Comentario de mercado 8 de Marzo del 2024.

Semana que ha tenido como protagonistas, una vez más, a los Bancos Centrales. Esta semana compareció en el Congreso y el Senado el presidente de la Fed, Jerome Powell, que afirmó ante el comité de servicios financieros de la Cámara de Representantes, que los tipos de interés «probablemente estén en su punto máximo durante este ciclo», de modo que si las condiciones económicas lo permiten «probablemente será apropiado comenzar a reducir los tipos en algún momento de este año«. La Fed decidirá «con cuidado y consideración» y «al comité le gustaría ver más datos que confirmen y nos hagan sentir más seguros de que la inflación está bajando de manera sostenida al 2%. Tenemos cierta confianza en esa inflación» son otras de las frases de Powell. El dirigente de la Fed se ha mostrado comedido y se ha mantenido fiel al discurso conservador del regulador, que ha mantenido sin cambios los tipos desde su reunión de julio de 2023, en la horquilla del 5,25% y el 5,5%, su máximo desde 2001.

Los últimos indicadores han vuelto a poner de manifiesto el entorno de reaceleración económica en la que estamos inmersos, al menos en la zona euro y en Estados Unidos, como ponía de manifiesto AFI en su informe mensual de esta semana. Parece que no se están produciendo disrupciones significativas desde el lado de la oferta, los cuellos de botella en el Mar Rojo no están afectando de forma considerable, y la relajación de las condiciones financieras desde octubre, con las previsiones a la baja de los tipos de interés y de los diferenciales crediticios, así como alzas en las bolsas, favorecen a las empresas y a las familias. En los mercados financieros siguieron las alzas en las bolsas en febrero, subiendo de media un 3%. En renta fija ha continuado el repunte de los tipos de la deuda pública ante el retraso de las expectativas del mercado sobre el inicio de los recortes de los bancos centrales. 

Bono a 10 años alemán (Bund) últimos 12 meses (2,25% actual).

La semana pasada se publicó el deflactor de consumo privado de enero en Estados Unidos (CPE) que, tras el inesperado repunte registrado por el IPC americano en diciembre, salió en línea con las expectativas, un 2.4% la tasa general, dos décimas por debajo del mes anterior, y la subyacente cayendo hasta el 2.8%, una décima por debajo del registro del mes anterior. Asimismo, la cifra semanal de nuevas solicitudes de subsidio por desempleo correspondiente a la semana pasada en Estados Unidos fue de 215.000, subiendo en 13.000 solicitudes, según los datos publicados por el Departamento de Trabajo estadounidense. Los miembros de la Fed han mantenido esta semana un tono similar en sus comparecencias, a la espera de la evolución de los datos que indiquen que la inflación está en un camino seguro hacia el 2%.

Seguimos positivos es small caps europeas y americanas, es uno de los activos que más se  benefician de potenciales caídas de rentabilidades según Allianz (https://www.allianzgi.com/en/insights/outlook-and-commentary/interesting-rates-what-can-bonds-tell-multi-asset-investors-about-the-future). También desde Kepler Chevreux me llegaba una nota de la gestora Polar Capital positivo en small caps europeas (https://www.polarcapital.co.uk/gb/professional/Investment-Insights/Post/7125/European_small_caps_Finally_too_cheap_to_ignore/). El entorno de subidas de tipos, una volatilidad sin precedentes en las cadenas de suministro post-Covid han hecho mucho daño a las compañías europeas. La normalización de las cadenas de suministro y en el ciclo de tipos de interés que normalice los costes de financiación y con una vuelta de los PMIs en Europa volviendo por encima del nivel de 50 (expansión), favorecerá a las compañías medianas y pequeñas a que mejoren sus niveles de inventarios, de márgenes y de beneficios.

Quienes a principios de 2024 esperaban un receso en la escalada que iniciaron las bolsas en octubre de 2023 se han visto sorprendidos con nuevas subidas de los mercados, impulsadas por las expectativas de bajadas de tipos y el desarrollo de la inteligencia artificial (IA). Este rallycoloca a los analistas ante una situación poco habitual, los índices han atropellado sus previsiones para el final de 2024, quedando desfasadas cuando no se lleva ni un trimestre del ejercicio. Ante esta tesitura, los estrategas de los bancos de negocios están optando por intentar correr más que las bolsas, elevando sus objetivos para los próximos meses. Los analistas de Goldman Sachs, Bank of America y Barclays figuran entre los que acaban de mejorar su previsión para el S&P 500, que ahora ronda los 5.150 puntos, un 43% por encima del nivel que tenía al comienzo del rally hace 18 meses.

Bank of America incrementa de 5.000 a 5.400 puntos su objetivo del principal índice de Wall Street para final de año. Barclays pasa de 4.800 a 5.300 puntos. “Este cambio refleja nuestra convicción de que la inflación seguirá normalizándose mientras la economía sigue resistente, con las grandes tecnológicas manteniendo el liderazgo”, dicen los analistas de Bank of America para justificar un PER de 22,5 veces de valoración del S&P 500.

Goldman Sachs, que ya tuvo que ajustar al alza sus previsiones al empezar 2024, sube ahora su precio del S&P de 5.100 a 5.200 puntos, como consecuencia de “unas mejores estimaciones de beneficios que reflejan la expectativa de mayor crecimiento económico y ganancias más elevadas para los sectores de tecnología y comunicaciones”. En este caso, espera un múltiplo de 20 veces. 

Comprobando la evolución del mercado, parece existir el riesgo de que los índices vuelvan a atropellar a los analistas, con el S&P 500 cerca ya del nuevo objetivo de Goldman Sachs.

Los flujos de mercado siguen mostrando clara preferencia por la Renta Variable frente a la Renta Fija, que es lo que está provocando que las previsiones de los analistas se estén quedando cortas. En los últimos 90 días la Renta Variable ha tenido un flujo comprador (inflows) de 108 billones de dólares más que la Renta Fija según datos de State Street. Este dato es percentil 90 en la serie histórica. En sectores, se ve muy claro también el interés en las dinámicas de momentum. (https://www.ssga.com/us/en/intermediary/etfs/insights/will-a-new-march-surprise-sour-etf-investor-sentiment).

Esa preferencia por la Renta variable se ve también en los datos mensuales de AAII sobre posicionamiento a Renta Variable, Renta Fija y cash. Los últimos datos muestran un claro incremento de peso en Renta Variable, reducción del Cash y subida en renta fija (https://www.aaii.com/assetallocationsurvey).

Allocations Renta Variable  (linea amarilla), Cash (blanca), Renta Fija (verde)

La actualización semanal del índice alcistas menos bajistas (Bulls minus Bears Index) vuelve a subir esta semana y está cerca de máximos de finales del 2023.

AAII. Bulls – Bears

Importante esta semana:

Como se esperaba, el Banco Central Europeo mantuvo ayer inalterados los tipos de interés de referencia por unanimidad, aunque adelantó el cumplimiento de los objetivos de inflación a 2025, algo que el mercado celebró con estrechamientos de deuda y depreciación del euro. Hay que tener en cuenta que el comunicado mantiene cierto tono prudente al no modificar el guidance y la referencia de que los tipos se mantendrán lo suficientemente restrictivos durante el tiempo que sea necesario. En la conferencia posterior, Lagarde puso el énfasis en que, aunque la evolución es buena, los miembros del BCE no están lo suficientemente confiados con los progresos sobre la inflación y se refirió a junio como fecha clave para contar con más datos. Así, se mantiene la aproximación data dependent para determinar el rumbo de los tipos. En cuanto al balance, sin novedades, la reducción de la cartera de bonos del PEPP comenzará en el segundo semestre del 2024 a un ritmo de 7.500 millones de euros al mes para dar por finalizada la reinversión en Diciembre del 2024. El BCE también actualizó sus previsiones de PIB e inflación rebajando sus previsiones de inflación alcanzando ese 2% objetivo en 2025.

                                               Eurodólar últimos 6 meses (1,0947 actual).

Fuente: Dunas Capital.

Trump y Biden, a la cabeza de las primarias del Supermartes de esta semana. Este martes se celebraron las elecciones primarias en 15 estados para escoger a los líderes de cada partido político, estando en juego hasta un tercio de los delegados totales. Por un lado, Trump resultó vencedor en 12 estados, mientras que su competidora Nikki Haley, solo lo hizo en Vermont. La inmigración y situación económica son las principales preocupaciones de los votantes republicanos y, Trump, prometió en su discurso organizar el mayor esfuerzo de deportación de la historia de Estados Unidos.  En el caso de Biden, salió elegido en 15 estados excepto Samoa, único territorio en el que Jason Palmer se llevó el triunfo en el Supermartes. Así, ninguno de los candidatos preferidos acumula aún el número de delegados necesarios para proclamarse ganadores, Trump dispone de 961 de los 1.215 delegados necesarios para proclamarse candidato republicano y Biden presenta 1.501 de 3.934.

Esta semana se ha publicado el Libro Beige de la Fed que concluye que la actividad económica en Estados Unidos ha «aumentado ligeramente», mientras que a las empresas les resulta más difícil trasladar los mayores costes a los consumidores.

Esta semana hemos conocido también que se frena la confianza de los empresarios de los servicios en Estados Unidos, pero este indicador sigue apuntando a un crecimiento sostenido. El ISM de los servicios bajó en febrero hasta el 52,6 desde el 53,4 anterior y por debajo del 53 previsto. Por componentes los datos fueron mixtos, con una decepción del subíndice de empleo que retrocedió hasta 48 desde el 50,5 previo, cayendo así a terreno que apunta a una caída del empleo en el sector. Por el lado positivo, el componente de nuevos pedidos repuntó más de lo esperado y subió hasta niveles de 56,1 frente al 55 anterior y superando ampliamente el 54,4 esperado.

Bostic, presidente de la Reserva Federal de Atlanta y miembro de la Fed, considera que es necesario mantener tipos en niveles más altos “durante más tiempo de lo que se piensa». Añadió que la Fed no puede permitirse el asumir que la inflación de los servicios se enfriará. Por su parte el informe semestral de política monetaria estadounidense dice que la inflación se ha desacelerado pero sigue siendo elevada.

También en Estados Unidos la estimación de PIB para el primer trimestre del 2024 elaborada por la Fed de Atlanta cae desde el 2,96% al 2,12%, mientras que la de Nowcast de la Fed de Nueva York cae desde el 2,8% al 2,3%.

En materia de elecciones americanas, una encuesta elaborada por Times, pone de manifiesto que el porcentaje de votantes que desaprueban el liderazgo de Biden alcanza un récord del 47%. Además, se observa una ventaja de 5 puntos porcentuales de Trump sobre Biden. En este sentido, cabe destacar que Trump ha ganado las primarias republicanas en tres estados con un amplio margen mientras que su contrincante, Haley ganó su primera primaria, en Washington DC, antes del «Súper Martes».

En España si hace unos meses las previsiones económicas para este año no eran nada halagüeñas, debido al efecto del frenazo de la demanda europea sobre las exportaciones y al lastre que suponen la inflación y unos tipos de interés todavía elevados sobre la demanda, ahora la situación es la opuesta fundamentalmente por la rebaja de los precios de la energía, que da cierto margen de maniobra al Banco Central Europeo, y el efecto arrastre del último trimestre del año pasado, que fue bastante positivo a pesar de que los problemas en el resto de Europa hacían presagiar una ralentización económica. Por todo ello, el servicio de estudios de BBVA apunta a un intenso crecimiento del PIB en el primer trimestre del año, del 0,6% entre enero y marzo, que impulsaría también el avance anual hasta el 2,1%. BBVA Research elevó este miércoles sus previsiones de crecimiento para la economía nacional en seis décimas, hasta eses 2,1%, de acuerdo con las proyecciones recogidas en su informe Situación España. Este buen arranque del año se ha debido al abaratamiento de los precios de la energía, que han aportado cuatro décimas, a los buenos datos del cierre del ejercicio pasado, que conllevan una revisión al alza de otras dos décimas, y a la previsible relajación de la política monetaria en los próximos meses, que supone un impulso de otra décima, si bien la situación doméstica, subidas de cotizaciones sociales, reducción de la jornada laboral, incertidumbre política… resta una décima al resultado final. Al tiempo, la inflación se moderará hasta el 3,1 % en el conjunto del año, cuatro décimas menos de lo esperado en noviembre, lo que insuflará aire a la demanda interna y a la competitividad internacional de las empresas, y el empleo mantendrá un ritmo del 2,6%, muy cercano a las cifras del pasado ejercicio. Por último, BBVA recorta una décima su previsión de déficit, al 3,6% del PIB, lo que junto con el mayor crecimiento hará que la deuda pública se modere 2,9 puntos porcentuales, al 104,8% del PIB.

Las señales positivas han comenzado ya en los primeros meses del año, como ponen de manifiesto las sólidas cifras de afiliación a la Seguridad Social, los buenos datos del Índice de Gestores de Compras (PMI, por sus siglas en inglés) de S&P Global o el aumento del consumo de energía eléctrica, que apunta a un crecimiento de la actividad. En el arranque del año se han producido “sorpresas muy importantes”, según señaló BBVA Research.

Esta revisión al alza se ha sustentado sobre una mejora de las expectativas del consumo privado, el gasto público y el sector exterior, pero no de la inversión. En concreto, BBVA Research eleva tres décimas sus pronósticos sobre el consumo de los hogares este año, al 2%, y 1,2 puntos el gasto público, al 2,6%, mientras que las exportaciones crecerían un 3,4%, casi el doble que el 1,8% previsto anteriormente, gracias a la fortaleza de la venta de servicios al exterior. En sentido contrario, el avance de la inversión en maquinaria y bienes de equipo sería del 2,5%, la mitad del 5,1% pronosticado en noviembre. Esta falta de inversiones llevaría a que, tras el vigor de la economía en 2024, se produzca un cierto freno de la actividad en 2025, hasta el 2%, medio punto menos de lo apuntado en noviembre. Esto se debe, además de a la falta de inversiones, al necesario ajuste de las cuentas públicas el próximo año y a que “el estancamiento de la productividad y el aumento de costes laborales pueden poner en peligro el avance del sector servicios”.

S&P mejoraba esta semana la calificación de Portugal desde BBB+ a A- y mantiene la perspectiva positiva como consecuencia de un «fuerte desapalancamiento».

Las autoridades Chinas establecieron esta semana su objetivo de crecimiento del PIB en alrededor del +5% para 2024, el mismo que el planteado para el año pasado. El primer ministro del país, Li Quiang, reveló este lunes los objetivos de los distintos indicadores en la reunión anual de la Asamblea Popular Nacional de China. La estimación de crecimiento económico ha sido percibida como demasiado ambiciosa y, se cree que formaría parte de la estrategia para impulsar la confianza. Otras organizaciones internacionales prevén esta variación en niveles inferiores (FMI, +4,6%) y los mercados no confirieron gran credibilidad a las noticias, lo que hizo que el índice Hang Seng cayera un -2,6% ese día. Con el objetivo de estimular la economía, Li Quiang anunció la captación de financiación mediante la emisión de 139.000 millones de dólares en bonos del tesoro de duración ultralarga, que no estarían incluidos en los presupuestos. Sin embargo, dentro de los planes presupuestarios, se designarán unos 97.000 millones de dólares para inversiones y aumentará el gasto en defensa hasta un +7,2%. Durante su discurso, Li también fijó en un 3% la meta de déficit para 2024, en un 5,5 % la tasa oficial de desempleo en zonas urbanas y «en torno al +3 %» su límite para el IPC.

Esta mañana se publicó en Alemania la producción industrial, que en enero da señales de debilidad. En concreto, en el primer mes del año la actividad del sector avanzó en términos mensuales un +1%, siendo este el primer aumento desde abril, que, sin embargo, no es suficiente para recuperar de la caída del -2% de diciembre (dato que se revisó a la baja). Con esta evolución, la producción industrial germana se sitúa un -5,5% por debajo de los niveles de enero del año pasado y continúa mostrando debilidad.


Los mayores riesgos geopolíticos de 2024. Ignacio de la Torre. Economista Jefe – Arcano Partners, Profesor – IE Business School

Hegel afirmó: “A menudo se aconseja a los gobernantes, a los estadistas y a las naciones que aprendan lo que la experiencia histórica les pueda enseñar. Pero la lección de la experiencia y de la historia es que las naciones y los gobiernos nunca han aprendido nada de la historia”. Observemos en esta columna los mayores riesgos geopolíticos del año en curso, y recordemos la frase de Hegel, por si pudiera tener algo de razón, unos siglos después.

Llevo muchos años siguiendo al Council on Foreign Relations (CFR). Se trata de uno de los think tanks más importantes de los EEUU. Fundado en 1921, su propósito es generar documentos de alto valor añadido para inspirar la política exterior. Su publicación más conocida es su revista Foreign Affairs, que lleva editándose desde 1924. CFR es un organismo independiente, sin afiliación política, y financiado por empresas e instituciones miembros.

Durante los últimos 16 años, el CFR publica un documento denominado Preventive Priorities Survey sobre los mayores riesgos geopolíticos del año. Lo elabora una red de cientos de expertos en política exterior afiliados al CFR. Suelen aparecer recurrentemente riesgos como el programa nuclear iraní, el balístico de Corea del Norte o posibles conflictos asociados a la expansión marítima de China. En el documento, los potenciales conflictos se dividen en tipo 1 (probabilidad alta), tipo 2 (probabilidad media) y tipo 3 (probabilidad baja). Además, cada conflicto se clasifica no solo por la probabilidad de que ocurra, sino por el impacto geopolítico que puede representar (alto, medio, bajo), generándose así una matriz entre probabilidad de ocurrencia e impacto asociado.

Lo revolucionario del informe de este año es que, por primera vez, los dos primeros riesgos geopolíticos identificados atañen a los EEUU, no al resto del mundo. Ambos son de alto riesgo y de alto impacto. Se refieren, por un lado, al riesgo de que alrededor de las elecciones presidenciales estadounidenses, y como consecuencia de la enorme polarización que vive el país, surja violencia y terrorismo doméstico (originado por ciudadanos autóctonos), y por otro, al riesgo de que se produzca una inmigración descontrolada a través de la frontera suroeste con México, ocasionada por la violencia criminal, por la corrupción y por la situación económica en América Central y en México. Además, CFR señala una posible extensión del conflicto de Gaza en Siria y en el Líbano como un evento de alta probabilidad y alto impacto. Así, el informe señala tres eventos de alta probabilidad y alto impacto, algo inédito en anteriores ediciones.

Otros riesgos señalados como de posibilidad mediana de ocurrencia, pero de alto impacto seríana) una escalada militar en Ucrania que conlleve una intervención de la OTANb) una crisis en Taiwán que pueda llevar a los EEUU a enfrentarse a Chinac) una confrontación militar directa entre Israel e Iránd) un ciberataque disruptivo hacia infraestructuras críticas de los EEUU (incluyendo la electoral), y e) una crisis en el norte de Asia originada por el programa balístico de Corea del Norte.

Lo interesante es la concatenación de riesgos. Así, la retórica antiinmigración que domina la discusión política norteamericana está íntimamente conectada con la petición de aumentar el aislacionismo de los EEUU, lo que repercute en la OTAN, en Ucrania y en el orden internacional establecido. Además, un aumento del aislacionismo en EEUU podría ser interpretado por China como un mayor margen de maniobra para plantear un conflicto en Taiwan. Por otro lado, Rusia podría aprovechar las elecciones norteamericanas para sembrar desinformación y aumentar la ya elevada polaridad.

En la sección de riesgos de posibilidad mediana e impacto también mediano figuran: a) una escalada militar entre las tropas turcas y las kurdas en Irak y Siriab) una mayor confrontación militar entre el ejército saudí y los rebeldes hutíes en el Yemenc) descontento de la población iraní por la represión política y la situación económicad) descontento de la población egipcia ante las “elecciones” de 2024, aguzado por la situación económica y por las olas de refugiados, e) posibles enfrentamientos entre tropas indias y chinas en la zona de Cachemiraf) acciones agresivas de la Marina china en el mar del Sur de China, sobre todo en aguas filipinas, que podría derivar en un enfrentamiento entre China y los EEUU, y g) un golpe de estado en Rusia alentado por la elite debido a las sanciones y a la no progresión de la guerra en Ucrania.

A la muerte del emperador de Roma Teodosio el Grande, en el 395 d. C., pocos pensarían que en quince años la ciudad eterna, Roma, sería conquistada por los godos de Alarico. Si entonces se hubieran debatido los riesgos geopolíticos del Imperio, mucho analista habría centrado su atención sobre los bárbaros de más allá del Rin o del Danubio, sobre los partos de la frontera con Siria o sobre las tribus bereberes en África. Lo que hace tan grande a los EEUU, o al menos a sus mejores analistas, es su capacidad para realizar la introspección que lleva a determinar que, en ocasiones, los mayores riesgos emergen en casa, como de hecho sucedía en aquel imperio romano.

El escritor ruso Vasili Grossman afirmó “la historia humana no es la batalla del bien empeñado en derrotar al mal. La batalla la libra un mal enorme que se empeña en aplastar un pequeño núcleo de amabilidad humana. Pero si lo que hay de humano en los seres humanos no se ha destruido aún, ni siquiera ahora, entonces el mal nunca vencerá”.

Con el conocimiento de la historia, con la introspección y con lo humano de los humanos se hará frente a los riesgos emergentes en este mundo de desorden duradero.


El riesgo de bajar tipos antes de tiempo. José María Rotellar

El Banco Central Europeo (BCE) ha mantenido este jueves los tipos en el 4,50%, enfriando las expectativas que algunos tenían hace meses, cuando consideraban que el inicio de la bajada de tipos iba a producirse pronto. Sin embargo, el riesgo de que la inflación vuelva a tomar impulso no ha desaparecido y eso hace que el BCE se haya vuelto más cauto en su decisión, aplazándola, al menos, hasta junio.

Los precios moderan su crecimiento, pero no bajan. Aunque el indicador adelantado de febrero de la inflación media de la eurozona desacelera su crecimiento, no supone un movimiento suficientemente claro, máxime cuando vemos cómo los precios crecen un 0,6% intermensual, cuando el mes anterior caían cuatro décimas, siendo la subida intermensual de febrero la mayor desde hace casi un año. El BCE habría cometido un grave error si este jueves hubiese relajado la contracción de su política monetaria, porque habría empeorado la evolución de los precios, que ya muestran, actualmente, una gran resistencia a moderar su crecimiento, con una inflación subyacente que no termina de moderarse tanto como debería y con unos repuntes mensuales intensos, también de un 0,6%.

Es probable que al BCE le hubiese gustado comenzar ya con la rebaja de tipos, pero el problema es que se ha quedado sin tiempo para experimentos de riesgo por su enorme retardo interno a la hora de empezar a combatir el efecto inflacionista, de ahí las declaraciones de Lagarde diciendo que necesitan más evidencias del proceso de desinflación. Si el BCE hubiese reaccionado a tiempo, si no hubiese perdido tantos meses repitiendo que la inflación no era más que un fenómeno transitorio, que era una inflación de oferta y que no tenía sentido aplicar una contracción monetaria, probablemente la inflación no se habría enroscado tan profundamente en la cadena de valor, los precios no habrían subido tanto y se habría podido corregir de manera más rápida, con menor intensidad y, por tanto, con un impacto menos negativo en el crecimiento económico. Hace ya algún tiempo, el BCE se dio cuenta del grave error que cometió entonces, que ha llevado a la inflación a cotas muy elevadas, como no se veía desde hace décadas, que provoca que todavía no se encamine claramente hacia el objetivo de precios y que le deja sin capacidad de recorrido en situaciones complejas, como la de la intensa desaceleración de la economía que se está viviendo en el conjunto de la UE en estos momentos.

Con una inflación que no termina de ser doblegada pese a crecer sobre niveles ya muy elevados; con dos guerras activas que pueden provocar problemas de suministros en algún momento, que tensen los precios; con la incertidumbre de las elecciones estadounidenses en el horizonte y las posibles repercusiones económicas que ello puede provocar, el BCE no puede relajarse y bajar la guardia o corre el enorme riesgo de provocar un daño todavía mayor a la economía.

Por tanto, el BCE debe mantener la lucha contra la inflación sin dudar, pues la subida de precios es uno de los elementos más perjudiciales que hay para la economía, que merma competitividad a las empresas, hace perder poder adquisitivo a las familias y empobrece, en suma, a toda la sociedad, especialmente a las rentas más bajas, debido a su mayor propensión marginal a consumir, que hace que, además, el incremento de impuestos pagados debido a la inflación en proporción a la renta sea mayor que en el caso del resto de ciudadanos.

Y esa lucha debe ir más allá de la subida de tipos, ya que éstos deberían subir por el ajuste del mercado al retirar liquidez el BCE, que es lo que tiene que hacer, tal y como dijo, a razón de 15.000 millones de euros al mes de drenaje de liquidez, incluso intensificando dicho drenaje en cuanto sea posible. Sólo así podrá lograrse una mayor eficiencia en lograr embridar la inflación, a lo que ayudaría, y mucho, que el sector público redujese el gasto para no interferir en la transmisión correcta de la política monetaria del BCE. Eso es algo que debería aplicarse especialmente el gobierno español, que es el que con más intensidad incrementa el gasto público y que, al hacerlo, entorpece que la política monetaria del banco emisor pueda tener un efecto más rápido y certero.

Por todo ello, con independencia de que el BCE deba estar vigilante y actuar rápido si cambian las circunstancias económicas, no debe relajar todavía su política monetaria, porque, si lo hace, la inflación puede repuntar, generando un problema de precios todavía mayor, afectando a la economía y al empleo. Nunca debe olvidar que su único objetivo es la estabilidad de precios, ninguno otro. Mientras tanto, la Fed se reunirá el diecinueve y veinte de marzo, parece que con similar orientación a la que el BCE ha adoptado este jueves. De momento, Powell dijo el otro día a los congresistas que no bajará los tipos hasta asegurarse de que la inflación no se enquista por encima del 2%. Debe primar la prudencia y no levantar las restricciones monetarias antes de tiempo. Ya se equivocaron ambos bancos centrales al minusvalorar el impacto inflacionista y no pueden volver a equivocarse ahora relajando antes de tiempo la política monetaria.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado 1 de Marzo del 2024.

El S&P 500 está al borde de sostener el mayor rally de su historia. Los resultados presentados la semana pasada por Nvidia han dado un nuevo impulso a Wall Street, animando un ascenso bursátil que comenzó al final de octubre por las perspectivas de negocio con la inteligencia artificial (IA) y la expectativa de final del ciclo de subidas de tipos de interés. El rebote ha sido de tal calibre que, según algunos parámetros, el S&P 500 alcanzará esta semana el título del rally más consistente de la historia. Según Deutsche Bank el S&P 500 ha registrado subidas en 15 de las 17 últimas semanas, algo que no se veía desde 1989. Si el S&P vuelve a cerrar hoy con avances semanales, habrá marcado en positivo 16 de las 18 últimas semanas, igualando así un récord de 1971. Pero si se toman solo las semanas en las que la revalorización del índice ha sido superior al 0,2%, y se logra esta semana, entonces el actual rally podría ser el mayor de la historia, ya que en el de hace 53 años hubo algún periodo con ganancias casi imperceptibles. Hay quien habla ya de “exuberancia irracional” en el mercado, al considerar que las valoraciones son ya excesivas para las perspectivas de beneficio de las compañías. Pero Deutsche apunta que, en los precedentes históricos con subidas prolongadas de 15 sobre 17 semanas, el mercado volvió a escalar un 2% y un 5,5% en las 13 y 26 semanas posteriores. Société Générale afirma que para que el mercado alcance los niveles de “exuberancia irracional” alcanzados en la burbuja tecnológica de 2000, el S&P tendría que irse hasta los 6.250 puntos, es decir, un 23% por encima de su registro actual, de momento hay “optimismo racional”, más que exuberancia según Societé. Pero según Deutsche Bank hay riesgos para ese optimismo. Uno es la fuerte concentración de la revalorización en unos pocos valores, y otro la posibilidad de que la Fed no recorte tipos como esperan muchos en el mercado, o los baje menos de lo previsto.

Ayer los índices americanos volvieron a marcar nuevos máximos históricos impulsados por los datos del deflactor del consumo personal que se mantenía en línea con lo esperado por los analistas´.

El mercado sigue con muy baja volatilidad pero alta dispersión, especialmente en pequeñas y medianas compañías. S&P publicaba una nota esta semana ponía de manifiesta que mientras que la volatilidad sigue en niveles muy bajos en la mayoría de los mercados globales las reacciones extremas después de las publicaciones de resultados han ayudado a llevar los niveles de dispersión a niveles que no se veían desde el periodo post-Covid o desde Noviembre del 2020, sobre todo en el sector de pequeñas y medianas compañías (https://www.spglobal.com/spdji/en/documents/performance-reports/dashboard-dispersion-volatility-correlation.pdf).

Los datos de consumo americanos arrojaron ayer buenas y malas noticias para la economía. Por un lado, el consumo sigue creciendo, algo menos que en diciembre, pero con cifras razonables, y los ingresos personales se aceleran en enero ante los ajustes por inflación en salarios y prestaciones sociales. Por otro lado, el dato interanual del deflactor del PIB sigue cayendo, dos décimas, sin embargo, los datos a nivel mensual repuntan en enero, situándose en los niveles más altos de los últimos 9 meses, algo que en parte se debe a factores estacionales.

Desde el punto de vista del análisis técnico el Nasdaq ha estado consolidando, este comienzo de año, los máximos históricos, y recuerda al movimiento que tuvo el pasado verano, si rompe la nueva tendencia alcista debería tener una corrección similar a la que tuvo en Agosto del 2023.

Los indicadores tácticos siguen en la parte alta del rango, Bulls minus Bears Index, Miedo Euforia de la CNN (Fear & Greed Index), el índice de exposición a la Bolsa americana de los inversores activos americanos, NAAIM Index (https://www.naaim.org/programs/naaim-exposure-index/)

Índice alcistas menos bajistas (AAII Bull – Bears)

Importante esta semana:

En Estados Unidos se revisa ligeramente a la baja el crecimiento del PIB del cuarto trimestre del 2023, por un peor desempeño de los inventarios, mientras que se confirma la fortaleza del consumo privado. En concreto, el crecimiento del PIB confirmó su robustez al crecer un +3,2% trimestral anualizado, una décima menos que el dato anteriormente publicado. Por el lado positivo, se revisó al alza el consumo privado que avanzó un +3% frente al +2,8% anterior, aportando por sí solo 2% del crecimiento del PIB.

El dato más importante de la semana fue el dato de IPC de Estados Unidos. La inflación continúa moderándose, pero a menor ritmo. El dato de precios más relevante para la Fed mostró que en enero la inflación creció un +0,4% mensual, lo que permite continuar con la moderación de los precios frente al mismo periodo del año. El deflactor subyacente del consumo se situó en el +2,8% desde el +2,9% anterior. Una moderación de una décima que coincidió con las expectativas. Por componentes, cabe señalar que toda la inflación se explica por el lado de los servicios, que aportaron por sí solo 2,9% al dato, mientras que los bienes duraderos retiraron -0,3% y los bienes no-duraderos explicaron +0,2%.

Hoy hemos conocido que a inflación también se modera en las principales economías de la zona euro, lo que apunta a que el dato de hoy muestra una inflación más contenida (2,60% frente al 2,90% anterior y 2,50% esperado). Ayer, conocimos que, en España, el dato preliminar de inflación correspondiente a febrero se moderó hasta el +2,8% interanual, seis décimas por debajo del registrado en enero. Por su parte, la tasa subyacente disminuyó dos décimas, hasta el +3,4%, situándose en su menor nivel desde marzo de 2022. Según adelantó el INE, esta evolución es debida, principalmente, a la bajada de los precios de la electricidad frente a la subida de febrero de 2023, y a la estabilidad de los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas, que aumentaron el mismo mes del año anterior. También se publicaron los datos de Alemania, con el IPC moderándose cuatro décimas hasta el +2,5% interanual, su menor nivel desde junio de 2021.

De Guindos, vicepresidente del BCE, advirtió esta semana que “la barra libre se ha terminado” en lo que concierne a la política fiscal de la eurozona. Tras años en los que la autoridad monetaria se ha encargado de adquirir la deuda de los países miembros y se congelaron las normas fiscales, la flexibilidad que se concedió a las políticas fiscales debe ahora limitarse para contribuir a disminuir la inflación y los ratios de endeudamiento. Así lo han transmitido la presidenta y el vicepresidente en repetidas ocasiones. No obstante, ha señalado que la reducción del déficit público debe realizarse de manera prudente ante el contexto de crecimiento débil que atraviesa la unión monetaria. En materia de política monetaria y de inflación, el mensaje no difiere de lo comunicado hasta la fecha, se espera que la inflación se siga moderando, pero se necesitan más datos que muestren que nos acercamos al 2% antes de empezar a recortar el coste del dinero. En este sentido, Luis de Guindos señaló que, de ser así, “entonces el Consejo de Gobierno del BCE cambiará el nivel de los tipos de interés”. El 7 de marzo tendrá lugar la próxima reunión de los oficiales de la autoridad monetaria y la presentación de las previsiones económicas.  

Nagel, presidente del Bundesbank alemán, advirtió esta semana sobre las consecuencias de recortar tipos demasiado pronto y destacó la falta de datos fiables que apuntan a que la inflación alcanzará el 2% en 2025.

Según Bloomberg, el Banco Central Europeo está cerca de llegar a un acuerdo sobre su nuevo marco monetario, pudiendo anunciar los resultados en primavera. En este sentido, la información plantea que la iniciativa prevé tener una cartera de bonos estructurales, además de préstamos bancarios para poder proporcionar liquidez. La transición podría tardar al menos 2 años. También según fuentes de Reuters, el BCE podría anunciar a partir del 13 de marzo un nuevo marco operativo con el que implementar los tipos de interés. Es de esperar que el mismo se asemeje al modelo utilizado por el Banco de Inglaterra en el que el tipo de las operaciones de refinanciación (MRO) se mueva en un estrecho canal respecto al tipo depo y en el que la propia demanda sea la que determine sus necesidades de liquidez

El lunes Lagarde dijo que “se espera que el proceso desinflacionista continúe”, pero que las presiones salariales siguen “siendo fuertes”. Añadió que el Banco Central Europeo sigue manteniendo su compromiso “inquebrantable” de alcanzar el 2%.

En cuanto a las elecciones presidenciales americanas, Trump que ha sido excluido de las listas electorales de Illinois por la toma del Capitolio ha dicho que planea apelar.

Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 16 de Febrero del 2024.

Las bolsas siguen fuertes, esta semana hemos tenido nuevos máximos históricos para el S&P 500, el Dax alemán y el Cac francés mientras que esta mañana el Nikkei japonés se quedaba a un paso de superar su máximo histórico de 1989. 

Al analista que acuñó el término de los Siete Magníficospara aglutinar los valores tecnológicos que llevan más de un año tirando de la Bolsa (Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Nvidia, Meta y Tesla) deberían sus compañeros erigirle un monumento en Wall Street. Pocas denominaciones anteriores (quizá Brics, Pigs y Faang) habían calado tanto en el mercado, muchos atribuyen al analista Michael Hartnett, de Bank of America, la popularización del término, porque en mayo de 2023 ya escribió sobre el vuelo de losSiete Magníficos y el riesgo de una mini-burbuja al calor de la inteligencia artificial (IA).

Desde entonces, la valoración de esas compañías no ha dejado de subir y la producción escrita de los analistas sobre esos valores crece incluso más rápido.

Prueba de ello es el monográfico de Deutsche Bank publicado esta semana, con una Guía macro de los Siete Magníficos. La idea del documento es “situar el auge de estas empresas en su contexto a largo plazo”, comparando su trayectoria con otros mercados, economías y valores. Quizá, uno de los aspectos más llamativos es la concentración del valor de la Bolsa estadounidense en esas firmas. Según Deutsche, el 10% de las mayores empresas de Wall Street acaparan un 75% de la capitalización total, un nivel que no se veía desde antes del Crash de 1929. El peso de las 5 mayores cotizadas actuales (Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon y Nvidia) tampoco se veía desde los años setenta (IBM, AT&T, Exxon, Eastman Kodak y GM). Tanto en 1929 como en 1973, esa concentración acabó con un desplome bursátil. Deutsche Bank no se moja sobre si se avecina una corrección. Por un lado, dice que las grandes tecnológicas todavía tienen recorrido por la IA y la llegada a nuevos países, pero por otro, las medidas antimonopolio o una marcha atrás en la globalización pueden dejar al descubierto sus elevadas valoraciones.

Esta semana los mercados han retrasado la expectativa de la primera bajada de tipos por parte de la Reserva Federal debido a los buenos datos económicos que han fortalecido al dólar. Los datos de inflación de esta semana ponen de manifiesto que la batalla contra la inflación no está ganada y que las bajadas de tipos pueden llegar más tarde de lo que el mercado espera, por eso el dólar ha vuelto a niveles de 1,07 dólares por euro. La inflación acumula 34 meses consecutivos por encima del 3%. Los datos pudieron ser peores de no ser por mayor caída mensual de coches usados desde 1969 (-3,4%) y el -3,2% de energía. En un mes el mercado ha pasado de esperar casi siete bajadas de tipos en 2024 a la mitad, 3 y media que espera ahora. Ahora el mercado da menos de un 10% de probabilidades a que la primera bajada de tipos de la Fed sea en marzo. Ahora el mercado espera más bajadas y antes en Europa. Las rentabilidades de la deuda americana han subido esta semana los tramos medios de la curva, y desde principio de Febrero han subido 50 puntos básicos.

                Rentabilidad del bono a 5 años americano desde el 1 de Enero del 2024.

                               Eurodólar últimos 12 meses.

El New York Community Bank de Estados Unidos y el Deutsche Pfandbriefbank de Alemania estuvieron en el punto de mira la semana pasada debido a su elevada exposición a préstamos inmobiliarios comerciales. Los problemas de exposición parecen idiosincráticos y no se espera un contagio generalizado a los sectores bancarios estadounidense y alemán.

La temporada de resultados del cuarto trimestre de 2023 en Estados Unidos está entrando en su última etapa. Aproximadamente el 80% de la capitalización de mercado del S&P 500 ya ha publicado resultados. El número de compañías que ha batido expectativas ha aumentado al 75% desde el 72% de hace una semana, en línea con el promedio histórico de los últimos 10 años. En términos agregados, las empresas están superando ligeramente las estimaciones de beneficios en un +3,8%, impulsadas principalmente por los gigantes de la tecnología de la información. Tras los últimos resultados el consenso espera ahora un crecimiento interanual de Los beneficios del +2,9% para el cuarto trimestre, lo que marca el segundo trimestre de crecimiento para el S&P 500.

Con una capitalización de mercado de 3,1 billones de dólares (3,1 trillones americanos), Microsoft es el doble del tamaño de todo el sector energético en el S&P 500, que genera el doble del flujo de caja libre anual que Microsoft (135 billones frente a 67 billones de dólares americanos.

Fuente: Bestinver.

Los analistas advierten de que la IA ocasionará un ajuste laboral masivo. La irrupción de la inteligencia artificial generativa, capaz de crear contenido original, promete mejorar la productividad de la economía, aumentar la eficiencia de las empresas y favorecer la innovación, pero a la vez amenaza con provocar un ajuste masivo del mercado laboral, que extinga puestos tradicionales y genere nuevas oportunidades en sectores tecnológicos emergentes, o con incrementar las desigualdades.

Estas son algunas de las principales conclusiones que arroja el Pulso Económico Trimestral de EY Insights en su edición de invierno de 2024, recabando las valoraciones de los responsables de una quincena de los principales servicios de estudios del país, incluyendo los de Funcas, Fedea, el Círculo de Empresarios, la Empresa Familiar, la banca o las escuelas de negocio. Unas impresiones que vienen reforzadas por el significativo ejercicio de que la tanda de preguntas de la encuesta relativas a la inteligencia artificial ha sido redactadas por una de ellas, Chat GPT3.5, con la mera indicación de elaborar “una encuesta a economistas de prestigio” sobre este tema.

Como resultado, el 86% de los economistas consultados ha coincidido en señalar que la inteligencia artificial generativa provocará “una reestructuración significativa del mercado laboral” en los puestos “tradicionales”, mientras que el 93% está de acuerdo en que su “adopción masiva” también supondrá la creación de “nuevas oportunidades de empleo en sectores emergentes”. Más allá, el 70% asume que la tecnología podría contribuir a la creación de una economía más basada en la creatividad y la innovación, impulsando el crecimiento a largo plazo, y el 80% espera efectos beneficiosos sobre eficiencia en la producción, la mejora de la productividad económica y el bienestar social. Con todo, dos tercios temen que “la automatización impulsada por la IA generativa” cree el “riesgo de una mayor desigualdad económica”.

Las conclusiones van en línea con las del reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) que advertía de que la llegada de la IA “probablemente empeorará la desigualdad”, podría afectar al 60% de los empleos de las economías desarrolladas, el 40% en las emergentes y el 26% en aquellas de bajos ingresos, provocando una relevante desaparición de puestos de trabajo.

Es más, uno de los propios encuestados, Ignacio de la Torre, socio y economista jefe de Arcano, ha publicado un informe, en el que alerta de que la IA podría hacer desaparecer uno de cada cinco empleos. Con todo, el 93% de los encuestados considera que en la coyuntura actual el principal lastre para el crecimiento del PIB español está en “la fragmentación parlamentaria y la inestabilidad política”. Un nivel de preocupación que se mantiene frente a ediciones anteriores, mientras que el segundo foco de inestabilidad, identificado como la situación geopolítica actual, especialmente en Ucrania y Oriente Próximo, se relaja ligeramente (del 87% al 78% de votos). Le siguen en la lista de principales riesgos la evolución de la política fiscal y la del comercio internacional (en ambos casos con el 64%).

Del lado contrario, los factores que mayor impacto positivo se espera que aporten al crecimiento de la economía española son el despliegue del Plan de Recuperación (aunque la convicción cae del 87% al 64% desde otoño) y el consumo doméstico (con el mismo peso). En cualquier caso, los analistas coinciden en descartar la posibilidad de que la economía española pueda entrar en recesión, si bien temen una “ligera desaceleración” frente a 2023, pasando de crecer un 2,5% a un 1,5% (frente al 2% que mantiene el Gobierno).

En este marco, el 93% de los economistas consultados coincide en señalar que la principal prioridad de cara a los Presupuestos Generales del Estado que el Ejecutivo prevé impulsar para 2024 debe ser “garantizar que el déficit del conjunto de las Administraciones Públicas no supere el 3% para cumplir con los objetivos de la Unión Europea”, así como “reforzar las partidas de inversión productiva por encima de la media de gasto”. Pese a destacar la necesidad de acometer la consolidación fiscal, seis de cada diez encuestados considera “prioritario o muy prioritario evitar aumentos de la presión fiscal, para no lastrar la actividad económica”.

En paralelo, cerca del 80% de los economistas concede poca urgencia al refuerzo del gasto social, mientras que las partidas que mayor controversia generan son las destinadas a aumentar la inversión en defensa en cumplimiento de los acuerdos internacionales y en respuesta al incremento de las tensiones geoestratégicas, que solo la mitad consideran prioritarias.

Juan Pablo Riesgo, socio responsable de EY Insights, y coordinador de la publicación, subraya la urgencia de alcanzar consensos políticos “que proporcionen estabilidad y confianza a los agentes económicos, refuercen la competitividad de la economía española y permitan desplegar la agenda de reformas e inversiones para impulsar la transición energética y transformación digital comprometidas por España en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia”.

Los indicadores tácticos de sentimiento de mercado siguen en zona de sobrecompra, el índice alcistas menos bajistas (Bulls minus Bears Index) ha desacelerado ligeramente esta semana aunque sigue cerca de la parte alta del rango, y el índice miedo/euforia (CNN Fear & Greed Indice) está en sobrecompra también (Extreme Greed) https://edition.cnn.com/markets/fear-and-greed.

AAII Bulls – Bears

Importante esta semana:

El dato más importante de la semana fue el dato de IPC estadounidense de Enero publicado el martes, que se saldó con una desaceleración de la referencia de 3 décimas en su variación interanual, pasando del 3,4% al 3,10%, dos décimas por encima de lo que esperaba el consenso del mercado (2,9%). El IPC subyacente se mantuvo sin cambios en el 3,9%, por encima del 3,7% que esperaba el mercado. Este dato es una mala noticia para el mercado y para las expectativas de bajadas de tipos, en línea con el mensaje que están dando estos días varios miembros de la Fed. La composición del IPC muestra un sesgo un tanto negativo de cara a las futuras lecturas. La aceleración del dato se debe al comportamiento de ciertas partidas que vuelven a poner de manifiesto que el proceso de desinflación no será tan rápido como la mayoría del mercado esperaba. Destacó la partida de servicios que se aceleró con fuerza respecto al mes anterior al pasar del 0,40% al 0,70%. Dicho incremento se debe en parte al comportamiento del componente de vivienda, que aumentó desde el 0,4% al 0,6%.

El presidente de la Fed de Chicago restó importancia a un repunte en la inflación, Goolsbee, dijo que si la inflación pasa a ser un poco más alta en los próximos meses, sería consistente con el camino de vuelta al objetivo, es partidario de empezar a recortar tipos de interés en algún punto, sin necesidad de que la inflación haya alcanzado el objetivo del 2%. No obstante, recordemos que este miembro no dispone de voto en las decisiones de política monetaria a lo largo de este año. Asimismo, ha hecho hincapié en no juzgar el dato de un mes y que la Fed basa sus decisiones en un indicador diferente al IPC, el deflactor del consumo personal, el cual se caracteriza por conceder menos peso a los alquileres imputados, la partida que contribuye en mayor medida al IPC. Por ello, el PCE presenta unas cifras inferiores a las del IPC (en diciembre fueron de +2,6% y +3,4%, respectivamente). 

También en Estados Unidos el Presidente de la Reserva Federal de Richmond, miembro de la Fed, Thomas Barkin, dijo que «declarar la victoria sobre la inflación en este momento es bastante atrevido». En este sentido, dijo que ve un riesgo real de que las presiones inflacionistas se mantengan, ya que es probable que las empresas estadounidenses, que aumentaron sus márgenes de beneficio y sus ventas en los últimos años subiendo los precios, tarden en abandonar esta práctica. La última encuesta realizada por la Fed de Nueva York pone de manifiesto unas expectativas de inflación al consumidor a 3 años cayendo en 2 décimas hasta el 2,4% lo que supone el nivel más bajo desde marzo de 2020.

La economía de la eurozona se estancó en el último trimestre de 2023, pero el sector manufacturero arrojó unos datos esperanzadores. El crecimiento interanual del PIB para el conjunto de la eurozona en el último trimestre del 2023 estuvo en línea con lo esperado, al presentar una variación de tan solo +0,1%, tal y como indicaban las expectativas y conforme al dato del trimestre anterior. Entre los cuatro grandes, España lidera el crecimiento con un +2%, una décima superior al tercer trimestre, seguida de Francia (+0,7%) e Italia (+0,5%), mientras que Alemania mantiene el terreno negativo en el -0,2%. De acuerdo con una primera estimación del crecimiento anual, el PIB ha crecido un +0,5% en el conjunto del año 2023.

Crecimiento del PIB interanual de la eurozona desde el 2009.

Ayer La Comisión Europea actualizaba sus previsiones de 2024 revisando a la baja la inflación, pero proyectando que el PIB crecerá menos.  Las buenas noticias vienen de la mano de la variación de los precios para el conjunto de la eurozona, que se espera que sea de +2,7%, por debajo del +3,2% previsto en noviembre y del +5,4% registrado en 2023. Estos recortes se han visto reflejados en las previsiones de todos los países miembros. En los cuatro grandes, las perspectivas de inflación de España son de +3,2% frente al +3,4% de noviembre, en Alemania +2,8% por debajo del +3,1% anterior, en Francia +2,8% (frente al +3,0%) y, por último, Italia sería el único de este grupo en alcanzar el objetivo del +2% este año. La Comisión Europea ha argumentado este cambio, basado en una menor inflación de la esperada, los precios de las materias primas inferiores y un impulso económico más débil.

En lo relativo al PIB, las proyecciones indican un crecimiento flojo para el conjunto de la zona euro, el dato se sitúa en el +0,8%, cinco décimas por debajo de las perspectivas previas. Por países, España presenta la mayor variación, de +1,7%, seguido de Francia con +0,9% e Italia con +0,7. Por su parte, el órgano europeo prevé para Alemania una economía todavía lastrada, con un crecimiento de tan solo el +0,3%, cinco décimas inferior a las previsiones anteriores.

En Alemania, según fuentes de Reuters, el Gobierno recortará su previsión de PIB para este año desde el 1,3% publicado en octubre hasta el 0,2%. Las previsiones para 2025 también es de esperar que se vean reducidas desde el 1,5% hasta el 1,0%. En este sentido, Habeck, ministro de economía del país, calificó la economía de «dramáticamente mala».

La deflación de los precios al consumo en China se intensificó en enero, y los precios cayeron un 0,8% interanual, la tasa más baja desde la crisis financiera de 2008. Los precios al consumo se vieron arrastrados por la caída del precio de alimentos y transporte, que en conjunto representan el 45% de cesta de la compra china. La inflación subyacente, que excluye los precios de los alimentos y de la energía, también disminuyó hasta el 0,4%.

Las presiones deflacionarias también se dejan sentir en los precios de exportación de China, que cayeron un 8,4% interanual en diciembre. Si bien esta disminución se produce tras un fuerte aumento de precios en 2021 y 2022 y, en general, está en consonancia con el movimiento del precio de las importaciones por lo que hay muchas posibilidades de que China siga exportando deflación. China ha estado ampliando continuamente su capacidad de producción, ya que las medidas de estímulo del gobierno para apoyar la economía se han centrado principalmente en apoyar la producción sin incidir directamente en el consumo. Esto ha creado un exceso de capacidad que está haciendo bajar los precios.


EEUU tiene ahora una economía de alta presión. Rana Foroohar. Financial Times.

Hace décadas, el economista Arthur Okun, presidente del Consejo de Asesores Económicos de Lyndon Johnson, abogaba por lo que denominaba una “economía de alta presión”. Se refería a una economía en la que las políticas expansivas pudieran crear un crecimiento del producto interior bruto por encima de la media con un bajo desempleo, dando lugar no sólo a una economía fuerte, sino también a un aumento desproporcionado del empleo para los grupos más vulnerables.

Este es exactamente el tipo de política que la Administración Biden ha seguido, hasta ahora con éxito. En enero se crearon 353.000 nuevos empleos, el doble de lo que se esperaba, y las ganancias se produjeron en casi todos los sectores y categorías laborales. En EEUU hay 1,4 empleos disponibles por cada parado, muy por encima de la norma histórica. Se trata del mercado laboral más fuerte desde, al menos, los años sesenta. Todo esto, con la inflación de nuevo en niveles tolerables, y los mercados en auge.

Como dijo recientemente la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, EEUU está disfrutando de un resurgimiento “notable tanto por su rapidez como por su equidad”. Entonces, ¿qué puede no gustar de la economía de alta presión? Nada, salvo el hecho de que los puntos de presión pueden no tender siempre al alza. Debido al nivel de los mercados, la cantidad de estímulo fiscal en juego, la geopolítica altamente impredecible y el hecho de que ni la recesión de 2020 ni la recuperación han sido históricamente típicas, la economía de alta presión podría fácilmente perder fuelle en cualquier dirección.

Hay tres puntos de presión que vigilo de cerca. El primero y más importante es el hecho de que éste no es un ciclo económico normal.

Aunque es muy difícil argumentar que las nuevas políticas económicas a favor de la oferta de la Administración Biden no están funcionando, o que esta recuperación es de alguna manera un espejismo, también es importante recordar que los últimos tres años han sido enormemente atípicos debido al Covid-19, la guerra en Ucrania y la crisis de la deuda china, entre otras cosas. Esto hace mucho más difícil utilizar datos históricos para predecir el futuro.

Como señaló en una nota reciente Dario Perkins, director general de TS Lombard para macroeconomía global, todavía hay todo tipo de distorsiones macroeconómicas que se abren camino a través del sistema. Éstas abarcan desde grandes cambios relacionados con la pandemia en el gasto de los consumidores (primero en bienes, ahora en servicios) y en las cadenas de suministro, pasando por la demanda reprimida por el exceso de ahorro y el sobrecoste fiscal, hasta la destrucción de volumen por la inflación, las señales confusas de China, etcétera. Los indicadores económicos habituales, como las curvas de rendimiento y los niveles de precios, han sido engañosos.

Los cambios demográficos y la revolución de la inteligencia artificial han complicado aún más las cosas. ¿Quién sabía que el crecimiento de la productividad sería uno de los más fuertes en más de una década, o que la jubilación de los trabajadores de más edad no sería deflacionista, sino inflacionista, debido a que los boomers ricos en activos siguen gastando durante sus años dorados y los más jóvenes tienen más poder de negociación en un mercado laboral muy activo?

Otro punto de presión que me viene a la mente es la diferencia entre los datos y la experiencia sentida de la economía. La preocupación por la economía ha disminuido gracias a que el crecimiento continuado del empleo y el aumento de los salarios han compensado una crisis del coste de la vida en la que la inflación superó los ingresos de los estadounidenses de a pie.

Pero aunque la confianza de los consumidores ha ido en aumento, también existe, creo, una sensación más profunda y menos comprendida de vulnerabilidad económica a largo plazo entre la opinión pública estadounidense. Viven prácticamente sin red de seguridad social en una de las sociedades más capitalistas del planeta, donde la contratación y el despido rápidos con poca o ninguna indemnización por despido siguen siendo la norma. Y mientras las empresas esperan con impaciencia los aumentos de la productividad proporcionados por la inteligencia artificial, los trabajadores están cada vez más preocupados por todas las formas en que cambiará el mercado laboral, especialmente en lo que respecta a los empleos de cuello blanco de clase media.

Mientras tanto, aunque la inflación general parece haberse estabilizado, el precio de todos los aspectos de la vida de la clase media, como la educación, la vivienda y la atención sanitaria, sigue aumentando más deprisa que la tasa de inflación subyacente. Las urgencias sanitarias y el endeudamiento son una de las principales causas de pobreza en EEUU, donde más de la mitad de los trabajadores adultos tienen problemas para hacer frente a sus gastos sanitarios.

Eso sería impensable en Europa. EEUU es un lugar donde la gente puede ser de clase media, incluso de clase media alta, y aun así sentirse bastante vulnerable económicamente. Somos ricos en relación con el resto del mundo. Pero no estamos seguros. Y cuando la gente cae en EEUU, es una caída muy profunda.

La idea de caer me lleva al tercer y último punto de presión, que es la naturaleza de los mercados hoy en día. Yo fui una de las primeras en hablar de la “burbuja de todo” —en la que los precios de las acciones, la vivienda y otros activos no dejan de subir— y reconozco que he perdido dinero como consecuencia de ello.

Los beneficios empresariales y las previsiones optimistas justificarían los precios actuales de los activos, que son todo un hito. No sucede así con la concentración masiva en un puñado de empresas de plataformas tecnológicas. Cuando la capitalización bursátil de los Siete Magníficos —Apple, Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla— equivale al tamaño combinado de los mercados de renta variable de Canadá, Japón y Reino Unido, hay que cuestionarse las valoraciones.

O, como mínimo, preguntarse qué ocurrirá cuando se abran las válvulas de presión.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 9 de Febrero del 2024.

Se van a cumplir cuatro años desde el inicio de la pandemia del Covid, y las bolsas acumulan desde los mínimos que marcaron en marzo de 2020 una recuperación que pocos podían anticipar en esos momentos. El S&P 500 llegó a caer a 2.300 puntos, y ahora está en máximos históricos, en 5.000 puntos.

Aunque la guerra de Ucrania, la inflación y las subidas de tipos de interés cortaron esa marcha ascendente durante 2022, la resistencia de las economías a ese entorno y las expectativas de la inteligencia artificial reimpulsaron Wall Street hasta un nuevo máximo histórico.

 Nasdaq (amarilo) S&P 500 (blanco) y Dow Jones (verde) normalizados desde el 2005 en niveles máximos históricos.

La cuestión en el mercado es si les queda gasolina a las bolsas para seguir subiendo pese a los riesgos actuales (conflictos en Ucrania, Oriente Próximo y el Mar Rojo, posibilidad de que los tipos de interés sigan elevados y la incertidumbre sobre las elecciones a la presidencia de Estados Unidos). Mañana arranca el año del dragón en China, lo que significa un largo periodo vacacional en el país asiático. El Ministerio de Transporte chino espera que haya 9.000 millones de desplazamientos internos, en un periodo vacacional que oficialmente va desde del 9 al 17 de febrero, aunque los trabajadores extienden sus permisos y los estudiantes disfrutan de las vacaciones de invierno, por lo que la verdadera vuelta a la normalidad llegaría el 5 de marzo. Este será un momento importante para la economía china y los inversores estarán pendientes de las cifras alrededor de este evento, para determinar la salud del consumo en el país asiático. 

El indicador de riesgo geopolítico de Blackrock sigue relativamente alto. El indicador de ciberataques está en máximos confirmando el sector de ciberseguridad como una de las megatendencias más claras hoy en día, Palo Alto subió un 7% el miércoles, lleva una subida del 24% en el año, Palantir lleva una subida del 37,50% en el año. (https://www.blackrock.com/corporate/insights/blackrock-investment-institute/interactive-charts/geopolitical-risk-dashboard)

Bank of America ha mirado al pasado para encontrar motivos que inviten al optimismo. Los analistas de esa entidad, en un informe, desgranan cómo se comportó el S&P 500 en los años con comicios a la Casa Blanca, y en los que el mercado abrió con ganancias en enero. Su conclusión es que “en un 100% de los casos” en los que se dio esa doble circunstancia (11 ocasiones), la Bolsa de Nueva York acabó el ejercicio subiendo, con una revalorización media del 16,5%. Una vez descontada la subida de enero, en esos precedentes el aumento del índice de referencia entre febrero y diciembre fue del 12%. Trasladado a 2024, esa evolución implicaría que el S&P acabe el año entre 5.425 y 5.550 puntos. “El mes de enero es un buen predictor del año, mirando a los datos desde 1928”, afirma Bank of America para alentar el optimismo. Lo que falta por ver en el análisis es si las valoraciones de partida en esos años electorales eran tan altas como las que muestran ahora los grandes valores del S&P.

Las previsiones de beneficios positivos de gigantes como Amazon y Meta Platforms y la posibilidad de que la economía americana tampoco entre en recesión en 2024 mantiene un tono fuerte en los mercados que apuntala con rigor el discurso de la Fed.

A nivel sectorial, el encarecimiento del crédito pesará sobre la inversión privada y, tras años de fuertes estímulos fiscales, el gasto público tampoco deberá ser un factor dinamizador de la actividad a nivel agregado. Sin embargo, las perspectivas de la mayoría de analistas son positivas para el consumo privado, que será el principal motor del crecimiento mundial aportando por sí solo más del 60% del avance del PIB en promedio durante los dos próximos años.

Esta semana comenzó con unos datos de confianza del sector servicios en Estados Unidos que mostraron una mejora en el sentimiento empresarial, aunque también traen malas noticias para la inflación pues el componente de precios se elevó sustancialmente (el PMI de enero aumentó con fuerza hasta un 53,4, por encima de las previsiones de 52 y del dato previo de 50,4). Asimismo, la Fed publicó los datos de la encuesta bancaria, apuntando a que las entidades financieras siguen manteniendo condiciones restrictivas para la concesión de crédito, aunque lejos de los niveles extremos alcanzados tras la crisis bancaria de Silicon Valley Bank. Ambos datos indican que la economía americana está ganando tracción y que la fase de restricción extrema del crédito quedó atrás. No obstante, las expectativas de bajadas de tipos siguen siendo elevadas para este año en Estados Unidos, los futuros ponen aún en precio entre 4 y 5 bajadas, algo que parece incompatible con una economía creciendo a niveles del +3% y con el resurgimiento de las presiones inflacionistas. 

Aunque este comienzo de año no vaya en ese sentido creemos que hay que comprar lo que está barato, por eso estamos incrementando nuestra exposición a pequeñas y medianas compañías, que cotizan a múltiplos muy bajos respecto a sus medias históricas, y más si lo miramos en términos relativos frente a las grandes compañías:

                                                               P/E Small Caps Vs Large Caps (US).

P/E MSCI World Small Caps desde 2014:

EV/EBITDA MSCI World Small caps desde el 2014:

En Europa ocurre lo mismo, la prima de riesgo que paga el invertir en pequeñas compañías está en máximos, lo que favorece la estrategia de comprar pequeñas compañías europeas:

Esta semana el BCE publicó un informe muy interesante, que me llegaba a través de Dunas Capital, sobre la situación del tipo de interés real neutral, señalando que el mismo podría haber aumentado en unos 30 puntos básicos respecto al nivel que existía a mediados del 2019. Ello no deja de ser relevante ya que, implícitamente, se estaría planteando un contexto teórico de política monetaria algo menos restrictivo de lo que cabría esperar bajo las reglas del juego que imperaban antes de la pandemia. En este sentido, según las conclusiones que obtiene el banco central se podría plantear un tipo neutral teórico por encima del 2,0%, lo que refrendaría la idea de que, bajo estas condiciones y desde un punto de vista estructural, el 10 años alemán debería de estar más elevado que el 2,36% al que cotiza actualmente.

Rentabilidad del bono a 10 año alemán últimos 5 años.

Está claro que las dinámicas de crecimiento del sector tecnológico y de todo lo que tenga exposición a la Inteligencia Artificial son muy positivas, el tema es que los múltiplos a los que cotizan las compañías del sector, principalmente los 7 Magníficos, como llevo diciendo desde hace semanas, son muy exigentes, como publicaba esta semana un informe de Goldman Sachs, en el que sacaba la conclusión de que la actual cotización de las siete compañías es muy razonable con las positivas expectativas del mercado, con lo que no le dan más potencial.

Los índices americanos S&P 500 y Dow Jones han marcado nuevos récords históricos esta semana. El índice de miedo y codicia de la CNN (Fear&Greed Index) se mueve en las últimas semanas entre codicia y codicia extrema y algunos inversores se plantean si hay demasiado optimismo tras unos resultados empresariales dispares. La principal razón para el optimismo es que no hay grandes decepciones en los resultados. Además, hay muchos sectores y mercados que siguen baratos (petroleras, financieras, eléctricas) o que tienen crecimiento a múltiplos mucho más confortables que la IA (farmacia y salud). https://edition.cnn.com/markets/fear-and-greed

También el índice alcistas menos bajistas también en la parte alta del rango (señal de extrema sobrecompra):

AAII Bulls – Bears

Importante esta semana:

En una entrevista televisiva el fin de semana pasado, grabada antes de la publicación del informe de empleo del pasado viernes, Powell reiteró que es poco probable que se produzca un recorte de tipos en marzo, y que los datos determinarán cuándo y cuánto se puede bajar.

Muchas declaraciones esta semana de miembros de la Fed tratando de frenar las expectativas de bajadas de tipos del mercado, el presidente de la Fed de Chicago, Austan Dean Goolsbee, dijo querer ver más evidencias de que la Reserva Federal está en el camino hacia el 2% antes de recortar tipos, otro miembro de la Junta de la Fed, Bowman, calificó de «alentadores» los recientes informes sobre la desaceleración de la inflación, aunque añadió que «la economía aún no ha llegado a ese punto», el presidente de la Fed de Richmond, Thomas Barkin, se ha definido como “muy defensor” de mantener paciencia para determinar cuándo rebajar los tipos de interés. En el dilema entre contener el avance de los precios e impulsar el crecimiento económico, se decanta a favor de combatir la inflación. La presidenta de la Fed de Boston, Susan Collins, ha declarado que son necesarias más evidencias de que la inflación se alinea con el objetivo del 2%, indicando una referencia vaga al comienzo de los recortes, “más adelante este año”. Asimismo, ha manifestado que el tipo de interés neutral es superior ahora de lo que era antes de la pandemia. Y por último otro miembro de la Junta de la Fed, Adriana Kugler, se presenta optimista con el proceso deflacionista, si bien ha indicado poca urgencia por reducir tipos. Tal y como ha expresado, si este desarrollo se demora, será necesario mantener el coste del dinero constante más tiempo para asegurar que continúa el progreso. 

En un escenario convulso, marcado por las cicatrices del Covid, el enquistamiento de la guerra en Ucrania, que va camino de cumplir su segundo aniversario, las tensiones en Oriente Medio, con el conflicto entre Israel y Hamás provocando réplicas en la región y obstaculizando parte del comercio mundial, y los altos tipos de interés para combatir la inflación, la economía global mostró al cierre de 2023 una solidez mayor a la esperada, con un crecimiento del PIB que, según la OCDE, fue del 3,1%. 2024 será, sin embargo, un año de cierta desaceleración. La organización de los países desarrollados prevé que el crecimiento mundial ronde este año el 2,9%, dos décimas menos que en 2023, pero aun así dos décimas por encima del que vaticinaba en noviembre pasado (2,7%), todavía bajo el influjo del encarecimiento de la financiación y de las turbulencias internacionales. 

Así lo recoge el último informe de perspectivas de la organización, publicado esta semana, donde ha revisado con fuerza al alza el crecimiento de Estados Unidos este año, hasta el 2,1% frente al 1,5% que auguraba en su informe de noviembre, y por el contrario ha recortado casi con el mismo vigor a la zona euro, que en 2024 apenas crecerá un anémico 0,6%, tres décimas menos de lo que esperaba hace tres meses. La OCDE cree que la actividad se verá “frenada por las estrictas condiciones crediticias en el corto plazo”, con las dos mayores economías del bloque renqueando. El PIB alemán solo crecerá un 0,3% en 2024, en contraste con el 0,6% que la OCDE preveía en noviembre, mientras que Francia lo hará un 0,6%, dos décimas menos que lo pronosticado entonces

España se erige como el principal sostén económico del bloque de la moneda única, seguida de lejos por Italia, que crecerá un 0,7%. La OCDE prevé que el PIB español crezca este año un 1,5%, una décima más de lo augurado en noviembre, y más del doble que en el conjunto de la eurozona, aunque claramente por debajo del 2% que defiende el Gobierno. Para la OCDE el PIB español subirá en 2025 un 2% frente al 1,3% contemplado para el conjunto de la zona euro.

Todo ello en un contexto en el que si bien la inflación ha disminuido en muchos países “más rápido de lo previsto”, la OCDE invita a no bajar la guardia ante las tensiones geopolíticas, que representan “un riesgo significativo a corto plazo para la actividad y la inflación”, en especial si el conflicto en Medio Oriente acaba perturbando los mercados energéticos. De acuerdo con los cálculos de la Organización, de persistir el fuerte encarecimiento del transporte por la crisis del mar Rojo, que de media ha duplicado los precios de los fletes, podría disparar en casi 5 puntos los precios de importación, añadiendo 0,4 puntos al IPC en el plazo de un año. A esto se suma el aumento registrado en los costes laborales, que podrían añadir aún más presión a los precios. Por ello, aunque admite que existe margen para comenzar a bajar los tipos de interés a medida que las subidas de precios se moderen, aboga por mantener una política monetaria “restrictiva en la mayoría de las principales economías durante algún tiempo”. 

Este miércoles se publicó también el dato de dato de IPC chino, que se desplomó casi un -1% en enero, siendo su cuarto descenso mensual consecutivo y la mayor caída en 15 años, los datos siguen mostrando debilidad, con el IPC acelerando su caída más de lo previsto en enero, al retroceder un -0,8% interanual frente al -0,3% previo y por debajo del -0,5% esperado, siendo este el cuarto mes consecutivo de descensos. Este comportamiento se explica sobre todo por la caída de los precios de los alimentos, que bajaron un -5,9% interanual, por lo que, si retiramos este componente muy volátil, la inflación se situaría en un aumento del +0,4% interanual. Por el lado de los precios de producción industriales, los datos también siguieron en negativo al caer en enero un -2,5% interanual, dos décimas por encima del -2,7% anterior y alejándose poco a poco del fuerte retroceso registrado a mediados del año pasado (en junio los precios de producción industriales cayeron un -5,4% interanual).


China tiene que aprender las lecciones de Japón. Gillian Tett. Financial Times.

Hace veinticinco años, escuché a un grupo de altos funcionarios financieros estadounidenses, entre ellos Timothy Geithner y Lawrence Summers, dar consejos a sus homólogos japoneses sobre cómo afrontar una crisis inmobiliaria. La esencia de su mensaje giraba en torno a dos palabras: “despejar los precios”. Mientras Japón se tambaleaba tras el colapso de la burbuja inmobiliaria de los años 1980, los funcionarios estadounidenses instaron a su gobierno a inyectar transparencia en el mercado y en los balances de los bancos, negociando los activos malos de forma que se estableciera un “suelo” de sus valores.

Al fin y al cabo, así fue como Estados Unidos salió de su propia crisis de ahorros y préstamos de los años 1980: subastó los préstamos dudosos a través de una Corporación de Resolución y Fideicomiso, atrayendo de nuevo a los inversores oportunistas al mercado y recuperando la confianza en el valor de los activos. En un principio, los japoneses no siguieron este consejo. Tampoco lo hizo Washington cuando estalló su propia gran crisis financiera más de una década después.

Al contrario. Los funcionarios estadounidenses desperdiciaron meses negando la magnitud de sus pérdidas por las hipotecas subprime, lo que llevó a los funcionarios japoneses a expresarme su queja porque los estadounidenses se negaban a tomar la dura medicina que habían recetado a otros. Sin duda, los historiadores del futuro escribirán libros sobre la ironía de esta situación y señalarán que sólo cuando Washington intentó finalmente crear precios de compensación, a finales de 2008, el sistema empezó a sanar.

Sin embargo, la pregunta clave ahora, mientras los mercados se tambalean por la implosión del grupo inmobiliario Evergrande, es si las autoridades chinas serán más sabias (o menos tontas) este 2024 que sus homólogos japoneses en 1997 o los estadounidenses en 2007.

Después de todo, en cierto modo los retos de China se asemejan a los de Japón en los años 1990: un sistema financiero centrado en los bancos se está enfocando cada vez más a los mercados de capitales; una economía en proceso de maduración está pasando de la industria a los servicios; la mala demografía amenaza la expansión futura; y una burbuja que se desinfla ha creado una montaña de préstamos dudosos, que ascienden a un total de 3,2 billones de yuanes (412.300 millones de euros), según datos oficiales, que casi con toda seguridad subestiman el problema.

Amortiguadores políticos

Afortunadamente, China cuenta con amortiguadores políticos que podrían hacer que esto resultase más fácil de abordar que en Japón: el Gobierno dispone de vastos recursos financieros, un control (más o menos) férreo de la economía, un sector privado muy emprendedor, y burócratas reflexivos. Para ilustrar este último punto: tras la publicación de mi libro sobre la “debacle del billón de dólares” en Japón, funcionarios chinos se pusieron en contacto conmigo deseosos por aprender las lecciones de la historia.

Sin embargo, como también señaló Goldman Sachs en un informe el pasado otoño, otros retos en China son peores que en el Japón de los años 1990. “La tasa de desocupación de inmuebles residenciales urbanos ronda el 20% en China”, señala, “más del doble de la tasa del 9% que soportaba Japón en 1990, y los precios de la vivienda son más altos: 20 veces los ingresos de un hogar en China, frente a las 11 veces en Japón durante 1990”.

Citibank se hace eco de ello: una reciente nota a clientes advierte de que “aunque las correcciones de los precios de los activos y su amplificación a través del sistema bancario serán probablemente más leves en China que en Japón… las perspectivas de crecimiento futuro para China pueden estar sufriendo una desaceleración más brusca”.

Proceso de desapalancamiento

Así pues, ¿intervendrá finalmente Pekín? Ahora mismo, la respuesta más realista es “quizá”. El desapalancamiento del sector inmobiliario ya ha comenzado. Algunos préstamos dudosos se están titulizando y comercializando. Y el valor de los inmuebles se está corrigiendo: los precios de los inmuebles de nueva construcción bajaron un 2% en términos anualizados el año pasado, frente al 10% de crecimiento de los precios a finales de la década pasada.

Además, la sentencia dictada la semana pasada por un tribunal de Hong Kong que exige la liquidación de Evergrande, con sus 330.000 millones de dólares (306.000 millones de euros) de pasivos, podría acelerar las ventas a bajos precios. También podría crear más presión para que Pekín adopte las políticas necesarias para iniciar un proceso de recuperación, como una transparencia adecuada en torno a los préstamos dudosos, mecanismos legales para negociar rápidamente los activos deteriorados (y ponerles precio) y medidas económicas para proteger a los consumidores de los peores daños.

Pero, por desgracia, también abunda la incertidumbre. No está claro si los tribunales de China continental respetarán la sentencia de liquidación de Hong Kong y si se permitirá la quiebra de otros grupos inmobiliarios. Tampoco está claro si la prioridad de Xi Jinping es impulsar el crecimiento económico o mantener una agenda ideológica que respalde al Gobierno del Partido Comunista. La primera exigiría transparencia y seguridad jurídica para los inversores; la segunda, (más) retraso en la cristalización del dolor.

Mientras el mundo espera a ver la respuesta de Pekín a la sentencia de Hong Kong sobre Evergrande, hay otra lección que aprender del Japón de los 1990: cuando los inversores sienten el temor a que existan pérdidas sin resolver en el sistema financiero que no pueden cuantificar, se crea una mentalidad deflacionista sigilosa que se refuerza a sí misma. Y una vez que arraiga un estado de ánimo deflacionista, resulta aún más difícil hacer frente a los préstamos dudosos (ya que aumentan en relación con el PIB nominal).

O para utilizar el eslogan que algunos japoneses solían recitarme: “Puedes meter carne podrida en un congelador, pero eso no elimina la putrefacción. Sólo elimina el olor… durante un tiempo”. Alguien debería traducirlo al chino e instar a los responsables políticos de Pekín a que muestren al mundo que pueden hacer un mejor trabajo a la hora de afrontar estos retos del que hicieron inicialmente los japoneses y los estadounidenses con su podredumbre financiera. Evergrande podría ser una poderosa prueba de ello.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 2 de Febrero del 2024

Este comienzo de año destaca la fortaleza en el dólar, lo que tiene bastante sentido en el entorno actual. De un lado la muerte de los tres soldados americanos por drones desde Irak a lo que Biden contesta que “responderá y culpa a los grupos militantes iranies”, en China la inmobiliaria Evergrande se liquidará, con una deuda de 320.000 millones de dólares, además, seguimos con el ruido desde el Mar Rojo, donde tras el impacto de un misil en el petrolero, el precio del brent está subiendo un 8% en lo que va de año.

Esta semana se publicaron las previsiones de emisiones del Tesoro estadounidense para los dos próximos trimestres. Este documento cobró importancia el pasado verano ante el creciente déficit público en el país norteamericano. La primera sorpresa es que reduce las necesidades de financiación en mercados para el primer trimestre de 816.000 millones de dólares a 760.000 millones. Por otra parte, apunta a una necesidad de financiación de apenas 220.000 millones para el segundo trimestre del año. No obstante, las previsiones del segundo trimestre son mucho más volátiles, y más en un año electoral, pues se está discutiendo en las cámaras algunos recortes de impuestos por valor de 78.000 millones de cara a los próximos meses. El anuncio de unas menores emisiones de lo esperado trajo de nuevo el optimismo a las Bolsas americanas a comienzo semana.

Las últimas primarias en Estados Unidos parecen indicar que la carrera hacia la Casa Blanca volverá a disputarse entre Trump y Biden, y ello a pesar de que 2 de cada 3 estadounidenses quisieran a alguien nuevo, aunque sólo 2 de cada 5 dejarían de votar por este motivo. Parece que este año se incrementan las diferencias entre las diferentes economías, en cuanto a crecimiento, Estados Unidos mantiene el paso, aunque más lento, a pesar de lo cual el mercado sigue esperando agresivas bajadas de tipos de interés, China no es capaz de mantener el ritmo debido a problemas estructurales en su sector inmobiliario de difícil solución y Europa es muy dependiente de China y está prácticamente parada, pese a lo cual el Banco Central Europeo aún no se atreve a declarar victoria sobre la inflación y bajar tipos de interés.

Los fantasmas de la crisis se asoman ahora a China y muchos agentes abogan ya por una bajada de tipos de interés para intentar reactivar la economía. Pese a los anuncios de estas semanas pasadas la economía china sigue con los ojos puestos en la gran crisis y dependencia que hay en el sector inmobiliario y que lejos de desaparecer está aún muy presente. El bono del gobierno chino bajó a su nivel más bajo en 22 años como consecuencia. El bono a 10yrs chino cotiza al 2.463%. Exceso de inversión, sobreendeudamiento y un descenso estructural de la demanda debido a factores demográficos, hace creer a los analistas de Julius Bär que los problemas del sector inmobiliario en China son de naturaleza estructural. La caída del sector pone en problemas a familias y gobiernos locales. El gobierno tendrá que ingeniárselas para evitar el contagio al resto de la economía y para navegar el cambio hacia un modelo de crecimiento de mayor calidad.

Desde el punto de vista del análisis técnico en la mayoría de las clases de activo, un enero positivo presagia un año con mejores retornos de media que un enero negativo, desde 1981.

En los últimos doce meses, el S&P 500 se ha revalorizado alrededor de un 25%, mientras que el Euro Stoxx 600 lo ha hecho menos del 8% y el Ibex 35 algo más del 10%. Esa divergencia hace, según estimaciones de Bernstein, que las bolsas europeas coticen con el mayor descuento frente a las estadounidenses de los últimos 35 años. Si uno toma el múltiplo de valoración en los distintos parqués sobre los beneficios esperados por sus cotizadas el próximo año, Wall Street recibe una valoración superior en un 33%. Bernstein apunta que esta prima americana supera claramente el 20% que existía antes de la pandemia y la media histórica del 13%. Bernstein ve una oportunidad de inversión en los mercados europeos ante la posibilidad de que se cierre ese diferencial de valoración de forma progresiva. Para que se reduzca el descuento, dada la actual reticencia de muchos inversores internacionales a poner dinero en Europa, los estrategas de Bernstein ven necesario que se produzca algún tipo de detonante. “La distancia en la valoración es relativa debería estrecharse al no estar justificada por fundamentales. Pero el timing es difícil de determinar ante el buen momento actual de las bolsas americanas. Pero podrían darse algunos catalizadores durante el próximo año”, indica Bernstein.

Algunos de esos factores podrían ser la posibilidad de que haya recortes de tipos en Europa antes que en Estados Unidos, y que se frene el optimismo con la inteligencia artificial (IA) que está impulsando a las grandes tecnológicas de los parqués neoyorquinos. En este segundo escenario, todo el mercado podría bajar, pero el consuelo para el Euro Stoxx sería sufrir una caída menor que la del S&P.

La economía europea ha sorteado por segunda vez en un año la amenaza de recesión, la primera el invierno pasado a causa del corte del suministro de gas ruso y la segunda el último trimestre, a raíz de la subida de los tipos de interés que viene produciéndose desde 2022 y su impacto sobre la inversión y el consumo. Con todo, no se pueden lanzar las campanas al vuelo porque las dos primeras economías de la eurozona están muy golpeadas, Francia, tocada, con su economía estancada durante dos trimestres seguidos, y Alemania, hundida, con una contracción del 0,3% entre octubre y diciembre. Frente a ellas, Italia registró un tímido crecimiento del 0,2% y España un avance bastante más robusto del 0,6%, aunque sustentado fundamentalmente sobre el gasto público. Además, aunque pueda parecer positivo que la eurozona haya sorteado la recesión por segunda vez, la unión monetaria encadena cinco trimestres consecutivos bordeando el estancamiento, una atonía de la que será complicado salir.

La economía de la eurozona se estancó en el cuarto trimestre del año pasado con respecto al tercero, lastrada fundamentalmente por la contracción de la economía alemana, que se hundió un 0,3% entre octubre y diciembre, seguida de Francia, que mantuvo el mismo volumen de actividad que entre julio y septiembre. Además, hay que tener en cuenta que ambas potencias económicas europeas venían de un estancamiento en el tercer trimestre, lo que pone de manifiesto hasta qué punto los problemas están enquistados. De hecho, un dato que muestra hasta qué punto se ha frenado la eurozona en los últimos años es que el crecimiento anual del PIB, que a principios de 2022 todavía superaba el 5%, a pesar del agotamiento previo del efecto rebote tras la pandemia, en el último año se ha frenado a marchas forzadas, hasta el 0,1%. Y ello, a pesar de que otros países siguen creciendo con cierta fuerza, tanto dentro como fuera de la eurozona, como es el caso de España, con un incremento del PIB del 0,6%. En concreto, Portugal lidera el alza del PIB europeo, con un incremento del 0,8% entre octubre y diciembre, seguido de España, Bélgica, Letonia (0,4% en ambos casos), Italia, República Checa (0,2%) y Suecia (0,1%). Por el contrario, Irlanda, con una caída del 0,7%, y Lituania (0,3%) se suman a Alemania en su retroceso.

El origen del frenazo europeo radica en la subida de los precios del gas y de la electricidad, tras el corte del suministro ruso, lo que aceleró la espiral inflacionista que ya se estaba fraguando desde unos meses atrás por los cuellos de botella generados en la industria global por el coronavirus. Una subida de precios que, a su vez, llevó al Banco Central Europeo a subir los tipos de interés y a las empresas a incrementar sus salarios. Y todo ello ha generado un cóctel en el que el estrechamiento de los márgenes de beneficios de las empresas y la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores han lastrado la inversión y el consumo. Y, mientras que la periferia de la eurozona ha aguantado en cierta medida gracias al empuje del turismo, el núcleo se ha visto golpeado por la pérdida de competitividad de la industria (especialmente, en su rama automotriz) tras la subida de los precios de la energía y las dificultades del sector exportador en el entorno internacional actual, todo ello agravado con numerosas huelgas y protestas tanto en Francia como en Alemania.

Esta semana se publicaba la nota anual de Bain (https://www.bain.com/globalassets/noindex/2024/bain_report_global_m_and_a_report_2024.pdf), muy interesante, analizando la poca actividad de fusiones y adquisiciones empresariales (M&A) que hubo en 2023, según Bain, aparte de la subida de tipos de interés, la principal razón de la poca actividad fue el diferencial de expectativas de precios que hubo entre compradores y vendedores, según Bain ha aumentado mucho el gap de precios que piden los vendedores frente al precio que ofrecen los compradores:

El índice alcistas menos bajistas (Bulls minus Bears Index) sigue en la parte alta del rango pese a la corrección de las bolsas americanas de esta semana.

 AAII Bulls minus Bears

Importante esta semana:

Lo más importante de esta semana fue la reunión del miércoles de la Fed en la que, como se esperaba, decidió mantener los tipos de interés en su nivel más alto de los últimos 23 años, entre el 5,25% y el 5,5%, que se alcanzó en julio del año pasado. Se trata de la cuarta vez consecutiva que el banco central estadounidense mantiene sin cambios el precio del dinero. 

La novedad en esta ocasión es que por primera vez dejó de hablar de posibles alzas en el futuro y, por el contrario, reconoció abiertamente que a partir de ahora se plantean los recortes, aunque sin establecer un calendario, “No es apropiado reducir los tipos hasta que no haya suficiente evidencia de que la inflación se sitúa en el entorno objetivo del 2%”.

Mientras que en la reunión de diciembre el debate entre los gobernadores de la Fed giró en torno a si serían necesarios o no ajustes adicionales en los tipos de interés, a partir de ahora la duda está en cómo fijar el calendario para suavizar la política monetaria. El presidente de la Fed, Jerome Powell, reconoció ayer que todavía existe “mucha incertidumbre” sobre la evolución de los precios. Hizo hincapié en que “probablemente el ciclo alcista haya tocado techo y los tipos se recortarán en algún momento a lo largo de este año”, pero al mismo tiempo insistió en que “la Fed mantendrá los tipos altos incluso más tiempo del previsto si es necesario”. Todo dependerá de cómo evolucione la inflación.

Una de cal y otra de arena que sentó mal a las Bolsas americanas, después de las declaraciones de Powell el Nasdaq retrocedió un 2,23%, mientras que el S&P 500 y el Dow Jones perdieron un 1,61% y un 0,82%, respectivamente, y el dólar siguió subiendo recuperando el nivel por debajo del 1,08 dólares por euro.

La próxima reunión del banco central será el 20 de marzo, cuando se publiquen también las nuevas previsiones económicas y se despejen las dudas del mercado sobre la hoja de ruta hasta el verano. Tiempo de sobra también para ver cómo evolucionan los datos macroeconómicos. El gasto de los consumidores ha sido fuerte y la economía estadounidense cerró 2023 con un alza del 3,1% en conjunto, muy por encima de las previsiones que manejaba el mercado. Por otra parte, las presiones salariales disminuyeron en diciembre, lo que a priori tendría un efecto positivo sobre la inflación. Además, el índice de costes laborales, que es uno de los que más tiene en cuenta la Fed, puso de manifiesto que los salarios crecieron un 0,9% en el último trimestre, el menor aumento registrado desde mediados de 2021. 

También hay que tener en cuenta que más allá de la evolución de los tipos de interés, la Fed está ajustando la política monetaria utilizando otras herramientas, como la reducción de su cartera de bonos y otros activos de su balance (valorado en 7,7 billones de dólares) en cerca de 80.000 millones de dólares mensuales.

Se frena la creación de empleo privado en Estados Unidos según los datos de ADP publicados el miércoles. En enero, el aumento del empleo según la consultora privada se situó en 107 mil nuevos puestos de trabajo, un dato por debajo de los 158 mil de diciembre y menor que los 150 mil esperados. Una cifra que sigue mostrando una positiva creación de empleo pero que comienza el año con un menor dinamismo del previsto. Estos datos son la antesala de las cifras oficiales de empleo que conoceremos el viernes. Siguiendo con el mercado laboral, se publicó también el índice de costes de empleo que en el 4T se moderó dos décimas hasta el +0,9% interanual.

Muchas noticias también desde Asia esta semana, la autoridades Chinas anunciaron que detenían el préstamo de acciones para ventas en corto. Las bolsas de Shanghái y Shenzhen prohíben a los inversores prestar para hacer ventas en corto (short-selling) durante periodos de tiempo determinados por el regulador. Con esta acción se intenta impulsar las bolsas interiores que no paran de registrar pérdidas desde 2021. La medida entró en vigor este lunes y, a partir del 18 de marzo, se introducirán más restricciones al préstamo de acciones. Sin embargo, se espera que tenga un impacto limitado debido a un sentimiento de mercado que se mantiene débil. En 2015, China restringió las ventas en corto, pero los índices continuaron cayendo en los meses sucesivos. 

El Tribunal Superior de Hong Kong ha ordenado la liquidación de Evergrande, la promotora inmobiliaria más endeudada del mundo. La cotización de acciones de Evergrande se ha suspendido después de que se desplomase este lunes un 21%, concediendo un valor de mercado de tan solo 275 millones de dólares (en su pico de valoración llegó a valer más de 50.000 millones de dólares). La compañía no ha conseguido ejecutar ningún plan de reestructuración de deuda desde que en diciembre de 2021 incumpliese el pago de un bono en dólares y desencadenase una crisis en el sector. El control de la empresa pasará a los liquidadores provisionales, que deberán gestionar unos pasivos por valor de 333.000 millones de dólares

En Europa ayer conocimos los datos de inflación, la inflación en la eurozona se moderó una décima en enero, hasta el 2,8%, de acuerdo con los datos publicados ayer por Eurostat. Una ralentización que se debe, fundamentalmente, a la relajación de las subidas de los precios en los alimentos procesados y los bienes industriales. Con todo, el dato ha quedado ligeramente por encima de las previsiones de los analistas, lo que apunta a que las tensiones inflacionistas siguen persistiendo a pesar del frenazo de la economía europea, y eso podría hacer que las primeras rebajas de los tipos de interés fueran algo más tardías y escasas de lo esperado hace unos meses. Y todo ello con el problema añadido de que el descenso en Europa contrasta con un pequeño acelerón en España, lo que hace que las exportaciones nacionales pierdan competitividad.

La energía contribuyó de manera positiva a la relajación de la inflación, tras las fuertes subidas de hace un año, se ralentiza del 6,7% en diciembre al 6,3% en enero, mientras que la subida de los precios en los servicios se mantiene estable, en el 4% anual. Con todo ello, la inflación subyacente se modera también una décima, al 3,3%.

Sin embargo, el dato no es totalmente positivo, ya que supone una sorpresa positiva para los analistas, que apostaban por un ajuste de una décima más, hasta el 2,7%. Hay que tener en cuenta que la inflación venía de una tendencia descendente de forma prácticamente ininterrumpida desde octubre de 2022 que solo se vio truncada en diciembre del año pasado, con un repunte del 2,4% en noviembre al 2,9% en el cierre del año, por lo que la gran duda era si el indicador se alinearía ahora con la tendencia anterior o se vería afectado por el repunte, como finalmente ha sucedido. Además, los precios han caído un 0,4% en la tasa mensual, entre diciembre (cuando tienden a subir por el gasto adicional de la Navidad) y enero (un mes marcado por los descuentos), tres décimas menos que el promedio en los 20 años anteriores. Algo que rompe la tendencia desinflacionista de los cuatro meses anteriores, todos ellos con una evolución mensual por debajo del promedio histórico.

Esto significa que las tensiones inflacionistas se mantienen, debido principalmente a que las empresas están trasladando a los precios de venta el incremento de los salarios, avivados tanto por las reivindicaciones sindicales fundamentadas en la inflación como por la falta de profesionales en determinados puestos, especialmente en el sector servicios. Pero a ello habría que sumar los efectos de la crisis del mar Rojo, que han disparado el precio de las importaciones desde Asia, lo que ya se estaría empezando a notar en algunos productos. Esto puede suponer un problema de cara a la relajación de la política monetaria que debería tener lugar en los próximos meses.

Además, el análisis por países muestra que esta ralentización de la espiral inflacionista tiene dos caras negativas. La primera es qué parte del ajuste se ha producido debido al desplome de la demanda en los países más afectados por el frenazo económico en la segunda mitad del año, Francia y Alemania. En concreto, los precios en las dos primeras potencias de Europa frenan siete décimas el último mes, al 3,1% en Alemania y al 3,4% en Francia, lo que aviva las dudas de hasta qué punto el freno de la inflación se debe a una moderación de los costes y cuánto a una reducción de los márgenes de beneficios. En sentido contrario, la inflación en España repunta dos décimas, al 3,5%, con que la economía nacional pierde siete décimas de competitividad con la eurozona en lo que supone el cuarto retroceso consecutivo, lo que complica la evolución del sector exportador

En España este martes se publicaron importantes cifras macroeconómicas. Destacó la sorpresa positiva del crecimiento en la parte final del año pasado, con una aceleración del PIB en el último trimestre del año que avanzó un +0,6% trimestral frente al +0,4% anterior. Con ello el crecimiento del PIB frente al mismo periodo del año pasado se elevó hasta el +2% interanual, un aumento que vino en su totalidad por la aportación de la demanda interna. Por agregados, el gasto en consumo final se aceleró 1,4 puntos respecto al trimestre anterior al crecer un +2,9% interanual. Por su parte, el consumo de los hogares aumentó un +2,3% y el de las Administraciones Públicas se incrementó un +4,4%. Por el lado negativo, la inversión sigue menos dinámica, con la formación bruta de capital registrando una caída del -0,4%. En cuanto al sector exterior, las exportaciones crecieron un +1,2%, mientras que las importaciones avanzaron un +1,7%. Con este dato, y por agregación temporal de los cuatro trimestres, el crecimiento en volumen del PIB en el conjunto del año 2023 fue del +2,5%. También el martes se publicó el dato de IPC preliminar de enero que en su tasa general repunta y pone freno a la moderación de la inflación. En concreto, el índice preliminar se situó en un aumento del +3,4% interanual, tres décimas por encima del mes anterior. Aunque todavía no está disponible la evolución de los componentes, según indica el INE, este comportamiento de la inflación se explicó principalmente por la subida de los precios de la electricidad, frente a la bajada de enero de 2023. En cuanto a la tasa subyacente (la que retira energía y alimentos) los datos fueron más alentadores, dado que continúa la tendencia de moderación, aunque a un menor ritmo del esperado: disminuye dos décimas hasta un aumento de los precios del +3,6% interanual.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha vuelto a ajustar esta semana a la baja las previsiones económicas de España para 2024. Según el organismo, nuestra economía crecerá este año un 1,5%, dos décimas menos de lo que preveía en octubre, cuando ya recortó esta cifra, que partía de un 2%.

De cara a 2025, el FMI mantiene su pronóstico en el 2,1%, señalando una ligera recuperación tras tres años consecutivos de ralentización, pasando de un crecimiento del 6,4% en 2021 al 1,5% este año (en 2022 el avance fue del 5,8% y en 2023 del 2,5%).

En octubre, el FMI mejoró las previsiones españolas confiando en la recuperación del turismo como motor económico de nuestro país. Sin embargo, ahora cree que ni el turismo conseguirán compensar el empeoramiento generalizado de la economía en toda la zona euro.

El empeoramiento en las estadísticas es común en la mayor parte de Europa, incluyendo también a Reino Unido. De hecho, España ni siquiera es de los que salen peor parados, según se desprende de la última actualización del informe sobre Perspectivas de la Economía Mundial.

De media, la zona euro apenas avanzará este año un 0,9%, es decir, tres décimas menos de lo previsto hasta ahora. Alemania es de los que más retroceden, y si bien saldría de la recesión en la que entró el año pasado, su PIB no avanzaría más de un 0,5% en 2024, lo que supone una rebaja de medio punto porcentual respecto a las estadísticas que se manejaban en octubre.

Francia ha visto sus previsiones rebajadas en tres décimas, hasta el 1%, mientras que Italia se mantiene en el 0,7%.

El empeoramiento en la zona euro responde a “una exposición relativamente elevada a la guerra en Ucrania”, y aunque desde el Fondo Monetario creen que los precios de la energía cederán en los próximos meses, consideran que las perspectivas no son alentadoras tras cerrar 2023 con unas cifras peor de lo que se esperaba.

En cuanto a Reino Unido, se mantiene sin cambios este año, en el 0,6%, pero de cara al futuro su economía podría afrontar riesgos que han llevado al Fondo Monetario a rebajar sus cifras hasta en cuatro décimas para 2025, quedando en el 1,6%.

Entre las economías avanzadas, Estados Unidos será el motor del crecimiento este año. El FMI ha revisado al alza sus estadísticas de cara al presente ejercicio en seis décimas, hasta alcanzar el 2,1%. Hay que tener en cuenta que su PIB cerró 2023 con un incremento del 3,3% gracias al tirón del consumo en los hogares y el gasto público, superando así todas las previsiones, incluyendo las del organismo dirigido por Kristalina Georgieva, que todavía no ha actualizado el dato (calculaba un 2,5%).

De hecho, el peso de Estados Unidos en las cifras globales es tan importante que, pese a la revisión a la baja en la zona euro, Canadá y Japón, en términos mundiales se espera un crecimiento del 3,1%, dos décimas más por encima de lo previsto hasta el momento.

También contribuyen a esta mejora, aunque ligeramente, las economías emergentes, que de media han visto crecer sus previsiones una décima, hasta el 4,1% para este año y un 4,2% para 2025. En este capítulo, China e India serán los países que más crezcan, un 4,6% y un 6,5%, respectivamente, en 2024.

En el caso de América Latina, el FMI alerta de que no soplan vientos a favor y también ha recortado sus previsiones, en este caso, cuatro décimas, hasta el 1,9% este año, pese a que Brasil y México, los dos grandes motores económicos de la región, seguirán creciendo a buen ritmo. El organismo ha revisado al alza los datos de ambos para este ejercicio, hasta el 1,7% y el 2,7%.

Luces y sombras en las previsiones del FMI, que alerta de que la economía mundial está lejos del promedio histórico del 3,8% registrado entre 2000 y 2019 a consecuencia de “los elevados tipos de interés para combatir la inflación, el repliegue del apoyo fiscal en un entorno de fuerte endeudamiento y el bajo crecimiento de la productividad”.


Fuerzas opuestas sobre la economía global. Mohamed El-Erian. Presidente del Queen’s College de la Universidad de Cambridge

Parece que, se mire donde se mire, se está librando una guerra en los mercados o en las economías. Por una parte, las perspectivas positivas impulsan la esperanza de una prosperidad sostenible, atractivas rentabilidades sobre la inversión y verdadera estabilidad financiera. 

Por otra, está el legado del sobreendeudamiento, el crecimiento de baja calidad y errores políticos. La solución es dejar atrás una gestión económica exhausta que no ofrece una prosperidad duradera e inclusiva consistente con el bienestar de nuestro planeta.

Por suerte, la mayor parte de la carga histórica es gestionable. Donde no lo sea, se puede conseguir con la respuesta oportuna de los sectores público y privado. En cuanto a las perspectivas económicas, los países avanzados anticipan un año de inflación más baja, deuda menos cara y financiación más abundante. 

Esto significa una disponibilidad mayor de hipotecas para las familias, mientras las empresas se benefician de un acceso más fácil a la financiación del mercado a niveles notablemente más bajos comparado con los índices de endeudamiento de referencia.

El reto para ambos sectores está en la gestión del legado de los últimos años. El impacto de las agresivas subidas de los tipos de interés aún no se ha dejado sentir por completo, y los niveles de deuda de las familias han aumentado a niveles casi preocupantes. El vencimiento de la deuda que se avecina tendrá que ser refinanciado con términos menos favorables de los contratados originalmente. 

Limitado espacio fiscal

La fuerte demanda apuntalada por un mercado laboral sano no es suficiente para asegurar la gestión de estos retos históricos. Los gobiernos tienen un espacio fiscal limitado debido a unos déficits y deuda altos, y una refinanciación más cara. Los bancos centrales, dispuestos a alargar su lista de errores entre 2021 y 2023, dudan sobre si reducir los tipos de forma agresiva.

Además, se extiende la noción de que los viejos estímulos son menos viables y deseables ahora que vivimos en un mundo con un suministro de productos y servicios poco flexible –una vulnerabilidad exacerbada por los shocks geopolíticos–. A excepción de algunos países en Asia y países del Golfo, el mundo en desarrollo carece de la capacidad para actuar como motor de crecimiento global que ayude a levantar el exceso de deuda.

Esto es más llamativo en China. Allí ha habido cierto progreso en pivotar hacia un “crecimiento de calidad”, enfocándose en el desarrollo tecnológico, la energía verde y la transición hacia actividades domésticas dirigidas por el consumidor. Pero hay una gran presión para arrancar el viejo e ineficiente motor del crecimiento con consecuencias no intencionadas. En los mercados financieros, la euforia ante los nuevos máximos de las Bolsas en un creciente número de países avanzados debe equilibrarse frente a la amenaza planteada por activos con excesivo apalancamiento y con un valor no razonable. 

El principal ejemplo es el sector inmobiliario comercial, donde la reevaluación a la baja de proyectos suscritos durante el apogeo de unos tipos de interés bajos está ocurriendo lentamente. Afortunadamente, es un problema que solo plantea un riesgo limitado para la estabilidad financiera. 

Allanar el camino

Pero cuanto más tarden los inversores en captar la dura realidad, más esperarán los fondos en los que ya se puede invertir, a no ser que se contaminen por el reconocimiento eventual de grandes pérdidas no resueltas, y el mayor riesgo de contagio a las clases de activos adyacentes. Acabar con el exceso de deuda y remodelar los modelos de crecimiento ayudaría a allanar el camino para superar errores pasados y explotar oportunidades futuras.

Un camino que podría asegurarse primero con acciones gubernamentales que permitieran nuevos motores de crecimiento económico; segundo, mayor realismo por parte de algunas familias, corporaciones e inversores de que no estamos regresando a un mundo de tipos de interés artificialmente bajos; tercero, mejores redes de seguridad para proteger a los más vulnerables de la sociedad; y cuarto, una reestructuración más rápida de la deuda no viable.

Estos retos son más difíciles debido al oscurecimiento de la geopolítica, que alimenta la fragmentación, desata los vientos de la estanflación y entorpece la cooperación internacional. Las continuas guerras se han añadido a la olla de forma destructiva con miles de civiles muertos o perdiendo sus hogares. Los problemas económicos y de mercados siempre palidecerán frente a un sufrimiento tan profundo.


España no es ajena a sorpresas negativas. Alicia Coronil Jónsson. Economista jefe de Singular Bank y asesora del Círculo de Empresarios.

Nuevamente, iniciamos un año marcado por elevados niveles de incertidumbre, que parecen confirmar que nos enfrentamos a una era de volatilidad y de reinvención constante. Mientras que las perspectivas económicas proyectan un escenario de desaceleración global, que irá acompañado de una mayor moderación de las tensiones inflacionistas y el inicio de la bajada de los tipos de interés oficiales por parte de las autoridades monetarias estadounidenses y europeas a partir del mes de junio, el complejo escenario geoeconómico y la creciente polarización política y social podrían desembocar en el denominado desorden mundial y, en consecuencia, en la ruptura del statu quo internacional y nacional vigente desde la caída del muro de Berlín y desde nuestra transición democrática, respectivamente. 

De esta forma, la cautela se impone ante las incertidumbres que giran en torno a la guerra de Ucrania, el deterioro de la situación social en el Sahel y en América Latina, las crecientes incógnitas sobre la reacción de China tras el resultado electoral de Taiwán, y las derivadas del conflicto entre Israel y Hamás al resto de la región ante los ataques de los hutíes en el mar Rojo, la tensión en la frontera del Líbano y el bombardeo de Irán a supuestas posiciones terroristas en Irak, Siria y Pakistán. Especialmente, los últimos acontecimientos en Oriente Próximo, en función de su grado de escalada y la duración de la situación de inseguridad en el mar Rojo, podrían lastrar el proceso desinflacionista esperado durante este año y reducir el ritmo de rebajas de tipos de interés de la Fed y el BCE. 

Así, según estimaciones de Oxford Economics, si se prolonga esta crisis de seguridad en los próximos meses, el repunte del precio del petróleo y de otras materias primas, del coste de los fletes o el retraso en el suministro de mercancías se traducirían en unas tasas de inflación general hasta 0,7 puntos superiores a las previstas en 2024. Un panorama que refleja que las sorpresas negativas económicas podrían verse provocadas especialmente por la evolución del tablero geopolítico, en un año de superciclo electoral en el que más de un 40% de la población mundial ejercerá el voto en 50 elecciones nacionales

Mientras no se esperan cambios de liderazgo en Rusia, Venezuela o India, los resultados del Parlamento Europeo y, especialmente, en EEUU serán clave para el devenir de las relaciones entre el Norte Global y el Sur Global y de la polarización mundial. 

Más allá de estas incógnitas, 2024 previsiblemente será un año en el que el dinamismo de la actividad en EEUU podría sorprender al alza, frente a la moderación del ritmo de avance del PIB de China a un 4,5% anual y a la necesidad de la potencia asiática de reinventar su modelo económico ante la persistencia de su crisis inmobiliaria, el deterioro de su marca país, el menor dinamismo de su sector exterior y las crecientes tensiones comerciales con la UE y EEUU, sus elevados niveles de endeudamiento total y el envejecimiento de su población. Todo ello en un contexto en el que el frágil momentum político, social y económico de Alemania, y las menores expectativas de actividad en Francia o Italia, también anticipan un riesgo de estancamiento en la eurozona. 

Por tanto, 2024 será un año en el que también España registrará una acusada desaceleración, con una tasa de crecimiento económico que podría limitarse a un 1,2% anual (frente al 2,4% en 2023). Una significativa moderación de la actividad que no estará explicada únicamente por el complejo escenario global, sino también en clave interna por las implicaciones negativas de la polarización e inestabilidad política, del deterioro de la calidad institucional y de la seguridad jurídica, y de las decisiones económicas adoptadas sin el consenso del tejido empresarial y sin abordar los retos que afronta España en esta nueva era de volatilidad y reinvención.

No cabe duda de que el escenario base de la economía española ofrece unas previsiones en términos de crecimiento más positivas que las del resto de las economías avanzadas de la OCDE, con la excepción de EEUU, Australia o Corea del Sur, apoyadas por las positivas perspectivas del sector turístico y la mayor resiliencia que sigue mostrando nuestro sector exterior e industrial frente a la situación en Alemania. Sin embargo, nuevamente esta senda de crecimiento previsiblemente no irá acompañada de una corrección de nuestros problemas estructurales (deuda, déficit, desempleo, educación, reducido tamaño medio de nuestras empresas o peso de la economía sumergida), y que continuarán lastrando nuestra productividad y capacidad de generar una senda de crecimiento sostenible y con mayor grado de resiliencia ante posibles perturbaciones y shock económicos.

La creciente falta de predictibilidad, el aumento de la presión fiscal y de las cotizaciones sociales, los desequilibrios presupuestarios estructurales, el riesgo de una mayor intervención pública en la iniciativa empresarial no sólo no contribuirán a que España se posicione como un actor clave en la reconfiguración de las cadenas de valor globales, al que puede aspirar por sus fortalezas, sino que tampoco favorecen la productividad y competitividad de nuestro país. 

Los datos son indiscutibles, según los datos de IVIE y la Fundación BBVA, desde el año 2000, la productividad total de los factores en España ha caído de forma acumulada un 7,3% frente al significativo avance registrado en el mismo periodo en EEUU (15,5%) o en Alemania (11,8%). Un hecho que explicaría la dificultad de nuestro país para lograr una senda más robusta de crecimiento y un incremento sostenido de los niveles de renta per cápita, que nos permita posicionarnos como una de las diez mayores economías del mundo. 

Todo ello en un entorno marcado en los últimos años por el fuerte incremento del volumen de la deuda pública hasta un 109,8% en el tercer trimestre de 2023, derivado por el impacto de la pandemia y del aumento del gasto estructural ante el envejecimiento de la población y las decisiones de política económica de demanda, en lugar de impulsar medidas de ofertas orientadas a impulsar el crecimiento del tamaño medio de las empresas españolas, mejorar la innovación y la calidad del nuestro sistema educativo, ampliar las bases imponibles o reducir el peso de la economía sumergida. En este sentido, según la OCDE, ésta representa un 17,2% del PIB español, casi duplicando su nivel frente a Reino Unido, Países Bajos o Austria, y contribuyendo negativamente a la calidad del empleo o a la recaudación pública.

De ahí que, en un contexto de profundas transformaciones, incógnitas y un creciente reto demográfico (España no sólo ha registrado por primera vez menos de 300.000 nacimientos, sino que afronta una pérdida de valor del capital humano un 40% superior al registrado en 2019), no parece que 2024, sea más allá de las cifras de avance del PIB, un año en el que nuestro país construya unas bases sólidas e integradores de crecimiento que permitan corregir nuestros grandes problemas estructurales y desequilibrios. La polarización política y olvidar el papel vertebrador que ejerce la empresa, junto a la necesidad de abordar un presupuesto de base cero y su diseño con cautela y basado en escenarios macroeconómicos alternativos, no nos ayudarán como país a afrontar esta era de volatilidad y reinvención socioeconómica, tecnológica, medioambiental y geopolítica. 


¿Qué aterrizaje puede tener la economía mundial? Nouriel Roubini. Profesor emérito de Economía en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, economista principal y cofundador de Atlas Capital Team y autor de Megathreats: Ten Dangerous Trends That Imperil Our Future, and How to Survive Them (Little, Brown and Company, 2022).

Hace un año por estas fechas, alrededor del 85% de los economistas y analistas de mercado (incluido yo) preveía que Estados Unidos y la economía mundial sufrirían una recesión. La inflación, en caída pero persistente, hacía pensar que todavía faltaba un período de endurecimiento monetario antes de una rápida flexibilización al llegar la recesión; las bolsas caerían y los rendimientos de los bonos se mantendrían elevados. En vez de eso, sucedió casi lo contrario. La inflación se redujo más de lo esperado, no hubo recesión, las bolsas subieron y los rendimientos de los bonos primero tuvieron un alza y luego cayeron. De modo que conviene encarar los pronósticos para 2024 con humildad. Pero la tarea es en esencia la misma: proponer diversos escenarios (de base, optimista y pesimista) y asignarles probabilidades a lo largo del tiempo a cada uno.

Para muchos economistas y analistas (no todos), hoy el escenario de base es un aterrizaje suave, en el que las economías avanzadas (comenzando por Estados Unidos) evitan una recesión, pero el crecimiento se mantiene por debajo del potencial, la inflación sigue cayendo en dirección a alcanzar la meta del 2% en 2025, y los bancos centrales tal vez comienzan a reducir sus tipos de interés en el primer o segundo trimestre de este año. Este escenario sería el mejor para los mercados de bonos y renta variable, que ya han comenzado una tendencia alcista en previsión de que suceda.

El escenario optimista es ‘sin aterrizaje’: el crecimiento (al menos en Estados Unidos) se mantiene por encima del potencial y la inflación no se reduce tanto como prevén los mercados y la Reserva Federal de los Estados Unidos. La bajada de tipos de interés también será más tardía y lenta que en las previsiones de la Fed, de otros bancos centrales y de los mercados. Paradójicamente, y a pesar de la mejora sorprendente del crecimiento que trae consigo, este escenario sin aterrizaje sería malo para los mercados de acciones y bonos, porque implica que los tipos de interés serán un poco más altos por más tiempo.

¿Aterrizaje accidentado?

Un escenario ligeramente pesimista es un aterrizaje accidentado, con una recesión breve y superficial que provoca una caída de la inflación mayor y más rápida que la prevista por los bancos centrales. La reducción de los tipos de interés se adelantará, y en vez de los tres recortes de 25 puntos básicos insinuados por la Fed, podría haber seis, como ya están cotizando los mercados.

Por supuesto, también puede haber una recesión más grave que lleve a una crisis crediticia y de deuda. Pero aunque el año pasado este escenario parecía bastante probable (debido al encarecimiento de los commodities que siguió a la invasión rusa de Ucrania y algunas quiebras de bancos en Estados Unidos y Europa), hoy ya no lo parece, por la debilidad de la demanda agregada. Solamente habría que preocuparse si se produjera una nueva perturbación estanflacionaria importante, por ejemplo un encarecimiento de la energía derivado del conflicto en Gaza, sobre todo si se convierte en una guerra regional más amplia con participación de Hezbolá y de Irán, que afecte la producción y exportación de petróleo del Golfo.

En cuanto a otras perturbaciones geopolíticas (por ejemplo, nuevas tensiones entre Estados Unidos y China), lo más probable es que no sean tanto estanflacionarias (menos crecimiento y más inflación) cuanto contractivas (menos crecimiento y menos inflación), a menos que provoquen trastornos importantes en el comercio internacional o afecten la producción y exportación de chips taiwaneses. 

Perturbación

Otra gran perturbación puede producirse en noviembre con la elección presidencial en los Estados Unidos. Pero en ese caso los efectos se sentirán más en 2025, de no mediar una situación de gran inestabilidad interna antes de la elección. Pero aquí también, la agitación política en los Estados Unidos contribuiría más al estancamiento que a una estanflación.

En relación con la economía mundial, el escenario sin aterrizaje y el de aterrizaje forzoso hoy parecen extremos muy improbables, aunque la probabilidad del primero es mayor para Estados Unidos que para otras economías avanzadas. Luego, que el aterrizaje sea suave o accidentado depende de cada país o región.

Por ejemplo, en Estados Unidos y algunas otras economías avanzadas parece muy probable un aterrizaje suave. A pesar del endurecimiento monetario, el crecimiento en 2023 fue superior al potencial, y la inflación siguió cayendo, al resolverse los efectos negativos de la pandemia sobre la oferta agregada. En cambio, la eurozona y el Reino Unido tuvieron crecimiento inferior al potencial y cercano a cero o negativo durante los últimos trimestres, ya que la inflación se redujo y puede que no consigan un mejor desempeño en 2024 si persisten los factores que debilitan el crecimiento.

Que las economías más avanzadas tengan un aterrizaje suave o accidentado depende de una variedad de factores. Para empezar, el endurecimiento monetario opera con retardo, y es posible que tenga más efecto en 2024 que el que tuvo en 2023. Además, la refinanciación de deudas puede dejar a muchas empresas y hogares con costos de servicio de deudas bastante más altos para este año y el siguiente. Y si alguna perturbación geopolítica activa otro episodio inflacionario, los bancos centrales estarán obligados a posponer la reducción de tasas. Bastaría una pequeña escalada del conflicto en Medio Oriente para encarecer la energía y obligar a los bancos centrales a reconsiderar sus pronósticos actuales. Y hay muchas megaamenazas estanflacionarias a medio plazo con capacidad para reducir el crecimiento y aumentar la inflación.

Perspectivas de China

Luego está China, que ya experimenta un aterrizaje accidentado. Sin reformas estructurales (que no parecen próximas), su crecimiento potencial será inferior a 4% durante los próximos tres años y cercano al 3% en 2030. Tal vez las autoridades chinas consideren inaceptable un crecimiento efectivo inferior al 4% este año; pero alcanzar el 5% es imposible sin un estímulo macro a gran escala, que llevaría a niveles peligrosos unos ratios de apalancamiento que ya son elevados.

Lo más probable es que China implemente un estímulo moderado pero suficiente para llevar el crecimiento un poco por encima del 4% en 2024. En tanto, los frenos estructurales al crecimiento (el envejecimiento poblacional, el exceso de deuda, un sector inmobiliario inflado, la interferencia estatal en la economía, la falta de una red de seguridad social sólida) persistirán. Puede que al final China evite un aterrizaje forzoso total con una grave crisis de deuda y financiera, pero es de prever un aterrizaje accidentado con cifras de crecimiento decepcionantes.

El mejor escenario para los precios de los activos, las acciones y los bonos es un aterrizaje suave, aunque tal vez las cotizaciones actuales ya lo tengan incorporado. Un escenario sin aterrizaje sería bueno para la economía real pero malo para los mercados de bonos y renta variable, porque impediría a los bancos centrales continuar las bajadas de tipos. Un aterrizaje accidentado sería malo para las acciones (al menos hasta que parezca que la recesión breve y superficial tocó fondo) y bueno para los bonos, ya que implica una rebaja de tipos adelantada y más rápida. Finalmente, es evidente que un escenario más estanflacionario sería lo peor para las acciones y los bonos.

Por ahora, los peores escenarios parecen los menos probables. Pero hay muchos factores (en particular, sucesos geopolíticos) que pueden arruinar los pronósticos de este año.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 26 de Enero del 2024.

En los últimos dos años la política monetaria ha sido un factor determinante en el comportamiento de la renta variable. Esta semana una nota de Columbia Threadneedle analizaba cuál ha sido el comportamiento histórico de los distintos sectores en un entorno de desaceleración en el que se observaba que los sectores con mayor rentabilidad en media ha sido tecnología, salud y en menor medida utilities que representan precisamente ese sesgo growth y sesgo defensivo. Los sectores con peor rentabilidad en esa fase del ciclo han sido servicios de comunicación y consumo básico, seguidos de sectores más cíclicos como materiales, consumo discrecional y financieras. Si se cumple este patrón para 2024, deberíamos estar más posicionados en sectores de crecimiento y calidad frente a sectores más cíclicos, que es como ha comenzado este año, con el Nasdaq siendo el índice que mejor performance está teniendo.

En el escenario base de Columbia Threadneedle piensan que lo peor de la inflación ya se ha quedado atrás y que estamos en una fase de estabilización de la inflación o desaceleracíon a medio y largo plazo. En entornos de inflación estabilizándose o la baja el factor de crecimiento suele hacerlo mejor que el índice en la mayoría de los casos. Las compañías ganadoras son aquellas con poder de fijación de precios y adicionalmente invertir en compañías con modelos de negocios robustos ofrece un “buffer” de seguridad en  entorno posible de volatilidad.

Esta semana leía también una nota muy interesante de Dunas Capital sobre el principal riesgo inflacionista que existe ahora en Europa, que es el riesgo a las subidas de los salarios, las principales conclusiones de la nota son que pese a la debilidad manifiesta de la actividad en la Unión Monetaria Europea, el mercado laboral sigue presentando señales muy claras de tensionamiento, con un número importante de empresas que encuentran problemas para encontrar mano de obra cualificada. Ello se está traduciendo en salarios muy elevados que están sosteniendo al componente de servicios del IPC en zonas poco compatibles con una normalización inflacionista. Pese a que, en el pasado, la caída de los registros de IPC sirvió como indicador adelantado de los salarios, en esta ocasión existe un riesgo claro de que la historia no se repita. Ello supondría un problema en la retórica desinflacionista que prima actualmente en el mercado.

Más de dos años después, el S&P 500 ha vuelto esta semana a máximos históricos impulsado principalmente por la tecnología, que sigue siendo el motor del último rally gracias a unas expectativas de mayor demanda de semiconductores lanzada por Taiwan Semiconductors. El buen comportamiento de una serie de compañías, las siete magníficas, ha supuesto el principal impulso para el índice. En este sentido, el S&P 500 equiponderado se encuentra en niveles un 5% por debajo de los máximos. Finalmente, la valoración del índice se sitúa en 20 veces beneficios, lo que fija una prima de riesgo de la bolsa frente a los bonos a 10 años del 1%, la más baja desde 2002, lo cual es una valoración muy elevada que exige unos retornos futuros muy exigentes, en mi opinión.

Veo complicado que los Siete Magníficos puedan mantener las valoraciones actuales a las que cotizan, en términos de capitalización bursátil representan lo mismo que las siguientes 42 compañías del S&P 500 generando la mitad de beneficios que estas y las ventas de las 7 suponen el  40% de las ventas de esas 42 empresas juntas… lo cuál no veo muy sostenible.

De hecho sólo Nvidia y Microsoft representaron el 57% de la ganancia en el S&P 500 durante el último mes.

Esta semana han salido noticias que podrían lastrar los próximos beneficios de las grandes tecnológicas, que se encuentran en el punto de mira de los reguladores. Alphabet, Amazon y Microsoft han recibido citaciones para ser investigados por sus alianzas con startups de Inteligencia Artificial y su impacto en la competitividad. Microsoft ha invertido más de 13.000 millones de dólares en OpenAI y fue sometido a revisiones antimonopolio en Reino Unido y la Unión Europea. Google y Amazon han invertido 2.000 y 4.000 millones de dólares en Anthropic, respectivamente. La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos ha citado a las tecnológicas para recaudar información, alegando que “no pueden utilizar la innovación como cubierta para romper la ley”. Miembros de la comisión han criticado que las compañías han diseñado las transacciones para evadir la ley de fusiones y evitar su notificación a las instituciones antimonopolio. Google ha declarado que no presenta los derechos exclusivos de Anthropic. Por su parte, Microsoft ha comentado que estas alianzas promueven la competencia y aceleran la innovación. Amazon y Anthropic han evitado hacer declaraciones. 

Nos encontramos con la bolsa de Hong Kong en mínimos de 19 años, mientras que el índice japonés toca máximos de 34 años. Parece que los inversores huyen del continuado frenazo chino para refugiarse en las mejores perspectivas cíclicas niponas. Dadas las políticas que se están adoptando en ambos países, tratar de ir contras estas tendencias puede ser especialmente complicado en este ocasión.

La economía China perdió dinamismo en el último trimestre del año y parece que lo seguirá perdiendo en 2024, con el sector inmobiliario siendo el principal lastre. La decisión de las autoridades de ayudar a la economía ampliando la oferta, apoyo al sector manufacturero, infraestructura, en lugar de ayudar a la demanda hará que las presiones deflacionistas. Julius Bär espera un crecimiento para 2024 del 4,4% (desde el 5,2% que creció en 2023).

La inflación japonesa se situó en el 2,6% a finales de año, y la inflación subyacente, quitando energía y alimentos, en el 3,7%, mostrando una dinámica mejor de lo que se esperaba. Consecuentemente, el banco Central de Japón está menos presionado a endurecer su política monetaria, Julius Bär espera la primera subida de tipos en septiembre y esperan que el dólar-yen se sitúe en 140 a 12 meses (147 actual)

La semana pasada y esta misma semana el S&P 500 marcó máximos históricos y el Nasdaq máximos de 2 años. Históricamente, después de marcar máximos de 2 años, el S&P 500 suele ganar un +10,5% de media en los siguientes 12 meses y el Nasdaq +17%. El mercado si está mostrando ciertas señales de menor amplitud en el movimiento, pero de momento parece un problema menor.

La prima de valoración del índice S&P 500 ha vuelto a máximos frente al MSCI World (ex US) y frente al MSCI ACWI ex US.

PER relativo 2024 esperado del S&P500 frente al MSCI WORLD ex US.

PE relativo 2024 esperado del S&P500 frente al MSCI ACWI ex US

El índice Miedo/Codicia (Fear&Greed Index) vuelve a estar en extrema codicia (Extreme Greed). Y el índice alcistas menos bajistas (Bulls minus Bears) sigue cerca de la parte alta del rango (https://edition.cnn.com/markets/fear-and-greed)

AAII Bulls- Bears

Importante esta semana:

Estados Unidos publicó el dato de PIB del cuarto trimestre del 2023, que subió un 3,1%, según los últimos datos publicados ayer por la Oficina de Estadísticas Económicas. De esta forma, la economía norteamericana destierra el fantasma de la recesión, gracias a la fortaleza del consumo, pese a las presiones inflacionistas, que aun así se han reducido en el último año, hasta finalizar 2023 con un alza de precios del 3,4%.

A principio del ejercicio, todos los pronósticos apuntaban a un débil crecimiento del 0,2% en el mejor de los casos, cuando no se hablaba directamente de recesión. Sin embargo, el PIB ha superado las previsiones de todos los analistas (está sujeto todavía a varias revisiones que se publicarán las próximas semanas), e incluso se ha situado un punto porcentual por encima del dato registrado en 2022. Aun así, hay que tener en cuenta que los datos del último trimestre también ponen de manifiesto que el crecimiento se ralentizó entre octubre y diciembre, cuando la economía de Estados Unidos avanzó un 0,8%, frente al 1,2% que registró durante el verano

Los analistas confían en que la economía estadounidense no se contraiga en 2024, aunque la expansión será más lenta. Todo dependerá en gran medida de los pasos que dé la Reserva Federal los próximos meses. En su reunión de la próxima semana, se espera que el banco central mantenga los tipos actuales, situados en la franja comprendida entre el 5,25% y el 5,5%, máximo de los últimos 23 años. Aun así, el mercado descuenta, como mínimo, tres recortes a lo largo de este ejercicio, que podrían llegar como muy pronto en marzo, aunque el mercado descuenta que no tengan lugar hasta mayo.

Los economistas confían en que las caídas de tipos empiecen pronto, al tiempo que la inflación sigue moderándose y las tasas de desempleo sigan en mínimos históricos, en diciembre se mantuvo en el 3,7%, tras crearse 216.000 nuevos puestos netos, manteniendo así la confianza del consumidor.

El impulso del PIB se debió principalmente a un aumento en el gasto de los hogares, la inversión fija no residencial, los gastos de los estados y gobiernos locales, así como las exportaciones y el gasto del Gobierno federal.

                                                PIB (crecimiento interanual) americano desde el 2014.

Yellen dijo ayer que la inflación está «bien controlada», idea que compartirían la mayoría de los estadounidenses según una encuesta elaborada por la Universidad de Michigan. Por otra parte, dijo que Biden, si es reelegido, buscará la extensión de los recortes de impuestos de Trump que finalizan ahora, tan solo para los ingresos inferiores a 400.000 dólares.

Ayer hubo reunión del Banco Central Europeo, como se esperaba, el BCE mantuvo inalterados los tipos de interés de referencia por tercera reunión consecutiva. En un comunicado con pocos cambios, se repite que los tipos se mantendrán en niveles lo suficientemente restrictivos durante el tiempo que sea necesario para que la inflación retroceda hasta el objetivo de la institución. En rueda de prensa, la presidenta del BCE, Lagarde, reiteró que el consenso ha sido demasiado prematuro en sus expectativas de tipos, y aunque el BCE no trabaja sobre un calendario preestablecido, reconociendo que no se ha discutido la posibilidad de cuando empezar a bajar tipos, la institución mantendrá la visión data dependent. Para ello seguirán observando la evolución de la inflación, en donde se observan riesgos al alza, efectos de segunda ronda de los salarios, distorsiones en la cadena de suministros…. En cuanto al balance, como ya se sabía desde la reunión de Diciembre del 2023, la reducción de la cartera de bonos del PEPP comenzará en el segundo semestre del 2024 a un ritmo de 7.500 millones de euros al mes para dar por finalizada la reinversión en Diciembre del 2024.

Esta semana hemos conocido que la confianza de los empresarios en la zona euro se mantiene en terreno de contracción económica. Los datos preliminares de los PMI de enero fueron mixtos, con un repunte de la confianza en las manufacturas, al elevarse la confianza de los gestores de compras del sector hasta el 46,6 desde el 44,4 anterior, mientras que en los servicios los datos decepcionaron al caer cuatro décimas hasta 48,4. Con estas cifras, el PMI compuesto de la región logró repuntar ligeramente hasta niveles de 47,9 desde el 47,6 previo. Sin embargo, este indicador de confianza sigue en terreno de contracción, siendo ya el octavo mes consecutivo en niveles por debajo del umbral de expansión.

En China esta semana las autoridades han anunciado la movilización de 278.000 millones de dólares desde consorcios y empresas propiedad del gobierno y que se moverán desde fuera de China hacia China. Tomará por así decirlo la forma de un fondo de estabilización. Tanto el yuan como la bolsa China reaccionaron positivamente a la noticia.

El Banco de Japón ha concluido esta semana su reunión de dos días dejando los tipos de interés sin cambios. Kazuo Ueda no sabe definir hasta cuando tendrán implementada esta política monetaria ultra laxa, pero se mostró optimista sobre la marcha de la economía nipona.

Si 2023 fue el año en el que España mantuvo un crecimiento relativamente vigoroso, en medio del frenazo de la economía europea, 2024 será el ejercicio que sufrirá una severa ralentización, al acusar el efecto combinado de la menor demanda en la eurozona, las disrupciones comerciales provocadas por la crisis en el mar Rojo y las restricciones tanto de la política monetaria como de la fiscal. Por todo ello, los grandes bancos han rebajado sus previsiones de crecimiento del PIB para este año hasta el 1,4%, un punto menos que el pasado ejercicio. Un año, en el que, además, la economía acusará un frenazo del empleo, una inflación persistente y un déficit fiscal que tardará en corregirse, de acuerdo con el consenso de analistas recogido en el Panel de previsiones de la economía española, publicado este martes por la Fundación de Cajas de Ahorros (Funcas). 

En concreto, los servicios de estudios de CaixaBank y Santander han rebajado sus previsiones de crecimiento del PIB para este año hasta el 1,4%, en la misma línea que la CEOE o la OCDE. Y, aunque hay algunos analistas que apuntan algo más alto (BBVA Research o la propia Funcas mantienen un pronóstico del 1,5%), también hay otras casas más pesimistas, como es el caso de Repsol, que prevé un escaso incremento del 1,2%. Un frenazo que podría reducir el avance de la actividad hasta la mitad del incremento logrado el año pasado y que “se sustentará en la demanda nacional”, si bien con una desaceleración tanto en el gasto público como en el privado, mientras que “el sector exterior restará una décima porcentual” por los problemas en los principales socios comerciales y el aumento de las importaciones. Finalmente, “la inversión mostrará más vigor” que el año pasado, aunque seguirá acusando el alza de los tipos de interés.

Esta ralentización de la actividad pesará sobre el mercado laboral que, después de haber creado más de medio millón de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo el pasado año, pasará a generar entre 200.000 y 300.000 empleos, de acuerdo con la mayor parte de los analistas. Una ralentización en la que jugarían un gran papel tanto el incremento de las cotizaciones sociales que ya se produjo el año pasado como la reducción de la jornada laboral prevista en el acuerdo de investidura de Pedro Sánchez, de acuerdo con los comentarios realizados meses atrás por analistas como BBVA Research. De hecho, Funcas remarca que “la productividad por puesto de trabajo equivalente a tiempo completo se habría reducido un 0,2% en 2023 y crecerá un 0,1% este año” mientras que los costes laborales unitarios “se habrían incrementado un 4,7% en 2023 y se prevé [que crezcan] un 3,4% en 2024”, un desajuste que complicaría mayores avances del empleo.

Este avance, aunque más limitado que en ejercicios anteriores, seguirá contribuyendo a impulsar la demanda interna. En concreto, el consumo de los hogares se elevará un 1,8%, de acuerdo con el consenso de analistas, sustentado por la creación de empleo y por el hecho de que los salarios empezaron a recuperar poder adquisitivo en la recta final del año pasado y seguirán recuperándolo este año. Con todo, hay que tener en cuenta que estas mayores remuneraciones y su repercusión sobre los precios de venta al público son, en buena medida, responsables de que la inflación persista en el 3% este año, a pesar de la subida de los tipos de interés en el último año y medio. Por ello, los analistas “prevén que los tipos se mantendrán en niveles elevados durante más tiempo de lo anticipado”, aunque es probable que el Banco Central Europeo empiece a reducir el precio del dinero a partir del segundo trimestre, con un descenso de 75 puntos básicos a lo largo del año.

Con ello, las restricciones monetarias atenazarán el crecimiento, pero a ello hay que sumar también las restricciones sobre el gasto público impuestas por el necesario ajuste del déficit fiscal, si bien “casi todos los panelistas siguen considerando que la política fiscal está siendo expansiva” todavía. Por ello, el déficit público, que debería reducirse sensiblemente el próximo año tras los excesos derivados de la pandemia, se mantendrá en el 3,6% del PIB, apenas medio punto menos que el año pasado. Y eso, a pesar de que el incremento de los tipos de interés (que se mantendrán por encima del 3% en 2024 para el bono a diez años), que ya está redundando en una mayor carga financiera para el Tesoro, y el aumento de los gastos asociados a la longevidad, como las pensiones, la sanidad o la dependencia, aconsejarían ir generando un “colchón fiscal”, tal como demandan instituciones como el FMI, la OCDE o la Comisión Europea.

Además, los grandes riesgos de desviación son a la baja, dado que “el contexto internacional está marcado por el impacto del ciclo de endurecimiento monetario y las incertidumbres generadas por las tensiones geopolíticas”, señala el texto. En concreto, “las disrupciones provocadas en el transporte marítimo en el mar Rojo han encarecido los fletes, con especial incidencia en la economía europea”, lo que supone un triple riesgo, al elevar los precios de las importaciones y por lo tanto poder relanzar la inflación, dañar las cadenas de valor de la industria, especialmente en el sector automotor, y golpear las exportaciones. Además, “otro factor de debilitamiento de la economía global es el ajuste de la economía China como consecuencia del exceso de deuda privada”.


Las amargas lecciones del Brexit. Martin Wolf. Financial Times.

El populismo es una potente forma de política democrática. Desgraciadamente, es también destructiva, debilitando a las instituciones, dañando el debate y empeorando la política. Es incluso una amenaza para la propia democracia. El folletín del Brexit es una lección de los peligros: ha dañado a la que siempre se ha considerado la democracia más estable del mundo. El libro publicado recientemente por mi colega Peter Foster expone la historia de forma magnífica. Muestra cómo una alianza populista de fanáticos y oportunistas mezclaron análisis simplistas con retórica acalorada y mentiras para debilitar la relación económica más importante de Reino Unido y amenazar la estabilidad doméstica. Felizmente, existe una oportunidad para aprender de esta experiencia y comenzar a arreglar las cosas.

El Brexit iba a salir mal porque está basado en falsas premisas. Los países no pueden ser plenamente soberanos en el comercio, ya que implica al menos a otra parte. Las normas del mercado único fueron creadas porque la alternativa eran múltiples regímenes reguladores y por tanto un comercio más costoso (y más pequeño). Una institución también tuvo que decidir si los países tenían que cumplir las normas que habían acordado. Ese ha sido el papel indispensable del Tribunal Europeo de Justicia.

La creación del mercado único fue un acto de simplificación reguladora. Abandonarlo aumentaría la regulación para cualquier empresa que intentara vender en Reino Unido y la UE. Esa empresa perdería cualquier incentivo, como así ha sido. Como muestra Foster, las empresas más pequeñas sufren más bajo estas cargas.

Corto plazo

A corto plazo, las empresas existentes disfrutan de menores costes –su capital, conocimiento y relaciones–. Los costes de crear tales activos de nuevo son más altos que los de usar los que ya tenían. Supongamos que una empresa se está planteando entrar hoy en el mercado de la UE. Siendo el resto de cosas iguales, ¿tendría sentido afincarse en Reino Unido en lugar de en los otros 27 Estados miembros? Por supuesto que no. Con el tiempo, esa separación crecerá.

Esto es también cierto en las relaciones personales, la formación, la experiencia laboral o el trabajo de creativos, consultores o abogados. En suma, esta supuesta liberación ha recortado seriamente la libertad de muchos millones de personas a ambos lados. ¿Quién ha visto incrementada su libertad? Los políticos británicos. Ellos pueden actuar más libremente que cuando estaban atados por las normas de la UE.

¿Qué han hecho con esta libertad? Han mentido (o peor, no han entendido) lo que acordaron con el Protocolo de Irlanda del Norte. Han amenazado con romper la ley internacional. Incluso han prometido eliminar miles de piezas legislativas heredadas de su pertenencia a la UE, sin importarles las consecuencias.

Esta gente, en resumen, destruyó la reputación del país de sentido común, moderación y decencia. Todo es el resultado natural de la clásica mezcla populista de paranoia, ignorancia, xenofobia, intolerancia a la oposición y hostilidad hacia las instituciones restrictivas.

Aunque no todo está perdido. Al menos ahora, hay algunas cosas buenas. El partido gobernante se deshizo de dos primeros ministros terribles, Boris Johnson y Liz Truss, pacíficamente. Su sucesor, Rishi Sunak, no es un soñador. Tampoco lo es el líder de la oposición, Keir Starmer, algo alentador.

Muchos saben que los retos a los que se enfrenta el país –infraestructuras inadecuadas, lentas innovaciones, bajas inversiones, malos rendimientos corporativos, enormes desigualdades regionales y alta desigualdad salarial– no tenían nada que ver con la pertenencia a la UE.

Además, las oportunidades comerciales han demostrado ser una quimera. En palabras de Foster, el Brexit es “una colosal distracción”.

Intentar reincorporarse a la UE sería un error. Pero es posible buscar mejoras en la relación de Reino Unido con la Unión, sobre todo en el movimiento de personas y trabajadores y en las regulaciones, especialmente en alimentación y fabricación. No hay razones para discrepar en esto último. ¿Tendría algún sentido una regulación específica de Reino Unido en inteligencia artificial o en el mecanismo de impuestos aduaneros sobre el carbono? Más claramente, las razones para reincorporarse a la unión aduanera y eliminar así las dificultades creadas ahora por las normas de origen son sólidas.

Reino Unido debe intentar arreglar su vallado con la UE. Su gobierno también debe actuar para mejorar sus resultados económicos. Si el próximo gobierno no consigue mejorar su trayectoria económica, este populismo podría volver en una versión peor. Nada menos que eso está ahora en riesgo.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado del viernes 19 de Enero del 2024.

El mercado sigue aumentando sus expectativas de recortes de tipos, el consenso de mercado espera hasta 7 recortes de tipos en Estados Unidos y 6 en la Eurozona para este 2024, sobre todo tras un dato de precios a la producción del viernes pasado en Estados Unidos mejor de lo esperado. El mercado da una probabilidad del 80% a que haya una bajada de 25 puntos en la reunión de la Fed de Marzo, y en total que los tipos se recorten en 165 puntos básicos durante del 2024 en Estados Unidos. Todo ello pese a que las declaraciones de los miembros de la Fed distan bastante de estar en línea con la valoración de los inversores, lo que, evidentemente, sugiere que una corrección de lo que se está poniendo en precio es altamente probable. En Europa el mercado descuenta una bajada de 140 puntos básicos a lo largo del 2024, aunque, como sucede con la Fed, las palabras de los miembros del Banco Central Europeo tampoco parecen validar este escenario, lo que hace que las próximas apariciones tengan que ser analizadas con detalle. Este lunes se publicaba una encuesta en Bloomberg según la cual, los economistas encuestados esperan, a partir de junio, 4 recortes de 25 puntos básicos a lo largo del año. El último en pronunciarse esta semana ha sido Holzmann, Gobernador del Banco de Austria y miembro del BCE, que señaló el lunes que no deberían esperase recortes de tipos en el 2024.

Aunque lo cierto es que la fortaleza económica estadounidense sigue poniendo en duda la intensidad de las bajadas de tipos puestas en precio por el mercado de futuros. Los buenos datos de Estados Unidos de esta semana de ventas minoristas, de las demandas de desempleo y un sector industrial que sigue mejorando han impulsado los tipos de los bonos soberanos.

Rentabilidad del bono a 10 años americano últimos 12 meses.

Las presentaciones de resultados de los bancos americanos lo que han puesto de manifiesto es que la economía y los consumidores estadounidenses siguen en buena forma. La modesta sorpresa al alza de la inflación en Estados Unidos no es motivo de preocupación para el mercado, los datos seguirán mostrando volatilidad pero continúan por el buen camino. Estados Unidos registró una mayor inflación en diciembre, lo que creo que hace menos probable un pronto recorte de tipos por parte de la Fed. La modesta sorpresa al alza no altera la tendencia a la baja, sino que más bien crea cierta incertidumbre en torno a la velocidad del descenso de la inflación hacia el nivel del 2% que se marca como objetivo la Reserva Federal. La inflación general se situó en el 3,4% y la subyacente, que excluye componentes especialmente volátiles como los alimentos y la energía, en el 3,9%. El principal componente que hace que la inflación siga siendo elevada es la vivienda, ya que los precios de los bienes se estancan y la inflación de los alimentos se ha moderado.

La geopolítica sigue dominando la actualidad. Los enfrentamientos en el Mar Rojo se suman a la percepción sobre la inestabilidad en Oriente Medio. El temor a una escalada es omnipresente. La logística mundial y la ruta comercial entre Europa y Asia alarga el viaje navegando alrededor del Cabo de Buena Esperanza en lugar de atravesar el Canal de Suez. Estas complicaciones se suman a los persistentes cuellos de botella en el Canal de Panamá. Las fábricas podrían sufrir interrupciones temporales y algunos fabricantes de automóviles europeos ya han anunciado reducciones de la producción en los próximos días. No obstante, el impacto global debería ser insignificante para Europa. Es poco probable que se produzcan cortes en el suministro de energía. Los grandes petroleros ya bordeaban África y sólo los más pequeños utilizan la ruta de Suez. El gas natural tendrá que dar más vuelta, pero esto no altera la seguridad de abastecimiento en Europa. El almacenamiento de energía en general, y de gas natural en particular, es grande, ofreciendo un amplio margen contra las interrupciones temporales del suministro o picos de demanda relacionados con el frío.

Por el Canal de Suez por el que pasa entorno al 12% del comercio global y, por lo tanto, como digo, reaviva fantasmas pasados como puede ser la crisis de los cuellos de botella padecida entre el 2021 y el 2022. Pese a ello, las características de la situación actual parecen menos graves que las observadas en aquel momento. A día de hoy no se puede decir que el Canal de Suez está paralizado, aunque sí claramente infrautilizado. En este sentido, el tránsito de los buques que transportan gas y crudo presenta una situación relativa bastante menos comprometida que en el caso del resto de mercancías. En cualquier caso, el desarrollo reciente de los acontecimientos genera riesgos de que esta situación pueda cambiar, sobre todo si la inestabilidad de traslada al estrecho de Ormuz. El retraso de los envíos puede incidir negativamente en la cadena de producción, y el aumento de los fletes puede acabar incidiendo en la dinámica de los precios de producción y en algunas partidas del IPC como puede ser la de bienes industriales, aunque con un retardo. En este sentido, los primeros efectos podrían empezar a observarse a partir de abril. El hecho de que el precio de los productos intermedios y finales se vea incrementado, puede tener implicaciones relevantes en las cifras de inflación agregadas, ya que estamos hablando del elemento que respaldó en mayor medida la senda desinflacionista en la que estamos instalados. Si eso sucede y, sobre todo, si los salarios se mantienen elevados, es posible que se puedan replantear las expectativas de bajadas de tipos que existen actualmente. De hecho los precios de los fletes de los barcos siguen subiendo, están actualmente un +166% frente a la media hasta el 2019, antes de la pandemia.

Los beneficios de los bancos del último trimestre del 2023 serán claramente superiores a los de un año antes a pesar de los efectos del gravamen temporal impuesto a entidades financieras y compañías energéticas, gracias a la subida de los tipos de interés, lo que ha permitido un fuerte crecimiento del margen financiero, y a la ausencia de morosidad, que ha hecho innecesario un incremento sustancial de las provisiones para hacer frente a los impagos. Junto a aquellos que pronosticaban una fuerte caída de la actividad económica, que no se ha producido ni parece que vaya a tener lugar en el presente ejercicio (aunque el producto interior bruto aumentará de manera menos fuerte que hasta ahora), durante todos estos años el fantasma de la morosidad ha estado rondando de manera recurrente.

Primero fue con la idea de que los créditos avalados por el ICO, que permitieron mantener activas a numerosas empresas, acabarían transformándose en un aluvión de impagos que pondrían en problemas a los bancos privados y, sobre todo, al propio Instituto de Crédito Oficial por correr este con la mayor parte del riesgo crediticio. No fue tal. Empresas y autónomos que se acogieron a estas facilidades han ido devolviendo los préstamos sin que la morosidad hiciera acto de presencia.

Después se instaló la idea de que la brusca subida de los tipos de interés iba a poner en cuestión los equilibrios financieros de empresas y familias. El ahorro acumulado durante la pandemia, el desendeudamiento que empresas y familias han llevado a cabo desde la gran crisis financiera e inmobiliaria y las ayudas, voluntarias o forzadas, que los bancos han puesto en marcha para aliviar a sus clientes con dificultades para hacer frente a sus obligaciones financieras han servido para que la morosidad siga sin aparecer en los balances bancarios.

Es cierto que la tasa de morosidad ha ido repuntando en los últimos meses del pasado ejercicio, durante más de la primera mitad la tasa seguía descendiendo respecto a periodos anteriores, pero el nivel que ha alcanzado, según el último dato disponible correspondiente al mes de octubre, el 3,60%, no preocupa ni asusta a ningún responsable financiero. Prácticamente todos esperan un repunte, pero este no acaba de llegar y es posible que acabe no materializándose. La mora crece desde el otoño pasado, pero todo indica que puede deberse más al hecho de que el stock de crédito sobre el que se calcula el peso de los créditos problemáticos sigue descendiendo, y así va a seguir en el futuro cercano, que a que el aumento de créditos con problemas esté creciendo más deprisa.

A lo largo de 2023 se ha seguido produciendo una fuerte creación de empleo, aunque desacelerándose en la última parte del año, y todo indica que, salvo sorpresas no esperadas, esta tónica va a mantenerse durante 2024.

Esta situación explica, junto a otros factores como las amortizaciones anticipadas, que la demanda para acogerse a las ayudas implementadas por el Gobierno y los bancos para facilitar la vida a buena parte de las familias reduciendo el importe mensual de las sus hipotecas haya sido más bien escasa.

Prácticamente todos los analistas dan por hecho el aterrizaje suave de la economía europea (aunque haya algún país que pueda entrar en una recesión débil) y que la economía española será de las que mejor resistan.

Pero, además de estas circunstancias, es muy probable que se produzca un hecho que ayudará a que empresas y familias puedan seguir pagando sus deudas sin excesivos problemas. El reconocimiento táctico por parte de las autoridades monetarias de que la escalada de los tipos de interés ha llegado a su fin y que lo que puede esperarse a partir de ahora es, primero, un mantenimiento del precio oficial del dinero durante unos meses y, posteriormente, el inicio del descenso de los tipos hacia un entorno del 2%, ha hecho que los tipos de interés en el mercado hayan iniciado su propio descenso adelantándose a los movimientos oficiales.

El menor nivel del Euribor, está en el 3,58% cuando hace apenas unas semanas superaba el 4%, va a abaratar las cuotas de los préstamos variables de todos aquellos que los tengan contratados. Tardará más o menos tiempo en hacerse realidad, para las hipotecas es posible que las que se revisen en febrero lo empiecen a notar ya y para las empresas en cuanto se renueven las líneas ocurrirá, pero tendrá lugar.

                                               Euribor 12 meses desde Enero del 2023.

En un primer momento el descenso de los tipos servirá para disminuir la factura financiera de los endeudados, empresas o familias, pero posteriormente lo razonable es que sirva para reanimar la economía, favoreciendo los procesos de inversión productiva y del consumo de los hogares. Si se producen esos movimientos, habrá terminado el proceso de desaceleración económica.

La actividad de fusiones y adquisiciones de compañías está en niveles mínimos, que, teniendo en cuenta los niveles históricos, debería repuntar este 2024, sobre todo si los bancos centrales terminan bajando tipos este año.

El sentimiento del mercado está en un nivel alcista que no se veía desde el 2018:

En cuanto a la temporada de resultados del último trimestre del 2023 por ahora están siendo positivos en Estados Unidos batiendo expectativas. Como decía la semana pasada, el consenso de analistas estima un crecimiento del 4,4% aunque con una alta dispersión sectorial, por un lado, la tecnología (+16%) y telecomunicaciones (+48%) serán los principales contribuidores y, por otro lado, la energía (-26,5%) y las materias primas (-21,5%) serán los principales detractores, según las estimaciones. En cuanto al calendario, la semana más relevante será la última de enero, en la que publicarán resultados compañías que representan el 32% del índice. 

Según una encuesta de Bank of America publicada esta semana los grandes inversores ya tienen preparadas sus carteras para las bajadas de tipos de interés de 2024. En sintonía con el resto del mercado, los gestores de fondos están convencidos de que será a lo largo de este ejercicio cuando los bancos centrales comiencen a bajar los tipos. De hecho, el 91% de los inversores institucionales está seguro de que los tipos serán más bajos en los próximos doce meses. Así se desprende de la última encuesta de gestores elaborada por Bank of America, que tiene en cuenta la opinión de 256 inversores profesionales con activos conjuntos valorados en 669.000 millones de dólares bajo gestión. Los gestores de fondos creen que “el mayor motor de los precios” del mercado en 2024 será la política monetaria y solo falta saber cuándo la Reserva Federal en Estados Unidos y el Banco Central Europeo, en la zona euro, comenzarán a recortar el precio del dinero. Si se cumplen las previsiones de los gestores, su gran apuesta para las carteras será la renta variable. Pese a que la mayoría de grandes casas de inversión han comenzado el ejercicio cargadas de renta fija, el 25% de los gestores encuestados por Bank of America asegura que el activo que mejor debería comportarse si los bancos centrales recortan los tipos es la renta variable. En especial, según los encuestados, la tecnología y el value serán las temáticas de inversión más beneficiadas en este escenario. Dentro de la tecnología, los gestores de fondos destacan la inversión en biotecnología y las renovables, mientras que dentro del mundo value, los gestores se inclinan por la banca, el sector inmobiliario y las small caps. Los analistas de Bank of America señalan que los encuestados son “muy optimistas sobre los recortes de tipos y el aterrizaje macroeconómico suave”. Según la encuesta, el 79% de los grandes inversores prevé un aterrizaje suave de la economía global. Se trata de un porcentaje por encima al de los meses previos. Y todavía los hay más optimistas, el 41% de los gestores espera que no se produzca recesión este año.

Importante esta semana:

En Estados Unidos el inicio de las primarias del partido republicano no está dando mucho margen a la sorpresa, proyectando una sólida victoria de Trump en Iowa (51% de los votos). La segunda posición sería para DeSantis, el cual quedó bastante cerca de Haley. La próxima votación tendrá lugar el próximo martes 23 de enero, en las primarias de New Hampshire. Según el WSJ la Fed comenzará tan pronto como este mismo mes a discutir la posibilidad de rebajar la intensidad de la QT.

Como decía antes, se publicaron daros macro muy positivos en Estados Unidos, las cifras de consumo siguen siendo buenas, en diciembre las ventas al por menor avanzaron un +0,6% mensual, superando las expectativas y confirmando la aceleración frente al +0,3% anterior. Con este dato, las ventas minoristas cierran diciembre con un crecimiento del +5,6% interanual frente al +4% anterior, cifras que siguen confirmando la fortaleza del consumidor estadounidense. Por otro lado, se publicaron datos de producción industrial que también superaron las expectativas al avanzar un +0,1% mensual, devolviendo a terreno positivo el crecimiento interanual (+1% vs. -0,6% anterior). Ayer también se publicaron los datos de demandas de desempleo que resultó francamente positiva, llegando a situarse claramente por debajo de las 190.000 y evidenciando que, más allá de que la intensidad de la contratación se haya amainado, los despidos brillan por su ausencia en estos momentos.

Esta semana se han publicado datos decepcionantes en China, el miércoles publicó un dato de PIB del 4T23 en línea con lo esperado por el mercado, trimestral +1% frente al +1,1% esperado y +1,5% anterior, e interanual +5,2% frente al +5,3% esperado y +4,9% anterior revisado al alza. Se cumple así con el objetivo de crecimiento de PIB 2023 de en torno al +5%, mientras que la previsión para 2024 se conocerá hacia el mes de marzo, el consenso espera un crecimiento en torno al 4,5%, ante una demanda débil y un sector inmobiliario que sigue actuando como lastre. El resto de datos de actividad, correspondientes a diciembre, muestran debilidad especialmente en consumo privado y con un sector inmobiliario que acelera su caída, producción industrial +6,8% frente al +6,6% esperado y +6,6% anterior, y ventas minoristas +7,4% frente al +8,0% esperado y +10,1% anterior, con crecimientos fundamentalmente por efectos base positivos (bajos niveles de partida), mientras que la inversión en propiedades intensifica su debilidad, -9,6%.

En Europa esta semana se confirmó la entrada en recesión de la economía alemana en 2023. El PIB de Alemania cayó en el conjunto del ejercicio un -0,3%, tras un +1,8% en 2022, perjudicado por la elevada inflación, la subida de tipos de interés y el alto coste energético. Destaca en negativo el desempeño de la industria (-2%), pese a la contribución positiva del sector automotriz y fabricación de otros equipos de transporte. Se registró además un mínimo crecimiento en la actividad de la construcción (+0,2%), afectada por el deterioro de las condiciones financieras y el elevado coste de los materiales. Destacó también la caída en el consumo de los hogares (-0,8%), lastrado por el efecto precios, y el retroceso del gasto público (-1,7%) por primera vez en dos décadas. En cuanto al sector exterior, las exportaciones cedieron, pero a menor ritmo que las importaciones, -1,8% frente al-3%, lo que se tradujo en un saldo positivo del comercio. El déficit público alemán fue del 2% al cierre del año, mejorando el 2,5% del ejercicio precedente y cumpliendo con el 3% establecido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Datos en definitiva débiles, supone su peor año desde 2009 excluyendo 2020, que confirman el estancamiento de la economía germana y cuya tendencia previsiblemente continuará en 2024.  

Esta semana también se confirmó el repunte de la inflación en la zona euro, el dato final del IPC de diciembre dejó pocas novedades, con el crecimiento de los precios al consumo situándose en el +2,9% interanual desde el +2,4% anterior. Esto se debe principalmente al menor efecto base de los precios de la energía, que en diciembre retrocedieron a ritmos del -6,7% interanual frente al -11,5% previo. Por su parte, la tasa subyacente continúa su tendencia de moderación al situarse en diciembre en el +3,4% interanual, dos décimas por debajo del mes anterior. Por componentes, el precio de los bienes creció un +2,5% interanual, mientras que los precios de los servicios avanzan un +4% interanual. 

Ayer se publicaron las Actas del BCE del 14 de Diciembre, que apuntan a que en aquellos momentos no barajaba aún recortes de tipos en la medida en que, aunque se mostraba más prudente sobre la evolución del crecimiento económico, el trabajo de luchar contra la inflación no está aún concluido. La propia Lagarde ha dado esta semana el mes de junio como la fecha más probable de inicio de las bajadas, aunque el mercado espera que sea en abril, aunque las decisiones serán data-dependientes. No creo que deba haber prisa por bajar tipos en un contexto en que la economía resiste mejor de lo esperado y no se vislumbra el objetivo de inflación del 2% a corto plazo.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, señaló que el optimismo de los mercados en materia de tipos dificulta el trabajo del BCE. Al mismo tiempo, comentó que los salarios, las materias primas y las cadenas de suministro son elementos que el Consejo tomará en consideración en su proceso de decisión. Por último, planteó que los posibles efectos de segunda ronda vinculados a algunos de estos elementos son una causa de preocupación para la Autoridad Monetaria.

Las proyecciones del Banco Central Europeo (BCE) se han quedado obsoletas. Es lo que consideran varios miembros del Consejo de Gobierno de la autoridad monetaria que anticipan con una elevada probabilidad un nuevo recorte en la inflación esperada cuando llegue la nueva actualización en marzo.

Según sus vigentes proyecciones, el BCE prevé que la inflación se situará de media en el 2,7% en 2024, caerá al 2,1% en 2025 y se situará en el 1,9% en 2026. La realidad, sin embargo, apuntaría a unos números más bajos para los dos primeros años, con el crecimiento de los precios alcanzando el objetivo del 2% del banco central ya en 2025. Más allá de recabar más información sobre la tendencia en los salarios, con la evolución del dato de remuneración por empleado del primer trimestre del año como pilar para la toma de decisiones, gran parte de la revisión de las proyecciones podría estar ya recogida.

La clave está en la fecha de corte para los cálculos que realiza la plantilla del BCE, que para las estimaciones de diciembre llegó antes de las últimas sorpresas positivas en la inflación, lo que, según los expertos, prácticamente asegura el nuevo ajuste a la baja en marzo por el efecto arrastre. Salvo que surgieran nuevas presiones derivadas de shocks inesperados o la transmisión de la política monetaria se volviera sustancialmente más débil, los banqueros centrales dan por sentado que llegará esa revisión a la baja de las proyecciones.

Sólo una relajación excesiva de las condiciones de financiación en los mercados, como anticipo de los recortes del precio del dinero que pudieran llegar, podría generar dudas sobre la rebaja en las expectativas de inflación. Sin embargo, fuentes cercanas al proceso de elaboración de las previsiones apuntan a que es muy poco probable y sólo una relajación de gran magnitud podría compensar los datos que ya se conocen.

Para elaborar sus proyecciones, el BCE toma como dato el nivel de los tipos de interés utilizando el esperado por el consenso del mercado. Por el momento, la caída de los intereses en el mercado es el clavo al que se agarran muchos de los banqueros centrales del ala dura del BCE, y también la propia presidenta Christine Lagarde, para evitar asegurar una rebaja en las proyecciones en marzo y, con ello, alimentar las expectativas de que un recorte de tipos pudiera llegar más pronto que tarde.

La nueva revisión a la baja de las proyecciones podría servir como justificación de peso para que el BCE inicie el ciclo de recortes de los tipos de interés. Por el momento, la mayoría de los banqueros centrales que componen el Consejo de Gobierno aboga por esperar a que los datos que apuntan a un descenso sostenido de la inflación sean más sólidos antes de iniciar el camino a la baja del precio del dinero, que cerró el año en el 4,5%, el nivel más alto desde 2001. “Es demasiado pronto para hablar de bajadas de los tipos de interés”, aseguró Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE. Con estas declaraciones compartidas por otros miembros, y a falta de algo más de una semana para la nueva cumbre del BCE, resulta evidente que los banqueros centrales mantendrán los tipos inalteradas. La siguiente cita será a comienzos de marzo, con las nuevas proyecciones sobre la mesa y la información suficiente como para debatir nuevos movimientos, ya sea en esa cita o, como espera el consenso, más adelante.

Desde el lado geopolítico el fin de semana pasado en Taiwán, Lai Ching-te ganó las elecciones presidenciales, lo que supone la tercera victoria consecutiva del Partido Democrático Progresista, de corte independentista. En este sentido, Biden ha declarado que Estados Unidos no apoya la independencia de Taiwán, mientras que China critica a Estados Unidos y Reino Unido por felicitar a Lai.

Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 12 de Enero del 2024

Después de un inicio de año en el que las bolsas europeas comenzaron haciéndolo mejor que las americanas estos últimos días se ha girado esta tendencia y ya el S&P 500 está en positivo en el año (+0,22%) con las bolsas europeas cayendo entre un 1% y un 2% (EuroStoxx -1,75%, FTSE 100 -2,03%, DAX e IBEX -1%).

Tras lo ataques aéreos de Estados Unidos y Reino Unido contra Yemen, en represalia por ataques a barcos mercantes internacionales en Mar Rojo, el precio del petróleo Brent está subiendo hoy un 2%, cerca de los 80 dólares por barril. Hoy comienza la temporada de resultados del cuarto trimestre del 2023, que comienza, como siempre, con la banca de inversión americana (JP Morgan, Bank of America, Wells Fargo, Citigroup o BlackRock).

Como dato curioso Enero solía ser un buen mes bursátil ya que durante los últimos 50 años del siglo pasado, la rentabilidad media del S&P 500 fue del +1.6% durante dicho mes, sin embargo, esa pauta histórica ha desaparecido completamente desde el comienzo del siglo 21, con la rentabilidad media durante el mes situándose en un decepcionante -0.26%.

En Europa han pasado bastante desapercibidas las declaraciones de una de las principales miembros del Consejo del Banco Central Europeo esta semana, Isabel Schnabel, que señaló que todavía era muy pronto para empezar a hablar de recortes de tipos, algo que debería enfriar las expectativas del mercado y debería plantear serias dudas sobre la elevada probabilidad de acción que el mercado asigna a la reunión de marzo, algo que sería perfectamente extrapolable a la de abril. Al mismo tiempo, Schnabel valoró que es factible que el tipo de interés neutral se encuentre por encima de los parámetros que prevalecían antes de la pandemia. De ser así, la política monetaria que estaría aplicando el BCE en estos momentos sería algo menos restrictiva de lo pensado en un principio y, si bien parece complicado que pueda promover un cambio brusco en la estrategia del Banco Central, sí podría justificar algo más de tiempo para ver las primeras bajadas de tipos. Los comentarios de Schnabel hicieron que el Euribor bajara nuevamente y apoyaron al euro que ha vuelto a niveles cercanos al 1,10 dólares por euro.

Expectativas de tipos de interés para la eurozona.

                               Euribor 3 meses último mes.

En Estados Unidos el mes de diciembre sorprendió con la creación de muchos más puestos de trabajo de lo esperado (216.000), si bien otros datos estadísticos siguen apuntando hacia un menor dinamismo. En cualquier caso, refuerza la convicción de varios analistas de que veremos 3 bajadas de 0,25% en los tipos de interés por parte de la Reserva Federal este año, empezando en mayo, frente a los 5 bajadas que está descontando el mercado.

En la parte de deuda de Estados Unidos el acuerdo alcanzado por los presidentes del senado y la cámara de representantes es bastante generoso, pues incluye un aumento del 10% en el gasto discrecional no relacionado con defensa y se suma al acuerdo sobre defensa que ya aumentó el gasto discrecional en la misma en un +3,8%. El mayor estímulo fiscal es positivo para el crecimiento, si bien hace menos necesarias las bajadas de tipos de interés y hace que el Tesoro tenga que emitir mayor cantidad de bonos, lo que suele ir acompañado de mayores tipos ofrecidos para atraer suficiente demanda.

La temporada de resultados empresariales del cuarto trimestre en Estados Unidos, como decía antes, empieza esta semana con los principales bancos presentando resultados. El mercado espera un crecimiento de beneficios del +1,3% frente al mismo trimestre del año anterior, una clara rebaja frente al +8,1% que esperaba hace tan sólo 3 meses, lo que debería facilitar que veamos resultados mejores de lo esperado. Para el conjunto del año el consenso espera un crecimiento del +11,8%.

En Europa Kepler publicaba esta semana su informe sobre las expectativas de resultados empresariales para Europa, en el informe comentan que ven las mismas dinámicas que en Estados Unidos, el consenso ha estado bajando agresivamente estimaciones de Beneficio por acción para el cuarto trimestre del 2023. En Octubre del 2023 se esperaba para el Stoxx 600 una caída del -2.5% interanual en ingresos y en los últimos días ha caído esa estimación hasta el -6.4%. Las expectativas por tanto vuelven a estar bajas de cara a la publicación de resultados, con lo que hay una mayor probabilidad de batir al consenso, pero el mercado ha subido mucho en los últimos 2 meses con lo que veremos si sigue siendo sostenible una subida.

Según una encuesta de la Fed de Nueva York, las expectativas de inflación a 1 año de los consumidores caen al 3,0% lo que supone el nivel más bajo en tres años. Por su parte, la referencia a 3 años baja desde el 3,0% al 2,6%

Los datos de creación de empleo en Estados Unidos siguen mostrando un mercado laboral sólido a finales de 2023, lo que aplazaría la necesidad de una pronta bajada de tipos de interés. No obstante, el mercado sigue asignando una alta probabilidad a una reducción de tipos oficiales dentro de la primera mitad de año algo que parece bastante improbable pues la inflación se normalizará de manera más pausada que en 2023. Como se vio en el dato de empleo de Estados Unidos del viernes pasado, la economía continúa creando empleo a buen ritmo, pero en diciembre los datos oficiales dejaron señales mixtas. Por el lado positivo, la creación de empleo según las empresas superó las expectativas, al crearse 216 mil nuevos puestos de trabajo frente a los 173 mil del mes previo, dato que se revisó a la baja desde los 199 mil publicados anteriormente. La mayor contribución a este incremento del empleo vino por el sector de cuidados de la salud y educación (+74 mil), seguido del sector público (+52 mil) y de ocio y restauración (+40 mil). Por el lado de los salarios, avanzaron en el mes un +0,4%, lo que elevó su ritmo de crecimiento hasta el +4,1% interanual, una décima por encima del mes anterior. Sin embargo, la encuesta de empleo a los hogares dejó datos heterogéneos, la tasa de paro repitió niveles del 3,7%, una décima por debajo de lo esperado. Este comportamiento se debió a una bajada de la población activa (62,5% desde el 62,8% anterior) y no a una mayor creación de empleo como apuntaron los otros datos publicados. En conjunto, las cifras siguen mostrando la resiliencia del mercado laboral, aunque con señales de menor dinamismo.

Tras las subidas de los mercados al final de 2023, muchos analistas han avisado de que los precios parecen descontar un “escenario perfecto” en el que las economías se desaceleran de forma moderada sin llegar a la recesión, la inflación baja y los bancos centrales ven el terreno libre para volver a bajar los tipos de interés.

El problema es que si cualquiera de esos factores no sale tan perfecto, las acciones y los bonos sufrirán, temor que explica la volatilidad de este comienzo de año. Para capturar este ambiente tenso, Deutsche Bank ha enumerado los cinco grandes riesgos para los mercados durante este ejercicio. “Todavía queda camino para lograr el aterrizaje suave que espera el mercado, por lo que hay que vigilar estos riesgos. Su primer aviso es que hay muchos indicadores económicos que todavía apuntan a la baja, caso por ejemplo de la curva invertida de los tipos, la rentabilidad del bono estadounidense a 2 años es mayor que la de 10 años, algo que suele anticipar una recesión. En segundo lugar, considera que los datos macroeconómicos muestran debilidad, caso del empleo en Estados Unidos o los índices de confianza empresarial en la zona euro. En tercer lugar señala que es difícil sostener grandes ganancias bursátiles tras el buen año 2023. El cuarto riesgo es que se produzca de nuevo un repunte de la inflación si se produce un shock, algo anticipado por el aumento de los costes de transporte por la piratería en el Mar Rojo. Y por último, Deutsche ve que el mercado está en un callejón sin salida al anticipar un gran recorte de tipos de 150 puntos por parte de la Fed en 2024. Según la entidad, esta aguda relajación solo puede producirse si se llega a una recesión, algo que también sería malo para las bolsas. “El mercado está en una situación abocada a perder. Si hay recortes de tipos hay recesión, y si la economía resiste bien entonces esas bajadas no se producirán”.

Esta semana se publicaba un informe interesante sobre lo que serán los cinco focos para los mercados en 2024. Los activos de riesgo de Estados Unidos vivieron un 2022 terrible, y 2023 un año estupendo. No sabemos lo que ocurrirá en 2024, pero hay algunas ideas sobre cuáles serán probablemente los factores determinantes para los mercados. Estas ideas se resumen en cinco preguntas.

¿Cuál será el ritmo de las bajadas de tipos de interés? El consenso es que es muy probable que se produzcan varias bajadas del tipo de interés oficial de la Reserva Federal. Los mercados de renta variable lo consideran una buena noticia. Pero hay dos formas de bajadas de tipos de interés, las provocadas por la desinflación y las provocadas por la desaceleración económica. Estas últimas son malas para la renta variable. El consenso apunta a que habrá seis recortes de tipos de 25 puntos básicos provocados por la pura desinflación, más que por la preocupación por la ralentización económica o la caída del crecimiento. Pero recordemos cuál era el consenso casi universal hace un año (que habría una recesión) y que no se cumplió.

Una cuestión secundaria interesante es si la política fiscal y monetaria apoyará especialmente el crecimiento económico este año, dado que en la mayoría de los países democráticos habrá elecciones próximamente. Muchos expertos sostienen que los políticos harán todo lo posible para que los ciudadanos lleguen contentos a las urnas. Pero los tipos de interés siguen siendo altos y hay gobiernos que se empeñan en endurecer la política fiscal. ¿Cuántos estímulos pueden darse realmente este año?

¿Qué pasará con el rendimiento de los bonos de largo plazo? No deja de sorprender hasta qué punto el debate sobre las rentabilidades de los bonos del Tesoro a 10 años gira en torno a las expectativas políticas a corto plazo. Pero pase lo que pase con el crecimiento y la inflación en 2024, hay un debate sobre si las rentabilidades del 2% que prevalecieron entre la crisis financiera y la pandemia fueron una anomalía histórica o un estado normal al que estamos volviendo rápidamente. Si los tipos a corto plazo siguen bajando y los tipos a largo se mantienen en torno al 4%, estaremos en un mundo nuevo.

¿Qué pasará con los ‘Siete Magníficos’? Imaginemos que el crecimiento económico decepciona considerablemente este año y se produce la forma mala de rebaja de tipos. ¿Qué pasara con las acciones de los ‘Siete Magníficos’, es decir, las siete grandes tecnológicas? En los últimos años han actuado a veces como valores de crecimiento y otras como valores defensivos. La duda es qué tono adoptarán.

¿Ha sido la alarmante correlación entre la renta fija y la renta variable estadounidenses sólo un mal sueño? La correlación entre la renta variable y la renta fija fue positiva durante una parte considerable de 2023, algo inquietante. La correlación tiende a moverse en periodos de décadas de duración, generalmente siguiendo las expectativas de la inflación. Cuando la inflación está controlada, los rendimientos de la renta variable y la renta fija suelen compensarse mutuamente, es decir, correlación negativa. Pero cuando la inflación es volátil y peligrosa, como en 2022 y 2023, la renta variable y la renta fija caen y suben juntas, dependiendo de los cambios en las perspectivas de inflación. La inflación parece hoy mucho menos amenazadora que antes. Y la correlación ha vuelto a ser negativa. Según Stuart Kaiser, de Citi, la correlación móvil a un año se aproxima a cero.

¿Seguirán resistiendo las bolsas mundiales? Las acciones estadounidenses acapararon toda la atención en 2023, pero en el resto del mundo también hubo ganadores. Los inversores se entusiasmaron con el alza de Japón debido al impulso de la reforma empresarial y el fin de la deflación. Como resultado, un inversor en dólares estadounidenses sin cobertura habría ganado un 19% si hubiera invertido en el Topix en 2023. Los mercados emergentes, excluyendo China, tuvieron también un año muy bueno (rentabilidad total en dólares: 20%) gracias a la subida de las bolsas indias y a que muchos bancos centrales de mercados emergentes resistieron bien el endurecimiento de la política monetaria de la Fed. Incluso en Europa, a pesar de los efectos negativos del estancamiento del crecimiento alemán y holandés y de la inflación subyacente, la renta variable fue muy bien (rentabilidad total en dólares del 20%).

Lo notable de todo esto es que estos mercados lograron resultados cercanos a los de Estados Unidos pero sin el impresionante crecimiento económico estadounidense. ¿Son sostenibles estos resultados? Y si los mercados mundiales flaquean, ¿podrán las bolsas americanas seguir subiendo?

El índice alcistas menos bajistas (Bulls minus Bears) sigue en la parte alta del rango pese al inicio del año, igual que el índice miedo/euforia (Fear & Greed Index) de la CNN que sigue en Gredd (https://edition.cnn.com/markets/fear-and-greed).

AAII Bulls –  Bears

Importante esta semana:

El dato más importante de la semana y que podría dar pistas sobre la evolución de los tipos de interés en Estados Unidos fue la publicación ayer del dato de IPC americano de Diciembre. El IPC de Estados Unidos se saldó con una subida interanual de 3 décimas pasando del 3,10% al 3,40%, dos décimas por encima de lo que esperaba el consenso de mercado (3,20%). Por su parte del IPC subyacente se desaceleró una décima hasta el 3,9% peor que el 3,8% esperado por el consenso. La variación mensual fue de una subida del 0,30% frente al 0,20% que esperaba el consenso. Es un dato negativo que complica a la Fed próximas bajadas de tipos. El dato provocó que las Bolsas recortasen, aunque luego recuperaron ligeramente, y que el dólar se depreciase frente al euro, aunque sin recuperar el nivel del 1,10.

Eurodólar último mes.

En Europa los datos de empleo en la eurozona fueron mejor de lo esperado, lo que dejó la tasa de paro en el mínimo desde el inicio de la unión monetaria (6,4%). De Guindos advertía esta semana de una recesión técnica en el conjunto de la zona euro que habría empezado en la segunda mitad de 2023. En el tercer trimestre de 2023, se produjo una desaceleración de la actividad económica que, de acuerdo con las declaraciones del vicepresidente del BCE, podría extenderse al último trimestre del año. La debilidad de la actividad afectaría principalmente a la construcción y las manufacturas, aunque el sector servicios también se verá afectado en los próximos meses. En cuanto al mercado laboral, se muestra particularmente resistente, con una tasa de paro en noviembre (6,4%) en mínimos históricos. No obstante, hay indicadores que señalan un posible enfriamiento tanto por la disminución en las horas trabajadas como en tasa de puestos vacantes. Por otro lado, comentó que el proceso de desinflación ha resultado satisfactorio hasta la fecha, el IPC en la eurozona en diciembre fue del 2,9% frente al 9,2% en el mismo mes de 2022, y la inflación subyacente también se contiene paulatinamente. Sin embargo, De Guindos dijo que la trayectoria hacia el objetivo del 2% se verá ralentizada durante el 2024. Con la retirada de las medidas de los precios de la energía, se espera un repunte en la evolución de los precios.

Por otro lado, los datos de producción industrial en Alemania cayeron por sexto mes consecutivo, confirmando que el motor industrial europeo sigue sufriendo las consecuencias de los elevados costes energéticos y una menor demanda global. Estas cifras dejan al BCE en una posición incómoda, pues la inflación y el crecimiento salarial aún no son acordes a una inflación del 2%, aunque la principal economía europea muestra signos claros de ralentización en el último trimestre del año. Asimismo, los datos de confianza empresarial tampoco auguran un inicio de año muy brillante. En línea con esto Villeroy, Gobernador del Banco Central Francés y miembro del Banco Central Europeo, reiteraba esta semana que los tipos se recortarán este año, aunque se niega a dar una fecha. La decisión se guiará por los datos y se producirá una vez el objetivo de inflación en el 2% esté anclado «de forma sólida y duradera«. Por su parte, Centeno, también miembro del BCE y Gobernador del Banco Central Portugués, dijo que el momento de la relajación de la política monetaria se acerca y que no tiene que esperar hasta mayo para tomar decisiones. Añadió que no ve ninguna señal de que los efectos de segunda ronda se hayan materializado o se vayan a materializar.

Las previsiones del Banco Mundial adelantan el peor lustro (2020-2025) para el crecimiento de los últimos 30 años. La economía mundial se espera que crezca tan solo un 2,4% en 2024 frente al 2,6% de 2023, indicando debilidad en el crecimiento por tercer año consecutivo, antes de repuntar al 2,7% en 2025. Estos niveles se encuentran por debajo del 3,1%, el promedio de crecimiento de la década anterior. Este año, se prevé un debilitamiento en la evolución del PIB real tanto en las economías avanzadas –1,2% en 2024 frente al 1,5% en 2023– como en las economías emergentes –3,9% en 2024 frente al 4%en 2023–. En el desglose por países, la Unión Europea presentará un tímido aumento (0,7% en 2024 vs. 0,4% en 2023) mientras que China (4,5% en 2024 vs. 5,4% en 2023), EE.UU. (1,6% en 2024 vs. 2,5% en 2023) y Japón (0,9% en 2024 vs. 1,8% en 2023) recogerán una desaceleración significativa. En lo que respecta al comercio, en 2024 se espera una remontada con respecto al año anterior –2,3% en 2024 vs. 0,2%–, si bien será tan solo la mitad del promedio en la década prepandemia, marcando así el peor comienzo de década (2020-2024) para el crecimiento del comercio internacional desde el impulso de la globalización en los años 90.


¿Sabemos cómo predecir la inflación? Ignacio de la Torre. Economista Jefe – Arcano. Profesor – IE Business School.

Para limitar el proceso terriblemente inflacionista que asoló el Imperio romano durante la segunda mitad del siglo III, el emperador Diocleciano aprobó un célebre decreto de precios máximos. Fue totalmente ignorado. Desde entonces, la inflación ha asolado muchas economías, y nuestro conocimiento es aún limitado.

Se ha criticado mucho a los bancos centrales por su incapacidad para predecir la inflación que nos atenaza desde el segundo semestre de 2021, y por su retraso a la hora de hacerle frente con subidas de tipos y reducción del tamaño de su balance. Los bancos centrales aplican su política monetaria en base a modelos que intentan predecir la inflación, y el fallo parcial de dichos modelos ha vuelto a abrir un episodio de autocrítica. De hecho, Tom Gilovich afirmó que «en el corto plazo, la gente lamenta sus acciones más que su falta de actos, pero en el largo plazo, se arrepiente más de su falta de actos que de sus acciones». Entendamos qué está ocurriendo.

Existen dos grandes teorías para predecir la inflación. Para la teoría monetarista, la inflación es «siempre y en todo lugar una expresión del dinero en circulación», como decía Friedman. La relación entre ambas variables comenzó a funcionar menos bien durante la década de los ochenta, motivo por el cual los bancos centrales cada vez se fijaron menos en la masa monetaria como expresión de futura inflación. A fecha de hoy parece que la relación es más consistente solo en zonas monetarias en las que los incrementos de masa monetaria están muy ligados a la financiación de déficits fiscales muy intensos y crónicos, lo que sí predice bien la inflación (la actual Argentina, posiblemente Occidente durante los recientes estímulos covid, e históricamente, entre otros, EEUU tras la segunda guerra mundial, la Alemania de entre guerras, la Francia revolucionaria, o la España del siglo XVI).

Para la teoría de la inflación como fenómeno de costes, en la medida en que el principal coste de las empresas, el laboral, experimente fuertes incrementos, las empresas tendrán que ajustar vía precios para mantener sus márgenes. Para predecir los costes laborales se emplea la curva de Philips, que mide la relación entre desempleo y salarios, de forma que cuanto más bajo sea el desempleo más poder negociador presenta el trabajador, de lo que se deduce que los incrementos salariales se acelerarán y, con ello, la inflación. A falta de referentes monetarios, los bancos centrales han puesto su acento en los mercados laborales para poder predecir la inflación. Este es el motivo por el que cuando aparece un dato de empleo muy «bueno» (mucha creación) las bolsas en ocasiones caen, ya que descuentan que la creación de empleo redundará en mayores salarios, por lo que los bancos centrales reaccionarán subiendo tipos, algo que reduce la valoración de las empresas.

El problema de la curva de Philips es que, formulada en la década de los cincuenta, dejó de presentar buenas correlaciones en los últimos 15 años. En la época anterior al covid se habían alcanzado niveles de desempleo históricamente bajos que, sin embargo, no acarreaban intensas subidas salariales, quizás porque la automatización del trabajo generaba cierta timidez entre los trabajadores a la hora de demandar más incrementos salariales.

Existe una tercera teoría que afirma que la inflación es una profecía autocumplida en el sentido de que son las expectativas las que acaban determinando el nivel de inflación. Si esperamos incrementos fuertes de precios entonces demandaremos subidas salariales (especialmente si el desempleo es bajo), subidas que a su vez generarán inflación. En realidad, esta teoría es una variación de la inflación como fenómeno de costes, y como afirmaba recientemente Larry Summers, afirmar que la inflación proviene de expectativas de inflación, y las expectativas a su vez de consumidores, que tienden a basar su expectativa en base a la inflación presente en compras repetitivas, se trata más una referencia circular que de una teoría.

El mensaje es que nos adentramos en la crisis del covid con una linterna averiada, de cara a predecir la inflación. En 2021, con todo, la masa monetaria crecía a niveles no observados durante décadas, los déficits fiscales se situaban en rangos bélicos y el desempleo se reducía con fuerza. Ambas brújulas señalaban riesgo, y los bancos centrales, “guiados” por sus modelos de funcionamiento cuestionable, tardaron en avistar el peligro, algo de lo que hoy en día se están arrepintiendo públicamente. En 2024 observaremos una normalización de la inflación. La pregunta que surge es: ¿sabemos cómo predecirla en un contexto de normalidad? Y la escalofriante respuesta es que posiblemente no…

De aquí se deduce un hecho importante: el que aunque la inflación se estabilice los próximos años en una nueva normalidad entre el 2% y el 2,5% (salvo que la inteligencia artificial generativa provoque mejoras de productividad tan substanciales que nos lleven a cotas más bajas en el medio plazo), debemos acostumbrarnos a que la volatilidad de la inflación seguirá siendo alta, lo que exige replantear cómo canalizamos nuestro ahorro, ya que una parte muy relevante está invertido en instrumentos que no protegen frente a una inflación volátil, comenzando por los bonos soberanos y una gran parte de los corporativos.

Como decía Edwards Deming, el padre del quality management: «sin datos, no eres más que otra persona con una opinión». Pues así afrontamos, como Diocleciano, el incierto futuro sobre la inflación.


Las diez principales tendencias económicas de 2024. Ruchir Sharma. Financial Times.

El año pasado transcurrió como si la pandemia no hubiera existido. La recesión mundial ampliamente prevista nunca llegó. Los mercados subieron. La desinflación era la palabra de moda. El mundo pospandemia se parecía inesperadamente a 2019, el año anterior a que el coronavirus supuestamente cambiara nuestras vidas para siempre.

Pero al final, 2023 fue un recordatorio de que la mayoría de los años resultan ser una mezcla de lo sorprendente y lo predecible. No todas las apuestas puramente contrarias habrían dado resultado. La economía europea quedó aún más rezagada con respecto a la estadounidense. Los valores tecnológicos de gran capitalización volvieron a liderar las subidas.

Con esto en mente, mis diez principales predicciones para 2024 se centran en cómo evolucionarán las tendencias actuales.

Democracia a toda máquina

Hay previstas elecciones en más de 30 democracias, incluidas las tres más grandes: EEUU, India e Indonesia. En total, el 46% de la población mundial tendrá la oportunidad de votar, el mayor porcentaje desde 1800, cuando se iniciaron estos registros, según Deutsche Bank. Y los votantes llevarán consigo su descontento.

El reciente auge de los populistas airados refleja una tendencia más profunda: la desconfianza hacia los dirigentes. En las 50 democracias más pobladas, los políticos en el poder ganaban la reelección el 70% de las veces a finales de la década de 2000; ahora lo hacen el 30% de las veces. Los líderes de India e Indonesia rompen esta tendencia, pero el presidente estadounidense Joe Biden la ejemplifica.

Los presidentes en ejercicio solían disfrutar de la evidente ventaja de un alto cargo y una gran visibilidad, pero eso ya no es garantía de popularidad. En los últimos 30 años, los índices de aprobación de los presidentes estadounidenses se han ido reduciendo en sus primeros mandatos hasta niveles cada vez más bajos. Con sólo un 38%, el índice de aprobación de Biden se encuentra en su nivel más bajo en esta etapa de una presidencia. Y muchos de sus homólogos del mundo desarrollado no son más populares. Estas tendencias presagian convulsiones en la lista de líderes mundiales.

Vigilantes de los bonos contra políticos

La calma surrealista de 2023 dio paso a una leve euforia en las últimas semanas del año, cuando la inflación cayó más rápido de lo previsto, creando esperanzas de que los tipos de interés seguirían bajando. Esto pasa por alto una tendencia clave.

En periodo de campaña, es mucho más probable que los líderes políticos aumenten el gasto que lo recorten, lo que se traduce en déficits crecientes. La cuestión clave es la “prima por plazo”, o la remuneración añadida que exigen los inversores en bonos por el riesgo de mantener deuda a largo plazo. En la década de 2010, cuando la inflación era baja y los bancos centrales compraban bonos por miles de millones, ese riesgo desapareció. Pero ahora las deudas y los déficits son mucho mayores que antes de la pandemia, la inflación no ha retrocedido del todo y los bancos centrales ya no son grandes compradores de bonos. Incluso si la inflación sigue disminuyendo, es probable que los inversores exijan algo más para seguir absorbiendo la enorme oferta de bonos públicos. Esto significa que los tipos de interés, y en particular los tipos a largo plazo, no bajarán ni de lejos tanto como en anteriores ciclos de desinflación.

Reacción contra la inmigración

Por muchas razones, desde la demanda del mercado laboral en el mundo occidental hasta la guerra en Ucrania, la inmigración se ha disparado, aumentando desde 2019 un 20% en Canadá, cerca de un 35% en Estados Unidos y cerca de un 45% en Reino Unido.

Estos flujos son una gran ventaja para las economías que sufren falta de trabajadores, aunque sean impopulares. El populista de derechas holandés Geert Wilders quedó primero en las elecciones nacionales del año pasado con una plataforma que atacaba a los inmigrantes. Los inmigrantes también se convirtieron en un tema de campaña en Polonia, que se ha vuelto menos acogedora con las nuevas oleadas de refugiados, a pesar de tener una necesidad especialmente acuciante.

El siguiente punto caliente es Estados Unidos, la mayor nación que registra un aumento de la inmigración y celebra elecciones en 2024. Aunque los inmigrantes están reduciendo la presión salarial, ayudando a bajar la inflación, el contraataque ya es fuerte y claro, liderado por Donald Trump. Su principal objetivo son los inmigrantes ilegales. Gane quien gane las elecciones, es probable que la reacción se extienda y frene el flujo de inmigrantes, y los beneficios que aportan.

El ciclo de no caída

Los tipos de interés subieron tan bruscamente que parecía casi seguro que las empresas endeudadas quebrarían rápidamente, los consumidores se atrincherarían de inmediato, los mercados se hundirían, llegaría la recesión y el mundo se enfrentaría a una crisis clásica en 2023.

Pero la economía, al menos en EEUU, demostró una notable resistencia. Una de las razones: los tipos bajos siguen imperando. Las empresas con grado de inversión han vendido bonos a plazos más largos, que ahora se sitúan en una media de 12 años, por lo que la carga de las recientes subidas de tipos aún no se ha dejado sentir. Los propietarios estadounidenses siguen pagando un tipo hipotecario medio del 3,75%, aproximadamente la mitad del tipo de las nuevas hipotecas.

Otra: durante la década de 2010, la acción se desplazó de los mercados financieros públicos a los privados, donde hay indicios de debilitamiento, como una ralentización de los flujos hacia fondos privados y un menor número de ventas de empresas propiedad del capital riesgo. Pero las firmas privadas no tienen que presentar informes de rentabilidad con tanta frecuencia como los fondos públicos, por lo que la debilidad no será plenamente visible durante un tiempo.

Con los costes de financiación aún relativamente altos, es probable que la economía también retroceda, aunque posiblemente evitando la clásica crisis.

Resistencia de Europa

En 2023, la economía estadounidense creció un 2,5%, cinco veces más rápido que la europea, ampliando una brecha que lleva años, si no décadas, creciendo. Europa puede parecer un caso perdido, y criticar sus perspectivas económicas no suele suscitar mucha oposición.

Pero en un contexto de expectativas nulas, incluso pequeños cambios a mejor pueden reavivar los instintos animales, y Japón lo demostró el año pasado. Europa podría hacer lo mismo este año. A medida que cede la crisis energética relacionada con la guerra de Ucrania, la inflación se ha desplomado de más del 10% al 2,5%. Los salarios reales estaban cayendo, y ahora crecen a un ritmo del 3%, el más rápido en tres décadas, lo que da a los consumidores mucho poder adquisitivo.

Los europeos se han visto más afectados por las recientes subidas de tipos que los estadounidenses porque tienen más hipotecas y otros préstamos a largo plazo con tipos variables. Ahora, al haber absorbido gran parte del dolor del ajuste monetario, Europa se enfrenta a menos dolor en el futuro que EEUU. Además, los billones de ahorro acumulados por los consumidores durante la pandemia prácticamente se han agotado en EEUU, pero siguen creciendo en Europa.

Los mercados están tomando nota. Excluyendo los valores de alta capitalización, que impulsaron los rendimientos en EEUU, el valor medio en Europa superó al poderoso mercado estadounidense en 2023. Y los indicios apuntan a una mayor recuperación en 2024.

El declive de China

Muchos observadores de China siguen repitiendo como loros la línea marcada por Pekín, según la cual el crecimiento ronda el 5%, quizá el doble de su potencial real. A la pregunta de por qué Pekín no toma medidas más agresivas para rescatar una economía que flaquea, la respuesta de los responsables políticos chinos es: bueno, la tasa de crecimiento oficial está bien, ¿para qué tomar más medidas?

Detrás de este absurdo se esconde el derecho a fanfarronear. El presidente Xi Jinping aspira a que China supere a EEUU como la economía dominante, y sus funcionarios siguen de cerca su progreso en términos nominales de dólares, no en términos de PPA, que es lo que suelen utilizar los académicos occidentales. En términos nominales, el PIB chino representa actualmente el 66% del estadounidense, frente al 76% de 2021. Un estímulo agresivo podría debilitar el yuan, contrayendo aún más la economía en términos de dólares, y dejando al líder supremo más lejos de su objetivo. Es mejor mantener la farsa y fingir que China no se desinfla.

Los inversores mundiales ya no se fijan en estas tonterías, y seguirán reduciendo su exposición a China. La inversión extranjera directa neta en el país acaba de volverse negativa por primera vez.

Mercados emergentes más allá de China

No hace mucho, muchas economías emergentes más pequeñas prosperaban vendiendo materias primas a la más grande, y crecían al ritmo de China. Ahora ya no. El vínculo se ha roto. Ahora, una China en declive es más una oportunidad que un reto para el resto del mundo emergente.

China atraía hasta hace poco más del 10% de la inversión extranjera directa mundial, y al invertirse esos flujos, los grandes beneficiados fueron los países emergentes rivales, encabezados por Vietnam, India, Indonesia, Polonia y, sobre todo, México, que ha visto cómo su cuota se duplicaba con creces hasta el 4,2%.

Los inversores se decantan por países en cuyas autoridades económicas pueden confiar. Durante la pandemia, los gobiernos de los países emergentes se abstuvieron de endeudarse demasiado. Los bancos centrales evitaron grandes compras de bonos y subieron los tipos más rápidamente que sus homólogos del mundo desarrollado cuando volvió la inflación.

A principios de 2023, muchos observadores temían que la subida de tipos reavivara la inestabilidad de los años noventa, cuando decenas de naciones emergentes incurrían en impago cada año.

¿Qué ha ocurrido? Dos mercados emergentes menores (Ghana y Etiopía) y ni uno solo de los principales entraron en mora a lo largo del año. Los países emergentes sorprenden por su resistencia, no por su fragilidad .

Caída del dólar

A finales de 2022, el valor del dólar alcanzó un máximo de dos décadas frente a otras divisas importantes y desde entonces ha caído. La historia sugiere que los ciclos bajistas del dólar duran unos siete años. Y hay indicios de que el descenso podría acelerarse. Incluso ahora, el dólar sigue sobrevalorado frente a las principales divisas.

La mayoría de los economistas siguen confiando en que el dólar no caerá mucho porque no hay alternativa y los inversores nunca se cansarán de comprar deuda estadounidense. Demasiado confiados. En más del 10% del PIB, el déficit gemelo estadounidense, incluidos el presupuesto público y la balanza por cuenta corriente, supera en más del doble la media de otros países. Desde el año 2000, la deuda neta de EEUU con el resto del mundo se ha más que cuadruplicado hasta alcanzar el 66% del PIB, mientras que, por término medio, otros países desarrollados reducían su carga de deuda y se convertían en acreedores netos.

La búsqueda de alternativas está en marcha. Los bancos centrales extranjeros están trasladando sus reservas a divisas rivales y comprando oro a un ritmo récord. Y si la creciente carga de la deuda de EEUU ralentiza su economía más rápido de lo previsto, lo que es una posibilidad real, el dólar se enfrenta a una amenaza doble en 2024.

Distinciones entre los Siete Magníficos

En 2023, las grandes acciones tecnológicas estadounidenses volvieron a experimentar un auge gracias a la suposición generalizada de que son las únicas empresas lo suficientemente ricas como para capitalizar el próximo gran avance: la inteligencia artificial. Sin embargo, sólo tres de las siete son actores importantes en la IA: Microsoft, Alphabet y Nvidia. Sólo una, Nvidia, está ganando dinero con la IA. El resto, bendecidos por la asociación con la palabra de moda del momento, vieron subir su valor en Bolsa muy por encima del crecimiento de sus beneficios.

Se trata de un síndrome familiar: una nueva innovación entusiasma a los inversores, que invierten dinero en cualquier empresa vagamente relacionada con esa innovación, hasta que se dan cuenta de que la mayoría no ganará dinero con ella en el corto plazo. Esto sucedió en la era de la burbuja informática y está sucediendo ahora. Las expectativas de ganancias para 2024 de las siete grandes ya se están fracturando: aumentan rápidamente para Nvidia, apenas para Apple, y se reducen para Tesla.

La fiebre de la IA se está desarrollando en un contexto inusual, en el que el resto del sector tecnológico atraviesa una mini recesión. La financiación del capital riesgo ha caído drásticamente. Encabezadas por Amazon, Alphabet y Microsoft, más de 1.100 grupos tecnológicos despidieron trabajadores el año pasado. Es más probable que en 2024 se produzcan más sacrificios, no un boom.

‘Napoleón’ y el complejo de Hollywood

Sin duda, la pandemia hizo que muchas personas desconfiaran de los espacios interiores, pero los bares, restaurantes y otros centros de ocio vuelven a estar en su mayor parte llenos. No es el caso de las salas de cine. Las ventas de entradas aún no han superado los 900 millones en el mercado estadounidense, frente a los 1.200 millones en 2019 y los casi 1.600 millones en el pico de 2002.

Los problemas de Hollywood son bien conocidos, incluidos los desafíos de los servicios de streaming y otros medios en línea, y los límites de su fórmula de películas de acción taquilleras. En todo esto se subestima una creciente tendencia a filtrar los guiones a través de una lente progresista, aumentando su atractivo para el 30% liberal de la población, a riesgo de alienar al resto. Es algo que se puede apreciar en muchos estrenos, pero quizás de manera más cruda en Napoleón, una parodia politizada de una de las figuras más complejas de la historia.

Según Ridley Scott, el emperador no era ni un gran estratega militar, ni un defensor de la revolución republicana, ni un reformador de la administración pública y la educación: sólo un pequeño asesino malhumorado. Cuando pregunté a un amigo conservador nacido en Francia si había visto la cinta, me dijo “por supuesto que no”. Sabía que Hollywood haría que Napoleón se adaptara a su propia visión política del mundo. Eso puede generar aplausos de la Academia, pero no ayudará a reactivar los ingresos en taquilla.


Buen fin de semana!

Comentario de mercado viernes 5 de Enero del 2024.

Este año comienza con caídas, fundamentalmente para corregir la excesiva complacencia y niveles de sobrecompra con los que terminamos el 2023, además este 2024 ha empezado con muchos acontecimientos negativos, sobre todo en Japón (terremoto, accidente aéreo, ambiente político revuelto…), además la falta de concreción de las Actas de la Fed, publicadas esta semana, sobre las futuras bajadas de tipos ha generado esa corrección en las bolsas, de ese modo el S&PP 500 lleva una caída en 2024 del 1,70%, el Nasdaq del -3,34% y en Europa el único índice que se mantenía positivo hasta hora (ahora -0,15% en el año) es el IBEX 35, manteniendo la tendencia de 2023, mientras que el resto de índices europeos tienen caídas superiores al 1%. Como digo 2023 fue el mejor año (+23%) para el IBEX desde el 2009 en que subió casi un 30%.

IBEX desde el 30 de Diciembre del 2008:

La economía global encara un escenario preocupante el próximo ejercicio, dado que la desaceleración económica global coincide con unos tipos de interés que seguirán tensionados, una inflación que se resiste a ceder y unos niveles de deuda muy elevados que supondrán una gran carga financiera para familias, empresas y Estados. Y todo ello, además, en un escenario de riesgos crecientes en la escena internacional debido a las guerras en Ucrania y Oriente Próximo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) prevé que el crecimiento global, ya débil el año pasado (2,9%), se frene otras dos décimas este ejercicio, hasta el 2,7%. Y la ralentización será todavía más intensa entre las economías desarrolladas, hasta el 1,4%, especialmente entre las de la eurozona. De hecho, España, que liderará el crecimiento económico entre los grandes del euro, se frenará hasta el 1,4%, seguida de Francia (0,8%), Italia (0,7%) y Países Bajos (0,5%).

Uno de los grandes lastres para el crecimiento será la espiral inflacionista, que ya está dejando asomar los efectos de segunda ronda a pesar de las fuertes subidas de los tipos de interés. De hecho, los precios seguirán creciendo a un ritmo en torno al 5,2% anual en los países desarrollados, debido a que, aunque las tensiones han amainado entre los precios industriales por la falta de demanda, las empresas del sector servicios están repercutiendo a sus precios de venta al público los incrementos de los costes salariales, impulsados por las crecientes presiones sindicales en todo el mundo ante la pérdida de poder adquisitivo y la falta de profesionales capacitados en muchas áreas en los países desarrollados.

Esto significa que los tipos de interés se mantendrán en terreno elevado durante más tiempo del previsto inicialmente, si bien ya se empiezan a observar algunas señales que apuntan a una reapertura del grifo del crédito en el futuro. Y esto, junto con la incertidumbre en torno a la demanda, implica que la inversión mantendrá un tono débil. Además, aunque la subida de los tipos de interés haya tocado techo o pueda incluso empezar a revertirse a lo largo de este año, eso no tiene por qué traducirse en un alivio de la carga financiera para Estados, familias y empresas. La razón es que muchos de los créditos se suscriben a varios años, con lo que el próximo año se tendrán que renovar, por ejemplo, obligaciones a cinco años emitidas en 2019, cuando los tipos de interés se situaban en niveles sustancialmente inferiores a los actuales.

Este frenazo económico se traducirá también en un deterioro de las exportaciones, agravado por la fragmentación del comercio internacional por las sanciones y contrasanciones derivadas de la invasión rusa de Ucrania, con un creciente proteccionismo comercial, y por el frenazo de la economía China. Según la OCDE, el PIB del gigante asiático apenas crecerá un 4,7% el próximo ejercicio, seguido de un avance del 4,2%, y eso supone un notable lastre para las exportaciones del resto del mundo, ya que hasta ahora acostumbraba a crecer en torno a dos puntos por encima de estas tasas. Además, el panorama es particularmente desolador dentro de la eurozona, que podría haber cerrado el año pasado con una recesión en la segunda mitad del ejercicio, ya que el grueso de las exportaciones de cada uno de los países que la componen se dirige hacia el resto de sus socios de la moneda única.

Además, los problemas de crecimiento se verán intensificados entre los países desarrollados tanto este año como en las próximas décadas, debido al progresivo envejecimiento demográfico, lo que afectará tanto al mercado laboral como al gasto público. Por un lado, este envejecimiento supone un problema para el mercado laboral, ya que implica una creciente dificultad para cubrir determinados perfiles profesionales lo que, a su vez, se traducirá en subidas salariales que podrían minar la competitividad de las empresas. Por otro, también implica un fuerte aumento de los gastos en pensiones, sanidad o dependencia, por lo que los gobiernos de los países desarrollados tendrán que elegir entre recortar la cobertura de los servicios actuales, reducir los gastos en otras áreas o elevar los impuestos para sostener el creciente coste del Estado del Bienestar, lo que a su vez ahondará en la desaceleración global.

De hecho, la deuda en los países de la OCDE se eleva por encima del 100% del PIB y seguirá incrementándose en los próximos años fruto de este envejecimiento y la escasa reacción de los gobiernos para paliar el déficit público. De hecho, el club de los países desarrollados prevé que la deuda de estos países se incremente en 62,2 puntos adicionales hasta 2040, como resultado de los desequilibrios fiscales y del escaso crecimiento. Y eso no solo supone un progresivo aumento de la carga financiera para los Estados, sino también un incremento de los riesgos de impago de cara a las próximas décadas.

A este riesgo hay que sumar también las amenazas derivadas de las guerras en Ucrania y en Oriente Próximo. En el primer caso, el principal riesgo es que la derrota de Rusia, que meses atrás parecía verse con claridad, ahora no parece tan evidente debido tanto a los reveses militares de las fuerzas ucranianas como a las dificultades de Washington para mantener la financiación a Ucrania. Todo ello podría derivar tanto en una victoria rusa como en un estancamiento del conflicto, lo que haría que las tensiones comerciales y en los mercados energéticos se mantengan.

Por otro lado, en Oriente Próximo, lo que en un principio era un conflicto localizado únicamente en Gaza se está extendiendo a toda la región, con ataques hutíes a los barcos que atraviesan el mar Rojo, la puerta de entrada por el sur al Canal de Suez, lo que ha llevado a la paralización de operaciones por parte de las principales compañías comerciales del mundo. Esto está provocando disrupciones en el mercado petrolero, ya que una tercera parte del crudo que discurre por vía marítima atraviesa el Canal de Suez, pero también puede avivar las subida de precios en otro tipo de mercancías al alargar su tránsito.

Sigue habiendo mucho flujo comprador de Renta variable, sobre todo la semana pasada, según el informe semanal de flujos de Kepler Chevreux hubo un flujo comprador de 146,2 billones de dólares de ETFs de Renta Variable gracias sobre todo a la compra de 97 billones en Renta Variable americana, cifra récord, de 26,2 billones en renta variable emergente, también una cifra que no se había dado hasta ahora, y de 3,1 billones de dólares en Renta Variable europea, mayor flujo comprador (inflow) desde Febrero del 2023. Destaca el flujo comprador en small caps americanas de 23,7 billones de dólares.

Pese a las correcciones de las Bolsas de esta semana el índice alcistas menos bajistas (Bulls minus Bears) sigue en la parte alta del rango (25,10)

AAII Bulls – Bears Index

Los riesgos asociados a la oferta se imponen y hacen que el petróleo se encamine a cerrar la semana en positivo. Las fuertes tensiones en el mar Rojo junto con la interrupción de la producción por parte de Libia, que podría retirar alrededor de 300.000 barriles diarios del mercado, sirven de apoyo para que el precio del petróleo siga subiendo hoy un +0,35% hasta los 78 dólares el barril.

                               Precio del petróleo Brent últimos 12 meses.

Importante esta semana:

Lo más importante de esta semana fue la publicación de las Actas de la Fed el miércoles en Estados Unidos, las actas señalan diversos aspectos de la economía que empiezan a preocupar a los miembros de la Fed. Entre ellos se encuentra el enfriamiento del crédito y el empeoramiento en la calidad del mismo, principalmente ante el aumento en los impagos en pequeñas empresas y consumidores. Asimismo, el comité ha señalado que les preocupa el rápido deterioro de las condiciones del mercado laboral, en caso de mantener demasiado tiempo los tipos en niveles muy restrictivos. Estos han sido los motivos principales para confirmar la pausa de tipos, aunque no aparece ninguna pista sobre cuándo empezarán las bajadas de tipos. Además, otro aspecto cauteloso (dovish) ha sido que algunos miembros quieren empezar a hablar del ritmo de reducción de balance. Un debate oportuno en medio de algunas señales de tensión en el mercado monetario en las últimas semanas del año. Finalmente, el tono cauto se mantuvo en cuanto a la moderación de la inflación, pues los miembros apuntan a que el freno de los últimos meses se debe principalmente a la moderación en las cadenas de suministro, un efecto que no tiene más recorrido, y la última parte del camino al 2% debería venir por el lado de la demanda. 
Por lo tanto, las actas dejan claro que la Fed ha girado su mensaje, pero no dan pistas del momento en el que empezarán los recortes.

Aumentó la creación de empleo en Estados Unidos, según los datos privados de ADP. En Diciembre las cifras mostraron un repunte del empleo al crearse 164 mil nuevos puestos de trabajo frente a los 101 mil del mes previo y por encima de los 125 mil previstos. Además, también conocimos las peticiones de subsidio por desempleo, que en la última semana bajaron hasta 202 mil peticiones frente a las 220 mil anteriores. Datos positivos y que confirman la resiliencia del mercado laboral estadounidense.

En España el sector turístico ha recuperado en 2023 los niveles prepandemia. El INE publicó esta semana los datos de noviembre, a falta de conocer los pertenecientes a diciembre. El acumulado de turistas extranjeros entre enero y noviembre ha sido de 79,8 millones de personas, un 18,2% superior a 2022 y un 1,7% por encima del promedio 2017-2019 (prepandemia). El número de turistas procedentes de países como Reino Unido, Alemania y los países nórdicos es inferior al período Precovid, mientras que franceses, el resto de naciones europeas (Italia, Países Bajos, Portugal, Bélgica, entre otros) y estadounidenses cobran mayor importancia. En cuanto al total de viajeros nacionales y extranjeros, las cifras ascienden a 131,8 millones de personas en el acumulado del año, hasta un 7% por encima del promedio 2017-2019. Tanto los viajeros nacionales como extranjeros presentan tasas de variación positivas con respecto a los niveles de referencia en la totalidad de los meses de 2023. 

También en España se publicó esta semana el dato de empleo, que resiste a pesar de la desaceleración de la actividad. Las cifras de desempleo de diciembre mostraron una reducción de 27.375 personas (cifra menor que la vista el mismo mes del año pasado cuando los desempleados bajaron en 43.727 personas). Con este dato, se cierra el año 2023 con un total de 2,7 millones de desempleados registrados, un descenso en los últimos 12 meses del -4,6% (bajada de 130.197 desempleados). En términos desestacionalizados, el paro baja en 6.562 parados, el quinto descenso consecutivo. Por el lado de la afiliación, aumentaron de media en el mes de diciembre en 29.937 personas, mejorando el dato del año pasado de 12.640 afiliados. Con ello, el total de afiliados se sitúa en 20,8 millones de personas, un incremento del +2,7% interanual, es decir, un incremento de 539.740 afiliados durante el año 2023.

En Alemania conocimos que la inflación repuntó en diciembre y el consumo se debilitó en noviembre. Ayer conocimos el dato preliminar de inflación de diciembre que mostró una aceleración del crecimiento de los precios al aumentar el IPC a ritmos del +3,7% interanual desde el +3,2% anterior (+3,8% en la versión armonizada de la UE). Este repunte se explicó en gran medida por los efectos base tras la entrada de las medidas fiscales para palear los elevados precios de la energía introducidos a finales del año pasado

Felices Reyes!

Comentario de mercado 29 de Diciembre. Feliz Año!!

Os deseo Todo lo mejor para el 2024!

Lo más importante del 2023 y que ha marcado la buena evolución de los mercados, tanto de Renta Variable como de Renta Fija ha sido el cambio de paso de los Bancos Centrales, las buenas perspectivas para el crecimiento de beneficios a pesar de la desaceleración económica y los cambios en las políticas de China. La euforia de los últimos dos meses del año creemos que puede traer mucha volatilidad en el inicio de año, ya que todos los activos de riesgo están en niveles de sobrecompra o euforia muy elevados.

Los economistas predijeron una recesión para el 2023 que nunca ocurrió. En Octubre del 2022 Bloomberg Economics publicó un informe en el que reflejaba que las probabilidades que daban los economistas para que se diese una recesión en Estados Unidos en el 2023 era del 100%…

La debilidad en los datos de confianza en Estados Unidos vuelve a empujar el precio de los bonos y reduce las Tires en toda la curva.

El Euribor se ha desplomado al 3,68% y registra su mayor caída mensual en 14 años. El Euribor a 12 meses despide hoy 2023 firmando la mayor caída mensual desde febrero de 2009. Entonces, el índice hipotecario se desplomó desde el 2,622% hasta el 2,135% en plena crisis financiera global. Ahora, a falta del último registro del mes y del año, la media mensual del Euribor cierra diciembre en el 3,68%, frente al 4,02% de noviembre. Vuelve por lo tanto al nivel más bajo desde el pasado mes de marzo. Por su parte, el tipo diario se sitúa en el cierre anual en el nivel del 3,53%. Acumula cinco caídas consecutivas hasta los niveles más bajos del mes. El desplome del Euribor tiene un impacto positivo inmediato sobre las hipotecas que se revisan con periodicidad semestral. Según los cálculos de Asufin, realizados en base a un préstamo a 25 años con un diferencial del 1% sobre el Euribor, la caída de diciembre producirá un ahorro de 19 euros por cada 100.000 de hipoteca que se revise cada seis meses. O, lo que es lo mismo, de 228 euros al año. La referencia el es Euribor del pasado mes de junio, cuando escaló por primer vez este año por encima del 4%. Sin embargo, quienes se enfrentan a la revisión anual aún tienen que asumir un alza de la letra mensual. El descenso de diciembre (el segundo mensual consecutivo desde los máximos del año del 4,16% de octubre y tercero del año tras el registrado también en agosto) recoge con gran agresividad las nuevas expectativas de tipos de interés en la zona euro. La primera gran cita será el próximo 25 de enero, cuando el Banco Central Europeo (BCE) celebra la primera reunión de 2024, en la que podría ofrecer pistas sobre el futuro inmediato de los tipos de interés en la eurozona. Las expectativas de las firmas más optimistas pasan por una primera rebaja de 25 puntos básicos en marzo. El mercado está descontando hasta seis descensos a lo largo de 2024 que, según las previsiones más agresivas, podrían llevar el Euribor hasta niveles claramente por debajo del 3%.

Muy interesante esta semana un informe de Julius Bär en el que revisa los perdedores del Dow Jones de este 2023 que termina (the dogs of the Dow), refiriéndose a los valores menos queridos del índice Dow Jones. La búsqueda de perdedores también nos hace fijarnos en China, donde los analistas de Julius Bär ven una oportunidad de inversión contra consenso. Pese a la subida en el año del +13% del índice Dow Jones, de sus 30 miembros la dispersión es muy grande, Salesforce ha subido un 100,78% en el año, Intel +95,61%, Microsoft y Apple en torno al 50%, pero por el lado contrario Wallgreens ha caído un 29% en el año, Chevron un 16,56%, Johnson&Johnson un 11,36% y Nike un 7%. Esto es síntoma, no de la evolución de los beneficios actuales de las compañías, sino de las expectativas del mercado respecto a sus beneficios futuros, sobre todo impulsados por lo que el mercado cree que será un motor de los beneficios empresariales como es la Inteligencia Artificial.

Tanto la Reserva Federal en Estados Unidos, como el Banco Central Europeo, dejaron los tipos de interés sin tocar en su última reunión del año. Sin embargo, la Fed sorprendió por su cambio de tono al reconocer que la inflación se está moderando más rápido de lo esperado y que ha empezado a discutir la posibilidad de recortar tipos de interés. El BCE, en cambio, se resistió a hablar de bajadas por el momento. Julius Bär revisa su estimación de recortes de tipos de interés en Estados Unidos a 3 bajadas de 25 puntos básicos (mayo, julio y septiembre) que dejarían los tipos en la horquilla 4,5%-4,75% (el mercado descuenta bastante más). En lo que se refiere al bono a 10 años mantienen su previsión del 4,5% frente al 3,89% actual.

Los menores tipos de interés esperados por el mercado en Estados Unidos le restan potencial de apreciación al dólar frente al euro, lo que lleva a revisar la estimación de Julius Bär al 1,08, tanto a 3 como a 12 meses (anteriormente esperaban que se situara en 1,05 a 3 meses).

Una de las claves del 2024 serán las elecciones en Estados Unidos. Por el lado republicano habrá que esperar al comienzo de las primaras para ver si emerge algún candidato alternativo a Trump (Nikki Haley quizá) y también para ver el impacto del comienzo delos juicios contra el anterior presidente. En el caso de Biden, además de su edad, será el estado de la economía la que más influya en sus posibilidades.

Desde Bestinver me llegaba un análisis del The Economist muy interesante deesta semana analizando la dispersión de la inflación (una medida que calcula la proporción de elementos en la cesta de precios al consumidor donde los precios están aumentando más del 2% año tras año). Este análisis demuestra que en Estados Unidos la tendencia es buena, pero en Europa y especialmente España las cosas no son tan claras ya que la dispersión ha aumentado. Una vez más parece que en Europa la economía es menos flexible y tarda más en ajustarse.

Importante esta semana:

El petróleo ha roto esta semana la barrera de los 80 dólares por barril tras los nuevos ataques en el mar Rojo. Las tensiones en las costas de Yemen continúan esta semana y han acelerado los precios del petróleo. Además el oro muy cerca de nuevos máximos. La caída de los tipos reales en Estados Unidos y la debilidad del dólar siguen impulsando al oro, que se mantiene por encima de los 2.000 dólares la onza a solamente un 0,21% de los máximos de todos los tiempos.    

En Estados Unidos el índice de la Fed de Chicago que agrega los principales indicadores confirma una mejora al repuntar en noviembre hasta niveles de 0,03 frente al -0,66 anterior, abandonando así el terreno negativo, lo que apunta a que la economía continúa creciendo en la parte final del año.

También en Estados Unidos hemos conocido esta seamana que aumentó el déficit comercial de noviembre, Estados Unidos registró un mayor déficit exterior, que se situó en -90.300 millones de dólares frente a los 89.800 millones del mes anterior. Los datos fueron negativos dado que confirmaron una mayor debilidad de la actividad exterior, con un retroceso de las exportaciones del -3,6% mensual pero también de las importaciones que cayeron un -2,1%. Por otro lado, se publicaron datos del mercado laboral que siguen mostrando resistencia, las peticiones de subsidio por desempleo subieron en la última semana hasta 218 mil solicitudes desde las 206 mil previas. Unos niveles que en términos históricos siguen siendo reducidos.

Siguiendo con otros datos de Estados Unidos, las ventas pendientes de viviendas registraron un crecimiento nulo en noviembre, lo que sitúa la caída frente al mismo periodo del año pasado en el -5,1% desde el -6,3% anterior. Cifras que siguen mostrando debilidad de la actividad del sector.

Esta mañana hemos conocido en España el IPC preliminar del último mes del año y que mostró una ligera moderación de la tasa general al situarse el crecimiento de los precios al consumo en el +3,1% interanual, una décima menos que en el mes anterior. Por su parte, la tasa subyacente se frenó más de lo previsto y cerró diciembre en niveles del +3,8% desde el +4,5% anterior. Todavía no se han publicado los componentes, pero según adelantó el INE, esta evolución es debida, principalmente, a la estabilidad de los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas, frente a la subida de diciembre del año anterior. También influye la electricidad, cuyos precios aumentan menos que en diciembre de 2022. Con estos datos, el promedio de inflación para el año 2023 cerró en el +3,5% para el IPC frente al +8,4% de 2022. Por el lado de la tasa subyacente, el promedio del año fue del +6,1% interanual por encima del +5,2% del año pasado.

En España esta semana se publicaron los precios de producción industriales que en noviembre cayeron más de lo esperado. En el mes el retroceso de los costes de producción fue del -2% mensual desde el -1,4% del mes previo. Con este dato, el ritmo de descenso de los precios de producción industriales se situó en el -7,4% interanual y acumulan nueve meses de retroceso consecutivos.

En China este martes se publicó un fuerte incremento de los beneficios empresariales de las empresas industriales. En noviembre el crecimiento de los beneficios escaló un 29,5% interanual frente al 2,7% anterior. Con esta mejora de los resultados, el ritmo de contracción de los beneficios en el acumulado del año continúa reduciéndose. A falta de un mes para el cierre del año, la caída se sitúa ahora en el -4,4% desde el -7,8% anterior.


¿Qué pasó en 2023? Tom Burns Marañón. Expansión de hoy.

Puesto que el pasado moldea el futuro, cuando se escriba con la mesura que permite el tiempo la historia del año que ahora acaba, se marcarán varias fechas y se medirá hasta qué punto lo que ocurrió en ellas transformó lo que sucedió después. La historia cuenta por qué las cosas transcurrieron de una manera y no de otra y cuáles fueron las consecuencias del camino que tomaron.

El pasado 24 de febrero marcó uno de esos puntos de inflexión. Fue el primer aniversario de la invasión de Ucrania que ordenó Vladímir Putin y señaló que se había reiniciado una casi olvidada Guerra Fría. Sería un conflicto de desgaste y hoy, con la tropa atrincherada y el frente de batalla nevado, nadie sabe cómo acabará como tampoco lo supo hace más de medio siglo.

Otra fecha que salta a la vista es el 7 de octubre, el día de los brutales atentados terroristas perpetrados por Hamás y del comienzo del contundente bombardeo israelí de Gaza. Por enésima vez desde su creación en 1948 estaba en juego la supervivencia del Estado judío. Y en este último episodio de la serie se había hecho presente la amenazadora mano larga de Irán. También el antisionismo o el antisemitismo, que tanto da, en occidente.

Hubo mucho de déjà vu en ambos sucesos. Son ejemplos de la manía que tiene el homo supuestamente sapiens de repetir una y otra vez estrategias y experimentos que resultaron fútiles.

En cambio, lo novedoso que sucedió en 2023 con pretensión de ser transformador fue la reunión el 1 y el 2 de noviembre en la grandiosa mansión victoriana de Bletchley Park, situada en la campiña del condado de Buckingham, Inglaterra, de representantes de 28 países. Se reunieron para hablar de los retos de la inteligencia artificial y para que se aprovechase bien el tiempo, el gobierno de Londres, que actuaba de anfitrión, convidó a la tertulia a reconocidos expertos en la materia.

Al prime minister británico Rishi Sunak, el artífice de la reunión, le preocupa que la humanidad pierda por completo el control de la inteligencia artificial. Y no es ni mucho menos el único en temerlo. ¿Es razonable esta inquietud? Y si lo es, ¿qué se ha de hacer?

La informática Cecily Day, analista en el sector de protección de datos, da algunas pistas en un ensayo que escribió para Montrose, la revista que con ocasión de la Navidad publica anualmente la consultora londinense de inteligencia estratégica del mismo nombre. Day siguió de cerca lo que se discutió el día de Todos los Santos y el siguiente, de los Difuntos, en ese confortable palacete de Bletchley que es propiedad del Ministerio de Defensa británico. Cuenta cómo Elon Musk, que no necesita ninguna presentación, rompió el hielo con su acostumbrada habilidad de epatar al personal.

“Si tienes un genio de esos que salen de una botella, ¿qué le pedirías?”, interpeló Musk. Él es de los que creen que algún día, más pronto que tarde, todos tendremos un sinfín de deseos al alcance de la mano y por eso preguntó a los tertulianos en Bletchley: “¿Como encuentras una razón que te explique la vida si tiene un geniecillo mágico que te da todo lo que quieres?”.

Son preguntas que el mismo Musk ni puede ni sabe responder. Ante le preocupación de Sunak dijo que la inteligencia artificial “muy probablemente será una fuerza para el bien”, pero que él no podía garantizarlo, entre otras cosas porque, según sus cálculos, el desarrollo tecnológico se multiplica por cinco cada año.

Musk es uno de los centenares de expertos que reclaman una pausa de al menos seis meses en la instrucción que se da en los laboratorios de inteligencia artificial. Piden un intervalo que suspenda la carrera de innovación e introduzca algo de sosiego. El billonario del coche eléctrico, de X (antes Twitter) y de la colonización de Marte, es de los líderes de la tecnología de vanguardia que exigen que los gobiernos se tomen en serio la inteligencia artificial y que utilicen la pauta que piden para regular el sector.

El riesgo es obvio. La inteligencia artificial le va a dar la vuelta como un calcetín al mercado laboral. La oportunidad también. Musk and company podrán satisfacer deseos inimaginables porque abrirán la puerta a recursos e ingresos que antes ni se soñaban. Como se sabe el cáncer hay que detectarlo cuanto antes y los algoritmos de la inteligencia artificial pueden detectar tumores y graduar su agresividad con mucha más precisión que la biopsia. La biotecnología es solo un ejemplo de las bondades de la inteligencia artificial.

La pérdida del empleo no será una fatalidad porque la bonanza se repartirá. Sin embargo ¿y si se extravían los ritmos, las costumbres y los valores que dan sentido a la vida? Estas son palabras mayores. ¿Y si la inteligencia artificial prolonga la vida hacia la inmortalidad?

Al finalizar la “cumbre”, los representantes de los países asistentes, entre ellos España, firmaron una interesante declaración conjunta. Destacaron lo muy en serio que se tomaban la inteligencia artificial e intimaron que su reunión era el primer paso hacia su regulación. La conclusión, fruto de las conversaciones a tumba abierta en Bletchley, fue que lo que pertenecía al género de la ciencia ficción ha pasado a ser el tema de nuestro tiempo.

Como era de esperar, la reflexión compartida versó en torno a las oportunidades y los riesgos de los avances informáticos y sobre la necesidad de legislar acerca de lo que hacía y, sobre todo, de lo que sería capaz de hacer una maquinaria cuya velocidad para comprender datos con exactitud ya superaba la de la mente humana.

Bletchley es un lugar apropiado para hablar de algoritmos porque ahí se encerraron los mejores matemáticos de Reino Unido durante la II Guerra Mundial con el fin de descifrar los códigos militares nazis. Esto lo consiguieron al construir una computadora llamada Enigma que “leía” todas las comunicaciones del alto mando en Berlín.

Enigma fue el as que Churchill siempre tuvo oculto en el puño de la camisa y el secreto mejor guardado a lo largo de la contienda. Su arquitecto fue el malogrado informático teórico y criptógrafo Alan Turing que se suicidó después de la guerra tras ser procesado por su homosexualidad. Él y su equipo contribuyeron de una manera decisiva a la victoria aliada sobre Hitler.

Pocos lugares pueden ser tan idóneos como Bletchley para unir criterios sobre lo que se avecina. Los códigos de la inteligencia artificial, indescifrables salvo para unos pocos y continuamente reinventados, pueden ser utilizados tanto para hacer el bien como para hacer el mal. De utopías y de distopías trataba el encuentro y por eso acudieron a Bletchley representantes de Estados Unidos, de India y de China, de Israel, de Arabia Saudita y de los Emiratos Árabes, de Brasil y de Nigeria, de la Unión Eu-ropea y de Ucrania. Entre las 28 delegaciones faltaban Irán y Rusia.

Una reciente encuesta en Estados Unidos realizada por Pew Research Centre subraya que hay mucho interés en la ciudadanía por la aplicación de la inteligencia artificial para mejorar la calidad de servicios en el día a día, pero que su potencial a la hora de conocer los pensamientos de las personas e intervenir en su toma de decisiones despierta una enorme desconfianza.

La dualidad de reacciones fue debidamente reflejada en la Declaración de Bletchley. Según los reunidos: “La inteligencia artificial ofrece enormes oportunidades a escala global: tiene el potencial para transformar y aumentar el bienestar humano, la paz y la prosperidad”. Sin embargo, para realizar todo esto y por el bien de todos: “La inteligencia artificial tiene que ser diseñada, desarrollada, distribuida y usada de un modo que sea seguro y de una manera responsable que esté centrada en la persona humana”. En lenguaje diplomático decía que hay que regular.

Los representantes de la comunidad internacional que se habían reunido en Bletchley declararon su deseo de cooperar en el campo de la inteligencia artificial para promocionar: “El crecimiento económico inclusivo, el desarrollo sostenible y la innovación, para proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales y para fomentar la confianza pública en la realización de la plena potencialidad de los sistemas de inteligencia artificial”.

La reunión de Bletchley ha puesto en marcha un proceso y hay regulación para rato. Lo agradecerán los de la industria como Musk porque sabrán a qué atenerse. Y los ciudadanos de a pie que están sometidos a las viciosas noticias fake.

Pero, no faltan los que dudan que se puedan acordar, globalmente y en tiempo récord, normas de obligado cumplimiento. Y son muchos los que dicen que aplicar paquetes legislativos para controlar la inteligencia artificial equivale a poner puertas al campo.

¿Qué pasó en 2023? Pues sucedió que el geniecillo y su magia salieron de la lámpara, de la botella o del laboratorio dónde estaban. No hay regulación, de momento, que le silencie porque el raciocinio humano ha sido superado y el curso de la vida va perdiendo su sentido. Pero siempre quedará Bletchley.


Feliz año nuevo!!