmente está en el 5% (después de la subida de esta semana desde el 4,5%). El mercado sólo le daba un 30% de probabilidades a una subida de 50 puntos, los analistas esperaban que sólo subiesen 25 puntos básicos hasta el 4,75%.

                Estimaciones de Bloomberg Economics para el IPC de Reino Unido.

El Banco de España ha elevado este martes al 2,3% (desde el 1,6%) sus previsiones de crecimiento del PIB en España para este 2023, pero avisa que España seguirá rezagada en Europa.

Las menores presiones inflacionistas, el previsible esprint en la ejecución de los fondos europeos y la buena marcha de las exportaciones, pero también, y sobre todo, la inercia positiva del primer trimestre, cuando la economía sorprendió con un alza del 0,5%, junto a las revisiones que el INE hizo del PIB de trimestres anteriores, han llevado al Banco de España a retocar sustancialmente sus proyecciones para este año. Ahora, el supervisor prevé un crecimiento del 2,3% en 2023, siete décimas más que en el informe de marzo, a lomos precisamente del “efecto arrastre” que implicaron los ajustes de PIB efectuados por el INE en abril, cuando revisó al alza las tasas de crecimiento entre el segundo y el cuarto trimestre de 2022. De hecho, cinco de esas siete décimas de mejora se deben al ajuste automático por las revisiones del INE y al buen dato del primer trimestre, mientras que solo las dos décimas restantes se atribuirían al mayor dinamismo mostrado por la economía en los últimos meses. Así lo refleja el Banco de España en su último informe trimestral, presentado el martes, en el que la entidad supervisora rebaja en una décima el crecimiento para 2024, hasta el 2,2%, y prevé un repunte del PIB del 0,6% en el segundo trimestre de este año, una décima más que en el primero. 

Ese avance trimestral permitirá a España recuperar por fin los niveles de PIB previos a la pandemia, aunque más de tres años después de su estallido. A pesar de ello, España sigue rezagada en la recuperación y continuará estándolo en los próximos años. El Banco de España recordó ayer que la zona euro se encuentra, de media, un 2% por encima de los niveles pre-Covid, gap que la economía española aún tardará en cerrar. De hecho, aunque el PIB español crecerá a mayor ritmo que el bloque del euro durante todo el horizonte de proyección del informe de supervisor, a finales de 2025 España seguirá todavía sin sellar esa brecha. Esto es, habrá que esperar al menos a 2026 para lograrlo. 

Además de que buena parte de la mejora de las previsiones para este año provienen de ajustes automáticos de “datos pasados”, el Banco de España alerta de que si bien la actividad se habría acelerado ligeramente en el segundo trimestre respecto al primero, en las últimas semanas se han detectado “algunas señales de debilidad”. Signos de desaceleración que se plasman en cierta pérdida de fuelle en la creación de empleo y en los indicadores de confianza, al tiempo que el endurecimiento de la política monetaria (la semana pasada, el BCE elevó al 4% los tipos oficiales) sigue inoculándose a la actividad económica por la vía no solo de un mayor coste de la financiación para hogares y empresas, sino de una mayor dificultad para acceder a préstamos bancarios. Un bucle que, según el supervisor, “seguirá presionando a la baja el dinamismo de la actividad en los próximos trimestres”. 

Las señales de alerta son todavía incipientes, pero si se intensificaran podrían conducir a una rebaja de las perspectivas en el futuro, en un contexto en el que los riesgos siguen “orientados fundamentalmente a la baja”. Unos signos de enfriamiento que se producen, además, a las puertas de las elecciones generales del 23-J y que podrían marcar la futura legislatura. 

Aun con todo, los pronósticos del Banco de España para el conjunto del año figuran en la banda alta de las revisiones efectuadas en las últimas semanas. Además de superar el 2,1% que vaticina el Gobierno o la OCDE, sus estimaciones se sitúan claramente por encima del 1,9% previsto por la Comisión Europea o la Airef, y están en línea con el 2,4% anunciado por BBVA Research la semana pasada, fruto también de “las revisiones estadísticas” y “la evolución de las exportaciones”. 

Un crecimiento que se sustentará esencialmente en el tirón de la demanda externa (exportaciones y turismo), que ha sido –y será– el principal motor de impulso de la economía española este año y que permitirá compensar, al menos en parte, el declive del consumo privado y la “atonía de la inversión en vivienda”, señala el Banco de España, que prevé que el gasto de los hogares apenas crezca un raquítico 0,2% este año frente al 1,2% que preveía en marzo.  

Todo ello en un contexto en el que la soga inflacionista ha aflojado la presión sobre la actividad económica, gracias sobre todo a la intensa desaceleración de los precios energéticos, ya que si bien los alimentos parecen haber tocado techo e iniciado también una senda de moderación, aún siguen creciendo a tasas de doble dígito (un 12% en mayo frente al 16,6% que llegaron a crecer en febrero), en un escenario en el que la sequía y su impacto sobre las cosechas representa un factor añadido de incertidumbre sobre la evolución de la inflación alimentaria en los próximos meses. Y un factor nada desdeñable. El supervisor estima que “el peso de los productos alimentarios afectados por la sequía sería de entre un 15% y un 20% del total del componente de alimentos” en el IPC armonizado. 

Aun así, el Banco de España ha revisado a la baja sus pronósticos de inflación, con un IPC medio armonizado del 3,2% para este año, cinco décimas menos de lo que preveía en marzo, aunque alerta de un posible rebote en 2024, hasta el 3,6%, por el efecto bumerán derivado de “la expiración del grueso de las medidas introducidas por las autoridades en respuesta a la crisis inflacionista” y energética. 

Otro factor de riesgo es el lento pero inexorable avance de los salarios y, sobre todo, de los costes laborales, que en el primer trimestre se dispararon un 6,2%, según los datos más recientes del INE. Si bien el pacto salarial alcanzado por los agentes sociales en el marco de la negociación colectiva (subida del 4% para este año y del 3% para 2024 y 2025) mitiga “en cierta medida” el riesgo de efectos de segunda ronda en la inflación, el Banco de España avisa de que “no puede descartarse todavía que la persistencia de elevadas tasas de inflación subyacente conduzca a la materialización de efectos de segunda ronda significativos sobre los precios”, ya sea por vía salarios y/o márgenes empresariales. 

Respecto al empleo, el supervisor destaca el gran dinamismo mostrado por la creación de empleo en los últimos meses, pero advierte de que la desaceleración detectada en las últimas semanas también ha llegado al mercado laboral. La evolución de la afiliación en la primera quincena de junio “apunta a un comportamiento más débil de la creación de empleo”, alertó la institución. 

En China el Gobierno no acaba de definir los estímulos que se plantea para reactivar una economía que no acaba de reactivarse. La mayoría de los agentes coinciden en que es necesaria la introducción de una serie de medidas muy concretas y contundentes que fuercen la activación del consumo, la producción y también del maltrecho sector infraestructuras e inmobiliario. Bancos de inversión como Goldman Sachs han recortado sus previsiones de crecimiento para China, que pasan de un +6% inicial en su PIB para el 2023 a un +5,4%. No se espera, no obstante, ni que el gobierno chino emita bonos ‘de recuperación’ como hicieron en la crisis de 1998 y en la pandemia de 2020 ni que intervenga con grandes cantidades de dinero en el sector inmobiliario, como ya hicieron en el pasado. Las medidas deberán venir del banco central en forma de políticas monetarias más laxas, y del gobierno central que deberá usar herramientas fiscales eficientes para provocar el crecimiento económico. El Secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, que acaba de regresar de China se mostraba también optimista con respecto a las relaciones bilaterales entre ambas potencias, lo cual debería ser de por sí otro gran estímulo para el crecimiento.

El Banco Central de China anunció la madrugada del martes que rebajará en 10 puntos básicos el tipo de referencial para créditos (LPR) a 1 y 5 años (hasta el 3,55% y el 4,20% respectivamente) lo que supone un recorte menor del esperado por el consenso en la referencia a 5 años donde se manejaba una reducción de 15 puntos básicos.

Esta madrugada hemos conocido en Japón el dato de IPC, el IPC subyacente subió más de lo esperado en el mes de mayo al pasar de 4,1% a 4,3% por encima del 4,2% estimado. Por su parte, el PMI composite preliminar del mes de junio pasó de 54,3 a 52,3, descenso liderado fundamentalmente por el componente de servicios (de 55,9 a 54,2).


La economía mundial ya no es lo que era. Federico Steinberg. Investigador del Real Instituto Elcano y Profesor de la Universidad Autónoma de Madrid

Cuando el politólogo Francis Fukuyama vaticinó El fin de la historia en un breve ensayo en 1989, el júbilo recorrió muchas capitales europeas. El binomio democracia liberal-capitalismo había triunfado. Y eso allanaba el camino para que la economía internacional transitara desde la división en bloques de la Guerra Fría hacia una integración más profunda basada en instituciones multilaterales fuertes en la que los europeos se encontraban como pez en el agua.

Se abrió así paso la era de la hiperglobalización que, bajo la batuta de las ideas liberales, llevó durante casi tres décadas a una profunda transformación de la economía global. Los flujos comerciales se multiplicaron, las finanzas se globalizaron, los movimientos migratorios se aceleraron y se construyeron las cadenas de valor globales, en las que las empresas europeas ocupaban un lugar privilegiado. Bajo la filosofía del just in time y las ganancias del comercio, las consideraciones de eficiencia económica pasaron a primar sobre todas las demás y el crecimiento económico se aceleró. Había fe en que el mercado se autorregularía, por lo que el papel del estado debía limitarse a asegurar la competencia y proteger el estado de derecho, dejando poco margen a la política industrial, que perdió credibilidad en este periodo en que dominaban las ideas que hoy llamamos neoliberales.

Al mismo tiempo, se imponía un relato político que casaba bien con la visión del mundo europea según la cual la interdependencia económica no sólo creaba prosperidad, sino, sobre todo, paz duradera. Ni los atentados del 11 de septiembre de 2001, que devolvieron los temas de seguridad a la agenda internacional, ni el espectacular auge económico de China (del que Occidente se volvía cada vez más dependiente) parecían inquietar a las élites y empresas europeas. Siempre y cuando hubiera cooperación internacional bajo el sólido marco normativo de la Organización Mundial de Comercio (OMC) –y siempre que tanto el nacionalismo como el imperialismo se mantuviera a raya– no había motivos para que los europeos pusieran en duda los beneficios de la interdependencia. De hecho, estaban convencidos de que este modelo llevaría a que tanto China como Rusia fueran convergiendo con el modelo económico y político occidental.

Sin embargo, las cosas cambiaron mucho desde la crisis financiera de 2008 y la Gran Recesión que la siguió, que además en Europa fue más larga y destructiva por la crisis de deuda soberana en la zona euro. En los países avanzados se ha producido desde entonces una fuerte reacción contra la globalización, cuyas consecuencias más dramáticas para los europeos han sido el Brexit y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos en 2016. Ambos simbolizan una visión nacionalista e identitaria de la política que se encuentra en las antípodas de lo que representa el proyecto europeo de cooperación y mestizaje. Pero, además, en la última década, ha aumentado la polarización, se ha reducido la confianza en la democracia, y los regímenes autocráticos –comandados por líderes nacionalistas y autoritarios– seducen a electorados que añoran un mundo más seguro y predecible, incluso dentro de la Unión Europea. Aunque el capitalismo se ha vuelto hegemónico y no tiene alternativas, en Occidente ha generado un exceso de desigualdad de renta y oportunidades que, junto al cambio tecnológico, el envejecimiento de la población y la transformación de las relaciones laborales, está socavando el contrato social que articulaba y daba estabilidad las sociedades europeas. Y por si esto fuera poco, el mundo amable y predecible de las instituciones multilaterales, la cooperación internacional y la primacía del derecho, está siendo sustituido por la rivalidad entre grandes potencias y la ley del más fuerte, al extremo de haber traído de nuevo la guerra al continente europeo.

En el ámbito económico, desde la Unión Europea se ve con asombro cómo Estados Unidos, tanto durante la Administración Trump como bajo la presidencia de Biden, ha dejado de estar interesado en invertir capital político en preservar el sistema multilateral de comercio. Es cierto que Biden ha devuelto a Estados Unidos al Acuerdo de París y ha aprobado importantes leyes de lucha contra el cambio climático, pero lo que articula la política exterior de Estados Unidos es sin duda su temor a China, y eso lo comparten demócratas y republicanos. De hecho, su política económica exterior va destinada a aumentar la seguridad económica y reforzar el empleo industrial doméstico, para lo que ha adoptado una agenda neomercantilista como la que China lleva desarrollando décadas, sin que parezca preocuparle –como sí preocupa a los europeos– que el proteccionismo, la reducción del comercio y la corrosión de las instituciones que lo regulan tenga importantes consecuencias negativas tanto sobre la prosperidad y la inflación globales como sobre la estabilidad política y la paz.

Sin embargo, lo que realmente ha hecho que la Unión Europea despierte de su sueño liberal y se plantee modificar partes de su estrategia de política económica y su evaluación de las ventajas de la globalización y la interdependencia ha sido el Covid-19 y la invasión rusa de Ucrania. Ambas han mostrado a la ciudadanía con tremenda dureza que la interdependencia puede volverse un arma arrojadiza, en un caso en el campo sanitario (mascarillas y medicamentos) y en otro en el energético (gas y petróleo). A partir de ahí, se ha empezado a hablar más seriamente de autonomía estratégica y de de-risking (la necesidad de reducir los riesgos derivados de la interdependencia económica), al tiempo que la lucha contra el cambio climático también pone sobre la mesa nuevos instrumentos de intervención en el mercado, esta vez sí, promovidos por la Unión Europea.

Nuevas ideas dan paso a nuevas políticas

Poco a poco, y como resultado de todos estos shocks, se está produciendo un giro copernicano en las ideas dominantes acerca de cómo gestionar la economía global en Occidente. Y este giro ha llegado a las capitales europeas y está permeando incluso entre los que se resistían a aceptar el declive del orden liberal internacional. Se trata del retorno del estado a través de una nueva versión del mercantilismo. Sobre la base de las ideas clásicas que vinculan la prosperidad de los estados a su poder militar, industrial, financiero o tecnológico, y que utiliza la política comercial como una herramienta más de la política exterior, se están creando nuevos instrumentos de política económica destinados a aumentar la resiliencia y frenar el auge de los competidores. La visión win-win imbricada en la idea liberal de las ventajas comparativas está dando paso a otra en la que importan más las ganancias y pérdidas relativas en relación a las potencias percibidas como rivales.

La seguridad económica, la autonomía energética, la resiliencia de las cadenas de suministro o la supremacía tecnológica se consideran ahora más importantes que el mantenimiento de mercados abiertos y el aumento de la eficiencia. Y eso abre la puerta a una panoplia de nuevos instrumentos de política comercial que Occidente está empezando a refinar. Además del proteccionismo tradicional, los controles de inversiones provenientes de países considerados peligrosos y los requisitos de producción doméstica que ha introducido Estados Unidos en la Inflation Reductión Act, se están aprobando controles a las exportaciones de tecnología e incluso a las inversiones exteriores al tiempo que se revisan las cadenas de suministro para reducir las dependencias de China, sobre todo en minerales críticos. De hecho, aunque las empresas multinacionales estadounidenses querrían seguir haciendo negocios en China, la Administración Biden les está indicando que eso ya no es una buena idea. El cambio en relación a los años noventa o los dos mil, cuando los intereses de las empresas internacionalizadas eran tenidos mucho más en cuenta en Washington, es enorme.

La Unión Europea y sus estados miembros, a quienes Estados Unidos está presionando para que calquen su política hacia China, todavía no han llegado a ese extremo. Pretenden evitar el desacoplamiento de su economía con la del gigante asiático y parecen más conscientes del daño económico que la desintegración podría causarles, pero también está reelaborando su estrategia económica exterior para adaptarla a los nuevos tiempos (y algunos, como Holanda, sí se han sumado al control de exportaciones de semiconductores bajo la presión norteamericana). En particular, la Unión Europea ha creado nuevos instrumentos defensivos como el mecanismo anti-coacción (para poder responder a acciones hostiles por parte de China –y otros– contra sus empresas) o los sistemas para evitar que empresas extranjeras subsidiadas operen en el mercado interior violando la competencia, que se suman a los controles de inversiones extranjeras introducidos en 2019 o al mecanismo de ajuste en frontera (CBAM, por sus siglas en inglés) destinado a luchar contra el cambio climático, aprobado en 2023.

Pero además de estos instrumentos, las sanciones de Occidente contra Rusia que han seguido a la invasión de Ucrania (y que muchos países no occidentales no han secundado) y el impulso a la política industrial (sobre todo en lo vinculado a las transiciones verde y digital, pero también en la industria de defensa), están dibujando un panorama en el que las consideraciones geopolíticas tienen cada vez más primacía sobre las económicas y en el que asegurar la resiliencia ante shocks externos es al menos tan importante como promover el crecimiento.

El futuro de la globalización

Más allá de que las ideas dominantes y las políticas económicas estén cambiado, la forma que adoptará la globalización en las próximas décadas todavía no está definida. Si no se produce una guerra entre Estados Unidos y China por Taiwán (algo poco probable pero no imposible), seguramente no habrá una intensa desglobalización. El escenario más probable es el de fragmentación de la economía mundial. Será difícil de evitar un desacoplamiento tecnológico entre Occidente y China al tiempo que es probable que se generalicen instrumentos de proteccionismo verde para luchar contra el cambio climático y nuevas barreras a la movilidad de materias primas, bienes y capitales como resultado de las estrategias de autonomía y de-risking occidentales y de la respuesta de China. Pero dadas las enormes diferencias de costes entre países es poco probable que se desglobalice el comercio de bienes básicos, al tiempo que tanto el intercambio de servicios digitales como la movilidad de personas seguirá creciendo.

Las grandes damnificadas serán la gobernanza de la globalización y la cooperación internacional. Además, corremos el riesgo de que a la creciente división geopolítica entre Occidente y el resto –que ha intensificado la invasión rusa de Ucrania– se le sume una nueva división norte-sur entre países ricos y emergentes que a la Unión Europea no le interesa. Para los ciudadanos europeos, como casi siempre desde hace décadas, la respuesta a estos retos pasa por más Europa.

Pero esta vez, será necesario un paso adelante en la integración fiscal y política para el que algunos parecen no estar todavía preparados.


Buen fin de semana!

Comentario de Mercado viernes 16 de Junio

Esta semana la Fed mantuvo los tipos de interés en Estados Unidos sin cambios el rango oficial entre el 5,0% y el 5,25%. Aunque el sesgo que se apreció en la rueda de prensa de Powell tuvo un marcado componente hawkish, ya no sólo por el aumento de las previsiones de crecimiento e inflación, además de la rebaja del paro para este año, sino por las nuevas proyecciones de tipos que plantean la mediana de los “dots” (proyección de tipos) aumentando en 50 puntos básicos respecto a las que se dieron a conocer en el mes de marzo. De esta manera, en estos momentos el plan de la Autoridad Monetaria pasaría por tener un nivel de llegada en el 5,6%, lo que sería consistente con un rango entre el 5,50% y el 5,75%. Posteriormente, para el 2024, se valoran recortes de unos 100 puntos, aunque volvemos a resaltar la notable dispersión que tienen las estimaciones a medio/largo plazo. Por su parte ayer el Banco Central Europeo subió ayer tipos en Europa 25 puntos básicos. Tanta el presidente de la Fed, Jerome Powell, como la del BCE, Christine Lagarde, han coincidido en la falta de visibilidad en el corto plazo, algo que dificulta aún más poder hacer estimaciones. Con el incremento de previsiones de inflación en Europa debemos recordar su diferente naturaleza frente la americana, mucho más dependiente de la demanda interna. En Europa en cambio la comida y la energía son factores más de oferta que de demanda, menos permeables la política monetaria.

Fuente: Inverseguros.

El sentimiento inversor es el principal elemento director de la dirección del mercado en el corto plazo. Julius Bäer escribía en su informe semanal esta semana que dicho sentimiento ha vuelto a niveles neutrales, lo que significa que las buenas oportunidades para comprar ocurrieron en octubre de 2022 y marzo de 2023, precisamente cuando el sentimiento de los inversores estaba en modo pánico. Pese a que las encuestas de sentimiento apuntan a que los inversores están en modo risk-on, el posicionamiento no las respalda, con los inversores esperando a que se produzca una corrección para comprar, corrección que por estar siendo esperada por todos no termina de producirse.

El reciente rebote del dólar se ha debido a unos datos mejores de lo esperado que han hecho temer mayores subidas por parte de la Fed. Sin embargo, las estimaciones de la mayoría de los analistas es que la Fed ya ha terminado de subir tipos y el BCE aún ha de hacerlo dos veces, lo que debería permitir alcanzar niveles del eurodólar de 1,12.

Como veíamos la semana pasada la subida del S&P 500 en 2023 se explica por siete acciones de las 500 que componen el índice. S&P 500 +13% YTD, sin los 7 iría +2,50%.

Desde AXA me llegan tres gráficos bastante interesantes de la encuesta de Bank of America a gestores institucionales. Son bastante indicativas de la incertidumbre que hay en el mercado. Por una lado se espera recesión en Estados Unidos para el tercer o cuarto trimestre, el sentimiento está en mínimos, que suele ser bueno para la bolsa y activos de riesgo, y revisión al alza de beneficios. Lo lógico interpretando estos datos sería esperar una desaceleración o recesión suave que mejore el sentimiento con una revisión al alza de beneficios. La duda está en la subida tan acelerada de tipos que siempre lleva tiempo en trasladarse y que pueda crear una recesión más grande.

Fund managers have again shifted the recession’s start forward:

…while risk sentiment remains very downbeat, despite the stock market’s rally…

…and an upward revision to earnings estimates!!

AXA IM

La inflación en España ha bajado hasta el 3,2% en Mayo desde el 4,10% que marcó en Abril. En términos mensuales el IPC ha estado plano frente a la estimación que tenía el mercado de una rebaja del 0,1%.

El índice que elabora Bloomberg que es bastante indicativo es el Paella Index, que se calcula mediante e precio de los ingredientes necesarios para cocinar una paella. Dicho índice subió un 14% en Mayo frente a su nivel del 2022. El precio del aceite de oliva subió un 24,7% frente a precio del año anterior, por encima del 22,2% de subida que marcó en Abril.

Importante esta semana:

Este miércoles la Fed se ha tomado un respiro, pero apunta “futuras alzas de tipos”. “Habrá más subidas este año, pero dada la velocidad con la que hemos endurecido la política monetaria hasta ahora, hemos considerado mantenerlos como están en esta reunión”. Con estas palabras explicó el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, la decisión que el consejo del banco central estadounidense adoptó esta semana.

Powell quiso dejar claro que el hecho de tomarse un respiro no significa que la escalada de tipos haya terminado. De hecho, las previsiones que maneja el organismo han empeorado respecto a la hoja de ruta que se vislumbraba en marzo. La mitad del consejo de la Fed está convencido de que será necesario llevar los tipos de interés hasta la franja comprendida entre el 5,5% y el 5,75%, frente a la actual, situada entre el 5% y el 5,25%.

Eso significa al menos dos subidas más de un cuarto de punto cada una en lo que queda de año, teniendo en cuenta el ritmo que se ha fijado la Fed en sus últimas reuniones. Quedaría la opción de materializar la subida a finales de julio con un incremento de medio punto, pero los analistas descartan esta opción. Powell no dio más pistas el miércoles, salvo que habló en plural al mencionar “futuras subidas”. Aunque la voz dominante en el seno del consejo se inclina por llevar los tipos hasta el 5,75% este año, Powell también insistió en que “no hay ninguna decisión tomada” y que se trata de una previsión con las estadísticas actuales en la mano. El dato de la inflación, publicado el martes, fue clave para terminar de convencer a los miembros de la Fed, que eran partidarios de no detener el ritmo de las subidas. El IPC en Estados Unidos bajó en Mayo hasta el 4%, mínimo de los últimos dos años. En términos interanuales el dato de mayo ha caído nueve décimas respecto al mes anterior. Aunque los precios siguen subiendo, lo hacen a menor ritmo, concretamente, al más lento desde abril de 2021, justo cuando empezaron las primeras señales de alerta sobre la escalada que estaba por venir y que culminó tocando techo en junio del año pasado, cuando alcanzó el 9,1%.

El dato de mayo, publicado ayer por la Oficina de Estadísticas Laborales, representa la segunda mayor caída en la tasa interanual desde que el índice de precios de consumo (IPC) de Estados Unidos inició la senda de la moderación el pasado verano. El otro salto más importante se dio entre febrero y marzo de este año, cuando la inflación retrocedió un punto porcentual entero, aunque al mes siguiente solo se recortó una décima, poniendo en duda las voces que daban por hecho que lo peor ya había pasado y temiendo incluso un ligero repunte. La cifra desvelada ahora confirma la tendencia a la baja y acerca el dato del IPC un poco más al objetivo del 2% que se ha fijado la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos.

Por su lado, ayer el Banco Central Europeo subió, como estaba previsto, los tipos de interés en 25 puntos básicos perfilando al menos una nueva subida para la reunión de Julio para terminar con un tipo real cercano al 1%, inflación del 3%, lo que a corto plazo debería contribuir a mejorar el sentimiento hacia Bancos, aunque a medio plazo presionará el crédito a la baja y encarecerá el pasivo. Como digo, ayer, el Consejo del BCE anunció una subida de 25 puntos básicos, lo que deja el tipo de interés de las operaciones principales de financiación y de la facilidad de depósito en el 4,00% y 3,50% respectivamente. En cuanto a las decisiones futuras, al igual que sucedió en marzo, se vuelve a hacer hincapié en que el objetivo de la Autoridad Monetaria es el de asegurar que los tipos se fijen en niveles lo suficientemente restrictivos como para lograr que la inflación vuelva a situarse en el objetivo del 2% en el medio plazo, manteniéndose en esos niveles el tiempo que sea necesario. De esta forma, y dado que el propio BCE en su comunicado prevé que la referencia de precios siga siendo “demasiado alta durante demasiado tiempo”, deja la puerta abierta a ver subidas adicionales. Además de la subida de tipos, el BCE anunció, tal y como se esperaba, que pondrá fin a las reinversiones en el marco del programa de compra de deuda (APP) a partir de julio de 2023. En cuanto a las nuevas previsiones del staff técnico del Banco, la senda de crecimiento de la inflación, tanto general como subyacente, fue revisada al alza. Así, las primeras aumentaron en una décima en todo el horizonte temporal, mientras las segundas se vieron afectadas por una subida más importante. De esta manera, para el 2023 el IPC pasó del 4,6% al 5,1%, del 2,5% al 3,0% para el 2024 y del 2,2% al 2,3% en 2025.

Fuente: Inverseguros.

El próximo 22 de Junio el Banco Central de Inglaterra (BoE) podría volver a subir otros 25 puntos los tipos hasta el 4,75%. Existe cierto riesgo de que tenga que llegar a 6% para poder situar los tipos reales en positivo, ya que la inflación está en el 5%.

La inflación subyacente, es decir, la que no incluye los elementos más volátiles, como la energía o los productos frescos de la cesta de la compra, se situó en mayo en el 5,3%, tan solo dos décimas menos que en abril. Este es uno de los indicadores que más preocupa a los analistas, ya que si bien también se ha moderado en los últimos meses, se mantiene mucho más elevado de lo que se calculaba a principios de año y podría afectar al alza a las previsiones para el segundo semestre del año.

Decomposing 10-year rate drivers:

Las últimas previsiones económicas en Reino Unido empiezan a alejarse del escenario de recesión. Así, las últimas cifras de la Confederación de la Industria Británica apuntan a un crecimiento del PIB del 0,4% en 2023 y del 1,8% en 2024, mejorando las proyecciones anteriores. El desempleo cayó en Reino Unido hasta 3,8%  a pesar de que las expectativas de mercado era de subida a 4%. El mercado de bonos británico ha sido el que peor comportamiento ha tenido entre las mayores economías, con una inflación que no muestra signos de moderarse, y ahora mismo, el mercado descuenta que el tipo podría llegar a 5,7%, el más alto en 15 años.

En China el Banco Central del país redujo la madrugada del lunes el tipo de interés de los préstamos a corto plazo por primera vez en 10 meses, en un intento de restablecer la confianza del mercado y apuntalar la estancada recuperación de la segunda economía mundial tras la pandemia. Este recorte del tipo de interés de los préstamos apunta a una posible relajación de los tipos a largo plazo la próxima semana, a medida que se debilitan la demanda y la confianza de los inversores.  El mercado da como muy probable la puesta en marcha de una batería de medidas fiscales con vistas a apuntalar la economía, incluyendo al sector inmobiliario. La medida concreta del Banco Popular de China (PBOC) fue la de recortar el coste del repo inverso a siete días en 10 puntos básicos, hasta el 1,90% desde el 2,00% del martes, cuando inyectó 2.000 millones de yuanes, 280 millones de dólares, mediante bonos a corto plazo.

Esta semana el BBVA elevó su previsión de crecimiento del PIB en España al 2,4% por el turismo y las exportaciones. La economía española vuelve a acelerar tras el buen arranque del año, cuando logró desafiar la recesión invernal que se cernió sobre la eurozona. El PIB crecerá un 0,7% entre marzo y junio, de acuerdo con las previsiones publicadas ayer por BBVA Research en su informe Situación España. Esto es, cuatro décimas más de lo previsto por el organismo hace apenas tres meses, lo que, junto con los buenos datos de los trimestres anteriores, ha llevado al organismo a elevar sus previsiones de crecimiento para el conjunto del año en ocho décimas, hasta el 2,4%. Esto es, la cifra más optimista de todas las que conforman el consenso de Funcas, tres décimas por encima incluso de los pronósticos del Gobierno, sustentada sobre la bonanza de las exportaciones y el turismo.

Si las previsiones de BBVA Research se cumplen, la economía española registrará un crecimiento muy sólido este año, del 2,4%, a pesar de todas las dificultades: la inflación y la pérdida de poder adquisitivo, la subida de los tipos de interés, la recesión en Europa o la fragmentación del comercio internacional. ¿A qué se debe esta mejora? Fundamentalmente, a la rebaja de los precios del petróleo y el gas, responsables del aumento de cuatro décimas respecto a la previsión anterior, y a los buenos datos de los trimestres pasados, revisados recientemente por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y Eurostat que elevan la actividad media para el conjunto del año en otras cuatro décimas. Frente a ello, la política económica y la política monetaria tendrán una influencia negativa, aunque de menor envergadura, y también la reducción de la volatilidad supondrá un pequeño empujón para la actividad.

Por áreas económicas, la mejora se explica por una “sorprendente y positiva” evolución de las exportaciones y el turismo, que compensa la atonía de la demanda interna, además de los problemas que sufren la industria, la agricultura y la construcción de vivienda. En concreto, las exportaciones crecerán un 5,2%, 1,8 puntos más que las importaciones, lo que implica que el sector exterior aportará ocho décimas al PIB este año. Y, dentro de este bloque, las exportaciones de servicios (principalmente, turismo), crecerán con mucha fuerza, un 7,9%. De acuerdo con las estimaciones de BBVA Research, a través del gasto con tarjetas de crédito de los no residentes, el consumo de los visitantes internacionales está creciendo con bastante más fuerza de lo que calcula el INE, lo que supondría que el turismo se ha recuperado de forma muy vigorosa. De hecho, la mala atribución del gasto de los turistas a los residentes en España explicaría por qué el consumo mantiene un cierto dinamismo a pesar de que la inflación supera ampliamente las subidas de sueldos, lo que implica una gran pérdida de poder adquisitivo.

Sin embargo, en el otro extremo de la balanza hay varios elementos que lastran la actividad. Uno de ellos es la ya mencionada pérdida de poder adquisitivo que, junto con el aumento del coste de las cuotas hipotecarias, frenará el consumo privado hasta el 0,7%. En concreto, los hogares españoles destinarán este año el 3,7% de su renta bruta al pago de intereses hipotecarios, el doble que en 2021. El otro es la inversión, que crecerá un 2,7%, aunque se será mermada en algunas áreas, como es el caso de la construcción en vivienda por la caída de las compraventas y por la nueva Ley, hasta el 0,3%. Además, aunque los fondos europeos se están ejecutando ya con cierta intensidad, “no tienen un efecto tractor sobre la inversión privada”, como sí sucedería en Estados Unidos, sino que están sustituyéndola, ya que el nivel total de inversión es similar al de 2019, a pesar de que los fondos europeos suponen un 30% del total.

Sin embargo, estas perspectivas optimistas no se extienden hasta 2024, para cuando BBVA Research ha recortado el PIB en medio punto, hasta el 2,5%, debido a los precios del petróleo y el gas (dos décimas), al endurecimiento de la política monetaria (una décima) y a la política económica (dos décimas). Además, señalan que el ajuste fiscal necesario (que estiman en 4,4 puntos del PIB, de acuerdo al momento del ciclo económico, aunque lógicamente el ajuste tendría que hacerse progresivamente), lo que restará fuelle al crecimiento a lo largo de los próximos años. Con todo, desde BBVA señalaron que las elecciones de julio pueden suponer un pequeño estímulo, ya que “la cercanía respecto a su convocatoria en diciembre, debería reducir el período de incertidumbre que se habría abierto si se hubieran agotado los plazos”.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que la demanda global de crudo toque techo antes del final de la década. Según el organismo, el consumo de crudo como combustible para transporte comenzará a decaer a partir del año 2026, por el auge del coche eléctrico y otras medidas puestas en marcha. Con todo, la AIE pronostica un crecimiento del 6% para la demanda mundial de petróleo entre 2022 y 2028, hasta alcanzar los 105,7 millones de barriles al día, resultado de la sólida demanda de sectores como el petroquímico o el aeronáutico. Sin embargo, a pesar de este aumento acumulado, se espera que el crecimiento de la demanda anual se reduzca desde los 2,4 millones de barriles al día estimados para este año a sólo 400.000 barriles diarios en 2028, “lo que pone a la vista un pico en la demanda». Por otro lado, la AIE comenta que las inversiones globales en exploración, extracción y producción de crudo y gas se aproximan a los niveles más altos desde 2015.

El Banco de Japón ha decidido esta madrugada mantener su política monetaria, ha sido una decisión unánime que deja los tipos oficiales en el -0,1% y además continuará con su programa de compras de bonos que busca controlar los tipos de interés a largo plazo, situando los tipos a 10 años en niveles cercanos al 0%, con un margen aceptable de fluctuación del 0,5%. El banco central japonés se ha mantenido inamovible en su política monetaria expansiva ante lo que considera una inflación transitoria que espera que se ralentice a partir de septiembre.


Lagarde, no diga julio cuando quiere decir septiembre. Andrés Stumpf.

Los inversores siempre van por delante. Si el banco central de una determinada región no les proporciona ninguna guía, éstos tratan de adivinar lo que hará en su próxima reunión. Si, por el contrario, telegrafía con credibilidad sus movimientos, los mercados lo descuentan y pasan a especular sobre la siguiente cita.

Ayer, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE) quiso jugar a ese juego. La banquera francesa optó por anticipar una nueva subida de los tipos de interés en la cumbre de julio al señalar que si el escenario base no cambia, será necesario un nuevo incremento para recuperar la estabilidad de los precios.

La contundencia de su convicción ante el futuro movimiento, unida a unas proyecciones de inflación especialmente lesivas, han llevado a que el mercado descuente al 100% la subida de tipos de julio, pero también que vaya más allá. Los inversores conceden una probabilidad muy elevada –y creciente– a que el BCE acometa otra subida de tipos más en septiembre antes de cerrar el ciclo. Y parece que justo era eso lo que el BCE buscaba.

Sin margen de error

Pese a la mejoría de los datos recientes de inflación, el banco central está preocupado por la aportación de los salarios al crecimiento generalizado de los precios. Por eso, considera que no puede echar el freno por más que las expectativas anteriores apuntasen a la zona actual como el techo para los tipos de interés. Toca ir más allá y ver cómo hacer que el mercado ayude a conseguirlo.

Si la autoridad monetaria con sede en Fráncfort hubiera optado por no aclarar sus próximos movimientos, los inversores se pasarían las próximas semanas especulando sobre julio y, únicamente en menor medida, sobre qué ocurrirá a la vuelta del verano. De esta forma, cuando Lagarde se refirió expresamente a la reunión de julio, lo que en realidad hizo es poner sobre la mesa un más que posible alza en septiembre.

De hecho, en el a veces tan complejo lenguaje bancocentralés, decir julio con la suficiente fuerza es equivalente a decir septiembre.

Con esta estrategia, el Consejo de Gobierno del BCE mata dos pájaros de un tiro: por un lado, consigue que las condiciones de financiación se endurezcan de golpe bastante más al moverse no sólo por la subida de tipos efectuada, sino también por la anunciada, lo que ayuda a acelerar la lucha contra la inflación. Por el otro, da más tiempo a ir digiriendo que a la recta final de los incrementos del precio del dinero aún le queda algo de recorrido.

De momento, el BCE no tiene miedo a pasarse de frenada y confía en que, si luego la situación de la inflación mejora, los inversores celebrarán que se adelante la tan ansiada pausa.


Turismo 2023: Viento a favor y luces largas. Gabriel Escarrer. Vicepresidente Ejecutivo y CEO de Meliá Hotels International y presidente de Exceltur.

2023 se ha iniciado con fuerza en el ámbito turístico. La resiliencia mostrada por el sector, que fue el más afectado por la pandemia, ha sido extraordinaria, impulsada al principio por el efecto “botella de champán” de la demanda tras levantarse las restricciones a la movilidad, pero consolidada después por la creciente prioridad de las “ganas de viajar” en los hábitos de consumo de nuestros mercados turísticos.

Así, tras una Semana Santa muy positiva, la demanda ha mantenido su fortaleza, situándose nuestras reservas para el verano un 30% por encima de las registradas en el mes de mayo de 2019. Podemos celebrar también haber recuperado el saludable “mix” tradicional de nacionalidades o mercados emisores de turistas hacia nuestro país, y nuestras previsiones para 2023 apuntan a que en el conjunto del año no solo superaremos los ingresos de año pasado, sino también los índices de ocupación, tanto en destinos vacacionales como urbanos.

A nivel de sector, las previsiones de organismos como Exceltur, revisando al alza la estimación de crecimiento del PIB turístico hasta situarla en un +9,4% sobre los niveles de 2019, o de AENA, confirmando un buen trimestre para el tráfico aéreo y un incremento del 4,4% de capacidad para este verano, apuntalan nuestro optimismo. Y si nos asomamos a las tendencias, podemos concluir que, aunque el “último minuto” sigue siendo muy importante, un porcentaje creciente de viajeros vuelve a reservar con cierta anticipación y la proporción de cancelaciones también se reduce. Según indican las búsquedas de viajes en Google, España, Italia y Francia se mantienen como los destinos más buscados en el conjunto del área de Europa, Medio Oriente y África, manteniéndose también el auge del turismo de lujo.

A pesar de esta positiva evolución de la demanda y los ingresos, no todo es “de color de rosa” para nuestro sector: las consecuencias de la pandemia (tales como el elevado endeudamiento acumulado por el sector después de dos años de pandemia sin prácticamente actividad) y los enormes retos post-Covid como la crisis energética, la inflación y las amenazas de desaceleración, lastran la recuperación e impiden que ésta se traslade plenamente a los resultados empresariales. De hecho, al eliminar el efecto de la inflación, el PIB turístico no habría alcanzado aún los niveles previos a la pandemia, y cerraría 2023 por detrás de la recuperación del resto de la economía española (a pesar del positivo comportamiento de los ingresos).

Por ello, en un año de especial complejidad por la concentración de procesos electorales, reclamamos un mayor apoyo, escucha y colaboración por parte de todas las Administraciones Públicas, hacia un sector que en 2022 volvió a contribuir con más del 12% del PIB y que fue un motor fundamental de nuestra economía, estando detrás del 61% de su crecimiento.

Necesitamos abordar transformaciones estructurales en nuestros grandes destinos vacacionales pioneros, en la conectividad y en políticas como la de visados, mejorar la flexibilidad y el marco fiscal de nuestras empresas y destinos, incentivar la calidad y sostenibilidad de la oferta, regular el alquiler vacacional (a cuyo descontrol actual podrían sumarse los efectos indeseados de la recientemente aprobada Ley de Vivienda) y controlar aún más el turismo de excesos, entre otras cosas.

Para ello, además de una mayor priorización política y presupuestaria del turismo y una mejor gobernanza público-privada, seguimos pidiendo, a los líderes políticos presentes y futuros, estatales, autonómicos y locales, responsabilidad y visión de largo plazo, para mantener aquello que se hace bien, eliminar lo que nos resta competitividad, y mejorar en aspectos esenciales como los que acabo de apuntar.

Como una política esencial y “de Estado”, el Turismo no puede estar al albur de los sucesivos cambios de gobierno y de programas políticos, sino que debe consensuar la gran estrategia-país que venimos reclamando desde hace años, sustentada en la fuerza de la colaboración público-privada; tampoco puede nuestro país, en este año crucial, perder la oportunidad histórica de reasignar, para los grandes proyectos transversales y transformadores del sector, una parte de los Fondos Europeos Next Generation nuevos o pendientes de adjudicación, que el turismo merece y necesita.

Aunque los vientos de cola que impulsan nuestro turismo permanezcan soplando, 2023 será sin duda un año crucial para consolidar la recuperación, y sentar las bases de la competitividad y sostenibilidad futura, y a largo plazo, del sector.

 


El mundo observa a España ante el 23-J. Manuel López-Linares. Profesor en la Universidad Pontificia Comillas-ICADE.

El resto de Europa mira con atención. España es una de las cuatro principales economías de la Unión Europea y de la zona euro. Nuestro PIB representa casi el 10% del total de los veintisiete. Y el gobierno que salga de las urnas deberá asumir su papel protagonista en el Consejo, el principal órgano normativo y de dirección política de la organización. También ostentará la presidencia rotativa del mismo hasta diciembre.

Los socios de la UE compartimos la esencia de nuestra cultura y una agitada historia en común. El Imperio Romano impuso su poder por la fuerza, pero extendió por el continente el saber acumulado de las polis griegas, y aportó organización jurídica, comercio, y paz duradera en su territorio. La posterior integración de la cosmovisión cristiana implicó reconsiderar el trato dispensado a todo ser humano. Si pasamos de ser meras criaturas a hijos adoptados por la Divinidad, entonces formamos una familia universal de hermanos con una dignidad innegable. Por lo que debía replantearse un sistema que admitía abusos como la tortura, la esclavitud, el maltrato a prisioneros de guerra y civiles, o la pena de muerte.

La articulación de los derechos humanos supuso un esfuerzo de siglos. El Imperio cayó, se perdió la unidad política y, sin ella, volvieron los conflictos recurrentes al continente, a pesar de nuevos intentos de unión en el Medievo y el Renacimiento. Pero en 1945-48, ante el abismo de la aniquilación nuclear por la enésima confrontación entre nuestros pueblos, nos vimos obligados a dar un giro trascendental: las naciones de Europa, lideradas por una excolonia, decidieron organizarse de tal modo que la guerra no volviera a asolar el continente. Para ello, debían vincularse a través del diálogo permanente y de más intensas relaciones económicas multilaterales. La ONU y otras organizaciones internacionales verían la luz bajo la premisa del fomento de la paz, la autodeterminación de los pueblos, el desarrollo económico, y la defensa universal de los derechos humanos.

Nuestro acervo cultural y político, moldeado por un pasado común, permitió desarrollar nuestra organización europea con objetivos más específicos: la ya imprescindible paz por medio de la interdependencia comercial, y la defensa de la democracia liberal y representativa. Se trataba de proteger la libertad y evitar la tiranía por medio de la separación de poderes; libertades como la de opinión, asociación o prensa; la aconfesionalidad del Estado; y la alternancia y legitimidad en el poder por medio de elecciones libres. Además de todo esto, la Unión acabaría logrando el mayor mercado único del mundo con un programa de fondos para cohesionarlo, una moneda fuerte y estable, el acceso conjunto a material escaso como las vacunas, o el reparto de fondos anticrisis –que no hubieran logrado muchos Estados miembros individualmente en los mercados de deuda–. Y también oportunidades como la defensa común en caso de renuncia de Estados Unidos en la OTAN.

Cambios políticos en toda Europa

Pero las sucesivas crisis del siglo XXI han provocado ansiedad entre muchos ciudadanos. Algunos optan ahora por opciones políticas nostálgicas de los regímenes totalitarios que llevaron a Europa al borde de la destrucción en el XX. Renacen planteamientos euroescépticos y extremistas, a izquierda y derecha, que comparten una base ideológica común: iliberal –y por tanto frontalmente antieuropea–, anti élites de clase –o xenófoba, según su signo–, conspiranoide, y transmitida habitualmente por medio de la incitación al miedo, poniendo en riesgo los impagables logros comunitarios.

Algunos de sus líderes han alcanzado ya el poder. Los hay que no han querido o podido realizar cambios significativos. Otros, como en Europa oriental, han debilitado la separación de poderes y erosionado libertades esenciales, como la de prensa. Fuera de Europa, han llegado a laminar la cohesión social y el pilar básico del sistema democrático al cuestionar sin fundamento los procesos electorales, y promover el asalto a la sede del poder legislativo.

El extremismo iliberal en España

El extremismo nostálgico iliberal tiene su propia ola en España, que renace en tiempos de crisis. Los peores “ángeles de nuestra naturaleza” parecen regodearse al rememorar la última contienda cainita del siglo pasado. Se obvia que en las tres elecciones generales de la II República hubo alternancia, y la ciudadanía optó mayoritariamente por opciones moderadas. Militantes de partidos antisistema con menos del 3,5% de los votos, como el Comunista, o del 0,1% y sin representación, como Falange, agitaban las calles interesadamente en un ojo por ojo homicida. La desigualdad social y el impacto de la Gran Depresión americana complicaron evitar el –por desgracia– habitual recurso a la asonada militar. Lo que nadie esperaba era que aquello derivase en un conflicto incivil, y que el militar responsable desde aquel otoño del mando sublevado decidiera prolongar la contienda, maltratar y eliminar físicamente tras la misma a decenas de miles de compatriotas, e instaurar una dictadura vitalicia. Entre 1940 y 1943 apoyó la agresión de Alemania en la Guerra, y le propuso conquistar Portugal y el norte de África.

“La alternativa era peor aún”, argumentan unos, tras casi cuarenta años de censura y eficaz propaganda, como si el futuro estuviera abierto solamente a una dicotomía de opuestos. Y así continúa la espiral divisiva creciente entre izquierda y derecha, sin entender que no existe una línea infranqueable entre moderados, sino que el salto cualitativo se produce en los extremos iliberales. Esta idea se extiende a la clase política, que tras años accediendo al hemiciclo del Congreso se pregunta quiénes son “los de los bustos” del pasillo de entrada. Necesitamos recordar a Melquíades Alvarez y a Julián Besteiro. Pero también a Ortega y Gasset y Fernando de los Ríos. O Alejandro Lerroux y Martínez Barrio. Ahora ni siquiera sitúan ideológicamente a Manuel Azaña, a pesar de los esfuerzos de José María Aznar en 1996. Porque de alguna manera, fruto del desconocimiento, persiste esa división tribal imaginaria.

Socialdemócratas, liberales sociales, o liberal-conservadores aportan más según el momento económico, y podrían colaborar en ausencia de mayorías suficientes. Algunos creen que una amplia coalición moderada daría alas a los extremos, pero también existe la opción de dejar gobernar al ganador, con apoyos legislativos puntuales. Y es que, aunque incluso los extremos pueden llegar a aportar algo de valor, la historia demuestra que cuando se les entrega poder, lo que se pone en riesgo es excesivo.

Nuestra Transición asombró al mundo y merece recordarse como un éxito colectivo extraordinario. Pero nuestro futuro requiere superar esa polarización binaria y la identificación generalizada con una de las dos Españas extremas, ruidosas, e históricamente minoritarias. Nos jugamos mucho y el mundo –también Putin y otros que quieren la división de Occidente– observa con atención. “Venceréis, pero no convenceréis”: Unamuno pensaba en el corto plazo, y en 1936 no pudo imaginar el resto del siglo. Ahora España necesita convencerse de que la paz, la concordia y el progreso pasan por la Europa democrática y unida que surgió de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Porque quizás no haya una segunda oportunidad.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 9 de Junio del 2023.

El impulso de la tecnología lleva al S&P 500 a un nuevo mercado alcista, con una subida desde los mínimos de octubre superior al 20%. Una escalada que se ha sobrepuesto a la Fed más restrictiva de los últimos 40 años y a una crisis bancaria localizada en la banca regional de Estados Unidos. No obstante, este rally está apoyado en pocas empresas y no es consecuencia de unos fundamentales macroeconómicos mejorando, Alphabet, Apple, Meta, Microsoft, Netflix, Tesla y Nvidia suponen ahora mismo el 30% de la capitalización del S&P 500, máximos desde Agosto del 2000:

Sin las 7 grandes tecnológicas el S&P 500 llevaría una rentabilidad en el año del 0%, lleva una rentabilidad del 11%, lo que supone que carteras o fondos que no tengan estas compañías llevan un underperformance en el año respecto al índice brutal:

En Estados Unidos según conocimos el viernes de la semana pasada, en mayo se crearon mucho más puestos de trabajo de lo esperado, 395.000 frente a los 195.000 esperados, sobre todo en el sector servicios. Sin embargo, la tasa de desempleo subió del 3,5% al 3,7%, con el nivel de participación estable en el 62,2%. Esto hace que, respecto a la actuación de la Fed con los tipos de interés, el mercado espere una pausa en junio y una subida adicional en julio, pero esta semana varios analistas, como los de Julius Bäer, publicaban informes en los que no esperan que se vaya a producir esa subida de Julio, con la Fed siendo muy consciente de que el impacto de las subida se dejan notar con cierto decalaje.

Tipo federal y tipo terminal cotizado

Como vimos la semana pasada, la inflación en la eurozona sorprendió positivamente con una lectura del 6,1% frente al 7% del mes anterior y una inflación subyacente (quitando energía y alimentos) del 5,3% desde el 5,6% anterior. El nivel de inflación es alto y llevará al BCE a subir un 0,25% en junio y un 0,25% en julio, hasta el 4,25%, según la mayoría de analistas:

Otro de los puntos importantes de este comienzo de Junio es que la dinámica económica china está perdiendo fuelle, pesando sobre confianza empresarial y del consumidor, lo que lleva a varios analistas, como los de Julius Bäer, a rebajar la estimación de crecimiento para este año al 5,6% desde el 6% anterior. El objetivo marcado por el gobierno (5%) parece fácilmente alcanzable en todo caso y hace esperar pocas medidas de estímulo adicionales, esta semana hemos tenido datos de balanza comercial con exportaciones muy flojas (ver Importante esta semana).

Crecimiento PIB Chino desde el 2008:

Previsiones de crecimiento del PIB China para 2023 (5,50% interanual):

Desde Kepler Chevreux me llegaba esta semana cómo el indicador Fear & Greed de la CNN vuelve a zona de Extreme Greed, lo que suele ser una señal bajista ya que implica complacencia de los inversores (https://edition.cnn.com/markets/fear-and-greed).

Otros dos indicadores que apuntan a la complacencia del mercado son el indicador Bulls minus Bears, que se acerca a la parta alta del rango, que esta semana ha tenido un movimiento muy fuerte, tanto en el índice de los alcistas (Bulls) como en los bajistas (Bears). El otro indicador es la volatilidad implícita del NASDAQ 100 que está en zona de  mínimos.

AAII Bulls — Bears

AAII Bullish Readings

AAII Bearish Readings

Nasdaq 100 Volatilidad Implícita (línea blanca) frente al Nasdaq 100 invertido (amarilla)

Importante esta semana:

Según una encuesta de Bloomberg, la mediana de los resultados muestra la expectativa del mercado de ver dos subidas de tipos adicionales, sin recortes de tipos antes de junio de 2024. Adicionalmente, el 31% de los encuestados espera que el Banco Central Europeo complemente los vencimientos del programa de compra de deuda (Asset Purchase Programme que se inició a mediados del 2014) con ventas, y el 17% espera que se adelante el final de las reinversiones en el marco del programa de compra de deuda lanzado a raíz de la pandemia (Pandemic Emergency Purchase Programme). Por otra parte, el 63% anticipa que la Autoridad Monetaria venderá bonos de emisores intensivos en carbono e invertirá en alternativas más ecológicas.

El fin de semana pasado, de forma inesperada, Arabia Saudí anunció un recorte unilateral de su producción de crudo, buscando mantener el precio de esta materia prima en niveles elevados. El líder mundial en la exportación de crudo y de la OPEP+ anunció el pasado domingo que retirará del mercado un millón de barriles diarios, aproximadamente el 1% de la producción global y cerca del 10% de su bombeo, a partir de julio, con vistas a estabilizar la cotización de la materia prima en torno a 80 dólares por barril con la que estabilizar sus finanzas y atender así a sus compromisos presupuestarios. En este sentido, el cártel decidió reducir los objetivos globales de producción a partir de 2024 en un total adicional de 1,4 millones de barriles diarios. Muchas de estas reducciones no serán reales, ya que el grupo redujo los objetivos de Rusia, Nigeria y Angola para ajustarlos a sus niveles actuales de producción. En sentido contrario, Emiratos Árabes Unidos obtuvo luz verde para incrementar su producción. La OPEP+, que bombea en torno al 40% del crudo global, mantiene en vigor un recorte de 2 millones de barriles al día, lo que supone el 2% de la demanda global, acordado en 2022, mientras que en Abril del 2023 acordó un recorte sorpresa de 1,6 millones de barriles al día, en vigor desde mayo hasta finales de este año. Lo que definitiva supondrá que el cártel consolidará los recortes de producción ya anunciados y en vigor. 

En Europa, la confianza de los empresarios se ha revisado a la baja con el PMI compuesto rebajándose hasta niveles de 52,8 desde el 53,3 preliminar. Esta rebaja se explica por el descenso de la confianza del sector de los servicios que se rebajó ocho décimas hasta 55,1. Entre las grandes economías, las cifras más elevadas de la confianza de los empresarios fueron registradas en España con el PMI compuesto en niveles de 55,2, mientras que en Italia se situó en 52, en Francia en 51,2 y en Alemania en niveles de 53,9. Datos que apuntan a un menor dinamismo en los próximos meses, pero manteniéndose en terreno de expansión. Por otro lado, también cayó más de lo esperado la confianza de los inversores con el índice Sentix retrocediendo hasta -17 desde el -13,1 anterior y por debajo del -15,1 previsto. Con este retroceso, la confianza de los inversores vuelve a mínimos desde enero y señala un deterioro de las perspectivas económicas.

Siguiendo con datos de la zona euro, el lunes conocimos también los precios de producción industriales que aceleraron su descenso y confirman la fuerte moderación de las presiones inflacionistas por el lado de los costes de producción. Los menores precios energéticos están favoreciendo este comportamiento y en abril los precios de producción cayeron un -3,2% mensual, lo que implica una moderación del crecimiento de los precios en términos interanuales en el +1% frente al +5,5% anterior. Continúa alejándose así desde los máximos de +43,3% interanual registrado el pasado mes de agosto.

El martes el Banco Central Europeo publicaba las expectativas de inflación en Europa. Estas se han moderado significativamente, con los indicadores a 1 año bajando desde niveles del 5% al 4,1%, y a 3 años se sitúan ya en un muy moderado 2.5%, aproximándose al objetivo de inflación del 2% del BCE. A pesar de las declaraciones recientes de Christine Lagarde, en las que aseguraba que aún no había pruebas claras de que la inflación subyacente hubiera tocado techo, los bonos europeos recogieron estas expectativas de forma positiva, bajando los bonos alemanes la rentabilidad, aunque se mantiene la previsión de dos subidas de 25 puntos básicos adicionales.


Según los últimos datos de Eurostat publicados ayer Europa entra en recesión por la caída del consumo y la inversión.

Aunque en un primer momento parecía que Europa había sorteado la temida contracción invernal, ahora todo apunta a lo contrario. La eurozona entró en recesión entre el cuarto trimestre de 2022 y el primero del ejercicio actual, de acuerdo con los datos publicados ayer por Eurostat, que revisan a la baja las estimaciones previas y estiman un retroceso económico del 0,1% en cada uno de ellos. Un ajuste que se debe al descenso del consumo por la subida de precios y al desplome de la inversión por el alza de los tipos de interés y del que solo se libra el sector exterior.

En concreto, la oficina estadística comunitaria había calculado inicialmente un estancamiento de la actividad entre octubre y diciembre, seguido de un avance del 0,1% entre enero y marzo, unas cifras que ahora rebajan a sendos retrocesos intertrimestrales del 0,1%. Esto es, una recesión técnica que supone la pérdida de 10.000 millones de euros de actividad respecto a las estimaciones iniciales que se concentra fundamentalmente sobre Alemania, Irlanda y Finlandia, mientras que algunos países, como Italia, Bélgica o Austria experimentan pequeñas revisiones al alza.

El principal problema de estos datos es que prácticamente todos los motores de la economía están en retroceso, con la única excepción del sector exterior, que no mejora precisamente por el aumento de las exportaciones sino por el menor coste de las importaciones. Así, el consumo cayó un 0,3% en la eurozona entre enero y marzo después de hundirse un 1% en el trimestre anterior, debido a que la inflación hizo mella en el poder adquisitivo de los hogares. Y esto supone un golpe muy difícil de corregir con el resto de componentes de la economía, ya que el consumo privado supone cerca del 60% del volumen total de la actividad.

En segundo lugar, la inversión, aunque con un menor peso en el conjunto de la economía, sufre un desplome bastante más intenso en términos porcentuales entre ambos trimestres debido al efecto combinado de la subida de los tipos de interés, la incertidumbre en el panorama internacional y la caída de la demanda. Así, la formación bruta de capital fijo apenas crece un 0,6% en el arranque del año después de desplomarse un 3,5% al cierre del pasado ejercicio, lo que arroja un descenso del 2,9% acumulado en los últimos seis meses. A eso hay que sumar que el gasto público también se hunde un 1,6% en el primer trimestre después se crecer un 0,8% en el periodo anterior.

Finalmente, solo el sector exterior cierra ambos trimestres con un crecimiento positivo, aunque no por la buena marcha de las exportaciones, que acusan tanto la fragmentación del comercio internacional, como el abaratamiento de las importaciones, una vez resueltos los cuellos de botella en la industria y reducidos los precios de la energía ante la caída de la demanda. Así, las ventas al exterior de la eurozona cayeron un 0,2% en el cuarto trimestre y un 0,1% en el primero, pero al mismo tiempo las importaciones se redujeron un 2,5% y un 1,3%, respectivamente, lo que resultó en un aporte de 1,6 puntos de PIB a la economía entre los dos trimestres, una cifra insuficiente como para compensar los problemas del resto de los sectores.

Por países, España ha sorteado esta recesión invernal con cifras relativamente buenas, ya que creció un 0,4% en el último trimestre del año pasado y un 0,5% en el arranque del actual ejercicio, unas cifras que coinciden con las primeras estimaciones y que contrastan con la atonía o la contracción de otros países. En concreto, Alemania sufrió una contracción del 0,3% después de hundirse un 0,5% en el cuarto trimestre, Francia se estancó para posteriormente registrar un escaso crecimiento del 0,2%, debilitado por las huelgas, e Italia se contrajo un 0,1%, aunque posteriormente se recuperó con cierta fuerza entre enero y marzo (0,6%). Excluidos estos países, destacan entre las economías europeas que mejor se han comportado Polonia (3,8%), Luxemburgo (2%) y Portugal (1,6%), mientras que Irlanda (con un desplome del 4,6%) lidera el desplome, seguida de Lituania (2,1%) y Países Bajos (0,7%).


El Banco de Australia sorprendió esta semana con una subida de tipos de 25 puntos básicos, después de una pausa en sus subidas en la reunión anterior. La inflación subyacente en el país es superior tanto a la de Estados Unidos como a la de Europa, y no tiene una tendencia a la baja tan clara como en estas dos zonas económicas. Aunque es difícil pensar que este movimiento afecte a la política de la Fed, pone de manifiesto que una eventual pausa de cualquier Banco Central, puede no ser definitiva, y que lo relevante en sus decisiones será la evolución de la economía. La pausa puede tener su importancia, tanto en ver efectos de movimientos pasados como en modular expectativas y tendencias excesivas. Al Banco australiano le siguió el miércoles el Banco de Canadá al subir tipos por sorpresa (25 puntos básicos hasta 4,75%) y con puerta abierta a más subidas ante inflación subyacente aún muy alta.

En Estados Unidos, esta semana hemos tenido un mal dato de confianza de los empresarios en el sector de los servicios. El ISM no-manufacturero decepcionó con una caída en mayo hasta niveles de 50,3 desde el 51,9 anterior y acercándose a los niveles que separan contracción y expansión económica (50). Por componentes. Asimismo, también se frenó el componente de nuevos pedidos que cayeron hasta 52,9 desde el 56,1 anterior. Por otro lado, conocimos los datos finales de pedidos de bienes duraderos que crecieron un +1,1% mensual y que si retiramos los componentes más volátiles como son el gasto en defensa y aviones el incremento fue del +1,3% mensual. Datos alentadores por el lado de la inversión.

La secretaria del Tesoro americano, Janet Yellen, declaró que «estamos en el camino» de reducir la inflación manteniendo a la vez un mercado laboral fuerte. Además, advirtió sobre los problemas del Real Estate Comercial.

Ignazio Visco, Gobernador del Banco Central Italia y miembro del Banco Central Europeo, dijo esta semana que hubiera preferido subidas de tipos «más graduales». Añadió que espera un enfriamiento de la inflación subyacente como consecuencia de la reducción de los costes de la energía.

La agencia de calificación crediticia, S&P, afirma a Francia en AA y mantiene el outlook negativo. Por su parte, Fitch mantiene a Estados Unidos (AAA) en revisión negativa y afirma a Reino Unido en AA-/negativo.

Según fuentes del Wall Street Journal, los reguladores bancarios estadounidenses propondrán requisitos de capital más altos, de alrededor del 20%, para los bancos más grandes. Las tenencias de bonos soberanos estadounidenses por parte de los bancos cayeron a un mínimo de los últimos 2 años.

La OCDE elevó esta semana al 2,1% su previsión de crecimiento del PIB de España para este año.

Después de la mejora de perspectivas por parte del Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ha sido la última en sumarse a esta corriente, elevando sus previsiones de crecimiento del PIB para este año en siete décimas, hasta el 2,1%, un avance que irá seguido de una cierta moderación el próximo ejercicio, hasta el 1,9%. Sin embargo, aunque la subida ha sido particularmente intensa (el triple que la media mundial) el crecimiento depende casi exclusivamente de las exportaciones, que crecerán un 5,8%, el doble que las importaciones (2,9%), frente a un consumo que languidece, algo que se verá agravado en el próximo ejercicio, ya que España es el único país de la OCDE donde la inflación no aflojará en el próximo ejercicio. Además, la Organización también ha reclamado un ajuste del gasto público para evitar que la subida de los tipos de interés descuadre las cuentas gubernamentales.

El consumo privado, la inversión y el mercado laboral van a rozar el estancamiento según ese informe de la OCDE, mientras que la inversión mantendrá su pujanza. En concreto, el consumo privado apenas crecerá un 0,5% este año debido a la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, que se ven desbordados por la inflación. En el último año los salarios reales han caído un 2,7%, y la renta disponible de los hogares quedaba el año pasado un 5,1% por debajo de las cifras de 2019, lo que hace que el consumo dependa o bien del empleo o bien del ahorro. En segundo lugar, la inversión se ve atenazada por la subida de los tipos de interés, la incertidumbre en torno a la situación política internacional y la debilidad del comercio global. Y todo ello hará mella en la creación de empleo. Aunque la OCDE no da datos del número de ocupados, sí habla de la tasa de paro, que apenas se reducirá una décima este año, al 12,8%, frente al recorte de casi dos puntos que tuvo lugar el pasado ejercicio.

Por otra parte, la OCDE también señala que la inflación, que se había moderado bastante en los últimos meses, va a volver a acelerarse en lo que queda de año y, al contrario que en el resto de los países desarrollados, no aflojará en 2024. En concreto, la inflación, que en abril había llegado a situarse en el 3,2%, quedará en el 3,9% en el conjunto del año, la misma cifra que la prevista para 2024, quizá debido a que el aumento de los costes laborales, derivado en cierta medida de la reforma de las pensiones, está generando un nuevo encarecimiento de los costes de producción. Con todo, España sí que está sustancialmente mejor que otros países desarrollados en cuanto a sus perspectivas de crecimiento, ya que rebasa en siete décimas los pronósticos de la OCDE y duplica los de la eurozona, si bien es cierto que España es de los pocos países que todavía no ha recuperado el PIB prepandemia. En concreto, entre las principales economías desarrolladas, Estados Unidos crecerá un 1,6%, seguido de Japón (1,3%), Italia (1,2%), Francia (0,8%) y Reino Unido (0,3%), mientras que Alemania se estancará.

También en España hemos conocido esta semana que la producción industrial ha vuelto a dar síntomas de debilidad en abril, al acusar el frenazo de la demanda internacional, especialmente entre los dos grandes clientes: Francia y Alemania. El Índice de Producción Industrial cayó un 0,9% anual en abril respecto al mismo mes del año anterior, de acuerdo con los datos que publicó este martes el Instituto Nacional de Estadística, en lo que supone el primer retroceso en los últimos seis meses y la mayor caída desde febrero de 2021. El descenso no ha sido nada homogéneo sino que ha estado capitaneado por los bienes de consumo duradero (cuya fabricación se hunde un 4,9%) y los bienes intermedios (4,3%). Un retroceso que se debe, en el primer caso, a que ante la pérdida de poder adquisitivo los consumidores han priorizado la compra de bienes de consumo inmediato o no duradero (donde la actividad apenas cede un 0,4%) frente a aquellos donde la adquisición se puede aplazar o incluso evitar; y, en el segundo, a la debilidad de la demanda internacional.

En concreto, los datos de la actividad industrial en Alemania acusan desde hace varios meses una fuerte contracción, debido a los problemas en las cadenas de valor del sector por la disrupción del comercio internacional, algo que probablemente se extenderá en el futuro habida cuenta de que los nuevos pedidos han caído un 0,4% mensual en abril, algo que se suma al desplome del 10,9% registrado el mes anterior, mientras que Francia está muy tocada por las huelgas que tienen lugar desde hace varios meses y que ayer todavía seguían produciéndose. Y a ello hay que sumar también la debilidad de la demanda británica, donde a las turbulencias económicas se suman los problemas derivados del Brexit, y al desacople comercial de algunos países tras la guerra de Ucrania, como la propia Rusia o China.

Por sectores, los mayores desplomes se concentran en aquellos que, o bien se ven afectados por el aumento de los costes energéticos (lo que supone, además, una fuerte pérdida de competitividad internacional), por la caída de la demanda o por ambos. En concreto, la industria de la madera y el corcho se hunde un 23,9%, seguida de la industria del cuero y el calzado (18,2%), la confección de prendas de vestir (13,7%), la industria del papel (13,4%), la fabricación de muebles (11,8%), las artes gráficas y grabados (11,7%) y la industria química y la textil (8,2% en ambos casos). Así, siete de cada diez ramas industriales se sitúan en negativo respecto al año pasado.

El superávit comercial se reduce con intensidad en China. Los datos del sector exterior de China publicados este miércoles fueron poco alentadores, al registrarse una reducción de la actividad. Por una parte, el superávit comercial se redujo hasta niveles de 65.810 millones de dólares frente a los 90.210 millones previos. Este descenso se debió a un peor comportamiento de las exportaciones que cayeron un -7,5% interanual, además por el lado de las importaciones los datos fueron también débiles con una caída del -4,5%. En conjunto lo datos apuntan a un deterioro de la actividad global pero también una escasa recuperación de la economía interna de China.


Por qué la banca yerra el tiro al predecir la recesión que no llega. Roberto Casado.

Con cierta sorna, se suele decir que la economía es la ciencia que mejor predice el pasado. Es decir, permite explicar bien lo sucedido con los vaivenes históricos de la actividad, pero yerra con frecuencia al tratar de anticipar la evolución futura.

Pese a ello, los bancos de negocios (al igual que muchos fondos de inversión, grandes empresas y organismos oficiales) siguen contando con equipos de economistas que utilizan sus bolas de cristal para prever la marcha de la actividad y facilitar así la toma de decisiones.

Desde el año pasado, una amplia mayoría de esos expertos ha ido advirtiendo de las elevadas probabilidades de una dura recesión en los países occidentales. La guerra en Ucrania, el shockenergético, el auge de la inflación, las subidas de los tipos de interés y –más recientemente– la crisis de varios bancos en Estados Unidos son los factores que explican que el rojo domine las hojas de cálculo con las previsiones de los analistas.

Esa recesión todavía no llega, y los mercados viven una bonanza inimaginable al final del año pasado. La Bolsa europea sólo descuenta un 2% de opciones de crecimiento negativo. Muchos expertos opinan que, simplemente, la gran crisis se ha retrasado, no se ha evitado.

En su último informe de previsiones, Deutsche Bank afirma que la contracción en EEUU comenzará en el último trimestre de 2023, mientras que Europa se estancará.

JPMorgan admite que su modelo da actualmente un 59% de probabilidades a Estados Unidos de ir a la recesión. Pero el gigante bancario, en una inusual nota de contrición en Wall Street, dice que su propio mecanismo de análisis parece inservible. “Durante más de un año, la fiebre de la recesión ha congestionado a economistas y a participantes del mercado. Las previsiones de un inminente final a la expansión de la actividad en EEUU y en Europa occidental han estado relacionadas con los shocks –Ucrania o la crisis bancaria–, pero también ha sido alentada por modelos que llevan enviando señales rojas hace tiempo”.

Bruce Kasman, economista autor de la nota, explica que estos modelos han fallado al anticipar la recesión porque no sirven en la etapa de recuperación del Covid por tres razones: ponen demasiado énfasis en los súbitos cambios de actividad económica; dan más peso a la industria manufacturera que al sector servicios; y miden el impacto de todas las subidas de tipos como si fuera un golpe regulatorio.

En el contexto de fuerte crecimiento posterior a la pandemia, esas herramientas fallan porque buena parte del giro en política monetaria o en la actividad económica supone simplemente un regreso a la normalidad, no una señal de que se avecina el colapso. Por ello, “rebatimos la noción de que una recesión es inminente o que esté asegurada. Vemos los modelos que proyectan una muy alta probabilidad de recesión como tendenciosos en la expansión pospandemia”.

Otros inversores apuntan a otra cualidad de los analistas desde la crisis financiera: prefieren equivocarse por el lado del pesimismo, antes que anticipar un escenario boyante y errar por demasiado optimistas.

Por una reforma del mercado español de vivienda. Ignacio de la Torre. Economista Jefe, Arcano Partners.

Decía Joseph Conrad que es el fracaso lo que hace que el ser humano se encierre en sí mismo y descubra todas sus capacidades.

España es el segundo país más grande de Europa occidental, con una densidad de población muy inferior a la media, es decir que tenemos espacio de sobra. A su vez, la calamitosa situación demográfica (natalidad de 1,2 niños por mujer, frente a 1,6 en países OCDE) nos ha llevado a una juventud cada vez más menguante. Si disponemos de suelo y cada vez hay menos jóvenes se podría deducir que el acceso a la vivienda no debería suponer un problema. Pero lo supone.

Un país necesita construir entre 3 y 4 casas por cada 1.000 habitantes para acomodar la demanda de compradores y de reposición (reponer una casa antigua por una nueva), España está en 2. Además, una oferta suficiente de vivienda en alquiler (obra nueva o existente) puede permitir generar precios correspondientes a tasas de esfuerzo (porcentaje de la renta familiar dedicada a alquilar una casa) en niveles razonables (inferiores al 35%). En España, la escasez de oferta asociada a la incertidumbre jurídica genera el que en muchas zonas se alcancen niveles de esfuerzo superiores al 40%.

Por otro lado, dado el enorme coste financiero que supone construir una casa, el poder acometer la obra en unos dos años como en la mayoría de los países europeos permite un ahorro considerable de costes financieros, algo que se traslada al valor final de la vivienda. En España, los trámites burocráticos excesivos generan un periodo cercano a los 2,5-3 años, lo que encarece la vivienda sin necesidad. Al menos, podríamos consolarnos con la idea de que, si el suelo representa alrededor de una cuarta parte del precio de una casa, al tener tanto suelo, podríamos al menos asegurarnos de que este es abundante y barato. Pues tampoco. El suelo para construir casas, llamado “finalista” escasea porque no se ha producido apenas en los últimos quince años. Como consecuencia, quedan muy pocas bolsas de suelo finalista en un país tan grande. El resultado de todo esto es un fracaso colectivo en una cuestión primordial para todos: la vivienda.

En épocas de zozobra electoral cabe plantearse si emular la máxima de Conrad puede tener sentido para dar la vuelta a este fracaso. ¿Qué se puede hacer? Hace poco, un político comentaba en un mitin: “¿sabéis cómo se puede conseguir viviendas más baratas?, produciendo más casas”. Pues los tiros van por ahí…

Primero: si el suelo es abundante y barato es esencial para generar viviendas asequibles, tendremos que adaptar los obsoletos procedimientos de nuestro urbanismo al mundo del siglo XXI. Se trata de producir más suelo finalista y a mejor precio. Suelo escaso es suelo caro, y suelo caro es vivienda cara. Suelo abundante se traduce en suelo barato, y por lo tanto vivienda asequible. Que un en un país tan enorme frente a su población como España apenas quede suelo finalista es una vergüenza.

Segundo: si el coste financiero asociado a construir una casa es muy relevante, hay que tratar de minimizarlo. Se puede lograr de dos formas: a) limitando los trámites administrativos para que la construcción de casas se pueda culminar en una media de dos años, como en Europa; se puede lograr además arrojando transparencia, por ejemplo, mediante una web en la que se pueda observar cada trámite pendiente en qué estado está y de qué persona y organismo depende, con plazos máximos para decidir, y b) reduciendo la incertidumbre legislativa sobre la vivienda, incertidumbre que genera una mayor prima de riesgo, por lo tanto, un mayor coste de capital, y una vivienda más cara.

Tercero: aumentando la oferta de casas en alquiler se conseguirán alquileres más asequibles. La oferta puede aumentar si se proporciona cierta estabilidad y seguridad jurídica (todo lo contrario de lo que impulsa la actual ley de vivienda). Los precios se bajan mediante mayor oferta, no prohibiéndolos. Existe abundante literatura académica que muestra cómo la intervención de precios acaba provocando a medio plazo menor oferta, alquileres más caros, mayor economía sumergida y desplazamiento del mercado de las familias más humildes.

Cuarto: formando mano de obra cualificada en la construcción. Aproximadamente el 50% del coste de producir una casa es mano de obra, directa e indirecta. Desde hace ya un tiempo escasea la mano de obra especializada, lo que provoca su encarecimiento, algo que repercute sobre el precio final de la casa. Si además aspiramos a producir un nivel razonable de casas (3 por cada 1.000 habitantes) hablamos de construir al menos 50.000 casas más, lo que requerirá de mayor mano de obra. En un país con un desempleo al 13% deberíamos poder formar la mano de obra para una función tan importante para todos.

El historiador británico Bernard Lewis, famoso por su investigación sobre la secta de los “asesinos” (musulmanes chiíes del siglo XII), reflexionó una vez sobre la mayor o menor fortuna de las civilizaciones. Al final, decía, la clave es cómo respondes cuando te encuentras un problema. Algunas civilizaciones se centran en “¿quién nos ha hecho esto?” y fracasan. Otras en “¿qué podemos hacer mejor?” y triunfan.

Pues estamos ahí.

El mito del ‘siglo de Asia’. Martin Wolf. Financial Times.

El futuro es asiático, afirma el respetado analista Parag Khanna. Pero hay analizar en más profundidad esta idea convencional. Geográficamente, Asia no es más continente que Europa. “Asia” ni siquiera es una idea asiática: La inventaron los europeos. Los asiáticos no se consideraban a sí mismos como parte de una única entidad continental. La región era demasiado extensa y diversa para que eso fuera posible.

Y sigue siéndolo. Lo que está sucediendo es más bien un reequilibrio global a medida que el dominio sobre la humanidad de Europa y sus colonias, históricamente breve pero que cambió el mundo, se está desvaneciendo. Un mundo multipolar y complicado lo sustituirá. ¿Representará “Asia” una parte importante de este mundo? Sin duda. China e India serán protagonistas. Pero Asia es más un escenario que un actor.

Si nos fijamos en el globo terráqueo, Europa y Asia son un continente. Por razones históricas y culturales, también tiene sentido incluir al norte de África en Asia, en lugar de en África. Se trata, pues, de Eurasia, el continente que ha albergado las civilizaciones humanas más longevas: la confuciana al este, la hindú al sur, la islámica en Oriente Medio y la cristiandad en el lejano oeste. Al norte estaban los nómadas esteparios. Las interacciones entre estos vecinos eran profundas. Pero Eurasia era demasiado extensa para ser o concebirse como una unidad.

Parece que los griegos inventaron la idea de dividir este continente en dos. El nombre aparece por primera vez en los escritos de Herodoto, hacia el años 440 a.C. En aquella época, nadie sabía con exactitud la extensión de lo que él llamaba Asia. Por otra parte, el historiador británico John Hale sostiene que el nombre “Europa” sustituyó al de “Cristiandad” durante el Renacimiento. Posteriormente, los cambios económicos, tecnológicos y militares dieron el dominio a Europa y sus colonias. La distinción entre Europa y Asia se hizo real en términos de conquistas militares y extraordinarias diferencias de riqueza.

El economista británico Angus Maddison afirmó que, en 1820, el producto interior bruto real per cápita de Europa Occidental era algo más del doble que el de Asia Oriental. En 1950 era 6,5 veces mayor, pero en 2018 cayó a sólo 2,4 veces, casi igual que dos siglos atrás.

En 1820 Asia generaba el 61% de la producción mundial, mientras que Europa Occidental sólo el 25%. En 1950 Asia solamente generó el 20%, mientras que Europa Occidental subió al 26%. Sin embargo, en 2018 la cuota de Europa Occidental se redujo al 15%, mientras que la de Asia aumentó al 48%.

Reequilibrio

El reequilibrio en Eurasia ha sido notable. ¿Y su peso en el mundo? En los dos últimos siglos ha disminuido, debido al aumento de la producción en América y al incremento de la población en ese continente y en el África Subsahariana. Pero Eurasia sigue siendo el corazón de la humanidad. En 2018 el 72% de la población mundial vivía en Eurasia, aunque en 1820 el porcentaje era del 91%. Eurasia generó el 70% de la producción mundial en 2018, frente al 92% en 1820 (gran parte del resto lo generó América del Norte).

Lo más importante es que “Asia” se ha recuperado, sobre todo Asia Oriental, tras su pronunciado declive económico relativo en el siglo XIX y principios del siglo XX. En este proceso, Eurasia se ha reequilibrado sustancialmente y, como es natural, también lo ha hecho el mundo en su conjunto. Esta “gran convergencia” tampoco se ha debido a una cultura exclusivamente “asiática”. Las muy diferentes culturas de Asia, y especialmente de Asia Oriental y Meridional, han adoptado lo que podríamos considerar nociones europeas: mercados competitivos, libre empresa, ideas liberales sobre el comercio y la educación y el objetivo del crecimiento económico.

La evolución en cada sociedad ha sido diferente, dependiendo de su historia y su cultura política. Por ejemplo, China e India son extraordinariamente diferentes entre sí. Pero muchas de estas sociedades comparten el deseo de tener una vida más próspera. Sin embargo, este deseo no es exclusivo de Asia. Es universal. Lo que no lo es tanto, por desgracia, es la capacidad de organizar las sociedades de manera que sea posible conseguirlo. No cabe duda de que, en las últimas décadas, las sociedades asiáticas, especialmente las de Asia Oriental, han tenido un enorme éxito en este sentido.

Avances y oportunidades

No es en absoluto sorprendente que estos avances en países con una población tan grande generen enormes oportunidades para el comercio entre ellos, como ha señalado el Instituto Global McKinsey. La creación de la Asociación Económica Integral Regional, encabezada por China (pero sin India), indica que estos avances podrían producirse más rápidamente, aunque también subraya la posición central casi inevitable de China en cualquier proceso de integración de este tipo.

¿Qué podemos decir entonces sobre este reequilibrio de Eurasia y, por tanto, del mundo? Lo más importante es que es natural. El extraordinario poder del que disfrutaron Europa Y EEUU y sus colonias está menguando. No es sorprendente que lo que llamamos Asia, donde vive cerca de la mitad de la población humana y es la cuna de algunas de las civilizaciones más antiguas del mundo, esté liderando el cambio. Salvo catástrofes, es probable que esta tendencia continúe. El centro de gravedad de la economía mundial se está desplazando hacia el este. Asia tendrá entonces una enorme importancia económica y política. Pero también tendrá grandes rivalidades y dificultades internas. No habrá una “voluntad” asiática colectiva; cada sociedad seguirá su propio camino.

Mientras tanto, Occidente necesita plantearse dos ideas contrapuestas. En primer lugar, debe enfrentarse al mundo tal y como es. En segundo lugar, debe defender sus mejores valores, en particular la democracia y la libertad individual, independientemente de lo que piensen los demás. ¿Quién, después de todo, suponía que la vida sería más fácil?


Buen fin de semana!