

Positivo tono en el mercado gracias al memorando de entendimiento (MoU) entre Estados Unidos e Irán, que permite mantener contenido los precios del petróleo en torno a 80 dólares el precio del Brent, de forma que la atención de los operadores vuelve a las variables macro. Las rentabilidades de la deuda europeas se mantuvieron estables esta semana, mientras que las de Estados Unidos disminuyeron en un movimiento de vuelta tras las alzas del miércoles (Bono a 10 años americano a 4,45%), el dólar continuó apreciándose tras la reunión de la Fed en la que ha ganado credibilidad de cara al mercado.
Eurodólar últimos 12 meses:

El pasado domingo por la noche, en el 80 cumpleaños de Donald Trump, el primer ministro pakistaní Sharif anunció el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, seguido de Trump y los medios estatales iraníes. El memorando de entendimiento (MoU) se iba a firmar en Suiza hoy, con el Estrecho abriéndose tras la retirada de minas. El acuerdo incluiría, la extensión del alto el fuego 60 días incluyendo Líbano, la reapertura del Estrecho sin peajes, el levantamiento del bloqueo naval americano en 30 días, el alivio de sanciones condicionado al cumplimiento iraní y 60 días de negociaciones sobre el programa nuclear, si en ese plazo no hay acuerdo sobre el enriquecimiento de uranio, Trump ha dicho que puede reiniciar los ataques. Por el contrario, el acuerdo no incluía, misiles balísticos iraníes, lo que deja intacta la capacidad ofensiva convencional de Irán, una resolución sobre Hezbolá y Hamas, a la vez que Israel no es parte del acuerdo y Netanyahu ha expresado escepticismo profundo. De aquí en adelante, queda por ver el cumplimiento e interpretación del acuerdo. En este sentido, ya la interpretación de Ormuz abierto es diferente entre las partes, Irán dice que el Estrecho quedará regulado por Irán y Omán, sugiriendo que Teherán busca retener control, mientras que Estados Unidos dice que habrá paso libre e irrestricto. Reino Unido, Francia, Alemania e Italia habrían comunicado a Irán su disposición a levantar determinadas sanciones económicas si Teherán acepta limitar de forma verificable el desarrollo de su programa nuclear. Según Bloomberg el acuerdo entre Estados Unidos e Irán incluiría la inmediata apertura del Estrecho, la no producción de armamento nuclear por parte de Irán a cambio del levantamiento de todas las sanciones y un fondo de reconstrucción por 300.000 millones de dólares.
Estas señales positivas contrastan con las noticias sobre el retraso en el encuentro de las delegaciones negociadoras de Estados Unidos e Irán, debido a las hostilidades israelíes en el Líbano. La reapertura en curso puede experimentar episodios de tensión, no obstante, la firma del memorando supone un paso adicional hacia la normalización, ya que ambas partes han levantado el bloqueo y el tráfico marítimo está recuperándose. JD Vance afirmó que durante la noche del miércoles transitaron aproximadamente 12,5 millones de barriles de petróleo a través del Estrecho de Ormuz, una cifra que, aunque todavía se sitúa por debajo de los aproximadamente 20 millones de barriles diarios que cruzaban el estrecho antes del conflicto, supone un incremento muy significativo respecto a los volúmenes registrados durante el bloqueo.





Precio del petróleo Brent últimos 12 meses:

El posicionamiento en el dólar ha vuelto a máximos de Enero del 2025, parece que el posicionamiento de muchos inversores y analistas de diversificar activos y reducir exposición al dólar se está dando la vuelta, la subida de posiciones especulativas semanales en dólar es la mayor desde el 2018:

Bloomberg Economics actualizó sus previsiones después del acuerdo entre Estados Unidos e Irán, y continúa estimando una subida de 25 puntos básicos en Septiembre por parte del Banco Central Europeo.

Después de la salida a Bolsa de SpaceX la acción ha seguido subiendo hasta cotizar a 225,64$ el miércoles, aunque ayer cayó hasta los 185$ la acción ha llegado a subir un 50% por encima del precio al que salió (135$), Elon Musk ha asegurado que su compañía SpaceX puede alcanzar un billón de dólares de ingresos en 2030, lo que supondría multiplicar por más de 50 la cifra registrada el pasado año. SpaceX ha recaudado en la OPV 85.700 millones de dólares después de que los bancos colocadores ejercieran su opción de sobreadjudicación por 83,33 millones de acciones adicionales. La compañía aeroespacial y de IA, que supera los 2,2 billones de capitalización. Musk ha compartido su previsión en la red social X en respuesta al comentarista financiero Jon Erlichman. “Creo que SpaceX podría alcanzar aproximadamente un billón de dólares de ingresos en 2030”, aseguró el domingo pasado en un post, y añadió: “Y me sorprendería si los ingresos no superan el billón de dólares en 2031”, la predicción de Musk, que se ha convertido en el primer billonario de la historia, se enfrenta a la realidad que muestran las cuentas de SpaceX. En 2025, ingresó 18.674 millones de dólares, un 33% más, con un ebitda ajustado de 6.584 millones de dólares y pérdidas netas de 4.937 millones de dólares. El objetivo de Musk supera ampliamente las estimaciones de Morgan Stanley, que proyecta unos 330.000 millones de dólares para esa fecha, y Goldman Sachs, que maneja una previsión de ingresos de 470.000 millones de dólares. Musk no ha compartido detalle sobre los motores que permitirían alcanzar esta cifra.
Datos financieros más relevantes de SpaceX con las estimaciones del consenso de Bloomberg para 2026 y 2027:


Los gestores de fondos siguen muy enfocados en la inteligencia artificial en Bolsa. La posibilidad de que se desate una burbuja alrededor de la IA es cada vez una amenaza mayor para los grandes inversores, según la última encuesta a gestores realizada por Bank of America (BofA). Sin embargo, los gestores descartan que el ciclo de inversión en IA muestre señales de euforia desmedida. En este sentido, solo el 21% de los gestores encuestados cree que el sector ha entrado en terreno de euforia, mientras que la mayoría, el 56%, define la fase actual como de auge, en un momento en el que los inversores tienen más miedo a perderse las posibles subidas que a una corrección severa del mercado. Los inversores profesionales han reducido en las últimas semanas su exposición al sector tecnológico si bien la apuesta por los semiconductores es mayoritaria. El 80% de los encuestados tiene en cartera compañías de semiconductores. Nunca había habido una apuesta tan fuerte en un único sector, según los históricos de la encuesta. El optimismo sobre el crecimiento global y los beneficios empresariales se encuentra en máximos de tres meses, sin embargo, los gestores han comenzado a reducir su exposición a activos de riesgo, probablemente de cara al verano. En el último mes, los inversores han reducido, antes de conocerse el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán, sus inversiones en renta variable global del 50% al 38% de la cartera, mientras que las posiciones en liquidez han subido ligeramente. Respecto a Europa, los gestores comienzan a moderar su optimismo del último par de años: un 4% espera caídas de las bolsas europeas en los próximos meses. La posición más bajista desde 2024.

Hay muchas señales que alertan de lo cara y concentrada que está la Bolsa, principalmente la americana, el 51% de la capitalización bursátil de las compañías del S&P 500 cotizan por encima de 10 veces ventas:


La bolsa americana está fundamentalmente impulsada por un crecimiento esperado asociado a la IA.

Y lo peligroso de los niveles a los que cotiza el mercado es que mucho del dinero que está entrando está muy apalancado y muchos inversores están invirtiendo en Equity con deuda (con una Rentabilidad por dividendo del S&P 500 del 1,40%, por debajo de la inflación y del coste de financiación):

Importante esta semana:
Trump firmó el miércoles en Versalles el memorando de entendimiento con Irán. El presidente estadounidense reiteró que Teherán se ha comprometido a no desarrollar armamento nuclear y anunció el inicio inmediato de las negociaciones para eliminar sus reservas de uranio enriquecido. No obstante, insistió en que el levantamiento de las sanciones sobre las exportaciones de petróleo dependerá estrictamente del cumplimiento de los compromisos asumidos por Irán, advirtiendo que, en caso de incumplimiento, Estados Unidos retomaría las acciones militares. Fuentes de la Administración estadounidense explicaron que el acuerdo establece un mecanismo que permitirá modular el alivio de las sanciones en función del comportamiento de Irán, describiéndolo como un «dial» que podrá endurecerse o relajarse según evolucione el cumplimiento del pacto. Asimismo, confirmaron que Irán no cobrará ningún peaje por el tránsito marítimo a través del Estrecho de Ormuz durante los próximos 60 días.
La Reserva Federal mantuvo el miércoles sin cambios los tipos de interés en el rango comprendido entre el 3,5% y el 3,75%, mandando un mensaje de cautela y de independencia de la institución bajo el nuevo liderazgo. La decisión era ampliamente esperada los analistas, pero el mercado estaba a la espera de la confirmación, así como de cualquier pista que pudiera dar Warsh sobre su hoja de ruta en el nuevo escenario macroeconómico. Pocos detalles ofreció el nuevo presidente sobre su postura. Sin embargo, el escenario que prevé la Fed sí ha empeorado considerablemente, según se desprende de sus propias previsiones. en las que Warsh se ha abstenido de participar. La mayoría de gobernadores se inclina por al menos una subida de tipos después del verano. Warsh ha aterrizado en la Fed en un momento especialmente complejo. La economía estadounidense sigue creciendo a un ritmo razonable, el mercado laboral continúa mostrando fortaleza y la tasa de paro se mantiene estable en torno al 4,3%, un nivel históricamente bajo. Sin embargo, la inflación continúa claramente por encima del objetivo del 2% y se ha convertido de nuevo en la principal preocupación del banco central estadounidense. En mayo, el IPC subió hasta el 4,2%, un salto de cuatro décimas respecto al registro anterior y el mayor nivel de los últimos tres años debido al conflicto entre Estados Unidos e Irán. “No descubro nada si digo que estoy preocupado por la situación en Oriente Próximo”, apuntó ayer Warsh. Precisamente, eso es lo que ha obligado a los gobernadores de la Fed a adoptar una posición más prudente en los últimos meses. Aunque las recientes señales de distensión han provocado una caída del crudo desde los máximos alcanzados durante la guerra, la Fed considera que el impacto de esos movimientos sobre los precios al consumo tardará todavía varios meses en reflejarse plenamente en la economía. Así, Warsh se ha visto obligado a corregir su propia hoja de ruta, aun a riesgo de enfurecer al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que lo eligió sucesor de Jerome Powell precisamente por sus ideas a favor de suavizar la política monetaria. Entre los 18 miembros de la Fed que han dado su opinión para elaborar las previsiones del banco central, solo hay uno que se inclina por pensar que este año habrá margen todavía para una rebaja. El resto está convencido de que en el mejor de los casos se mantendrán sin cambios, aunque nueve de ellos consideran que será necesario ir más lejos y subirlos al menos en un cuarto de punto antes de que termine 2026. Ayer, Warsh se negó a comentar en público cómo se habían desarrollado las conversaciones entre los miembros del comité, que llegó a definir como “pequeñas peleas domésticas”, insistiendo en que lo importante no es qué piensa cada uno, sino el convencimiento colectivo de que la Fed debe seguir combatiendo la inflación. Y que cualquier decisión se irá tomando en función de los datos en el futuro. Sí bien no compartió detalles sobre su hoja de ruta en política monetaria, aprovechó el momento para sentar las bases de lo que será su mandato al frente de la Reserva Federal para los próximos años. Anunció la creación de varios grupos de trabajo independientes que analizarán diversos departamentos del banco central y propondrán líneas de acción para ganar en eficiencia y, por qué no, tratar la política monetaria bajo otro prisma donde la inflación sea el pilar central, pero con nuevos indicadores que tengan en cuenta otras variables, como el impacto de la inteligencia artificial en la economía. El primer cambio ya se dejó notar este miércoles en el comunicado donde la Fed anunció que mantenía los tipos sin cambios. Era hasta tres veces más corto de los que eran habituales en la etapa anterior. El objetivo es que sea “más sencillo” y solo incluya los datos imprescindibles sobre la decisión. Warsh defendió esta decisión asegurando que “los mercados son menos eficientes cuando están pendientes de las orientaciones de la Fed”. Además, insistió en que para que los gobernadores puedan tomar decisiones correctas es esencial que conozcan el sentir del mercado sin estar adulterado por la propia Fed.



El nuevo dot plot mostró un endurecimiento de las expectativas de los miembros de la Reserva Federal, con la mitad de ellos contemplando al menos una subida de tipos antes de final de año y una revisión al alza de la trayectoria prevista para los tipos oficiales.


La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos ha descendido hasta su nivel más bajo en 43 años. Este dato pone de manifiesto el escaso margen del que dispone actualmente la Administración estadounidense para amortiguar futuros shocks de oferta mediante liberaciones adicionales de crudo, lo que incrementa la sensibilidad del mercado petrolero ante cualquier eventual deterioro del contexto geopolítico.
Anthropic y Google han propuesto en la cumbre del G7 celebrada esta semana la creación de una coalición liderada por Estados Unidos para establecer normas y estándares en el desarrollo de la inteligencia artificial. A la reunión, celebrada a puerta cerrada, asistieron jefes de Estado, entre ellos Donald Trump, junto con directivos de las principales compañías tecnológicas, incluidos Meta y OpenAI. En paralelo, Trump afirmó que las negociaciones con Anthropic para restablecer el acceso a sus modelos más avanzados “van bien”. La semana pasada, el Gobierno estadounidense impuso controles a la exportación de los dos modelos más recientes de la compañía, Fable 5 y Mythos 5, por motivos de seguridad nacional. Como consecuencia, Anthropic suspendió el acceso global a estos sistemas el viernes pasado, lo que ha intensificado el debate internacional sobre el acceso equitativo a la IA y la necesidad de coordinación entre países.
En Europa el economista jefe del Banco Central Europeo, Philip Lane, advirtió este martes de que el reciente acuerdo entre Estados Unidos e Irán no elimina los riesgos inflacionistas derivados del conflicto en Oriente Próximo. Según Lane, los cuatro meses de elevados precios de la energía ya han puesto en marcha presiones inflacionistas que todavía no se han reflejado plenamente en la economía y que previsiblemente se trasladarán durante este año y el próximo a los precios de los alimentos, los bienes y los servicios mediante efectos de segunda ronda. Asimismo, señaló que la curva de futuros del petróleo continúa situando el Brent en el entorno de los 80 dólares por barril durante los próximos años, un nivel inferior al contemplado en los escenarios adversos del BCE, pero todavía claramente por encima de los niveles previos al conflicto.
En Japón también hubo reunión de su Banco Central, que, en línea con lo esperado, subió 25 puntos básicos los tipos de interés hasta el 1%, con 7 votos a favor y uno en contra, alcanzando el mayor nivel desde 1995. Asimismo, el Banco de Japón observa que la economía se está recuperando de forma moderada y que si bien el riesgo a una desaceleración fuerte ha disminuido advierten sobre el riesgo de que la inflación subyacente se desvíe al alza por encima del objetivo del 2%. Tras confirmarse esta subida totalmente descontada, el discurso posterior dejó la puerta abierta a continuar con la normalización de la política monetaria , el mercado descuenta una subida más para final de año, decisión que será relevante para el Yen, que se sitúa en 160 yenes por dólar, niveles que históricamente han desencadenado intervención. Todo ello en un contexto de política fiscal ampliamente expansiva del gobierno de Takaichi, y con un Banco Central que ha confirmado que no continuará reduciendo las compras de bonos de gobierno a partir del año fiscal 2027 , manteniendo el actual ritmo mensual de compra en cerca de 2 billones de yenes. No obstante, la reducción de compras de bonos no se está trasladando a amortiguar el impacto de la subida de tipos sobre las Rentabilidad de los bonos soberanos japoneses a largo plazo, que continúan subiendo.
Rentabilidad del Bono japonés a 10 años desde Junio del 2025:

Por su parte, el Banco de Australia ha mantenido su tipo de interés de referencia en el 4,35% por primera vez este año, subiendo 75 puntos básicos desde febrero. Una decisión unánime ante el enfriamiento de la economía y ha advertido que podría llevar a cabo nuevas subidas si fuera necesario para controlar la inflación.
En China las autoridades reiteraron su intención de intensificar las políticas de apoyo a la economía mediante nuevas medidas contracíclicas y actuaciones destinadas a fortalecer la demanda interna, al considerar que el entorno exterior continúa siendo «complejo y volátil». Los datos publicados correspondientes al mes de mayo reflejaron un comportamiento desigual de la actividad. La producción industrial aceleró ligeramente su crecimiento hasta el 4,5% interanual, superando ligeramente las previsiones del consenso, mientras que las ventas minoristas sorprendieron negativamente al registrar una caída del 0,6%, poniendo de manifiesto que el consumo privado continúa siendo el principal punto débil de la economía china.
En España ayer el Banco de España publicó su informe anual, que mantiene inalteradas las previsiones de crecimiento económico del país, pero alerta, sin embargo, de una nueva escalada de los precios. El BdE mantiene su proyección de avance de PIB para este año en el 2,3% y en el 1,7% la del próximo ejercicio, pero eleva sus previsiones de inflación en seis décimas para 2026, al 3,6%, y en una en 2027, al 2,6%. El Banco de España recuerda que el último año ha estado “caracterizado por enormes turbulencias”, partiendo de la guerra arancelaria declarada por Donald Trump a su vuelta a la Casa Blanca, que supuso un “aumento generalizado y dramático” de las tarifas comerciales, hasta los niveles más elevados de los últimos 100 años, su posterior anulación por los tribunales, el repunte de las exportaciones chinas, hasta llegar a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Pese a esta enorme volatilidad, destaca el Banco de España, la economía mundial demostró una fuerte resistencia frente a la incertidumbre, con un avance del PIB global que se mantuvo en el 3,4% en 2025, y crecimientos del 2,1% en Estados Unidos (tras el 2,8% de 2024), el 1,5% en el área euro (después del 0,9% del año anterior), o el 5% que volvió a lograr China. A partir de ahí, el conflicto en Oriente Próximo, iniciado el 28 de febrero, provocó un aumento del precio del crudo del 42% en las dos primeras semanas, el más intenso en 40 años, elevando en 13 dólares las proyecciones de precio a un año vista, según el Informe anual del BdE. Esa cifra se ha moderado a ocho dólares tras el reciente acuerdo de paz firmado entre Estados Unidos e Irán, que ha facilitado una caída marcada del precio del petróleo. En este entorno, las nuevas previsiones económicas del Banco de España para el conjunto de la zona euro rebajan la estimación de crecimiento del 1,2% al 0,8% para 2026 y del 1,4% al 1,2% en 2027, mientras que eleva la inflación general del 1,9% al 3% este año y del 1,8% y el 2,3% el próximo año. El supervisor bancario destaca, sin embargo, el dinamismo demostrado por la economía española, frente a los países vecinos. Lo achaca a que goza de menores precios energéticos que otras economías europeas, gracias a un mix energético con más presencia de renovables, al mejor aprovechamiento del capital turístico, y a un mayor dinamismo de la oferta laboral apoyada en la migración. Pese a ello, la inflación sube más en España que en el área euro al permear en mayor medida el shock energético en la inflación subyacente por la persistencia de los servicios turísticos y de ocio. Aunque aún estudia los efectos del plan anticrisis el Gobierno, el gobernador, José Luis Escrivá, alerta que “el nuevo shock energético obliga a ponderar cuidadosamente la respuesta a las presiones inflacionistas y a los riesgos para la actividad”. En paralelo, las previsiones laborales apuntan a un crecimiento “robusto” apoyado en los flujos migratorios, con tasas del 2,2% este año y 1,5% el próximo, en línea con la desaceleración económica. A su vez, la tasa de paro bajaría del 10,5% de 2025 al 10% en 2026, y el 9,8% en 2027.

El Banco de Inglaterra mantuvo tipos en 3,75% por 7 votos a 2, en lo que podría ser una pausa prolongada. El gobernador Bailey votó a favor de una subida inmediata ante el temor a efectos de segunda ronda del shock energético, pero lo cierto es que dichos efectos no se están materializando por el momento, en un escenario de limitado poder de fijación de precios por parte de las empresas. De cara al futuro, las decisiones dependerán de cómo evolucione el contexto de inflación, a su vez dependiente del cumplimiento del acuerdo de paz, si bien no es probable que suban tipos si la inflación no supera el 4%. El mercado sigue descontando sólo una subida de 25 puntos básicos a final de año.
SpaceX: ¿hacia el infinito y más allá? Dan Taylor, subdirector de Inversiones Sistemáticas de Man Group y director de inversiones de Man Numeric.
SpaceX acaba de llevar a cabo la mayor salida a bolsa de la historia, con unas acciones que se dispararon más de un 17% en su debut. En el momento de redactar este artículo, acababa de convertirse en la quinta empresa cotizada más valiosa del mundo.
La buena noticia para cualquier inversor preocupado por la sostenibilidad del repunte impulsado por la IA es que el hecho de que el mercado haya asimilado una oferta de esta magnitud es un buen augurio para las posibles próximas salidas a bolsa de Anthropic y OpenAI.
Salvo que surja un catalizador negativo de origen desconocido, como una desaceleración del gasto en IA a corto plazo, el camino está totalmente abierto para que estas empresas salgan a bolsa. Y los 75 000 millones de dólares en efectivo fresco que SpaceX acaba de recaudar probablemente ayudarán a sostener todo el complejo de la IA, permitiendo que la música siga sonando (anteriormente hemos comparado el boom de la IA con un juego de sillas musicales)
La valoración de SpaceX no refleja la salud general del sector de la IA
Dicho esto, ¿qué nos dice realmente esto sobre si las acciones de IA son o siguen siendo una buena apuesta? Sin decir nada nuevo, la valoración de SpaceX en función de los fundamentos económicos es… elevada. La empresa facturó 18 700 millones de dólares el año pasado, con unos ingresos que se estima que alcanzarán los 34 000 millones de dólares este año y los 60 000 millones el próximo, frente a su valor de mercado actual de 2,7 billones de dólares. Elon Musk, que nunca rehúye las predicciones audaces, ha afirmado que los ingresos podrían alcanzar el billón de dólares en 2030, y que le sorprendería que no superaran esa cifra en 2031.
A algunos de nosotros no nos sorprendería que SpaceX no alcanzara esas cifras por dos razones. En primer lugar, requeriría un crecimiento a una escala nunca vista. NVIDIA, la estrella del auge de la IA, ha multiplicado por veinte sus ingresos en cinco años, y ese ritmo, aplicado a SpaceX, aún la dejaría muy por debajo de la cifra de Musk.
En segundo lugar, el enorme mercado potencial total (TAM) al que aspira SpaceX —unos 28,5 billones de dólares según su folleto informativo— está impulsado de forma abrumadora por la IA. Solo unos 370 mil millones de dólares corresponden al sector espacial; 26,5 billones de dólares corresponden a la IA. El problema es que la vertiente de la IA depende de xAI, que muchos aún no consideran un líder frente a empresas como Anthropic, OpenAI y Gemini.
Por eso la valoración de SpaceX es, en el fondo, una historia de Musk, no una historia de IA. Como hemos visto en sus anteriores proyectos, la confianza de los inversores en él no escasea y es lo que respalda a SpaceX por ahora.
Un sector tecnológico fragmentado
SpaceX, por tanto, es una apuesta a su manera. La cartera de futuras salidas a bolsa y el complejo de IA que este nuevo capital respalda dependen, en última instancia, de la durabilidad de la fiebre de gasto en IA. Ese es el dilema que planteamos en nuestras perspectivas para la segunda mitad del año la semana pasada, y que ya ha fracturado el sector tecnológico.
Por un lado, el sector de los semiconductores ha impulsado cerca de dos tercios de la subida del S&P 500 en lo que va de año. Por otro, el llamado «SaaSpocalypse» ha lastrado a gran parte del sector del software, y con él se ha esfumado la mayor parte del flujo de caja libre que antes generaban los hiperescaladores.
El gasto de capital en IA está ahora destinado a absorber más del 90 % de sus flujos de caja operativos, lo que retrasará el próximo máximo del flujo de caja libre del grupo hasta 2029. Por ejemplo, se espera que Oracle, tras más de 30 años de flujo de caja libre positivo, registre ahora cinco años consecutivos en números rojos.
Probablemente, los inversores acogerían con agrado un poco de disciplina en el gasto, aunque eso afectaría de lleno a la demanda de semiconductores.
Figura 1. Flujos de caja y gastos de capital de los hiperescaladores (Microsoft, Amazon, Meta, Google, Oracle) en miles de millones de dólares estadounidenses

Fuente: Bloomberg, a 27 de mayo de 2026.
Pero las valoraciones de los semiconductores dejarían poco margen para ello. Un sector que cotizaba entre dos y cuatro veces las ventas durante los quince años anteriores a 2020 se sitúa ahora por encima de 16 veces, descontando un crecimiento sin precedentes reales. El software es más difícil de evaluar. Ha bajado desde su máximo de 2021, pero sigue por encima de sus niveles habituales a largo plazo. Esperamos que esa divergencia persista hasta que se aclaren los beneficios comerciales de la inversión en IA.
Hasta entonces, me viene a la mente una cita que suele atribuirse a John Maynard Keynes: «Los mercados pueden permanecer irracionales más tiempo del que tú puedes mantenerte solvente».
El fin del conflicto permitiría al BCE no subir más los tipos. Andrés Stumpf. Financial Times.
El desarrollo de los conflictos bélicos y geopolíticos que marcan desde hace años la senda de la economía global es absolutamente imposible de predecir. El acuerdo entre Estados Unidos e Irán para declarar un alto al fuego y reabrir el estrecho de Ormuz es la última prueba de ello; una que, además, podría abrir un panorama completamente diferente para Europa y su política monetaria.
El pasado jueves, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, presentaba un escenario benigno en sus proyecciones macroeconómicas que pasaba por una rápida resolución de la guerra de Irán en el tercer trimestre del año. En la rueda de prensa, la banquera central reconocía que estos supuestos eran “más positivos” y que “era su trabajo tenerlos en cuenta aunque en estos momentos es poco probable que se materialicen”.
Pero en este mundo tan dado a los extremos, las nubes llegan con tanta rapidez e imprevisibilidad como se van. Tras el acuerdo tejido por Donald Trump, los precios del petróleo aceleran su descenso y ya marcan los niveles que se mueven alrededor de los 80 dólares, la cota que describía el escenario benigno del BCE.
“Es probable que la trayectoria prevista refleje [en el escenario benigno] las expectativas de los inversores de que el conflicto pueda resolverse muy rápidamente, lo que conduciría a una rápida normalización de los mercados mundiales de petróleo y gas y a que los precios volvieran a sus niveles anteriores a la guerra para finales de 2026”, indicaba la institución con sede en Fráncfort para este escenario que ahora puede convertirse en realidad.
Porque la normalización del shock de la energía puede llegar antes de que el BCE vea evidencias sólidas de efectos de segunda ronda en la inflación causados por un acelerón de los salarios. De ser así, la autoridad monetaria se encontraría en una buena posición para no tener que subir más los tipos de interés y evitar más daño a la economía.
Las proyecciones del BCE toman como dada la evolución de los tipos en función de las expectativas que tiene el mercado en el momento en el que se elaboran y que afectan al resto de parámetros, como el crecimiento y la inflación. En el caso de la última reunión, los inversores apuntaban a entre dos y tres alzas de 25 puntos básicos este año de las que una ya se habría llevado a cabo la pasada semana.
Tipos de interés
Bajo ese supuesto, en el escenario benigno que ahora vuelve a abrirse camino la inflación en la zona euro descendería al 1,8% en los próximos dos años, es decir, por debajo del objetivo de la estabilidad de precios. Esto implicaría que el BCE estaría desarrollando una política monetaria más restrictiva de lo deseable, lo que podría llevarle a reducir el número de las subidas de tipos previstas a tan sólo una más o, incluso, ninguna, en función de lo rápido que la economía deje atrás el shock energético.
“A medida que los precios de la energía vuelven a bajar con mayor rapidez, el impulso inflacionario se desvanece más rápidamente, la incertidumbre disminuye, las condiciones de financiación se normalizan y la demanda externa se fortalece”, plantea la institución presidida por Christine Lagarde.
El escenario benigno apunta a precios del petróleo que descienden hasta una media de 64 dólares por barril para el conjunto del año que viene, lo que supone niveles incluso más bajos que los registrados a lo largo del pasado ejercicio. Cuanto más tiempo se dilataba el conflicto, más lejana parecía esta posibilidad no tanto por el hecho de las negociaciones de paz no pudieran llegar a buen puerto, sino porque la percepción del encarecimiento de los precios podía llevar a los consumidores y a las empresas a buscar compensaciones y provocar una espiral inflacionista. Además, la guerra podía causar nuevos daños en las infraestructuras energéticas clave que impidieran una rápida vuelta a la normalidad.
Lo que no parece estar sobre la mesa es un regreso rápido a los tipos del 2% de antes del conflicto. Según detalló Lagarde, incluso el escenario más benigno era consistente con la subida del precio del dinero que llevaron a cabo y, por tanto, no debería haber presión por revertir el movimiento.
Flexibilidad
Pero más allá de si el BCE acertó o no subiendo los tipos, la realidad es que la evolución de los acontecimientos, tanto en relación a la escalada de la guerra en Irán como ahora con el acuerdo de paz, reflejan la enorme volatilidad que enfrentan los grandes bancos centrales. El gran ganador del episodio es la estrategia flexible del BCE.
La autoridad monetaria ha abogado en todo momento por vigilar la evolución del conflicto mostrándose contundente, pero, al mismo tiempo, sin atarse a ejecutar ajustes en una u otra dirección que pudieran comprometer su credibilidad si la situación cambiaba. Una hoja de ruta que seguirá utilizando en el futuro.
Las grandes potencias mundiales están descubriendo que tienen límites. Yaroslav Trofimov. The Wall Street Journal.
A medida que la tecnología nivela el terreno de juego entre naciones más fuertes y más débiles, las guerras de conquista a la antigua usanza podrían haber llegado a su fin.
RESULTA QUE las grandes potencias no tienen tanto poder como creían.
Tras asumir el cargo el año pasado, el presidente Trump impulsó sin complejos su visión de que «la fuerza hace el derecho» para remodelar el orden internacional en torno a la esfera de influencia de Estados Unidos, una concepción del mundo no muy diferente a la de Rusia o China. El futuro parecía marcado por una frase repetida a menudo del historiador griego Tucídides: «Los fuertes hacen lo que quieren y los débiles sufren lo que deben».
La frase, pronunciada originalmente por las fuerzas invasoras atenienses a los condenados isleños de Melos en el año 416 a.C., ocupó un lugar destacado en el discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, que causó revuelo en la conferencia internacional de Davos del pasado enero, en el punto álgido de la disputa de Europa con Trump por sus planes de apoderarse de la isla danesa de Groenlandia.
Sin embargo, ahora parece que los débiles no son tan débiles como muchos creían. Los fuertes tampoco pueden hacer realmente lo que quieren.
A pesar de haber gastado una parte significativa de su munición de largo alcance y de haber eliminado a gran parte de los líderes iraníes, el ejército estadounidense no ha sido capaz de lograr una victoria estratégica sobre una potencia media como Irán. Teherán sigue bloqueando el Estrecho de Ormuz. Su sistema teocrático sigue firmemente en el poder y mantiene la capacidad de lanzar misiles contra Israel y los Estados del Golfo, con el último intercambio de salvas esta semana.
Ucrania tampoco se ha derrumbado. Trump cortó la ayuda estadounidense hace más de un año y ejerció presión diplomática sobre Kiev para que cediera su región oriental de Donetsk, como parte de su acuerdo con Rusia en la cumbre de agosto en Alaska. A pesar de ello, Ucrania ha logrado cambiar el rumbo de la guerra contra Moscú, manteniendo la línea del frente e infligiendo golpes cada vez más dolorosos al corazón de Rusia.
Estos acontecimientos han puesto de manifiesto hasta qué punto los avances tecnológicos –como los drones y los misiles de precisión, mucho más baratos– han igualado el terreno de juego entre los Estados más pequeños y las grandes potencias que gastan cientos de miles de millones de dólares en sus fuerzas armadas. «Ucrania se encuentra en una posición mucho más sólida gracias a la superioridad tecnológica de la que dispone», señaló la ministra de Asuntos Exteriores de Letonia, Baiba Braže. Esta reducción de la brecha de poder a nivel mundial ha limitado lo que el poderío militar por sí solo puede lograr. China observa estas tendencias de cerca mientras contempla si podría, o debería, apoderarse de Taiwan.
Los conflictos que asolan el mundo son, por supuesto, diferentes en muchos aspectos. Ucrania es una democracia que libra una guerra de autodefensa contra una invasión rusa no provocada. El régimen represivo de Irán mató a miles de sus propios ciudadanos antes de que Estados Unidos e Israel lanzaran los bombardeos en el mes de febrero, y lleva décadas apoyando a milicias aliadas que desestabilizan Oriente Medio.
Sin embargo, todas estas guerras encierran una lección similar, afirmó el ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, en una entrevista. «El tipo de guerra al que estábamos acostumbrados, el tipo de guerra que Rusia tenía en mente en Ucrania –invadir y ocupar una nación– ya no es concebible», dijo. «Las guerras duran mientras una nación tenga la resiliencia y la voluntad de resistir. Conquistar una nación cuando sus ciudadanos están dispuestos a luchar es imposible, incluso cuando existe una disparidad de fuerzas como la que había entre Rusia y Ucrania, o más aún entre Estados Unidos e Irán. Es difícil incluso para Israel, que aún no ha tenido éxito contra Hamas en lo que es, prácticamente, solo una ciudad».
El cambio de régimen –el objetivo de Rusia en Ucrania y, al menos inicialmente, el de Estados Unidos en Irán– ya no puede lograrse solo con la fuerza de las armas en el mundo moderno, coincidió el general Onno Eichelsheim, jefe de Defensa de los Países Bajos.
«Es casi imposible conquistar tales naciones con toda la capacidad de la que se dispone, ya sea Estados Unidos contra Irán o Rusia contra Ucrania», afirmó Eichelsheim. «Y si no se tiene éxito en las dos primeras semanas, se acaba en una situación de estancamiento que es muy difícil de romper. Si se quiere lograr algo, hay que lograrlo muy, muy rápido».
Los límites de las capacidades de las grandes potencias no son nada nuevo. En el pasado, tanto Washington como Moscú sufrieron reveses en guerras en el extranjero. Estados Unidos tuvo que retirarse de Vietnam. Ambas potencias acabaron derrotadas en Afganistán. El historial de Estados Unidos con la ocupación de Irak es, en el mejor de los casos, desigual.
Sin embargo, en estos casos, las grandes potencias tuvieron que rendirse debido a insurgencias prolongadas y dolorosas que siguieron a las victorias militares convencionales y que, con el tiempo, minaron el apoyo interno a la guerra. Ya no es así. Los tanques rusos no han podido llegar a Kiev en más de cuatro años de guerra, y los avances rusos en el campo de batalla se han detenido prácticamente por completo. Estados Unidos ni siquiera intentó operaciones terrestres en Irán, sabiendo perfectamente cuántas bajas estadounidenses supondría.
Con la revolución de la guerra con drones impulsada por el conflicto entre Rusia y Ucrania y la capacidad de Irán para desarrollar un vasto arsenal de misiles balísticos de largo alcance de gran precisión, la enorme ventaja del ejército estadounidense en poder aéreo, inteligencia y reconocimiento se ha visto parcialmente contrarrestada. Esto ha hecho impensable una ofensiva blindada convencional hacia Teherán al estilo de la invasión estadounidense de Irak en 2003. La rápida destitución del hombre fuerte de Venezuela, Nicolás Maduro, en enero –que en su momento parecía una operación precursora de lo que estaba por venir, avivando el apetito de Trump por Groenlandia e Irán– parece ahora una rara excepción más que un presagio del futuro ejercicio del poderío estadounidense.
China está prestando mucha atención a todo esto. «Antes de la guerra en Ucrania, la gente creía que Rusia era la segunda potencia militar del mundo. Ahora, las potencias militares más fuertes están todas involucradas en guerras, y estas guerras no están yendo tan bien», afirmó el coronel retirado Zhou Bo, antiguo director del Centro de Cooperación en Seguridad del Ministerio de Defensa de China y actualmente investigador principal en la Universidad de Tsinghua de Pekín.
La principal conclusión que debería sacar China es la oportunidad de invitar a expertos rusos a compartir sus conocimientos sobre la guerra moderna con drones, añadió: «China es el mayor productor de drones, pero no sabemos cómo utilizarlos militarmente hablando, en realidad. Solo los países que han utilizado drones en el campo de batalla pueden decirte cuán eficaces son realmente».
La frase de Tucídides, que durante mucho tiempo ha sido un axioma de la llamada escuela realista de las relaciones internacionales, es una expresión de crudo fatalismo más que una guía para la realidad mundial, mucho más complicada, advirtió el académico singapurense Bilahari Kausikan, que trabajó como embajador de la nación insular ante las Naciones Unidas. Si fuera cierto, bromeó, un país pequeño como Singapur habría sido engullido por sus vecinos hace mucho tiempo.
«Todos los países tienen capacidad de acción, incluso si se encuentran en circunstancias extremas. Pero tener la perspicacia para reconocer esa capacidad y el hecho de ejercerla son cuestiones diferentes», afirmó Kausikan.
A diferencia de Ucrania e Irán, señaló, es posible que Taiwan no tenga la voluntad de ejercer esa capacidad de acción porque Pekín está logrando cada vez más minar la determinación de la población para resistir una posible operación militar china en el futuro. Rechazando la propuesta de rearme del Gobierno, el Parlamento de Taiwan, dominado por la oposición, aprobó en mayo un paquete de gasto militar especial mucho más reducido, de 25.000 millones de dólares, que recortaba entre otras cosas la financiación para drones de diseño nacional y capacidades de guerra asimétrica. La nueva líder de la oposición, Cheng Li-wun, ha visitado al presidente chino, Xi Jinping, y ha adoptado una postura mucho más conciliadora hacia Pekín.
«Les digo a mis amigos taiwaneses –sin mucho éxito– que han sacado la lección equivocada de Ucrania», puntualizó Kausikan. «La lección no es que las democracias ayuden a otras democracias. La lección es que los ucranianos se ayudaron a sí mismos, y entonces otras personas estuvieron dispuestas a ayudarles».
Filipinas también se encuentra enzarzada en una disputa con Pekín, y podría enfrentarse a un problema similar en cuanto a la determinación de resistir si estalla la guerra. «Nuestras poblaciones han estado protegidas de la realidad del conflicto. Lo que se enseña es una cultura de paz pasiva al estilo de Gandhi», lamentó el secretario de Defensa de Filipinas, Gilberto Teodoro Jr. «Pero para tener eso es necesario contar con un sólido escudo de defensa que asegure un entorno político capaz de garantizar la seguridad de todos aquellos que apoyan la no violencia».
En su discurso en Davos, Carney –cuyo país es a veces señalado por Donald Trump como el futuro estado número 51– argumentó que las potencias medias como Canadá no tienen más remedio que cooperar con naciones similares para evitar la «subordinación» a las potencias hegemónicas mundiales. Desde entonces, las naciones europeas, las democracias asiáticas y Canadá han tomado medidas para fortalecer sus lazos militares, económicos y de seguridad, en parte para contrarrestar su dependencia de Estados Unidos y de China.
«Si se unen, las potencias medias pueden hacer frente a las grandes potencias», afirmó el politólogo francés Nicolas Tenzer. «Ninguna de ellas puede hacerlo sola, pero juntas tienen formas de imponer decisiones, ya sea militarmente o en términos de derecho internacional. Hay margen de maniobra, aunque eso no significa que vaya a ser fácil».
La historia es una guía sobre los peligros de la arrogancia de las grandes potencias. Allá por el año 416 a.C., la negativa a someterse a Atenas, la superpotencia de la Antigüedad, acabó mal para los isleños de Melos. Todos sus hombres, como señaló Tucídides, fueron masacrados, y las mujeres y los niños, esclavizados. Sin embargo, al final, tal prepotencia imperial se volvió en contra de Atenas: perdió la guerra más amplia por el dominio de Grecia
La apertura de Ormuz, una oportunidad para España y Europa. Rafael Pampillón. Profesor de la Universidad CEU-San Pablo y del IE Business School.
Durante meses, el estrecho de Ormuz recordó al mundo que la geografía sigue teniendo mucho poder. Cada misil o dron lanzado en el Golfo, cada ataque a infraestructuras energéticas y cada amenaza de cierre de esta estrecha vía marítima añadían tensión a unos mercados que, antes del conflicto, ya convivían con guerras comerciales y dificultades en las cadenas de suministro. Por eso, la consolidación del alto el fuego y la reapertura efectiva del estrecho constituyen, probablemente, la mejor noticia económica internacional de este año. No porque el mundo haya recuperado, de repente, la estabilidad perdida. Sino porque se ha evitado uno de los escenarios más peligrosos para la economía global: una interrupción prolongada del flujo energético.
Antes de la guerra, no éramos conscientes de la importancia de Ormuz. Pero cuando ese cuello de botella se bloquea, el problema no afecta únicamente a Oriente Próximo. Lo acaba pagando el conductor que llena el depósito en Madrid, el agricultor que compra fertilizantes en Castilla y León, la empresa industrial alemana que consume gas, la aerolínea que transporta turistas hacia las costas españolas, o el barco de pesca que faena en aguas de Galicia.
La reapertura de Ormuz equivale, en cierto modo, a retirar un enorme impuesto invisible, que durante meses ha pesado sobre la economía mundial.
El petróleo deja de ser una amenaza inmediata
Durante los últimos años hemos hablado mucho de inteligencia artificial, digitalización o transición energética. Pero la realidad es que una parte muy importante de la economía mundial sigue moviéndose gracias a los combustibles fósiles. Esa dependencia explica que el estrecho de Ormuz siga siendo uno de los puntos más sensibles del planeta para la economía mundial. Por eso, la reapertura de esta vía marítima está siendo recibida con alivio por los mercados energéticos. Esta semana el precio del petróleo inició una senda descendente al aumentar la confianza de que el oro negro volverá a fluir desde Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Irán, Kuwait y Catar.
Así, las familias destinan menos renta al combustible y a la energía. Las empresas reducen costes. Sus márgenes mejoran. La inflación se modera. Y la confianza económica recupera terreno.
No es casualidad que, prácticamente, todos los activos sensibles al coste de la energía estén reaccionando positivamente. Bajan el precio del petróleo y del gas, suben las bolsas y mejoran las perspectivas para el euríbor y los tipos de interés. Los inversores empiezan a descontar un escenario con menos inflación, más crecimiento y una política monetaria menos restrictiva.
Europa sale especialmente beneficiada
Si existe una región que gana con la paz es Europa. Estados Unidos ha aumentado su producción energética durante los últimos quince años. Europa, en cambio, continúa siendo una importadora neta de energía. La guerra de Ucrania ya había demostrado hasta qué punto la dependencia energética puede convertirse en una amenaza. La crisis del Golfo ha servido para recordarlo una vez más.
La reapertura del estrecho implica menores costes de importación para petróleo y gas, una reducción de las tensiones inflacionistas y una mejora de las expectativas empresariales. Pero existe además un beneficio menos visible y quizá más importante: devuelve margen de maniobra al Banco Central Europeo.
Durante esta crisis, el BCE se enfrentaba a un dilema. La energía empujaba los precios al alza mientras el crecimiento económico seguía siendo débil. Una combinación potencialmente peligrosa.
La reapertura de Ormuz no resolverá todos los problemas de Europa, pero sí elimina uno de los obstáculos más importantes que amenazaba su recuperación. Insisto: menos inflación, tipos de interés más bajos, energía más asequible y empresas más competitivas. Es difícil encontrar una combinación más favorable para una economía que necesita recuperar dinamismo. Y pocas cosas necesita hoy más Europa que combinar energía relativamente barata con financiación más accesible.
España obtiene una ventaja adicional
Para España, donde el turismo, el transporte y buena parte de la actividad productiva son especialmente sensibles al coste de la energía, la noticia llega en el mejor momento posible. España sale incluso mejor posicionada que muchos de sus socios europeos.
Nuestra economía importa prácticamente todo el petróleo que consume. Esto significa que cada descenso del precio del crudo genera una mejora inmediata en la producción nacional. Pero además existe una segunda razón. España es una potencia de servicios, transporte y turismo. Precisamente tres sectores especialmente sensibles a los costes energéticos.
Por poner tres ejemplos, las aerolíneas, los camiones y los cruceros consumen combustible. Los hoteles dependen de costes energéticos relevantes. La agricultura utiliza fertilizantes y maquinaria intensivos en energía. Cuando el petróleo baja, toda esta estructura productiva gana competitividad.
Eso es especialmente importante en un momento en el que España sigue batiendo récords turísticos. Un entorno de costes energéticos más moderados permite proteger márgenes empresariales, mantener precios competitivos y reforzar la capacidad de crecimiento del sector.
Existe además un efecto macroeconómico adicional que suele recibir menos atención. Una factura energética menor mejora la balanza comercial.
España sigue registrando un importante déficit en el comercio de bienes. Parte de ese déficit procede precisamente de la importación de energía. Si el petróleo cuesta menos, la factura exterior disminuye y la economía necesita menos recursos para financiar sus compras al exterior.
El consumidor también gana
Los economistas hablamos mucho de inflación, déficit exterior, deuda pública o productividad. Pero las economías también funcionan gracias a las percepciones. Cuando los consumidores observan que los precios de los combustibles dejan de subir, su sensación de seguridad mejora. Eso suele traducirse en una mayor predisposición al gasto y una mejora de la confianza. Y la confianza es uno de los activos económicos más importantes.
Las familias compran viviendas, coches o bienes duraderos cuando creen que el futuro será más estable. Las empresas invierten cuando perciben que los riesgos disminuyen.
Por eso la reapertura de Ormuz tiene un componente psicológico que no debe infravalorarse. Después de sufrir pandemia, inflación, guerra en Ucrania, tensiones comerciales y conflicto en Oriente Próximo, cualquier reducción de la incertidumbre genera efectos económicos positivos.
Pero no volvemos al mundo anterior
Ahora bien, la reapertura de Ormuz no significa que hayamos regresado al mundo que conocimos durante las tres décadas posteriores a la Guerra Fría. Aquella globalización, basada en energía abundante, comercio cada vez más libre, Europa protegida militarmente por Estados Unidos y cadenas de suministro extremadamente eficientes, pertenece cada vez más al pasado que al futuro.
La crisis del Golfo deja varias lecciones. Europa ha comprobado que la seguridad energética tiene un coste. Las empresas han descubierto que incluso las cadenas de suministro más sofisticadas pueden ser vulnerables. Y los gobiernos han entendido que una dependencia excesiva del exterior puede transformarse, de la noche a la mañana, en un problema estratégico.
Los seguros marítimos seguirán siendo más caros. Las empresas mantendrán inventarios más elevados. Las refinerías, aumentarán sus stocks y a la vez continuarán diversificando sus fuentes de suministro. Y Europa tendrá que seguir reforzando su capacidad de Defensa.
El mundo ha evitado una crisis energética de gran magnitud. Pero también ha aprendido que la seguridad, la energía y la geopolítica vuelven a formar parte del cálculo económico cotidiano.
Los precios de la energía serán más estables que durante los tres meses de guerra, pero difícilmente volverán a ser tan baratos como antes del conflicto.
Además, Europa afronta otros desafíos de enorme magnitud: envejecimiento demográfico, creciente competencia tecnológica de Estados Unidos y China y una fragmentación comercial cada vez más evidente.
La reapertura del estrecho de Ormuz no resolverá todos nuestros problemas, sin embargo, elimina uno de los mayores riesgos que amenazaban la economía mundial en 2026. Y eso, en los tiempos que corren, ya es una excelente noticia.
¡Buen fin de semana!

