Comentario de mercado viernes 18 de Febrero del 2022

La geopolítica está siendo protagonista en este comienzo de año, la escalada y desescalada de tensiones en Ucrania hace temblar al mercado, provoca repuntes en el precio de la energía y caídas en las Bolsas con subidas de los bonos.

Las intenciones de Putin hacia Ucrania siguen siendo una incógnita, al final del email adjunto un artículo del Financial Times al respecto, y mientras tanto habrá que esperar. Rusia sigue siendo el mayor exportador de materias primas, y su impacto en la inflación es crucial:

Fuera de la crisis ucraniana, el mercado sigue muy atento a la evolución de la curva de la renta fija estadounidense, donde cada vez vemos un mayor aplanamiento de la misma. Esto sigue estudiándose con prudencia porque puede ser un signo de que nos encaminamos hacia un escenario de bajos crecimientos económicos en Estados Unidos. Así el diferencial entre el bono a 2 y 5 años seguía estrechándose, con el 2 años alcanzando el 1,56% de TIR (+11 puntos básicos), mientras que el 5 años subía hasta el 1,88% (7 puntos básicos). Y ya si nos vamos a plazos largos el diferencia es mínimo, con el bono a 30 años en niveles del 2,26% de TIR. En este sentido no hay que olvidar que los altos precios del crudo y del gas actúan como un impuesto sobre la economía global, a la vez que mantienen fuertes las tasas de inflación, y que cuanto más tiempo dure la crisis ucraniana, mayor será el efecto de desaceleración sobre el crecimiento.

                Spread 2-5 años americano desde el 2015.

Además los Banco Centrales tienen a los mercados tratando de adivinar la trayectoria de la normalización en la política monetaria. En el caso de la Reserva Federal, que está semana publicó las Actas de su reunión de enero, que muy probablemente subirá un 0,5% de golpe en marzo, mientras que la carrera para ver quien pronostica más subidas este año perderá fuelle dentro de poco.

En siete semanas se ha pasado de un mercado esperando 2 subidas de tipos en el 2022, a 7 subidas (incluida una de 0,50% en marzo). El riesgo en el precio del petróleo parece asimétrico, y si finalmente se calma el conflicto Rusia-Ucrania, no tendría que corregir mucho, pero sin embargo, si el conflicto empeora podemos ver precios de 120 dólares el petróleo según los analistas de JPMorgan. Aun así hay analistas, como los de JPMorgan que siguen pensando que lo más probable es que la subida de tipos de Marzo sea de 25pb y no de 50pb. Cuesta pensar que a corto plazo la yield del bono a 10 años americano se vaya a ir muy por encima del 2%. Si bien la corrección del S&P500 desde máximos del 4800 hasta los 4300 que ha llegado es del 10%, la corrección media que hemos llegado a ver en los 10 valores más grandes ha sido del 20% que parece suficiente, y deja los PERs sólo 0.5x por encima de los niveles pre-pandemia, cuando las expectativas de crecimiento para los siguientes trimestres era más flojas.

Los inversores han metido en precio siete subidas para este año (además del Quantitative Tightening). La gran pregunta que se hacían los analistas de JPMorgan en su estratégico de esta semana es ¿Pueden la economía y los mercado con esto? Normalmente, unos meses después de la primera subida, la renta variable comienza a caer. La estabilización suele llegar unos 3-4 meses después y entre seis y doce meses después la renta variable suele hacer máximos de nuevo. Esa corrección debería de ser interpretada como táctica, ya que no supondría un cambio fundamental de dirección. El comienzo de las políticas restrictivas suele ser una confirmación de que el ciclo tiene pies propios y se mueve. Rara vez se trata de una señal de final de ciclo.

¿Qué pasaría con la curva?  La retirada inicial de liquidez no debería de tomarse como algo negativo. No al menos hasta que sea restrictiva en términos absolutos. Una de las confirmaciones que el mercado espera ver en este caso es la inversión de la curva. Aún no hemos llegado a ese punto. Normalmente, la renta variable suele hacer pico un año después de la inversión de la curva. El Quantitative tightening debería de retrasar este evento. Solemos ver una ralentización una vez los tipos reales entran en territorio positivo. Pero con los tipos aun en -40bps aún hay margen.

A nivel sectorial en Estados Unidos, materias primas y bancos suelen ser quienes mejor lo hacen tras las primeras subidas. Por estilos, value suele hacerlo mejor que growth. Las Bolsas europeas suelen hacerlo mejor que las americanas.

En el caso de Europa una encuesta realizada por Reuters sobre las perspectivas de subida de tipos por parte del Banco Central Europeo no trasladó un consenso del todo claro. De esta manera, 21 personas plantearon que las acciones comenzarían en el 4T22, 16 respaldaron el 3T22, 1 el 2T22 y hasta 13 abogaron por retrasar el momento al año que viene. Lindner (Ministro de Finanzas alemán) se mostró bastante escéptico respecto a la posibilidad de bajar el IVA para compensar el impacto negativo de los altos precios de la energía, ya que posteriormente podría incentivar la inflación.

El último dato de inflación en Estados Unidos, junto con la salud del mercado laboral, justifican una primera subida de tipos en marzo de mayor entidad (0,5% en lugar de 0,25%), seguido de una subida de 0,25% en mayo y 0,25% adicional en junio. Tras estas subidas, la reducción de los cuellos de botella productivos y un consumo más débil reducirán la presión inflacionaria y permitirán a la Fed tomarse una pausa en la segunda mitad del año. De la mano de estas subidas esta semana analistas como Julius Bär han revisado sus estimaciones para el bono americano a 10 años al 2,1% a 3 meses y 2,3% a 12 meses.

Los bonos gubernamentales de Estados Unidos están sometidos a fuerzas contrapuestas, mayor demanda por las tensiones geopolíticas (activo refugio), mientras que el final de las compras por parte de la Fed ha hecho que aumente la volatilidad debido a menor liquidez. Hasta que no se asiente el mercado será difícil que veamos converger los diferenciales de crédito hasta niveles consistentes con la menor tasa de impago.

JPMorgan ha publicado un informe en el que actualiza su visión sobre la actuación de la Fed en los próximos años, sus economistas creen ahora que la Fed puede subir tipos hasta 7 veces este año (desde 5 antes), y luego otras 3 el año que viene. El primer motivo es el dato de inflación que se publicó en Enero que reflejaba presiones inflacionistas más extendidas por sectores. Por otro lado, el hecho de que otros Bancos Centrales se estén subiendo al “Hawkisness” reduce el riesgo de que el dólar se fortalezca demasiado, que llevaría a la Fed a parar a las subidas. Según el informe no parece que en la reunión que se haga el anuncio de la reducción de balance, se anuncie otra subida de tipos. Y además parece que en las declaraciones que van haciendo, están indicando que están dispuestos a subir tipos en las reuniones en las que “no toca revisar estimaciones” (cada mes y medio tienen reunión, pero solo publican revisión de estimaciones en las reuniones cada tres meses). De momento según JPMorgan y cada vez más analistas creen que la Fed esté apuntando a 50pb de subida el 16 de Marzo. La mayoría de analistas del mercado está descontando 6 subidas de tipos en el 2022, y luego 2 subidas en el 2023.

La economía de Reino Unido creció un 1% en el último trimestre del año, lo mismo que en el trimestre anterior, demostrando que efecto de Omicron ha sido poco relevante. El PIB aún se sitúa un 0,4% por debajo del nivel prepandemico. El trimestre actual aún será algo flojo, a cambio de un segundo trimestre más sólido. El consenso de analistas espera otra subida de tipos de interés por parte del Banco de Inglaterra en febrero y que después se tome una pausa.

Los flujos de crédito tienden a mejorar en enero en China, si bien este año el aumento ha sido especialmente fuerte, sobre todo en términos de crédito bancario. Sin embargo, los indicadores adelantados de la economía siguen mostrando una dinámica de crecimiento floja en enero y en las fiestas del Nuevo Año Lunar, lastrado por la corrección del mercado inmobiliario y las restricciones Covid. Serán necesarias más medidas para estabilizar la economía, lo que seguramente ocurra después del congreso del partido en marzo.

El sector de petróleo y gas es el que mejor comportamiento está teniendo en este comienzo de año gracias a la fuerte subida de los precios. Los analistas de Julius Bär creen que el mercado está cotizando en máximos de ciclo y que el crecimiento de la oferta va a ser superior al crecimiento de la demanda, lo que llevará el precio del barril a 62,5 dólares el barril a 12 meses.

Esta semana Bloomberg Intelligence ha actualizado sus previsiones, siendo más optimistas que la mayoría de analistas, esperan un crecimiento del PIB Global para este 2022 de un 4,70% y esperan que la inflación se vuelva a relajar una vez que los precios de la energía corrijan.

Bloomberg Intelligence esperan que España sea de los últimos países de la Eurozona en recuperar el PIB nominal previo a la pandemia, pero para el 2023, 2024 y 2025 el crecimiento español será más sólido:

Bloomberg Intelligence espera que la inflación a nivel Global se vaya por debajo del 3% en el 2023 y a niveles del 2,30% en Estados Unidos.

Importante esta semana:

El ministro de Exteriores ruso, Lavrov, ha aceptado reunirse con el secretario de Estado norteamericano, Blinken, la próxima semana, en un nuevo intento de resolver el conflicto por la vía diplomática. Ayer, Biden advirtió de que la posibilidad de invasión de Ucrania continuaba «muy elevada» en un día donde se incrementaron los bombardeos de las fuerzas prorrusas en el este del país.

Las Bolsas se animaron el martes después de que Rusia anunciase que retiraba parte de las tropas de la frontera del sur y del oeste, pero por otra lado ha aumentado la presión en Donbás. El Kremlin traslada ahora la presión a Donbás tras la petición de la Duma de reconocer a los separatistas de Donetsk y Lugansk seguida de las palabras de Putin, que calificó el martes la situación en el este de Ucrania como un «genocidio» por parte de Kiev. Una posible motivación del gobierno ruso en elevar la tensión en el Donbás es la de desencadenar una escalada en el conflicto en la región que justifique la entrada de fuerzas rusas en territorio ucraniano.

Biden prepara 30.000 millones de dólares para combatir la covid. El nuevo paquete incluiría 18.000 millones dedicados a vacunas y antivirales, 5.000 millones para tests y 4.000 millones destinados a prepararse para futuras variantes, entre otras partidas. Algunos senadores republicanos ya habrían mostrado su disposición a apoyar la medida en el Senado.

Hace poco más de dos semanas, Jay Powell aseguró a los mercados financieros y a la opinión pública estadounidense que la Reserva Federal sería “humilde y ágil” mientras centraba sus esfuerzos en combatir la inflación. Pero el presidente del Banco Central estadounidense afronta dudas sobre si se está adaptando con la suficiente rapidez y comunicando con eficacia la respuesta de la Fed a los precios obstinadamente elevados.

El dato del índice de precios al consumo conocido la semana pasada volvió a superar las previsiones, y los inversores empezaron a apostar por una serie de subidas de tipos de interés más tempranas y agresivas que las señaladas por la Fed hasta ahora.

Es muy poco probable que el Banco Central actúe de emergencia para subir los tipos antes de la reunión que tendrá lugar a mediados de marzo, pero el hecho de que algo así se discuta entre algunos seguidores del banco central y actores del mercado ha puesto de manifiesto la presión sobre Powell.

Según Villeroy el Banco Central Europeo podría finalizar el programa de compras en el tercer trimestre. El gobernador del Banco de Francia se mostró contrario a prolongar el QE más allá de octubre para no «atarse las manos durante demasiado tiempo», señalando que tiene menos sentido continuar con las compras tras converger hacia ese objetivo del 2% de inflación en el medio plazo. Con todo, Villeroy ha destacado que no es necesario subir tipos inmediatamente después a finalizar las compras.

Al final de la última reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) en enero, Powell subrayó que el Banco Central se basaría en los datos entrantes para juzgar con qué fuerza actuaría para subir los tipos. Ya ha adoptado una posición más dura: mientras que en el ciclo de ajuste que siguió a la crisis financiera la Fed se movió muy gradualmente para subir los tipos, Powell ha dejado claro que está abierto a moverse más rápido si es necesario. Esto podría significar un aumento de los tipos de interés de 50 puntos básicos en lugar de 25 puntos básicos en la primera parte de este año.

Pero aunque algunos miembros del Comité Federal de Mercado Abierto especialmente beligerantes como James Bullard, el presidente de la Fed de San Luis, que ha pedido que los tipos estén un punto porcentual más altos en julio, se inclinan por ir más lejos y antes, no existe un consenso claro en la Fed para fijar la política en esa línea.

Mary Daly, la presidenta de la Fed de San Francisco, se mostró más cauta en una entrevista con la CBS el domingo. “Lo más importante es ser comedidos en nuestro ritmo y, sobre todo, partir de los datos”, dijo Daly.

Los datos más recientes han reforzado los argumentos a favor de un endurecimiento más agresivo, pero probablemente sólo de forma marginal. De aquí a la reunión de dos días que comienza el 15 de marzo, el panorama económico y los posibles argumentos a favor de un mayor endurecimiento podrían hacerse más evidentes con la publicación de un informe mensual adicional sobre el empleo y nuevos datos sobre el IPC. Mientras tanto, en el frente internacional, los funcionarios de la Fed sopesarán el efecto que podría tener un posible conflicto armado en Ucrania, si Rusia decide lanzar una invasión de su vecino.

El lunes, el presidente de la Reserva Federal de Saint Louis, miembro de la Fed, James Bullard, volvió a insistir en subidas de 100 puntos básicos para julio y en reducir el balance desde el 2T22. El presidente de la Reserva Federal de St. Louis cree que la Fed debe comenzar a subir tipos para subrayar la credibilidad del organismo en su estrategia por controlar la inflación. Además, ha insistido en que la Fed debería subir el tipo de referencia en 100 puntos básicos para el 1 de julio y empezar a reducir balance en el segundo trimestre del año.

Con una inflación que en enero se disparó al 7,5%, la Reserva Federal considera que el contexto económico “justifica una subida de tipos a un ritmo mayor” que el que se produjo después de 2015, cuando el banco central estadounidense terminó con los estímulos iniciados en 2008, en niveles próximos al 0%, como ahora.

Eso es lo que se desprende de las actas publicadas este miércoles por la Fed de su última reunión, celebrada en enero, tras la que su presidente, Jerome Powell, ya anunció que el banco mantendría su calendario para iniciar a principios de marzo la retirada del programa de estímulos, de forma que, a partir de mediados del próximo mes, cuando se vuelva a reunir el consejo, tenga vía libre para anunciar la primera subida de tipos este año.

Del acta trasciende que sólo dos miembros eran partidarios de optar por una política más agresiva, mientras que la mayoría se decantó por mantener el calendario previsto y volver a analizar en cada reunión la situación para acelerar o no el ritmo de las revisiones en el precio del dinero. Lo único claro es que la política monetaria podría ser más dura que en el pasado, porque reconocieron que la subida de la inflación “es más persistente de lo que habíamos anticipado”.

Antes de marzo de 2020, tuvieron lugar nueve subidas de tipos en tres años. En total, se incrementaron en 2,25 puntos. De estas revisiones, las cuatro últimas tuvieron lugar con Powell ya en el cargo.

Aun así, no señalaron cuánto. Los analistas daban por descontado en enero que los tipos podrían llegar a subir en la reunión de marzo hasta 25 puntos básicos, pero tras los datos de la inflación publicados la semana pasada son muchas las apuestas a un alza de 50 puntos básicos. De tres subidas a lo largo de 2022, que era la cifra que se manejaba hace un par de meses, ahora son muchas las voces que apuntan incluso a siete revisiones este mismo ejercicio.

El eurodólar sigue con muchísima volatilidad movido por las expectativas de actuaciones de los bancos centrales europeo y fluctúa en base a titulares y declaraciones de miembros de los bancos centrales:


Putin deja a Occidente sumido en dudas. Max Seddon y Victor Mallet. Financial Times.

Una mesa exageradamente grande separó a Vladímir Putin y Emmanuel Macron en Moscú la semana pasada en sus conversaciones destinadas a evitar una guerra en Ucrania.

La explicación oficial de la enorme distancia fue que Macron se negó a hacerse una prueba de coronavirus en Rusia, pero la imagen puso de manifiesto el abismo que existe entre Putin y Occidente mientras Moscú sigue aumentando el despliegue de tropas en las fronteras con Ucrania.

Los asesores de Macron han expresado su sorpresa por cuánto ha cambiado Putin en los últimos años: está preocupado por la pérdida de la influencia de Rusia desde el colapso de la Unión Soviética y la necesidad de ser más duro con Estados Unidos y la OTAN, aunque eso implique acercarse a China.

“Putin se ha vuelto mucho más duro incluso en privado desde 2014. Está obsesionado por reexaminar lo ocurrido en los últimos 30 años. Es un Putin que ya no cree en Occidente. Quiere que Occidente le tema”, señala un funcionario francés.

Semanas de intensos esfuerzos diplomáticos para convencer a Putin de que redujera su actividad militar no parecen haber cambiado la mentalidad del líder ruso. Un alto cargo estadounidense reconoce que la conversación telefónica que mantuvieron el presidente Joe Biden y Putin el sábado no supuso “ningún cambio fundamental en la dinámica” que se ha creado desde que Rusia empezó a mandar más tropas a la frontera ucraniana el año pasado, y añade que Moscú “podría decidir emprender una acción militar de todos modos”, incluso mientras continúa la actividad diplomática.

Pero el ambiente frenético en torno al despliegue militar y la exposición cada vez más frecuente de quejas de seguridad pueden haber reportado ya importantes dividendos a Putin, según dos personas cercanas al Kremlin.

Conversación con Biden

“En su llamada, Biden no hizo hincapié en las posibles sanciones de EEUU si Ucrania fuera atacada. En cambio, propuso toda una serie de ideas que tienen en cuenta muchas de las preocupaciones de Rusia”, declaró Yuri Ushakov, asesor de política exterior de Putin.

Antes de viajar a Moscú para mantener más de cinco horas de conversaciones, Macron declaró que era “legítimo que Rusia planteara sus preocupaciones en materia de seguridad”. También afirmó que Putin había dado señales de estar dispuesto a rebajar el despliegue militar, aunque los movimientos de sus tropas sugerían lo contrario. “Occidente ha captado las señales. Putin ha demostrado que puede utilizar esta situación para obtener los resultados que queremos. La estrategia de Moscú está dando resultados. Occidente tiene que pensar más en nuestras exigencias, y lo está haciendo”, declaró un alto cargo del Kremlin.

Personas cercanas al Kremlin afirman que la postura cada vez más dura de Putin se debe en parte a sus medidas estrictas para no contagiarse del Covid-19. Putin obliga a la mayoría de sus visitantes a aislarse durante dos semanas antes de reunirse con él, según personas familiarizadas con los protocolos de cuarentena del Kremlin. Dignatarios extranjeros como John Kerry, enviado de EEUU para el clima, han viajado a Moscú sólo para hablar con él por teléfono.

Desde que comenzó la pandemia, Putin sólo ha realizado unos pocos viajes al extranjero, celebra la mayoría de las reuniones de su gabinete por vídeo y ha reducido drásticamente el número de actos a los que asiste. En sus apariciones públicas generalmente hay muy pocas personas. El mes pasado asistió a una misa ortodoxa de Navidad en una capilla vacía, salvo por la presencia de los sacerdotes y un cámara.

Las restricciones han provocado que Putin, de 69 años, dependa cada vez más de un pequeño grupo de asesores de seguridad. “Su círculo de contactos es cada vez más pequeño. Esto afecta a su mente. Antes veía las cosas en un ángulo de 360 grados, ahora es más bien de 60”, señala un ex alto cargo del Kremlin.

Muchos de sus principales asesores –como Nikolai Patrushev (secretario del Consejo de Seguridad); Sergei Naryshkin (director de inteligencia exterior) y Alexander Bortnikov (director del FSB, el principal servicio de seguridad de Rusia)– tienen similitudes con Putin: también trabajaron en el KGB y tienen un arraigado escepticismo hacia Occidente que roza lo conspiratorio. Por otra parte, los miembros del gabinete y el Gobierno encargados de los asuntos económicos, comparativamente liberales, son cada vez más reacios a oponerse a la opiniones de Putin, señala el ex alto cargo: “Si valoras tu puesto no vas a discutir con él. El Kremlin se ha convertido en una fortaleza asediada”.

Un ejemplo de la estrecha visión del mundo de Putin es que en sus comentarios públicos y en sus conversaciones con los líderes occidentales critica mucho a EEUU y a la OTAN, como hacían los líderes soviéticos décadas atrás.

La retórica contra la OTAN aumentó tras la invasión de Crimea por parte de Rusia en 2014 y su posterior anexión, y se ha prolongado por la guerra de poder en la región fronteriza del este de Donbás.

Occidente escucha a Rusia

Sin embargo, según las personas cercanas al Kremlin, a causa de la crisis actual de Ucrania ahora es la primera vez que Moscú siente que Occidente está escuchando sus demandas: “Este antagonismo podría ser malo a largo plazo, pero es bueno para nosotros a corto plazo. Puede que Occidente no empiece diciendo que sí al 100%, pero este es un proceso más largo”.

Macron y sus asesores esperan que exista la posibilidad de que Putin evite la guerra si se le da una salida para salvar las apariencias y así poder declarar que ha tenido éxito y también dar marcha atrás. “Su estado de ánimo es agresivo, prepotente y provocador como lo demuestra el despliegue militar, pero se cuida de mantener abiertas todas las opciones para el diálogo”, dijo otro alto cargo después de que Macron y Putin hablaran durante casi dos horas el sábado.

Pero los planes finales de Putin siguen siendo un misterio para todos, excepto para sus asesores más cercanos. “Son sólo cuatro personas. Se toman un té, revisan unos papeles y lo deciden todo. A Putin no le gusta tener mucha compañía”, declara un diplomático occidental en Moscú, refiriéndose a Putin y su círculo íntimo.


Las subidas de bonos soberanos han llegado para quedarse. Daniel Rodríguez Asensio. Consultor Estratégico y Presidente de Acción Liberal Think Tank For Freedom.

El cambio de tendencia en la evolución de las rentabilidades exigidas a los bonos soberanos ya es un hecho. En las últimas semanas hemos visto cómo el bono a 10 años de Alemania ha coqueteado con una vuelta al terreno positivo, mientras que el bono a 10 años estadounidense, por citar solamente a los dos más representativos, también ha evolucionado al alza y algunos analistas lo han vuelto a situar en el 2%. Hay dos asuntos que debemos entender de forma previa al análisis de esta situación: El primero es la condición de fenómeno extraordinario que suponían unos bonos soberanos en terreno negativo; y el segundo, y no menos importante, que esta situación anómala se producía como consecuencia de las políticas de represión monetaria llevadas a cabo desde los principales bancos centrales. Tanto en Europa como en Estados Unidos han pasado de ser prestamistas de última instancia a convertirse, para algunos países, en los principales compradores de deuda soberana, con los efectos que ello conlleva sobre los mercados financieros.

Esta política monetaria excesivamente expansiva ha provocado enormes desequilibrios en mercados financieros, pero también en la economía real. Hasta ahora, todo se ha tapado con endeudamiento, dinero gratis y una aparente calma en los mercados financieros que nunca fue tal. Pero los desequilibrios se han acumulado y, como consecuencia, ahora vivimos un proceso inflacionista del que no habíamos tenido noticias desde hace décadas.

La falacia de que la inflación es temporal se cae por su propio peso. Como consecuencia de ello, aumentan las expectativas de inflación futura y, con ellas, disminuyen los rendimientos de los bonos en términos reales. Como los inversores no están dispuestos a perder dinero, exigen más rentabilidad nominal, y así es como suben los bonos del Tesoro.

El segundo elemento que explica esta subida es el descuento de las subidas de los tipos de interés de referencia que ya están haciendo los agentes del mercado. Debemos recordar que en Inglaterra, Noruega, Nueva Zelanda y Corea del Sur ya han subido tipos; que en Estados Unidos, Canadá, Australia y Suecia han anunciado que lo harán este año; y que el BCE, por su parte, por el momento evita esta cuestión, aunque el hecho de que otros agentes lo estén haciendo supone una presión más inflacionista que hará que se replantee su postura en los próximos meses. Y, por último, a la hora de explicar la subida de los bonos de las grandes economías hay que tener en cuenta un elemento fundamental: La percepción de riesgo se está disparando. Cada vez son más los indicadores de desequilibrios severos en muchos mercados financieros, pero también en otros tantos que ya han supuesto problemas en el pasado como, por ejemplo, la vivienda. De ahí que también estén evolucionando al alza otros activos refugio como, por ejemplo, el oro.

El factor

Este último factor es muy importante, pues es el que va a definir la agresividad de la subida de tipos y, sobre todo, si ésta se produce de forma homogénea o comienza a haber divergencias. Por el momento las primas de riesgo se mantienen estables, esto es, todos los países sufren incrementos de los tipos de una forma homogénea. Pero si en algún momento los desequilibrios dan la cara y el riesgo se manifiesta (o, al menos, la percepción de riesgo) los países con mayores desajustes sufrirán incrementos mayores y volverá a hacer acto de presencia este indicador que todos damos por olvidado. En definitiva: Las subidas de tipos de interés de la renta fija están aquí para quedarse, y la gran pregunta es cuánto tiempo pasará hasta que los niveles de riesgo soberano y de mercado se incrementen y comience el baile en las primas de riesgo de los países periféricos de la zona euro.

Una situación como esta era cuestión de tiempo. Merece la pena recordar que 2019 ya fue un año de una debilidad económica notable y unos estímulos sobredimensionados que provocaban un riesgo elevado de subidas de tipos. Ahora la estanflación es un escenario cada vez más probable y, con ella, el mantenimiento de incrementos de precios moderadamente altos durante un período de tiempo lo suficientemente amplios como para que las expectativas sufran modificaciones.

La economía mundial mantiene los mayores niveles de recursos ociosos en el balance de los bancos centrales de su historia reciente. Los bancos llevan ya muchos años prefiriendo pagar dinero por mantener reservas en el BCE que asumir el riesgo de afrontar créditos para proyectos de escasa solvencia y recibir unos tipos de interés muy bajos. Veremos si todos estos recursos amortiguan la subida o si, por el contrario, el aumento del perfil de riesgo supone una escalada en los tipos de interés de la deuda pública que ponga en entredicho las economías de algunos de los países del mundo.


La amenaza inminente de un largo Covid financiero. Martin Wolf. Financial Times.

La actividad económica se contrajo en el 90% de los países de todo el mundo en 2020. Esta cifra supera la proporción afectada por las dos guerras mundiales, la Gran Depresión y la crisis financiera mundial. Una pandemia, como sabemos ahora, supone un desastre total. También lega mala salud y trastornos sociales y económicos. Entre los legados más duraderos podrían estar los financieros, especialmente en los países emergentes y en desarrollo. El espectro de una década perdida se cierne sobre las naciones vulnerables. Será necesario actuar con determinación para evitarlo.

Este es el tema del último Informe sobre el Desarrollo Mundial (IDM), titulado Financiación para una recuperación equitativa, elaborado bajo la dirección de la economista jefe del Banco Mundial, Carmen Reinhart, una reconocida experta en finanzas mundiales. Señala que “en 2020 la carga media de deuda total de los países de ingresos bajos y medios aumentó aproximadamente 9 puntos porcentuales del Producto Interior Bruto, frente al aumento medio anual de 1,9 puntos porcentuales en las décadas anteriores. 51 países (incluidas 44 economías emergentes) experimentaron una rebaja en la calificación crediticia de su deuda soberana”. Se considera que el 53% de las naciones de bajos ingresos corren ahora un alto riesgo de sufrir problemas de deuda.

El fuerte aumento del endeudamiento fue una respuesta necesaria a la pandemia. De hecho, el problema para la mayoría de los países emergentes y en desarrollo fue que podían permitirse un endeudamiento demasiado bajo, con graves resultados para sus poblaciones. Debido en parte a ello, el Covid ha aumentado la desigualdad no sólo dentro de los países, sino también entre ellos. No en vano, el número de personas en situación de pobreza extrema aumentó en 80 millones en 2020, lo que supone el mayor incremento en una generación.

Pérdidas persistentes

Por desgracia, estas pérdidas pueden persistir. Una de las razones es que, aunque la pandemia esté retrocediendo, el suministro de vacunas y otros tratamientos sigue siendo muy desigual en todo el mundo. Otra es que algunos sectores importantes, como el turismo, pueden tardar en recuperarse. Una más son los trastornos ocasionados en la educación. Otra es que los pequeños negocios y las empresas informales de las que depende una enorme proporción de la población de los países en desarrollo se vieron obligados a cerrar durante la pandemia.

Sin embargo, es probable que la fuente más importante del “largo Covid económico” sean los problemas financieros. Los países emergentes y en desarrollo no sólo tienen ratios históricamente elevadas de deuda pública en relación al PIB. También presentan otros síntomas. Entre otras cosas, señala el IDM, se han producido aumentos de la morosidad de gobiernos del África subsahariana, así como claros signos de apuros entre las empresas.

Los balances de los hogares, las empresas no financieras, las empresas financieras, los gobiernos y los acreedores extranjeros están interconectados. Estos vínculos son siempre opacos. Sin embargo, esto es deliberadamente cierto en esta ocasión. Como señala el IDM, “en muchos países, la respuesta a la crisis ha incluido medidas de alivio de la deuda a gran escala, como moratorias de la deuda y congelación de los informes de crédito”. Muchas de estas políticas no tienen precedentes. Nadie sabe lo que se revelará cuando la indulgencia llegue a su necesario fin. Pero la combinación de la disminución del apoyo gubernamental con la escala de la deuda pendiente de pago seguramente se traducirá en incrementos de los préstamos morosos. Esto último debilitará el crédito, iniciando un bucle de retroalimentación negativa con la economía real. Lo que se aplica dentro de los países, se aplica aún más entre ellos, con la excepción de que los deudores no pueden hacer frente a la deuda externa sin ayuda.

La principal recomendación del IDM es la hacer frente directamente a la morosidad. Como señala Reinhart, “la detección temprana y la rápida resolución de las fragilidades económicas y financieras pueden marcar la diferencia entre una recuperación económica sólida y una titubeante –o peor aún, una que retrase la recuperación por completo–”. Pero los gobiernos se encontrarán entonces inevitablemente con que parte de las pérdidas recaerán sobre sus propios débiles balances, lo que agravará los problemas de deuda soberana.

La historia de la gestión de la necesaria reestructuración de la deuda soberana es terrible. Por término medio, el proceso ha durado ocho años. Entretanto, la economía y los ciudadanos sufren. Redunda en el interés de todos resolver rápidamente las situaciones de deuda inasumible y permitir así que el país vuelva a crecer. Desgraciadamente, no a todos interesa hacerlo. Este problema se ha agravado a medida que ha cambiado la composición de la comunidad de acreedores, especialmente con el papel mucho más importante que desempeñan hoy en día el sector privado y China: en 2019, el primero tenía el 59% de la deuda de los países emergentes y en desarrollo, y el segundo otro 5%. China poseía hasta el 11% de la deuda de los países de ingresos bajos y medios-bajos. Sus participaciones deben hacerse mucho más transparentes de lo que lo son ahora.

Lo ideal sería contar con el mecanismo de reestructuración de la deuda soberana propuesto por el FMI hace dos décadas. En su ausencia, necesitaremos la persuasión de los organismos internacionales y de los gobiernos más importantes. A medio plazo, los contratos de deuda deben hacerse más flexibles de lo que lo son ahora. En el estado actual, las necesarias reestructuraciones de la deuda serán prolongadas y desordenadas.

La recuperación de la pandemia será lenta en muchos países emergentes y en desarrollo, que carecen de medios médicos y financieros para afrontarla adecuadamente. Además, ahora esperamos tipos de interés más altos en Estados Unidos y en otras regiones. Esto generará, casi seguro, un aumento desproporcionado de los diferenciales de riesgo, así como una inversión de los flujos de capital. La única buena noticia para muchos de estos países son los altos precios de las materias primas.

Los principales responsables políticos deben reconocer los riesgos, especialmente los financieros, para una recuperación verdaderamente global. Una década perdida para una serie de países pobres sería inconcebible. También agravaría la amenaza de inestabilidad social y política. Están advertidos.


Buen fin de semana.

Comentario de mercado viernes 11 de Febrero

Siguen destacando las ventas de deuda pública, motivado por las preocupaciones sobre el endurecimiento de la política monetaria, sobre todo a raíz del dato de ayer de inflación en Estados Unidos que comentaré más adelante (7,50%). El Rendimiento del Bono a 10 años americano (T-Note) está en máximos desde Agosto del 2019, situándose en 2,03%, el Bono a 10 años alemán (Bund) cotiza a 0,28% y el bono español a 10 años a 1,18%. Niveles de TIR elevados, no vistos desde el comienzo de la pandemia. Algunos economistas opinan que los mercados podrían haber reaccionado demasiado al mensaje del Banco Central Europeo. El gobernador del Banco de Francia, miembro del consejo de gobierno del BCE, declaró que el mercado tuvo reacciones demasiado expresivas en los últimos días.

Las Bolsas a comienzos de semana han estado más tranquilas, aunque ayer se aceleraron de nuevo las caídas motivadas por el dato de IPC americano. Dos fueron los principales catalizadores paras las subidas de Bolsa de comienzos de semana que llevaban a las Bolsas europeas a situarse a un 3,50% de sus máximos historícos, por un lado, el buen tono que están tomando las negociaciones con Irán, que cuenta con 1,3 millones de barriles de capacidad sin utilizar, y por otro lado, las previsiones para 2022 de la Agencia de la Energía en Estados Unidos. El organismo gubernamental apunta a un fuerte crecimiento en la producción de crudo en el país, que en 2022 sobrepasará los 12 millones de barriles por día, su nivel más alto en la historia. Además señalan que nos encontramos en un periodo de transición hacia un mercado mejor abastecido y en sus previsiones señalan que la oferta global empezará sobrepasar a la demanda a partir del segundo trimestre, algo que será una constante para el resto del año.

En el último informe de estrategia de JPMorgan sus estrategas no dan el ciclo por terminado. Creen que la renta variable aún tiene recorrido alcista. Esperan que los beneficios sigan creciendo, esperan un rebote en la actividad china y no piensan que la Fed vaya a ponerse más “hawkish” de lo que ya está metido en precio. El sentimiento de los inversores se ha ido volviendo negativo en las últimas semanas. Esto queda patente en los indicadores Bull-Bear. Los RSIs parecen sobrevendidos. El índice de volatilidad del S&P 500 (VIX) no sigue dando señales de compra. Estas señales han llevado en el 100% de los casos a subidas de mercado a 1M/6M salvo en momentos de recesión.


Los analistas de JPMorgan creen que es muy pronto para posicionarse de cara a una recesión. Las condiciones financieras son buenas, los tipos reales siguen en -70bps, los mercados laborales siguen mejorando, los balances de los bancos y los consumidores siguen siendo robustos, y los cashflows de las compañías aún no han dado muestras de debilidad. El impacto del COVID debería de seguir desapareciendo, la variante Omicron sigue probando ser mucho menos agresiva que el resto. Esto debería de facilitar un rebote en la actividad y el consumo. Por otro lado, creen que los problemas de escasez de oferta han pasado ya su peor momento. Así mismo, los precios de la energía han comenzado a aflojar. El mayor riesgo a corto plazo es el geopolítico. Es probable que veamos una nueva escalada de las tensiones durante la segunda mitad de febrero. JPMorgan cree que cualquier altercado será muy localizado y corto, por lo que debería de ser una oportunidad de compra.

Tras la desaceleración del verano pasado, los analistas de JPMorgan creen que el ritmo de crecimiento se estabilizará este año. Sus economistas creen que 2022 será un año de crecimiento por encima de tendencia. Más en particular, destaca la eurozona con una estimación de crecimiento del 4.6% interanual. Esta cifra está por encima de la de Estados Unidos por primera vez desde 2017. Los inventarios siguen cerca de mínimos y su reconstrucción debería de dar algo de viento de cola. Así mismo, creen que las ayudas fiscales aun seguirán ahí durante un tiempo y que el mercado de crédito sigue comportándose bien. No creen que la Fed vaya a meterse en territorio más hawkish de lo que ya está metido en precio. El headline de inflación está haciendo pico, lo cual le podría dar algo de margen a la Fed para maniobrar. El gap entre los forwards de inflación y los bonos sigue siendo amplio, pero creen que se estrechara por ambos lados.


El equipo de estrategia de JPMorgan cree que aún hay margen para que los beneficios de las compañías sigan creciendo. De hecho, estiman que el consenso de analistas para este año probara será demasiado bajo de nuevo. Esperan que el Beneficio Por Acción del 4T21 se quede algo por detrás del nivel del 3T21. Esto es algo que no suele suceder. En términos absolutos, los múltiplos PER son elevados. Sin embargo, el diferencial entre el equity yield y el bond yield no lo parece. El año pasado vimos algo de compresión de múltiplos gracias al fuerte crecimiento de BPA. Creen que este año habrá aún más compresión de múltiplos.  

El mercado laboral en Estados Unidos está en buena forma. Omicron no parece haber tenido un efecto importante sobre el mercado laboral y aumenta la presión sobre la Reserva Federal (Fed) para que normalice su política monetaria. La participación (proporción de la población que se clasifica como activa, es decir, trabajando o buscando trabajo activamente) sigue mejorando y apunta a un aumento de la oferta laboral. La mayor participación aumenta la tasa de desempleo de primeras (hay más gente buscando trabajo), pero es un alivio para la escasez de mano de obra. Si sigue aumentando permitirá a la Fed normalizar hasta un nivel aceptable a lo largo del año (quizá 1% – 1.5%) y después proceder con cautela. El mercado ya descuenta una subida de 0.5% en la reunión de marzo.

El cambio de tono del Banco Central Europeo está presionando los tipos al alza. En la reunión de la semana pasada el Banco Central Europeo (BCE) cambió su retórica hacia un posicionamiento más restrictivo. Al contrario de lo ocurrido en diciembre Lagarde no descartó una primera subida de tipos de interés este año aunque si se comprometió a no subir tipos hasta no acabar con el programa de recompras. Los analistas creen que el BCE irá subiendo la tasa de depósito desde el -0.5% a lo largo del año, si bien el mercado no ve subidas del tipo de referencia por ahora. Todo esto ha hecho subir a los tipos de largo plazo y aumentó los diferenciales de crédito de las peores calificaciones crediticias. El BCE insistió en su compromiso con mantener una condiciones financieras favorables e irá con mucha cautela.

Las perspectivas de una curva de tipos de interés plana, condiciones financieras menos favorables y menor crecimiento económico van a pesar especialmente sobre las pequeñas compañías, según los estratega de Julius Bär. Estas compañías tienden a hacerlo bien en entornos de mayor inflación, pero no está siendo así en esta ocasión ya que tienen menor capacidad de lidiar con cuellos de botella. Pese a todo, las pequeñas compañías están cotizando a valoraciones históricamente bajas, lo que debería darles cierta protección frente a mayores caídas y nos lleva a dejar la recomendación en neutral desde sobreponderar.

Continúan las revisiones al alza de beneficios esperados para 2022. Los analistas de Bernstein prevén beneficios creciendo un 6% en Europa y un 8% en Estados Unidos en 2022. Los inversores siguen invirtiendo en Renta Variable a pesar de la reciente volatilidad ya que  las Bolsas siguen estando baratas frente a los bonos. Los estrategas de Bernstein siguen viendo revisiones al alza de beneficios 2022 tanto en Europa como en Estados Unidos.

El consenso de analistas espera un crecimiento en 2022 del 6,4% en Europa y del 7,8% en Estados Unidos. Compara con crecimientos de entre el 4% y el 5% hace 3 meses.

En Europa los sectores de Energía, Tecnología, Consumo Discrecional y Financiero están beneficiándose de subidas de previsiones de los analistas superiores a los del mercado.

Las estimaciones de crecimiento del PIB mundial en 2022 son muy superiores a las que teníamos pre-pandemia: +4,3% en el mundo, +4% en la Eurozona y +3,8% en Estados Unidos, compara con media histórica de largo plazo del 3%.

Importante esta semana:

Ayer se publicó el dato más importante de la semana, el IPC estadounidense, siendo el más alto de los últimos 40 años (7,50%).

EL IPC de Estados Unidos se saldó con un nuevo incremento, volviendo a superar las expectativas del consenso de analistas del mercado. Así los precios al consumo crecieron un 7,5% interanual (frente al 7,30% estimado) en el índice general, lo que supone un nuevo máximo desde 1982.

                                                              IPC Americano desde 1975

Por su parte la referencia subyacente (exfood & energy) creció un 6% (frente al 5,90% esperado).

A diferencia del resto de partidas que componen el índice, que aportaron positivamente a la referencia general, el coste de las materias primas drenó crecimiento en su variación mensual (-0,60%).

Los precios de los coches usados siguieron subiendo con cierta fuerza (+1,50% mensual), aunque desacelerándose respecto a las lecturas anteriores.

Destacaron especialmente las presiones inflacionistas procedentes de componentes de carácter estructural y con un peso muy relevante en la cesta del IPC como son los alquileres.

Este dato refuerza las intenciones de la Fed de empezar a subir tipos en Marzo y, probablemente, ahondar en un proceso de normalización monetaria más agresiva de lo normal. El Bono a 10 años americano se fue al 2%:

                                               Yield del bono a 10 años americano últimos 12 meses.

Ya algunos bancos de inversión prevén más de 4 subidas de tipos por parte de la Fed durante el 2022, esta mañana Goldman Sachs ha publicado una nota en la que espera 7 subidas consecutivas de 25 puntos básicos en cada una de las reuniones de la Reserva Federal de este año 2022, frente a las 5 subidas de tipos que esperaban antes del dato de inflación de ayer.

“Following the strong CPI print, we are raising our Fed forecast to include seven consecutive 25bp rate hikes at each of the remaining FOMC meetings in 2022 (vs. five hikes in 2022 previously). We continue to expect the FOMC to hike three more times at a gradual once-per-quarter pace in 2023Q1-Q3 and to reach the same terminal rate of 2.5-2.75%, but earlier.

We see the arguments for a 50bp rate hike in March. The level of the funds rate looks inappropriate, and the combination of very high inflation, hot wage growth, and high short-term inflation expectations means that concerns about falling into a wage-price spiral deserve to be taken seriously. We could imagine the FOMC concluding that even a meaningful risk of an outcome as serious as a wage-price spiral requires a more aggressive and immediate response.

So far, though, most Fed officials who have commented have opposed a 50bp hike in March. We therefore think that the more likely path is a longer series of 25bp hikes instead. St. Louis Fed President James Bullard became the first FOMC participant to call for a 50bp hike earlier today, and we would consider changing our forecast if other participants join him, especially if the market continues to price high odds of a 50bp move in March”

En el apartado de Bancos Centrales esta semana destacó la comparecencia de Lagarde ante el Parlamento Europeo este martes, en la que siguió planteando un tono un tanto ambiguo respecto a lo que se puede esperar por parte del BCE en marzo. Sí es cierto que las palabras de la Presidenta respecto a las curvas periféricas pueden dar margen a ver una continuidad en la penalización. En este sentido, señaló que, pese a que las rentabilidades habían subido en los últimos días, los diferenciales se habían mantenido bastante constantes.

Lagarde comentó que las posibilidades de que la inflación se estabilice en el 2.0% han aumentado. De igual manera, dijo que no hay que sacar conclusiones prematuras todavía y que el Consejo mirará cuidadosamente las proyecciones macro que haya en marzo. Por último, señaló que cualquier ajuste que se pueda producir será gradual.

Bullard, miembro de la Fed, ve 100 puntos básicos de subidas de tipos en julio. El presidente de la Reserva Federal de Saint Louis cree que es demasiado tarde para que la Fed actúe de forma gradual y pide una subida de 50 puntos básicos en marzo tras la publicación del dato de inflación de enero.

La Comisión Europea elevó ayer hasta el 3,5% su previsión de inflación en 2022. Bruselas cree que la inflación será del 3,5% en la eurozona, tres décimas más que la cifra que espera el BCE para el mismo periodo (3,2%). En España, la expectativa es que sea del 3,6% durante este año, mientras los países bálticos registrarán cifras superiores al 6%. Por contra, la Comisión recortó su previsión de crecimiento del PIB para 2022 hasta el 4,0%, tres décimas menos que la anterior previsión de noviembre. España será el segundo país, tras Malta, con la mayor tasa de crecimiento (5,6%), aunque también será el único país europeo que no recupere el PIB previo a la pandemia durante este año.

El Banco Central Europeo (BCE) es, a día de hoy, el gran comprador de bonos soberanos de la zona euro. Por ese motivo, cuando anuncia que su retirada podría ser más rápida de lo esperado (y que incluso podría subir los tipos ya este año) el mercado se resiente.

Los intereses de la deuda pública no se tomaron bien el discurso del jueves de la semana pasada de Christine Lagarde, presidenta de la institución monetaria. Por más que la banquera central advirtió de que no permitirán una fragmentación en el mercado como ocurrió al comienzo de la pandemia, las rentabilidades repuntaron con fuerza el jueves y continuaron su escalada el viernes y esta semana.

El interés del bono español, que se mueve de forma inversa a su precio, cotiza en el 1,19%, tan sólo 3 puntos básicos de los máximos alcanzados en el peor momento del confinamiento. A diferencia de entonces, cuando las primas de riesgo se dispararon para los bonos periféricos, ahora, aunque se han ampliado, el movimiento es común a todos los bonos.  El problema es que no hay garantía de que cuando el BCE emprenda realmente la retirada de sus estímulos vayan a verse igualmente afectados (dentro de sus respectivos niveles) todos los bonos de forma similar. Si las primas de riesgo se tensan en demasía, se puede producir una rotura del canal de transmisión de la política monetaria. Por ese motivo, Lagarde ha confirmado que el BCE vigila esos indicadores y hará uso de la flexibilidad de sus herramientas si es necesario.

Por el momento, Lagarde moderó este lunes el tono en su intervención frente al Parlamento Europeo respecto su discurso en la cumbre de política monetaria de la semana pasada. La presidenta del BCE insistió en que la contracción monetaria se acerca y en que podrían subir los tipos ya este año por la persistencia de la inflación, pero incidió mucho más en que cualquier movimiento será gradual y que no se apresurarán en la toma de decisiones. Además, indicó que no hay sobrecalentamiento en la economía del euro, a diferencia de en otras regiones, como Estados Unidos, donde los bancos centrales sí se verán forzados a actuar con más contundencia. Por su parte, Klaas Knot, presidente del Banco de Países Bajos prevé una subida de tipos antes de que acabe el año. El hecho de que los representantes más duros hablen de una subida y no varias, junto con las nuevas palabras de Lagarde, indican que el mercado puede haber ido demasiado lejos, pues el consenso descuenta dos alzas para 2022.

Por otro lado el nuevo presidente del Banco Central alemán, Joachim Nagel, alzó la voz este miércoles para instar a actuar «lo antes posible» y combatir los altos niveles de inflación de los últimos meses. Según Nagel, hay indicios de que el aumento de precios de la energía podría ser más persistente y afectar a otros bienes y servicios, habiendo además mayor riesgo en actuar tarde que en hacerlo prematuramente.

Este lunes se produjo una importante reunión entre Putin y Macron, el mandatario ruso trasladó que algunas propuestas del francés podrían ser una base positiva para empezar a negociar. En este sentido, se comprometió a no tomar mayores iniciativas militares en la frontera de Ucrania. Biden señaló que cualquier invasión de este último país precipitaría una parada del gaseoducto Nord Sream 2.


Cuánto cuesta a la Bolsa española cada subida de tipos de la Fed. Roberto Casado (Expansión).

Adivinar cuántas subidas de tipos aplicará la Fed para combatir la inflación es uno de los retos actuales del mercado. Ethan Harris, economista de Bank of America, asustó el lunes a los inversores en una conferencia, al pronosticar siete ajustes al alza en 2022 y otros 4 en 2023, lo que llevaría la tasa de referencia en Estados Unidos hasta el 3%.

El consenso del mercado es menos radical. Según Capital Economics, los precios de los bonos anticipan 5 incrementos de tipos este año por parte de la Fed (de 0,25% cada uno).

La velocidad y alcance del endurecimiento de la política monetaria es clave para la evolución de los mercados, tanto de renta fija como variable. Sara McCarthy, de Bernstein Research, calcula que la Bolsa de Estados Unidos todavía puede resistir bien un aumento de 40 puntos básicos en la rentabilidad real de los bonos a 10 años, mientras que los parqués europeos tienen holgura para aguantar hasta 60 puntos básicos de alzas en la deuda alemana.

Para determinar la relación entre la Fed y las cotizadas, UBS ha tomado los datos históricos desde 2002, cuando se produce un rápido endurecimiento de la política monetaria.

El estudio incluye al Ibex español. La entidad suiza calcula que el índice español se deja un 0,65% por cada 10 puntos básicos de alza real (descontada la inflación) en los bonos estadounidenses. Por ejemplo, si éstos subieran un 1% en los próximos meses, la Bolsa de Madrid perdería un 6,5%.

El mercado español no figura entre los más sensibles. Bolsas emergentes como Tailandia e Indonesia, y europeas como Reino Unido y Suiza, sufren más cuando la Fed sube tipos. El S&P 500 también, aunque no mucho más que el Ibex.

Este análisis histórico puede servir de poco ahora. El Ibex parte de una valoración más baja que otros índices, y el fuerte peso de la banca compensa el impacto de las condiciones financieras más restrictivas en las empresas. Además, según UBS, “la recuperación tras Ómicron puede apoyar las Bolsas europeas”.


La Fed y el BCE, tras la curva de la inflación. Mohamed El-Erian. Presidente de Queens’ College, Cambridge, y asesor de Allianz y Gramercy.

En las últimas dos semanas se ha esclarecido mucho más cómo y por qué los dos bancos centrales más influyentes del mundo están intentando recuperar el control de la narrativa sobre la inflación y evitar más daños a su credibilidad política.

El mensaje clave que se desprende de las últimas reuniones de sus consejos de política monetaria es que la inflación es mayor y más persistente de lo que se esperaba y que sus previsiones se inclinan por que los precios subirán aún más.

Se trata de un cambio importante para la Reserva Federal de EEUU y el Banco Central Europeo (BCE) que, a diferencia del Banco de Inglaterra, han mantenido durante demasiado tiempo la idea de que la inflación era “transitoria”.

El giro es parcial en el mejor de los casos, sigue siendo demasiado lento y corre el riesgo de dar pie a una sobrecompensación este mismo año. Actualmente, la política extremadamente acomodaticia de los dos bancos es incoherente tanto con su cambio de lenguaje sobre la inflación como con lo que está ocurriendo en el mundo.

Esta estrategia continuada de lentitud obligará a ambos a endurecer más este año sus políticas de lo que habría sido necesario si no hubieran sido tan lentos, aumentando la preocupación sobre cómo harán frente la economía mundial y los mercados al incremento de los costes del crédito y de los precios.

Ya está aumentando el temor a que las expectativas inflacionistas se afiancen más. Existe el riesgo de que a la hora de fijar los precios y los salarios no sólo se tengan en cuenta los aumentos de costes anteriores, sino que también se consideren las repercusiones de la inflación prevista para el futuro.

Estos aspectos han llevado al Banco de Inglaterra a subir los tipos de interés 25 puntos básicos, encadenando dos alzas consecutivas por primera vez desde 2004. Lo que considero medidas deseables y oportunas por parte del Banco de Inglaterra contrasta claramente con la inacción del BCE y de la Fed.

En su reunión de política monetaria del mes pasado, la Fed debería haber anunciado, como mínimo, medidas más contundentes para combatir la inflación y haber puesto fin inmediatamente a sus compras de activos a gran escala.

Incluso antes de publicarse los datos de empleo de diciembre el viernes pasado, el hecho de que la Fed no anunciara medidas serias contra la inflación generó un notable cambio en las expectativas del mercado, que prevé cinco subidas este año. En mi opinión, esto constituiría un endurecimiento excesivo de la política monetaria, dado que también se espera que la Fed reduzca su abultado balance.

Por su parte, el BCE debería haber dado una idea más clara sobre las subidas de los tipos de interés este año en su reunión de política monetaria de la semana pasada. Los mercados descuentan ya esas subidas. El BCE también reiteró que seguirá una estrategia “gradual” sobre la subida de los tipos sólo después de poner fin a las compras netas de bonos, una medida que reducirá aún más su grado de libertad. Todo esto incrementa la posibilidad de que estos bancos centrales cometan un segundo error de política monetaria en dos años. Cuanto más se retrase la Fed, mayor será el riesgo de que se aplique un fuerte endurecimiento de la política monetaria en verano, lo que asfixiará excesivamente la tan necesaria recuperación económica fuerte, inclusiva y sostenible.

Riesgos

Un riesgo aún mayor es que ese endurecimiento de la política se produzca después de que hayan desaparecido las expectativas inflacionistas, lo que supondría un doble golpe: precios más altos e ingresos más bajos. Esto afectaría especialmente a los segmentos más vulnerables de la población.

La Fed y el BCE han tardado demasiado en corregir su interpretación errónea del aumento de los precios. Las dificultades adicionales que esto plantea se ven ahora agravadas por los retrasos innecesarios en la modificación una política monetaria inexplicablemente súper estimulante. Los dos principales bancos centrales mundiales pueden verse obligados a endurecer excesivamente la política monetaria “para ponerse al día”.

El giro estratégico que seguramente se producirá en los próximos meses corre el riesgo de perjudicar notablemente el día a día de los ciudadanos.


El ‘value’ ha vuelto. Lo que no sabemos es por cuánto tiempo. The Wall Street Journal. James Mackintosh

 

El repunte de los rendimientos de los bonos es una buena noticia para los que pagan dividendos

La inversión en valores, que consiste en comprar acciones que se caracterizan por tener valores bajos en medidas como las ganancias o el valor contable, está resurgiendo de sus cenizas. Hasta el jueves pasado, los grandes valores superaban a los valores ‘growth’ (de crecimiento) más caros, alcanzando la mayor diferencia de cualquier periodo de 50 días desde el estallido de la burbuja tecnológica en los años 2000 y 2001, con la excepción del repunte posterior a la vacuna a principios del año pasado.

La pregunta que se hacen ahora los inversores es si esto indica que lo que ya se veía como una estrategia moribunda está renaciendo de sus cenizas o si no es más que un espasmo que ya se está desvaneciendo con el repunte de los valores tecnológicos.

La respuesta depende en gran medida del papel que desempeñe el aumento de los rendimientos del Tesoro. Los rendimientos de los bonos han subido desde principios de diciembre, a medida que crecían las expectativas de que la Reserva Federal subiría los tipos agresivamente este año para hacer frente a la inflación. Esto coincidió con una caída de los valores ‘growth’, que arrastró al índice Nasdaq al filo de un mercado bajista, con una caída de casi el 20% desde su máximo alcanzado en noviembre.

Algunos interpretan que la subida de los rendimientos ha reventado la burbuja de los valores ‘growth’, haciendo que los inversores dejasen de gandulear y asumir que las grandes tecnologías siempre suben. Para los inversores de valor acérrimos (característica indispensable tras años de malos resultados), este es el momento en que la compra de acciones baratas puede volver a ocupar el lugar que le corresponde como estrategia principal.

Cliff Asness, fundador de la gestora de fondos cuantitativos AQR, opina que es plausible que el aumento de la rentabilidad de los bonos haya sido el factor que ha hecho que cambie la opinión de los inversores acerca de los valores ‘growth’. «Es un catalizador no por razones económicas sólidas, sino porque los catalizadores de estallidos de irracionalidad se deben a la magia del comportamiento y no la economía», argumenta.

A mi parecer, esta explicación funciona para los valores ‘growth’ que son realmente especulativos. Desde principios del año pasado, una serie de criptomonedas, energías limpias, acciones de ‘memes’ y SPAC de precios muy elevados se han ido desinflando, mientras que los rendimientos de los bonos se han disparado. Este año han vuelto a caer cuando los rendimientos se dispararon, y el fondo cotizado Ark Innovation, que contiene muchos valores altamente especulativos, ha caído un 34%, hasta alcanzar un mínimo el pasado viernes. (Al cierre del lunes, había subido un 17% desde ese mínimo).

El vínculo entre el rendimiento de los bonos y los valores ‘growth’ especulativos es, sin duda, muy débil, ya que su precio está dominado por el sentimiento o, como lo llamaba Asness, la «magia del comportamiento», y no por hojas de cálculo del flujo de efectivo descontado.

No cabe duda de que los valores más grandes también pueden estar dominados por el sentimiento, como demuestra la participación de los grandes valores de telecomunicaciones, medios de comunicación y tecnología en la burbuja de las ‘puntocom’ del año 2000. No obstante, en la mayoría de los casos, se da prioridad a las perspectivas de beneficios y al tipo de descuento.

Es en esa tasa de descuento en la que se basa la interpretación alternativa de la razón por la que los valores ‘growth’ se vendieron a la par que subieron los rendimientos de los bonos: las matemáticas. Incluso las empresas muy rentables, como Microsoft, tienen una valoración alta porque se espera que sus beneficios sigan aumentando a un ritmo elevado durante mucho tiempo, y esos beneficios futuros valen más hoy cuando el tipo de descuento, basado en el rendimiento de los bonos, es más bajo. A medida que el tipo de descuento aumenta, esos beneficios futuros deberían valer menos para un inversor.

En el mercado de bonos, este concepto se conoce como la duración de un bono, el tiempo medio que tarda el efectivo de este en alcanzar el precio que se paga por él. Cuanto más tiempo sea, más sensible es el precio a los cambios en el rendimiento. Un ejemplo: el precio de los bonos a 30 años del Tesoro cayó más de un 10%, desde el máximo del 3 de diciembre hasta un mínimo a mediados de enero, a la par que su rendimiento subió solo 0,5 puntos porcentuales, porque el bajo rendimiento significaba que tenía una duración excepcionalmente larga, de 23 años.

Algo similar ha ocurrido este año con las acciones. Cuanto más larga era su duración, más caían, utilizando la rentabilidad por dividendos como indicador de la duración.

Dado que los valores ‘growth’ tienen la mayor duración (los dividendos más bajos) y los ‘value’, la menor (los dividendos más altos), a estos últimos les ha ido de perlas. Como los rendimientos de los bonos han retrocedido un poco, o al menos se ha interrumpido su ascenso, hubo un repunte de los valores ‘growth’.

El problema de esta explicación es que el vínculo entre los rendimientos de los bonos y las ganancias más elevadas de las acciones ‘value’ no es muy fuerte, y cambia con el tiempo. Incluso durante el último año, los rendimientos de los bonos a largo plazo y una medida pura de las acciones ‘value’ solo se movieron a la par alrededor del 30% del tiempo, y esa relación ha sido más débil recientemente.

En parte, esto se debe a que hay otros factores que también importan, entre los que destaca la evaluación del mercado de la fortaleza de la economía, que tiene un gran efecto sobre las acciones ‘value’.

Pero el movimiento de los mercados no solo sigue a la cabeza, sino también al corazón. Asness tiene razón en que el sentimiento es importante, y puede estar volviendo a favorecer al valor, ayudado por las matemáticas. Opino que el rendimiento de los bonos es un factor más importante. Si estoy en lo cierto, el peligro es que la Reserva Federal, la geopolítica o los problemas de suministro hagan retroceder los rendimientos, y la reciente fortaleza del valor se evaporaría.


Buen fin de semana.

Comentario mercado 4 de Febrero del 2022

El mes de Enero, en general, no ha sido un buen mes para los mercados financieros. Las rentabilidades de los bonos de los países core y las expectativas de subidas de tipos de interés aumentaron (el bono alemán a 10 años se puso en positivo por primera vez desde comienzos del 2019), la Fed mantuvo un tono agresivo, las tensiones geopolíticas se avivaron en un enfrentamiento entre Rusia y la OTAN, los diferenciales de crédito se ampliaron, los índices de las bolsas bursátiles cayeron, mientras que los únicos beneficiarios reales fueron el dólar y la energía. Esto ha dejado a la mayoría de los índices de renta fija y de renta variable (S&P 500 -5,26%, Nasdaq -9%, Euro Stoxx 50 -3% a 31 de Enero) en territorio negativo en el primer mes del año.

Este comienzo de mes está siendo muy movido, sobre todo en el mercado de bonos y de divisa, hoy el Bono a 5 años alemán cotiza en territorio positivo por primera vez desde el 2018, después de la comparecencia del Banco Central Europeo de ayer.

                                               Rentabilidad del bono a 5 años alemán desde Enero del 2017.

El precio del petróleo Brent ha subido un 17,3% en Enero (+26,3% en los últimos tres meses) mientras el sector Energía lo ha hecho un +7,2%/+15,5%, siendo el segundo mejor sector del Euro STOXX después del sector bancario.

Los principales catalizadores para la subida del petróleo han sido, las disrupciones de oferta (Nigeria, Libia y Angola -2,5 millones barriles al día, la reducción de producción de la OPEP y las dificultades que estaría teniendo para volver a elevarla. Además tensiones geopolíticas en Ucrania (subida del gas y riesgo de sanciones a Rusia). La fuerte recuperación de la demanda. Así las previsiones de la AIE apuntan a una demanda mundial creciendo en 1,7 millones de barriles diarios en 2022 (4,5 millones en 2021) frente a una oferta 6,1 millones de barriles diarios en 2021 y 2,2 millones en 2022, con lo que el ligero superávit del 1T22 se revertirá en los siguientes trimestres volviendo a presionar los inventarios a la baja. Técnicamente el objetivo de subida se sitúa en 97 dólares el barril.

Un crudo cerca de 100 dólares contribuiría a que la inflación se mantenga alta en el primer semestre del 2022 (5,0% frente al 3,9% esperado por el consenso) y no baje tanto en 2S22 (3,3% vs 2,4% consenso), lo que incrementa la presión sobre el BCE para subir tipos en 4T22.

                                               Precio del petróleo Brent últimos 5 años.

En cuanto a la crisis Rusia-Ucrania esta semana me ha llegado desde AXA IM un gráfico muy interesante en el que se analizan quiénes serían los países más vulnerables en caso de que hubiese un embargo energético a Rusia.

Los diferenciales se ampliaron en consonancia con otros activos de riesgo como la renta variable. De hecho, los diferenciales globales de Grado de Inversión (IG) se ampliaron más que en las caídas de noviembre. Con 109pbs, son los spreads más amplios desde finales de 2020 y un 10% más amplios en lo que va de año. El crédito de mayor calidad (AAA) fue el que peor desempeño tuvo.

Después de la reunión del Banco Central Europeo de ayer el mercado ya espera que los tipos de interés en Europa terminen este año 2022 cerca del 0% desde el -0,50% actual:

Durante el mes de Enero hemos visto como el PIB del cuarto trimestre de 2021 de Estados Unidos superó con creces las expectativas con crecimiento de un 6,8 % intertrimestral anualizado, aunque esto se vio inflado por un aumento de inventario. Posiblemente se revertirá con los datos del primer trimestre de 2022. Por otro lado, la confianza de los consumidores cayó al final de año y las solicitudes semanales de desempleo aumentaron a medida que la variante Omicron pasó factura, aunque la tasa de desempleo se situó por debajo del 4 % en diciembre. La inflación también llegó a un nivel notablemente alto, 7% interanual, y ha demostrado ser menos transitoria de lo que se esperaba hace unos meses.

El crecimiento se derrumbó en Alemania en el cuarto trimestre de 2021, donde el PIB se contrajo un 0,7 % intertrimestral y le afectó la caída del gasto de los consumidores vinculada a la introducción de restricciones para hacer frente a la propagación del virus. La inflación siguió la tendencia mundial y se situó en el 5% para toda Europa. El aumento sobre expectativas de tipos fue beneficioso para el dólar estadounidense, con el euro cotizando por debajo de 1,12 al final de la semana. La debilidad también se sintió en las criptomonedas, ya que el supuesto regreso a una política monetaria más «normal» hizo mella en su atractivo místico. Fue una historia similar para los metales preciosos que también bajaron este mes por razones similares. Sin embargo, los precios de la energía aumentaron, lo que sugiere que, como resultado, llevará más tiempo normalizar la inflación.

Precio Bitcoin últimos 12 meses (Mínimo: 29.865$ Máximo: 67.734$).

La volatilidad de las criptomonedas sigue siendo absolutamente brutal, y las opiniones respecto al tratamiento de las mismas como activos financieros son tan volátiles o variables como su precio… Esta semana Nassim Nicholas Taleb, para mí una de las mentes más brillantes que hay en el mundo, dijo que el “Bitcoin es como una enfermedad contagiosa. Se expande, se expande y su precio se dispara hasta la saturación, es decir, hasta que todos aquellos tan imbéciles para comprar la historia estén invertidos. Esto es la fragilidad máxima”. En su opinión, “no es una moneda, ni un refugio de valor, ni una cobertura contra la inflación, ni una protección contra la tiranía gubernamental o las catástrofes, sino una burbuja frágil” en línea con opiniones de grandes gestores como Buffet o Charlie Munger, que califican las criptomonedas como “veneno de ratas al cuadrado”, “imán para imbéciles” o “el traje nuevo del emperador”. Warren Buffett reconoce que la tecnología blockchain en la que se sostienen las criptomonedas es “importante”. Pero opina que las criptomonedas “no tiene ningún valor único en absoluto, no produce nada. Se compra sólo porque se espera que crezca el grupo de gente al que se lo quieres vender”. Por otro lado la gran gurú de la gestión “growth”, Cathie Wood, y su firma de inversión, Ark Invest, creen que el precio del Bitcoin estará por encima del millón de dólares (1,36 millones de dólares) para el 2030. Yassine Elmandjra, analista de Ark Invest, publicó un informe de perspectivas anuales, Big Ideas 2022. El racional por el que justifican que el precio del Bitcoin vaya a subir de esa manera obedece a que su capitalización «representa una porción de los activos globales y es probable que aumente a medida que los países lo adopten como una moneda de curso legal«. Recientemente, Putin abogó por su regulación y no por prohibir su minería y su utilización tras decantarse el Banco Central de Rusia por la segunda opción. El informe sostiene la valoración de los 1,36 millones de dólares bajo distintos escenarios de uso. Por ejemplo, si la red de remesas del bitcoin supone el 50% del total y crece a una velocidad de 1,5 billones, aportaría alrededor de 0,3 billones de dólares a la capitalización y 14.000 dólares en términos de precio. Además, si consigue hacer de ‘activo refugio’ y acaparar el 50% de la capitalización del mercado del oro, aportaría en torno a 5,5 billones en 2023 o el equivalente a 260.000 dólares en el precio.

La diferencia entre las actuaciones de los bancos centrales ha llevado al diferencial entre la deuda europea y americana a ampliarse todavía más (Bono a 10 años americano 1,80% Bono a 10 años alemán 0,17%), y eso ha llevado al dólar a fortalecerse frente al euro, hasta la reunión de ayer del Banco Central Europeo que luego comentaré.

Tras la reunión de la Fed de la semana pasada el mercado descuenta una progresiva subida de tipos de interés, la presidenta de la FED de Kansas City, Esther George, en su comparecencia de esta semana comentó que «a nadie le interesa tratar de alterar la economía con ajustes inesperados». La jefa de la Fed de San Francisco, Mary Daly, coincide que los movimientos de política «tienen que ser graduales y no disruptivos”.

La revalorización del dólar frente al euro se paró a niveles de 1,11 y de ahí el euro rebotó de nuevo, el escenario de previsiones de consenso de mercado de Bloomberg es que el eurodólar debería cotizar en un rango bastante estrecho en 2022, el consenso de mercado estima que eurodólar cierre el 2022 en 1,14.

Hay riesgos a corto plazo para el euro como las elecciones francesas, la revisión del pacto de estabilidad y crecimiento en la UE que conllevará un endurecimiento de las políticas fiscales, también el inacabable Brexit y las tensiones en Ucrania son factores que pueden penalizar al euro a corto plazo.

La ola de ómicron ha impactado en la actividad en Europa aunque los analistas esperan que la recuperación continúe y que la demanda a nivel global se recupere y empuje al euro al alza (debido a su superávit comercial crónico) a medio plazo. Algo similar pasó durante la segunda mitad de 2020 tras el shock inicial del covid. El Euro pasó del  1.08 hasta niveles por encima del 1.20. 

Importante esta semana:

Lo más importante de la semana fue la reunión del Banco Central Europeo de ayer, como se esperaba el BCE mantuvo la política monetaria inalterada. Si bien Lagarde insistió en que el 50% del repunte de precios se debe a la energíareconoció que los riesgos sobre inflación están sesgados al alza y que existe una preocupación generalizada por las sorpresas al alza en las últimas cifras. En este sentido, el BCE advierte que  la inflación se mantendrá elevada durante más tiempo del previsto pero que retrocederá a lo largo de los próximos 12 meses. Finalmente, Lagarde ratificó que las decisiones futuras dependerán de la evolución de los datos y que utilizarán todas las herramientas disponibles para contenerla.

La conferencia de prensa de Lagarde no fue para nada lo que habían previsto los analistas, la presidenta del Banco Central Europeo dio un giro radical al tono de la institución respecto a la inflación y el nivel de los tipos de interés. Si bien en el comunicado inicial el discurso y las herramientas se mantuvieron inalteradas, tal y como se esperaba, luego todos los pronósticos saltaron por los aires cuando ante los periodistas Lagarde se negó a reiterar con convicción la idea de que es “altamente improbable” que el BCE pueda subir los tipos de interés ya en 2022 como respuesta a la elevada inflación, algo que sí había sostenido en diciembre.

La presidenta aseguró que “la situación ha cambiado” con las últimas sorpresas respecto a la inflación, y que el impacto en el medio plazo se valorará en marzo, cuando el banco central presente sus nuevas proyecciones macroeconómicas.

La inflación en la zona euro se elevó en enero hasta el 5,1%, frente al 5% de diciembre cuando la autoridad monetaria preveía que se situaría 100 puntos básicos por debajo.

Pero la presidenta fue más allá e indicó que existe una “preocupación unánime” en el seno del Consejo de Gobierno respecto a los últimos desarrollos en el campo de la inflación. Además, si bien garantizó que “no se tomarán decisiones apresuradas”, también señaló que “no seremos complacientes”.

Aunque una aceleración en la retirada de los estímulos dependerá del ajuste de las proyecciones que se hagan en marzo, las palabras de Lagarde invitaron a pensar que ese movimiento será inevitablemente al alza: “Nos estamos acercando mucho más al objetivo de inflación a medio plazo”, aseguró.

“En cuanto se alcancen los criterios para hacerlo actuaremos, porque es nuestro deber”, sentenció Lagarde en lo que se considera una auténtica victoria para los halcones de la institución, nombre bajo el que se conoce a los miembros menos afines a los estímulos monetarios.

El giro brusco en el tono y la valoración de la inflación de Lagarde dejó a los inversores sumidos en la confusión, porque pese a ese discurso, Lagarde señaló que el alza de precios es transitoria y descenderá en la segunda mitad del año. Resaltó el peso que está teniendo la energía en los elevados números de los últimos meses y que subir los tipos no corrige ese shock.

Lagarde también reconoció que, de momento, la presión por parte de los salarios a la inflación siguen sin aparecer, una condición que el economista jefe de la institución, Philip Lane, ha señalado como indispensable para comenzar a contraer la política monetaria.

La presidenta terminó de confundir a los mercados al señalar que la situación en Reino Unido y Estados Unidos, donde los bancos centrales ya suben tipos o se preparan para ello, es muy diferente a la que vive el euro. La reacción de los mercados llegó en tromba, con los inversores azorados y descontando subidas de tipos ya incluso para junio, una fecha totalmente descartada dado que el BCE todavía estará desarrollando para entonces sus programas de compras de deuda. Y Lagarde sí hizo hincapié en que el BCE mantendrá la secuencia de retirada de estímulos, es decir, que terminará de retirar las compras de deuda antes de subir tipos.

Así, el Programa de Compras de Emergencia Pandémica (PEPP), acabará en marzo, fecha a partir de la cual el plan tradicional de compras (APP) se conducirá a un ritmo de 40.000 millones al mes. En el tercer trimestre, el ritmo bajaría hasta los 30.000 millones y en el último, hasta los 20.000 millones.

Es precisamente sobre este instrumento sobre el que los expertos ponen el foco ahora. Tras las palabras de Lagarde, el consenso de analistas apunta a que se acelerará el ritmo de retirada de las compras con la posibilidad de dejar de adquirir deuda entre el tercer y el cuarto trimestre del año.

Eso llevaría a la posibilidad de subir tipos en diciembre de este año o en el primer trimestre de 2023.

La propia presidenta, sin anunciar nada concreto, sí anticipó por dónde irán los tiros en las compras al señalar que “determinaremos en marzo el ritmo, la velocidad y las cantidades que aplicaremos al resto de 2022”, adelantando un cambio.

El eurodólar se fue del 1,1267 antes de la conferencia del Banco Central Europeo al 1,1456 actual:

Y el bono a 10 años alemán (Bund) se fue del 0,06% previo a la conferencia de Lagarde al 0,1583 actual:

Ayer también se conoció la decisión del Banco de Inglaterra de subir hasta el 0,50% su tipo oficial. Lo más sorprendente fue saber que cuatro de los nueve miembros del Comité habían abogado por una subida del 0,75% como medida de choque para contener la inflación.

Putin elevaba esta semana el tono y amenaza con la guerra si Ucrania entra en la OTAN. El mandatario ruso ha advertido que en los planes de Ucrania está la recuperación de Crimea por la vía militar, justificando el inicio de la guerra contra la OTAN si Ucrania entra a formar parte de la organización. Las declaraciones fueron hechas en una rueda de prensa con Orban, donde el primer ministro húngaro ha mostrado su cercanía con Rusia, rebajando la tensión («nadie en la UE quiere la guerra») y señalando que es posible llegar a un acuerdo que garantice tanto la seguridad de Rusia como los intereses de la OTAN. La amistad con Rusia ha proporcionado a Hungría un contrato de gas con Gazprom hasta 2036, motivo por el cual cuentan con los precios más bajos de Europa.

El crecimiento se modera en la última parte del año pasado en la zona euro. El incremento de los contagios y la menor movilidad que conllevó, frenaron la actividad de la región en el 4T, donde el avance del PIB se moderó hasta el +0,3% trimestral desde el +2,3% del trimestre anterior. Con este resultado, cabe destacar que la economía de la eurozona recupera su nivel pre-COVID (4T 2019). En términos de crecimiento interanual, el ritmo de avance de la economía de la zona euro se situó en el +4,6% desde el +3,9% anterior y cierra el 2021 con un promedio de crecimiento del 5,2%, tras el desplome del 6,5% de 2020. Por países el comportamiento fue dispar: Francia creció un +0,7% trimestral, Italia un +0,6% y destacó España al avanzar un +2%. Por su parte, Alemania decepcionó en el 4T al retroceder un -0,7% trimestral, tras crecer un +1,7% en el trimestre anterior y todavía está casi un 1,2% por debajo de su nivel precrisis. En balance, el crecimiento alemán fue un modesto 2,8% en 2021, tras el –4,9% de 2020.

Se publicó el miércoles los datos de inflación de Europa, la inflación interanual en la eurozona subió una décima en enero, hasta el 5,1%, de acuerdo con las cifras que publicó la oficina estadística comunitaria, Eurostat, máximo de la serie histórica. Y, además, cada vez va quedando más claro que la energía no es el único problema de los precios, ya que los alimentos sin procesar ya suben a un ritmo del 5,2% anual, al tiempo que la subida de la factura de la luz se empieza a filtrar hacia los bienes industriales y determinados servicios.

Esto supone una mala noticia. En primer lugar, una subida de los precios afecta a la demanda interna, lo que reduce la fuerza de la recuperación. Si esta subida de precios se mantuviera a lo largo del año, el consumo en la eurozona se vería mermado en más de 300.000 millones de euros. Y eso supone un problema, porque esta área es el principal destino de las exportaciones españolas, de donde se ingresan seis de cada diez euros en ventas internacionales. Pero a esto hay que sumar un efecto añadido: la inflación diferencial con otros países. “Si todos los países tuviéramos la misma inflación, no habría pérdida de competitividad. pero no es el caso”, explica Leticia Poole, profesora de Economía y Empresa de la Universidad Europea de Valencia, que señala que “Francia o Portugal tienen la mitad de inflación que España, y también Alemania e Italia están por debajo de las cifras españolas. Hemos perdido posición competitiva en todos nuestros grandes mercados”. Esto se debe, en buena medida, a que el sistema eléctrico de países como Francia es mucho más competitivo debido a la elevada presencia de centrales nucleares, lo que a su vez frena la escalada de los precios industriales y alivia los márgenes de las empresas.

El bono a 10 años alemán cerraba ayer en  niveles del 0,14% de TIR (0,18% actual), mientras que el 10 años holandés ya está por encima del 0,32% de TIR cuando ambos, hace apenas pocos días, cotizaban todavía en terreno negativo. Comportamiento parecido en los bonos periféricos, que continuaban subiendo en rendimiento hasta el 1,90% de TIR en el caso del bono griego, o el 1,43% en el 10 años italiano. Las expectativas con respecto a lo que pueda hacer el BCE tras este dato de inflación se están moviendo al alza, y estamos viendo cómo el mercado está pasando de descontar una subida de un +0,1% en los tipos de interés a final de año a una subida de un +0,25%.

                               Rentabilidad Bono Alemán a 10 años desde Enero del 2017.    

Rentabilidad Bono Holandés a 10 años desde Enero del 2017.


En España la inflación frenó su fuerte escalada en enero pero se mantiene en cotas muy elevadas. En concreto, la tasa de inflación general se moderó hasta el +6% interanual en enero (vs. +6,5% en diciembre) según el dato preliminar del INE, frenando así la tendencia alcista de los últimos meses. Sin embargo, esta moderación se debe al efecto base provocado por las subidas del precio de la electricidad en enero 2021, mientras que por el lado de la inflación subyacente continúa el repunte acelerado de los precios: en enero esta tasa alcanzó un crecimiento del +2,4% (vs. +2,1% en diciembre). Este ascenso indica que las elevadas tasas de inflación se están extendiendo a los demás componentes de la cesta de consumo

En el lado microeconómico la presentación de resultados del 4T21 de los bancos está siendo muy positivo, el sector bancario español deja atrás las pérdidas registradas por la pandemia y encara el futuro con más optimismo. Las seis principales entidades españolas (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Unicaja y Bankinter) obtuvieron un beneficio recurrente, sin tener en cuenta los extraordinarios sobre todo por las fusiones entre CaixaBank y Bankia y entre Unicaja y Liberbank, y por la venta de la filial de Estados Unidos de BBVA, de 16.240 millones de euros, frente a las pérdidas de 5.673 millones contabilizadas en 2020, cuando Santander declaró unos números rojos históricos de 8.771 millones.

La gran diferencia entre un ejercicio y otro se dio en la línea de la cuenta que refleja las provisiones. De media, los grandes bancos redujeron un 44% el nivel de dotaciones ante la mejora de las previsiones económicas. CaixaBank fue la entidad que más las redujo: un 67,5%. De momento, los bancos se mantienen prudentes y no liberarán las provisiones extra por el Covid en España. Santander, por ejemplo, con un perfil más internacional, liberó unos 750 millones, en la parte baja de la horquilla prevista y que se concentró en Estados Unidos y Reino Unido.

El descenso de las provisiones afloraron parte de la rentabilidad del negocio bancario y la mayoría de las grandes entidades españolas cubre el coste del capital o está cerca de hacerlo.

La rentabilidad sobre patrimonio tangible, conocida como Rote y de referencia en los planes estratégicos, se situó en un media superior al 8%. Sabadell dio un salto de cinco puntos porcentuales, hasta alcanzar una Rote del 5%, y anticipó su objetivo del 6% de 2023 a este año.

Las ganancias recurrentes se impulsaron, como viene siendo habitual en los últimos trimestres, en los ingresos por comisiones, sobre todo generados por la comercialización de fondos de inversión y seguros. BBVA, Bankinter y Unicaja destacaron sobre el resto de competidores, con un aumento de doble dígito en esta partida.

La actividad comercial se acerca a niveles pre-Covid, gracias al impulso de las nuevas hipotecas y la reactivación del crédito al consumo. Pero el margen de interés, que mide los ingresos típicos, sigue sufriendo mientras los ejecutivos bancarios ven más cerca la subida de tipos de interés en Europa. Bankinter despuntó sobre el resto de entidades, con un crecimiento del 5,2% en el margen de interés.

Los equipos directivos de los principales bancos españoles ven el futuro con optimismo, con la morosidad media contenida en el 3,3%, niveles similares a los del año pasado, y sin excesiva preocupación por el repunte esperado en el segundo trimestre del año, cuando expiran las carencias de los préstamos ICO

Putin y Xi Jinping se reúnen hoy para trazar una estrategia común. Ambos mandatarios se reunirán en persona por primera vez en más de dos años en la previa de la inauguración de los JJOO de invierno. El foco va a estar en saber si Putin conseguirá el compromiso de China en su confrontación con la OTAN y Estados Unidos, aunque también tratarán de estrechar lazos en materia energética y financiera. Sobre la mesa está la posibilidad de la construcción de un nuevo gaseoducto entre ambos países que cruce Mongolia, aunque por el momento ya han acordado elevar el flujo de gas hasta duplicar las exportaciones rusas a China. Además, también tratarán el papel del dólar como moneda de reserva internacional y la necesidad de reducir esa dependencia.

En Gran Bretaña el gobierno de Johnson se desmorona. Cuatro asesores del Primer Ministro han dimitido tras el episodio de las “fiestas del covid”, entre ellos, el director de Comunicación, el jefe de personal y su asesora de Estrategia Política. La revelación de las reuniones de Johnson durante el primer confinamiento ha desplomado la popularidad del ejecutivo, siendo ya 12 los diputados conservadores que piden su dimisión.


Menudo mes de enero; y empieza el año del tigre… Pablo García. Director de Divacns-AlphaValue.

El pasado mes de enero ha sido trepidante. Los datos de crecimiento son sólidos, aunque se están revisando a la baja (v.gr. FMI). Pero la crisis energética (espoleada por una, esperemos, efímera crisis en la frontera de Ucrania) y los persistentes problemas logísticos, están llevando las tasas de inflación a cotas insostenibles (EEUU podría marcar en enero un IPC del +7,3% anual, tras el +7% en diciembre). El ciclo de tipos pondrá su punto de inflexión en EEUU con la primera subida de los tipos de la Fed en la reunión de marzo, que incluso no se descarta que pueda ser de 50 puntos básicos. Además, para el próximo mes tendremos la finalización del tapering y comenzará también a reducirse el balance de la Reserva Federal. Pero, ¿qué ocurre en Europa? La señora Lagarde no da su brazo a torcer, manteniendo el calificativo de “temporal” a las elevadas subidas de la inflación en la eurozona, destacando los casos de España o Alemania (mucho más comedida en Francia o Italia). Incluso su lugarteniente, Luis de Guindos, ya ha claudicado hablando de una subida de precios más persistente de lo esperado.

¿A qué teme Christine Lagarde? Francamente creo que a un credit crunch o crisis crediticia. Las economías domésticas, empresas y entidades públicas, están muy endeudadas debido al easy money, tras años de políticas monetarias ultra expansivas. Los tipos reales (descontando la inflación) son históricamente bajos e insostenibles. La curva de tipos está cogiendo pendiente de forma evidente (el bund acaba de ponerse en rentabilidades positivas) y el camino parece indefectible.

Además, el BCE está más apalancado incluso que la Fed en términos relativos de PIB. En algún momento, la presidenta de la autoridad monetaria de la eurozona tendrá que reconocer que la inflación actual no cuadra con mantener los tipos al 0%.

Lagarde teme a subir tipos demasiado rápido y frenar el crecimiento, aunque eso cueste pérdida de competitividad por la inflación y, mientras el dólar no se aprecie demasiado, aguanta poniendo velas a santas Justa y Rufina. En los pensamientos de Lagarde deben estar circulando los fantasmas de subidas rápidas de tipos que generen incrementos de mora, restricción del acceso al crédito, suspensiones de pagos por doquier… Pues eso, una crisis crediticia que acerque el miedo a la estanflación (paro más estancamiento más inflación). Así que patata caliente para el año chino del tigre.

Mientras tanto, los inversores han hecho sus claras apuestas de vencedores y vencidos. Respecto a la renta variable, el outperformance del Euro Stoxx 50 (índice más financiero) vs S&P 500 (gran peso de tecnológicas) es relevante. En el DJStoxx 600 europeo vemos una clara dicotomía entre la positiva evolución de bancos, seguros, metales, minas y petróleo, respecto a una empinada cuesta de enero para los sectores de tecnología, industrial, alimentación, bebidas, salud o químicas. Y es que la divergencia se está ampliando y no parece que vaya a remitir en el corto plazo. Así que cuidado con la selección de sectores y valores. Nuestras apuestas son claras y mantenemos nuestro gusto por financieras y cíclicos pesados.

Respecto a las valoraciones, todo parece un galimatías. Mientras que los resultados que se están conociendo del cuarto trimestre de 2021 no están disipando las dudas, tampoco están tumbando las expectativas.

El mercado estará caro o barato en función de que se cumplan unas estimaciones de beneficio por acción (BPA) que tienen una exigente base comparable en el ejercicio 2021 (Divacons-AlphaValue estima para Europa un BPA 2021/20, creciendo un 84,2%, pero para 2022/21 de tan sólo el +6,44%, lo cual nos lleva actualmente a un PER 2022 de 15,5veces).


La inflación afectará tanto a las acciones como a los bonos. Nouriel Roubini. Profesor emérito de la Escuela de Negocios Stern en la Universidad de Nueva York y economista jefe de Atlas Capital Team

La creciente inflación en Estados Unidos y en todo el mundo está obligando a los inversores a evaluar los posibles efectos tanto en los activos de riesgo (generalmente acciones) como en los activos “seguros” (como los bonos del Tesoro de Estados Unidos). El consejo de inversión tradicional es asignar fondos según la regla de 60/40: 60% de la cartera debería estar en acciones de más alto retorno pero más volátiles y el 40% en bonos de menor retorno y menos volatilidad. El razonamiento es que los precios de las acciones y los bonos por lo general están correlacionados negativamente (cuando uno sube, el otro baja), de manera que esta combinación equilibrará los riesgos y retornos de una cartera.

Durante un “período de riesgo”, cuando los inversores son optimistas, los precios de las acciones y los rendimientos de los bonos aumentarán, mientras que los precios de los bonos caerán, lo que resultará en una pérdida de mercado para los bonos; y durante un período sin riesgo, cuando los inversores son pesimistas, los precios y los rendimientos seguirán un patrón inverso. De la misma manera, cuando la economía está en auge, los precios de las acciones y los rendimientos de los bonos tienden a subir y los precios de los bonos caen, mientras que, en una recesión, sucede lo contrario.

Pero la correlación negativa entre los precios de las acciones y los bonos presupone una inflación baja. Cuando la inflación sube, los retornos sobre los bonos se vuelven negativos, porque los rendimientos en alza, liderados por las expectativas de inflación más altas, reducirán su precio de mercado. Consideremos que cualquier incremento de 100 puntos básicos en los rendimientos de los bonos a largo plazo conduce a una caída del 10% en el precio de mercado –una pérdida importante–. Debido a la mayor inflación y a las expectativas de inflación, los rendimientos de los bonos han aumentado y el retorno general sobre los bonos a largo plazo alcanzó el -5% en 2021.

Mercado alcista prolongado

En las últimas tres décadas, los bonos han ofrecido un retorno anual general negativo sólo en unas pocas oportunidades. La caída de las tasas de inflación de niveles de dos dígitos a niveles de un solo dígito muy bajo produjo un mercado alcista prolongado en bonos; los rendimientos cayeron y los retornos sobre los bonos eran altamente positivos ya que su precio aumentaba. Los últimos 30 años, en consecuencia, han contrastado marcadamente con los años 1970 estanflacionarios, cuando los rendimientos de los bonos se dispararon junto con la inflación más elevada, lo que condujo a inmensas pérdidas de mercado para los bonos.

Pero la inflación también es mala para las acciones, porque genera tasas de interés más altas –tanto en términos nominales como reales–. En tanto la inflación sube, la correlación entre los precios de las acciones y los bonos pasa de negativa a positiva. Una inflación más alta lleva a pérdidas tanto en las acciones como en los bonos, como sucedió en la década de 1970. En 1982, el ratio precios-ganancias del S&P 500 era de 8, mientras que hoy está por encima de 30.

Ejemplos más recientes también demuestran que las acciones se ven afectadas cuando los rendimientos de los bonos aumentan en respuesta a una mayor inflación o a la expectativa de que una inflación más alta conduzca a un ajuste de la política monetaria. Ni siquiera las acciones tecnológicas y de crecimiento tan elogiadas son inmunes a un aumento en las tasas de interés de largo plazo, porque estos son activos de “larga duración” cuyos dividendos están más en el futuro, lo que los torna más sensibles a un mayor factor de descuento (rendimientos de bonos de largo plazo). En septiembre de 2021, cuando los rendimientos de los títulos del Tesoro estadounidense a diez años aumentaron apenas 22 puntos básicos, las acciones cayeron entre un 5% y un 7% (y la caída fue mayor en el Nasdaq, con un alto componente tecnológico, que en el S&P 500).

Este patrón se ha extendido a 2022. Un incremento modesto de 30 puntos básicos en los rendimientos de los bonos ha provocado una corrección (cuando la capitalización total de mercado cae por lo menos el 10%) en el Nasdaq y una casi corrección en el S&P 500. Si la inflación se mantuviera muy por encima de la tasa objetivo del 2% de la Reserva Federal –aún si cae modestamente de sus niveles altos de hoy–, los rendimientos de los bonos a largo plazo subirían mucho más, y los precios de las acciones podrían terminar en terreno bajista (caída del 20% o más).

Más concretamente, si la inflación sigue siendo más alta de lo que fue en las últimas décadas (la “Gran Moderación”), una cartera de 60/40 provocaría pérdidas masivas. La tarea para los inversores, por tanto, es encontrar otra manera de proteger el 40% de su cartera que está en bonos.

Proteger la renta fija

Existen por lo menos tres opciones para proteger el componente de renta fija de una cartera 60/40. La primera es invertir en bonos indexados por inflación o en bonos gubernamentales de corto plazo cuyos rendimientos se revalorizan rápidamente en respuesta a una mayor inflación. La segunda opción es invertir en oro y otros metales preciosos cuyos precios tienden a aumentar cuando la inflación es más alta (el oro también es una buena protección contra los tipos de riesgos políticos y geopolíticos que pueden afectar al mundo en los próximos años). Por último, se puede invertir en activos reales con una oferta relativamente limitada, como son los terrenos, inmuebles e infraestructuras.

La combinación óptima de bonos de corto plazo, oro e inmuebles cambiará con el tiempo y de maneras complejas dependiendo de las condiciones macro, de políticas y de mercado. Es cierto, algunos analistas sostienen que el petróleo y la energía –junto con otras materias primas– también pueden ser un buen refugio contra la inflación. Pero esta cuestión es compleja.

En los años 1970, fueron los precios del petróleo más altos los que causaron inflación, no al revés. Y dada la presión actual para abandonar el petróleo y los combustibles fósiles, la demanda en esos sectores puede alcanzar un pico pronto.

Si bien se puede debatir cuál es la combinación correcta de una cartera, está claro que los fondos de riqueza soberana, los fondos de pensión, los fideicomisos, las fundaciones, las empresas familiares y los individuos que siguen la regla de 60/40 deberían empezar a pensar en diversificar sus carteras para protegerse de la creciente inflación.


Buen fin de semana.

Comentario mercado viernes 21 de Enero del 2022

Termina la semana marcada por la incertidumbre en dos frentes, la Fed y su reunión de la semana que viene, y la tensión geopolítica en el frente entre Rusia y Ucrania. Por una parte, no podemos dejar de vigilar el conflicto Ruso-Ucraniano.

Ayer Biden decía que Rusia  “pagará un alto precio” si alguna de sus fuerzas cruza la frontera hacia Ucrania…después de sugerir anteriormente que los aliados occidentales podrían tener dificultades para reaccionar ante un ataque a pequeña escala.  Todo esto, un día antes de que el principal diplomático americano se reúna con el ministro de relaciones exteriores de Rusia en Ginebra.  Biden dijo el jueves que emitió claras advertencias a Putin, que ya ha acumulado alrededor de 100.000 soldados en la frontera a pesar de negar cualquier plan de ataque. Esta mañana ha comentado Lavrov (el diplomático ruso), que Rusia no tiene planeado un ataque a Ucrania

El 2022 ha empezado con un comportamiento dispar en bolsas favoreciendo a los Emergentes, a Europa y al cíclico value frente a los desarrollados, Estados Unidos y sectores growth, el Nasdaq lleva una caída en lo que llevamos del año de un 10%, ayer presentó resultados del 4T21 Netflix, y decepcionó ligeramente en número de suscriptores a lo que esperaba el mercado (ha sumado 8,3 millones de nuevos suscriptores en el 4T21 frente a los 8,5 millones que esperaba la propia compañía, además prevén sólo alcanzar para el 1T22 un crecimiento de 2,5 millones de suscriptores, cuando el año pasado sumó 4 millones en el 2T21), y está cayendo un 20% en pre-market, ayer Peloton, el fabricante de bicicletas estáticas, comunicó que había paralizado temporalmente su principal fábrica por el descenso en el número de pedido, y cayó un 23%… estos movimientos pueden ser temporales, como recogida de beneficios de muchos inversores que durante el 2020 y el 2021 ganaron mucho dinero en estas compañías tecnológicas y en sectores “growth” o puede deberse a un cambio de tendencia impulsado por esa inflación que parece ya no ser tan transitoria como parecía... El brusco reajuste de expectativas de inflación y de tipos se ha traducido en repuntes de tipos de interés en el tramo largo de la curva de deuda soberana. Tras estos movimientos seguimos viendo mayor aplanamiento de la pendiente 2-10 años en Estados Unidos al no tener recogido el 2 años las subidas de tipos esperadas por parte de la Fed, con unos futuros que ya descuentan 4 subidas en 2022.

Con un balance cercano a los 9 billones de dólares la Fed plantea su reducción posiblemente a partir del segundo semestre del 2022 lo que podría suponer un tensionamiento adicional de los tipos de interés del 1% aproximadamente hasta finales de 2023 y, a medio plazo, más presión a la baja tanto para la TIR real (tras un repunte transitorio) como para la pendiente. Así, la reducción de balance es uno de los mayores elementos de riesgo para las bolsas de cara a 2022 por el impacto en la liquidez de los mercados. En 2018 ya provocó caídas de hasta el -20% en el S&P 500. Por otro lado, el progresivo aplanamiento de la pendiente 2-10 años no es negativo para las bolsas a corto plazo pero aumentaría el nerviosismo a medida que se aproxime a cero.

                Curva deuda americana 2-10 años últimos 12 meses (bono a 2 años 1,06% a 10 años 1,90%).

A poco más de una semana de la reunión de la Fed el próximo 26 de enero, los mercados han empezado a asumir una senda de subidas de tipos de interés más intensa de lo proyectado en su anterior reunión. Una vez que el tapering finalice el próximo mes de marzo, el mercado prevé una primera subida inmediata, y hasta cuatro en el conjunto de 2022. No se esperan nuevas  decisiones en el próximo comité, pero no se puede descartar alguna señal clara de la Fed sobre las futuras subidas de tipos. En las últimas semanas los mensajes de diversos miembros del FOMC han señalado la necesidad de una mayor normalización de la política monetaria para hacer frente a la elevada inflación, lo que ha llevado la rentabilidad del bono a 10 años estadounidense a sus niveles máximos de 2021 en torno a un 1,78%.

Según las previsiones de la OCDE, en Estados Unidos deberíamos ver una normalización del crecimiento desacelerando hasta el 4% aproximadamente. El fin de la extraordinaria política fiscal debería empezar a notarse, aunque se debería compensar, al menos en parte, con la necesaria reconstrucción de los inventarios, con el fuerte crecimiento de la demanda y la falta de una oferta funcional, los inventarios de muchas industrias se han agotado. Cuando las cadenas de suministro se recuperen y vayan colmando la demanda insatisfecha, veremos a las empresas acumular inventarios para evitar que el episodio

se repita si llega otra variante del COVID.

En Europa el crecimiento solo debería desacelerar muy ligeramente hasta llegar a niveles del cuarto trimestre de 2019 a finales de año y cerrar 2022 por encima del 4%, probablemente por encima del de Estados Unidos. El motivo de que nuestro crecimiento sea más sólido que en otras áreas del mundo es que es ahora cuando están empezando a llegar los fondos del Plan de Recuperación de la Unión Europea, y además no hay mucha voluntad de ajustar los déficits tanto como se podría con estos niveles de crecimiento, especialmente ahora que en Alemania gobierna una coalición menos austera que lo que era la de Merkel.

Estas semanas continúa la presentación de resultados del 4T21 y del año 2021 completo. El 4T de 2021 va a marcar el último trimestre con tasas de crecimiento excepcionalmente elevadas que se inició en el 1T de 2021 tras la recesión de beneficios de 2020. A partir del 1T de 2022 las tasas de crecimiento se van a desacelerar de respectivamente en los tres primeros trimestres de 2022. De acuerdo con las previsiones del consenso de analistas, sin embargo, esta desaceleración no sería la antesala de un fin del ciclo de crecimiento, sino consecuencia de una comparativa beneficios de 2021.  A partir del 4T de 2022 el crecimiento se volvería a acelerar a tasas de en torno al 10% anual, que se mantendrían a lo largo de 2023.

En el cuarto trimestre del 2021 la tasa estimada actualmente de crecimiento de los beneficios es de un 21,7%. Sería el cuarto trimestre consecutivo de crecimiento interanual superior al 20%. El 30 de septiembre, se proyectaba un crecimiento de un 20,9%, lo que refleja que en conjunto las previsiones se han mantenido estables a lo largo del trimestre.

Hasta ahora 56 compañías del S&P 500 han revisado a la baja su previsión de ingresos (guidance) y 37 al alza. Representa la primera vez desde el 2T de 2020 en que hay mayores revisiones a la baja que al alza.

De las 20 compañías del S&P 500 que han publicado resultados del 4T21, 15 han superado las previsiones de beneficios y 18 las de ingresos.

A pesar de los mayores anuncios negativos, las estimaciones en el 4T se han revisado ligeramente al alza en los tres últimos meses. La previsión de crecimiento de los beneficios para el S&P 500 en el 4T es actualmente de un 21,7%, frente al 20,9% que se estimaba al inicio del trimestre (30 de septiembre). A nivel sectorial, nueve de los once sectores proyectan crecimiento positivo en el trimestre, liderados por los de Energía, Materiales e Industria.

Continúa la presión al alza de las rentabilidades de los bonos soberanos ante el temor a la elevada inflación que obligue a los bancos centrales, especialmente a la Fed, a acelerar el ritmo de retirada de sus estímulos monetarios. Una encuesta realizada por Reuters sobre la evolución de los datos de inflación en la Zona Euro, plantea una media del 4.6% en el 1T22 y del 3.7% en el 2T22.

Gráfico Yield Bono a 2 años americano desde el 2017.

El Bund (Bono a 10 años alemán) ha llegado a cotizar en positivo por primera vez desde mayo del 2019 a 0,012% esta semana (19 de Enero)

A esos temores a una inflación al alza durante más tiempo del esperado está contribuyendo esta semana el precio del petróleo Brent marcando máximos de 2014 (88 dólares el barril), +30% desde principios de diciembre, aupado por las expectativas de una sólida demanda (menor impacto de Ómicron del inicialmente estimado) y aumento del riesgo geopolítico (ataque con drones a Emiratos Árabes Unidos, el tercer mayor productor de la OPEP, situación de Rusia-Ucrania).

Precio del Brent en máximos desde el 2014 (87,72$).

Como decía al comienzo del email, la tensión entre Rusia y Ucrania se ha incrementado notablemente en las últimas semanas hasta el punto de no poder descartarse una acción militar por parte de Rusia para apoyar a las provincias separatistas del este y asegurar un mejor acceso a Crimea. Los principales analistas descartan una intervención de Estados Unidos o de la OTAN.

De momento el impacto de la incertidumbre geopolítica ha sido muy local (bolsa, mercados de deuda y divisa de Rusia y Ucrania). La capacidad para imponer sanciones a Rusia por parte de Estados Unidos es relativamente limitada (con impacto reducido en algunos inversores en emergentes). El riesgo de un efecto económico más relevante estaría en el gas, no obstante, cabe destacar que en ningún momento durante toda la guerra fría Rusia dejó de atender sus compromisos de suministro de gas con Europa (dependencia mutua).

Para las cinco principales economías de Europa los costes energéticos de las familias del IPC se mantendrán sin cambios según Bloombegr Economics que no esperan una caída en los próximos meses, incluso prevén que en Reino Unido suban un 50%. Este análisis refleja cómo la región está afrontando el conflicto gasista de Rusia.

Según los analistas de Julius Bär la rotación del growth al value, aunque intensa, debería ser breve. Creen que la inflación está tocando máximo y que, como muestran los últimos datos de ventas minoristas, el “boom” de consumo ha pasado ya en Estados Unidos una vez dejan de sentirse los efectos de las fuertes paquetes de estímulo fiscal. A medida que esto ocurre, la presión sobre la Reserva Federal para subir tipos de interés disminuiría y mucho de lo que está poniendo en precio el mercado resultará excesivo. Para que continuase la rotación sería necesario que el tipo de interés a 10 años siguiera subiendo hasta niveles de 2.5%-3% y la estimación de Julius Bär a 12 meses es que se quede en el 2.05%.

Una vez que las economías son capaces de crecer sin necesidad de ayudas extraordinarias (estímulos cuantitativos) es necesario y deseable que se ponga en precio una normalización de las curvas de tipos de interés (subidas de los plazos largos de las curvas de tipos de interés). Dicha normalización ya ha ocurrido en gran medida y, por tanto, la rotación debería perder fuerza. Julius Bär cree que la parte del “value” que más se beneficia de la normalización de las curvas de tipos de interés serán los sectores financieros, pequeñas compañías y por países Italia y Francia. Piensan que las materias primas ya han visto máximos de ciclo y son algo negativos con el sector.

La menor liquidez en el mercado, provocada por la disminución del ritmo de las compras por parte de los Bancos Centrales, siempre iba a traer más volatilidad. 

VALUE (EUROPE) / STOXX 600

MSCI EUROPE GROWTH / MSCI EUROPE VALUE

Muy interesante el informe semanal de flujos de Kepler Chevreux, pese al movimiento de tipos reales sigue entrando dinero en Renta Variable (+20 billones de dólares) especialmente en mercados emergentes (+$6,8 billones, +$5,4bn en CHINA EQUITY ETFs y +1,4bn en Emerging Markets ETFs). Desde Agosto hemos tenido flujos de entrada (compras) en Bolsas emergentes en todas las semanas salvo una (agregado desde Agosto +63 billones de dólares!!). En Europa empieza entra dinero (+$1,7 billones, veremos si es tendencia en las próximas semanas) y en Japón sale dinero (-$280 millones) por quinta semana consecutiva.

Una señal de complacencia en el mercado es que el índice Bull-Bears (Alcistas frente a bajistas) está cerca de mínimos del año. Puede ser uno de los motivos de las correcciones de las Bolsas americanas.

AAII Bulls – Bears

Los fondos cambian tecnología y liquidez por banca y ‘commodities’ según un informe de Bank of America Merrill Lynch.

Los inversores huyen de las tecnológicas y apuestan por carteras de inversión de mucho mayor riesgo. La apuesta de los grandes gestores de fondos en valores tecnológicos está en mínimos desde 2008, según muestra la última encuesta a gestores de fondos, elaborada por Bank of America. 

En el último mes, los grandes inversores han rebajado el nivel de liquidez en cartera. Aunque lo cierto es que el recorte ha sido ligero, y sigue moviéndose en niveles altos, han aprovechado para elevar su exposición a sectores muy cíclicos

La liquidez está yendo hacia las bolsas y, sobre todo, hacia las materias primas. De hecho, la inversión en commodities está en máximos históricos. Y los inversores profesionales no estaban tan sobreponderados en renta variable respecto a renta fija desde febrero de 2011. 

La rotación no es nueva. Y lleva produciéndose desde hace meses, pero en enero se ha intensificado. Por temáticas, los gestores se mueven de todo lo defensivo hacia el riesgo. Según Bank of America, van de las tecnológicas a los bancos. Del crédito a las materias primas. Del growth al value

La razón es sencilla de explicar. La deuda, los mercados emergentes y la tecnología son los activos que se pueden ver más perjudicados por las subidas de tipos. Y la política monetaria es el gran motor de acción de los grandes inversores este mes. 

Los gestores están preparando la cartera para más subidas de tipos en Estados Unidos de las que preveían hace tan solo un mes. Mientras que a finales de 2021, los inversores esperaban dos subidas del precio del dinero durante este año, la última encuesta sugiere, como hemos comentado antes, que ahora esperan que la Reserva Federal mueva los tipos hasta en tres ocasiones durante 2022 (el mayor número desde 2018). Incluso se ha disparado el número de gestores que cree que podrían producirse hasta cuatro alzas de tipos durante este año (ha pasado desde el 3%, hasta el 20%). 

Las previsiones sobre las decisiones de la Fed han rebajado el miedo de los grandes inversores ante el repunte de la inflación. La preocupación persiste, pero ahora, creen que la reacción de la Fed será suficiente. Así, la mitad de los inversores profesionales internaciones cree que el alza de los precios está cerca de su máximo y el IPC, preparado para moderar su alza y comenzar a caer. 

Las perspectivas sobre el crecimiento de la economía global se habían enfriado en los últimos meses, sobre todo en diciembre con la aparición de una nueva variante de coronavirus, Ómicron. 

Pero en solo unas semanas, la confianza sobre una mejora de las economías también ha repuntado. Según la encuesta de Bank of America, la mayoría de los gestores confía en un crecimiento estable para los próximos 12 meses, mientras que ahora tan sólo el 7% ve posible una recesión en este tiempo

Europa sigue siendo la región favorita de los gestores. Y la Bolsa europea, de los inversores. El porcentaje de gestores que cree que el rally de las Bolsas europeas se extenderá hasta el cuarto trimestre del año crece desde el 28% el mes pasado, hasta el 39%.

Dentro de Europa, Alemania se sitúa como el destino preferido para inversores, un 22% de ellos apuesta por este mercado. España es el segundo país más infraponderado, tras Suiza.

Importante esta semana:

Ayer se publicó el dato de inflación de la Eurozona de Diciembre que demostraron que los precios en Europa suben un 5% anual.

Hace poco más de un año, los grandes analistas apostaban por una fuerte recuperación de la economía europea, apuntalada por la liberación del ahorro embalsado durante el confinamiento, la retirada de restricciones a la actividad y las políticas expansivas. Sin embargo, no se contaba con que la puesta en marcha de programas similares de forma simultánea en todo el mundo disparara el apetito por unas materias primas y unos componentes cuya oferta está reaccionando más lentamente, provocando cuellos de botella en la fabricación de todo tipo de productos y la subida de los precios de la luz y de cada vez más, bienes y servicios. Todo ello ha llevado a que la inflación en la eurozona escale hasta el 5% anual en diciembre, comiéndose gran parte del crecimiento económico y poniendo, además, en un brete al Banco Central Europeo (BCE), que se puede ver obligado a cerrar el grifo monetario en un momento que podría ser muy peligroso para los países y empresas más endeudados.

El Índice de Precios de Consumo en la eurozona subió una décima en diciembre, hasta el 5%, tres puntos por encima del objetivo fijado por el Banco Central Europeo (BCE) para la estabilidad de precios y 3,6 puntos más que las previsiones realizadas hace un año por la Comisión Europea. Y estos 3,6 puntos extra suponen un golpe directo al crecimiento del PIB, porque la subida de precios resta cerca de 220.000 millones de euros al consumo en toda la eurozona. Y el impacto puede ser mayor en determinados países donde el incremento de los precios es más elevado, como es el caso de Estonia (12%), Lituania (10,7%), Polonia (8%), Letonia (7,9%), Hungría (7,4%), Rumanía (6,7%), España, Bulgaria o Bélgica (6,6%). Y, aunque la subida de los precios de la energía ha sido determinante en este incremento (con un alza del 25,9%), esta subida de los costes se ha ido filtrando hacia otros productos, como es el caso de los alimentos frescos (que se encarecen un 4,7%) y los bienes industriales (2,9%). Esto hace que las subidas de precios tengan mayores probabilidades de proyectarse en el futuro durante más tiempo, lo que a su vez puede tensar las negociaciones salariales y llevar a efectos inflacionarios de segunda ronda. Y eso, a su vez, pone una presión añadida para que el BCE cierre el grifo de la política monetaria, lo que podría ser letal para los países más endeudados, como es el caso de España, donde la deuda pública supera el 120% del PIB, y, por extensión para las empresas nacionales.

Desde el Banco Central Europeo ayer se publicaron las actas de la reunión de diciembre que no descartaron una inflación más alta durante más tiempo, pero mostraron dudas por un endurecimiento de las condiciones monetarias antes de tiempo. En este sentido, Lagarde justificó una respuesta más pausada que la Fed por la menor recuperación y una inflación sensiblemente más débil que de momento no se está trasladando a salarios

El banco central chino ha movido bajó tipos ayer por segunda vez en enero, mientras que el mercado especula, como he comentado, con cuatro subidas de tipos en Estados Unidos para este año siendo la primera subida en el mes de marzo, inmediatamente después de la eliminación del programa de compras. Debido a la laxitud del banco central chino las bolsas asiáticas ha subido esta semana con fuerza, por la pausa en las recientes ventas de deuda soberana y ante las señales positivas desde China para suavizar las dificultades de liquidez en el sector constructor e inmobiliario del país. En concreto el Banco Popular de China ha anunciado un nuevo recorte de tipos, esta vez el tipo preferente de los préstamos a cinco años que se reduce por primera vez desde abril de 2020.

En Estados Unidos, la tecnología y el sector financiero están penalizando en este comienzo de año a los índices bursátiles americanos. El sector tecnológico sigue reajustando sus valoraciones ante el movimiento de los tipos a largo plazo, algo que aprovechó este martes Microsoft para anunciar un movimiento corporativo importante. Anunció un acuerdo para la compra del estudio Activision Blizzard por 68.700 millones de dólares (aprox. 3,1% de la capitalización bursátil del grupo), en la que se considera como una operación récord dentro del sector tecnológico, superando los 67.000 millones del acuerdo de compra de Dell sobre EMC en 2016. Con la compra de Activision Blizzard,  dueña de franquicias tan conocidas como Candy Crush, World of Warcraft o Call of Duty, Microsoft se convierte en el tercer mayor grupo mundial de videojuegos por ingresos, sólo superada por la china Tencent y la japonesa Sony. Según los términos de la operación, Microsoft pagará 95$/acción, en metálico, que en la práctica supone una prima del 45% con respecto al cierre de la cotización de Activision la semana pasada. Los títulos de Activision habían caído un 30% desde julio, y ayer Microsoft se dejaba un 2,4% al cierre del martes.
  
También a comienzo de la semana tuvimos los resultados de Goldman Sachs (cayó un 7%) que decepcionaron las expectativas del mercado. Por un lado disminuyeron en el 4T21 sus ingresos por comisiones de trading en un 15% con respecto al cuarto trimestre de 2020 y por otro lado, al igual que en JP Morgan, se ha visto un notable aumento de los gastos operacionales ocasionado principalmente por el aumento en los costes laborales.

El CEO de Pfizer predijo que esta será la última ola del virus «con tantas restricciones». El ejecutivo cree que el virus permanecerá durante muchos años, aunque «gracias a las herramientas creadas por la ciencia, esta será la última ola del virus con tantas restricciones». También ha asegurado que la nueva vacuna contra Ómicron estará lista en tres meses, además de calificar de insuficientes dos dosis de la vacuna para contener la nueva variante.

En Europa el martes se publicó el indicador ZEW alemán. El componente de expectativas del Zew alemán experimentó en el mes de Enero un fuerte repunte al alza superando con creces las expectativas del consenso (51,7 vs 32,0 estimado) y alcanzando un máximo desde Julio del 2021. Por economías, en lo que a la zona euro se refiere, la visión futura volvió a mejorar por tercer mes consecutivo, aunque en esta ocasión lo hizo experimentando un fuerte repunte (de 26,8 a 49,4). Este mayor optimismo se refleja la esperanza de los inversores de ver una fuerte recuperación de la actividad una vez pase la ola actual de infecciones por Covid-19, que se espera suceda antes de verano.

Fuente: Dunas Capital.

También en Alemania, el miércoles, se publicó el dato final de inflación de diciembre que confirmó el fuerte repunte del crecimiento de los precios en la parte final del año pasado. En concreto, el dato final no trajo sorpresas al situarse el crecimiento del IPC en el +5,3% interanual, situándose una décima por encima del mes previo y en su mayor ritmo de crecimiento desde el inicio de la década de los 90.

En España la Airef rebajó al 5,1% y al 5,9% su previsión de PIB para 2021 y 2022 frente al 5,5% y 6,3% que estimó a finales de octubre.

En su revisión de la situación de España, Moody’s  menciona que tendrán en cuenta «si las autoridades españolas se muestran incapaces de hacer un uso eficaz y pleno de los fondos europeos», añadiendo presión a la baja en el rating en caso de que esto no fuese así. Otro riesgo para la economía española es la previsión de crecimiento del PIB a medio plazo, que en caso de menguar afectaría negativamente al endeudamiento público. Para mejorar el rating, la agencia hace referencia a la necesidad de un enfoque renovado en las reformas estructurales, especialmente en materia laboral y en pensiones.

El Banco de Japón mantiene su política monetaria ultra expansiva, en línea con lo esperado (tipo repo -0,10% y objetivo TIR 10 años del 0%), ante una inflación aún muy lejana a su objetivo, en clara contraposición a lo que ocurre en EEUU o Eurozona.

En China se publicó esta semana la producción industrial del mes de diciembre, anual, superando lo estimado y alcanzando el +4,3% (+3,7% esperado por el mercado y +3,8% anterior), por lo contrario, las ventas minoristas de este mismo mes en términos anuales, han resultado menores de lo que se esperaba (+1,7% frente al +3,8% estimado y +3,9% anterior). También se han podido conocer el PIB anual 2021 +8,1% (vs +8% esperado) y trimestral 4T21 +1,6% (vs +1,2% esperado), siendo ambos mejores de lo esperado.

Esta semana PwC publicaba un informe que siempre suele publicar a comienzo de año en el que se pone de manifiesto que los CEO mundiales confían en el despegue económico en 2022 pese a Ómicron.

La explosión de contagios provocada por Ómicron, sin precedentes desde el inicio de la pandemia, ha sembrado dudas sobre la actividad a corto plazo, pero no ha logrado truncar el optimismo de los agentes económicos en el medio y largo plazo. Creen que la sexta ola será un bache temporal para la economía y no hará descarrilar la recuperación. Un sentimiento que parecen compartir los primeros espadas de compañías de todo el mundo. El 77% de los CEO mundiales (presidentes y consejeros delegados) prevé “una mejora de la coyuntura internacional en los próximos 12 meses” frente al 15% que teme un empeoramiento, un punto más que en 2021 y 55 por encima de 2020, cuando más de la mitad de los primeros ejecutivos descontaban el desplome de la economía ese año. Así lo reflejan los resultados de la 25 Encuesta Mundial de CEO publicada ayer por PwC, que recoge las opiniones de 4.446 máximos ejecutivos de 89 países, entre ellos España,y que sitúa la confianza de los CEO en la economía mundial en máximos de la última década.

El sondeo, cuya presentación se hacía coincidir tradicionalmente con el Foro Mundial de Davos, cuya celebración en formato presencial se ha pospuesto precisamente por la pandemia, aunque a cambio se han organizado una serie de videoconferencias y debates virtuales, muestra que los primeros ejecutivos españoles figuran entre los más optimistas. El 85% confía en que la marcha de la economía sea más favorable en los próximos doce meses, frente al 77% de la media mundial. Unas expectativas que superan en 4 puntos a las del año pasado y que se alimentan, en buena parte, del esperado efecto balsámico y regenerador de los fondos europeos, aunque los directivos españoles no esconden su inquietud por la opacidad y exceso de burocracia con que se afronta el proceso en España.

Aunque las perspectivas globales han mejorado, la brisa del optimismo no sopla, sin embargo, con la misma intensidad en todos los países. Así, mientras que el optimismo de los CEO de Reino Unido, Francia, España, Italia, Japón o India ha crecido respecto al año pasado, el de países como EEUU, Alemania, China o Brasil se ha desinflado. La causa, según PwC, hay que buscarla en el ciclo económico y en las asimetrías en la fase de recuperación. Esto es, potencias como EEUU y China “fueron las primeras que rebotaron después de la irrupción de la pandemia y ahora están experimentando en mayor medida los efectos del incremento de la inflación, el recalentamiento de sus mercados inmobiliarios, los problemas en las cadenas de suministro y, especialmente, la escasez de trabajadores y de mano de obra”.

Junto a la pandemia, este cóctel envenenado de factores ha sido uno de los principales lastres en el proceso de reactivación de la economía global y, según todos los indicios, aún lo seguirá siendo en los próximos meses. El propio presidente chino, Xi Jinping, citó el lunes desde la virtual Agenda Davos 2022 las disrupciones en las cadenas de suministro, el aumento de precio de las materias primas y lo ajustado del “abastecimiento energético” como los principales riesgos para la recuperación.

Pese a su optimismo en el futuro, los CEO mundiales son claramente conscientes del terreno pantanoso en que se mueve la economía en estos momentos. De hecho, sus respuestas muestran un amplio catálogo de amenazas para sus negocios en los próximos doce meses. Entre ellos sobresalen los ciberriesgos, cuestión en la que 49% de los directivos mundiales se ha mostrado muy preocupado o extremadamente preocupado (en el caso de los CEO españoles, el porcentaje se eleva al 62%), aunque la preocupación es mayor en sectores como el financiero.

La segunda gran inquietud a escala global siguen siendo los riesgos sanitarios, citados por el 48% de los directivos (el 45% de los españoles), y que inquietan especialmente a los directivos de empresas vinculadas al turismo. La tercera es la volatilidad macroeconómica, con el 43%, aunque este factor es la mayor preocupación para los primeros ejecutivos españoles, que la mencionan en el 69% de los casos. Un riesgo que vinculan con las posibles oscilaciones del crecimiento del PIB, de la inflación y del desempleo, temores que se producen en un contexto en el que tanto los avances de crecimiento oficiales como las previsiones de los principales organismos nacionales e internacionales sobre España se han visto ajustadas en varias ocasiones.

A estos desafíos se suman el cambio climático, citado por el 33% de los directivos globales y por el 53% de los españoles; los conflictos geopolíticos, mencionados por el 32% (el 43% de los españoles) y la desigualdad social (18% global versus el 45% de los CEO nacionales).

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, insistió ayer en que el actual episodio inflacionista tiene un “componente transitorio” que “se irá diluyendo” a lo largo del año, aunque admitió que en España el IPC todavía se mantendrá en tasas “relativamente elevadas” durante el primer semestre del año, antes de ir reduciéndose a lo largo del ejercicio hasta acabar “incluso por debajo del 2%”. Eso sí, el Banco de España prevé que la tasa media de inflación este año escale hasta el 3,7%, precisamente por esas mayores presiones en la primera mitad del ejercicio. En este escenario de amenaza persistente pero pasajera, Hernández de Cos insistió ayer en la necesidad de un pacto de rentas para evitar una “espiral viciosa” de incremento de márgenes, precios y salarios, que “se retroalimenta” y que generaría pérdidas de competitividad y de empleo. Son los temidos efectos de segunda ronda. No es la primera vez que el gobernador del Banco de España pide repartir la pérdida que supone una inflación disparada, aunque sea temporalmente. Semanas atrás ya propuso un pacto en el que, “por una parte, márgenes empresariales, por otra parte, salarios, y una parte cubierta con déficit público para ayudar a los más vulnerables”, permita afrontar la inflación para que no se acabe generando un problema estructural. De momento, la sangre no ha llegado al río y, como reconoció ayer el propio supervisor, se observa una moderación en los salarios. De hecho, las subidas de sueldo pactadas en convenio hasta diciembre pasado rondaban de media el 1,47%, frente al 6,5% con que cerró el IPC ese mes (6,6% en tasa armonizada y el 3,1% en tasa media anual), mientras que solo el 15,6% de los convenios rubricados contaba con cláusula de garantía salarial. Sin embargo, la presión de los sindicatos para renovar la negociación colectiva y acometer alzas salariales que mitiguen la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores es cada vez mayor. La reforma laboral pactada entre el Gobierno y los agentes sociales, cuyo futura aprobación por el Congreso sigue siendo muy incierta, abre la puerta a esas subidas, ya que otorga primacía a los convenios sectoriales en la negociación de sueldos. Junto a la dinámica márgenes-salarios y cómo ésta puede acabar afectando al IPC, el otro gran riesgo que Hernández de Cos atisba son los precios energéticos, en tanto que buena parte de la actual escalada tiene su origen en las tensiones geopolíticas y en la dependencia de parte de Europa del gas ruso.

MELIÁ HOTELS (Tenemos una exposición en la SICAV del 3,06%):

El fin de semana pasada El Economista publicó una entrevista a Gabriel Escarrer (CEO) en la que destacaron los siguientes puntos:

  • Recuperación ingresos: a pesar del entrono inflacionista, esperan mejorar márgenes en 2022 frente a 2019 (EBITDA 2019 26,6%) aunque no dan fechas concretas ni especifican la mejora. Detrás de ello estaría sobre todo la digitalización de la compañía, con un alto peso de las ventas a través de melia.com que permite no solo reducir la cifra de comisiones, sino que también ayuda a conocer al cliente lo que permite subir la tarifa promedio. El consenso de analistas espera un margen del 27,8% en 2024.
  • Beneficio neto positivo en 2022: Gabriel Escarrer está convencido de que en 2022 Meliá alcanzará beneficio neto positivo, aunque la previsión del consenso sigue siendo de perdidas (-11,5 millones de euros).
  • Venta de activos: esperan realizar una nueva operación similar a la realizada a mediados de 2021 para reducir deuda. La operación rondaría los 200 millones de euros y Meliá se quedaría con una participación minoritaria de la sociedad resultante de la venta (20% del capital). Esperan poder anunciarla en el 2T22.
  • Dividendo: no repartirán dividendos hasta que las ratios de deuda vuelvan a los niveles de 2019 (< 2x DFN/EBITDA excl. IFRS 16).

Visión de mercado en 2022: un contexto de política monetaria cambiante. William Davies, Global CIO  Columbia Threadneedle.

Se espera que la situación de la inflación y la cadena de suministro disminuyan a medida que avance el año. Por su parte la reapertura del comercio presentará oportunidades concretas. La transición de las economías hacia la recuperación tras el inicio de la pandemia conllevará cambios y desafíos. Sin una política monetaria acomodaticia que respalde los precios de los activos en general, los inversores deberán ser más selectivos para encontrar oportunidades de calidad.

  1. El telón de fondo monetario y fiscal cambia

Los tipos de interés han sido históricamente bajos durante más de una década, amortiguados por la avalancha de estímulos monetarios introducidos tras la crisis financiera mundial. En 2022, esperamos que esto cambie. A medida que avanzamos hacia la recuperación económica tras la pandemia de COVID-19, el nuevo año estará marcado por una inversión de la política monetaria: El apoyo a la crisis, el estímulo y el gasto sustituidos por la recuperación, la reparación, la reducción del estímulo fiscal y la vuelta a la «normalidad». El compromiso político será clave, sobre todo en Estados Unidos, a medida que los gobiernos aborden la transición. A medida que se retira el apoyo a los precios de los activos, la gestión activa -descubrir empresas con las características duraderas que les ayudarán a sortear la volatilidad- será esencial para el éxito en 2022.

  • Inflación: No hay tiempo para el pánico

La inflación transitoria está durando más de lo previsto, pero creemos que la inflación se moderará hasta 2022.

Una de las razones por las que creemos que la inflación caerá durante este año son las mejoras en la cadena de suministro. Independientemente de que se crea que el COVID u otros factores estructurales y políticos (en Europa especialmente) son los culpables, muchos de nosotros subestimamos el grado en que la cadena de suministro afectaría al contexto empresarial. Creemos que los vientos en contra de la cadena de suministro seguirán siendo menos dominantes en 2022, pero puede que sea hacia la última mitad del año cuando se sientan los impactos positivos.

  • La calidad saldrá a flote

Hemos visto una buena recuperación de los beneficios este año, un reflejo de la gestión relativamente sólida de los balances por parte de las empresas, con un control más estricto de los costes y una fuerte disciplina en torno a los dividendos y la recompra de acciones. La reapertura del comercio y el repunte duradero de la demanda se han traducido en un aumento de los flujos de caja, que han impulsado la caja de las empresas, dándoles las herramientas para reducir el apalancamiento. Pero teniendo en cuenta esos cuellos de botella en la cadena de suministro y la persistencia de la inflación, será más difícil que las empresas superen las previsiones de la forma en que lo han hecho en 2021. Al menos a corto plazo.

Para las empresas, prevemos que el año 2022 será una vuelta al ciclo de decepción de los beneficios frente a las sorpresas positivas. En ciclos anteriores, cuando la curva de rendimientos se ha aplanado, el impacto en la renta variable ha mostrado que los inversores buscaban empresas de calidad que pudieran sobrevivir a cualquier movimiento de tipos inminente. Durante 2021, hemos visto cómo la curva de rendimiento se empinaba, se aplanaba y volvió a subir a final de año. Y eso ha llevado a un escenario más mixto en términos de lo que está descontando el mercado. No creemos que esto cambie a corto plazo, pero algunas áreas que han tenido un rendimiento superior recientemente podrían sufrir, como las compañías «meme», aquellas que se hacen populares entre los inversores minoristas a través de las plataformas de los medios sociales. Las empresas que nos gustan -negocios de calidad con balances sólidos y ventajas competitivas- tienen más posibilidades de capear la volatilidad.

  • A nivel regional

Muchos inversores se han alejado de China este año a causa de su publicitada represión reglamentaria, junto con un mercado inmobiliario desequilibrado. Reconocemos la preocupación por la regulación, los brotes de COVID, el entorno extremo que afecta a la producción de alimentos y al transporte, y la ralentización del crecimiento. Pero China se recuperó primero del COVID y lo hizo con un marco normativo más estricto que el de otras regiones. Aunque el crecimiento del país es una gran preocupación, aumenta la probabilidad de que las autoridades chinas proporcionen estímulos en 2022. Hay oportunidades en China (y en el resto del universo de los mercados emergentes), pero se requiere un análisis fundamental y un enfoque más de stock picking

En Japón, el Primer Ministro Fumio Kishida no representa un catalizador positivo como lo fue Shinzo Abe. Sin este activo político y la expectativa de un cambio significativo, Japón se ha convertido en una región menos interesante para los inversores, a pesar de las mejoras en las cadenas de suministro que ayudarán a la naturaleza industrial del país. Dicho esto, los inversores de gestión activa no están desprovistos de oportunidades y hay más oportunidades en el mercado japonés de la que se le atribuye, sobre todo en los sectores tecnológico y de servicios. Este último es inusual teniendo en cuenta el COVID, pero hay iniciativas en curso diseñadas para mejorar la productividad que están favorecen a nuevas oportunidades.

En cuanto a Europa, esperamos un fuerte crecimiento, aunque con la posibilidad de que se produzcan retrasos en la cadena de suministro, ya evidentes en la falta de camioneros y la reducción de la mano de obra. Estos factores conducirán probablemente a una inflación más alta de lo previsto. También hay un tema de cambio en la región: Angela Merkel, en Alemania, sigue teniendo una fuerte presencia, pero se ha retirado. Una Alemania dirigida por Olaf Scholz, del Partido Socialista Democrático, junto con los Verdes y el Partido Federal Democrático, podría ver más volatilidad. También habrá elecciones presidenciales en Francia en abril, y las elecciones francesas son notoriamente difíciles de predecir. Estos acontecimientos influirán en el mercado, pero es difícil estimar en qué medida.

  • Un año de cambios 2022

Será un año de cambios. Llevamos un tiempo con un entorno de estímulos fiscales y monetarios. Pero el cambio se avecina, por muy indeseado que sea, y nos enfrentamos a un mundo de recuperación económica en el que los mercados y los inversores deben considerar el impacto de la reducción del estímulo fiscal.


Buen fin de semana.

Comentario de mercado viernes 14 de Enero 2022

Las Bolsas americanas han empezado el año con mal pie, ayer registraron importantes retrocesos tras una serie de declaraciones de funcionarios de la Reserva Federal que afirmaron que la FED combatirá activamente la inflación. La recién estrenada vicepresidenta de la FED Lael Brainard avisó sobre que podrían subir tipos tan pronto como en el mes de marzo para asegurar que las presiones de precios de alta generación económica se controlen. Las posibles subidas de tipos pudieran ser rápidas ya que la economía se sitúa en un ciclo económico mucho más sólido que en anteriores crisis. Algunos analistas son de la opinión que el aumento de los tipos, consecuencia del fuerte crecimiento económico podría impulsar a los inversores hacia las acciones de valor, que tienden a ser más cíclicas y ofrecen flujos de caja a corto plazo.

Positivas noticias en el plano de la pandemia, con el número de contagios reduciéndose en Londres (como ocurrió con Ómicron en el Sur de África), y las declaraciones de varios países (Suiza, España, Reino Unido) de que el Covid podría pasar de una fase pandémica a otra endémica, lo que reduciría el temor sobre una desaceleración del ciclo.

El movimiento más fuerte de esta semana se ha producido en el eurodólar, sin un motivo aparente el dólar se ha devaluado desde el 1,135 de antes de ayer al 1,148 que ha hecho esta mañana

                                             Movimiento euro/dólar últimos 3 días.

La curva del bono americano ya ha incorporado el ajuste inmediato, con la subida de 0,25% en la reunión de marzo altamente descontada, las previsiones del mercado apuntan a que la Fed subirá entre 3 y 4 veces este año, y algunos analistas esperan que la primera subida se produzca este mismo marzo.

Yield del Bono americano a 10 años últimos 12 meses:

De lo que he leído esta mañana sobre las posibles razones del movimiento de la divisa lo más interesante que podría justificarlo es:

– Se ha producido un giro en las inversiones de renta variable hacia la bolsa europea desde la americana, las Bolsa Europea lleva una subida en lo poco que llevamos de año del 2% el FTSE 100, plano el Euro STOXX y +0,89% el IBEX 35 frente a la caída del 5% en el año del Nasdaq y del 2,25% del S&P 500, que hacen que se compren euros para ese fin. Sobre todo, se está viendo en este comienzo de año una rotación de sectores y compañías growth a otras más value, como comenté anteriormente, que podría justificar esa compra de euros.

– Hay rumores de que el Banco Central Europeo pueda mover ficha este mismo año. Es cierto que la curva descuenta una subida de 10 puntos básicos para este año, pero ya lo hacía hace unas semanas, pero lo cierto es que el BCE no es la Fed ni las economías tampoco se parecen. El economista jefe del BCE, esta misma semana reiteraba que una subida de tipos por parte del BCE este año es muy poco probable.

El temor a la inflación y que los bancos centrales aceleren la retirada de estímulos, está provocando una liquidación de las carteras de deuda soberana de los gestores y una subida de las rentabilidades. Esto se complementa además con una oleada de emisiones por parte de entidades financieras, Gobiernos y empresas, que tratan de ampliar sus colchones de liquidez antes de que empeoren las condiciones del mercado.

Los gestores están acelerando la rotación hacia unos bonos que pagan precios ligeramente superiores, un fiel reflejo de que la era de los tipos cero se está acabando.

La semana pasada se publicaron las Actas de la Fed de la reunión de Diciembre en las que se empieza a hablar de reducción de balance (quantitative tightening), que según algunos miembros de la Fed debería empezar a reducirse poco después de la primera subida de tipos (en torno a Marzo-Junio). Esta interpretación de una retirada de estímulos más rápida de lo esperado ha impulsado las rentabilidades de los bonos soberanos de Estados Unidos al alza, como comentaba, con fuerza en lo poco que llevamos de 2022 (TIR 10 años +0,25% hasta 1,76%, en su peor semana desde Febrero del 2021) pero también con traslado a Europa (Alemania +0,13% a -0,04%).

En la Eurozona la inflación alcanzó un récord en diciembre en el 5% interanual.

En Estados Unidos, los datos de empleo de diciembre fueron positivos, con la creación de 0,2 millones de empleos, una tasa de paro que baja al 3,9% y unos salarios que suben un +4,7%.

Estas últimas semanas ha generado mucho interés entre los gestores e inversores la última nota de Ray Dalio, en el que espera que 2022 sea un año de transición, parecido a lo que fueron el 2010-2011 (etapa después de la crisis financiera y previa a la crisis soberana), o el 2002-2003 (etapa post-burbuja .com).

2022: A Year of Transition. 2022 will probably be one of those less volatile transition years that occur between those more volatile years that bracket the short-term (typically eight years, +/- four years) debt and political cycles. 2022 will be the third year after a massive global cyclical stimulation to end a recession and the second year after the big presidential political change from the right to the left in the United States. As a result I expect that most likely 2022 will be one of those transition years that come after the big stimulations and before the big tightenings and recessions—e.g., more like 2010-11 than 2008, or more like 2002-03 than 2000. With the economy more than back to having capacity constraints and experiencing inflation, there will be a lessening of the extraordinary easing and some tightening but probably not enough to kick things over. Typically in this phase of the cycle equities and other asset prices rise at the same time as interest rates rise. Also, typically in this phase of the cycle economic and market volatility is lower than in those exciting years that mark the major tops and bottoms of the short-term (eight years, +/- four years) economic and market cycles”.

https://www.linkedin.com/pulse/2022-year-transition-ray-dalio/?published=t

Importante esta semana:

En Estados Unidos el miércoles se publicó el dato de inflación de Diciembre. La inflación general de diciembre se aceleró en línea con lo esperado alcanzando los máximos desde 1982 con la general en el 7,0% y la subyacente en el 5,5% (por encima de lo esperado). En este sentido el miembro de la Fed Mester defendió una Reserva Federal ágil que reduzca el balance tan rápido como sea posible mientras que Daly (Fed de S. Francisco) se mostró a favor de empezar a subir en Marzo del 2022 y Harker (Fed de Filadelfia – no vota) y Bullard, en la misma dirección, respaldarían más de 3 subidas en 2022 (en línea con el mercado) y una reducción de balance más rápida que en 2018. El libro Beige de la Fed advirtió sobre un avance sólido de los precios y un impacto negativo sobre la actividad por los problemas adicionales en el mercado laboral a causa de los contagios por la variante Ómicron.

En el dato de inflación de Diciembre de Estados Unidos los precios de los vehículos usados siguieron subiendo, como lleva ocurriendo desde Octubre, con cierta fuerza (+3,50% mensual), mientras que el de los vehículos nuevos subieron de forma más moderada (+1,0%). Por otro lado, partidas más asociadas a la reapertura de la economía mostraron un crecimiento relevante, como es el caso de los servicios que crecieron un 0,3% mensual (4% interanual). Especialmente destacables fueron las presiones inflacionistas que se observan desde componentes de carácter estructural y con un peso muy relevante en la cesta del IPC como son los alquileres.

En la Eurozona las actas del BCE marcaron una recuperación que continúa por el buen camino, pero con problemas constantes por la cadena de suministros, el aumento de los precios y la variante Ómicron.

Esta semana las declaraciones de los miembros del Banco Central Europeo fueron más conciliadoras, con Lane señalando que espera que la inflación se modere a lo largo de este año y se sitúe por debajo del 2.0% para el 2023 y el 2024. Adicionalmente, planteó que no observa desarrollos en la actualidad que le hagan pensar que los precios se situarán por encima del objetivo de la Autoridad en el medio plazo. En este sentido, Lagarde compareció el martes en el Bundestag (Alemania) en la misma línea.

El Banco Mundial alerta de una “ralentización pronunciada” y revisa a la baja sus perspectivas de crecimiento Global al +4,1% para 2022 y +3,2% para 2023 frente al +5,5% en 2021. El Banco Mundial comenta que “tras una fuerte recuperación en 2021, la economía global está entrando en una desaceleración pronunciada en medio de amenazas como las variantes del COVID y una subida de la inflación, la deuda y las desigualdades en ingresos que pueden poner en peligro la recuperación en las economías en desarrollo”.

En el ámbito empresarial JP Morgan, Wells Fargo y Citi presentan hoy resultados del 4T21 y del año completo. El próximo martes lo hará Goldman Sachs, mientras que Morgan Stanley y Bank of America esperarán hasta el miércoles. Los analistas creen que los grandes bancos de Wall Street darán muestra de su fortaleza presentando unos beneficios anuales históricos, según estimaciones de Bloomberg y Refinitiv.

Más modestos serán los resultados del último trimestre que, según las previsiones de FactSet, podrían alcanzar en conjunto los 31.200 millones de dólares, es decir, un 2,4% menos que en el mismo periodo del ejercicio anterior.

En el cómputo anual, las estadísticas son mucho más optimistas. Por ejemplo, según las previsiones de los analistas, se espera que los beneficios netos de JPMorgan y Bank of America registren un incremento cercano al 60% en 2021. En el caso de Citi se calcula que podría llegar a ser casi el doble que en 2020, superando los 21.000 millones de dólares.

Esta mejora récord en la actividad de los grandes bancos de Wall Street se debe a dos factores. Por un lado, que el segmento de créditos a los hogares se ha comportado mejor de lo esperado. Los datos de la Reserva Federal recopilados por Bloomberg muestran que el volumen de préstamos de los 25 mayores bancos fue un 3,5% más alto a finales de diciembre que un año antes.

Generalmente, la evolución de los créditos es una variable clave para los inversores, ya que un descenso en la demanda es una mala señal para el negocio bancario. Sin embargo, las entidades estadounidenses han logrado desempeñar un buen papel pese a la debilidad en el mercado de los préstamos gracias a la buena evolución de otras líneas de negocio, sobre todo de la división de banca de inversión, aunque también destaca el área de operaciones bursátiles, que también muestra signos de mejora.

El mercado de fusiones y adquisiciones estuvo especialmente activo el pasado ejercicio, lo que se ha traducido en unos buenos números para los resultados de los bancos en 2021. Según Bloomberg, los ingresos de esta división podrían llegar a mostrar una mejora del 15% en el cuarto trimestre, hasta alcanzar en conjunto 31.000 millones de dólares entre octubre y diciembre, según cálculos de Dealogic. En términos de cuota de mercado, el liderazgo en este caso es para Goldman, seguido de JPMorgan y Morgan Stanley.

En cuanto a la actividad de los grandes bancos como intermediarios en los mercados bursátiles, Bloomberg pronostica una caída del 5%, pero los analistas ya hablan de una “vuelta progresiva a la normalidad” en la división de trading, una de las que más impacto tienen en la cuenta de resultados. En el caso de Goldman, por ejemplo, Factset prevé que aporte alrededor de 4.200 millones de dólares en beneficios sólo durante el último trimestre del año, lo que supondría una mejora del 20% respecto al mismo periodo de 2020, aunque todavía estaría un 45% por debajo de lo registrado entre enero y marzo de 2021.

Para 2022, todos los focos están puestos en la evolución de la inflación –en récord histórico del 7%– y en la respuesta de la Reserva Federal, que ha acelerado la retirada de estímulos en el primer trimestre para previsiblemente subir los tipos en marzo.

En Estados Unidos el Beneficio por Acción esperado para el 4T21 se ha revisado al alza un +0,9% desde el final de la presentación de resultados del trimestre anterior (todavía por encima de la media histórica pero más moderado que en las dos campañas anteriores) hasta un crecimiento de +22,3% (vs +40,1% del 3T21) impulsado por los sectores cíclicos, sobre todo. La previsión de ingresos para el 4T21 fue más negativa que positiva (60% negativo) por primera vez desde 2T20. Con todo los analistas esperan que las sorpresas positivas en resultados continúen moderándose por debajo del 82,7% del 3T21 (vs 78,3% media histórica), y donde pesarán cada vez más los problemas de suministros. El soporte a las bolsas será positivo pero más moderado que en los últimos trimestres.

En Europa, (Euro STOXX) el consenso espera un crecimiento del BPA 4T21 del +28,5% vs +50,1% en 3T21 tras revisarse un -2,0% desde el final del trimestre anterior (por el mayor impacto por distorsiones en las cadenas de suministro que en Estados Unidos). Con todo los analistas esperan un ratio de sorpresas positivas por debajo del 61,9% anterior y más cerca de su media de los últimos 5 años de 58,4%. En cuanto a márgenes en el Euro STOXX se espera impacto negativo todavía marginal por la inflación de costes en 4T21 y transitoriamente algo más severo para 1S22 (hasta que las empresas terminen de trasladar el incremento de costes a precios) frente a la estimación de consenso de analistas que apunta a niveles estables hasta 2023. En el Ibex 35 el BPA esperado por el consenso de analistas para el 2021 y el 2022 apunta a crecimientos del +174,1% y -6,4% respectivamente (sin revisiones considerables en el último mes).

MERLIN PROPERTIES (Tenemos una exposición 2,97%):

Sector Inmobiliario. El precio de la vivienda subirá más de un +5% en 2022 y las ventas superarán el nivel pre Covid.

La prensa económica española se hizo eco esta semana de las previsiones sobre el sector inmobiliario español, concretamente sobre la vivienda, mercado en el cual se augura una nueva subida de precios superior al +5% tras el +4,2% que habría registrado en 2021. La subida de precios vendría acompañada por una recuperación de las ventas hasta niveles previos a la pandemia (incremento estimado de entorno al 10% de acuerdo con información del diario Expansión).

Además de la escasez de producto, especialmente obra nueva y producto en buen estado en zonas con elevada demanda, se unen otros factores como la demanda embalsada y ahorro acumulado durante los meses de pandemia y el cambio de percepción y prioridades en cuanto a la vivienda principal por parte de la población.

También en el mercado del alquiler los expertos anticipan unas subidas de precios superiores al 5%, debido en gran medida al efecto de la actualización de rentas por la subida del IPC. Noticia positiva para el sector inmobiliario español, que anticipa un buen año tanto a nivel patrimonial como promotor, especialmente ante una coyuntura con una marcada inflación.

MELIÁ HOTELS (Tenemos una exposición en la SICAV del 3,06%):

Exceltur ha anunciado esta semana sus previsiones para el 2022:

1-. Exceltur prevé que la actividad en el sector turístico español cierre en 2022 tan sólo un 13% por debajo del nivel pre Covid-19.

2-. La aportación del sector a la economía española alcanzaría 135,5 millones de euros, un 10,5% del PIB 2022.

3-. Esta previsión implica un crecimiento de +53% frente al 2021 y Exceltur prevé que Ómicron deje de tener impacto a partir de abril.

4-. La actividad del sector cayó en 2020 hasta un 34% del nivel de 2019 y habría recuperado hasta el 57% en 2021.


La economía ante 2022: riesgos y oportunidades. Federico Steinberg y José Pablo Martínez. Real Instituto Elcano

El año 2022 debería consolidar la recuperación económica global y asegurar que los países más rezagados en el crecimiento durante 2021, como España, alcancen el nivel de producción prepandemia. Pero más allá de este tono de optimismo, que comparten prácticamente todas las instituciones económicas internacionales, existen elementos económicos y geopolíticos que podrían reducir significativamente el dinamismo y obligan a mantener la cautela. El principal sigue siendo la aparición de nuevas variantes del Covid-19 que lleven a mayores restricciones. Pero también destacan la elevada inflación, posibles subidas anticipadas de tipos de interés, la erosión de la cooperación internacional y la reaparición de las guerras comerciales o las tensiones en Ucrania y Taiwán, cuyo trasfondo es la redefinición de las relaciones internacionales y un marco de creciente antagonismo entre Occidente, por un lado, y China y Rusia, por otro.

Tras un 2021 en el que las vacunas contra el virus permitieron a la economía mundial en su conjunto superar los niveles de actividad previos a la pandemia, el escenario base de las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) es que en 2022 se consolide esta trayectoria de recuperación y la economía global crezca en el entorno del 5%. No obstante, hasta el momento, dicha recuperación está teniendo un notable carácter asimétrico, con los países que han avanzado más rápido en la vacunación y que han podido sostener políticas monetaria y fiscales más expansivas (los avanzados en general, y en especial Estados Unidos, pero también China y otras economías asiáticas) destacando sobre las demás.

Esperando el rebote

En España, después de un 2021 en el que el efecto rebote fue menor de lo esperado y el PIB avanzó alrededor del 5%, de cara a 2022 se espera una expansión mayor, apoyada por una progresiva normalización del turismo internacional, el ahorro embalsado todavía no gastado (parte del cual se está dirigiendo a un sector inmobiliario al alza), y la llegada de cuantiosos fondos europeos; lo que debería impulsar el PIB por encima del registrado en 2019 (el empleo y la afiliación, afortunadamente, ya han superado los niveles prepandemia).

En este contexto, cabe subrayar la importancia del arsenal de medidas fiscales y monetarias puestas en práctica desde el inicio de la pandemia por la mayoría de los países, que han evitado la aparición de profundas cicatrices en el sistema productivo susceptibles de erosionar su potencial de crecimiento a costa, eso sí, de un incremento en sus ratios de deuda pública de entre 15 y 30 puntos sobre el PIB y de importantes aumentos de la desigualdad, sobre todo en España. En esta línea, a lo largo de los próximos años la Unión Europea (cuyos primeros ajustes fiscales no se producirán antes de 2023) y Estados Unidos, darán continuidad a esta política expansiva a través del plan de recuperación Next Generation EUdestinado a la transición hacia un modelo productivo más sostenible y digital, y del programa Build Back Betterque servirá sobre todo para modernizar las anquilosadas infraestructuras norteamericanos.

En todo caso, conviene recordar que la volatilidad seguirá siendo muy elevada. Habrá que tomarse las predicciones macroeconómicas con mucha cautela y también es probable que veamos revisiones del crecimiento al alza y a la baja, así como fuertes caídas y rebotes de las bolsas, según vayan apareciendo noticias sobre la evolución de la pandemia.

En el apartado de riesgos, y asumiendo que el Covid-19 se convertirá en endémica y que tendremos que seguir vacunándonos durante mucho tiempo, la clave estará en ser capaces de acelerar la vacunación, sobre todo en los países pobres y en desarrollo, para lograr que no aparezcan variantes todavía más letales y contagiosas que delta y ómicron que nos lleven a confinamientos y restricciones a la actividad económica. Convivir con el virus será, por tanto, el principal reto.

En el campo macroeconómico, y en un contexto de mantenimiento del tono expansivo de la política económica, la principal amenaza es la consolidación de la actual tendencia inflacionista, iniciada a mediados de 2021 fruto de la combinación de un auge en la demanda de bienes con un lento reinicio de la actividad productiva, que ha mostrado importantes limitaciones de oferta, así como cuellos de botella en las cadenas de suministro globales.

La evolución de precios

Así, aunque este desacople entre oferta y demanda mundial junto al resto de dificultades logísticas parece que tendrán una naturaleza transitoria, y que, por tanto, la inflación no debería volverse permanente, existen factores que sugieren que el alza de los precios se extenderá a lo largo de 2022, en particular los de la energía.

Entre ellos destaca una infraestimación del colapso de los puertos marítimos, el déficit crónico de transportistas, la posibilidad de que el aumento en la compra de productos tecnológicos se deba a un cambio permanente en el patrón de consumo en busca de una mayor digitalización del hogar, así como una falta de inversión del sector energético con capacidad para restringir la oferta e incrementar los precios, fenómeno que en Europa podría agravarse en caso de nuevos incidentes en el abastecimiento de gas procedente de Rusia y Argelia.

Un escenario de esta naturaleza, retroalimentado a su vez por un apreciable aumento de los salarios y de las expectativas inflacionistas de hogares y empresas, abocaría a los bancos centrales a retirar los estímulos monetarios y a subir los tipos de interés con mayor prontitud e intensidad de lo previsto, con el consiguiente tensionamiento en la sostenibilidad del endeudamiento tanto público como privado, especialmente en los países emergentes (y con un importante foco de riesgo en China, cuyo sector inmobiliario está claramente sobredimensionado y de Turquía, que ya está experimentando una importante depreciación de su moneda).

Esto sucedería antes en Estados Unidos que en la zona euro, y podría abocar a algunas economías en desarrollo a revivir el escenario de principios de los años 80 del siglo pasado, cuando la contracción monetaria norteamericana y los problemas de deuda llevaron a la década perdida de América Latina.

Pasando a los riesgos geopolíticos, hay que subrayar las posibilidades de reactivación de la guerra comercial y el proteccionismo en un contexto de tenue desglobalización por la revisión de las vulnerabilidades estratégicas vinculadas a la dependencia de productos clave de China, a la acelerada erosión de las instituciones de cooperación internacional, en particular la parálisis de la Organización Mundial del Comercio (OMC), y al apetito por utilizar la política comercial para lograr objetivos medioambientales o políticos, lo que hará de 2022 el año del inicio de los aranceles verdes liderados por la Unión Europea.

Conflicto EEUU-China

En este sentido, no es descartable un resurgir de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, habida cuenta de que los compromisos alcanzados en diciembre de 2019 no se están cumpliendo. Pero también hay que subrayar que podría haber nuevos acuerdos comerciales preferenciales, sobre todo en Asia, y que los datos muestran que no se ha producido la intensa desglobalización que algunos vaticinaban al principio de la pandemia.

Y eso nos lleva a que las tensiones entre grandes potencias y a los riesgos asociados a los procesos electorales y las dinámicas políticas internas de algunos países clave. Se habla abiertamente de una posible invasión rusa de Ucrania o de un enfrentamiento militar en Taiwán como consecuencia del avance chino y la respuesta estadounidense (también de problemas en países del norte de África que tocan mucho más cerca a España).

Aunque ninguna de las dos tendría por qué producirse, ambas tendrían un importante impacto económico, además de tensar enormemente la relación transatlántica y entre los socios europeos, así como la rivalidad entre occidente, por una parte y China y Rusia (que se sienten cada vez más cerca), por otra. Conflictos de este calado, además, harían muy difícil avanzar en temas clave que requieren la cooperación internacional, sobre todo la lucha contra el cambio climático, la aceleración de la vacunación o las nuevas líneas maestras de la gobernanza de la globalización, en particular en temas de fiscalidad, finanzas y normas para la economía digital.

Por último, y de especial importancia para España, en Europa hay citas electorales destacadas, así como tensiones entre europeístas y euro-críticos nacionalistas de extrema derecha, que podrían dificultad el necesario (y vital para España) proceso de integración fiscal y política comunitario.

Calendario electoral

Habrá que estar atentos a las elecciones presidenciales francesas, en las que Emmanuel Macron debería volver a ganar; al posible paso de Mario Draghi de primer ministro a presidente en Italia, que podría desencadenar elecciones anticipadas que dieran la victoria a la extrema derecha; a los problemas en la implementación del acuerdo del Brexit o los retos al estado de derecho y la integración que plantean de forma cada vez más clara en países como Polonia o Hungría.

En definitiva, 2022 debería de ser el año de consolidación del crecimiento económico y paso de la pandemia a la endemia, con la subsiguiente necesidad de aprender a convivir con el virus. Será también el año en el que seguramente sabremos si la inflación se convierte en permanente (a partir del verano debería comenzar a reducirse, aunque aún no sabemos si habrá efectos de segunda vuelta y cómo reaccionaran los bancos centrales).

También será, probablemente, el último año de la expansión fiscal en Europa. En 2023 se reactivarán las reglas fiscales, probablemente reformadas para evitar una vuelta a una austeridad que en estos momentos podría ser letal para la estabilidad política.

Pero también será un año en el que, lamentablemente, veremos consolidarse un antagonismo en las relaciones internacionales cada vez más claro.

Aunque Rusia no invada Ucrania ni China Taiwán, se irá imponiendo con cada vez más fuerza el uso de las amenazas y la retórica de la confrontación entre grandes potencias, que nos retrotrae a los peligrosos años de la Guerra Fría.

Y nuestro problema es que aún no sabemos si la Unión Europea podrá convertirse en una gran potencia.


2022: disrupciones tecnológicas y amenazas empresariales. Ignacio de la Torre. Economista jefe de Arcano Partners, profesor en IE Business School.

A fecha de hoy, Tesla capitaliza más que las diez mayores empresas de coches cotizadas del mundo, que incluye a gigantes como General Motors, Nissan o Volskwagen. Aunque muchos criticaron a Elon Musk y su proyecto empresarial, el mercado le está dando la razón. Lo que subyace no es una guerra por un mercado, sino una forma disruptiva de entender los negocios. Posiblemente unas cuantas empresas de coches no sobrevivirán a dicha disrupción, al igual que empresas y sectores que en su momento eran líderes acabaron cayendo como consecuencia de su lentitud en entender la magnitud de una disrupción. Como ejemplo, el sector de ferrocarriles representaba más de la mitad de la capitalización bursátil en EEUU y en Reino Unido. Hoy su peso es insignificante. Algo parecido ocurre con el sector de televisión, amenazado por el auge de plataformas como Netflix o HBO.

Se ha denominado al Covid como una “explosión cámbrica” que ha acelerado la disrupción digital muchos años, algo que puede a su vez acelerar el triunfo y la muerte de empresas y sectores. Baste como ejemplo que prácticamente un nivel muy reducido de las acciones cotizadas (sobre todo las tecnológicas) han generado la casi totalidad de los retornos de la Bolsa norteamericana (a su vez la que mejor se ha comportado) en los últimos años.

¿Qué disrupciones podemos vislumbrar para este año entrante?

Primero: la revolución de la movilidad. No hablamos sólo de que el número de coches eléctricos se multiplicará por trece esta década. Hablamos también del impacto que los vehículos autónomos generarán en importantes sectores. La inteligencia artificial facilita que los camiones autónomos, que ya circulan en Nevada, puedan ser una solución a la escasez de mano de obra que se observa en varias economías, pero también una importante amenaza a una profesión numerosa. Conducir por ciudades con coches autónomos es más difícil para un robot, pero en Yokohama ya circulan taxis sin conductor de Nissan.

Segundo: la aceleración de la robótica. Si nos encontramos ante la llamada “gran dimisión”, mostrando un mercado laboral en la OCDE muy tensionado, las empresas reaccionan aumentando el volumen de robots. A medida que los sueldos de los trabajadores suben, los de los robots bajan. Las ventas de robots se han disparado desde la pandemia (presentan otra ventaja, no se infectan). Existe ya evidencia que muestra cómo una mayor penetración de robots puede explicar mayores incrementos de productividad. Con todo, este proceso puede generar importantes cicatrices sociales que hay que prever.

Tercero: la priorización de la ciberseguridad. Las empresas mundiales pierden seis billones (españoles) de dólares por ciberataques al año. A medida que las empresas aceleran su digitalización espoleadas por el Covid y facilitan el teletrabajo y el trabajo híbrido, también aumentan sus vulnerabilidades. Una estrategia de ciberseguridad impulsada desde el consejo de administración es una prioridad clave para afrontar esta amenaza, máxime si la evolución de la tecnología de la empresa no va a la misma velocidad que la madurez de su ciberseguridad.

Cuarto: la irrupción del metaverso. Con 4.500 millones de personas conectadas a redes sociales de un total de 7.700 millones de habitantes en la tierra, la posibilidad de que creemos avatares de nosotros mismos, denominados “gemelos digitales” para interaccionar en el metaverso genera múltiples ángulos. Los avatares podrán utilizar la realidad aumentada o virtual para, por ejemplo, visitar el Coliseo de Roma tal como está ahora, o bien para visitar una reconstrucción virtual del edificio en su apogeo. Podrán además socializar con otros avatares, incluso con aquellos de personas que hayan fallecido, pero que mantengan su avatar con sus características en el metaverso. Nike y Adidas ya han anunciado que venderán sus productos digitales en el metaverso (para calzar a nuestros gemelos), desarrollando un comercio electrónico ad hoc. Si las transacciones en el metaverso se generalizan en la criptodivisa ethereum, habrá que analizar el impacto en las divisas tradicionales, e incluso en la divisa de reserva. Además, surgirán industrias asociadas tanto a los datos como a la publicidad que generará el metaverso.

Quinto: el triunfo del comercio electrónico. El Covid ha adelantado una tendencia imparable de adopción del comercio electrónico unos cinco o diez años, tal como ocurrió en China durante la pandemia del SARS. Una vez que el usuario ha probado el comercio electrónico por primera vez es muy posible que repita. Amazon genera ya un volumen muy relevante de los envíos postales de EEUU y, por cierto, vende ya más productos de terceros que propios. Además, empresas como la canadiense Shopify han construido plataformas rivales a la de Amazon con más de 120.000 millones de dólares de ventas en cuestión de una década. Las implicaciones en la logística de última milla son evidentes.

Como señala el libro Where is my flying car?, Maquiavelo, en El Príncipe, escribió que a los innovadores se les oponen aquellos “a los que les ha ido bien bajo las antiguas condiciones”. Se ha señalado cómo este proceso también afecta a la producción de conocimiento científico e incluso en el mundo empresarial. El sistema a corto plazo es alérgico al cambio y recompensa a los incumbentes contra las ideas “no Tolemaicas”: la tierra es el centro del Universo. Se descubrió la electricidad en el año 1881, pero las fábricas no cambiaron radicalmente procesos hasta la década de 1920.

Pero la historia de la economía y de las empresas es categórica: la innovación y la verdad siempre vencen frente a la resistencia al cambio y a las viejas creencias. Por eso, Tesla vale más que las diez compañías más grandes de coches juntas.


Los cuatro grandes interrogantes del mercado para el año que empieza. George Steer/Chris Flood. Financial Times.

Las cifras rozan lo incomprensible. Desde que comenzó la pandemia, los bancos centrales han inyectado 32 billones de dólares en los mercados de todo el mundo, lo que, según Bank of America, equivale a comprar 800 millones de dólares de activos financieros cada hora de los últimos 20 meses. La capitalización del mercado mundial de acciones se ha disparado en 60 billones de dólares.

Sin embargo, la inflación ha aumentado y, en su intento por contener los precios, la Reserva Federal de EEUU anunció el mes pasado que sus compras de activos llegarán a su fin en marzo, y que seguramente habrá tres subidas de los tipos de interés el próximo año.

En este contexto, estas son las grandes preguntas que se hacen los bancos y los inversores para 2022.

Inflación: ¿será transitoria?

En 2021 los bancos centrales han dado un giro de 180 grados con respecto a la inflación en 2021, pasando de asegurar que sería un reflejo “transitorio” del repunte posterior a los confinamientos a reconocer que se prolongará durante más tiempo. En noviembre, los precios en EEUU subieron al ritmo más rápido desde 1982, los precios en la zona euro aumentaron un 4,9%, un récord, y las cifras en Reino Unido registraron el máximo de los últimos 10 años.

Sin embargo, muchos bancos e inversores esperan un retroceso.

Según Morgan Stanley, aunque es probable que los precios sigan siendo elevados el año que viene, el ritmo de aumento alcanzará su máximo a principios de 2022, a medida que los precios del petróleo retrocedan y se solucionen los problemas de la cadena de suministro.

Columbia Threadneedle también cree que las “mejoras en la cadena de suministro harán que la inflación acabe cediendo” en 2022. Esto plantea la alarmante perspectiva de que la Reserva Federal de EEUU empiece a subir los tipos justo cuando la inflación retrocede.

Pero BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, cree que la inflación más alta se mantendrá “durante los próximos años”.

Goldman Sachs prevé que los precios al consumo de EEUU se mantengan por encima del 4% hasta el próximo año.

Los bancos centrales han empezado a cerrar el grifo, o a anunciar que lo harán el próximo año y los inversores están nerviosos por si acaban yendo demasiado lejos.

David Folkerts-Landau, economista jefe de Deutsche Bank, afirma que si la inflación no se modera, los bancos centrales adoptarán una “política monetaria más agresiva, lo que provocará una reacción muy negativa en los mercados financieros y, muy probablemente, una recesión económica significativa”.

UBS cree que un error en la política de los bancos centrales sería uno de los “principales riesgos para los inversores y la economía mundial en 2022”. Bank of America añade que los mercados “están pasando de un periodo en el que los bancos centrales han intentado ser predecibles y suprimir la volatilidad a otro en el que serán una fuente de sorpresas”.

¿Subirán las bolsas en EEUU?

“Los clientes nos dicen que el boom del mercado, los beneficios y la liquidez han tocado techo, los bancos centrales van a endurecer sus políticas, y que es hora de recoger parte de los beneficios”, explica Mislav Matejka, jefe de estrategia de renta variable global y europea de JPMorgan. “No estamos de acuerdo con eso”.

Goldman Sachs prevé que el S&P 500 suba un 9% más a finales de 2022.

Sin embargo, a algunos les preocupa que las ganancias de la renta variable, especialmente en los sectores que más subidas han registrado, no sean sostenibles.

Morgan Stanley apunta a una caída el S&P del 5%. Bank of America, por su parte, pronostica que la desaceleración económica y la subida de los tipos de interés provocarán una caída del 3% del principal indicador de renta variable de EEUU.

¿Cuáles son las perspectivas para Europa?

En opinión de Frederik Ducrozet, analista senior de Pictet Wealth Management, el BCE se enfrenta a un entorno “difícil y volátil” en relación a los precios de cara al próximo año. “El panorama general no es sólo de una inflación elevada, sino también de una volatilidad de la inflación persistentemente alta”, añade.

La semana pasada, el BCE se comprometió a reducir su programa de compra de deuda desplegado durante la pandemia en respuesta a la subida de los precios, al tiempo que reiteró que las subidas de tipos tendrán que esperar hasta 2023.

Según datos recopilados por Bloomberg, todo apunta a que el índice Stoxx 600 subirá un 6%, ya que el crecimiento económico se mantiene y los rendimientos de los bonos siguen siendo bajos. Sin embargo, Bank of America espera que estas tendencias se inviertan en 2022, y que el Stoxx caiga un 10%.

Ben Ritchie, director de renta variable europea de Abrdn, la gestora de activos con sede en Edimburgo, afirma que los inversores deberían centrarse en empresas con posiciones competitivas sólidas.

Aunque los múltiplos de valoración de la renta variable europea suponen un desafío, Ritchie afirma que los sectores sanitario, de bienes de consumo y financiero ofrecen “muchas oportunidades”.

Sin embargo, Pimco predice que la renta variable europea tendrá “más dificultades” debido a la combinación de una composición sectorial desfavorable, los elevados precios de la energía y la creciente inquietud en torno a las perspectivas de Covid-19.

Jordan Rochester, analista de divisas de Nomura, cree que el repunte de los precios de la energía, los alimentos y los servicios harán que la tasa de inflación en Europa siga siendo demasiado alta el próximo año.

Recuerda que el precio del gas en Europa ha subido un 573% este año, lo que refleja la preocupación de que Alemania pueda quedarse sin suministros durante el invierno. El aumento del coste del gas está haciendo subir los precios de los fertilizantes, que están directamente relacionados con el precio de los alimentos. Según Rochester, es probable que los consumidores reaccionen ante esta situación exigiendo aumentos salariales.

Hay que estar atentos a las elecciones presidenciales francesas de abril.

¿Qué pasará en China y los emergentes?

“Los mercados emergentes han tenido un año terrible y va a haber muchas más malas noticias, en parte porque la política [de China] de cero Covid va a ser difícil de mantener, especialmente con Omicron”, afirma Chris Jeffery, gestor de multiactivos y responsable de tipos e inflación de LGIM.

El índice de renta variable CSI 300 de China ha caído un 3% este año después de que las autoridades de Pekín impusieran nuevas restricciones a las empresas de los sectores tecnológico, educativo e inmobiliario.

Por su parte, Claudia Calich, responsable de deuda de mercados emergentes en M&G Investments, afirma que los problemas del sector inmobiliario chino sirven para recordar los peligros y la fragilidad que pueden acechar a los mercados de deudas corporativa de Asia, hasta hace poco un área de creciente interés para los inversores internacionales.

Calich añadió que los inversores deberían prepararse para “importantes riesgos a la baja” en los mercados emergentes si la gravedad del virus resulta ser peor de lo previsto, especialmente entre los numerosos países que todavía no tienen a su población vacunada.


Un horizonte económico complejo. Jose MaríaRotellar.

El horizonte económico se está volviendo cada vez más sombrío y la ansiada recuperación, desgraciadamente, se tambalea. El crecimiento del PIB se ralentiza y presenta signos de estancamiento. Se apaga el consumo de los hogares mientras la industria no remonta y el sector servicios languidece, especialmente tras unas Navidades en las que la actividad turística y hostelera no ha funcionado como debería debido a las nuevas restricciones aplicadas en muchas regiones y al miedo por la propagación de la nueva variante del virus procedente de Sudáfrica, llamada Ómicron.

Los resultados de la actividad económica medidos hasta ahora, tanto en tasa intertrimestral como interanual, muestran, claramente, que la actividad económica ha perdido empuje. En el IV trimestre, la ralentización habrá sido mayor, porque, como digo, el mes de diciembre ha supuesto un freno claro en el turismo y la hostelería, siendo un mes especialmente fuerte, por las comidas y cenas navideñas, en esta última actividad, que se han visto canceladas en un altísimo porcentaje debido al aumento de contagios. Debería haberse explicado que la nueva variante contagia más, pero que es mucho menos agresiva en términos generales, y que la vacuna marca una diferencia notable entre quienes se contagian, tal y como se puede observar en los datos desagregados semanales que ofrece el Ministerio de Sanidad. Sin embargo, ha vuelto a propagarse el alarmismo en la sociedad. Hasta que no se afronte esta enfermedad como cualquier otra, que, gracias a la ciencia, es como ya hay que abordarla, el crecimiento económico y el empleo seguirán instalados en una montaña rusa.

Como segundo factor negativo, el coste energético no cesa en su escalada y, día tras día, se encarece la factura de la energía. El motivo principal de dicho incremento del coste de la energía se debe a una política energética equivocada, donde se abandonan algunas fuentes de energía sin tener un sustitutivo que haga viable el suministro, especialmente en un mercado con demanda creciente. Debe apostarse por la energía nuclear sin dudarlo; en este sentido, la Comisión Europea ha dado un paso esperanzador al incluir en un borrador una propuesta para considerar a la energía nuclear y el gas como energías verdes. Alemania, desde su sentimiento antinuclear irracional, se opone, pero cuenta con Francia enfrente, que tiene muy claro que la energía es un elemento estratégico nacional y que incrementará su capacidad nuclear. España, de manera absurda, pues podría ser una potencia generadora de energía nuclear, no ha tardado ni veinticuatro horas en criticar la propuesta de la Comisión Europea, poniendo la soga al cuello de nuestra economía, pues, sin energía nuclear, el coste energético será mayor, disminuirá el poder adquisitivo de los españoles y nuestra industria perderá competitividad y, por tanto, disminuirá su cifra de negocios.

Además, ese aumento de precios es avivado por el incremento de costes de transporte y la escasez de algunos componentes, por el lado de la oferta. Dicho coste se está repercutiendo ya con fuerza a lo largo de toda la cadena productiva. Eso se plasma en un IPC en el 6,7% interanual, con una inflación subyacente en el 2,1%. Dicha tasa general de IPC es la mayor desde que se firmó el Tratado de Maastricht; es preocupante y hay que actuar, o, mejor dicho, el Banco Central Europeo tiene que actuar y los gobiernos deben hacer reformas profundas.

En este sentido, la Reserva Federal ya ha anunciado que subirá los tipos hasta en tres ocasiones en el presente ejercicio de 2022, mientras que el Banco de Inglaterra ya los ha subido veinticinco puntos básicos. Sin embargo, el Banco Central Europeo, pese a que su único objetivo es, no lo olvidemos, velar por la estabilidad de precios, insiste en que este repunte de la inflación parece que será pasajero, sólo con impacto importante en el corto plazo, de manera que, aunque lo vigilen, no están tomando decisiones firmes conducentes a aplicar una política monetaria más restrictiva (la finalización de las compras extraordinarias por coronavirus parece que serán reemplazadas incrementando el programa ordinario), que embride el alza de precios que estamos viviendo, aunque ya admiten que es más duradera de lo que preveían y que repercutirá negativamente en salarios –especialmente, tras la contrarreforma laboral del Gobierno– y sostenibilidad de las pensiones.

Aquí, nos encontramos con dos problemas: el primero, que, siendo necesaria la vuelta a una política monetaria restrictiva, no puede ser excesivamente rápida, porque podría colapsar la economía, con lo que la corrección de la inflación podría no resolverse de inmediato (es el problema que tiene el llevar tanto tiempo con una política monetaria tan tremendamente laxa); la segunda, que con la subida de tipos se empobrecerán las familias endeudadas a tipo variable, de manera que les restará recursos para el consumo y el ahorro. Toda la financiación se encarecería, afectando, por tanto, a proyectos empresariales y, en definitiva, a la actividad económica y el empleo. También, en el medio y largo plazo se encarecerá el coste de la deuda de las AAPP, aunque en el corto plazo, por la vida media de su cartera no les impacte.

Todo ello, desemboca en un peor comportamiento de la economía española, como dejan ver la práctica totalidad de instituciones que realizan predicción económica. La OCDE ha rebajado las previsiones económicas de España 2,3 puntos en 2021 (hasta el 4,5%) y 1,1 puntos en 2022 (hasta el 5,5%), de manera que no recuperará su nivel de actividad previo a la pandemia hasta el primer trimestre de 2023, de manera que se retrasa la recuperación. Frente a ello, la OCDE ha mejorado las previsiones de crecimiento de Francia e Italia.

El FMI también recorta las previsiones de crecimiento de la economía española, desde el 5,7% al 4,6% para 2021, y del 6,4% al 5,8% para 2022.

El Banco de España rebaja la previsión de crecimiento de la economía española en 1,8 puntos para 2021, hasta dejar el crecimiento del PIB en el 4,5%, es decir, dos puntos menos que lo estimado en el cuadro macro por el Gobierno. Del mismo modo, para 2022 rebaja medio punto el crecimiento del PIB, hasta dejarlo en el 5,4%, que es 1,6 puntos inferior al mantenido por el Ejecutivo.

El Gobierno se agarra a unos datos anestesiados. Para empezar, la situación es peor que cuando el actual presidente del Gobierno llegó a la cabecera del banco azul. En segundo lugar, pese a los últimos datos de empleo, se han mantenido gracias a los ERTE cuya legislación se desarrolló a partir de la reforma laboral de 2012, y, por otra parte, sobre una actuación de política fiscal que ha llenado la economía de un gasto público exponencial, sólo posible por el respaldo del Banco Central Europeo a la hora de financiarlo. Cuando haya que regresar a la senda de estabilidad y el BCE deje de inundar el mercado de liquidez y de respaldar nuevas emisiones de deuda, la estructura puede tambalearse. Los niveles de déficit y deuda son insoportables; podrían entenderse como algo coyuntural, pero el problema es que el Gobierno no parece por la labor de volver a un nivel de gasto anterior a la pandemia, convirtiéndolo en estructural.

Por todo ello, el horizonte económico se muestra complejo. Para superarlo adecuadamente, debemos volver a la normalidad sin adjetivos y aceptar que el coronavirus es ya una enfermedad más, eliminando todo tipo de restricciones y combatiendo la enfermedad con vacunas y los fármacos que próximamente estarán disponibles; el BCE debe retornar a una política monetaria ortodoxa, no tan laxa, para dejar de financiar los cuellos de botella que provocan una elevada inflación; debe apostarse por la energía nuclear como energía limpia, que permita evitar el alza del coste energético; deben emplearse adecuadamente los fondos europeos en inversión productiva, y no en otro plan E fracasado; y debe eliminarse gasto estructural, no subir impuestos y retornar a la senda de estabilidad, base, junto a una inflación moderada, de la fortaleza del euro. El horizonte es complejo, pero tiene solución. Ahora, sólo queda que se apliquen dichas medidas para llegar a ella


Buen fin de semana.

Comentario de mercado Nochevieja 2021

Os deseo todo lo mejor para el nuevo año, y que esta noche empecéis con buen pie.

La mayoría de los principales índices bursátiles del mundo despiden hoy un 2021 muy bueno. El S&P 500, el indicador más representativo del mercado estadounidense, ha logrado anotarse 70 récord del año. En Europa el Stoxx 600, que integra a las compañías más relevantes de diecisiete bolsas europeas, cerró a un 0,25% de su máximo histórico, al igual que el Cac 40 de París y se sitúa un 0,11%. El MSCI World también acaricia su cota histórica. Suiza y Suecia cotizan igualmente en zona de récord.

Las revalorizaciones anuales son en muchos casos sustanciosas. El Cac 40 de París, el más rentable, se revaloriza un 29,21%, seguido del Ftse Mib de Milán, con un 23%, y el Euro Stoxx 50, con un 21,21%. En Wall Street, el S&P 500 suma un 27,23%, mientras que el Nasdaq Composite gana un 22,14% y el Dow Jones, un 18,92%.

En España el Ibex 35 se queda muy rezagado entre los índices occidentales, con un ascenso del 7,93%, poco más de la mitad que el Ftse 100 de Londres y del Dax Xetra de Fráncfort, que avanzan un 14,59% y un 15,79%, respectivamente.

Distinta suerte corren las bolsas asiáticas. El Nikkei de Japón mejora su marcador anual un 5,33%, pero el CSI 300, que integra los 300 principales valores de las bolsas de Shanghái y Shenzhen, cae un 6,29%, mientras que el Hang Seng de la Bolsa de Hong Kong se deprecia un 15,22%. Las presiones regulatorias de Pekín sobre varios sectores empresariales, entre ellos la potente industria tecnológica, y los problemas de solvencia en parte del sector inmobiliario han ahuyentado a muchos inversores internacionales de los mercados chinos.

La tendencia alcista ha sido sólida en las bolsas occidentales durante todo el año, gracias a la recuperación de los sectores cíclicos. Había arrancado noviembre de 2020, tras el anuncio de las primeras vacunas eficaces contra el Covid. Aun sí la marcha ascendente de los mercados de acciones no ha estado exenta de varios episodios de nervios por las presiones inflacionistas derivadas en buena parte de los cuellos de botella en la cadena de suministros, el temor a un endurecimiento prematuro de los estímulos monetarios y algunos sustos sobre la evolución de la pandemia, especialmente ruidosos con la entrada en escena de la variante Ómicron.

Pero los inversores han encontrado apoyos sólidos con los que neutralizar las dudas y llevar en volandas a los índices. Cada conato de corrección se ha visto como una oportunidad de compra ante la gigantesca liquidez puesta en bandeja por los gobiernos y los bancos centrales, mediante unos programas de estímulos monetarios y fiscales sin precedentes para responder a la histórica crisis sanitaria.

Los mensajes acomodaticios de la Fed, el BCE o el Banco de Inglaterra incluso cuando los indicadores de subidas de precios han disparado todas las alarmas (ayer se conoció que el IPC en España ha trepado al 6,7% en diciembre, el nivel mas alto en casi tres décadas, luego comento con detalle) y su compromiso en ir normalizando la política monetaria sin poner en riesgo la recuperación económica han devuelto la tranquilidad una y otra vez a los mercados.

El mayor respaldo ha llegado, sin embargo, de los resultados empresariales que es lo que realmente se cotiza en las bolsas. Su crecimiento trimestre a trimestre ha ido superado las expectativas del consenso del mercado, insuflando grandes dosis de optimismo. Las previsiones apuntan a que el BPA (beneficio por acción) de las compañías del S&P 500 aumentará al cierre de 2021 más del 38% respecto a las cifras de 2019. Los analistas creen que no tiene sentido compararlas con las del anómalo 2020. El BPA del Nikkei crecerá previsiblemente más del 45% y el del Euro Stoxx 50, más del 12%.

En esta foto tan favorable no está el Ibex, los analistas estiman que habrá que esperar hasta 2023 para que los beneficios empresariales superen los niveles previos a la pandemia. Es el único de los grandes índices que cotiza por debajo del inicio de la crisis del Covid-19.

La penúltima semana del año 2021 estuvo repleta de eventos. En primer lugar, el Banco Popular de China, por primera vez desde abril de 2020, bajó el tipo preferente de los préstamos a un año al 3,8%, desde el 3,85%. A pesar de que el tipo de interés preferente a cinco años se mantuvo sin

cambios desde el mes anterior en el 4,65%, se prevé que el banco central chino seguirá flexibilizando su política para frenar la desaceleración económica. La sensación es que el banco Central Chino seguirá apoyando la economía. El único problema está en que los dos sectores más importantes del país siguen en una situación algo complicada. Para ser más precisos, por un lado, las tensiones del mercado inmobiliario chino siguen siendo elevadas. Por el otro lado, las compañías tecnológicas siguen sufriendo de los ataques por parte del regulador – la semana pasada Alibaba Cloud Computing, una filial del conglomerado Alibaba Group, fue acusada de ocultar vulnerabilidades de ciberseguridad. Se cree que la vulnerabilidad permite a un atacante ejecutar código de forma remota en un sistema atacado y luego obtener el control total de los servidores.

En Estados Unidos la semana pasada los analistas de Goldman Sachs han vuelto a empeorar su previsión de crecimiento económico para la primera economía del mundo tras las declaraciones del senador demócrata Joe Manchin de que no apoyaría el plan de gasto de 2 billones de dólares. Las

previsiones del PIB de EEUU para el primer trimestre se han rebajado de un 3% a un 2%. La previsión para el segundo trimestre se redujo al 3% desde el 3,5% anterior y para el tercer trimestre al 2,75%, desde el 3%. El voto de Manchin es fundamental para que los demócratas se aseguren la mayoría. El proyecto de ley exige una inversión masiva del gobierno en programas de protección social y medidas para hacer frente al cambio climático. Se espera que el paquete se financie con subidas de impuestos. Dado que los republicanos se oponen unánimemente a la iniciativa, los demócratas necesitan el apoyo de los 50 senadores de su partido.

En Europa uno de los mayores riesgos es la crisis energética. El cierre de los reactores de las centrales nucleares en Francia ha reducido su capacidad en un 10%. Se estima que la situación podría verse agravada por la baja potencia de energía eólica. A principios de esta semana, en las subastas,

los precios de la electricidad subieron a su nivel más alto desde 2009. A medida que las temperaturas se mantengan por debajo de lo normal no se espera que la crisis energética de Europa se resuelva pronto. Aun así, esto no significa que los precios del recurso natural seguirán batiendo records. De hecho, la semana pasada las cotizaciones del gas han caído después de que Estados Unidos envió 30 metaneros a la Unión Europea.

Por el lado de coronavirus, a los analistas les preocupa el hecho de que los países europeos vuelven a imponer las restricciones a medida que se extiende la nueva cepa Omicron. Por ejemplo, Alemania cerró las discotecas a partir del 28 de diciembre y prohíben las reuniones de más de 10 personas. Finlandia y Suecia restringen el acceso a los bares y restaurantes. El Reino Unido aún no tiene previsto reforzar sus medidas de cara a las Navidades, aunque ha registrado el mayor aumento de nuevos casos de COVID-19 de Europa. Los Países Bajos han impuesto un estricto bloqueo desde el lunes de la semana pasada (20 de diciembre).

La buena noticia es que la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) aprobó el jueves pasado el uso de los comprimidos de COVID-19, desarrollados por la farmacéutica estadounidense Merck en colaboración con Ridgeback Biotherapeutics. El medicamento, llamado Molnupiravir, está diseñado para tratar la enfermedad de leve a moderada en adultos de riesgo. El día anterior, la FDA había aprobado los comprimidos de Paxlovid de la empresa farmacéutica Pfizer. Los fármacos de Merck y Pfizer podrían ser herramientas prometedoras en la lucha contra la pandemia de COVID-19, especialmente teniendo en cuenta la rápida propagación de una nueva variante del coronavirus «omicron». Se espera que el fármaco desarrollado por Merck sea menos popular que el de Pfizer, que reduce la probabilidad de hospitalización y muerte entre los pacientes de riesgo en un 90%, y prácticamente no tiene efectos secundarios. Por otro lado, el fármaco Megsk tiene mucha menos capacidad para prevenir la progresión grave de la enfermedad de lo que se afirmaba en un principio, con una reducción de sólo el 30% de los ingresos hospitalarios y las muertes entre los pacientes de riesgo.

Un buen resumen de este año tan raro ha sido que se ha superado un récord de salidas a Bolsa. Algunos analistas toman este dato como un indicador de burbuja bursátil. Lo cierto es que muchas compañías han aprovechado los múltiplos a los que cotizan los mercados cotizados para sacar parte de su capital a Bolsa, puesto que supone que el coste de capital que implican estos múltiplos es menor al que les exige un private placement un fondo de capital riesgo o incluso puede equivaler, en algunos casos al coste de la deuda, con lo que este año ha sido un momento perfecto para sacar compañías a Bolsa y eso ha generado este récord de 316 billones de dólares de OPVs.

Para el año que viene estamos muy positivos en el sector salud (tenemos posición en Grifols, Viatris, Faes Farma, Merck, Bayer y otras pequeñas compañías de biotecnología), ya que nos parece que es el sector más barato y con más potencial en el corto plazo, es un sector que en general tiene ratios de deuda por debajo del resto del mercado global, con rentabilidades sobre el capital empleado muy elevados, rentabilidades por dividendo también por encima del resto de los sectores globales, y que se ha quedado muy barato por el Covid19, ya que la FDA y el resto de autoridades sanitarias han estado centradas en el coronavirus y han dejado de lado otras patologías y medicamentos. Un indicador para determinar cómo de barato está el sector es que en el año 2020 se batió el récord de compras dentro del sector farmacéutico, ya que muchas compañías farmacéuticas grandes han aprovechado los múltiplos a los que cotizan compañías comparables, o pequeñas compañías de biotecnología o farmacéuticas para comprar y aprovechar el momento para crecer inorgánicamente.

Las principales compras estuvieron protagonizadas por la tecnología médica y la salud digital, que vivieron un boom por las restricciones. Pero el sector ha recuperado el pulso en 2021 y cierra el año con un nuevo récord histórico en adquisiciones, al sellar operaciones por valor de 554.170 millones de dólares (489.600 millones de euros), según datos de Dealogic. Esta cifra no sólo supera en casi un 38% los 402.140 millones de dólares del año pasado, sino también los 532.000 millones de dólares (470.000 millones de euros) de 2019.

Cáncer, enfermedades raras, inmunología o terapias genéticas son algunas de las áreas en las que las farmacéuticas han salido de compras para ganar músculo, maximizar el potencial de sus carteras y hacerse con biotecnológicas que desarrollan tratamientos innovadores que aportarán futuros ingresos ante el vencimiento de las patentes de sus fármacos estrella, la mayor competencia o entrar en áreas terapéuticas que marcarán el futuro de la medicina. Todo ello en un momento de sólidos balances y financiación accesible.

AstraZeneca completaba en julio una de las grandes adquisiciones, la de la americana Alexion Pharmaceuticals por 39.000 millones de dólares. Suponía la incursión en el segmento de las enfermedades raras de la farmacéutica anglosueca, que ha desarrollado, junto a la Universidad de Oxford una de las vacunas contra el coronavirus. Pero no ha sido su única compra este año para reforzarse en enfermedades raras. En septiembre ejercía, a través de Alexion, su opción de compra sobre Caelum Biosciences por 150 millones de dólares, a los que se sumarán 350 millones más si los fármacos de esta biotecnológica alcanzan ciertos hitos comerciales y regulatorios.

Tras dos décadas como accionista histórico, la suiza Novartis se desprendía de su participación con derecho a voto del 33% en Roche. Su competidor y vecino en Basilea, pagaba 20.700 millones de dólares (17.800 millones de euros) por sus propias acciones. Novartis, que obtuvo una plusvalía de más de 12.000 millones de euros con la venta, acaba de anunciar la compra de Gyroscope Therapeutics por 1.500 millones de dólares para reforzar su área de oftamología, donde también se ha hecho con Arctos Medical. Además, su división Sandoz tomó el control del negocio de cefalosporinas (uno de los antibióticos más utilizados) de GSK por 500 millones de dólares.

Entre las grandes transacciones, Thermo Fisher Scientific se ha hecho con PPD por 17.400 millones de dólares en efectivo, con una prima del 24% sobre el valor de la firma de ensayos farmacéuticos.

El gigante biofarmacéutico australiano CSL, con la suiza Vifor Pharma por 11.700 millones de dólares en efectivo, en la mayor adquisición de su historia para diversificarse más allá de la fabricación de plasma sanguíneo, donde es uno de los líderes mundiales. CSL fabrica en Australia la vacuna de AstraZeneca. Vifor acaba de entrar en la mallorquina Sanifit Therapeutics, en una operación 205 millones de euros, además de otros 170 millones en función de los avances del fármaco experimental que la biotech española tiene en investigación.

Casi todas las grandes farmacéuticas han seguido comprando para reforzar sus carteras. La estadounidense Merck (conocida como MSD fuera de Estados Unidos y Canadá) pagaba en octubre 11.500 millones por Acceleron Pharma para diversificarse hacia potenciales tratamientos que generen nuevos ingresos, más allá de los fármacos contra el cáncer, donde cuenta con el superventas Keytruda. Acceleron aporta un prometedor medicamento para la hipertensión arterial pulmonar (HAP), un mercado potencial de 7.500 millones en 2026. También entró en Pandion (terapias para enfermedades autoinmunes) por 1.850 millones, pagando 60 dólares por acción (el doble de su cotización).

La francesa Sanofi se hizo en enero con Kymab (anticuerpos monoclonales para inmunología), en agosto con Translate Bio (su socio en la tecnología ARNm para vacunas) y en septiembre con Kadmon (terapias biotecnológicas para trasplantes). Ha invertido 6.600 millones de dólares en estas tres compras.

Pfizer acaba de adquirir Arena Pharmaceuticals, que desarrolla terapias innovadoras frente a enfermedades inmunoinflamatorias, por 6.700 millones de dólares. También ha ampliado su portfolio en oncología con Trillium Therapeutics, por 2.300 millones, desembolsando la prima más alta pagada por una biotecnológica desde 2018, y con los derechos para comercializar fuera de Estados Unidos dos fármacos contra la migraña de Biohaven Pharmaceutical.

Bayer, que el año pasado adquirió Asklepios (terapia genética) y Viralgen (vectores adenoasociados), compró en agosto Vividion por 2.000 millones de dólares para reforzar su área farmacéutica. Amgen se hizo con Five Prime por 1.900 millones para crecer en oncología y ha tomado una participación en Neumora (medicamentos de precisión para enfermedades cerebrales); Roche con GenMark (diagnóstico molecular) por 1.800 millones; Lilly con Prevail (terapia genética) por 1.040 millones; y Novo Nordisk pagó 3.300 millones de dólares por Dicerna.

El capital riesgo ha tomado también posiciones en el sector. Pese a fracasar la opa de 7.600 millones de dólares de Advent y el fondo soberano de Singapur sobre la sueca Sobi, al no alcanzar el 90% del capital previsto en la oferta (AstraZeneca bloqueó la venta de su 8%), Nordic Capital cerró la compra de Advanz por 2.000 millones, incluida deuda, y Triton Investment Management pagó 1.600 millones por la británica Clinigen. En España, Uriach vendió a MCH Private Equity su negocio de fabricación, I+D, licencia y suministro de productos farmacéuticos por un precio no desvelado.

Importante esta semana:

En China el PMI Manufacturero de Diciembre salió algo mejor de lo esperado (50,3 vs 50,0 esperado y 50,1 anterior). El PMI de Servicios de diciembre, mejora también más de lo esperado hasta 52,7 vs 52,0 esperado y 52,3 anterior. Finalmente, el PMI Compuesto de diciembre repite el dato del mes anterior y se sitúa en 52,2. Datos en general positivos de PMIs dado que todos ellos se sitúan por encima del nivel de expansión (por encima de 50) por segundo mes consecutivo. El sector manufacturero sigue beneficiándose de la fortaleza de las exportaciones y de la progresiva recuperación de la demanda interna. En cuanto al El PMI de Servicios, la cifra sorprende presentando mejoras respecto al mes anterior cuanto se esperaba algo de recorte debido a la presión en el consumo y las ventas minoristas (fruto de las restricciones y confinamientos por la variante Ómicron que se están produciendo en el país).

En Estados Unidos se publicaron ayer las peticiones semanales de desempleo se mantienen estables en 198.000 vs 206.000 estimado y anterior. El Paro de Larga Duración se reduce a 1.716.000 vs 1.868.000 estimado y 1.856.000 anterior. Ambos se encuentran ya en niveles pre-pandemia (218.000 y 1.700.000 respectivamente de media en 2019, el PMI de Chicago también se publicó ayer con un dato de 63,1 en diciembre vs 62,0 estimado y 61,8 anterior, datos muy positivos para las bolsas, que ponen de manifiesto la fortaleza de la economía americana. El empleo sigue su proceso de recuperación y se prevé que vuelva a pleno empleo en 2022.

La semana que viene empezaremos el año 2022 con muchas referencias macroeconómicas.

 En Estados Unidos contaremos con los datos de empleo de diciembre, encuesta privada ADP (410.000 esperado frente 534.000 anterior)y con aceleración esperada en la creación de empleo en el informe oficial, nóminas no agrícolas 400.000 esperado vs 210.000 en noviembre, lo que llevaría a una nueva moderación de la tasa de paro hasta 4,1% frente al 4,2% del mes anterior y acercándolo al pleno empleo, y salarios moderándose hasta 4,2% interanual vs 4,8% anterior. También serán importantes las encuestas adelantadas de ISM de diciembre, manufacturero y de servicios, con moderación esperada en ambos aunque manteniéndose en niveles compatibles con un sólido crecimiento, así como los PMIs finales de diciembre (compuesto, manufacturero y de servicios) que se espera que mantengan el buen tono de los datos preliminares. A todo ello se sumarán las Actas de la última reunión de la Fed (de la reunión del 15 de Diciembre) en la que decidió acelerar el ritmo del tapering (duplicándolo a partir de enero 2022) y elevó su dot plot a corto plazo, aunque manteniendo sin cambios el nivel de llegada de los tipos de interés a largo plazo (2,5%).

En Europa, la atención estará en los IPC preliminares de diciembre en la Eurozona y Alemania, estimándose cierta moderación desde niveles muy elevados hasta 4,7% esperado (vs 4,9% anterior) en el caso europeo y 5,1% esperado (vs 5,2%) en el germano. A esto se sumarán los precios a la producción en la Eurozona, que aunque seguirían acelerando su tasa interanual (22,8% esperado vs 21,9%) podrían mostrar una notable desaceleración mensual (1,1% esperado vs 5,4%). También prestaremos atención a los datos finales de PMIs de diciembre (compuesto, manufacturero y de servicios) que confirmarán la desaceleración vista en los datos preliminares, sobre todo en servicios, al igual que harán las encuestas de confianza de la Eurozona del mismo mes. Asimismo conoceremos las primeras cifras de PMIs de diciembre en España e Italia, previsiblemente más afectadas en su componente de servicios por el reciente avance de los contagios.

En China, PMI compuesto, manufacturero y servicios Caixin (estabilidad esperada en manufacturas, ligera caída en servicios), y en Japón PMIs finales compuesto, manufacturero y de servicios, todos ellos de diciembre.

Ayer se publicó el nuevo dato de inflación en España. En Diciembre la inflación escaló al 6,70% y golpea el poder adquisitivo familiar y el margen de empresas.

La inflación da una nueva vuelta de tuerca al cierre del año, escalando 1,2 puntos en diciembre, hasta el 6,7%, de acuerdo con los datos que publicó ayer el Instituto Nacional de Estadística (INE). Y, lo que es peor, lo que en un principio podía catalogarse de subida “transitoria” de los precios (algo en lo que insistía la vicepresidenta primera y ministra de Economía, Nadia Calviño, por ejemplo), cada vez parece estar volviéndose algo menos temporal, habida cuenta de que los incrementos de los productos energéticos se están filtrando a cada vez más bienes y servicios. Y esto genera enormes efectos negativos en la economía, empezando por la pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos y la pérdida de valor de los ahorros y siguiendo por el desplome de los márgenes de beneficios de las empresas, una posible escalada de tensiones laborales para reivindicar subidas salariales e, incluso, presiona una eventual restricción en la política monetaria por parte del Banco Central Europeo (BCE), en caso de que se produzcan estos efectos de segunda ronda.

El Índice de Precios de Consumo (IPC) se ha disparado hasta el 6,7% en diciembre, como resultado de “la subida del precio de la electricidad y el aumento de los precios de la alimentación”, según el INE, que destaca que se trata de la mayor subida de precios desde 1992. Sin embargo, esta subida que ha sorprendido a todos los analistas (la Fundación de Cajas de Ahorros, por ejemplo, apostaba hace dos semanas por un dato del 5,8%, en línea con el de noviembre) no se ha quedado contenida a los precios de la energía y los alimentos, ya que el dato subyacente, que excluye precisamente ambos componentes, se eleva cuatro décimas, hasta el 2,1%. Esto se debe a que muchas empresas están empezando a repercutir en sus clientes la subida de la luz, de los costes de fabricación o de transporte que ellos mismos padecen, pero lo hacen en mucha menor medida que sus costes, ya que los precios industriales se disparan un 33,1% anual en noviembre. En otras palabras, las compañías repercuten parte de la subida precios que sufren pero, dada la atonía de la demanda por el incremento de la factura de la luz, se ven obligadas a afrontar una fuerte caída de los márgenes de beneficios, cuando no a vender a pérdidas por los precios pactados meses atrás.

Sin embargo, los problemas para las empresas no acaban aquí, ya que la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores está empezando a tensar las relaciones laborales. De hecho, el 88,37% de las empresas españolas prevé realizar incrementos salariales, de acuerdo con una reciente encuesta de KPMG, aunque la cifra será insuficiente como para compensar la subida de precios, ya que el aumento medio será del 2%. Y esto, a su vez, puede generar un nuevo problema a nivel macroeconómico, porque puede hacer que las subidas de precios que inicialmente se preveían transitorias se acaben consolidando en la economía, al dar sustento a la demanda agregada en el futuro. Esto es lo que se califica como efectos de segunda ronda y que puede hacer que la subida de precios se siga prolongando e, incluso, que se intensifique en el futuro.

Por ejemplo, la empresa de gestión de activos Federated Hermes señala que “la inflación global empeorará en el primer semestre del año antes de empezar a remitir” y señala que el IPC estadounidense (un punto por encima del español en la actualidad) podría llegar a escalar hasta por encima del 10% en los próximos meses. Estas cifras abren el debate sobre si los grandes bancos centrales deberían empezar a reducir sus actuaciones, dado que el recalentamiento de los precios está ahogando por completo el impulso proveniente de la demanda embalsada el año pasado y de los estímulos fiscales. Sin embargo, muchos economistas alertan de que hacerlo de forma precipitada sería infructuoso y contraproducente, porque no afectaría a los precios de las materias primas y la electricidad en los mercados internacionales y, además, provocaría una fuerte subida de las primas de riesgo, algo muy peligroso cuando la deuda de los países europeos ya asciende al 100% del PIB y la de España supera el 120% del volumen de la economía nacional.


Previsión 2022: Crecimiento con riesgos a la baja. Koldo Echebarria

A lo largo del próximo año, España irá recuperando la actividad perdida durante la pandemia. Los pronósticos más recientes esperan un crecimiento relativamente vigoroso, de entre el 5% y el 6%, si bien el resultado final dependerá de cómo evolucionen los factores que en los últimos meses han trabado el ritmo de nuestra actividad. La complejidad de la coyuntura, dada la singularidad de los fenómenos que estamos atravesando, hace que estos modelos enfrenten ahora mayores dificultades para acertar en sus previsiones, pudiendo encontrarnos ante correcciones significativas. 

Desgraciadamente, sobre el crecimiento pronosticado se ciernen riesgos que pueden corregirlo a la baja. La actividad va a estar condicionada por factores sujetos a alta incertidumbre, como la evolución de la pandemia, la superación de los cuellos de botella en las cadenas de suministro o el carácter del repunte de la inflación y sus implicaciones en la política monetaria. Esta falta de claridad no favorece la recuperación del consumo ni la inversión privada. Junto a todo ello, persisten las dudas sobre la capacidad de las administraciones públicas para ejecutar los recursos europeos en los plazos previstos. En el lado positivo, solo se me ocurre pensar en el potencial de crecimiento de la actividad exportadora de las empresas. Veamos estos factores por separado. 

La evolución de la pandemia es todavía el factor más determinante del futuro de nuestra actividad económica. Creemos haber pasado lo peor, pero los especialistas insisten en el riesgo de nuevas variantes más contagiosas y letales. La manera en la que Ómicron ha desbaratado los planes en el último mes del año y la lección aprendida por los gobiernos a la hora de reaccionar rápido, con medidas restrictivas de la movilidad y de la actividad social, deben estar presentes en cualquier análisis de riesgos. El problema de fondo, que es el bajo índice de vacunación especialmente en los países en desarrollo, puede seguir golpeándonos y recordarnos que, en términos de la movilidad del virus, la tierra es un único país y las barreras nacionales son puertas en el mar. Urge acelerar y hacer mucho más ambicioso el programa de vacunación a escala global y fortalecer la regulación internacional contra las pandemias, como ha venido reclamando la Organización Mundial de la Salud. Nada hace pensar, sin embargo, que esto vaya a lograrse, dada la escasa capacidad de actuación multilateral que hemos observado hasta el momento. 

La incertidumbre sanitaria es el freno principal que puede encontrar la evolución del consumo, que había repuntado con vigor, canalizando el ahorro acumulado durante el periodo de mayores restricciones. En el caso de nuestro país, el factor pandemia afecta muy especialmente a la actividad del turismo y la restauración, que podría verse limitada, tanto por nuevas condiciones y exigencias, como por el temor de los consumidores a contagiarse. También hay que estar atentos a otros factores que han trabado el consumo en los últimos meses, como los cuellos de botella en la cadena de suministro o el alza de los precios de la energía, que obliga a desviar recursos al consumo interno. Estas restricciones también moderan el gasto de las empresas, que está por ver si rebajarán con carácter duradero gastos de desplazamiento, restauración o incluso de espacio utilizado. Tras la experiencia vivida durante la pandemia, la nueva normalidad en la oficina está todavía por definirse. 

La actividad exportadora podría experimentar un nuevo impulso, aunque difícilmente como el experimentado en la salida de la anterior crisis. Las cifras del primer semestre del año, con un récord histórico de volumen de exportaciones, son una señal positiva. Sigue habiendo mercados de crecimiento atractivos para las empresas españolas de tamaño medio, competitivas en precio y en calidad y con flexibilidad y atrevimiento para seguir expandiéndose fuera de nuestras fronteras. Próximo Oriente o Sudeste asiático son mercados de amplio potencial de crecimiento donde los productos y servicios españoles tienen recorrido al alza. Un ejemplo de ello podría ser el de la internacionalización de la educación superior, con un multiplicador que casi triplica el gasto por matrícula y donde no alcanzamos ni la mitad de estudiantes de nuestros países vecinos. El apoyo de la red comercial y de nuestras entidades financieras en el exterior será muy importante para concretar estas expectativas. 

La evolución de la inversión pública es el factor sobre el que se han puesto más esperanzas, dado el compromiso adquirido por la Unión Europea para canalizar los fondos Next Generation. De nuevo, aquí el riesgo parece situarse a la baja, frente a las ambiciosas metas de gasto planteadas por el Gobierno. La maquinaria de la administración en materia de gasto está diseñada para minimizar riesgos y no para aprovechar oportunidades, a lo que se une la estructura descentralizada del Estado que, si por un lado, acerca el gasto a la realidad territorial, por otro, obliga a complicados procedimientos de coordinación interadministrativa. A esto se une el hecho de que, acertadamente, se quiere poner el acento en temas como la sostenibilidad o la digitalización y llegar a la parte del tejido productivo más necesitada de transformación, que son las pymes; esto obliga a redoblar el esfuerzo de gestión de los programas e introduce factores de complejidad a los que nuestras administraciones no están muy acostumbradas. 

Con todo, la preferencia en este ámbito debe ponerse en la calidad, no en la cantidad del gasto, aunque esto extienda en el tiempo su efecto sobre la actividad económica. Hay que asumir que frente al corto periodo de ejecución previsto inicialmente, deberán obtenerse numerosas prórrogas. Finalmente, pese a algunas voces, no creo que las autoridades europeas vayan a vestirse de negro para condicionar la liberación de los fondos a determinadas reformas; no estamos ante un rescate, sino ante un esfuerzo compensatorio por el impacto de la pandemia que se traduce en ayudas no reembolsables por el momento. 

El factor que reúne una mayor incertidumbre tiene que ver con la inversión privada. Hay una densa incertidumbre ambiental, en la que además de la pandemia, concurre un contexto de política económica con vientos en contra (retirada de estímulos, costes crecientes y alza de impuestos) y un contexto global en el que se acumulan las zonas calientes (Ucrania, Taiwán, Norte de África o Irán). Además, es difícil calcular el impacto sobre la inversión a corto plazo del daño sobre el tejido empresarial que ha provocado la pandemia; además de las empresas que se han visto obligadas a cerrar, no conocemos aún la magnitud de las insolvencias generadas por la crisis, aunque las señales disponibles son preocupantes. Con menos recursos propios y eventuales limitaciones de crédito por prudencia de los bancos, las perspectivas de inversión privada es probable que sufran recortes o por lo menos tarden en concretarse. 

Queda por último analizar el impacto del elefante en la habitación, el que a todos nos preocupa, pero del que es más difícil opinar: la evolución de la inflación, como fenómeno transitorio o duradero. Es difícil pronunciarse sobre ello. Hay factores en el alza de precios que deberían ser transitorios, como el atasco en las cadenas de suministro o el alza de precio de materias primas. Sin embargo, hay otros signos preocupantes que nos llevan a pensar en un cambio más estructural de precios relativos: la tendencia de desglobalización de centros productivos, acercando a los mercados la producción de bienes; la evolución de China, que de exportar deflación al resto del mundo, puede pasar a hacer lo contrario; las rigideces que se advierten en el mercado de trabajo con desajustes cada vez mayores entre oferta y demanda de empleo, que van a encarecer la factura salarial; y el coste de la transición energética que hace pensar en un alza de precios más duradera. De tratarse de esta segunda posibilidad, asistiremos a un endurecimiento de la política monetaria con consecuencias muy duras para el acceso y coste del crédito público y privado. 

Finalmente, la preocupación cuantitativa por el crecimiento debe combinarse con una preocupación cualitativa. De la inversión de hoy sale el sistema productivo de mañana. Mejorar la calidad de la inversión pública, sin concentrarnos en el cemento, los raíles o los cables y realizar inversiones en ciencia, investigación y tecnología, es crucial en el momento actual. También lo es mejorar la calidad del gasto corriente, del que depende la efectividad de sectores enteros como la educación o la sanidad. Y finalmente, es clave que la inversión privada mire a la innovación, aprovechando disrupciones tecnológicas que abren un nuevo mundo de oportunidades. No olvidemos que el crecimiento, aunque esencial, no es un fin en sí mismo, sino un medio para construir una sociedad mejor y la calidad en este sentido nos debe preocupar al mismo tiempo y manera que la cantidad.


Los precios se desbocan. José María Rotellar.

Los precios se desbocan; no es que no dejen de crecer, sino que aumentan de manera muy importante, como muestra el indicador adelantado del IPC de diciembre, cuya tasa interanual aumenta 1,2 puntos respecto a la de noviembre y se sitúa en el 6,7% –con impacto importante en ella de los precios de la energía–, con una inflación subyacente –que excluye los alimentos no elaborados y el componente energético– que se incrementa 4 décimas, hasta el 2,1%, que nos permite ver, un mes más y de manera cada vez más clara, que la subida de precios ya se está trasladando a toda la economía. La tasa mensual del índice general de precios sube también de manera importante, nada menos que 1,3 puntos. Así, desde noviembre del año pasado se está produciendo una escalada de la tasa anual de inflación, subiendo desde el -0,8% interanual de noviembre de 2020 hasta el 6,7% de este mes de diciembre, con un pequeño respiro que reflejó el índice en el pasado mes de febrero, donde se aplanó ese mes para crecer, al mes siguiente, 1,3 puntos, para continuar incrementándose en los meses restantes. Es, así, la tasa más alta desde los tiempos en los que se firmó el Tratado de Maastricht: no había una inflación tan elevada en España desde marzo de 1992, hace casi treinta años.

El incremento de los precios de la energía, derivado de una demanda creciente y de una disminución de la oferta por haber arrinconado diversas fuentes energéticas antes de tener un plan alternativo viable y por no apostar, de manera absurda, por la energía nuclear como energía limpia y abundante, está infligiendo un impacto muy alcista en los precios, al que se unen los provocados por los costes de transporte y la escasez de oferta de determinados componentes, que presionan también al alza los precios.

Todo este impacto ya se deja sentir, como he venido diciendo durante los últimos meses, a lo largo de toda la cadena de valor. Los precios industriales están pulverizando sus registros, con incrementos de más del 30% interanual, que incrementa los costes de las industrias, algunas de las cuales están parando o limitando su producción, que provocará una reducción adicional de oferta y precios más caros. Por otra parte, quienes no limiten su producción van a terminar por trasladar esos mayores costes al consumidor en todos sus productos, con lo que subirán los precios de manera generalizada y mermará la renta disponible de los agentes económicos, cosa que ya está sucediendo.

No debemos obviar lo peligrosa, por perniciosa para toda la actividad económica, que es la inflación, pues introduce un elemento que no aporta nada positivo, sino que encarece toda la actividad económica, la hace menos competitiva y puede crear un círculo vicioso que lastre el desarrollo económico durante tiempo. Mientras que la Reserva Federal, con el anuncio de tres subidas de un cuarto de punto para 2022, y el Banco de Inglaterra, que ya ha subido tipos veinticinco puntos básicos, el Banco Central Europeo (BCE), insiste en que este repunte de la inflación parece que será pasajero, sólo con impacto importante en el corto plazo, de manera que, aunque lo vigilen, no están tomando decisiones firmes conducentes a aplicar una política monetaria más restrictiva (la finalización de las compras extraordinarias por coronavirus parece que serán reemplazadas incrementando el programa ordinario), que embride el alza de precios que estamos viviendo, aunque ya admiten que es más duradera de lo que preveían.

Siendo cierto que el repunte de la inflación puede ser pasajero –especialmente, con la tensión introducida por los precios de la energía– insisto en que no se puede tomar a la ligera y obviar el problema, porque si se da la espalda al mismo y no se contempla en toda su extensión, puede transmitirse la presión inflacionista al medio y largo plazo, cosa que cada vez empieza a cobrar una mayor probabilidad.

Adicionalmente, introducirá también presión extra en la negociación colectiva por vía salarial (especialmente ahora que la reforma laboral del Gobierno recupera en materia salarial la prevalencia de los convenios sectoriales frente a los de empresa), que puede llegar a crear una espiral peligrosa precios-salarios, que disminuiría la productividad y la competitividad de nuestras empresas, con pérdida de penetración en mercados exteriores y descenso de exportaciones y, por tanto, menor actividad e inferior generación –cuando no destrucción– de puestos de trabajo.

Como último ejemplo de los muchos negativos que puede provocar la inflación, me referiré al coste adicional de las pensiones, especialmente tras aprobar el Gobierno el abandono del factor de sostenibilidad y del índice de revalorización, que atenuaban el deterioro del sistema, y que ahora empeora al indexar, nuevamente, la revalorización de las pensiones a la evolución de los precios. Con esta inflación creciente, la factura de las pensiones aumentará, y mucho, sólo por este efecto. De ese modo, el incremento será de un 2,51% (la media interanual de los últimos doce meses, de diciembre de 2020 a noviembre de 2021) y supondrá un mayor coste para la Seguridad Social de alrededor de 5.000 millones de euros al año, que muestra la grave irresponsabilidad del Gobierno al olvidarse del factor de sostenibilidad y poner en riesgo, así, las pensiones.

Son tres ejemplos que pueden causar un impacto muy negativo en la actividad económica y en el empleo, aunque el aumento inflacionista fuese sólo temporal en el corto plazo, pero que, con el impacto concatenado en los temas comentados y la merma de oferta por encarecimiento de componentes tecnológicos y de transporte, puede convertirse en estructural o, por lo menos, ese plazo temporal es cada vez más largo. El propio Banco de España decía recientemente que un 60% de las empresas subirán precios en 2022.

Se hace imprescindible seguir de cerca la inflación, no olvidarnos de que es el objetivo único del BCE, y combatirla, evitando que el alza del corto plazo pueda consolidarse en el medio y largo plazo, porque, de volverse estructural, nos encontraremos entonces con un problema adicional a la ya incierta situación económica que vivimos. Cuanto más tarde se actúe, más restrictiva puede que tenga que ser entonces la política monetaria, con el consiguiente impacto negativo para los deudores financiados a tipo variable. Por eso, conviene tomar la decisión cuanto antes: el Banco Central Europeo no puede aplazar su decisión más tiempo y debe afrontar, de manera más decidida, el combate contra la subida de precios en el conjunto de la eurozona.

La inflación puede perjudicar al valor real de los activos; perjudica al poder adquisitivo; fomenta un mayor endeudamiento –por valer, en términos reales, menos, las deudas–; por otra parte, perjudica a los presupuestos públicos que refinancian la deuda de manera constante, camino, en la práctica, de deuda perpetua, al poder sufrir incremento en el coste de dicha refinanciación si suben los tipos de interés para poder controlar esa subida de precios; y supone una mayor presión tributaria para los agentes económicos, ya que, al subir los precios, la base sobre la que se aplican los impuestos es mayor, con mayor perjuicio para quienes tienen menos renta. Todo ello, además, puede terminar en la comentada espiral precios-salarios peligrosísima para la economía, en el marco, además, del estancamiento económico que se puede producir si se comete el error de volver a nuevas restricciones –que podría introducirnos en el indeseable camino de la estanflación– en lugar de preocuparse por suministrar vacunas a todas las zonas del planeta para evitar la transmisión del virus.


Los factores del ‘cisne negro’ del IPC. Rafael Pampillón Olmedo

El poeta romano Juvenal acuñó la expresión cisne negro. En la actualidad se utiliza, con cierta frecuencia, en el análisis económico o sociológico. Lo cierto es que cada vez resultan más frecuentes los cisnes negros. Es decir, los sucesos inesperados e impredecibles de alto impacto. En 2020, conocimos uno: el Covid-19. Ahora podemos estar experimentando otro cisne negro: la inflación.

El INE informó ayer de que la inflación en España, medida por la variación del Índice de Precios al Consumo (IPC), tuvo en 2021 un aumento anual del 6,7%. Se trata de su nivel más alto desde 1991. Ello se debió a muchos factores. Por ejemplo, la escasez de semiconductores, el incremento del precio de la electricidad, la falta de mano de obra especializada y los elevados precios de los fletes, que encarecieron la producción de las empresas. Otro elemento a tener en cuenta fue la paralización parcial de algunas factorías.

Pero quizá los factores más importantes, que desencadenaron esta elevada inflación en el conjunto del año 2021 fueron los incrementos de los precios de las materias primas y de los alimentos frescos. Estos dos son los componentes más volátiles de la cesta del IPC. En primer lugar, la subida del precio del petróleo (más de un 58% en los 12 últimos meses) hizo que se encarecieran también los combustibles y los lubricantes. Y, en consecuencia, también los transportes. En segundo lugar, se disparó el precio del gas y, por tanto, el de la electricidad. Y, finalmente, por razones meteorológicas y de aumento de la demanda, se multiplicaron los precios de los alimentos (legumbres, hortalizas, pescado, aceite de oliva, frutas frescas, carne de ovino, etc.)

Efectos de segunda vuelta

Aunque la inflación medida por los aumentos del IPC, estuvo originada por la subida de los precios de las materias primas, poco a poco, se ha ido trasladando a otros bienes y servicios (por ejemplo, la electricidad), afectando a los costes de todo el proceso productivo.

De ahí que la situación en 2022 pueda ser peor, por los llamados efectos de segunda vuelta. Es decir, a corto y medio plazo, los factores inflacionarios impregnan al aparato productivo con mayores aumentos de precios a los bienes y servicios finales. Lo que podría desembocar en una inflación estructural. Es más, las empresas ya están sufriendo estos aumentos en sus costes, que se están transmitiendo a los precios finales. Ya se observan efectos de segunda ronda en la inflación anual subyacente (que elimina energía y alimentos no elaborados). Así, mientras en el conjunto de 2020 la subyacente fue del 0,1%, en 2021 escaló hasta el del 2,1%.

Otro riesgo es la depreciación del euro. En los próximos meses, la depreciación del euro frente a otras monedas conducirá a que los bienes importados se vuelvan más caros, lo que supondría un aumento del IPC. El euro cotizaba ayer a 1,13 dólares, frente al 1,23 de principios de enero. En doce meses, se ha producido una depreciación del euro del 9%. El euro podría seguir depreciado en 2022: por la subida de tipos de interés de la Reserva Federal, que atraerá capitales hacia Estados Unidos; por la política fiscal expansiva americana, que acarreará aumentos de la deuda pública y, por tanto, mayores tipos de interés en el mercado de bonos estadounidense.

Necesidad del ‘tapering’

No se debe olvidar que la inflación es también un problema monetario. Y que, como consecuencia de las políticas monetarias superexpansivas, no solo España sino también muchos otros países están experimentando sus mayores tasas de inflación en décadas. Es el caso de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y la zona del euro.

De ahí que una de las grandes novedades que va a traer el año 2022 es el tapering. Se trata de un término financiero de reciente utilización que procede del mundo del deporte. Viene a ser una reducción de la intensidad de los entrenamientos a medida que se acerca la competición. En su aplicación a los bancos centrales, tal como ha señalado el último Consenso de PwC, se trataría de reducir los estímulos monetarios, que se han puesto en marcha en los momentos más duros de 2019 y 2020. De ahí que el Banco Central Europeo comenzará a reducir la compra de activos (tapering) durante 2022. Y empezará a subir los tipos de interés en 2023. Esta reducción de estímulos a la larga irá acompañada de una subida de los tipos de interés. A corto plazo, estas decisiones no tienen por qué causar un gran impacto en los mercados. Una de las razones por las que se adoptaría el taperingsería intentar contener el alza de los precios.

Conviene recordar que la inflación es, en sí misma, negativa para la sociedad. Produce elevados costes en la economía, ya que supone una pérdida de poder adquisitivo para los consumidores. Por eso se denomina el impuesto de los pobres, ya que las clases menos privilegiadas de la población son las que destinan la mayor parte de su renta al consumo. Y su pequeño ahorro en una cuenta corriente pierde valor día a día.

Además, la inflación disminuye la competitividad de las exportaciones. Tanto más cuanto que los precios españoles están subiendo más rápido que la media europea. Esto supone una pérdida irrecuperable de competitividad de nuestros productos en los mercados exteriores. Sin embargo, la previsión, para la segunda mitad de 2022, es más alentadora: la inflación se irá reduciendo.


Enseñanzas de 2021 (II). Jesús Sánchez-Quiñones.

El año que finaliza también ha dejado enseñanzas para los inversores.

– Los Bancos Centrales seguirán apoyando. A pesar del anuncio de subidas de tipos en EE.UU. y de menor volumen de compra de bonos por parte del BCE, los tipos seguirán en niveles mínimos, o incluso negativos en Europa, y la liquidez seguirá siendo abundante.

– El mandato «tácito» de la Fed de evitar descalabros en los mercados financieros sigue vigente. Cuando Powell fue preguntado por qué no finalizaba ya las compras de bonos, tras anunciar las próximas subidas de tipos y el calendario de reducción de compras, contestó que «podría impactar en las condiciones financieras«. La Fed conoce la influencia sobre el consumo y el crecimiento de una caída considerable de las cotizaciones.

– El riesgo de la renta fija. La valoración de los bonos cae cuando los tipos de interés de dichos bonos suben. Así, la rentabilidad ofrecida por el bono del Estado español a diez años ha pasado en el año de 0,05% a 0,57%.  Esta subida de la rentabilidad ha provocado una caída de su precio del 4%. La renta fija solo proporciona rentabilidad fija a vencimiento.

– Con la inflación actual y la previsible para al menos los dos próximos años, los ahorradores más conservadores se ven abocados a que su patrimonio financiero pierda poder adquisitivo año tras año, salvo que decidan convertirse en inversores y asumir riesgos.

– Liquidez hacia las bolsas. La falta de rentabilidad ofrecida por la renta fija, la ingente cantidad de liquidez disponible y la escasa percepción de los riesgos ha empujado a gran parte de la liquidez hacia las bolsas, especialmente en EE.UU. La bolsa estadounidense ha recibido este año flujos récord de más de un billón (con doce ceros) de dólares, cantidad muy superior a la de años anteriores. Como resultado, el S&P ha marcado 70 máximos históricos en el año.

– La liquidez y la falta de alternativas seguras y rentables provoca excesos. Algunos pequeños valores de la bolsa americana como Gamestop o AMC experimentaron subidas de más del 1.000% en escasos días motivadas por la existencia de elevadas posiciones cortas (vendidas) y la influencia de alguna red social que empujó a miles de pequeños inversores a posiciones altamente especulativas. En ambos casos las pérdidas han sido cuantiosas para miles de incautos.

– El peligro del apalancamiento. La liquidación del hedge fund ARCHEGOS, tras sufrir pérdidas de más de $10.000, puso de manifiesto el riesgo del apalancamiento. ARCHEGOS mantenía apalancamientos entre 5 y 8 veces su patrimonio. La liquidación del fondo ha causado cuantiosas pérdidas a unos cuantos bancos de inversión. Afortunadamente fue un mero aviso, y no un preludio de pérdidas en cascadas en los bancos.

– La burbuja de las SPAC se desinfla. Otro exceso del año ha sido el auge y mal comportamiento de las SPAC (Special Purpose Acquisition Company). Estas sociedades en el momento de su salida a bolsa solo tienen caja y su objetivo es adquirir una o varias empresas una vez cotizando. En 2021 han salido a bolsa en EE.UU. 613 SPACs captando 162 mil millones de dólares. Pese a ello, el índice de las 25 mayores SPACs ha retrocedido un 38% en el año.

– El año del bitcoin. La salida a bolsa de COINBASE, la principal plataforma de criptodivisas, ha supuesto un espaldarazo al bitcoin como activo invertible. A su vez, ha puesto de manifiesto la falta de regulación en un mercado donde la misma entidad (Coinbase) puede ser a la vez la bolsa (exchange), creador de mercado, intermediario, depositario e incluso financiador de posiciones. Todo ello sin que se le aplique ninguna normativa y regulación de conflictos de interés. La normativa y regulación de este tipo de activos no tardará en llegar.

– Excesos del arte digital (NFTs). Otra muestra del exceso de liquidez es la cuantía que se ha llegado a pagar por una obra digital NFT (Token no fungible). En una subasta de Christie´s se adjudicó una obra digital por $69 millones.

– La locura del Metaverso. El mundo paralelo virtual que pretende crear la antigua Facebook (Meta) ya tiene sus propios excesos. Así, un inversor (si se le puede llamar así) ha pagado $650.000 por un yate virtual. Una compañía ha sido capaz de desembolsar $4,3 millones por unos terrenos virtuales. En cualquier caso, las grandes empresas de lujo ya están lanzando sus propias colecciones digitales y adquiriendo «locales» en centros comerciales virtuales.

Cuando la liquidez es abundante y los activos seguros y rentables escasos, los excesos proliferan. Los excesos suelen acabar mal. Aunque durante un largo periodo los riesgos no hayan aflorado, no quiere decir que no existan.


Os deseo un feliz año nuevo!!

Comentario de mercado Nochebuena 2021

Os deseo una muy Feliz Nochebuena y Navidad!!

Papá Noel ha traído esta semana el esperado rally de final de año después de que la mayoría de datos publicados mostrasen una mayor resistencia en la coyuntura actual y se publicaran nuevos estudios confirmando la menor gravedad de los pacientes infectados con Ómicron. El S&P 500 cerró ayer marcando nuevos máximos históricos.

Link al estudio. En Sudáfrica hay un 80% de menor probabilidad de ser hospitalizados por Omnicron frente otras variantes.Early analyses suggest a reduced risk of hospitalisation among SGTF-infected individuals when compared to non-SGTF infected individuals in the same time period. Once hospitalised, risk of severe disease was similar for SGTF- and non-SGTF infected individuals, while SGTF-infected individuals had a reduced risk of severe disease when compared to earlier Delta-infected individuals. Some of this reduction is likely a result of high population immunity” https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2021.12.21.21268116v1.full.pdf

Europa está aplicando nuevas restricciones a la movilidad para intentar contener la expansión de la nueva variante. En Alemania se está hablando de cierre de discotecas y de limitar la cantidad de personas en reuniones. Por otro lado, en Estados Unidos se empiezan a tomar medidas y se espera que Biden anuncie en breve nuevas decisiones. Sin embargo, en Reino Unido, que tiene ahora las peores cifras de contagios de toda la pandemia, no se ha tomado ninguna.

Mientras tanto, se han dado a conocer nuevas buenas noticias sobre las  vacunas. Moderna anunció que una dosis de refuerzo de su vial condujo a 37 veces más anticuerpos neutralizantes contra la variante Ómicron y, además, la Comisión Europea concedió a la vacuna de Novavax una autorización que la convierte en la quinta vacuna de Covid autorizada en la UE.

Además la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos está lista para autorizar un par de píldoras de Pfizer Inc. y Merck & Co. para tratar el Covid-19 tan pronto como esta semana, lo que se suma al arsenal de tratamientos para el coronavirus.  Biden dijo que la Omicron provocará más infecciones entre los estadounidenses vacunados, pero que es muy poco probable que estén gravemente enfermos.  El daño potencial de la ómicron a la actividad económica será razonablemente corto y superficial, dijo Art Hogan, estratega jefe del mercado Nacional de Securities americano.

El éxito en las campañas de vacunación en los países Desarrollados en 2021 (con cerca de un 70% con pauta completa) facilitó la reapertura progresiva de las economías respaldando el buen comportamiento de la renta variable. Sin embargo, con sólo el 7,2% de la población en países  emergentes vacunada, seguimos expuestos a la aparición de nuevas cepas y reimposición transitoria de restricciones como es ahora el caso con Ómicron (dudas sobre su potencial para colapsar el sistema sanitario: menor virulencia vs mayor transmisibilidad).

Con todo esperamos un impacto relativamente pequeño de Ómicron sobre la actividad siendo en cualquier caso el sector más perjudicado servicios (y más concretamente Hostelería, Viajes y Ocio). También cabe esperar que se alarguen las disrupciones en las cadenas de suministros más allá del primer semestre del 2022 (mayor impacto en Autos) y con ello la presión al alza sobre inflación (impacto mayor en Alimentación). Esto a su vez incrementa la presión sobre la Fed para adoptar una política monetaria más restrictiva, que implica un riesgo sobre la actividad (aplanamiento de pendiente) o valoraciones (TIR vs múltiplos elevados) y deja aún más en evidencia al BCE (muy por detrás del resto de Bancos Centrales).

En Reino Unido aunque el viceprimer ministro Raab no descartó un confinamiento navideño, en prensa se filtró que las nuevas medidas se retrasarían hasta el lunes 27.

En Alemania el nuevo canciller Olaf Scholz también espera incrementar las restricciones y acelerar el ritmo de vacunación después de navidad.

En Estados Unidos Joe Biden estaría negociando ajustes en su paquete de estímulos de 2 billones de dólares con los senadores que votaron en contra del mismo en un último intento para que se apruebe.

En Turquía, Erdogan anunció medidas extraordinarias para frenar la demanda de dólares y reforzar la lira, el Gobierno compensará las pérdidas de los tenedores de depósitos si la depreciación excede las tasas de interés, ayudará a los exportadores a mitigar los riegos de tipo de cambio, los impuestos para inversiones en liras se reducen al 0% desde el 10% anterior y se incrementará al 30% las contribuciones al sistema de pensiones por parte del Estado (desde el 25% anterior).

Esta semana le ha tocado el turno al informe de estrategia de Bankinter, según los analistas de Bankinter los mercados afrontan un 2022 marcado por alzas moderadas en Bolsa, un aumento de los beneficios empresariales, una corrección en los precios de los bonos por el endurecimiento de las políticas monetarias y más volatilidad. Los analistas de Bankinter afirman que la presión inflacionista en Estados Unidos tocará techo en abril-mayo para después descender. La crisis sanitaria irá debilitándose por la menor virulencia de las variantes del Covid, pero seguirán latentes los riesgos geopolíticos con epicentro en Rusia y China.

Para España, Bankinter rebaja sus previsiones de crecimiento para este año y el que viene, y mejora sus expectativas para 2023. El crecimiento nacional este año quedaría en el 4,8% y en 2022, en el 5,8%. Aconsejan ser selectivos al diseñar la cartera de cara a 2022. Los principales índices presentan un potencial que ronda el 10%, incluido el Ibex, que podría subir el 15,2% hasta su precio objetivo de 9.664 puntos. Sus sectores favoritos en renta variable global son tecnología, consumo, lujo, ciberseguridad, semiconductores, financieras, logística y turismo. Su selección de valores españoles incluye a Inditex, CaixaBank, Catalana, Mapfre, Meliá, Acciona Energía, Cie Automotive Fuidra y Almirall. Creen que la Fed subirá tipos el año que viene dos veces, menos de lo que apunta el propio organismo que prevé tres subidas de tipos. El endurecimiento de las políticas monetarias conllevará ajustes en los bonos y, por tanto, subidas de las rentabilidades: la del bono español alcanzará el 0,8%, el bund alemán el 0,1% y el treasury (EEUU), el 2,15%.

Al final del email adjunto un artículo publicado en Expansión el 22 de Diciembre de Rubén Segura-Cayuela, jefe de análisis europeo de Bank of America, en el que explica cómo su principal escenario es que la zona euro crecerá un 5% en 2021, un 3,6% en 2022 y un 2,1% en 2023 y que la inflación actual es transitoria.

Importante esta semana:

En Reino Unido el PIB final del 3T21 mejoró de forma inesperada el dato preliminar gracias al mejor comportamiento del consumo privado.

En Estados Unidos ayer se publicó el PIB final del 3T21 que se revisó al alza hasta el 2,3% intertrimestral apoyado en un consumo privado más dinámico mientras que la confianza del consumidor de la Conference Board repuntó por encima de lo previsto gracias al buen desempeño del S&P500. Esta lectura ya tendría en cuenta el repunte de casos del Covid-19. El índice de actividad de la Fed de Chicago de noviembre descendió más de lo esperado mientras que la venta de viviendas de segunda mano de noviembre se aceleró algo menos de lo contemplado por el consenso de mercado.

En Japón los indicadores adelantados finales de octubre retrocedieron ligueramente con respecto al dato anterior ayer.

En España FMI recortó al 4,6% el alza del PIB español este año 2021,  casi dos puntos por debajo de lo que defiende el Gobierno de Pedro Sánchez, y hasta el 5,8% en 2022, muy lejos también del 7% al que, a día de hoy, sigue aferrado el equipo económico que lidera Nadia Calviño. El FMI, que es la segunda vez que recorta sus perspectivas para España en poco más de dos meses, se suma así a la Comisión Europea, la OCDE, el Banco de España y decenas de servicios de estudios que rebaten al Ejecutivo y creen irrealizables sus pronósticos, certificando el frenazo en la recuperación de la economía española. Un parón inducido por los cuellos de botella en las cadenas de suministro y la espiral inflacionista provocada por la histórica subida del precio de la luz, pero también por la explosión de contagios que ha provocado la variante Ómicron. De hecho, el FMI advierte de que la incertidumbre en torno a las perspectivas de España “es muy alta”, en un contexto en el que “la evolución de la pandemia es el riesgo clave”, advirtió ayer Dora Iakova, jefa de la misión del Fondo para España.

A la renovada amenaza del Covid se suma el rodillo inflacionista, que el FMI prevé que “siga siendo elevado a principios de 2022” por los precios desbocados de la energía y los problemas de suministro, aunque confía en que la soga se afloje en el segundo semestre del año. Y si bien respalda la política fiscal expansiva del Gobierno para combatir los efectos de la pandemia, despliegue que, a su juicio, fue “crucial” para mitigar el impacto económico del Covid, su discurso empieza a reflejar matices. Esto es, aunque cree que “la política fiscal debe seguir apoyando la recuperación hasta que ésta se afiance”, advierte de que la abultada deuda pública de España (del 120% del PIB en 2021) “es una fuente de vulnerabilidad”, por lo que avisa al Ejecutivo de que, “con el tiempo, España tendrá que reducir la deuda a niveles más prudentes y crear margen fiscal para responder a shocks futuros”. No es el único toque de atención. Alerta de que, si no se toman medidas, el elevado déficit español seguirá estando a medio plazo “por encima de los niveles previos a la crisis”. Por ello, traslada al Gobierno la necesidad de emprender “un proceso sostenido y gradual de consolidación fiscal” una vez se cierre la brecha del PIB y la economía haya entrado en una senda de crecimiento sostenido, que debería venir de la mano de la reactivación del consumo privado y de los fondos europeos, que contribuirían con entre 1,5 y 2 puntos de PIB de aquí a finales de 2022.

Con vistas a ese escenario, pide a España “elaborar anticipadamente planes creíbles a medio plazo” que ayuden a apuntalar la confianza de los inversores. Es la misma recomendación que desde hace meses formulan tanto el Banco de España como la AIReF.

Sobre la reforma laboral, el Fondo pide a Gobierno y agentes sociales abordar con decisión la dualidad del mercado, mejorar la flexibilidad y la movilidad laborales y mejorar la eficacia de las políticas activas de empleo. Para atajar la dualidad, la institución no solo cree que se debe desincentivar el uso de contratos temporales, sino que plantea además una medida siempre controvertida, como es reducir los costes de despido para hacer más atractivos los contratos indefinidos para los empresarios.

Por otro lado ayer el INE publicó que la actividad en verano fue mejor de lo previsto y que el PIB puede llegar a crecer un 5% en el 2021. El instituto estadístico publicó ayer que el PIB creció realmente un 2,6% entre julio y septiembre en lugar del 2% avanzado en octubre, esto es, seis décimas más que elevan el crecimiento interanual al 3,4% frente al 2,7% calculado hasta ahora y que evidencian que la campaña de verano fue mejor de lo estimado en un principio.

La diferencia entre un dato y otro estriba esencialmente en el consumo de los hogares. Si en el flash de octubre se estimaba una caída intertrimestral del 0,5% en el gasto de las familias, lo que sorprendió en un contexto de reapertura del turismo, de sólida demanda del viajero nacional y de recuperación del empleo, el dato de ayer refleja un repunte del 1%, una diferencia de un punto y medio, suficiente para darle un significativo empujón al crecimiento económico. Y un dato más coherente con los indicadores de actividad que percibían los agentes económicos. A ello se suman el mayor gasto de las administraciones públicas, que creció un 0,5% frente al 0,1% estimado en octubre, y el mayor impulso de las exportaciones, que aumentaron un 7,1% vs. el 6,4% calculado hace dos meses, aunque también se han revisado al alza las importaciones, lo que ha restado fuerza a la contribución de la demanda externa. Por contra, el crecimiento de la inversión se desinfla hasta el 1,8% (desde el 2% anterior), con una caída del 2,2% en vivienda y construcción frente al estancamiento que mostraba el dato adelantado.

La revisión de ayer, que era la crónica de una mejora anunciada desde que el INE trasladó a los analistas semanas atrás que algunos indicadores del tercer trimestre se habían comportado mejor de lo previsto, permitirá a España acariciar un crecimiento próximo al 5% en el conjunto del año, siempre que el PIB logre crecer en el cuarto trimestre a tasas intertrimestrales de entre el 2% y el 2,5%. “Aumenta la probabilidad de que el PIB crezca en 2021 un 5% anual y que cierre el año sólo un 3,8% por debajo de su nivel en el cuarto trimestre de 2019″, señaló ayer Rafael Domenech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research. En sus últimas proyecciones, antes de conocer los nuevos datos, el Banco de España pronosticó un alza del PIB del 1,6% en el último trimestre del año. Hasta ayer, la economía española se encontraba 6,6 puntos por debajo de los niveles prepandemia. Con el nuevo dato, la brecha se reduce al 5,9%, aun así a mucha distancia todavía del resto de la zona euro, que apenas se encuentra tres décimas por debajo de los niveles de PIB de finales de 2019.

Pese a esta mejora, lo que sigue siendo harto improbable es que el PIB crezca un 6,5% en el conjunto de 2021, como todavía defiende el Gobierno, en un contexto en el que todas las señales e indicadores apuntan a una clara desaceleración del crecimiento, tanto en España como en la UE, fruto de la crisis energética, las presiones inflacionistas, los cuellos de botella en las cadenas de producción y suministro y ahora la amenaza creciente de Ómicron. Para coronar la cima de ese 6,5%, el PIB tendría que crecer cerca de un 8% en el cuarto trimestre en tasa anual, algo que los expertos creen inalcanzable en estas condiciones.

El ajuste al alza del PIB permite que con las mismas horas trabajadas, que crecieron un 0,3% intertrimestral, la productividad suba ahora un anémico 0,1% frente a la caída del 0,6% anticipada en octubre, aunque la productividad por trabajador sigue en horas bajas, con un descenso del 2,6%, algo más moderado que el -3,3% anterior. Aunque estos datos reducen la brecha entre empleo y PIB, con una mejora más rápida del primero que del segundo, su desacople sigue chirriando a los analistas.

No sólo ha sido España la que ha sufrido recortes en las estimaciones del crecimiento del PIB. La coyuntura actual ha provocado una revisión a la baja de las expectativas de crecimiento global a cierre del 2021.

Calendario de los principales eventos del 2022:

De los eventos del próximo año destacaría que a finales de octubre del año se votarán unas Midterms que pueden generar un cambio sustancial en la composición de la Cámara de Representantes y el Senado, existiendo una posibilidad muy real de que alguno de los hemiciclos acabe siendo controlado por el partido republicano. De hecho, considerando el bajo nivel de popularidad de Biden en estos momentos este extremo debe ser considerado más un escenario base que otra cosa. No cabe duda de que la consecución de este contexto supondría un problema de calado para el Presidente a la hora de implementar sus políticas generales, pero muy especialmente las fiscales. Es más bajo este panorama se podría considerar que los planes de gasto del Ejecutivo estarían oficialmente muertos.

Fuente: Dunas Capital.

Riesgos Globales en 2022:


Enseñanzas de 2021. Jesús Sánchez-Quiñones.

Como cada fin de año, toca hacer balance del ejercicio y sacar las enseñanzas que nos ha dejado.

– Aunque parezca que ha transcurrido una eternidad, el año comenzó con un hecho tan insólito como el asalto al Congreso de los EE.UU. el día previsto para la proclamación de Biden como presidente. Desde entonces, la polarización en EE.UU. entre los estados rojos, gobernados por los republicanos, y los estados azules, gobernados por los demócratas, no ha dejado de crecer. Las medidas para hacer frente a la crisis sanitaria han sido radicalmente distintas entre los estados demócratas y republicanos.

– A pesar de la continuidad de las ayudas del Gobierno americano a las familias, nacidas a raíz de la alarma económica generada por la crisis sanitaria, la administración Biden tiene poco tiempo para aprobar muchas más medidas adicionales. Su exigua mayoría en el Senado puede verse trastocada en las elecciones de «mid term» de 2022.

Cuidado con lo que se desea. Tanto la Reserva Federal como el BCE llevan años insistiendo en que su objetivo es conseguir inflación, a una tasa cercana al 2%. La inflación ha alcanzado niveles récords en décadas, tanto en EE.UU. (6,8%) como en la Eurozona (4,9%). Como la pasta de dientes, una vez fuera del bote difícilmente se puede volver a meter en el mismo.

Cuellos de botella en las cadenas de producción. Una de las causas de la subida de los precios ha sido la rotura de las cadenas de producción. Tras décadas de globalización de las cadenas de producción y de expatriar la fabricación de infinidad de componentes y productos, se han puesto de manifiesto los riesgos del sistema actual. La fortaleza de cualquier cadena es la del eslabón más débil. En las cadenas de producción ocurre los mismo. La escasez de semiconductores ha afectado a un elevado número de sectores, provocando incluso la paralización de fábricas enteras, especialmente en el sector de la automoción.

Cuellos de botella en las cadenas de transporte. Pocos se acuerdan ya del encallamiento del buque Ever Given en el Canal de Suez. Fue el canario en la mina de los problemas del transporte marítimo. En palabras de un especialista del sector, el transporte marítimo funciona como un Tetris donde las piezas encajan perfectamente, cada una en su momento. La tardanza en encajar una pieza implica que todo el sistema se desacople. El resultado ha sido la multiplicación del precio del transporte de contenedores y un número récord de días de espera para descargar contenedores en los puestos de Los Ángeles y Long Beach.

Crisis energética y candidez de los objetivos de descarbonización. La multiplicación del precio del gas y de la electricidad en Europa han puesto de manifiesto lo poco realista que son los objetivos de descarbonización acordados por las autoridades europeas. No se puede pretender prescindir de las fuentes fósiles de energía (carbón, gas y petróleo), queriendo a la vez renunciar a la energía nuclear, antes de tener alternativas energéticas funcionando y con garantías. Los actuales precios del gas y de la energía ponen de manifiesto la dependencia energética europea del exterior. Con energía mucho más cara que nuestros competidores nuestras empresas industriales pierden competitividad.

– Los Bancos Centrales seguirán apoyando. A pesar de la elevada inflación, y de los discursos de lucha contra la inflación, tanto la Fed como el BCE seguirán aportando liquidez y manteniendo los tipos de interés en mínimos. En el caso del BCE ni siquiera se plantea subir los tipos a CERO en 2022. Sólo ha anunciado que comprará menos bonos. Dicho de otra forma: seguirá aumentando su balance y añadiendo liquidez al sistema, pero a menor ritmo.

En el caso de la Fed, está por ver que sea capaz de aumentar tres veces los tipos de interés el próximo año. A finales de 2018 la Fed anunció cuatro subidas de tipos en 2019. Las caídas de los mercados financieros provocaron que las anunciadas subidas se tradujeran en tres bajadas durante 2019.

Riesgos anestesiados. La abundante liquidez en el sistema proporcionada por los bancos centrales, junto con las medidas extraordinarias aún vigentes, como la prórroga para declarar concursos de acreedores, hacen que los riesgos existentes permanezcan anestesiados.

Son numerosas las enseñanzas del año. La próxima semana continuará.

Feliz Navidad a todos.


Europa sigue mal parada en la crisis energética. El BCE, sigue navegando en un mar de dudas. Alex Fusté. Economista Jefe de Andbank.

Crisis energética.

Los precios diarios de la electricidad en Europa registraron nuevos máximos históricos ayer (por el 19 de Diciembre), y la mayor parte de los países está comenzando la semana con precios por encima de 300 € por MWh. Tal situación se debe a la combinación de dos factores: 1) Menor flujo de gas ruso y 2) Baja producción renovable. Permítanme unas observaciones que considero importantes, y pueden ayudarnos a entender lo que va a suceder.

  • Sobre los flujos de gas ruso a Europa, estos disminuyeron (de nuevo) sustancialmente durante el fin de semana. El transporte de gas ruso a través del gasoducto Yamal-Europa cayó a uno de los niveles más bajos registrados en toda la serie histórica (según datos de Mallnow).
  • No sé si es culpa de Rusia (como afirman desde Bruselas), o culpa de Europa (como afirma Putin), pero lo que sí sé a ciencia cierta es que los inventarios de gas en Europa van a caer por debajo del 50% de la capacidad total ya en enero de 2022, y ese es un nivel peligrosamente bajo que nos someterá a precios de la electricidad incluso más altos si no revertimos la situación rápidamente.
  • Los precios de la energía y de la electricidad en Europa se mantendrán entre los más altos del mundo, y previsiblemente en zonas históricamente muy altas, en tanto que nadie espera ningún cambio en el flujo de gas hacia Europa mientras persistan las tensiones geopolíticas, y que tienen su epicentro, hoy, en el choque que Moscú mantiene con Kiev. Pero sospecho que esta colisión puede aparecer en cualquier otro punto de los países europeos fronterizos con Rusia. Moscú va a seguir siendo lo que es. Una incómoda piedra en el zapato de Europa.
  • Pero los Europeos somos muchas veces víctimas de nuestra propia culpabilidad. Visto en perspectiva, nos estamos perjudicando a nosotros mismos con el problemático e inconveniente distanciamiento entre Francia y Alemania sobre el modelo energético y el papel de la energía nuclear. Una discusión que viene en el peor momento (sabiendo que la primera fuente de generación eléctrica en Europa hoy es la energía nuclear -ver gráfico adjunto-). Abrir toda suerte de interrogantes ahora sobre la energía nuclear, sin haber puesto encima de la mesa una alternativa que compense esa fuente, es abrir la puerta a más subidas en los precios de las otros recursos y de la electricidad misma). Se espera que la Comisión Europea presente una taxonomía que incluya la energía nuclear y el gas natural como fuentes de energía renovable / verde, revirtiendo los efectos negativos de sus propios errores. Dicha decisión podría ayudar a calmar los precios de la energía y la electricidad, pero hasta que eso ocurra (y puede ser un largo tiempo), la electricidad en Europa permanecerá por las nubes, golpeando al ciudadano de a pie, y por lo tanto, limitando mucho cualquier recuperación notable.

¿Qué dice el BCE? ¿Podemos esperar que actúe como fuente de anclaje y estabilidad?

Pues el BCE se encuentra en estos momentos dando tumbos y nadando en un mar de mensajes confusos. Tenemos mensajes que cubren todas las versiones. Veamos:

  • Versión “Preparados para subir tipos”: Holzmann, del BCE, sugirió ayer que el BCE está preparado para tomar decisiones (en forma de subidas de tipos, se entiende), pues afirma que hay un peligro real de que la inflación se convierta en un problema persistente.
  • Versión “No hay que tocar los tipos”: Por otro lado, de Cos, sugirió que las circunstancias requieren unas condiciones expansivas, mostrándose favorable a  mantener las condiciones acomodaticias (no tocar tipos)
  • Versión “No sé qué pasará”: Villeroy no despejó ninguna duda y apuntó que el BCE mantendrá su “amplio grado de flexibilidad y todas las opciones abiertas”, basándose en la evolución de los datos (especialmente del Covid).

 Una valoración

Miren, yo tengo de escritor lo que de monje dominico, y eso no hay pluma bajo el sol que lo cambie, pero hay ocasiones en las que le asalta a uno el deseo irrefrenable de escribir dilatadamente y cargar las tintas contra estos señores del BCE. ¿Por qué? Lejos de ponerse de acuerdo y ofrecer un mensaje de tranquilidad, estabilidad y apoyo, que es exactamente lo que necesitan las economías y los mercados europeos en una situación, hoy, con suficientes escenas de terror como para propiciar un cambio de gayumbos a los mismísimos hermanos Grimm, van y nos deleitan con una colorida muestra de opiniones y poniendo encima de la mesa un sinfín de acciones alternativas, curiosamente, todas excluyentes.

Una postura, si me lo permiten, imprudente. Más si cabe, cuando ha quedado patente lo frágil de la recuperación en Europa y la extrema situación de vulnerabilidad en la que se encuentra en todos los frentes.

Deberemos tener paciencia.

 Me quedo con un mensaje. A pesar de la que está cayendo, con frentes por el lado de la inflación, retiradas de estímulos y ahora de nuevo la pandemia, el mercado está apenas un 3.7% de sus máximos históricos (medido por el S&P). Me pregunto, por qué.

De nuevo, solo hay dos respuestas: A) El mercado ignora los riesgos y sigue siendo extremadamente complaciente, o B) El mercado sí considera los riesgos, pero opina que son exagerados, irrelevantes o ya están en el precio.

 La respuesta a la falta de pánico en el mercado está en una de las dos opciones que les acabo de ofrecer. Escojan ustedes. Yo me inclino por la segunda.


¿Será 2022 el año de la recuperación? Rubén Segura-Cayuela. Head of Europe Economics Research, Bank of America.

El final de año ha traído consigo una nueva vuelta de tuerca a la situación de la pandemia, con una variante inesperada que genera más incertidumbres. No obstante, si el panorama no se agrava, en 2022 debería comenzar la tercera etapa desde el inicio de la crisis sanitaria: tras el cierre y la reapertura, ahora es el momento de la recuperación a largo plazo. A nivel económico, el punto de partida es bueno, con un PIB en el tercer trimestre de este año tan sólo un 0,5% por debajo de los niveles previos a la crisis. Nuestro principal escenario es que la zona euro crecerá un 5% en 2021, un 3,6% en 2022 y un 2,1% en 2023.

Estas cifras no significan que el próximo año esté libre de riesgos. La inflación seguirá siendo el principal foco de preocupación: calculamos que cerrará 2021, en promedio, en el 2,5%, y se situará en el 2,4% en 2022, para caer al 1,4% ya en 2023. Pese a que estos datos suponen una revisión al alza respecto a las previsiones que hicimos hace doce meses, seguimos manteniendo que se trata de una inflación transitoria, aunque eso signifique que hasta finales de 2022 no logremos ver una corrección muy por debajo del 2%. Los cuellos de botella en la producción están detrás de esta dinámica, pero sobre todo se trata de los elevados precios de la energía (en particular, del gas natural), que no cesan de subir desde hace meses.

A pesar de la relevancia que ambos factores tienen en la actualidad, poco a poco deberían ir quedando en segundo lugar. En términos fundamentales, la región ha sufrido una insuficiencia crónica de demanda agregada durante muchos años, principal causa de una inflación débil antes del estallido del coronavirus. Esto, tras la pandemia y la (insuficiente) respuesta fiscal, no ha cambiado. Es la razón más importante por la que creemos que, eventualmente, volveremos a preocuparnos más por la debilidad de la inflación que de su fortaleza.

Hasta llegar ahí seguiremos atentos a las señales de presiones inflacionistas más significativas y nuestro foco estará puesto, en este sentido, en la evolución del crecimiento salarial. Prevemos que se normalizará en la zona euro hasta el 2,5%-3%, volviendo así a tasas previas a la crisis. Esos ritmos de crecimiento no son suficientes para generar inflaciones sostenidas en torno al 2%.

Y con la vista puesta en la inflación, los inversores estarán pendientes de cómo actúa el Banco Central Europeo. Aunque nuestra previsión es que no se producirá una subida de tipos hasta 2024 y que los datos obligarán a que se mantengan los programas de compras de activos hasta finales de 2023, lo cierto es que las decisiones de la institución presidida por Christine Lagarde son poco previsibles y hay fuertes desacuerdos sobre el volumen de estímulos necesarios, al tiempo que se evidencia una falta de convicción sobre los datos del IPC más allá de 2022. Todo ello lleva a que la autoridad monetaria deje el mayor número de puertas abiertas, tener opcionalidad es ahora parte de la toma de decisiones.

Opcionalidad y volatilidad

La reunión de su Consejo Ejecutivo en diciembre fue un ejemplo de esto. El Programa de Compras de Emergencia Pandémica (PEPP) finalizará en marzo y el programa tradicional de compras de activos continuará al menos hasta finales de diciembre, pero con una reducción progresiva de compras a lo largo del año. La puerta está abierta a una conclusión del plan a finales del año que viene y a subidas de los tipos ya a principios de 2023. En un contexto de inflaciones elevadas en la primera mitad de 2022, los mercados tendrán que cuestionar si habrá alzas del precio del dinero en 2023 y si las compras de activos sobrevivirán. Opcionalidad, desafortunadamente, viene acompañada de volatilidad.

La discusión anterior resalta parte de lo que nosotros consideramos el mayor riesgo (aparte de la evolución de la pandemia) al que nos enfrentamos más allá del año que está a punto de comenzar: el de repetir cualitativamente (que no cuantitativamente) viejos errores. En la década pasada, hubo un endurecimiento prematuro y muy agresivo de la política fiscal, y el BCE no dio un apoyo suficiente hasta 2015. Prevemos que esto no volverá a ocurrir y que la discusión sobre el futuro de las reglas fiscales que tendrá lugar a lo largo de 2022 evitará precisamente que haya un endurecimiento prematuro del apoyo fiscal en 2023, pero albergamos dudas porque para ello es necesario un telón de fondo político lo suficientemente amigable. Además, el compromiso no sólo tiene que evitar el regreso de las normas fiscales anticuadas y mal diseñadas, sino que también debe dejar espacio para la transición verde.


Os deseo una Feliz Nochebuena y Navidad!

Comentario mercado viernes 17 de Diciembre

Semana de Bancos Centrales (más adelante comento con más detalle), el Banco Central Europeo cumplió con lo esperado realizando un acomodaticio endurecimiento de su política monetaria, la Fed tampoco sorprendió el miércoles, porque aunque redujo su programa de recompra siguió con un mensaje cauto, pero en cambio, tanto el Banco de Inglaterra (+15 puntos básicos) como el Banco de Noruega (+25 pb) sorprendieron elevando tipos ayer.

La semana pasada el IPC de Estados Unidos llegó a casi un 7% interanual y es el dato más alta desde principios de la década de 1980. Incluso la lectura básica (sin alimentos y energía) se elevó a una tasa de crecimiento interanual del 4,9%. Esto no fue tan malo como habían predicho algunos analistas.

La inflación ha persistido como tema clave durante todo el año. Los analistas de Columbia Threadneedle creen que los factores que han impulsado la inflación tan alta generalmente han quedado atrás. En primer lugar, está el efecto de punto de partida, que fue muy bajo. El IPC de EEUU estaba creciendo a un 0,1% interanual en mayo del año pasado. En segundo lugar, el efecto de la reapertura de las economías. Eso ha terminado y, de hecho, está amenazado por la variante Omicron y vemos que el consumidor se debilitará el próximo año. En tercer lugar, la escasez en la cadena de suministro (como microchips para automóviles), que nuevamente parece resolverse gradualmente, aunque la «otra cara» de Omicron puede ver una reaparición de este problema. Por último, el aumento de los precios de las materias primas, incluidos el petróleo y el gas natural. Una vez más, las noticias son alentadoras con el petróleo fuera de los máximos y los precios de los futuros del gas natural de EEUU cayeron casi un 40% desde su máximo a principios de octubre. Sigue habiendo escasez de mano de obra, especialmente en los llamados trabajos «cara a cara» (por ejemplo restaurantes) y existe el riesgo de que aumenten los salarios aquí. Pero los márgenes son escasos y si el virus Omicron fuerza una mayor disrupción, entonces es difícil imaginar que este tipo de empresas puedan pagar mucho más.

Llevamos ya un mes leyendo y estudiando análisis e informes de bancos, gestoras y estrategas sobre sus previsiones para el 2022 y la conclusión es que las previsiones de los analistas sobre el índice S&P 500 para el año que viene son de los más dispersos de los últimos 10 años. Las estimaciones oscilan entre 4.400 y 5.300 puntos. El diferencial del 20% es el segundo mayor después de 2018.

La amplia gama de estimaciones, según FGA, se debe al gran número de variables que hay que tener en cuenta:

En primer lugar, política de la Reserva Federal: debido al papel crucial del dólar y de los bonos del Tesoro en el sistema financiero mundial, el endurecimiento del QE podría provocar un risk-off en los mercados. Los grandes déficits por cuenta corriente, los altos niveles de deuda, la inflación galopante y las reservas de divisas inadecuadas: estos indicadores podrían causar problemas a los países que se enfrentan a una posible salida de capitales a medida que se endurece la política monetaria estadounidense.

En segundo lugar, desaceleración en China: los exportadores de todo el mundo podrían enfrentarse a serios problemas debido a su estatus del mayor consumidor mundial de aluminio, carbón, algodón y soja, entre otras materias primas, así como un gran importador de bienes que van desde equipos de fabricación hasta vino. Cabe mencionar que el mundo se ha enfrentado antes a una combinación simultánea del endurecimiento de política en los EEUU y la ralentización en China. Para ser más precisos, a mediados de la década de 2010, los frágiles mercados emergentes se vieron presionados por la subida del dólar cuando la Reserva Federal retiró su apoyo monetario durante la crisis financiera mundial, mientras que China se desplomó debido a la liberalización de los mercados financieros mal regulados y al endurecimiento de los requisitos de crédito. El crecimiento en los mercados emergentes, excluyendo a China, cayó del 5,3% en 2011 al 3,2% en 2015. Esta vez, parece que el descenso podría ser aún más fuerte. Esto se debe, en parte, a que la Fed podría endurecer su política más rápidamente que en la década de 2010, cuando una recuperación lenta y una inflación persistentemente baja la obligaron a actuar más lentamente. Además, han p asado más de dos años y medio entre el anuncio de la Fed de su intención de reducir las compras de activos y la primera subida de los tipos de interés.

Por último, la aparición de nuevas cepas. Debido a bajas tasas de vacunación, los países emergentes siguen siendo especialmente vulnerables a los peligrosos brotes del virus. La propagación de una nueva cepa, contra la que las vacunas existentes pueden ser menos eficaces, podría suponer una carga insoportable para las economías dependientes del turismo. Y los presupuestos de los mercados emergentes no permiten ampliar o introducir nuevas medidas de control de la pandemia.

Otro tema importante es el default de Evergrande. La compañía china incumplió el lunes de la semana pasada, cómo comenté en el mail del último viernes, el plazo de pago de cupon de 82,5 millones de dólares, por lo que la agencia de calificación internacional Fitch fue la primera de las tres grandes en rebajar la calificación de Evergrande a impago el jueves. Anteriormente, otro gran promotor chino, Kaisa Group, también recibió una calificación similar por parte de Fitch, que no pudo pagar 400 millones de dólares en bonos denominados en dólares. La negociación de las acciones de Kaisa se interrumpió el miércoles. Evergrande tiene 19.000 millones de dólares en bonos extranjeros en circulación, mientras que Kaisa tiene 12.000 millones. Juntos, representan alrededor del 15% de todas las obligaciones pendientes en dólares de los promotores chinos.

Bloomberg Economics también publicó su informe de previsiones económicas y de mercados para el 2022. Según el mismo el 2022 será el inicio de la vuelta a la normalidad. Los crecimientos tanto en Estados Unidos como el resto de las economías desarrolladas tenderán a moderarse, en cuanto a países emergentes lo más llamativo para el próximo año, según Bloomberg Economics, será la caída del PIB chino. Bloomberg prevé un crecimiento de la economía global del 4,7% para 2022, cayendo desde el crecimiento del 6,40% del 2021 y prevén que crezca un 3,50% en 2023.

Desde el punto de vista de la inflación, las fuertes subidas de precios y el pánico generado en torno a la inflación pronto finalizarán. Explican que las subidas de precios, fuera de lo común, vividas en 2021 han sido provocadas en gran medida por la combinación de un efecto base muy bajo, elevados precios de la energía, cuellos de botella logísticos, y la demanda de estímulos. Para la mitad del 2022, el efecto base habrá desaparecido, todos los problemas logísticos provocados por la fuerte demanda serán suavizados, y los precios de la energía se normalizarán de igual modo.

El riesgo el próximo año vendrá por parte de los Bancos Centrales. La Fed debería acelerar el recorte de sus programas de recompra de bonos para compensar las subidas de salarios y de precios, y habrá una alta probabilidad de que puedan subir tipos comenzando en Marzo, sobre todo si la inflación continúa siendo alta. Bloomberg Economics espera que la inflación caiga al 1% y que las expectativas de que el Banco Central Europeo pueda subir tipos en el 2022 se frustrarán. Bloomberg Economics también espera que el Banco Central Chino se mueva en la dirección opuesta a la de la Fed. Creen que el Banco Central Chino recortará 20 puntos básicos el tipo principal de préstamo, y hará recortes en el ratio de reserva, además la reciente apreciación del yuan le da margen al Banco Central Chino a flexibilizar su economía, ya que en el próximo año la economía china sufrirá muchos vientos de cara para el crecimiento, con lo que necesitará esa flexibilización de la política monetaria.

Como decía, esta semana los bancos centrales han sido los protagonistas, en términos de estímulos cuantitativos (compra de activos), los caminos son divergentes, en Estados Unidos la Fed acelera la reducción, mientras que la velocidad de reducción de los Bancos Centrales europeos será mucho más dependiente de la evolución de la pandemia. En lo que se refiere a subidas de tipos de interés, en cambio, los caminos parecen converger hacia evitar un error en la toma de decisiones, asegurando amplia liquidez en el mercado. La posibilidad de excederse en la restricción monetaria es el mayor riesgo que perciben los mercados para las economías y las bolsas en 2022.

En el plano geopolítico la tensión se mantiene alta entre Rusia y Europa. La dependencia mutua debería ayudar a encontrar un acuerdo (el 95% de las exportaciones de gas rusas van a Europa, y el 95% va a través de gaseoductos, suponiendo un tercio del consumo europeo), aunque en cualquier momento la situación puede descarrilar. La triste realidad es que este es un ejemplo clásico de los riesgos que tienden a estar siempre presentes en el panorama internacional.

El rebote desde los mínimos provocados por la variante Omicron ha sido generalizado y debería respaldar un buen final de año.

Fuente: ACACIA Inversiones.

Me ha parecido muy interesante el comentario del CIO de Julius Baer, Yves Bonzon, en su carta mensual, la última del año, en la que comenta que estructuralmente, el equilibrio entre las fuerzas desinflacionistas y reflacionistas es ahora más neutro, en comparación con la era neoliberal de los últimos 40 años. No cree que la economía mundial pospandemia vaya a estar sometida a un shock permanente, ya sea negativo de la oferta o positivo de la demanda. La reubicación de cadenas de suministro estratégicas solo tiene un impacto limitado en los precios a corto plazo. La transición energética de los combustibles fósiles a las energías renovables es inicialmente inflacionista y posteriormente deflacionista. Según Yves Bonzon , los bancos centrales del mundo desarrollado siguen teniendo como objetivo la estabilidad financiera y, por tanto, los precios de los activos. La put option de la Fed (es decir,

intervenir cuando los mercados caen por debajo de un determinado nivel) no está muerta. La crisis energética está remitiendo y los datos del mercado apuntan a una ralentización del crecimiento.

La actual situación marcada por la abundante liquidez ha beneficiado este año a los activos digitales, cuya capitalización bursátil alcanzó un nuevo récord de 2.500 mil millones de dólares, o lo que es lo mismo, el 1,5% del total de activos financieros. El exceso de liquidez suele buscar refugio en los activos que presentan los fundamentos más sólidos a largo plazo, como ocurrió cuando se produjo la burbuja de las puntocom en el año 2000. En segunda posición tras los criptoactivos, las materias primas se vieron ampliamente beneficiadas por la recuperación económica y por las compras preventivas o especulativas. Los activos estadounidenses volvieron a superar a todos sus homólogos en un entorno caracterizado por la fortaleza del dólar. Los resultados empresariales del S&P 500 sorprendieron a todos, con una subida del 28% con respecto a 2019. En cuanto a los bonos, registraron ligeras pérdidas, pero los diferenciales de crédito lograron contrarrestar la modesta subida rendimientos. El oro se comportó este año en consonancia con los fundamentos económicos de 2021, pero las características de su rendimiento han sido en gran medida malinterpretadas por los inversores, y el oro ha perdido en el año un 6%. Los mercados emergentes no se han beneficiado de la recuperación mundial, incluso si excluimos a China. El gigante asiático ha sido el gran perdedor  de 2021, a causa de las masivas intervenciones regulatorias del Gobierno de Pekín.

Fuente: Julius Baer.

Kepler Chevreux todos los años recopila las previsiones para el año próximo de algunas gestoras internacionales, me parece un trabajo muy interesante. Kepler destaca los siguientes puntos:

Sobreponderar Renta Variable e Infraponderar Renta Fija está muy consensuado en casi todas las gestoras grandes.

A nivel regiones / sectores / factores se aprecia mucho posicionamiento NEUTRAL (muy pocas ideas de altísima convicción). Esto también lo vimos a principios de 2021 (pero en menor medida). Siendo 2021 un muy buen año de performance las gestoras se han neutralizado mucho (probablemente en 1S21 tendremos movimiento importantes de cambios de recomendaciones o de posicionamientos).

En RENTA FIJA muy consensuado una vez más el Infraponderar peso de BONOS DE GOBIERNO. Se sigue observando bastante Sobreponderar en TIPS (bonos vinculados a la inflación). En Crédito y High Yield hay mayor dispersión de opiniones pero la mayoría están NEUTRAL/Sobreponderar.

EMERGENTES. En Renta Variable las perspectivas son bastante menos positivas que el año pasado (era el principal tema a sobreponderar entrando en 2021). Si hay cierto interés comprador en Renta Variable China. En Crédito hay interés especialmente en deuda en moneda local.

SECTORES/TEMATICAS. La posición mayoritaria es Elevada exposición a CICLO y VALUE frente a DEFENSIVOS y CALIDAD pero el tono ya no es tan positivo en CICLO y VALUE (se menciona bastante menos que a principios del año pasado).

Materias Primas, Inmobiliario e Infraestructuras se mencionan bastante como cobertura a inflación.

ORO. Muy poco interés (al igual que vimos a principios de 2021).

Dólar: Comparado con principios de 2021 claro cambio de tendencia a positivo y se apuesta porque el dólar siga apreciándose.

BlackRock    https://www.blackrock.com/us/individual/literature/whitepaper/bii-global-outlook-in-charts.pdf
Amundihttps://research-center.amundi.com/article/2022-investment-outlook-investing-great-transformation
TRowehttps://www.troweprice.com/content/dam/fai/Collections/Insight%20Page/global-market-outlook/2022-global-market-outlook/2022_Global_Market_Outlook.pdf
Vanguardhttps://institutional.vanguard.com/VGApp/iip/site/institutional/researchcommentary/article/InvComVEMO2022StrikingABalance
State Streethttps://www.ssga.com/uk/en_gb/intermediary/ic/insights/global-market-outlook
Fidelityhttps://www.fidelityinternational.com/editorial/tags/outlook-2022/?p=0&c=10
Allianzhttps://www.allianzgi.com/en/insights/outlook-and-commentary/2022-outlook
JP Morganhttps://am.jpmorgan.com/ch/en/asset-management/institutional/insights/market-insights/investment-outlook/
Legal&Generalhttps://www.lgimblog.com/categories/investment-strategy/2022-outlook-turning-point/
Wellingtonhttps://www.wellington.com/en/insights/asset-allocation-outlook-2022-annual-us/;
https://www.wellington.com/en/insights/global-economic-outlook-2022-annual-us/
https://www.wellington.com/en/insights/investment-market-outlook-us/
Invescohttps://www.invesco.com/us/en/insights/investment-outlook.html
Natixishttps://www.im.natixis.com/intl/research/institutional-investor-survey-2022-outlook
DWShttps://www.dws.com/en-es/Our-Profile/media/media-releases/dws-expects-strong-growth-and-declining-inflationary-pressure-in-2022/
UBShttps://www.ubs.com/global/en/media/display-page-ndp/en-20211118-ubs-year-ahead-2022.html
Schrodershttps://www.schroders.com/en/insights/economics/outlook-2022-cio-and-multi-asset/
CShttps://www.credit-suisse.com/microsites/investment-outlook/en.html
Pictethttps://www.am.pictet/en/nordics/global-articles/2021/monthly-market-views/asset-allocation/annual-outlook
Robeccohttps://www.robeco.com/en/themes/expected-returns/2022-2026/
UBS WMhttps://www.ubs.com/global/en/media/display-page-ndp/en-20211118-ubs-year-ahead-2022.html
MS IMhttps://www.morganstanley.com/ideas/global-investment-strategy-outlook-2022
GS AMhttps://www.goldmansachs.com/insights/pages/outlook-2022-the-long-road-to-higher-rates.html

Banco Sabadell publicó su informe de estrategia, desde principios de 2021 imperan las revisiones de Beneficio Por Acción al alza y en las últimas semanas, en contra de lo que esperaba el mercado, se mantiene la tendencia. Con todo, en adelante, con una base comparable más exigente, la reversión de los indicadores adelantados y sorpresas macro (cada vez más negativas), el repunte de la inflación (con impacto negativo transitorio en márgenes) y la aparición de la variante Ómicron, los analistas de Banca Sabadell siguen esperando revisiones modestas a la baja del BPA lo que (junto a otros factores como el endurecimiento de la política monetaria) podría motivar tomas de beneficios en las Bolsas que en todo caso serían una oportunidad para tomar posiciones de cara a un 2022 donde el crecimiento seguirá siendo alto.

En S&P 500 las revisiones de BPA en el último mes  se mantienen en positivo (BPA 2021/2022 +1,7%/+2,2%) salvo en los defensivos (-0,1%). Los cíclicos seguirían siendo los que más se revisan al alza (+2,3%). Con todo, el crecimiento esperado para 2021/2022 estaría en +49,5%/+8,9%.

En Euro STOXX en las revisiones de BPA 2021/2022(+2,0%/+3,7%)son los financieros (+3,9%) los que más suben seguidos de cíclicos (+2,7%) frente a las rebajas en defensivos. Con todo, para el Euro STOXX 50 el consenso estima crecimientos de BPA para el 2021 y el 2022e del +64,3% y +7,9%. En el Ibex 35 el BPA 2021/2022 también se revisa al alza (+1,2%/+3,1%) mientras que Banco Sabadell esperan Top Down un crecimiento del +120% en 2021 y del +20% para 2022.

Ayer tuvo lugar la presentación de la visión macroeconómica y de mercado de MCH Investment Strategies para 2022, con MCH tenemos dos compromisos en fondos de capital riesgo. MCH cree que Ómicron no hará descarrilar la recuperación económica.

Álvaro Sanmartín, economista jefe de MCH, afirmó ayer que hay motivos para el crecimiento económico mundial debido a que ómicron impactará a corto plazo, “pero no hará descarrilar la recuperación” económica. Los motivos para este crecimiento que prevé Sanmartín apuntan, principalmente, a la fortaleza del consumo, sobre todo en Estados Unidos. “El consumidor americano tiene riqueza financiera, empleo estable, sueldos al alza y bajo endeudamiento, así como ganas de gastar”, afirma el experto. Por otro lado, la inversión empresarial va a crecer, con el fin de ajustar la oferta a la demanda, justo en un momento de bajos inventarios y necesidad de adaptar su capacidad productiva. 

El gasto público va a seguir apoyando, aunque Sanmartín cree que quizá estos estímulos sean demasiado expansivos. La transición ecológica completaría el cuarteto impulsor de la economía. La inflación va a ser un riesgo, pero no les preocupa en exceso. En este punto, no descarta que en 2022 surgirá el debate de cuánto, y no cuándo, subirá los tipos la Reserva Federal. 

En este escenario, Julián Coca, responsable de renta variable y especialista de producto, es consciente de que con tipos al alza, “hay valoraciones en ciertos segmentos de los sectores considerados de crecimiento que son difíciles de sostener”, entre ellos, algunos subsectores tecnológicos. Por eso, cree que persistirá la rotación hacia cíclicos y compañías que tengan un perfil value. 

Coca opina que el Ibex tiene más potencial que el resto de índices de Europa porque se ha quedado atrás y por composición sectorial: la banca afronta un escenario de crecimiento que le favorece. 

El Financial Times menciona también la gran cantidad de valores en Estados Unidos que cotizan en mínimos de las últimas 52 semanas. 80% de los 3000 valores del Nasdaq Composite llevan al menos un 10% de caída desde máximos del año pasado (1300 compañías llevan más de un 50% de caída). El comportamiento de los índices americanos, cerca de máximos históricos (más que nunca) es “misleading”. Buen reflejo de el “pinchazo” de ciertas burbujas en  ciertas temáticas (biotecnología, Cloud computing, economía digital…) y lo interesante que se han quedado algunos índices como RUSSELL 2000 vs “benchmark”.

https://www.ft.com/content/d248d1af-261e-47c8-9a5f-0d264cb9f83b

Importante esta semana:

Esta misma tarde el BdE ha rebajado en casi 2,5 puntos su previsión de crecimiento para los años 2021 y 2022. Un gran recorte que muestra una recuperación más lenta de la economía española, que tardará hasta el año 2023 en volver a los niveles de PIB existentes antes de la pandemia.

En concreto, el Banco de España recorta en 1,8 puntos su previsión de crecimiento para este año 2021, pasando del 6,3% que anticipaba en septiembre al 4,5% actual. Una cifra que se sitúa en línea con el consenso del mercado y que deja totalmente desfasado el 6,5% del cuadro macro del Gobierno. De cara al último trimestre del año, el INE anticipa un crecimiento del 1,6%, lo que supone cuatro décimas menos que en el tercer trimestre, evidenciando así el impacto sobre la economía de la nueva ola del virus, del encarecimiento de los precios energéticos y de los problemas de suministro.

El crecimiento perdido en 2021 no se recuperará en 2022. De hecho, el Banco de España ha recortado en 0,5 puntos su previsión para el próximo año, pasando del 5,9% al 5,4%. De esta forma, el organismo dibuja una recuperación más lenta de la economía española debido principalmente a dos factores: el consumo de los hogares y de la inversión. Esto es, lo que está fallando no es el turismo, que está cumpliendo con las expectativas, sino que es la demanda interna quien está decepcionando.

https://www.bde.es/f/webbde/GAP/Secciones/SalaPrensa/IntervencionesPublicas/DirectoresGenerales/economia/Arc/Fic/arce171221.pdf

Lo más importante de la semana fue la reunión de la Fed ayer y la comparecencia de su presidente, Jerome Powell en la que se dejó claro que La Fed subirá los tipos hasta tres veces en 2022 para frenar la inflación.

Adiós a los estímulos económicos. La Reserva Federal  de Estados Unidos ha confirmado lo que ya se esperaba en los mercados: una reducción acelerada del programa de compra de bonos y una subida de los tipos de interés en el primer semestre de 2022. El dólar respondió al alza y los índices cambiaron el rojo por el verde. Aunque finalmente el dólar ha vuelto a los niveles previos a la reunión, con lo que se ha cumplido el mejor escenario para la Fed ya que ha resultado un “non-event”, lo que vuelve a dejar constancia de lo bien que lo hace la Fed. Durante la comparecencia se compraron algunos dólares hasta 1,1225, para volver luego al nivel donde nos hemos movido toda esta semana, alrededor de 1,1300.

                               Euro/dólar últimas 3 sesiones (mínimo del 1,1222 después de la decisión de la Fed).

Tras conocerse la decisión, el Dow Jones cerró con una subida del 1,08%, el S&P un 1,63% y el Nasdaq un 2,15%. La rentabilidad del bono americano a 10 años repuntó del 1,44% al 1,46%.

S&P 500 después de la reunión de la Fed:

Los mercados acogieron bien la noticia, que ya daban por descontada, sobre todo tras la última intervención del presidente del banco central estadounidense, Jerome Powell, ante el Senado a finales de noviembre.

Fue en ese momento cuando Powell reconoció por primera vez que el alza de la inflación no era una situación “transitoria” y que esperaba que siga aumentando hasta bien entrado 2022, obligándole a adelantar sus planes de recorte de estímulos.

La Fed destina alrededor de 120.000 millones de dólares mensuales a la compra de bonos y cédulas hipotecarias y, hasta hace un mes, su objetivo pasaba por reducir paulatinamente estas inyecciones en unos 15.000 millones de dólares mensuales y concluir en verano de 2022. Pero ayer, los miembros de la Reserva Federal decidieron adelantar el calendario, y en marzo reducirá las compras mensuales el doble de lo previsto, en 30.000 millones de dólares, y abren el camino a una subida de tipos (ahora entre el cero y el 0,25%). Se espera que se concreten en tres alzas durante 2022.

El diagrama de proyecciones de tipos de interés que hacen los miembros de la Fed muestra tres aumentos en 2022, con otros tres en 2023, y dos en 2024, hasta alcanzar un 2,25%. Un giro drástico respecto a las perspectivas que había en septiembre.

Powell justificó la decisión de acelerar el tapering con el dato de la inflación registrado en noviembre en Estados Unidos, cuando la tasa interanual se disparó un 6,8%, el mayor incremento de las últimas cuatro décadas. Incluso si se elimina del cálculo la cesta de la compra y la energía, el alza de los precios se situó en un 4,9%, otro récord histórico.

Durante su comparecencia ante los medios, el presidente de la Fed, que llegó a calificar la inflación como “un problema”, aseguró que la economía estadounidense se expande a un ritmo “robusto”, pero también apuntó que el incremento de precios se mantendrá por encima del objetivo fijado del 2% durante el próximo año. Por eso, en su opinión, “una retirada más rápida permite a la Fed abordar una gama completa de resultados plausibles”. Considera que la evolución reciente de la economía demanda un ajuste más ágil de las compras de activos de la Fed.

Según explican los analistas, la tormenta inflacionista se debe a la combinación de varios factores: un rápido incremento de la demanda del consumo tras el fin de las restricciones de movimiento por el Covid, la subida de los gastos del hogar, el alza del coste de la energía y los problemas en la cadena de suministros.

Por eso, la Fed se marcó como objetivo hace unos meses retirar los estímulos y despejar el camino a una futura subida de tipos, pero nunca antes de que se alcanzaran dos hitos: esperar a que la inflación superara el 2% y alcanzar tasas cercanas al pleno empleo. El problema es que la evolución de ambos indicadores ha sido desigual en los últimos meses, ya que mientras el alza de precios se encuentra muy por encima del límite fijado, el desempleo en Estados Unidos todavía se sitúa en un 4,6%, y aunque mejora a pasos agigantados mes a mes, a día de hoy todavía faltan 4 millones de empleos respecto a antes del inicio de la pandemia. Lo que ocurra con el mercado laboral en los próximos meses será clave para ver cómo evoluciona la política monetaria el primer trimestre.

“Lo que estamos viendo de la Fed es que están comenzando el proceso de restablecer su credibilidad”, según Bob Michele, director de inversiones de JPMorgan Asset Management. “En el último año se puso en tela de juicio, ya que en el mercado habíamos visto la inflación acelerarse con pocas señales de que se estabilizaría o alcanzaría su punto máximo y estábamos desconcertados de que la Fed estuviera ofreciendo tanto acomodo”.

Los inversores recibieron bien la noticia. “Este es un mensaje bastante bueno de la Fed y probablemente es preferible al de que la Fed estaba completamente ciega sobre dónde estamos en el ciclo, no está haciendo lo suficiente y las expectativas de inflación se desanclan”, apunta Jurrien Timmer, directivo de Fidelity Investments. “Es mucho más difícil volver a poner al genio en la botella”.

Las proyecciones de la Fed tanto para las subidas de tipos (los dot-plot) o las económicas, muestran una inflación al alza para este año, y reduciendo el desempleo para el siguiente.

Ayer le tocó el turno al Banco Central Europeo, que siguió el guion previsto en política monetaria al anunciar queen Marzo del 2022 finalizarán las compras del programa de emergencia frente a la pandemia (PEPP) por la alta inflación, aunque elevará el ritmo de las compras del programa de compras original (APP) para compensar. Además, se flexibilizarán las normas de reinversión del PEPP dejando la puerta abierta a reanudarlo en caso de que volviera a ser necesario. Así, durante el 1T22 el programa mantendrá un desembolso de entre 70.000 y 80.000 millones de euros mensuales finalizando con un total de 1,85 billones (en línea con lo previsto) en los dos años que ha estado activo. Para compensarlo, el programa de compras de activos original (APP) aumentará a 40.000 millones de euros a partir del 2T22 (desde 20.000 millones de euros actualmente) que se reducirán a 30.000 millones durante el 3T22 y volverán al ritmo de 20.000 millones en Octubre del 2022. Con todo lo anterior, la flexibilidad monetaria continuará apoyando al mercado a pesar de que los estímulos se reducirán a menos de la mitad el año que viene. No está previsto que se suban tipos durante 2022 considerando la mayor incertidumbre provocada por la reaparición de las variantes de la pandemia y su freno sobre la recuperación.

Según Bloomberg, la decisión de incrementar la reinversión del PEPP un año hasta el 2024 supuso un punto de conflicto en las deliberaciones del Consejo del BCE. Además, algunos miembros como Wunsch o Weidmann señalaron que las proyecciones de IPC del 1.8% para el 2022 y el 2023  probablemente tiendan a infraestimar las presiones inflacionistas, ya que se obvia el efecto del OOH (Owner-occupied housing) o  la evolución futura de los salarios. De hecho, según su punto de vista, un nivel de precios en el 1.8% sería compatible con haber alcanzado los objetivos marcados por la Autoridad Monetaria.

El Bundesbank estaría valorando lecturas de IPC en el 3.55 para el 2022 y por encima del 2.0% para el 2023 y el 2024.

También ayer hubo reunión del Banco Central de Inglaterra, que subió tipos +15 puntos básicos hasta +0,25%, la primera subida entre los principales bancos centrales desde que estalló la pandemia, primando la inflación persistentemente alta (5,1% en noviembre, esperan pico en 6% vs 5% anterior) sobre los riesgos sobre el crecimiento (Ómicron).

El miércoles conocimos unos débiles datos de actividad en China, especialmente los relacionados con la demanda interna. El consumo privado frenó su crecimiento al +3,9% interanual (vs +4,9% anterior), la inversión lo hizo al +5,2% YTD (vs +6,1% anterior), el precio de la vivienda disminuyó un -0,3% mensual (tercer mes consecutivo en negativo) y únicamente la producción industrial registró una mejor evolución (+3,8% interanual vs +3,5%) aunque desde una base débil y gracias a los sectores más ligados a la exportación.

GRIFOLS (tenemos una exposición en la SICAV del 3,83%):

Ha anunciado esta semana que ha alcanzado un acuerdo para la venta de su participación del 87% en VCN Biosciences. El comprador, Synthetic Biologics abonará hasta un total de 75 millones de dólares por la participación de Grifols. VCN Biosciences es una compañía, en la que Grifols ostentaba un 87%, dedicada a la investigación y desarrollo de nuevos fármacos basados en adenovirus oncológicos para el tratamiento de cánceres pancreáticos y otros tumores sólidos.

La transacción valora la participación de Grifols en 75 millones de dólares, con un calendario de pagos dependiente de los posibles avances en el desarrollo clínico de los productos. Grifols cobrará un importe de 4,7 millones de dólares a la firma del contrato, además de la asunción por el comprador de 2,4 millones de deudas pendientes de la compañía, estando los restantes 70,3 millones condicionados a los posibles avances en el desarrollo clínico y regulatorio de los productos en un periodo de hasta seis años.

Adicionalmente, Grifols anunció que procede a la recompra de hasta 867 millones de euros en bonos. Grifols tiene intención de recomprar 97 millones de euros de bonos senior garantizados con vencimiento 2025 y cupón del 1,625% y hasta 770 millones de la emisión de bonos senior con cupón 2,25% y vencimiento 2027. Esta recompra y amortización de deuda se enmarca en la operación de venta de una participación minoritaria en Biomat USA a GIC, transacción que fue aprobada por las autoridades estadounidenses recientemente, tal y como se anunció en el momento de la operación.  

Esta venta se enmarca dentro de la estrategia de desinversión en activos no estratégicos que persigue el desapalancamiento financiero, dado el bajo importe de la transacción, junto con los condicionamientos para el cobro del mismo y el calendario pactado, no va a tener impacto en el endeudamiento a medio plazo. Seguimos muy positivos en el valor, en base a una mejora paulatina de los resultados, que debiera verse reflejada en la valoración a pesar de la actual preocupación del mercado por el elevado endeudamiento de la compañía.

MERLIN PROPERTIES (Tenemos una exposición del 2,97%):

Expansión publicaba el miércoles un artículo sobre el creciente interés de distintos bancos y fondos de inversión en el subsector logístico del inmobiliario español. En este sentido, el crecimiento del comercio electrónico, tras marcar un nuevo año récord en 2020 con una facturación de 51.600 millones de euros, llevaría la inversión en logístico a niveles récord de 2.500 millones en 2021.

La Socimi con mayor exposición a logístico es MERLIN Properties. MERLIN, es el actual líder en logística en España, con casi tres millones de metros cuadrados operativos y en desarrollo, ha sido uno de los que ha mostrado interés en el proceso de licitación que está llevando a cabo en Barajas. Además de MERLIN, P3, VGP, Goodman, Bankinter Logística, Newdock, Prologis, Segro, Logicor y Panattoni pujan también por el primer lote de 32 hectáreas de suelo logístico y cuatro más de zona verde que saca Aena.

En el caso de MERLIN, las rentas provenientes de este segmento constituyen aproximadamente un 13% del total en la actualidad (objetivo de llegar al 20% una vez se consoliden los proyectos).

Expansión 15 de Diciembre del 2021.

INDITEX (tenemos una exposición del 1,85% en la SICAV):

Hace un par de semanas volvimos a tomar posición en Inditex (a 27,60 euros por acción) aprovechando el castigo que sufrió en Bolsa con el anuncio del cambio en el equipo directivo y la presidencia, a partir del 1 de Abril del 2022, de Marta Ortega, 3y el cambio de CEO, después de 17 años de Pablo Isla en la empresa.

El miércoles, 15 de Diciembre, publicó resultados del tercer trimestre del año, los resultados del 3T21 fueron muy buenos en ventas pero ligeramente por debajo de lo previsto por el consenso de mercado en márgenes por mayores costes de aprovisionamiento y gastos operativos, las ventas del 3T21 fueron de 7.389 millones de euros (+22,1% frente al +20,5% que esperaba el consenso), EBIT: 1.607 millones (+40,5% vs +43,3% consenso); BDI: 1.226 millones de euros (+41,5% vs +46,2% consenso). En el lado positivo, el comienzo de 4T21 ha sido muy fuerte, con ventas a tipo constante en el periodo 1 de noviembre y 10 de diciembre del +33% frente al mismo periodo de 2020 y de +10% vs 2019 (a pesar de que el número de tiendas es un 11% menor). La acción sufrió una caída en Bolsa del 2% el día de su publicación, algo que nos parece injustificable. Inditex tiene un 10,6% de su capitalización bursátil en caja neta (9.569 millones de euros).

Las ventas del “trading update” están un 10% por encima de 2019, el “trading update” de H&M por ejemplo  habla de ventas “flat” en moneda local vs 2019, lo que confirma la calidad del negocio frente a sus comparables. La sostenibilidad de márgenes es excepcional y sin embargo el valor sigue cotizando por debajo de niveles pre-Covid.  Si comparamos márgenes del 3T21 vs 3T19 tenemos en margen bruto (60.8% frente al 60.9% del 3T19), EBITDA (32% vs 31.5%) y EBIT (21.5% vs 21.8%).

A estos precios en 2021 van a terminar con un porcentaje caja neta/capitalización bursátil del 11.8% (máximo histórico). Tras los resultados del miércoles estamos viendo a analistas subir estimaciones. A estos precios (<15x EV/EBIT 2023, 5.5% FCF yield, 3% dvd yield) nos parece una gran compra. Según comentaba Kepler esta semana por comparar, NESTLE crece similar a INDITEX en ventas y EBIT (3/4% y 5/6% respectivamente). NESTLE cotiza a 25x EV/EBIT e INDITEX a 15x.

Fuente: Kepler Chevreux.

EV/EBIT 2022 esperado (Bloomberg).

  Figure 1: Inditex – 9M21 results
ReportedBestinver Securities’ estimatesConsensus
€m3Q / 3Q3Q21E9M / 9M9M21EDifference9M21EDifference9M21E
Sales22%7,38937%19,3250%19,2400%19,251
Growth in local currencies21.0%39.0%
Forex1.1%-1.8%
Gross income23%4,50140%11,409-1%11,4820%11,400
Operating expenses21%-2,17024%-5,9561%-5,900
Other costs-91%-2-17%-22-40%-36
EBITDA26%2,33063%5,431-2%5,5460%5,457
Depreciation3%-7223%-2,138-2%-2,176-2,132
Provision for optimisation plan0%0-100%00
EBIT40%1,607248%3,293-2%3,370-1%3,325
Pure financials & forex300%-6-6%-260%-26
Net financial (leasings)-21%-23-24%-710%-71
Equity consolidated results84%13114%39-4%40
Pre-tax income42%1,588277%3,231-2%3,313-1%3,269
Minorities0%-30%-5-2
Taxes41%-357286%-727-745
Net Profit42%1,228272%2,500-3%2,566-2%2,538
Gross margin44bps60.9%102bps59.0%59.7%59.2%
EBITDA margin100bps31.5%443bps28.1%28.8%28.3%
EBIT margin285bps21.8%1,032bps17.0%17.5%17.3%
Net financial cash2bps21.8%9bps17.0%17.5%
Lease liabilities (IFRS16)16%9,569-2%9,800-9%10,505
Net cash under IFRS16-7%-5,854-1%-5,905

Source: Company data, Bestinver Securities’ estimates and Consensus (by Bloomberg)
Figure 2: Inditex – Annual growth in the past quarters
€m4Q19/4Q181Q20/1Q192Q20/2Q193Q20/3Q194Q20/4Q191Q21/1Q202Q21/2Q203Q21/3Q20
Sales10%-44%-31%-14%-25%50%48%22%
Growth in local currencies11%-44%-30%-10%-20%56%51%21%
Forex-1%-1%-2%-3%-5%-6%-3%1%
Total opexn.a.-22%-20%-9%-16%19%32%20%
EBITDA-6%-71%-43%-18%-36%155%86%26%
Depreciation chargesn.a.-2%-3%-9%1%-3%8%3%
EBIT-15%-152%-71%-24%-56%n.m.260%40%
EBIT ex provision17%-120%-71%-24%-64%n.m.260%40%
Gross margin-306bps-107bps7bps-29bps51bps153bps181bps44bps
ex COVID provision33bps-288bps 
EBIT margin-56bps-3,191bps-883bps-264bps-592bps2,689bps941bps285bps
ex optimisation provision-2,259bps1,757bps

Source: Company data

Powell frente a la inflación. Juan Pedro Marín Arrese.

Hace sólo unos meses todo parecía transcurrir con el viento a favor, recuperándose la economía a un ritmo superior al esperado. No faltaban problemas de recorrido como los cuellos de botella y los desajustes productivos, fenómenos consustanciales a tan elevado crecimiento. Repuntaba también la inflación sin inquietar a una Reserva Federal que se refugiaba en el socorrido recurso de clasificarla como un fenómeno meramente transitorio, fruto de la incapacidad de la oferta en mantener el ritmo de una demanda con renovado vigor tras su forzado periodo de hibernación. Eso sí, tomó la precaución de modificar su política sustituyendo el umbral referenciado a un objetivo de precios concreto y cifrado por un enfoque simétrico de contornos imprecisos. También justificó su prudente actitud de wait and see por la dificultad de alcanzar el pleno empleo. Pero, de un tiempo a esta parte, cada vez resulta menos verosímil apostar por el mero transcurso del tiempo como único remedio. Si la pandemia ofrece nuevos motivos para la incertidumbre, alarma la pujanza inusitada de una inflación que ha alcanzado cotas desconocidas desde hace bastantes décadas. Tras algún titubeo, el crecimiento se acelera y el paro se sitúa ya por debajo del objetivo de la Fed.

Justo es reconocer que las variables económicas incorporan en nuestros días un apreciable grado de distorsión por el anormal periodo de referencia que representó el pasado año. Un factor al que no escapan los datos que miden la evolución de los precios. Con todo, el recorte en los índices de 2020 resultó moderado, al tiempo que el actual ritmo desenfrenado adquiere rasgos preocupantes. Aunque no se traslade a una subida generalizada de los salarios por el peso cada vez más reducido de la mano de obra sindicalizada, la inflación ejerce efectos perturbadores de amplio espectro cuando sobrepasa los límites de lo razonable.

Powell ha tenido en esta última reunión del FOMC la cita más compleja de su mandato. Aun aceptando la necesidad ineludible de realizar un gesto que preserve su autoridad, la Fed es consciente del carácter escasamente eficaz de un endurecimiento monetario para atajar un shock de costes. Encarecer el crédito y desalentar la inversión constituye la receta menos adecuada para que la oferta se ajuste sin tardanza a la demanda. Es el auténtico problema con que se enfrenta Powell. A diferencia de los encarecimientos provocados por un exceso de demanda, el actual no se cercena subiendo tipos. Sólo frenando en seco la economía aplicando una terapia de choque podría atajarse este fenómeno. A nadie se le oculta el coste a todas luces desmedido para lograr un resultado tan incierto. Especialmente en una coyuntura como la actual, en que las economías se encuentran todavía en fase de recuperación tras el parón de actividad provocado por la pandemia. Por eso, adoptar una actitud de prudencia sin dejarse arrastrar por las urgencias del momento parece lo más aconsejable.

Coste inevitable de la recuperación

Powell acierta al posponer el debate de los tipos, aunque su postura despierte no pocas incomprensiones. Como anticipaban los mercados, se ha limitado a acelerar el tapering, manteniendo invariables las tasas federales en niveles cercanos a cero. Una de cal y otra de arena. Si ha envuelto su mensaje de un tono sensiblemente más hawkish, enfatizando que la Fed no dudará en endurecer la política monetaria de constatar que precios y costes siguen encadenando una espiral alcista, descarta que el actual escenario justifique adelantar ese paso. Sigue manteniendo que la inflación, pese a su abultado registro, constituye un inevitable coste derivado del vigor con que la economía se recupera, confiando que se mitigará a medida que el crecimiento vuelva a su ritmo de crucero.

Sin duda, la Fed elevará los tipos el próximo año. Pero demorar esta decisión cobra sentido, pues la inflación, al menos de momento, no se ha traducido en un encarecimiento apreciable del crédito a largo. Esta ausencia de presión de los mercados permite que la Fed no circule en exceso por detrás de la curva, otorgándole un precioso margen de maniobra. Es consciente de que tan pronto inicie la escalada de tipos se abrirá la veda a un movimiento especulativo de apuestas por ulteriores subidas. Con el riesgo de elevar significativamente los tipos a largo, afectando a la inversión y arrojando sombras de sospecha sobre los más endeudados. Powell deberá resistir no pocas presiones para evitar verse arrastrado por esa corriente. Cuanto antes reconozca que la política monetaria no resulta la más apta para domeñar una inflación de costes como la actual, mejor le irá.


Los interrogantes económicos para 2022. Rafael Hurtado Coll.

El año 2021 ha sido de fuerte recuperación: la economía mundial, a falta de conocer las cifras definitivas, ha crecido un 5,9% según el FMI, una cifra que se sitúa claramente por encima de la media tendencial. El año 2022, casi con total seguridad, será también de crecimiento económico fuerte: el Fondo estima que la economía mundial aumentará un 4,9%, cifra que aun siendo inferior a la de 2021, es la segunda mejor en diez años. No obstante, estos buenos datos no deben ocultar que el próximo año presenta grandes interrogantes relacionados con diversos aspectos y algunos, como la posible evolución de los mercados de valores, no están directamente vinculados con el crecimiento.

Por un lado, ¿qué comportamiento tendrá la inflación? Estados Unidos, con una cifra del 6,2% a octubre de 2021, presenta el mayor incremento de precios en tres décadas. La zona euro, con un 4,9% en noviembre, tiene la mayor inflación desde que se inició la serie en 1997. Hace unos meses se pensaba que sería temporal, sin embargo ahora parece que ya no está tan claro. Las razones de esta subida son el aumento del precio de la energía, los cuellos de botella provocados por el parón industrial del Covid-19 y el efecto base (comparativa de precios de actuales con los de hace un año, cuando la actividad económica era menor).

La mayoría de los economistas y los principales bancos centrales estiman que la inflación durante 2022 se irá moderando, pero nadie sabe exactamente a qué ritmo ni si será estructuralmente más alta que la conocida por el mundo occidental desde la crisis de 2008. El mayor riesgo de que la inflación se estabilice en niveles altos proviene de los efectos de segunda ronda; es decir, de que los agentes económicos crean que viviremos en una espiral inflacionista y eso provoque un incremento de salarios que, a su vez, aumente los costes de las empresas y, posteriormente, los precios de venta de los productos.

Por otro lado, ¿qué comportamiento tendrán los principales bancos centrales durante 2022? La teoría dice que, ante una elevada inflación, se deberían poner en marcha políticas monetarias más restrictivas e incluso elevar las tasas de interés. Sin embargo, la situación es más compleja.

Una inflación como la actual, provocada principalmente por el encarecimiento de la energía y los cuellos de botella, es más difícil de combatir con actuaciones monetarias (que suban los tipos no hará bajar el precio del petróleo). Además, los bancos centrales necesitan facilitar a los Estados, altamente endeudados tras la pandemia, acceso a financiación barata. Y, adicionalmente, un cambio drástico en el sesgo monetario podría contraer la economía.

El dilema

Los bancos centrales se enfrentan por tanto a un dilema: combatir la inflación o fomentar la actividad económica y facilitar financiación barata. Creo que serán bastante conservadores, retirando estímulos monetarios; y el cambio de política monetaria será probablemente lento, progresivo y anunciado previamente. Hay que destacar que las actuaciones monetarias afectan mucho a los mercados financieros, sobre todo de renta fija, pero también de renta variable y divisas. Por tanto, buena parte de su evolución en 2022 está condicionada por la actuación de los bancos centrales.

Un tercer interrogante para el año que entra es la economía china, que se está ralentizando y presenta algunos problemas que podrían ser de cierta gravedad y que la hacen más vulnerable. Tras muchas décadas de crecimiento pronunciado, China tiene un elevado endeudamiento privado y, tal vez, una burbuja inmobiliaria; algunos promotores inmobiliarios chinos, como Evergrande, con 300.000 millones de dólares de deuda, presentan serios problemas. En este escenario, parece que China podría dejar de ser un pilar tan relevante para el crecimiento económico mundial como lo ha sido durante los últimos lustros.

Y un último elemento de incertidumbre para 2022 es la propia evolución de la pandemia, que podría provocar revisiones a la baja del crecimiento estimado del PIB. Actualmente nos enfrentamos a la variante Ómicron y, aunque es pronto para conocer su transmisibilidad y letalidad, y la efectividad de las vacunas actuales, son muchos los países que ya están restringiendo la movilidad.

Los economistas deberemos estar atentos a la evolución y resolución de todos estos interrogantes que dan la bienvenida al año 2022.


Buen fin de semana.

Comentario de mercado viernes 10 de Diciembre

Los mercados siguen pendientes de la evolución de la pandemia y de que se confirme lo que ya parece un hecho, que la variante OMICRON no es tan dañina como se especuló en un primer momento. Los laboratorios aseguran que ya con dos dosis se reducen bastante los efectos contra una enfermedad grave, pero la protección mejora considerablemente con una tercera dosis y no haría falta modificación de la vacuna original, aun así aseguran que podrían tener una vacuna específica para esta variante del coronavirus en marzo 2022. El miércoles el CEO de Pfizer afirmaba que los experimentos realizados en laboratorio, mostraron que una tercera dosis de la vacuna, neutralizaban el potencial de daño de la variante Ómicron.

Olaf Scholz asumió esta semana las riendas de Alemania tras 16 años de Ángel Merkel. El futuro se tercia complicado, entre otros retos tendrá que seguir luchando contra la pandemia y contra la polarización política y social que va más allá de las fronteras germanas.

El fin de las compras de la Fed está cada vez más cerca. La Reserva Federal pondrá fin a su programa de compra de bonos a finales de marzo y subirá los tipos de interés en Estados Unidos poco después, según una encuesta realizada entre el 3 y el 6 de diciembre a importantes economistas académicos por la Iniciativa de Mercados Globales (IMG) de la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago en colaboración con Financial Times.

Los resultados de la encuesta suponen un cambio brusco en las expectativas de los economistas en un momento de incremento de la inflación y caída del desempleo. También ponen de manifiesto la rapidez con la que ha cambiado la situación económica en Estados Unidos en tan sólo unos meses, así como el giro que está dando el banco central estadounidense al reducir rápidamente su apoyo para centrarse en la lucha contra la inflación. Más de la mitad de los 48 economistas encuestados opina que es “probable” o “muy probable” que la Reserva Federal acelere la retirada de sus estímulos en varios meses y que ponga fin por completo a las compras de bonos a finales de marzo. Un ritmo más rápido podría permitirle subir los tipos ya en el primer trimestre de 2022, una medida que espera el 10% de los encuestados.

Un endurecimiento tan brusco podría sacudir los mercados financieros, que no esperan que el banco central actúe hasta junio.

La mitad de los economistas prevén una subida de tipos en el segundo trimestre de 2022. Hace sólo tres meses menos del 20% consideraba probable una subida en el primer semestre del año que viene. “Debido a la situación actual, no es necesario que la Reserva Federal siga comprando de forma masiva bonos. Enviar la señal de que está normalizando la política económica es importante”, declara Jonathan Parker, profesor de economía financiera del Instituto de Tecnología de Massachusetts.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, y otros altos cargos de la institución han adoptado en las últimas semanas una postura más firme contra la inflación, subrayando el riesgo creciente de que los precios se mantengan altos y la disposición del banco central a actuar si es necesario. El descenso de la tasa de desempleo al 4,2% en noviembre también sugiere que el mercado laboral se está recuperando de forma firme, tras meses de titubeos debido a la escasez de trabajadores.

Los economistas esperan que la inflación siga siendo elevada hasta bien entrado el año que viene y que el índice de precios de los productos de consumo personal básicos (el indicador preferido de la Reserva Federal) baje sólo al 3,5% en términos interanuales en diciembre de 2022, frente al 4,1% actual.

Casi dos tercios prevé que este índice seguirá siendo superior al objetivo del 2% de la Reserva Federal a finales de 2023. Sin embargo, casi el 70% opina que el tipo de interés principal no superará el 1,5% a finales de 2023, lo que sugiere que el ritmo de las subidas de los tipos de interés será gradual.

La opinión general es que la Reserva Federal subirá los tipos antes de que el mercado laboral se haya recuperado hasta los niveles anteriores a la pandemia. La previsión media sobre la tasa de desempleo para finales de 2022 es del 4% y aproximadamente el 70% de los encuestados opina que volverá al nivel de febrero de 2020 del 3,5% en el primer semestre de 2023 o antes.

Casi un 25% piensa que la tasa de participación de la población activa (el porcentaje de personas con trabajo o que buscan uno) nunca volverá a la de principios de 2020, que fue del 63,3%. Sólo el 19% cree que esta tasa subirá en 2023. Actualmente es del 61,8% y apenas ha mejorado desde junio del año pasado, debido a las preocupaciones relacionadas con el Covid y a los problemas del cuidado de los niños.

Este tono más agresivo de Estados Unidos por la reelección del presidente de la Fed ha alterado la parte corta de los mercados, lo que ha obligado a aumentar las rentabilidades de los bonos soberanos. La propagación de una nueva variante muy contagiosa de Covid amenaza la actividad económica y ayudó a impulsar a la baja los rendimientos de los bonos a más largo plazo. Los bonos más largos también se vieron favorecidos por un informe de empleo más débil en Estados Unidos al final de la semana pasada. Estos datos mostraron que el mes pasado se crearon «sólo» 210.000 puestos de trabajo, cifra bastante inferior a la expectativa de alrededor de 600.000. La tasa de desempleo descendió al 4,2% desde el 4,6% del período anterior.

La Fed (Powell) ha sugerido que la inflación es más rígida de lo esperado y que las condiciones de empleo siguen siendo saludables, lo que hace que la provisión de compras de activos en curso sea innecesaria. Por el contrario, el mantra del Banco Central Europeo ha sido bastante más moderado. Esto ha significado que el dólar estadounidense ha seguido fortaleciéndose.

Las empresas cotizadas en la Bolsa española han dado un vuelco a los resultados de los nueve primeros meses del año gracias a la recuperación económica, las plusvalías y otros atípicos positivos, y las menores provisiones, lo que les ha permitido dejar atrás el duro revés que representó el Covid en 2020. 

Las empresas del Mercado Continuo obtuvieron un beneficio neto conjunto de 45.025 millones de euros hasta septiembre, que contrasta con las pérdidas de 14.810 millones que anotaron en el mismo periodo de 2020. Además, la incidencia positiva de factores no recurrentes en grandes grupos como Telefónica (venta de Telxius y fusión de la filial británica), CaixaBank (absorción de Bankia) o Bankinter (OPV de Línea Directa), unida a una mejora operativa general (Arcelor o Repsol), han permitido a estas mismas cotizadas superar el resultado de 2019. 

Un 60% más que en 2019 

Los 45.000 millones de euros que ganaron las cerca de 100 compañías de las que se disponen datos este año son casi un 60% más que el beneficio de 28.515 millones que sumaron estas empresas en 2019, antes del Covid. El sorpasso ha sido aún más contundente en el selectivo. Sin los datos de Acciona, Grifols e Inditex, los grupos del Ibex ganaron 40.466 millones, un 75% más que el beneficio de 23.175 millones que lograron entre enero y septiembre de 2019, antes del impacto de la pandemia. En los nueve meses del año pasado, las grandes cotizadas perdieron 12.535 millones. 

Respecto a la comparativa con 2020, hay que reseñar que sólo cuatro compañías: Banco Santander, IAG, Repsol y ArcelorMittal sumaron 18.900 millones de números rojos entre enero y septiembre del año pasado por las provisiones del banco, el parón aéreo, y el desplome de la demanda y de los precios del crudo y el acero. En cambio, estas cuatro empresas –sólo sigue en números rojos IAG y los ha reducido a la mitad– ganaron conjuntamente 14.600 millones hasta septiembre de 2021, lo que explica una parte importante del vuelco entre ambos ejercicios y la mejora respecto a 2019. 

Otros factores positivos han sido la vuelta a beneficios de BBVA, Indra, Airbus, Aedas, CAF, Applus, OHLA, Gestamp, Metrovacesa, Amrest o Talgo. Asimismo, destacan el fuerte incremento de las ganancias de Acerinox, Fluidra, Colonial, Naturgy, Merlin, Atresmedia, Clínica Baviera, FCC, Ercros, Sacyr, Realia o Rovi. Otros grupos como Ferrovial, Amadeus, Meliá, NH o eDreams redujeron con fuerza las pérdidas. 

Los ingresos del Continuo crecieron un 13,8%, hasta 424.674 millones de euros, y el resultado bruto de explotación (ebitda) aumentó un 131%, hasta 67.761 millones. 

El precio del petróleo Brent acumula una subida del +44% en el año y un +7,9% en la última semana y se sitúa entre las materias primas de mejor comportamiento en 2021. La curva de futuros sigue en backwardation(El futuro del Brent a Diciembre del 2023 cotiza a 69$ frente a la cotización de 75$ por barril actual) respaldando una evolución más moderada pero todavía positiva. Desde el punto de vista técnico estaría en un rango lateral 65,00$-77,85$.

Durante 2022 los analistas esperan menores vientos de cola para el Brent. La recuperación de la demanda continuará fortaleciéndose gracias al tráfico de personas a nivel internacional y a que el impacto negativo de las nuevas variantes del Covid-19 sobre la demanda se situaría en la parte baja del rango inicialmente estimado (entre -1 millón y -3 millones de barriles al día durante Diciembre del 2021 y el 1T22). Sin embargo también cabe esperar un incremento sostenido de producción de los países no OPEP, liderado por Estados Unidos (+400.000 barriles al día para finales de 2021 y cerca de +1,5 millones de barriles al día en 2022). Esto obligaría a la OPEP+ al menos a congelar las cuotas y aun así el mercado entraría en superávit durante el 1T22 (+0,45 millones de barriles diarios)y lo mantendría durante la mayor parte del 2022, contribuyendo a estabilizar el precio del crudo en torno a los niveles actuales de 75$.

Importante esta semana:

En Estados Unidos el mercado laboral americano sigue dando sorpresas positivas pero que podrían provocar una reacción más energética de la Fed. Ayer se publicaron las peticiones de subsidios de desempleo que bajaron a su menor nivel desde 1969, siendo más propias de una tasa de paro inferior al 4,2% actual, pero que refleja la escasez de mano de obra y la lucha por retener trabajadores por parte de las empresas.

En relación al comercio exterior, las cifras de exportación (+4,1% mensual) e importación (+5% mensual) alemanas de octubre fueron buenas, reflejando una mayor recuperación de la demanda interna, pero sorteando los problemas de suministro y logística del lado exportador, gracias a la favorable evolución de la Eurozona.

La inflación china sorprendió positivamente ayer. Si bien el IPC general subió al +2,3% interanual (frente al +1,5% anterior), fue básicamente por los alimentos. La subyacente bajó al +1,2% (vs +1,3% anterior) y más importante, los precios industriales frenaron su ritmo de incremento (al +12,9% interanual frente al +13,5% anterior) por primera vez en 17 meses.

Destacaron el miércoles las declaraciones de varios miembros del Consejo de Gobierno del BCE, que sugieren que en la reunión del 16 de Diciembre se podría anunciar el final del PEPP para marzo 2022, tal y como estaba previsto, a menos que la nueva variante del Covid tenga un impacto relevante en la recuperación europea, y teniendo en cuenta que la inflación se mantendrá en niveles elevados a principios de 2022.

Esta semana China y Evergrande vuelven a estar en el foco pues finalmente el gigante inmobiliario Asiático hizo default en su deuda en dólares, Fitch declaró en default anoche Evergrande y sus filiales Henga Real Estate Group Co. y Tianji Holding después de rebajar su calidad crediticia desde C a IDR (Long-Term Foreign-Currency Issuer Default Ratings). Las autoridades Chinas siguen con su política de reducir las reservas de capital y de divisas en los bancos y el objetivo es mantener la competitividad de la economía China a los niveles más alto posibles.


Hay mucho en juego por el alza de la inflación. Otmar Issing. Project Syndicate, 2021

Muchos países experimentan sus mayores tasas de inflación en décadas: es el caso de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y la zona del euro, entre otros. Hay quienes insisten en que se trata de un fenómeno temporal y otros temen que tengamos que prepararnos para un período prolongado de significativos aumentos de precios, impulsados por las políticas monetarias expansionistas y la creciente deuda pública. 

De todas formas, ambos bandos coinciden en que al menos algunos de los factores que subyacen al reciente aumento inflacionario pronto se atenuarán o desaparecerán. En 2020 los precios apenas subieron —y llegaron a caer en algunos casos—, fijando una línea de comparación baja para el aumento interanual de 2021. También se cree en general que el aumento de los precios del aceite para calefacción, la gasolina, el petróleo, y el combustible diésel es temporal. Para 2022 se puede esperar entonces una caída significativa de la inflación general en la mayoría de los países. 

En el largo plazo, sin embargo, tendremos que adaptarnos al aumento de los precios de los combustibles fósiles para combatir el cambio climático. De manera similar, aunque no se espera que la subida generalizada de los precios de los materiales para la construcción, los chips para computadoras y las materias primas continúe indefinidamente, tampoco es probable que el alivio sea duradero. 

Después de todo, el problema es mundial. Cuando China ingresó de lleno a los mercados en la década de 1990, la inundación de productos baratos que produjo no solo presionó a los precios a la baja, también lo hizo sobre los salarios. Los sindicatos, preocupados por la pérdida de puestos de trabajo, eran reticentes a exigir mayores salarios; pero ahora esas presiones son menores. 

Sería un error pensar que la globalización llegó a su fin, pero la realidad es que la velocidad de la integración económica internacional se redujo por la crisis del Covid-19, el proteccionismo del gobierno de Trump y la caída de la oferta de mano de obra china (debido al envejecimiento de su población). Es más probable entonces que la economía mundial imponga una presión inflacionaria más sostenida que en el pasado. 

El argumento de que la inflación actual solo es temporal supone que el desempleo mundial seguirá siendo importante y que los sindicatos son débiles. En ese caso no habría motivos para prever que los salarios aumentarán significativamente, lo que llevaría a un alza sostenida de los precios. 

Pero la situación bien puede ser otra debido a que la economía mundial está en un punto de inflexión: la situación general puede estar pasando de ser deflacionaria a más inflacionaria. A escala nacional la escasez de mano de obra en muchos sectores está empujando los salarios al alza. La falta de conductores de camiones en el Reino Unido, por ejemplo, se refleja en los considerables aumentos de los salarios que les ofrecen. Por supuesto, la crisis económica causada por la pandemia no es comparable a una crisis normal, por lo que está por verse el tiempo que llevará hasta que esos aumentos salariales sectoriales se propaguen por la economía. 

La clave monetaria 

En todo caso, es la política monetaria la que determina el curso de la inflación. En el corto plazo los bancos centrales no pueden hacer nada para evitar un aumento de los precios causado por factores como los crecientes costos de la energía (y tampoco debieran intentarlo). Lo que importa es que los ciudadanos y los mercados financieros no pierdan confianza en la determinación de los bancos centrales para estabilizar la inflación (habitualmente alrededor del 2%) en el medio plazo. Hasta el momento, la inundación de los mercados financieros con liquidez –principalmente a través de compras masivas de bonos– tuvo un papel fundamental para impulsar al alza los precios de los activos. El peligro ahora es que esa inflación de precios, combinada con una gran expansión de la oferta monetaria, se traslade a los precios de los consumidores, a los que también afecta el brusco aumento de la deuda pública. 

La Reserva Federal de EEUU y el Banco Central Europeo (BCE) suponen sistemáticamente que las expectativas inflacionarias actuales están firmemente ancladas en el nivel objetivo del 2%, y la mayoría de las expectativas inflacionarias publicadas para EEUU y la zona del euro parecen confirmar esta idea; pero las propias compras masivas de bonos por los bancos centrales están distorsionando las expectativas del mercado. 

Termómetro de expectativas 

Los inversores con expectativas inflacionarias más elevadas tienden a vender sus bonos a los bancos centrales a precios que consideran altos. Por ello, estos pesimistas en términos inflacionarios están ausentes de los mercados financieros y eso lleva a que el termómetro de las expectativas inflacionarias marque una temperatura inferior a la real. De hecho, los comentarios de ciudadanos, consumidores y empleados en muchos países sugieren cada vez más dudas sobre la estabilidad de las expectativas inflacionarias al nivel que afirman o desean los bancos centrales. 

Como la inflación estuvo ausente durante muchos años, no sorprende que las expectativas estén orientadas hacia el pasado, cuando primaba la idea de que la estabilidad de precios continuaría. La credibilidad de los bancos centrales tuvo un papel decisivo para brindar una malla de protección a esa idea, pero siempre se puede poner la credibilidad en tela de juicio. Después de la caída prevista para principios de 2022, ¿qué pasaría si las tasas de inflación volvieran a aumentar y luego se mantuvieran por encima del nivel del 2% durante un período prolongado? Las expectativas inflacionarias podrían desanclarse y aumentar repentinamente. 

Subestimar los riesgos 

No debemos subestimar este riesgo, especialmente ahora que la cuestión de la inflación ganó visibilidad en casi todas partes, lo que indica un claro cambio en las actitudes de los ciudadanos. Parafraseando al exvicepresidente de la FED Alan Blinder, hay inflación cuando la gente empieza a hablar de inflación. 

En este contexto también es importante examinar los cambios en la estrategia de política monetaria que llevaron a cabo la FED y el BCE. Con su giro hacia “metas de inflación promedio”, la FED busca que la inflación esté por encima del 2% para compensar las situaciones en que no cumplió ese objetivo en el pasado. Sin embargo, en el nuevo entorno de creciente presión inflacionaria, la credibilidad de la FED podría enfrentar una intensa prueba. 

De igual manera, el BCE dio señales con su nueva estrategia de que tendrá una actitud más relajada que antes en cuanto a los niveles de inflación por encima del 2%. Una vez más, la credibilidad lograda tras muchos años de hacer todo lo necesario para mantener el valor de la moneda común podría enfrentar ahora un desafío. 

El mundo transita cambios profundos. Los bancos centrales se enfrentan a una gran incertidumbre y en esta situación sus modelos tradicionales tal vez dejen de ser fiables, pero ese es un motivo aún mayor para garantizar que no haya dudas sobre su decisión de defender la estabilidad de la moneda. 

Continuar con las grandes compras de bonos y mantener fijas las políticas durante períodos más prolongados a través de la orientación prospectiva se tornó menos adecuado que nunca.

Ex economista jefe y miembro de la junta del Banco Central Europeo, es presidente del Centro de Estudios Financieros en la Universidad de Goethe, Fráncfort. 


Ómicron y la bolsa. Jesús Sánchez-Quiñones.

La bolsa siempre descuenta expectativas de beneficios futuros de las empresas. Por eso es tan sensible a «noticias» que puedan alterar de forma sustancial la economía en su conjunto y, por tanto, los resultados de las compañías. La mañana del 26 de noviembre pasado las bolsas amanecieron con fuertes caídas ante las «noticias» de una nueva cepa descubierta en Sudáfrica supuestamente muy peligrosa.

Las primeras informaciones eran realmente desalentadoras. Se había descubierto una nueva variante del Covid supuestamente mucho más contagiosa y que podría ser mucho más letal. Tal información implicaba un riesgo sanitario relevante y ponía en riesgo la normalización de la actividad económica.

Auguraba una nueva ronda de medidas restrictivas de la movilidad y, por tanto, limitativas de la actividad económica. Existía el temor a volver a la casilla de salida de la crisis sanitaria. Así, las empresas relacionadas con el turismo y con el ciclo económico sufrían de forma considerable. En apenas un par de sesiones el Eurostoxx perdió un 6% y el Ibex más de un 9%.

Sin embargo, desde el primer momento sorprendía que se anunciara el descubrimiento de una nueva variante y simultáneamente se dieran a conocer el resultado de estudios que señalaban la mayor capacidad de contagio y mayor letalidad de esta nueva variante. Una de dos: o bien la nueva variante se había descubierto con anterioridad y se había mantenido oculta; o bien los supuestos estudios sobre la variante recién hallada sólo podían trasmitir hipótesis y conjeturas, pero no realidades. El hecho es que enseguida, las noticias del primer caso de la variante Ómicron en distintos países comenzaron a crear más zozobra en los mercados.

Basta acudir a la hemeroteca del mismo 26 de noviembre y días posteriores para constatar lo errado de las primeras «noticias» sobre la gravedad de esta variante, que no se han visto respaldadas por los informes conocidos en los últimos días. La propia Agencia Europa del Medicamento (EMA), ha confirmado que «los casos parecen ser en su mayoría leves».

En cualquier caso, lo acontecido en las bolsas en estas dos semanas desde las primeras «noticias» del conocimiento de la variante Ómicron requiere alguna reflexión. Los miedos iniciales provocaron una fuerte corrección en las bolsas. En los días posteriores, la volatilidad ha estado presente con movimientos considerables en una y otra dirección, en función de las «noticias» positivas o negativas sobre la gravedad de Ómicron. Finalmente, ante los comentarios de entidades como la EMA rebajando la gravedad inicialmente asignada a Ómicron, los temores iniciales parecen en gran medida despejados por parte de los inversores.

Lo acontecido en estas dos semanas pone de manifiesto la fragilidad de los niveles actuales de las bolsas ante cualquier información sensible sobre el futuro de la situación sanitaria global. La realidad es que las «noticias» anunciando una realidad que en apenas quince días se ha demostrado incorrecta han provocado un movimiento de caída y posterior recuperación en las bolsas.

Lamentablemente, ni todos los índices bursátiles se han recuperado de la misma forma, ni todas las empresas han vuelto al nivel de cotización del jueves 25 de noviembre. Mientras que el Eurostoxx apenas está a un 1% del nivel de hace quince días, el Ibex se deja más de un 5%, con empresas como IAG y Meliá Hotels con retrocesos del 12% y del 8% respectivamente.

Algunos inversores que venden las acciones de determinadas compañías no vuelven a comprar, aunque la «noticia» que motivó la venta se haya demostrado desproporcionada. En cualquier caso, y a pesar de la confirmación de la menor peligrosidad de Ómicron, son constantes las «noticias» relativas a esa nueva variante, que sólo generan ruido en las bolsas.

Lo mismo que ya nadie se acuerda de Afganistán o de la variante Delta, Ómicron no tardará en ser igualmente olvidada. Será sustituida por alguna nueva «noticia» hoy desconocida.


Buen fin de semana.

Comentario mercado viernes 3 de Diciembre

Lo que ha marcado la semana, y que trataré en profundidad en Lo Importante de la semana fueron las declaraciones del martes por la tarde/noche de Powell: » en este punto, la economía es muy fuerte, y las presiones inflacionarias son altas, por lo que en mi opinión es apropiado considerar concluir la reducción gradual de nuestras compras de activos, que de hecho anunciamos en nuestra reunión de noviembre, tal vez unos pocos meses antes…. Espero que lo discutiremos en nuestra próxima reunión en un par de semanas“, claramente el riesgo del COVID importa, pero no tanto como el de la inflación.

                               Evolución de las Bolsas Europeas:

Sigue la preocupación por la nueva variante del Covid, Ómicron, el CEO de Moderna, Bancel, alertó el lunes sobre una probable menor efectividad de su vacuna contra la nueva variante y de que necesitaría varios meses para adaptarla y producirla en cantidades suficientes.

De momento parece que Omicron es una cepa más contagiosa, pero con sintomatología más leve, si bien necesitaremos semanas para confirmarlo. Con la información disponible no debería ser un punto de inflexión y el menor crecimiento que las nuevas restricciones van a provocar se recuperará en los meses siguientes.

Inflación en Estados Unidos. La naturaleza transitoria del actual evento inflacionista se basa en tres premisas: efecto base puntual, cuellos de botella que se van deshaciendo y una demanda que se modera por los altos precios. Los dos primeros argumentos se cumplen, pero la demanda parece mantenerse muy fuerte pese a la subida de los precios. Para este último factor, la política monetaria si es un instrumento efectivo y la Reserva Federal va a empezar a preparar al mercado para ello, la reducción de las compras de activos puede ser del doble de lo anunciado (30.000 millones al mes en lugar de 15.000 millones), terminando las compras en marzo, y subiendo tipos por primera vez en junio de 2022.

Parece que el dólar se va a seguir apreciando a corto plazo de la mano de unos mejores términos comerciales, una política monetaria esperada más restrictiva en Estados Unidos y una peor situación pandémica en Europa. La mayoría de analistas están cambiando sus objetivos del eurodólar, Julius Bär anunció esta semana que su objetivo del dólar frente al euro es del 1,10 a tres meses (frente al 1,13 esperado anteriormente), y mantienen su objetivo a 12 meses en el 1,16.

En el movimiento del dólar desde el viernes de la semana pasada se está produciendo un dato muy curioso, el movimiento desatado el viernes de venta de dólares, principalmente contra yen japonés es el que ha hecho que el euro recupere niveles por encima de 1,1300 dólares por euro. La venta masiva de dólares debe verse como una reacción instintiva a noticias preocupantes lo que se corrobora con la subida clara en volatilidades. Los inversores y el mercado vuelven a ajustarse a un momento que se llama de “risk off” en el que, ante incertidumbres de lo que pueda pasar, es mejor comprar activos refugio, y el yen japonés se fortalece en primer lugar, sobre todo porque el festivo en Estados Unidos ayudaba con su falta de liquidez a que el movimiento fuera más intenso (de 1,1221 a 1,1330), y esa inercia ha hecho que el euro siga por encima de ese 1,13.

En Renta Fija los diferenciales de crédito se han ampliado por culpa del virus, el miedo a una retirada de estímulos temprana por parte de la Reserva Federal y la menor liquidez. La ampliación de los diferenciales de crédito ha sido liderada por los swaps denominados en euros y la aparición de la nueva variante de COVID. Esto ha significado que los diferenciales de Euro Investment Grade se encuentran en el nivel más amplio desde octubre del año pasado y ahora superan los 110 puntos básicos. Los mercados del dólar estadounidense y la libra esterlina también se han debilitado, pero no en la misma medida.

Como os he ido comentando esta semana los bancos, analistas y economistas están presentando sus previsiones para el año que viene, con resultados diversos… como siempre…

Esta semana se han publicado varios informes de estrategia, de los que BBVA AM prevé que la Bolsa europea suba hasta el 15% en 2022, y Bank of America augura el final de ciclo y caídas del Stoxx 600 del 10%.

La gestora de BBVA cree que las bolsas europeas subirán entre el 10% y el 15% 2022, incluso pueden ir más allá. Está por encima de entre el 5% y el 10% que espera para los mercados estadounidenses. Es la primera vez en cinco años que se muestra más optimista con Europa, según escribió ayer Joaquín García, jefe de estrategia global de BBVA Asset Management en la presentación del informe de perspectivas.

El incremento de los beneficios por acción previstos “es pura gasolina para las bolsas”, dicen desde BBVA. La gestora prevé que las empresas del Ibex aumenten sus beneficios un 16%, de media, entre 2022 y 2023, entre los más altos en Europa. Contempla un crecimiento medio anual del 10% en los beneficios por acción (BPA) de las empresas de los índices Stoxx 600, Euro Stoxx 50 y S&P 500. Y cree que la Bolsa española lo hará en línea con Europa, pese a que el crecimiento de beneficios será mayor, porque tiene prima de riesgo.

En el mercado estadounidense ve menos potencial porque puede estar más presionado por su elevada valoración (PER 2022 de 21,5 veces, frente a las 13,3 veces del Ibex y las 15,3 veces del Euro Stoxx 50). Este diferencial está en la banda alta de la historia.

BBVA AM señala que las cifras de actividad económica pueden sorprender al alza en los próximos trimestres, gracias a una demanda retenida y tasas de ahorro altas. Además, muchas empresas tienen poder de fijación de precios y en Europa esperan un efecto positivo de las recompras de acciones. El principal riesgo para su previsión de beneficios es que la pandemia perjudique la recuperación. Cree que la tendencia al alza de los tipos sería beneficiosa para el sector financiero, pero no considera que pueda suponer un factor negativo para otros.

Eso sí, espera más volatilidad en los mercados con la vista puesta en la inflación. BBVA AM espera un 3,3% de inflación media. Cree que los bancos centrales serán cautelosos y no subirán los tipos en 2022. En renta fija, mantiene la recomendación de infraponderar los bonos de gobiernos desarrollados y se muestra optimista con la renta fija emergente.

Por otro lado Bank Of America Merrill Lynch prevé para el próximo ejercicio caídas cercanas al doble dígito en la Bolsa europea, en torno al 10% en el índice paneuropeo Stoxx 600, en su escenario base.

Al margen de Ómicron, el banco estadounidense fundamenta su pesimismo en tres factores:

1. La desaceleración del crecimiento.

2. La subida en los intereses reales de la deuda.

3. El próximo fin del ciclo en los beneficios empresariales.

Esperamos que el ciclo de mejora de los beneficios llegue a su fin en el primer trimestre del próximo año”. Añade que sus “proyecciones macroeconómicas implican solo una mejora adicional del 1% en las previsiones a 12 meses de beneficio por acción del Stoxx 600, después de un aumento de alrededor del 50% desde el mínimo del año pasado”. Lo justifica por el sustancial incremento de los precios de producción y su impacto sobre los márgenes.

En su informe, BofA apunta otra señal bajista adicional. “El índice de sorpresa económica de la zona del euro se ha vuelto negativo recientemente, apuntando a una bajada en las revisiones de beneficios del Stoxx 600 a un mes desde niveles aún elevados”.

Bank of America incluye siete sectores en su lista de infraponderar: bienes de capital, automovilísticas, petroleras, mineras, servicios financieros, farmacéuticas e inmobiliarias.

Y aconseja sobreponderar bancos y utilities, además de aerolíneas, materiales de construcción, aseguradoras, productos de higiene y del hogar y software.

La apuesta alcista por los bancos es generalizada. “Esperamos que el fuerte engranaje del sector hacia un entorno de subidas de tipos supere el lastre de la desaceleración del PMI y la incertidumbre a corto plazo”, dice BofA.

Respecto a las utilities, “sobreponderamos el sector, dadas nuestras expectativas de desaceleración del PMI de la eurozona”. Bank of America destaca, por un lado, que las utilities suelen tener un comportamiento opuesto al momentum macro, y por otro, explica que al tener una exposición a Europa muy superior al mercado (80% frente a 50%), lo hace mejor en fases alcistas del euro frente al dólar.

Importante esta semana:

El martes las Bolsas americanas cayeron después de la comparecencia de Jerome Powell, el gobernador de la Reserva Federal, en la que puso de relevancia que La Reserva Federal (Fed) ha endurecido el discurso o, al menos, su presidente.

Jerome Powell reconoció ayer ante el Senado de EEUU que la inflación ya no es transitoria. “Es hora de retirar esa palabra”, dijo. Según sus previsiones, los precios seguirán subiendo hasta bien entrado el próximo año. Y eso obliga a acelerar los planes de reducción de estímulos que se pusieron en marcha hace solo un mes. 

A principios de noviembre, el banco central estadounidense empezó a reducir las compras de bonos y cédulas hipotecarias. El objetivo era recortar 15.000 millones de dólares al mes en esta partida, que ascendía a cerca de 120.000 millones de dólares mensuales durante la pandemia. Si bien el objetivo inicial era concluir para el verano de 2022, ahora Powell considera que es necesario acelerar el ritmo de recorte de estímulos antes de subir los tipos de interés (cercanos al 0%). 

La culpa de todo la tiene la inflación. El discurso predominante hasta ahora era que se trataba de algo transitorio, debido a los desajustes en la cadena de suministros provocados por el Covid-19. Si bien Powell mantiene que el motivo sigue siendo el mismo, reconoce que el problema se va a alargar en el tiempo más de lo esperado, aunque confía en que la inflación se vaya controlando en los próximos meses a medida que se normalice la situación. 

Evidentemente, no ayuda la incertidumbre que ha generado la variante Ómicron, que ha disparado la volatilidad en los mercados y la caída generalizada de las Bolsas en todo el mundo. Incluso ha provocado ya pequeños incidentes aislados de aprovisionamiento de comida y otros enseres que, de generalizarse, podrían poner en más dificultades a los proveedores y disparar aún más la escalada de precios. 

Jerome Powell, que compareció el martes ante el Senado junto a la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, explicó que la decisión todavía no es firme y que se debatirá en la reunión que la Fed mantendrá a mediados de este mes. “En mi opinión, es apropiado plantear el cierre adelantado (del programa de estímulos), quizás unos meses antes”, apuntó. 

Entre las ideas que están sobre la mesa, figura la de duplicar la cantidad a reducir cada mes, pasando de 15.000 millones a 30.000 millones de dólares, por lo que la Fed concluiría su plan de recortes para marzo. De esta forma, podría plantearse empezar a subir los tipos de interés en el primer semestre del año. 

Pero la incertidumbre es tal, que incluso el presidente de la Fed ha tenido que reconocer que todas las opciones están abiertas y mostró su compromiso de ajustar estos planes rápido en función de cómo evolucionen los indicadores económicos los próximos meses: “Han visto cómo hemos adaptado nuestra política y verán cómo seguimos haciéndolo” según los escenarios que se vayan planteando. En los próximos quince días, el banco central americano estará muy pendiente de la evolución del empleo (con una tasa de paro actual por debajo del 5%), de la escalada de precios antes de la campaña navideña y, sobre todo, de los efectos sobre la economía de la variante Ómicron. 

Para despejar dudas y lanzar un mensaje de calma a los mercados, Powell también hizo hincapié en que esta situación con la inflación disparada, si bien ya no es transitoria, tampoco es crónica y responde a una situación coyuntural, tanto por los desajustes en la cadena de suministros como a la rápida recuperación del empleo y de la actividad. De hecho, señaló que “la economía es muy fuerte”, argumento que justifica tanto la reducción de estímulos como el aumento de los tipos de interés en los próximos meses. 

En estos últimos días de Noviembre las probabilidades de que los tipos bajen un 15 puntos básicos en Diciembre han caído por debajo del 70% según Bloomberg Economics:

Esta semana los PMIs/ISM a nivel global confirmaron un buen ritmo de crecimiento del sector industrial de la mano de una demanda que se mantiene robusta. No obstante, la producción sigue viéndose limitada por la carestía de suministros. No obstante, cierta luz empieza a verse al reducirse los plazos de entrega de los proveedores. Con todo, los altos precios pagados y repercutidos empiezan a hacer mella en la confianza empresarial, aunque no impide una robusta creación de empleo para intentar poner al día los elevados libros de órdenes. Por regiones Estados Unidos mejora su perfil de producción, la Eurozona parece estabilizarse y dejar atrás la desaceleración, mientras que en Asia todas las economías aceleran el ritmo de crecimiento. La excepción lo ha marcado el PMI privado chino, peor de lo esperado, especialmente en comparación con el oficial, aunque hay que tener en cuenta que está sesgado hacia la “pyme” privada exportadora (el oficial incluye a todo el sector público empresarial). Respecto a España, el buen tono se ve limitado por una carestía de suministros más fuerte que en el resto del mundo. En Alemania, Francia y España, la alta inflación está haciendo mella, lo que podría limitar el alcance de la recuperación en el segundo semestre del año.

En Alemania la inflación de noviembre escaló hasta los máximos de los últimos 20 años situándose en el 5,2%, por encima de lo previsto.

Varios miembros del BCE como I. Schnabel señalaron que noviembre podría ser el pico de crecimiento.

Por otra parte, la Comisión Europea estaría preparando un plan de inversión en infraestructuras por 300.000 millones de euros para 2026 para combatir la influencia del proyecto de la Ruta de la Seda de China (Belt and Road) en los países del entorno.

La OMS ha considerado “muy elevado” el riesgo global por Ómicron. Dos años después de que se detectarán los primeros casos de Covid-19 en China, la pandemia parece aún lejos de ser superada. La aparición de la variante Ómicron del virus supone un riesgo añadido para la recuperación económica y sanitaria global, especialmente en Europa, donde muchos países ya estaban lidiando con tasas de incidencia superiores a las registradas en el inicio de la pandemia. Es el caso de Alemania, Austria o República Checa, que ha registrado una tasa acumulada de contagios diarios de 1.231 casos por cada 100.000 habitantes en la última semana. A pesar de que aún no se ha podido determinar científicamente si Ómicron es más o menos peligrosa que las variantes anteriores, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que supone un “riesgo muy elevado”.

En un informe técnico que publicó el lunes, el organismo señala que el elevado número de mutaciones que acumula la nueva variante conlleva un incremento del riesgo potencial de que sea más resistente a las vacunas y más contagiosa, por lo que el riesgo de que se transmita por todo el mundo es “alto”. “Puede haber nuevas olas de Covid-19 con graves consecuencias, dependiendo de muchos factores, como el lugar donde esas olas ocurran”, anticipa el informe.

En esa misma línea, el director ejecutivo de Moderna (una de las farmacéuticas que ha desarrollado una vacuna contra el Covid), Stephan Bancel, aseguró ayer en una entrevista con la CNBC que cree que Ómicron es “altamente infecciosa”. En Europa ya se han comenzado a detectar los primeros casos. El goteo era ayer incesante: diecisiete casos en Portugal (13 de ellos miembros de un equipo de fútbol), nueve en Reino Unido, uno en Austria, otro en Suiza… En total, más de treinta países han blindado sus fronteras para evitar la propagación de la variante. Uno de los más estrictos ha sido Israel, que vuelve a cerrar sus fronteras a todos los vuelos internacionales durante dos semanas, menos de un mes después de que reabriera sus fronteras. También lo ha anunciado, entre otros, la Unión Europea, Marruecos, Arabia Saudí, Omán, Tailandia, Filipinas, Sri Lanka e incluso Japón.

Por su parte, los ministros de Sanidad del G7 destacaron el lunes que la aparición de la “muy transmisible” variante Ómicron del coronavirus obliga a tomar “acciones urgentes” y reconocieron la “relevancia estratégica de garantizar el acceso a las vacunas”. En un comunicado, tras reunirse virtualmente convocados por la presidencia británica del grupo, los responsables sanitarios de los países más desarrollados elogiaron el “trabajo ejemplar” de Sudáfrica al detectar la nueva variante y alertar de ella, y reiteraron su compromiso –adoptado en la cumbre de líderes en junio– de donar mil millones de vacunas a los países pobres. “La comunidad global se enfrenta, en una primera evaluación, a la amenaza de una nueva variante muy transmisible del Covid-19, que requiere acciones urgentes”, señaló el G7.

En España, con las fiestas de Navidad a la vuelta de la esquina, el efecto de la variante podría impactar especialmente en el sector turístico y hostelero, aunque por ahora, las expectativas para las próximas semanas son buenas. De hecho, las agencias de viajes prevén incrementos de hasta el 10 % para el puente de la Constitución (ya la semana que viene), Navidad y Fin de año respecto a las cifras registradas en 2020. El Gobierno ha hecho un llamamiento a la tranquilidad de la población a la que ha pedido, no obstante, que extreme las medidas de precaución.

Esta semana hemos conocido que la inflación sube al 5,6% y devalúa en 52.000 millones el ahorro de las familias

Aunque la subida en noviembre ha sido menos abrupta que el mes anterior, el IPC sigue sin encontrar un techo en su escalada. La inflación se ha aupado en noviembre hasta el 5,6% en tasa anual, dos décimas más que en octubre y su cota más elevada en 29 años, según el dato avanzado el lunes por el INE. Un repunte que se ha producido a pesar de que los precios de la luz han sido en noviembre algo más bajos que en octubre (aun así, siguen en cotas históricas, con un megavatio hora que hoy superará los 274 euros). Y es que la fiebre inflacionista ha terminado contagiándose al resto de la cesta de la compra, destacando “las subidas de los precios de la alimentación y, en menor medida, los carburantes y lubricantes”.

La galopada del IPC amenaza con mermar el consumo privado en términos reales, ya que con el mismo volumen de gasto se podrán consumir menos productos y servicios. Y no solo porque el alza de la inflación multiplique ya por 3,6 veces las subidas de los salarios pactadas en convenio (1,55% hasta octubre), laminando el poder de compra de los trabajadores, sino porque devalúa los ahorros del conjunto de los españoles. Al cierre de octubre (último dato disponible), los hogares acumulaban 941.800 millones en depósitos bancarios, cuyo rendimiento está en mínimos (un interés medio del 0,05%). Para estos ahorros, la inflación de noviembre supone un mordisco superior a los 52.000 millones en la capacidad de compra de ese dinero. Aun calculando esa pérdida de poder adquisitivo con el IPC medio previsto para este año (en torno al 3%), el tijeretazo de valor rebasaría los 28.000 millones. Una pésima noticia cuando el rebote económico, para el que es indispensable el tirón del consumo, está en entredicho por la variante Ómicron, por unos precios energéticos desbocados, por los problemas de suministro y por el alza de las materias primas.

La persistencia de esta tormenta perfecta empieza a calar en la inflación subyacente (sin contar la energía y los alimentos frescos), que ha pasado de estar en abril al 0% al 1,7% en noviembre, tres décimas más que el mes anterior, síntoma de la creciente presión sobre el resto de la cesta.

El bucle pernicioso de los precios no solo amenaza el poder adquisitivo de las familias, sino también la posición competitiva de las empresas, que ya anticipan subidas generalizadas de precios a los clientes en las próximas semanas para no dañar aún más sus márgenes, y su capacidad para acometer inversiones. Todo ello en un contexto en el que los precios industriales se dispararon un 31,9% en octubre, su tasa más alta en 45 años, y a lo que se suman unos precios de exportación e importación también en récord. Los precios a los que España vende al exterior crecieron un 15,7% en octubre, pero aún lo hicieron más los precios a los que compra: un 22,8%.

El fantasma de la inflación sobrevuela toda Europa y, de hecho, los precios en Alemania se dispararon hasta el 6% en noviembre, una cifra inédita en casi tres décadas, sembrando cada vez más dudas sobre la recuperación. Tanto Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, como Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España, admitieron esta semana que la espiral inflacionaria supone un factor de riesgo para la reactivación, aunque ambos confiaron en que será un fenómeno temporal. Al final del email adjunto un artículo de José María Rotellar publicado este martes analizando el dato de inflación español.

Ayer Banco de España comunicó prevé que los cuellos de botella restarán hasta 14.000 millones al PIB. Los persistentes atascos en las cadenas de suministros globales, que amenazan con una crisis de abastecimiento a las puertas de la Navidad, serán muy dañinos para la economía española. Así lo advierte el Banco de España, que en un documento publicado ayer estima que los cuellos de botella en la producción y los aprovisionamientos “podrían provocar una reducción apreciable en la tasa de crecimiento del PIB español” tanto en la recta final de este año como a lo largo del que viene. El supervisor calcula que esta crisis de suministro, que lejos de amainar se ha recrudecido en las últimas semanas, podría costar a España entre dos y tres décimas de PIB en 2021 y entre cinco y nueve en 2022. Esto es, una factura que en el peor de los casos podría volatilizar 1,2 puntos de crecimiento entre los dos ejercicios, es decir, más de 14.000 millones de euros si se calcula con el PIB registrado en los últimos doce meses (1,17 billones de euros).

En el mejor de los escenarios, el impacto negativo rozaría los 8.200 millones (el 0,7% del PIB). Una crisis que, además, no será flor de un día ni de unas semanas. En sus cálculos, el Banco de España asume que se prolongará durante “los tres primeros trimestres” de 2022.

Aunque la escasez de materiales se extiende como una mancha de aceite por el mapa productivo español, el epicentro del seísmo se encuentra en la industria de automoción, donde la falta de semiconductores y circuitos integrados ha obligado a muchos fabricantes “a paralizar o a recortar sus planes de producción”, señala el informe. En esa situación se encuentran marcas como Volkswagen, que ha congelado la producción en su planta de Navarra hasta el 13 de diciembre (su tercer parón en apenas dos meses), mientras que marcas como Renault y Seat prolongarán sus ERTE hasta junio. La carestía de microchips ha provocado que más de 100.000 pedidos de coches se encuentren en lista de espera, según Faconauto.

Precisamente, el mayor impacto sobre el crecimiento español provendrá del sector del automóvil, que podría restar siete décimas al PIB entre este año y el que viene, lo que, según el Banco de España, “resulta coherente con el elevado peso y relevancia de este sector en nuestra economía”, que la propia patronal del automóvil, Anfac, cifra en el 8,5% del PIB en 2020.

Todo un misil en el proceso de recuperación de la economía, que afronta este grave problema en el contexto de una borrasca perfecta: una crisis energética sin parangón desde la década de los 70 del siglo pasado, una espiral inflacionista que ya ha ralentizado el ritmo de la recuperación y un rally alcista de las materias primas que ha terminado de estrangular los márgenes de las empresas. Una cadena de shocks interrelacionados y que se retroalimentan, sin olvidar el posible impacto económico del repunte de los contagios en toda Europa y de la irrupción de la variante Ómicron. El propio Banco de España estimó el miércoles que, en aquellos sectores más aquejados por la escasez de materiales, un 60% del incremento de los precios se debería precisamente al déficit de suministros. Una bola de nieve que no ha parado de engordar, provocando “un incremento récord de los costes de los insumos y, en consecuencia, de las tarifas cobradas, ya que las empresas no tuvieron más alternativa que proteger sus márgenes de beneficios lo mejor posible”, señaló Markit ese mismo día, en el que constató que “las presiones de la oferta y los precios continúan limitando el crecimiento económico” en España.

La falta de material y los precios astronómicos también están lastrando la producción en las industrias de caucho y plásticos, del papel, de material y equipo eléctrico, de informática y electrónica y de productos metálicos, donde se calcula una caída de producción de unos 2,3 puntos porcentuales “tras tres o cuatro trimestres”.

GRIFOLS (Tenemos una exposición del 3% en la SICAV):

La acción de Grifols cayó el martes un 5,4%. La amenaza de nuevas restricciones por la nueva variante volvería a afectar a la recogida de plasma en el año 2022 y podría forzar a la compañía incluso a ampliar capital.

La compra de la compañía alemana Biotest se supone que debería haber coincidido con una normalización de los ingresos y EBITDA en 2022 pero un retraso en estas previsiones podría hacer que el múltiplo deuda neta/EBITDA sobrepase las 6/7x y podría estresar demasiado al balance contable de la compañía. A pesar de los problemas financieros, hay que destacar que la compañía mantiene su perfil de crecimiento en un sector en el que es líder (crecimiento orgánico del 8% esperado para esta década) y la compañía ya ha demostrado durante los últimos años que son líderes en innovación, diagnósticos y tratamientos. El consenso de analistas de mercado que cubre la compañía esperaba una recuperación en el 2022 con los volúmenes de plasma alcanzando el 18-20%, los precios de la proteína creciendo al 5-6% y los márgenes ampliándose entre 1%-1,5%.

De alcanzarse este escenario previsto por la compañía deberíamos ver a Grifols cotizar en niveles de entre 40/50% superiores a los actuales, pero claramente el mercado ahora mismo se ha puesto en el peor escenario hasta alcanzar una mayor visibilidad sobre todo hasta poder tener conclusiones sobre los efectos de Omicron. 

Lo más destacable quizás sea ver cómo sus más cercanos comparables como CSL en Australia ven cómo sus acciones suben un 65% desde la pandemia frente a una caída del 30% de Grifols, traduciéndose en que CSL supera en nueve veces la capitalización bursatil de Grifols, cotizando a 10x ingresos frente los 2x de Grifols. Por otro lado Baxalta fue adquirido por Shire a un precio de 6x ingresos, lo que demuestra lo que se paga ahora mismo en el sector. Incluso considerando un descuento por la mayor deuda de Grifols esta diferencia parece muy díficil de entender.

El momentum de la compañía sigue siendo malísimo, y la acción no parece encontrar suelo, pero es una compañía que tiene un gran valor, en el siguiente gráfico de Mirabaud se ve el fuerte potencial de Grifols debido a que la valoración de value track se sitúa en mínimos históricos y normalmente suelen ser grandes puntos de entrada.

MERLIN PROPERTIES (Tenemos una exposición en la SICAV del 2,96%):

Moody’s mantuvo ayer la calificación crediticia de la compañía en Baa2 y mejoró la perspectiva desde negativa a estable. La agencia fundamenta esta revisión en la diversificación de su cartera, la calidad de sus activos, la solidez financiera, con casi 1400 millones de euros entre caja y líneas de crédito, que se verá fortalecida por mejora del entorno operativo y la mayor contribución de su cartera logística y el compromiso del equipo gestor. Además, la agencia de calificación resalta el compromiso de la compañía con las políticas ESG, con el 89% de sus oficinas, el 86% de parques logísticos y el 97% de sus centros comerciales con certificaciones energéticas y el objetivo de llegar al 100% en 2022. Igualmente, resalta los estándares de gobernanza, con la separación entre CEO y Presidente y el 54% de independientes en el Consejo

INDITEX (Tenemos una exposición del 2,50%):

Hemos aprovechado la corrección de la acción sufrida esta semana con el cambio en la Dirección de la compañía para volver a tomar posición, y hemos comprado a 27,80€ una posición por el 2,50% de la SICAV, además creemos que los resultados que publica el 15 de Diciembre serán muy positivos, y la compañía seguirá con su estrategia a partir del 1 de Abril del 2022 que se hacen efectivos los cambios en la dirección ejecutiva.

Como digo, Inditex publica resultados del 3T21 el 15 de Diciembre. Estos resultados deberían ser buenos porque es conocido que el comienzo del tercer trimestre fue muy fuerte: el dato de crecimiento de ventas en el periodo 1 de agosto y 9 de septiembre fue del +22% frente a 2020 (afectado por las restricciones) y de un +9% frente a los datos del 2019, una base comparable que no era fácil de batir. Hemos decidido volver a comprar tras el mal comportamiento del último mes (-10%).


Consecuencias de la revolución tecnológica. Ignacio De La Torre.

En 2013, Peter Thiel, un famoso inversor tecnológico, dijo: “queríamos coches voladores y lo que conseguimos fueron 140 caracteres”. Aludía a que, en lugar de generar una invención que generara importantes crecimientos de productividad (un coche volador reduciría las horas perdidas en atascos), “inventamos” Twitter, que a priori no genera incrementos de productividad obvios. En cierto sentido, tiene razón. A pesar de que la cuarta revolución industrial se gestó hace ya unos cuarenta años, los incrementos de productividad han sido muy exiguos, y claramente inferiores a los conseguidos hasta entonces. 

Las implicaciones son sobresalientes, ya que un menor crecimiento de productividad supone un menor crecimiento de los salarios reales, más años para que la siguiente generación pueda superar los estándares de vida de sus padres y, además, menos colchón para poder hacer frente a incrementos de costes, algo que a su vez puede generar ciclos inflacionistas. Además, la cuarta revolución industrial generó una enorme diversidad en las aptitudes que las empresas requieren de los trabajadores, lo que se tradujo en una mayor dispersión de salarios, antesala del aumento de desigualdad. Por si fuera poco, la actividad económica comenzó a concentrarse en grandes megaurbes, que conseguían un “efecto red” y un “efecto llamada”, de forma que los puestos de trabajo mejor retribuidos se concentraban en dichas metrópolis, quedando el resto del país a mucha distancia en el crecimiento económico. Se trata de la antesala de la desigualdad geográfica. 

Si a futuro vamos en una u otra dirección (inventando cosas que generen o no productividad), las implicaciones para nuestras sociedades serán igual de relevantes, ya que los inquietantes procesos arriba descritos podrían evolucionar en uno u otro sentido. Aunque pronosticar qué ocurrirá es extremadamente difícil, ya que muy pocos han sabido o podido predecir correctamente los crecimientos de la productividad, se están gestando las condiciones necesarias para que experimentemos a futuro sorpresas positivas en forma de mayor productividad. Veamos algún motivo: 

Primero: existe un espacio de tiempo entre que se adopta una invención y que ésta genere incrementos de productividad. La máquina de vapor apareció en 1776 y los incrementos de productividad relevantes en Inglaterra se materializaron un cuarto de siglo después. Muchas de las innovaciones asociadas a la cuarta revolución industrial podrían estar en ese periodo de maduración, y generar antes o después una subida de productividad. 

Segundo: la epidemia del Covid ha supuesto un revulsivo en lo que a innovación respecta. De entrada, hemos utilizado una tecnología novedosa (ARN mensajero) para generar una vacuna once meses después de haber identificado este patógeno. Es un récord histórico que ilustra cómo nuestra capacidad para innovar se agudiza durante una crisis. Además, estas vacunas son fácilmente adaptables ante diferentes mutaciones. 

Tercero: las empresas han entendido, tras el experimento del teletrabajo, que la digitalización es una prioridad absoluta. La consecuencia es que la inversión en activos intangibles (como software) supera la inversión en activos tangibles (como una máquina). En general, estos flujos hacia las inversiones digitales intangibles suelen traducirse en mayores incrementos de productividad. 

Cuarto: estamos viviendo una oleada de emprendimiento sólo comparable a finales del siglo pasado. Cuando se analizan los datos de creación de nuevas compañías, los niveles están en máximos de veinte años en países como EEUU, Reino Unido, Francia o España. Por cierto, a finales del siglo pasado esta actividad emprendedora redundó en fuertes incrementos de productividad, un pequeño paréntesis entre tantas décadas de crecimientos ínfimos. Además, la creación de empresas se está concentrando en segmentos de innovación y patentes. 

Quinto: existe abundante capital para financiar dicho emprendimiento tecnológico. La industria responsable de dicha financiación es el venture capital. Aunque ideada en 1958, esta inversión fue exigua en EEUU hasta 1980 (año en el que se facilitó a aseguradoras y fondos de pensiones invertir en esta clase de activos), y en Israel hasta mediados de 1990. No es de extrañar que estos dos países sean líderes en innovación. Por ejemplo, aunque sólo un 0,5% de las empresas que se crean en EEUU son financiadas por el venture capital, representan el 76% de la capitalización bursátil de empresas creadas desde 1995 (Alphabet, Meta –antes Facebook– o Google), como informaba el semanario The Economist la semana pasada. 

Poco a poco, Europa ha ido incrementando su inversión en venture capital; en el caso de España, el revulsivo han sido las inversiones lideradas por el ICO. Esta mayor abundancia de capital tecnológico es clave para que los emprendedores puedan poner a andar sus proyectos, y génesis, por lo tanto, de la innovación que se puede traducir en productividad. 

Paul Volcker, el famoso presidente de la Reserva Federal norteamericana que hizo frente a la enorme inflación de principios de los años 1980 comentó, también en la línea de Thiel: “La única innovación útil que he observado en el sector financiero los últimos cuarenta años ha sido el cajero automático”. Volcker se refería a innovaciones como los seguros de crédito, que en su momento hicieron más daño que virtud. Sin embargo, si Volcker siguiera con nosotros y analizara la enorme revolución que se está gestando en el sector fintech posiblemente opinaría ahora en sentido distinto. Como dijo el premio Nobel Robert Solow, “hoy en día se puede observar la edad de la informática en todo, menos en las estadísticas de productividad”.


Una imparable escalada de precios: José María Rotellar.

Los precios no dejan de crecer, como muestra el indicador adelantado del IPC de noviembre, cuya tasa interanual aumenta dos décimas respecto a la de octubre y se sitúa en el 5,6% –con impacto importante en ella de los precios de la energía–, con una inflación subyacente –que excluye los alimentos no elaborados y el componente energético– que se incrementa tres décimas, hasta el 1,7%, que nos permite ver que la subida de precios ya se está trasladando a toda la economía. Así, desde noviembre del año pasado se está produciendo una escalada de la tasa anual de inflación, subiendo desde el -0,8% interanual de noviembre de 2020 hasta el 5,6% de este mes de noviembre, con un pequeño respiro que reflejó el índice en el pasado mes de febrero, donde se aplanó ese mes para crecer, al mes siguiente, 1,3 puntos, para continuar incrementándose en los meses restantes.

El incremento de los precios de la energía, derivado de una demanda creciente y de una disminución de la oferta por haber arrinconado diversas fuentes energéticas antes de tener un plan alternativo viable y por no apostar, de manera absurda, por la energía nuclear como energía limpia y abundante, está infligiendo un impacto muy alcista en los precios, al que se unen los provocados por los costes de transporte y la escasez de oferta de determinados componentes, que presionan también al alza los precios.

Todo este impacto ya se deja sentir, como digo, a lo largo de toda la cadena de valor. Como escribía el pasado viernes en EXPANSIÓN, los precios industriales están pulverizando sus registros, con incrementos de más del 30% interanual, que incrementa los costes de las industrias, algunas de las cuales están parando o limitando su producción, que provocará una reducción adicional de oferta y precios más caros. Por otra parte, quienes no limiten su producción van a terminar por trasladar esos mayores costes al consumidor en todos sus productos, con lo que subirán los precios de manera generalizada y mermará la renta disponible de los agentes económicos, cosa que ya está sucediendo.

No debemos obviar lo peligrosa, por perniciosa para toda la actividad económica, que es la inflación, pues introduce un elemento que no aporta nada positivo, sino que encarece toda la actividad económica, la hace menos competitiva y puede crear un círculo vicioso que lastre el desarrollo económico durante tiempo. Los bancos centrales, en especial la Reserva Federal y el Banco Central Europeo (BCE), insisten en que este repunte de la inflación parece que será pasajero, sólo con impacto importante en el corto plazo, de manera que, aunque lo vigilen, no están tomando decisiones firmes conducentes a aplicar una política monetaria más restrictiva, que embride el alza de precios que estamos viviendo, aunque ya admiten que es más duradera de lo que preveían.

Siendo cierto que el repunte de la inflación puede ser pasajero –especialmente, con la tensión introducida por los precios de la energía– insisto en que no se puede tomar a la ligera y obviar el problema, porque si se da la espalda al mismo y no se contempla en toda su extensión, puede transmitirse la presión inflacionista al medio y largo plazo, cosa que empieza a cobrar cada vez una mayor probabilidad.

Adicionalmente, introducirá también presión extra en la negociación colectiva por vía salarial, que puede llegar a crear una espiral peligrosa precios-salarios, que disminuiría la productividad y la competitividad de nuestras empresas, con pérdida de penetración en mercados exteriores y descenso de exportaciones y, por tanto, menor actividad e inferior generación –cuando no, destrucción– de puestos de trabajo.

Como último ejemplo de los muchos negativos que puede provocar la inflación, me referiré al coste adicional de las pensiones, especialmente tras aprobar el Gobierno el abandono del factor de sostenibilidad y del índice de revalorización, que atenuaban el deterioro del sistema, y que ahora empeora al indexar, nuevamente, la revalorización de las pensiones a la evolución de los precios. Con esta inflación creciente, la factura de las pensiones aumentará, y mucho, sólo por este efecto. De ese modo, el incremento será de un 2,51% (la media interanual de los últimos doce meses, de confirmarse este indicador adelantado del 5,6%) y supondrá un mayor coste para la Seguridad Social de alrededor de 5.000 millones de euros al año, que muestra la grave irresponsabilidad del Gobierno al olvidarse del factor de sostenibilidad y poner en riesgo, así, las pensiones.

Son tres ejemplos que pueden causar un impacto muy negativo en la actividad económica y en el empleo, aunque el aumento inflacionista fuese sólo temporal en el corto plazo, pero que, con el impacto concatenado en los temas comentados y la merma de oferta por encarecimiento de componentes tecnológicos y de transporte, puede convertirse en estructural o, por lo menos, ese plazo temporal es cada vez más largo.

Se hace imprescindible seguir de cerca la inflación, no olvidarnos de que es el objetivo único del BCE, y combatirla, evitando que el alza del corto plazo pueda consolidarse en el medio y largo plazo, porque, de volverse estructural, nos encontraremos entonces con un problema adicional a la ya incierta situación económica que vivimos. Cuanto más tarde se actúe, más restrictiva puede que tenga que ser entonces la política monetaria, con el consiguiente impacto negativo para los deudores financiados a tipo variable. Por eso, conviene tomar la decisión cuanto antes.

La inflación puede perjudicar al valor real de los activos; perjudica al poder adquisitivo; fomenta un mayor endeudamiento –por valer, en términos reales, menos, las deudas–; por otra parte, perjudica a los presupuestos públicos que refinancian la deuda de manera constante, camino, en la práctica, de deuda perpetua, al poder sufrir incremento en el coste de dicha refinanciación si suben los tipos de interés para poder controlar esa subida de precios; y supone una mayor presión tributaria para los agentes económicos, ya que, al subir los precios, la base sobre la que se aplican los impuestos es mayor, con mayor perjuicio para quienes tienen menos renta. Todo ello, además, puede terminar en la comentada espiral precios-salarios peligrosísima para la economía, en el marco, además, del estancamiento económico que se puede producir si se comete el error de volver a nuevas restricciones –que podría introducirnos en el indeseable camino de la estanflación– en lugar de preocuparse por suministrar vacunas a todas las zonas del planeta para evitar la transmisión del virus.


Buen fin de semana.