Comentario de mercado viernes 8 de Julio del 2022

Esta semana el movimiento más llamativo ha sido el del eurodólar, el euro está tocando hoy su nivel mínimo de 20 años en 1,0072 frente al dólar, ante lo que parece un escenario preocupado por el mercado de energía. La ruptura del mínimo de 2017 1,0341 hizo que se vendiera todo con virulencia, por lo que a partir de ahora ese mismo nivel actuará de resistencia.

                                               Eurodólar últimas 3 sesiones rozando la paridad (mínimo 1,0072).

                                                                              Eurodólar desde el 2002.

El precio del gas natural en Europa subía a su nivel más alto en casi cuatro meses. El motivo no es otro que las huelgas que se estaban planificando en Noruega que amenazaban con endurecer aún más el mercado ya tambaleado por los cortes de suministro en Rusia (por el parón en el suministro del gasoducto Nord Stream 1). Los futuros de referencia subían más de 10% el martes, las exportaciones de Noruega se están volviendo cada vez más importantes para Europa a medida que las de Rusia caen a mínimos, y deja claro que si Rusia corta por completo el suministro, Europa necesitará reducir la demanda para evitar una falta total de suministro.  El miércoles tras la intervención del gobierno noruego, la huelga se canceló. Si empezamos a ver una crisis de energía o no, es un tema de tiempo, pero hay que recordar cómo ha empezado esta situación, Rusia envía una turbina del gasoducto de Nord Stream  hace un tiempo a Canadá para su mantenimiento y ha estado allí atrapado desde entonces, porque devolverla sería una violación de las sanciones occidentales. Los rusos utilizan ese argumento para reducir el flujo de gas a través del gasoducto en cuestión, y justifica que sería un proveedor de fiar si las sanciones no le impidieran realizar entregas totales. Además esta semana también ha sido noticia el posible rescate de la gasista alemana Uniper, por parte del gobierno alemán, por 9.000 millones de euros (dos veces su valoración de mercado), para evitar la que sería la primera quiebra importante a nivel empresarial, por la crisis energética y la nacionalización de la francesa EDF (Electricite De France), por parte del estado francés, anunciada el miércoles, el mismo día que la Unión Europea declaraba la energía nuclear como energía verde.

Es el próximo 11 de julio cuando está previsto que Rusia corte el suministro de gas a Alemania durante 10 días por tareas de mantenimiento del gasoducto Nord Stream 1. El riesgo es que Rusia, buscando entorpecer la acumulación de reservas de gas en Europa, siga interrumpiendo o reduciendo el suministro en los próximos meses. En principio Alemania (55% dependencia del gas ruso, frente a Italia 46%, Francia 24% y Unión Europea 45%) tendría gas hasta el próximo verano sólo con que Rusia mantuviera el 25% del suministro, a 0% sólo llegaría a finales de año. Aun así es previsible que introduzca de forma progresiva medidas de racionamiento energético que afectarían sobre todo a su industria y al crecimiento, incrementando las dudas de una recesión en la Unión Europea desde finales de este mismo año.

Durante el mes de Junio hemos conocido como los PMIs y los ISM manufactureros de la Eurozona y de Estados Unidos confirmaron la caída de la demanda y un menor ritmo de creación de empleo. La producción, no obstante, todavía se mantuvo en positivo gracias a la puesta al día de los libros de órdenes, pero en un contexto en el que la presión sobre los tiempos de entrega y los insumos se reduce, al igual que la disminuye la presión alcista de los precios. La excepción a este panorama fue el PMI chino, que tras el fin de los grandes confinamientos Covid, volvió a zona de expansión, aunque con limitada fuerza. Por otro lado, el dato de IPC de la Eurozona confirmó un nuevo máximo histórico (8,6%) impulsada por la energía y los alimentos.

Si durante el 2020 y gran parte del 2021 las subidas de los datos de inflación eran buena señal y suponían un impulso para las Bolsas, esta relación positiva se ha roto este 2022, en el que la presión inflacionista tiene una lectura negativa, en un claro cambio de régimen:

El mercado ya ha puesto en precio una desaceleración considerable de la economía, pero no una recesión. Sería necesario que viéramos golpes adicionales para hacer descarrilar a una economía liderada por el consumidor y donde se van curando los problemas de cuellos de botella. El mercado aún se está decidiendo y su próxima referencia son los resultados empresariales del segundo trimestre, donde la diferencia entre un crecimiento esperado de las ventas del 10% y un crecimiento esperado de beneficios inferior al 5% nos anuncian que toda la atención se centrará en los márgenes empresariales y el poder de fijación de precios de las compañías. El sentimiento inversor sigue en mínimos, en una encuesta realizada por Deutsche Bank, parece que alrededor del 90% de los encuestados esperan una recesión en los próximos 18 meses. Deutsche Bank en su último informe CIO Insights titulado «Mantenerse firmes. Actualización de las perspectivas económicas y de inversión», que las perspectivas macroeconómicas para 2022 se han deteriorado desde principios de año debido a la creciente inflación, las interrupciones en la cadena de suministro, y, sobre todo, el fuerte endurecimiento de las condiciones monetarias llevado a cabo por los bancos centrales. Así, Deutsche Bank prevé que Estados Unidos sufra una recesión técnica (encadenar dos trimestres en negativo) en el primer semestre de 2023 y prevé que en los próximos días que se empiezan a publicar los resultados empresariales del segundo trimestre haya un alto riesgo de revisiones a la baja de cara a final de año, lo que añadirá volatilidad.

Deutsche Bank prevé un crecimiento para la economía española del 4,5% en 2022 y del 2, 8% para 2023, según la actualización macroeconómica de la entidad para el segundo semestre del año. No obstante, también ven riesgos de recesión en Europa, aunque no es su escenario base, dado que la mayor demanda deprimida tras el covid, un contexto fiscal más favorable gracias a los fondos Next Generation y la fortaleza laboral permitirían compensar en parte los efectos negativos de las subidas de los tipos de interés previstas por parte del BCE.

Según Deutsche Bank existen cuatro riesgos para la economía a los que tendremos que estar atentos en los próximos meses. En primer lugar, el conflicto entre Rusia y Ucrania, ante la posibilidad de que haya más sanciones de los países occidentales y represalias, lo que intensificaría aún más las presiones inflacionistas, con el precio del gas como el mayor riesgo. En segundo lugar, la inflación y la posible recesión, que puede contribuir considerablemente a la volatilidad del mercado. Por otra parte, las elecciones estadounidenses de mediados de legislatura, dado que a los demócratas les está costando adoptar sus políticas previstas y un revés electoral reduciría aún más el margen de maniobra del gobierno de Biden. Por último, la entidad señala que habrá que vigilar la evolución de la economía china, puesto que la producción económica de gigante asiático es crucial para el crecimiento mundial. En este sentido, una reapertura podría impulsar la demanda de energía y estimular la economía, acelerando así la recuperación económica mundial.

Son muchos los factores externos que pesan sobre la economía estadounidense, como el alza del precio de la energía y los alimentos a consecuencia tanto de la guerra en Ucrania como del desajuste en las cadenas de suministro a nivel global. A su favor, el mercado laboral sigue siendo fuerte, con una tasa de paro en el 3,6% se sitúa casi en mínimos históricos y en niveles prepandemia.

Al mismo tiempo, se trata de un arma de doble filo. Empresas como las aerolíneas se enfrentan nuevamente a pérdidas millonarias tras un verano caótico por falta de personal, que está obligando a cancelar miles de vuelos cada día, mientras que los salarios para completar plantillas se han disparado, impulsando de igual manera los precios en todos los sectores.

La apreciación del dólar (casi en paridad con el euro hoy) reduce los beneficios de las multinacionales estadounidenses al repatriar sus ganancias en divisas extranjeras debilitadas, al tiempo que influye negativamente en la balanza comercial del país.

Bloomberg también ha realizado su propia estadística incluyendo variables relacionadas con la vivienda, el consumo o los rendimientos de los bonos del Tesoro. Su conclusión es que la probabilidad de estrenar 2023 con una crisis en Estados Unidos es del 38%, cuando hace sólo unos meses esta cuestión ni siquiera estaba sobre la mesa. Las previsiones de Fitch Ratings para el PIB estadounidense el próximo año se sitúan en el lado positivo, pero sólo del 0,1% por trimestre, lo que, en sus palabras, significa estar “peligrosamente cerca del riesgo de recesión técnica”.

Dada la ausencia de desequilibrios considerables en la economía que podamos observar y unas subidas de tipos de interés acumuladas que serían moderadas en términos históricos, los economistas de Julius Baer estimaban esta semana la probabilidad de recesión en un 15%-25% para la economía estadounidense en los próximos 12 meses. En caso de ocurrir el dólar estadounidense y el oro serían los grandes beneficiados.

La Renta Fija ha tenido el peor primer semestre de la historia. El abrupto final al programa de compras de la Reserva Federal (Fed) y las subidas de tipos de interés se han traducido en caídas del -12% en el bono a 10 años estadounidense y del -15.2% en los bonos BBB. Los tipos de interés y los diferenciales de crédito se han movido en la misma dirección, en contra de su comportamiento histórico. En caso de que la economía entrase en recesión los tipos de interés empezarían a reducirse (beneficiando a los bonos).

Las posiciones cortas sobre el S&P 500 está en máximos de los últimos 2 años.

El sentimiento de los inversores es extremadamente negativo con niveles de sobreventa de las acciones de Estados Unidos muy elevados, sólo el 13% de las acciones están por encima de su media de 200 días.

Y con el indicador Bulls minus Bears sigue cerca de zona de mínimos. Ultimo -23.9.

Los spreads de High Yield están ya en el 6% en Estados Unidos y en el 7% en Europa:

US HY spreads

Europa HY spreads

Importante esta semana:

Las Actas de la Fed del 15 de junio publicadas esta semana en las que se subieron los tipos 75 puntos básicos, mantuvieron un tono hawkish, al considerar posible una política monetaria aún más restrictiva y apuntar a una subida de 50 a 75 puntos básicos en la reunión de julio (el mercado otorga una probabilidad del 94% a que sea de 75) al no poder confirmar aún el techo de inflación (la próxima semana se espera que el IPC de junio se anote un nuevo máximo, +8,8% esperado por los analistas frente al +8,6% de mayo). Este contexto seguirá presionando las expectativa de crecimiento.

La Balanza Comercial de Alemania está por primera vez en negativo (déficit comercial) desde 1991, la principal causa es la subida de las importaciones (+2% intermensual), especialmente las ligadas a la energía por la espiran de precios, pero también un débil comportamiento de la maquinaría exportadora (-0,5% mensual). Dato negativo que alienta los signos de recesión que se vieron aumentaros ante un negativo Sentix Investor Confidence, tanto en su lectura de la situación actual como futura, especialmente ante un dato de precios industriales en la Eurozona que sigue subiendo con fuerza (+36,3% interanual frente al +37,2% anterior).

Parece ser que Estados Unidos pudiera levantar ciertas sanciones e impuestos a China para luchar contra la inflación. Algunos analistas estiman que el anuncio de estas medidas pudiera ser esta misma semana, y tanto Janet Yellen, como el Viceprimer Ministro Chino, mantuvieron varias videoconferencias para discutir temas impositivos y de cadenas de suministro.

El martes en Europa se publicaron los datos finales de PMIs de junio compuesto y de servicios que confirmaron el deterioro que mostraron los datos preliminares. En la Eurozona, compuesto 52 (frente a 51,9 esperado por el consenso de analistas y preliminar y 54,8 anterior) y servicios 53 (52,8 esperado y preliminar, y 56,1 anterior), ambos superando el preliminar pero mostrando la bajada en el mes de junio. En Alemania compuesto 51,3 (51,3 esperado y preliminar y 53,7 anterior) y servicios 52,4 (52,4 esperado y preliminar, y 55 anterior).

El Banco Central Europeo estudia obligar a la banca a devolver los TLTRO para evitar los «windfall profits». Las rápidas subidas de tipos esperadas en la segunda parte del año podrían proveer un margen de beneficio extra a la banca con los TLTRO, cuyo tipo se calcula en base a la media de los 3 años de vida del préstamo. El BCE está estudiando formas de que los bancos dejen de beneficiarse del programa mientras incrementan las condiciones de financiación a familias y empresas, algo que para el BCE resultaría inaceptable, una opción podría ser la devolución automática de los préstamos.

Ryanair publicó el lunes los datos de tráfico de junio muestran su mejor mes de junio de la historia. La aerolínea transportó a 15,9 millones de pasajeros, desde 8,14 millones en junio 2021, y +26% frente a las cifras de junio 2019. Por su parte, el factor de ocupación se situó en el 95%, muy cerca del 96% de junio del 2019 y 72% en junio del 2021. La mejora en los datos de pasajeros es también significativa en el segundo trimestre. En 2022 Ryanair transportó a 45,54 millones de pasajeros, desde 8,14 millones en 2T21 y +22% frente a los datos del 2T19. El factor de ocupación se situó en torno al 93% desde el 73% en el 2T21 y frente al 96% del 2T19, niveles muy próximos a sus máximos históricos.


Por qué EEUU entrará en ‘técnica recesión técnica’. Ignacio de la Torre. Economista Jefe – Arcano Partners Profesor, IE Business School.

El gran economista sueco Knut Wicksell expuso en 1898: “Los cambios en los niveles de precios siempre suscitan gran interés. Oscuros en su origen, generan una influencia profunda y duradera en el conjunto de la sociedad y la economía de un país”. La economía de EEUU es la más grande del mundo, con unos 23 billones de dólares de producción, seguida por China, con unos 18, y de la zona euro, con cerca de 14. La primera y la tercera están hoy en día atenazadas por niveles de inflación no observados en los últimos 40 años. La segunda, amenazada por una intensa crisis inmobiliaria.

Como a menudo los ciclos económicos y financieros globales, tanto ascendentes como descendentes, se gestan en EEUU, es relevante analizar si dicha economía entrará en recesión. En mi opinión, la respuesta es sí. Expongamos primero qué es una recesión, y luego contemplemos los motivos por los que EEUU se adentrará en ella, para al final matizar también el concepto de técnica recesión técnica.

En mercados se suele denominar “recesión” a una concatenación de dos trimestres en los que una economía se contrae. En realidad, la definición de recesión puede ser más compleja. En el caso concreto de EEUU la definición de recesión recae en la National Bureau of Economic Research (NBER), que certifica si la economía ha entrado o no en recesión analizando la caída de producción, su intensidad y otras variables adicionales, especialmente el desempleo. Es decir, que una caída de producción durante seis meses no tiene por qué coincidir con la clasificación que la NBER realice a posteriori. A su vez, el Fondo Monetario Internacional (FMI) define como recesión a una caída del PIB per cápita a nivel mundial. Así, por ejemplo, si el PIB mundial sube, pero menos que la población, entonces se considera una recesión mundial. Para simplificar, en este artículo utilizaremos el primer concepto de recesión (dos trimestres de crecimientos negativos).

Los motivos por los que EEUU entrará en una recesión así definida son los siguientes:

Primero: contracción económica durante el primer semestre. Durante el primer trimestre el PIB norteamericano se contrajo un 1,6% anualizado, y como es muy posible que la economía también experimente una contracción el segundo trimestre (los indicadores econométricos en tiempo real apuntan a una contracción anualizada cercana al 2,1% durante dicho trimestre), algo que conoceremos a final de julio, tendremos servida una recesión.

Segundo (y relacionado): la inflación se sitúa por encima de las subidas salariales, con lo que se resiente el consumo en términos reales. La inflación del consumidor de EEUU se sitúa en niveles superiores al 8% y los sueldos a su vez suben entre un 5% y un 6% en función de qué indicador se maneje. La consecuencia es que la demanda real (neta de inflación) de bienes y servicios tiende a reducirse. Como el consumo es con diferencia la parte más relevante del PIB (el gasto en consumo final representa cerca de dos tercios del PIB), si el consumo entra en negativo suele arrastrar al indicador de PIB hacia el rojo. Hasta ahora, los hogares habían capeado el temporal de la inflación reduciendo su tasa de ahorro, o tirando de ahorro acumulado durante la pandemia. Sin embargo, ya se dispone de datos que muestran cómo el consumo ha entrado en negativo durante el mes de mayo frente a los niveles de abril.

Tercero: caída de inventarios. La economía de los EEUU observa vaivenes en función de la acumulación o desacumulación de inventarios por parte de las empresas. Desde que el consumo comenzó a recuperarse de la crisis del Covid la demanda se ha concentrado en bienes (como comprar una bicicleta estática) frente a servicios (como pagar por un gimnasio). Este hecho explica una parte importante del problema de inflación en los EEUU y de las tensiones en las cadenas de suministro. Las empresas reaccionaron a esta coyuntura con importantes acumulaciones de inventario, lo que generó una demanda incremental de PIB hasta finales de 2021. Sin embargo, a medida que la situación sanitaria se estabiliza, los consumidores vuelven a demandar más servicios y menos bienes. La consecuencia es que las empresas se ven forzadas a liquidar los excesos de inventarios de bienes, factor que explicó la caída de PIB del primer trimestre y que también se observará durante el segundo. Paradójicamente, esta vuelta a la normalidad de la demanda de servicios frente a bienes provocará que los datos de inflación comiencen a remitir lentamente desde el segundo semestre mediante el menor crecimiento del precio de los bienes.

Cuarto: ralentización del sector inmobiliario. A medida que la FED ha señalado subidas de tipos intensas durante este año que podrían acabar con los tipos por encima del 3%, el tipo de referencia para hipotecas se ha acercado al 6%. La obvia consecuencia ha sido una menor demanda de casas. Así, las ventas de hogares caen en mayo un 9% interanual, y la iniciación de viviendas un 14% frente al mes anterior. Con todo, el sector inmobiliario no entrará en crisis debido a que la oferta sigue siendo limitada (se han construido 2 millones menos de casas de las necesarias para afrontar la demanda, y como consecuencias las casas suben un 19% interanual).

¿Por qué hablo de “técnica recesión técnica”? Porque casi todas las recesiones suelen concatenar caídas de PIB y subidas de desempleo. Sin embargo, si EEUU entra en recesión durante el primer semestre por caída de PIB no habrá observado subidas de desempleo (el nivel de desempleo estaba al 4% en diciembre y se sitúa actualmente en el 3,6%). El motivo estriba en la escasez de mano de obra, algo que se manifiesta en el hecho de que existen más de 11 millones de ofertas de empleo vacantes (casi dos por cada desempleado). Por eso, es factible que el mercado y prensa hable de “recesión” y la NBER no. En 2001 se produjo el fenómeno contrario: el PIB no cayó durante 6 meses pero la subida de desempleo hizo que la NBER declarara una recesión. Por eso hablo de “técnica recesión”: lo es para el mercado, posiblemente no para la NBER.

Además, es importante discernir entre una recesión como la vivida durante la gran crisis financiera y una recesión técnica. En una gran recesión suele estallar una burbuja inmobiliaria, algo que afecta a la banca y a su capacidad de prestar, lo que genera una caída de PIB aguda y una fuerte subida de desempleo. Una recesión técnica es algo mucho más leve, cae la producción, sube el desempleo más ligeramente, y los bancos siguen prestando. Esta vez será una recesión técnica (el sector privado de los EEUU está mucho más saneado, y la banca, mejor capitalizada). En los últimos 70 años solo ha habido una gran recesión, frente a 11 recesiones técnicas.

Por otro lado, es posible que la subida de tipos de la FED, que opera con efectos retardados, genere otra recesión técnica durante los próximos trimestres. Esa situación llevará a la FED a volver a bajar los tipos a principios de 2024, algo que ya comienzan a descontar las curvas de tipos. A modo indicativo, en las referidas 12 recesiones vividas por EEUU desde 1945 de media la economía se contrajo a un ritmo anualizado del 2,5%, el desempleo subió un 4% y la recesión duró algo menos de 10 meses. Esta vez es posible que la subida de desempleo sea sensiblemente inferior, pero provocará una reacción de la FED.

En Arcano Economic Research hemos escrito informes sobre las consecuencias detalladas de una recesión técnica en la principal economía del mundo. A nivel político, es posible que los votantes norteamericanos se decanten en 2024 por un candidato republicano, como así han hecho cuando han vivido episodios de inflación elevados o crisis económica. Si Trump no resulta procesado por los eventos del Capitolio, es posible que sea reelegido presidente. Además, la debilidad del consumo norteamericano de bienes supondrá malas noticias adicionales para la renqueante economía china. A su vez, Europa crecerá por debajo de tendencia, eso en el caso de que Rusia no corte el 100% del gas.

Wicksell, el referido economista sueco, también ideó el concepto de “tipo de interés natural”. Lo definió como aquél que determinaría un mercado de ahorradores e inversores de forma natural, sin la intervención de un banco central. A medio plazo los tipos de interés que fijan los bancos se acaban adaptando a dicha naturalidad (hoy en día se denominan tipos neutrales). Si Wicksell está en lo cierto, a medio plazo los tipos volverán a ser bajos, y se iniciará una prometedora fase expansiva de la economía en 2024.


La economía europea se deteriora. Rafael Pampillón.

Nos encontramos en una encrucijada histórica. Tras los elevados niveles de gasto público alcanzados durante la pandemia, toca ahora ir retirando progresivamente los estímulos fiscales. También porque son inflacionarios: aumentan la demanda y, con ello, los precios. Dicho de otro modo, para corregir los elevados niveles de inflación, hay que reducir la demanda agregada. Y si los gobiernos no hacen su parte (reduciendo el gasto público, los déficits y la deuda), los bancos centrales tendrán una posición complicada, ya que deberán aplicar políticas monetarias restrictivas para reducir la inflación. El resultado será una desaceleración en el crecimiento económico, aumento en el desempleo y reducción del bienestar de los ciudadanos. Europa se enfrenta a una crisis marcada por la subida de los precios de las materias primas (sobre todo alimentos y energía), el desabastecimiento de semiconductores y la ralentización de las cadenas de suministros provocada, en parte, por la falta de barcos y contenedores. El origen de esta crisis no sólo está en la invasión rusa a Ucrania, con sus consecuencias políticas y económicas, sino que también se debe al incremento desorbitado de la masa monetaria por parte de los bancos centrales durante la pandemia y al continuo cierre de fábricas en China. Un conjunto de problemas que ha generado una espiral inflacionaria en todo el mundo, y que en la zona euro alcanzó en junio el 8,6% interanual, la más alta de su historia. Con el objetivo de frenar la inflación, el BCE ya ha comenzado a movilizarse. Ha dejado de comprar deuda pública y ha anunciado un incremento del tipo de interés de intervención desde el 0% al 0,25% en este mes de julio, y otro aumento en septiembre, que puede llegar al 0,5%. Una senda de subidas que podría alcanzar el 2% en 2023.

Christine Lagarde, la presidenta del BCE, ha señalado que “irá tan lejos como sea preciso” para combatir la inflación y estabilizarla en el 2%. Esto causará una ralentización de la economía de la zona euro, con un aumento del desempleo que por ahora es muy bajo, en torno al 6,6% de la población activa. Precisamente la curva de Phillips tradicional muestra una relación inversamente proporcional entre la tasa de desempleo y la inflación. Si ahora el objetivo es reducir la inflación, la curva refleja que el nivel de desempleo aumentará.

Como consecuencia de la crisis que se avecina, también está bajando la Confianza Económica en la eurozona. La encuesta de la Comisión Europea mostró que este indicador se redujo desde 105 puntos en mayo a 104 en junio, su nivel más bajo en 15 meses. Un dato que refleja el deterioro de la moral de los consumidores.

Durante la pandemia los gobiernos de la eurozona y el BCE optaron por aplicar políticas keynesianas, en concreto políticas fiscales y monetarias expansivas. Esto se tradujo en un incremento del gasto y de la cantidad de dinero para impulsar la demanda, con el fin de dinamizar la economía. Los frutos de esas políticas los estamos recogiendo ahora: una inflación desbocada. Además, esa política fiscal expansiva ha traído consigo un empeoramiento de las finanzas del Estado.

Al igual que en Europa, en España se precisa un mayor equilibrio de las cuentas públicas. La creación de empleo y la estabilidad de precios sólo son posibles a través de políticas monetarias y fiscales menos expansivas y de reformas estructurales que mejoren la competitividad. De ahí que la Comisión esté pidiendo a España que el gasto público corriente no siga aumentando. Eso quiere decir que, a la hora de elaborar los Presupuestos de 2023, el Gobierno deberá seguir las recomendaciones de la Comisión y reducir drásticamente el déficit público.

Sin embargo, en España, desde que llegó Pedro Sánchez a la Moncloa en 2018, el número de empleados públicos no ha dejado de crecer. En tan solo cuatro años, la cifra ha crecido en 363.000 personas alcanzando los 3,5 millones. A lo que hay que sumar las 44.788 plazas de empleo público aprobadas en junio, la mayor de la historia. Este repunte en la plantilla de las Administraciones genera un incremento desorbitado del gasto público. Si éste no se frenara, Bruselas nos impondría unos recortes tales que obligarían a hacer un drástico ajuste laboral en el sector público. ¿Se ha valorado este riesgo al aprobar una oferta de empleo pública de ese calibre?

Unos presupuestos que vendrán lastrados también por haber indexado las pensiones con el IPC. Ello supondrá un aumento en 2023 del gasto en pensiones de 13.000 millones de euros. Hay que ir al fondo del problema y vincular las pensiones (y también la edad de jubilación) a la esperanza de vida, la evolución de las cotizaciones y la de la población ocupada. Está en juego la viabilidad del sistema de pensiones y el futuro del bienestar de los jubilados.

Controlar la inflación es muy importante para el crecimiento, pues refuerza la competitividad de las empresas y aumenta el crecimiento, así como el empleo a través de las exportaciones. Desgraciadamente, desde abril del año pasado, la inflación española está siendo superior a la media de la eurozona, con una pérdida continua de competitividad. En consecuencia, este diferencial de inflación ha venido acompañado de fuertes saldos negativos en la balanza comercial.

De ahí que en España se están revisando a la baja las proyecciones, lo que puede anunciar una nueva crisis. Indicadores recientemente publicados parecen confirmar que la economía española sigue debilitándose. El Índice del Comercio Minorista de mayo con respecto a abril se quedó estancado. También la industria sigue mostrando un elevado nivel de estancamiento. El índice de gestores de compra del sector manufacturero descendió desde 53,8 en de mayo a 52,6 puntos en junio. Ayer se publicó el Índice de Producción Industrial. La industria se contrajo un -0,2% en el mes de mayo con respecto a abril.

También las caídas de Bolsas y mercados de deuda parecen estar anticipando una reducción del crecimiento de la actividad con más paro y más inflación de lo previsto. Para salir de esta situación de crisis que se avecina, lo que España y Europa necesitan son reformas estructurales: políticas de oferta que intensifiquen los esfuerzos para elevar la productividad a través de buenas prácticas, como la extensión de las tecnologías de la información, la inversión en I+D+i y en capital humano, la mejora del funcionamiento de los mercados de productos y servicios y el redimensionamiento del sector público para reducir el gasto corriente innecesario. Ello debería conducir a aumentar la inversión pública y privada para impulsar el empleo y el crecimiento económico. Todavía estamos a tiempo de introducir correcciones. Si nos retrasamos las consecuencias serán más dolorosas.


Cuánto tiene que bajar la inflación para que la Fed afloje con las subidas de los tipos. The Wall Street Journal. Justin Lahart.

Los responsables de la política de la Reserva Federal han pasado gran parte de la pandemia enfrentándose a niveles de inflación superiores a lo esperado, pero los niveles podrían ser más bajos en lo que queda de año. Sin embargo, esto podría no ser suficiente para disuadirles de subir los tipos de forma agresiva.

El Departamento de Comercio informó el jueves de que su índice de precios al consumo, el indicador de inflación preferido por la Reserva Federal, aumentó un 0,6% en mayo con respecto a abril, situándose un 6,3% por encima del nivel de hace un año. Los precios subyacentes, que excluyen los alimentos y la energía con el fin de realizar un seguimiento más exacto de la tendencia subyacente de la inflación, subieron un 0,3% respecto al mes anterior, lo que supone un aumento interanual del 4,7%. Ambas medidas se situaron por debajo de las previsiones de los economistas y sugirieron que, aunque la inflación no se esté enfriando aún, podría estar empezando a ser un poco menos caliente. En términos interanuales, los precios básicos registraron su menor aumento desde octubre.

Las últimas proyecciones de los responsables de la Fed atribuyen una subida interanual del 5,2% a los precios globales en el cuarto trimestre de 2022, y un 4,3% al alza para los precios básicos. Existe la posibilidad de que la inflación subyacente, en particular, sea menor que la prevista. La disminución del apetito por los productos ligados a la permanencia en el hogar y el alivio de muchos de los problemas de la cadena de suministro han provocado un enfriamiento de muchos de los precios que habían estado impulsando la inflación. El informe del jueves mostró que los precios de los muebles y el equipamiento doméstico duradero, categoría que incluye muebles y electrodomésticos, bajaron en mayo con respecto a abril. Es probable que se produzcan más recortes de precios: los minoristas, como Target y Walmart, tienen altos niveles de inventario, y los expertos del sector esperan que la fiesta del 4 de julio desencadene una ola de descuentos.

La trayectoria de la inflación general en los próximos meses dependerá de lo que ocurra con los precios de los alimentos y la energía, que se fijan en gran medida a nivel mundial, y que se han enfrentado a turbulencias generadas por la invasión de Rusia en Ucrania. Su trayectoria futura está lejos de ser segura, pero los precios del petróleo y de las materias primas agrícolas han bajado en el último mes.

Incluso la perspectiva de una subida de precios algo más fría probablemente no impedirá que los responsables de la política monetaria eleven otro 0,75% más su rango objetivo de tipos a un día cuando se reúnan el mes que viene, aunque solo sea porque querrán tener más datos a mano antes de creerse que la amenaza de la inflación realmente esté remitiendo. Y en los meses siguientes, incluso si llegan datos más favorables, podrían estar dispuestos a seguir subiendo los tipos hasta finales de año.

Una de las razones es que a la Reserva Federal le preocupa que la inflación elevada esté arraigada en las expectativas de los consumidores, a pesar de que la Universidad de Michigan despreció en una revisión la semana pasada lo que parecía un gran salto en las expectativas de inflación a largo plazo. Una razón relacionada es que, en gran parte porque pone un mayor peso en los costes de las viviendas, el índice de precios al consumo del Departamento de Trabajo podría seguir siendo mucho más alto que la medida de la inflación del Departamento de Comercio. El IPC tiene muchos seguidores y, a pesar de las preferencias de la Fed, para mucha gente sigue siendo EL informe sobre la inflación. Sería más difícil reducir los aumentos de los tipos mientras el IPC sigue siendo elevado.

Puede que la ola de calor haya terminado, pero la Reserva Federal aún suda la gota gorda.


El grifo de los ‘bonos basura’ se cierra para las adquisiciones de mayor riesgo. Roberto Casado.

El 28 de junio, el mercado vivió un regreso al futuro, al asistir a una situación que retrotrajo a muchos hasta la gran crisis financiera de 2008. Ese día, el grupo estadounidense Wal- greens comunicó la paralización del proceso de venta de su cadena británica de farmacias Boots, citando como motivo los problemas de financiación de los candidatos a la adquisición.

“Desde que se lanzó el proceso, los mercados financieros globales han sufrido un cambio dramático e inesperado. Como resultado del impacto en la capacidad de financiación que ha tenido la inestabilidad del mercado, nadie ha podido hacer una oferta que refleje el alto valor potencial de Boots”, explicó la compañía.

El principal interesado en realizar la compra era un consorcio de la gestora de capital riesgo Apollo Global Management y el grupo indio Ambani Reliance Industries. Boots se valora en unos 5.500 millones de euros.

Como en la crisis financiera, el fiasco llega por la aversión al riesgo de los inversores, provocada ahora por la guerra en Ucrania y sus consecuencias.

Además, Boots ya tuvo cierto protagonismo en 2007, justo antes de que estallaran los problemas en el mercado. Un consorcio liderado por KKR ganó una batalla de ofertas públicas de adquisición (opas) y se hizo con Alliance Boots –matriz entonces de la cadena de farmacias– por más de 11.000 millones de libras. Los bancos que financiaron la compra con 9.000 millones de libras no pudieron repartir los préstamos o emitir bonos durante varios años, teniendo que asumir todo el riesgo en sus balances.

Aprendida esa lección, entidades e inversores en el mercado de deuda no quieren vivir experiencias similares, por lo que rechazan prestar dinero para compras o exigen intereses cada vez más elevados. No solo ha habido problemas en la compra de Boots. Según un banquero de inversión, el mercado de “financiaciones apalancadas [para compras con mucha deuda] está completamente cerrado en Europa, y abierto de manera muy selectiva en Estados Unidos”. Esto complica ejecutar operaciones a las firmas de capital riesgo, principalmente.

El propio Elon Musk, fundador de Tesla, ha tenido que modificar la estructura de financiación de su opa sobre Twitter, ampliando la porción que él mismo pone de capital para reducir así el crédito de los bancos. En España, los procesos de venta de Garnica y Natra han sufrido por los problemas de financiación de los interesados.

Los datos son elocuentes sobre los problemas para financiar opas de alto riesgo. El valor de las emisiones de títulos con baja calidad crediticia (bonos basura) en Europa en la primera mitad de 2022 se ha situado en unos 20.000 millones de euros, un tercio respecto a los datos de 2021 e incluso por debajo de 2020, en plena pandemia del Covid. Además, la mayor parte corresponde a refinanciación por parte de empresas ya conocidas en el mercado, con pocas salidas de nuevas compañías.

En cuanto a la concesión de préstamos apalancados, entre enero y junio se aprobaron operaciones de este tipo en Europa por 23.400 millones de euros, frente a los casi 70.000 millones en el mismo periodo de 2021.

Según cálculos de Dealogic, los ingresos para los bancos de inversión que intermedian las financiaciones apalancadas se situaron en 800 millones de dólares en el primer semestre, con un descenso del 65% respecto al año precedente. Un 84% de esas comisiones llegaron de los fondos de capital riesgo.

Goldman Sachs, JPMorgan y Deutsche Bank fueron las entidades más activas en el sector.

Además, el coste de las operaciones que sí consiguen salir adelante ha aumentado de forma dramática, para reflejar las expectativas de subidas de tipos de interés y la exigencia de los inversores de una mayor prima de riesgo. En lo que va de año, estima Société Générale, el coste de los bonos basura en Europa ha aumentado de media en 366 puntos básicos.

Hay sectores donde todavía es posible obtener financiación para operaciones corporativas, como en infraestructuras y telecomunicaciones, aunque con estructuras de pasivo menos agresivas.

La fusión de Orange España y MásMóvil, por ejemplo, contempla la obtención de más de 6.000 millones de euros de deuda. Lo más probable es que los bancos concedan inicialmente ese dinero en dos tramos, y aguarden a una mejora de las condiciones del mercado para refinanciar al menos una parte de ello mediante emisiones de bonos; o bien para trocear y vender los créditos a inversores institucionales.


Buen fin de semana.

Comentario de mercado viernes 1 de Julio del 2022

Este lunes se publicó una encuesta entre analistas de Wall Street publicada por Bloomberg que sorprendía porque en una escala de intención de compra/venta del 1 al 5 entre empresas del S&P 500, en la que 1 era venta y 5 compra, el resultado promedio de la encuesta era de un 4, la lectura más alta desde 2002.

La medida GFK de la confianza del consumidor del Reino Unido cayó a su nivel más bajo desde que comenzaron los datos (ver el gráfico de la semana). Esto refleja los efectos del aumento de los precios de los alimentos y los combustibles en el asediado consumidor. El país se enfrentó a un cierre en el transporte público, mientras que British Airways parece estar enfrentando una huelga de personal, lo que refleja el descontento laboral ante el fuerte aumento del coste de vida. Por último, los precios del gas en euros volvieron a subir, amenazando la producción industrial alemana.

Terminamos un semestre histórico con los bonos del gobierno americano experimentando su peor comienzo de año desde 1788 (caída cercana al -15%) y otros activos superando esas caídas, los bonos emergentes pierden un -20%, las acciones de Europa emergente un -80% y los activos digitales han perdido dos tercios de su valor. Por otro lado, todo lo relacionado con la energía y las materias primas lo ha hecho especialmente bien, con las acciones de compañías de petróleo y gas subiendo un 20% y algunos índices de materias primas energéticas subiendo un 70%. Al revés de lo ocurrido en ciclos pasados, el dólar estadounidense se ha apreciado a la vez que lo hacían las materias primas. Lo que ha generado todos estos movimientos han sido una Reserva Federal políticamente presionada para bajar los precios como sea, la guerra en Ucrania y las dudas sobre el crecimiento chino tras los último confinamientos.

En Estados Unidos una política monetaria restrictiva suele meter a la economía en recesión cuando supera subidas acumuladas de 3%-3.5%. La pandemia ha complicado mucho las comparaciones históricas, pero dado que se esperan subidas de tipos del 3.25% en total en estos dos años (2022-2023), es posible evitar la recesión. El consenso de analistas asigna una probabilidad del 35% a una recesión en Estados Unidos en los próximos 12 meses.

Albert Edwards, el veterano analista de Société Générale que suele destacar por su pesimismo, insistió esta semana en que “una recesión en Estados Unidos parece inminente” y duda que las bolsas hayan descontado este escenario, pese a las caídas de los últimos meses.

En el mismo banco, Manish Kabra estima que el S&P 500 podría caer a 3.200 puntos en una recesión “clásica” (ahora está en 3.770 puntos), pero se desplomaría a 2.525 puntos en una crisis de estanflación al estilo de los años setenta.

Cálculos similares han hecho otros bancos. Según Berenberg, “para que las valoraciones bajen a lo habitual en las recesiones en Estados Unidos desde 1990, debería haber otro descenso del 23%; y del 39% si se va a los múltiplos medios de las crisis desde 1973”. En el caso de Europa, las caídas en esos dos escenarios tendrían que ser del 19% y 30%, respectivamente.

UBS, por su parte, ha revisado 17 recesiones sufridas en Estados Unidos durante los últimos 100 años, para comprobar el comportamiento de las cotizadas en esos periodos y compararlos con la trayectoria actual. La conclusión del banco suizo es que “el declive del mercado hasta ahora ha estado provocado sobre todo por el endurecimiento de la liquidez [por los cambios en la política monetaria], no por miedo a una contracción económica”.

Sus cálculos son que, en una recesión suave, el mercado estadounidense podría caer un 11% (siguiendo los precedentes históricos), pero el desplome sería del 34% si hay una grave crisis. En Europa, con menos datos históricos, UBS apunta que las correcciones son del 19,5% cuando el frenazo no es muy serio, y del 57% cuando hay un fuerte bajón de la economía (este dato está dominado por la crisis financiera). UBS concluye que “es probable que se produzca un respiro en las ventas y un rebote táctico. Pero esto no quita para pensar que los problemas de liquidez son un obstáculo serio para la rentabilidad de Bolsa y que la recesión no está descontada del todo”.

Los indicadores adelantados PMI (Purchasing Manager Index, que se basan en encuestas periódicas a los directores de compras) apuntan a un menor crecimiento de la economía en la segunda mitad del año, con unas manufacturas que siguen moderándose y un sector servicios que ha experimentado una caída muy significativa a medida que el entusiasmo de la reapertura desaparece y el impacto de la inflación en el bolsillo del consumidor se deja notar. Tanto en Europa, como en Estados Unidos., el nivel del índice se sitúa en 52, cerca del nivel de 50 que marca la frontera entre recesión y expansión.

Los analistas han rebajado sus expectativas sobre el crecimiento de beneficios en el segundo trimestre al 4.6% frente al 5.9% que se esperaba para el S&P 500 cuando empezó el trimestre. Julius Bäer espera revisiones negativas de los sectores más cíclicos, mientras que parece difícil que se puedan mantener los márgenes de beneficios que esperan los analistas (12.4% frente al 12.3% del primer trimestre).

Desde el punto de vista de análisis técnico la semana pasada el S&P 500 alcanzó niveles extremos de sobreventa, con tan sólo 2% de las compañías del índice cotizando por encima de su media móvil de 50 día (en los últimos 30 años, sólo ha estado más sobrevendido en 27 ocasiones). La duda es si podemos ver una recuperación o “rally” de verano, pero para ellos es necesario que veamos compras generalizadas para que podamos ver una subida del 10%-15%.

La Fed no descarta que la inflación tarde dos años en llegar al 2%. Los riesgos de recesión están aumentando y la inflación tardará “un par de años” en volver al objetivo de la Fed de Estados Unidos del 2%, según Loretta Mester, presidenta de la Fed de Cleveland. “Los riesgos de recesión están aumentando, en parte porque la política monetaria podría haber girado un poco antes de lo que lo hizo. Lo estamos haciendo ahora elevando los tipos de interés pero”, declaró a la CBS . Mester explicó que la política monetaria puede desinflar la demanda excesiva en la economía, pero tomará tiempo lograr un mejor equilibrio. “Llevara un par de años que la inflación se sitúe en el 2%”.

La secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, admitió el domingo que la economía se desaceleraría, y que una recesión no era “inevitable”. El presidente de la Fed, Jay Powell, dice que su objetivo es reducir la inflación y mantener un mercado laboral sólido. Lo que según Yellen “requerirá habilidad y suerte”.

Esta semana un informe estratégico de Goldman Sachs incrementaba sus probabilidades de que Estados Unidos entrara en recesión en los próximos 12 meses hasta el 30% y al 25% las probabilidades de que entre en recesión al año siguiente si se ha evitado la recesión ese primer año. Dichas previsiones le dan un 48% de probabilidades de que Estados Unidos entre en recesión en un horizonte temporal de 24 meses. Rebajan una décima sus previsiones de crecimiento del PIB de Estados Unidos, del 2,50% al 2,40% y en dos décimas el del 2023, del 1,60% al 1,40%.

Hay buenas noticias dentro de todo este entorno de caídas de mercados de Renta Fija, con las rentabilidades subiendo. Para los inversores que buscan rentabilidad, las yields en todas las clases de activos empiezan a ponerse interesantes. El High Yield vuelve a ser alto y rentable, mientras que otras áreas del mercado ofrecen una propuesta de ingresos igualmente más interesante:

También es probable que la inflación caiga en los próximos trimestres. Aparte de los efectos de base obvios, numerosas fuerzas seculares, que marcaron el comienzo de la era de la desinflación, están en gran parte intactas (aparte quizás de la globalización), mientras que los bancos centrales tienen un arsenal lleno de municiones para destruir a sus enemigos, tal como lo hizo el Volker hace tantos años. Esperemos que sea el primero y no el último resultado desde una perspectiva de mercado.

Importante esta semana:

La inflación vuelve a elevarse con fuerza en España. Los datos conocidos el miércoles por la mañana muestran que las presiones inflacionistas siguen incrementándose y según el indicador adelantado del IPC, el ritmo de crecimiento de los precios se disparó hasta un aumento del +10,2% en junio, un punto y medio por encima de la registrada en mayo. De confirmarse estos datos, la inflación se situaría en su mayor nivel desde abril de 1985. Esta evolución es debida, principalmente, a la subida de los precios de los carburantes, mayor este mes que en junio de 2021, y de los alimentos y bebidas no alcohólicas, frente a la estabilidad registrada el año anterior. También influye el incremento de los precios de los hoteles, cafés y restaurantes, superior al del pasado año. Por su parte, la tasa anual del indicador adelantado de la inflación subyacente aumenta seis décimas, hasta el +5,5%. Esta tasa de inflación subyacente sería la más elevada desde agosto de 1993.

Todavía relativo a España esta semana hemos conocido cifras de consumo que siguen mostrando dinamismo, aunque el crecimiento se modera. En concreto, las ventas al por menor avanzaron en mayo un +1,4% interanual, cifra que muestra una moderación del crecimiento frente al mes anterior pero que se sitúa cuatro décimas por debajo de las previsiones.

En Estados Unidos cifras negativas de consumo. El índice de confianza de los consumidores de la Conference Board decepcionó al caer en junio hasta niveles de 98,7 desde el 103,2 anterior (dato que se revisó a la baja). Con este deterioro la confianza de los consumidores se sitúa en su menor nivel de los últimos 16 meses. Además, señalar que el mayor retroceso vino por el lado de las expectativas al caer el sub-índice hasta niveles de 66,4 desde el 73,7 previo y retrocediendo hasta su peor nivel desde 2013. Todo ello apunta a una pérdida de dinamismo del consumo tras el verano.

Siguiendo con datos de la economía de Estados Unidos, se publicaron los datos de precios de la vivienda que en las principales ciudades siguen repuntando a ritmos elevados. Según el índice S&P Case Shiller, los precios se incrementaron un +1,8% mensual en abril lo que elevó el ritmo de crecimiento hasta niveles del +21,2% interanual, ligeramente por encima del mes previo.

Rusia ha quedado marginada. Está aislada. Estas sanciones económicas tardarán mucho tiempo en ser retiradas. Cuando se inicien las conversaciones de paz, si se inician, el resarcimiento de las sanciones va a ser una parte importante de cualquier futuro acuerdo, y es ahí donde Occidente y Ucrania tienen ventaja sobre Rusia.

¿Qué quiere Putin? ¿Cuáles son sus objetivos bélicos? ¿Y qué va a hacer si se ven frustrados? Estas preguntas todavía no tienen respuesta. Cabe imaginar que podría tomar las provincias del este de Ucrania, gran parte de la costa del sur, imponer un bloqueo y, a continuación, limitarse a quedarse allí. Ni declararía la victoria, ni anunciaría su retirada. ¿Qué haría Ucrania en tal caso? Creo que seguiría luchando. Ambos bandos creen que necesitan luchar para ganar terreno, de lo contrario parecerán perdedores. En todo caso, existe el peligro de que los ucranianos se confíen demasiado, teniendo en cuenta sus resultados en las primeras 11 semanas de guerra, más o menos.

Los mercados financieros cometerían un grave error si no reconocieran que este conflicto se está intensificando poco a poco. Nuevos países están llegando con una mayor sofisticación en el suministro de armas a Kiev. Y luego, en el otro lado, está Rusia. Tuvo una fase inicial muy mala, pero aún no ha desplegado algunas de sus armas más sofisticadas y existe el peligro de que el conflicto se extienda (más allá de Ucrania) si Rusia intenta atacar algunas de las líneas de suministro que Occidente está organizando a través de países fronterizos como Polonia. No estoy sugiriendo que vaya a extenderse, pero existe ese riesgo. No creo que esto se convierta en un conflicto nuclear, pero es muy posible que se utilicen armas químicas.

Este es uno de esos momentos que yo describiría como “la hora de Europa”. Este conflicto ha sido una enorme llamada de atención para Alemania y es fascinante observar el cambio radical experimentado por la opinión alemana en lo que a militarización se refiere. Ahora, Alemania tendrá que tomarse su defensa mucho más en serio. El legado de (la excanciller) Angela Merkel parece ahora mucho más tenso, más cuestionable. Su política de envolver a Rusia en una red de lazos económicos y, de este modo, crear teóricamente un mejor comportamiento, no ha funcionado. Además, existen grandes interrogantes sobre la dependencia de Alemania de la energía rusa –que también es legado de Merkel porque renunció a la energía nuclear y cerró plantas. Una coalición entre los socialdemócratas, los verdes y los liberales se consideraba inviable pero, de hecho, pese a uno o dos tropiezos, el conjunto de Alemania se ha movido. El país se está rearmando, está aumentando su gasto en defensa y acaba de pactar el envío de armamento pesado a Ucrania. Alemania es una nación muy diferente a la que era en la época de Merkel.

En Francia, Emmanuel Macron ganó (las elecciones presidenciales) de forma contundente y eso es sumamente importante para el mantenimiento de la estabilidad en Europa. Creo que una relación franco-alemana estrecha seguirá siendo la base de la Unión Europea. Pero con una condición más. El nuevo gran protagonista de la escena europea es (el primer ministro italiano) Mario Draghi. Ha empujado a Italia a una posición de liderazgo en materia de sanciones y acaba de pedir, por ejemplo, más votaciones por mayoría en el Consejo Europeo.

La gran novedad es que Suecia y Finlandia están solicitando su ingreso en la OTAN. De repente, el flanco oriental de la OTAN se ha reforzado enormemente. No creo que Putin incluyera esto en sus cálculos.

Aún queda margen para imponer más sanciones. La UE ha propuesto imponer un embargo al petróleo, pero aún no hay indicios de una prohibición de las exportaciones de gas de Rusia, que es donde está el verdadero dinero. En lo que a sacrificios respecta, fue interesante que Draghi comentara que tendremos que elegir entre libertad para Ucrania o más aire acondicionado este verano. Es una declaración muy audaz para el líder de un país que depende casi totalmente de la energía rusa, salvo por cierta parte de la eólica y solar. Creo que si se produjera una prohibición total, sin duda presenciaríamos una recesión en el continente europeo en el 4.º trimestre.

Este no es el fin de las ambiciones de cero emisiones netas de Europa, pero el proceso se va a alargar. No se van a materializar los beneficios inmediatos que se anunciaron en (la Cumbre del Clima de) Glasgow. El conflicto de Ucrania ha alterado radicalmente las percepciones, sobre todo en Europa, de la dependencia energética de Rusia. Europa va a reducir su dependencia del petróleo y del gas, sobre todo del petróleo. Es posible que reaparezcan áreas que se habían dado por perdidas con demasiada facilidad, como el petróleo del Mar del Norte. Asistiremos a un debate mucho más a fondo sobre la dependencia y diversificación energéticas. 

China se aprovecha de la debilidad. Pekín sin duda sacará provecho de la debilidad rusa. Es posible que, tras la guerra, se produzcan inversiones chinas en empresas energéticas rusas. El estatus secundario de Rusia frente a China en el siglo XXI quedaría enfatizado y confirmado.

Putin y el presidente chino, Xi Jinping, declararon una colaboración sin límites (antes de la guerra). Ese fue un gran compromiso retórico. No obstante, si nos fijamos en cómo se ha comportado China hasta ahora, no ha enviado armamento pesado a Rusia y las empresas chinas han sido muy cuidadosas debido a su inquietud por la importación de las sanciones. Podría llegar un momento en que China decida aumentar su ayuda a Rusia, pero Xi tiene un congreso del partido muy importante a finales de este año, en el que todo depende de su deseo de asegurarse un tercer mandato y también de cuántos acólitos pueda conseguir en el politburó. Además, en China hay división de opiniones sobre hasta qué punto debe bascular China hacia Rusia u Occidente. Cualquiera en el lugar de Xi probablemente esperaría a ver cómo evoluciona todo. 

La prueba interesante será ver qué conclusiones sacará China de la declaración de determinación occidental sobre Ucrania y si durará. Si esta guerra continúa, ¿qué pasará en invierno cuando posiblemente presenciemos una recesión si estas sanciones realmente hacen daño y se intensifican?


Tres predicciones sobre el futuro. Ignacio de la Torre. Head Economist at Arcano Partners.

Virgilio escribió que “aquellos que cruzan el mar cambian de cielo, pero no de alma”.  Muchas veces analizamos cómo evolucionará nuestro país o nuestro mundo en variables críticas que afectan a nuestras decisiones, tales como el futuro de la inflación, de los tipos de interés, del crecimiento económico, el desempleo…  Sin embargo, esta obsesión con el corto plazo a veces elude la reflexión sobre los cambios más estructurales: aquellos que tienen lugar durante un periodo de tiempo mucho más largo, y que como tal son obviados, aunque a la postre acaban siendo mucho más relevantes para nuestras vidas.  Escribo en el número 3.000 de Actualidad Económica, que son casi 57 años.  Efeméride por lo tanto relevante para dilucidar la estructura sobre la coyuntura.

Primera: la desigualdad tenderá a bajar.  La desigualdad puede dividirse entre desigualdad de ingresos, de riqueza, o geográfica (esta última hace referencia a la concentración de actividad económica en pocas mega urbes).  La primera se mitigará algo a medida que el envejecimiento poblacional se traduce en un menor número de trabajadores, lo que les permitirá reganar parcialmente el poder de negociación perdido desde los años 70.  Como consecuencia, la participación de salarios en el PIB subirá, y los márgenes empresariales corregirán algo a la baja, aunque en ningún caso volveremos a las cifras de hace 50 años.  A su vez, la progresiva normalización de tipos de interés con llevará un menor valor de los activos, lo que propiciará también, junto con la reducción de márgenes, una menor desigualdad de riqueza.  Por último, una vez que nuestras sociedades hayan aprehendido las nocivas causas detrás de la desigualdad geográfica, implementarán políticas para paliarla.  No se eliminará, pero se mitigará algo.

Segunda: la población mundial comenzará a reducirse desde mediados de siglo.  Se tratará la primera reducción de la población mundial no generada por guerras ni por epidemias, y este fenómeno como hemos visto está muy relacionado con los puntos defendidos en el párrafo anterior.  Existen dos fuerzas que reducen cada vez más la fertilidad humana: a) la urbanización (es más fácil tener niños en un pequeño pueblo que en una gran ciudad) y b) los años de educación.  Ambas prosiguen imparables, especialmente en los países emergentes.  Los países desarrollados y China presentan tasas de fertilidad inferiores a 2,1 hijos por mujer (por lo tanto, en vías de reducir su población) (figura 1); muchos países emergentes (entre otros la mayoría de Iberoamérica) han pasado de niveles superiores a 5 hace 30 años a niveles inferiores a los de reemplazo, con la India acercándose rápidamente.  La consecuencia será un menor crecimiento económico y una enorme presión sobre las finanzas públicas.  De perpetuarse esta tendencia la otra formidable consecuencia sería nuestra pacífica (o quizás no tan pacífica) desaparición como especie.

Tercera: el crecimiento de productividad sorprenderá al alza.  La productividad “no lo es todo, pero a largo plazo, lo es casi todo” decía el Nobel Solow.  El crecimiento de la productividad está detrás de nuestros exorbitantes (desde una perspectiva histórica) niveles de vida.  Por ejemplo, la renta de un español, cercana a 30.000 dólares, contrasta con los alrededor de 300 que teníamos antes de la revolución industrial.  La productividad comenzó a crecer mucho menos a partir de la década de los setenta, lo que limita el crecimiento económico y aumenta exponencialmente el número de años que la siguiente generación necesita para duplicar los estándares de vida de sus padres.  Con todo, a pesar de tan decepcionantes datos, desde precisamente la ominosa década de los 70 se viene gestando la cuarta revolución industrial, revolución que en parte está detrás de los cambios apuntados en los párrafos anteriores.  ¿Cómo es posible que ante una revolución que comprende tecnologías tan disruptivas como la inteligencia artificial, la robótica o la nanotecnología la productividad no se haya disparado? La respuesta estriba en que se necesitan muchos años para que las innovaciones comiencen a generar crecimientos relevantes de productividad.  Así, la máquina de vapor moderna se inventa en 1776, pero la productividad del Reino Unido solo comienza a dispararse a partir de 1800.  Pues bien, la epidemia covid ha supuesto en muchas empresas un salto “cámbrico” en su estrategia de transformación digital.  Si tenemos esto en cuenta, y los años que llevamos ya madurando estas nuevas tecnologías, es factible el que la productividad nos sorprenda al alza durante las próximas décadas.

Nuestro mundo cambiará de cielo, pero mantendrá su alma, un alma que muta solo con los cambios estructurales más que los coyunturales.  Como decía Lucrecio en “la naturaleza de las  cosas”: Este terror del ánimo y esas tinieblas necesario es / que las disipen, no los rayos del sol ni los lúcidos dardos del día / sino la contemplación de la naturaleza y de la razón”.


Buen fin de semana.

Comentario de mercado viernes 17 de Junio del 2022

La significativa corrección de las bolsas internacionales en 2022 (Nasdaq -32%, S&P 500 -23,% Euro Stoxx 50 -20%, IBEX 35 -7,50%) no ha tenido de momento un reflejo equivalente en las expectativas de beneficios de las cotizadas que publican los analistas.

Según estimaciones de Bernstein Research, la bolsa americana ha bajado un 20% en los últimos seis meses, pero las previsiones de beneficios para el próximo año han subido un 7%. En Europa, el castigo fue en ese periodo del 14%, pese a una mejora de las futuras ganancias también del 7%. No se veía esta divergencia entre mercados y analistas en el viejo continente desde hace veinte años.

BENEFICIO POR ACCIÓN S&P 500 esperado: 236,82 a 12 meses (+18,40%) 249,16 a 24 meses (+5,21%) 271,80 para el 2024 (+9,09%).

La primera consecuencia de ello es que el múltiplo medio de PER ha vuelto a niveles cercanos a su media histórica, tras varios años en máximos, sobre todo en Wall Street. La segunda cuestión, apunta Bernstein es si está dislocación se produce porque los analistas están detrás de la curva y se avecina una ola de rebajas de previsiones o si el mercado se ha pasado en la corrección. Bernstein se inclina por la primera opción. Según Bernstein los analistas parecen resistirse a recortar previsiones pese al deterioro del escenario macro, quizá porque en la pandemia fueron demasiado conservadores. La posibilidad de una recesión ha subido ante la acción de la Fed contra los tipos, por lo que parece razonable que los beneficios sean ajustados. Sin embargo, es posible que el mercado haya sobreestimado el alcance.

Interesante unos gráficos que publicaba Kepler, mirando el S&P 500 y el STOXX 600, el porcentaje de valores cotizando por encima de la media de las últimas 200 y 50 sesiones se acerca a la parte baja del rango. Llama especialmente la atención el sector Tecnológico europeo (Stoxx 600 Technology) donde el indicador está en el 0% (200 MDA). En Nasdaq Composite el indicador está en el 13% sin embargo, en SOX en el 0%.

SOX % stocks above 200 Day moving average

El miércoles en Estados Unidos la Fed decidió subir los tipos de interés en 75 puntos básicos hasta el rango 1,5%-1,75% y deja la puerta abierta a subir nuevamente 75 puntos en Julio, aunque advirtió que no será lo habitual. La institución espera llevar ahora el tipo a cerca del 3,4% en 2022, 3,8% en 2023 para bajarlo al 3,4% en 2024 mientras que revisó sensiblemente el crecimiento a la baja para 2022-2023 y la inflación al alza en 2022. La Fed con este movimiento demuestra un claro compromiso en la lucha contra la inflación (8,6% vs 2% objetivo) que determinará un escenario de menor crecimiento. La Fed baja sus previsiones de crecimiento del PIB para 2022 al +1,7%, desde el +2,8% anterior, y sube sus perspectivas de inflación para el 2022 al +5,2% frente al +4,3% anterior, moderando a 2023 al +2,6% y 2024 al+2,2%.

La última vez que la Fed subió tipos 75 puntos básicos fue en Noviembre de 1994 y los recortó siete meses más tarde.

Esta semana las rentabilidades de los bonos soberanos han vuelto a subir con fuerza, y se ha vuelto a invertir la pendiente de los bonos 2-10 años en Estados Unidos, contra lo que intenta combatir la Fed. El Bono a 10 años americano ha cotizado esta semana la mayor rentabilidad de los últimos 11 años, aunque anoche hubo un movimiento muy agresivo en los bonos americanos, el 10 años se fue del 3,50% al 3,20% en unas pocas horas y el bono a 30 años vio su rentabilidad caer drásticamente.:

                               Bono a 10 años americano desde el 2009.

                               Movimiento del bono 10 años anoche.

                Diferencial Bono 2 años– 10 años en Estados Unidos apuntan a un escenario de recesión.

Las primas de riesgo de los países periféricos vuelven a ser noticia… Las últimas notas enviadas por los analistas a los inversores parecen de hace diez años. “El renacimiento del riesgo soberano en la zona euro”, titula Goldman Sachs un informe. Berenberg Bank habla de que “el foco vuelve a la periferia europea”; “el riesgo soberano, otra vez en el centro del debate sobre la periferia”, según Citi; Capital Economics opina que “las primas seguirán ampliándose hasta que el BCE actúe”; y Barclays avisa al BCE: “la fragmentación debe evitarse”. Pese a estos titulares, no parece que la situación sea como la de 2011-2012, cuando el mercado descontaba la posibilidad de que algún país dejara el euro, hasta que Mario Draghi acabó con esa especulación. Pero la perspectiva de subidas de tipos en Europa y la retirada de estímulos por el BCE han tensionado las primas de riesgo.

“La noticia más importante de la reunión del BCE del pasado jueves fue que no se dijo nada sobre algún plan para prevenir que los diferenciales de los bonos soberanos se amplíen excesivamente”, explica Jack Allen-Reynolds, de Capital Economics. En su opinión, la prima de Italia (extracoste de sus bonos a diez años respecto a los alemanes) podría subir hasta 350 puntos básicos antes de que el banco central reaccione. Ahora está en 242 puntos, tras repuntar desde 190 puntos en menos de un mes. La de España se sitúa en 135 puntos.

El impacto de esta renovada tensión en la renta fija se percibe en otros mercados. Desde el encuentro del BCE de la semana pasada, Goldman destaca que “los activos europeos expuestos al riesgo soberano han figurado entre los de peor comportamiento”. Desde la semana pasada han sido castigados los bancos españoles e italianos, el MIB italiano, el Ibex y el euro.

Según una encuesta del Financial Times de esta semana Estados Unidos entrará en recesión el año que viene:

La economía estadounidense entrará en recesión el año que viene, según cerca del 70% de los principales economistas académicos encuestados por Financial Times. La última encuesta, realizada en colaboración con la Iniciativa sobre Mercados Globales de la Booth School of Business de la Universidad de Chicago, sugiere que la mayor economía del mundo afronta crecientes vientos en contra tras registrar uno de los repuntes más rápidos de la historia, mientras la Reserva Federal intensifica sus esfuerzos para contener la mayor inflación de los últimos 40 años.

Casi el 40% de los 49 encuestados prevé que la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), el árbitro que establece cuándo empiezan y terminan las recesiones, declarare una en el primer o segundo trimestre de 2023. Un tercio cree que esa declaración se retrasará hasta el segundo semestre del próximo año. La NBER define una recesión como un “descenso significativo de la actividad económica que se extiende por toda la economía y dura más de unos pocos meses”.

Sólo un economista prevé que se producirá una recesión en 2022, mientras que la mayoría vaticina que el crecimiento mensual del empleo se situará en una media de entre 200.000 y 300.000 puestos de trabajo el resto del año. La tasa de desempleo se mantendrá en el 3,7%, según la estimación media de diciembre.

Los resultados de la encuesta, recopilados entre el 6 y el 9 de junio, contradicen la postura de la Fed de que puede frenar la demanda sin causar un dolor económico sustancial. El banco central predice que, a medida que suba los tipos de interés, los empresarios del boyante mercado laboral estadounidense optarán por reducir los puestos vacantes, que están en niveles históricamente elevados, en lugar de despedir personal, lo que a su vez enfriará el crecimiento de los salarios.

Jay Powell, el presidente de la Fed, ha admitido que los esfuerzos del Banco Central por moderar la inflación pueden causar “cierto dolor”, lo que llevaría a un aterrizaje “más suave” en el que la tasa de desempleo aumentaría “unos pocos puntos”.

Pero a muchos de los economistas encuestados les preocupa que se produzca un resultado más adverso, dada la gravedad de la situación de la inflación y el hecho de que habrá que hacer unos ajustes mucho más estrictos en la política monetaria en poco tiempo para hacerle frente.

“Esto no es como aterrizar un avión en una pista de aterrizaje normal. Esto es como aterrizar un avión en una cuerda floja, con el viento soplando”, advierte Tara Sinclair, economista de la Universidad George Washington. “La idea de que vamos a reducir los ingresos lo suficiente y el gasto lo suficiente como para que los precios vuelvan al objetivo del 2% de la Fed es poco realista”.

En comparación con la encuesta de febrero, ahora hay más economistas que opinan que la inflación subyacente, medida por el índice de precios del gasto en consumo personal, superará el 3% a finales de 2023. De los encuestados en junio, el 12% pensaba que ese resultado era “muy probable”, frente a sólo el 4% a principios de este año. El porcentaje de economistas encuestados que consideraba “improbable” ese nivel en el mismo periodo de tiempo se ha reducido casi a la mitad.

Las tensiones geopolíticas, y el aumento de los costes de la energía que probablemente las acompañe, se citaron de forma abrumadora como el factor que podría mantener la presión al alza sobre la inflación durante los próximos 12 meses, seguido de los prolongados problemas de la cadena de suministro. Para finales de año, la estimación media para la inflación subyacente es del 4,3%.

Jonathan Wright, un economista de la Universidad Johns Hopkins que ayudó a diseñar la encuesta, afirma que el notable pesimismo sobre la inflación y el crecimiento tiene matices de estanflación, aunque señala que las circunstancias son muy diferentes a las de la década de 1970, cuando el término encarnaba una “mezcla mucho más desagradable de alta inflación y recesión”.

Casi el 40% de los economistas advirtió que la Fed no lograría controlar la inflación si sólo subía el tipo de los fondos federales al 2,8% a finales de año. Esto exigiría subidas de tipos de medio punto en cada una de las tres próximas reuniones del banco central en junio, julio y septiembre, antes de bajar a su cadencia más típica de un cuarto de punto en las dos últimas reuniones de 2022. Pocos encuestados esperan que la Fed recurra a subidas de 0,75 puntos porcentuales.

También es probable que se produzcan nuevas subidas de tipos hasta bien entrado el próximo año, según Christiane Baumeister, profesora de la Universidad de Notre Dame, que cree que la Fed podría elevar su tipo de interés de referencia hasta el 4% en 2023. Esta cifra está justo por encima del nivel en el que la mayoría de los economistas encuestados piensan que se situará el pico de este ciclo de ajuste.

Dean Croushore, que fue economista de la sucursal de la Fed en Filadelfia durante 14 años, advierte que el Banco Central podría tener que elevar eventualmente los tipos hasta aproximadamente el 5% para contener un problema que, en su opinión, se debe en gran medida a que ha esperado “demasiado tiempo” para tomar medidas.

Desgraciadamente, la tasa de acierto que la Fed ha conseguido en el pasado, subiendo tipos para asfixiar la inflación, no es muy exitosa. En los 12 ciclos de subidas de tipos de interés desde 1954, tan sólo consiguieron un aterrizaje suave de la economía en 3 ocasiones, en 1965, en 1984 y en 1994. En el resto de procesos el impacto sobre el crecimiento económico terminó causando una recesión. De todos modos, las recesiones que se produjeron en los otros 9 casos son muy diferentes, nada que ver tiene la recesión de 1970, que supuso una caída del PIB de hasta el 1% durante 4 trimestres, con la del 2008, que durante año y medio supuso una contracción acumulada del PIB de hasta el 4%.

De todos modos hay que tener en cuenta que las recesiones, la mayoría de las veces, se producen cuando culminan las subidas de tipos, y no cuando, como ahora, se inicia el periodo de subidas en Estados Unidos, en Europa las subidas comenzarán en Julio, como anunció Lagarde. Históricamente, desde que finalizan las subidas de tipos de interés, suele pasar un periodo de 11 meses hasta que se produce la contracción del PIB.

Esta semana en su informe trimestral Banca March ha rebajado sus perspectivas de crecimiento global hasta el 2,9% para el PIB Global en 2022, reflejando así el deterioro del ciclo y cómo la economía mundial se continúa alejando de su senda de recuperación.

La Bolsa americana está teniendo uno de los peores inicios de su historia. El S&P 500 lleva una caída en el año de más del 20%, en estos primeros 100 días de cotización, es el tercer peor año de su historia sólo superado por el inicio de 1932 (-43,70%) y el de 1940 (-25%), en 1970 el S&P 500 cayó un 17,20% en sus primeros 100 días de cotización.

Con las caídas de los últimos días, Europa cotiza a múltiplos históricamente muy baratos a 11x PER, y ya está descontando un escenario recesivo de contracción de los beneficios del entorno del 20%.

VALORACIÓN ACTUAL ’22e  
 PRECIO ACTUALBPA ’22ePER 22e
 IBEX 35                                    8.143                                          729,7  11,2x
EUROSTOXX 50                                    3.487                                          315,0  11,1x
STOXX 600                                        409                                            34,3  11,9x
DAX                                  13.354                                      1.206,3  11,1x
S&P 500                                    3.750                                          228,5  16,4x
NASDAQ 100                                  11.288                                          558,3  20,2x

Fuente: Renta 4 Banco.

En las crisis bursátiles del 2018 y del 2020, las valoraciones actuales marcaron suelo de los mercados. Solo en la crisis soberana del 2011 (9x PER) y la crisis financiera del 2008 (8x PER), las bolsas europeas cotizaron a niveles inferiores de valoración en término de PER y de EV/EBITDA como se ve en el siguiente gráfico.

Del 10 de Junio me gustó mucho una nota de Franklin Templeton, con la que estoy bastante de acuerdo, en la que comentaban que ven valor en las medianas y pequeñas compañías donde hay oportunidades para el medio y largo plazo, sobre todo hay muchas compañías que no tienen demasiado seguimiento de analistas o inversores por ser demasiado pequeñas y en las que hay mucho valor.

https://www.franklintempleton.com/articles/equity/mid-sized-stocks-offer-big-opportunities

Importante esta semana:

Lo más importante de la semana fue la reunión de la Fed, con una subida histórica de tipos de 75 puntos básicos, como decía antes. La Fed confirmó las expectativas del mercado, aunque algunos analistas esperaban que subiese 100 puntos básicos, y subió +75 puntos, en la que ha sido su cuarta subida del año, hasta 1,50%-1,75%, con el fin de frenar una inflación claramente por encima del objetivo, el IPC de mayo marcó un nuevo máximo en 8,6%, y efectos de segunda ronda, mercado laboral en pleno empleo. El consenso de analistas de mercado descuenta una subida de otros 50 o incluso 75 puntos básicos en la reunión de julio, en línea con lo apuntado por Powell, y otros 50-75 puntos  en septiembrepara luego moderar a una subida de 50 puntos en noviembre y 25 en diciembre, lo que llevaría los tipos a cerrar el año en niveles del 3,6%, muy por encima del nivel neutral del 2,5%. La Fed revisó su “dot plot” claramente al alza frente a marzo, 3,4% para Diciembre del 2022, frente al 1,9% que esperaba en marzo, 3,75% para Diciembre del 2023, 3,4% en 2024 y 2,5% a largo plazo. En cuanto a la reducción del balance iniciada este mes, sin novedades, con un ritmo inicial de reducción de 27.500 millones de dólares para llegar a una velocidad de crucero de 95.000 millones en septiembre. 

El miércoles el Banco Central Europeo anunció por sorpresa a última de la mañana que celebraría una reunión extraordinaria a las 11 de la mañana, reunión que sirvió para poco, de hecho el euro volvió a mínimos frente al dólar después del anuncio del consejo de gobierno del BCE, que decidió aplicar la flexibilidad en la reinversión de los reembolsos vencidos en la cartera de PEPP (Programa extraordinario de compra de activos activado con la pandemia), con el fin de preservar el funcionamiento del mecanismo de transmisión de política monetaria, condición previa para que el BCE pueda cumplir con su mandato de estabilidad de precios. Además decidió encomendar a los comités pertinentes que aceleren la finalización del diseño de un nuevo instrumento anti-fragmentación para su examen por el consejo de gobierno, es decir anunció un plan para hacer un plan. No dieron detalles sobre instrumento anti-fragmentación que espera el mercado.

Lagarde señaló que el Banco Central Europeo no se rendirá ante la dominancia fiscal. De Guindos, por su parte, planteó la determinación de luchar contra la fragmentación y señaló que la subida de Julio debería ser de 25 puntos básicos. Panetta, miembro del Banco Central Europeo, dijo que la acción contra la fragmentación es una medida necesaria para llevar de nuevo la inflación al 2%.

Ayer el Banco de Inglaterra decretó una cuarta subida de tipos de interés consecutiva, en esta ocasión de 25 puntos básicos hasta el 1,25%. El mercado continúa descontando progresivas subidas de tipos para finalizar el presente ejercicio en torno a 2,8%, y llegar en 2023 a niveles del 3,5% en un escenario en el que la inflación se mantiene persistentemente alta, si bien la desaceleración económica (impacto en consumo de pérdida de poder adquisitivo) y a pesar de los nuevos estímulos fiscales anunciados, que podrían frenar en cierta medida el esperado tensionamiento monetario.

El Banco de Japón ha cumplido con las expectativas al mantener su política monetaria ultra-expansiva (tipo repo -0,1%, objetivo TIR 10 años 0%) en un contexto de debilidad económica y precios contenidos, y aún a pesar de que el Yen se sitúa en mínimos de 24 años de 135 Yen por dólar, situación que llevó al Banco Central Japonés y al gobierno a emitir un comunicado conjunto a principios de semana, mostrando su preocupación por la rápida depreciación del Yen y su compromiso con una respuesta adecuada en caso necesario (evitar mayor impacto inflacionista).

                                                              Yen/dólar desde Enero del 2000.

En Estados Unidos esta semana se han publicado datos macro decepcionantes, las cifras de consumo quedaron por debajo de las expectativas al retroceder las ventas al por menor un -0,3% mensual en mayo y además se revisaron a la baja los datos del mes anterior. A pesar de este retroceso cabe señalar que en términos interanuales el consumo se mantuvo fuerte al registrar un crecimiento del +8,1% interanual. Por otro lado, también se publicó la confianza de los constructores que bajó más de lo esperado en junio al retroceder hasta 67 desde el 69 anterior y un punto por debajo de las expectativas, dato que apunta a un mayor enfriamiento de la actividad del sector en los próximos meses. En el sector industrial se publicó el miércoles el índice de confianza Empire de Nueva York que en junio se mantuvo en terreno negativo al situarse en niveles de -1,2 desde el -11,6 previo.


Bajar la inflación controlando las primas de riesgo. Federico Steinberg y Álvaro Sanmartín. Federico Steinberg es investigador del Instituto Elcano y Álvaro Sanmartín es economista jefe de MCH Investment Strategies.

Hay que parar la inflación. De lo contrario, corremos el riesgo de que se vuelva permanente y tenga devastadores efectos sobre el crecimiento económico y la estabilidad política. Los Bancos Centrales, aturdidos por décadas de precios bajos, no han sabido reaccionar a tiempo ante una inflación que combina elementos de demanda (enormes estímulos por la pandemia y mejor situación relativa de consumidores y empresas) y de oferta (subidas del precio de la energía y atascos en las cadenas de suministro).

Ahora hay que subir los tipos de interés rápido y con decisión. La FED, en Estados Unidos, subió el 15 de junio los tipos un 0.75% (cuando las subidas suelen hacerse de 25 en 25 puntos básicos). El BCE, por su parte, ha tenido que adelantar el final de su programa de compras y prevé comenzar a subir los tipos de interés en julio.

Pero en la zona euro tenemos un problema: las primas de riesgo. En Estados Unidos o Reino Unido, subir los tipos de interés no genera un aumento asimétrico de los costes de financiación de los bonos emitidos por sus respectivas regiones porque son uniones políticas, fiscales y bancarias y lo relevante es el coste de financiación del soberano. ¿Acaso se ha fijado alguna vez usted en el coste de financiación de Colorado o Gales? Los países de la zona euro, sin embargo, hemos decidido embarcarnos en una unión monetaria sin reemplazar las deudas nacionales por deuda europea (los eurobonos llegarán, pero de momento no los tenemos), por lo que los mercados, ante subidas de tipos de interés, discriminan entre países de los que se fían más y de los que se fían menos. En términos técnicos, a esto se le llama fragmentación financiera. Y, en román paladino, aumento de las primas de riesgo que podría desembocar en una crisis financiera como la de 2012, cuando Mario Draghi, entonces gobernador del BCE, tuvo que decir aquello de “haré lo que sea necesario para salvar el euro”, y los mercados se lo creyeron.

El problema es que el BCE tiene dos objetivos: controlar la inflación y mantener la estabilidad financiera. Ambos son bienes públicos europeos igualmente importantes. Mientras hubo riesgo de deflación, con el mismo instrumento –el tipo de interés– se podía lograr ambos (sólo había que mantener los tipos bajos). Pero ahora que los tipos tienen que subir, hace falta un nuevo instrumento para controlar las primas de riesgo y evitar la inestabilidad financiera (el diferencial de la deuda italiana frente a la alemana, por ejemplo, se ha llegado a aproximar a los 250 puntos básicos en los últimos días).

Lamentablemente, los instrumentos que diseñamos en la anterior crisis, no nos sirve. El programa OMT (Outright Monetary Transactions), asociado a las palabras mágicas de Draghi de 2012 y que nunca se ha utilizado, exige que el país que lo necesite pida al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) un programa de rescate con condicionalidad a cambio de las compras de su deuda por parte del BCE. Pero tienen asociado un estigma político que hace que ningún país lo vaya a solicitar a no ser que se encuentre en una situación de enorme dificultad (recuerden que, en 2020, en lo peor de la pandemia, ningún país quiso acudir al MEDE para financiarse barato, aunque se aprobó una línea de financiación sin condicionalidad).

Como el BCE sabe que los préstamos del MEDE son tóxicos, explicó en una reunión de emergencia el 15 de junio que, además de reinvertir las compras de activos del llamado programa pandémico con flexibilidad (lo que equivale a decir que esas reinversiones se concentrarán en deuda periférica si es preciso), va a diseñar un instrumento nuevo. Pero no aclaró cómo será. Lo esencial es crear un mecanismo creíble de compra de deuda específicamente diseñado para luchar contra la fragmentación financiera que permita garantizar los mecanismos de transmisión de la política monetaria como sucede, por ejemplo, en Estados Unidos. Ese mecanismo quedaría “en la guantera” hasta que el BCE decidiera activarlo. Pero su mera existencia tendría un efecto disuasorio sobre aquellos operadores de mercado dispuestos a intentar aprovechar el actual escenario de tipos al alza para “atacar” a las deudas de los países periféricos.

Este planteamiento no es especialmente original. De hecho, existe un amplio consenso dentro del BCE a favor de un mecanismo de este tipo. La cuestión relevante es qué condicionalidad se impone a los países beneficiarios para garantizar la disciplina fiscal y cómo se legitima políticamente dado que la unión monetaria no es una unión política. En nuestra opinión, el diseño del instrumento debería ser lo más sencillo posible y basarse en dos pilares. El primero, una constatación por parte de la Comisión Europea de que la deuda del país beneficiario es sostenible y que este cumple con las reglas fiscales que sean de aplicación en cada momento. El segundo, un refrendo político del análisis técnico de la Comisión con una decisión por mayoría (y no por unanimidad) a nivel del Consejo.

Una solución como esta daría una señal clara al mercado y, de hecho, permitiría al BCE no sólo no perder credibilidad sino contar con mucho más margen para poder elevar los tipos de interés todo lo que estime oportuno para garantizar un retorno de la inflación a tasas más compatibles con los objetivos de estabilidad de precios.


Los problemas de olvidar la ortodoxia fiscal y monetaria. José María Rotellar.

Llevamos una década con la aplicación de políticas monetarias heterodoxas, que han mantenido en cero el precio oficial del dinero y en negativo los intereses de la facilidad marginal de depósito, con rentabilidades negativas en la deuda de algunos soberanos, especialmente a corto plazo, durante un período largo. La práctica totalidad de bancos centrales siguió esa estrategia de programas casi ilimitados de liquidez debido a la profundidad de la anterior crisis, en momentos en los que, además, la inflación se quedaba muy por debajo del objetivo de precios. Así, la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra, que tienen también como objetivo el crecimiento económico, aplicaron políticas monetarias muy expansivas, a las que se unió el Banco Central Europeo en unos momentos en los que la zona euro se encontraba en riesgo a raíz de las inestabilidades generadas por el endeudamiento e incumplimientos de Grecia, con el riesgo de que pudiese haber cierto contagio en los mercados hacia Italia y España. Recordemos la rueda de prensa de Draghi de julio de 2012, con su famoso “whatever it takes”, pero deberíamos recordar también que dijo que él sostendría el euro con esa política monetaria heterodoxa, pero que era imprescindible que los gobiernos llevasen a cabo reformas estructurales, ya que, de lo contrario, de poco serviría esa inundación de liquidez por parte del BCE.

¿Qué ha sucedido? En primer lugar, que aquellos problemas del euro en 2012 venían de un endeudamiento excesivo por parte de los diferentes países, derivado de la ausencia de ajustes de gasto imprescindibles para cumplir con los objetivos de estabilidad. Es lo que hizo Grecia y puso contra las cuerdas al euro. En España, el presidente Rodríguez Zapatero dejó las finanzas con un déficit casi crónico de más del 10% del PIB y una deuda que dobló en cuatro años, del 35% al 70% del PIB. Por tanto, es cierto que la crisis de 2007 a 2014 fue fortísima en Europa, pero no se afrontó como se debería y eso casi hace colapsar a la eurozona; de hecho, varios países, entre ellos nuestro vecino, Portugal, fueron intervenidos.

En segundo lugar, una vez superado el año 2012, donde financiarse en los mercados era toda una hazaña, los gobiernos se olvidaron en gran medida de las reformas y conforme se avanzaba en el tiempo se volvió a incrementar el gasto público, con el agravante de que no se habían conseguido grandes reducciones en la deuda sobre el PIB y ninguna reducción en valores absolutos de deuda, puesto que siguió habiendo déficit en la mayoría de países. Eso impidió adecuar la economía para el futuro y cuando sobrevino la pandemia nos encontramos con unos niveles de endeudamiento elevadísimos, que dejaban poco margen de maniobra. Sin embargo, las decisiones tomadas para combatir la pandemia y el gasto asociado a ello incrementó el desequilibrio.

Entonces, la Comisión Europea suspendió las reglas fiscales –todavía siguen suspendidas y pretenden que también permanezcan así en 2023– y eso alimentó el gasto. Sin entrar a valorar si las decisiones tomadas para combatir la pandemia fueron las más acertadas, una vez aplicadas, el gasto debería haber sido coyuntural, pero la falta de control ha llevado a que gran parte de ese gasto haya pasado a ser estructural, con el gran quebranto que provocará cuando caigan los ingresos, sostenidos ahora mismo por la anestesia en la actividad económica que permite el ingente gasto público y por el efecto de la inflación.

En ese contexto, nos encontramos con una nueva turbulencia: los problemas de suministro y de producción de ciertos componentes y el encarecimiento energético. Lo primero, derivado de una escasez de recursos para la demanda creciente, además de ser afectado también por lo segundo, un aumento tremendo de los precios de la energía por haber aplicado una absurda política energética que ha prescindido de fuentes de energía sin contar con una alternativa eficiente, abundante y barata o no querer emplear la nuclear o el fracking. Todo ha provocado una importante tensión en los precios en el corto plazo debido a que el mercado está inundado de liquidez. Es decir, los precios pueden subir en el corto plazo por el lado de la oferta o demanda de bienes, pero se ajustarán en el medio plazo si la cantidad de dinero es la adecuada para conseguir el objetivo de precios marcado. El problema llega cuando la expansión monetaria ha sido casi ilimitada, porque eso hace que lo que podría ser una inflación transitoria se pueda enroscar en toda la cadena de valor y se convierta en estructural. Para evitarlo, la autoridad monetaria tendría que haber reaccionado mucho antes y haber drenado liquidez; como se dejó pasar el tiempo, ahora las medidas tienen que ser más intensas, en cuanto a la profundidad de subidas de tipos y, por tanto, mayor el impacto contractivo en la economía, pero hay que hacerlo, con prudencia, para que no colapse la economía, pero sin dudar, porque si la inflación se asienta, los efectos económicos serán mucho peores.

¿Qué sucede? Que como los gobiernos no han sido responsables, no han realizado reformas ni vigilado la estabilidad fiscal; el endeudamiento es muy elevado en algunos países, que ven ahora cómo su prima de riesgo se eleva muchísimo, porque el mercado descuenta ese mayor riesgo por su elevado endeudamiento, con el problema adicional que supone la subida de las rentabilidades del bono alemán, con lo que la rentabilidad final de esos países más endeudados, como Italia y España, se incrementa.

Ante ello, mientras la Fed ha proseguido este miércoles con su subida de tipos (0,75 puntos, el mayor incremento desde 1994), el BCE –que debería tener presente que la estabilidad de precios es su único objetivo– se ha reunido de urgencia para analizar las turbulencias en los mercados y aplicar algunas herramientas para mitigar el incremento de las primas de riesgo, pero no debe olvidar que nada de ello servirá si no se retorna a la ortodoxia, en su caso, monetaria, de manera paulatina y prudente, y si los gobiernos no realizan políticas estructurales, vuelven a la ortodoxia fiscal y comienzan a reducir deuda, porque, si no, el problema se agrandará y cuando estalle será mucho peor –una vez más hay que recordar que los criterios de convergencia no eran un capricho, sino que buscaban evitar que las decisiones conjuntas de política monetaria perjudicasen a los países que se desviasen de la convergencia, por lo que imponía esta última–. Puede que se tarde más en conseguir frenar los precios, al venir una parte del problema de la tensión inflacionista por el lado de la oferta productiva, pero ya no queda más que adecuar la demanda a la oferta, provocando que dicha demanda disminuya a través de los efectos de los tipos de interés en la financiación de dicha demanda.

Es el problema que tiene abandonar la ortodoxia, con liquidez ilimitada por el lado monetario, y con gasto, déficit y deuda exponenciales –que también presionan los precios en el corto plazo–, por el lado fiscal, sin ninguna reforma. Eso sólo genera graves desequilibrios, como los que vemos ahora. Que lo que está sucediendo sirva de reflexión para volver a la ortodoxia y no abandonarla nunca más, pero no sé si podemos ser muy optimistas al respecto, especialmente por el lado del gasto de los gobiernos. Como dijo Thatcher, “la medicina es amarga, pero el paciente la necesita”.


Un inmenso balance para contener las primas de riesgo. Roberto Scholtes. Director de Estrategia de UBS en España

Entre los múltiples efectos colaterales de las previsibles subidas de los tipos de los bancos centrales, quizás el más preocupante esté siendo el aumento de las primas de riesgo de la periferia de la zona euro, que reaviva el fantasma de una fragmentación del sistema financiero que agravaría la crisis en ciertos países y restaría eficacia a los estímulos monetarios y fiscales lanzados en los últimos años. En el último mes, los mercados han comenzado a cotizar de nuevo que Italia (en mucha mayor medida que España o Portugal) entra en una dinámica de insostenibilidad fiscal que se realimenta conforme sube el diferencial soberano.

En su reunión extraordinaria de ayer (miércoles 15 de Junio), el BCE lanzó el mensaje que todos esperábamos para revertir esta espiral, y que tiene visos de poder calmar los ánimos a la espera de más visibilidad económica y geopolítica. Se dispone a actuar por dos vías, una inmediata (la reinversión flexible del PEPP, el Programa de Compras en la Emergencia Pandémica) y un nuevo mecanismo que podría concretar en su cita del 6 de julio, y que idealmente nunca le hará falta poner en marcha (como el OMT tras el histórico discurso de Draghi en 2012).

El PEPP adquirió 1,7 billones de deuda pública, y el BCE se ha comprometido a reinvertir íntegramente sus vencimientos y cupones hasta al menos finales de 2024. Para reducir las primas de riesgo puede utilizar esa flexibilidad tanto en plazos como por países. Los 279.000 millones de deuda italiana que posee tienen un vencimiento medio de 7,1 años, que serían fácilmente alargados reinvirtiendo en bonos más largos, lo que bajaría su rentabilidad. Más limitadamente, a riesgo de reabrir debates políticos y judiciales, también puede redirigir parte de su cartera en los países centrales hacia la periferia.

La reacción de los mercados ha sido inmediata. Los diferenciales de Italia y España se han comprimido 30 y 20 puntos básicos respectivamente, y las bolsas han rebotado tras varias sesiones de desplome. Pero parece pronto para cantar victoria, y la estrategia del BCE será puesta a prueba hasta que se demuestre que no se verá obligado a desatar una recesión para contener la inflación.

En el escenario favorable, de forma tortuosa, cabe esperar que la prima de riesgo de Italia vuelva debajo de los 200p untos básicos (y la de España cerca de 100 puntos básicos), lo que sería recibido positivamente por las bolsas, en especial por el sector financiero.

La relativa rapidez (y esperemos que eficacia) del anuncio del BCE demuestra el potencial que le proporciona su balance de casi 9 billones de euros, y otra prueba de la preminencia que han asumido las políticas monetarias en la resolución de las crisis.

Una vez más, los mercados parecen haber subestimado la voluntad y capacidad del banco central para evitar una fragmentación de la zona euro. A la que se suma, no lo olvidemos, el otro mecanismo de mutualización de la deuda que suponen las emisiones conjuntas de deuda para financiar el Next Generation EU (NGEU).


El BCE inicia el regreso a la normalización monetaria. Salvador Arancibia.

El consejo del Banco Central Europeo (BCE) ha dado un paso al frente en el camino de la normalización de su política monetaria (controlar el crecimiento de su balance y colocar el precio oficial del dinero en terreno positivo), al confirmar su presidenta, Christine Lagarde, que la institución que dirige inicia la senda que desandará la recorrida en los últimos años de desarrollar una política monetaria no convencional.

Este mes finalizará el proceso de compras netas de activos por parte del BCE y en julio se llevará a cabo la primera subida de los tipos de interés después de varios años en el que el precio oficial del dinero ha estado en terreno negativo.

La elevada tasa de inflación, que inició su escalada antes de la invasión rusa de Ucrania y surgió como consecuencia de los desajustes que la pandemia provocó en la economía mundial por el confinamiento decretado por los gobiernos para tratar de contenerla hasta que llegaran las vacunas, es la causante última de este cambio de actuación por parte del BCE.

El movimiento se concreta en la finalización de las compras netas de activos (durante un tiempo no preestablecido, pero prolongado, se seguirá reinvirtiendo todo lo que venza de operaciones de compra anteriores) desde este mismo mes. Posteriormente, ya en julio, en el inicio de la subida del precio oficial del dinero, que en la actualidad está en el -0,5% y se quiere que “abandone el terreno negativo” antes de llegar al mes de octubre, pudiendo incluso superar claramente el cero si las expectativas de inflación así lo aconsejaran.

Esta relativa ambigüedad a la hora de concretar hasta dónde llegaría dicho abandono del terreno negativo permite a los analistas, y a los mercados, mantener una opinión discrepante sobre el alcance de los movimientos al alza de los tipos que decida el organismo. A ellos y a los miembros del consejo del BCE.

Posturas

Hay quien considera que deben subir un cuarto de punto en cada ocasión, para terminar temporalmente en el cero, y quien piensa que los movimientos deben ser más fuertes, en torno a medio punto en septiembre, para dejar muy claro que la institución quiere hacer todo lo necesario para reducir la evolución de los precios lo antes posible.

El mantenimiento de unas previsiones de inflación, la general y la subyacente, por encima del 2% tanto para este año como para 2023 e incluso 2024 ha hecho que lo que no se discuta ya de ninguna manera en el seno del BCE es la oportunidad de iniciar ese camino, algo que algunos economistas cuestionan porque consideran que una subida, aunque sea pequeña, lo que va a provocar es una aceleración en la caída del crecimiento económico sin que necesariamente ayude a remitir la subida de los precios.

Quienes piensan así señalan que la subida de los precios registrada desde la última parte del año pasado se debe, sobre todo, a factores de una oferta que se mostró incapaz de satisfacer un aumento de la demanda derivado del final del confinamiento de las personas, pero que chocó con la interrupción de la cadena de valor por cuestiones productivas y logísticas.

Problemas de oferta que se han visto aumentados, en el terreno de las materias primas, como consecuencia de la invasión de Ucrania y que se han materializado en los elevados precios de los combustibles fósiles y de los productos agrarios.

La cuestión es que las discrepancias, sean sobre la intensidad del movimiento al alza sean sobre la oportunidad de que ésta se produzca, no dejan de ser algo teórico, porque la realidad es que los mercados ya habían asumido que tendrán lugar y los tipos que se cruzan allí hace tiempo que abandonaron el terreno negativo prácticamente en todos los plazos (en España sólo se mantiene para las letras del Tesoro a más corto plazo), provocando un encarecimiento de la deuda pública y privada y un cierto distanciamiento, no grave por ahora, de las primas de riesgo de los países del sur de Europa en relación con la de Alemania.

Sin tensiones

Tanto José Antonio Álvarez, consejero delegado de Grupo Santander, como Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, señalaron en sus intervenciones en el III FORO Internacional EXPANSIÓN celebrado estos días, que la previsión de tipos a medio plazo (el 1,5%) no debería generar tensiones excesivas en las economías europeas porque, de hacerlo, significaría que la situación sería mucho más grave de lo que se piensa actualmente. No negaron que provoque efectos negativos, pero que no llegará la sangre al río.

En esta línea, el responsable del servicio de estudios de BBVA, Rafael Doménech, señaló en otro encuentro que, naturalmente, la subida de los tipos de interés tendrá consecuencias sobre el crecimiento y el empleo. Negativas, por supuesto.

Lo cierto es que, en todo caso, por ejemplo, todos aquellos que tienen una hipoteca a tipo variable, que siguen siendo una mayoría a pesar del fuerte crecimiento que han registrado las hipotecas a tipo fijo en los últimos años, están viendo, o lo harán en los próximos meses, cómo se encarecen sus cuotas de amortización, cuando en los últimos seis años estaban acostumbrados precisamente a lo contrario: cada vez que se revisaba su cuota, ésta descendía de manera considerable, aunque algo más lentamente en el último año.

La otra incógnita que habrá que ver cómo evoluciona es el coste de la deuda pública y de la prima de riesgo. Esta última ha subido en las últimas semanas hasta superar ligeramente los 126 puntos. Está por ver si éste es el nivel del nuevo equilibrio (hasta ahora había estado en 60 puntos) o si se mueve hacia arriba.

En parte dependerá de la evolución de la economía y de si realmente ésta evoluciona mejor que la del resto de países, como se prevé, y en parte de cómo instrumenta el BCE la flexibilidad que anuncia va a tener a la hora de reinvertir los recursos procedentes de la amortización de los activos que vayan venciendo y que se refiere a no respetar necesariamente los porcentajes de compra en función del peso de cada país.


Buen fin de semana.

ECB Statement Is Short on Detail

(Bloomberg) — After what seemed like an eternal wait, we
now have the ECB statement.

“Based on this assessment, the Governing Council decided
that it will apply flexibility in reinvesting redemptions coming
due in the PEPP portfolio, with a view to preserving the
functioning of the monetary policy transmission mechanism, a
precondition for the ECB to be able to deliver on its price
stability mandate. In addition, the Governing Council decided to
mandate the relevant Eurosystem Committees together with the ECB
services to accelerate the completion of the design of a new
anti-fragmentation instrument for consideration by the Governing
Council.”

On a quick first read, it seems long on words and short on
action. This may re-kindle the earlier dour mood on peripheral
securities.

Comentario de mercado viernes 10 de Junio

Lo más importante de esta semana ha sido la reunión del Banco Central Europeo y la posterior comparecencia de ayer de Christine Lagarde, en la que anunció que en Julio el Banco Central Europeo subirá 25 puntos básicos los tipos de interés, además afirmó que este no es solo un paso en la normalización monetaria, sino que es el inicio de un viaje, mas abajo comentaré la reunión con más detalle. Los comentarios de Lagarde provocaron ventas en los bonos soberanos, ante el fin de los programas de compras del banco central, el Bund (Bono a 10 años alemán) está en máximos de los últimos 8 años, y los diferenciales con los bonos periféricos se han vuelto a disparar.

                                Rentabilidad Bono a 10 años alemán (Bund) desde el 2012.

Prima de riesgo española (Diferencial entre el bono a 10 años español y el Bund) en 123 puntos.

El euro por su parte se deprecia desde la comparecencia de Lagarde, cayendo hasta los niveles actuales de 1,0586 dólares por euro, ante el temor de que podamos volver a sufrir un problema de deuda periférica en los próximos meses en la zona Euro, especialmente por la fuerte ampliación que estaba sufriendo la deuda italiana.

Euro/dólar último mes.

Prima de riesgo italiana (222 puntos)

La inflación de la eurozona se sitúa en el 8,1% interanual. Este es un récord histórico. El dato anual, según conocimos la semana pasada, aumentó desde 7,4% en abril y estuvo muy por encima de las expectativas. La inflación energética ronda el 40 % interanual, mientras que los alimentos, el alcohol y el tabaco aumentaron un 7,5 %. Las ventas minoristas alemanas se hundieron un 5,4 % mensual en abril y las ventas de alimentos fueron especialmente débiles.

Me ha gustado mucho el comentario de esta semana del economista jefe de Andbank, Alex Fusté, sobre el impacto de los precios de la energía sobre los mercados:

Todo depende del precio de la energía. ¿Cómo acertar ahí? Alex Fusté.

Todo lo que ocurra en los mercados financieros pasa necesariamente por lo que acontezca en los precios energéticos. Si estos suben, destinaremos más dólares a pagar la factura energética, habrá escasez de liquidez y de dólares (que aumentará en precio), los países venderán sus activos depositados en la Fed (aumentará la TIR de esos activos), y el mercado de equity sufrirá por ese aumento en el coste del capital. Entonces, se hace necesario entender, y aclarar, que va a ocurrir con el precio de la energía en general, y del petróleo en particular.

En ese ejercicio complejo, uno se siente tentado a tirar una moneda al aire y apostar según el azar. Otros, más obstinados, prefieren mirar al cielo y comprobar si la constelación del sol está en oposición a Neptuno, o Venus en oposición a Saturno, y en función del caso, apostar por un alza o baja en el precio del crudo. En nuestro caso, obreros de los mercados, preferimos listar los innumerables drivers para el crudo, acomodarlos cuidadosamente en cada platillo de la balanza, y someter el resultado al arte de la lógica, que no es poco. ¿Vamos a ello?

Drivers que seguirán empujando el precio del crudo al alza  

  1. Reapertura en China
  2. Estrechamiento de los stocks globales
  3. La promesa de la OPEC+ de aumentar la oferta suena (hoy) poco alentadora. Este grupo produce hoy 2.6 mill bpd por debajo del target fijado por ellos mismos.
  4. Prohibición parcial de la UE a importar crudo ruso (según la AIE esto puede provocar una caída de la producción rusa del 18% en 2023)
  5. A pesar del aumento en el precio del crudo saudí destinado a la exportación a Asia, estos países acumulan peticiones de importación con volúmenes cada vez mayores (sólo los países con contratos de largo plazo logran obtener los volúmenes demandados)

Drivers que debieran rebajar el precio del crudo

  1. Incertidumbre sobre la recuperación en China
  2. El slowdown macroeconómico global en 2022 debiera suponer un techo importante para el crudo
  3. Aumento de oferta de países como Irán, Venezuela, Irak y A. Saudí (parece que, en algunos casos, las palabras se han convertido ya en acciones, con el visto bueno de USA para que Venezuela envíe crudo a Europa)
  4. La Asociación Internacional de la Energía ha fijado el precio previsto para el crudo en 2022 en 104,47$ para el West Texas, y 107$ para el Brent. De cara al 2023, sus estimaciones de precios son de 93$ para el WTI.
  5. Rusia está aumentando un 20% sus exportaciones desde el puerto oriental de Kozmino para cubrir demanda asiática. Las salidas desde ese puerto han pasado de 750k bpd a 900k bpd. El puerto tiene capacidad para sacar 1.1 millones, lo que significa que hay capacidad para volver a aumentar un 22%, lo que debiera aligerar presión sobre otras graduaciones.

¿Qué ocurrirá entonces con el precio del crudo? Para mí, todos los factores mencionados tienen una relevancia considerable. Tener el mismo número de drivers en cada lado de la balanza me permite pensar, al menos, en una estabilización del precio en estos niveles. Que no es poco. Si fuera así, en nueve meses la inflación energética será del 0%. Si, por el contrario, los factores inferiores predominan (especialmente las previsiones de la AIE en cuanto al precio del crudo), dejaremos de tener inflación energética mucho antes de esos nueve meses mencionados. En tal caso, dejaría de haber squeeze de liquidez, el USD debería relajarse, y los mercados también.

Varios inversores están tomando actitudes más negativas, rebajando sus exposiciones a Bolsa, rebajando sus estimaciones de ingresos corporativos, o incluso esperando un escenario macroeconómico muy negativo, como Bridgewater.

El índice Bulls minus Bears sigue en la parte baja del rango lo que sigue presionando a las Bolsas a la baja, el Nasdaq lleva una caída en el año del 25%, el S&P 500 del 16%, el Euro Stoxx 50 del 15% y el IBEX del 2,50%.

El mayor Hedge Funds del mundo, Bridgewater, apuesta a que se producirá una venta de bonos corporativos este año, y adopta una visión pesimista sobre la trayectoria de la economía mundial. La apuesta contra la deuda corporativa estadounidense y europea pone de relieve la valoración que hace el mayor hedge fund del mundo de que la reciente debilidad de los principales mercados financieros no será efímera.

“Estamos en un mundo radicalmente diferente”, asegura Greg Jensen, uno de los directores de inversión de Bridgewater. “Nos aproximamos a una desaceleración”.

Jensen, responsable de las decisiones de inversión junto con el codirector financiero Bob Prince, advierte de que la inflación será mucho más dura de lo que los economistas y el mercado prevén ahora, lo que podría presionar a la Reserva Federal de EEUU Unidos, el banco central más influyente del mundo, para subir los tipos de interés más de lo esperado por muchos en Wall Street.

El ejecutivo añade que si los responsables de la política monetaria de la Fed se comprometiesen a rebajar la inflación hasta su objetivo del 2%, “podrían aplicar un endurecimiento muy fuerte, lo que dañaría la economía y probablemente a las [empresas] más débiles de la economía”. Y señala: “Creemos que el crecimiento nominal se mantendrá. La economía real estará débil, pero no será una debilidad que se refuerce a sí misma”.

Bridgewater ya se había posicionado para una venta sostenida en el mercado de bonos públicos de EEUU, cuyo tamaño es de 23 billones de dólares (21,4 billones de euros), y también ha apostado por la caída de los precios de las acciones de Wall Street, incluso después de que el valor conjunto haya caído ya 9 billones de dólares este año. Los bonos corporativos estadounidenses de alta calidad han bajado un 12% este año en términos de rentabilidad total, mientras que los europeos lo han hecho un 10% en términos de la moneda local, según los índices de ICE Data Services.

La subida de tipos de interés ha provocado un aumento de los tipos hipotecarios y un incremento de los costes de financiación para las empresas que contraen deuda nueva. Si estas no consiguen financiación nueva, podrían sufrir dificultades financieras o enfrentarse a la bancarrota, y Jensen señala que la posición bajista sobre los bonos corporativos refleja la creencia de Bridgewater de que “va a empezar a resultar mucho más caro financiarse”.

Las autoridades de la Fed han señalado su intención de ralentizar la expansión económica mientras intentan frenar la mayor inflación registrada desde la década de 1980. Para ello, han comenzado a subir agresivamente los tipos de interés desde sus mínimos históricos, y este mes empezarán a reducir el tamaño del balance de la Fed, de casi 9 billones de dólares.

Jensen señala que la decisión de la Fed, sumada a las políticas más estrictas de un conjunto de bancos centrales en todo el mundo, drenaría la liquidez del sistema financiero. Al hacerlo, los precios de muchos activos que subieron el año pasado se verían presionados. “Es conveniente estar al otro lado de ese agujero de liquidez, fuera de los activos que requieren liquidez y en los que no la requieren”, explica.

La gestora de fondos Pictet Asset Management, que gestiona 241 billones de francos suizos, ha rebajado la renta variable a infraponderar y ha elevado la liquidez a sobreponderar, y esperan a que se confirme que la inflación y los rendimientos de los bonos hayan tocado techo antes de tomar posiciones en renta fija.

Fuente: Pictet AM.

Según Pictet aunque los múltiplos de valoración de la renta variable se han contraído significativamente (una caída del 30% desde septiembre de 2020 en términos de PER) aún no son lo suficientemente atractivos como para compensar los riesgos. Por ejemplo, las proyecciones del mercado sobre los beneficios empresariales no han tenido suficientemente en cuenta la perspectiva de una recesión. Paralelamente, según Pictet, los márgenes de beneficio se están contrayendo debido al incremento de los costes de los insumos. En cuanto a la renta fija, es probable que su rentabilidad se atenga a las expectativas de inflación y las perspectivas de crecimiento nacionales. 

Aunque los riesgos apuntan a la baja, los indicadores del ciclo económico de Pictet apenas consiguen mantenerse neutrales, aunque hay señales de advertencia de estanflación en todas las regiones principales. Han revisado a la baja sus expectativas de crecimiento global para 2022, desde el 3,4% del mes pasado al 2,9%, y revisado al alza la inflación, del 6,8% al 7,3%. 

Importante esta semana:

En línea con estas visiones tan negativas el Banco de España acaba de publicar un informe en el que rebaja de nuevo su previsión de PIB y avisa de una inflación «más intensa». Segunda rebaja de sus previsiones del Banco de España en apenas dos meses y la tercera desde diciembre.

El Banco de España ha actualizado hoy sus previsiones macroeconómicas, y ha puesto de manifiesto que la crisis se agudiza, que la economía española sigue acumulando problemas y retrasos en su vuelta al nivel de Producto Interior Bruto (PIB). Eso no se conseguirá, ha apuntado el director general de Economía y Estadística, Ángel Gavilán, hasta el tercer trimestre de 2023. Mucho más tarde, obviamente, que el cierre de 2021 en el que llegó a ubicar el Gobierno ese punto.

Entrando en las cifras concretas, el repunte del PIB en 2022 será del 4,1%, por debajo del 4,5% que apuntó en abril y muy lejos del 5,4% que estimó en diciembre. El dato también es inferior al 4,3% que estima el Ejecutivo, y además se rebaja el repunte estimado para 2023.

La razón principal que ofrece el BdE es que durante la primer trimestre del año la desaceleración fue «más acusada que la prevista» por el impacto de la variante ómicron, la huelga del transporte y el inicio de la invasión de Ucrania. El organismo, eso sí, remarca que en el segundo trimestre la actividad de está acelerando «en parte por el mayor dinamismo de las ramas que requieren un mayor grado de interacción social una vez relajadas la práctica totalidad de las restricciones»

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La reunión del Banco Central Europeo de ayer era una de las principales referencias de la semana para el mercado. Como se esperaba ayer el Banco Central Europeo anunció una subida de tipos de 25 puntos básicos en la próxima reunión de julio y el final del programa de compras soberano APP (Programa de compra de Activos por la pandemia). También dejó la puerta abierta a subidas de 50 puntos básicos en la reunión de septiembre y diciembre si la inflación no baja como se espera. En este sentido la presidenta del BCE, Christine Lagarde, advirtió que los riesgos sobre la inflación son al alza mientras que los de crecimiento son a la baja. Por otro lado, la Presidenta del BCE anunció que se evitará cualquier signo de fragmentación en el mercado (de deuda soberana) con los instrumentos actuales disponibles o nuevos pero sin hacer una mención específica. En este sentido, el BCE mantendrá la reinversión de los vencimientos del programa APP hasta bien iniciada las subidas de tipos mientas que la inversión de los vencimientos del PEPP se mantendrán al menos hasta finales de 2024.

El Consejo del BCE recalcó en su comunicado oficial que el control de la inflación es el principal reto al que hacer frente. Así, afirmó que las presiones inflacionistas se han ampliado e intensificado en las últimas semanas, con un fuerte aumento de los precios de muchos bienes y servicios, estando la energía y

los alimentos a la cabeza de los incrementos. En este sentido, la invasión rusa de Ucrania, junto con los cierres por Covid en China, han sido los principales elementos que han alimentado dichas subidas. Así, en la revisión de las previsiones elaboradas por el staff técnico del Banco, las estimaciones de IPC

sufrieron un fuerte incremento, siendo especialmente relevante la corrección al alza de cara al ejercicio 2023.  Así el BCE prevé una inflación anual del 6,8% en 2022, para posteriormente experimentar cierta moderación hasta el 3,5 % en 2023 y al 2,1 % en 2024. De la misma forma, la referencia macro subyacente también experimentó una fuerte revisión al alza hasta el 3,3% en 2022, 2,8% en 2023 y 2,3% en 2024, lo que supone situarse bastante por encima del objetivo del 2% en todo el horizonte temporal analizado.

En materia de actividad, las previsiones sufrieron una importante corrección a la baja para este año y el que viene (2.8% y 2.1 % respectivamente) y una mejora de cara al 2024 (2.1 %). En este sentido, el BCE apuntó a la guerra de Ucrania y a los cierres en China como los principales factores que estaban impactando negativamente en materia de crecimiento en la Zona Euro, existiendo en el lado contrario otros elementos que sentaban las bases para que el crecimiento volviese a aumentar, como son un sólido mercado laboral, la reapertura de la economía post-Covid y la acumulación de ahorro durante la pandemia. En este sentido, las previsiones de paro publicadas por la Autoridad para los próximos años, mejoró respecto a las estimaciones de marzo. Teniendo en cuenta estos datos, el Consejo del BCE decidió tomar nuevas medidas para normalizar su política monetaria, si bien es cierto que recalcó que mantendrá la opcionalidad, la dependencia de datos, la gradualidad y la flexibilidad de cara a sucesivas actuaciones en este sentido.

El PIB de la eurozona creció un 0,6% en el primer trimestre del año, el doble del dato provisional. Irlanda e Italia han sido los países que más han contribuido a este aumento; en el caso de España, el crecimiento permanece sin cambios en el 0,3%.

El Banco Mundial volvió a recortar su previsión de expansión mundial para 2022, advirtiendo de varios años de inflación superior a la media y de crecimiento menor de lo esperado. Algunas opiniones apuntan a que los bancos centrales de todo el mundo tendrán que recortar los tipos de interés en 2024, previendo que un período de estanflación limite las economías de los países.

El retailer americano Target volvió a realizar una revisión a la baja de sus previsiones de beneficios por un menor consumo.

En Estados Unidos, tras admitir su error sobre las expectativas que tenía sobre la inflación el año pasado, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, ha pedido al Congreso nuevas medidas para ayudar a contener el alza de precios y aliviar los costes que las familias cargan. Yellen ha sugerido aumentar la inversión en educación o en el cuidado de los mayores para lograr un crecimiento fuerte, sostenible y estable.

El miércoles en Japón el PIB se revisó al alza, pero confirmó la contracción de la actividad en el primer trimestre del año, el PIB cayó en los tres primeros meses del año un -0,5% trimestral anualizado frente al -1% publicado en la anterior estimación. Por componentes mejoró el gasto del consumidor mientras que el sector exterior continuó siendo el componente más negativo.

En Estados Unidos, mejora la balanza comercial al tiempo que se frena el crédito al consumo. Los datos de balanza comercial publicados esta semana fueron positivos al registrarse la mayor mejora del saldo exterior de la economía estadounidense en más de nueve años. En concreto, el déficit se redujo en un -19,1% hasta los 87.100 millones de dólares, el mayor descenso desde diciembre de 2012. Por componentes, las importaciones cayeron un -3,4% hasta los 339.700 millones, tras varios meses de fuerte crecimiento de las importaciones a medida que las empresas reponían sus inventarios, en abril esta tendencia se frenó. Por el lado de las exportaciones las cifras fueron muy positivas, al registrarse un crecimiento del +3,5%, hasta un record de 252.600 millones de dólares. Este aumento de las exportaciones estuvo liderado por las ventas de productos energéticos (gas natural y derivados del petróleo). En cuanto al crédito al consumo en abril se moderó hasta los 38.070 millones frente a los 47.300 millones de dólares previo.

La OCDE rebajó el miércoles al 4,1% el crecimiento de España y elevó sus perspectivas de inflación al 8,1%.

Nuevo aldabonazo a las perspectivas económicas para España, moderadas en los últimos meses por organismos tanto nacionales como internacionales, testigos de que la guerra en Ucrania, la subida de precios y otros indicadores económicos no dan ningún tipo de tregua. A estas revisiones a la baja se sumó esta semana la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En su último informe, las previsiones económicas mundiales, en sintonía con las realizadas por otros organismos, abandonan a pasos agigantados el optimismo, en concreto, para España contempla un crecimiento del PIB del 4,1%, lo que supone rebajar en 1,4 puntos porcentuales las previsiones realizadas en diciembre del pasado año, cuando aún no había empezado la invasión de Ucrania pero los precios sí habían empezado a escalar de forma considerable.

Y seguirán escalado con fuerza, a tenor de lo publicado por la OCDE, que proyecta una inflación media del 8,1% para España en 2022. La inflación subyacente, que no tiene en cuenta la volatilidad de los precios de la energía y los alimentos frescos, también lo hará, para situarse en un 4,5%, un salto considerable desde el 0,6% de 2021.

Las economías de Europa Central, así como Francia, reciben una mayor moderación por el conflicto iniciado por Rusia en Ucrania. Tanto es así que en la previsión hay muy pocos países con mayores crecimientos económicos. No obstante, se suponía que 2022 iba a ser un año clave para que España pudiera afrontar una recuperación económica que la situara en los niveles previos a la pandemia por coronavirus, ya que es de los países desarrollados más rezagados en esta recuperación. Los cambios en las previsiones de crecimiento avanzan en la línea de que en 2022 no se volverá todavía a los niveles prepandemia, sino que será a finales de 2023. Para el año que viene, la OCDE proyecta para España un crecimiento económico del 2,2% y una inflación del 4,8%, eso sí, con una inflación subyacente todavía en el 4,5%.

“Las expectativas de crecimiento en España se deben a la elevada incertidumbre, la alta inflación y una demanda externa ralentizada. El ahorro de los hogares acumulado durante la pandemia, el paquete fiscal para mitigar los efectos de la guerra, la recuperación continuada del empleo y los fondos europeos soportarán la demanda interna. La recuperación del turismo también soportará el crecimiento. La inflación se moderará en 2023, pero permanecerá alta”, señala la OCDE en su informe.

Otras previsiones que realiza la OCDE sobre la economía española para final de año son la reducción de deuda pública respecto al PIB al 115,6%, un crecimiento interanual de la balanza comercial al 2,3% y una tasa de desempleo al 13,6%, que repuntará al 13,9% en 2023.

En la introducción del informe, la OCDE señala que “el mundo va a pagar un fuerte precio por la guerra de Rusia contra Ucrania”. De ahí que sus previsiones para la economía mundial también hayan sufrido una revisión a la baja, del 4,4 al 3%. Atendiendo a las grandes potencias mundiales, destaca el caso de Alemania, que ha pasado de una proyección de crecimiento del 4% al 1,9%. Destaca también la moderación de Francia, de casi dos puntos porcentuales (hasta el 2,4%), o la de Estados Unidos, que pasaría de un crecimiento del 3,7 al 2,5%. También es curioso el caso de Argentina, que pasará de un crecimiento del 2,4 al 3,6% y marca el único caso, entre los países analizados, en los que el crecimiento proyectado es mucho mayor que el que se había calculado antes de la guerra en Ucrania. En cuanto a la inflación, las economías más castigadas serán Turquía y Argentina, con una hiperinflación del 72 y el 60%, respectivamente, mientras que Reino Unido se anotará un 8,8%, Alemania un 7,2%, Italia un 6,3% y Francia un 5,2%.

Rentabilidad del bono a 10 años americano en máximos de 5 años.


Christine Lagarde ofrece a los inversores un ‘whatever it takes’ descafeinado. Andrés Stumpf. Financial Times.

Ámsterdam. El Banco Central Europeo (BCE) cierra el círculo de los estímulos extraordinarios en la capital de Países Bajos. Allí fue, en 2014, donde Mario Draghi, entonces presidente de la institución, detalló sus planes para una “política monetaria para tiempos turbulentos”, un discurso en el que sentó las bases de la llegada del programa de compras de deuda y de las inyecciones de liquidez a la banca. Ocho años más tarde, la misma ciudad ha asistido a cómo Christine Lagarde, la actual presidenta, ha anunciado la retirada de todas esas medidas y el inicio de las subidas de tipos para combatir la elevada inflación.

Pero Ámsterdam fue testigo de algo más tras la reunión ayer del Consejo de Gobierno del BCE. En plena subida de los intereses de los bonos soberanos, y especialmente de los de los países periféricos, Lagarde indicó que el organismo europeo está “comprometido, comprometido” a evitar una subida desordenada de las primas de riesgo que derive en una fragmentación del mercado de deuda de la región. La repetición de la palabra no es causal. La presidenta, Christine Lagarde, insistió en ello por activa y por pasiva sabedora de que el peligro es real, pero los bonistas optaron por no darse por aludidos.

Faltan detalles

En el mercado de deuda, que sufre una severa corrección desde principios de año, el tiempo de las promesas parece haber pasado. Hace ya tres meses que los inversores rumian el compromiso del BCE de intervenir si las primas de riesgo derivan en un episodio de fragmentación y, por más que se exprese de forma más o menos contundente, el problema es que todavía no se conoce ningún detalle de cómo llevará a cabo esa tarea.

Por eso, aunque Lagarde esgrimió su propio whatever it takes [referencia al discurso de Draghi de 2012 en Londres en el que prometió hacer lo necesario para acabar con la crisis de deuda soberana], los bonistas reaccionaron con ventas de títulos en lugar de dar señales de tranquilidad. Cuando Draghi prometió hacer lo que fuera necesario, los inversores sabían que hablaba de un programa de compras de deuda que, además, ya funcionaba a pleno pulmón en Estados Unidos. Ahora esperaban alguna pista que materializase ese compromiso de Lagarde, pero se fueron con las manos vacías. Un whatever it takes descafeinado.

Complejidad

La presidenta parece confiada en que, si llega el momento, el BCE tiene capacidad de sobra para “lanzar nuevas herramientas o ajustar las que tenemos”. Sin embargo, la misión de combatir la subida de las primas de riesgo tiene una gran complejidad, pues supondría lanzar un estímulo selectivo –con las complicaciones legales que eso conlleva si no lleva aparejada cierta condicionalidad– y en un momento en el que el rumbo pasa por el endurecimiento monetario. Ante la difícil tarea, es natural que surjan las dudas y el nerviosismo por la inactividad del banco central.

La prima de riesgo española repuntó ayer hasta los 119 puntos básicos y la italiana, quizá la que más está en el punto de mira, se elevó hasta los 217 puntos básicos.

Para el BCE, aparentemente, no hay motivo todavía para la alarma. A estos niveles, aún lejos de las cotas de tensión, la autoridad monetaria no quiere gastar su bala de plata y esperará a futuras reuniones para concretar sus planes.

Pero los mercados se mueven muy rápido, como ya se demostró en el estallido de la pandemia, y al BCE le quedan aún seis semanas antes de su próxima cita. Cabe la posibilidad de que los inversores refuercen la presión y pongan a prueba el verdadero compromiso de la autoridad monetaria antes de tiempo.


Buen fin de semana.

Comentario de mercado viernes 3 de Junio del 2022

Terminamos el mes de Mayo en el quelas presiones inflacionistas derivadas del incremento del precio del petróleo de las últimas semanas, agravado esta semana por la aprobación de las restricciones a las importaciones de crudo ruso por parte de Europa, fueron suficientes para que el pesimismo vuelva a las bolsas, lo que causó que el mes de mayo termine finalmente con una caída del 0,13% para el índice bursátil global. A pesar de estar alejados momentáneamente de cruzar el umbral del mercado bajista, gracias a un rebote desde mínimos del 6%, los riesgos a nivel global siguen presentes y cabe recordar que este miércoles se inició la reducción de balance de la Fed, con una primera fase que durará 3 meses donde se dejarán vencer hasta 30.000 millones de bonos del tesoro y 17.500 millones de cédulas hipotecarias para después doblar el ritmo en septiembre.

Best and worst performing assets in May and YTD.

Rothschild suele agrupar las expectativas del consenso de analistas de mercado un par de veces al año, y en la actualización que ha hecho ahora a mitad de año se ve muy claramente cómo han cambiado las expectativas del mercado respecto a crecimiento, inflación y tipos de interés:

Esta semana estamos viendo precios del petróleo en máximos, niveles que no se veían desde el 2008, después de que los líderes europeos consiguieran sacar adelante su iniciativa de restringir parcialmente la importación de petróleo ruso. La iniciativa se centra principalmente en las importaciones a través de mar, que representa cerca de dos tercios del petróleo ruso que llega a Europa y representará una pérdida de 10.000 millones de euros anuales en exportaciones para el país eslavo. Los líderes europeos lograban convencer al líder húngaro, principal detractor de esta medida, permitiéndole seguir recibiendo petróleo ruso a través de oleoducto y en caso de cortarse, por represalias rusas, le han garantizado suministro alternativo. Aunque los detalles técnicos están aún por cerrarse, la medida entraría en vigor seis meses después de su adopción e incluirá también una prohibición a la importación de productos refinados ocho meses después de su aprobación.

De cara a una posición estratégica para los próximos meses, la inflación cada vez más generalizada, exacerbada por la crisis energética y distorsiones en los suministros, está obligando a un rápido endurecimiento monetario y deterioro del crecimiento. Las tensiones inflacionistas en Estados Unidos están obligando a la Fed a subir tipos y a reducir su balance. Europa cuenta con costes laborales contenidos y las divergencias con la Fed presionan al euro (inflación importada).

El endurecimiento monetario relativo Fed frente al BCE y el mayor impacto en Europa de las sanciones a Rusia y del Covid en China presiona y retrasa la recuperación del euro, pero ya muchos analistas e inversores están esperando una reversión la segunda parte del 2022 (mucho negativo descontado).

Fuente: Dunas Capital.

Como digo, el precio del barril de petróleo esta semana ha batido nuevos récords y su cotización ronda en estos momentos los 120$ (118$ ahora el BRENT) que convertido a Euros es uno de los niveles más altos de su historia. La razón parece ser la falta de acuerdo en el paquete de sanciones a Rusia.


En China las megalópolis de Shanghái y Pekín parecen por el momento frenar el avance de infecciones de COVID. Muchos analistas ponderan si el ciclo ha llegado ya a su fin o no tras el mal comportamiento de las bolsas, la posibilidad de que los bancos centrales subestimen una posible recesión, la inflación imparable que afecta ya no solo a materias primas, sino a los alimentos, y los posibles confinamientos en China. Es un mercado bajista y de eso no parece haber duda, la cuestión es valorar si hemos tocado fondo o no.

El ratio PER a 12 meses del S&P 500 está a 18,8x por debajo de la media de sus últimos 5 años (23,1x) y 10 años (20,2x). El PER Forward estimado para los próximos 12 meses está a 17,1x frente a las medias de 18,6x de los últimos 5 años y de 16,9x de los últimos 10 años.

En cuanto a flujos de inversores, en ETF la semana pasada hemos visto una cierta recuperación en los productos expuestos a renta variable estadounidense, con una entrada neta de 21.000 millones de dólares y en el caso de la renta variable europea, los flujos continúan siendo negativos aunque en la semana pasada fueron casi planos con salidas que apenas alcanzan los 350 millones de dólares, mientras los indicadores de sentimiento inversor (como el Bulls minus Bears) sigue en mínimos, lo que suele indicar un suelo de mercado.

AAII Bulls minus Bears

Los datos de confianza del consumidor también están dando señales de suelo de mercado:

Importante esta semana:

La OPEP+ aprobó anoche acelerar el incremento de producción para julio y agosto hasta 648.000 barriles al día, un 50% más de lo previsto (432.000), ante la creciente presión de Estados Unidos para frenar el ascenso de precios del crudo, petróleo Brent +50% en 2022, aunque el mercado lo sigue considerando insuficiente, ya que no compensa la menor producción de Rusia y el crecimiento de la demanda por parte de China una vez finalizados los confinamientos.

En Europa Lane habla de dos subidas de cuarto de punto en julio y septiembre como «escenario base». El economista jefe del Banco Central Europeo ha reafirmado la postura de Lagarde tras declaraciones durante la semana pasada de tres miembros del Consejo en favor de subidas de 50 puntos básicos. Según Lane, el escenario base se sitúa en subidas de 25 puntos básicos en julio y septiembre, asegurando que deberá haber razones de peso para discutir un ritmo de normalización mayor y que, actualmente, la inflación a medio plazo está en línea con el objetivo del 2%.

Se publicó el martes el IPC preliminar de Mayo de la Eurozona que fue de un 8,10%, por encima del 7,80% que esperaba el consenso de analistas y más de medio punto por encima del dato de Abril (7,50%) con la subyacente en el 3,80% (Esperado 3,60%). El componente de energía ha vuelto a liderar la lectura del índice agregado, aumentando un 39,2% en términos interanuales. También tiene gran relevancia el aumento de precios en alimentación y bebidas, que registran una variación interanual del 7,5% tras acelerarse más de 1 punto porcentual.

En España se publicó el lunes el dato de inflación que empeoró al 8,7% en mayo con la subyacente en su tasa más alta en 27 años. El dato avanzado de mayo ha mostrado de nuevo un empeoramiento de la fiebre inflacionaria que ni siquiera el efecto escalón ni la moderación de los precios eléctricos (que aun así continúan en zona de máximos históricos) han logrado contener. El IPC se aupó en mayo hasta el 8,7%, según el dato publicado por el INE, cuatro décimas más que en abril y una cifra sin parangón desde octubre de 1986, espoleado por el precio de los alimentos y los carburantes. En tasa mensual, los precios subieron un 0,8% tras haber retrocedido un 0,2% en abril.

La tasa de inflación general sigue por debajo del 9,8% registrado en marzo, dato inédito desde mayo de 1985, pero la tendencia es cada vez más preocupante por el fuerte nivel de penetración de la espiral alcista en los precios de consumo. Una peligrosa deriva que se plasma en el inexorable avance de la inflación subyacente, aquella que no incluye los alimentos frescos ni los precios energéticos (los más volátiles), que en mayo se ha catapultado hasta el 4,9%, cinco décimas más que en abril y su tasa más alta desde octubre de 1995.

Hace un año, el IPC subyacente apenas era del 0,2%, lo que da idea de la magnitud del desafío al que se enfrenta la economía española, con el fantasma de la estanflación llamando a la puerta cada vez con más insistencia y los temidos efectos de segunda ronda impregnando el conjunto de la cesta de la compra, porque, tal como señalaba Funcas recientemente, “el alza de la subyacente apunta a una traslación intensa de los mayores costes de producción a los elementos menos volátiles del índice”.

Con una inflación media prevista para este año del 6,9%, según el último panel de Funcas, porcentaje que varios panelistas elevan por encima del 7% (Cámara de Comercio de España, 7,6%; BBVA Research, 7%…), la pérdida de poder adquisitivo de las familias está prácticamente garantizada ante unos sueldos que suben pero más lentamente. De hecho, el alza salarial media pactada en convenio hasta abril se situó en el 2,4%, aunque cada vez son más los convenios que acuerdan mejoras próximas e incluso superiores al 5%, y los que incorporan cláusulas de revisión salarial.

Ayer se publicó el dato de paro en España y el número de parados cayó por debajo de los 3 millones de personas por primera vez en 13 años, aunque lo cierto es que 1 de cada 3 empleos creados en el último mes es empleo público.

Según el Banco de España, la hipotética interrupción de las importaciones de gas y petróleo con Rusia provocaría un impacto en el PIB de España de entre el 0,8% y el 1,4% durante el primer año, siendo mayor para el conjunto de la UE (entre un 2,5% y un 4,2%). En el caso que la interrupción del comercio sea total, el impacto sería de hasta un 2,4% para el PIB español y de hasta el 6% para la Unión Europea.

El Euribor 12 meses cerró Mayo en el 0,287% después de subir 27 puntos básicos en Mayo y 76 puntos básicos en el último año desde el -0,481% de Mayo del 2021.


La inflación de 2022 y las experiencias del pasado. Francisco Cabrillo. Catedrático de Economía en la Universidad Complutense. Fundación Civismo.

¿Hemos aprendido algo de la historia económica reciente que pueda resultarnos útil a la hora de diseñar la política monetaria que necesitamos para corregir los actuales desequilibrios macroeconómicos? La cuestión es compleja porque cabe presentar argumentos a favor y en contra de una respuesta afirmativa. Tendríamos que contestar que sí, si pensamos que tanto los banqueros centrales como los economistas somos hoy conscientes del peligro que supone dejar caer la oferta monetaria en un momento de crisis económica. Como afirmó Ben Bernanke en su conocido discurso con motivo del 90 cumpleaños de Milton Friedman, al hacer referencia al torpe comportamiento de la Reserva Federal en los años de la Gran Depresión, que dio pie a una reducción sustancial de la cantidad de dinero con efectos desastrosos sobre la economía: “Gracias a usted, no lo volveremos a hacer”. Y, afortunadamente, no lo hemos hecho.

Pero me temo que los banqueros centrales –y buena parte de los economistas– no han sido plenamente conscientes –o se han olvidado– del peligro que supone financiar un programa extraordinario de gasto público mediante la compra masiva de deuda pública por los bancos centrales. Hace sólo unos días asistí a un seminario organizado por el Institute of International Monetary Research, cuyo objetivo era analizar la inflación actual a la luz de la experiencia por la que pasaron diversos países occidentales en la década de 1970, el último gran período de inflación en el mundo occidental. El ponente era Bill Robinson, un conocido experto británico en política monetaria, quien apuntó algunas ideas interesantes sobre el tema; la más provocativa de las cuales fue, seguramente, su afirmación de que una de las razones que explican la mala gestión llevada a cabo por los bancos centrales de EEUU y Europa a lo largo de los dos últimos años es el hecho de que quienes están hoy a cargo de estas políticas no eran economistas en activo en la década de 1970 o, incluso no había tenido siquiera sus primeros contactos con el análisis económico en aquella época. A muchos no les gustará esta idea. Pero sería un error dejar a un lado este comentario y considerarlo como el lamento de un viejo economista a quien las nuevas generaciones hacen poco caso.

Yo nunca había planteado el tema en la forma en la que lo hizo Robinson; pero creo que su observación coincide con una idea que, de otra manera, he expuesto en público en diversas ocasiones: ¿por qué nos hemos olvidado de lo que aprendimos hace cuarenta o cincuenta años y repetimos equivocaciones que parecía que habían pasado al baúl de la historia hace ya bastante tiempo? Con el agravante, además, de que, en su día, la conciencia del problema había hecho que se introdujeran reformas importantes en la regulación de los bancos centrales y en la forma de llevar a cabo la política monetaria. El diseño de la Unión Monetaria Europea y el Estatuto del BCE son buenos ejemplos de ello; pero no son los únicos, ciertamente. Es decir, sabíamos que el peligro de emitir dinero para financiar el gasto público existía. Y habíamos procurado conjurarlo creando unas instituciones más sólidas y fiables… hasta que unas circunstancias especialmente duras nos llevaron a equivocarnos otra vez.

Medidas antiinflacionarias

Parece que hoy los bancos centrales reconocen, por fin, que la inflación actual no es un fenómeno “temporal”, como afirmaban hace sólo algunos meses; que la situación se les ha ido de las manos y que tienen que adoptar medidas para frenar el crecimiento del nivel de precios; y la cuestión relevante ha pasado a ser cómo y cuándo aplicar tales medidas. Y no es una decisión fácil. Las medidas antiinflacionarias pueden cortar el crecimiento de las economías que aún están recuperándose de la recesión de 2020, lo que preocupa –con razón– tanto a políticos como a banqueros. Pero posponer la política de estabilización y permitir que los precios sigan subiendo puede tener como efecto que el ajuste posterior deba ser más duro.

Existen, por tanto, dudas razonables sobre aspectos concretos de la aplicación de la estrategia antiinflacionaria. Pero una cosa que quienes gestionan la política económica deberían asumir y dejar clara a la opinión pública desde el primer momento es que el ajuste tendrá costes. Cuando se han cometido errores en política económica, rara vez se pueden corregir sin pagar un precio. Y no cabe duda de que ese precio será mayor para las economías más débiles y endeudadas. También, a la hora de asumir estos efectos, puede ser útil estudiar la experiencia de los años 1970 y primeros 1980. Sabemos cómo Paul Volcker resolvió el problema de la inflación de aquellos años en Estados Unidos y sentó las bases para un periodo posterior de estabilidad y crecimiento. Pero su política monetaria contractiva, con fuertes subidas de los tipos de interés, tuvo a corto plazo costes elevados en términos de actividad económica y empleo. Y en una situación similar –aunque de menor gravedad– nos encontramos hoy. Reflexionando sobre su actuación como presidente de la Reserva Federal, escribió: “Mi filosofía se basa en la idea de que no tenemos otra opción que enfrentarnos a la inflación, porque con el paso del tiempo la inflación y el paro siguen caminos paralelos… ¿No es ésta la lección que nos enseñan los años 1970?” Suscribo sus palabras.


En línea con el artículo de Francisco Cabrillo el martes Renta 4 Análisis publicaba un análisis sobre cómo se asemeja la situación del embargo de petróleo de los años 70 con la actualidad:

Oil embargo 1973- actualidad ¿qué provocó entonces un cambio de discurso en la Fed? Eduardo Faus. Renta 4 Banco.

Antecedentes del embargo de petróleo de 1973:

La crisis del año 1973 comenzó a gestarse tras la creación del Estado de Israel en 1948, momento en el que varios países árabes se aliaron para evitar que este nuevo estado se constituyese sobre territorio palestino. Tras sucesivas guerras, Israel ocupó algunos de estos territorios, hasta que en 1973 Egipto y Siria se aliaban atacando algunos de los territorios ocupados, lo que provocó una respuesta de Israel, apoyada por la ayuda armamentística de Estados Unidos, consiguiendo así repeler los ataques. A consecuencia de ello, los países árabes decidieron usar el petróleo como arma para conseguir sus objetivos y aumentaron de forma notablemente su precio, al tiempo que decretaban recortes en la producción y un embargo a Estados Unidos y a los Países Bajos. El embargo tuvo un fortísimo impacto en la economía americana, que dependía más del 40% del consumo energético, lo que condujo a que Israel firmara un armisticio y devolviera algunos de los territorios ocupados, a lo que los países árabes respondieron levantando el embargo en marzo de 1974.

Mediante los siguientes gráficos veremos cómo se encontraba la economía americana antes del embargo, y cómo éste afectó a la misma en los meses posteriores. Finalmente podremos concluir que aquella situación guarda algunas similitudes con la actual.

Impacto del embargo de 1973 en el PETRÓLEO:

Durante los meses del embargo de petróleo (octubre 1973- marzo 1974) el precio del petróleo se disparó, pero lo más llamativo es que tres años después de esta subida, los precios se mantuvieron estabilizados en cotas elevadas, situación que derivó en otra oleada de fuertes alzas de los precios hasta el año 1979 provocadas por la revolución en Irán:

Impacto del embargo de 1973 en la INFLACIÓN americana:

Las fuertes subidas del petróleo provocaron que la tasa de inflación en USA doblara en 1973 y sobrepasara el 10% durante 1974, obligando a la Fed a acelerar su política de subidas de tipos, como veremos.

Impacto del embargo de 1973 en los TIPOS DE INTERÉS:

El gráfico inferior nos muestra ciertas similitudes de aquel año con la situación actual. El embargo de petróleo del año 1973 provocó un fuerte incremento del precio del petróleo y de la inflación, lo que desencadenó la más agresiva respuesta de subidas de tipos de interés hasta entonces. Nótese que en los años previos al embargo los tipos de interés también venían bajando, iniciando con éste una meteórica subida hasta finales de 1974.

Impacto del embargo de 1973 en los TASA DE DESEMPLEO americana:

Por lo que respecta al desempleo, como habíamos comentado, la economía americana presentaba una dependencia del 40% del consumo de energía, por lo que el embargo causó un cambio de tendencia respecto a los años previos donde el desempleo descendía. Tras una subida inicial del desempleo durante la etapa del embargo, los meses posteriores marcaron una subida del desempleo a niveles históricos en el 9% hasta mediados de 1975, rompiendo así los registros máximos de años como 1949.

Impacto del embargo de 1973 en el MERCADO DE LA VIVIENDA americano:

El mercado de la vivienda americano vivía en 1973 una etapa gloriosa, con la tasa de viviendas iniciadas más alta de los últimos veinte años, hasta que el embargo de petróleo desencadenó un cambio de tendencia en forma de fuertes caídas hasta primeros de 1975, alcanzando lecturas de mínimos similares a las registradas en 1966.

Impacto del embargo de 1973 en el DOW JONES INDUSTRIALES:

El gráfico del índice DOW JONES INDUSTRIALES, entonces el más importante de la economía americana, es también esclarecedor. Al igual que en la tasa de desempleo, el tiempo que duró el embargo de petróleo no tuvo un efecto devastador en la bolsa, más allá de caídas del 20% que pudieron sostenerse unos meses. El principal efecto negativo en las bolsas se vivió a partir de la finalización del embargo, experimentando a partir de entonces fuertes caídas del 36% que duraron hasta finales de 1974.

Consideraciones y conclusiones:

  • La crisis del petróleo provocada por el embargo de 1973 generó un descenso en la actividad industrial y aumento del desempleo acompañada por una subida en los precios, lo que popularizó el termino estanflación, acuñado en 1965 por el ministro de finanzas británico Ian McLeod.
  • Las fuertes subidas de tipos de interés de entonces no tuvieron un impacto en la caída de los precios del petróleo ni en la inflación, que en el año 1975 se mantenía en zona de máximos en el 9%, sino que provocaron una subida del desempleo y descenso generalizado de la actividad económica que derivó en una importante recesión.
  • Lo que finalmente provocó un cambio de discurso en la Fed a mediados de 1974, cuando empezó a bajar los tipos de interés, fue el importante aumento del desempleo durante ese año desde niveles del 5% al 9%.
  • La bolsa americana marcó un importante suelo, desde el que un año más tarde se revalorizó casi un 80% a finales del año 1974, cuando la Fed comenzó a bajar los tipos de interés.

¿Causará la inflación la recesión de EEUU? Michael R. Strain.

La veloz inflación en Estados Unidos oculta señales de una desaceleración económica que podría amenazar la extensión del crecimiento actual. Aunque el gasto personal de consumo nominal creció el 3,4% entre octubre de 2021 y marzo de 2022 (el último mes para el que contamos al elaborar esta información), teniendo en cuenta la subida de precios, el gasto personal de consumo no varió en términos agregados. Y las ventas minoristas ajustadas por inflación pintan aún peor: siguen igual desde marzo de 2021.

Esta desaceleración también se percibe en los datos sobre las opiniones de la gente. Una encuesta del mes pasado llevada a cabo por CNBC-Momentivehalló que la mitad de los estadounidenses comieron menos fuera de casa y más de un tercio de ellos usaron menos sus automóviles o cancelaron una suscripción mensual. La gravedad de esas reducciones del gasto puede aumentar: el 40% de los encuestados dijo que, de mantenerse los altos precios, consideran cancelar sus vacaciones; y el 76% expresó su preocupación porque el alza de precios los obligará a reconsiderar sus decisiones financieras.

El índice de la Universidad de Michigan sobre el ánimo de los consumidores refuerza estos hallazgos: cayó a su punto más bajo en una década (es menor incluso que en la primavera de 2020, cuando la pandemia del Covid-19 causó un salto abrupto del desempleo y una grave contracción económica).

El estancamiento del gasto y la reducción de los planes de gasto futuro no debieran sorprendernos, si consideramos que la inflación redujo los salarios reales de la mayoría de los trabajadores. Hasta el momento los consumidores mantuvieron en gran medida su gasto actual, a pesar del impacto de los mayores precios en los presupuestos de los hogares, pero eso no puede durar indefinidamente y tal vez ni siquiera llegue al segundo semestre de este año.

El gasto de los consumidores representa la parte del león de la economía estadounidense, pero es posible que las empresas previsoras también estén planificando una contracción. El mes pasado, una encuesta del Banco de Filadelfia de la Reserva Federal de EEUU mostró que las empresas manufactureras tienen las menores expectativas netas de aumento de la actividad futura desde diciembre de 2008, cuando transitábamos las profundidades de la Gran Recesión. Más del 85% de las empresas afirmó que los precios de sus insumos aumentaron.

De manera similar, en una encuesta a pequeñas empresas llevada a cabo en abril por la Federación Nacional de Empresas Independientes (National Federation of Independent Business), solo el 4% de ellas afirmó que los próximos tres meses serán un buen momento para una expansión (una reducción de más de la mitad en seis meses). En el otoño pasado era más frecuente que las empresas esperaron mayores ventas en el siguiente trimestre; ahora un 12% más de empresas espera que sus ventas se reduzcan en vez de crecer en ese plazo.

Más pesimismo

Ciertamente, muchos otros indicadores sugieren que la recuperación sigue en curso, pero estos datos son preocupantes porque señalan la posibilidad de que los consumidores se estén estancando, y que los hogares y las empresas se estén volviendo cada vez más pesimistas. De acuerdo con esto, la Reserva Federal de EEUU debe adecuar sus planes —y su retórica— a todos estos datos. Aunque el presidente de la Fed, Jerome Powell, habla de un aumento expeditivo de las tasas de interés a un nivel en que la política monetaria ya no estimule la demanda, los halcones del Comité de Políticas del Banco Central insisten en acciones aún más agresivas. Por ejemplo, James Bullard, presidente del Banco de St. Louis de la Reserva Federal, desea que la tasa de referencia de la Fed llegue al 3,25-3,5% para finales de este año.

Es posible que eso resulte necesario en última instancia, pero dadas las señales de alerta —incluida la desaceleración del crecimiento del salario nominal promedio en abril— la Fed debe cuidarse de no quedar atrapada en un curso de acción específico por condicionar la expectativa del mercado imprudentemente con una retórica dura. Después de todo, es posible que los halcones de la Fed estén sobreestimando la dificultad de enfriar la economía. Habitualmente la Fed tiene que inducir despidos para desacelerar la economía, pero el mercado de trabajo actualmente carece de margen debido al exceso de vacantes, no a niveles elevados de desempleo. Reducir las vacantes puede resultar más fácil que inducir despidos.

Además, las condiciones financieras ya están respondiendo rápida —y previsoramente— a las posibles restricciones monetarias. El rendimiento de los bonos del Tesoro está aumentando y las tasas fijas de las hipotecas a 30 años se dispararon de cerca del 3% a principios del año a más del 5% este mes. Además de esas cuestiones, la guerra de Rusia en Ucrania y la desaceleración económica en China enfriarán en alguna medida la economía estadounidense, reduciendo aún más la carga de la Fed.

A eso se suma que las expectativas inflacionarias a largo plazo son razonablemente estables, por lo que debiera ser más fácil para la Fed restablecer la inflación a corto plazo ahora que en las décadas de 1970 y 1980, cuando hubo que recomponer completamente las expectativas a largo plazo.

La Fed se retrasó dolorosamente durante 2021. Incapaz de percibir el grado en que se acumulaban las presiones inflacionarias, agregó combustible a una economía ya recalentada. Si las condiciones económicas pierden velocidad más abruptamente de lo que prevé, tendrá que aplacar en 2022 más ágilmente de lo que fortaleció en 2021.

La posibilidad de que EEUU sufra una recesión el próximo año tal vez penda de un hilo.


No apuesten a un aterrizaje suave. Nouriel Roubini. Profesor emérito de Economía en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, es economista jefe de Atlas Capital Team.

En 2021, el gran debate sobre las perspectivas para la economía global se centraba en si la creciente inflación en Estados Unidos y otras economías avanzadas era transitoria o persistente. Los principales bancos centrales y la mayoría de los investigadores de Wall Street se alistaban en el Equipo Transitorio. Atribuían el problema a efectos de base y a cuellos de botella temporales en la oferta, lo que implicaba que la alta tasa de inflación rápidamente se retrotraería al rango de meta del 2% de los bancos centrales.

Mientras tanto, el Equipo Persistenteliderado por Lawrence H. Summers de la Universidad de Harvard, Mohamed A. El-Erian del Queens College de la Universidad de Cambridge, y otros economistas, sostenía que la inflación se mantendría alta, porque la economía se estaba recalentando como consecuencia de una demanda agregada excesiva. Esa demanda estaba impulsada por tres fuerzas: políticas monetarias persistentemente laxas, políticas fiscales excesivamente estimuladoras y una rápida acumulación de ahorros de los hogares durante la pandemia, lo que condujo a una demanda acumulada una vez que las economías se reabrieron.

Yo también estaba en el Equipo PersistentePero sostenía que, además de una demanda agregada excesiva, varios shocksde oferta agregada negativos contribuían a la creciente inflación –de hecho, a una estanflación (un crecimiento reducido sumado a una inflación más alta)–.

La respuesta inicial al Covid-19 había conducido a confinamientos, que causaron importantes alteraciones en las cadenas de suministro globales y redujeron la oferta de trabajadores (creando un mercado laboral muy reducido en Estados Unidos). Luego se produjeron dos shocksde oferta adicionales este año: la brutal invasión de Ucrania por parte de Rusia, que ha hecho subir los precios de las materias primas (energía, metales industriales, alimentos, fertilizantes) y la respuesta de Covid cero de China ante la variante Ómicron, que ha derivado en otra ronda de cuellos de botella en las cadenas de suministro.

Ganó el ‘Equipo persistente’

Ahora sabemos que el Equipo Persistenteganó el debate de la inflación en 2021. La inflación que se aproxima a los dos dígitos hizo que la Reserva Federal de Estados Unidos y otros bancos centrales hayan tenido que admitir que el problema no es transitorio y que se lo debe tratar con urgencia mediante un ajuste de la política monetaria.

Eso ha desatado otro gran debate: si los responsables de las políticas económicas pueden o no pergeñar un “aterrizaje suave” para la economía global. La Fed y otros bancos centrales sostienen que podrán aumentar tipos lo suficiente como para hacer bajar la tasa de inflación a su meta del 2% sin causar una recesión. Pero yo y otros muchos economistas dudamos de que este escenario Ricitos de Oro –una economía que no está ni demasiado caliente ni demasiado fría– se pueda lograr. El grado de ajuste de la política monetaria que hace falta inevitablemente provocará un aterrizaje forzoso, traducido en una recesión y un paro más alto.

Como los shocks estanflacionarios reducen el crecimiento y aumentan la inflación a la vez, confrontan a los bancos centrales con un dilema. Si su mayor prioridad es combatir la inflación e impedir que se desanclen peligrosamente las expectativas de inflación (una espiral de salarios y precios), deben eliminar gradualmente sus políticas expansionistas poco convencionales y aumentar los tipos de interés a un ritmo que probablemente causaría un aterrizaje forzoso. Pero si su principal prioridad es sustentar el crecimiento y el empleo, necesitarían normalizar la política más lentamente y correr el riesgo de que se desaten las expectativas de inflación, preparando el escenario para una inflación persistente por encima del objetivo.

Un escenario de aterrizaje suave por lo tanto se asemeja a una expresión de deseo. Por ahora, el aumento de la inflación es lo suficientemente persistente para que sólo un ajuste importante de las políticas pueda retrotraerla al objetivo. Si tomamos como referencia los episodios de alta inflación previos, coloco la probabilidad de un aterrizaje forzoso en el lapso de dos años en más del 60%.

Pero hay un tercer escenario posible. Los responsables de las políticas monetarias hablan mucho hoy sobre combatir la inflación para evitar el riesgo de que se desmadre. Pero eso no significa que llegado el caso no den un paso atrás y permitan que la tasa de inflación aumente por encima del objetivo. Considerando que alcanzar el objetivo muy probablemente exija un aterrizaje forzoso, podrían terminar aumentando los tipos y luego echarse atrás una vez que ese escenario se vuelva más factible. Asimismo, como hay tanta deuda privada y pública en el sistema (348% del PIB a nivel global), las alzas de las tasas de interés podrían desatar una fuerte caída adicional en los mercados de bonos, acciones y crédito, dándoles a los bancos centrales una razón más para dar marcha atrás.

Fuerzas opuestas

En pocas palabras, el esfuerzo de combatir la inflación fácilmente podría hacer colapsar la economía, los mercados o ambos. Una dosis modesta de ajuste de los bancos centrales ya ha sacudido a los mercados financieros: índices bursátiles clave se acercaron a territorio bajista (una caída del 20% con respecto a picos recientes), los rendimientos de los bonos subieron y los diferenciales de crédito se ampliaron. Sin embargo, si los bancos centrales ahora se acobardan, el desenlace se asemejará a los años 1970 estanflacionarios, cuando una recesión estuvo acompañada de una alta inflación y de expectativas inflacionarias desancladas.

¿Qué escenario es más probable? Todo depende de una combinación de factores inciertos, que incluyen la persistencia de la espiral de precios y salarios, el nivel al que deben aumentar los tipos para controlar la inflación (creando holgura en los mercados de bienes y de trabajo) y la voluntad de los bancos centrales de infligir un dolor a corto plazo para alcanzar sus metas de inflación. Asimismo, todavía está por verse qué curso tomará la guerra en Ucrania y qué efecto tendrá en los precios de las materias primas. Lo mismo es válido para la política de Covid cero de China, con su efecto en las cadenas de suministro, y para la corrección actual de los mercados financieros.

La evidencia histórica demuestra que un aterrizaje suave es altamente improbable. Eso deja la posibilidad de un aterrizaje forzoso y un retorno a una inflación más baja, o de un escenario estanflacionario. Como sea, una recesión en los próximos dos años es probable.


Buen fin de semana.

Comentario de mercado viernes 27 de Mayo

El movimiento más agresivo estos días está siendo el del eurodólar, el euro se ha visto favorecido desde la semana pasada por el tono más “hawkish” de varios miembros del Banco Central Europeo. Entre ellos Villeroy, que comentaba que un Euro débil no es del agrado del BCE, y que lo monitorizan de cerca. Knot abría la puerta a una posible subida de 50 puntos básicos en la próxima reunión del BCE si los datos lo justificaban, comentario tras el cual el mercado comenzaba a descontar hasta un 1% de subida de tipos de aquí a final de año, y Rehn indicaba que la primera subida podría ser en verano. Este lunes, como comentaré más adelante, además Lagarde apuntaba a salir de tipos negativos a finales del tercer trimestre de 2022. Todo esto hacia que las expectativas de subidas de tipos se incrementasen hasta 10 subidas para este año, cuando hace dos meses estaban tan solo en 5 subidas.

Eurodólar últimos 5 años.

Ayer en Estados Unidos los mejores resultados de las compañías de comercio minorista (retailers), Macy´s +18%, Dollar Tree +21%, Nordstrom +5%, Ralph Lauren +5%…, suavizaban los temores sobre el consumo generados por los profit warnings de la semana pasada en compañías como Walmart o Target, lo que contribuiría a que Wall Street se pueda anotar su primera subida semanal tras siete consecutivas de recortes. También han tenido una evolución positiva los resultados de tecnológicas chinas (Alibaba, Baidu). Asimismo, se aprecia cierta menor aversión al riesgo, por ejemplo, en el mercado del crudo y en el dólar, el Brent +17% en las últimas dos semanas, hasta 117 dólares por barril apoyado por el inicio de la “driving season” y una positiva evolución de inventarios, mientras que el dólar se deprecia un 4% hasta 1,08 dólares por euro en el mismo período.

Precio del Brent últimos 12 meses.

Estas semanas vuelve un poco de sentido común a los mercados y ha vuelto a recuperarse la correlación entre las Bolsas y los bonos, en las últimas dos semanas, las rentabilidades de los bonos soberanos han sido significativamente más bajas a medida que las bolsas han continuado cayendo (S&P -15% en el 2022). Mientras tanto, las expectativas de tipos en Estados Unidos se han mantenido bastante estáticas durante todo el mes en torno al 2,7 % para diciembre de este año.

Los mercados continúan preocupados con la posibilidad de una recesión en el próximo año. Los datos de vivienda de Estados Unidos sugieren que los tipos de interés-hipotecas más altas están comenzando a mermar la confianza en el sector. En el Reino Unido, la confianza del consumidor cayó al nivel más bajo desde que comenzó la encuesta (GfK) en 1974. En cuanto a Europa, las matriculaciones de automóviles cayeron un 21% interanual en abril, extendiendo la caída de marzo.

Para el consumidor, una combinación de aumento de los tipos y los precios de los alimentos y la energía están mermando la demanda. Sin embargo, los ahorros acumulados durante Covid sugieren que el pánico puede ser exagerado. Los datos del mercado laboral del Reino Unido mostraron otra caída en la tasa de desempleo al 3,7% con más vacantes que desempleados en el país. En la otra cara de la moneda, la semana pasada los datos de inflación en el Reino Unido sorprendieron con su aumento del 9% interanual, pero esto no fue peor de lo esperado, con tres cuartas partes del aumento explicado por el aumento de los precios del gas y la electricidad.

El euro ha recuperado terreno frente al dólar esta semana después de un discurso más agresivo de lo esperado de Christine Lagarde que luego comentaré, y del mínimo de los últimos 5 años (1,038) y cuando algunos bancos de inversión hablar de paridad, el euro se ha ido al 1,08.

Eurodólar últimos 5 años.

El DXY (Us Dollar Index) cotiza a estos precios con un 27% de prima vs PPP (Purchasing Power Parity) según BCA Research.

La última vez que vimos este exceso de valoración fueron los años 80. Las posiciones especulativas en dólar siguen en la parte alta del rango. El eurodólar ya refleja muy bien el diferencial de tipos Alemania frente a Estados Unidos.

De ahí que esta semana estemos viendo un rebote del euro desde ese soporte del 1,04, aunque el 12 de Mayo hizo un mínimo de 1,038 no terminó de romper ese suelo con claridad.

Las autoridades Chinas intentan, como pueden, estimular el crecimiento económico del país, que se resiente por la caída del consumo mundial, los altos precios y los confinamientos selectivos en algunas de las grandes ciudades chinas. Muchos valores asociados a tecnología e internet sufren y la mayoría de los analistas rebajan las previsiones de crecimiento para la región. La preocupación general es si las condiciones macroeconómicas son lo suficientemente buenas o no y son muchos los que hablan abiertamente ya de un deterioro de estas. En el mercado se siguen viendo revisiones a la baja del crecimiento esperado para 2022 en China, +3% según UBS (anterior +4,2%) y +3,7% para JP Morgan (frente al +4,3% que esperaba antes), ante la previsión de que los estímulos que pueda adoptar el gigante asiático, tanto monetarios como fiscales, sean insuficientes para compensar el impacto negativo de los confinamientos para frenar el Covid. El objetivo del gobierno chino (+5,5%) queda cada vez más lejos.

                               Shanghai Shenzhen CSI 300 index desde Enero del 2021.          

BlackRock ha bajado esta semana su recomendación sobre Renta Variable de mercados desarrollados de sobreponderar o Comprar a Neutral, bajan Europa, Estados Unidos y Japón de Comprar a Neutral.  Lo que puede ser interpretado como una señal de Capitulación.

“We downgrade DM stocks to neutral due to uncertainty over policy amid a worsening macro picture. Their appeal relative to bonds has also diminished. The risk has risen that central banks slam the policy brakes as they focus solely on inflation without fully acknowledging the high costs to growth and jobs. We cut U.S. equities to neutral. The Fed’s hawkish pivot has raised the risk that markets see rates staying in restrictive territory. The year-to-date selloff partly reflects this, yet we see no clear catalyst for a rebound. We cut European equities to neutral as the fresh energy price shock in the aftermath of the tragic war in Ukraine puts the region at risk of stagflation”.

https://www.blackrock.com/us/individual/insights/blackrock-investment-institute/weekly-commentary

Algunos indicadores de sentimiento de mercado indican que las Bolsas todavía podrían corregir más, con lo que al mercado todavía le puede quedar una caída adicional del 10%-15%.

Importante esta semana:

El miércoles se publicaron las Actas de la Fed que no depararon sorpresas al telegrafiar subidas de 50 puntos básicos en las reuniones de junio y de julio, evitando la opción más agresiva de subir 75 puntos básicos, advirtiendo algunos miembros que sería necesario una política restrictiva.

Esta semana, desde el punto de vista macroeconómico, lo más importante en Europa fueron los PMIs que se publicaron el martes, se publicaron los PMI preliminares de mayo, registrando un deterioro generalizado: en la Eurozona, compuesto (54,9 vs 55,1e vs 55,8 anterior), manufacturero (54,4 vs 54,7e vs 55,5 anterior) y de servicios (56,3 vs 57,4e vs 57,7 anterior); en Alemania, compuesto (54,6 vs 53,9e vs 54,3 anterior), manufacturero (54,7 vs 54e vs 54,6 anterior) y de servicios (56,3 vs 57,1e vs 57,6 anterior); en Francia, compuesto (57,1 vs 56,9e vs 57,6 anterior), manufacturero (54,5 vs 55,2e vs 55,7 anterior) y de servicios (58,4 vs 58,5e vs 58,9 anterior); en Reino Unido, compuesto (51,8 vs 56,5e vs 58,2 anterior), manufacturero (54,6 vs 55e vs 55,8 anterior) y de servicios (51,8 vs 57e vs 58,9 anterior). En EE.UU. también se publicaron cifras del PMI preliminar de mayo, también con retrocesos respecto al mes anterior: compuesto (53,8 vs 55,7e y 56 anterior), manufacturero (57,5 vs 57,7e vs 59,2 anterior) y de servicios (53,5 vs 55,2e vs 55,6 anterior).

Ayer se revisó a la baja el crecimiento del PIB en Estados Unidos. Dato negativo al confirmarse que la contracción de la actividad fue más intensa de lo publicado anteriormente, siendo que el PIB cayó un -1,5% trimestral anualizado, una décima peor que la primera publicación. Por el lado más positivo, la lectura de los componentes del PIB sigue mostrando fortaleza de la demanda interna, dado que esta caída del PIB se debió a un peor comportamiento del sector exterior e inventarios, mientras que los datos de consumo privado se han revisado al alza, mostrando que el gasto del consumidor avanzó a ritmos del +3,1% trimestral anualizado frente al +2,7% anterior. Por otra parte, las peticiones semanales de desempleo bajaron hasta las 210 mil en la semana del 21 de mayo desde las 218 mil registradas en la semana anterior, según los datos publicados por el Departamento de Trabajo estadounidense. Esta cifra sigue confirmando la fortaleza del empleo. En el sector inmobiliario siguen los datos negativos, las ventas de viviendas pendientes fueron negativas en abril con una nueva caída del -11,5% interanual, tras haber caído un -9,2% en el mes anterior.

Este lunes la presidente del Banco Central Europeo, Christine Lagarde , anunció que el BCE subirá tipos por primera vez desde el 2011 en Julio y otra segunda vez en Septiembre. Lagarde indicó que la política monetaria seguirá ajustándose hasta alcanzar el “tipo de interés neutral”. Bloomberg Economics estima que ese tipo de interés neutral para la zona euro está en el 1,5%. Bloomberg Economics espera que el BCE suba los tipos 25 puntos básicos en Julio otros 25pbs en Septiembre y otros 25pbs en Diciembre. “I expect net purchases under the APP to end very early in the third quarter. This would allow us a rate lift-off at our meeting in July, in line with our forward guidance. Based on the current outlook, we are likely to be in a position to exit negative interest rates by the end of the third quarter.»

Ni las restricciones sanitarias a la economía, ni la interrupción de las cadenas de suministros ni la escalada de la inflación habían conseguido impactar en una economía internacional que hasta finales de 2022 mantenía una velocidad de crucero, impulsada por la liberación de la demanda embalsada durante el confinamiento, la progresiva reapertura de la actividad y la confianza infundida por la vacuna, pero la invasión de Ucrania ha dado al traste con todo ello, provocando un frenazo súbito y generalizado de las economías desarrolladas en el arranque del año. El PIB de los países desarrollados apenas creció un 0,1% en el primer trimestre del año, con respecto al trimestre anterior, lo que supone una parada en seco de la actividad después de registrar un crecimiento del 1,2% entre octubre y diciembre que es, asimismo, el avance medio registrado en los tres trimestres precedentes y el peor dato desde el estallido de la crisis del coronavirus hace dos años. Y, lo que es peor, algunas de las principales economías del mundo, como Estados Unidos, Japón o Italia, están en retroceso, mientras que Francia y Países Bajos se encuentran estancadas, lo que impide que la demanda procedente de los principales mercados tire de las exportaciones en el resto de los países.

El PIB de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se frenó al 0,1% entre enero y marzo, la doceava parte del avance registrado en el trimestre anterior. Sin embargo esta ralentización ha sido muy heterogénea, ya que hay varios países que han entrado en retroceso. Las principales caídas en el primer trimestre se han producido en Noruega (con un descenso del 1% entre enero y marzo), Chile (0,8%) y Costa Rica (0,5%). Sin embargo, quizá el dato más significativo es el de Estados Unidos, debido a su elevado peso en la economía mundial (casi una cuarta parte del total). Así, la economía del gigante americano ha pasado de crecer un 1,7% al cierre del año pasado a caer un 0,4% en el arranque de este ejercicio. También Japón e Italia han dado la vuelta al crecimiento registrado en el cuarto trimestre de 2021 para caer un 0,2% en el primer trimestre del ejercicio actual, mientras que Francia y Países Bajos se han estancado. Y todo ello supone un fuerte freno a la economía mundial, dado que estos cuatro países estaban creciendo a un ritmo de hasta un 1% al cierre del año pasado.

Sin embargo, el frenazo ha sido generalizado, también en aquellos países que siguen creciendo, aunque sea tímidamente, como sucede en la mayor parte de las economías. De los 28 países para los que se dispone de datos, apenas seis ganan impulso en los últimos tres meses. Se trata de Portugal, Austria, Hungría, Letonia, México y Alemania. No obstante, hay que tener en cuenta que se trata de casos excepcionales, ya que la tendencia general es a la baja, y que son economías con un peso muy escaso en la economía global, con la gran excepción de Alemania. Sin embargo, la locomotora europea apenas crece un 0,2%, insuficiente como para compensar el retroceso del 0,3% achacable a la variante Ómicron al cierre del año pasado. y apenas seis países mantienen un avance igual o superior al 1,2%, que era la tónica general hasta el año pasado, encabezados por Portugal (2,6%) y Austria (2,5%).

La desaceleración de las economías desarrolladas tiene su origen en la fuerte inflación, que ha laminado el consumo, el golpe al comercio internacional provocado por la guerra en Ucrania y la incertidumbre, agravada por este conflicto. Todo ello ha causado un frenazo súbito en las economías desarrolladas del que será difícil recuperarse en el corto plazo, debido a que los países de la OCDE representan el 60% de la economía mundial. Por lo tanto, la caída de la demanda de este grupo de países, aunque sea puntual, tendrá un gran impacto sobre las inversiones y las exportaciones del resto de países, incluso aquellos que han evitado el boicot a Rusia, como es el caso de China.

Putin vincula las exportaciones de cereales a que se eliminen las sanciones de Occidente. El Kremlin emitió ayer un comunicado tras la conversación entre Putin y Draghi donde aseguran estar dispuestos a hacer una contribución significativa para paliar la crisis alimentaria, retomando las exportaciones de cereales al resto del mundo. Según Moscú, el gobierno en Kiev y las sanciones de Occidente han sido los causantes de este parón de exportaciones que, según la Casa Blanca, están provocando el aumento de la hambruna mundial. La llamada de Draghi tenía como objetivo el desbloqueo del grano en los puertos de Ucrania, donde se almacenan buena parte de los cereales en silos.

Esta semana, la élite mundial se ha reunido de nuevo en Davos, tras una pausa de dos años por la pandemia, para asistir al Foro Económico Mundial. La conversación girará en torno a la desglobalización y sus descontentos. Según el Financial Times los titulares girarán en torno a que el desacoplamiento entre China y Estados Unidos es insostenible, que el libre comercio siempre funciona tal y como David Ricardo pensó que lo haría, y que a menos que volvamos al statu quo del neoliberalismo de mediados de los 90, nos espera la perdición.

Es cierto que el episodio de globalización más reciente generó más riqueza de la que el mundo ha conocido jamás. Lamentablemente, como ha señalado el economista Dani Rodrik, por cada dólar de aumento de la eficiencia comercial, suele haber 50 dólares (46 euros) de redistribución hacia los ricos. Las consecuencias económicas y políticas de ello son el motivo principal de que nos encontremos en un periodo de desglobalización.

Académicos y responsables políticos siguen debatiendo si la disociación es posible incluso cuando las cadenas de suministro se están volviendo rápidamente más regionales y locales. Deberían salir de su torre de marfil y hablar con más ejecutivos y líderes laborales. Mientras los economistas debaten sobre lo “posible”, las empresas no hacen más que enfrentarse a la nueva realidad de un mundo posneoliberal, adaptándose de forma creativa y, en algunos casos, incluso potenciando el crecimiento.

Los mercados emergentes de Latinoamérica, África y Asia, por ejemplo, están construyendo redes de producción regionales para bienes cruciales. En última instancia, esto podría crear vías de comercio más resistentes y nuevos modelos de desarrollo que no estén totalmente ligados a la exportación de productos baratos a un puñado de naciones ricas a través de largas rutas de transporte que son cada vez más caras y políticamente controvertidas.

En casi todas partes, las tecnologías descentralizadas y el big data están permitiendo un aumento de la producción “local para el consumo local”, algo que también puede acabar siendo bueno para el planeta. La fabricación aditiva es otro de los grandes temas de la agenda de Davos. Las casas impresas en 3D, por ejemplo, están surgiendo no sólo como una solución de vivienda rápida en zonas devastadas, sino en países ricos como Estados Unidos como una posible solución a la inflación de los alquileres.

En resumen, el mundo posneoliberal no es del todo malo ni del todo bueno, simplemente es distinto. Y, sobre todo, es más bien un reflejo de las realidades sobre el terreno. Uno de los grandes mitos del comercio del laissez-faire es que la política y los valores culturales no importan, si dos países pueden comerciar juntos, ambos serán siempre más ricos y estarán mejor, y punto. Es el clásico tropo ricardiano, pero ni siquiera el propio Ricardo se lo creía del todo.

No sólo no imaginó la tecnología que permitiría externalizar cadenas de producción enteras (en lugar de las materias primas para productos terminados, que era lo normal en 1817), sino que creía que “la mayoría de los hombres adinerados se contentarían con una baja tasa de beneficios en su propio país, en lugar de buscar un empleo más ventajoso para su riqueza en naciones extranjeras”. Está claro que nunca estuvo en Davos. No hay que fomentar el nacionalismo. Pero sí cuestionar la creencia económica convencional. Consideremos el debate en torno a la fabricación, otro tema del Foro Económico Mundial. Muchos economistas señalan que la industria manufacturera representa una proporción pequeña y decreciente de los puestos de trabajo en los países ricos y también en muchos pobres. Los países deberían desprenderse del trabajo en las fábricas a medida que ascienden en la cadena alimenticia hacia los servicios. Pero, como sabe cualquier persona del mundo empresarial, estos sectores siempre han estado más interrelacionados de lo que indican los datos del empleo, y esa relación se está estrechando mucho más en nuestra era.

Los estudios muestran que empresas de todo tipo con un fuerte peso del conocimiento tienden a surgir con más frecuencia en los centros industriales, impulsando niveles más altos de crecimiento en los países que las crean. El cambio en curso a nuestra siguiente etapa de desarrollo digital, desde el Internet de los consumidores al “Internet de las cosas”, inyectará esteroides en esta tendencia. Como los datos viven en los productos manufacturados, ya no existe una línea divisoria entre el trabajo de fábrica y el trabajo del conocimiento.

Pensemos en algo tan sencillo como un neumático de automóvil. A medida que los vehículos se vuelven autónomos, el neumático se convierte en el nodo clave de recopilación de información entre la carretera y el coche, monitorizando las condiciones, rastreando el movimiento, etc. Empresas como Bridgestone, Pirelli o Michelin, entre otras, están incorporando sensores en sus productos para recoger estos valiosos datos, que serán analizados por un gran número de empresas e industrias, creando negocios y puestos de trabajo totalmente nuevos que aún no podemos imaginar. ¿A quién pertenecen estos datos? Probablemente, a las empresas y países que fabrican los productos.

Esto no es un argumento a favor de los aranceles o de la sustitución de las importaciones, ni siquiera de la política industrial (aunque no estoy en contra de esta última). Es más bien un alegato a favor de un razonamiento un poco más inductivo a la hora de pensar en nuestro orden económico emergente. Demasiado a menudo tendemos a caer en la vieja forma de pensar porque todavía no hay una teoría de campo unificada para nuestro nuevo mundo. Eso no hace que los modelos anticuados funcionen mejor.

La globalización no es inevitable, a pesar de lo que nos dijeron los políticos en los años 90. Para que cualquier economía política funcione, tiene que servir a las necesidades domésticas. Los cambios que estamos experimentando hoy en día conllevan tanto retos como oportunidades. En ese sentido, la desglobalización no es muy diferente de lo que hubo antes.

Los precios de la vivienda en España continúan subiendo el primer trimestre del año por séptimo trimestre consecutivo. En el primer trimestre del año los precios de las viviendas han subido un 2,40% frente a la subida del 2% del 4T21. Es la mayor subida intertrimestral desde Junio del 2006.


La Fed debe actuar ya para alejar la amenaza de la estanflación. Martin Wolf

¿Va a producirse una recesión en Estados Unidos y en otras importantes economías? Como es natural, esta pregunta ha surgido entre los participantes en la reunión este año del Foro Económico Mundial en Davos. Sin embargo, se trata de una pregunta equivocada, al menos en el caso de Estados Unidos. La correcta es si estamos entrando en una nueva era de inflación más alta y crecimiento débil, similar a la estanflación de la década de 1970. Si es así, ¿qué puede significar?

Las similitudes son evidentes entre el actual repunte “por sorpresa” de la inflación hasta niveles no vistos en cuatro décadas y aquella era, en la que la inflación también supuso una sorpresa para casi todo el mundo, excepto para los monetaristas. Esa época estuvo igualmente caracterizada por la guerra: la del Yom Kippur de 1973 y la invasión de Irán por Irak en 1980. Estas guerras también provocaron saltos en los precios del petróleo, que redujeron los ingresos reales. EEUU y otras economías de altos ingresos vivieron casi una década de alta inflación, crecimiento inestable y mercados bursátiles débiles. A lo que siguió una fuerte desinflación con Paul Volcker al frente de la Reserva Federal, y el giro de Reagan-Thatcher hacia el libre mercado.

En este momento, pocos prevén algo similar. Pero hace un año pocos esperaban el actual repunte de la inflación. Ahora, como en los años 1970, se achaca el aumento de la inflación a los shocks de oferta provocados por acontecimientos inesperados. Entonces, como ahora, eso formaba parte del panorama. Pero el exceso de demanda hace que los shocks de oferta se conviertan en una inflación sostenida, a medida que la gente se esfuerza por mantener sus ingresos reales y los bancos centrales tratan de mantener la demanda real. Esto lleva entonces a la estanflación, ya que la gente pierde su fe en una inflación estable y baja, y los bancos centrales carecen del valor necesario para restaurarla.

Pero ahora los mercados no esperan ese desenlace. Es cierto que se ha producido una caída del mercado bursátil estadounidense. Sin embargo, según los valores históricos, sigue estando muy caro: la ratio precio/beneficio ajustada al ciclo de Robert Shiller sigue estando en niveles sólo superados en 1929 y a finales de los años 1990. A lo sumo, es una leve corrección de los excesos que el mercado bursátil necesitaba. Los mercados esperan que los tipos de interés a corto plazo estén por debajo del 3%. Las expectativas de inflación, que refleja la diferencia entre la rentabilidad de los bonos del Tesoro convencionales y los indexados, incluso han caído algo últimamente, hasta el 2,6%.

Por eso, la Fed debería estar encantada. Los movimientos en los mercados indican que su visión del futuro, una leve desaceleración desencadenada por un ligero ajuste que lleve a una rápida desinflación hacia el objetivo, es ampliamente compartida. Hace sólo dos meses, la previsión media de los miembros de la Junta de Gobernadores de la Fed y los presidentes regionales para 2023 indicaba un crecimiento del PIB del 2,2%, una inflación subyacente del 2,6%, un desempleo del 3,5% y un tipo de interés de los fondos federales del 2,8%.

Se trata de una desinflación inmaculada, pero no es probable que ocurra nada parecido. La oferta estadounidense se ve limitada sobre todo por el exceso de empleo, como señalé hace unas semanas. Mientras tanto, la demanda nominal se ha expandido a un ritmo vertiginoso. La media a dos años del crecimiento de la demanda nominal (que incluye el año 2020, con el golpe del Covid) ha sido superior al 6%. En el primer trimestre de este año, la demanda nominal creció más del 12%.

Subida de precios inevitable

El crecimiento de la demanda interna nominal deriva, aritméticamente, del aumento de la demanda de bienes y servicios reales y del incremento de sus precios. En consecuencia, si la demanda nominal se expande mucho más rápido de lo que puede hacerlo la producción real, la inflación es inevitable. En el caso de una economía tan grande como la estadounidense, el aumento de la demanda nominal también afectará a los precios de los suministros procedentes del extranjero. El hecho de que los responsables políticos de otros países hayan seguido políticas similares reforzará esta situación. Es cierto que la recesión inducida por el Covid creó un significativo margen, pero no en esta medida. El shock negativo de oferta por la guerra de Ucrania ha empeorado todo esto.

Sin embargo, no podemos esperar que este rápido crecimiento de la demanda nominal se ralentice hasta el 4%, aproximado, que es compatible con un crecimiento económico potencial y una inflación en el entorno, ambos, del 2% anual. El crecimiento de la demanda nominal es muy superior al de los tipos de interés. No sólo ha alcanzado tasas que no se veían desde la década de 1970, sino que la brecha con el tipo de interés a diez años es mucho mayor que entonces.

¿Por qué tendría miedo la gente que ve crecer sus ingresos nominales a esas tasas de pedir grandes préstamos a bajos tipos de interés, sobre todo cuando muchos tienen balances reforzados por las ayudas entregadas durante el Covid? ¿No es mucho más probable que el crecimiento del crédito y, por tanto, la demanda nominal se mantengan fuertes? Consideremos esto: aunque el crecimiento anual de la demanda nominal se desplomase al 6%, implicaría una inflación del 4%, no del 2%.

La combinación de políticas fiscales y monetarias aplicadas en 2020 y 2021 encendió un fuego inflacionista. La creencia de que estas llamas se apagarán con un modesto movimiento de los tipos de interés y sin que aumente el desempleo es demasiado optimista. Supongamos que esta lúgubre perspectiva es correcta. Entonces la inflación caerá, pero quizá sólo hasta el 4% aproximadamente. Una inflación más alta se convertiría en la nueva normalidad. La Fed tendría en tal caso que actuar de nuevo o abandonar su objetivo, desestabilizando las expectativas y perdiendo credibilidad. Se abriría un ciclo de estanflación, fruto de la interacción entre los shocks y los errores cometidos por los responsables de la política fiscal y monetaria.

Las ramificaciones políticas son inquietantes, sobre todo teniendo en cuenta que hay un gran exceso de populistas locos. Pero las conclusiones políticas también son claras. Si los años 1970 nos enseñaron algo, es que el momento de frenar un repunte inflacionista es al principio, cuando las expectativas aún están del lado de los responsables políticos. La Fed tiene que reiterar que está decidida a reducir el crecimiento de la demanda a tasas coherentes con el crecimiento potencial de EEUU y el objetivo de inflación. Además, no basta con decirlo. También debe hacerlo.


Lagarde: un mensaje claro que genera dudas. Andrés Stumpf.

Las compras de deuda acabarán el 1 de julio. El 21 de ese mismo mes, el Banco Central Europeo (BCE) acometerá la primera subida de tipos en 11 años, para dejar la tasa de depósito en el -0,25%. Pero aún hay más. El 8 de septiembre, el precio del dinero volverá a elevarse hasta el 0%, abandonando los niveles negativos en un movimiento.

La hoja de ruta anunciada es cristalina. El BCE, a través de su presidenta, Christine Lagarde, ha telegrafiado completamente sus próximos pasos, algo sin precedentes en el pasado cercano. Salvo cambio mayúsculo en el contexto macroeconómico, la suerte monetaria está echada para los próximos cinco meses.

La sorpresa entre los expertos en política monetaria ha sido mayúscula. No tanto por las subidas de tipos en sí, que hace ya tiempo que se barajaban en el escenario base de una gran parte de las casas de análisis, sino por la forma y los tiempos elegidos para lanzar una comunicación de semejante calibre.

A través de un blog que hasta la fecha había servido sobre todo para aclarar o desarrollar las decisiones y no para lanzar nuevos anuncios, Lagarde ha dado carpetazo a las reuniones y los debates un lunes por la mañana, sin previo aviso y sin una rueda de prensa posterior.

Resulta especialmente llamativo el momento elegido para hacerlo, a poco más de dos semanas para que se celebre la reunión tradicional de política monetaria que hubiera contado con la votación y el debate de los banqueros centrales y con la cobertura mediática habitual.

Es lo más parecido que hemos visto a una decisión monetaria entre reuniones. Da una sensación total de urgencia”, señalan fuentes financieras.

Pese a la claridad del BCE, la forma elegida para actualizar la nueva hoja de ruta está llena de un auténtico reguero de dudas.

¿Qué ha cambiado en los últimos días para no poder esperar dos semanas a la cumbre tradicional? ¿Conoce el BCE algún dato al que no tiene acceso el público general y que ha hecho necesaria esta urgencia?

Movimiento inusual

Es habitual que a través de los discursos, comunicados y entrevistas, los miembros del BCE vayan formando expectativas y ofrezcan cierta guía sobre sus decisiones futuras. Sin embargo, lo vivido el lunes va mucho más allá. Tras años de reuniones en los que apenas cambiaban unas cuantas palabras del discurso que había que desencriptar para entender el viraje, recibir la receta de la política monetaria de los próximos cinco meses de imprevisto bien merece una buena explicación.

La presidenta del BCE justifica este movimiento inesperado antes de la reunión señalando que “conforme se acerca la fecha de la esperada subida de tipos, se hace más importante clarificar el camino de la normalización que tenemos por delante, especialmente dado el complejo entorno que la política monetaria está afrontando en el euro”.

A todas luces, una argumentación parcial, pues pese a que es obvio que cada día que pasa se acerca más y más el momento en el que el precio del dinero volverá a subir en la zona euro, nada habría cambiado haber esperado dos semanas para comunicarlo en la cumbre que se celebrará en Amsterdam.

Solamente bajo la idea de que la publicación de las nuevas proyecciones macroeconómicas, que se darán a conocer en la cumbre de junio, revelen una revisión brutal al alza de la inflación esperada a medio plazo se entendería este inusual movimiento de adelantar la decisión. De nuevo, la claridad del discurso de Lagarde choca con las dudas que genera su forma y los miedos de las sorpresas que podrían haberlo motivado.

Aquella famosa frase de Mario Draghi en 2012 “nunca nos comprometemos con antelación”, que siempre fue una verdad a medias, no puede estar más alejada hoy de la realidad del BCE de Lagarde, por más que siempre quede la coletilla de que las decisiones están sujetas a la evolución de los datos.


Buen fin de semana.

Comentario de mercado viernes 13 de Mayo

Después de varias sesiones de fuertes caídas de los mercados ayer las Bolsas americanas se tranquilizaron después de que el presidente de la Fed, Jerome Powell, se pronunciase en contra de subidas agresivas de tipos, entendiéndose por agresivas subidas de 75 puntos básicos, volviendo a defender la idea de subidas de 50 puntos. En el mercado se mantiene el temor a una excesiva ralentización del ciclo económico, especialmente patente ayer en las rentabilidades de los bonos soberanos que caían con fuerza (Bono americano a 10 años -7pb  a 2,85% y alemán, Bund, -15pb a 0,84%).

Se incrementa asimismo la tensión geopolítica tras la petición de Finlandia de incorporación inmediata a la OTAN, con Moscú amenazando con “represalias militares”. Por el momento, Rusia cortó ayer el gasoducto Yamal con Polonia, precio del gas llegó ayer a subir +20%. El precio del petróleo Brent sube hoy un 2% a 109 dólares por barril. En este entorno de dudas sobre el crecimiento y continuidad de las presiones inflacionistas, el dólar intensifica su carácter refugio, llegando a situarse por debajo de 1,04 dólares por euro, lo que supone una apreciación del 9% en 2022 y del 16% desde principios de 2021.

Euro/Dólar desde Enero del 2015 (hemos hecho nuevos mínimos del euro en 1,0380 por debajo del 1,0385 que hizo en Diciembre del 2016)

El índice tecnológico americano, el Nasdaq 100, lleva una caída en el año del 27%, y empieza a ser llamativo el múltiplo al que cotiza el sector tecnológico, mirando los últimos 10 años y usando un múltiplo PER sobre los beneficios esperados para el 2023. El Nasdaq Composite cotiza por primera vez en la historia con descuento frente al S&P 500, ha desaparecido totalmente la prima de valoración con la que siempre ha cotizado el Nasdaq frente al S&P y el Dow Jones, frente al Dow Jones Industrial cotiza incluso con descuento.

PER 2023 esperado NASDAQ COMPOSITE (línea blanca) y S&P500 (verde)

PER relativo Nasdaq Composite vs S&P500

PER 2023 esperado NASDAQ COMPOSITE (línea verde) y DOW JONES (blanca)

PER relativo Nasdaq Composite vs DOW JONES

Como digo, en las últimas sesiones las Bolsas han tenido una racha bajista que llegó a ser de más del 10% en índices como el Nasdaq en las tres sesiones anteriores al martes y del 20% desde principios de abril. Los nervios están a flor de piel. El índice de miedo y codicia de la CNNha llegado a miedo extremo, lo que suele ser un indicador de que el suelo está cerca y que puede ser buen momento de invertir.

Si miramos su correlación con el S&P 500, tradicionalmente momentos de miedo extremo han constituido, en el largo plazo, puntos interesantes de entrada, y en muchos casos ha coincidido con los mínimos de las bolsas. Pero no hay que olvidar que el pesimismo en los mercados puede continuar más tiempo. Aún se tienen que dar algunos hitos para que los fundamentales vuelvan a ser el foco de los mercados, como ver un punto de inflexión en la inflación. La Bolsa española y europea cotizan a valoraciones muy atractivas (PER estimado para 2022 de 11 veces y 10 veces para 2023). Nadie sabe si va a seguir cayendo la Bolsa en el corto plazo, pero históricamente las valoraciones actuales son un excelente punto de partida para obtener retornos de doble dígito anual con un horizonte temporal superior a los 3 años.

Los indicadores de sentimiento muestran extremo pesimismo y también los de posicionamiento real. UBS elabora uno que combina flujos de fondos, mercados de opciones y futuros, diferenciales crediticios, posicionamiento de hedge funds, otras estrategias cuantitativas y comportamiento relativo de los mercados y sectores . Está en niveles que históricamente han marcado puntos de fuerte rebote de las bolsas, aunque puede tardar aún algunas semanas en producirse.

En cuanto a las Bolsas, las valoraciones parecen más atractivas en general, ya que el ratio precio/beneficio a 12 meses del índice MSCI All Country World ha descendido a 15,5 veces, coincidiendo aproximadamente con la media de los últimos 20 años.

Fuente: PICTET.

Otro indicador clave va a seguir siendo la rentabilidad del bono a 10 años en Estados Unidos, que marca la pauta en los mercados desde otoño. Hace falta que se instale por debajo del 3% y que se estabilice para que pueda haber un rebote bursátil consistente. Como digo, para ver una subida de las Bolsas será clave encontrar el techo de la inflación, para lo cual habrá que vigilar la evolución de los precios energéticos, ojo a la propuesta de embargo al crudo ruso por parte de la UE que proponen esta semana, y de los salarios, especialmente en Estados Unidos donde hay una situación de pleno empleo. El mercado laboral en Estados Unidos se mantiene ajustado y, pese a algunas divergencias en distintas encuestas, los analistas de Julius Baer no estiman que vaya a hacer que la Reserva Federal (Fed) deje de subir tipos hasta llegar al nivel neutral (2.5%).

En China los confinamientos se están dejando notar en el crecimiento de las exportaciones (+4% en abril frente al +14.5% de marzo), y se suman al hecho de que el resto del mundo está empezando a demandar más servicios que bienes. Las importaciones se mantuvieron planas, aunque muy por encima de lo esperado debido a compras estratégicas de materias primas.

Un dólar estadounidense apreciado está pesando sobre el apetito inversor. Países como Argentina, Turquía y Colombia,  aprovecharon la época de tipos de interés bajos para aumentar su endeudamiento en dólares, lo que les hace vulnerables a la hora de refinanciar la deuda (sobre todo por ocurrir a la vez que un deterioro fiscal, monetario y/o de la balanza de pagos). Méjico sobresale por el lado positivo.  

El S&P 500 ha tenido el peor comienzo de años desde 1939, los inversores tratan de entender cuanto está ya en precio. Las valoraciones son pobres predictores  a corto plazo (la correlación entre el múltiplo precio-beneficio y el comportamiento del precio en los siguientes 12 meses es de tan sólo un 0.1, si bien aumenta al 0.9 en un periodo de 10 años). Como medida relativa, la prima de riesgo extra por estar invertido en renta variable se mantiene por encima de la media histórica y apunta a que la renta variable sigue siendo un refugio válido en tiempos de inflación. El sentimiento inversor está muy deprimido, desde un punto de vista de valoración, la recompensa por estar invertido en renta variable (“earnings yield”) se sitúa en el 5% frente al 3% del activo libre de riesgo (riesgo de crédito). Ese 2% extra está por encima de la media histórica y sería necesaria una caída del 20% en beneficios empresariales para que se situase por debajo de dicha media y del 40% para eliminar dicha recompensa extra por entero. Es decir, sería necesaria una recesión entre moderada y severa, y ni la actual temporada de resultados, ni los modelos macroeconómicos de los principales analistas apuntan en esa dirección. Ahora bien, las valoraciones muestran una dirección a largo plazo, mientras que en el corto plazo la liquidez dirige el movimiento, y los flujos vendedores están llevando a las Bolsas a tener una caída cercana al 20% en lo que llevamos de año.

Desde un punto de vista técnico la renta variable global está rompiendo soportes importantes y, a excepción de Suiza y Reino Unido, la recomendación técnica es bajista en todos los mercados.

Desde Kepler me llega el famoso gráfico de AQR, en el que ha actualizado cómo de barato está VALUE (usando su propia metodología de VALUE; muy distinta a las metodologías tradicionales de MSCI). Está actualmente en percentil 95, niveles que sólo alcanzó a finales de los años 90.

La deuda corporativa europea ha sufrido el mayor retroceso de su historia, ya que el temor a que la inflación elevada se mantenga en el tiempo y la amenaza de una recesión han provocado una salida de los inversores de este mercado. Según un índice de Ice Data Services, la deuda emitida por empresas con mejor calificación de la eurozona ha perdido más del 10% desde el máximo alcanzado hace nueve meses, lo que supone la mayor caída desde al menos el año 2000 para una clase de activos que normalmente se espera ofrezca rendimientos mucho más estables que la renta variable.

La mayor parte del daño se ha debido a las expectativas de que el Banco Central Europeo (BCE) siga el ejemplo de la Fed y suba los tipos de interés para combatir la creciente inflación. El miércoles, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, sugirió la llegada de la subida de tipos en julio.

Esta perspectiva ha afectado a los bonos de todo tipo. Pero el llamado diferencial que ofrece la deuda corporativa, el rendimiento extra en relación con la deuda pública, también ha comenzado a ampliarse, lo que indica que los inversores están preocupados por una inminente ralentización económica que podría afectar a la capacidad de las empresas para hacer frente a su deuda.

La deuda de alto rendimiento emitida por empresas con bonos basura también se ha visto afectada, aunque la venta hasta ahora ha sido menos intensa que la registrada durante las primeras etapas de la pandemia. Según un índice Ice, en lo que va de 2022, los bonos basura europeos han caído un 10% en términos de rentabilidad total. Los diferenciales de estos bonos europeos de alto rendimiento, que indican la percepción de los inversores sobre los riesgos de impago, también han subido hasta situarse en 5,15 puntos, desde los 3,31 puntos porcentuales de principios de año, el nivel más amplio desde julio de 2020. Aun así, algunos inversores se preguntan si es probable que esta relativa resistencia se prolongue, dada la amenaza que supone para la actividad económica el aumento de los precios de la energía.

Importante esta semana:

El miércoles se publicaba el dato de inflación americana de abril que se situó en el 8,3% interanual, por debajo del 8,5% de marzo, pero por encima del 8% esperado por el mercado. De forma similar, la subyacente bajó al 6,2% (vs 6,5% en marzo) por encima del 6% esperado. El retroceso se debe a la energía y los bienes manufacturados de consumo, pero tanto el sector servicios como el sector de la alimentación aceleraron las subidas de precios. Evolución que podría provocar que la caída de la inflación fuera más lenta.

En Europa, los datos finales de IPC de Alemania (7,4% interanual frente al 7,3% anterior, subyacente 3,8% vs 3,4% anterior) no aportaron novedad más allá de confirmar que las presiones en los precios se han extendido a los elementos subyacentes.

La AIE y la OPEP recortaron ayer su estimación de demanda de crudo para este año. Los dos organismos han rebajado su previsión de demanda de crudo por segundo mes consecutivo, en el caso de la OPEP, el organismo ha recortado en 1,34 millones de barriles diarios sus previsiones para el segundo trimestre durante los últimos dos meses. Por su parte, la AIE redujo su previsión de consumo global en 2022 hasta los 99,4 millones de barriles al día, 700.000 barriles diarios menos que en las previsiones de abril.

El miércoles dio una rueda de prensa de Lagarde, en la que además de volver a insinuar que subirían los tipos un +0,25% en la reunión de julio, dejaba la puerta abierta a más subidas de tipos antes de terminar el año. Por otro lado, se filtraba a la prensa que el consejo del BCE estaba estudiando el subir los tipos de interés un cuarto de punto (+0,25%) en tres momentos de este año, con lo que los devolverían a terreno positivo, del -0,50% actual al +0,25%. Esto impactaba ligeramente en la cotización del euro, que llegaba a recuperarse hasta niveles de 1,0557 contra el dólar en la mañana (+0,5%), aunque tras el dato de inflación estadounidense el dólar se fue claramente por debajo del 1,05.

Macron pedía esta semana una «comunidad política europea» para Ucrania y otros países. El presidente francés intervino el lunes en el Parlamento Europeo para proponer una «comunidad política» para países vecinos que no pertenecen a la UE, como Ucrania o Reino Unido. Este nuevo marco tendría como objetivo la cooperación política y económica, aunque englobaría otros ámbitos como la energía y la seguridad. Macron también se refirió a la reforma del tratado europeo y más específicamente al derecho de veto de los países, planteando la sustitución de la unanimidad en la toma de decisiones por la mayoría cualificada.

Tras plantear el veto al petróleo ruso, la Unión Europea está comenzando a trabajar en la próxima gran medida, la confiscación de 300.000 millones de dólares en reservas rusas para ayudar a sufragar la reconstrucción de Ucrania tras la guerra. Además de la asistencia financiera a Kiev, el montante también se destinaría a sufragar los más de 40.000 millones de euros que podría suponer la recepción de refugiados ucranianos para los países miembros de la UE.

En China, se redujeron drásticamente los flujos comerciales como consecuencia de la política de Covid cero de las autoridades. En términos nominales las exportaciones crecieron un +4% interanual, frente al crecimiento del +15% anterior, mientras que las importaciones estuvieron flat (+0% interanual), frente al +11% de hace 2 meses. Cifras que esconden una mayor caída en términos “físicos” ante la alta inflación, especialmente en las materias primas.

El sentimiento inversor de la Eurozona Sentix registró una nueva caída, tanto en su valoración de la situación actual como de expectativas, dando carta de naturaleza al debate sobre la estanflación.

En España por el lado empresarial las compañías del IBEX han comenzado con fuerza 2022 pese a la incertidumbre económica provocada por la invasión rusa de Ucrania y el alza generalizada de los costes. Excluyendo a Acciona, Colonial, Grifols, Solaria e Inditex, que no han presentado resultados o tienen un ejercicio fiscal diferente, los grupos del Ibex ganaron 12.542 millones de euros en el primer trimestre del año tras elevar los ingresos más del 27%.

La positiva evolución del arranque de 2022 se ha apoyado en un incremento de los ingresos del 27%, que ascendieron a 130.378 millones de euros. El tirón de las ventas se debe, fundamentalmente, al incremento del precio de los hidrocarburos y las materias primas, que elevó la facturación de energéticas, petroleras y siderúrgicas, y a la recuperación de los grupos turísticos y aéreos, que partían de un 2021 todavía muy golpeado por el Covid.

El resultado bruto de explotación (EBITDA) del Ibex, que excluye los factores no recurrentes, se incrementó un 27,6%, hasta 18.428 millones.

La subida de precios del acero y de los hidrocarburos, y una demanda sostenida, han tenido un claro efecto en las cuentas de ArcelorMittal y Repsol, respectivamente. Arcelor, líder del ránking de beneficios en el primer trimestre, elevó las ganancias un 80%, hasta 3.911 millones, y Repsol duplicó con creces su resultado neto, hasta 1.392 millones.

De igual modo, el fabricante de acero inoxidable Acerinox obtuvo un resultado récord al ganar 266 millones, 3,4 veces más que entre enero y marzo de 2021. Iberdrola, Endesa y Naturgy incrementaron sus ingresos entre un 20% y un 74% por el alza de los precios energéticos, aunque sólo Iberdrola consiguió elevar sus ganancias en el periodo, un 3,2%, hasta 1.058 millones.


¿Hasta dónde llegará la subida de tipos de interés? Lauréline Renaud-Chatelain. Estratega de renta fija en Pictet WM.

Desde principios de año, la inflación ha llevado a los bancos centrales a una retórica cada vez más agresiva, y el precio de los bonos del Tesoro de Estados Unidos y los bunds alemanes a diez años han llegado a caer un 11,3% y un 11%, respectivamente, de los peores resultados en la historia. Así que los inversores se preguntan cuándo acabará el baño de sangre en renta fija.

Actualmente, los mercados descuentan para finales de 2022 subidas acumuladas de los tipos de interés en EEUU del 1,92 % y del 0,87 % en la zona euro. Ahora bien, más importante es el tipo de interés final; es decir, el máximo que se alcanzará. De hecho, en el pasado, el tipo de interés final del ciclo de ajuste monetario de la Reserva Federal ha sido confiable para la rentabilidad de la deuda del Tesoro norteamericano a diez años. De momento, el mercado prevé que dicho máximo se alcance en 2023 en el 3,2% en EEUU y en el 1,8% en la zona euro, por encima de las estimaciones de la propia Reserva Federal del 2,4% y del 1% al 1,5% del BCE.

Por nuestra parte, en el escenario central, con probabilidad del 55%, la rentabilidad a vencimiento a diez años del bono norteamericano caerá al 2,6% en el segundo semestre con la desaceleración de la inflación. Tras un nuevo aumento de tipos de interés del 0,5% en junio y del 0,25 % en julio (con riesgo de que sea de nuevo del 0,5%), habrá una pausa mientras la institución evalúa el riesgo de desaceleración y una nueva venta masiva en activos de riesgo antes de reanudar las subidas de tipos en 2023. De todas formas, reconocemos el riesgo de que no haya pausa ante aumentos salariales e inflación elevados. Si se evita una recesión, la rentabilidad a vencimiento a 10 años de la deuda del Tesoro norteamericano puede acabar el año en el 3%, tras máximos cercanos al 3,5%. Pero se situaría en el 2% si se desencadenan temores de recesión para 2023.

Las subidas de tipos del BCE pueden ser inferiores a las que descuenta el mercado.

La perspectiva para los bunds alemanes es similar. Así, las subidas de tipos de interés del BCE pueden ser inferiores a las que descuenta el mercado. En concreto, prevemos que suba sus tipos de interés dos veces 0,25% este año, con riesgo de tres subidas a partir de julio, hasta llegar al 1%, seguido de un progresivo aumento hacia el 1,5%. El riesgo de que lo sobrepase, como espera el mercado, es limitado, porque la economía de la zona euro es mucho más vulnerable que la de EEUU al aumento de precios de las materias primas, al riesgo de escasez de energía y a la fuerte desaceleración en China. De hecho, el reciente aumento de la inflación europea viene impulsado principalmente por las materias primas, dándose el caso de que, a pesar de la caída del desempleo, la amenaza de una espiral salarios-precios es menor que en Estados Unidos.

En EEUU, las presiones inflacionarias están en parte vinculadas al exceso de demanda de los consumidores y los precios de la vivienda, de manera que la Reserva Federal está en mejores condiciones para un ajuste monetario (el aumento en un 2% del tipo hipotecario a 30 años desde principios de año ya afecta a los préstamos para vivienda). Además, el crecimiento de EEUU parece más resistente, en parte gracias al gran exceso de ahorro acumulado con el estímulo fiscal pasado.

Pero en la zona euro la presión inflacionaria puede seguir alta mientras los precios de las materias primas sigan subiendo –al respecto de lo cual el BCE tiene poca influencia–, por lo menos hasta que se encuentren alternativas a la energía rusa o la economía se desacelere bruscamente. En nuestro escenario central, con probabilidad del 55%, la inflación se reducirá. De ahí que esperemos que la rentabilidad a vencimiento del bund a diez años se situé en 0,6% para fin de año tras un máximo a corto plazo de alrededor del 1%. En un escenario alternativo puede llegar al 1,2% si la economía de la zona euro se mantiene, o situarse en el 0,2% si una recesión lleva al BCE a posponer las subidas de tipos de interés.

Lenta reducción de tenencias de bonos.

En cualquier caso, estimamos que la reducción de tenencias de bonos de la Reserva Federal será lenta. Una reducción de 60.000 millones al mes desde finales de agosto equivaldría a una disminución de sólo el 7% (excluyendo letras del Tesoro) en 2022 y del 12% en 2023. Suponiendo que se realice sin problemas, la Fed aún podría tener una cartera de bonos de alrededor de tres billones de dólares a finales de 2025, en comparación con los 5,3 billones actuales. En cuanto al BCE, esperamos que finalice sus compras de bonos en junio y que reinvierta completamente los bonos en cartera a vencimiento, una forma de abordar preocupaciones sobre la ampliación de diferenciales de rentabilidad a vencimiento de la deuda de los países periféricos respecto al bono alemán. Por ejemplo, durante la crisis de deuda de la zona euro hace una década el territorio de peligro estaba en un diferencial de rentabilidades a vencimiento del bono a diez años de Italia y Alemania por encima del 2,5%, aunque el umbral puede ser más alto hoy día, dado que las perspectivas de crecimiento del PIB nominal son mayores. Por tanto, es probable que el BCE mantenga 3,3 billones de euros en su balance los próximos años.


Buen fin de semana.

Comentario de mercado viernes 6 de Mayo

Semana de volatilidad extrema, ayer el Nasdaq cayó un 5%, y se va al nivel más bajo desde Noviembre del 2020, después de haber subido un 3% el miércoles tras la reunión de la Fed que luego pasaré a comentar. Alphabet, Apple, Microsoft, Meta, Tesla y Amazon cayeron entre un 4,3% y un 8,3%. El S&P cayó ayer un 3,57% y el bono americano a 10 años se volvió a ir por encima del 3% (3,05% actual) y el dólar al 1,05, después de que el miércoles pareciese que las palabras de Powell habían calmado a los mercados y el dólar se depreciase por encima del 1,06 y el 10 años por debajo del 3%. El movimiento de tipos, especialmente de tipos reales, sigue haciendo mucho daño a las Bolsas, la contracción del múltiplo del S&P 500 y de otros activos de riesgo está siguiendo el movimiento de tipos reales. Has Bolsas que están en clara tendencia bajista, el Russell 200 growth lleva una caída del 33% desde máximos, el índice US Momentum un 23%, con indicadores como el Bulls minus Bears (Inversores alcistas menos inversores bajistas) en mínimos, indicando un sentimiento negativo.

US real rales (linea blanca). S&P PE invertido (amarilla)

RUSSELL 2000 GROWTH. (Máximas caídas).

AAII Bulls minus Bears

    Nasdaq-100 Volatility Index (Volatilidad del Nasdaq) en el año (por encima del nivel de 35) 2022.

VIX (Volatilidad del S&P 500) en el último mes (vuelve por encima del nivel de 30).

Eurodólar últimos 6 meses.

Rentabilidad del bono a 10 años americano (Treasury) últimos 6 meses.

Jay Powell intenta reformular la política de la Reserva Federal para abordar la inflación más alta que se ha registrado en 40 años. Una de sus tareas más desafiantes ha sido convencer a los inversores del compromiso del banco central de Estados Unidos para llevar a cabo este objetivo.

Habiendo descartado un enfoque inicialmente “paciente” a favor de ser “humilde y ágil” en cuanto a moverse “constantemente” hacia entornos de política monetaria más estrictos, el presidente de la Fed ha adoptado “rápidamente” el movimiento hacia tasas “neutrales” que no aviven la demanda ni limiten el mercado. Powell invocó anteayer repetidamente ese mensaje en la conferencia de prensa posterior a la decisión sobre tipos, a la vez que justificaba la decisión del Comité Federal de Mercado Abierto de aumentar los tipos en medio punto porcentual por primera vez desde 2000, a un nuevo rango de entre 0,75% y 1%.

Incluso aunque la Fed adoptó un enfoque mucho más agresivo para abordar la elevada inflación, los inversores detectaron señales moderadas que sugerían un banco central menos enérgico de lo que esperaban los mercados financieros. Las probabilidades de que la Fed subiera los tipos 0,75 puntos porcentuales en una próxima reunión eran cada vez mayores, puesto que los operadores apostaban a que la Fed mantendría todas las opciones sobre la mesa mientras intensifica su respuesta a la inflación disparada. Pero cuando se le preguntó acerca de esa posibilidad en la rueda de prensa, Powell descartó un ajuste tan grande. Eso hizo que las bolsas de Estados Unidos se dispararan el miércoles, con el S&P 500 y el Nasdaq despidiendo la sesión con alzas en torno al 3%. Los bonos del Tesoro también subieron, con el rendimiento de los títulos a dos años, que son particularmente sensibles a la política del banco central, cayendo 0,13 puntos porcentuales, hasta el 2,64%.

El repunte del mercado de valores fue provocado al descartar la posibilidad de un mayor aumento de los tipos de interés, lo que deshace parte del “buen trabajo” que la Fed había realizado en los últimos meses, según Jefferies, cuando guiaba a los mercados financieros a cotizar más abajo.

Powell tampoco llegó a reconocer que los tipos de interés tendrán que subir el precio del dinero a un nivel que restrinja activamente la actividad económica para que la inflación subyacente, que corre a un ritmo anual del 5,2%, vuelva a estar en línea con su objetivo de largo plazo del 2%.

Pero el presidente de la Fed solo admitió que era “ciertamente posible” que los tipos deban moverse por encima del nivel neutral para controlar la inflación, aunque la Fed “no puede saber eso hoy”. Solo añadió que si los datos lo justifican, la Fed “no dudará” en hacerlo.

La realidad es que tendrán que pasar de neutral para desacelerar la economía”, sentencia Seth Carpenter, que ha estado durante quince años en el banco central y que ahora es el economista jefe global de Morgan Stanley. “La parte difícil es ralentizarlo lo posible, sin que sea tanto como para que caiga la economía en una recesión”.

Lo que complica las cosas es saber cuáles serían hoy exactamente los tipos de interés neutrales, un nivel que Powell admitió anteayer que “no es algo que podamos identificar con precisión”. En términos generales, los miembros de la Fed consideran que la neutralidad está entre el 2% y el 3% cuando la inflación está en el 2%. Pero algunos economistas argumentan que ahora ese nivel está mucho más alto, potencialmente en el 5%, dada la magnitud de las presiones inflacionistas.

Pese al desafío, Powell vaciló poco respecto a su optimismo. Cree que la Fed puede lograr un “aterrizaje suave”, sobre todo debido a la solidez de los balances de los hogares y las empresas, así como al mercado laboral históricamente ajustado.

Llevamos un 2022 que sólo hay malas noticias (Ucrania, inflación, subidas de tipos de interés, confinamiento en China), de ahí que las Bolsas, y los bonos, estén corrigiendo (S&P 500 -13% y EuroStoxx 50 -15% en lo que llevamos de año, Bono a 10 años americano al 3,05%, bono alemán a 10 años al 1,08%) y lo interesante es saber qué está en precio en los mercados, qué se está descontando. Para el inversor español, ver al Ibex-35 en -3,50% en el año cuando el S&P 500 y el Nasdaq están en -13% y -15%, respectivamente, resume muchas cosas. El Ibex es un índice dominado por pocas compañías (las primeras 6 compañías suponen un 54% del índice) y en sectores muy tradicionales con mucho peso al “value” (26% bancos, 18% Eléctricas, 17% Construcción e Ingeniería). Tiene, además, importante exposición a Latinoamérica (19% de las ventas del índice) lo que le ha ayudado ya que en lo que llevamos de año las divisas latinoamericanas llevan un buen comportamiento frente al euro.

La rotación hacia “value” ha sido brutal y viene provocada casi por completo por la normalización de las curvas de tipos de interés. Al contrario que en todas las crisis desde 2008, en esta ocasión los Bancos Centrales no sólo no están saliendo al rescate, sino que están haciendo todo lo contrario, preocupados por una inflación que no terminan de controlar. Sobre todo en el caso de la Reserva Federal, les preocupa el sobrecalentamiento del mercado laboral, ya que la inflación salarial si puede provocar efectos de segunda ronda y una espiral inflacionaria. No es una situación desconocida, ya que en 2018 la Fed normalizó su política monetaria precisamente por los mismos motivos, y también había entonces una guerra, si bien de naturaleza comercial y contra China. En aquel entonces fue necesario que el tipo de interés a 10 años llegase al 3,24% para que la Fed considerase que ya había conseguido su objetivo, hoy estamos en 3%.

A diferencia de entonces, nos encontramos con una inflación muy alta y eso hace temer que la Fed vaya a tener que seguir subiendo los tipos de interés. Aunque en esta ocasión hay motivos transitorios para esta subida de inflación, por el lado del petróleo, si quitamos el efecto Ruso, el mercado está en equilibrio, producción de 102 millones de barriles diarios y consumo de 103 millones de barriles. La disrupción rusa se estima entre 1 y 1,5  millones de barriles (siempre que no se llegue a un embargo) y se debería poder suplir con la paulatina normalización de la producción por parte de la OPEP y el aumento de la producción estadounidense que, gracias al “shale”, se han convertido en el mayor productor mundial, llegó a producir 13 millones de barriles diarios en 2019, bajó a 10 millones con el Covid  y ya ahora vuelve a producir 12 millones de barriles diarios, con lo que podría llegar a suplir el millón que falta si vuelve a la producción precovid. Si no hay un problema de oferta-demanda sería razonable volver a los niveles de diciembre (70 dólares por barril), antes del comienzo de las tensiones con Ucrania y guerra posterior.

Por el lado del consumo, como muestra el siguiente gráfico, se puede argumentar que ha vuelto a su media histórica después de la disrupción por el Covid:

El mercado laboral si justificaría una normalización de la política monetaria hasta el nivel considerado neutral (2,25%-2,50%), donde ni se estimula ni se frena la economía, y por eso algunos estrategas, como los de Julius Bäer, consideran que la Fed va a subir tipos un 0,5% en sus próximas 3 reuniones, otros consideran una primera subida de 0,75%. Ahora bien, con eso estará hecho casi todo el trabajo y los analistas de Julius Bäer creen que la Fed no subirá por encima del nivel neutral. Consecuentemente, el nivel del bonos a 10 años americano se va a situar en la zona de 3,25%-3,5%, habiéndose recorrido ya gran parte del camino,

Habiendo hecho el mercado gran parte del trabajo de normalización monetaria, las valoraciones del S&P 500 (18.8x vs 20x) y el Nasdaq 100 (23.7x vs 24.4x) se sitúan por debajo de su media histórica de 5 años (en términos de precio frente a beneficios esperados a 12 meses). También por este lado parece ya hay mucho puesto en precio.

El dato de PIB en Estados Unidos del primer trimestre sorprendió con un -1,4%, si bien el consumo se mantenía en un saludable +2,7%. El principal detractor fueron las exportaciones netas (exportaciones menos importaciones) con un -3.2% en el trimestre y una desaceleración de los inventarios (ambos factores responden a las disrupciones de las cadenas productivas y a la fuerza del consumidor). Esta semana los analistas de Julius Bäer han rebajado el crecimiento para el año hasta el 2,7%, frente al 3,3% anterior, si bien es lo suficientemente sólido para aguantar las próximas subidas de tipos de interés (0,5% en mayo, junio y julio) y llevar el 10 años al rango 3,25%-3,5% en los próximos 3-12 meses.

Con la subidas de tipos de interés y menor crecimiento vuelven a surgir dudas sobre la deuda periférica, el bono a 10 años italiano ha llegado al 3% frente al 1% del año pasado. Es importante recordar que el coste de intereses para un gobierno sube de manera mucho más paulatina, ya que afecta sólo a la refinanciación de vencimientos y no a toda la deuda ya emitida.

España se enfrenta a tres retos en los próximos años. España ha acumulado 241 billones de euros de deuda como resultado de la crisis pandémica, alcanzando un ratio de 120% de deuda sobre el PIB, la normalización de la política monetaria por parte del BCE, con la subida de tipos, incrementará los costes financieros de la deuda española, además la mayor expectativa de vida seguirá presionando el coste de las pensiones, y Bloomberg Intelligence ya estima que la deuda sobre el PIB alcance el 130% en el 2038. Además el año que viene habrá elecciones, y se puede generar inestabilidad política.

En Estados Unidos, los bonos del gobierno a 10 años han llegado al 3% y los diferenciales de crédito para vencimientos de 3-5 años han subido al 1,3% frente al 0,8% de principios de año. Ambos movimientos han llevado la rentabilidad de los bonos BBB con vencimientos a 3-5 años por encima del 4%, lo que históricamente va asociado con una entrada de capitales desde otras partes más arriesgadas del mercado de renta fija.

La paridad entre el euro y el dólar ya es casi una realidad. Esta igualdad de valor se anticipa ya en los mercados de futuros, con contratos apostando a la paridad de aquí a un par de meses. Los analistas de los grandes bancos de inversión hablan abiertamente de esa posibilidad por dos razones. La primera es el amplio diferencial de tipos de interés entre la Fed y el BCE y la segunda es la incertidumbre económica y energética en Europa por la guerra de Ucrania. “La paridad no es en absoluto un escenario extremo para el euro-dólar”, opina Meera Chandan, de JPMorgan.

Ayer, el euro volvió a caer, situándose en 1,05 dólares, después de haber rebotado el miércoles tras las palabras de Jerome Powel, y se fue del 1,0640 al 1,0495. En los últimos doce meses, la depreciación ha sido del 14% (desde 1,20), la más pronunciada desde 2015. Pero la caída ha sido especialmente aguda desde el inicio de la guerra de Ucrania en febrero, cuando el euro todavía estaba a 1,14 dólares. “Los exagerados movimientos recientes en el mercado de divisas han hecho que la posible paridad esté sobre la mesa”, indica Chris Turner, de ING.

                                Euro/Dólar últimos 12 meses.

Los analistas de Bernstein recuerdan que el dólar subió un 30% frente al euro en 2014 y 2015, por lo que hay precedentes históricos que no hacen descartar un mayor castigo a la moneda única.

JPMorgan calcula que “el euro y el dólar pueden tantear la paridad si el diferencial de tipos reales de interés [descontando la inflación] a cinco años se amplía en otros 25-30 puntos básicos”. Esta opción no es una locura, con la Fed subiendo ya tipos y Europa esperando acontecimientos pese al auge de la inflación. “El BCE está más constreñido a la hora de luchar contra la inflación, ya que debe considerar un shock al crecimiento [por la guerra de Ucrania y las sanciones a Rusia] más severo que Estados Unidos”, opina JPMorgan.

Importante esta semana:

Como he comentado antes, las Bolsas americanas el miércoles subieron con fuerza ante una Fed menos hawkish de lo esperado. La Fed confirmó las expectativas al subir 50 puntos básicos hasta 0,75%-1% y anunciar oficialmente el inicio de reducción de balance a partir del 1 de junio (no en Mayo) a un ritmo inicial más suave de lo previsto para llegar en septiembre a velocidad de crucero, en Junio empezará la fase uno que reducirá el balance a un ritmo de 47.500 millones de dólares (30.000 millones de bonos del tesoro y 17.500 millones de cédulas hipotecarias), en lugar de los 95.000 millones previstos, y en Septiembre es cuando comienza la fase dos donde los límites subirán a 95.000 millones de dólares (60.000 millones de bonos del tesoro y 35.000 millones de cédulas hipotecarias). La prioridad clara sigue siendo atajar la inflación, pero el tono de Powell es más suave de lo previsto, descarta subidas de 75 puntos básicos y se muestra sensible a los riesgos como el de las cadenas de suministro, por lo que la rentabilidad del bono a 10 años americano se moderó a 2,9%, las bolsas rebotaron con fuerza (desde mínimos intradiarios +3,5% S&P y +4,5% Nasdaq) y el dólar se depreció a 1,065 dólares por euro.

Fuente: Bankinter.

El Banco de Inglaterra, en línea con lo previsto, anunció su cuarta subida de tipos de interés, de 25 puntos básicos hasta el 1%, aunque con crecientes discrepancias entre los miembros, 2 a favor de mantener, tres a favor de subir 50 puntos. El tono de su discurso fue no obstante más cauto ante los riesgos a la baja sobre el crecimiento que existen en el actual entorno, y que han llevado al banco central a revisar a la baja sus previsiones de crecimiento, a la vez que espera que la inflación se mantenga alta en el corto plazo, incluso superando tasas del 10% en octubre frente al 7% actual, pero estimando que modere por debajo del objetivo en un plazo de tres años. Esto ha permitido cierta relajación en las expectativas de subidas de tipos, que el mercado descuenta ahora en 2,1% para final de año, frente al 2,3% antes de la reunión. Asimismo, y a pesar de que se preveía que cuando llegasen los tipos al 1% se comenzaría a reducir balance, se ha optado por iniciar una revisión del proceso, con actualización prevista para agosto. Este discurso más cauto ha presionado a la libra a la baja cayendo un 2% contra el dólar.

En lo que respecta a la OPEP+su reunión de ayer se saldó sin cambios en su política de devolución gradual de oferta al mercado, lo que supondrá un nuevo incremento moderado de la producción en junio, +432.000 barriles diarios, aún a pesar de la reducción esperada en la oferta rusa si prospera la propuesta de embargo de la UE al crudo procedente de Rusia, pendiente aún de aprobación.

Hungría amenaza con bloquear el veto al petróleo ruso. Von der Leyen oficializó ayer la intención de la Unión Europea de cortar las importaciones de petróleo ruso de aquí a seis meses, requiriendo la unanimidad de los 27 países miembros de la UE. Tras el cambio de postura alemán, el país díscolo continúa siendo Hungría, que ayer rechazó la propuesta y amenaza con votar en contra a menos que se incluya una excepción para el país. Otra de las propuestas de la Comisión es la desconexión de Sberbank, el banco más grande de Rusia, del sistema Swift.

En España el miércoles se publicó el dato de empleo, la creación de empleo ganó dinamismo en abril, impulsada por la recuperación del turismo en Semana Santa. Por primera vez se superan los 20 millones de afiliados. En concreto, en abril el número de afiliados aumentó en 184.577 personas frente a los 134.396 del mismo mes del año pasado, por lo que la tasa interanual se acelera hasta el 5,1%. La cifra total de afiliados supera por primera vez los 20 millones, incrementándose en 963.782 personas en los últimos 12 meses y 769.851 afiliados más desde antes de la pandemia en Febrero del 2020. Por sectores, el mejor comportamiento se ha producido en los servicios, con un aumento de 173.849, de los que 110.000 fueron en hostelería, que, de este modo, supera el nivel de empleo de antes de la pandemia. En sentido contrario, la construcción registró una caída de la afiliación. Cabe destacar que tras la reforma laboral, la proporción de contratos indefinidos sigue elevándose, en abril, el 48,2% de los contratos fueron indefinidos, una cifra que multiplica por cinco la habitual en abril. No obstante, se reduce el peso de los indefinidos a tiempo completo sobre el total de indefinidos al 41%, mientras que aumenta el peso de los contratos fijos discontinuos hasta el 34%, lo que refleja el proceso de conversión de contratos temporales, en especial de sectores como la construcción y la hostelería.

Draghi ha pedido esta semana más integración europea en defensa, política exterior y presupuestos. El primer ministro italiano compareció el martes en el Parlamento Europeo para pedir un federalismo «pragmático» en la Unión Europea, algo que requeriría la reapertura de algunos tratados. Entre las propuestas de Draghi se encuentra la de reformar el mecanismo conjunto para manejar la inmigración o la de reordenar la distribución de recursos en defensa.

China ha comprado esta semana petróleo ruso con grandes descuentos a través de refinerías independientes. Las refinerías chinas están adquiriendo crudo ruso a gran descuento sin reportar las compras públicamente, manteniendo un perfil bajo para evitar sanciones estadounidenses. Estados Unidos y Reino Unido ya han prohibido las importaciones de crudo ruso, mientras que la UE está en conversaciones para seguir el mismo camino.

La Unión Europea contempla un fondo común de garantía de depósitos. La Unión Europea contempla la puesta en marcha en 2025 de un fondo común de garantía de depósitos que complete la unión bancaria, según lo debatido ayer por los ministros de Economía y Finanzas. Este fondo se limitaría en su primera fase a prestar apoyo a los fondos de garantía nacionales.

En la Eurozona, la tasa de paro se mantuvo en el 6,8% en marzo, su menor nivel desde antes de la Gran Recesión (2008). No obstante, con cifras de Alemania de abril, se ve una cierta desaceleración en el ritmo de creación de empleo, aunque manteniendo una tendencia positiva. En Estados Unidos, las ofertas de empleo de las empresas vuelven a batir un nuevo máximo a la vez que el número de empleados que cambian de trabajo también se eleva a un récord.

Por otro lado, los precios industriales de la Eurozona subieron un +37% interanual, mayor tasa cosechada desde que hay datos, impulsados por la energía. No obstante, incluso ajustado el aumento es a una tasa del +12%.

Ucrania recauda más de 6.000 millones de euros en la conferencia de donantes. Kiev recibirá una ayuda de más de 6.200 millones de euros recaudados en la conferencia de donantes celebrada ayer en Varsovia y que se sumarán a los 12.000 millones de dólares en asistencia militar y económica que ya ha recibido el país, según su primer ministro. Zelensky ha intervenido de forma telemática para pedir un «plan Marshal» para Ucrania cuando termine la guerra, además de presionar a Berlín para que incremente su apoyo financiero.


Powell calma los nervios de los inversores. Andrés Stumpf (Expansión de ayer).

Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, tiene la sexta marcha metida en la operación subida de tipos que inició en marzo. La institución encareció el miércoles el precio del dinero en 50 puntos básicos, un movimiento considerado agresivo y al que el organismo llevaba más de dos décadas sin recurrir.

Y volverá a hacerlo. Sin piedad ante posibles turbulencias de los mercados y con decisión, la Fed anunció que más subidas de tipos de este estilo serán “apropiadas”.

Pero en esta batalla contra la inflación que el banquero central ha emprendido no todo está sobre la mesa. El gran hachazo de la Fed, una subida de tipos de 75 puntos básicos que algunos miembros de la institución llegaron a insinuar en las últimas semanas, no es una opción.

“No se ha considerado en ningún momento una subida de 75 puntos básicos”, rechazó Powell. Y los inversores respiraron.

Los activos cotizados celebraron como si de un bálsamo se tratara el hecho de que por lo menos exista un límite en cuánto puede apretarles las tuercas el organismo. Este comportamiento es un reflejo de cómo de magullados se encuentran este año las acciones y los bonos como consecuencia de la agresividad de la Fed.

El interés del bono estadounidense a 10 años se alejó de inmediato del 3% más de 10 puntos básicos.

La reacción también fue inmediata para el dólar, que retrocedió más de un 1% frente a la cesta de las 10 principales divisas.

“Los inversores han descontado que la Fed provoque casi un cataclismo para contrarrestar la inflación y ahora todo lo que comunica parece tibio en comparación”, aseguran fuentes financieras.

Aunque Powell ha decidido no actuar de la forma más drástica y mantiene la confianza en que será capaz de lograr un aterrizaje suave de la economía, seguirá subiendo los tipos con decisión. El presidente de la Fed anticipó dos subidas más de 50 puntos básicos en las próximas reuniones, lo que los llevará a la zona del 2% durante el verano.

Límite a las subidas

Pero independientemente de si sus acciones sirven o no para contener la inflación, la Fed está obligada a dosificar sus movimientos.

Los expertos estiman que el tipo de interés neutral de la economía de EEUU –un precio del dinero que ni contrae ni expande la economía– se sitúa en el 3% y cuanto antes llegue a ese nivel antes se quedará sin munición con la que lidiar con la inflación. Si la subida se produce de 50 en 50 puntos básicos (o incluso más) el organismo alcanzaría muy pronto esos niveles.

Cuanto más rápido suba, antes bajará. Incluso podemos ver bajadas de tipos entre 2023 y 2024 si la economía descarrila”, aseguran fuentes financieras.

Powell trata de hacer ejercicios de equilibro entre lanzar señales de contundencia para frenar la escalada de precios y dosificar sus intervenciones reales por si las necesita más adelante.

Powell lanzó también algunos mensajes de tranquilidad, señalando que la elevada inflación podría haber tocado ya techo. El componente subyacente –que excluye los elementos más volátiles de la inflación como la energía– es el que más preocupa a la Fed y podría empezar a remitir.

“Ya hemos visto algunas pruebas de que la inflación subyacente sí que está llegando a un pico”, indicó ayer Powell. Si la inflación se modera, la institución podría volver a un ritmo normal de endurecimiento monetario y elevar los tipos de forma más progresiva y sana para las empresas y las familias.

Balance

La Fed tenía una tercera zanahoria que ofrecer a los mercados. La reducción de su balance –el proceso por el que dejará vencer los bonos que compró durante los últimos años–, no comenzará en mayo, sino en julio, y lo hará a un ritmo de 47.500 millones de dólares, en lugar de los 95.000 millones previstos.

Sólo a partir de septiembre adquirirá este plan de reducción de los activos en cartera la velocidad de crucero, lo que da a los inversores más tiempo para digerir el mal trago.

Por el momento, la estrategia de Powell de “poli bueno y poli malo” con los inversores funciona.


La tormenta del mercado de bonos arrasa más de 7,5 billones en el mundo. Andrés Stumpf. Expansión (4 de Mayo).

La tormenta en la renta fija hace ya tiempo que dejó de ser un chubasco para convertirse en el auténtico diluvio universal. Según los datos del índice Bloomberg Barclays Global Aggregate, el valor a nivel global de los bonos sufre pérdidas aceleradas que superan ya los ocho billones de dólares (más de 7,5 billones de euros) desde los máximos históricos marcados a mediados de 2021.

Las caídas en la valoración han sido constantes, pero se aceleraron a comienzos de año cuando los bancos centrales decidieron dar un giro a sus políticas monetarias para combatir la inflación. Las perspectivas de la agresiva subida de tipos de la Reserva Federal, banco central del que se esperan hasta nueve alzas de tipos este año, ha encendido la mecha.

En Europa, la losa está en la posibilidad de que el Banco Central Europeo (BCE) encarezca hasta en tres ocasiones el precio del dinero tras 11 años sin hacerlo y poner fin a las compras de deuda.

Las subidas de tipos son malas para los inversores que ya están posicionados en el mercado de deuda, pues generan un coste de oportunidad frente a los nuevos bonos que se vayan emitiendo, que ofrecen una rentabilidad superior para el mismo riesgo crediticio.

Además, la inflación que ha llevado a los bancos centrales a actuar se ceba especialmente con los activos que ofrecen intereses tan bajos como los de muchos bonos, que son en este contexto garantía de pérdida de poder adquisitivo.

Pese al varapalo, las valoraciones en el universo de deuda global que contempla el índice de referencia Bloomberg Barclays Global Aggregate siguen siendo muy elevadas, con más de 60 billones de dólares. La caída, de hecho, pese a su agresividad, supone volver a los niveles de 2020.

Caídas generalizadas

Aunque ningún bono queda a resguardado de las pérdidas, el golpe es más duro cuanto mayor es su duración. El comportamiento en el mercado de la deuda soberana a muy largo plazo está mucho más ligado a las perspectivas sobre los tipos de interés, por lo que sus precios (evolucionan al contrario que el rendimiento) han magnificado los movimientos a la baja vistos en el conjunto del mercado. El bono español a 50 años, por ejemplo, se anota unas pérdidas del 28% en 2022.

La tormenta ha dejado hitos en negativo en el universo de la renta fija. En el caso del bono español a 10 años, la rentabilidad se ha elevado desde el 0,56% con la que comenzó el año hasta situarse sobre el 2%, una referencia desconocida desde 2015, justo cuando el BCE inició su programa de compras de deuda.

La corrección ha afectado a toda la curva de deuda española hasta el punto de llevar a las letras a doce meses a terreno positivo. Por primera vez desde 2020, el Tesoro español ha pagado por pedir prestado a un año.

A diferencia de anteriores correcciones en la renta fija, por el momento, los países periféricos no han quedado señalados por los inversores, sino que las ventas se han distribuido de forma equilibrada a lo largo y ancho del universo de bonos.

El bono alemán a 10 años ha visto cómo su interés pasaba del -0,2% hasta el entorno del 1%, máximos de 2015, en cuestión de meses. Las primas de riesgo, el diferencial entre la rentabilidad de esta deuda y el resto, permanece contenida.

Al otro lado del Atlántico, el interés del bono estadounidense se sitúa a las puertas del temido 3% (ver información adjunta) tras elevarse desde el 0,9% de comienzos de año. En su caso, los máximos marcados se remontan a 2018.

Las subidas en las rentabilidades de la deuda, que se mueve de forma inversa a su precio, han normalizado las estrategias en el mercado de renta fija. Aunque son garantía de pérdidas para los que ya tenían bonos en cartera, los nuevos inversores o los que tienen recursos para adquirir ahora títulos se encuentran con un mercado mucho más atractivo.

Inversión de manual

De hecho, por primera vez en muchos años, los inversores recuperan el manual tradicional de la inversión en renta fija, que pasa por comprar los títulos y mantenerlos hasta su vencimiento vigilando un potencial impago.

Con los intereses en mínimos de los últimos años, casi la única forma de exprimir rendimiento a la inversión en deuda pasaba por adquirir títulos para revenderlos después a un mayor precio cuando los intereses cayeran más.

La inversión con tipos tan bajos se había convertido en un mundo al revés en el que la deuda se adquiría para revenderla con una revalorización, una estrategia más parecida a la de la renta variable”, aseguran fuentes financieras.

Ahora los inversores, tras las caídas, vuelven a tomar posiciones a largo plazo en deuda soberana, que vuelve a a ser un activo importante para la segunda mitad del año, aunque auguran todavía episodios de fuerte volatilidad.


Las lecciones de dos nonagenarios Buffett y Munger. Pablo Martínez Bernal. ‘Head of sales’ para Iberia en Amiral Gestion.

El poder de convocatoria de Buffett (91) y Munger (98) sigue sorprendiendo y fascinando a la comunidad inversora, y la magnitud del conglomerado en que se ha convertido Berkshire Hathaway, cuyo valor excede los 761.000 millones de dólares, tienen gran parte de culpa.

Tras dos años de ausencia de público a la famosa Junta General de Accionistas por culpa de las restricciones del Covid, Nebraska acogió a cerca de 40.000 accionistas venidos de todo el mundo. “Cuando las dos personas que gestionan tu compañía tienen 91 y 98 años tienes derecho a verlos en persona cada cierto tiempo”, bromeó Buffett. Desde hace años se puede seguir cómodamente por streaming, aunque en vivo, igual que en un buen concierto, se disfruta mucho más la experiencia.

Dentro del Century Link de Omaha se dejaron ver celebridades como el actor Bill Murray, ejecutivos como el CEO de Apple Tim Cook y multimillonarios como Bill Gates, amigo personal de Buffett desde 1991 y antiguo consejero de la compañía (dimitió en 2020). No debe extrañar ver a Cook entre los asistentes, teniendo en cuenta que la participación de Berkshire en Apple es la mayor de sus cotizadas. Berkshire comenzó a invertir en Apple en 2016, y con cerca de 31.100 millones de dólares invertidos su posición vale alrededor de 161.000 millones de dólares.

Buffett no defraudó y arrojó jugosos titulares. En primer lugar, reconoció haberse equivocado en términos market timing cuando se produjo la crisis del Covid, pues no supo aprovechar las caídas para poner a trabajar toda la liquidez de Berkshire, que estaba en máximos históricos.

El mayor anuncio de la jornada fue precisamente la inversión de 51.000 millones de dólares en lo que va de año. Esto contrasta drásticamente con el 2021, por ejemplo, año en el que apenas invirtió 7.000 millones de dólares.

Buffett reconoció haber invertido en las dos primeras semanas de marzo cerca de 40.000 millones de dólares, aprovechando las caídas. “Buscamos negocios que hasta personas seniles puedan gestionar”, afirmó para explicar su preferencia por negocios fáciles de operar.

Las grandes inversiones este año han sido varias. Destaca su apuesta por dos petroleras: Chevron (en la que ha invertido más de 21.000 millones de dólares) y Occidental Petroleum (6.000 millones de dólares y donde ya tenía 10.000 millones de dólares en acciones preferentes).

Ante las preguntas sobre la inflación, tema candente para inversores en cualquier lugar del mundo, Buffett mostraba cierta preocupación: “Es extraordinario lo que hemos visto. El Gobierno ha transferido mucho dinero a la gente, en algún momento el dinero deja de valer tanto como antes.”

Lo cierto es que la impresión monetaria por parte de la Fed no tiene precedentes en sus 111 años de vida, y basta una estadística para confirmarlo: el 80% de los dólares jamás creados tiene menos de 24 meses de vida.

La inflación afecta a todo el mundo, desde al bonista hasta la persona que lo guarda debajo de la almohada. “Si imprimes mucho, el dinero va a valer menos. Pero no nada”.

El tribalismo y la polarización política también es algo que le preocupa. Advierte de que la última vez que percibió a la sociedad estadounidense tan polarizada fue cuando Roosevelt era presidente y Buffett era aún un niño.

El irreverente Munger

Munger tampoco defraudó con su estilo directo e irreverente.

Sentenció que la locura vivida en los mercados le parecía que no tenía precedentes. “Tenemos a gente especulando en acciones siendo asesorados por brókeres que saben aún menos que ellos.”

La inversión de corto plazo (trading) y el auge del uso de derivados así lo corrobora.

El valor de Robinhood, la app más usada desde el inicio de la pandemia para invertir de forma especulativa en Estados Unidos, ha pasado de 60.000 millones de dólares el pasado agosto a apenas 8.500 millones de dólares la semana pasada. Parece que la euforia bursátil ya se ha purgado parcialmente.

Sobre China, país que Munger admira y conoce en profundidad, gracias, en parte por su cercanía con el inversor Li Lu, Munger, reconoció que los inversores de Estados Unidos están cada vez más preocupados por el gobierno y que ha habido tensiones importantes.

Un año más, Greg Abel (quien está llamado a ser CEO de la compañía cuando Buffett deje el cargo) y Ajit Jain (responsable del gigantesco negocio asegurador) tomaron la palabra y tuvieron ocasión de hablar sobre el bitcoin y, una vez más, su contundencia fue máxima: “Si me ofrecieran todo el bitcoin del mundo por 25 dólares, no lo aceptaría. Para que los activos tengan valor, tienen que producir algo”, sentenció.

El oro, tan denostado por Buffett y Munger durante su carrera no produce nada y tiene un valor agregado de 12 billones de dólares, diez veces el PIB de España.

¿Yerra el mejor inversor de la historia al no entender la diferencia entre los activos financieros y los monetarios? El tiempo lo dirá, pero sin duda su olfato en inversiones (financieras) sigue siendo excelente. Los datos muestran que Kathy Wood, La inversora más growth tech (la liebre) del mundo ha sido alcanzada por el nonagenario Buffett (la tortuga). Poesía pura.


Volatilidad, demanda estancada y corte de suministros. Mohamed El Erian. ‘Finanacial Times’.

Durante años, los mercados financieros se han beneficiado enormemente de la generosidad de la política monetaria en una economía mundial que los bancos centrales, y la Reserva Federal de EEUU en particular, consideraba que carecía de suficiente demanda agregada. En detrimento de los mercados, esto ha ido cambiando rápidamente, a medida que los bancos centrales reconocen tardíamente que el problema actual no es el de una demanda débil sino, más bien, el de una oferta insuficiente.

De cara al futuro, se perfila una posibilidad aún más complicada: la de estancamiento de la demanda en medio de persistentes interrupciones de la oferta. Los bancos centrales se sintieron obligados a mantener una política monetaria ultralaxa en un mundo de crecimiento económico moderado y riesgo de deflación. La Fed fue más allá y, en agosto de 2020, cambió a un nuevo marco monetario que pospuso la respuesta habitual de la política monetaria a la inflación, cerca y superior al objetivo del 2% de la Fed. Para los mercados, esto se tradujo en abundante liquidez.

El aumento en los precios de los activos debido a los tipos de interés ultrabajas fue impulsado por la inyección regular de fondos desde la Fed a través de compras de activos masivas, predecibles e insensibles a los precios.

Todo esto está llegando a su fin debido a la amenaza para el bienestar económico que representa la alta y persistente inflación. La causa ha sido el cambio dramático en el paradigma macroeconómico hacia uno en el que la oferta dañada, debido principalmente a las interrupciones de la cadena de suministro y la estrechez del mercado laboral, ha estado muy por debajo de la demanda sobreestimulada.

En un mundo así, la Fed no tiene más remedio que quitar el pie del acelerador de estímulo. Y como es muy tarde para hacerlo, deberá moverse agresivamente para pisar el freno, incluso mediante aumentos de los tipos de “carga frontal” , ya que simultáneamente comienza a reducir un balance inflado que se expandió a la asombrosa hasta nueve billones de dólares.

El riesgo de recesión asociado con esta situación es inquietante. Como era de esperar, los mercados no han disfrutado del cambio de enfoque de la Fed, como lo ilustra la venta masiva de acciones y otros activos de riesgo, incluida la caída del 13,3% del Nasdaq solo en abril, ya que las acciones de crecimiento son más sensibles a los tipos interés.

Este cambio de régimen se ha vuelto aún más doloroso para los inversores por la ruptura de los “refugios” tradicionales a medida que caen los precios de los bonos del Tesoro y el rendimiento real del ahorro en efectivo cae profundamente en territorio negativo debido a la inflación estadounidense del 8,5%.

Hasta ahora, afortunadamente, el aumento de la inflación no ha ido acompañado de un empeoramiento significativo del riesgo crediticio ni de grandes problemas en el funcionamiento de los mercados. Sin embargo, esto podría cambiar si la demanda falla.

La perspectiva de estanflación (menor crecimiento y alta inflación) ya está pasando de un escenario de riesgo a un “escenario base” por varias razones. EEUU se enfrenta a una erosión acelerada de los impulsores del crecimiento, tanto monetarios como fiscales, y de las valoraciones de los activos financieros.

Los formuladores de políticas monetarias necesitarán una rara combinación de habilidad, suerte y tiempo para suavizar una economía y unos mercados condicionados por niveles de políticas de estímulo que alguna vez fueron impensables.

Mientras tanto, la confianza y el poder adquisitivo de los hogares se ven erosionados por la inflación en un momento en que se está agotando el alto volumen de ahorro impulsado por los programas de estímulo.

Los vientos en contra externos también son una preocupación. La obstinada adhesión de China a una política de ‘Covid cero’ en medio de la variante Ómicron altamente infecciosa está socavando sus roles de oferta y demanda global.

Europa también se está desacelerando y bien podría caer en recesión si hubiera una interrupción importante en el suministro de gas por la guerra en Ucrania.

Mientras tanto, varios países en desarrollo importadores de materias primas se enfrentan a la combinación perturbadora de precios elevados de alimentos y energía, incertidumbres en el suministro, condiciones financieras más restrictivas y un dólar apreciado.

Cuanto más fuertes sean estos vientos en contra, mayor será el riesgo de un desapalancamiento financiero general que afecte el funcionamiento de los mercados. Las ganancias corporativas y la fortaleza del mercado laboral serán clave para que los inversores observen las compensaciones de estas tendencias.

La buena noticia es que, tras años de distorsiones masivas, los mercados financieros se están corrigiendo a niveles en los que existe un valor más sostenible. También existe la perspectiva de la restauración de correlaciones más tradicionales en los mercados. Eso reforzará las características de mitigación de riesgos de las carteras de inversión diversificadas.

La mala noticia es que la transición desde el paradigma anterior de las políticas del banco central no está completa. Con la posible coincidencia de complicaciones, tanto en la demanda como en la oferta, es probable que los mercados sigan siendo volátiles para los inversores y más inquietantes para la economía real.


Buen fin de semana.